El Concilio de Florencia: Rusia rechaza el Renacimiento

 

El Concilio de Florencia fue punto supremo del Renacimiento Dorado italiano y una de las reuniones más distinguidas de humanistas que el mundo haya visto. Su proyecto era transformar el curso de historia y exportar el Renacimiento Dorado a todos los puntos, dando un golpe fatal a las fuerzas oligárquicas en el Este y Oeste. El Concilio de Florencia se basó en un ecumenismo de principios: las Iglesias Orientales y Occidentales serían unidas en base a la aceptación del Filioque por todos los participantes. Esto sería la plataforma de una alianza política general de la Cristiandad contra los Turcos. En particular, el sistema de desarrollo económico dirigista de Medici sería introducido por todas partes en un programa de choque para provenir el avance otomano.

 

Al momento, el ataque final turco a Constantinopla era inminente. Derrotando a los Turcos, derrotarían a los venecianos y abrirían la puerta al alza general económica y cultural de la humanidad. Este proyecto se recibió con un rechazo más violento en Moscú que en ninguna otro lugar en el mundo y Moscú se gloria hasta el momento de este rechazo y funda en su atraso e ignorancia la patente de su ambición imperial.

 

Al Concilio de Florencia asistió el Emperador bizantino, Juan Paleólogo VIII, el Patriarca de Constantinopla José II, acompañado por dos arzobispos y metropolitanos de doce del Este, incluso Bessarion de Nicea, después cardenal romano y el filósofo Gemisthos Plethon. Los procedimientos en Florencia fueron patrocinados por Cosme de Medici y asistió el Papa Eugenio IV. El Cardenal Nicolás Cusa estaba en los preparativos del lado latino, como Aeneas Silvius Piccolomini, el futuro Papa humanista Pío II. Incluido en la comisión ortodoxa estaba el Metropolitano de Moscú, Isidoro que era griego por nacimiento. Isidoro desarrolló durante los debates teológicos y doctrinales del concilio, un apoyo fuerte y activo de la Unión de las Iglesias.

 

El Gran Príncipe de Moscú por esos años era Vasili II, llamado el Oscuro o Ciego, desde que sus ojos fueron sacados por algunos de sus parientes en el curso de una lucha de poder. En el momento que Isidoro jugó para el concilio de Florencia, Vasili era joven, ignorante y una criatura del sacerdocio Ortodoxo. Los ortodoxos se opusieron a la idea de un octavo concilio ecuménico, desde que contendieron que el séptimo concilio les había dado la Verdadera Fe, firmada, sellada y entregada. Vasili concedió de mala gana su permiso a Isidoro para ir al concilio, pero le ofreció adiós con una amenaza:

 

"Usted va al Octavo Concilio que nunca debe tener lugar según las reglas de los santos padres; cuando vuelva, traigamos de vuelta nuestra antigua Ortodoxia que hemos recibido de nuestro antepasado Vladimir... no traiga nada nuevo y extraño, porque cualquier cosa que traiga es nueva y nos desagradará".

 

Es la versión dada por el Relato del Concilio de Isidoro, una crónica de estos eventos, compuesta después del hecho por el sacerdote Simeón que se opuso la Unión de Iglesias. En Florencia, los prelados de Este y Oeste endosaron el proyecto de Unión. El Patriarca se reconcilió a la causa de la unidad y murió poco tiempo después, su tumba puede verse hoy en la Iglesia de Santa María Novella. Pero una parte de la comisión Oriental se opuso a la Unión. Entre ellos estaba Marcos, Metropolitano de Efeso y Abraham, Obispo de Suzdal, en Rusia. El Decreto de Unión, Laetentur Caeli (Permitan los Cielos Regocijar), se emitió el 6 de Julio de 1439. El Decreto declara:

 

"En el nombre por consiguiente de la Santísima Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con aprobación de este Santo Concilio de Florencia, así esta verdad de Fe sea creída, recibida y profesada por todos los Cristianos, definimos que el Espíritu Santo es eternamente del Padre y el Hijo y que el Espíritu Santo tiene su ser y su esencia al mismo tiempo del Padre y el Hijo y precede de cada uno como causa y sola fuente.

 

Declaramos que es dicho por los doctores y santos padres, a saber que el Espíritu Santo procede del Padre a través del Hijo, significa hacer sabido que el Hijo también, como el Padre, es según la expresión griega una causa y según la expresión latina un principio, de existencia del Espíritu Santo.

 

Y porque todas las cosas de las cuales el Padre ha sido dado por el Padre a su único engendrado Hijo engendrándolo, salvo ser el Padre, el Hijo recibe eternamente del Padre por quien se engendra eternamente, esto: que el Espíritu Santo procede del Hijo".

 

Definimos la explicación dada por estas palabras adicionales "y del Hijo" Filioque para estar con el propósito de declarar la verdad y por haber sido agregado legítima y razonablemente al símbolo por que era entonces necesidad urgente.

 

Moscú era en ese momento un pueblo de chozas de madera agrupadas en una inmensa llanura. Isidoro volvió allí el 19 de Marzo de 1441 con el sombrero rojo de Cardenal de la Iglesia católica romana y una cruz latina ante él. Cuando dio misa en la catedral, reemplazó la declaración de fidelidad al Patriarca griego con el nombre del pontífice romano. Después del servicio, en palabras de la Segunda Crónica de Sofía:

 

"Isidoro ordenó la proclamación de las decisiones del apóstata octavo concilio... es decir, la falsedad azucarada de los Latinos; todo esto para sacar la Cristiandad de la Revelación Divina".

 

Esto incluyó el Filioque, así como el uso de pan ácimo en la misa que los griegos enseñaron era herejía de Apolinario, el rechazo de la naturaleza humana de Cristo. Al oír esto, relatan las crónicas, el Gran Príncipe Vasili, verdadero defensor de la fe Ortodoxa, vio que el "como lobo" Isidoro era hereje, se negó a aceptar una bendición de él y poco después decretó desposeer a Isidoro de la Sede Metropolitana de Moscú. Isidoro fue arrestado y encarcelado en el monasterio de Chudov a espera de juicio.

 

Esta recepción hostil a Isidoro había sido preparada por supuesto de antemano, probablemente en Venecia, donde la comisión rusa había pasado camino a casa. Aquí ciertos miembros claves de esa comisión entraron en revuelta abierta contra Isidoro y su apoyo a la Unión de Iglesias. Isidoro tuvo suerte para salir de Moscú vivo. Isidoro estaba en Constantinopla combatiendo a los turcos cuando cayó la ciudad, pero escapó y murió en Roma.

 

Pero Vasili el Ciego había sido bien informado por sus controles ortodoxos, instrumentos de Monte Athos y Venecia. Su repudio vicioso, rencoroso del Decreto de Unión, garantizó la degradación continua del pueblo ruso como siervo del sacerdocio ortodoxo. La civilización del Renacimiento italiano, el Quatrocento luminoso del mundo florentino de Cusa, Brunelleschi y Leonardo, Moscú nunca lo alcanzó.

 

Vasily el ciego: el rechazo a Roma

 

Venecia había ganado una batalla clave en su guerra contra el Renacimiento y los rusos están pagando hasta el momento por ella. El rechazo rabioso de la forma más avanzada de civilización mas logrado en cualquier parte en el mundo es indicativo de la fuente de patriotería ciega y xenofobia que se esconde en los rincones oscuros del alma rusa. Puesto que todos los otros poderes habían aceptado el Concilio de Florencia, fue opinión de los verdaderos creyentes Ortodoxos que Rusia había emergido como la única tierra de la Verdadera Fe, el único país de verdad cristiano en el mundo. Las crónicas del periodo reflejan de un lado la idea que el Emperador bizantino Paleólogo se había vuelto apóstata y en otro la noción inicial que una misión imperial para Moscú se puede estar tejiendo ahora en el horizonte. Un cronista se dirige al Emperador Paleólogo:

 

"¿O gran Emperador soberano; por qué fue usted a ellos? ¿En qué estaba pensando usted? ¿Qué ha hecho usted? Usted ha cambiado luz por oscuridad; en lugar de Ley Divina ha recibido fe latina; en lugar de verdad y rectitud, usted ha amado lisonja y falsedad.

 

Antes usted era el agente de piedad, ahora es el sembrador de malas semillas; antes usted fue vestido por la luz del espíritu Celestial, ahora usted se viste en la oscuridad de incredulidad" (De las Selecciones de las Escrituras Santas contra los Latinos y el relato sobre la composición del Octavo concilio latino).

 

Las primeras notas del Tema Imperial de Moscú también están en estas crónicas rusas del concilio de Florencia. Aquí Vasili el Ciego, aunque hablando estrictamente no más que Gran Príncipe o Gran Duque, es llamado "Zar blanco de Todas las Rusias". Vasili es el "Nuevo Constantino", "Grande, Soberano, Zar ruso coronado por Dios".

 

En su crónica de estos eventos, el monje ortodoxo Simeón reflejó sobre todo la difamación de Florencia y auto-exultación virtuosa salida de entre Ortodoxos no-lavados de los monasterios rusos, debido a las acciones de Vasili II. Concluye su relato del Concilio de Isidoro con lo siguiente:

 

"Regocijo, oh pío Gran Príncipe Vasili, porque usted ha confirmado la tierra rusa en fe; de verdad usted ha puesto en su cabeza la corona de bautismo santo. Regocijo, Príncipe Ortodoxo Vasili, porque usted ha confirmado a todos sus sacerdotes; quien estaba desnudo, usted ha confirmado... Regocijo, Príncipe Ortodoxo Vasili, usted ha ahogado la herejía latina y no le permitiría crecer entre cristianos Ortodoxos... Regocijo, Príncipe Ortodoxo Vasili, confirmador de la Ortodoxia y de todas las tierras rusas... la alegría y la felicidad de la Iglesia Divina y de todos los Cristianos Ortodoxos... Regocijo, Gran Príncipe Ortodoxo Vasili Vasilievich, embellecido por la corona de la Fe Ortodoxa griega y con usted todos los príncipes Ortodoxos de la tierra rusa regocijan... Regocijo, Príncipe Vasili, porque usted es nombrado en todas las tierras Occidentales y en la propia Roma; usted ha glorificado la fe Ortodoxa y la tierra entera de Rusia (Michael Cherniavsky, Tsar and People, New Haven, 1961, p. 37).

 

En 1448, Vasili II ordenó a todos los obispos en su reino elegir un nuevo metropolitano para reemplazar a Isidoro. Con eso, la Iglesia Ortodoxa rusa llegó a ser una Iglesia auto-céfala bajo su propio metropolitano, bastante independiente de los deseos del Patriarca griego en Constantinopla.

 

 

Stalin: Continuador de Vasily el Ciego. En 1948 ordenó festejar los

500 años de la “autocefalia” de Moscú como etapa a la nación rusa

 

Ese Patriarca fue considerado por los rusos de estar tomado por el diablo, porque todavía estaba limitado por el Decreto de Unión de Florencia que su predecesor había firmado, aunque se negó a promulgar la Unión en su Iglesia de Hagia Sofía. Entonces, 29 de Mayo de 1453, los turcos tomaron Constantinopla, mataron al Emperador, saquearon la ciudad, ocuparon Hagia Sofía y tomaron prisionero al Patriarca griego. El fin del Imperio Romano Oriental a manos de otomanos asesinos dio lugar a una ola de consternación general y terror en Europa, pero esta consternación no era ciertamente compartida por los rusos.

 

En cambio, consideraron la destrucción de Tsargrad, la vieja ciudad imperial, con tristeza y la complacencia auto-virtuosa. Tal, sentían, era el fruto de subyugarse a los herejes romanos: la destrucción del Imperio Oriental era en la visión rusa la venganza de Dios contra los que habían traicionado su verdadera fe a través de sus pactos con los apóstatas occidentales. Los turcos eran meros instrumentos de una justa y merecida retribución divina inevitable. Rusia, concluyeron, había sido confirmada en su status de única patria de la verdadera fe.

 

Moscú la Tercera Roma

 

Siglos antes, en el Concilio de Calcedonia, Constantinopla se había declarado la Nueva o Segunda Roma. Esa Segunda Roma había dejado de existir del punto de vista de legitimidad imperial, así como la Roma original lo fue en 476 D.C. Lo que tuvo lugar a estas alturas, según los teórico mesiánicos del imperialismo moscovita, es un proceso de translatio imperii, o transferir el asiento del imperio y, por definición, la capital del mundo, desde que el imperio, en teoría, por lo menos abraza todas las tierras del planeta.

 

En 1472, Iván III, hijo del campeón Ortodoxo Vasili el Ciego, acordó casarse con Sofía (o Zoe) Paleólogo, sobrina del último Emperador de Bizancio. Este matrimonio fue hecho con ayuda del Papa veneciano Pablo II, que había cuidado a Sofía como su pupila más de diez años. Los miembros del entorno de Sofía vinieron a Moscú con cartas de la Signoria veneciana que certificaban a Sofía como verdadera heredera al trono bizantino (materia sobre que había alguna duda) y especificaban que el hombre que se casaba con ella, en efecto, se habría vuelto Emperador bizantino.

 

La sucesión dinástica que apuntaló la Tercera Roma era así de fábrica veneciana y la influencia veneciana en Moscú todavía aumentó más a través del gran número de venecianos que vinieron a Rusia en el séquito de Sofía [1].

 

El Gran Príncipe Iván empezó a llamarse Zar (César) o Emperador y adoptó el águila de dos cabezas de Bizancio como símbolo de la monarquía rusa. Iván también empezó a llamarse autócrata (samoderzhets), el término bizantino preciso del gobierno imperial unipersonal. Con tanto estímulo veneciano, el tema imperial se volvió obsesión gobernante de los teóricos políticos y mitógrafos, ahora en los monasterios de Moscú. Una leyenda desempolvada y sacada al efecto, que la insignia de imperio que había pertenecido una vez a Nabucodonosor de Babilonia, había sido tomada por Bizancio y luego a Kiev, con poderes mágicos ahora desarrollados en Moscú.

 

Iván III: el primero en reconocer al trono de Moscú sucesor de Bizancio

 

En los años finales del siglo 15 encontramos la imaginativa seudo-historia "La Leyenda de los Príncipes de Vladimir", (Skazaniye o Knyazyakh Vladimirskikh) que inventa un hasta aquí hermano desconocido del Emperador romano Augusto, llamado Prus. Este fantástico Prus, dice la crónica, había sido enviado por su hermano el emperador a los bancos del Vístula para introducir el orden imperial en Europa oriental. Prus se volvió así fundador de Prusia. Catorce generaciones después, los eslavos invitaron a un descendiente de Prus a ser su gobernante y esto resulta haber sido no otra cosa que los legendarios Rurik, fundadores de la dinastía de Kiev de que San Vladimir era representante. El mensaje es bastante claro: Los Zares de Moscú son genealógica y dinásticamente, herederos legítimos de los emperadores romanos originales.

 

Ahora sólo una doctrina histórica o escatológica se necesitó para ser consumado el translatio imperii. El modelo para esta nueva doctrina fue proporcionado por cierto Dimitri Gerasimov, que en 1492, compuso un trabajo llamado "Leyenda del Capelo Blanco". En el curso de esta historia un personaje que representa al viejo Papa romano Silvestre hace la profecía siguiente:

 

"Roma antigua cayó de la gloria y la Fe Cristiana por orgullo y premeditación: En la nueva Roma que es la ciudad de Constantino, la Fe Cristiana está pereciendo similarmente por opresión de los hijos de Agar. Pero en la Tercera Roma que está de pie en la tierra de Rusia la gracia de la Espíritu Santo ha brillado; y sabe que todos los hombres Cristianos al fin entrar n en el reino ruso, por causa de la Ortodoxia".

 

La "Leyenda del Capelo Blanco" llevaba Roma a Rusia, pero no específicamente a Moscú, pues de hecho Gerasimov estaba pensando en Novgorod como nuevo centro mundial. Moscú la Tercera Roma, requirió a una investidura más específica.

 

No sorprendentemente, esto fue proporcionado por un monje: Filofei de Pskov cuyo nombre a veces es traducido como Philotheus o Philotheos. Pskov era una república comercial, una hermana más pequeña de Novgorod. Filofei vivió en el monasterio de San Eleazar años después de 1510, cuando el Gran Duque Vasili III de Moscú habían agregado Pskov a sus dominios.

 

De Filofei se sabe que escribió cinco cartas a los contemporáneos, sobre todo a funcionarios gubernamentales y gobernantes. Las más interesantes de estas cartas son dirigidas a cierto funcionario gubernamental de Moscú residente en Pskov, una dirigida a Vasili III y una al último hijo, Iván IV (después "El Terrible").

 

El volumen de las cartas de Filofei es la exhortación sistemática a los gobernantes de Moscú para llevar a cabo el status dado por Dios a su ciudad como Tercera Roma. En su carta al funcionario cuyo nombre era M. G. Misjur-Munexin, Filofei nota que 90 años han pasado desde la destrucción de Bizancio y ese imperio no se ha restaurado. Los griegos, escribe Filofei, "traicionaron la Fe Ortodoxa griega a los Latinos". Los Latinos son heresiarcas y Filofei dice que la crucifixión de Cristo fue una atrocidad, unión de judíos y romanos (del Oeste). A pesar de esto el Imperio romano es eterno, porque Nuestro Señor nació y fue registrado bajo el gobierno romano. Filofei sigue entonces:

 

"Me gustaría decir unas pocas palabras más sobre el existente imperio ortodoxo de nuestro gobernante más ilustre y más alto. El es, en el mundo entero, único zar de los Cristianos, gobernante del trono divino de la Santa Ecuménica y Apostólica Iglesia que existe en lugar de la Iglesia romana y de Constantinopla, en la ciudad de Moscú que Dios ha salvado, como la Iglesia del santo y famoso Dormition de la más pura Madre de Dios.

 

Esta Iglesia sola brilla en el globo entero más luminosa que el sol. Por saber, usted el amante de Cristo y amante de Dios. Todos los imperios cristianos han cesado y han venido juntos a Un Imperio de nuestro Gobernante, según los libros proféticos: ése es el Imperio ruso el obroseiskoe tsarstvo. Porque dos Romas han caído, pero la tercera está de pie y cuarta no habrá" (adaptado de los textos en Hildegard Schaeder, Moskau Das Dritte Rom, Darmstadt 1957, después de los textos en V. Malinin, Starets Eleazarova monastyrya Filofei i ego poslaniya, Kiev, 1901).

 

Porque dos Romas han caído, pero la tercera está de pie y cuarta no habrá

 

Esta profecía es acompañada por imaginería adecuadamente apocalíptica pedida prestada de la Revelación de San Juan el Divino. En su después y más famosa carta al Gran Príncipe Vasili III, Filofei da la exposición clásica, definitiva, de la doctrina del culto de Moscú, la Tercera Roma:

 

"Escribo a usted, el más luminoso y más alto trono Soberano, Gran Príncipe, Zar Cristiano Ortodoxo y señor de todo, poseedor de la rienda de la Iglesia Santa Ecuménica y Apostólica de Dios de la más Santa Virgen... que está brillando gloriosamente en lugar de la romana o Constantinopolitana "obone". Porque la Vieja Roma cayó debido a la falta de fe de su Iglesia, la herejía de Apolinario; y la segunda Roma, la ciudad de Constantino, los paganos rompieron las puertas de las Iglesias con sus hachas.

 

Y ahora está la Iglesia Apostólica del Santo Sínodo de reino de la Tercer Roma, su Zar que brilla como el sol en su Cristiana Fe Ortodoxa, zar pío, como todos los imperios "obtsardoms" de la Fe Cristiana Ortodoxa se han recogido en su solo imperio... usted es el único zar cristiano en el mundo entero. No rompa Zar, los mandamientos puestos por sus antepasados, el Gran Constantino, el bendito Vladimir, el escogido de Dios Iaroslav y otros santos benditos, de cuya raíz usted es... Escuche y atienda, Zar pío, que todos los Cristianos imperios se reúnen en uno, que dos Romas han caído y la tercera está de pie y cuarta no habrá; su imperio no caerá a otros, según el gran Evangelista". (Ibid.)



[1] Nota del T. La agencia oficial RIAN reconoce el origen del águila bicéfala en el propio Papa Pío II que se la envió a Iván III, reconociéndolo sucesor del emperador de Oriente ahora en Moscú. Esto desvirtúa la Teoría de la “mano veneciana” de Webster Tarpley.