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Ave
Cor Mariae
1982
- 2 de abril – 2006
Operación
Virgen del Rosario”
La Increíble
Vida del Cura que Estuvo en Malvinas.
El
Rvdo P. Vicente Martínez fue uno de los primeros en llegar a las
Islas.
Hubo
ocasiones en que ofició misa en medio de los bombardeos.
Hoy
brinda ayuda y contención a veteranos de guerra y familiares.
Muchas
voces han contado antes como fue el horror que se vivió en Malvinas.
La muerte, la sangre, el frío, el hambre y la necesidad de matar para
seguir viviendo. Vicente cuenta la misma historia pero desde otro
lado. El no portaba un arma, se defendía con una cruz y una Biblia.
Vicente Martínez fue uno de los pocos sacerdotes que acompañó a los
soldados argentinos en ese infierno. Vivió 74 días sobre la turba de
las islas en un hecho que se transformó en una bisagra para el resto
de su existencia. Actualmente se desempeña en el Archivo Histórico
Salesiano en Bahía Blanca, pero sabe que su misión es atender los
efectos de la posguerra, de auxiliar en la espiritualidad a los
veteranos de guerra y sus familiares.
Fue el primer capellán en llegar y él último en abandonar
las islas, sin caer prisionero de los ingleses. El sacerdote lamenta
el proceso de desmalvinización que ocurrió en Argentina, despotrica
en contra de la película “Los
chicos de la guerra” porque no cuenta toda la verdad y
afirma que la idea original era sacar a los ingleses de las islas,
plantar la bandera Argentina y negociar en la ONU, sin llegar a la
guerra.
También señala que no todo era mentira por las simples ganas
de mentir. Era parte de una guerra psicológica.
En otro párrafo duda de las bajas admitidas oficialmente por
el enemigo. “Revisé todos los
diarios del mundo y en ningún lado figura el regreso de los gurkas
nepaleses que atravesaron corriendo 36.000 bombas minas antipersonales
que rodeaban Puerto Argentino”.
El padre Vicente tiene una ficha personal de cada uno de los
649 argentinos muertos durante el conflicto (323 fallecidos en el
ataque al Belgrano) y un completo diario de guerra que escribió en
Malvinas donde se atiborran los terribles recuerdos vividos y sufridos
por la tropa argentina.
Este cura se movía con total libertad, ya sea en la Gran
Malvina como en Soledad y estuvo a metros del encuentro clave que
sostuvieron Jeremy Moore y Benjamín Menéndez para darle fin a la
guerra.
TESTIGO
“En
Bahía Agradable fui testigo de que manera desaparecían las fragatas
y destructores ingleses y yo me pregunto que Nación le infligió
tanto daño a Inglaterra. Es justo también decirlo que no nos pasaron
por arriba”, relata. Agrega: “Si
ellos son los ganadores tendrían que mostrar lo bien que les fue y el
poco costo que pagaron por esa conquista pero la señora Margaret
Thatcher, en uso de sus funciones, puso un secreto de guerra de no
revelar nada por 90 años, hasta el 2072”.
“Respeto y les creo a los soldados que dieron testimonio
sobre las carencias que pasaron en el frente porque yo mismo me
encontré con dos muertos por desnutrición y fatiga. Existió y
fueron casos puntuales, pero no fue la generalidad de los 11.000
soldados. Una compañía la pasó muy mal, eran los que estaban en
Puerto Yapeyù (Howart) porque ellos quedaron localizados frente a la
playa de desembarco de los ingleses: Entonces no se los podía
reabastecer, se trató de llegar con todas las picardías criollas,
pero no se pudo. Se mandó al “Islas de los Estados” y lo
hundieron, se mandó al “Carcaraña” y lo hundieron, otro barco
pudo escapar pero no pudieron reabastecerlos.
Cuenta, que estos soldados se estaban alimentando con 1.200
calorías diarias para racionar los alimentos cuando por la tensión y
el frío necesitaban 3.000 calorías.
“Respeto todas las
visiones porque les creo, pero es muy parcial. Al soldado se lo metió
en un pozo de zorro setenta días y no pudo ver la guerra en su
conjunto. Hay que respetarla y aceptarla. Por mi oficio, y el haber
sido capellán único durante mucho tiempo, pude recorrer la Isla
Soledad desde el cabo San Felipe hasta Monte Kent, desde Moody Brook
hasta Puerto Enriqueta. Tenía un helicóptero con un piloto a
disposición y pasamos varias veces el canal de San Carlos”,
cuenta.
LA
RENDICIÓN Y LA POSGUERRA
El
padre Vicente tuvo una activa participación tras el cese del fuego.
No cayó prisionero y ayudó a los heridos hasta que lo detectaron.
Con un remolcador se largo con destino a Comodoro Rivadavia sin caer
en manos inglesas.
“Cuando una bandera se
pierde en guerra, no se repone, se reconquista. Eso lo aprendí después.
Los británicos están sin bandera en uno de sus regimientos porque
las perdieron en las Invasiones Inglesas y esa bandera esta en la
Iglesia de santo Domingo. Por eso ellos querían nuestra bandera,
porque es histórica y para canjearla por la otra”.
“No pudieron conseguirla
porque alguien me la pasó y yo la pude sacar hacia el continente,
pero no me pidan que revele el modo en que lo hice. En tanto los
sables de los oficiales fueron envueltos en plásticos y escondidos en
lugares marcados, para recuperarlos en algún momento”.
Tras
la rendición el padre Vicente no se entregó y se mantuvo oculto
ayudando a los heridos. De noche los llevaba en un remolcador al
“Irizar” que estaba a 40 minutos de navegación y que era un buque
hospital reconocido por la Cruz Roja.
El capellán estuvo hasta el 19 de Junio realizando esa tarea.
Cuando lo detectaron, terminó de subir a los heridos y se fue con el
remolcador a Comodoro Rivadavia.
LLEGÒ
A DAR OCHO MISAS POR DÌA
En
Malvinas el padre Vicente tuvo mucho trabajo. Durante muchos días fue
el único sacerdote para atender en la Fe a miles de soldados. Si bien
el Derecho Canónigo permite dar hasta tres misas por día, en casos
excepcionales se autoriza a más. Fue asì como llegó a dar a ocho
misas en un solo día. Tenía una agenda con día y hora de los
lugares a visitar. Asegura que nunca les falló a pesar de los
bombardeos y las continuas alertas rojas.
Una
vez ocupada la isla, en la cabecera del aeropuerto se enterró un
rosario y se puso la pista bajo la protección de la Virgen. “Los
ingleses le tiraron 1.200 toneladas de bombas (1.200.000 kg de
explosivos y carcasas) y ninguno le dio hasta el fin de la guerra, que
estuvo operable. El ultimo avión salió de esa pista el 13 de Junio a
las 20 horas”.
De
su diario personal extrae unas anotaciones realizadas el 8 de Mayo por
un hecho que ocurrió en la Misa de la Virgen de Luján. “El
soldado telefonista recibe la información que venían dos aviones Sea
Harrier por el Oeste. Correspondía alerta rojo y desbandarnos. Pero
el Jefe dijo que estábamos en Misa y Procesión y no nos iban a
detener. Yo no podía dejarlo malparado al Jefe, porque ese era un
acto de Fe. Los Sea Harrier no aparecieron nunca.”.
Otro
hecho que lo marcó ocurrió durante una Misa: “En
momentos de la Consagración, cuando elevó la hostia, vio que viene
un Sea Harrier tomando posición para bombardeo. Me arrodillo y les
digo a todos los que tenía en el frente, rodilla a tierra. Cuando
estaban en esa posición, la bomba cayó detrás del ultimo hombre,
sin herir a nadie”.
Agrega:
“Hay dos explicaciones, una de
Fe y es que seguíamos teniendo protección de la Virgen. En tanto la
explicación técnica era que esas bombas de 500 kilos hacen un cráter
de 12 metros por cuatro de profundidad. Al estallar lo hacen en forma
de cono, y por lo tanto la onda expansiva salió en forma de V, sin
afectar a los que estábamos muy cerca”.
LUEGO
DE 23 AÑOS LA MISIÓN CONTINÙA
A
más de dos décadas de la guerra, la misión del sacerdote continúa
porque está en contacto permanente con los excombatientes. A donde
va, pregunta enseguida por los veteranos de guerra y mantiene
contacto. Lo mismo con familiares y amigos, que buscan más información.
El
cura expresa que se han encontrado con historias terribles de soldados
que han padecido y siguen padeciendo la indiferencia de la mayoría de
los argentinos. También lamenta la gran cantidad de suicidios que
actualmente se acercan a los cuatrocientos.
Recuerda
el caso de una madre a quién le habían comentado que su hijo aún
estaba vivo, que había sido herido en un combate y que había perdido
la memoria. “Incluso le comentaron que estaba vagando por las Islas.
La mujer vendió todo, hizo lo imposible para ir a buscarlo.
Hasta
viajó al Reino Unido para pedir permiso. Yo la encontré y le expliqué
que su hijo ya estaba con Dios, porque había fallecido en el ataque
del primero de Mayo a las 4:30
de la madrugada a 15 metros de la torre de control del aeropuerto. Yo
mismo lo había enterrado”.
“Querido
Papá: cuando recibas esta carta yo estaré rindiendo cuentas de mis
acciones a Dios, nuestro Señor; El que sabe lo que hace. Así lo ha
dispuesto: que muera en el cumplimiento de la misión. Pero fijate vos
qué misión. ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba
vehículos y armas, todo destinado a recuperar las Islas Malvinas y
restaurar en ellas la soberanía? Dios, que es un Padre generoso, ha
querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta
experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.
Lo
único que a todos quiero pedirles es, primero: que restauren una
sincera unidad en las familias bajo la cruz de Cristo; segundo: que me
recuerden con alegría y no que mi vocación sea la apertura a la
tristeza, y muy importante, que recen por mí.
Papá,
hay cosas que como en un día cualquiera, se dicen entre hombres, y
que hoy debo decírtelas: gracias por tenerte de modelo de hombre bien
nacido, gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido,
gracias por ser católico, argentino, hijo de sangre española,
gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que sea
fruto de ese hogar donde vos sos el pilar. Hasta el reencuentro sí
Dios lo permite.
Un
fuerte abrazo.
Dios
y Patria o Muerte.
Roberto”.
Carta
póstuma que el Tte D Roberto Estévez dirigió a su padre
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