Soviéticos
en Malvinas
Miércoles 04 de Mayo de 2011
“…me gustaría que ellos (los soviéticos) dejen de
entrometerse en el conflicto Malvinas” La guerra fría puede
entenderse como un conflicto cierto entre las dos superpotencias (la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas y Estados Unidos de América) que se
exteriorizaba en campos de batalla secundarios, o como la eterna preparación
para la gran conflagración la cual, felizmente, jamás se produjo. En todos los casos, la
bipolaridad del mundo imponía una constante diligencia en la vigilancia de
las actividades del enemigo, cuyo obtenido podía acercarse a los aliados /
satélites o, como sucedía en la mayor parte de los casos, ser asimilado como
enseñanza para un conflicto bélico futuro. Siguiendo esta lógica,
la movilización de la flota británica y, ulteriormente la guerra aeronaval
que se suscitó en el Atlántico Sur de abril a junio de 1982 dio una
imperdible oportunidad a la Unión Soviética para tratar de entender como
peleaban las fuerzas armadas de la Gran Bretaña y, por extensión, todas las
adscriptas a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) Así las cosas, la Unión
Soviética movilizó diversos medios de espionaje aéreo, naval y espacial, los
cuales, además de los beneficios esperados, le permitieron tener un
seguimiento casi en tiempo real de los acontecimientos en Malvinas. Veamos en detalle cual
fue la participación de los medios soviéticos en Malvinas, y dejaremos para
otro momento el tratar de establecer si la información colectada fue pasada
de alguna forma a las fuerzas argentinas. La Aviación
Naval Soviética. Los Tu-95 “Bear D”. Desde el año 1977, el
392º Regimiento Aéreo Independiente de Reconocimiento a Larga Distancia de la
Armada Soviética, desplegaba una sección de aviones TU-95RTs (Código OTAN
“Bear D”) al aeropuerto de Luanda, Angola.
Estos grandes aviones
cuatrimotores, derivaciones de reconocimiento marítimo de un modelo ya
vetusto de bombardeo estratégico, contaban con excelentes radares y equipos
electrónicos. Sus tripulaciones, asimismo, estaban acostumbradas a
interactuar con buques de superficie y submarinos, en tanto uno de sus
propósitos era el de buscar blancos para los misiles anti-navío de largo
alcance que estos portaban. Su misión desde Angola
era meramente la de establecer presencia soviética en el Atlántico Sur, así
como monitorear el tráfico mercante que, habiendo pasado por el Cabo de Buena
Esperanza, se dirigía al hemisferio norte. Encontrándose fuera del área
habitual de operaciones de las marinas occidentales, las tripulaciones tenían
una vida relativamente apacible, volando menos de 200 horas anuales. El conflicto Malvinas
hizo que el destacamento, que operaba a 10.950 km de su base habitual en el
aeródromo de Fedotovo (norte de Rusia) se volviera especialmente activo.
Específicamente, se le ordenó seguir la evolución de la flota británica, ver
su composición y formación, tomar fotografías de los buques y recoger
inteligencia electrónica. Los cuatrimotores
“Bear” volaron más de 100 horas solo en abril, en misiones que duraban hasta
15 horas, sin aeródromos de alternativa y muchas veces habiendo perdido la
comunicación radial con su base, que terminaban usualmente a mil pies o menos
casi sobre la vertical de cualquiera de los dos portaaviones británicos. Como recuerda uno de
los comandantes de las aeronaves: Se nos ordenó que
siguiéramos a los británicos hasta el Atlántico Sur desde la Bahía de Vizcaya,
tan pronto como la armada zarpó rumbo a las Malvinas. Volando desde Angola
los seguimos todo el camino. Podíamos ver claramente colocados sobre cubierta
de los portaaviones los cazas “Harrier.” Más tarde, una vez
que regresaron, otra vez fue necesario examinar al Hermes, ya que las comunicaciones interceptadas
mencionaban que el portaviones había sido dañado por misiles argentinos y era
probable que tuviese que sufrir reparaciones extensas. (Coronel Gueorguiy
Bul’bénkov, Aviación Naval de la Armada Soviética) Es interesante comentar
que el vuelo de observación del portaaviones británico HMS Hermes que menciona el Coronel
Bul’bénkov, ocurrido el día 11 de julio, fue interceptado por un avión
Phantom FRG.2 del Escuadrón 29 de la RAF, que despegó desde el aeropuerto
Wideawake, en la isla de Ascensión.
Estas interceptaciones
no dejaban de ser habituales pero, lejos de lo que muestran las películas,
los aviones no se apuntaban sus armas unos a otros (el “Bear D” posee
armamento en su cola) ni se acercaban en demasía. Finalizada la
contienda, los “Osos” volvieron a sus tareas habituales y, años después,
dejaron de volar desde Angola. Buques espía. La presencia de buques
espías de la Unión Soviética fue común en cada despliegue militar de la OTAN
en la guerra fría. Con ellos, la Armada Roja mitigaba la ausencia de estaciones
terrestres que pudieran captar información electrónica de los buques
enemigos. Estos buques fueron, en
un comienzo, pesqueros de arrastre convertidos pero, a la largo de los años y
a medida que el uso del espectro electromagnético se fue haciendo más asiduo
y complicado, nacieron diversos tipos especializados, con sofisticados
equipos de guerra electrónica, interceptación de comunicaciones, descifrado
de datos y otros similares. El conocimiento que
brindaban estos buques para el alto mando servía para entender que pretendían
las marinas enemigas y, sobre todo, para saber como deberían enfrentarlas en
el mar. En el conflicto
Malvinas intervino un solo buque del tipo llamado por los soviéticos “SSV”
(“Sudno Svyazyy”, que se puede traducir como “Buque de Comunicaciones”), pero
otros, pesqueros o buques factoría, también estuvieron realizando
inteligencia en las aguas de Atlántico Sur. Se debe tener en
cuenta, especialmente, que la flota mercante y pesquera de la URSS era
controlada por el estado (como todo en un régimen comunista), y que muchas
veces embarcaba en sus buques personal militar. No era de extrañar, por ello,
que muchas veces se suscitaran “problemas”, que hacían que tuvieran que
atracar en un puerto no tan amigo, saliendo su tripulación a tomar
fotografías “turísticas” de instalaciones de interés militar. Dentro de la primera
categoría, cabe considerar al Zaporozhye
(CER-501), el cual, a fines de marzo de 1982, se encontraba registrando
electrónicamente cierta actividad antisubmarina de la OTAN en el Mar de las
Hébridas, al noroeste de Escocia. El buque según constancias de la época,
operaba conjuntamente con un submarino tipo Proyecto 671 (Código OTAN,
Victor): mientras el submarino testeaba las defensas, el buque espía
constataba las reacciones.
El 501 era un buque de
4.500 toneladas de desplazamiento, de la clase Primorye (Proyecto 394B) que
llevaba a 160 hombres a cargo del Capitán de Primera Clase P. Zyryanov. Un
buque relativamente moderno, pero de diseño viejo (sus primos eran buques
factoría), con una tripulación bien entrenada para las tensiones de la guerra
fría en el mar. La presencia del buque
en la zona no dejaba de ser habitual, en tanto la existencia de diversas
bases de la Royal Navy y de la US Navy, pero resulta (visto
retrospectivamente) una indudable coincidencia con los eventos que sucederían
días después en el Atlántico Sur, teniendo en cuenta que desde allí podría
monitorear la partida de submarinos nucleares hacia las zonas de conflicto. Una vez recuperadas las
Islas Malvinas, el 501 se mantuvo en su estación y, desplegada la flota
británica hacia el sur, comenzó a seguir su derrotero hasta alcanzar la Isla
de Ascensión.
La flota británica se
detuvo en ese importantísimo punto logístico, quedando el buque espía a una
distancia entre 3 y 15 millas de la isla, donde podría tanto realizar
observaciones al tráfico mercante y aéreo, como dedicarse a su función de
inteligencia electrónica específica. El Zaporozhye era constantemente
observado por aviones de patrulla “Nimrod”, así como los “Phantom” FRG.2 y
“Harrier” Gr.3 de la RAF estacionados en la isla practicaban ataques
aeronavales contra el mismo. Como recuerda un
radiooperador del buque: Escuchamos por la
radio “- Blanco primario, distancia tanto dirección otro tanto”. Nos quedamos
pensando “¿Qué es eso del blanco primario?” Entonces, de vuelta “Distancia
500”, luego “300” , por último “estoy sobre el blanco” e inmediatamente
notamos un sonido de un jet sobre el buque” No eran estos los
únicos favores de la guarnición de la isla, en tanto se programaron muchos
vuelos de helicópteros “Chinook” los cuales intentaron provocar un daño
“accidental” a antenas y mástiles del buque espía, utilizando como arma el
feroz tornado que provocaban sus rotores. Ninguno de ellos tuvo, hasta lo que
se sabe, el resultado esperado y tampoco provocó reacciones de las defensas
antiaéreas del 501.
Es bueno recordar que
en plena guerra fría los contendientes eran sutiles en sus acciones y
reacciones, ambos teniendo en claro que cualquier incidente aún menor podía
tener consecuencias inimaginables. El Zaporozhye estuvo finalmente 153 días
totales en el mar, navegando 19.000 millas náuticas sin mayores
complicaciones. Mucho más al sur, otros
buques soviéticos cumplían, encubiertos, su rol de inteligencia. Uno de ellos
habría sido el Akademik Knipovich,
un buque de investigación antártica soviético que el día 15 de abril de 1982
entró al puerto de Ushuaia. Otro habría sido un buque factoría, que navegaba
disimulado entre 25 pesqueros polacos y soviéticos, el cual sería confundido
electrónicamente por un avión S-2E “Tracker” (se creyó que era una fragata
británica) el día 2 de mayo. Es dudoso si el
pesquero soviético Belokamensk,
quien participó (previa autorización expresa del Ministerio de Relaciones
Exteriores de la URSS) del rescate de tres cadáveres del Crucero ARA General Belgrano, estuvo realizando
tareas de espionaje. Lo cierto es que el
buque abandonó sus faenas y se encaminó a realizar tareas de salvataje, aún
sin muchas esperanzas de poder encontrar sobrevivientes. Un ingeniero del buque
el Dr. Vasili Terentyev, recuerda: "No teníamos
esperanza, ya que la temperatura del agua no sube de los 7º C, nadie puede
sobrevivir a la demora en el rescate. Se pudo rescatar a tres argentinos en
sus salvavidas naranjas, todos sin signos de vida. Los cuerpos habían sido
atacados por las gaviotas. Se dejaron en el freezer y se siguió buscando,
pero llegó la orden de Moscú de frenar la búsqueda y dirigirse al puerto más
cercano en Argentina, donde se ordenó no desembarcar”
Vale aquí agregar que
la presencia de buques soviéticos en el rescate de náufragos del Belgrano
generó, luego de la guerra, rumores que personas en el buque fallecidas se
encontraban viviendo en la Unión Soviética. Inclusive, dichos comentarios
fueron ventilados en el parlamento británico, sin llegarse a nada concreto. La Flota de Mar
Soviética. Los navíos de guerra de
la orgullosa Armada Roja tuvieron una participación secundaria en la
recolección de inteligencia del conflicto Malvinas, algo que resulta lógico,
teniendo en cuenta que no resultan plataformas especializadas, así como su
presencia resulta lo suficientemente amedrentadora como para hacer que cesen
las operaciones habituales de las fuerzas en pugna. A mediados de abril,
existían solamente cinco buques de guerra soviéticos en el Atlántico Sur,
entre ellos un grupo de batalla centrado en el crucero porta helicópteros Moskva (Proyecto 1123). Este buque,
especializado en guerra antisubmarina, poseía un grupo aéreo embarcado de 14
helicópteros Ka-25 (en versiones OTAN “Hormone-A” y “Hormone-B”) y,
conjuntamente con su escolta y un buque logístico, tocó los puertos de Africa
Occidental de Lagos (Nigeria), Luanda (Angola) y Point Noire (Congo).
Este grupo de superficie
se habría mantenido en aguas africanas, realizando posiblemente tareas de
escucha, aún cuando ciertas versiones que circulan en páginas de Internet
rusas, indican que se tenía planeado que pasara a la “caza” de submarinos
británicos en caso que se lanzara un ataque nuclear contra la Argentina.
Dicho trascendido indica que la inteligencia soviética había detectado a un
submarino de bombardeo estratégico posicionándose para atacar la Argentina y,
por tanto, se habrían tomado medidas para prevenir o sancionar su actividad. Amén de estos rumores
inconfirmados (ya que posiblemente el grupo de tareas soviético estaba
haciendo tareas habituales de “mostrar de la bandera” cuando estalló la
guerra), vale señalar que el otro buque soviético que tuvo alguna actividad
durante el conflicto Malvinas, fue el crucero Mariscal Timoshenko (Proyecto 1134A, Kresta II), que se
acercó al HMS Hermes entre
la Isla Ascensión y las Azores el día 16 de julio, habiendo desplegado un día
antes un helicóptero para investigarlo de muy cerca. Sin embargo, como queda
dicho, la actividad de la Flota de Mar Soviética fue puramente circunstancial
en el conflicto. Submarinos. El submarino es quizá
el mejor medio para realizar inteligencia, y por eso no es de extrañar la
presencia de submarinos soviéticos en las aguas de operaciones. Debo aquí decir que, en
lo que respecta a fuentes confirmadas, ya he tratado el tema en “Tras los Submarinos Ingleses” (Instituto
de Publicaciones Navales, 2010). Entraré aquí en un terreno resbaladizo, cual
es el de opinar acerca de operaciones de submarinos recurriendo a fuentes
periodísticas y otros. Adelanto que mi opinión
no ha cambiado respecto de lo que indiqué en el libro precitado (que es
probable la existencia de un submarino soviético, pero a la fecha no ha sido
confirmada) Ahora bien, la
bibliografía disponible hace mención a diversos tipos de submarinos
soviéticos involucrados, a saber:
El mismo habría operado
en Ascensión con el mismo patrón que se utilizó para el CCB-501 en el Mar de las Hébridas. La
idea que subyace esta tesis es que el buque espía no viajó solo, sino que fue
acompañado, en forma subrepticia, por este submarino.
Se intenta con ello
“mantener el honor” de los comandos antisubmarinos de la US Navy y Royal
Navy, quienes indicaban que ningún submarino se había perdido en el Atlántico
Norte y, por otra parte, justificar muchos avistamientos en el Atlántico Sur
(y con ello, “mantener el honor” de los capitanes de los buques como la HMS Yarmouthque indicaban que habían atacado
submarinos desconocidos)
Siendo improbable que un
submarino convencional pueda seguir a la flota, teniendo en cuenta su alta
velocidad de tránsito. El origen de la versión me es desconocido.
Es el presente un caso
interesante. Un personaje relacionado con el mundillo submarinista ruso, me
indicó que existe información acerca que este submarino siguió a la flota
británica desde el 5 de abril al 21 de mayo de 1982. La historia oficial del
submarino indica que estaba haciendo tests de torpedos de 650 / 533 mm y de
misiles Granit / SS-N-19 (normal, ya que fue comisionado el 21 de enero de
1981), pero realmente –se comentó- se habría orientado hacia el Atlántico
Sur, con instrucciones (aún hoy secretas) de hundir a ambos portaaviones
británicos si le fuera ordenado. Nuevamente, la Unión
Soviética temía la utilización de armas nucleares sobre Argentina, siendo
(según esta versión) este submarino su reaseguro. Por tanto, abortó su misión
cuando se entendió que las mismas no serían lanzadas. Durante su patrulla, la
misma fuente informa, habría sido atacado por fuerzas argentinas, que no
habrían logrado un impacto. Si bien es la versión
que parece más descabellada, dos datos en particular dejan flotando en el
aire una idea de realidad. El primero es que el
entonces Presidente Leonaldo F. Galtieri informó al General Haig (el
“mediador” estadounidense) que los soviéticos le habían ofrecido hundir a un
portaaviones y que la Argentina tome el crédito; por lo que puede entenderse
que existía un submarino con esa misión. Obviamente, pudo tratarse de una
estratagema del argentino o, cuando no y como se dice, de una conversación en
una noche con copas de más. El segundo tiene
relación con el sistema de armas que utilizaba el submarino, consistente en
los misiles antibuque de largo alcance SS-N-19. Dichos misiles, en lo que
hace a su adquisición de blancos, se encuentra asociado a la constelación de
satélites “Leyenda”. Debe señalarse que dichos satélites se utilizaron por primera
vez para observar las maniobras de Malvinas, ufanándose el Ministerio de
Defensa Soviético que “permitió
establecer con antelación lugar y fecha del desembarco británico”
(en San Carlos, el 21 de Mayo). Si se piensa en la asociación
submarino-satélite como un sistema para favorecer a los misiles, sería
ilógico pensar que uno pudo ser utilizado sin el otro.
Este es el único
submarino cuya presencia fue confirmada por la US Navy, aún cuando es
desconocido cuanto se acercó al área Malvinas o a la de tránsito de la flota
británica. Por último, vale
señalar que la mayoría de las fuentes coinciden en que fueron no más de dos
los submarinos soviéticos afectados a las operaciones de Malvinas aún, como
hice ver, no se ponen de acuerdo en cual de ellos se trataba. Satélites. De los 101 lanzamientos
al espacio durante 1982, la Unión Soviética, sin embargo, aplicó solo un
número limitado de satélites al conflicto del Atlántico Sur. Cabe señalar que la
inmensa mayoría de los ingenios especiales soviéticos de reconocimiento espacial
de ese momento implicaban el uso de cámaras fotográficas con film, el cual
era lanzado una vez que el satélite pasaba por territorio continental
soviético. Ello hacía que no fueran aptos para seguir los movimientos de un
teatro aeronaval, amén que no eran ayudados por la siempre nubosa
meteorología malvinense. Asimismo, los satélites
soviéticos poseían una duración en el espacio increíblemente limitada, en
algunos casos de solo unas semanas, por lo que no podía contarse con
elementos en órbita para obtener ya información. Puede entenderse los
satélites Kosmos-1368 (de reconocimiento fotográfico, que pasó a 240 km de
altura sobre Malvinas todos los días de mayo y junio a las 11:00 am),
Kosmos-1455, de inteligencia electrónica y Kosmos 1365 y 1372, de
reconocimiento radar, fueron los que aportaron la información más importante
acerca de lo que estaba sucediendo en las islas y sus alrededores.
Asimismo, como se
indicó más arriba, se utilizaron otros sistemas satelitales, como el
“Leyenda” de búsqueda de adquisición de blancos para misiles crucero. Conclusión. La Unión Soviética se
benefició enormemente con la información obtenida durante la Guerra de
Malvinas, tanto por los medios antes reseñados como por otros (espías,
inteligencia realizada en otros teatros y demases) Por ejemplo, los
ejercicios de la flota soviética durante los años 1983 y 1984 reflejan la
preocupación con que observaron las debilidades de la Royal Navy en lo que
hace a defensas antimisil, debilidades que se replicaban también en la armada
soviética. Asimismo, fueron motivo
de estudio las formaciones de la flota, la ubicación de piquetes radar y
antisubmarino, la seguridad en las comunicaciones y otros tópicos,
capitalizando la experiencia ajena. Vale agregar que lo
sucedido en el año 1982 otorgó un crédito muy importante a las fuerzas armadas
argentinas, el que se sigue manteniendo a la fecha, según lo que puede leerse
de la bibliografía rusa actual. Como se dijo, la Unión
Soviética obtuvo mucha información en una guerra que fue bisagra para el
conflicto aeronaval, la cual utilizó en su provecho. En otro momento
analizaremos cuanto de ello llegó o podría haber llegado a la Argentina. Por
ahora, solo concluyamos que poseyeron información oportuna y más que
interesante para compartir. Mariano Sciaroni. |