Hitler
Ganó
Por Waler Graziano
Capítulo 1 - Prólogo - Nash: La Punta del Ovillo
Capítulo 2 - El Problema del Petróleo
Capítulo 3 - 11 de Septiembre y El Mito de las guerras Justificadas
Capítulo 4 - La Dinastía Bush, Clinton y Cia
Capítulo 5 - El Gobierno del Mundo: El CFR
Capítulo 6 - Mecanismos de Control
Capítulo 7 - Poder y Sociedades Secretas
Capítulo 8 - Palabras Finales - La Bomba de Tiempo de Wall Street
Palabras finales
Capítulo
8
-
Quien
controle el pasado, controla el futuro. Quien controle
el presente,
controla el pasado.
George Orwell en 1984.
Supongo que el lector puede estar, en este punto,
con un cierto desasosiego. Sin embargo, sugiero no desesperar, ni pensar que el
cuadro de situación descrito a lo largo de esta obra no
tiene remedio. Aunque pueda ser cierto que algún
mal dure cien años, es improbable que dure doscientos.
Ocurre que el sutil andamiaje de dominio que la
élite contribuyó a generar y perfeccionar a través de mucho tiempo dista de ser
un mecanismo inexpugnable. El mismo se basa, sobre todo, en la forma en que los
negocios se realizan en Wall Street y el mundo financiero en general. Y como
muchos hechos recientes lo demuestran, Wall Street está lejos, muy lejos, de
proporcionar sueños tranquilizadores para la élite.
Es necesario explicar esto. El esquema de dominio
se basa principalmente en poder dominar un extenso abanico de negocios
(petróleo, armas, laboratorios, educación, información, banca,
etc.) en una vasta gama de países del mundo. Para
controlar esos negocios estratégicamente centrales, fue necesario, entre otras
cosas, idear e implementar mecanismos financieros por medio de los cuales un
reducido grupo de personas puede controlar la política empresarial de una gran
cantidad de firmas de esos sectores. Un muy reducido grupo de personas maneja
entonces esos sectores. Pero lo hace administrando el dinero de otras
muchísimas —millones y millones— de personas que han invertido sus ahorros en
los mercados financieros. El mecanismo ha funcionado aceptablemente bien en
tanto y en cuanto los mercados han respondido favorablemente: o sea, subiendo.
Pero el mecanismo entra en contradicción interna
apenas los mercados, lejos de subir, bajan. A inicios de este milenio, el
escándalo de Enron y otras tantas mega empresas bastan como una simple muestra
de cómo el control puede escapar fácilmente de las manos de los pocos que lo
detentan. Ocurre que cuando los mercados bajan muchas empresas que no fueron manejadas
de manera pulcra ven cortado su acceso a más endeudamiento, al mismo tiempo que
les resulta poco menos que imposible hacerse de más capital mediante colocación
de acciones en los mercados. Cuando ese momento llega, ya no hay margen de
acción para administrar las empresas, y por lo tanto el poder, a piacere.
Como bien reza el refrán popular, "la necesidad tiene cara de hereje".
Y en momentos de necesidad, los "pactos", secretos o no, entre
empresas y entre empresarios no pueden sobrevivir mucho tiempo. Aun cuando al
momento de escribir esto, en septiembre de 2003, todavía no han acontecido
episodios de una gravedad que puedan hacer pronosticar un final cierto para los
mecanismos globalizadores que han esclavizado a una enorme cantidad de personas
en una vasta cantidad de países, algunos episodios pronostican, desde hace
algunos años, que se avecinan problemas poco menos que insolubles para la
élite.
Y no sólo el escándalo de
Pero los espejismos, y menos cuando se trata de
dinero, no duran para siempre.
Las contradicciones han invadido también en forma
muy palpable terrenos en los que antes eran no sólo infrecuentes sino casi
inconcebibles. Sin ir más lej
Las contradicciones alcanzan niveles incluso
sorprendentes cuando EE.UU. solicita, periódicamente, incluso en reuniones del
FMI o del G7, una mayor valoración de las monedas de los países asiáticos. Es
comprensible que EE.UU. intente reducir el abultado déficit de balanza de pagos
que posee. Es una espada de Damocles siempre pendiente para el dólar y la
economía de EE.UU. Sin embargo, vale recordar que si las cosas no se han
descarrilado por completo en la economía norteamericana, ha sido gracias a que
países como Japón y China, principalmente, han comprado grandes cantidades de
títulos de deuda de EE.UU. con el producto de sus superávit comerciales con el
Tío Sam. Vale entonces recordar el viejo refrán: "Sólo hay algo peor a que tus deseos no se cumplan: que logres que se
cumplan".
Aliviar la situación de balanza de pagos de EE.UU.
implicaría la necesidad de dejar sin financiamiento no sólo a su Estado, sino
también a muchas de las principales empresas norteamericanas. Las
contradicciones, como se ve, están a la orden del día, y son cada vez más perceptibles
a simple vista. Y no se trata de contradicciones secundarias: sino en la propia
base del sistema económico norteamericano, ideado casi a la medida de la élite
empresarial anglonorteamericana. Sí estas contradicciones no se solucionan,
será harto dificultoso evitar una crisis medular. El grave inconveniente es que
los problemas tienen solución. Las contradicciones no. Tienen otro tipo de
salida...
No es difícil imaginar entonces, a raíz de los
problemas económicos y financieros que se van acumulando a ritmo cada vez más
veloz, el comienzo de la era de la desglobalización. Probablemente se trate de
un mundo en el que, al empuje de recesiones económicas, los países intenten
exportar unos a otros, renazcan barreras comerciales, regulaciones y controles
al movimiento de divisas y capitales. Como se ve
Valdría la comparación con los muchos planes de
estabilización en una variada gama de países. Durante un cierto tiempo ellos
brindan éxitos económicos. Cuando se insistió en prolongar su existencia, sólo
se logró caer en crisis económicas y sociales mucho más profundas que las que
había antes de su implementación. Y era esperable. Ningún país —y mucho menos
el mundo en su conjunto— funciona en un solo sentido todo el tiempo. Si
seguimos esta línea de pensamiento, es fácil comprender que más tarde o más
temprano, la élite ha perdido la partida. La ha perdido de antemano,
paradójicamente por aplicar al exceso los mecanismos financieros aún imperantes
en Wall Street. Es como si un malabarista, de tanto practicar sus trucos, y
conocerlos cada vez mejor, decide incrementar cada vez más la cantidad de
palotes que usa en su ejercicio. Y para peor, cada vez a mayor ritmo. El juego
no puede durar para siempre. El riesgo es cada vez mayor, y llega un momento en
que el juego no puede ser dominado por el malabarista, que se transforma de
fácil dominante de su juego en esclavo de él. Algo por el estilo parece que ha
comenzado a ocurrir hace ya algunos años Sin embargo, sólo unos pocos
analistas, en relación con el típico "coro" de voces que únicamente
pronostican las crisis cuando ellas ya están ocurriendo, han percibido que la
situación económica y financiera internacional se ha vuelto, silenciosamente,
alarmante.
Si además introducimos el muy grave problema
energético que señalamos en la primera parte de esta obra, que explica el afán
de invadir Irak contra viento y marea, y que se silencia habitualmente por
temor a fuertes presiones sociales para acelerar cambios tecnológicos y acabar
cuanto antes con los hidrocarburos fósiles (lo que significaría un muy rudo
golpe al poder de la élite), resulta obvio que la crisis no sólo no parece ser
evitable, sino que los tiempos pueden estar mucho más cercanos de lo que las
transitorias bonanzas en los mercados pueden augurar.
Obviamente los cambios no se van a producir sin
costos. Éstos hoy no pueden evaluarse Sólo puede pensarse que muy probablemente
serán superiores a los alguna vez vividos por las actuales generaciones. Puede
que esto no guste, pero la alternativa sería nada menos que la profundización
de la globalización a niveles tan dis-placenteros para las mayorías populares
que... De todas maneras, no hace falta pensar en ello. La probabilidad parece
tan pequeña, que hasta puede que sea imposible. Claro que la consecuencia más
lamentable de todo esto es cuántos miles, millones de personas quedan mientras
tanto en el camino. A merced de la indigencia, la pobreza, el embrutecimiento y
la muerte.
Puede resultar paradójico. Pero todo indica que la
estocada mortal al poder de la élite la dará, en algún momento aún incierto del
tiempo, el propio dios moderno creado por ella misma. Un dios hecho a medida de
las grandes masas, pero en el que los propios integrantes de la élite descreen
en su afán cada día más oligopolista. Como en Dr. Frankenstein, la élite ha
contribuido a desarrollar al extremo un ser que se apresta a volverse en contra
de su propio creador y merendárselo. Ese dios no es otro que el mercado. Quizá,
ni Mary Shelley lo hubiera pensado mejor.
A propósito, a veces la propia realidad nos
sorprende y parece proporcionar datos paradójicos o premonitorios. Por ejemplo,
pocos parecen haber reparado en que si se recorre WallStreet, en el downtown
Manhattan, en el mismo sentido del sol, o sea de este a oeste, finaliza en un
muy extraño lugar; sobre todo resulta extraño por tratarse del centro
financiero del mundo. Wall Street no termina en el agujero que dejaron las
Torres Gemelas en su caída precipitada luego de que antes de las nueve de la
mañana del 11 de septiembre de 2001 comenzara una de las peores tragedias para
los más de dos mil operarios, ascensoristas, porteros, mozos, empleados de baja
jerarquía y jefes intermedios que se hallan en sus puestos de trabajo a esa
hora en Nueva York.
Triste ironía, pero si Osama Bin Laden tuvo mucho o
poco que ver con los atentados, no mató precisamente a altos ejecutivos ni
millonarios como él, ni a dueños de empresas, que a l
Muchas veces ni los propios neoyorquinos en su
apuro por caminar el centro financiero del mundo, en el que se hacen y deshacen
fortunas en minutos, preocupados sólo por el dinero y el poder, reparan que
Wall Street termina en el pequeño y lúgubre cementerio colonial de Saint Paul,
al lado de una ruinosa, oscura y casi siempre cerrada o vacía iglesia. Allí, en
ese cementerio muy anterior a la globalización y al mundo de las finanzas, bajo
unas descuidadas y viejas lápidas cuyos nombres y fechas ya ni se leen, debido
al paso del tiempo, yacen los únicos restos, las únicas "calaveras y
huesos" que hoy descansan en paz en el downtown Manhattan.
WALTER
GUSTAVO GRAZIANO
Buenos Aires,
24 de septiembre de 2003
Agradecimientos
Un libro es siempre la combinación de al menos dos
factores claves: el esfuerzo del autor, y la inteligencia y rapidez de la casa
editorial. En este caso, Sudamericana. Es por ello que deseo agradecer en
primer lugar a los directivos, miembros del staff y personal de la editorial
que han elegido, permitido y agilizado la publicación de esta obra. Este
trabajo no hubiera sido posible sin una metodología de trabajo clara, precisa,
inteligente y muy rápida. Agradezco por
ello en primer lugar a Jorge Menéndez, sin cuya
valiosa colaboración hubiera carecido de ella, por lo que la tarea me hubiera
resultado mucho más larga, sinuosa y difícil. El tiempo y el esfuerzo que me ha
ahorrado la posibilidad del acceso a una excelente metodología de trabajo me
resultan invalorables.
Sin las sugerencias acerca del mundo editorial que
me aportó Silvia Hopenhayn, me hubiera resultado muy dificultoso publicar esta
obra en una excelente editorial y con suma rapidez. Por
ello, mi gran agradecimiento. El trabajo ágil,
rápido, inteligente, de Paula Velásquez fue crucial para la muy veloz —casi
contra reloj— elaboración del texto final de esta obra, una vez que la
investigación de dos años había concluido su fase primordial. Muchas gracias,
Paula.
En mí mismo "campo de batalla" han
estado, colaborando conmigo codo a codo, Alicia Nieva y Romina Scheuschner. Es
difícil explicar el grado de efectividad de su trabajo. Sobre todo cuando se
trata de tomar contacto con información complicada, a veces muy angustiante,
que suele operar como una descarga de cables eléctricos de alta tensión.
Muchísimas gracias también a Camila Cásale, Julieta
Galera, Luciana Cotton, Julia Hoppstock y Pamela Cavanagh, quienes aportaron
muy valiosos datos, análisis e informaciones en todo el inicio de esta
investigación. Su trabajo ha servido mucho para el desarrollo de toda la obra.
Finalmente, gracias "Tato", Aquel
"raro dato aislado" que tenías, y que un día, hace un par de años, me
comentaste, resultó ser correcto y abrió la pista y los caminos de algunos de
los arduos temas en los que fue necesario meterse para entender lo que ocurre.
índice
-Prólogo
-1.NASH: LA PUNTA DEL OVILLO
-2.EL PROBLEMA DEL PETRÓLEO
-Haciendo un poco de historia
-Energía y Poder
-Muy cerca del techo
-Mirando para otro lado
-¿Un Mundo Feliz?
3. 11 DE SEPTIEMBRE Y EL MITO DE LAS GUERRAS
JUSTIFICADAS
-Treinta Dineros
-Osama en la era de Clinton
-En el Nombre del Padre de Bush
-George de Arabia
4.
-Poppy
-Prescott ("Gampy"), el Socio de Hitler
-Clinton, el socio del silencio
-Billy the Kid
5. EL GOBIERNO DEL MUNDO: EL CFR
-El Poder en el Mundo: El enigmático CFR
-Bilderberg y la Comisión Trilateral
-El Rol de los Intelectuales
-El Nuevo Orden Mundial
6. MECANISMOS DE CONTROL
-
-La guerra de Víetnam
-
-
-Los Organismos Internacionales
7. PODER Y SOCIEDADES SECRETAS
-La Orden
-Nociones de Hegel
-El Origen de La Orden
-Thule Gessellschaft
-Palabras finales
-La Bomba de Tiempo de Wall Street
-Agradecimientos