Hitler Ganó la Guerra

Por Waler Graziano

 

 

 

 

 

Capítulo 7 - PODER Y SOCIEDADES SECRETAS

 

Los hijos de la élite, alrededor de 0.1%, iban a las escuelas

llamadas "academias"', y se les enseñaba a pensar y ser

independientes. Alrededor del 5,5% iba a las Realsschulen, donde

se les enseñaba parcialmente cómo pensar. El otro 34% iba a las

Volksschuíen, donde se los inducía a ser un seguidor y un buen

ciudadano.

Acerca del sistema de educación de Prusia, en Addresses to

Germans, por Johann Fichte.

 

Hay dos historias: la historia oficial, embustera, que se enseña ad usum delphini, y la historia secreta, en la que se

encuentran las verdaderas causas de los acontecimientos: una

historia vergonzosa.

Honoré de Balzac.

 

Hemos visto en capítulos anteriores la existencia de una especie de gobierno mundial en las sombras: el CFR. Ahora bien, dijimos que el CFR posee cerca de 3 mil miembros, un 80% de los cuales es estadounidense. Pensar en un gobierno en el que se expresan simultáneamente 3 mil voces, 3 mil opiniones, 3 mil ideas, es claramente una utopía. Están dentro del CFR los que van a hablar, y están los que van a escuchar. En otras palabras, hemos mencionado que en el CFR hay una gran cantidad de educadores, periodistas, abogados, economistas, políticos, empresarios, etc. Dentro de esa variada gama están aquellos para los cuales tan sólo figurar en el CFR es un gran honor y son convocados para infiltrar en sus organizaciones el ideario del CFR, y están aquellos para los cuales figurar dentro es una tarea imprescindible a fin de "bajar linea" a una gran cantidad de miembros del CFR que no son más que ejecutores, dentro de sus respectivos ámbitos de acción, de las políticas que piensa y decide la élite. La élite es un número de gente mucho más reducido. Hay en el CFR miembros de la élite, pero... ¿cómo se organiza la élite?, ¿cómo decide qué líneas de acción seguir a fin de que los miembros del CFR puedan cumplimentarlas en sus respectivos ámbitos?

 

Ya hemos dicho que muchas veces una idea que resulta apetecible a la élite es divulgada por sus miembros dentro de los ámbitos del CFR con el fin de que aparezcan por anticipado críticas y señalamientos contra ella. De esta manera, los integrantes de la élite, por anticipado, pueden tener una acabada idea del grado y tipo de oposición que sus deseos de dominio global pueden generar dentro de las sociedades cuando esas ideas sean anunciadas. Ello les permite muchas veces lanzar políticas de dominio con cierto "marketing" previo que las hace aparecer como democráticas y como conducentes para alcanzar fines supuestamente altruistas. El grado de resistencia popular a esas ideas es, entonces, mucho menor.

 

Cuando nos hemos referido a la élite, generalmente lo hemos hecho en términos de la élite anglonorteamericana. Es hora de explicar mejor qué significa esto. En realidad el Reino Unido y Estados Unidos son dos países diferentes, pero sus clases dominantes guardan muchas similitudes. Ambas son WASP (White AngloSaxon Protestant). La alta aristocracia norteamericana, en la que suelen abundar algunos apellidos totalmente desconocidos para el gran público, está compuesta casi íntegramente por descendientes de colonos ingleses del siglo XVII que se establecieron generalmente en Massachusetts y zonas cercanas. Por generaciones y generaciones, los descendientes de esas familias de colonos se fueron casando entre sí. Los llamados "padres de la república" descienden directamente de esos colonos.

 

Esta idea elitista —casi racista— de no juntarse ni aparearse con personas ajenas a lo considerado racialmente óptimo ha mantenido a la élite en su pretensión de ser casi racialmente pura.

 

Cuando mencionamos que algunos árboles genealógicos de la familia Bush llevan su ascendencia hasta los lejanos reyes ingleses del siglo XIII, estamos diciendo algo que puede resultar un detalle, casi una curiosidad, para el gran público. Pero no resulta ningún detalle ni ninguna curiosidad, ni para la alta aristocracia norteamericana e inglesa, ni para los llamados "nuevos ricos". O sea, los clanes burgueses, billonarios, que obtuvieron sus fortunas generalmente financiados por banqueros ingleses durante el siglo XIX, y desarrollaron así en Estados Unidos el petróleo, los ferrocarriles, la banca, etc. En otras palabras, los denominados robber baron.

 

Hemos señalado también cómo incluso la religión de la élite (la religión nominal, se entiende) coincide con la religión existente en el Reino Unido. El episcopalianismo de la aristocracia norteamericana es sólo una "sucursal" de la iglesia anglicana, que nació como un desprendimiento de Roma. Recordemos que, para los anglicanos, el Papa no es otro que el rey de Inglaterra, representado por el obispo de Canterbury. Las élites inglesa y norteamericana ingresaron en conflicto entre sí muchas veces, y en varias otras se disputaron vastas zonas del mundo. Sin embargo, estas peleas que muchas veces solían traducirse en guerras deberían ser vistas más como riñas internas dentro de un mismo grupo dominante, que como enfrentamientos entre dos enemigos.

 

Suele ocurrir en muchísimos grupos humanos que, aun dentro de un mismo y homogéneo núcleo de gente, con intereses y filosofías afines, existan peleas para ver en ultimo término quién ejerce el liderazgo.

  

Pues bien, hasta la Primera Guerra Mundial, el liderazgo dentro de este grupo lo tenía indudablemente la élite inglesa. Londres era la metrópoli mundial, la moneda de reserva era la libra y Estados Unidos era sólo una ex colonia muy importante, en desarrollo y rápido ascenso. Pero el liderazgo de Londres era indiscutido. Las cosas empezaron a cambiar después de la Primera Guerra Mundial, y durante el desarrollo de la Segunda ya resultaba claro que el liderazgo había virado hacia Washington DC y Nueva York. Quizás una muestra de ello pueda tenerse con una simple anécdota. Cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, el flamante embajador norteamericano en Londres consultó con lord Winston Churchill un pedido del gobierno del presidente Truman para que dejara esa embajada y se desempeñara como secretario de Comercio, la respuesta de Churchill fue: "El poder, ahora, está en Washington".

 

Si Estados Unidos y el Reino Unido fueran dos naciones totalmente independientes entre sí, con clases dominantes que tuvieran intereses contrapuestos, el aristócrata embajador americano en Londres, W. Averell Harriman, jamás hubiera hecho esa consulta al primer ministro inglés. Y, por supuesto, el primer ministro inglés jamás hubiera admitido que el poder estaba en Washington...

 

Mientras el liderazgo del poder estuvo en Londres, la élite inglesa ejercía su influencia a través de una sociedad secreta denominada "The Group". Esta sociedad secreta se situaba —y se sitúa aún hoy— en la Universidad de Oxford. A medida que el liderazgo iba pasando cada vez más a Estados Unidos, la élite norteamericana —y la inglesa que la seguía y la sigue— ejercía y ejerce su dominio a través de una sociedad secreta cuyo nombre es Skull & Bones (Calavera y Huesos), afincada en la super elitista Universidad de Yale en Connecticut.

 

La Orden

 

Esta sociedad secreta, cuyo emblema es una calavera y dos huesos cruzados al estilo de la bandera pirata, existe desde mucho antes que Estados Unidos comenzara a ejercer el liderazgo mundial. Skull & Bones fue fundada en Estados Unidos en el año 1833. Su carácter secreto es abrumador. Sus miembros ni siquiera pueden admitir que pertenecen a Skull & Bones. Sin embargo, George Bush hijo lo ha reconocido en su autobiografía A charge to keep (1), como ya hemos mencionado. Cuando a su padre le preguntaron acerca de su pertenencia a esa misma sociedad secreta, mientras era presidente de Estados Unidos en 1990, la única respuesta que obtuvo el periodista fue el silencio. Y no sólo el silencio, Bush padre se retiró abruptamente tras la pregunta. En realidad Bush padre cumplía con una de las reglas internas de esa sociedad secreta: jamás admitir su pertenencia a Skull & Bones.

 

Puede resultar entonces llamativo que Bush hijo lo haya hecho por escrito y en su autobiografía de 1999. Sin embargo, más adelante daremos alguna explicación de qué es lo que esto puede significar. Volvamos, mientras tanto, a Skull & Bones. Dicha sociedad secreta tiene otros dos hombres: "Brotherhood of Death" (Hermandad de la Muerte) y simplemente "La Orden". Como presumimos que al lector no le va a resultar muy simpático observar cómo ejerce su dominio sobre nosotros una sociedad secreta llamada "Hermandad de la Muerte", de aquí en adelante nos referiremos a ella simplemente como La Orden. 1

 

Recordémoslo textualmente: "in my senior year (at Yale) I joined Skult & Bones, a secret society, so secret I can't say anything more."

 

La Orden fue fundada, como hemos dicho, en 1833 como "Chapter" (o sea, "sucursal") de una sociedad secreta alemana. El mayor estudioso sobre La Orden, el economista y periodista Antony Surton, recientemente fallecido, en su America's Secret Establishment logra identificar algunas conexiones importantes entre La Orden y sociedades secretas alemanas. Sin embargo, le faltó el "hilo conductor" que va de La Orden a su antecesora germana, llamada los "illuminati de Baviera". Ocurre que La Orden fue fundada en 1833 y dicha sociedad secreta alemana habría sido prohibida y destruida por el gobierno de Baviera en 1788, existiendo entonces casi medio siglo de diferencia entre la muerte de una y el nacimiento de la otra. Pero dejaremos este tema también para más adelante.

 

Diremos que esta sociedad tiene creencias paganas y una filosofía moral pragmática. El pragmatismo moral les induce a pensar que aun el más aberrante hecho puede ser cometido si los fines perseguidos se encuentran más cercanos. Este relativismo ético no debe resultar llamativo, dado que se basa en la idea racista típica de las élites, en el sentido de creerse seres superiores a los demás. La igualdad de derechos, expresada tanto en el cristianismo como en los aparatos jurídicos de una vasta mayoría de países, no seria para la élite anglonorteamericana más que un espejismo en el cual es necesario que las masas crean, a fin de que su poder no sea disputado. Tan antirreligioso es el pensamiento de los miembros de La Orden, que en sus documentos internos no cuentan el calendario desde el nacimiento de Cristo, sino desde el de Demóstenes, uno de los mayores y mejores oradores que tuvo la Grecia clásica. El rechazo de preceptos morales les permite a los miembros de La Orden actuar con total soltura y falta de escrúpulos ante cualquier obstáculo que se ponga en su camino. La vida y la muerte de millones de personas en sangrientas guerras, revoluciones y epidemias no es para los miembros de La Orden un obstáculo para lograr su cometido, su objetivo final. La globalización es, entonces, un estadio previo, pero muy cercano, al tipo de sociedad que resulta apetecible al paladar de estas aristocracias.

 

Una sociedad compuesta sólo de dos clases sociales: los miembros de la élite, liderados por La

Orden, y los demás, las masas, igualados lo más posible, casi indiferenciados. Hemos señalado que la escasez de combustibles fósiles, tema cuya real dimensión aún se mantiene en secreto, impediría por completo un crecimiento global sostenible a ritmo suficiente para mejorar el nivel de vida de la población mundial, y poder igualar los ingresos de las masas "hacia arriba". Por lo tanto, la élite lo va a intentar, seguramente, "hacia abajo". Los recientes sucesos de devaluación, default, conversión forzada de deudas y miseria acaecidos en los noventa y a inicios del nuevo milenio en muchos países pueden dar una idea de lo que significa igualar "hacia abajo".

 

La Orden ha logrado hasta ahora permanecer casi en absoluto secreto. En los primeros 150 años de su existencia en la Universidad de Yale no se escribió ningún libro acerca de la existencia de este grupo minúsculo, y sólo aparecieron dos artículos periodísticos aislados, de los cuales se tenga noticia. El investigador Antony Sutton estaba trabajando acerca de hechos muy llamativos y relacionados con esta sociedad. Había descubierto cómo Wall Street financió la revolución bolchevique y la caída del zarismo en Rusia, y pocos años más tarde estaba financiando nada menos que al peor enemigo del comunismo: a Hitler. No sólo la élite financiaba extremos tan opuestos como a Lenin y Hitler, sino que además les vendía a ambos lo que necesitaban para desarrollarse y convertirse en mortales enemigos entre sí. A Hitler le vendían las materias primas de las cuales Alemania carecía, y además se la ayudaba a desarrollar, como hemos visto, combustible sintético, del que Hitler no disponía.

 

A la Rusia soviética, en cambio, que poseía muy abundantes materias primas, se le vendían armas y tecnología de punta comparable con la alemana y la norteamericana. Ocurre que tras la revolución bolchevique de 1917, Rusia dependía totalmente de la tecnología occidental para subsistir. Esto debe quedar claro. No sólo se le vendían armas, sino también los bienes de capital indispensables para desarrollar todo tipo de actividades. Sin la ayuda de Wall Street, en Rusia no se hubiera podido prender la luz, tomar agua, ni siquiera cocinar... Tal era la escasez de capital y bienes en el estado preindustrial en el que se hallaba Rusia en 1917. Sin embargo, no nos ocuparemos aquí de estos temas históricos. Serán tema de un nuevo volumen. Sólo diremos que Sutton estaba más que sorprendido y no encontraba la causa por la cual la élite financiera de Wall Street había financiado a ambos bandos, y colaborado a generar así la Segunda Guerra Mundial. El misterio se acabó para Sutton cuando en 1983 recibe, de miembros  anónimos y "arrepentidos" de La Orden, material secreto como para develar el misterio de la financiación simultánea de Wall Street a nazis y comunistas. En 1984, Sutton publica la obra y el misterio comienza a desvanecerse para ir generando uno aún mayor.

 

Lo que había ocurrido habría sido lo siguiente: La Orden fue fundada en la Universidad de Yale[1] por el magnate del opio estadounidense William Russell y por Alfonso Taft, padre de la única persona que fuera a la vez, sucesivamente, presidente de la Nación y presidente de la Suprema Corte de Justicia a inicios del siglo XX. El origen germano de La Orden se debe a que Russell habría estado en la Universidad de Ingolstadt (Baviera) en 1831 y 1832, habiendo tomado allí contacto con una sociedad secreta (los illuminati). En esa época, en Baviera, Alemania, y en toda Europa, causaban furor las ideas del idealismo alemán sus máximas figuras eran Friedrich Wilhelm Georg Hegel y su antecesor Johann Fichte.

 

Nociones de Hegel

 

Hegel pensaba que el Estado era absoluto. Reducía al individuo y al individualismo a casi nada. Para Hegel, la libertad individual es sólo un concepto abstracto que el individuo puede alcanzar en tanto y en cuanto éste acepte su total sujeción al Estado y su dependencia de él. Una verdadera libertad individual para Hegel no existe. El Estado sería así omnipresente. Sin embargo, en términos prácticos, y esto lo habrían entendido muy bien y muy rápidamente Russell y los miembros de la élite, el Estado no es más que una ficción, en el sentido de que se trata de un ente abstracto. Alguien debía estar, entonces, atrás del Estado, moviendo los hilos del poder.

 

¡Quién mejor, según el particular concepto de la élite, que ellos mismos para encargarse de esto! Es necesario tener en cuenta que la élite no era una profunda estudiosa de uno de los filósofos más complicados de entender que se recuerde, Hegel. Al pragmático estilo anglosajón, fueron utilizados ciertos dispositivos, ciertas nociones de la filosofía hegeliana que se consideraron sumamente útiles para desarrollar un muy sofisticado esquema de dominio con motivaciones globales.

 

No debe resultar extraño que esta clase dominante, como muchas otras en el curso de la historia, haya deseado una hegemonía lo más extensa posible. Un dominio total para estos aristócratas multimillonarios era, como ya lo hemos visto con Cecil Rhodes, un total control del mundo entero. Para ello necesitaban —y siguen necesitando— efectuar cambios en el mundo, los que muchas veces se realizan a través de guerras, revoluciones, levantamientos y actos violentos aparentemente desconectados entre sí. La existencia de variados países, religiones, lenguajes, costumbres, etc., y de vastas zonas del planeta aún ajenas a su dominio efectivo conspiraba contra sus ambiciones. Por lo tanto, ciertos conceptos hegelianos podían aportar una metodología clara, efectiva y ordenada, sin la cual cualquier afán de dominio absoluto, de un Estado mundial, controlado, sería una quimera irrealizable.

 

¿Cuál sería, entonces, ese método? Pues bien: Hegel creía que la realidad se modificaba perpetuamente a través de un infinito proceso de tesis y antítesis que derivaba en una síntesis, una especie de fusión de elementos tanto de la tesis como de la antítesis, en forma superadora. Debemos aquí citar que el dispositivo dialéctico le podía facilitar a la élite un mecanismo de dominio. Si tan sólo pensamos que tanto el marxismo comunista como el nazismo hitleriano fueron influidos, en buena medida, por la dialéctica y el idealismo de Hegel, queda claro que, en términos de dominio, hay una metodología en común, entre ambos sistemas, que excede sus diferencias.

 

La élite habría razonado que, si se necesitan cambios sociales para ejercer un poder global, y si sólo pueden ser realizados por un conflicto entre dos facciones antagónicas, opuestas entre sí en un proceso dialéctico de tipo hegeliano, ¿qué mejor entonces que controlar el conflicto?

 

Dicho de otra manera, si se puede influir de manera muy importante en los dos bandos de un mismo conflicto y se puede tener cierta influencia low profile en su desarrollo, la élite bien podría entonces predecir, si bien no con exactitud, al menos con bastante precisión el resultado del mismo, y manejar lo más posible la realidad de acuerdo con sus propios intereses. Veamos qué pensaba Sutton, al momento de publicar su obra en 1984:

 

"En el sistema hegeliano el conflicto es esencial. Para Hegel, y los sistemas basados en Hegel, el Estado es absoluto. El Estado requiere completa obediencia del ciudadano individual. Un individuo no existe por sí mismo en los llamados sistemas orgánicos, sino sólo para cumplir un rol en las operaciones del Estado. Encuentra la existencia sólo en obediencia al Estado. No había libertad en la Alemania de Hitler, ni la hay para el individuo bajo el marxismo. Tampoco la habrá en el Nuevo Orden Mundial. Y si suena como 1984 de George Orwell, es porque lo es."[2]

 

El eslogan vendría a ser: "Un conflicto controlado produce el resultado deseado". En un mundo con sólo la apariencia de libertad individual, si un reducido grupo de gente muy poderosa maneja desde las sombras al Estado, puede intentar inducir el curso de la historia y lograrlo por un período prolongado. Es posible que algunos sucesos no ocurran como fueron previstos, pero también es posible intentar corregirlos. Por ejemplo, no estaba previsto que el petróleo se acabara tan rápidamente en Estados Unidos. Por eso, a nivel táctico, con gran pragmatismo la élite aplica otro principio conocido en la estrategia militar al menos desde la época de emperador romano Dioclesiano: el de "Acción Reacción = Solución".

 

Este principio es un mecanismo que se puede usar para generar cambios correctores. ¿Qué postula? Que si uno tiene un problema grave y, como consecuencia de él, debe realizar un acto repudiable por el consenso social -como lo sería, por ejemplo, invadir un país sin causa-, entonces nada mejor que provocar un acto que dé vuelta por completo a la opinión pública. De esta forma, se encuentra una solución al problema. El lector podrá decir que se trata de jugar al ajedrez con uno mismo, en el que un único jugador mueve las piezas de ambos bandos.

 

Pues bien, el ajedrez se había inventado en Oriente, ¿pero no fueron los británicos quienes implantaron la costumbre de jugar con uno mismo? Ahora estamos en condiciones de entender bastante más el carácter y la intención de omnipotencia de La Orden: ocurre que a veces, para conservar y acrecentar el poder, resulta necesario llevar a cabo actos despreciables.

 

Las nociones sobre la filosofía hegeliana no fueron absorbidas por casualidad. Los lazos entre La Orden y las universidades de Berlín e Ingolstadt no se han limitado sólo a la presencia del fundador de Skull & Bones en Alemania en 1831 y 1832. Hacia mediados del siglo XIX, tres miembros de la más rancia aristocracia norteamericana viajaron a Alemania para recibir adoctrinamiento en políticas educativas. A su vuelta, ocuparon las presidencias de lastres universidades estratégicas más importantes de Estados Unidos: Yale, Comell y Johns Hopkins. Fue por esa época cuando miembros de La Orden fundaron nada menos que la American Historical Association y la American Economics Association, y ejercieron su influencia en institutos superiores incluso hasta de teología. La fundación de estas academias no es un dato menor, dado que mediante ellas se propugnó y se obtuvo la posibilidad de que existiera una única "historia oficial" y "doctrina económica oficial", de manera tal que la historia aparezca hoy como una sucesión de hechos casuales y caóticos producidos por fuerzas no conectadas entre sí.

 

De esta manera, las guerras mundiales, el asesinato de Kennedy, el affaire Watergate y las guerras del Golfo son para la "historia oficial" sucesos aislados y desconectados. Del mismo modo, en la academia de economía fundada por La Orden se eleva un altar al libre mercado y al individualismo, generando en la población el espejismo de que el "sueño americano" es posible, y de que cualquiera, compitiendo con los demás (nunca colaborando con la competencia), puede transformarse en un magnate. Por supuesto, la realidad es bien diferente: detrás de bambalinas los negocios están oligopolizados a un extremo desconocido por el gran público, y a veces hasta por los propios entendidos.

 

En cierto sentido, este dominio de un muy vasto aparato productivo por parte de un muy pequeño grupo de personas por parte de La Orden fue favorecido por una antigua práctica británica que el historiador Lawrence Stone explica minuciosamente en su obra Open élite: England 1540-1880. Se trata de la celebración limitada de matrimonios entre miembros de la propia aristocracia "sangre azul" (en el caso de EE.UU., entre familias de colonos llegadas en el siglo XVII) con varias de las familias de "nuevos ricos" (en el caso de EE.UU. se gestaron en el siglo XIX). Es así que, según Sutton, confluyen en La Orden clanes familiares popularmente conocidos en Estados Unidos y multimillonarios como los Rockefeller, los Harriman, los Davison (herederos en parte del clan Morgan y fusionados en buena medida con los Rockefeller), los Sloane (ventas minoristas), los Pillsbury (industria alimenticia), los Paine y los Weyerhauser, con clanes cuyo apellido puede no despertar ningún recuerdo al lector, pero que resultan de la más rancia aristocracia norteamericana y poseen enormes dosis de poder: los Whitney, Perkins, Stimson, Taft, Phelps, Bundy, Lord, Wadsworth, Vanderbilt y Gilman. Todos ellos miembros de La Orden durante generaciones enteras.

 

Antes de comenzar el año durante el cual se gradúan los estudiantes de Yale, los quince (ni uno más, ni uno menos) miembros de La Orden recién graduados eligen "a dedo" quince miembros entre quienes los reemplazarán en el último año universitario. La Orden no es una fraternidad estudiantil más. La actividad de La Orden está bien alejada de las actividades estudiantiles de las fraternidades. De hecho, en Yale hay otras dos fraternidades. Se trata de una sociedad secreta con fines claramente postuniversitarios. Los miembros de La Orden permanecen en ella en forma vitalicia. Todo el tiempo hay entre 500 y 600 miembros vivos, de los cuales muchos se alejan de esta estructura de poder y no toman parte en las deliberaciones ni en las decisiones. Sólo un reducido núcleo decide la agenda del CFR.

 

La Orden también maneja grandes fundaciones como la Fundación Ford y la Fundación Carnegie. Los herederos del apellido de esas fortunas familiares poco pueden hacer para evitar el manejo por parte de miembros de La Orden de una buena porción de sus fortunas, los intereses corporativos y las fundaciones que dejaron sus ancestros. Sutton señala, por ejemplo, que discusiones de miembros de La Orden y miembros de la familia Ford acerca del manejo de la Fundación Ford provocaron la renuncia... de los miembros de la familia Ford.

 

Esta enorme máquina de poder, mezcla de aristocracia y alta burguesía, que es La Orden, habría actuado de manera determinante en la división práctica de los términos de "izquierda" y "derecha", división que muchas veces le ha sido funcional para intervenir y hasta promover conflictos a través de los cuales se obtienen los resultados hegemónicos que La Orden considera que, por aproximaciones sucesivas, se van acercando cada vez más a su objetivo de dominio global. Esto puede explicar, por ejemplo, por qué el dinero de fundaciones "de derecha", como la Fundación Ford, se canaliza en gran medida a sectores de la prensa "de izquierda".

 

Al igual que en el seno del CFR, en el que existen voces minoritarias que a veces se oponen a las líneas predeterminadas de acción elegidas, la élite siempre debe tener a mano líneas de acción alternativas, casi diametralmente opuestas a las elegidas, para utilizar en el caso de que algo funcione mal. Recordemos cómo el precandidato demócrata que más fondos había juntado pasada la mitad de 2003, el ex gobernador de Vermont, Howard Dean, quien se había expresado públicamente contra la guerra en Irak (pero quería más presión con Irán y Arabia Saudita), logró reunirlos tras hablar el 23 de junio de 2003 en el CFR. Como ello le abrió las puertas en la prensa (su cara fue tapa casi simultánea en Time, Newsweek y US News and World Report). ¿De dónde viene Dean? Pues bien, se graduó en 1971 en... Yale.[3]

 

Volviendo a La Orden, para hacer posible este monumentales quema de poder, la élite percibió muy pronto que resultaba imprescindible contar como aliado al aparato educativo norteamericano. Por eso, desde mediados del siglo XIX, fueron importadas a Estados Unidos teorías psicológicas y educativas alemanas. La educación norteamericana se basa en la teoría de que el individuo debe ser educado para cumplir un rol, como si fuera un engranaje más, en el aparato social. Esta especial forma de educación, importada de Alemania, se realiza en Estados Unidos desde las primeras etapas de la escuela primaria. Sutton incluso muestra en su obra cómo a los niños norteamericanos se les enseña a leer mediante métodos que tornan más difícil —y no más fácil— la comprensión. No se trata de un error, sino de una política deliberada: la prioridad no es que el pueblo norteamericano se informe y acceda al conocimiento a través de la lectura. Mucho menos aún, en la actual era de la televisión.

 

La gran multiplicidad de versiones de la historia a las que se podía acceder en libros, periódicos, etc., cuando la televisión no existía, chocaba de frente con la aspiración a un "Estado absoluto" que pudiera proporcionar a la élite un inmejorable control de las masas. Es debido a esta singular educación que desde la escuela primaria se realiza en Estados Unidos, se facilita la manipulación de la opinión pública norteamericana, en contraposición a la europea o la latinoamericana, donde el grado de desconfianza y aprehensión a los Estados Unidos es mucho mayor.

 

Según Sutton, existen dos universidades que actúan como "ventiladores" de las políticas educativas que se elaboran al paladar de la élite en Yale, Cornell y Johns Hopkins. Esas universidades son nada menos que la Universidad de Chicago y la Universidad de Columbia. No llama la atención, entonces, que la Universidad de Columbia posea, por sí sola, más del 1% de todos los miembros del CFR, y que la Universidad de Chicago, fundada por John Rockefeller I, haya creado, financiado y publicitado en todo el ambiente universitario norteamericano y mundial las teorías de Milton Friedman y Robert Lucas. En Chicago se desarrollaron esas teorías —como señalamos en el primer capítulo— con el fin de facilitar el debilitamiento de los Estados, para lo cual, de paso, resultaba muy útil "tapar" descubrimientos como los de Nash y Lipsey, y poder "resucitar" la ideología neoliberal del individualismo y el laissez faire absoluto, la cual diseminada en la población convenientemente permite generar en las sociedades una falsa idea de libertad, democracia y capitalismo competitivo. Esta idea de que el "sueño americano" es posible mediante la libertad individual y la supuesta presencia de la libre competencia provoca que la gente no se pregunte cuestiones como las que hemos visto en este volumen. Obviamente, se trata de un espejismo. A la élite le apetece la concentración del poder económico en unas pocas manos: las suyas. No quiere problemas.

 

Cuanto menos enterada esté la gente acerca de esto, mucho mejor para la élite. Después de todo, para una filosofía de vida racista, para una concepción social basada en castas, la existencia, la vida y la muerte de enormes cantidades de personas es considerada como una cuestión menor, dado que se trataría de seres de inferior nivel.

 

Si recordamos que la visión de esta clase dominante está teñida de malthusianisino y darwinismo, se entiende claramente que si hay algo que a sus ojos en el mundo sobra, eso es precisamente gente (sobre todo si se tiene en cuenta la muy delicada situación energética comentada en el segundo capítulo). Los reducidos sectores ultrapoderosos que representan Bush y Blair saben muy bien que el pensamiento individualista, cuando se trata de un equipo (y toda la sociedad lo es), conduce a la ley de la selva y al debilitamiento progresivo de los más desamparados. La élite sabe también muy bien que, para optimizar los beneficios tanto individuales como grupales, no deben aplicarse las tesis individualistas de Adam Smith sino las de John Nash y Lipsey.

 

Más aún: La Orden y la élite funcionan "a lo Nash". O sea, colaborando entre sí y postergando en el corto plazo algunos objetivos individualistas con el fin de beneficiar al grupo en su conjunto [4], lo que a la postre también resultará en beneficios personales superiores. "Hoy por ti, mañana por mí", podría decirse que es la máxima, tanto de Nash como de La Orden

 

El Origen de La Orden

 

Hemos dicho que provendría de una sociedad secreta alemana, según descubrieron en algunos documentos unos alumnos curiosos de Yale que, ante el exagerado secretismo de algunos de sus compañeros de Skull & Bones, decidieron irrumpir en la sede de La Orden (llamada "la Tumba") en el año 1877, y descubrieron papeles que certificaban esa conexión. Sutton alcanzó hacia el final de su obra casi póstuma[5] a especular que el origen de La Orden no sería otro que el de la logia de los Illuminati, sociedad secreta establecida en Baviera en 1776 por un oscuro ex clérigo jesuita llamado Adam Weishaupt. Esta logia habría sido fundada con el objetivo supuesto de intercambiar ideas para el mejoramiento de la situación social en el mundo.

 

Sin embargo, a poco de andar, se demostró que tenía otros objetivos reales, y que aquello resultaba sólo una fachada. El nombre Illuminati proviene de la creencia, por parte de los integrantes de este grupo, de que cualquier acto, aun el más cruel, no resulta malo si quien lo realiza se encuentra en un rapto de iluminación mística. Weishaupt, a pedido y con financiamiento del fundador de la dinastía Rothschild, Meyer Amschel Bauer, habría fundado esa logia con el fin, obviamente quimérico en aquella época, de dominar al mundo entero. Rothschild se habría aprovechado en aquel momento de cierta debilidad y endeudamiento que tenían muchas logias masónicas para fundar una ultra poderosa logia propia que liderara a las demás, y habría influido sobre Weishaupt para que insertara a los Illuminati dentro de la masonería.

 

Un dato clave es que Weishaupt se inició en la masonería en 1777, apenas fundada la logia de los Illuminati. De esta manera, la casa Rothschild se habría hecho en un muy corto lapso con una vasta red secreta de contactos a nivel mundial de gente juramentada para ayudarse mutuamente. Ésta es una característica propia de la masonería, una sociedad secreta, o una sociedad con secretos —tal como les gusta denominarse a sí mismos a los masones—. A los fines prácticos da lo mismo. Se trata de una cadena secreta de gente poderosa organizada de modo vertical y de carácter supranacional. El debate acerca de cuan secreta es la masonería puede llegar a tratarse incluso sólo de un juego de palabras. La realidad es la misma.

 

Es muy probable que una enorme proporción de quienes forman parte de la masonería, incluso en sus estamentos más altos, no tengan ni la menor idea de muchas de estas cuestiones. Se puede ingresar a estas sociedades secretas por ambiciones personales y por altruistas fines sociales. Sin embargo, resulta muy necesario recalcar que cuando se es miembro de una sociedad secreta o de una sociedad con secretos, nunca se puede saber a qué fines uno está sirviendo. El secretismo suele invadir también a la cúpula de poder dentro de las sociedades secretas. Por más confianza y seguridad que se pueda tener en quienes ocupan puestos inmediatamente superiores, debe pensarse que sólo una muy reducida élite de este tipo de sociedades sabe y conoce la real agenda de acción futura, los objetivos finales y los sucesos que será necesario realizar indefectiblemente.

 

Es muy probable que en la masonería de muchísimos países, por resultar apenas lejanas "sucursales" de los reales centros de poder de las sociedades secretas, nadie, absolutamente nadie, ni aun quienes ocupan sus cargos más altos, estén verdaderamente al tanto de lo que se planea y se está haciendo. Incluso en EE.UU. e Inglaterra, una vasta mayoría de masones seguramente tampoco tiene conocimiento de todo esto.

 

Las sociedades masónicas norteamericanas admiten contar entre sus miembros nada menos que con 15 de los 43 presidentes que tuvo Estados Unidos. Y ello sin tener en cuenta, por ejemplo, que los dos Bush pertenecen a otra sociedad secreta (La Orden), que Clinton también habría sido y es miembro de una sociedad secreta (De Molay, y en su estadía en Oxford con una beca Rhodes podría también haber tomado contacto con gente de The Group), que el ex presidente Lyndon Johnson se habría iniciado entre los cuadros de esta red de sociedades secretas, pero no habría llegado muy lejos, que Nixon habría sido miembro (pero a raíz de Watergate sería un "papelón" reconocerlo), y que Reagan habría sido incluido una vez nombrado presidente.

 

Sin embargo, hay un "eslabón perdido" en esta cadena: si los Illuminati fueron perseguidos hacia 1784 y teóricamente eliminados hacia 1787, y por otro lado La Orden nace recién en 1833, ¿cuál es la conexión entre ambos? Alguna organización debió ocupar ese período de años como usina de ideas iluministas. 7

 

El gobierno de Baviera de aquella apoca los persiguió por su carácter violento, inescrupuloso, y sus ambiciones de poder global. Aparentemente, fue Phi Beta Kappa. En Secret societies of all ages and countries, de Charles Heckethom, publicado en 1875, se lee lo siguiente acerca de la red de fraternidades Phi Beta Kappa, que antes mencionamos, y que hoy cuenta con más de 200 sucursales en universidades norteamericanas:

 

"Phi Beta Kappa, la sociedad a través de la cual los Illuminati de Baviera se habrían expandido a Estados Unidos. Sólo se admiten estudiantes universitarios a esta orden. La clave de acceso es 'la filosofía, no la religión, es la base de la acción'. O sea, la filosofía es la guía o la regla de la vida."

 

Phi Beta Kappa, al igual que los Illuminati de Baviera, fue fundada en el año 1776. Una buena parte de sus miembros participó en la revolución por la independencia de Estados Unidos. Sus miembros son elegidos "a dedo" en las principales doscientas universidades norteamericanas.

 

Pero hacia fines de los años 1820, hubo en Estados Unidos una fuerte presión social para que las sociedades secretas salieran a la luz. La presión fue tal que obligó a Phi Beta Kappa a hacerse pública, y a decir quiénes eran sus miembros hacia 1830. Ése es entonces el motivo por el cual William Russell habría viajado a Baviera en 1831. Habría sido necesario fundar una nueva sociedad secreta para reemplazar a Phi Beta Kappa, la cual seguiría funcionando pero no ya como usina y generadora de la idea básica de los Illuminati: detentar el poder en todo el mundo. Habría sido de esta manera que la salida a la luz de Phi Beta Kappa habría creado la necesidad de formar Skull & Bones.

 

Podemos hacer una suposición, entonces, de por qué George W. Bush en su autobiografía infringe la principal regla de toda sociedad secreta: mantener el secretismo. Es posible que a partir del año 1984 —cuando a raíz de los descubrimientos de Sutton, basados en "arrepentidos", se descubre la existencia del verdadero poder en las sombras: La Orden— haya habido una tendencia de la élite a abrir relativamente sus puertas y trasladar lo que es necesario esconder, el manejo real del poder, a otra sociedad secreta, en algún otro lugar. Hoy, por ejemplo, cualquier miembro de Phi Beta Kappa puede expresar libremente que lo es. No debería extrañar que en sólo unos años los miembros de Skull & Bones también lo hagan.

 

Existiría de todas maneras otra organización secreta que "tome la posta". Quizá por eso últimamente La Orden habría admitido algunos miembros de raza negra, algunos judíos y algunas mujeres entre sus miembros...

 

Curiosa situación, entonces: el mismo clan —los Rothschild— que financió el desarrollo y el crecimiento de Estados Unidos, generando de la nada a los Rockefeller, Harriman, JP Morgan, y que habría ayudado a crear los grandes bancos centrales occidentales, serían los fundadores de la logia de los Illuminati que a su vez se habría instalado en Estados Unidos primero con Phi Beta Kappa y luego con Skull & Bones.

 

Los Rothschild han sido los grandes financistas de la corona británica y de la aristocracia inglesa. Más que nunca, Estados Unidos y el Reino Unido parecen trabajar, entonces, unidos con fines compartidos. Sus aristocracias y sus burguesías están estremezcladas entre si, pero aisladas completamente del resto de la población.

 

Hemos visto la influencia de una poderosa sociedad secreta con origen alemán en Estados Unidos e Inglaterra. No hemos dicho nada sobre la influencia de sociedades secretas y el ocultismo en quizás uno de los mayores proyectos imperiales de la historia: el de Hitler. Si el real poder actual se maneja entre bambalinas en una sociedad secreta cuyo origen, al menos filosóficamente, sería alemán, ¿habrá tenido el Tercer Reich, asociado financiera y comercialmente a la misma élite, sus orígenes en una sociedad secreta alemana?

 

Thule Gesseihchaft

 

No es el objetivo de esta obra extendernos demasiado en consideraciones históricas, que desarrollaremos mejor y ampliamente en un próximo volumen. Sin embargo, citaremos el caso de la sociedad Thule, a fin de que quede claro el grado de peligrosidad que suelen tener las sociedades secretas y, sobre todo, las conexiones muchas veces ocultas que hay entre ellas. La sociedad secreta Thule8 nació en 1919 en el sur de Alemania. Más concretamente en Baviera, en la misma pequeña zona geográfica en la que nacieron los Illuminati en 1776, para pasar al anonimato y al secretismo total, una década más tarde.

 

Con el nombre Thule se designaba en Alemania a una mítica zona del Ártico, similar a la legendaria Atlántida, en la cual habrían morado hombres gigantes de raza aria. Es llamativo el hecho de que en muchas sociedades secretas este tipo de mitos irreales proliferan. En muchas sociedades masónicas escocesas e inglesas se hace referencia a la mítica historia del rey Arturo, monarca que cumpliría un rol muy similar en el territorio de la leyenda a los gigantes de Thule.

 

Ocurre que en Alemania, a raíz del desastre que le provocó la derrota de la Primera Guerra Mundial, había terreno fértil para la generación y expansión de ideas nacionalistas, socialistas y muchas veces racistas. Buena parte de estas ideas se canalizaron a través de sociedades secretas con objetivos políticos. Thule era la más importante de todas estas sociedades de entreguerras. En las reuniones secretas de esta sociedad se juntaban intelectuales y poderosos empresarios alemanes que deseaban cambiar la historia de su país. Necesitaban imperiosamente un líder. Por eso, a inicios de los años '20, al ver las extraordinarias dotes de oratoria de Hitler y el poder hipnótico que poseía cuando éste se comunicaba con los pequeños grupos del DAP (Partido Alemán de los Trabajadores), no dudaron en brindarle todo su apoyo y en ayudarle a escalar posiciones en la política.

 

Hitler, si bien sentía cierta curiosidad por el ocultismo, nunca habría sido miembro de una sociedad secreta. Sin embargo, entre sus más inmediatos seguidores proliferaban miembros de este tipo de asociaciones. Citaremos, entre ellos, nada menos que a Rudolf Hess (el número dos de Hitler), Wilhelm Frick (ministro de Economía del Tercer Reich), Alfred Rosenberg (ideólogo y filósofo del partido nazi), Hans Frank (gobernador general de Polonia), Karl Haushofer (principal geopolítico y estratego militar alemán), Antón Drexler (jefe máximo del DAP, partido antecesor directo del partido nazi NSDAP) y muy especialmente, aunque no en Thule sino en otra sociedad secreta, nada menos que Heinrich Himmler (máximo jerarca de la siniestra SS).

 

Como se puede ver, Hitler no sólo estaba rodeado de miembros de sociedades secretas, sino que en buena medida debía su ascenso al poder a la actividad incansable de muchos de estos miembros, para que su NSDAP (Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores, derivado del DAP) accediera al poder. Si alguien duda acerca de la influencia de las sociedades secretas en el ascenso del nazismo en Alemania, quizá le baste con saber que hasta la propia cruz esvástica, símbolo elegido por Hitler en persona para representar su esquema político, era desde 1919 el símbolo elegido por la sociedad Thule en sus logotipos, como lo demuestra abundante material existente, La cruz esvástica era un muy antiguo símbolo de la India, donde se habría originado la raza aria hace milenios, pero no se había usado como símbolo en forma importante en Alemania. Fue la sociedad secreta Thule la que la comenzó a utilizar la financiación de banqueros estadounidenses, y socios de estadounidenses (como Von Tyssen), y el apoyo de los miembros de sociedades secretas alemanas fueron determinantes para el ascenso de Hitler.

 

Éste ocupó el puesto de canciller del Reich en 1933, año en el que finaliza todo vestigio de sistema democrático en Alemania. Si bien Hitler pudo borrar "de un plumazo" la democracia, no tuvo la misma suerte con las sociedades secretas que, si bien le habían dado gran impulso, podían disputarle buena parte del poder. En 1935 promulga duras leyes con el fin de disolverlas. Fracasa. Dos años más tarde intenta con una legislación aún más dura contra las sociedades secretas. No sólo vuelve a fracasar sino que, a raíz de la persistencia de las sociedades secretas, pasa su primer gran "papelón" internacional, hecho que marcó simbólicamente el inicio de la caída del Tercer Reich en 1942.[6]

 

¿Qué había ocurrido? En mayo de 1941 su segundo, Rudolf Hess, que aparentemente era un fanático del ocultismo, toma un avión y vuela hacia las tierras del enemigo. Aterriza en Escocia en busca del duque de Hamilton, con el fin de intentar una paz por separado con Inglaterra. La furia de Hitler contra Hess habría llegado en aquellos días a compararse con la que sentía por el pueblo judío. La explicación oficial que dio el Tercer Reich sobre el episodio fue que uno de los miembros de la sociedad secreta había tenido un sueño premonitorio, cuya interpretación esotérica habría señalado la conveniencia de ese vuelo, del cual otros jerarcas nazis estaban sorprendentemente al tanto. Esta explicación dio pie a Hitler para intentar por tercera vez no sólo la supresión de las sociedades secretas, sino de toda forma de ocultismo (incluidas prácticas como la astrología, el tarot, etc.).

 

Hoy, muchos años más tarde, tenemos una versión bastante más ajustada de la verdad de lo que ocurrió aquella vez. Según Richard Deacon, en A history of the British secret service, el vuelo de Hess no fue otra cosa que una exitosa operación, una emboscada del espionaje inglés para debilitar al régimen nazi en medio de la guerra. Sin embargo, quedaría aún pendiente la cuestión de cómo un jerarca nazi del tamaño de Hess se dejó embaucar tan fácilmente. La explicación es más sencilla de lo que parece: miembros suizos y portugueses de la sociedad secreta Golden Dawn, a la que también pertenecerían miembros de la sociedad Thule, habrían convencido a algunos miembros de esta última que deseaban la paz por separado con Inglaterra 10, de que la misma era factible si Hess viajaba.

 

Como el hecho de pertenecer a una sociedad secreta "amiga" es, para muchos de los miembros de este tipo de asociaciones, una especie de certificado de buena conducta, en forma ciega, en poco tiempo se preparó en sigilo y a espaldas del propio Hitler el viaje de Hess. 10

 

Las dos causas para buscar la paz por separado con Inglaterra eran: en primer lugar, hacer más factible una victoria contra la Unión Soviética. En segundo lugar, la creencia de muchas sociedades secretas alemanas y anglosajonas en la superioridad de la raza aria, de la cual descienden tanto alemanes como anglosajones. Inglaterra (especialmente Churchill, miembro de otra sociedad secreta partidaria de la mundialización del imperio británico) no deseaba la paz con Alemania sino simplemente debilitar al enemigo. Pocos meses después de este episodio comienzan las primeras grandes derrotas de Hitler en los campos bélicos. En forma un tanto graciosa debido a la anterior prohibición, y quizá por la debilidad de una mente un tanto supersticiosa, el propio Hitler decide hacerse partidario bastante ferviente de consultar al astrólogo Eric Hanussen, quien efectuaba sesiones de espiritismo acerca del futuro del Tercer Reich. Obviamente, si no se tratara de Hitler, ya nos estaríamos riendo todos. Sin embargo, el episodio no es una anécdota sino que marca cómo las sociedades secretas pueden encumbrar aun al personaje más tiránico, cómo pueden escapar a las prohibiciones expresas de un líder como Hitler, e incluso cómo pueden llegar a convencer al número dos de un personaje como Hitler para realizar una operación tan descabellada y a sus espaldas, lo que convirtió durante un tiempo al propio Führer en un hazmerreír. El viaje le costaría a la postre a Hess prisión por el resto de sus días: nada más y nada menos que casi 50 años[7].

 

Además de este episodio, existe un hecho que es casi una constante con referencia a las sociedades secretas: sus lazos con el espionaje. No debe llamar la atención de que George Bush padre haya sido a la vez miembro de Skull & Bones y luego director de la CIA. Prácticamente todos los directores de la CIA fueron antes conspicuos miembros de sociedades secretas.

 

Obviamente, la peligrosidad de las sociedades secretas se basa en que el sigilo les confiere una ventaja muy grande con respecto de las sociedades abiertas y democráticas. El secretismo les da a sus miembros la posibilidad de actuar sin que otros lo sepan; elimina las pruebas. Además, si existen las sociedades secretas es porque existen objetivos secretos. Si estos objetivos secretos fueran compatibles con el ideario de las democracias, no tendrían por qué ser secretos. No sólo las sociedades secretas poseen objetivos secretos, sino también medios de acción ilegales y muchas veces criminales. Las sociedades secretas poseen códigos muy similares a los de la mafia.

 

Si cada vez que escucháramos la expresión "sociedad secreta", sea de la índole que fuere, la asociáramos en forma directa con la expresión "grupo mafia" [8], es posible que nuestra indignación fuera tal que impidiera al menos una buena parte de la actividad de estos grupos. Quizás el mundo se habría evitado buena parte de las crisis generadas y prolongadas muchas veces un tanto artificialmente con el fin de mantener y acrecentar el poder por parte de estas sociedades.

 

 

 

-DE PONCINS, Les forces secretes de la Rénoiution. Éditions Bossard, 1928.

-MONTEITH, Stanley: Brotherhood of darkness. Hearthetone Publishing,2000.

-STILL, William: New World Order: the ancient plan of secret societies. Huntington House Publishers, 1990

-GOODRICKCLAKKE, Nicholas: Black sun. Aryan cultis, esoterik nazisrn ánd the politics of identity. New York Press University, 2002.

-GOODRICK CLARKE, Nicholas: The occuit roots of nazism. Secret Aryan cults and their influente on Nazi ideology. New York Press University, 1985.

-VON LIST, Guido: The secret of the ruñes. Destitiy Books, 1988.

-LE VENDA, Peter: linholy alliance. A history of Nazi invólvement wilh the occult.The Continuum International Publishing Group, 2002.

-WARDNER, James: The planned destiuction of America. Longwood Communications, 1994.

INTERNET:

-BOISDRON, Matthieu: "Le III1 Reich et l'ésoíérisme", L'histoire dans tous ses états! wwut.cnmkus.com, 09/09/03.

-ZOLLEK, Regina: "¿Nacionalsocialismo y ocultismo? La sociedad Thule". www.relínfo. ch/th uiejinfo.h tml, 1994.

 

BIBLIOGRAFÍA

LIBROS:

 

-SUTTON, Antony: America's secret establishinent. An introduction to the arder of Skull & Bones (obra especialmente recomendada). TríneDay. Primera edición, 1984. Reimpresión, 2002.

-DEACON, Richard: A history of the British secret service. Taplinger Publishing Company, 1969.

-HECKETHORN, Charles William: Secret societies of al! ages and countrie». Kissinger Publishing's Rare Mystical Reprints, 1896.

-QUIGLEY, Carroll; The angloamerican establishment.

 



[1] Esto puede explicar la sorprendente abundancia de graduados de Yale en la CIA, como ya mencionáramos en el capítulo anterior.

[2] Invitamos al lector a leer el apartado 1 del capítulo 9 de la novela 1984 de George Orwell titulado "Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico".Para decodificar correctamente el mensaje donde dice "partido" debe entenderse "corporación". Donde dice "Oceanía", debe entenderse EE.UU., Reino Unido. Australia y Nueva Zelanda. Donde dice "guerra" debe entenderse, muchas veces, "economía moderna", otra forma de guerra.

[3] Aunque la pertenencia de Howard Dean a La Orden aún no fue determinada, sí habría sido comprobada la de una especie de precandidato "muletto" del Partido Demócrata: el senador John Kerry es graduado de Yale y miembro de La Orden. (Recordar que el general Wesley Clark es también miembro del CFR.) Pero aún cuando no se sepa si Dean pertenece o no a Skull and Bones, sí se sabe que aplica sus mismas prácticas de secreto. Poco antes de dejar la gobernación de Vermont firmó un decreto para mantener en secreto por diez años toda la información reservada de su gobernación.

[4] Un claro ejemplo: la elección que Bush padre, prominente miembro de La Orden, perdió con Clinton a fines de 1992 facilitó la agenda globalista al poder "taparse" en forma conveniente los escándalos del BCCI, Irán-Contras, invasión a Irak, entre otros, encarados por Bush padre.

[5] Con posterioridad a su investigación sobre Skull and Bones, Sutton sólo publicó una corta obra. Se intitulaba The Tow Faces of George Bush. Sutton vivió aún quince años más hasta su deceso en 2002, pero prácticamente nada dejó publicado en esos años.

[6] El atentado de 1944 que casi mata a Hitler también habría sido planeado al menos en parte por una sociedad secreta llamada "Secret Germany". Von Staulfenberg, quien estuvo muy cerca de matar a Hitler, era uno de sus miembros más importantes. El ideólogo de "Secret Germany" era el escritor Stefan George.

[7] En la prisión de máxima seguridad de Spandau, en Alemania, hubo por muchísimos años un único prisionero: Rudolf Hess. La fortaleza prisión estaba custodiada a la vez por destacamentos especiales de las tropas británicas, norteamericanas, francesas y rusas. Las autoridades militares estaban esperando la muerte del único prisionero para poder cerrar la prisión y reducir el presupuesto. Hess les facilitó las cosas, ya nonagenario, al suicidarse. Más aún, la propia mafia no es otra cosa que una sociedad secreta".

[8] La palabra mafia provendría de mediados del siglo XIX y sería la sigla de la frase Mazzini Autoriza Furi, Incendi, Avelenamenti. O sea, "Mazzini autoriza robos, incendios y envenenamientos". La mafia se habría iniciado como tal, según Secret societies of all ages and countries de Heckethorn, a partir de una asociación de indigentes sicilianos que, bajo la tutela de Maziini, comenzaron a organizarse y a producir actividades criminales bajo la protección de la flota británica.