Hitler
Ganó
la Guerra
Por Waler Graziano
Capítulo
6
-
MECANISMOS DE CONTROL
Cuando la hipocresía comienza a
ser de muy mala calidad, es
hora de comenzar a decir la
verdad.
Bertolt Brecht.
Hemos visto la estructura de poder que la élite
banquero petrolera generó, desde inicios de los años '20, en torno del CFR y de
dos de sus organizaciones satélite: el grupo
Bilderberg y la Comisión Trilateral. Sin embargo, por más
poderosa, rica e influyente que la élite fuera, y por más bien organizados que
estuvieran el CFR y sus entidades satélite, habría sido impensable la
posibilidad de la idea de crear la globalización sin la existencia simultánea
de mecanismos de control en todos los ámbitos de la sociedad, y en todo el
mundo.
La élite percibió, entonces, que debía extender su
poder desde los centros en los que se apoya: Nueva York, Washington DC y
Londres, a las principales ciudades de todo el mundo. Para ello necesitaba, en
primer lugar, reduplicar su propia estructura,
generando otros thinktanks "a imagen
y semejanza" del propio CFR, incluso dirigidos por miembros del CFR y
de
la Comisión Trilateral, a fin de poder infiltrar
en forma adecuada las estructuras estatales de poder de terceros países. De
esta manera, una gran multiplicidad de organizaciones cuyo supuesto fin es el
intercambio y el estímulo a la creación de ideas para desarrollos regionales
han sido creadas en el mundo a lo largo del siglo XX.
El objetivo real de estos thinktanks es, en cambio,
bien diferente. La idea básica es tomar contacto con políticos, economistas,
periodistas, diputados, senadores y funcionarios públicos de variada gama. El
objetivo de establecer esos vínculos sería influir en la toma de decisiones de
los respectivos países, y en los medios de prensa, a fin de controlar tanto a
los gobiernos como a la opinión pública y hacer, de esta manera, más fácil la
agenda de la globalización.
En el caso de Latinoamérica, es
la Americas Society la organización encargada por el
CFR para presionar por la adopción de medidas que no obstruyan la globalización. En El cerebro del
mundo. La cara oculta de la globalización, de Adrián Salbuchi,
se pueden encontrar, además de mucha información valiosa, listados enteros de
miembros permanentes de la Americas Society. Se trata de personas
susceptibles de padecer el lobby de la élite norteamericana e inocularlo
en los gobiernos, partidos políticos, la prensa y organizaciones empresariales.
Una mención especial merecen, según la misma obra, los únicos tres
latinoamericanos miembros oficiales de
la Comisión Trilateral en febrero de 2001.
En dicha organización aparecen a esa fecha sólo
quince personas que no son estadounidenses, europeos ni japoneses, entre sus
cerca de 300 miembros. Pero citemos textualmente a Salbuchi en la página 404 de
El cerebro del mundo:
"...sólo tres de estos quince
son de nuestro continente, el nombrado Cavallo, el brasileño Roberto Egydio
Setübal (presidente ejecutivo del Banco Itaú de Brasil), y el uruguayo Enrique
V. Iglesias (presidente del BID). Un cuarto latinoamericano, el mediático
escritor ultraliberal y ex candidato presidencial peruano Mario Vargas Llosa,
es también miembro de la Trilateral representando a
la Real Academia Española, por tener también
nacionalidad española".
La reduplicación de estas estructuras, conformadas
como consejos consultivos entre empresarios e intelectuales, va incluso más
allá, dado que también se generan dentro de los propios países. En el caso
argentino, es necesario mencionar al CARI (Consejo Argentino de Relaciones
Internacionales).
La lista de miembros argentinos del CARI es
sorprendente. En las páginas 392/4 de El cerebro del mundo figuran los nombres.
Entre sus miembros internacionales aparecen George Bush padre, Bill Clinton y Henry
Kissinger, todos los países de la región o asociaciones de países. La utilidad
de estas estructuras de poder es, como puede observarse, muy importante para la
élite. Por un lado, puede desechar todo tipo de teorías conspirativas con el
argumento de que solo se trata de grupos de personas interesadas en el mejor
desarrollo de los países. Por lo tanto, no sólo puede ocultar sus fines de
dominio global, sino que también hasta puede ofrecer a la opinión
pública desprevenida la idea de objetivos filantrópicos.
Lo cierto es que difícilmente el núcleo de personas
que conforman la Americas Society y el CARI, entre otras
organizaciones, en general estrechamente vinculadas a empresas y partidos
políticos, destinen tiempo, esfuerzos y recursos
económicos si no hay atrás la posibilidad de ejercer cargos de poder o de
beneficiarse económicamente. La adhesión personal a estos thinktanks suele ser
una especie de "contrato tácito" por el cual los miembros dan parte
de su tiempo, sus energías, sus recursos (cuando es el caso de empresas) y
hasta sus cerebros a cambio de posibles y probables beneficios económicos,
importantes cargos empresariales y posibles y probables puestos políticos. Pero
el control del CFR —y de la élite que lo domina sobre el mundo, a fin de
generar la globalización, no se detiene en reduplicaciones permanentes del
propio CFR, sino que abarca otros ámbitos de acción: la seguridad,
inteligencia, represión (y hasta la educación) a través de organizaciones semi
secretas como la CIA y el FBI; el control
político y militar de los países a través de las Naciones Unidas,
principalmente, y, finalmente, el control económico y financiero a través del
Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y sus entidades anexas o
subsidiarias. Por último, el control global y social se completa mediante la
influencia en las masas de los mega medios globalizados de comunicación, entre
los que sobresale por varias causas la televisión. Efectuaremos un somero
repaso de los mismos.
La
CIA y el FBI
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) es un
organismo que vio la luz a partir de
la Overseas Secret Service (OSS) americana, de
la Segunda Guerra Mundial. Cuando Estados Unidos
decide entrar en guerra contra el Eje, el presidente Roosevelt nombra embajador
en Suiza nada menos que a Allen Dulles, prominente abogado de Wall Street de
varias firmas, en las que tenían fuertes intereses los clanes Rockefeller y
Harriman. La guerra era un tema especialmente espinoso para la élite de
negocios anglonorteamericana, dado que venía colaborando con el régimen de
Hitler, como ya hemos visto en capítulos anteriores.
Por lo tanto, necesitaba efectuar discretas
negociaciones con conspicuos miembros del régimen nazi a fin de que sus
intereses económicos no se vieran severamente perjudicados una vez que la
guerra hubiera terminado. Dulles era el encargado de establecer esos contactos.
Y aunque en realidad era embajador de Estados Unidos, alternaba ese puesto con
el de vocero y negociador de los grupos privados económicos norteamericanos con
fuertes intereses en Europa y Alemania. Una vez terminada
la Segunda Guerra Mundial, Alan Dulles desempeñó tan
bien su papel —no se sabe si el de embajador o el de lobbista— que fue nombrado
nada menos que presidente del CFR entre 1946 y 1950, luego subdirector de
la
CIA entre 1950 y 1953, y director de la misma entre 1953 y 1961, cuando
el presidente John Kennedy lo echó.
Al revés del FBI,
la
CIA es frecuentemente presentada en series y películas de espionaje como
una organización temible, capaz de realizar horribles crímenes. En realidad, es
algo bastante peor. El propio origen de
la
CIA se encuentra enlodado con los servicios secretos de Hitler.
Cuando se comienza a hacer evidente que Alemania se
rendiría, el jefe de espionaje de Hitler, general Reinhardt Gehlen, comienza a
negociar con el gobierno norteamericano los términos de su rendición. Gehlen —
excelente espía— tenía en su poder gran cantidad de documentación
incriminatoria contra políticos y empresarios ingleses y norteamericanos. Por
lo tanto, junto a un sobre-dimensionamiento del
"peligro soviético" (que la élite no podía
desconocer como exagerado) jugó la carta de la posible difusión de esa
información a los medios de comunicación. Estados Unidos llegó a un rápido y
fructífero acuerdo con Gehlen: el general no sólo quedaba libre, sino que
además Estados Unidos contrataba sus servicios y lo utilizaba como práctico
monopolista de los servicios de espionaje norteamericanos en Europa Oriental y
Rusia. Ello no implicaba que Gehlen tuviera que
infringir sus antiguas lealtades con colaboradores directos de Hitler. Todo lo
contrario, Si el general juzgaba que en su accionar había una
especie de "lucha de lealtades" por tener
que espiar tanto para Alemania como para Estados Unidos, podía privilegiar los
intereses alemanes. Más aun, Gehlen reportó directamente al sucesor de Hitler,
tras su suicidio: el almirante Karl Doenitz.
Gehlen y muchos otros nazis empezaron a formar
parte de
la
CIA. Entre otros, habrían sido reclutados Klaus Barbie, Otto von Bolschwing (el cerebro del holocausto,
que trabajó codo a codo con Adolf Eichmann) y el coronel de
la
SS Otto Skorzeny (un gran favorito de Hitler).
El origen non
sancto de la CIA, basado en un pacto
perverso, favoreció que se llevaran a cabo operaciones secretas, no sólo
ilegales sino también criminales. Una de las primeras operaciones en las que
la
CIA se vio envuelta fue el llamado "Project Paperclip", a
través del cual la CIA seleccionó a un gran
número de científicos, militares y colaboradores nazis de todo tipo para
trabajar y vivir en Estados Unidos. Oficialmente, Estados Unidos ha reconocido
la existencia de esta operación, pero reduce su área de influencia a proyectos
de alcance limitado, como el desarrollo de
la
NASA por parte de científicos nazis como lo había sido, por ejemplo, Werner
von Braun.
Esto es lo que Estados Unidos reconoce, pero es
sólo la "punta del iceberg". En algunos lugares de EEUU, como
Huntsville (Alabama), habría habido radicaciones masivas de prominentes nazis
alemanes tras la caída del III Reich, a los que se suele citar jurando
la Constitución norteamericana con el brazo en
alto, a la manera nacionalsocialista. Por ejemplo, nombrando sólo uno de los
casos de migraciones ilegales y secretas a EE.UU., junto a Von Braun se suele
olvidar mencionar que viajó a Estados Unidos el general Walter Dohrenberg,
quien dirigía un campo de concentración y exterminio (que sólo figura en libros
franceses sobre la guerra) llamado Dora, en el cual se usaba mano de obra
esclava para desarrollar los proyectos armamentísticos diseñados por Von Braun.
Dohrenberg era un criminal de guerra y no pudo ser
juzgado en Nuremberg debido al "vía libre" que le fue otorgado
gracias a la CIA. El error se pagaría caro: a
los pocos años Dohrenberg estaba mezclado con intereses de la oscura
corporación PERMINDEX, envuelta en la financiación del crimen de Kennedy. Pero Dohrenberg
estaba lejos de ser el único criminal nazi rescatado y enviado sano y salvo a
Estados Unidos. Cuando se menciona que
la Argentina, Brasil, Paraguay o Bolivia son países que dieron
asilo a criminales nazis, generalmente se tiende a encubrir el apoyo que les fue dado por Estados Unidos y
la
CIA.
Muchos de estos científicos nazis ayudaron a
desarrollar en Estados Unidos el llamado "Proyecto MK Ultra". Bajo
dicha operación se llevaron a cabo experimentos de control mental con seres
humanos sometiéndolos al influjo de drogas experimentales, radiación,
electromagnetismo, etc. Se usaron secretamente presidiarios norteamericanos, y
hasta se habrían incluido soldados, según Linda Hunt en su agotada obra Project
Paperclip. En muchos casos, estos
seres
humanos convertidos en "conejillos de Indias"
murieron.
El trágicamente famoso LSD (ácido lisérgico) no
sería otra cosa que un subproducto de investigaciones secretas de
la
CIA de control mental en humanos con el fin de lograr "robots
humanos" capaces de ser utilizados en particulares condiciones de
hipnotismo en asesinatos y atentados. La CIA habría desechado como
herramental para estas operaciones al LSD por considerar que no cumplía los
requisitos para inducir a seres humanos a que, en determinadas condiciones,
recordaran órdenes olvidadas y pudieran "accionar gatillos" (el
crimen de Robert Kennedy habría sido efectuado en estas condiciones). Pero
la
CIA no perdió oportunidad, según varios autores (2), de sacar provecho de
esta droga alucinógena, induciendo su consumo en la juventud norteamericana
primero, y luego en el resto del mundo, durante los años '60. (6) Ver en
bibliografía A CIA dream, de Martin Lee y Bruce Shlain.
Las operaciones de
la
CIA no se redujeron a contrabandear nazis a Estados Unidos ni a experimentos
secretos con humanos como "conejillos de Indias". Intervino de forma
cuasi militar en una vasta gama de países, organizando guerras y revoluciones,
las que en muchos casos fueron financiadas con los presupuestos de los Estados
nacionales y beneficiaron los intereses de la élite de negocios anglonorteamericana y de los propios agentes de
la
CIA. La CIA no sería otra cosa que el "brazo armado" de
la élite y el CFR. Es por esa causa que
no desaparece una vez
extinguidos el régimen soviético y la KGB, cuando desaparece el
enemigo. Ya hemos visto en el capítulo 3 cómo, según información recabada,
entre otros, por Michel Chossudovsky,
el terrorismo islámico no
es otra cosa que un subproducto de la CIA en Asia Central.
Una de las primeras operaciones efectuadas por
la
CIA a nivel país, tras
la Segunda Guerra Mundial, fue la denominada
"Operación Gladio", en Italia. Ocurre que Italia era terreno fértil
para que un gobierno de izquierda, probablemente comunista, surgiera en 1948.5
Si bien, como hemos visto, a la élite el comunismo no le disgusta, esto es sólo
en determinadas condiciones: cuando los empresarios de la élite mantienen en su
poder los medios de producción, o cuando sirve para derrocar a regímenes que
impiden a la élite "ingresar fuerte" en algunos países (Rusia antes
de la revolución bolchevique). Pero en cualquier otra circunstancia, un régimen
de izquierda o comunista atenta fácilmente contra los intereses de los
empresarios que dirigen el CFR. Por eso resultaba altamente inconveniente que
en Italia triunfara la izquierda. La "Operación Gladio", mediante la
incesante propaganda acerca de la supuesta peligrosidad de la izquierda en
Italia, logró su cometido de impedir el ascenso de ella al poder.
Pero no era una cuestión sólo de propaganda.
Mediante la "Operación Gladio" se armó a 15.000 hombres en Italia,
dispuestos a dar un golpe de Estado en caso de un triunfo en las urnas de la
izquierda. 5 Que a la élite le apetezca cierta clase de colectivismo no
significa que le guste la generación espontánea de socialismos que pondrían en jaque su propiedad en medios
de producción. Recuérdese la frase de Henry Kissinger a propósito de Chile y
Allende: "No debería dejarse que un país vaya al marxismo sólo porque su gente es
irresponsable"
(ver The Trini of Henry Kissinger,
de Christopher Hitchens, Verso, 2001).
El modelo de actividad de
la
CIA en Italia fue virtualmente copiado en Francia y Alemania. En el
primero de esos países los varios atentados
que sufrió el presidente Charles de Gaulle fueron atribuidos a
la
CIA y sus socios. Pero, volviendo a Italia, la actividad de
la
CIA no se redujo al impedir el ascenso de la izquierda al poder. Dado que
tras la experiencia de Mussolini la población se volcaba filosóficamente más a
la izquierda, la CIA decidió mantener a la
misma "a raya" generando y
financiando ejércitos terroristas de
izquierda (Brigadas Rojas) a través de la actividad de la logia masónica
Propaganda Due (P2) a fin de mantener instalado en los medios de comunicación y
en la mente de la población la idea de la enorme peligrosidad y violencia
potencial que significaría la izquierda en el poder.
Para ello,
la CIA no dudó en mantener
inalterados los estrechos contactos que poseía
con la mafia siciliana y la camorra napolitana desde fines de
la Segunda Guerra. Tampoco dudó en mirar para otro
lado cuando las Brigadas Rojas asesinaron al primer ministro italiano, Aldo
Moro, en 1978, o cuando volaron la estación de tren de Bologna matando a
decenas de inocentes. Las frecuentes noticias acerca de los lazos de ex
políticos italianos, que ocuparon altísimos cargos de poder, con la mafia (por
ejemplo, la prensa y la justicia italianas nombraban con frecuencia a Giulio
Andreotti, entre otros) deben entenderse como engranajes de una maquinaria mayor
utilizada como una estrategia de la CIA.
Especial atención merece la "obra" de
la
CIA en Vietnam, no precisamente misionera de la democracia y el
capitalismo.
La guerra de Vietnam
No habían dejado de tronar los últimos cañones de
la Segunda Guerra Mundial cuando a las
"mentes brillantes" que luego formarían
la
CIA se les ocurrió una maquiavélica idea. Como había un estado de guerra
en Indochina entre los franceses y las tropas vietnamitas de ideología
comunista de Ho Chi Minh, decidieron aprovecharse de la situación. Dado que los franceses eran considerados en la zona en el
largo plazo como más peligrosos por los norteamericanos, éstos decidieron armar
"hasta los dientes" a los comunistas insurrectos. Aparentemente,
Laurance Rockefeller habría tenido (según Norman Livergood, en The new US
British oil imperialism) mucho que ver en la decisión dado que ocupaba el
puesto de vicegobernador en la vecina isla de Okinawa. Al hablar de Lawrence
Rockefeller nos referimos al mismo que decidió volcar ingentes recursos a
financiar fundaciones para el estudio de los platos voladores (llegó a prologar
libros al respecto).
Los comunistas vietnamitas derrotaron entonces a los franceses. La ocasión estaba dada para que los
"gendarmes de la libertad" entraran en acción. Los norteamericanos
pensaron que era tarea fácil quedarse con las ex colonias francesas. Y
decidieron entonces matar varios pájaros de un tiro: luchar contra los
vietnamitas comunistas les podía ofrecer un pretexto que consideraban válido
para ingresar en una guerra que escondía muy sórdidos intereses económicos.
Entre ellos, uno de los principales era el
petróleo. Siempre según Livergood, ya desde los años '20
existía un estudio escrito por el ex presidente Herbert Hoover que demostraba
la existencia de petróleo en el mar del sur de China, justamente a lo largo de
la costa vietnamita. Fue precisamente en la década del 50 cuando se perfeccionó
un método para extraer petróleo submarino. Ni lerdos ni perezosos, los miembros de la élite petrolera
norteamericana decidieron no perder la ocasión. Por supuesto, sin
la
CIA hubiera sido imposible. En resumidas cuentas, Estados Unidos inventó
una guerra contra el comunismo, como fue la de Vietnam, uno de cuyos objetivos
económicos principales era en realidad explorar íntegramente la costa vietnamita
del mar del sur de China.
Mientras los soldados norteamericanos y vietnamitas morían de a miles en las pantanosas junglas asiáticas y
decenas de miles de civiles inocentes perdían sus vidas, los barcos encargados
de las exploraciones petroleras realizaban explosiones en la costa de Vietnam.
Se equivoca quien cree que estaban disparando: estaban haciendo explotar minas
en el fondo submarino, a fin de conocer con los nuevos métodos de exploración petrolera dónde había petróleo y dónde
no. Claro que, de lejos, daba toda la
sensación de que los barcos estaban dando una mano a los pobres soldados
norteamericanos. Debe entenderse bien lo que estaba sucediendo.
Mientras Estados Unidos entregaba sus jóvenes para
morir en una guerra —de la cual escaparon personajes como Clinton y Bush a
pesar de contar, en aquella época, con la edad ideal de reclutamiento— y
mientras el pueblo financiaba con el pago de impuestos la concreción de esas
matanzas, al oligopolio petrolero y a la élite que domina el negocio les estaba
saliendo gratis la exploración de la que se consideraba en aquel entonces una
de las cuencas de hidrocarburos más rica del mundo. Peor aún: si
la Standard Oil hubiera decidido explorar en
medio de un proceso de paz esa costa, probablemente hubiera obtenido la
oposición en las Naciones Unidas de Francia, Vietnam, China y Japón.
Obviamente, se necesitaba una guerra para poder
llevar a cabo la operación de manera sigilosa y efectiva en un ciento por
ciento, Livergood señala que "aun
observadores muy cercanos sólo habrían visto pequeñas explosiones diarias en
las aguas del mar del sur de China, y hubieran pensado que eso era parte de la
guerra (...)", y que
la Standard Oil no gastó un solo centavo
en estas tareas.
Veinte años más tarde y luego de que 57 mil
americanos y medio millón de vietnamitas murieran,
la Standard Oil tenía datos suficientes sobre
todo el petróleo existente en el mar, por lo que la guerra bien podía concluir.
Henry Kissinger (asistente personal de Nelson Rockefeller) representó a Estados
Unidos en las conversaciones de paz llevadas acabo en París, y obtuvo el
Nóbel (). Cuando años más tarde Vietnam licitó la explotación del petróleo en sus
costas, casi todas las empresas petroleras que intentaron extraer hidrocarburos
perdieron vastas sumas de dinero, al excavar donde no había nada. Una
sola empresa dio en la tecla y licitó
sólo las áreas donde había
mucho petróleo.
Livergood nos devela algo que no es precisamente un
misterio: la Standard Oil. Pero sería injusto decir
que el petróleo fue la única causa de la guerra de
Vietnam. Hubo otras. Una de ellas, también muy importante. Por supuesto que no
fue tanto la lucha contra el comunismo, tan caro al ideario de Brzezinski y
David Rockefeller.
Se trataba nada menos que de la necesidad de
controlar, sin "moros en la costa",
la producción y la salida marítima del producto derivado de lo que suele ser el
mejor negocio del llamado "Triángulo Dorado" (Tailandia, Burma,
Laos): la heroína.
Varios autores señalan en sus obras las frecuentes
y fructíferas exportaciones de heroína de esta zona a Estados Unidos.
Entre ellos, una de quienes mejor lo han hecho es la periodista Penny Lernoux,
quien en su obra póstuma In banks we trust, aparecida en 1984, muestra cómo la
heroína que salía de Indochina arribaba a San Francisco vía Australia. En la
misma obra, Lernoux devela el misterio de cuáles son los principales bancos
implicados en el lavado del dinero del narcotráfico de la zona: nombra y hasta
muestra en gráficos al Chase Manhattan Bank y al Citibank. Lernoux murió en 1989,
a poco de asumir Bush padre como presidente.
No debe extrañar al lector, entonces, que haya acaecido la sangrienta guerra de Vietnam, sobre todo si
había petróleo y posibilidades de procesar opio en zonas cercanas.
La
CIA era especialista en armar los escenarios, poner los
señuelos y desinformar a través de los medios de comunicación de lo que realmente estaba sucediendo.
Tampoco debe extrañar que en países vecinos haya
habido en la misma época cruentas guerras civiles, como por ejemplo el
siniestro caso de Camboya (República Kampuchea). En su breve pero detallada
obra (The CIA greatest hits), Mark Zepezauer detalla los horrores que todos
pudimos ver en el film The killíng fields, cuando el proceso de colectivización
agrícola forzada llevada a cabo por el criminal Pol Pot mató brutalmente nada
menos que a un tercio de toda la población camboyana, con el apoyo encubierto
de la CIA.
Si la excusa en Vietnam había sido el comunismo, en
Camboya no había ninguna excusa ideológica: no había comunismo antes de que
la
CIA instaurara el régimen comunista de los Khmer Rouge. Sería largo,
tedioso, citar todas las grandes operaciones de
la
CIA en sus tristes cincuenta años de vida: de la frustrada operación de Bahía
de los Cochinos en Cuba hasta el Golpe de los Coroneles en Grecia; desde el
golpe militar contra Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 hasta la
masacre de suicidio colectivo de Johnstown, Guyana, donde
la
CIA habría llevado a cabo un experimento de control colectivo; desde el
derrocamiento del gobierno legítimo de Guatemala de Jacobo Arbenz, efectuado
simplemente para impedir una reforma agraria que hubiera ido en detrimento de
la United Fruit (empresa de la familia
Rockefeller), hasta su participación en el escándalo de Watergate, y en las
muertes de los hermanos Kennedy, Martin LutherKing, Malcolm X, etc., etc.
La CIA y el
Vaticano
La CIA no conoce límites tampoco
cuando se trata de religiones. En su obra Por voluntad de Dios, David Yallop muestra
con lujo de detalles cómo la muerte del papa Juan Pablo I, Albino Luciani,
habría sido obra de socios de la CIA (la logia masónica P2, el
Banco Ambrosiano y el Instituto
perle Opere Religiose) y algunos de sus agentes infiltrados en el Vaticano (el
cardenal norteamericano Paul Marcinkus). Juan Pablo I habría estado en completo
desacuerdo con los lazos financieros existentes entre el Vaticano y la banca
italiana socia de la CIA (Banco Ambrosiano), y
deseaba no sólo romper esos lazos que se habían fortificado con el papa Paulo
VI sino también difundir episodios de corrupción relacionados con las finanzas
vaticanas, hacer un mea culpa en nombre de
la Iglesia. De hecho, iba a depurar
la
Curia romana al día siguiente de su muerte. El intento de Juan Pablo I de
separar a Roma de los socios de la CIA concluyó abruptamente con
lo que habría sido su envenenamiento.
Con Juan Pablo II, quien desde joven era un
ferviente anticomunista, el Vaticano se habría prestado* no sólo a seguir
manteniendo en secreto la cadena de corrupción que Juan Pablo I estaba por
revelar, sino también a acentuar los lazos entre el Vaticano y
la
CIA. Al respecto, durante los años '80 habría permitido que
la
CIA canalizara fondos a través de organizaciones relacionadas con el
Vaticano al sindicato Solidaridad, que en la ciudad polaca de Gdansk (el ex
corredor de Danzig) venía organizando revueltas contra el régimen comunista polaco.
La CIA veía a Polonia como un país
estratégico para acelerar la caída del régimen comunista de
la
URSS. En la tesis oficial, increíblemente expresada en Victory. The Reagan administration's secret
strategy that hastened the colapse of the Soviet Union, Peter Schweizer comenta,
tras la euforia del triunfo sobre el comunismo de la era Reagan-Bush, cómo
la Unión Soviética cayó como consecuencia directa de
la estrategia y los ingentes esfuerzos realizados en ese sentido por
la
CIA. O sea, algo muy distinto de la tesis que los propios
Estados Unidos suelen divulgar en los medios, caracterizada por focalizar la
ineficiencia del régimen soviético, sin citar en ninguna parte a
la
CIA.
Es necesario hacer notar que la colaboración entre
el Vaticano y la CIA para financiar a
Solidaridad se dio —quizá no casualmente en forma mayoritaria— tras el fallido atentado contra el
papa Juan Pablo II en mayo de 1981, cuya autoría en los medios se adjudicó a
los servicios secretos búlgaros y a
la KGB. Algo muy diferente habría ocurrido, en realidad, dado
que, como bien documenta Edward Hermán en The rise and fall of the Bulgarian
connection, la supuesta conexión entre Bulgaria,
la
KGIS y el asesino Alí Agca no era otra cosa que un invento de
la CIA. Nunca pudo comprobarse fidedignamente que
la
CIA hubiera estado atrás del atentado (habría sido un escándalo mundial)*
pero, si lo hubiera estado, entonces podríamos observar con claridad el clásico
"doble beneficio" que la CIA suele sacar de muchas de
sus actividades criminales: comete un crimen que le conviene con fines
políticos y, simultáneamente, en forma de propaganda difunde en los medios que
el autor del crimen fue el enemigo. A veces hay hasta un "tercer
beneficio"; se gana dinero.
Pero quizá mucho más peligrosa que las propias
operaciones de la CIA es la infiltración que la
misma realiza en los medios de comunicación. En su artículo "CNN: The covered newsnetwork", el
periodista Grog Bishop
señala:
"En un artículo de 1977 en Roling Stone, el ganador del
premio Pulitzer (junto a Bob Woodward) por el
escándalo de Watergate, Cari Bernstein, descubrió una lisia de más de 400
periodistas y una cantidad de editores y empresarios de medios de comunicación
que básicamente habían estado 'estampillando' propaganda de
la
CIA desde los años '50. El grupo incluía las revistas Life y Time, la
cadena CBS e incluso a Arthur Sulzberger (...)".
Para quienes el apellido Sulzberger
nada diga, basta con mencionar que es la máxima cabeza empresarial y quien
establece la línea editorial del supuestamente independiente New York Times. Si
ya en 1977 la CIA tenía 400 activistas
camuflados de periodistas, dueños de medios de comunicación y editores,¿cuántos
puede tener en 2003? Quizás ahora podamos tener una mejor idea de lo ocurrido
en los años '90 con los medios de comunicación en América latina, cuando un amigo del ex director de
la
CIA Bush padre (Tom Hicks) invirtió enormes sumas en la región
para comprar canales de TV, estaciones de radio y cadenas de cable, casi al por
mayor, pagando lo que nunca podían llegar a valer por sus propios resultados comerciales.
¿Tenemos la CIA en casa cada vez que
prendemos la TV?
La
CIA en las Universidades
Pero no sólo los medios de comunicación han sido
"presa fácil", desde ya
hace mucho tiempo, de la agencia de inteligencia semi secreta norteamericana,
que en realidad está al servicio de una reducida élite anglonorteamericana. En
un mega sitio de la red (www.ciaoncampus.org) podemos encontrar información
reveladora en un artículo de David Gibbs titulado
"Academics and spies";
"Durante los años '40 y '50,
la
CIA y la inteligencia militar estaban entre las mayores fuentes de apoyo
financiero a los científicos sociales estadounidenses. En Europa, la agencia
apoyaba secretamente a algunos de los escritores más conocidos y a estudiosos a
través del Congreso para
la Libertad Cultural (...) Desde 1996,
la
CIA ha hecho público que, de acuerdo con expertos en inteligencia, la
estrategia de reclutar objetivos académicos de top priority,
ha resultado bien".
La infiltración de
la
CIA abarcaría prácticamente todo el aparato educativo universitario norteamericano.
El objetivo de la agencia de inteligencia no sólo habría sido reclutar entre
sus filas a científicos, profesores, educadores, sino también a alumnos, y
muchas veces a alumnos extranjeros.
El historiador Bruce Cummings,
conocido por su historia en dos volúmenes de la guerra de Corea, se ha ocupado
especialmente de este tema. Según Cummings,
"demasiados estudiosos hoy,
particularmente en el ámbito de las relaciones internacionales, colaboran con
el gobierno. Es común que muchos jóvenes y viejos sean reclutados por el National
Security Council o por la CIA como consultores por un tiempo".
Particularmente significativa resulta la mención
que, en el mismo mega sitio y en el artículo homónimo, Robert Witanek efectúa sobre el reclutamiento de estudiantes
extranjeros. Veamos:
"Hacia inicios de los años
'50, el programa se había expandido para incluir el reclutamiento de
estudiantes extranjeros en universidades norteamericanas, a fin de servir como
agentes de la CIA cuando retornaran a sus
respectivos países. El reclutamiento de estudiantes extranjeros tenía sus
raíces en programas anteriores de fines de los años '30 y de los años '40,
cuando estudiantes de países amigos eran
admitidos en las academias militares norteamericanas. Sus servicios eran
especialmente deseados por Estados Unidos, dado que cuando retornaran a sus
países formarían parte de la élite militar de sus respectivas naciones. A
través de ellos, Estados Unidos esperaba influenciar la marcha de los
acontecimientos en esos países y acceder a información en los trabajos secretos
de sus respectivos gobiernos. Hacia fines de los
años '70, alrededor de 5 mil académicos estaban haciendo su aplicación para entrar a
la
CIA (...). Existían comités que monitoreaban todo el tiempo a los 250 mil
estudiantes extranjeros en Estados Unidos a fin de seleccionar entre 200 y 300
futuros agentes de la CIA. Alrededor de 60% de los profesores,
investigadores y administradores de las universidades estaba totalmente
al tanto y recibía compensación directa de
la
CIA como empleados contratados, o se les entregaban becas de
investigación por su rol como reclutadores encubiertos de
la
CIA."
¿Dónde queda, entonces, el supuesto prestigio que
en el mundo ganaron desde los años '70 las universidades
norteamericanas? Durante muchos años, para numerosas familias de
todo el mundo resultaba altamente deseable que sus hijos efectuaran
cursos de grado o posgrado en Estados
Unidos. Supuestamente, la formación científica era muy superior a la de otras
universidades. Lo que no sabíamos era que, además de la manipulación del
conocimiento científico que antes señalamos como una constante deseada por la
élite financiero petrolera, generalmente
dueña, financiadora o directora de las universidades,
los estudiantes extranjeros iban a estar bajo un constante monitoreo de
la
CIA con el fin de ganar agentes en el exterior y, por si fuera poco, que
más de la mitad de los profesores
recibían y reciben pagos de la CIA para "facilitar"
el acceso a los alumnos.
Pero las sorpresas no terminan allí. En el informe
oficial conocido popularmente como el "Church Committee
Report" del Congreso norteamericano, en
la página 189, se señala:
"(...)
La
CIA está usando ahora a unos cientos de
académicos norteamericanos, quienes adicionalmente a proporcionar pistas y
presentaciones por cuestiones de inteligencia, ocasionalmente escriben libros y otro material para ser usado con fines de propaganda en el
exterior. (...) Estos académicos están localizados en más de cien universidades
e institutos
norteamericanos."
Quizás ahora también podamos entender con más
precisión lo que ocurrió con John Nash y con el discreto encubrimiento que han
sufrido sus descubrimientos acerca de la falsedad de las teorías de Adam Smith, frente a la sobre exposición
de teorías económicas sin real basamento científico (como la llamada
"escuela de expectativas racionales" de Lucas). El "Church Committee
Report" fue escrito en 1976. ¿Cuánto más habrá avanzado la infiltración de
la CIA en directores, profesores y
alumnos de universidades norteamericanas, desde aquella época? En el mismo
trabajo, Volksman señala:
"Yale ha sido terreno fértil
en el reclutamiento de agentes de la CIA desde que
la
Agencia comenzó en 1946. En realidad, muchos de los primeros ejecutivos
de la CIA proceden de Yale y de otras escuelas
de la IVY, por la cual
la
CIA fue acusada durante muchos años de corresponder a los intereses del
establishment anglonorteamericano. La acusación era
verdad: 25% de los ejecutivos top de la CIA habían sido alumnos de Yale."
En el mismo trabajo se señala que la universidad
norteamericana que es la principal base de reclutamiento de alumnos
extranjeros, para que al retorno a sus países se desempeñen como agentes de
la
CIA, es nada menos que...
la Universidad de Harvard. Ahora puede que algunas cosas acerca del grado de penetración que
la política y la propaganda del CFR han realizado en el mundo queden más
claras. ¿Cuántos funcionarios europeos, latinoamericanos, asiáticos y africanos
han estudiado en Harvard?
Cabe mencionar que las tres universidades norteamericanas que más fondos manejan son, no por casualidad: primero,
la Universidad de Harvard*, principal socia universitaria de
la
CIA, y segundo, la Universidad de Yale, casa de estudios
de los Bush, Harriman, Rockefeller y la aristocracia norteamericana que maneja
la
CIA.
Pero las actividades de
la
CIA en el mundo universitario y en la cultura no se ha reducido a
infiltrar universidades en todos sus niveles. Francés Stonor
Saunders, en
la CIA y la guerra fría
cultural, nos muestra cómo, tras
la Segunda Guerra Mundial,
la
CIA se logró infiltrar en prácticamente todos los espacios de la cultura.
Muchas veces lo haCIA mediante fundaciones "filantrópicas" y
congresos culturales, así como también exposiciones, conciertos y hasta giras de orquestas sinfónicas.
También describe cómo
la
CIA subvencionaba ambiciosos programas editoriales, y hasta se ocupaba de
realizar traducciones a todos los idiomas. Stonor Saunders asimismo narra cómo las revistas de toda Europa y otros lugares del mundo compensaban
la caída en ingresos por publicidad mediante supuestos mecenas tras los cuales
se escondía la CIA, Quizá lo peor de todo,
siempre según Stonor Saunders,
es cómo muchos de los más elocuentes exponentes de la libertad intelectual de
Occidente se convirtieron en instrumento de los servicios secretos
estadounidenses. En buena cantidad de ocasiones, la manipulación de
intelectuales por parte de la CIA se daba incluso sin que
éstos lo supieran, y generalmente aun cuando no les gustara.
* El director del fondo de inversiones, Robert Stone, está casado con una Rockefeller e invirtió, para desgracia de los profesores de esa universidad, fuertes
sumas en acciones de la Enron antes de la caída. Se ve
que no aprende de la experiencia, dado que hace muchos años, cuando "Dubya" Bush era accionista de Harken, decidió invertir
en esa firma. Claro que Bush vendió las acciones a precios cercanos al máximo
de la época, mientras que el fondo de inversión de
la Universidad de Harvard tuvo que soportar, estoico, la
baja de las acciones de la Harken de US$ 4 a cerca de USS 1 por
unidad.
El FBI (Federal Bureau of Investigations)
no es otra cosa que una "poliCIA paralela"
interna en Estados Unidos. La visión un tanto romántica de las series y
películas norteamericanas acerca
de los laboriosos e incorruptibles agentes, que
muchas veces se quedan a trabajar a deshoras para resolver tétricos crímenes
comiendo fría comida china llevada a domicilio, no es otra cosa
que propaganda de cuarta calidad. Muchas veces
hemos oído hablar acerca de los crueles crímenes de
la
Gestapo de Hitler. La Gestapo no era otra cosa que una poliCIA paralela. De la misma manera que el FBI, desde su
instauración en 1935 por el ex presidente Franklin Delano Koosevelt
(reconocido miembro de una sociedad secreta), opera en el mismo sentido. El FBI
fue dirigido durante más de tres décadas por un siniestro personaje, también
miembro de una sociedad secreta: J Edgar Hoover.
Bajo el comando de Hoover, el FBI realizó todo tipo
de operaciones internas. Por ejemplo, manipuló al senador Joseph McCarthy
durante los años '50 para que llevara a
cabo su famosa "cruzada anticomunista" y llevó a la práctica, durante
décadas, el racista y temible Counter Intelligence Program (COINTELPRO), mediante el cual los agentes del FBI
espiaban las actividades de los miembros más importantes de todas las minorías
raciales en Estados Unidos (incluidos los indígenas en las reservas). El FBI no
se limitó a espiar, sino que en muchas ocasiones actuó de manera violenta
contra quienes creyó que podían poner en relativo jaque la supremaCIA
blanca y anglosajona en todas las estructuras de poder norteamericanas.
Mientras todo esto ocurría silenciosamente, sin que
los medios de comunicación divulgaran la menor noticia al respecto, J. Edgar
Hoover era mostrado profusamente en los medios como un paladín de la lucha
contra el crimen, como el "tío bueno" que todo
americano deseaba tener.
Hoover era temido aun por personajes muy poderosos
debido a que poseía archivos personales de
empresarios, políticos e intelectuales. No los coleccionaba, sino que los
usaba con fines extorsivos. El inescrupuloso mandamás
del FBI fue puesto y mantenido en su cargo directamente por la élite. Existen
muchas especulaciones de que J. Edgar Hoover era en realidad hijo bastardo de uno de los miembros de la élite y hasta se dice
que habría sido concebido en uno de los rituales de una sociedad secreta.
Los Organismos
internacionales
El control social y global no se lleva a cabo
solamente mediante la existencia de lúgubres organizaciones como
la
CIA y el FBI. También han sido creados con el mismo objetivo una gran
profusión de organismos internacionales. Muchos de ellos se generaron después
de la Primera Guerra Mundial, mientras se
gestaba la propia existencia del CFR. Otros, en cambio, vieron la luz luego de
la Segunda Guerra Mundial. Las Naciones Unidas
fueron creadas después de
la
Primera Guerra Mundial, con el supuesto fin
prioritario de evitar otra guerra tan atroz como la de 1914-1918. Sin embargo,
poco más de dos décadas más tarde, el mundo se veía
envuelto en un conflicto bélico mucho peor. El nombre que se le dio
inicialmente a las Naciones Unidas (Sociedad de las Naciones) debió ser
cambiado, y su estatuto interno también, debido en buena manera al pésimo concepto que las poblaciones de todo el mundo tenían
de la Sociedad de las Naciones. Si bien las Naciones Unidas poseen, a través de
varios organismos satélites, muchos programas de
ayuda humanitaria, existe la creencia —no sin fundamento— de que tras el fin de
la Guerra Fría este organismo se ha
convertido en una especie de títere de los deseos de Estados Unidos y, por vía
indirecta, del CFR.
El apoyo que logro en 1990 Bush padre en el ámbito
de las Naciones Unidas para ir a la guerra contra Irak, a pesar de haber basado
sus tesis en mentiras y engaños, muestra a las claras
que el organismo, como mínimo, no estuvo a la altura de las circunstancias. Que
George W. Bush, en el 2002, no haya logrado la aprobación de las Naciones
Unidas para ir de vuelta a la guerra con Irak, no significa que
la
ONU haya ganado espacios de libertad e independencia como organismo, sino
que las poblaciones de varios de los países más importantes del mundo comienzan
a darse cuenta de que muchos de sus líderes los han sometido a procesos de manipulación y, por lo tanto, ya no puede tomarse la decisión de encolumnarse tras
Estados Unidos e Inglaterra sin pagar enormes costos. Este sano proceso por el cual en muchos países se generaliza la
conciencia de que tras las guerras casi nunca se esconden objetivos de justicia
es un producto no deseado y muy temido por la élite. A fin de medir
este progreso en la concientización de los pueblos basta con mencionar que en
1990 Bush padre no sólo logró aprobar mediante las Naciones Unidas la guerra
contra Saddam Hussein, sino que además, en un gambito diabólicamente magistral,
logró facturarles la guerra a Alemania, Arabia Saudita, Japón y el emir de
Kuwait. En efecto, durante 1991 y 1992 ingresaron a Estados Unidos unos 60 mil
millones de dólares de esas cuatro naciones como pago por haber llevado en
forma exitosa la llamada Desert Storm
(operación Tormenta del Desierto).
En realidad, Bush no estaba inventando nada nuevo
cuando creó un nuevo producto de exportación: la guerra. Había aprendido lo
suficiente de sus "padrinos" de la élite financiero petrolera que haCIA
siglos venían financiando guerras en Europa, América y el resto del mundo, con
el fin de debilitar los Estados nacionales, a los cuales, tras las contiendas,
se les imponían duras condiciones para pagar el financiamiento de ellas. Las Naciones Unidas, en toda su existencia, no se
movieron un ápice para prohibir o limitar la financiación de guerras. Los
conflictos bélicos serían imposibles si nadie los financiara, o si hubiera un
boicot a financiar empresas armamentísticas. Por lo contrario, se puede
"narcotizar" la conciencia social acerca de la verdadera naturaleza
de estos organismos internacionales, que muchas veces han servido para dotar de
un barniz de legalidad a sangrientos conflictos entre países, generalmente se
nombra al comando de las Naciones Unidas a un miembro de la raza negra o a un latinoamericano, lo que también da un barniz
de pluralismo, tolerancia y supuesta democracia, en lo que muchas veces no es
otra cosa que una parodia.
Si bien el control político que la élite ejerce
sobre la sociedad global se da a través de las Naciones Unidas y sus organismos
satélite, el control económico se hace merced al Fondo Monetario Internacional
(FMI) y al Banco Mundial (BIRF) y demás organismos satélite como el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID). Estas entidades fueron creadas tras
la Segunda Guerra Mundial. La función del FMI era,
en aquella época, ayudar a mantener un esquema
de paridades de cambio fijas contra el oro. En el caso de muchos
países subdesarrollados, que poseían pocas reservas de oro y divisas, y que
emitían fuertes cantidades de papel moneda, lo que a veces provocaba inflación,
el objetivo del FMI era generalmente prestarles a fin de que pudieran realizar
sus pagos externos a cambio de un ajuste interno y de una devaluación de su moneda
comparable con el grado de emisión monetaria e inflación que dichos países
habían padecido antes. De esta forma, el objetivo del FMI en realidad no era
otra cosa que mantener a la vez inalterado el sistema de pagos internacionales
y las relaciones de precios relativos entre las naciones del mundo.
Este concepto, que muchas veces permanece a
oscuras, implicaba en realidad decidir tácitamente qué países debían
industrializarse y cuáles no, y poseía un efecto a la vez determinante en la
distribución mundial del ingreso. O sea, se decidía también implícitamente qué
sociedades podían enriquecerse y cuáles no. Una vez que un país comenzaba a
endeudarse fuertemente con el FMI, perdía todo tipo de libertad, sea quien
fuere quien estuviese en su gobierno, para realizar cualquier tipo de políticas
sociales que no tuvieran la autorización expresa del organismo internacional.
Por lo tanto, tras la fachada de un supuesto "hospital" de países
económicamente "enfermos", se escondía en realidad un carcelero, un
gendarme que realizaba exigencias a los gobiernos a cambio de los fondos para
pagar las deudas.
Cuando en los años '70 Nixon retira a Estados
Unidos del sistema de paridades fijas contra el oro, y el sistema de Bretton
Woods estalla en mil pedazos, el FMI debió replantearse su misión. Por
supuesto, la meta principal de asistir a los países para que éstos pudieran
pagar sus deudas quedó inalterada, pero ya no queda régimen de paridades fijas
entre monedas para defender.
En muchas ocasiones, cada vez más acentuadas
durante los años '90 e inicios del nuevo milenio, el FMI ha hecho la
"vista gorda" ante gruesas inconsistencias macro económicas de muchos
países miembros. El caso argentino es un ejemplo clásico. Se sabía que el
régimen de convertibilidad no podía ser mantenido indefinidamente y que, cuanto
más tarde fuera el ajuste, más doloroso sería para
la Argentina, porque más deuda pública y privada se acumulaba
para sostener la irreal paridad cambiaría de uno a uno entre
peso y dólar. A pesar de ello, el FMI hizo la "vista
gorda" ante este factor, porque los grandes acreedores de
la Argentina, que posibilitaban la ficción de uno a uno entre
el peso y el dólar no eran los grandes bancos de Nueva York y Londres sino
millones de pequeños inversores tenedores de bonos y deuda estatales, millones
de aportantes a las sociedades de jubilación y pensión (AFJP) y de pequeños
inversionistas en fondos de inversión. Mientras fuera posible seguir colocando
bonos de deuda argentinos en los mercados, los grandes bancos norteamericanos e
ingleses podían seguir cobrando honorarios y comisiones muy jugosos sin
arriesgar un solo centavo de su propio capital en operaciones
de crédito a la Argentina. Por lo tanto, los damnificados de una
potencial crisis financiera como la que acaeció a fines de 2001 no iban a ser
precisamente los miembros de la élite financiero petrolera. Más bien, todo lo
contrario: la situación de extrema debilidad en la que cayó
la Argentina les haCIA ganar posiciones a la hora de negociar
con eventuales gobiernos argentinos futuras inversiones y préstamos al país.
Es necesario tener en cuenta, entonces, que es
imposible que a todos los funcionarios del FMI relacionados con
la Argentina se les haya "escapado" la inevitabilidad de la crisis. El punto es que, mientras en
Wall Street se podía seguir ganando con canjes, mega canjes, etc., etc., no
resultaba conveniente acelerar la salida de la convertibilidad, aunque luego
esto se pagara muy caro. Además, una vez de rodillas,
la Argentina perdería más independencia y grados de libertad en
sus decisiones internas. Ello era un objetivo de la élite.
Hemos citado el caso argentino simplemente porque
quizá sea uno de los más paradigmáticos y porque muestra a las claras cómo el
FMI, lejos de cumplir como debiera con una verdadera tarea en un mundo
realmente democrático, está al servicio de los intereses de unos pocos clanes
familiares y de las mega corporaciones que éstos poseen.
La situación del BIRF (Banco Mundial) es aún más
clara de comprender. Directamente esta entidad financia proyectos de inversión
que los países luego deben contratar con grandes corporaciones privadas
situadas precisamente en los países de la élite. Si lo pensamos bien, no es
algo muy diferente de en lo que en su momento fue el denominado "Plan
Marshall". O sea, aquel plan por medio del cual los contribuyentes
norteamericanos financiaban a los países europeos devastados por
la Segunda Guerra Mundial para que les
compraran productos con cash a las grandes corporaciones privadas
norteamericanas. Dicho de otra manera, los pequeños y medianos contribuyentes
norteamericanos estaban financiando las ganancias de los empresarios más ricos
de Estados Unidos. Nada muy diferente sucede con el BIRF. Esta entidad presta
fondos a los países subdesarrollados para que realicen proyectos de inversión.
Pero la independencia de estos países a la hora de realizar las contrataciones
y licitaciones para dichas inversiones es muy limitada. Nuevamente, son los
medianos y pequeños los que subsidian la ganancia de los grandes.
Para que este esquema pueda mantenerse, obviamente,
es necesario comprar la conciencia y el silencio de una gran cantidad de
economistas que cobran jugosos honorarios por "trabajos de
consultoría" financiados por el FMI, el BIRF, el BID, etc., que en
realidad luego se suelen archivar, sin peso alguno, en las decisiones finales
crediticias y de contrataciones. Todo el sistema económico financiero global,
entonces, está especialmente diseñado para que, tras una aparente legalidad y legitimidad
en préstamos, deudas y contrataciones, se esconda en realidad el interés
exclusivo de mega corporaciones privadas y de la élite financiero petrolera
anglonorteamericana.
Hemos hablado ya en apartados de este y otros
capítulos acerca de la necesidad de que todo este cuadro "cierre"
mediante el control social y global que
ejercen los más grandes
medios de
comunicación. Por lo tanto, no volveremos a repetir
los conceptos acerca de quiénes son los reales dueños de los multimedios globales, y de cómo se manipula a la opinión
pública, Sólo haremos referencia a que el medio que suele ser priorizado por la
élite como forma primordial de masificar y desinformar es la televisión.
Vale la pena recordar que a fines de los '40,
durante todos los '50 y principios de los '60 la televisión crece en EEUU como
un emprendimiento estatal. Los empresarios de la élite petrolera financiera
norteamericana habían convencido a los funcionarios de la necesidad de destinar
fondos públicos para la enorme inversión que era necesaria. Durante aquellos
años de TV estatal, las petroleras fueron las principales anunciantes en los
programas televisivos. Su participación no se limitaba a la publicidad, sino
que se extendía a los contenidos. Por ejemplo, debe recordarse cómo en muchos
países se transmitía una versión propia del "Reporter Esso".
Cuando el Estado hubo realizado todo el gasto con
fondos provenientes de los contribuyentes, la misma élite convenció a
funcionarios de las administraciones de Lyndon Johnson y Richard Nixon de la
necesidad de que la TV se manejara a través de
manos privadas. Ya estaban hechas las principales inversiones. Las familias ya
tenían aparatos de TV en las casas. Ahora la televisión era un negocio
rentable, ¿Para qué dejarlo en manos del Estado? Además, para ejercer un máximo
control social es mejor manejar directamente los medios y sus noticiarios que
aportar publicidad y digitar noticias de forma indirecta al estilo
"Reporter Esso".
A su vez, las tres principales mega cadenas de TV
de EE.UU.,la CBS,
la
NBC y la ABC, son en realidad empresas
originadas en el antiguo mega monopolio radial RCA. La élite habría decidido
generar tres cadenas televisivas, en vez de una, con el fin de crearla ilusión
de competencia. A su vez, la RCA fue generada
principalmente por el banco Morgan,
la United Fruit (Rockefeller) y tres
empresas en las que la banca Morgan posee fuertes interesesdes
de que sus fundadores (Thomas A. Edison, Graham Bell
y Westinghouse respectivamente) fueron prácticamente "despojados"
mediante ardides de sus acciones. Se trata nada menos que de las actuales
General Electric, ATT y Westinghouse.
No debe extrañarnos, entonces, que recientemente el
presidente George Bush hijo haya aprobado una controvertida legislación en
Estados Unidos luego suspendida por el Congreso, (aunque no se sabe por cuánto
tiempo) que permite que las cadenas privadas de televisión compren debilitados
diarios y periódicos regionales y estaduales norteamericanos. Es sólo una
aparente paradoja que esta legislación fuera aprobada y llevada acabo
justamente por el mismo personaje que en la era de Nixon y Ford había impedido
que los diarios regionales y estaduales compraran canales estaduales de
televisión. La paradoja es sólo aparente porque la televisión, a pequeña
escala, durante los años '70 estaba surgiendo en Estados Unidos como una
herramienta de la élite para lograr una mayor homogeneización en la información
a la cual poblaciones de alejadas regiones podían acceder. Lo que acaba de aprobar
Bush en el 2003, y aún no
logró llevar a cabo ya,
entonces, en el mismo sentido: lo que se permite es que pequeños diarios
antiguamente independientes sean adquiridos y dependan editorialmente de
canales de televisión, pertenecientes a las grandes cadenas. Como se ve, el
control de la información y la política comunicacional
interna de Estados Unidos está cada vez más concentrada en unas pocas manos.
Lamentablemente, algo no muy diferente ha venido sucediendo en todo el mundo en
forma cada vez más acelerada.
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