Hitler Ganó la Guerra

Por Waler Graziano

 

 

 

 

Capítulo 5 - EL GOBIERNO DEL MUNDO: EL CFR

 

Dadme la posibilidad de emitir la moneda de un país, y no me

importará quién haga sus leyes.

Nathan Rothschild.

 

Quiero ser dueño de nada, y controlarlo todo. La competencia

es un pecado.

John D. Rockefeller I.

 

Hemos escuchado muchas veces que el Banco Central estadounidense, o sea el Federal Reserve Bank (FED), es la entidad más poderosa del mundo. En ese sentido, suele decirse que su jefe, Alan Greenspan, es más poderoso que el propio presidente de Estados Unidos. Razón no le falta a quien piense de esta manera. El FED maneja las tasas de interés de corto plazo del dólar no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo, influye determinantemente sobre las tasas de interés de largo plazo mediante intervenciones en el mercado financiero, agrega o quita dinero de los mercados, acelera o retrae el ritmo de crecimiento y de generación de puestos de trabajo en Estados Unidos y, en menor medida, en el mundo. Influye de manera muy importante en las paridades cambiarías y, por lo tanto, en las corrientes comerciales y en los flujos de capitales del mundo.

 

Si Greenspan y el FED decidieran ser sumamente estrictos a la hora de emitir moneda, posiblemente provocarían una recesión interna en Estados Unidos, y también global, que bien podría, por ejemplo, bajar las tasas de inflación si éstas fueran altas, pero que arrastraría a una impopularidad a quien ocupe en ese momento la Casa Blanca, impidiendo probablemente su reelección. Más o menos ésa es la historia de lo que ocurrió con George Bush padre. Estados Unidos estaba entrando en recesión y Alan Greenspan, que había sido ratificado en su cargo por Bush padre, demoró demasiado la reducción de las tasas de interés en Estados Unidos.

 

Como consecuencia, en 1991 y 1992 Bush fue perdiendo la enorme popularidad que había ganado en la primera Guerra del Golfo. Y perdió la reelección. Todavía se recuerda la frase, una especie de juego de palabras de Bush al respecto: "I've appointed him, and he disappointed me" (Lo designé y me defraudó).

 

Aunque el FED está en condiciones de generar secesiones, depresiones, reactivaciones y euforias financieras, ante las cuales los políticos de turno en la Casa Blanca o en el Congreso poco pueden hacer para evitar el impacto en los votos que Greenspan o su eventual sucesor pueden indirectamente realizar, sería incorrecto pensar que la real base del poder es el FED. En todo caso, el FED —y Greenspan— también son instrumentos de un poder superior. Para clarificarlo, hablemos un poco, sólo un poco, de historia.

 

El FED fue creado por ley del Congreso el 22 de diciembre de 1913. Los banqueros privados, en aquel momento, venían criticando en forma pública la ley que creaba un Banco Central en Estados Unidos. Sin embargo, en forma reservada, los principales banqueros norteamericanos se frotaban las manos ante esa ley que habían logrado sacar, entre gallos y medias noches, gracias al senador Aldrich, casado con una hija del magnate John D. Rockefeller I. Una gran cantidad de legisladores se encontraban ausentes al acercarse la Navidad, y la votación parlamentaria fue manipulada.

 

Se trató de un movimiento magistral a la medida de la élite que se originó en conversaciones reservadas entre los principales banqueros en 1910. Para poder crear al FED, la élite financiera y petrolera norteamericana tuvo que manipular las elecciones de 1912. El presidente Taft buscaba la reelección. Pero su partido, el Republicano, se había pronunciado públicamente contra la creación del FED. Así dadas las cosas, la élite decidió fracturar al Partido Republicano en dos. Por un lado, se presentaba Taft. Por el otro, Theodore Roosevelt, ex presidente de la República.

 

La división abrió las puertas para que el manipulable Woodrow Wilson accediera al poder con mucho menos del 50% de los votos. La élite, con su presencia y la del senador Aldrich, se ganaría la seguridad de la aprobación de la creación de un Banco Central privado: el FED.

 

No cabe duda de que el mejor negocio de la Tierra es emitir moneda. Desde hace siglos los principales banqueros saben muy bien que si la gente acepta como medio de pago un papel emitido por un banquero privado, con la promesa de redimirlo en oro o plata, y prefiere comprar y vender con ese billete y no con oro o plata metálica, entonces tal banquero tendrá la potestad de decidir quiénes deben recibir crédito y cuánto, qué tasas de interés cobrarles, a quién no prestarle. Y todo mediante la creación de medios de pago. Si los banqueros privados observaban que la gente no requería que le redimieran en metálico los billetes puestos en circulación, sino que la población los acumulaba y efectuaba sus transacciones en papel moneda, entonces podían generar de la nada muchos más billetes y ponerlos en circulación. De esta manera, el total de papel moneda superaba con creces las reservas en metálico que los banqueros privados guardaban en sus cajas fuertes. En otras palabras, los banqueros privados tenían la potestad de crear dinero de la nada si la gente aceptaba sus billetes. Y fue lo que ocurrió.

 

El origen de la propia banca debe buscarse a través de operaciones de este tipo (1). Los bancos de Inglaterra, Francia y Alemania no comenzaron —como usualmente se piensa como bancos estatales ni como empresas de las respectivas coronas, sino como bancos privados, controlados en buena medida por la dinastía banquera europea que se había instalado en forma familiar en Inglaterra, Francia, Alemania, Austria e Italia: el clan Rothschild, junto a sus asociadas Kuhn, Loeb, Lehman, Warburg, etc.

 

Que el negocio bancario estaba monopolizado en unos pocos clanes familiares se puede ver simplemente a través de una vieja anécdota: mientras Max Warburg dirigía el Banco Central alemán durante el gobierno del káiser Guillermo II, y se constituía en su banquero personal antes de la Primera Guerra Mundial, su hermano, Paul Warburg, era directivo del FED. El tema alcanzó ribetes escandalosos en Estados Unidos y obligó el rápido reemplazo de Paul Warburg.

 

Otra anécdota: mientras la familia Rothschild era una de las principales accionistas tanto en forma directa como indirecta del propio Banco de Inglaterra, la rama francesa de dicho clan colocaba varios integrantes para dirigir nada menos que el Banco de Francia, el cual sólo fue estatizado luego de la Segunda Guerra Mundial. 1

 

Este hecho explicaría por qué luego de la Primera Guerra Mundial el kaiser Guillermo II no fue juzgado por su responsabilidad en la guerra. Por lo contrario, se toleró su silencioso exilio en Holanda. Su participación en un juicio probablemente habría expuesto sobremanera a muchos de los principales banqueros del mundo tomo financistas y co-responsables de la Primera Guerra Mundial.

 

El primer Banco Central creado fue el Banco de Inglaterra. Ya antes de las guerras napoleónicas los Rothschild poseían un enorme poder financiero en toda Europa. Deseaban aumentarlo y así establecer las políticas financieras en los principales países europeos. Lo mismo pudieron hacer durante el transcurso del siglo XIX con los bancos centrales de Francia y Alemania. A menudo financiaron guerras entre los países, con la estrategia de prestarles a ambos bandos.

 

De esta manera, cuando las guerras finalizaban, las naciones y las casas reales quedaban debilitadas, endeudadas y, por lo tanto, cada vez más dependientes de los banqueros. Fueron los Rothschild quienes decidieron ingresar a Estados Unidos financiando a clanes familiares a los que observaban durante mucho tiempo antes de otorgarles fondos para sus emprendimientos, y que resultaban "amigos incondicionales": los Rockefeller, los Morgan, Carnegie, los Harriman, etc.

 

Por lo tanto, no debe llamar la atención del lector que el FED no sea un Banco Central común y corriente. No es como el Banco Central de cualquier país latinoamericano o el Banco Central Europeo. No es un banco central propiedad del Estado. Es, lisa y llanamente, un banco privado. Y se trata de un banco privado propiedad de unos pocos bancos privados.

 

Por ejemplo, de los 19,7 millones de acciones del FED, unas 12,2 millones de acciones (62%) eran propiedad de sólo tres bancos hacia fines de 1994. ¿Qué bancos? El Chase Manhattan, el Citibank y el Morgan Guaranty Trust. Tres grandes apellidos desde hace muchas décadas han controlado y controlan esos tres bancos: Rockefeller, Rothschild, Davison (Morgan). Ese porcentaje habría continuado creciendo merced a las fusiones que se registraron en la última década. Tampoco debe llamar la atención, entonces, que el actual jefe del FED, Alan Greenspan, haya sido director corporativo de JP Morgan, de Morgan Guaranty Trust y de la petrolera Mobil

(Standard Oil of New York), antes de ocupar el actual estratégico cargo que posee en el FED.

 

Vale mencionar como importante detalle que Greenspan, en un ensayo publicado en 1946 en una obra de la novelista e ideóloga Ayn Rand, Capitalism, the unknown ideal, ya defendía el monopolio petrolero del cual había gozado la familia Rockefeller en el siglo XIX, con sorprendentes argumentos. Sin embargo, en el panegírico biográfico titulado simplemente Maestro, que el supuesto "periodista estrella" del Washington Post y ex agente de inteligencia naval Bob Woodward escribió en el 2000, nada se menciona sobre estas contribuciones de Greenspan a la industria petrolera y a los bancos asociados con ella. Tampoco se hace mención a su paso por la Rand Corporation: un thinktank militar industrial financiero, cuya finalidad es el desarrollo de tecnologías armamentísticas para extender el dominio de Estados Unidos en el mundo, y al cual es muy difícil ingresar por su carácter militar estratégico.

 

Greenspan también es un empleado, más técnico, y quizá de mayor jerarquía que el propio presidente de Estados Unidos. Pero no deja de ser un empleado, un empleado de un banco privado propiedad mayoritaria de tres bancos privados. La moneda de Estados Unidos, el dólar, no es la moneda emitida por un país, sino la moneda emitida por el sistema de la reserva federal (FED), y su salud depende en realidad de la salud de esos bancos privados. Es por ello que en el anverso de cualquier billete dólar se lee la expresión "Federal Reserve Note", y no "United States Treasury Note". Aunque no nos extenderemos, simplemente mencionaremos que los dos presidentes de Estados Unidos que intentaron suplantar los Federal Reserve Notes por los US Treasury Notes murieron asesinados antes de concluir sus mandatos.

 

¿Dónde está el poder, entonces? Es fácil y correcto deducir que unos pocos clanes familiares dominan la estructura de los bienes considerados estratégicos para el dominio global: energía, banca, armas y laboratorios. Pero es ridículo pensar que a esta altura del siglo XXI una decena de personas pueda sentarse a una mesa a decidir qué hacer con el mundo sin más ni más. La realidad es más sutil, más "perfecta", aunque no menos espantosa.

 

El Poder en el Mundo: El enigmático CFR

 

Volvamos a hacer un poco de historia. Hacia 1921, una vez terminada la Primera Guerra Mundial y derrocado el régimen zarista en Rusia, la élite petrolera financiera anglonorteamericana ya tenía en sus manos —o estaba por tenerlo— el control de los combustibles fósiles en prácticamente todo el mundo. El zar Nicolás II, que había representado un duro obstáculo para este objetivo, ya no gobernaba Rusia sino que lo hacían los bolcheviques, quienes en poco tiempo más firmarían los primeros contratos con las petroleras anglonorteamericanas. Al controlar la energía del mundo y al influir en sus precios, como hemos explicado en el capítulo 2, se puede controlar también a qué ritmo éste puede crecer, qué rango de salarios reales recibirán los trabajadores, qué cantidad de gente podrá obtener trabajo o no, etc., etc.

 

Sabedores del real poder que implica controlar a la vez la energía y la banca (incluidos los bancos centrales más poderosos del mundo), estos pocos clanes familiares decidieron establecer dos entidades gemelas, al estilo thinktanks, en Nueva York y Londres. Nacieron así el Council on Foreign Relations (CFR) y el Royal Institute for International Affairs (RIIA). A los fines prácticos, ambas entidades operan como una sola. El CFR está compuesto por cerca de tres mil miembros (más de 2.400 estadounidenses), entre los cuales siempre se han contado y se cuentan políticos, economistas, militares, periodistas y educadores. Actúa esta entidad, supuestamente, como un foro de discusión para el debate de las ideas y para mejorar la calidad de vida de los habitantes del mundo. (Cualquier lector puede visitar su sitio oficial en la web, en wivw.cfr.org.) Sin embargo, se trata de una institución sumamente particular. Su presidente honorario es David Rockefeller.

 

En cuanto al CFR, en sus reuniones se permite alguna dosis de disenso, manejado dentro de ciertos límites. Así como la banca Rothschild* financiaba en las guerras a los dos bandos de los conflictos, en el seno del CFR se promueve la gestación y aparición de dos posturas acotadamente opuestas, en muchos de los temas económicos o políticos que son priorizados en sus

reuniones. Pero el hecho de que haya dos posturas no implica que de antemano el CFR no tenga ya una decisión tomada de cuál va a ser la prevaleciente. La generación de la postura minoritaria, entonces, se lleva a cabo simplemente para dar una apariencia de debate intelectual, cuando en realidad las decisiones ya han sido tomadas Además, la existencia de dos posiciones tiene un efecto colateral beneficioso a los fines de la implementación práctica de la postura de antemano elegida: se conoce previamente qué pueden llegar a argumentar las voces opositoras que encuentre la postura elegida, una vez puesta en práctica. Es como saber de

antemano, en el juego de ajedrez, cuáles serán las próximas dos o tres movidas del adversario. La élite sabe, desde hace mucho tiempo, que la única forma de controlar los conflictos es

controlando sus dos bandos.

 

¿Qué persigue el CFR? ¿Qué buscan los clanes familiares como los Rothschild, los Rockefeller y el Carnegie Endowment for International Peace, que financiaron la creación de los thinktanks? [1]

 

Las revistas que hacen este tipo de estimaciones de fortunas personales no toman en cuenta, generalmente, que hay múltiples maneras de esconder (con fines impositivos, contables o periodísticos) la propia riqueza bajo formas societarias. Además, el control de los medios de producción, en muchos casos, puede depender de minorías accionarias. O sea, a los fines del poder, es más beneficioso distribuir la riqueza en forma diminuta entre muchas empresas que se controlan, que acumularla masivamente en una sola firma como Microsoft.

 

Durante décadas han perseguido la globalización, o sea, el debilitamiento de los Estados nacionales, que permite a las grandes empresas multinacionales instalarse en todo el mundo y ejercer el verdadero y real poder en zonas del planeta donde hasta hace años no tenían entrada. Todo esto se entiende mucho mejor si se tiene en cuenta que el CFR desciende, en realidad, de la llamada Sociedad Fabiana, a la cual Cecil Rhodes y el clan Rothschild financiaban en Inglaterra hacia fines del siglo XIX.

 

La Sociedad Fabiana, a través de un núcleo de intelectuales, muchos de ellos escritores, pretendía instaurar en el mundo entero el socialismo a través de una manera evolutiva no revolucionaria. Veamos cómo enfoca un especialista en el tema, Edgard Wallace Robinson, a la Sociedad Fabiana, en Rolling Thunder (1980):

 

"En 1833, un pequeño grupo de socialistas se reunió en Londres, anunciando su intención de transformar el sistema económico británico del capitalismo al socialismo. Este grupo eligió el nombre de Sociedad Fabiana. Uno de los miembros líderes de la Sociedad Fabiana fue George Bernard Shaw, quien quizá mejor resumió las intenciones de la misma, y al que citaremos: (...) el socialismo significa igualdad de ingresos o nada (...) Bajo el socialismo no se permitiría que nadie fuera pobre. Forzadamente se lo alimentaría, vestiría, acomodaría, se le enseñaría y emplearía, le guste o no. Si se descubriera que una persona no tiene el carácter suficiente para valer todo este trabajo, posiblemente se lo ejecutaría de una manera gentil. Pero si se le permitiera vivir, debe vivir bien'."

 

El objetivo era, entonces, igualar lo más posible la forma de vida, la riqueza, las costumbres, el acceso al trabajo y, hasta donde sea posible, incluso la religión de las masas en todo el mundo. Si nos ponemos a meditar un segundo, notaremos que esta pretensión no es muy diferente de lo que pensaba Cecil Rhodes, y ello explica el financiamiento que el aristócrata inglés le brindó a la Sociedad Fabiana.

 

Pero ¿por qué el apoyo de los Rothschild? Muy sencillo. A los acaudalados y poderosos clanes familiares que conforman la élite, les conviene generar un régimen social de naturaleza mundial que les pueda hacer conservar el poder. Un régimen socialista en tal sentido los beneficia.

 

Las principales y básicas diferencias con un régimen como el soviético serían entonces dos. En primer lugar, los medios de producción, el capital y las empresas no serían propiedad del Estado como en la ex URSS, sino de unos pocos clanes familiares. En segundo lugar, sería necesaria la generación de bipartidismos para crear la ilusión de democracias, en masas cada vez más socializadas que creen votar por partidos, políticos e ideas diferentes, cuando en realidad el CFR controla los dos lados de cada conflicto, como lo son en última instancia las elecciones. (Recordar similitudes y diferencias entre los Bush y Clinton del capítulo anterior.). Puede que al lector lo sorprenda, pero lo cierto es que el candidato demócrata que se presentaba como mayor rival de Bush hijo en su intento reeleccionario hasta mediados de 2003, el general Wesley Clark, es también un muy prominente miembro del CFR, desde hace muchos años.

 

A partir de septiembre de 2003 el candidato demócrata que más fondos lleva recaudados es el ex gobernador de Vermont, Howard Dean. Dean se opuso públicamente a la invasión a Irak. Pero está muy en duda de que no se trate más que de una estrategia, dado que existen declaraciones registradas suyas en las que sostiene que Bush no ha ido lo suficientemente a fondo con Arabia Saudita e Irán. Lo cierto es que Dean comenzó a recaudar fondos bien luego de que el 23 de junio de 2003 diera una conferencia en el CFR y preparara luego un paper con miembros del CFR. Tan sólo un mes más tarde, el ex gobernador de Vermont era casi "mágicamente" tapa de los semanarios Time, Newsweek y US News and World Report y un "niño mimado" de la prensa, que destaca su Oposición a la guerra con Irak, pero poco y nada habla de sus lazos con el CFR ni sus declaraciones acerca de Arabia Saudita e Irán.

 

Quizás a esta altura el lector se pregunte cómo es esto de que mientras la élite ansia una masificación colectivista de tipo comunista o socialista, al mismo tiempo ha financiado y ayudado a generar regímenes totalitarios absolutamente opuestos como el Tercer Reich de Hitler. Vale la pena recordar que la mejor forma de controlar un gran conflicto a nivel global es, precisamente, generar opuestos tan antagónicos como el nazismo y el socialismo rojo. Además, de cada uno de esos regímenes a la élite le apetece algo. En el caso de la extrema derecha, la organización verticalista, promoviendo un sistema casi de castas sociales, con los medios de producción en manos privadas. Del socialismo rojo, a la élite no le desagrada en modo alguno la forma y el grado de masificación de las poblaciones, que las convierte en muy susceptibles de controlar. En otras palabras, se acerca bastante a lo que George Orwell, en su novela 1984, presagiaba como "colectivismo oligárquico".

 

¿Cuál puede ser el interés de dedicar tiempo a esta organización por parte de intelectuales, empresarios, políticos, economistas, etc.? Pertenecer a un reducido núcleo de 2.400 estadounidenses organizado por los clanes más ricos y poderosos del mundo da muchas oportunidades de excelentes trabajos, acceso a cargos públicos y conexiones personales de primer nivel. Eso sí, hay que tener en cuenta un punto principal: ningún miembro de la CFR, se trate de uno prominente o de los menos importantes, operará jamás en su ámbito de acción en nombre de la CFR o en nombre de sus integrantes. Lo hará a título personal en su respectiva área de influencia. Cuando el CFR —y, por lo tanto, la élite que lo domina— desee llevar a cabo una determinada política como la invasión al Irak o la adopción de la "doctrina del ataque preventivo", promoverá la creación de reducidos núcleos de unos 10 o 12 integrantes a fin de estudiar un determinado tema y decidir la vía de acción. Dentro de esos grupos (denominados taskforces) habrá intelectuales, financistas, empresarios y, por supuesto, senadores y diputados, o miembros del Poder Ejecutivo.

 

A través de estos congresales y funcionarios públicos, el CFR introducirá en el gobierno de Estados Unidos los considerandos, las causas y las medidas más importantes que éste debe tomar. Así pasó luego del 11 de septiembre, cuando el CFR logró crear el Homeland Security Department a través de un paper de uno de sus "grupos de trabajo" intitulado "America still unprepared, America still in danger". Y así pasó también con la invasión a Irak.

 

Cuando la misma recién estaba comenzando, el CFR ya tenía listo un informe final acerca de qué es lo que debían hacer Estados Unidos e Inglaterra en Bagdad a partir de la caída de Saddam Hussein. Y ello por citar sólo dos ejemplos aislados.

 

Son o han sido miembros del CFR Alan Greenspan (uno de los directores del CFR hasta que llegó al FED), Bush, Clinton, Carter, Nixon, los hermanos Dulles, manos derecha e izquierda de

Eisenhower, prácticamente todos los directores de la CÍA, una gran cantidad de senadores y diputados de los partidos Republicano y Demócrata, Henry Kissinger, Brzezinski, Cyrus Vance, los diplomáticos que formaron el mundo de la Guerra Fría (Kennan, Nitze y Averell Harriman), los principales empresarios, Colin Powell, Condoleezza Rice, Richard Cheney, el presidente del Banco Mundial James Wolfensohn, y muchos de los intelectuales más destacados en los medios de comunicación: Jeffrey Sachs, Paul Krugman, Lester Thurow, etc. Por supuesto, no faltan entre sus miembros financistas como George Soros, los Warburg y los principales dueños de los medios de comunicación a escala global.

 

No hay empresa importante en Estados Unidos que no tenga al menos un representante en el CFR. Y no puede ser cualquier representante; debe ser uno de sus propietarios. A fin de tener una idea del grado de influencia que el CFR posee en las universidades y en la prensa, quizá bastaría con señalar que entre sus miembros se encuentran nada menos que 479 decanos y directivos de universidades o profesores titulares de ellas y 313 dueños o directivos de medios de comunicación. Las universidades y los medios de prensa figuran respectivamente primero y segundo entre los rubros en los que la élite ha buscado miembros del CFR. Quizás ahora pueda quedar más claro por qué descubrimientos como los de John Nash, que comentáramos en el capítulo 1, quedan relativamente encubiertos. Su difusión masiva en medios de prensa y su diseminación en universidades de todo el mundo hubiera hecho mucho más lenta. y quizás imposible, la globalización, que es precisamente lo que la élite y el CFR propugnan.

 

Veamos, por ejemplo, cuántos miembros del CFR ocupan altos cargos en universidades: 55 miembros de Harvard University, 39 de Columbia University, 30 de Johns Hopkins y Princeton cada una, 26 miembros de Stanford University, 21 del MIT, 20 de Georgetown University, 10 de New York University, 9 de University of Michigan y Comell University cada una, 7 de University of Southern California y Texas University cada una, y 6 de American University, Boston University, Brown University, City University of New York, George Washington University y Chicago University, cada una.

 

La gran cantidad de profesores y directivos universitarios miembros del CFR le permite a esta entidad lograr varios objetivos: dar un barniz supuestamente científico a muchos de los objetivos geopolíticos, económicos o políticos que se persiguen en vastas zonas del planeta, sembrar ideología de manera subliminal en el alumnado de estas casas de estudios superiores, dado que los alumnos deben tomar como verdadero lo enseñado por los profesores, desviar la investigación científica hacia los fines que sean de utilidad para la élite dominante del CFR, saber de antemano los escollos intelectuales que puedan presentarse a las políticas de socialismo gradual que, bajo la fachada de la globalización, la élite pretende obtener.

 

Los directorios de estas universidades están generalmente copados por miembros de las petroleras y los bancos estrechamente relacionados con la élite. También por representantes de empresas de armamentos como Northrop Grumman, muy vinculados con los clanes de la élite. Universidades como Yale, Harvard, Columbia, Princeton, New York, Michigan, California, Illinois y Virginia invierten partes sustantivas de sus fondos líquidos en las empresas de armas y en los laboratorios de la élite. Muchas veces, las principales universidades se dividen entre sí las áreas de supuesta investigación geopolítica: mientras en Columbia se encuentra el Instituto Harriman, que publica trabajos sobre Europa Oriental y la ex Unión Soviética, en Harvard se ubica el Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller, que suele monopolizar las investigaciones supuestamente científicas respecto de países del Tercer Mundo latinoamericano. Mediante dicho instituto, y su presunta actividad científica, el clan Rockefeller y las familias de la élite obtienen información de primera fuente para realizar inversiones, influir en los gobiernos y moldear los dirigentes latinoamericanos del futuro.

 

Vale la pena recordar la gran cantidad de ministros latinoamericanos muy cuestionados que obtuvieron un título en Harvard...

 

En el MIT se encuentra el Centro de Estudios del Genoma Humano, que trabaja con el Whitehead Institute, financiado por la Fundación Rockefeller. Una farmacéutica ligada a este jointventure tiene como eslogan: "Give me your money, I will sell your genes" (Dame tu dinero y curaré tus genes). La élite también se infiltró en el área de recursos marinos, merced al Instituto de Oceanografía del MIT. Las investigaciones en el campo médico están prácticamente monopolizadas por la élite, mediante universidades como la Rockefeller y Cornell (fundadas también por Rockefeller). La Universidad Rockefeller curiosamente venía desarrollando drogas contra el ántrax al momento de los atentados a las Torres Gemelas, Y la compañía Bioport, contratada por el gobierno norteamericano para proveer la vacuna contra el ántrax (Cipro), es propiedad del Carlyle Group.

 

Algunos centros de tipos de cultivo de agentes biológicos, que venden al por menor fórmulas letales e incluso cepas, trabajan codo a codo con la escuela de medicina de la Johns Hopkins University. Esta última universidad posee uno de los centros de influencia en materia de relaciones internacionales más importantes de Occidente, que funciona como una terminal de difusión del CFR: el Paul Nitze Foreign Institute. En cuanto a la Universidad de Texas, ha sido involucrada en acusaciones por numerosos fraudes y escándalos financieros en los que estaba mezclado el amigo de Bush: Tom Hicks, gran inversor en medios de comunicación en América latina. Los escándalos también alcanzaron a inversiones de la universidad en la petrolera Harken, uno de cuyos principales accionistas, como se recuerda, era nada menos que... Bush hijo.

 

Hemos citado sólo algunos pocos ejemplos de los muchos que hay acerca de la estrecha relación entre el sistema educativo universitario norteamericano, el CFR y la élite corporativa petrolero financiera. No deseamos saturar al lector, pero debemos agregar que el control del sistema universitario se acentúa mediante el uso, por parte de la élite, de la antigua red Phi Beta Kappa, que fue fundada en Virginia, Estados Unidos, en 1776, y que funcionó como una sociedad secreta hasta cerca de 1830, cuando las acusaciones contra las sociedades secretas por formar parte de un complot para tomar el poder mundial derivaron en la fractura del hasta entonces Partido Democrático Republicano en Estados Unidos. Esto provocó la "salida a la luz" de esta organización secreta y muchas otras, las cuales, según varios autores, trabajaban de forma mancomunada. Phi Beta Kappa supuestamente toma del alumnado de las principales universidades al 10% de los mejores estudiantes, según sus estatutos. Sin embargo, dado que de la misma han formado parte muy mediocres estudiantes como los Bush, entre otros, se estima que privilegia cuestiones raciales a la hora de reclutar gente. Nadie puede llenar una solicitud libremente para ingresar a Phi Beta Kappa.

 

Debe ser llamado por los jefes de dicha organización. Una vez dentro de la misma, tiene la vía de acceso liberada para ocupar altos cargos en empresas, universidades, medios de comunicación, partidos políticos y puestos de poder en el Congreso y el Poder Judicial. Para tener una idea de la vastedad de esta organización, antes clandestina y ahora de muy low profile, y del grado de ayuda que puede brindarle al CFR, basta con decir que hasta el año 2000 poseía cerca de cien sucursales en casas de estudios superiores norteamericanas. Con el advenimiento de Bush hijo, las sucursales (denominadas chapters y generalmente bautizadas con letras griegas) se duplicaron a más de 200, en sólo un año.

 

No menos estratégicos que la educación resultan los medios de comunicación masivos, que sirven a los fines de seleccionar las noticias que conviene diseminar, censurar las inconvenientes para el proceso de globalización, masificar el gusto de las gentes, desviar la atención pública de temas que pudieran resultar inconvenientes a la élite y, en sus variantes no informativas, destruir mediante la manipulación de los medios valores como la familia a los fines de recortar las tasas de natalidad y crecimiento demográfico que ponen en jaque el dominio del mundo por parte de la élite, debido a varios factores: escasez de combustibles fósiles, baja proporción de la raza anglosajona en el total de población mundial, etc. De esta manera, American Spectator, Forbes, Fortune, Foreign Affairs, Harpers, National Geographic, National Reviem, New Republic, The New Yorker, Newsday, Newsweek, Reader's Digest, Rolling Stone, State, Scientific America, Time Warner, Time, US News, Vanity Faír, Washington Post Magazine, World Policy Journal, entre otras revistas, tienen miembros en el CFR. En cuanto a los diarios, vale la pena mencionar que el Boston Globe, Business Week, Christian Science Monitor, Dallas Morning News, Las Angeles Times, New York Post, New York Times, San Francisco Chronicle, Times Mirror, USA Today, Wall Street Journal y Washington Post tienen representantes en el CFR.

 

En cuanto a las cadenas televisivas, es necesario citar que ABC tiene 12 miembros en el CFR, CBS tiene 10, NBC posee 8, CNN cuenta con 7 y PBS tiene 6. Pero las cadenas televisivas no sólo están representadas en el CFR de manera de poder recibir una adecuada influencia para saber qué noticias trasmitir y cuáles no, y hasta incluso qué tipos de comedias o de humor se debe surtir a la población. También están cartelizadas en su propiedad. Por ejemplo, NBC es una subsidiaria de RCA, un conglomerado de medios de comunicación. Entre los directores de la NBC figuran varios directivos de otras compañías controladas por los Rockefeller, los Rothschild y los Morgan. Un artículo de Eustace Mullins, "Who run the TV network?", nos muestra cómo la cadena televisiva ABC tiene entre sus directores prominentes miembros de JP Morgan, Metropolitan Life (propiedad del Morgan) y Morgan Guaranty Trust. Los demás directores son directivos de otras compañías de los clanes Rothschild y Rockefeller. En cuanto a la CBS, fue durante muchos años manejada por los socios de Brown Brothers Harriman (principal banco de la familia Harriman).

 

Tiene entre sus directores a miembros conspicuos del directorio de los bancos Chase Manhattan y Kuhn Loeb, manejados por los clanes Rockefeller y Rothschild. Nada menos que Prescott Bush fue durante muchos años director de la CBS y hasta ayudó a juntar los fondos para comprar la compañía.

 

En cuanto a la CNN, ha perdido toda independencia desde que fue absorbida en una primera etapa por Time Warner y, en una segunda, por America On Line (AOL), empresas con prominentes miembros en el CFR y controladas por los mismos grupos de poder de las demás cadenas de televisión. ¿No era que las grandes cadenas de televisión estadounidenses eran independientes y competían entre sí? La noción de independencia es equivocada, y la de competencia, muy relativa. Los medios de comunicación propiedad de los clanes de la élite pueden competir entre sí sólo a nivel operativo, pero el "nivel táctico" les viene dado "desde arriba".

 

La estrategia no la conocerán nunca... ni sus propios principales directivos.

 

Para completar el vasto control en medios masivos de comunicación bastará decir que por lo menos las tres principales agencias de noticias del mundo están en directo control de los clanes Rothschild y Rockefeller. Reuters tiene un accionista principal desde fines del siglo XIX: el clan Rothschild. En aquella época, los Rothschild también poseían la propiedad de las agencias de noticias alemana (Wolff) y francesa (Havas), encargadas de distribuir las noticias en los diarios de los tres países, en los tres idiomas. Debe mencionarse que el odio exacerbado (¿inducido por los medios?) entre las tres naciones, hacia el cual los medios de comunicación de los respectivos países no eran indiferentes, derivó, hace noventa años, en la sangrienta Primera Guerra Mundial. La segunda agencia de noticias actualmente más importante del mundo, Associated Press (AP), fue adquirida por la familia Rothschild a través de Reuters en 1924.

 

Y como ya señaláramos, United Press International (UPI) es propiedad de la misteriosa secta Moon[2], que propugna una religión global, a la que se acusa de lavado de dinero, y por la cual George Bush padre ha hecho frecuentes contactos y viajes por todo el mundo en los años '90.

 

A los negocios estratégicos de combustibles, bancos y finanzas, laboratorios y armamentos hay que sumar entonces dos, en los cuales la élite tiene peso decisivo propio: educación y medios masivos de comunicación. Sin el control efectivo de estas dos áreas, la élite vería comprometidos su poder y su riqueza porque carecería de los intelectuales universitarios suficientes para diagramar y llevar a cabo sus políticas, y correría el riesgo de que el público recibiera en forma masiva información fidedigna acerca del grado de concentración que la riqueza y el poder hoy tienen en el mundo, y que han convertido al capitalismo en una especie de corporativismo vertical y elitista, y a la democracia en un espejismo en el cual sólo pueden creer los desinformados.

 

Quien dude de esto no tiene más que investigar lo suficiente en la red acerca del grado de monopolización que han adquirido los medios de comunicación masivos. El sitio alternativo de la web The Nation bautiza como "los 10 grandes" a los diez mega-medios que prácticamente controlan todo lo relativo a la comunicación. Vale la pena nombrarlos: AOL Time Warner, AT&T, General Electric, News Corporation (Murdoch), Viacom, Bertelsmann, Walt Disney Company, Vivendi Universal, Liberty Media Corp. y Sony. No existe medio importante de comunicación que escape a la directa influencia de algunos de estos diez megamedios. Sin embargo, aun los medios supuestamente independientes, como The Nation, directo acusador de esta concentración, reciben financiamiento de fundaciones relacionadas con el CFR. Más específicamente, la Fundación Ford, asociada en forma directa al CFR y Skull & Bones, y con lazos tanto con la CIA como con el Carlyle Group, sería la encargada, junto con George Soros, la Fundación Rockefeller y el Carnegie Endowment for International Peace, de financiar a la supuesta prensa "alternativa" o "de izquierda" (ver www.questivnsquestions.neIIgate keepers.html).

 

No hay que olvidar que es funcional al CFR controlar los dos bandos de cada conflicto. Es la única forma de controlar el conflicto. De esta manera, poseyendo los medios de comunicación "oficiales", e influenciando a una vasta gama de la supuesta prensa "alternativa" o "de izquierda", también se controla el grado de oposición que las políticas oficiales ensayadas por el CFR, o por los thinktanks satélites de esa entidad, van a encontrar en el mundo.

 

Si tenemos en cuenta lo mencionado acerca de la propiedad de los medios de prensa y de su financiamiento, podemos entender bastante más algunas curiosas asociaciones entre empresarios de medios de comunicación supuestamente de derecha e izquierda producidas en los últimos años en muchos países.

 

Bilderberg y la Comisión Trilateral

 

Hacia mediados de los años '50, la élite empresarial anglonorteamericana comenzó a observar que en Europa disminuían los peores efectos de la Segunda Guerra, Varios países europeos comenzaban a enriquecerse y, si bien no podían disputar el liderazgo de Estados Unidos, sí al menos podían ejercer un cierto grado de influencia en el resto del mundo. Más aún, muchos países de Europa continental comenzaban a asociarse en lo que a la postre resultaría la Unión Europea.

 

A fin de no perder el férreo control global ejercido por el CFR, se encomendó al príncipe Bernardo de Holanda, ex colaborador del régimen de Hitler y nazi convencido, de formar un foro de discusión europeo norteamericano en el que estén presentes los más importantes empresarios, aristócratas y políticos de toda Europa. A este grupo se lo denominó Bilderberg, en recordatorio del hotel holandés donde se realizó la primera reunión. A diferencia del CFR, el grupo Bilderberg no elabora políticas de acción directa. Los anglonorteamericanos no lo permitirían. Su objetivo es simplemente discutir las cuestiones de máxima actualidad, de manera tal que la élite anglonorteamericana pueda tener una idea de quiénes pueden resultar más o menos "amigos" en Europa. El total secreto con el cual suele reunirse el grupo Bilderberg llevó a varios a pensar que era un ámbito de poder superior al CFR. No es así.

 

Hacia 1970, una nueva potencia económica parecía surgir en el mundo: Japón. El grado de control que el CFR ejercía sobre su ex enemigo era considerado por la élite como demasiado bajo. Por eso David Rockefeller creó y presidió la denominada Comisión Trilateral, foro de discusión similar a Bilderberg, llamado así por incluir miembros de Estados Unidos, Europa y Japón. La Comisión Trilateral se fundó en 1973, poco después del estallido del escándalo Watergate en Estados Unidos. Hay quienes especulan —no sin razón— que el escándalo de Watergate, la fundación de la Comisión Trilateral y la expulsión de Nixon del poder están íntimamente conectados entre sí.

 

No les falta razón, dado que Nixon estaba encarando desde 1970 varias medidas que entraban en directa colisión con la idea de la globalización. Entre ellas, es necesario citar el fin del esquema de paridades fijas de la moneda con el oro y la adopción de barreras aduaneras en Estados Unidos, cosa que había puesto muy nerviosos a Japón y a varios países de Asia. El CFR se disgustó con Nixon, quien había accedido al poder merced a sus excelentes contactos con la

industria petrolera. Es de esta forma que el caso Watergate muy probablemente no sea lo que la gente cree que fue. Sobre todo, si se tiene en cuenta que su descubrimiento lo realizó el ex agente de inteligencia naval Bob Woodward, convertido por obra y gracia súbita de espía a periodista del Washington Post. (Con seguridad, no es el único caso de "transformismo periodístico".)

 

El posterior acceso de Jimmy Carter a la presidencia norteamericana en 1976 debe interpretarse como una especie de "golpe de Estado" tácito interno en Estados Unidos. El CFR no podía dejar que otro Nixon accediera al poder. Hasta hacía poco tiempo, Carter era un oscuro personaje sin poder alguno en Estados Unidos más allá de Georgia. Fue seleccionado especialmente por David Rockefeller para, una vez en el poder, llenar una gran cantidad de cargos con miembros del CFR. Hasta poco tiempo antes de las elecciones, Jimmy Carter era un personaje desconocido por la población norteamericana. Poseía sólo el 4% de la intención de votos. Rockefeller y Brzezinski repararon en él porque, siendo gobernador de Georgia, había abierto oficinas comerciales en Bruselas y Tokio. Rockefeller lo invitó a cenar y conversar varias veces.

 

Luego de estar convencido acerca de la aptitud de Carter para acelerar el desarrollo de la "agenda global", financió su escalada a la presidencia y le "levantó el pulgar" en medios de comunicación, universidades, etc. La "agenda global" de la Comisión Trilateral no se diferencia de la del CFR. Consta de tres postulados básicos:

 

1. Establecer un único gobierno mundial, con poder global, a cargo de los dueños y principales directivos de las mega-corporaciones.

 

2. Eliminar, en el largo plazo, las fronteras nacionales.

 

3. Incrementar el dominio de las Naciones Unidas.

 

Los posteriores gobiernos de Bush y Clinton no hicieron más que acentuar esta tendencia. Vale la pena mencionar que, durante la era Nixon (quien también accedió a su cargo gracias al CFR), la administración norteamericana contaba con 115 miembros del CFR en puestos de poder. Durante la era Carter esa cifra se incrementó a 284 miembros. En la época de Reagan, apenas descendió a 257 miembros. Cuando Bush padre fue presidente, prácticamente instaló al CFR en el gobierno, nombrando 382 miembros de ese organismo en puestos clave de poder.

 

Finalmente, Bill Clinton tuvo 17 de los 19 puestos ministeriales ocupados por miembros del CFR y la Comisión Trilateral.

 

El Rol de los Intelectuales

 

Cuando a David Rockefeller se le pregunta cómo le surgió la idea de crear la Comisión Trilateral, usualmente contesta que se le ocurrió leyendo el libro de Zbigniew Brzezinski Between two ages. Brzezinski es un prominente miembro del CFR, y probablemente la relación de causalidad haya sido precisamente al revés.

 

O sea, Brzezinski habría escrito el libro a pedido de Rockefeller, a fin de que existiera un justificativo intelectual para generar la Comisión Trilateral. En Between two ages, Brzezinski predice el monopolio del poder absoluto por parte de Estados Unidos y simultáneamente pinta un panorama "rosa" del marxismo. Llega a decir que el estalinismo puede haber resultado una tragedia no sólo para el pueblo ruso sino también para el ideal del comunismo. Citaremos al respecto tres frases textuales de Brzezinski:

 

"El marxismo es simultáneamente una victoria del hombre externo y activo sobre el hombre recluido y pasivo, y es a la vez una victoria de la razón sobre las creencias",

 

"El marxismo diseminado a nivel popular bajo la forma de comunismo representó un gran avance en la habilidad del hombre para conceptualizar su relación con el mundo", y

 

"El marxismo ofrecía la mejor perspectiva de pensamiento disponible a la realidad contemporánea".

 

Brzezinski, oriundo de Europa Oriental e imbuido de ideas colectivistas, influyó de manera determinante sobre David Rockefeller, quien opera como la cabeza visible de la élite. ¿Alguien puede dudar acerca de los deseos colectivistas de ésta? Obviamente, en el mundo contemporáneo, marxismo es muy mala palabra. No lo era tan así en los años '70, cuando era necesario

aplacar ideas socialistas en vastas regiones del Tercer Mundo, en las que movimientos populares deseaban confiscar medios de producción que eran propiedad directa o indirecta de la élite. En esa época, estas frases de Brzezinski resultaban funcionales a los fines de mostrar un supuesto gobierno menos imperialista, con Carter y los demócratas a la cabeza.

 

En los '70, años de grandes convulsiones en Estados Unidos, también era necesario buscar fórmulas conciliatorias con la Unión Soviética y Europa del Este. Obviamente, hoy en día, los postulados de Brzezinski en Between two ages resultan poco menos que un insulto a la propaganda globalista que esconde el colectivismo tras la fachada de un supuesto capitalismo de libre mercado. Quizá sea por ello que Between two ages, a pesar de haber sido un best seller a inicios de los años '70, hoy no se consiga ni nuevo ni usado.

 

Existen formas de censura mucho más sutiles que las "listas negras". Muchas veces con libros que antes resultaron funcionales a los deseos de la élite pero comienzan a ser contraproducentes para continuar la agenda de la misma, sucede lo que en Fahrenheit 451: los libros desaparecen, pero no bajo las llamas de los lanzafuegos, como en la obra de Bradbury, sino simplemente bajo una silenciosa y llamativa "extinción". Los libros han sido durante décadas un medio de comunicación mucho más variado y heterogéneo que los periódicos, las revistas y los canales de radio, televisión y cable. La política del CFR en materia comunicacional parece apuntar sobre todo a las grandes cadenas televisivas en cuestiones informativas, a fin de homogeneizar las noticias que llegan a la población y poder suprimir más fácilmente datos o informaciones "molestas" para la agenda global,

 

Pero volviendo a Brzezinski, nunca fue ni es un personaje más. A sugerencia de Rockefeller, ocupó el centro de la escena durante la administración Carter, así como Kissinger lo había hecho en la era Nixon. Quien lea atentamente Between two ages puede observar que la globalización está ahí prenunciada. Este tipo de predicciones, sin fundamentos científicos serios, pero a la postre cumplidas en la realidad, es una costumbre del CFR, que suele valerse de intelectuales a fin de justificar las políticas de antemano diseñadas que, de esta manera, gozan de un "barniz" intelectual y científico.

 

Podemos citar también los casos de Francis Fukuyama y Samuel Huntington. En su obra El fin de la historia y el último hombre, durante la presidencia de Bush padre, Fukuyama predice también acabadamente lo que sucedería en la década del 90 4. O sea, el auge del capitalismo corporativo y de lo que se conoce 1

 

Con bastante miopía y superficialidad intelectual, muchos de los que "analizan la realidad" en medios de comunicación suelen decir que Fukuyama se equivocó al predecir el "fin de la historia" debido a las frecuentes guerras y conflictos existentes desde los años noventa. En tales opiniones, obviamente poco y nada de lo aquí explicado se tiene en cuenta. Tampoco es considerado que, desde que EE.UU. es única potencia mundial, las guerras tienen resultado seguro desde antes de iniciarse. "El fin de la historia" no significa que no haya sucesos críticos, sino la profecía de un período larguísimo de capitalismo de libre empresa y "democracia" en el mundo, con Estados nacionales disminuidos en su poderío. En otras palabras; la globalización.

como democracia prácticamente en todo el mundo, el fin de los grandes liderazgos políticos personalistas (muy del paladar del CFR), y el final de toda dialéctica histórica merced a la globalización.

 

El gran problema para todos nosotros es que Fukuyama predice que esto durará varios siglos (obviamente, lo que pretende el CFR). No debe extrañar que Fukuyama haya formado entonces parte de otro thinktank satélite del CFR denominado "Project for the New American Century" (PNAC), junto a varios "peces gordos" del Pentágono y del aparato industrial militar norteamericano, quienes venían planeando la invasión a Irak por lo menos desde 1997.

 

¿Por qué el CFR genera este tipo de thinktanks a la hora de decidir políticas de acción como la invasión a Irak? ¿Por qué estas políticas no las diseña el CFR por sí mismo? En buena medida lo hace. Pero el "trabajo sucio" nunca saldrá publicado con el membrete propio del CFR. Si algo sale mal, es mejor "quemar" al PNAC o a cualquier otro thinktank en cuestión, que al propio centro de poder.

 

Volviendo a los principales intelectuales colaboracionistas (en el sentido bélico del tema) con la CFR, otro de los top ha sido Samuel Huntington. Cuando las Torres Gemelas cayeron, el lector ávido de informarse acerca de los conflictos con el pueblo árabe podía adquirir en cualquier librería un libro ya publicado de antemano: El choque de civilizaciones. En dicha obra, escrita en 1997, Huntington predice el conflicto con los árabes, aunque llamativamente apenas menciona el tema petróleo. Sin embargo, nos revela otra de las causas por las cuales Saddam Hussein debía ser removido. Huntington cree que lo que hace débil a la civilización musulmana es la falta de una metrópoli donde se concentre el poder. Las peleas internas, las luchas intestinas de la civilización árabe son, para Huntington, causa de su debilidad.

 

Hussein, por su carácter laico y por la singular situación petrolera en Medio Oriente, podía llegar a haber constituido a Bagdad en el virtual centro metropolitano de la civilización árabe, sobre todo si se tiene en cuenta que en Irak se da la singular confluencia del sunnismo y el chiísmo, o sea, de las dos vertientes religiosas musulmanas. El gran problema es que Huntington, conspicuo miembro del CFR, no se detiene en este punto sino que nos predice muchos años antes, la posibilidad de un conflicto bélico entre Estados Unidos y China hacia el 2010.

 

Si Huntington tiene razón, no debe sorprendemos que Alan Greenspan no haga nada para reducir el abultado déficit de balance de pagos de Estados Unidos, concentrado especialmente en China, Japón y el sudeste del Asia. No son los vencedores de las guerras quienes pagan las deudas, sino los vencidos...

 

El máximo problema que nos ofrece el encuadre de Huntington es que pone las luchas y las guerras en términos de rivalización es, como si hubiera razas o pueblos superiores intrínsecamente a otros. Este espíritu darwiniano malthusiano del "intelectual" del CFR debe ser tomado como un emergente del pensamiento dominante en ese núcleo de poder mundial y dentro de la propia élite globalista, lo que obviamente es una pésima noticia. Dentro del mundo intelectual anglosajón es mucho más común de lo que parece esta forma de poner los problemas humanos en términos darwiniano malthusianos, lo que le quita cualquier dosis de sentimentalismo a la posible desaparición de civilizaciones enteras porque se lo considera un fenómeno natural, propio de la evolución, aunque Darwin jamás intentó extender su teoría de corte biológico a otras disciplinas. Los "intelectuales" del CFR lo han hecho por él.

 

Por eso no debe llamarnos la atención la aparición de obras como, por ejemplo, Darwinizing culture. The status of memetics as science, publicado nada menos que por la Oxford University Press, no precisamente una editorial más. El término "memetics" (no tiene aún traducción al castellano pero bien se podría llamar "memética") probablemente nunca haya sido escuchado hasta ahora por el lector. Sin embargo, lo invitamos cordialmente a realizar una simple comparación: si tipiamos la palabra "cáncer" en un buscador como Altavista, encontraremos que hay 6,5 millones de sitios de la web con menciones del término, en cualquiera de sus varias acepciones. Si tipiamos la palabra "meme", podremos observar con sorpresa que aparecen nada menos que 5,6 millones de sitios de la web que hablan de los "memes" y la "memética" (si es que podemos traducir al español estos términos). Si esta curiosidad le provoca una sonrisa al lector, es muy probable que rápidamente se le borre de la boca. Un "meme" sería, para un enorme número de supuestos científicos de origen anglosajón, una especie de unidad de información que llega a nuestro cerebro a través de los sentidos (la lectura, la conversación, etc.). En el libro Virus of the mina, el autor Richard Brodíe populariza una corriente que está ganando auge en medios universitarios anglosajones: la idea de que hay "memes" tóxicos, o sea, informaciones intoxicantes.

 

Aunque la "memética" es una disciplina sin rigor científico y sin basamento serio alguno, hay una buena cantidad de millones de dólares invertidos en el tema. Todavía no existen aplicaciones prácticas de qué es lo que se puede lograr con todo el difuso palabrerío que los partidarios de la "memética" establecen en los más de 5 millones de sitios de la web, en la muy profusa cantidad de libros, en inglés casi exclusivamente, publicados al respecto.

 

Pero es muy sencillo deducir que, si se comienza por pensar (como hacen los seguidores de la "memética") que hay ideas que son virus, entonces no sólo la autocensura a la hora de informarse, sino también la propia censura estatuida en forma oficial a través del Estado tendría sentido de ser. Mucho más preocupante todavía es si se entremezcla este engendro de la "memética" con el darwinismo cultural, como ya se está haciendo nada menos que en Oxford.

 

Esta manipulación de los intelectuales y de la ciencia por parte de la élite anglonorteamericana y del CFR no se reduce a la economía (como advertimos en el primer capítulo), a la historia y la geopolítica (como hemos visto con Brzezinski, Fukuyama y Huntington), sino que invade prácticamente todas las áreas de la ciencia. En la biología moderna, por ejemplo, existe un controvertido debate denominado "Dawkins vs. Gould", los dos biólogos más "importantes" de la actualidad. Mientras Gould cree que en la evolución existe un alto componente de azar, lo que daría pie a pensar que no sólo las mejores especies ni las más aptas a veces son las que sobreviven, Dawkins piensa que hay "paquetes" genéticos intrínsecamente superiores a otros, de manera tal que no existe azar alguno en la evolución. Este último concepto genera un soporte, un basamento presuntamente científico para aplicar cualquier tipo de racismo, y es funcional a la aplicación del darwinismo y del malthusianismo en cualquier área social.

 

Cuando señalamos a la infiltración de estos grupos de poder en importantes grupos de intelectuales, no sólo nos referimos a pensadores, politólogos, economistas y científicos. Probablemente uno de los primeros grupos en ser infiltrados fue el de los literatos y escritores. Frente al proyecto globalista del "nuevo orden mundial" los escritores que accedieron a información tuvieron posturas a favor y en contra. Aldous Huxley, HG Wells, G Bernard Shaw, George Orwell, entre muchos otros, se refirieron en forma simbólica y alegórica en muchos de sus escritos al proyecto de la élite, el que, sin embargo, temían revelar abiertamente. El primero de ellos, autor de Un mundo feliz, muerto el mismo día que John Kennedy, el 22 de noviembre de 1963 en Inglaterra e inmediatamente cremado, hablaba de un mundo dividido en castas sociales y era nieto de uno de los fundadores del "Roundtable Group" de Cecil Rhodes. Huxley colaboró durante toda su vida con uno de los mayores historiadores del siglo XX: Arnold Toynbee, autor de la obra en veinte volúmenes Historia de la Civilización Occidental. Toynbee, miembro de la sociedad hermana del CFR, el RIIA, es un continuista de la historia, pensaba que toda civilización en la historia había comenzado un inexorable declive muy poco después de haber alcanzado su máximo esplendor, y poco después de haber estado a punto de alcanzar una fase "global".

 

La élite anglonorteamericana, verdadera conocedora de este concepto de Toynbee, estaría buscando lo mismo que Roma, Napoleón, el Egipto antiguo y la corona británica habrían intentado lograr, para luego fracasar. La diferencia, ahora, sería que, con el actual desarrollo de la ciencia y la tecnología, el mundo es más "pequeño", y la posibilidad de globalizarlo en un esquema petrificado y sin cambios, en lo posible perpetuo, es para la élite no sólo posible sino también mucho más probable y deseable. Para ello no se escatiman esfuerzos. Vale citar, a la manera de mero ejemplo, que cuando en la era Reagan-Bush la élite se propuso como meta de corto plazo el desmembramiento de la Unión Soviética no se ahorraron iniciativas intelectuales por medio de las cuales la administración estadounidense llegó a contratar los servicios de escritores de ciencia ficción para que, en sesiones a puertas cerradas con militares, politólogos, demás científicos y agentes de inteligencia, se pudieran desarrollar largos brainstormings más fructíferos, con escenarios más creativos e imaginativos para llegar al objetivo deseado.

 

Dejando a un lado la historia y yendo a la subrepticia introducción de la ideología en la ciencia y en los supuestos grupos de "intelectuales" financiados a manos llenas por la élite anglonorteamericana, no podemos dejar de mencionar, entre otras cosas, la generación, producción y almacenamiento de virus (no precisamente de la mente), bacterias y protozoarios mortales para la vida humana. En el capítulo 3, al mencionar los ataques del 11 de septiembre (y en las primeras páginas de éste), hemos ya citado la presunta culpabilidad de un científico de la administración Bush en los envíos de ántrax. Por cuestiones de longitud y de vastedad del tema, no discutiremos aquí el controversial debate existente en el mundo científico acerca de que enfermedades como el sida y el SARS habrían sido generadas artificialmente, en laboratorios, con el fin no sólo de generar ganancias, sino también de ir aplicando soluciones malthusianas a los supuestos problemas de sobrepoblación mundial. Sólo mencionaremos que el ántrax, por ejemplo, había desaparecido prácticamente por completo de la faz de la Tierra en la Edad Media, cuando se lo llamaba carbunclo. Y es muy natural que así haya sido, dado que debe suponerse que, con el progreso científico (si es genuino), deberían poder erradicarse enfermedades, reduciéndose la cantidad de las mismas, en vez de generarse nuevas.

 

El problema es que, si no se regula adecuadamente a la industria farmacéutica, ésta intentará

simplemente aumentar sus ganancias, cosa que no sería posible con una población mundial en buen estado de salud. No debe sorprender al lector que la industria farmacéutica esté tan estrechamente ligada a la industria petrolera como lo está la élite financiera anglonorteamericana.

 

Finalmente mencionaremos que, en el colmo de esta rapacidad, mientras realizábamos la investigación para escribir este libro, encontramos en la web sitios que venden el código genético de una vasta cantidad de virus, bacterias y protozoarios con pago contra tarjeta de crédito. De paso, ¿cómo era aquella cuestión de las armas biológicas de Saddam Hussein?

 

El Nuevo Orden Mundial

 

Cuando Fukuyama, durante la presidencia de Bush padre, hablaba del final de la historia, en realidad se refería a un estadio del capitalismo, que deseaba como permanente, por medio del cual las corporaciones ejercerían realmente el poder en la Tierra y los Estados nacionales quedarían reducidos a simples carcasas, referencias semivacías de contenido. En un mundo de esas características, existirían simplemente dos clases sociales: la que controla y dirige las corporaciones y la que trabaja para ellas. La agenda antes comentada acerca de los fines de la

Comisión Trilateral es una expresión de ésta. En un libro de reciente aparición, El poder en la sombra. Las grandes corporaciones y la usurpación de la democracia, Noreena Herz nos advierte acerca del alarmante avance de este proceso en el mundo. Cita, por ejemplo, que de las cien mayores economías del mundo sólo 49 son Estados nación mientras que 51 son empresas.

 

Cuando Bush padre hablaba frecuentemente acerca de que la humanidad se estaba aproximando a un "nuevo orden mundial", sabía perfectamente a lo que se refería. Cuando Gorbachov, todavía en el poder en la ex Unión Soviética, le contestaba que para que "un nuevo orden mundial fuera posible, Estados Unidos debía previamente ayudar a la URSS'', también sabía perfectamente bien de lo que estaba hablando*. La inscripción que figura en el billete de un dólar ("Novus Ordo [3] Seculorum": Nuevo Orden de los Siglos), introducida a pedido de Franklin Delano Roosevelt (primo lejano de los Bush), no seria sólo un capricho de un presidente ni algo casual[4]. El CFR estaría levando a cabo una agenda predeterminada, en cuya precisa antigüedad los autores no se ponen de acuerdo. Que buena parte de la historia en realidad esté muy influida de antemano, puede sorprender al lector. Pero, si se lo piensa bien, no tiene nada de raro que los clanes más poderosos de la Tierra se hayan puesto como meta el dominio y control del mundo entero. Después de todo, lo que representan a pequeña escala en la clase media de cualquier país los deseos de que las nuevas generaciones superen a las anteriores, a gran escala, en la muy reducida élite que controla el petróleo, la banca, las armas, los laboratorios, los mega medios de comunicación y las principales universidades en Inglaterra y Estados Unidos, lo representa, como es natural, el dominio del mundo.

 

Si se razona por esta línea, se verá que el aporte de cada generación de esta élite al proyecto —y, por lo tanto, los logros personales de cada uno de sus miembros— puede observarse en la medida en que cada uno contribuye a esa ambición de dominio global que los fundadores, patriarcas de unos pocos clanes, se han establecido como meta de larguísimo plazo para sus descendientes.

 

Cuando los autores posmodernos, por ejemplo, Jean Baudrillard, escriben obras como The Gulf War did not take place, lo que están diciendo no es que no suceda lo que estamos viendo en los medios de comunicación, en la TV, sino que los sucesos, en realidad, significan otra cosa de lo que, a través de los medios masivos de comunicación, se nos pretende inducir a pensar.

 

Obviamente, para que ello sea posible es necesario generar organismos y entidades que ejerzan un control global. La CÍA, el FBI y hasta las Naciones Unidas adquieren, entonces, una dimensión diferente de lo que a primera vista puede parecer. En su estudio nos sumergiremos ahora.

 

BIBLIOGRAFÍA LIBROS:

 

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[1] A principios del siglo XX, solía mencionarse en los medios de comunicación que Andrew Carnegie era el hombre más rico del mundo. Hoy se hace profusamente lo mismo con Bill Gates.

[2] Su nombre real es el sugestivo "iglesia de la Unificación". Véase "La Secta Moon y el Dragón Oriental", Humberto Logos Schuffeneger, CESOC (1997).

[3] Quien dude que con la expresión "Nuevo Orden Mundial" o "New World Order" se está designando algo que va mucho más allá de la pura retórica o algo casual, puede consultar Evólvin¡¡ New World Order Disorder de Rocco Paone (University Press of America, 2001 1 o Genacide: Russia and the New World order de Sergei Glazyev (EIR News Service, 1999). Rocco Paone ha ocupado varios puestos como asesor del Pentágono y del gobierno de Lyndon Johnson, y Glazyev ha sido ministro de Relaciones Económicas Internacionales de Boris Veltsin.

[4] La pirámide con el "ojo que todo lo mira" tampoco es un símbolo al azar. Es extraño que pocos se pregunten qué hace un símbolo esotérico en el reverso del billete de un dólar.