Hitler
Ganó
Por Waler Graziano
Capítulo 1 - Prólogo - Nash: La Punta del Ovillo
Capítulo 2 - El Problema del Petróleo
Capítulo 3 - 11 de Septiembre y El Mito de las guerras Justificadas
Capítulo 4 - La Dinastía Bush, Clinton y Cia
Capítulo 5 - El Gobierno del Mundo: El CFR
Capítulo 6 - Mecanismos de Control
Capítulo 7 - Poder y Sociedades Secretas
Capítulo 8 - Palabras Finales - La Bomba de Tiempo de Wall Street
Capítulo
2
- EL PROBLEMA
DEL PETRÓLEO
El mundo se
divide en tres categorías de personas: un
pequeñísimo
número que hace producir los acontecimientos; un
grupo un
poco más importante que vigila su ejecución y asiste a
su
cumplimiento, y, en fin, una vasta mayoría que jamás sabrá lo
que en
realidad ha acontecido.
Nicholas
Murray
Miembro
del Council on Foreign Relations.
El petróleo no es precisamente un tema cuyo
análisis despierte la pasión de multitudes. Generalmente, se entiende que es un
tema para especialistas, demasiado técnico, con aristas muy económicas. Por
esta causa, la relativamente poca cantidad de material bibliográfico que surge
acerca del mercado energético mundial suele ser desechada aun por el público
más ávido de información, debido a la aridez del tema. Quizá, cuando concluya
este capítulo, comience a ser muy diferente la visión del lector en esta
materia.
Una cosa de la que no tomamos adecuada conciencia
es que la vida entera podría ser analizada desde un punto de vista de
transformación de la energía. Cuando comemos, o nos vestimos, o desarrollamos
cualquier actividad diaria, no estamos haciendo otra cosa que procesar energía.
Cuando, por ejemplo, saboreamos un plato de pastas, lo que estamos comiendo, y
por lo tanto lo que refleja su valor monetario, no es otra cosa que la semilla
de trigo, más el trabajo utilizado en todas las etapas de producción, más el
gasoil que se usó para cultivar los campos, más el petróleo que se empleó para
trasladar la semilla a la industria molinera, más el combustible utilizado para
transformar eso en harina, más la cantidad de energía, mayoritariamente
concentrada en hidrocarburos, destinada a los procesos de packaging, marketing,
distribución mayorista y minorista.
O sea, el componente energético, en forma de
hidrocarburos, es un factor muy relevante dentro del costo total del producto.
Si a su vez tenemos en cuenta que los salarios abonados por el trabajo se
gastan también en consumo de energía, debemos concluir —y no es sólo una
paradoja— que la energía mueve al mundo. Similar razonamiento podríamos hacer
sí analizáramos, por ejemplo, la salsa de ese plato de pastas —sin importar qué
elementos estén en ella—, el vino, la gaseosa o el agua mineral que estemos
consumiendo. La vida es imposible sin energía; la vida urbana se transformaría
rápidamente en caótica si hubiera un corte brusco
sin rápido restablecimiento de los flujos
energéticos. Baste recordar el caos que a veces produce un mero apagón
transitorio para tener en cuenta la real dimensión de este tema en caso de que
una teórica escasez en la fuente del mercado energético pudiera impedir, entre
otras cosas, que los alimentos entren a las ciudades.
Hay otra manera de ver este mismo tema: el sistema
de precios y salarios de toda sociedad, lo cual implica en síntesis el nivel de
bienestar que podemos alcanzar cada uno de nosotros, gira en torno a lo barata
o cara, escasa o abundante, que sea la energía que interviene en los procesos
productivos. Si volvemos al ejemplo del plato de pastas, éste resultará tanto
más caro cuantas más dosis de unidades de energía requiera su elaboración, y
cuanto más escasa y cara sea esa energía.
Ahora puede quedar claro, entonces, que al hablar
de energía no nos referimos a un mercado más o a un bien común y corriente, fácilmente
sustituible por otro, sino que hablamos de supervivencia. Si muchas veces no
nos ponemos a pensar en estas cuestiones es porque, salvo en contadas
ocasiones, no hemos padecido graves problemas para hacernos de la energía necesaria
para vivir y consumir los bienes que deseamos. Queda claro, entonces, que no da
lo mismo que las fuentes energéticas estén basadas en recursos renovables o no
renovables. Los recursos no renovables están destinados a agotarse y, si no dan
lugar con el paso del tiempo a otro tipo de recursos que los suplanten, puede
comenzar un proceso que no hemos vivido nunca en nuestras vidas: una lucha
mucho más dura por la supervivencia.
Jeremy Rifkin menciona muy bien en su obra La
economía del hidrógeno que las civilizaciones que no tratan en forma cuidadosa
las fuentes y cantidades de energía disponible se extinguen.
Si hablamos en términos de cultura, extinguirse
implica una más rápida o más lenta muerte masiva.
La inteligencia del hombre ha sido capaz de generar
asombros científicos incomparables: se ha llegado a la fórmula y la posible
manipulación del genoma humano, hace más de tres décadas se llegó a
A mediados del 2003, tras la guerra con Irak,
George W. Bush continúa dilatando la decisión acerca de la licitación entre
universidades norteamericanas para estudiar en forma hipotética cómo
desarrollar la tecnología del hidrógeno. Por lo tanto, si han sido creados
sustitutos de los hidrocarburos fósiles, con buenos resultados, permanecen en
el anonimato. No es nada improbable que los enormes intereses que hay detrás
del oligopolio mundial petrolero hayan provocado su silenciamiento.
Cuando hablamos de monopolio u oligopolio mundial
petrolero debemos referirnos ineludiblemente a las empresas derivadas de la
antigua Standard Oil, compañía creada luego de la guerra civil norteamericana
por el ya mencionado John D. Rockefeller I. Haciendo un poco de historia
Rockefeller, en muy poco tiempo, se transformó en un tácito monopolista de la
industria petrolera norteamericana. Llegó a concentrar en sus manos el 95% de
la exploración, explotación, distribución y venta minorista de gasolina en
EEUU. Siempre pensó que el negocio petrolero debía estar integrado en forma
vertical, o sea, una misma firma debe controlar todas las etapas de producción.
Y que la clave del negocio en sí mismo era tener bajo su órbita el proceso de
distribución, por lo que llegó a obtener un acuerdo con importantes descuentos
con los ferrocarriles que controlaba JP Morgan, acuerdo que resultó a la postre
ruinoso para todos sus competidores, a los que uno a uno fue desplazando del
mercado, muchas veces mediante la aplicación de métodos semi-compulsivos o
compulsivos.
Ese accionar empresarial, carente de preceptos
morales, o de códigos, era común en la decena de empresarios que comenzó a
controlar la economía norteamericana tras la muerte de Abraham Lincoln. Se
trataba de empresarios profundamente odiados por la población en su conjunto,
por lo que ya en aquella época fueron bautizados The Robber Barons (Los Barones Ladrones), expresión que quedó a
través de los tiempos, y con la cual aún hoy muchos los recuerdan, a pesar de
la acción de una cantidad de biógrafos a sueldo que, con el transcurso de las
décadas, la falta de conocimientos reales de historia del pueblo norteamericano
y el paso de las generaciones, ahora intentan mostrar un pasado mucho más rosa.
Por ejemplo, en su voluminosa biografía de John D.
Rockefeller I, el historiador oficial con que hoy cuenta la élite
norteamericana, Ron Chernow, titula la biografía de John D. Rockefeller I con
el nombre de Titán, y lo representa como un personaje ambivalente. En cuanto a
biografías, es necesario mencionar que aquellas que citaban con más detalle
algunos de los actos de crueldad y barbarie atribuidos al clan han desaparecido
casi por completo del mercado bibliográfico, al punto que han caído en el
olvido episodios tales como la masacre de Ludlow, cuando gente propia de
Rockefeller en 1913 mató a mujeres y niños por plegarse a una huelga de
El odio popular a los Robber Barons era en aquellas épocas enorme. Se trataba cada vez
más de una casta monopolista en sus diferentes actividades, de un verdadero
equipo que se ayudaba solidariamente entre sí, cuyos vástagos se casaban entre
sí a fin de que no se diseminaran las fortunas familiares. Si bien un siglo
antes Adam Smith había comenzado a idear la tesis del individualismo como base
de la competencia perfecta, quienes detentaban el poder económico en Estados
Unidos a fines del siglo XIX constituían en realidad una verdadera corporación.
Tan corporativo y concentrado era el poder económico que en 1890 el gobierno norteamericano
se vio en la obligación de dictar la llamada "Ley Sherman",
legislación anti-trust, que tardó 21 años en ser aplicada para el caso del
petróleo. Recién en 1911 se ordena la división de
En primer lugar, el clan Rockefeller recibió un
porcentaje de acciones de cada una; en segundo lugar, las particulares
condiciones de
Como estos fondos de inversión y pensión en muchos
casos son propiedad de los bancos de la élite norteamericana, o están
relacionados con ellos, ésta ha encontrado una "pócima mágica" no
sólo para seguir controlando lo que antes eran monopolios dirigidos de manera
unipersonal sino para ejercer su dominio sobre muchos otros sectores a los que
no hubiera podido acceder si no se hubiera dado esta singular forma de
estructura financiera que existe aún hoy en Wall Street.
Poseyendo el 5 o 10% de una empresa, y
administrando otra parte, aun cuando no sea de fondos propios sino con los ahorros
de la gente invertidos en bancos y fondos de pensión e inversión, se puede
controlar totalmente un mercado tan estratégico como el energético.
El caso del clan Rockefeller es quizás el principal
emblema, pero no el único. Durante buena parte del siglo XX, el monopolio
petrolero anglonorteamericano fue rebautizado como "The Seven Sisters" (Las Siete Hermanas). Pero el proceso de
gran concentración del capital vivido en la década del
Ello ocurre más visiblemente en los negocios de
banca y finanzas, petróleo y energía, laboratorios y salud, educación y universidades.
Todas estas ramas de la producción están relacionadas entre sí a través de los
clanes elitistas controlantes de los sectores en bloque. No se trata de un
esquema cerrado en sí mismo sino con derivados a otros sectores de la actividad
como, por ejemplo, la industria de armamentos. Debe tenerse en cuenta que en el
oligopolio mundial energético también tiene una vital influencia la empresa
Royal Dutch Shell, en parte propiedad de las coronas británica y holandesa, y
financiada en buena medida por la familia Rothschild, antigua financista
europea de varias coronas reales, sobre todo a la hora de financiar guerras. Se
caracterizaba por auxiliar financieramente a la vez, a los dos bandos.
1 La industria farmacéutica trabaja, tal como lo
hace la petroquímica, con derivados directos del petróleo. El crudo se solía
vender en pueblos y ciudades norteamericanos mezclado y enfrascado como
"remedio milagroso" para gran cantidad de males, como el cáncer,
antes de 1860. William Rockefeller, padre del fundador de
Según abundante información, esta misma familia
también es la prestamista original de los Rockefeller y de todo el desarrollo
petrolífero, ferroviario y bancario en Estados Unidos, a través de las familias
Morgan (banca y ferrocarriles), Harriman (ferrocarriles y altas finanzas) y
Rockefeller (petróleo y banca). Los ferrocarriles no eran un negocio de
transporte más en el siglo XIX. No había transporte aéreo, no existía el
transporte de carga por carreteras, no había red de autopistas. Tan sólo una de
las pocas empresas ferroviarias en Estados Unidos rivalizaba con el propio
gobierno federal en cantidad de obreros empleados.
Ello significa que haber controlado cuasi
monopólicamente ferrocarriles, petróleo y bancos implicaba controlar el real
poder en Estados Unidos. Resulta llamativo, entonces, que la familia
Rothschild, en la reciente biografía oficial escrita por Nial Ferguson en dos
tomos, en Oxford, intente mostrarse a sí misma como en decadencia desde mediados
del siglo XIX, precisamente por no haberse podido instalar como banca en
Estados Unidos, y perder el control de la situación cuando Nueva York comienza
a rivalizar con Londres como centro financiero mundial.
Ello se da de bruces con el control que dicho grupo
económico ejercía por medio de la financiación sobre los tres principales
negocios de Estados Unidos. Sin embargo, esa voluntad propia de aparecer cada
vez más en el anonimato va de la mano con el hecho de que el clan Rothschild
sólo presta en la actualidad su apellido a bancos de inversión singularmente
pequeños.
Energía y
Poder
Aunque existen algunas otras grandes empresas en el
mercado petrolífero mundial, generalmente se trata de compañías estatales de
países sin petróleo, como el caso de
Arabia Saudita posee más de un quinto de las
reservas mundiales de petróleo que quedan en el planeta. Actualmente, en el
mercado petrolífero mundial, las compañías estatales tienden a ir concentrando
una proporción cada vez más importante en las fases más primarias de la
producción, o sea, en la exploración, extracción y a veces refinación del
petróleo. Por su parte, las mega empresas privadas anglonorteamericanas quedan
con una proporción cada vez más importante en las etapas finales de la
producción (distribución y venta minorista). Si esta tendencia que se agudiza
al ritmo de la propia extinción del petróleo norteamericano y en aguas inglesas
siguiera, las empresas privadas anglonorteamericanas perderían una buena cuota
del poder real que les otorga el haberse constituido desde hace más de un siglo
como un verdadero monopolio en las sombras, dado que no contarían casi con
petróleo propio, sino que dependerían de la buena voluntad de empresas
petroleras estatales, reales dueñas de yacimientos.
Si nos detenemos a pensar un poco en este punto, se
observa que la decisión de ir a Irak e invadirlo contra viento y marea es una
decisión estratégica con miras a estar donde está el petróleo, a manejarlo y
extraerlo como si fuera propio, y a no depender de la buena voluntad de
empresas estatales y líderes nacionales. En suma, a la necesidad de conservar
el poder que otorga el tener como propias las escasas fuentes de energía no
renovables que hoy resultan fundamentales para la vida humana y, sobre todo,
para la vida urbana.
Controlar la energía es tener el poder. Si el más
importante recurso energético es escaso y no renovable, como el petróleo y el
gas, quienes manejen ese bien tienen el poder. Si las principales fuentes de
energía se basaran en recursos renovables —y hay que tener en cuenta que toda
la materia es fuente potencial de energía—, ningún minúsculo grupo podría tener
el poder, porque las decisiones humanas de consumo bien podrían independizarse
mucho más de la necesidad de trabajar. O sea, la necesidad de trabajar para
vivir en el mundo contemporáneo se debe, en muy buena medida, a que al ser el
petróleo un bien escaso, y por lo tanto oneroso, hace mucho más costosos los
bienes que consumimos usualmente.
¿Cuál es, entonces, a la luz de la guerra en Irak y
de la ocupación de Afganistán, la verdadera situación del mercado petrolero?
¿Es el petróleo abundante o escaso? ¿Urge su reemplazo o tenemos tiempo? En
Internet se puede acceder con facilidad al sitio oficial de
Hacia el 2002, quedaban reservas de petróleo compatibles
con el consumo actual mundial para 35 años. (Si bien al actual ritmo de
producción se podría extraer petróleo durante más de 80 años en Arabia Saudita
y durante más de 110 años en Irak, ambos países deberán multiplicar en el muy
corto plazo su producción para compensar la extinción de pozos petroleros en
Estados Unidos, Inglaterra, Rusia y México. De ahí que haya petróleo en el
mundo para sólo 35 años en los niveles actuales de consumo.)
Es necesario mencionar que, a esta altura, ya
prácticamente todo el planeta ha sido explorado, quedando algunas dudas aún
sobre el potencial que podrían tener un sector de la costa de Groenlandia, el
Congo y la cuenca del Níger (país al cual el presidente George W. Bush y
El 70% de todas las reservas mundiales de petróleo
se encuentra concentrado en el Golfo Pérsico; Arabia Saudita, Irak, Kuwait,
Emiratos Árabes Unidos e Irán. En el plazo de una década, más del 80% del
petróleo mundial estaría en esa región. Otro 10% del petróleo mundial también
se encuentra en países musulmanes como Libia, Nigeria e Indonesia. Hoy, el 80%
de petróleo del mundo está en manos musulmanas, y ese porcentaje tiende a subir
con el paso del tiempo. Dado que el petróleo comenzó a utilizarse como fuente
energética en Estados Unidos luego de
Muy cerca
del techo
Estados Unidos tocó el techo de su producción anual
de petróleo en el año 1970, con algo menos de 10 billones de barriles anuales
de crudo. Hoy apenas si puede producir 5 billones de barriles por año. Ello, a
pesar de que se ha incorporado la un tanto decepcionante —en cuanto a su
magnitud— cuenca petrolífera de Alaska al mercado. Todo esto al costo de
comenzar a generar un preocupante problema ambiental, y aunque se han
desarrollado y aplicado nuevas tecnologías extractivas, las que, por ejemplo,
introducen gas a presión en la roca de los yacimientos para virtualmente
"secar" las rocas de petróleo y aumentar la posibilidad extractiva de
pozos vecinos, incrementando de forma importarte el recupero de la inversión en
los pozos.
A pesar deque estas cifras indican una realidad
energética preocupante al menos dentro de los propios Estados Unidos, el
gobierno de George W. Bush muestra una gran lentitud en las tareas preliminares
previstas para licitar entre las universidades norteamericanas algunos fondos
para el estudio de tecnologías masivas qué reemplacen al petróleo. Esa pereza
se contrapone a la enorme rapidez con la cual el mismo gobierno decidió
efectuar la licitación de las obras petrolíferas por desarrollarse en Irak, que
ganó antes de la propia caída de Bagdad y Basora una filial de la empresa
Halliburton (Kellogg), la que fue hasta hace poco dirigida por el propio
vicepresidente norteamericano, Dick Cheney.
Desde ese año 1970, cuando Estados Unidos alcanzó
el denominado "techo de producción
anual", ésta no ha cesado de declinar, como lo indican las cifras
antes comentadas. El descenso ha sido particularmente mayor en los años '90 y
en el inicio de este siglo, ya que a lo largo de una década cayó casi 20%.
Hacia 1950, Estados Unidos producía prácticamente el 100% del petróleo que
consumía y era el primer productor mundial. Importaba algo de petróleo, pero
también exportaba. Hoy, Estados Unidos no llega a producir 45% del petróleo que
consume. Sigue siendo el primer consumidor mundial, con casi un cuarto del
consumo de todo el planeta. Se calcula que, al actual ritmo de producción, el
petróleo norteamericano se extinguirá en el año 2010.
Peor aún es la situación en Inglaterra: los pozos
descubiertos en el Mar del Norte, cuya propiedad comparten Inglaterra y
Noruega, sobre los que se llegó a pensar en su momento que eran mucho más
grandes, han resultado menos abundantes que lo previsto, y se calcula que
Inglaterra se quedará sin petróleo aproximadamente en el año 2006. Fuera de los
países musulmanes, el petróleo es aún abundante sólo en Venezuela (recordar el
intento de golpe contra Chávez efectuado por sectores empresariales muy
relacionados con el establishment petrolero de Estados Unidos y
Desde mediados de la próxima década, el petróleo
estará entonces tan concentrado en tan pocas manos, y tan escaso resultará en
Estados Unidos, que ello puede ayudar a explicar la verdadera naturaleza de las
guerras que hemos visto en el siglo XXI. La decisión hasta el momento ha sido
no sólo ir tras el petróleo, sino también seguir férreamente con la tecnología
de
ese combustible. Hemos mencionado que las cifras
oficiales indican que hay reservas mundiales para 35 años. Ello puede generar
una falsa idea: que hay por lo menos tres décadas de tiempo antes de que se
produzca una grave crisis energética; que todo es cuestión de encontrar métodos
pacíficos de solución a los conflictos, de manera tal que el comercio de
petróleo del Golfo Pérsico a Occidente y Japón se realice en forma fluida
evitándose las fricciones que hubo con los talibanes (Afganistán, por su
particular enclave, es importante para el paso de gasoductos) y con Irak.
De esa manera, si nos guiamos por las cifras
oficiales de
Pero lamentablemente estaríamos frente a un
espejismo, mucho más grande aún que los que se suelen padecer en los desiertos bajo
los cuales se encuentra el petróleo. Ocurre que el petróleo no es como el agua
o el aire, ni como el dinero. No se puede extraer al ritmo que se desea ni se
encuentra en forma uniforme ni es siempre de la misma calidad. Por empezar, en
las reservas suelen figurar petróleos especialmente pesados, que suelen ser de
mucho más bajo valor energético y caros de procesar, petróleo que aún hoy no se
sabe procesar bien por su bajo valor energético y económico. Hay incluso tipos
de petróleo que aún hoy no poseen valor económico, y otros ubicados en zonas de
muy difícil acceso, cuya explotación seria tan cara que sólo tendría sentido
con un precio mundial del crudo compatible con cerca de 80 dólares el barril a
valores del presente, actualizados por la tasa de inflación en Estados Unidos,
al que se llegó durante la segunda crisis petrolera mundial a raíz del
conflicto entre Estados Unidos e Irán en 1979.
Esto implica que un porcentaje indeterminado pero
apreciable de las cifras oficiales es petróleo que está en las estadísticas
pero no en la realidad. En segundo lugar, y en forma aún mucho más importante,
hay que tener en cuenta que el petróleo no va a empezar a faltar desde el año
en que teóricamente se extinga (alrededor del 2035 - 2040), sino desde cuando
se alcance lo que se denomina "techo mundial de producción". El
"techo mundial de producción" es la
máxima cantidad posible de petróleo que se puede
producir en un año y depende de las características geológicas de los pozos,
del tipo de crudo, de la tecnología extractiva que se use. etc.,etc.
En el mundo, todavía nos encontramos en la fase
ascendente de producción mundial del crudo. Medir su disponibilidad por la
cantidad de años de reservas existentes implicaría aplicar un
cálculo lineal de posibilidades de extracción. O
sea, significa pensar que todos los años se puede extraer la misma cantidad y
un poco más. La realidad es diferente. Existe primero un período ascendente, de
producción año tras año superior, causado por el hecho de que van entrando al
circuito productivo más yacimientos que los que se van "secando."
Luego se alcanza el "techo mundial de producción", y ésta se estanca
cerca de esa cifra durante un período breve de algunos años. Finalmente,
comienza un período de producción declinante año tras año, originado por el
hecho de que ya no pueden agregarse a la producción nuevos yacimientos al mismo
ritmo al cual van saliendo de circulación y agotándose muchos de ellos, ya
secos.
Hoy el planeta ha ingresado en la última parte de
la curva ascendente del ciclo de producción del petróleo. Al "techo
mundial de producción" aún no se ha llegado. Cuánto falta para alcanzarlo
es un dato clave para la economía del mundo entero. El "techo de
producción" sí ha sido alcanzado, por ejemplo, en países como en Estados
Unidos. Hemos mencionado que el "techo de producción norteamericano"
se tocó en el año 1970, y debe recordarse muy especialmente que en 1973 se
produjo una de las dos crisis energéticas mundiales más graves de que se tengan
noticias, cuando la historia oficial indica que Arabia Saudita produjo un
embargo petrolero a los países occidentales que ayudaron a Israel a ganarla
guerra de ese año. En aquellos años '70 eran frecuentes las colas en las
estaciones de servicio, el racionamiento de combustibles y la inflación
descontrolada en muchos países a consecuencia de las subas de precios de los
hidrocarburos evidenciadas en todo el mundo como consecuencia de la
desaceleración inevitable que se produjo en la producción de crudo
norteamericana, factor que en realidad jugó un papel preponderante en la
triplicación de los precios del crudo a inicios de los años '70.
A partir del momento en que se toque el "techo
de producción" mundial, se va a evidenciar una serie consecutiva de
bruscas escaseces de petróleo. El mundo habrá alcanzado su máximo ritmo de
producción mundial, a partir de cuyo momento, año tras año, habrá cada vez
menos petróleo disponible para alimentar a cada vez más habitantes de
a) una importante reducción en la
tasa decrecimiento demográfica a escala global y presumiblemente una
declinación de la cantidad de habitantes en
b) una muy profunda recesión a
escala global que produzca una reducción apreciable en el nivel de vida de la
población global como promedio;
c) el abandono gradual pero
acelerado de la tecnología del petróleo. En términos económicos, esa serie de
crisis internacionales se verificaría mediante subas bruscas e imprevistas en
la cotización del petróleo y/o con la aparición de nuevas guerras, que sólo
alguien muy ingenuo puede creer que casualmente se sitúen cerca de donde
existen grandes yacimientos de hidrocarburos, o en las zonas de su paso. Para
dar una idea de la magnitud del problema frente al cual estamos, es necesario
mencionar que hoy en día más de 85% de toda la energía mundial proviene de
hidrocarburos fósiles. Sólo 7% tiene su origen en la energía hidroeléctrica, y
en porcentajes menores aún las demás fuentes. Esto implica que no va a ser
posible reemplazar los hidrocarburos fósiles con fuentes energéticas hoy
existentes, sino que se deberá generar una tecnología alternativa.
Otro espejismo que suele aparecer comúnmente es el
relativo a la posibilidad de utilizar carbón como recurso energético
reemplazando al petróleo y al gas natural. El carbón es bastante más abundante
que ambos. Estados Unidos posee carbón para 300 años en su actual nivel de consumo.
En el mundo, cifras comparables pueden obtenerse para muchos países. Sin embargo,
si el consumo de carbón se acelerara para reemplazar al gas y al petróleo, la
cantidad de reservas se reduciría dramáticamente.
Rifkin calcula que con tan sólo un crecimiento
anual de 4% en el consumo anual de carbón, las reservas norteamericanas sólo
alcanzarían para 65 años. Además, el carbón posee muchos inconvenientes: no es
fácil extraer de él combustibles líquidos, y es muy costoso. Por lo tanto, no
es un sustituto apto del petróleo y del gas natural. Adicionalmente, hay que
tener en cuenta que el carbón es un hidrocarburo "sucio", muy
contaminante, difícil de cargar y transportar.
Pues bien entonces, lo importante, lo central, es
determinar cuál será el año en el que se produzca el "techo mundial de
producción". A partir de ese momento, despertaremos del largo sueño que
hemos venido viviendo y nos daremos cuenta de que la energía es un bien mucho
más escaso que el espejismo de abundancia que hoy nos parece, además de que
comenzarán a cobrar otro significado las guerras del siglo XXI. Una buena
cantidad de los porqués a brutales episodios hoy incomprensibles para muchos
adquirirá su verdadera perspectiva si no comienza a acelerarse el cambio
tecnológico, cosa que va precisamente en dirección opuesta a los intereses del
oligopolio petrolero mundial. Si se encuentra un recurso energético renovable y
barato para reemplazar al petróleo, los enormes pulpos petroleros enfrentarían
una extinción muy acelerada.
El "techo mundial de producción" es,
entonces, el dato crucial que es necesario tener en el análisis porque marca el
límite entre una producción en alza y una que comienza a ser declinante. La
cantidad de años de reservas, que hemos dicho que son 35, parte del supuesto de
que se puede producir petróleo en forma constante, y ya hemos explicado que no
es así. La determinación de ese año es un cálculo que sólo los geólogos pueden
efectuar basándose en sus estudios sobre los pozos en todo el planeta. Los
geólogos están divididos entre "optimistas" y "pesimistas".
En el caso de lo evidenciado ya en Estados Unidos en 1970, la batalla la
ganaron los "pesimistas". Peor aún, triunfó el más pesimista, dado
que el consenso hablaba de una imposibilidad de que la producción tocara su
techo en 1970, cosa que ocurrió y generó una gran crisis sólo tres años más
tarde. En el caso del mundo, los "optimistas" esperan que el
"techo mundial de producción" sea alcanzado entre el 2014 y el 2018.
En ningún caso esperan que se alcance después del año 2020. Los "pesimistas"
esperan que el "techo mundial de producción" se alcance hacia el año
2010 y algunos de ellos esperan que ello ocurra en el 2004.
Una buena parte de la aparente aceleración que ha
tenido la historia en el comienzo de este milenio, con la aparición de sucesos
inéditos anteriormente, se debe precisamente a los datos anteriores. Ocurre que
en los años '90 comenzó a hacerse evidente que parte de las reservas oficiales
de petróleo que quedaban en los estados de la ex URSS y los países árabes en
general estaban sobredimensionadas en las estadísticas, probablemente ex
profeso, dado que los pozos petrolíferos servían como garantía para préstamos
bancarios, lo que en algunos casos motivó una intención de "inflar"
artificialmente el contenido de los yacimientos. Es como si hubiéramos subido
la ladera de una montaña empinada, en forma esforzada, sólo para caer en la
cuenta, una vez en la cima, de que la ladera que habrá que transitar de aquí en
más, hacia abajo, es mucho más empinada, y por lo tanto riesgosa, de lo que se
pensó.
Mirando para
otro lado
A partir de estos cálculos surgen varios
interrogantes. El primero de ellos es por qué el gobierno norteamericano no
aconseja a su poblador ahorrar el máximo posible de petróleo. Cuando en el año
1973 se produjo la crisis petrolera, en buena medida gestada por las empresas
multinacionales estadounidenses y británicas, de la que luego se acusó sólo a
los países árabes, el
gobierno de Nixon aconsejaba en los medios de
comunicación el ahorro de combustibles. Se trataba sólo de una crisis
temporaria hasta que técnicamente fluyera mayor cantidad de petróleo del Golfo
Pérsico, para reemplazar el que comenzaba a escasear en Estados Unidos y, aunque
la solución era sólo una cuestión de tiempo, el gobierno cumplía con el deber
de guiar a la población en lo que parecía ser una necesidad perentoria: ahorrar
energía.
Hoy, en cambio, tras la invasión al segundo país
con más reservas de petróleo del mundo: Irak, y con el planeta ya muy cerca de
su límite de capacidad productiva de petróleo, ninguna voz del gobierno
norteamericano se alza para aconsejar el ahorro de energía. Mucho más llamativo
resulta esto si se tiene en cuenta que el actual gobierno estadounidense ha
sido prácticamente copado por la industria petrolera. El presidente George W.
Bush dirigió o formó varias empresas: Arbusto Energy, Bush Energy, Spectrum 7,
Harken. Su padre fue cofundador de la polémica empresa Zapata Oil, luego
dividida en Zapata Oil y Zapata Offshore ([2]).
La máxima asesora en materia de seguridad del
gobierno de Bush, Condoleezza Rice, jefa del National Security Council (NSC),
también proviene de la industria petrolera, más específicamente de Chevron. El
caso del actual vicepresidente y ex ministro de Defensa del padre de Bush, Dick
Cheney, es todavía más llamativo. Durante los '90 dirigió la empresa
Halliburton, principal proveedora mundial de insumos al sector petrolero. Hizo
jugosos negocios vendiendo abundante material por miles de millones de dólares
a Saddam Hussein para que éste se preparara en su afán de triplicar la oferta
de crudo iraquí. El problema que luego se suscitó es que Saddam Hussein decidió
excluir a las empresas norteamericanas y británicas del proceso de concesión de
los pozos iraquíes, basando su estrategia en contratar sobre todo petroleras
estatales de Europa continental. Si Saddam hubiese logrado ese objetivo, dado
que el petróleo se está agotando en Estados Unidos y en Inglaterra en forma
simultánea, la declinación en el volumen de negocios de las petroleras
anglosajonas las hubiera condenado a un brutal achique. Habría un mayor dominio
del mercado por parte de las empresas estatales de petróleo.
De todas formas, no puede pensarse que el
establishment petrolero norteamericano haya sido tomado por sorpresa por la
estrategia de Saddam Hussein, dado que la invasión a Irak comenzó a planearse a
más tardar en
Esto hace pensar que el establishment petrolero norteamericano
le vendía material petrolero a Saddam con objeto de que se fuera construyendo
infraestructura a fin de aumentar la producción, al mismo tiempo que
planificaba su futuro derrocamiento. Cabe recordar que mientras esto ocurría,
los medios de comunicación difundían la noticia de que el jefe de inspectores
de armas, en aquel entonces en Irak, Scott Ritter, declaraba que el régimen de
Hussein no sólo no tenía armas de destrucción masiva sino que no estaba
siquiera en condiciones de generarlas.
No sólo las guerras en el Golfo Pérsico han sido
inducidas por motivos energéticos. La historia política y económica del mundo
de los últimos cincuenta años gira en torno a este tema. La bonanza económica y
el alto crecimiento de los años '60 se explican por el bajísimo precio del
barril de los países árabes (entre 1,5 y 3 dólares por unidad de crudo). Los
agudos procesos están flacionarios (recesión con inflación) de los años '70 se
debieron al comienzo de la declinación en la producción norteamericana de combustibles,
a la escasez de energía —para muchos, como Antony Sutton, creada bastante
artificialmente en 1973— y al afán de las grandes empresas petroleras de
incrementar sus ganancias, cosa que ocurrió mediante las dos crisis petroleras
de los años 1973 y 1979. En este último año, el barril llegó a valer casi 80
dólares a valores actualizados. Los años de "vacas gordas" para las
petroleras y "vacas flacas" para la gente fueron generando un
problema: los países árabes se fueron enriqueciendo de una manera que algunos
en Occidente comenzaban a considerar peligrosa. Los petrodólares empezaban a
inundar los mercados financieros. Arabia Saudita se daba el lujo de ser el
segundo mayor accionista del Fondo Monetario Internacional, y el Islam
amenazaba con transformarse en un polo propio de poder cuyo epicentro bien
podría haberse situado en Bagdad, por una confluencia de factores. No debe
extrañar, entonces, que durante los años '80, en la era Reagan Bush, el precio
del barril declinara a niveles anteriores a la segunda crisis petrolera.
Esto produjo durante buena parte de los años '80 y
'90 otro periodo de aceptable crecimiento mundial, bajas tasas de inflación y
facilitó el progreso de la globalización, al mismo tiempo que quitó al Islam —y
sobre todo también a la ex URSS, cuyo principal producto de exportación era el
petróleo —[3])
la posibilidad de constituirse en un polo propio de poder. Claro que el
problema es que esto se logró consumiendo petróleo a un ritmo mayor de aquel
con que se realizaban nuevos descubrimientos. Todas las crisis energéticas de
las cuales el mundo fue testigo se resolvieron de una única manera: aumentando
la producción de combustibles fósiles. Esto es lo que ya no será posible desde
algún momento de los próximos diez años, cuando se alcance el "techo
mundial de producción".
El gobierno estadounidense no puede desconocer,
entonces, la crítica situación del mercado energético, que lo ha llevado
incluso a invadir países en forma acelerada. Si sus intenciones son altruistas,
no se entiende por qué no existe ya una campaña para el ahorro de combustible
hasta encontrar un sustituto del petróleo, sí es que éste no existe ya.
¿Un Mundo
Feliz?
La energía es, entonces, el principal limitante a
la globalización que, por otra parte, el propio establishment norteamericano
propugna como remedio para todos los males sociales y económicos del planeta.
Los problemas van a ser muy serios: China, que viene creciendo notablemente,
incorporando mensualmente millones y millones de trabajadores a su oferta laboral
merced a las exportaciones que viene realizando a Occidente, muy probablemente
encontrará que no le resultará posible mejorar la calidad de vida de sus
habitantes con el ahorro que significa el trabajo acumulado de centenas de
millones de chinos, quienes durante años produjeron y vendieron al exterior
privándose de consumir.
La masa de ahorro acumulado en el Banco Central
chino, que supera los US$ 350 mil millones, y que sigue creciendo, no podrá
destinarse a mejorar la calidad de vida de los habitantes de esa nación porque
la restricción energética que se nos viene en forma acelerada comenzará a
operar como un serio limitante a la tasa de crecimiento global en poco tiempo
más. Una elevación importante del nivel de vida de la población china es sólo una
quimera si se continúa con la tecnología del petróleo. Se calcula que, si el
gobierno chino decidiera brindara sus habitantes un nivel de vida similar al
del americano promedio, el consumo de petróleo mundial
aumentaría 50% de un año a otro, con lo que la
crisis sería... ayer. Japón, que en recesión ya lleva unos quince años, y con
un aumento del desempleo que los cálculos estatales han subestimado, no podría
recuperarse demasiado en un horizonte visible y mucho menos de forma sostenida,
dado que las presentes condiciones del mercado energético mundial así lo impondrían.
Por lo tanto, Japón seguiría en el mediano plazo generando nuevos desempleados,
En cuanto a Europa, lejos de pensar en la posibilidad de reducir tasas de
desempleo, en algunos casos superiores a 10%, debería conformarse, en el mejor
de los casos, con mantener estos niveles y crecer lo que se pueda, sí es que se
puede.
Frente a este panorama, esa actitud invasiva hacia
los países que tienen petróleo, y a la vez despreocupada de reducir los niveles
de consumo excesivo, por parte del gobierno que encabeza Bush, puede abrir todo
tipo de dudas y presunciones acerca de qué intenciones hay detrás de su
accionar y de su discurso, que no van por el mismo carril. Es necesario pensar
que la serie de crisis que han vívido muchos países en vías de desarrollo en
los años '90 —México, sudeste asiático) Corea del Sur, Brasil, Turquía y
Más aún, es posible que la élite banquera petrolera
intente, a fin de continuar con la tecnología energética que le permite
concentrar el poder, resolver el problema induciendo una baja en el consumo de
energía per cápita. Ello se lograría, en el caso de países del tercer Mundo,
con cada crisis económica o financiera que sobreviene en alguno de sus miembros
más importantes. incluso esta baja en el consumo per cápita de energía sería
aún mas pronunciada si incluso vastas áreas del Primer Mundo las padecieran
(ejemplo, la prolongada crisis económica japonesa), a fin de acomodar la
demanda de petróleo al declinante período productivo del mismo que en breve
sobrevendría en el planeta.
Si se lo mira desde esta perspectiva, los supuestos
"errores" de apreciación del Fondo Monetario Internacional, que
contribuyeron a que se gesten y perduren muchas de las crisis de los últimos
años, en realidad no fueron tales, sino que han sido funcionales a esta
necesidad de reducir el consumo de energía per cápita, que bajo determinadas
condiciones puede convertirse directamente en una necesidad de ir comenzando a
reducir la
cantidad de "cápitas".
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[1] (1)
Algo similar ocurrió con Telefónica de España. Las acciones vendidas en
[2] Zapata
Offshore, empresa presuntamente relacionada en forma directa con la operación
frustrada de invasión a Cuba de inicios de los '60, conocida como Bahía de los
Cochinos, y cuyo nombre de código interno de
[3] EEUU
logró a principios de los años '80, merced a un acuerdo secreto con Arabia
Saudita, que dicho país exportar a mayores cantidades de petróleo que las
necesarias para el consumo. El objetivo era derrumbar el precio del barril, no
sólo para facilitar una reactivación en EEUU., sino también para dificultar el
acceso a las divisas por parte de