Soberanos e intervenidos

 

Juan E. Garcés

Resumen de la obra

 

 

Introducción del autor

 

Los Estados -comienza explicando Garcés- se forman, existen y perecen. Son procesos que vienen complejamente determinados por hechos y circunstancias diversas, pero que tienen un factor común: la constante de enfrentamiento entre las propias fuerzas conservadoras, empeñadas en mantener la hegemonía del poder, y entre éstas y las fuerzas productivas emergentes desarrolladas, tanto por la aplicación factores de progreso en el proceso productivo, como -y es cuando más se manifiesta su presencia- por la penetración entre ellas de propósitos liberadores de la explotación de que son objeto. En esos procesos siempre aparece claramente definida la postura conservadora, poderosamente influyente en el pasado y todavía en el presente.

 

1918, 15 de noviembre: Alfonso XIII convoca al líder de la burguesía catalana, Francesc Cambó (Liga Catalana), para decirle:

 

El ejército alemán está en plena derrota, los socialistas han tomado el poder en Berlín; Viena está insubordinada y la Suiza alemana sublevada (...) Temo un estallido revolucionario en Cataluña; que los obreros se unan a los soldados (...) no veo otra manera de salvar tan difícil situación que satisfacer de un golpe las aspiraciones de Cataluña, para que los catalanes dejen de sentirse en este momento revolucionarios y mantenga su adhesión a la Monarquía. Hay que dar la autonomía a Cataluña (...) provocar un movimiento que distraiga a las masas de cualquier propósito revolucionario.

 

El embajador británico, al tanto de todo, habla de

 

"quitar la mancha que pusieron los ministros de Ana al traicionar Cataluña en 1714 (...) diga a los catalanes que Inglaterra no consentirá atropellos si reclaman su autonomía; ellos han estado con los aliados en la guerra y el resto de España con Alemania (F. Cambó, Memorias, Alianza, 1987).

 

Entonces, los proyectos políticos de socialistas y conservadores eran autónomos de los partidos conservadores. De todos modos, dos meses después, seguro el Monarca de que la revolución europea no alcanzaba a España, saboteó el proyecto de Estatuto catalán.

 

Cincuenta y ocho años después, en 1977, la "Operación Tarradellas" (éste ya se había comprometido un año antes a "acatar públicamente al Rey, la unidad de España, respetar al Ejército (...) y no ser federalista" y estaban de acuerdo el PSOE, PSUC y ER): "Propuse -dice Tarradellas- a fin de dar un sentido al movimiento en Cataluña y conservar su control, elaborar el Estatuto de Cataluña (...) en nombre del principio de autodeterminación (...). Cambó, deduce que ¡se presentara al Parlamento español para que fuera sancionado!, que "la música era revolucionaria pero la letra, era conservadora". Un lustro después, el PSUC se desintegraba y Tarradellas era agraciado con el título de Marqués.

 

Garcés señala la relación de estos hechos con las operaciones para mantener intervenida España más allá del régimen de dictadura. Inglaterra tenía puestas sus miras.

 

Vueltos a situar en 1974, la atención estaba centrada en Portugal, integrada en la OTAN, que acababa de salir de la más larga dictadura europea. Entonces, se organiza en París (Suresnes), con financiación alemana (dilatada a posteriori), aprobación de Washington y conocimiento de los servicios secretos de Franco, un cónclave de jóvenes socialistas (objetivo: hacer la revolución burguesa).

 

Parecía pensado para "conducir la post-dictadura española hacia los puertos señalados desde los propios poderes intervencionistas". Deduce Garcés que predomina la idea de

 

"poner a nuestros pueblos bajo la protección de las Potencias hegemónicas (una prolongación del poder imperial), disuadir a la sociedad de la necesidad de un Estado democrático recuperador de la soberanía interna y externa (...) ¿Les marca como destino -se pregunta Garcés- la imposibilidad de construir un Estado democrático? (...) La subordinación puede ser necesaria para sectores locales con status y poder vacilante, pero con ello activan fuerzas de desintegración del propio Estado. Mayores aún si éste es plurinacional".

 

Resalta Garcés la preocupación por el famoso divide et impera:

 

"Toda Potencia imperial que haya pretendido dominar ha buscado crear Estados divididos allí donde existía una sola comunidad nacional". Y cita casos: Panamá con respecto a Colombia, la inhumanidad impuesta a los pueblos de Yugoslavia, etc. Nos recuerda que en la ONU están reconocidos más de cuarenta Estados con una población inferior a la de la sola ciudad de Valencia. Mientras más de un tercio del intercambio comercial mundial se realiza directamente entre las solas empresas multinacionales", así, ciertamente, las organizaciones administrativas de la mayor parte de los Estados son "susceptibles de subordinación y manipulación".

 

Sin embargo, claro está,

 

"a diferencia de los gobiernos, las grandes corporaciones multinacionales no están sometidas a responsabilidades políticas democráticas, ni incluso a los vaivenes de la opinión pública. En cambio sí pueden someter a los mercados y finanzas de gobiernos y Estados. Cuentan con agentes en los altos puesto de las Administraciones, en los medios de comunicación y en las agencias donde nace la información".

 

Rechazan toda organización que las controle. No quieren ni oír hablar de participación de los trabajadores. Desean a los Estados débiles, pasivos, lo menos participativos de sus ciudadanos. Si algún gobierno se rebela en los ámbitos controlados, las fuerzas del llamado mercado libre movilizan contra el rebelde la secuencia conocida de intervenciones encubiertas o preventivas, bloqueos financieros, represiones, militarización, dictaduras, guerras internas o externas". No obstante el dominio que ejercen sobre esos procesos, el sistema cruje por doquier, desastres humanos y ecológicos se suceden.

 

Garcés apuesta por una economía planificada en un orden Planetario, una Confederación de Estados inspirada en principios jurídicos democráticamente gestados e igualitarios en su aplicación. Observa el brutal contraste de su idea en las relaciones internacionales con principios basados en un derecho equivalente a la fuerza de que dispone el más fuerte.

 

Refiere su opinión a la forma en que España, Portugal e Hispanoamérica, fueron adaptadas a las necesidades genéricas de los centros neurálgicos de la Coalición de la Guerra Fría, sin que terminadas las dictaduras hayan visto recuperadas las funciones económicas de un Estado democrático y participativo. Las multinacionales desmantelan fábricas y sus obedientes gobiernos desmantelan medios de producción de su propiedad, permitiendo el control en España de más del 70% del sector alimentario

 

La nota predominante son las privatizaciones, el fin de las actividades sindicales, sociales e incluso municipales, abandono de las funciones ideológicas, entrega al capital privado de medios informativos antes de titularidad pública, con renuncia expresa del gobierno de Felipe González de entregarlos a colectivos sociales, universidades, sindicatos, etc...

 

En este sentido no se hizo excepción con la defensa nacional, "subordinada a la estrategia del líder de la Coalición de la Guerra Fría. Incluso la política exterior se sometió a las directrices de la Coalición, al igual que las funciones administrativas y represivas, que siguieron dependiendo de opciones decididas en órganos de dirección nacidos de la Guerra Fría, que decidieron a quienes debemos considerar amigo o adversario social, político o económico.

 

Quiere decirse, que todo el proceso económico queda en dependencia de decisiones externas. Lo decía a su manera Jacques Delors al afirmar que “el futuro de España es ser la Andalucía de Europa”.

 

Garcés piensa que la comunidad nacional debería rechazar ser sometida a las consecuencias de semejantes políticas. Espera que los gobiernos que son delegados de Poderes externos que nada tienen que ver con la expresión de las libertades e identidad cultural de los ciudadanos, se conviertan en blanco de la ira popular.

 

Intervención sí o no

 

Londres 1936: "es la convicción del embajador británico en España que la estabilidad del régimen de Franco es la mejor garantía para la neutralidad española, e insiste en que a la inteligencia británica se le deben poner las riendas tensas para que no se involucren con las fuerzas contrarias a Franco"... La única hipótesis para "ayudar a las fuerzas antifranquistas españolas" era "el supuesto de una invasión alemana"

 

Una anécdota histórica puede simbolizar esta intervención indirecta en asuntos internos: mayo de 1979, vigente ya la Constitución española, Felipe González abría su informe escrito al Congreso del PSOE, afirmando categóricamente que la democracia en España era ya una realidad consolidada, y recababa su parte de mérito en ello. Horas después, la mayoría de los mil delegados presentes votaron una moción discrepante con la línea política de González, quien se negó a formar parte de una Comisión que respondiera a la resolución congresual.

 

Enrique Tierno Galván subió a la tribuna a explicar a los delegados por qué debían renunciar a darse una dirección no respaldada por González: "mañana mismo los alemanes cortan la financiación al partido y en unos días más los tanques ocupan las calles de Madrid". El Congreso se levantó sin elegir una dirección. Acto seguido, González y su equipo suprimieron los controles democráticos internos, garantizándose de este modo, un apoyo del 100% de los sufragios.

 

Nos dice Garcés: "La corrupción reemplaza a la ideología. Las formas mudan, el sistema permanece.”

 

16 de junio de 1987. Un periodista pregunta al general Díaz Losada, gobernador militar de San Sebastián, si el Ejército se sublevaría "contra un Gobierno que decidiera otorgar a una región un nivel de autonomía, de autogobierno, en la que pudiéramos estar hablando de autodeterminación". Éste contesta: "Si se acepta por parte de las instituciones de la Nación, habría que respetarlo (...)". El periodista precisó: "¿incluso habría que respetar una independencia o la creación de un Estado federal?". El General continuó: "Si las instituciones del Estado lo aceptan, habría que respetarlo". Al día siguiente, Narcís Serra, ministro de Defensa de González, cesa al general Díaz Losada".

 

Aquí, Garcés, no solo denuncia los perjuicios de la atomización de los Estados, sino que pone el dedo en la llaga de los procesos contrarios a la profundización democrática.

 

Termina su introducción, situando al lector ante lo que con más fuerza va a desarrollar a lo largo de su libro, la forma en que "la vida de nuestras generaciones ha transcurrido en paralelo a la llamada Guerra Fría", la tercera de las guerras intra-europeas del siglo XX. Las tres han sido ganadas por la coalición que pudo movilizar en su apoyo los recursos económico-militares del Nuevo Mundo. A la postre, EEUU ha contribuido a liquidar sucesivamente a todas y cada una de las Grandes Potencias de comienzos de siglo. (...) El lector interesado por conceptos cuya vigencia mantiene al Mundo en estado de guerra encontrará -nos dice- una reflexión sobre su génesis y proyección teórica y práctica, en la segunda parte del libro".

 

Sobre el proceso español: "Alemania absorbió a España en su zona de influencia en 1939". Inglaterra al declarar la guerra a Alemania el 3/9/39 no puso en cuestión la suerte de España, Austria y Checoslovaquia, sino su ampliación a Polonia. Dio un vuelco pensando recuperar su control sobre España, a partir de junio de 1940, con la caída de Francia, después de Dinamarca, Noruega, Bélgica y Holanda.

 

Garcés copia del diario de José María Gil-Robles lo siguiente fechado el 3 de octubre del 42: resumimos: "(...) celebro una entrevista con el embajador y el agregado naval británico en España y Sainz Rodríguez. El embajador expone que "no sería extraño que Hitler dirija un ultimátum a Franco para establecer bases aéreas en la zona del Estrecho para impedir el abastecimiento de Malta. Si Franco accediese, Inglaterra lo consideraría casus belli. Un gobierno que apareciese integrado por fuerzas conservadoras y de sentido nacional protestando contra la invasión, sería reconocido por los Aliados, salvaría la posición de España en el orden internacional (...) Inglaterra ve con los mejores ojos la restauración de la monarquía en España."

 

Queda claro que Londres no cuestionaba la dictadura, ni la sublevación del 36 contra el gobierno constitucional. La propuesta de reconocer bajo protección militar anglosajona un Gobierno en el exilio tenía un carácter que lo condicionaba. Lo diría después, el 4 de enero de 1943, el agregado naval a Gil-Robles: "Inglaterra no desea una vuelta de las izquierdas". La preocupación la compartía el comandante B. H. Wyatt, el Boards of Analysis de los servicios secretos de EEUU, había estimado meses antes (31 marzo 42) que un "80% de la población española podría sin lugar a dudas ser calificada de roja".

 

La posición de Franco a últimos del 42 y primeros del 43 estaba decidida: " -dijo Franco al general F. Franco Salgado-Araujo- que Inglaterra está preparada para ocupar nuestras islas... En este caso atacaríamos Gibraltar y daríamos paso libre a las fuerzas alemanas para que ocupasen la zona del protectorado francés de Marruecos".

 

Los analistas norteamericanos en 1942 observaban cómo los ingleses pudieron mantener a Portugal separada de España y supeditada a Gran Bretaña, y cómo el intento británico de apoyar una Cataluña libre (a partir del siglo XVIII) nunca había tenido éxito. Les preocupaba una cosa: "El nacionalismo español expresado en el concepto de Hispanidad, es una amenaza potencial a los intereses norteamericanos en Hispanoamérica".

 

Un informe firmado el 17 de abril de 1942, microfilmado por el director del OSS (Office of Strategic Services) después de que Truman ordenase disolver la organización, delata los operativos que una Potencia moviliza para dirigir a otro Estado cuyos mecanismos de decisión están fuera de todo control democrático interno. Puntualizaba el informe la razón de no dejar copia debido a que "la naturaleza de esta comunicación requiere el más extremado secreto". Se refería al complot que se estaba urdiendo, que "no podía ser subvalorado cuando la base de Gibraltar está a merced de los cañones españoles, y que si pasará algo en Suez, la Gran Bretaña necesitaría ser apoyada plenamente en España para mantener a este país no beligerante".

 

El modo: comprar generales españoles en posiciones de mando, utilizando los servicios de Juan March, que vehiculizó la financiación de la insurrección contra el Gobierno constitucional español en 1936. Se trataba de "generar en los círculos del Ejército una actitud hostil a la entrada de España en la guerra, sobornando a los generales con dinero. J. March debía invocar motivos de alto patriotismo, aparentando que arriesgaba dinero propio y disimulando cuidadosamente las huellas de Gran Bretaña, presentando la iniciativa como financiada por bancos e inversores españoles, con el único objeto de ahorrar a España los horrores de otra guerra. El soborno a mandos del Ejército costó al gobierno británico, en enero de 1943 el equivalente a 17.310 millones de Ptas.

 

Alrededor de treinta generales llegarían a saber el respaldo de esa suma para comprarlos, pero que estaba subordinada a una condición. Del dinero se mostraba la señal de su existencia. Se convino un acuerdo de seis meses de duración, que vencía en mayo de 1941, para que los generales insistieran en mantener la neutralidad de España durante ese período. El enlace del gobierno británico entregaría la recompensa una vez demostrado el cumplimiento del trato. La moneda fue deposita en Nueva York. Los generales podían retirar pequeñas sumas a descontar de sus montos. Distinguían al general Aranda el famoso defensor de Oviedo, "se esperaba que éste se hiciese cargo de las Fuerzas Armadas cuando la Falange fuese derrotada. El plan era derrocar al Gobierno de mayoría falangista existente en 1940-42.

 

Llegado el vencimiento del acuerdo -mayo de 1941- sin liquidar lo estipulado, se condiciono prolongarlo otros seis meses "y un millón más de dólares fue agregado para cubrir la participación de nuevos miembros". Vencido el segundo plazo, fue de nuevo ampliado en otros seis meses -hasta julio de 1942. Previo incremento de dos millones más de dólares (13 millones ya en total). Para es a fecha ya se sabía que Varela, Orgaz, Saliquet, Dávila, Ponte y Kindelán habían manifestado a Franco que España no debería entrar en guerra con Gran Bretaña.

 

Pero el Ministerio de Hacienda de Estados Unidos decidió congelar las cuentas de los beligerantes. Después de muchas dificultades, el gobierno británico logró del norteamericano poder transferir dichos fondos a una Sociedad Anónima en Suiza. March, de intermediario y con su parte, se encargó (¿lo hizo igual al financiar la insurrección de 1936?) de mantener el control británico sobre los generales durante largo tiempo. Distribuía los fondos en títulos o acciones, apenas algunas pesetas para "gastos corrientes y especiales".

 

Curiosamente, el 25 de marzo de 1943, los servicios secretos de EEUU reafirmaban su confianza en la dictadura de Franco, recomendando su admisión en la Coalición liderada por EEUU. Pensaban en el temor de Franco a que los generales, con el apoyo de la Iglesia, pudieran derrocarle. Confiaban en que el Ejército y la Iglesia estaban dispuestos a favorecer un régimen conservador. Eran conscientes de la baza que jugaban respaldando a Franco, símbolo de la negación de los valores democráticos que amalgamaban la ideología de la Coalición contra Alemania. Es más, en los análisis militares del RU y EEUU se abría la perspectiva de contar con Franco contra... la URSS. Sólo podían pensar en "revivir la revuelta de los antifascistas" en el supuesto de que Franco aceptara la ocupación de España por las tropas alemanas, y aun en este caso descartaban toda ayuda a los demócratas españoles. Roosevelt había recibido de Franco la expresión directa del deseo de que no ocurriera nada que perturbase las relaciones de España y EEUU". Roosevelt era sensible a la tradición, hasta entonces dominante en EEUU, de no mezclarse en las querellas internas europeas, descartaba intervenir en España en tanto no se sumara a Alemania.

 

Kindelán, en carta a Franco, 25 noviembre 1943: "no poseo una sola acción de sociedad anónima", pero y sin que sonase a delación, le prevenía del riesgo de desunión del Ejército que "podría desembocar en un vergonzoso caudillaje", si no hacia posible la urgencia del tránsito "al régimen monárquico", con la Regencia de Franco.

 

La oferta de los sobornados, ante el éxito aliado en la guerra, fue tan lejos como para pedir un pacto, por escrito, al gobierno británico que garantizase el apoyo y la ayuda a los generales, cuando derrocasen al actual gobierno poniéndolo del lado de los Aliados.

 

Por entonces, el Reino Unido ya no decidía por sí mismo algo tan trascendente sin previo acuerdo con EEUU, que prepara desembarcar en el Mediterráneo meridional. El teniente-coronel Solborg, había sido requerido por los británicos para discutir en Londres aspectos de operaciones especiales, en coincidencia con el capitán Hillgarth, "para discutir de un capítulo adicional de esta tragedia, o mejor diría tragicomedia". Los servicios secretos de EEUU estimaban que España estaba madura para un cambio interno, "la gente sencilla sufre, hay mucha hambre y miseria en todo el país "La situación es muy crítica y preñada de toda clase de posibilidades". Dos organizaciones detentan los resortes del Estado: Franco deberá decidir de qué lado se pone, del Ejército o de la Falange.

 

Los americanos habían decidido optar por un cambio limitado y controlado, tratando de evitar las reacciones de un cambio auspiciado por Juan March, consistente en sustituir a Franco por un hijo de Alfonso XIII. Casi les bastaría con marginar del poder a los germanófilos.

 

Su jefe de partido, Serrano Suñer [1]al frente del Ministerio de la Gobernación y de Asuntos Exteriores, partidario abierto del Eje, había sido desplazado de su cargo por la presión de los generales en mayo de 1941.

Y para abril de 1942 las posibilidades de que Alemania introdujese tropas en España eran ya muy bajas. A juicio del teniente-coronel Solborg: "la invasión encontraría la resistencia de una guerra de guerrillas (...) el sentimiento popular es pro-Aliado, y uno o dos éxitos por nuestra parte va a poner por completo a este país en nuestro redil".

 

Garcés se remonta a los siglos XVIII y XIX buscando un paralelo con las instalaciones en España de poderes rivales a Inglaterra. En 1700, con Felipe de Borbón, en 1808 con José de Bonaparte y un Godoy dando permiso a Francia para ingresar sus tropas en la Península. Tampoco EEUU estaba por asumir grandes riesgos. El 22 de mayo de 1942 Lauchlin Currie, consejero económico de Roosevelt, escribía al general Eisenhower, haciéndole partícipe de un pedido de españoles llamando a EEUU a realizar su proyectado desembarco en Europa por el país vasco "y de paso, apoyen un levantamiento contra Franco (...) los antiguos republicanos, muchos de los cuales sostienen guerrillas, se sublevarían para ayudar a los Aliados".

 

El mando militar disuadió fácilmente a Currie de insistir en la idea. Un informe de la "inteligencia" norteamericana estaba alertando: "si España quedara envuelta en la guerra, surgiría una confusa situación política propicia tanto para el levantamiento monárquico como para la sublevación republicana"...

 

En otras palabras, para septiembre-octubre de 1942 el mando norteamericano estimaba desaparecido el peligro habiendo sido eliminada la Falange como instrumento de poder al servicio de Alemania. La dictadura ahora era una garantía, independientemente de lo que supusiera para el pueblo español.

 

Relato de Ricardo de la Cierva: 3 de septiembre, "se produce uno de los más espectaculares cambios de escena de la política española contemporánea (...) Franco asume la presidencia de la Junta Política (Falange)". Los conjurados habían alcanzado la meta de un cambio limitado, tan limitado que incluso fueron destituidos los generales conjurados Galarza y Varela de los ministerios del Ejército e Interior.

 

Quiere decirse que Franco se había adelantado a los conspiradores, desbarataba el golpe, retenía e incrementaba su poder, en la medida que asumía como propios los intereses de Washington y de Londres, y, al mismo tiempo, dejaba al Partido Falangista en el Gabinete, útil para que siguiese controlando la población, dando así satisfacción a la Potencia rival, Alemania. Al general Muñoz Grandes, que acababa de recibir la Cruz de Hierro de manos de Hitler por su colaboración a la cabeza de la División Azul, lo dejó aguardando sin mando hasta el 3 de marzo del 43 que le asignó la burocrática misión de jefe de su Casa Militar.[2]

 

Washington frenó el apoyo a los servicios británicos y sus objetivos con los generales sobornados. Hasta 1975 haría del acoplamiento con Franco el vehículo para alcanzar sus intereses estratégicos en España. El 15 de noviembre, el embajador británico en Madrid informaba al Foreing Office que "el general Kindelán ha dicho que Franco, habiendo sido informado del propósito de Hitler de solicitar el paso de tropas a través de España, ha rechazado la petición después de discutirlo en Consejo de Ministros". Poco después Washington aceptaría una oferta de armas cortas, que fabricó Construcciones Aeronáuticas, que serían embarcadas en Lisboa con destino a México y recogidas en alta mar por EEUU.

 

Cierto que España se libró de un vasto programa de bombardeos sobre objetivos no sólo militares, sino también civiles de Madrid, Barcelona, Málaga y otras ciudades importantes, preparados por el mando militar de EEUU ante la eventualidad de la entrada de tropas alemanas en España.

 

Consumatum est. A partir de aquí se alternarían las propuestas de Regencia. Una, que apoyaba Alemania, la del hijo de don Jaime, primogénito de Alfonso XIII, otra la de don Juan Carlos hijo de don Juan, conde de Barcelona, hermano menor de don Jaime.

 

Garcés dice y con razón que un Estado encajado e integrado después en una Coalición bélica queda sometido a disciplina, a la dirección de su líder, y pierde todo o parte de su independencia exterior y el control de su política y economía internas, en la medida en que se subordina a los fines de la guerra. Las consecuencias entonces pueden ser profundas y prolongadas en un contexto internacional donde cuatro potencias -Gran Bretaña, Francia, EEUU y Alemania- han rivalizado en someter a su hegemonía a todos y cada uno de los pueblos hispánicos.

 

 

Los orígenes de la Guerra Fría.

 

No tiene fundamento decir que empezara como respuesta al llamado golpe de Praga de 1948. Sus orígenes son el choque por la hegemonía sobre el Continente donde periclitaba el Imperio británico. Fue la confrontación entre EEUU -Potencia naval que reemplazó progresivamente a la británica- y la Potencia que en el dominio de Centro-Europa sustituyó al Imperio alemán, la URSS. Dice Garcés que "los orígenes los pudo rastrear en la documentación de los centros de elaboración estratégica de EEUU, en conceptos gestados después de la ofensiva rusa que rompió el cerco alemán a Stalingrado en febrero de 1943. Se descubre decidido el Estado a procurar que los centros de la cruzada anti-soviética identificaran como enemigos a los sectores sociales, culturales, políticos, económicos, susceptibles de oponerse a la nueva guerra, en cualquier donde se hallaren, fuera incluso dentro del propio EEUU.

 

Antes de que la URSS dispusiera de la bomba atómica ya estaba fijada como prioridad "asegurar que la URSS no volverá a ser una amenaza para EEUU". Un documento (U.S. National Objetives) dirigido a la Junta de Jefes de Estado Mayor en agosto de 1947 especificaba lo siguiente:

 

a. Abolir la URSS y reducir la soberanía de la República a las fronteras de 1939,

 

b. Otorgar plena soberanía a todas las Repúblicas y a sus satélites, repatriando los ciudadanos rusos residentes en esos países;

 

c. Desarmar y desmilitarizar a aquellas repúblicas soviéticas y a sus satélites que han resistido a EEUU;

 

d. Establecer salvaguardias e inspecciones para asegurar estos fines;

 

e. Eliminar completamente al Partido Comunista, la autoridad de los comunistas, la influencia del comunismo en la vida pública, política, económica y social. Serán sustituidos por gobiernos formados por equipos de personas previamente escogidas por nosotros y regímenes militares, según se requiera"

 

 

EEUU desplaza al Reino Unido del Mediterráneo.

 

Alemania ofrece a Franco participar en el reparto de las colonias: Cuba y Filipinas se podrían bajo su soberanía. El Reino Unido había aceptado, si España favoreciera a las Naciones Unidas, acceder a la solicitud hecha por Serrano Suñer a Ribbentropp y negada por Hitler, consistente en anexionar parte de las colonias francesas en Marruecos y Argelia.

 

En agosto de 1943, EEUU, preparando el desembarco en Normandía, giró su política. Propuso a Gran Bretaña sumar España al bloqueo contra Alemania, pidiendo a Franco que "desplace el grueso de sus fuerzas desde Marruecos y el Sur de España al norte de España", hacia los Pirineos. Al otro lado estaban las tropas alemanas. Los servicios secretos de EEUU pensando que Franco estaba interesado en "tener una Monarquía bajo su control, y no de los ingleses", ni bajo la llave del ejército conjurado, habían avanzado a Franco, en junio de 1943, la solución que permitiría a EEUU cortocircuitar al Reino Unido y garantizar al dictador su poder local con carácter vitalicio.

 

Los mandos británicos disintieron: "El Gobierno de su majestad no está ansioso por invertir la política seguida hasta ahora. Hacerlo produciría tensiones en España de carácter grave que podrían dar lugar a desórdenes, y no está seguro de que los Aliados puedan enfrentar las consecuencias de tales desórdenes". La eventualidad de que los alemanes o los rusos que avanzaban sin pausa hacia el oeste atravesasen los Pirineos, ponía en cuestión las consecuencias que tendría un fin de la dictadura fuera de todo control político, conforme lo tenían programado. Fueron aún más lejos. Propusieron encender luz roja a los generales que conspiraban en España: "no sería de nuestro interés militar promover abiertamente la restauración de la Monarquía (...) pues la interferencia causaría probablemente serios desórdenes y los alemanes podrían sacar ventaja infiltrándose (...) nosotros (EEUU y GB) suplantemos a los alemanes en su privilegiada posición en España, bastaría estimular la formación de un gobierno menos adverso a los Aliados".

 

Franco, lejos de verse desplazado, entendía el mensaje, si se plegaba pasarían a necesitarlo. Cuando los generales, en septiembre de 1943 le plantearon reinstaurar la monarquía, ni les contestó, les replicó que “hablarían de ello en otro momento". De hecho, en el informe al Presidente de EEUU y al primer ministro británico sobre la Operación Overlord (desembarco en el Continente, para el 1 de mayo de 1944), del Combined Chiefs of Staff, de EEUU y Gran Bretaña con sede en Washington (22 de agosto de 1943), que incluía "impedir una victoria rusa independiente y completa antes que Overlord pueda estar preparada", aparecían los objetivos asignados a Franco, ninguno cuestionando su régimen de dictadura: "interrumpir el suministro de materias a Alemania, retirar la División Azul, modificar la distribución de las fuerzas en la Península, negar a los alemanes sus instalaciones de inteligencia, facilitar a los aliados la navegación aérea, etc., etc.

 

El 11 de octubre, después de ordenar a Franco interrumpir su ayuda bélica a Alemania y retirar la División Azul, EEUU se felicitaba: "hemos mantenido neutral a la Península Ibérica y creado en el ánimo de españoles y portugueses una conciencia de dependencia económica de nosotros.

 

El 2 de diciembre de 1944 Franco había concedido derechos aéreos a EEUU sobre territorio español, Río de Oro e Ifni y ruta Dakar-Casablanca. A comienzos del 44, Franco confidenciaba al monárquico conde de Rodezno un mensaje del mismo tono que cuando su rebelión contra el gobierno democrático español: "el día que caiga Alemania habrá en Europa, en particular en los Balcanes, Italia y Francia, una situación tan caótica desde el punto de vista social que los Aliados vendrán a suplicarme que pare en los Pirineos esta ola de desórdenes (...) si para ese momento yo no tengo armas, ellos mismos vendrán a ofrecérmelas".

 

El conde de Rodezno terminaba su conversación con una frase enigmática: "el verdadero carácter de sus relaciones con los anglosajones es un secreto entre ellos y él". La lectura de la documentación militar, inaccesible durante cuarenta años, proyecta luz sobre tal secreto. El resto, la solidaridad de la opinión pública internacional con los miles de presos políticos, los fusilamientos después de 1945, las resoluciones de condena de los Parlamentos, eran para el dictador distracciones.

 

La acción política británica, en víspera del desembarco en el Continente -6 de junio de 1944- anticipaba la nueva guerra contra Rusia: "los círculos conservadores españoles y portugueses, están usando los medios más extraordinarios para contrarrestar la extensión del cada vez mayor espíritu revolucionario y por restaurar la monarquía en la Península, como preludio a la campaña contra Rusia".

 

Juan March seguía siendo parte de la intervención británica para restablecer la monarquía. Los ingleses mantenían en Londres al Coronel Casado y a una facción del PSOE de Madrid, para devolverlo a España como candidato a ministro del Ejército.

 

El Gobierno del RU era en 1944 de unidad nacional. Los monárquicos españoles recababan la intervención británica al Partido Conservador. La fracción del PSOE con Casado esperaba que "Inglaterra ayudase a Indalecio Prieto, Martínez Barrios y otros socialistas que formarían con Acción Republicana el gobierno sucesor de Franco". Pero, el 24 de mayo de 1944 Churchill se encargó de aclarar la situación en la Cámara de los Comunes, con satisfacción de los militares norteamericanos: "Churchill ha decidido como política a largo plazo apoyar el gobierno de Franco -y una posible restauración de don Juan- como el mejor método de proteger las bazas británicas en España".

 

¿Qué hubiera pasado si tras la muerte de Roosevelt no se hubiera iniciado otra nueva guerra en Europa? Entre el 18 y 22 de agosto de 1944 en una resolución del mando militar de EEUU parecía resuelta a dejar de acomodarse con el dictador español y seguir vetando la intervención británica. El supuesto estratégico de Roosevelt contemplaba preparar a su Ejército para la paz en Europa y Asia, con la desmovilización consiguiente.

 

Las nuevas directrices de Roosevelt (inspiradas en la no intervención), daban a entender que una vez derrotada Alemania y "estimado que la política seguida había sido productiva en resultados beneficiosos para nuestros objetivos", EEUU no debía mezclarse en los asuntos europeos más allá de ejercer influencia moral y política. Ante cualquier eventualidad, los "tres grandes -EEUU, RU y la URSS- podían imponer una "cuarentena político-económica a cualquier díscolo"... Lo que no quiere decir que no tuvieran criterios distintos a los británicos, no lo ocultaban: "Si no adoptamos una actitud conjunta hacia las autoridades españolas, éstas van probablemente a usar uno de nosotros contra el otro". Los mandos militares de EEUU apoyaron activamente a Franco hasta su último pálpito, obteniendo del Dictador, sin costo alguno para la Coalición de la Guerra Fría, los recursos del Geographic emplacement de España.

 

En tanto, aquel mismo verano en pleno derrumbe alemán, Valdés Larrañaga con el acuerdo de José Luis Arrese -secretario general de Falange- proponía a Franco "deseable llegar a un acuerdo con la URSS para evitar caer dentro de la órbita británica hasta el extremo que lo ha hecho Portugal". La indiferencia que el hecho encontró en Washington contrastaba con la oposición surgida en el gobierno británico. Anthony Eden, ministro de Asuntos Exteriores, pensaba que "el gobierno soviético estaba dispuesto a adoptar un enfoque práctico de la política británica y norteamericana en España. (...) Existen pocas posibilidades de restablecer relaciones amistosas, ni siquiera normales, entre España y la URSS. (...) En todo caso, debemos dejar la reanudación de relaciones para cuando hayan desaparecido los amargos sabores dejados por la Guerra Civil. Un movimiento revolucionario de extrema izquierda conduciría al retorno del caos de la Guerra Civil. (...) De ahí que hasta que no tengamos más seguridad puede no ser de nuestro interés, pues una Embajada rusa en España podría actuar como foco para la izquierda descontenta".

 

Franco, en su discurso del 17 de julio de 1944, entreabrió la posibilidad de negociar un reconocimiento mutuo con la URSS. Según un informe de 26 de agosto del OSS, representantes de Stalin en Argel preguntaron al respecto a Sangroniz, cónsul general de España. El general Franco después de consultar a los embajadores aliados se retractó. En tanto, como la documentación diplomática desvela, seguían las frenéticas carreras, en favor de una u otra opción política interior, para implorar la intervención de EEUU en España, no obstante el menosprecio con que eran leídas en las cancillerías.

 

Juan March cree que el orden y la unidad podrían ser mantenidos (...) Gil-Robles entendía que su grupo derechista debiera desempeñar un papel más activo, tanto en el gobierno provisional como en el constitucional, a través de una coalición con la izquierda moderada". Un despacho del 8 de diciembre de 1944 diseña el propio marco al que se ajustó la transición política tras el fallecimiento de Franco en 1975. Otro del 15 de diciembre delineaba el destino que Washington marcaba a los españoles: Las fuerzas externas van a determinar el futuro de España. Los actuales intereses de EEUU y RU en el Mediterráneo muestran la necesidad de estabilidad en la Península Ibérica, por lo menos hasta que se haya podido encontrar una alternativa aceptable a Franco. (...) Suceda lo que suceda, España no va a tener un papel relevante (...) importa en la medida que está en la entrada occidental al Mediterráneo y es parada de tránsito en las rutas internacionales".

 

Finales del 44: responsables del OSS pedían reemplazar al jefe de contrainteligencia (Richard Sichler) en la Cataluña francesa por "contactar con los catalanes (...). Está financiando sus ambiciones separatistas (...) He señalado que el movimiento catalanista está cribado de agentes alemanes que están financiando este movimiento en círculos más bien altos, tanto en el norte de España como en el sur de Francia".

 

Los británicos tardaron meses en abandonar sus pretensiones de reinsertar España en su zona de influencia. Y los movimientos monárquicos en caer en la cuenta de que Londres no tenía ya en sus manos la suerte de los españoles. Vecina la Conferencia de Yalta, los generales españoles se ofrecían a las Potencias unos contra otros. Mientras el Jefe del Estado Mayor Central, general García Valiño preguntaba a Londres "si le respaldarían en caso de que decidiera oponerse a Franco, los generales Aranda y Beigbeder informaban al agregado militar de EEUU del hecho y exponían las acciones a llevar a cabo para derrocar a Franco: condena política, ruptura de relaciones, suspensión de ayuda, para ir a "una forma de gobierno similar a la de los EEUU (...) con un Presidente con poder ejecutivo a ser elegido para un período específico". Por otro lado, el agregado militar enviaba a Washington sus valoraciones: "Aranda es sin duda un hábil oportunista con ambiciones personales y es más bien un político astuto. Era un republicano (...) Después de la guerra ha apoyado a la monarquía (...) Los representantes oficiales de EEUU en España aunque consideran a Aranda un liberal, no lo consideran demasiado fiable, sospechoso de traficar en el mercado negro y propenso a hablar demasiado".

 

Preparando la Conferencia de Yalta, jefes del Estado Mayor de EEUU, preguntaron a su Gobierno qué pensaba de los esfuerzos británicos por promover un Bloque Británico y alinear en él a España, Portugal, Australia y Nueva Zelanda y otros satélites británicos. Pocos días antes de la Conferencia de Yalta, en febrero de 1945, Alexander Bogomolov, embajador soviético en Francia, dijo a Negrín que "la Península Ibérica iba a formar parte de la esfera de influencia anglosajona".

 

Los soviéticos intentaron en Yalta "forzar a británicos y norteamericanos a que rompan las relaciones diplomáticas con España: lo más que logró Stalin fueron una palabras en el comunicado de la Conferencia, que decía que España no debía pertenecer a las Naciones Unidas". Las esperanzas de los demócratas españoles mantenidas durante lustros quedaba así ya para todos desveladas. Los intereses de las Potencias nada tenían que ver con las sistemáticas, represiones, ejecuciones y exilios del pueblo español. Vendrían a reflejarlo las deliberaciones del gobierno francés en julio de 1945: "En una reunión del Consejo de Ministros, todos, excepto Bidault de Exteriores y Soustelle de Información, estaban a favor romper relaciones. Bidault argumentó la necesidad de productos españoles, en especial piritas. Había sostenido conversaciones con líderes norteamericanos y británicos. Le aconsejaron que no adoptara ninguna medida drástica. Ellos tenían ahora dominado a Franco y éste desaparecería de la escena en el momento que fuera oportuno. El tema fue votado para dar a De Gaulle un voto de confianza permitiéndole tomar las medidas que considerase necesarias para los intereses de Francia".

 

Ejemplos del fondo que determina los mil cuidados ante el caso de un cambio en España: 5 de abril de 1945: El Presidente de Cataluña en el exilio, Josep Irla, comunicaba que "crear un Estado democrático en España y evitar la guerra civil solo podría lograrse a través de la intervención de EEUU y RU, que sería bienvenida por la mayoría de los españoles, que espera la decisión que saque a Franco y mantenga los comunistas a raya". Apoyaba tanto acabar con Franco como eliminar la influencia comunista. Una semana después, don Juan de Borbón, conde de Barcelona, habría manifestado que "Inglaterra es favorable a una restauración monárquica, pero la postura de Washington es negativa, en gran medida porque están demasiado ocupados para preocuparse de la situación española".

 

Mientras, Franco seguía preparando el futuro de su régimen conforme al modelo trazado por Alemania en 1943. Intentaba nombrar Rey de España a un hijo del príncipe don Jaime (hijo del fallecido Alfonso XIII). Establecería un Consejo del Reino con el propósito no sólo de formar parte de él sino de mandarlo".

 

Un mes después, en abril del 45, su ministro de Asuntos Exteriores, José Félix de Lequerica, explicaba el camino que deseaba seguir: "Estamos dispuestos a dar todo lo que tenemos para continuar en el poder. Incluso acabaremos con Franco si es necesario. Lo importante es preservar el fundamento del gobierno, que no son sus miembros sino el Ejército y su influencia política para prevenir que no caigamos en la calamidad de la democracia".

 

Dolores Ibarruri, La Pasionaria. En París, el servicio militar de EEUU recogía del 3 de junio de 1945 la posición de la secretaria general del Partido Comunista de España: "Se opone al derrocamiento pacífico de Franco y llama a combatir: 1) porque un gobierno no puede ser libremente determinado por Cancillerías alejadas de la voluntad popular; 2) porque la Falange no va a abandonar el poder sin combatir; 3) porque el fascismo en España debe ser destruido por los propios españoles, no por la presión o intervención extranjera".

 

"Hay dos métodos para acabar con Franco, la fuerza o una transición en orden a otro gobierno. Mientras los comunistas y los izquierdistas españoles en Francia son partidarios de la primera, hoy Francia, los EEUU y RU estimulan la segunda".

 

11 de abril de 1945. Muere Franklin D. Roosevelt y entra Truman en escena. 7 de mayo: capitula el III Reich. 20 de junio: las Naciones Unidas aprueban la propuesta de México de excluir al régimen de Franco por haber sido instaurado con apoyo armado del Eje Alemania-Italia.

 

Franco, que preservó su poder reprimiendo al pueblo y marginando toda participación ciudadana, y ello en términos aceptados, primeramente por Inglaterra y luego con la venia de EEUU, emerge de nuevo interpretando una farándula de la que no era el director: "conversa con Arrese, Girón y Miguel Primo de Rivera. Esperaba que el Consejo Supremo de la Falange votara su desaparición como entidad política (...) en el transcurso de una reunión "muy secreta" (16 de junio) los dirigentes falangista se oponen a disolver la Falange, si fuera necesario, por la fuerza de las armas". Se siente presionado: "Los generales, dirigidos por Aranda, García Valiño, Beigbeder, Varela y Ungría, insisten que Franco deje el poder inmediata e incondicionalmente". La noche del mismo día, "se entrevista con los duques de Arión, del Infantado y de Sevilla (conde de Romanones). El duque de Rodezno, que había sido convocado, no apareció (...) Anunció que el príncipe Juan rehusaba regresar a España. Pidió que le propusieran nuevos candidatos al trono, pero no pudieron ponerse de acuerdo entre ellos. Ni siquiera el enviado del Arzobispo de Toledo. Ante el impasse propusieron a Franco "ganar tiempo" dirigiendo un discurso a la nación, para prevenir que los generales llevaran a cabo su proyectado golpe de Estado (...) anunciaría un retorno inminente a la monarquía sin especificar el nombre del futuro Rey, y cambios políticos de orientación liberal, en espera de que los EEUU acepten la solución". A toda prisa, al día siguiente reorganiza su Gabinete incorporado al mismo a la Acción Católica.

 

El 3 de agosto, las cuatro Potencias reunidas en Postdam en una declaración condenan la dictadura en España. En opinión de Oliveira Salazar, transmitida a Nicolás Franco por el dictador de Portugal: "la declaración de Postdam es un simple guiño a la opinión pública (...) destinado a producir efectos internos dentro de los países participantes en la Conferencia, más que en España".

 

Garcés reflexiona en esta parte de su libro, recordando cómo al terminar la II Guerra Mundial los ciudadanos españoles siguen privados de todos los derechos políticos: "las consecuencias de ello no se han medido ni enfatizado bastante". Menciona un aspecto de la cuestión digno de señalar, que sorprendía al embajador de EEUU en España el 8 de octubre de 1945: "todos los grupos de oposición han sido infectados por el virus de creer que la intervención extranjera salvaría la situación, que RU o los EEUU van a entrar para acabar con el régimen que ellos mismos son incapaces de tumbar (...) Es obvio que este fatalismo enerva cualquier movimiento opositor". Olvida la influencia poderosa de la intervención extranjera queriendo imponer sus modelos, como lo hacía el propio embajador Armour: "un régimen que garantizara algunas libertades básicas, contaría abrumadoramente con un pueblo desesperadamente ansioso de que le eviten la angustia y derramamiento de sangre de otras disensiones fratricidas. Semejante régimen sería una coalición de gobierno con líderes militares y, digamos, Prieto en la izquierda hasta Gil-Robles en la derecha, como lo reconocía el ex ministro de Agricultura Genuinas Fernández, dirigente en Sevilla del ala liberal de Gil-Robles".

 

Su modelo no difería del que hablase el agregado naval de EEUU con Juan March, mensajero de los ingleses, aunque el norteamericano no situaba a un monarca al frente del Estado, ni del diseño del embajador del III Reich, Eberhardt, en los años 1937 a 1943, nazi colaborador secreto del almirante Canaris, ni del que De Gaulle coreaba: "Mientras yo continúe a la cabeza del Gobierno francés, me opondré enérgicamente al restablecimiento de los republicanos españoles en Madrid, haré cuanto pueda para propiciar la restauración de la monarquía en España".

 

Fallecido Franco, ésta sería la matriz de la transición en España asistida por la Coalición de la Guerra Fría..., pero con un matiz digno de resaltar: esta vez y por primera en dos siglos, el terreno de juego, sus reglas y el desenlace no lo marcaron las Potencias europeas, lo marcó EEUU, tal como quedó el "modelo": un Rey al frente de las FFAA designado por Franco; un Ejecutivo y un Parlamento compartidos entre el ala católica liberal y la fracción socialista que se reconocía en Prieto, con Felipe González, alumno y ex correligionario del democristiano Genuinas Fernández...

 

 

La guerra preventiva contra la URSS

 

En septiembre de 1945, un mes después de la capitulación del Japón, con el estreno del arma atómica estallada sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki, la planificación militar de EEUU empezó a asumir como supuesto preparar la nueva guerra. Aunque su estallido puede situarse entre octubre y fines del 1945, como se desprende de los estudios aprobados por el Departamento de Estrategia y Planificación y la División de Operaciones del War Departament. Un segundo episodio del comienzo se hace público en febrero-marzo de 1946, durante la visita de Churchill a EEUU y su muy publicitado discurso en Fulton sobre el telón de acero en Europa. Es falso que la decisión tuviera que ver, como durante décadas la propaganda ha repetido, con la expulsión de los partidos burgueses del gobierno de Checoslovaquia en febrero de 1948.

 

Los supuestos eran: "seremos atacados sin una formal declaración de guerra por un enemigo preparado adecuadamente (...); no puede haber garantía de aviso previo (...) por otra potencia dirigida a negarnos el acceso a materiales estratégicos (...); EEUU no puede depender de Aliados (...) el Imperio británico será por lo menos amistosamente neutral; EEUU tratará de confinar los ataques en regiones distintas de Norteamérica; no hay ahora ninguna nación o previsible combinación de naciones que tenga capacidad de invadir con éxito EEUU continental  durante los próximos cinco años; como tercera parte, EEUU puede ser conducido a una guerra extranjera en todo el mundo".

 

El supuesto político era la ruptura de la colaboración entre EEUU y URSS. Los analistas concluían, el 11 de febrero de 1946, que:

 

a) La URSS necesita de diez a quince años para oponerse a los EEUU con razonable posibilidad de éxito.

 

b) Excepto para fines puramente defensivos, la URSS evitará durante cinco años el riesgo de un conflicto armado de envergadura con EEUU. Pero el supuesto estaba condicionado por una visión ideológica proyectada como realidad virtual.

 

c) La política exterior soviética es de expansión, de carácter nacionalista e imperialista, sin prueba ninguna de que cambie en un futuro previsible.

 

d) No podemos confiar en las Naciones Unidas para salvaguardar los intereses de EEUU.

 

En base a este supuesto ideológico EEUU era programado para una guerra dirigida a evitar que la URSS dispusiera de tiempo para superar las devastaciones de la invasión alemana y consolidara su sistema económico: "Estas premisas deben ser usadas por el Estado Mayor del Departamento de Guerra como guía en la formulación de las premisas derivadas necesarias por parte de las agencias operativas que supervisa (...) Desde un punto de vista militar, la previsible consolidación y desarrollo del poder de la URSS es la mayor amenaza para EEUU.”

 

Garcés resume cómo la Administración Truman invirtió los conceptos estratégicos involucrando a EEUU de modo permanente en Europa y en todos los rincones del Planeta: "el mayor factor militar individual para la seguridad del Mundo es la seguridad militar absoluta de EEUU". Quedaban abandonadas las premisas político-militares, el secular aislamiento basado en una estructura internacional que aportara seguridad al Mundo, y a EEUU como parte de aquél defendido por Roosevelt y antes por Woodrow Wilson.

 

El argumento de la interferencia soviética en España no paso de ser mera propaganda. El gobierno británico, como exponía Eden en 1944, no la esperaba. El embajador soviético en París había expresado al doctor Juan Negrín en 1945 que no la esperaran de la URSS. Dolores Ibárruri, en una reunión del PCE en Toulouse el 6 de marzo de 1946 respondió a la pregunta de por qué la URSS no reconocía al gobierno republicano en el exilio: "Cualquier acción que tome la URSS en relación con España podría crear fricciones con las potencias occidentales".

 

Pero, tampoco los responsables militares de EEUU consideraban verosímil la intervención soviética. Así se desprende del debate entre el Departamento e Estado y los Jefes de Estado Mayor. El primero proponía que EEUU se adhiriera a la doctrina proclamada por Uruguay: intervenir en el marco de las Naciones Unidas en caso de que "la violación de los derechos fundamentales por un gobierno de fuerza, y el incumplimiento de las obligaciones por dicho gobierno, autorizarán una modificación del principio de no interferencia". Los Jefes de Estado Mayor se opusieron.

 

¿Por qué?: "Esa postura está aparentemente dirigida contra Argentina. Seis países hispanoamericanos han manifestado su desacuerdo. Si el pueblo argentino, abstracción hecha de su gobierno actual de tipo fascista[3], se sintiera profundamente contrariado por nuestros esfuerzos para exigir esa política, el logro de una verdadera solidaridad hemisférica puede estar seriamente en peligro. Esa solidaridad es tan esencial para la seguridad última de EEUU que no debemos adoptar una postura rígida e intransigente a este respecto".

 

La Strategic Policy Section del War Department también se opuso: "Si se pusiera en práctica sentaría un precedente extremadamente peligroso para las relaciones internacionales en Europa y Asia. Por ejemplo, podría dar una dimensión de legalidad a la intervención soviética en Irán o a posibles acciones futuras en Turquía".

 

El 21 de febrero de 1946 los Joint Chief of Staff insistieron. Fusionaron los supuestos de la estrategia tradicional británica hacia Eurasia con los de la doctrina Monroe en Iberoamérica: "La seguridad última de los EEUU se ha convertido en más dependiente que antes del mantenimiento de la unidad estratégica del Hemisferio Occidental porque ahora un solo país está en una posición dominante en el continente euroasiático (...) El Hemisferio Occidental es una entidad militar diferenciada, la integridad de la cual es un postulado fundamental de nuestra propia seguridad en caso de otra guerra".

 

Faltaba eliminar toda oposición a la nueva guerra dentro de EEUU. Para neutralizar los núcleos sindicales y políticos de izquierda, el 12 de marzo de 1946 los servicios de información militar recomendaban:

 

1. Un plan de seguridad -un año después eran promulgadas la Loyalty Order y la Taft-Hartley Act; en 1950 lo fue la Internal Security Act;

2. Lanzar una campaña de orientación psicológica;

3. Unificar el mando militar;

4. "Necesidad de elaborar de inmediato planes de guerra para acciones contra Rusia", ese mes se creó el subcomité State-War-Navy for USSR problems;

5. Programar el uso de armas atómicas "con el menor preaviso posible", ampliar la producción de armas bacteriológicas y atómicas;

6. Removilizar la industria de investigación bélica, "elaborar planes ultra-secretos para organizar y emplear a antiguos soldados de Alemania y Japón como fuerza auxiliares";

7. Reactivar la planificación combinada con los jefes de Estado Mayor británicos;

8. Activar la recién creada CIA para intervenir activamente en otros países;

9. Dar prioridad a los objetivos militares en la política exterior del gobierno de EEUU en la América hispana y Canadá;

10. Activar la mayoría de los votos occidentales en la ONU para, a través de ésta, "movilizar a una porción considerable de la opinión publica mundial" contra la URSS; 11. "Políticas positivas y dinámicas" hacia países escandinavos y China; en la Europa mediterránea (Francia, Italia y España) "debe tomarse una acción positiva de apoyo real y efectivo a los gobiernos democráticos responsables. A menos que se tome pronto, los tres pueden hacerse comunistas en un próximo futuro, puede ser demasiado tarde (...). Tenemos bastantes recursos económicos. Lo que se requiere es conciencia pública de la urgente necesidad de usar esos recursos (...). Debemos retirar la asistencia a los países controlados por los soviéticos (...) dar todo apoyo político, económico y militar al Reino Unido y a las comunicaciones esenciales de la Commonwealth británica".(...) "Hay un peligro ulterior, de largo alcance: que los soviéticos esparzan su ideología en África. Esto significa agravar el problema negro (en EEUU), al hacer comunistas a la raza negra".

 

En España serían designados como elementos democráticos responsables los apoyos a la dictadura de Franco. Y se reemplazaba el genérico reds de preguerra, por el de communists.

 

En 1946 se elabora también la lógica conceptual que conducía a los mandos militares a recomendar desconocer el principio de "integridad de la soberanía nacional", que "debe ser manejado con cautela (...), vamos a necesitar un colchón de estados entre el punto de salida ruso y áreas vitales como Suez y Gibraltar, que debemos ocupar si queremos tener alguna esperanza de evitar que Eurasia experimente un rápido ataque relámpago ruso".

 

Todavía pugnaban por un camino distinto el antiguo ayudante de Roosevelt, Benjamín Cohen, al que hacía referencia el general Lincoln el 16 de abril de 1946: "Mr. Cohen desea alguna fórmula que estabilice el área Europa Centro-Mediterráneo Oriental durante 10/25 años, para la construcción de bases militares en el Mediterráneo, de ese modo Rusia se adheriría a tal acuerdo y al cabo de ese plazo los reajustes internacionales y los políticos dentro de Rusia eliminarían las causas que ocasionan la actual disputa política". Cohen razonaba dentro de la lógica rooseveltina de preservar relaciones no antagónicas con Moscú. Que la guerra era preventiva lo confirman asimismo reiteradas estimaciones del mando militar de EEUU, como la del general Lincoln del 9 de marzo: "EEUU ha dado un brusco giro en relación a Rusia. De los esfuerzos iniciales para lograr compromisos y resolver problemas ruso-americanos, hemos pasado sin previo aviso ala total bloqueo diplomático de Rusia, no obstante, la estimación de los servicios de inteligencia es que la URSS no quiere la guerra".

 

En el memorándum al presidente Truman de los Chiefs of Staff del 30 de marzo sintetizaban que: "URSS no desea verse envuelta en otra guerra", (...) en el caso de hostilidades con los ingleses (...) entraríamos en guerra enseguida con la ventaja de la bomba atómica, que tendría efecto moral sobre el esfuerzo ruso (...) habiendo incluido arreglos políticos para la neutralidad de Italia, España, Francia, los Países Bajos y Escandinavia, colaboración militar con Turquía, un Japón aliado aunque no abiertamente y una China por lo menos amistosamente neutral".

 

Mientras la opinión pública de EEUU se creía en paz, los preparativos de guerra se intensificaban. El 13 de Junio el almirante Nimitz, Jefe de Operaciones Navales, escribía: "Los Planificadores estratégicos incluyen el léxico siguiente: "el esfuerzo de la ofensiva principal... debe consistir en una ofensiva aérea, utilizando la bomba atómica (...) Cabe la posibilidad de que la existencia de tales documentos llegue a ser sabida en algunos círculos (...) En sus planes estratégicos debiera bastar una referencia genérica a "una ofensiva aérea".

 

La envergadura del propósito la exponía el general Norstad ante el War College el 21 de noviembre de 9146:

 

I En términos de geografía militar, el área de nuestra posición defensiva es el perímetro que marca las fronteras de América Central y del sur, Panamá, Islas Británicas, Japón, Europa occidental y China.

 

II Áreas estratégicas para hacer la guerra" (materias primas), Sudamérica y el Medio Oriente para el petróleo; para la fusión nuclear Canadá, Congo Belga, Europa central; para estaño y caucho el sureste de Asia, Indonesia y Malasia.

 

III. En cuanto a hombres "los recursos de otras naciones que puedan ayudarnos, o puedan ser usados en nuestra contra (...); control de las líneas marítimas; en armamento, "el camino seguro a la victoria podemos hallarlo yendo más lejos en investigación en calidad de las armas decisivas.

 

IV. Calendario "debemos estar listos para una guerra a escala total, sin un instante de advertencia previa".

 

V. Servicio de información, un número adecuado de los mejores cerebros el país dedicados a esta tarea".

 

¿Por qué el riego de guerra era inminente si el potencial económico-militar soviético no estaba desarrollado? ¿Por qué la inminencia si se sabía que URSS no quería anticipar un conflicto global? La respuesta la daba el plan Pincher: el roce con el imperio británico en Eurasia: cualquier acción que amenace el control británico del Canal de Suez y le prive Oriente Medio, últimos baluartes de resistencia a la agresión rusa, son vitales para la seguridad última de EEUU".

 

El supuesto de la guerra tenía como fecha julio de 1947. ”El primer ataque (de la URSS) sería dirigido contra las fuerzas aliadas en Europa y el aseguramiento de la costa del Canal y los Pirineos".

 

España aparece utilizada en todas las opciones y escenarios de la nueva guerra. EEUU primeramente aportaría ayuda económica subordinada a reforzar la capacidad de resistencia militar del régimen. Luego proyectaba introducir doce divisiones (dos de ellas acorazadas, fuerzas navales y 890 aviones. Los factores políticos aparecen subordinados a su utilidad para el plan bélico: "Una dictadura continuaría frenando la infiltración comunista, un gobierno democrático sería menos hábil para protegerse a sí mismo de las organizaciones partidarias de los soviéticos[4]".

 

Para los Planificadores de la nueva guerra, todos los españoles, menos los fascistas, eran comunistas, ya fueran republicanos o demócratas: "El gobierno español en el exilio está dominado por los comunistas", pero lo cierto es que el PCE ni siquiera figuraba entre los partidos políticos que lo integraban. Para los fines de la guerra, los EEUU necesitaban que España y Portugal continuaran bajo control de Franco y Salazar.

 

 

El enrolamiento de España en la Guerra Fría

 

Hay una simbiosis entre la nueva guerra preventiva y la reacción conservadora en España. Ramón Serrano Suñer, perteneciente a la CEDA en 1936, jefe de la Falange y Ministro del Interior y de Asuntos Exteriores hasta 1942, dijo al agregado militar de EEUU[5]: "No es aún momento para que Franco y el Ejército pasen el gobierno a los monárquicos. Hay que ir muy lentamente (...) España debe reorientar su política hacia la de los conquistadores. Confío que EEUU no nos haga sentir su presión demasiado pronto, pues si así lo hiciera el peligro del comunismo amenazaría sombrío (...)".

 

Otro nexo entre los militares del régimen de Franco y sus homólogos de EEUU era la identificación del adversario con las organizaciones obreras. Existía el temor de tener que enfrentar "serios desórdenes internos, antes de la movilización total (en EEUU), bajo forma de paros laborales y sabotajes, que van a perturbar la reconversión de la industria en instalaciones claves e interrumpir el flujo de material y municiones a los servicios militares". A partir de marzo de 1946 se intensificaron en la prensa y sindicatos de EEUU los ataques contra la izquierda de su propio país.

 

Los restantes supuestos de la guerra preventiva no eran recíprocos, como el ofrecimiento a EEUU por parte de los dictadores de la Península Ibérica de hacer de su territorio cabeza de playa en Eurasia, en particular en caso de repliegue: "desde el punto de vista estratégico, puede ser altamente deseable ocupar la línea de los Pirineos".

 

Escuchemos a los generales de Franco:

 

-Luis Orgaz, jefe del Alto Estado Mayor, manifestaba al agregado militar de EEUU: "España podría hacer una gran contribución, con su emplazamiento estratégico, contra la política de Europa oriental bajo dominio soviético".

 

-Antonio Barroso, subjefe del A.E.M.: "Franco está plenamente decidido a llevar a cabo, en el momento oportuno, la eventual restauración de la monarquía".

 

-José Cuesta, subjefe del A.E.M.: "el pueblo español no ha progresado aún bastante su educación y experiencia política como para entender el manejo de un gobierno y ejercer sus derechos de sufragio".

 

-José Ungría, director de la Escuela del Estado Mayor: "cualquier cambio encierra peligro porque las masas pueden iniciar un movimiento para ganar el control del país (...), las masas de extrema izquierda pueden ganar el poder si fuera reconocido el derecho de voto en un plebiscito a todo el pueblo".

 

-Fernando Moreno Calderón, miembro de la Junta de Burgos en el 36 y Gobernador militar en Madrid en 1946: "En elecciones nacionales o plebiscitos, debe permitirse votar sólo a los cabezas de familia o a los que son propietarios de algo de valor".

 

-Antonio Castejón, teniente general jefe de la 71 División en Valladolid: "Si las Potencias occidentales intentaran forzar elecciones, sería desastroso, porque en teoría España tendría entonces un así llamado gobierno democrático... (El informe que llegaba a Washington concluía): Todos los oficiales con los que ha hablado el agregado militar, incluidos los opuestos a Franco, ve a un Bloque Occidental como la única solución y muchos han expresado la idea de que España y sus fuerzas armadas podrían y deberían ser cuña o base para una fuerte oposición Rusia".

 

La estrategia global de la nueva guerra tenía un sentido social y político claro, contra las organizaciones de base social popular y orientación política nacional lo mismo para España como en los EEUU. El estimativo del Joint Intelligence Committee establecía que: "la capacidad conocida de la URSS para atacar el potencial bélico interno de EEUU antes de 1950 es a través de la subversión, sabotaje, acoso políticos".

 

La postración de las masas populares en España era vista como provechosa para la inserción de España en los planes militares: "la dictadura tiene el apoyo del Ejército, la Iglesia, los grandes propietarios y las clases conservadoras de los negocios y finanzas. Mantiene un fuerte control policial sobre los elementos disidentes. Las masas populares no tienen armas para que se cumpla su voluntad. Los grupos políticos y laborales clandestinos son incapaces de lograr cooperar entre ellos o el apoyo del Ejército (...) No obstante, si volviera un gobierno sería también anticomunista, dado que los anarquistas y la mayor parte de los socialistas son anticomunistas y formarían los bloques más poderosos bajo uno u otro gobierno".

 

Es lógico preguntarse qué sentido tenía en ese contexto militarizado la declaración que hicieron pública el 4 de marzo de 1946 los gobiernos de EEUU, Gran Bretaña y Francia, que señalaba el carácter fascista de la dictadura, recomendaba la formación de un gobierno provisional que concediera una amnistía a los perseguidos, reconociera las libertades, celebrara elecciones libres y sometiera a referéndum la forma de gobierno. Mientras, por otras vías, Franco recibía garantías del alcance limitado de esa declaración.

 

A fines de 1947, aunque la ONU mantenía el repudio político y ostracismo del régimen, Franco no se sentía amenazado. Su ofrecimiento concreto a los mandos militares de EEUU, permitía opinar al general Eisenhower: "en caso de una nueva guerra EEUU no tendrá el apoyo activo de ninguna nación europea, excepción hecha de España". Cosa cierta en aquel entonces, pues sólo la creación de la OTAN después de 1948 permitió a EEUU integrar bajo su mando a otros ejércitos europeos.

 

 

El Bloque Occidental y España

 

Los analistas militares de EEUU eran conscientes de que "España, en tanto que llave del Mediterráneo, hace imperativo para los británicos prevenir que esté influenciada por cualquier potencia opuesta a los intereses de Inglaterra". En mayo de 1946, terminaban por hacer suyo el proyecto británico para España: "el regreso a una monarquía constitucional", como la solución "más masticable del problema español". Así y en interés de la nueva guerra proyectaban que, después de Franco, fuera incluida en un "Bloque Político de Europa Occidental (...) posible y ciertamente materializable, pero antes Europa occidental debe estabilizar sus condiciones políticas y económicas internas".

 

Es por lo tanto a partir de que las Potencias intervencionistas históricas -Francia, Inglaterra, Alemania e Italia- están desde 1945 bajo la hegemonía de EEUU, cuando se da luz verde a la evolución de España por parte de EEUU, sin cuya anuencia ninguna fracción de españoles podía ser movilizada por una Potencia contra las pretensiones de otra.

 

Para entonces, ya no quedaba ni rastro de las iniciativas francesa y británica. En 1930, Aríste Brian, ministro de A. Exteriores francés lanzó, sin éxito alguno, su "Memorándum para la organización de una Unión Federal Europea" entre veintiséis países, excluida la URSS. En mayo de 1940, Winston Churchill propuso la "indisoluble unión" de los gobiernos de Francia y Gran Bretaña en uno sólo "que aportara una organización conjunta de las políticas de defensa, extranjera, financiera y económica". En 1943 reemplazó la idea por la de un Consejo de Europa, rechazado por el socialista Paul H. Spaaka, ministro de A. Exteriores de Bélgica: "sería un desastre partir el Mundo en bloques rivales -uno occidental bajo influencia anglo francesa, otro oriental bajo influencia rusa-, Alemania se convertiría en la llave de la política europea, cada bloque querría asegurarse su ayuda, dándole facilidades y permitiéndole revivir, incluso su resurrección militar".

 

En la década de los 20 y 30, los conservadores europeos reconocían en Alemania el baluarte del orden social continental. Sólo el pacto Alemania-URSS de 1939) perturbó por un momento este escenario. Después de 1945 la ocupación militar anglo-americana rehízo a Alemania como estabilizador socioeconómico del resto de Europa.

 

Hasta entonces, mientras Churchill propugnaba hacer de Alemania un centro de gravedad conservador, Roosevelt desbarataba una tras otra iniciativa británica. Truman impuso el proyecto británico. Decía la propuesta británica: "sin una Alemania en orden, no puede haber una Europa en orden (...). Sólo la ocupación militar en escala sustancial puede alcanzar ese fin".

 

La innovación técnica permitió la ocupación atómica total de Alemania, más eficaz y menos visible que el despliegue convencional de tropas y era una garantía para los sectores conservadores de Europa. Cerrado el paréntesis abierto en junio de 1941 de colaboración anglo-americana con la URSS, ésta volvía a ser identificada como el adversario de la Europa socialmente conservadora.

 

Cierto que a fines de 1945, el laborista Ernest Bevin, nuevo titular del Foreing Office, continuaba defendiendo una esfera de influencia diferenciada de la de EEUU porque "éstos intentan extender este principio financiera y económicamente al Lejano Oriente, incluyendo a China y Japón", y también sobre la zona soviética, pues "la URSS parece haberse hecho a la idea de que su esfera va desde Lübeck al Adriático en el Oeste y Port Arthur en el Este (...). Si la cuestión de España fuera resuelta, el área occidental sería mejorada (...), dejaría a Gran Bretaña y Francia en el círculo exterior de Europa con nuestros amigos, Italia, Grecia, Turquía, Oriente Medio, los Dominios y nuestro imperio colonial en África". Nada más lejos de la realidad surgida a partir de la petición de intervención a EEUU en la IIGM y el abandono por parte de éste del vigente segundo principio de la doctrina Monroe que ofrecía abstenerse de "toda interferencia en los asuntos políticos de Europa".

 

Truman iría más allá al atribuir a EEUU un ilimitado derecho de intervención en el continente euroasiático: "Para decirlo claramente, nuestra política debe ser dirigida a restaurar la balanza del poder en Europa y Asia". A petición casualmente del gobierno laborista Attlee-Bevin en febrero y marzo de 1947, Truman hizo pública su intervención en Grecia, Turquía e Irán. En 1948, también a petición del Gabinete de Londres, aplicó idéntica política a Europa occidental con el plan Marshall, condicionando las ayudas económicas de EEUU a que los Estados europeos subordinaran sus funciones económicas al librecambismo. Quedaba clara la intervención de EEUU contra cualquier veleidad de economía europea autónoma.

 

Gran Bretaña abandonó el proyecto de recuperar España para su zona de influencia. ¿Quedaba abandonado el proyecto de restablecer la monarquía en España apoyando a los socialistas de la fracción Prieto? El 2 de octubre de 1948, Bevin (socialdemócrata) y Schumann (democristiano, ministro francés de A. Exteriores) coincidían en que "otro debate en la ONU sobre España sólo dividiría a las Potencias Occidentales". Dos días después el ministro del Foreing Office manifestaba al secretario de Estado de EEUU: "vamos a conspirar para poner el debate en el último lugar del orden del día, no puede haber una solución si un cambio de régimen y lo que tenemos que hacer es no despertar a los perros cuando duermen".

 

En nota de 20 de enero de 1949 a Franco, su asesor Luis Carrero Blanco constataba que Truman "quiere quitar de en medio todas las dificultades que puedan ofrecerse para crear un mundo anticomunista, y amedrentar con él a la URSS o aplastarla en último caso mediante una victoria militar (...), dándose a España el espaldarazo y grado que le corresponde y conviene (...). Debemos poner como condición para entrar en el Bloque Atlántico que nos devuelvan Gibraltar".

 

El alineamiento de Franco con la Coalición de la Guerra Fría se formalizó en 1953 con EEUU. Washington instaló bases militares permanentes e hizo reducir las funciones económicas del Estado en los mercados interno y externo imponiendo la denominada estabilización financiero-monetaria. El 30 de junio de 1959 Franco dirigía un memorándum a la OECE (Organización Europea de Cooperación Económica) y al FMI comprometiéndose a "dar una nueva dirección a la política económica a fin de alinear la economía española con los países del mundo occidental" y ofrecía España para entrar en Comunidad Económica Europea.

 

Muerto Franco, la continuidad del vínculo con EEUU fue institucionalizada entre 1981 y 1986 por los gobiernos de Calvo Sotelo (UCD) y González Márquez (PSOE) mediante la absorción del territorio y recursos económicos españoles por la OTAN, la CEE y la Unión Europea Occidental, continuando Gibraltar bajo soberanía británica. Alberto Oliart, ministro de Defensa, podía sentenciar en 1982 que la adhesión a la OTAN aquel año fue "la culminación de un proceso histórico desde que se concibió la alianza transatlántica" esperado para perfeccionar una relación defensiva que existía, de hecho, desde hace casi el mismo número de años".

 

 

El Post-franquismo y la Guerra Fría

 

Durante 35 años, los leales de 1936, y entre ellos los que entregaron Madrid con la Junta de Casado, rivalizaron en proponer la mejor fórmula para convencer, primero a Londres y París y luego a Washington que era de su interés intervenir en España. En 1948, el encargado de negocios de EEUU en Madrid, Paul Culberston, respondía que "son unos insensatos los monárquicos deseosos de que Norteamérica asfixie económicamente a España. Si eso ocurriera, caería Franco, pero la monarquía no recogería sus frutos".

 

Gil-Robles sintetizaba la idea el 30 de agosto de 1949: "socialistas y sindicalistas están convencidos de que nos hay más camino que apoyar al rey, sin exigir plebiscitos previos, consultas electorales ni gobiernos de concentración en un plazo de bastantes años". Lo escribió el día en que se firmó el pacto entre la Confederación de Fuerzas Monárquicas y la facción que Indalecio Prieto escindió del PSOE después de recibiera la garantía del ministro del Foreing Office, Bevin, de que si los españoles renunciaban a elegir su forma de gobierno las Potencias Occidentales intervendrían contra Franco. Y en realidad por entonces ya no creía en la intervención ni don Juan Borbón, quien cinco días antes a bordo del Azor aceptaba el proceso de restauración deseado por Franco, cuyos términos coincidían con los auspiciados por EEUU desde 1944: "la monarquía es hoy todavía una solución para las potencias extranjeras anticomunistas, y una esperanza para las izquierdas no revolucionarias".

 

Queda claro que EEUU nunca se sintió impaciente por acabar con la dictadura hispánica. Desde la década de los cuarenta EEUU se encargaría de ir estructurando la integración de España y Portugal en los mercados y espacios político-militares bajo su sola hegemonía, con la utilización sin trabas de bases permanentes y contando para ello con la solicitud de España de asociarse a la Comunidad Económica Europea. Laureano López Rodó, comisario del Plan de Desarrollo, ratificaría esta idea el 5 de marzo de 1962: "la solicitud de ingreso en el Mercado Común Europeo es la fase que sigue a los acuerdos con EEUU de 1953 y al Plan de Estabilización de 1959 en cuya gestación jugó un importante papel (...) ahora esperamos que EEUU apadrine también el ingreso de España en el Mercado Común". Cosa segura, una vez evitado el posible "retorno de España al aislamiento" que tanto preocupó a EEUU en 1959: "el retorno de España al aislamiento, abriría la puerta a la penetración comunista y haría retroceder o incluso destruiría todos los esfuerzos de EEUU por crear una Europa unida y fuerte".

 

Nada sería después así. No obstante preocupaba cómo controlar a los ciudadanos terminada la dictadura. Ello llevaría a crear las mediaciones de una transición al posfranquismo que mantuvieran los recursos de España dentro de la Alianza bélica y a merced de los intereses del capital transnacional.

 

El apoyo a la dictadura fue proyectado por EEUU más allá de la persona del general Franco, según directrices elaboradas para el área mediterránea por el Consejo Nacional de Seguridad el 24 de abril de 1952: "debemos procurar usar los instrumentos socioeconómicos de que disponemos de modo que reduzcan el poder explosivo de fuerzas que presionan a favor de cambios revolucionarios (...) Esto puede significar que tengamos que trabajar con y a través de los grupos dominantes actuales y, al tiempo que respaldamos su permanencia en el poder, usar nuestra influencia para inducirles a acomodarse a las nuevas fuerzas que vayan emergiendo. A medida que surjan nuevos grupos de liderazgo, debemos también obrar para asociar sus intereses a los nuestros y, en el momento que alcancen el poder, cooperar con ellos en la ejecución de programas que les ayuden a alcanzar objetivos constructivos".

 

La onda expansiva de la revolución social y nacional de Fidel Castro estimuló a los estrategas del Ejército de EEUU a mirar más lejos y elaborar planes para el mundo hispánico cuyos efectos se prolongarían durante el resto del siglo: "Para cuando deje de mandar Franco deben hacerse preparativos para asegurar que España continúa bajo un gobierno fuertemente prooccidental (...) En la próxima reunión del grupo de trabajo del OCB (Operations Coordination Boarding) sobre España debe considerarse incorporar este problema y recomendar al NSC la orientación de política a seguir".

 

Algunos ofrecimientos a colaborar en estos planes llegaron espontáneamente a los servicios de EEUU. Carlos Zaya Mariátegui, disidente con la fracción del PSOE asentada en Toulouse, aparece informando asiduamente a la embajada de EEUU sobre personas de sensibilidad socialistas susceptibles de sumarse a combatir al Partido Comunista, entre otros, Juan Raventós Carner en Barcelona, José Federico de Carvajal y Mariano Rubio Jiménez en Madrid. "A Zayas le gustaría entregar a la policía española a "Federico" (alias de Jorge Semprúm) si se le presentara la oportunidad.”

 

Durante el posfranquismo Felipe González sentó a Zayas en el Parlamento; hizo embajador en Francia a J. Raventós, a F. de Carvajal presidente del Senado y gobernador del Banco de España a Mariano Rubio. A Federico, convertido al anticomunismo, lo hizo ministro de Cultura. El agente interlocutor de Zayas recomendaba a Washington que "sería buena cosa que socialistas vieran a oficiales de la Embajada norteamericana para que perciban que pueden esperar ser oídos por éstos al menos con igual simpatía que ellos piensan hallar sólo en el Labour Party británico".

 

 

Intervenciones Preventivas

 

Febrero de 1961. Por primera vez desde 1939, pudo una organización obrera organizar una huelga prolongada en la cuenca hullera de Asturias, que fue duramente reprimida por Manuel Fraga Iribarne. EEUU evaluó la huelga como una señal de alarma. EEUU denominaba intervención preventiva la eventual evolución adversa a los intereses de EEUU en los países necesitados de regímenes dictatoriales: "lo que se necesita es una estrategia de intervención premilitar, intervención indirecta y acción positiva para conformar el curso político y fortalecer a los grupos comprometidos a nuestro lado, antes de que la situación llegue a ser tan grave que plantee la cuestión de la intervención militar directa".

 

El general F. Franco Salgado Araujo, secretario personal de Franco, en un diálogo con éste, anotó el 29 de mayo de 1967: "La obsesión de la CIA es que España tolere, y legalice después, dos partidos, uno de carácter socialista y otro democrático para cumplir el deber de prever el futuro, pues de lo contrario al régimen débil sucederá el caos, y a éste el comunismo. Su excelencia me dice: "El gobierno está bien informado de estas actividades, que sigue de cerca".

 

En Portugal la trayectoria de Mario Soares es intercambiable con la de otros líderes cooptados de España e Iberoamérica. En la década de los sesenta, Soares entraba en relación con la CIA. En 1973 el gobierno de Bonn patrocinó la fundación de un Partido Socialista Portugués. En 1974, derrocada la dictadura por el Movimiento de las Forças Armadas, Soares recibiría ayuda clandestina directa del gobierno de EEUU y sus aliados europeos, e indirecta a través de empresas y fundaciones alemanas y de otros países. A partir de 1976 recibió estipendios para uso "discrecional" de Bettino Craxi (Italia), Carlos A. Pérez (Venezuela), Mitterrand (Francia) y de F. González en 1981 y 82. El financiamiento clandestino tenía como fin poner al partido a su disposición, cooptar a dirigentes incondicionales, marginar a los críticos, acabar con la influencia del MFA, marginar al Partido Comunista Portugués y reinstalar la economía y los recursos dentro de las coordenadas de la OTAN y sus aliados.

 

 

La jefatura vitalicia del Estado y de las FFAA

 

Otoño de 1976: en España se sucedieron las movilizaciones de protesta en torno a Vascongadas y los juicios del Tribunal Militar de Burgos contra nacionalistas vascos. Marzo de 1971: Nixon encarga al agregado militar en Italia y coronel de los servicios de inteligencia, Vernon  Walters, la misión de transmitir a Franco que "España era vital para Occidente y Nixon no quería ver desarrollarse una situación caótica o anárquica, expresando la esperanza de ver entronizado a Juan Carlos, conservando Franco la Jefatura vitalicia de las FFAA y desprendiéndose de la función de Gobierno para asegurar una transición pacífica y ordenada que el propio Franco supervisaría". El Dictador dio garantías a Nixon: "La sucesión se llevará a cabo en orden. No hay alternativa al Príncipe. Las FFAA no dejarán que las cosas estén fuera de control".

 

Vernon A. Walters (al que se imputó el golpe en Brasil (1964) contra el presidente Joao Goulart, siendo agregado militar y que llegaría a ser director adjunto de la CIA en 1973 -con la intervención en el derrocamiento de Allende-, entró en contacto con mandos militares en 1971 en Madrid: "los oficiales dudaban que Franco pusiera al Príncipe en el trono antes de morir. Creían que Franco nombraría un Primer Ministro. No creían que hubiera disturbios si Franco moría y que las FFAA podrían manejar fácilmente los problemas. Fue una experiencia estupenda y única".

 

Junio de 1973: Franco cumplió con la segunda opción ofrecida por Nixon designando presidente del Gobierno a Luis Carrero Blanco, pero la identificación de éste con el Dictador podía dificultar la necesidad de mantener la estabilidad interna durante a transición al posfranquismo. La contradicción se resolvió en diciembre de 1973: en medio de movilizaciones sociales, el almirante Carrero voló por los aires dentro de su automóvil. Franco, tras enterrar a Carrero y homenajearle se apresuró a decir en público que "no hay mal que por bien no venga". Acto seguido alejó del gobierno a todos los hombres del almirante y despejó el camino hacia una monarquía más próxima al prototipo auspiciado por EEUU. Laureano López Rodó (del Opus Dei) diría después: "Hay quienes afirman -Fernández Miranda entre ellos- que Franco quiso que no quedara rastro de la política de Carrero".

 

Si Franco estabilizó España mediante los instrumentos de una cruel dictadura, su sucesor debía lograrlo dentro de un sistema de partidos políticos. Desde los años sesenta se aplicaron los planes de cooptar, financiar y proteger a equipos de variadas etiquetas, para organizar partidos políticos a legalizar después con vistas a ocupar espacios electorales. A los electores se les asignaba la función de consumidores en el mercadeo de voto. Todo ello conforme a la teoría según la cual un cambio político limitado y responsable requiere el control de la Potencia intervencionista.

 

Cuando la inesperada revolución de los claveles, democrática y endógena, de los capitanes del Movimiento das Forças Armadas (MFA), derrocó sin un tiro la dictadura de cuatro décadas en un país fundador de la OTAN, las estructuras de la Coalición bélica se movilizaron para aislarla y ahogarla. Era un peligro para España, donde decenas de capitanes y comandantes se estaban asociando en 1974 en una clandestina Unión Militar Democrática (UMD). Kissinger, secretario de Estado de EEUU, se mostraba partidario de aplicar a los portugueses el castigo dado a Chile medio año antes. Willy Brandt entendía que "Europa no toleraría un Pinochet", temiendo que tendría efectos negativos para el Continente europeo, mientras se trataba de reunificar Alemania, mediante la aproximación-distensión entre los Bloques del Oeste y del Este, cuya política desembocaría en la Conferencia de Helsinki en 1975. El gobierno de la RFA propuso usar métodos distintos para reintegrar a Portugal en la disciplina de la Coalición y evitar en España otra revolución democrática: penetrar en los Estados ibéricos a través...[6]                 

 

 

Si desde 1946 los hechos desmentían la retórica de los gobiernos de Francia, Reino Unido y EEUU, quienes vocalizaban idénticos principios en 1975-76 ¿lo hacían por lealtad a los derechos democráticos de los españoles? El posfranquismo no puede entenderse cabalmente sin considerar los intereses externos y una ciudadanía privada durante cuatro décadas de organizaciones y derechos políticos, ante la que se dieron a la luz equipos cooptados, que han satisfecho con prioridad, más que las espectativas o compromisos con sus electores o afiliados de recuperar la soberanía, las exigencias de sus fuentes de sostenimiento.

 

Junta Democrática (formada en 1974) y Coordinación Democrática (marzo de 1976), abogaban por la formación de un gobierno provisional y referéndum sobre la forma de Estado. En una reunión del arco de representantes políticos (3 de noviembre de 1976), el representante de Felipe González, Luis González Llorente, rechazaba el proyecto de restauración de la monarquía agregando que la oposición estaba en condiciones de denunciar y hacer frente al referéndum convocado por Adolfo Suárez para legitimar la reforma del régimen. Asistíamos a una operación de imagen que buscaba atraer votos para después reconducir al país a un puerto distinto.

 

Una encuesta por sectores realizada en 1970 sobre el sistema preferido para después de Franco reflejaba:

 

Sistema          Estudiantes    Abogados          Empleados      Médicos     Obreros

 

República             76               53                        45                     43  

 

Rég.actual            01               08                        37                     20            55

 

M. borbónica        11               23                        05                      08            05

 

M. carlista             -                 01                        01                        -               -

 

Monarquía            05              10                         07                      19             06

 

Los gobiernos de la OTAN ya habían resuelto que a Franco le sucediera la persona por él elegida. La restauración de la monarquía había quedado enmarcada en las coordenadas que EEUU delineaba para España, desde que en 1948 don Juan de Borbón confiara a Franco la formación de su hijo (Franco lo designó sucesor en julio de 1969, sorprendiendo al conde de Barcelona). En 1976, como antes y después de 1945, las Potencias no querían oír hablar de que los españoles recuperaran soberanía para elegir sus formas de Estado y de gobierno, pese a que pasadas tres décadas se hacía patente que la mayoría de los españoles seguía reivindicando su soberanía interna y externa, sus libertades y valores cívicos que la prolongada dictadura no había logrado erradicar.

 

El éxito de la operación sucesoria dependió siempre de la neutralización de quienes reivindicaban el derecho de los ciudadanos a recuperar sus libertades. La puesta en práctica de esta operación fue más fácil después de 1975 cuando los líderes democráticos históricos habían desaparecido, ejecutados o muertos en el exilio. Mientras que Felipe González recibía de las Potencias la misión de trabajar por la aceptación del jefe del Estado designado por Franco. La operación sucesoria halló resistencia, pero fue relativamente sencilla. De la noche a la mañana los equipos de González y Carrillo abandonaron las consignas de gobierno provisional, referéndum sobre la forma de Estado.

 

De este modo, una vez que el conde de Barcelona cedía la legitimidad dinástica a su hijo (14 de mayo de 1977), el 15 de junio de 1977 se abrieron por fin las urnas para las elecciones parlamentarias, pero sin reconocer a los ciudadanos la libertad de elegir la forma de Estado y de gobierno. Los propios jefes políticos designaron a los candidatos en listas cerradas y bloqueadas de ámbito provincial. Asegurado así el control del Parlamento todo sucedería con mayor facilidad. En 1978, ordenarían a sus parlamentarios votar la forma monárquica del Estado.

 

Parte de la operación consistió en traer de Francia a Madrid, a propuesta del gobierno de Adolfo Suárez, después de las elecciones, a Josep Tarradellas para que fuera reconocido como presidente de la Generalitat catalana: "Soy -diría Tarradellas- un defensor inquebrantable de la monarquía de Su Majestad". El embajador de Francia reconocería que con "la llegada de Tarradellas a Barcelona se impidió en Cataluña que volviera a ser popular la izquierda frente populista.

 

En las elecciones parlamentarias de octubre de 1982 González Márquez repetiría la operación para alcanzar otro objetivo, esta vez con menoscabo de la soberanía exterior. Mientras en público se mostraba partidario de retirar a España de la Coalición bélica, conseguida la mayoría absoluta en el Parlamento ordenó a sus hombres votar la...[7] ...sobre territorio, economía y recursos españoles, habían consumado la sustitución del régimen del Dictador, sin arriesgar el sistema de poder construido desde 1939. ¿A qué riesgos aludían? A que los ciudadanos asumieran el protagonismo del cambio y lo condujeran hacia horizontes distintos de los programados. Para evitar tal riesgo los planificadores previeron disponer de personas a sueldo, comprometidas a conducir el cambio de régimen, e institucionalizarlo, sin devolver sus derechos nacionales y democráticos a unos ciudadanos deliberadamente mantenidos en un nivel bajo de movilización y rígidamente encuadrados.

 

La teorización de semejante proceso de cambio controlado es muy conocida. Entre sus divulgadores sobresale el del asesor del Pentágono y del Departamento de Estado Samuel P. Huntington, también asesor de la Comisión Trilateral

 

 

La comisión Trilateral

 

El 4 de noviembre de 1976 llega al poder Jimmy Carter (demócrata) derrotando al sucesor de Richard Nixon, Gerald Ford (republicano), con su equipo formado en torno a la Comisión Trilateral, creada en octubre de 1973 e impulsada por el grupo económico Rockefeller.

 

Sean McBride, premio Nóbel de la Paz y ex ministro de A. Exteriores de Irlanda, lo describe así: "El Presidente de EEUU no es el amo, es el criado. A veces se piensa que el amo es el Pentágono. No, es el criado. Pero entonces, ¿quién es el amo? El amo es un conjunto de empresas transnacionales y de bancos (...) David Rockefeller, profundamente introducido en los negocios petrolíferos, fundó la "Trilateral" en 1973 que corresponde a tres partes del mundo: EEUU y Canadá en América del Norte, las naciones de Europa Occidental y Japón (...) Representa la mayor concentración de riqueza y poder económico que se haya reunido jamás en la historia del mundo. Representa el sistema que más se aproxima hoy a un gobierno mundial".

 

La Administración Carter adoptó en política exterior la denominada doctrina de democracia controlada. Para Samuel Huntington, exponente de una concepción elitista temerosa de las consecuencias de la extensión de la democracia a todos los ciudadanos (las masas): "la democracia es sólo una de las maneras de constituir la autoridad, y no es necesariamente aplicable universalmente. El funcionamiento efectivo de un sistema democrático requiere cierto nivel de apatía y de no participación por parte de algunos individuos y grupos".

 

Es la escuela de pensamiento conocida en la década de los sesenta como de la modernización construida por sociólogos al servicio de la Guerra Fría, y cuyas investigaciones eran financiadas desde los presupuestos del Pentágono, para quienes: "el incremento de la participación política puede someter los regímenes a presiones tales que les conduzcan a adoptar políticas contrarias a los intereses de EEUU. Incluso puede facilitar la llegada al poder de grupos opuestos a los intereses de la política exterior de EEUU.

 

En mayo de 1975, pasado un mes de la Revolución democrática portuguesa y medio año antes del fallecimiento de Franco, la Trilateral había celebrado una publicitada reunión en la que influyentes miembros -entre ellos Carter, Brzezinski y el presidente de los sindicatos de la RFA-, consideraron que un eventual acceso al gobierno de Francia e Italia de una coalición de izquierda que incluyera al Partido Comunista, vaciaría de sustancia a la Alianza Atlántica. La contingencia estaba en el ambiente.

 

Según Willy Brandt Europa no tenía por delante más de veinte años de democracia, después tendría que optar entre "el Politburó...[8] ...conclusiones de la Trilateral de 1975 fueron un calco de las medidas aplicadas a España:

 

a) descentralizar la cosa pública;

 

b) hacer de los Parlamentos órganos técnicos desideologizados; personalizar el poder para reducir la participación;

 

c) hacer de los partidos órganos de gestión, permitiendo la financiación por empresas y desde los fondos públicos;

 

e) reducir la influencia de los periodistas en los medios de comunicación;

 

f) reducir la financiación de Universidades, que generan excedentes de licenciados,

 

g) combatir en las empresas la presión por la autogestión o participación de los trabajadores;

 

h) no confiar al azar el funcionamiento democrático;

 

i) establecer una especie de Pacto Atlántico en el terreno ideológico, que contenga la excesiva voluntad de cambio en los países con exceso de democracia".

 

En la España mediterránea, sin variar las pautas estratégicas de Truman sobre la península para la Guerra Fría, la aplicación de la Trilateral significaría sustituir la movilización en torno a reivindicaciones de soberanía y libertades democráticas por la apatía e indiferencia, inherentes a una democracia controlada, que sin alterar las estructuras socioeconómicas facilitara la circulación de capital internacional. Es decir, cambiarían los medios: las políticas aplicadas por Kissinger entre 1968 y 1974, de represión sangrienta a las organizaciones y países rebeldes, serían sustituidas por políticas de impulso a formas de gobierno menos entusiastas respecto a la aplicación de la tortura y la cárcel de modo masivo. De este cambio se beneficiarían algunos países de dictaduras sostenidas por la Coalición de la Guerra Fría, con España, Grecia, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Corea del Sur, Irán.

 

Así, de la política del gobierno Carlos Arias-Manuel Fraga (noviembre 1975-julio 1976): cambio político muy limitado, restricción de los principios democráticos, de la legalización de sindicatos o del reconocimiento de las nacionalidades, se pasó a la legalización de los grupos políticos y sindicatos avenidos al cambio, a la convocatoria de elecciones a Cortes e inicio del reconocimiento autonómico. A los exponentes republicanos vascos, gallegos, y otras nacionalidades, no se les reconocieron los derechos políticos hasta después del 15 de junio de 1977 cuando el espacio electoral y el Parlamento estuvieron ocupados por los comprometidos con la programada reforma. La base sería un Parlamento asentado en torno de un polo centro-derecha y otro de centro-izquierda.

 

El caso del Partido Comunista fue uno de los más simbólicos. Kissinger preveía mantenerlo sin legalizar hasta que los grupos cooptados ocuparan el espacio electoral de la izquierda. Elegido Carter en noviembre del 76 le ofrecieron participar en las elecciones a cambio de abandonar su programa de "ruptura democrática" e instauración de un gobierno provisional encargado de convocar elecciones y someter a referéndum la forma de Estado. Finalmente, legalizado el Partido, el equipo de Carrillo asumió los objetivos del "consenso" UCD-AP-PSOE, núcleos nacionalistas de Vascongadas y Cataluña.

 

 

Constitución y eutanasia del Estado Nación

 

Muerto el Dictador, se procedió a reformar las estructuras del Franquismo y no a romper con su obra, lo que hubiera requerido la plena recuperación de la soberanía por la Nación y los ciudadanos. Desde la intervención germano-italiana, quedaron aplastadas la soberanía democrática y las bases de la conciencia de "Nación".

 

La transición fue una reforma que en la práctica no se propuso nacionalizar el Estado y enraizarlo en la Nación mediante la devolución a los ciudadanos de su plena soberanía interior y exterior. A los españoles se les redactó un texto constitucional preparado para la integración-disolución del Estado en el sistema europeo de Guerra Fría.

 

Ninguna Constitución europea incluye el equivalente español del art. 96.1: las disposiciones de los tratados internacionales "sólo podrán ser derogadas, modificadas o suspendidas en la forma prevista en los propios tratados o de acuerdo con las normas del Derecho Internacional. En EEUU, cualquier tratado puede ser anulado por una decisión legislativa posterior, y ningún tratado puede autorizar lo que la Constitución prohíbe. La sucesión franquista se llevó a cabo de modo que se dificultara, e imposibilitara, un proyecto nacional o una política exterior no alineada o neutral.

 

En España, un Gabinete con mayoría en las Cortes tiene manos libres para cualquier pacto con Poderes extranjeros. De esta forma se institucionalizó una vía de desmantelamiento progresivo del Estado en el sistema internacional construido durante la Guerra Fría. El andamiaje del sistema de gestión interna queda así articulado como la prolongación local de los centros de decisión supraestatales.

 

Desde esta perspectiva, tan lógico es que el Estado haya renunciado al privilegio que ostentaba desde 1478 de participar en la designación de Obispos católicos, como que en 1976 abrogase las normas legales que le permitían actuar sobre la actividad económica interior, o que la Constitución haya posibilitado a una mayoría poder ceder competencias propias de la soberanía nacional sin hacer obligatorio su refrendo por los ciudadanos (art.93). Está en la lógica de los hechos que las Potencias promuevan subordinar las nacionalidades a sus propios centros de decisión económica y estratégica, directamente, reduciendo así lo que reste de "Estado español" a simple mediación administrativa. Así, los intereses más integrados en las estructuras supranacionales podrían estimular, sin chocar con norma legal alguna, la progresiva eutanasia de la conciencia de Estado y Nación de los españoles.

 

Mientras que en la mayoría de los países capitalistas se exige que los tratados económicos o comerciales sean aprobados por el Parlamento, en España un Gobierno puede ceder, o enajenar, o dejar en concesión a entidades extranjeras sectores neurálgicos del patrimonio económico común, sin que el Parlamento tenga que autorizarlo. Por contra, se eleva a rango constitucional el mito de la "libertad de empresa...[9] ...dándose cauce formal a eventuales intervenciones militares ante situaciones críticas en los órganos del Estado, lo que distancia a la Constitución española de las europeas y americanas y la aproxima a las dictadas en regímenes de dictadura.

 

 

El Golpe de Estado de 1981

 

Jimmy Carter terminó su período de Administración demócrata con una inflexión en su política exterior informada por la directriz 59 del Consejo Nacional de Seguridad (25/07/1980) que se podía interpretar como preparatoria de iniciativas militares para una eventual guerra nuclear limitada en Europa.

 

Por aquel mismo mes de julio, y no casualmente, se iniciaba la operación de asedio y derribo del gobierno español presidido por Adolfo Suárez, que se vería intensificada a partir de la victoria del candidato Ronald Reagan en las elecciones presidenciales de noviembre del mismo año.

 

Todo permite concluir que hubo una relación de causalidad, tanto en la política exterior de los primeros años de Carter y la reforma política de 1977-78 en España, como entre la llegada a la Casa Blanca del Partido Republicano (20/01/1981) y la inmediata clausura de la etapa reformista del gobierno de Suárez que culminó con la dimisión de éste último y el golpe militar de enero-febrero de 1981.

 

La elección de Ronald Reagan significó que la política exterior de EEUU adoptase las medidas siguientes:

 

a) Incremento del gasto militar: los 108.000 millones de dólares de 1978 se proyectó elevarlos a 300.000 para 1985;

 

b) Incremento movilizador de los regímenes o movimientos antidemocráticos y conservadores de África, Hispanoamérica y Asia del Sur;

 

c) Respaldo a gobiernos y organizaciones incondicionales de EEUU, aunque ejercieran el poder de forma inhumana, y relevo en los gobiernos antes apoyados por Carter a veces de modo dramático (el presidente de Portugal, Sa Carneiro se cayó en las postrimerías de 1980 y su sucesor dimitía en agosto del mismo año; Jaime Roldós, presidente del Ecuador, cayó con un avión en mayor de 1981; Omar Torrijos de Panamá se estrellaba en agosto; Golbery do Couto e Silva, jefe de la Casa Civil de Brasil, seguía en agosto el ejemplo de Adolfo Suárez; Juan Kirkpatrick, hacia una gira de apoyo a las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile explicando las suspicacias de la Administración Carter hacia ella.

 

España, a finales de 1980, era un caso que ofrecía la mayor seguridad al sistema norteamericano. Gobierno y oposición aceptaban las bases militares y las inversiones en España. Como a poco se vería, la UCD se ofrecía para incorporar España a la OTAN y a las instituciones de la Guerra Fría. González y Carrillo, aunque verbalmente en desacuerdo con el ingreso en la OTAN, de hecho no movilizaban a la opinión pública, mientras se manifestaban de acuerdo con cuestiones como las cesiones al capital multinacional, al tiempo que excluían de sus programas toda referencia a "nacionalizar".

 

El sistema español funcionaba bajo las pautas políticas, militares y económicas de desmovilización social y apatía política.

 

¿Qué puso de manifiesto el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981?:

 

1) Que el acceso de Reagan, con el general Haig en la Secretaría de Estado, apoyó el golpe de Estado;

 

2) Que los centros de poder españoles colaboraron en la preparación del contexto sociopolítico necesario para el golpe;

 

3) Que los principales dirigentes políticos estuvieron involucrados para que el golpe desembocase en un gobierno llamado de concentración nacional presidido por un General que invocaría la defensa del orden constitucional.

 

La intervención militar

 

Está claro que EEUU respaldó la dictadura de Franco hasta el último aliento de éste el 20 de noviembre de 1975. [10]Está claro que la Administración Carter-Brzezinski y la OTAN se interesaron por instalar en España un régimen liberalizante mientras se creaban partidos políticos dependientes de los centros de la propia Coalición, sobre todo de la RFA: la Fundación Conrad Adenauer había financiado a los democristianos; la Fundación Neumann financiaba a los liberales; la socialdemócrata Friedrich Ebert al equipo de Felipe González.

 

Sin embargo, hubo un cambio radical en la política de EEUU que no permitió a Adolfo Suárez sobrevivir más de una semana después de que Jimmy Carter saliera de la Presidencia. El 29 de enero de 1981, de un modo tan inesperado como inexplicado, Suárez renunciaba a la Presidencia del gobierno y de UCD.

 

El 15 de marzo de 1981, pasados los hechos, la prensa informó que algunos de los españoles comprometidos con el golpe militar habían viajado a Washington entre noviembre de 1980 y febrero de 1981 invitados por el equipo de Reagan para consultar o ser consultados sobre el intento, recibiendo promesas de ayuda. Lo cierto es que una conspiración de capitanes generales y generales de Estado Mayor a suboficiales, pasando por coroneles, capitanes y tenientes de las FFAA y de la Guardia Civil, además de decenas de civiles, es imposible que pasase desapercibida de los servicios de información, sobre todo norteamericanos. Menos, cuando uno de los golpistas mejor situados, el jefe del Estado Mayor de la División Acorazada de Brunete, el coronel San Martín, procedía de los servicios de información de Carrero Blanco y tenía la reputación de estar relacionado con los norteamericanos.

 

Desde hacía tres años, en 1978, un oficial, el coronel Federico Quintero, especializado en información y próximo a los servicios norteamericanos, había desvelado a sus superiores que fue contactado en una conspiración relacionada con el teniente coronel Tejero que preparaba un golpe militar para noviembre de 1978. Se refería a la "operación galaxia" (El País: 21/11/1978). Contaban con apoderarse de Adolfo Suárez, para forzar una "salida política" consistente en un "gobierno de salvación nacional", invocando como legitimación el art. 8 e la Constitución y comprometiéndose a "solucionar la crisis" provocada por los propios golpistas.

 

Con todo este arsenal de noticias es imposible pensar que los servicios secretos ignorasen la preparación del golpe, e inimaginable, también, que el general Alfonso Armada -con 15 años de colaboración con don Juan Carlos de Borbón- hubiera aceptado encabezar un proceso de intervención militar sin consultar a EEUU. Tejero declararía ante el Juez Instructor que "tanto el gobierno de EEUU como el Vaticano habían sido sondeados por el general Armada".

 

Cuesta pensar que los servicios de EEUU ignorasen una conspiración que se demostró ramificada, primero en Turquía y después en Portugal y España. Un cable de la agencia France Press (5/03/1981) se refería a un grupo de 250 portugueses de extrema derecha que cruzaron la frontera española esperando el triunfo del golpe en España para hacer un llamamiento al Ejército portugués favorable a un golpe similar al turco. Existe el dato del ministro de Defensa español que no pudo desmentir ante el Congreso el 17 de marzo de 1981 que la base aérea de EEUU en Torrejón fue puesta en estado de alerta el domingo anterior al golpe. Mas: el secretario de Estado de EEUU, general Haig, consultado por los periodistas mientras Tejero secuestraba a ministros y diputados en el Congreso, se limitaba a decir que "se trataba de un asunto interno de España".

 

El Diario de Noticias (Lisboa 28/03/1981) recogía el rumor de la presunta preparación en noviembre de 1980 en Madrid de ambos golpes, en Portugal para el 25 de abril, abortado con el fracaso del golpe español. Se daba como fecha del comienzo de ambas conspiraciones justo el mes en que Reagan fue elegido presidente de EEUU. En este sentido no podemos dejar de evocar los esfuerzos que hacían en Portugal, Mario Soares de manera personal, el Partido Socialdemócrata y la Democracia Cristiana -contra la voluntad de la mayoría del Partido Socialista-, para lograr la inmediata dimisión del presidente de la República y, al no lograrlo, retirarle en todo caso la jefatura de las FFAA a Ramalho Eanes, último dique a la ofensiva de la derecha militar contra los restos de la revolución del 25 de abril de 1974.

 

Sábado Gráfico (12/05/1981) hilaba las conspiraciones con la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. ¿Era esta militarización de la Península Ibérica una ayuda colateral a la reelección del candidato de la derecha, Valery Giscard d`Estaing, frente al de la coalición socialista-comunista, Francois Mitterrand?

 

Pero hay más. El informe oficial del Ministerio de Defensa presentado al Congreso el 17 de marzo de 1981, confirmó que el golpe de Tejero y Milans de 23 de febrero se adelantó a los preparativos de otro de mayor envergadura y fecha posterior. Lo cierto es que el 30 de abril las tropas de la región militar de Madrid fueron acuarteladas. Y que el 4 de mayo un general y un policía nacional eran asesinados en Madrid y dos guardias civiles en Barcelona. La escalada culminaba el jueves 7 de mayo con el intento de asesinato del Teniente General Valenzuela[11], jefe de la Casa Militar del Rey. Esa tarde acuartelaron las tropas hasta el anochecer. Al día siguiente se sentía en el ambiente el riego de insurrección. Pero no la hubo ni en España ni en Portugal. El 10 de mayo ganaba en Francia la coalición de izquierdas.

 

En Italia, el 21 de mayo se hacía pública la lista de la Logia Propaganda-2, acusada de preparar un golpe de Estado para reformar la Constitución, destituir a Sandro Pertini y sustituirlo por un democristiano que confiaría la Jefatura del Gobierno a otro socialdemócrata dispuesto a debilitar los sindicatos y restringir las libertades civiles.

 

En España, el capitán general Milans de Bosch, había informado el 18 de enero sobre el golpe a otros conspiradores. Semanas antes del golpe, más de diez generales se reunieron en Madrid para planear el operativo del golpe. En diciembre de 1980, la esposa de Tejero había comprado los seis autobuses que trasladarían a los guardias civiles para el asalto al Congreso. Una revista de temas turísticos, Spic[12], en su edición del 5 de febrero anunciaba en clave un golpe militar para el lunes 23 de febrero a la hora exacta en que Tejero irrumpió en el Congreso.

 

Más datos: para que el dimitido Gobierno Suárez se hallara en pleno dentro del hemiciclo, se requería que en la sesión del viernes 20 no fuera investido como presidente Leopoldo Calvo Sotelo, quien recoge en su Memoria viva de la transición que "desde mi casa, el 17 de febrero, llamó Pío Cabanillas a Jordi Pujol y tuvo con él este diálogo:

 

-Jordi ¿Por qué no votáis en primera votación a Calvo Sotelo;

 

-Ahora no podemos; ya se verá más tarde;

 

-No es prudente ir a la segunda votación, ¿Qué temes que pueda suceder entre una y otra?;

 

-No, nada. A lo mejor un revuelo de entorchados".

 

El domingo, día 22 de febrero, el comandante Pardo de la División Acorazada de Madrid se entrevistó en Valencia con el capitán general Milans del Bosch, quien diría al primero que "el lunes 23 se produciría en Madrid un hecho de extraordinaria gravedad ante lo cual no había más remedio que garantizar el orden y la seguridad de la I Región (Madrid), y que la III (Valencia) ya estaba preparada. A las 8 de la mañana del lunes 23, oficiales del Estado Mayor de la III Región ultimaban los planes "como estaba previsto de antemano por Milans de Bosch".

 

A las 4 de la tarde, el general Torres Rojas, gobernador militar de La Coruña, aparecía en el recinto de la División Acorazada de Madrid y convocaba con la mayor facilidad a los jefes del Cuartel General y al Estado Mayor de la misma. A la misma, en la I Comandancia Móvil de la Guardia Civil, en Valdemoro, Madrid, se repartieron fusiles entre guardias seleccionados horas antes para ocupar el Congreso de los Diputados.

 

Se hace imposible pensar que los servicios de información militar, el CESID y el JUJEM, los Estados Mayores del Ejército y de la Guardia Civil dejaran de percibir los preparativos, hasta el punto de que, a las 6,22 de la tarde, la totalidad de los ministros se vieran sorprendidos en el Congreso por Tejero.

 

Antes, el 17 de diciembre de 1980, El Alcázar había publicado que el colectivo Almendros preparaba una conspiración militar. A mediados de enero de 1980, El Heraldo Español titulaba su portada a toda plana: "Ha llegado la hora". El 22 de enero y el 1 de febrero de 1981, con el mismo seudónimo se precisaba esa información. El día 8, bajo el título "Situación límite" situado en primera página firmaba otro articulo el teniente general Fernando de Santiago y Díaz de Mendívil, ministro de Defensa entre 1975 y 1977. El 19 de febrero, El Heraldo Español anunciaba bajo el titular "El Plan De Gaulle... al revés", que el general Armada iba a presidir un nuevo Gobierno auspiciado por Felipe González.

 

El 25 de enero, vísperas de la dimisión de Suárez, el presidente de la patronal catalana, Alfredo Molins lanzaba un duro ataque: "Este Gobierno no se comporta como nosotros creemos que debería comportarse (...) es necesario un Gobierno que gobierne con autoridad". Quince días antes del golpe, en medios empresariales catalanes ya se hablaba de un Gobierno de concentración que sería presidido por el general Armada.

 

El 19 de enero, el coronel Ibáñez, del Estado Mayor de Milans de Bosch, visitó a Armada en Lérida "para comunicarle el resultado de una entrevista, en la que se había decidido al aplazamiento de la ocupación del Congreso. Armada informó de su próximo nombramiento como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército".

 

El 29 de enero, Emilio Romero en ABC publicaba que el general Armada se estaba proyectando a la Presidencia del Gobierno.

 

Adolfo Suárez dimitió el 26 de enero y se publicó el 29. De inmediato, el general Armada fue catapultado al puesto de segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército. Catorce días después se reorganizaba la estructura de mando del Ejército de Tierra. Se centralizó la dependencia de la estructura de fuerza -capitanías generales-, y de las unidades de la Reserva General en la persona del jefe del Estado Mayor, y ponía al frente del Estado Mayor General y Especial del Ejército... al general Armada.

Hay que recordar, que Adolfo Suárez contribuyó a que el Rey cesara a Armada de su puesto de Secretario General de la Casa Real, el 29 de octubre de 1977, prefiriendo tener a éste lejos de Madrid. Ahora, caía Suárez y subía Armada.

 

Según las conclusiones de Milans de Bosch ante el Juez Instructor del sumario, el 10 de enero de 1981, aquél había mantenido una reunión con Armada en Valencia donde "se habló de una operación política encaminada al nombramiento de Armada como jefe de Gobierno". En una reunión ulterior, el día 18, en presencia de Tejero, del general Torres Rojas y de otros conjurados, se consideró que en una fecha ulterior el partido de Felipe González presentaría en el Congreso una moción contra el Presidente del Gobierno: "acudirían a la sesión la totalidad de los diputados y sería el momento apropiado para tomar el Congreso". Sobrevenida la dimisión de Suárez, Alfonso Guerra, el 12 de febrero, hizo público que Felipe González "no descarta la posibilidad de una moción de censura" contra su sucesor Calvo Sotelo.

 

Esta claro que si el golpe sólo hubiera tenido como objetivo desplazar a Adolfo Suárez de la Presidencia del Gobierno, no se habría llevado a cabo, salvo que persiguiese fines más ambiciosas, toda vez que Suárez se adelantó renunció voluntariamente haciendo público un mensaje donde decía: "un político debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona (...) yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España".

 

La dimisión de Suárez tuvo que influir, sin duda, en la situación asumida por los conspiradores. Al día siguiente, el Partido Comunista pedía un gobierno de coalición Suárez-González. Blas Piñar, veía el sustituto de Suárez en Landelino Lavilla. Álvarez de Miranda, democristiano, se había pronunciado favorable a que UCD se coaligase con González. Pero el propio Calvo Sotelo en la sesión parlamentaria de investidura dejó claro su rechazo a González al afirmar que "la transición ha terminado". En esto coincidía con la dirección de UCD y con los partidos nacionalistas de Vascongadas y Cataluña.

 

Al mismo tiempo, González y Carrillo coincidían en excluir una coalición socialista-comunista. El más interesado en que González accediese al gobierno de España era el canciller Helmut Schmidt. Su ministro de Hacienda y el presidente de la Confederación General de Sindicatos habían convocado una discreta reunión con Carlos Ferrer Salat, presidente de la CEOE, pero éste comunicó "a sus interlocutores socialdemócratas alemanes que, a su modo de ver, el momento no era favorable para que el PSOE asuma ahora el encargo de formar Gobierno".

 

¿Cuál era entonces el objetivo de la conspiración?: "la propuesta de resolver la situación en el Congreso mediante la formación de un Gobierno presidido por Armada la expresó éste a los generales reunidos en el cuartel general, después de una conversación telefónica con Milans (...) Armada pidió un ejemplar de la Constitución para estudiar el posible encaje legal de la fórmula". Al regreso de Armada al Cuartel General del Ejército informó a Gabeiras que "el Ejército está dividido y no se más solución que la de formar un gobierno presidido por él (Armada), para lo que se presta a ir a las Cortes y hacer tal propuesta, si se le autoriza".

 

Armada dice que “se le permitió presentar su fórmula a título personal, nunca como propuesta de la superioridad (...) Fernández Campo confirmó que el Rey habló con Gabeiras y con Armada, y que después le pasó el teléfono y Armada le dijo que (...) había que evitar la división del Ejército, para lo que él (Armada) consentía en sacrificarse ofreciéndose para presidir un gobierno". Extraña forma de resolver el problema creado por la insurrección de la que el propio Armada formaba parte.

 

Armada, ya en el campo de los hechos, no entró directamente en el Congreso sino que hizo escala en el hotel Palace, convertido en puesto de mando de los generales que comandaban los cuerpos militarizados. Alas 23:40 "reiteró (a Aramburu y Sáenz de Santamaría) su apreciación de que algunas capitanías podían estar a favor de Milans, y expuso la oferta que iba a hacer a Tejero de un gobierno de transición presidido por él" y recibió vía franca al edificio del Congreso.

 

 

¿Quién paró al General Armada?

 

¿Qué supuestos permitían a Armada ingresar en el Congreso con un propósito tan preciso, y contar con la luz verde del mando militar y del Palacio Real?

 

Armada declararía después ante el Fiscal togado que "Creía necesario resolver la situación de emergencia que se había producido, porque en aquella situación la Constitución estaba vulnerada por Tejero y había que restablecer la normalidad"...

 

Sin embargo, existía constancia de que Armada, dos días antes, el sábado 21 de febrero, se había descubierto ante Tejero como cabeza de la operación. Concluye el Fiscal togado que "en la madrugada del 21 de febrero se celebra en Madrid una reunión a la que asisten Armada y el procesado comandante de Infantería, designado en el CESID, José Cortina Prieto (...) Cortina informa que están redactados hasta los decretos-leyes que entrarán en vigor en su momento y que, transcurridas dos horas desde la ocupación del Congreso, llegaría una autoridad militar que sería aceptada por distintos grupos parlamentarios".

 

En su comparecencia ante el Juez Instructor, Tejero declaró que en la reunión del día 21 "Cortina le indica que todo va a salir bien, que los socialistas no van a dar la menor guerra (...) Los socialistas del Congreso son más bien socialdemócratas y ven también la necesidad de un golpe de timón".

 

Prosigue el Fiscal togado: "Después de esta entrevista Tejero consulta por teléfono con Milans, quien le ordena que obedezca a Armada, y Tejero informa a Milans que se había fijado la fecha del 23 de febrero para la operación, y que precisamente la había fijado Cortina". El propio Milans parece haber intuido algo nuevo en Cortina: "mantiene una conversación con Armada, quien le confirma que Cortina era el hombre de su confianza". Sería esto el antecedente inmediato de la divergencia en la noche del 23 al 24 de febrero entre Tejero y Armada acerca del desenlace del golpe. A Tejero se le confió la misión de ocupar el Congreso y retener al Gobierno y a los diputados, pero no conocía el desarrollo planificado para después, le habían dicho que el nuevo "gobierno sería sólo de militares".

 

Si ésta fue la artimaña para instrumentar a Tejero como percutor para el golpe, la dirección del operativo subvaloró la autonomía de la oficialidad intermedia. Una vez rota la disciplina en la cadena de mando, Tejero sabía que su misión duraba "hasta que llegase una autoridad militar que pronunciase la consigna Duque de Ahumada".

 

Tejero tenía su confianza puesta en Milans de Bosch y preguntó a Armada "si el general Milans formará parte del Gobierno. Armada contestó que ni él ni ningún militar, solamente él como presidente". Tejero debió ver claro en ese instante. Le habían ilusionado con un golpe militar "contra el sistema" y ahora descubría que había sido utilizado como excusa. Pidió aclaraciones a Armada. Este le dijo que en el gobierno estarían Felipe González, Múgica Herzog, Solé Tura y otro de UCD. Tejero, desengañado, fue tan abrupto como su respuesta: "Ordenó a dos guardias civiles que condujesen a Armada a la salida y que no entrará sin su permiso".

 

A partir de ese momento, Tejero intentó proseguir el golpe militar. Improvisó un manifiesto que pidió divulgasen por radio (La Voz de Madrid) los oficiales de la División Acorazada Brunete, pero no lograron salir al aire. Intentó que lo imprimiera El Alcázar, y tampoco lo consiguió. Recurrió a Milans. A las 01,35, llegaba al Congreso en apoyo del golpe el comandante Pardo Zancada, de la División Acorazada, al frente de 113 hombres y 4 capitanes.

 

En Valencia, Milans, vacilante, a las 2,30 del martes 24, ocho horas después de que Tejero ocupara el Congreso, al manifestarle el propio Rey por teléfono y telex que no aceptaba la formación de un Gabinete Militar, retiraba los tanques de la calle, pero no levantaba el Bando militar. "Juro -había dicho el Rey- que no abdicaré la Corona ni abandonaré España, quien se subleve está dispuesto a provocar una guerra civil (...)". Milans consultó con otros capitales generales y fue entre las 04:00y las 05:00 h. cuando comprendió que ya no le secundaban ni sus propios oficiales. A las 05:00 Milans retiraba el Bando y renunciaba a seguir.

 

A medianoche, el Rey había transmitido un mensaje radio-televisado rechazando un desenlace que no respetase la Constitución. La intención del mando militar central que preparó la intervención era respetar la fachada de la Constitución. Pues, si Armada hubiera tenido éxito, la Junta de Jefes de Estado Mayor hubiera invocado el art. 8 que atribuye a las FFAA "la misión de defender el ordenamiento constitucional".

 

Tejero, desde dentro del Congreso, había dado lugar al desbaratamiento de la "operación Armada". Diez horas después, aislado y tras el abandono de Milans, pactaría su rendición con el propio Armada. Milans y Tejero, habiendo pretendido finalmente forzar la formación de un Gabinete Militar, que suspendería las libertades públicas, chocaron con la lógica del desarrollo previsto por los conspiradores para llevar a cabo, con Armada, el golpe de Estado... (..[13].)...el orden que la misma determina".

 

El comunicado silenciaba la sublevación de Milans, su Bando militar y la ocupación de la calle con los tanques de la III Región. Describía como un simple "suceso" el secuestro de todo el Gobierno y de los diputados, y no se pronunciaba en contra de la operación Armada, ni sobre propósito de éste de personarse en el Congreso una hora después, está claro que con el acuerdo de la JUJEM, dispuesto a proponer la investidura de un Gobierno provisional que restableciera el "orden constitucional".

 

Al día siguiente del secuestro del Congreso, Adolfo Suárez -todavía presidente en funciones- criticó a la JUJEM que hubiera "reaccionado tan tarde y de manera tan confusa". La confusión podía derivar de las dos lógicas contrapuestas del golpe, la de Tejero y la de Armada, y quizá también de la inesperada reacción del Jefe del Estado, después de que la insurrección se hubiera iniciado invocando su nombre. Era cierto que los tres centros de la operación, el proyecto político-militar de Armada, Tejero y sus hombres y el mando sublevado de la II Región, tenían en común que reconocían a don Juan Carlos de Borbón la Jefatura del Estado y de las FFAA. Pero la insurrección quedó sin cabeza política en cuanto el Jefe del Estado la desautorizó.

 

Cabe preguntarse de nuevo acerca del objetivo del golpe. Pues, a la inversa de otras experiencias golpistas determinadas por situaciones de aguda movilización social alrededor de reivindicaciones políticas, económicas y culturales, la de febrero de 1981 no tenía una justificación clara. En España, no sólo predominaba la pasividad popular, sino que a la actividad de los equipos políticos le favorecía la pasividad; no le preocupaba defraudar expectativas o reivindicaciones populares. La desmovilización cívica, desafiliación política, abandono de cuadros e indiferencia o retraimiento eran generalizados ante los gestos y obras de quienes protagonizaban la reforma política iniciada el 15 de junio de 1977. Así, un puñado de guardias civiles secuestraba a los dirigentes del sistema político en medio de la apatía de la población a la que, sin embargo, angustiaba la amenaza que encerraba el fácil y protegido golpe de fuerza.

 

Para Adolfo Suárez "al general Armada la idea de presidir un gobierno de coalición se la sugirió un destacado socialista". En el verano de 1980 abundaban los comentarios de prensa acerca de que desde el entorno de Felipe González se promovía a un general para la Presidencia de un gobierno de coalición. Suárez, desde Lima en julio de 1980 había comentado a un periodista que conocía "la iniciativa socialista de situar a un militar al frente del Ejecutivo".

 

Juan Raventós, diputado socialista por Barcelona, señalaba en la revista Interviú a Suárez como un obstáculo a eliminar de la Presidencia del Gobierno. A finales de octubre, Raventós y Enrique Múgica se reunían en Lérida con el general Armada. El 6 de noviembre, Enrique Barón Crespo, diputado socialista por Madrid, anunciaba que "es lógico pensar que en España puede haber Gobierno de coalición (con González) hasta el 2000", no obstante existir una resolución del Comité Federal contraria.

 

En el mismo sentido se había manifestado Felipe González, veía "inexorable ser oposición (...) A la presencia socialista en el Gobierno se oponen radicalmente numerosas personalidades de la derecha sociológica". Si embargo, todo cambió de repente. El mismo Felipe González, presentando un libro de Fernando Morán habló de la "formación, en breve plazo, de una nueva mayoría parlamentaria, con inclusión de los socialistas".

 

¿De dónde provenía la seguridad de González? La UCD no había dado ninguna señal de ofrecimiento. La única noticia de intranquilidad la había emitido Joaquín Prieto como una confidencia de Felipe González: "existe la sensación de que el estamento militar no soportará la actual escalada terrorista sin que se produzca algún tipo de intervención en los asuntos de la vida pública, que incluso podrían justificarse constitucionalmente". Pero el precipitante de la caída de Suárez no pudo ser la actividad terrorista, que no manifestaba una intensidad particular por entonces.

 

Cierto que Miguel Herrero Rodríguez de Miñón, Presidente del grupo parlamentario de UCD estimulaba el reemplazo de Suárez, y que éste había reconocido que la división de UCD y el hostigamiento desde otros sectores le llevaron a dimitir, haciéndose a un lado ante la ofensiva militar en marcha. La novedad más bien procedía del seno de las fuerzas de seguridad del Estado, incluso cuando ya Suárez había caído: el 13 de febrero de 1980, por primera vez después de la muerte de Franco, un detenido político en manos de la policía fue atormentado hasta la muerte -Joseba Arregui, nacionalista vasco- como buscando provocar la respuesta violenta de otros vascos.

 

El 7 de noviembre de 1980, Felipe González descartaba la eventualidad de que su incorporación a una coalición de Gobierno derivara de una oferta de UCD: "el PSOE solamente asumirá tareas de gobierno en coalición en una situación de extrema gravedad. El PSOE no quiere esa coalición, pero el agravamiento de la situación puede hacerla necesaria a corto plazo". Pero, cinco días después, apenas pasados dos días de que Willy Brandt pasase por Madrid, la prensa publicó una insólita carta personal de González afirmando que no se trataba de negociar con UCD una coalición de Gobierno, sino que su acceso a éste se daría en una eventual emergencia peligrosa para la democracia".

 

Quienes han estudiado este golpe de Estado son casi unánimes en afirmar que en la conversación de Armada con Múgica y Raventós en Lérida transcendió "la disposición del Armada favorable a la formación de un Gobierno PSOE-UCD, presidido por un independiente, presumiblemente militar, y con el apoyo del Parlamento. Los socialistas se manifestaron de acuerdo". Calvo Sotelo declararía a la prensa (23/02/1996) que Raventós ofreció al general Armada la presidencia del Gobierno, en un golpe que se llamaba blando o constitucional. El 25 de junio de 1990, había declarado a la revista Tiempo que "la operación Armada era un montaje constitucional en el que estaba previsto una segunda moción de censura y un gobierno de concentración". Después se sabría que Armada tenía previsto asignar carteras ministeriales a miembros del equipo de González.

 

A mediados de enero de 1981, González había anunciado en El Socialista (2101/1981): "esta primavera la derecha atravesará una fuerte crisis y para junio podría producirse una nueva configuración de la derecha (...) pero para el mes de mayo los socialistas presentaremos actualizado un programa con una política económica más contundente y más audaz"...

 

Una de las líneas de la conspiración original tenía programada su culminación precisamente en mayo de 1981. ¿Quién instrumentaba a quién? En todo caso, en la mañana del martes 24 de febrero Adolfo Suárez propuso al Rey y a los partidos que le permitiesen continuar tres meses al frente del Gobierno para desmantelar la trama del golpe. González se opuso y explicó al día siguiente que había llegado el momento para el acceso del partido a un gobierno de coalición, y se ofreció a UCD, a Calvo Sotelo y a Jordi Pujol para integrar en el gobierno autónomo al partido de González, lo que hizo ratificar por el Comité Federal de su partido. Pero... dos días antes el general Armada había sido arrestado, y el nuevo presidente de Gobierno, al igual que la Ejecutiva de UCD y el presidente de la Generalitat, rechazaron la solicitud de González.

 

 

España y la OTAN

 

Hay indicios de que todo el operativo del golpe pudo responder a un diseño global que sobrepasaba el marco de la Península Ibérica: la preparación de Europa para un plan estratégico al inicio del gobierno de Reagan, en un momento en que Europa occidental era presionada para que aumentara sus gastos militares y aceptará la instalación de las armas atómicas en el llamado teatro de batalla europeo. Años después transcendería que los planes militares de Reagan asumían la inminente entrada de tropas soviéticas en Irán, seguida de una guerra en Europa entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. El 16 de octubre de 1981 Reagan declararía: "Se puede considerar la posibilidad de utilizar armas tácticas nucleares contra tropas en el campo de batalla europeo, sin que ello conduzca a las grandes potencias a apretar el botón".

 

La militarización del Mediterráneo era pues, una línea de presión a finales de 1980 y comienzos del 81. Turquía era militarizada tras el derroque de su gobierno liberal. Grecia era llevada a reintegrar sus FFAA en la OTAN, de donde había salido en 1974. Reagan autorizaba la venta a Marruecos de 108 blindados M-60, 20 cazas F-5 y seis aviones de reconocimiento 0V-10. Seis meses después Marruecos estimulaba un golpe militar en Mauritania. En abril, el general Haig impulsaba a los árabes a crear bases norteamericanas de aviso contra Argelia, Libia e Irán. En mayo, se descubría en Italia la trama golpista de la Logia Propaganda-2, que influenciaría -según el cardenal de Filadelfia Krol- en la decisión de los cardenales a favor de un polaco como Papa".

 

[14]...en febrero de 1981? A Suárez se le reprochaba que al frente del Gobierno hubiera dado largas a algo tan capital para las estrategias de EEUU en Europa como la OTAN. Calvo Sotelo se apresuró a aprobar la entrada de España en la OTAN. "Para mi -diría Calvo Sotelo- estaba claro desde 1977 que había que incorporar a España a la Comunidad Europea y a la Alianza Atlántica. ¿Lo veía tan claro Adolfo Suárez en los años de su Presidencia?" ¿Captó Calvo Sotelo el doble juego y lenguaje de Felipe González para con la OTAN?

 

Calvo Sotelo dibuja en sus Memorias a Felipe como cicateramente adverso a la OTAN, hasta, dice, que "aprendió la cuestión". Pero está claro que González la tenía aprendida. Ahora, sólo se trataba de no aparecer como adalid de la OTAN. González necesitaba los votos de un electorado, adverso al ingreso de España, para alcanzar el Gobierno. Una vez instalado en aquél (fines de 1982), en el subsiguiente Congreso de su Partido (1984) hizo borrar del programa la oposición socialista al ingreso en la OTAN. Mientras, se dedico pacientemente a cambiar la mente de una fracción de electores e invertir el signo de la mayoría, lo que no logró hasta 1986, momento en que convocó el referéndum. ¿Cuantos eran los que desconocían el compromiso personal contraído ocultamente por González de alistar España a la OTAN en cuanto éste accediese al poder?

 

 

Partidos Políticos

 

El régimen de Franco empezó a insertarse formalmente en las instituciones construidas en Europa después de la II Guerra a partir de 1959 con su inclusión en la OCDE, años después de la concesión en 1953 de bases militares a EEUU.

 

Tras el fallecimiento de Franco (1975), el objetivo de la reforma política subsiguiente ha gravitado en torno al mantenimiento del status quo social interno y del estratégico externo[15]. Sin embargo, en plena Guerra Fría, EEUU deseaba absorber el territorio y las FFAA españolas dentro de su estructura militar sobre Europa: la OTAN. Antes, sucesivos intentos de gobiernos norteamericanos se habían estrellado ante la resistencia de algunos gobiernos aliados que exigían que España tuviera un régimen no dictatorial. Desaparecido Franco, se procedió a anclar a España militar, económica y políticamente en las instituciones supranacionales creadas por la Coalición de la Guerra Fría, lo que requería reemplazar la superestructura jurídico-política por otra homologable con regímenes liberales.

 

El proceso se llevó a cabo en 1976-77 actualizando los planes congelados desde 1942-46, de restaurar la monarquía y fortalecer las estructuras socioeconómicas mediante su legitimación democrática. Quiere decirse, que la devolución de los derechos civiles a la ciudadanía española tuvo lugar bajo la supervisión directa y controlada de los intereses beneficiarios de aquellos planes. Es la cara desconocida de la historia del posfranquismo, de la que poco ha transcendido".

Para compensar la debilidad de los equipos legalizados en 1977, en particular los protagonistas que aceptaron pactar la reforma (AP, UCD, PSOE, PC, nacionalistas vascos y catalanes), se desmontó el andamiaje jurídico-formal de algunas instituciones del Estado heredado. Mientras, en paralelo, se potenciaba que los equipos más protegidos se organizasen en asociaciones paraestatales distanciadas de su base social específica, actual o potencial, y pudieran crear círculos concéntricos de clientela e incluso asalariados mediante las asignaciones directas, públicas o secretas (empresas privadas nacionales y extranjeras, Estado, financiación procedente del seno de la Coalición de la Guerra Fría). Fue un proceso llamado de consenso, apoyo y ayuda, que permitió al sistema de poder mundial penetrar fácilmente en España, auxiliar a los partidos cooptados y apartar al lugar más lejano a los que menos interesaba, como el PC o los núcleos de las nacionalidades periféricas.

 

El resultado sería, como describió O.K.Flechtheim el nuevo entramado político prefabricado: "una transformación interna de los partidos (...) que evolucionaron del tipo de agrupación democrática de afiliados, fuertemente impregnada de ideología, a aquel de una institución casi estatal, dirigida en gran medida jerárquicamente (...) Esta objetivación y desideologización de los partidos va casualmente de la mano, con una renuncia progresiva a la realización de reformas estructurales profundas en la sociedad y la economía".

 

La independencia de las cúpulas de los partidos respecto de sus miembros y electores ha facilitado su actuación al margen de referencias de clase. Como dijera J. Agnoli: "La técnica de la paz social no puede prosperar sin esta enajenación de las organizaciones políticas y sus dirigentes respecto a las mismas grandes masas que dicen representar. (...) Se desarrolla un mecanismo de dominación de nuevo cuño (...) en el que entran centros de poder objetivados y autoritarios circulando entre sí, en una relación de competencia".

 

Son partidos que aunque parezcan pelear por conquistar posiciones de poder, son parte de una unidad simbiótica, recurso de un bipartidismo imperfecto volcado sobre el "centro", es decir, sobre el mantenimiento del statu quo ante garantes en fin de la paz social del sistema capitalista. Así, en España se ha podido reproducir los que Lelio Basso veía en la Italia de 1962 y que permite preguntarse si es el camino hacia el logro principal del fascismo, cuya razón principal consiste en imposibilitar toda democratización socializante.

 

En 1928 G. Leibholz hallaba en la práctica de la concertación social el punto de convergencia entre sectores políticos que negaban la dicotomía trabajo-capital y buscaban soluciones corporativistas de los conflictos sociales a través del Estado. En la España franquista se trató de amagar las contradicciones entre capital y trabajo mediante sindicatos integrados en el sistema. Complemento indispensable de la manipulación parlamentaria, en paralelo con el aislamiento de la oposición fundamental al régimen franquista, la neutralización o destrucción de la dimensión de clase de los sindicatos fue buscado por la vía de su integración en pactos como el de la Moncloa -1977- o el Acuerdo Nacional sobre empleo -1981. El proceso de cambio giró precisamente en torno de cómo contener, neutralizar, a las organizaciones de trabajadores. Cuando éstas empezaron a reaccionar ya habían pasado los años necesarios para tener a los españoles integrados-subordinados dentro de engranajes, internos y supranacionales. Sin embargo, la huelga general de los sindicatos contra la política del PSOE -14/12/1988 y 27/01/1994-, mostraban el límite social que la reforma no pudo franquear.

 

El PSOE en su XXVIII Congreso de marzo de 1979 votó mayoritariamente contra lo que intuía como proyecto encubierto en la cúpula del Partido, voto que fue respondido con una sistemática purga que lo inhabilitó como partido de masas y de acción socialista, reduciéndolo a un aparato de gestión de presupuestos públicos y ejecución de la programada transición posfranquista. El PCE estalló en tres fragmentos en 1981-82 tras perder el 65% de la militancia de 1979. (pág.221)

 

¿Cómo evolucionó la situación? Entre 1980 y 1988 aumentó el paro forzoso en un 100%, llegando a afectar al 22 % de la población activa; la participación salarial en el PIB se redujo del 53 al 49%; la deuda pública se elevó del 12,9% del PIB en 1975 al 46,2% en 1986, mientras el crónico déficit comercial se incrementaba en España tras el ingreso en la CEE. En esa crisis influyó la derrota de Jimmy Carter de 1980 en EEUU. Ronald Reagan aplicó sus propios proyectos a España y su contorno. Para entonces, los socialdemócratas alemanes habían sido desplazados por la coalición democristiana-liberal, lo que tuvo también el subsiguiente reflejo en España. La crónica fechada en Bonn el 26 de enero de 1982 clarificaba una de las razones de la liquidación de UCD.

 

Garrigues Walker, miembro de la Trilateral, comentaba en Sábado Gráfico (24/03/1982): "En la ayuda del Partido Liberal alemán hay una parte financiera (...) otra es el entrenamiento de cuadros (...) donaciones para reuniones, etc. (...) estamos discutiendo con ellos trasladar la idea de los Clubs -no partidos- a Iberoamérica y, en particular, México". Garrigues había visitado Bonn con Eduardo Punset, coincidiendo con los dirigentes del Partido Liberal alemán en "dar un impulso al liberalismo en España, (...) los liberales alemanes no conciben un partido como UCD, donde caben todos los partidos representados en el Parlamento federal alemán".

 

Estaba ocurriendo en 1977-1980, que el proyecto de 1944-1945 de bipartidismo para España: un eje centro-izquierda como interlocutor de otro de centro-derecha e ir en caso de necesidad a una gran coalición, había sido modificado por la política de la Administración de Reagan, lo que hacía impracticable el intento de Carrillo de adoptar el compromesso storico buscado por Berlinguer en la Italia de 1978-1980, algo que ya no era asimilable en los parámetros de la Coalición de la Guerra Fría. González había destapado paulatinamente sus metas y re-emergían formas políticas arcaizantes; el cambio de régimen había logrado integrar plenamente España en las estructuras de la Coalición de la Guerra Fría.

 

 

Técnicas electorales

 

1977, los españoles tienen el derecho de elegir a sus gobernantes después de 41 años, pero los controles internacionales y filtros personales que prepararon las elecciones parlamentarias, se plasmaron en técnicas de mediatización del ejercicio del sufragio. De modo que el resultado del restablecido derecho de voto no escapara de las manos de los equipos pagados y encargados para conducir la reforma política.

 

Se huyó como del diablo de restablecer la circunscripción electoral unipersonal existente hasta la dictadura; se reemplazó por la de Provincias. Al electorado se le obligó a escoger entre listas cerradas y bloqueadas en ocasiones con más de cuarenta nombres. La ciudadanía, no pudiendo elegir a su diputado nominalmente tampoco lo puede controlar, y ningún diputado específico tiene electores ante quienes responder del desempeño de su mandato... Su acceso al Parlamento es fruto de su cooptación por el jefe del partido; a partir de ese momento su preocupación es contentar al jefe.

 

Otra medida fue no poner techo ni control eficaz a los gastos electorales. Así, el marketing, la publicidad electoral pudo ser financiada desde los centros de decisión de la Coalición de la Guerra Fría. Después, se crearía una burocracia asalariada costeada por los presupuestos del Estado, aportaciones clandestinas de empresas privadas nacionales y extranjeras respaldantes de los equipos a sueldo. Las subvenciones del Estado a partidos, 1977-1994, directas y por gastos electorales, sumaron 111.548 millones de pesetas: más de 41.000 al PSOE, 30.000 al PP, 6.901 a IU, 6.000 a UCD, 4.936 al CDS, 1.842 al PNV, 5.250 a CIU, etc., etc.

 

Otra medida técnica consistió en evitar el sistema de representación proporcional integral. Se favoreció la conformación de mayorías absolutas que redujeran el pluralismo en la dirección del Estado y disminuyeran la representación parlamentaria de las opciones electorales no cooptadas. Señalado este objetivo, la ley electoral fue diseñada a su medida: proporcionalidad corregida; una sola vuelta; sobre-representación de las provincias rurales menos pobladas en desmedro de las de mayor concentración industrial y urbana.

 

Fruto de estas técnicas han sido un Parlamento y partidos distanciados cuando no desacreditados en su función de representatividad. Hasta 1994 el Parlamento no fue autorizado a formar una comisión de investigación. Ni en los congresos y órganos de dirección del equipo de González, ni de los otros partidos cooptados, nadie arriesgó su salario pidiendo al jefe explicaciones acerca del origen de los miles de millones que financiaban la organización y sus campañas electorales; como tampoco osó preguntar sobre sus relaciones con el general Armada y el golpe de Estado para derrocar al gobierno de Suárez; o el porqué de ciertas opciones estratégicas y no otras, etcétera.

 

 

De nuevo, Alemania

 

Europa termina el siglo XX en un contexto estratégico comparable al de comienzo de siglo. Hoy, al igual que en 1904, Alemania es la potencia predominante en Europa; Gran Bretaña le contrapone su voluntad de alianza con preferente con EEUU; Francia explora en Moscú un equilibrio europeo autónomo de Alemania y compatible con la alianza con EEUU que contrapese el poder del nuevo Berlín. La diferencia respecto de 1904 es que, desde mediados de 1945, EEUU ha asumido las constantes básicas de la estrategia británica y de ello depende la evolución en gran medida del futuro de los pueblos del Viejo Continente.

 

Charles de Gaulle decía que "la II Guerra la ha ganado un país, los demás hemos perdido todos". Truman sentó las bases de su política hacia el Continente euroasiático sobre conceptos estratégicos gestados en el Imperio británico, con el estímulo de los propios dirigentes británicos, ya enzarzados como Churchill contra la URSS (discurso de Fulton, Kansas, 5 de marzo de 1945), o los laboristas Atlee y Ernest Bevin favorables a renovar el respaldo a la dictadura del general Franco.

 

La Administración Truman y las siguientes sustituyeron a Gran Bretaña en el control militar de los mares en torno a Eurasia y sus pueblos costeros. La SEATO, CENTO, OTAN, las guerras por el control de cabezas de puente en Corea, Vietnam. Golfo Pérsico, configuran un diseño global en el que la pieza central continuaba siendo evitar una alianza independiente entre la Europa occidental y la Oriental.

 

 

Alemania se reunifica, 1989

 

Durante la cumbre en Yalta de febrero de 1945, Roosevelt dirigió un mensaje extraordinariamente entusiasta al Congreso de EEUU: "Se acabaron las zonas de influencia". Veía la construcción de la paz en Europa y de la futura ONU, asentadas en la cooperación anglo-soviética-norteamericana. Tuvieron que pasar 45 años hasta el 9 de septiembre de 1990 en que Georges Bush, a su vuelta del encuentro en Helsinki con Gorbachov, anunciase otra vez al Congreso norteamericano el "nuevo orden que está naciendo en el mundo (...) ningún dictador puede contar ya con la confrontación Este-Oeste para impedir una acción concertada de la ONU contra la agresión". Tres días después se suscribía en Moscú el Tratado Final con respecto a Alemania, y le devolvían su soberanía. Al día siguiente, 13 de septiembre de 1990, Alemania y la URSS suscribían un Tratado de Amistad y Cooperación.

 

Era el fin de la guerra de 45 años de EEUU y la URSS. Parecía que la ONU retornaba a sus orígenes y que EEUU perdía la hegemonía absoluta de 1945. El canciller Kohl hablaba de "el país más poderoso de Europa". ¿Quién había ganado la larga Guerra Fría? Según Gorbachov, el Mundo. Según los norteamericanos, ellos. Otros pensaban que Alemania y Japón. William Apleman, historiador de la Universidad de Wisconsin, antes de su fallecimiento en 1989, planteaba a sus discípulos un interrogante: "lo relevante no es si EEUU ha ganado la guerra, sino que la URSS súbitamente ha decidido no continuarla. La gran cuestión es saber por qué".

 

El siglo XX es el siglo de Alemania. Termina como empezó. Revigorizada la infraestructura industrial alemana, remilitarizado el país por Truman para ponerlo al servicio de la Guerra Fría, nueve lustros después, ante la resignación del Kremlin y la impotencia de Londres, la RFA terminaba absorbiendo la "zona" soviética -la RDA. Las estructuras y el mapa estratégico económico de Europa empezaban a cambiar de nuevo.

 

La Thatcher describe en sus Memorias (1993) el desconcierto y temor que la imparable unificación alemana en 1989-1990 provocaba tanto a ella como a Francois Mitterrand. Alemania, que fue aplastada dos veces por una coalición apoyada en EEUU, hacía depender su renacimiento de que EEUU entrara en conflicto con la URSS. Luego de reunificada necesita mantener su entendimiento simultáneamente con EEUU y con Rusia, en una Europa, donde la RFA pueda prolongar sus relaciones más allá de los Urales, hasta Vladivostok. El Tratado firmado en 1990 en Moscú lo permitía, al renunciar a la guerra como instrumento de política exterior, al armamento nuclear, biológico y químico, y comprometerse a reducir sus FFAA hasta un techo de 370 000 hombres. 1898-1990 era el comienzo del fin de la "pequeña Europa" de la CEE construida durante la Guerra Fría. (pág. 229)

 

 

El segundo pacto germano soviético, 1990

 

Pocas veces un acto diplomático fue seguido de efectos tan devastadores, mundiales, como la firma del Pacto de No Agresión y Neutralidad (23/08/1030) entre Alemania y la URSS. Cayó el gobierno Suzuki del Japón y con igual rapidez la política pro-germana de Chamberlain. Ocho días después, Gran Bretaña declaraba la guerra a Alemania. Por entonces, los Estados Mayores europeos, aunque temían la influencia de la revolución social soviética, menospreciaban olímpicamente la capacidad económica y militar de la URSS. La conciliación británica hacia Alemania había tenido como único objetivo, no solamente aislar a la URSS o reprimir a las organizaciones obreras del resto de Europa, sino también evitar la guerra y continuar así excluyendo a EEUU de Europa y del Imperio británico.

 

Pasados 51 años, la RFA y la URSS (13/09/1990) volvían a firmar un Tratado de Amistad y Cooperación por veinte años renovables. El pacto bilateral, nada resaltado, reingresaba a la URSS en la política europea y condicionaba de inmediato y para el futuro las relaciones externas del Viejo Mundo, en particular con las Potencias anglosajonas. Una primera derivación cabe verla en la exhibición militar con que el Reino Unido y EEUU resolvieron la crisis del Golfo. Demostración de fuerza que parecía dirigida no tanto a impresionar a un país del Tercer Mundo como a Europa y Japón. Cierto que el pacto, distinto del convenido el año 1939 tras fracasar los intentos de la URSS de establecer con Londres y París una estructura colectiva de seguridad europea, nacía integrado en el marco colectivo de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea. Pero, al mismo tiempo, entrañaba la des-vitalización de la estrategia angloamericana desde la primera presidencia Truman, la institucionalizada a partir de 1949 en la OTAN.

 

¿Había variado el posicionamiento anglo-norteamericano adverso a una Europa unida en su independencia? Sin duda, no. Pero ahora tal Europa sería "entera y libre" en la medida en que el Este y Rusia quedaran integrados dentro de la zona de influencia norteamericana. Era la visión del gobierno Bush al hablar de "la unidad de Europa". Por esa unidad, militar, Alemania (y Japón) y la URSS no apostaron decididamente ni se situaron abiertamente en contra, cuando EEUU decidió la acción militar contra Irak (1989-1990) por el control del petróleo. De haber procedido negativamente hubieran promovido a primera línea la potencialidad económica-política de la emergente "gran Europa", potencialidad, que, además, aparecía incompatible con los conceptos estratégicos británicos tradicionales.

 

 

EEUU en el Golfo Pérsico, 1991

 

2 de agosto de 1990: Irak invade Kuwait, una provincia amputada de Bagdad por los británicos. Los gobiernos europeos no aceptan intervenir bajo la disciplina de la OTAN mandada por un general norteamericano. EEUU ve frustrado su intento de reconvertir la OTAN en auxiliar de su política fuera del perímetro europeo-occidental. Ve la negativa como indicio -desaparecida la URSS- de un tanteo por el fin de la OTAN, en el momento que Bush está reorientando su política exterior para dar prioridad a objetivos de guerra económica, incluso contra Estados de su propia Coalición.

 

La crisis del Golfo estallaba en medio de la acelerada emergencia de una nueva realidad europea, potencialmente autónoma respecto de EEUU y Gran Bretaña. Si la tutela británica sobre el petróleo del Golfo había sido progresivamente cedida desde 1946 a EEUU, es un homenaje a la inercia de las constantes estrategias británicas que, en 1990-1991, el Gabinete de Londres respaldara sin reservas a EEUU, mientras los gobiernos del Continente, con su centro de gravedad en Alemania, buscaban vías y modos autónomos para resolver la ocupación de Kuwait por Irak.

 

La crisis en torno al petróleo estalló cuando Europa sólo disponía de las estructuras económicas o militares construidas durante su división a lo largo de la Guerra Fría. El presidente de Francia acababa de plantear (31/12/18989) explorar una conferencia europea que, al incluir a la URSS, podría extenderse a lo largo de Eurasia. El intento de converger en una acción concertada, paneuropea y de siglo positivo para el resto de la Comunidad Internacional, sin exacerbar el sentimiento árabe contra los antiguos poderes coloniales tenía que contar con el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero en 1991 enmudecieron las leyes bajo el estrepitoso poder de las armas. La Administración Bush priorizó la acción por el control militar del petróleo árabe, impidiendo que los medios político-económicos de que disponía el Consejo de Seguridad pudiesen terminar con la anexión de Kuwait. Algunos países europeos recordaron a EEUU los art. 5 y 6 del Pacto Atlántico de 1949 que limitaban la operatividad de la OTAN a los casos "de ataque armado sobrevenido en Europa o América del Norte". Igualmente, el Pacto de defensa mutua de la UEO, en su art. 5 circunscribe la aplicabilidad de su vertiente militar al solo supuesto "de una agresión armada en Europa". Pero, el hecho de que la Administración Truman hubiera designado a la URSS como el enemigo", permitiéndole superar la oposición de los Estados víctimas del III Reich a rearmar a los alemanes y subordinar las unidades de la RFA al mando de la OTAN, permitiría después desvirtuar el art.8.3 del Tratado: "concertación entre las partes ante una situación que pueda constituir una amenaza contra la paz, en cualquier lugar donde ello ocurra, o ponga en peligro la estabilidad económica"

 

El art. 8 sirvió para burlar el limite geográfico que el art. 5 imponía a la actividad militar de la UEO y para obviar la interpretación que impone el art. 5 en caso de "agresión armada" a alguno de sus "Estados miembros", supuesto éste que se dijo que concurría... puesto que Irak había invadido a Kuwait.

 

Algunos dirigentes europeos vieron como un precedente útil para el futuro abrir las compuertas a futuras intervenciones militares europeas autónomas fuera del marco específico original, pero dado que ningún Estado europeo occidental había sido víctima de agresión armada por parte de Irak, ¿quién definiría el concepto "peligra la estabilidad económica", o es que los anglosajones lo interpretaban como casus belli para antiguos Estados coloniales? ¿Era el precio del petróleo? No. El 2 de agosto de 1990 estaba 2 dólares más barato que en 1973, antes que aumentará a favor de la guerra árabe-israelí sin que la UEO, ni la OTAN, ni EEUU movilizaran sus ejércitos, como tampoco lo hicieron cuando la OPEP dobló los precios en 1979.

 

Alemania se benefició políticamente. Sin disparar tiros ni enviar un marino al Golfo, el impulso bélico de Bush y sus socios británicos, se veía libre del impedimento escrito en su Constitución que prohibía a sus FFAA actuar fuera del perímetro de Europa. Ocurrió sin embargo, que mientras Kohl se proponía obedecer de inmediato el apremiante requerimiento de EEUU de apoyo militar, su ministro de Asuntos Exteriores, Genscher, se alzó con habilidad invocando la traba legal y logró, a un tiempo, el triple hito de evitar a la flota germana el conflicto del Golfo y el consentimiento de los Estados de la UEO para modificar la Constitución de la RFA.

 

Muy pronto, la divisa alemana cotizaba a su nivel histórico más alto: 1, 45 marcos por dólar. Después, aparecería en el International Herald Tribune (13/7/1994), que el Tribunal Constitucional de Alemania osó plantear, que alcanzado el fin para el que los Parlamentos ratificaron el tratado constitutivo de la OTAN, los nuevos fines que se asignaran a la Coalición bélica tras la desintegración de la URSS debieran ser sometidos también a ratificación en los Parlamentos de los Estados miembros de la OTAN.

 

 

La instrumentación de la ONU

 

Las repercusiones de aquel agosto de 1990 se hicieron sentir en la ONU. El Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 665, contenida de potencialidades que iban más allá del problema circunstancial de Irak. El punto 4 de la Resolución: que "los Estados interesados coordinen su acción (militar) utilizando el mecanismo del Comité del Estado Mayor", insinuaba por primera vez desde 1945 que la ONU podría verse dotada de instrumentos para cumplir su misión Ideal. ¿Iba la ONU por fin, a disponer de los medios que su Carta le otorga? La esperanza fue una ilusión. En noviembre siguiente, la Resolución 687 frustraba la potencialidad de la 665: el Consejo de Seguridad abdicaba de la conducción de las operaciones militares, en favor del gobierno de EEUU.

 

La crisis del Golfo puso al día el debate sobre si el Mundo podía superar la intervención de unos Estados por otros. En los nueve lustros de Guerra Fría, EEUU no causó una sola baja a los soviéticos ni estos a aquellos. Pero, 18 millones de personas fueron inmoladas en guerras en el Tercer Mundo y centenares de millones fueron sometidos a inhumanas dictaduras sostenidas desde Potencias intervencionistas. Paralelamente, los recursos del Planeta sufrían una degradación acelerada. Gorbachov había intentado desplazar la dirección de los asuntos mundiales hacia una ONU revitalizada, seguido, dubitativamente, por otros Estados, desde Francia a China.

 

Todo dependía del camino distinto del de la Guerra Fría que quisiera seguir la Administración de EEUU. De los dirigentes norteamericanos dependía que se impusieran sobre los árabes los probados métodos de terror y muerte en masa, como con aséptico léxico urgía Henry Kissinger: inmediata "destrucción progresiva de los recursos militares de Irak". Todo fue desoído: la cooperación internacional que ofrecía a EEUU la opción de alcanzar un compromiso dialogado; las publicaciones liberales en EEUU, como The Nation que calificaban la acción militar de "impúdica intervención imperial"; la opinión de congresistas sosteniendo que "EEUU no debe ser el gendarme del Mundo"; las palabras de conservadores que preconizaban el retorno a la no intervención en el Viejo Mundo, tradición de EEUU interrumpida desde Truman. En Le Monde (5/9/1990) Jean Pierre Chevenèment, ministro francés de Defensa, preveía que el número de muertos superaría los 100.000.

 

El momento nunca fue más favorable. Había aparecido el nuevo Libro blanco sobre la defensa nipón, por primera vez no mencionaba la tradicional "amenaza soviética". Eiji Suzuki, presidente de la organización patronal japonés Nikkeiren, pedía a su gobierno que "deje de rechazar cooperar con la URSS en el terreno económico". Edwar Shevarnadze, ministros de Asuntos Exteriores soviético, proponía en Vladivostok, camino de Tokio, que los ministros homólogos de la zona Asia-Pacífico se reunieran en la ONU para negociar la creación de nuevas estructuras regionales, insistiendo en "la capacidad de la URSS para integrar Europa y Asia en razón de su situación geográfica única". Espectro, claro está, que ha angustiado a los estrategas británicos durante siglos. Los alumnos de Karl Haushofer, el geopolítico de Munich que en la década de los veinte y treinta propiciaba liberar el Continente del poder del Imperio británico a través de una pan-unión euroasiática ampliada al Japón, tuvieron que estar atentos probablemente a las señales contrarias que se sucedían en 1990.

 

Todo era adverso. La administración Bush estaba dispuesta a superponer la fuerza militar sobre las base propuestas en Helsinki por la URSS en septiembre de 1990: no intervención en los Estados, reducción del armamento estratégico a un nivel defensivo, coalición duradera en el Consejo de Seguridad bajo los principios de la ONU.

 

La exhibición militar de EEUU suponía mostrar quién era el hegemón en el Planeta. La gran operación de castigo sobre Irak que descargó durante cuarenta días, con sus noches, mayor número de toneladas de bombas -y más destructoras- que las encajadas por Alemania entre 1939 y 1945, aparece así como un escarmiento ejemplarizado ante el ilusorio propósito de reordenamiento internacional entonces en curso. Cuando EEUU abrió el fuego el 16 de febrero de 1991, ciertos intereses dentro de EEUU lo celebraron. En Israel más. Antes, ya se habían pronunciado: The Wall Street Journal había pedido en un editorial que Bush "tome Bagdad e instale un MacArthur como regente".

 

La dirección de la URSS orientaba sus iniciativas hacia medidas políticas. La petición de ayuda financiera a Europa y Japón, no recibió la respuesta esperada, se anunciaban nuevos tiempos. Alemania se negó en un principio a subsidiar el despliegue arguyendo que esperaba la decisión del Consejo de Seguridad, y reiterando, al igual que Japón, que no enviaría tropas por respeto a su Constitución. Los endeudados EEUU no se arredraron ante el hecho de tener que costear por sí solos su brillante expedición. De hecho y para la Historia, Bush asumió el negro propósito de ahogar en sangre y fuego las inmensas posibilidades que abría el fin de la guerra en que estaba instalado el Mundo desde 1945.

 

Se sabía que la intervención del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en 1968 causó la cifra exacta de 95 muertos. Pero la pequeña Nicaragua, había acudido en 1984 al Tribunal Internacional de Justicia tras sufrir decenas de miles de muertos por la intervención de EEUU y enormes pérdidas de materiales. Viene al caso decir, que a diferencia de lo ocurrido después de 1989 en Europa oriental, a ningún responsable gubernamental español o hispanoamericano, que se proclaman soberanos, se le ocurrió pedir ni excusas ni compensaciones al gobierno de EEUU, por los centenares de miles de víctimas humanas, pérdidas de libertades, dictaduras y daños materiales que en sus respectivos países causó la intervención directa o indirecta de EEUU durante los trágicos años de la Guerra Fría, y sigue siendo importante recordar, el asedio, embargo y cerco impuesto a Cuba desde hace más de tres décadas.

 

En 1990-1991, EEUU resolvió la invasión de Irak sobre Kuwait mediante una singular solución: destruir la infraestructura de uno y otro país, asesinar en cinco semanas más de cien mil personas, provocar la miseria derivada y sobrevenida de millones de otras, y, sobre todo, girar por completo hasta invertir las nuevas posibilidades de las relaciones internacionales. No había un nuevo orden. Se trataba de agravar las divisiones en Oriente Próximo, dividir más a los árabes entre sí y a estos con Israel, enfrentar a los europeos occidentales unos con otros y a todos con Europa oriental, obligar al Consejo de Seguridad a declinar sus responsabilidades político-militares, estimular la tendencia recesiva en las economías de Europa y Asia, poner al 75_% de la producción de las OPEP bajo control de EEUU, sofocar la perestroika en la URSS y agudizar la desintegración del Estado soviético, dar prioridad al recurso a las armas como único medio de solución de diferencias internacionales, legitimar la intervención de las Potencias ex coloniales en los Estados según las zonas de influencia y remodelar la OTAN para intervenir a su través sobre países de ambos hemisferios.

 

El Gobierno de EEUU estaba materializando las premisas de la "New American Century" predicada por George Bush durante su campaña presidencial de 1988. Tenía en su contra el voto del 48% de los senadores norteamericanos. Y en casi ningún Parlamento de la Europa coaligada contaba con más de un 10% de votos favorables, porcentaje que era aún menor en las antiguas colonias. Y era lógico. Esa política, aunque encerraba los gérmenes de nuevos y graves conflictos, mostraba la voluntad de reafirmar mediante sucesivas iniciativas los postulados estratégicos que habían servido de guía par la acción militar de EEUU en el Caribe -invasión de Panamá e diciembre de 1989- y acto seguido en el Golfo.

 

Tenía como fin:

 

- Prolongar la ocupación angloamericana de Alemania con tropas y armamento nuclear, bajo el mando norteamericano ejercido a través de la OTAN y extender el protectorado militar de EEUU desde los ríos Elba-Saale hasta la frontera rusa.

 

- Estimular la división y desintegración completa de la URSS sin riesgos de descontrol sobre armas y materiales estratégicos.

 

- Intervenir por detrás en los asuntos internos de los países del Pacto de Varsovia, incluida la URSS, promocionando núcleos políticos y económicos favorables a la estrategia de EEUU.

 

- Ampliar la influencia política hasta los Urales, y aún más al Este, a través de OTAN readaptada a la desintegración del poder militar de la antigua URSS.

 

- Impedir que Francia y Alemania se doten de una estructura militar unificada independiente de EEUU/OTAN, y que sus equipos militares dependan de EEUU.

 

- Interferir los planes de la unidad de Europa Occidental (CEE), en favor de una zona de librecambio abierta a EEUU:

 

- Desarrollar campañas psicológicas contrarias a la idea de Mitterrand de la confederación europea o a la de Gorbachov de construir una casa común, y destinadas a mantener, o crear, inseguridad e incertidumbre en las relaciones entre pueblos y Estados de Europa del Este y del Oeste. John Major había declarado al Daly Telegraph (18/6/1991) el compromiso del Reino Unido por hacer cuanto estuviera en su mano por impedir la emergencia de un Estado federal en Europa. La Thatcher en Chicago y Nueva York, en junio de 1991, alertaba contra los "enanos europeos con aspiraciones imperialistas".

 

-Reforzar el control sobre Iberoamérica y las regiones periféricas de Eurasia.

 

Con estas medidas, en calendario paralelo con el progreso de la unificación alemana durante 1989, clave de la hipotética futura unidad de Europa, los estrategas de EEUU daban los pasos que desembocarían en acciones sucesivas: la ya mencionada de Panamá (20/12/1989) con la ocupación del Canal, la iniciativa sobre Canadá, México y el resto de América para absorberlos en una zona de librecambio (1990), el completo aislamiento de Cuba, y, finalmente, el incremento del control sobre la principal zona de aprovisionamiento petrolífero de Europa occidental y del Japón, el Golfo Pérsico.

 

 

La OTAN, clave de la bóveda de EEUU en Europa

 

John Mayor se comprometió ante la Cámara de los Comunes a no dar nunca su acuerdo a una "Europa superstate". William H. Taft. IV, delegado de EEUU ante la OTAN, igualmente opuesto a esa perspectiva, bajo la aparente concesión de acceder a que "a Unión Europea Occidental tenga un papel que jugar en la defensa de Europa, advertía el 8 de febrero de 1991 que "cualquier movimiento para desplazar a la OTAN como principal organismo para la seguridad regional, reduciría el respaldo de EEUU a la alianza (...) sólo la OTAN, y nada más que la OTAN, puede equilibrar el tamaño y la capacidad de la URSS, tanto en tiempos de cooperación como en tiempos de tensión. El público de EEUU no entendería lo que pasa si los europeos dejaran de usar la OTAN, o empezaran a reemplazarla con otras estructuras para llevar a cabo sus tareas históricas".

 

De la postura norteamericana derivaban proyecciones conocidas como las anteriormente señaladas: una Europa dividida; EEUU liderando el Continente desde al Atlántico al Pacífico a través de la OTAN; una UEO subordinada a la  OTAN para facilitar a EEUU su actuación sobre los territorios de los antiguos Imperios austro-húngaros -Europa Central-, turco (Oriente Medio y Próximo), ruso (Europa oriental, Asia) y las antiguas colonias de países europeos, sin contar con Hispanoamérica, ya asignada a la zona de influencia exclusiva de EEUU. La cooperación lograda por EEUU en la guerra del Golfo podría, así, servir de modelo para intervenciones futuras en otras regiones.

 

La orientación de EEUU posterior a la reunificación alemana y al segundo pacto germano-soviético no dejaba de ser entendida en Moscú. Vsevolod Ovchinnikov, una semana antes de los bombardeos sobre Irak escribía en Pravda (9/2/1991) un artículo titulado "Petróleo que huele a sangre": "Me temo que la misión aprobada por la ONU puede ser transformada en una acción neo-colonial con fines diferentes. Es decir, ocupar posiciones clave en la lucha por los recursos energéticos, asegurando de este modo a los monopolios de UUEE una posición predominante en la economía mundial". Opinión que corroboraría el general Colin Powell, jefe del Estado Mayor conjunto, al asignar a EEUU el papel campeonísimo sobre todos los rincones del Planeta: "Uno tiene que dejar a un lado el contexto que hemos venido usando durante los pasados 40 años. (...) El objetivo de nuestros planes es que somos una superpotencia. Somos el actor principal en el teatro del Mundo, con responsabilidades alrededor del Mundo, con intereses alrededor del Mundo".

 

Son patéticas las palabras de Shevardnadze explicando en Washington las reacciones que observó en Moscú, que le llevaron a dimitir de Asuntos Exteriores el 20 de diciembre de 1990: "era criticado por hacer excesivas concesiones en el área de desarme sin concesiones de la otra parte", y así: "por la reunificación de Alemania (...) por echar abajo la estructura entera de la comunidad socialista (...) por dar preferencia en política exterior a valores humanísticos estratégicos contrapuestos a valores de clase o nacionales[16]. Me decían que eso era distanciarse de los principios marxistas-leninistas. Lo que pasó fue que nadie me defendió, nadie rechazó tales críticas".

 

Lo que resulta inconcebible es que la intervención en el Golfo no provocara en la URSS el descarrilamiento de reformas de cuyo éxito dependía su desenvolvimiento como Estado. De hecho, no es casual que fuera en los últimos días de 1990 y principalmente de enero de 1991 -en las fechas que el Consejo de Seguridad de la ONU cedía la dirección militar en el Golfo (¡¡¡con el voto favorable de Shevardnadze!!!) cuando en Moscú emergieron a los puestos dirigentes las cabezas del golpe de Estado de agosto siguiente: Gennadi Janayev, Valentin S. Pavlov, Booris K. Pugo.

 

Tampoco fue casual que durante el desarrollo del golpe contra Gorbachov, los servicios de información de EEUU estuvieran dando apoyo al presidente de la Federación Rusa, Boris Yeltsin, manteniéndolo informado de la correlación de fuerzas en el ejército soviético. Ni que, abortada la insurrección, Yeltsin procediera inmediatamente a disolver el PCUS y confiscar sus propiedades. El PCUS creó el Estado soviético y sus FFAA, la estructura y la organización del primero sostenían las otras dos. Disuelto el PCUS el 22 de agosto de 1991, cuatro meses después se disolvía en consecuencia la URSS, fenecía el Estado soviético y comenzaba la desintegración de la URSS.

 

En 1991, Alemania y Japón dijeron NO al envío de tropas al Golfo bajo mando norteamericano. Kohl, camino de Washington el viernes 17 de mayo de 1991, se proponía reafirmar ante Bush su fidelidad "a lo que todos los presidentes desde Kennedy han pedido: que creemos una política europea común de defensa y seguridad como medio de fortalecer el pilar europeo de la Alianza Atlántica". Pero esos conceptos habían sido elaborados cuando Alemania y Europa estaban divididas, ¿Tenían idéntico significado ahora, con Alemania reunificada y el Pacto de No agresión que había firmado con la URSS?

 

Kohl, cuidadoso, no olvidó decir el mismo día que "los norteamericanos no tienen por qué angustiarse, los dos países necesitamos fortalecer la seguridad europea bajo el techo de la OTAN". Palabras sin el menor parecido con las pronunciadas por W. H. Taft, el embajador de EEUU ante la OTAN, claramente explicativas de que la UEO debería contribuir a mantener la división interna de Europa mientras EEUU, desde dentro de la OTAN, dirigía la Europa entera.

 

Coincidiendo con la caída del muro, el embajador universalizaba las competencias de la OTAN, propugnaba responsabilizarla de la combinación de todas las estructuras europeas y del Mundo, militares, políticas y económicas, de "la CEE, del Grupo de los Siete (que incluye Japón), del Grupo de los 24, del Consejo de Europa, del GATT (que incluye el Tercer Mundo)". Ni alemanes ni franceses recogieron la invitación. Parecía que en 1989 la realidad de los europeos había cambiado más que la no pervivencia de los clásicos conceptos estratégicos de origen británico.

 

Kohl, en su discurso en Washington el 20 de mayo de 1991 procuraba tranquilizar: su "gobierno no desea de ningún modo ver debilitada a la duradera Alianza Atlántica, menos aún reemplazada por una estructura europea". Pero a pesar del escarmiento sobre la cabeza de Irak, también decía que "tropas alemanas estarán en el futuro en condiciones de actuar fuera del perímetro de la OTAN sólo bajo los auspicios de la ONU, o de la UEO." Dejaba claro, que no bajo bandera o mando de EEUU (...) salvo que se creara una base constitucional para la involucración". Legitimación por último aportada en 1993 y 1994 al resolver el Tribunal Constitucional una consulta del Bundestag.

 

 

La alternativa alemana

 

La CEE era el principal instrumento económico construido sobre el dividido solar europeo con apoyo norteamericano y por razones estratégicas propias de EEUU.

 

¿Podía sobrevivir en las estructuras que fueron creadas al servicio de la Guerra Fría?

 

Nacida seis años después que la OTAN y dos después que el Pacto de Varsovia, el fin que se dio en 1956 era crear un mercado común (CEE) de bienes y servicios en la zona bajo tutela militar de EEUU. Un objetivo adicional es crear la Unión Económica y Monetaria (UEM). El calendario propuesto por Jacques Delors se inició en 1990. Mas el proyecto continuaba anclado en los presupuestos políticos y económicos sentados desde 1945 por EEUU.

 

Sin embargo, quienes echaron el freno a la UEM serían cinco de los ministros de Finanzas reunidos en Roma. Dos de ellos merecían atención -Alemania y el Reino Unido-, los tres restantes seguían su turno -España, Portugal y Grecia. Las objeciones las expresaron en términos económicos Jhon Major y el Banco Federal alemán: "si la Comunidad -dijo el primero- tratara de llegar demasiado pronto a la unión monetaria, sin una previa convergencia económica mayor, serán intolerables las tensiones y sacudidas sobre nuestras economías".

 

Para los alemanes "la transición a una nueva fase monetaria debe hacerse (...) previa garantía de que el resto de la Comunidad ha logrado el mismo nivel de estabilidad que la RFA". Los británicos se tomaban tiempo mientras oteaban en la independencia de los Estados del Este en busca de impulsos adicionales para preservar la propia. Ahora, la "casa común europea propuesta por Gorbachov ofrecía a Londres oportunidades antes no existentes.

 

En otro lado, los alemanes deseaban manos libres durante un tiempo para imantar los capitales del resto de la CEE en pro de la robustez del deutsschmark, con vistas a sustituir en Alemania del Este el capital social por privado. Mitterrand pedía a los alemanes el 25 de septiembre de 1990 que "entiendan que Francia mantendrá una política exterior independiente en defensa de sus intereses vitales en todo el Mundo".

 

El final de la división de Europa sacudió el entramado de la CEE. Jacques Delors, alarmado, señalaba en París el 25 de septiembre de 1990: "si Alemania pudiera emerger como un poder en solitario (...) en ese momento el destino de gran parte de Europa dependería de los políticos germanos". Para evitarlo, J. Delors propuso una concepción de la CEE ajustada en sus fines a los mismos de los norteamericanos en 1945: lograr la "europeización" de Alemania a través de estructuras como la de la CEE, diseñadas para solucionar el problema alemán. Hoy, pese al objeto de los vencedores de 1945, Alemania se encuentra en tránsito hacia su objetivo: la propia autodeterminación.

 

La arquitectura creada en Europa como instrumento de intervención durante los 45 años de la Guerra Fría se ve desbordada, cada día más inadaptada, lo mismo la OTAN y la CEE en el Oeste, como lo fueron para el Este el Pacto de Varsovia y la CAME. Distanciándose cada vez más del inmovilismo de la Guerra Fría, dos corrientes de fondo se entrecruzan hoy en Europa. Por un lado, la que explora fórmulas institucionales capaces de afirmarla frente a EEUU (y, en otro nivel, a Japón). Por otro lado, la que impulsa la desintegración de las estructuras estatales que históricamente rivalizaron por la hegemonía sobre el Continente. La primera se reveló en la respuesta de Francia y Alemania ante la suspensión de pagos de EEUU por la decisión de los ministros de Agricultura de la Comunidad Europea de mantener las subvenciones a su agricultura. La segunda exterioriza la crisis de las estructuras estatales históricas. De las centralizadas y de las descentralizadas. Casos como el de España, donde no por haber desmembrado a la nacionalidad castellana, núcleo centrípeto del Estado-Nación, en diez gobiernos autónomos se ha superado la inadaptación de las nacionalidades vasca y catalana en las estructuras estatales.

 

 

De Yalta a Malta

 

La reunión en Malta (2-3/12/1989) de los presidentes de la URSS y EEUU, a pesar de ser informal, sin orden del día ni firma de acuerdos, emergió como símbolo de cambio en las relaciones entre ambos. Georges Bush había declarado el 22 de noviembre anterior: "América desea que los soviéticos se sumen a nosotros para ir hacia una nueva asociación (...) ayudar a los pueblos de Europa a alcanzar un nuevo destino en una Europa pacífica, entera y libre".

 

Un histórico encuentro, pues venía precedido por revoluciones incruentas en Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria. Un año antes Gorbachov había anunciado en la ONU que la "sobrevivencia y autopreservación del género humano (...) la idea de democratizar el orden mundial ha convertido en una poderosa fuerza socio-política, el uso de la fuerza no puede ser más un instrumento de política exterior, la libertad de elección es un principio universal que debe ser permitido sin excepciones". Y estimando que "toda interferencia en los desarrollos internos de los países tendría las más destructivas consecuencias para el establecimiento de un orden pacífico", ofrecía "desmilitarizar las relaciones internacionales en una Comunidad de Estados que esté basa en el Imperio de la Ley".

 

Anunciaba la reducción unilateral de sus tropas en 500.000 hombres, la retirada y desmovilización de seis divisiones de tanques y unidades de asalto de la RDA, Checoslovaquia y Hungría; la reducción de 50.000 hombres y 5.000 tanques de las fuerzas soviéticas estacionadas en estos países, más otros 5.000 tanques en la URSS, 8.500 sistemas de artillería y 800 aviones de combate, dentro de una "estructura que se convertiría en claramente defensiva".

 

Gorbachov llegaba a Malta con el ejemplo de la desmovilización de 256.000 soldados. Dos semanas después, el 15 de diciembre de 1989, el secretario de la ONU recibía la confirmación de repatriar 625.000 soldados antes del 2.000. Ese mismo día, el Soviet Supremo aprobaba reducir el presupuesto de Defensa en un 8,2%, a pesar de que el previsto era ya notablemente inferior al de EEUU en un 57%...

 

El mundo asistía a una insólita sucesión de cambio de régimen político y de afirmaciones de independencia, Todos los partidos comunistas de Europa cambiaban su modelo organizativo por otro de reconocimiento de las pluralidades internas. Malta y Yalta admitían cierto paralelismo. En ambas conferencias la URSS aceptó repatriar sus tropas, la no intervención y libre determinación de los pueblos, la celebración de elecciones libres en sus Estados vecinos. Hay que recordar que en 1945 la URSS apoyó elecciones libres en Hungría, Bulgaria, Finlandia y Austria -perdidas por los respectivos partidos comunistas, no hizo uso del derecho a estacionar tropas en Finlandia, retiró el Ejército de Checoslovaquia a fines del 45, cortó sus enlaces ferroviarios militares a través de Polonia, respetó su compromiso de no intervenir en Italia, Francia o en la guerra civil de Grecia. Pero la Administración Truman sepultó el espíritu de Yalta, rompió los acuerdos suscritos y viró hacia el control de Europa entera obsesionada por acabar con el sistema económico-político soviético nada más conocer la invención de la bomba atómica y sentir el poder del rayo en sus manos.

 

La Administración Bush no dejaba de ver el espíritu de Malta como el resultado de cuarenta años de guerra contra la Potencia europea rebelde. En EEUU hacía mucho tiempo que habían sido desplazados del poder los soportes del New Deal rooseveltiano, la pretensión de poner término a las esferas de influencia, ahora, la pax americana se planteaba a propósito de mantener Norteamérica su estatus de primus inter pares en 1989 buscando explorar nuevas vías en el viejo Continente, mientras que la URSS de Gorbachov proponía un orden mundial distinto; para Europa, un proyecto común de estructura sin guerras frías ni calientes. EEUU no rechazó de plano la solicitud de la URSS de acceder a la economía mundial ingresando en el FMI y en el GATT -la URSS participó en la Conferencia de Bretton-Woods que creó el FMI en 1944 -del que fue apartado después.

 

Desde el punto de vista militar podría pensarse que Malta fue el reencuentro con el espíritu de Yalta en una realidad de paridad atómica entre la URSS y EEUU. Malta contenía significado un paso en la clausura de la etapa militar iniciada en la Conferencia de Postdam -el arma atómica como instrumento de chantaje político- y el comienzo de otra basada en la constatación de que la guerra atómica no es medio para imponer hegemonía, el orden mundial debiendo asentarse sobre bases nuevas. De donde hubiera podido seguirse la sustitución de la estructura defensiva de una Europa fortificada en trincheras, por otra de seguridad compartida. En Postdam (un día después del ensayo atómico en Álamo Gordo el 16 de julio de 1945), la URSS rechazó tamaña ofensiva, y a falta de armamento atómico opuso a EEUU el acuartelamiento progresivo de los pueblos y Estados donde el Ejército Rojo había entrado en su avance triunfal hacia la capital del III Reich.

 

Ahora, volvían a imponerse intereses favorables a reconfigurar la cadena de Estados que sirviera de tapón-división entre la Europa occidental (bajo control de la OTAN y de la CEE) y la URSS. De nada servía, por ejemplo, para el ex jefe del Gobierno Michel Debré (neogaullista), que la RDA, tres semanas después de destituir a Eric Honnecker, cediendo a la presión popular, abriera el muro de Berlín (9/11/1989).

 

Debré veía con preocupación el acontecimiento porque "permitiría la reunificación". Giscar d`Estaing (conservador) evocaba "la muerte de la CEE. El peso de un eventual Estado alemán unificado sería incompatible con nuestras instituciones". Michel Rocard (socialdemócrata) urgía abalanzarse sobre los mercados de Europa oriental: "nuestras grandes empresas estaban presentes en todas partes antes de caer el Telón de Acero". Mitterrand convocaba una reunión urgente de jefes de Estado y de la CEE para tratar de evitar la reunificación alemana. En fin, políticas todas que veían en la perpetuación de la OTAN (y del Pacto de Varsovia) un medio de contener a una Alemania en vías de reunificarse y de recuperar su soberanía. Margaret Thatcher pedía la continuidad de la OTAN, pero usaba la dinámica en la "masa Oriental" para preservar la independencia británica. Adenauer decía preferir "el control total sobre media Alemania más que el control a medias (con los comunistas) sobre Alemania entera". Bush concertaba con Kohl hablar positivamente "sobre el "principio" de la reunificación, a pesar de que eso es anatema para muchos aliados de la OTAN".

En ese nuevo contexto de cooperación con la URSS, EEUU quería mantener su esfera de influencia mientras Moscú renunciaba a la suya en Europa del Este. Gorbachov buscaba el camino para acuerdos económicos y de seguridad de ámbito paneuropeo del modo que le era viable, ora asociando a Washington en la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea (CSCE) como marco institucional de los dos bloques, ora abriendo relaciones directas con la OTAN y la CEE.

 

Malta al igual que Yalta tenía a Alemania como fondo. Merece recordar las dos respuestas alemanas a la apertura del muro de Berlín. Willy Brandt (socialdemócrata) afirmaba que "muchos en la RDA odian ser comprados. Son alérgicos a la sospecha surgida de que el producto de su trabajo pueda ser vendido como activo de la quiebra". Helmuthh Kohl (democristiano) explicaba en sus diez puntos al Parlamento (28/11/1989): "instaurar estructuras confedérales entre los dos Estados d Alemania, con el fin de crear después una federación, lo que significa un orden federal en Alemania" (...) la CAE no debe acabar en el Elba, debe estar abierta a una RDA democrática y a otros Estados democráticos".

 

Dictaba también a la RDA lo que debería hacer si deseaba ayuda económica: "un cambio fundamental en el sistema político y económico, terminar con el monopolio del poder del Partido Socialista Unificado".  La URSS veía la reunificación "en el contexto de un proceso más amplio de superación de la división de Europa que incluye la disolución simultánea de la OTAN y del Pacto de Varsovia". Edward Shevardnadze fue más contundente: "la parte soviética considera inaceptable dictar al Estado soberano de Alemania Oriental cómo debe desarrollar sus relaciones con el otro Estado Alemán".

 

En 1989 los democristianos alemanes pedían anexionar la Alemania entera, como dijera Conrad Adenauer. EEUU ajustó sus intereses a esta nueva premisa. En Yalta se aprobó mantener desmilitarizado y unido el Estado alemán -aunque debilitándolo mediante una estructura federal, y su ocupación por tropas de la Coalición Antigermana debía mantenerse durante sólo dos años adicionales. En Malta EEUU proponía por primera vez a la URSS la reducción de sus respectivas tropas en Europa. Y la hacía horas después de que Kohl hubiera pedido simultanear la unificación alemana con "pasos rápidos en el desarme y control de armamentos y sobreponerse a la OTAN y el Pacto de Varsovia. Un alto funcionario alemán había hablado de que "la más probable petición del Kremlin a cambio de aceptar la reunificación sería una Alemania neutral, un paso que implica el colapso de ambas alianzas en Europa y levantar un sistema de seguridad global totalmente nuevo. La posibilidad de tal oferta por Moscú es la mayor preocupación de nuestros aliados, que temen que Alemania Occidental sea incapaz de resistir el cebo". Al día siguiente (29/11/1989), el secretario de Estado James Baker III se apresuraba a disponer que la reunificación alemana "debe producirse en el contexto del continuado alineamiento de Alemania con la OTAN y una CEE cada vez integrada. No debe haber trueque de neutralidad por unidad".

 

El gobierno de Bush vio la posibilidad de extender la OTAN hacia el Este. El gobierno de Kohl veía lo mismo pero deseaba hacerlo con el asentimiento de EEUU.

 

 

Asimetrías entre Bush y Gorbachov

 

El encuentro en Malta tuvo lugar tras reiteradas condenas retroactivas por el Soviet Supremo. El presidente Bush había anunciado por televisión su viaje a Malta reivindicando el legado acumulado por EEUU con la aplicación de la doctrina Truman y proclamando la perennidad de la OTAN: "ayudamos a reconstruir un continente a través del Plan Marshall y construimos un escudo, la OTAN (...) América es fuerte, y cuarenta años de perseverancia y paciencia están dando finalmente resultado". Ofrecía ayuda a Hungría y Polonia si se ajustaban "a una sociedad de mercado libre, abriendo el camino a la inversión de EEUU". Dijo más: "Estoy extendiendo la mano a Gorbachov, pidiéndole que trabaje conmigo en derribar las últimas barreras a un mundo nuevo de libertad. Permitidnos ir más allá de la contención y, de una vez por todas, acabar la Guerra Fría (...) Podemos ayudar a los pueblos de Europa a alcanzar un nuevo destino, en una Europa pacífica, entera y libre". Con "entera y libre", ya utilizada en el 40 aniversario de la OTAN en Bruselas en mayo de 1989, la Administración Bush aparentaba inclinarse ante la marcha alemana hacia el Este pero de hecho se ponía al frente, reconduciéndola a expandir la CEE y la propia OTAN hacia Oriente.

 

Una Europa "entera y libre". Querían decir, así lo expuso el secretario de Estado James Baker III: "una comunidad de naciones libres (...) Sus fronteras no han sido puestas por la geografía (...) sino por el logro de las libertades democráticas". ¿Formaría parte de esta "Nueva Europa" los EEUU? Este era el propósito. Tal Europa comprendería los Estados de la OCDE e incluso algunos neutrales: "Hoy corre desde Montreal, San Francisco, y Roma hasta Tokio, Helsinki y Melbourne (...) En Bruselas, los líderes de la OTAN se han comprometido a realizar una Europa entera y libre". Era una formulación a propósito de retroceder el sistema económico-ideológico del poder estatal de la URSS. De nuevo se percibía aquí, en trasfondo, constantes estratégicas británicas: lograr retroceder los beneficios territoriales que obtuvo la URSS del Pacto de no Agresión y Neutralidad de 23 de agosto de 1939 con Alemania; restablecer alguna versión del "cinturón sanitario" emergido den Versalles en 1919; desintegrar la URSS en tanto que Estado. Se trataba no sólo de no poner fin a la división de Europa sino de crear las condiciones para una nueva confrontación. Gracias a la libertad de prensa de EEUU se conoce que la Administración Bush pretendía "hacer frente una Europa modelada tanto por la influencia económica y el potencial alemanes como por la presencia militar rusa".

 

El concepto "paneuropeo" francés de lograr encorsetar a Alemania imponiendo la plena integración político-económica de la CEE para 1992, era una concepción que entroncaba con los esfuerzos posteriores a la revolución bolchevique tendientes a separar Rusia de la Europa capitalista. Ahora, explicaba ambiguamente el secretario de defensa del Pentágono Dick Cheney: "queremos una Europa entera y libre de intimidación. (...) los intereses soviéticos no van a coincidir con los de EEUU, sus objetivos a largo plazo van a permanecer, de continuar siendo el poder militar más fuerte en el continente euroasiático (...) Si nos obligamos nosotros mismos a salir de Europa, no volveremos fácilmente".

 

Estaban alumbrando lo viejos rescoldos de la Conferencia de Versalles en 1919, es decir, la división de Europa entre Potencias cuyo "equilibrio" reposa en repartirse los pueblos en zonas de influencia.

 

Ahora, tan pronto la URSS favoreció los cambios de regímenes en Polonia, Hungría, la RDA, Bulgaria y Checoslovaquia, el Kohl avanzó su plan de 10 puntos de anexión de la RDA. Francia