Caudillo, ejército, pueblo.
El modelo venezolano o la
posdemocracia
Norberto Ceresole
Caracas, enero-febrero de 1999
Índice
Capítulo 1: Caudillo, Ejército, Pueblo
-
- La concentración
del poder dentro de la historia reciente
Capítulo 2: La participación popular
- Reportaje a
Norberto Ceresole
Capítulo 3: La situación internacional. La crisis del
Nuevo Orden Mundial
- La crisis del
"nuevo orden mundial". El entorno global: una nueva a-polaridad anti-sistémica
- Las nuevas
fronteras de la política mundial
- Los factores
globalizadores: El gobierno oligárquico/global como proyecto. La infalibilidad
ideológica del "Imperium Mundis"
- Polarización
versus globalización
- La fragmentación
anti-oligárquica
- La
despolarización del sistema internacional
- Los Estados
Unidos de América como factor declinante de la polarización internacional
- Estados Unidos:
capacidad de globalización y voluntad "aislacionista". de la
estrategia de "contención" a la estrategia de "expansión"
- La ruptura del
orden bipolar
- Hegel, Haushofer
y Spengler
- La estructura
global y los segmentos de poder. Alemania, el Oriente Medio y el Asia Central
- La "ruptura
del mapa"
- Una forma de
generación de poder: la producción de Inteligencia
- La inteligencia
como nueva forma de conocimiento y condición de supervivencia
-
- "Entorno"
y "sistema" entendido como sistema comunicacional
- Resumen y
conclusiones: Cambios internos y conflictos externos
Capítulo 1. Caudillo, Ejército,
Pueblo
"Pero el enemigo es una fuerza objetiva... El enemigo auténtico no
se deja engañar... Cuidado, pues. No hables ligeramente del enemigo. Uno se
clasifica por sus enemigos. Te pones en cierta categoría por lo que reconoces
como enemistad. Es fatal el caso de los destructores que se justifican con el
argumento de que hay que aniquilar a los destructores. Toda destrucción es
autodestrucción. El enemigo, en cambio, es lo otro"
Carl Schmitt, Ex Captivitate
Salus.
La orden que
emite el pueblo de Venezuela el 6 de diciembre de 1998 es clara y terminante.
Una persona física, y no una idea abstracta o un "partido"
genérico, fue "delegada" - por ese pueblo - para ejercer un
poder. La orden popular que definió ese poder físico y personal incluyó, por
supuesto, la necesidad de transformar integralmente el país y reubicar a
Venezuela, de una manera distinta, en el sistema internacional.
Hay entonces una
orden social mayoritaria que transforma a un antiguo líder militar en un caudillo
nacional. La transformación de aquel líder en este caudillo hubiese sido
imposible de no haber mediado: 1) el golpe de Estado anterior no consumado y,
2) de no haberse producido la decisión democrática del pueblo de
Venezuela del 6 de diciembre de 1998. Es una decisión democrática pocas veces
vista en la historia moderna lo que transforma un líder "golpista" en
un jefe nacional. Hubo decisión democrática porque antes hubo una
militarización de la política. El anterior golpismo - la necesaria
militarización de la política - fue la condición sine qua non de la
existencia de un Modelo Venezolano posdemocrático. De allí que no deba
sorprender a nadie la aparición - en el futuro inmediato - de un
"partido" cívico-militar, como conductor secundario - detrás del
caudillo nacional - del proceso revolucionario venezolano.
Todos estos
elementos ["Orden", o "mandato popular"; líder militar
devenido en caudillo o jefe nacional; ausencia de instituciones intermedias
eficaces; presencia de un grupo importante de "apóstoles" (núcleo del
futuro partido "cívico-militar") que intermedian con generosidad y
grandeza entre el caudillo y la masa; ausencia de ideologizaciones parasitarias
preexistentes, etc.] conforman un modelo de cambio - en verdad, un modelo revolucionario
- absolutamente inédito, aunque con claras tradiciones históricas, hasta el
momento subestimadas y denigradas por el pensamiento sociológico
anglo-norteamericano.
El modelo venezolano no es una construcción teórica, sino una emergencia de la realidad. Es el resultado de una confluencia de factores que podríamos definir como "físicos" (en oposición a los llamados factores "ideológicos") que no habían sido pre-pensados. El resultado de esa confluencia de factores es un modelo revolucionario que pivota sobre una relación básica entre un caudillo nacional y una masa popular absolutamente mayoritaria, que lo designó a él, personalmente, como su representante, para operar un cambio amplio pero sobre todo profundo.
El modelo
venezolano no se parece a nada de lo conocido, aunque nos recuerda una historia
propia, que generalmente hemos negado por nuestra anterior adscripción y subordinación
ante los tabúes del pensamiento occidental-racionalista (marxismo incluido):
Se diferencia del
"modelo democrático" (tanto liberal como neoliberal) porque dentro de
la orden popular (mandato) está implícita - con claridad meridiana - la idea de
que el poder debe permanecer concentrado, unificado y centralizado (el
pueblo elige a una persona (que es automáticamente proyectada al plano
de la meta política) y no a una "idea" o "institución"). No
es un modelo "anti-democrático", sino "pos-democrático".
Se diferencia de
todas las formas de "socialismo real"
conocidas durante el siglo XX, porque ni la "ideología" ni el "partido"
juegan roles dogmáticos, ni siquiera significativos. En todos los casos
conocidos los partidos comunistas llegan al poder por guerra civil interior,
guerra internacional o invasión militar.
Se diferencia de
los caudillismos tradicionales o "conservadores",
porque el mandato u orden popular que transforma a un líder militar en un
dirigente nacional con proyecciones internacionales fue expresado no sólo
democráticamente, sino, además, con un sentido determinado: conservación de la
cultura (independencia nacional), pero transformación de la estructura (social,
económica y moral).
Es distinto de los
nacionalismos europeos de la primera posguerra, por algunos de los elementos ya
señalados que lo diferencian del "socialismo real": ni
"partido" ni "ideología" cumplen funciones motoras dentro
del modelo, aunque aquellos partidos nacionalistas hayan llegado al poder por
decisiones originalmente democráticas (voto popular).
El modelo
venezolano posdemocrático es una manifestación clara de que en
Liberales (y
neoliberales) y marxistas de todo tipo buscarán atacar al modelo venezolano -
simultánea o alternativamente - desde dos ángulos que ya han sido perfectamente
diseñados. Los primeros exigirán la "distribución o democratización del
poder", y los segundos la "participación popular", en el sentido
de sustitución (reemplazo) de "líder" (concreto, físico) por
"pueblo" (abstracto, genérico). Por lo demás, y en toda lógica, la
distribución o licuación del poder parece casar muy bien con la idea de
"participación popular". Y ello es así en la exacta medida que el
marxismo representó, en la historia de las ideas, la exacerbación (su puesta en
el límite) del Iluminismo y sus consecuencias: el racionalismo y el
positivismo.
Los primeros
exigirán desmontar el "presidencialismo", potenciar el corruptor
pseudo caudillismo local (gobernaciones, municipalidades, etc.), reforzar los
poderes legislativo y judicial, liquidar el "centralismo" del Estado
y, finalmente, diluir su poder para insertarlo en el "Nuevo Orden
Mundial". Los segundos buscarán fundamentar la falsa idea y la demencial
esperanza (nunca jamás verificada en la historia) de que puede existir "participación popular"
sin liderazgo físico y personal, sin "dialéctica" masa-caudillo, o
que esa participación puede o debe buscarse fuera o independientemente de esa
relación entre los dos polos centrales del modelo: el caudillo y la masa.
Esas serán las dos
vía básicas de la contrarrevolución venezolana. Ambas ya están activadas y se
están manifestando con mucha fuerza en torno a la Constituyente, pero ahora los
intentos por desvirtuarla ya no se manifiestan como oposición a la misma, sino
como impulsos orientados a su desnaturalización.
Los des-naturalizadores
pretenden que
Dada la
existencia ineludible de ese mandato,
En el Modelo Venezolano
el poder emerge fundamentalmente de la relación Caudillo-masa. Existen otras
instancias y niveles en donde también se produce poder, como los cuadros de
conducción que hemos denominado "apóstoles". Ese poder así producido
debe comprenderse como un objeto físico que, al fracturarse o
"distribuirse" o disolverse, se "gasifica" y,
automáticamente, se licua y diluye. La des-concentración del poder fue
siempre el antecedente inexorable de la muerte de cualquier estrategia social
antisistema, cualquiera haya sido su signo ideológico, su "tempo"
histórico o su campo de aplicación (nacional o internacional). La
concentración de poder es imprescindible para la producción de poder con un
entorno exterior agresivo, ya que el Poder es la principal escala de medición
de toda acción política - incluyendo el pensamiento político - en cualquiera de
sus niveles.
Queda,
naturalmente, pendiente, el tema final de la distribución del poder, que se
puede convertir en prioritario por la muerte del líder y/o la desaparición de
las instancias dramáticas que entornan actualmente al modelo, correspondan
estas a la política interior o la política internacional. Pero eso ya sería
tema de otra circunstancia, muy distinta a la que afecta actualmente a
Venezuela. El problema que se le plantea a las sociedades y a las fuerzas
políticas ubicadas en los "mundos" del no/occidente y de la periferia
de occidente es cómo enfrentar una crisis internacional inédita que día a día
generará condiciones crecientes de excepcionalidad.
En última instancia
la acción y el pensamiento políticos deberían poder representarse como una matriz
de producción de poder, en la cual cada "política", cualquiera
fuese su escala - municipal, provincial, nacional, regional e internacional -,
o su naturaleza - social, cultural, económica, militar, etc. -, pueda ser
comprendida como un input de un sistema capaz de producir un output
llamado poder.
La finalidad última
de toda estrategia es organizar la interconexión óptima entre cada componente
de la matriz, lo que conlleva a incrementar el poder de una determinada
"unidad" política: como p.e., el Estado/nación. La forma de
incrementar el poder - entendido como producto final de una matriz - es
aumentando la cantidad y calidad de insumos - "políticas" -
que ingresan al sistema, pero sobre todo, estableciendo una determinada calidad
de relacionamiento entre ellos.
Desde el inicio, la
forma institucional que adopta el poder adquiere una importancia
extraordinaria, ya que ella es uno de los factores centrales que hace a la
capacidad de generarlo, acumularlo e incrementarlo. Existen dos formas
institucionales polares para administrar el poder en cualquiera de sus fases
(generación, acumulación e incremento): la forma concentrativa y la
forma distributiva. Sólo en sus expresiones distorsionadas y
dependientes, la forma concentrativa
es una "dictadura" y la
forma distributiva es una "democracia".
Las formas
concentrativas que adopta el poder pueden estar basadas en presupuestos
distintos: de "clase", de "raza", de "nación", de
"destino", etc., pero en todos los casos y circunstancias esas formas
emergen en circunstancias excepcionales, críticas o límites. Siempre existe la
mediación de una circunstancia dramática de la historia.
Generalmente se da
por sobreentendido de que las formas distributivas del poder nacen todas en el
Iluminismo que entorna a las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa.
Ello es relativamente cierto en términos de cultura "occidental". Es
un hecho que en los amplios espacios y en las crecientes concentraciones
demográficas del mundo "no/occidental" y en la misma "periferia
de occidente" ("mundo" al cual pertenecemos) la democracia Iluminista no ha
funcionado ni funciona en términos de sistema político distributivo.
Tradicionalmente se planteó como alternativa a esa inviabilidad largamente
comprobada la implantación de dictaduras coherentes y cooptadas por las
potencias hegemónicas respectivas.
De hecho en el
no-occidente y en la periferia de occidente nunca - o casi nunca - la
"democracia" tuvo un contenido estratégico opuesto a la
"dictadura". Existió más bien continuidad entre ambas formas de
administrar el poder porque las "democracias" no fueron ni son
distributivas (hacia dentro) y las "dictaduras" fueron y son
concentrativas sólo "hacia fuera" (en función de un presupuesto
estratégico externo señalado, en cada caso, por la potencia hegemónica).
Ello exige precisar bajo qué formas institucionales esas fuerzas políticas, alejadas y/o expulsadas de los cinco principios básicos que determinan al "nuevo discurso político" (abdicación, adscripción, servicio, continuidad y conservadurismo), bajo qué formas ellas pueden administrar el poder interior (y hacia el exterior) en condiciones críticas de excepcionalidad creciente. Una postura eminentemente "democratista", en el sentido occidental del concepto (dado el entorno regional e internacional antes señalado, al nuevo tipo de agresiones que hoy sufre Venezuela, y a su creciente vulnerabilidad dependiente) conducirá no a una verdadera distribución "democrática" del poder ("hacia abajo"), sino a su dispersión, licuación y anulación. La dispersión del poder es lo opuesto a su distribución. "Democracia" y "dictadura" se continúan una a otra para producir una curva decreciente en el proceso de producción de poder.
Soslayar ambas formas "occidentalistas" de administrar el poder significa incursionar en el campo de la propia historia. En nuestro caso hispanoamericano, revalorizar positivamente el fenómeno de la "democracia inorgánica", o del caudillismo como una forma específica de liderazgo. La proyección hacia el futuro de formas políticas que en nuestro pasado iberoamericano tuvieron un indudable fundamento de legitimidad es una operación absolutamente lícita, dada la crisis actual que sufren los sistemas "occidentales" de representación política.
Puede ser imaginada
una "democracia inorgánica"
para el futuro, relacionando los conceptos de "participación" y de "territorialidad".
La "democracia inorgánica"
de nuestro siglo XIX iberoamericano era un sistema político legítimo, y en la
mayoría de los casos, justo. Fue atacado desde el liberalismo y desde el "progresismo" en nombre de la "democracia" y de la "revolución", respectivamente. Pero
de una y la otra hoy sólo quedan ruinas y corrupción.
En este marco conceptual,
la corrupción debe tratarse como una cuestión específica que incide en las
curvas decrecientes de producción de poder. La corrupción no es un fenómeno
moral individual asintótico al sistema, independientemente de la forma que este
adopte, la "democrática" o
la "dictatorial". Es un
componente estructural inherente a todos los procesos entrópicos de pérdidas de
poder, aunque estos se produzcan bajo la "dictadura / democrática del partido del proletariado".
No es posible
siquiera pensar en la posibilidad de un cambio, de una transformación interior
(no digamos de una revolución interior) sin un proceso simultáneo de concentración
de poder. La concentración de poder, inevitablemente, es directamente proporcional
a la intensidad del cambio. Cuanto más cambio más necesidad de concentración. La
naturaleza de la concentración del poder está referida a la
"transpoliticidad" del proceso. Es decir: en él intervienen de forma
muy intensa factores sociales, culturales, históricos e institucionales
ubicados más allá de los "partidos".
La concentración del poder dentro de la historia reciente
Para el caso
venezolano la concentración del poder es aún más importante, si cabe, dadas las
particularidades del proceso militar que tiene como eje el alzamiento del 4 de febrero de 1992.
Para empezar existen datos inquietantes, que señalan inequívocamente el carácter inducido de ese alzamiento militar. Todos los comandantes que se insubordinan tenían en ese momento - inexplicablemente - mando de tropas, lo que constituye un hecho absolutamente insólito, cuando todos los servicios de inteligencia (DIM y DISIP, especialmente) conocían perfectamente los alcances y ramificaciones de la conspiración. Se trata sin duda de un hecho anormal en la historia internacional de las conspiraciones militares.
Existe una
razonable cantidad de argumentos que permiten pensar que había "otro"
golpe detrás del golpe visible del 4 de febrero de 1992. Luego, tanto en la
prisión de Yare como en la de San Carlos, comienzan las disidencias políticas
entre los conspiradores ya encarcelados.
Definitivamente no
hubo un "partido" verticalizado o militarizado detrás del proceso
sino, sobre todo, la voluntad indomable de una persona física: el teniente
coronel Hugo Chávez Frías. Las disidencias más importantes - las que luego se
fueron reproduciendo hasta el mismo día de hoy - las tuvo Chávez con muchos de
sus propios compañeros de prisión, un grupo significativo de oficiales "moderados". Como la radicalidad
política no fue la ideología de todo el grupo militar insurgente, sino de una
minoría dentro de ese grupo, las tensiones comenzaron a aflorar muy pronto
dentro de los alzados ya encarcelados (en Yare y en San Carlos). Los sectores
más "moderados" buscaron muy pronto una alianza con el gobierno de
Rafael Caldera. De hecho la consiguieron, obtuvieron sus premios, y
prácticamente aislaron a Chávez, que durante un largo tiempo navegó por la
política venezolana en casi total soledad, aunque siempre protegido por el
calor del afecto popular, ganado definitivamente el 4 de febrero de 1992.
Luego de las
disidencias vino la libertad de los conspiradores, decretada por el ex presidente
Caldera. De ella emerge un Chávez en completa soledad política. Un dirigente
militar aislado que comienza a recorrer los caminos de Venezuela. Es allí
donde comienza a fraguarse la relación directa y física entre el líder y su
pueblo: sencillamente, en esos tiempos, no había nadie entre ellos.
Es en ese punto de
la trama cuando yo tomo contacto personal con el comandante. En esos tiempos
recorrimos juntos, varias veces, casi toda la geografía venezolana, en un
periplo que había comenzado en la lejana Buenos Aires y, luego, continuado en
Santa Marta, Colombia. Pude ver, en la práctica, cómo funcionaba el "carisma", algo que yo había
estudiado "en los libros",
pero que no había visto casi nunca en la realidad. Pude ver - en definitiva, y
en una época de "alto riesgo"
- a un político excepcional luchar contra las grandes adversidades de la
historia y las pequeñas miserias de la vida cotidiana.
En su origen,
entonces, el Modelo Venezolano se basó en la radicalidad de una fracción de un
grupo militar - y, dentro de él, de un líder militar - que fue interpretada
positivamente por el pueblo con la velocidad de la luz y la fuerza de un
huracán tropical. Esa radicalidad militar, no exenta de una fuerte carga
nacionalista, es asumida como política alternativa por el pueblo de Venezuela.
Durante años Chávez
carece de "partido". La fundación posterior del Movimiento Quinta República (MVR) obedeció a un
propósito meramente electoral. Ese movimiento fue la consecuencia de una
decisión finalmente asumida: concurrir al proceso electoral. Cuando se aproxima
el desenlace electoral del 6 de diciembre de 1998 ya es perceptible en Chávez
un cambio de lenguaje, de actitud y de selección de amigos y colaboradores. La
radicalidad inicial se va transformando en "realismo político". El tránsito de una a otra posición obedece
a una lógica intrínseca de la política de poder y fue, es y será la condición
ineludible para acceder al gobierno, en cualquier tiempo, latitud o altitud.
Hugo Chávez no pudo
haber llegado nunca a presentar su candidatura electoral - no ya a ganar unas
elecciones - si no hubiese habido algún tipo de negociación previa, tanto en el
plano internacional como en el nacional. Negociación significa compromiso. Hugo
Chávez llega a presidencia de Venezuela por la vía del compromiso. En términos
reales la otra alternativa era su desaparición física. ¿Esto quiere decir que
Hugo Chávez es un nuevo Menem? Plantear esta similitud es un ejercicio
enormemente atractivo, no porque existan perfiles psicológicos parecidos, sino
porque en ambos casos se trata de aprovechar una enorme masa de legitimidad
histórica acumulada - en el caso argentino, el peronismo - en beneficio de una
política contrapuesta con los motivos fundacionales de ambos movimientos.
El chavismo tiende
a escindirse entre los "establecidos",
que buscan potenciar las tendencias moderadas de los últimos tiempos, y los
"radicales", que buscan
reconstruir los elementos fundadores del movimiento militar. Es así que - por
ahora - dentro de la política interior venezolana, no se plantea la búsqueda de
una alternativa a Chávez. Los grupos chavistas más ortodoxos intentan una
acumulación de poder para lograr constituirse en apoyaturas para que Chávez
pueda evadirse - algún día no muy lejano - de un compromiso que fue necesario
adquirir. El límite de esta política es, naturalmente, la guerra civil. El otro
sector es el que acepta complacido las decisiones de continuidad.
Ambas facciones -
aún - no están absolutamente escindidas, en el sentido de que ambas buscan la
legitimidad del "paraguas
carismático". Unos para reforzar las decisiones de continuidad; otros
para intentar revertirlas. Todos buscando el amparo del líder.
La fracción
continuista pretende convertir a Chávez en un nuevo actor de un viejo libreto.
Pretende orientarlo en la dirección de "ganar tiempo"; impulsándolo, con pretendida sigilosidad, hacia
el plano de la falsa astucia, fingiendo que, por esa vía, al final, se logrará
engañar al enemigo.
En el plano
internacional ello significa la aceptación de ciertas reglas no escritas de
"buena conducta". Con un
comandante así reconstituido, Venezuela no se convertirá, por supuesto, en un
conflicto internacional. Es decir, en una fractura geopolítica, ni siquiera
leve. En el plano interno la fracción conservadora representa una negativa a
"explotar el éxito", es una
actitud que en la práctica vuelve a poner en pie un sistema político que había
sido literalmente pulverizado el 6 de diciembre de 1998. Sin duda alguna
ese "partido" pretende que Chávez recorra el camino del
"reconocimiento" exterior y del "apaciguamiento" interior. Una
línea de absoluta continuidad con la anterior historia política y económica de
Venezuela.
El hecho es que,
hoy, no existe ni puede existir oposición a Chávez. Mejor dicho, la opción a
Chávez es una sangrienta y destructora guerra civil. Esto todos lo saben o al
menos lo intuyen. Chávez constituye la única opción de gobernabilidad para una
Venezuela que unos proponen transformar pero que otros sólo necesitan
maquillarla - eso sí - con toda urgencia. Para presentarla ante los ojos de su
pueblo y del mundo como si estuviese transformada, cuando en realidad sólo
estará pos-modernizada. Es decir, apta para ingresar en la sección sudamericana
del Nuevo Orden Mundial.
Pero esa opción
de continuidad pretende ignorar la existencia de una historia, la presencia de
una relación líder-masa que se ha constituido en el hecho determinante de la
historia contemporánea de Venezuela. Así, en estos
términos concretos, y en esta pequeña parte del planeta tierra, está planteada
la vasta dialéctica de este duelo global entre los orgullosos y los humillados.
La situación
internacional será analizada con mayor detalle en Capítulo 3. Veamos por el
momento el marco regional. Colombia continúa su camino sin retorno hacia una guerra
civil ampliada y generalizada que provocará inexorablemente una intervención
militar - unilateral o multilateral - externa. Cada día con mayor claridad se
hace evidente la incapacidad del ejército colombiano para dominar militarmente
la situación. Las fuerzas armadas colombianas se encuentran en una situación
sin salida, ya que si dispersan sus fuerzas persiguiendo a la guerrilla, en
todos y cada uno de los teatros de operaciones rurales, la guerrilla - o, mejor
dicho, los ya poderosos ejércitos irregulares rurales - en un rápido
movimiento, estarían en condiciones de ocupar los principales centros urbanos
del país, Bogotá incluida.
La insuficiente capacidad militar del Estado - o, lo que es lo mismo, la creciente capacidad militar y política de las fuerzas irregulares - es lo que originará la intervención final de otros Estados y de otros ejércitos, que deberán penetrar necesariamente en Colombia.
Esos movimientos militares de los países vecinos - Perú, Ecuador y la propia Venezuela - ya han comenzado. Pero mientras tanto se incrementan las acciones de los "paramilitares" - totalmente conscientes de la deficiencia militar básica antes señalada -, que cometen sus crímenes contra una población civil inerme, supuesta base política de los movimientos armados irregulares. Esos "paramilitares" son asesorados - de manera cada vez más activa y pública - por "profesionales" israelíes: "expertos" en seguridad y contra-guerrilla. Los mismos que vienen actuando en tareas de contra-subversión, en Suramérica, desde hace aproximadamente tres décadas.
La cada día más
crítica situación colombiana limita severamente la proyección andina de
Venezuela. Por motivos distintos, también existen interferencias serias con su proyección
amazónica. La crisis económica y financiera que afecta hoy al Mercosur
torna problemática esa apertura hacia el sur. Además tenemos el ejemplo
argentino. Gracias al Mercosur
Estas limitaciones
regionales no son en absoluto definitivas, pero actuarán, en todo caso, sobre
la sobre la política interior venezolana.
Capítulo 2. La participación
popular
Reportaje a Norberto Ceresole
Iván Freites: Buenas noches Norberto. Queremos darte la
bienvenida en nombre de todo el pueblo de Venezuela. Todavía recordamos cuando
te expulsaron de aquí como si hubieses sido un delincuente, y nosotros no
pudimos hacer nada para impedirlo. Ahora queremos comenzar preguntando cuál es
tu interpretación sobre aquel incidente.
NC: El escándalo de mi expulsión de Venezuela en junio de 1995 puede ser
ahora analizado con la claridad y la frialdad que ofrece la perspectiva del
tiempo. Esa expulsión fue un atentado grave a la soberanía de Venezuela porque,
no tengo ya ninguna duda al respecto, fue organizada y realizada por los
agentes del Mossad (Inteligencia exterior israelí) que entonces controlaban
Mis primeras conclusiones, que son las que aún hoy mantengo, pero mucho más desarrolladas y fundamentadas (a lo largo de seis libros publicados en los últimos cinco años y de casi dos años de investigaciones sobre el terreno en muchos países del Oriente Medio y del Asia Central) fueron que esos atentados, supuestamente "anti-judíos", habían sido cometidos por grupos judíos que operaban contra el llamado "Plan de Paz".
Esos atentados de
Buenos Aires pertenecen entonces, según mi opinión, a un mismo proceso
terrorista que tuvo su punto culminante en el asesinato - cometido por judíos
fundamentalistas - del general Issac Rabin, partidario, entonces, de ese
funesto "Plan de Paz". Yo tuve el atrevimiento de señalar esa
culpabilidad. Y por ello fui castigado, en Venezuela, por quien en ese momento
era el Director General de Inteligencia de
El día de mi
detención fui interrogado durante doce horas por el propio Israel Weissel. Por
lo tanto tengo muy claro la naturaleza de ese escándalo anti-venezolano, pues
se pretendió - en el fondo - implicar a Hugo Chávez en una inexistente campaña
"antisemita". Hace pocos
días estuve conversando con nuestro querido amigo común, el actual diputado
Fredy Bernal, quien también sufrió - en una escala mucho más salvaje que yo
mismo - los interrogatorios del señor Israel Weissel, un ciudadano israelí
quien desapareció de Venezuela poco antes del gran triunfo electoral de Hugo
Chávez. Israel Weissel atentó contra Fredy Bernal y amenazó la vida de su
pequeño hijo en innumerables oportunidades. En fin, todos ustedes conocen muy
bien - mucho mejor que yo - quién era Israel Weissel y cuán grande era el
control del Mossad sobre
Para finalizar este
punto quiero decir que al día de hoy no hay detenidos en
Iván Freites: Sabemos que tú caíste prisionero en 1995 y que en
ningún momento firmaste ninguna declaración contra Hugo Chávez, como te exigían
tus interrogadores. Te mantuviste altivo y "arrecho". Ahora la
situación es muy distinta. Ahora tú eres el hermano querido del pueblo de
Venezuela. Pero dinos ¿Cómo perciben a Chávez fuera de Venezuela?
NC. Hay percepciones muy disímiles sobre Hugo Chávez fuera de Venezuela.
El mismo 7 de diciembre de 1998, por ejemplo, el diario socialdemócrata español
El País, que obedece a la mafia
Carlos Andrés Pérez -Felipe González, definió a Hugo Chávez como "un Hitler sudamericano". Textual.
No como un Stalin, o un Pol Pot, o un Castro. Sino como un Hitler sudamericano.
Este es un indicador que yo creo es bastante significativo y que señala cuál
será la opinión de un sector muy importante de la comunidad internacional sobre
el futuro gobierno.
Una opinión muy
distinta tienen los pueblos de nuestro países sudamericanos. Concretamente en
Por primera vez
desde hace décadas vuelve a plantearse, en un país suramericano, la alternativa
de una alianza entre el ejército y el pueblo; la alternativa de un "partido cívico-militar" dotado de
un proyecto revolucionario. Yo fui uno de los impulsores, en
Ronald Blanco
NC. Es un proceso único. El pueblo de Venezuela generó un caudillo. El núcleo del poder actual es precisamente esa relación establecida entre líder y masa. Esta naturaleza única y diferencial del proceso venezolano no puede ser ni tergiversada ni malinterpretada. Se trata de un pueblo que le dio una orden a un jefe, a un caudillo, a un líder militar. Él está obligado a cumplir con esa orden que le dio ese pueblo. Por lo tanto aquí lo único que nos debe importar es el mantenimiento de esa relación pueblo-líder. Ella está en el núcleo del poder instaurado. Es la esencia del modelo que ustedes han creado. Si ella se mantiene, el proceso continuará su camino; si ella se rompe el proceso degenerará y se anulará una de las experiencias más importantes de las últimas décadas. Esa es la relación que hay que defender sobre todas las cosas.
Por lo tanto será
necesario oponerse con toda energía a cualquier intento que pretenda
"democratizar" el poder. "Democratizar" el poder tiene hoy
un significado claro y unívoco en Venezuela: quiere decir "licuar" el
poder, quiere decir "gasificar" el poder, quiere decir anular el
poder.
Sobre ese modelo habría que escribir un nuevo tratado de ciencia política. Para ello deberíamos quemar todo lo hasta ahora leído y aprendido. Ahora deberíamos comenzar por leer no un libro, sino la realidad. Esta nueva realidad. Sólo a partir de esta lectura podríamos llegar a formular una nueva definición de modelos políticos aptos para generar cambios nacionales dentro de un mundo que se encuentra en situación de emergencia.
En Venezuela el
cambio se canalizará a través de un hombre, de una "persona física",
y no a través de una idea abstracta o de un partido político genérico. Repito:
hay una orden explícita dada por un pueblo concreto a un hombre concreto. Esta
es la grandeza pero también la debilidad del modelo venezolano.
Pregunta: Dentro de tu esquema, ¿cómo será posible hablar de
participación popular - que ha sido una de las promesas del presidente electo?
NC. Lo esencial de esa participación popular, por el momento, ya se
produjo. La gran decisión popular, eminentemente participativa porque fue
plenamente democrática, se produjo el 6 de diciembre de 1998. El pueblo de
Venezuela, en forma masiva, casi unánime, le dio el poder a Hugo Chávez. El
próximo paso es que el líder cumpla con esa orden o mandato popular. Ello abrirá
un proceso complejo que estará lleno de conflictos con el poder establecido,
tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Y ante cada conflicto que se
plantee se abrirá una nueva instancia de participación popular. La participación
popular es inseparable de los conflictos que abrirá, a cada paso, el desarrollo
del proceso.
La participación
popular verdadera no significa que se deba diluir el poder en n partidos
políticos, aunque estos se autodefinan "amigos del pueblo". Tampoco
un poder revolucionario como el generado aquí en Venezuela puede ser compartido
con otras instancias "institucionales", como lo señala la dogmática
liberal y neoliberal.
Pregunta:
NC. Si se quiere orientar
El poder que emerge
de un mandato popular absolutamente cristalino no es divisible. Su
administración, en cambio, sí puede y debe ser delegada. Para ello se necesita
Pregunta: En las últimas décadas se nos quiso encajonar en la
dicotomía "capitalismo"
contra "comunismo" ¿Está
naciendo ahora una "tercera vía"?
NC. No confundamos "tercera vía" con "tercera posición". La "tercera vía" es un intento por amortiguar las destrucciones sociales que realiza necesariamente el capitalismo en esta fase "global". Para funcionar, ese capitalismo debe generar una enorme y creciente masa de excluidos sociales, de marginales absolutos en todo el mundo. La "tercera posición", en cambio, fue una actitud orientada a evadirse del conflicto bipolar. Y naturalmente conllevaba un proyecto social y económico diferenciado, tanto de uno como de otro polo del poder mundial.
El concepto de "tercera vía" está asociado hoy con Tony Blair. Ahora bien, en mi opinión ese señor es uno de los grandes canallas de este mundo. Fue quien sostuvo, hace poco, que Irak albergaba importantes stocks de "armas de destrucción masivas", y que Sadam Hussein tenía la capacidad para destruir al mundo nada menos que tres veces. Esa gran mentira sirvió como excusa para bombardear - una vez más - a un pueblo prácticamente inerme, indefenso, hambreado y enfermo por falta de medicamentos. Las ideas de ese señor están afectadas por una "falsedad de origen", que es su propio comportamiento político en la escena internacional. La "tercera vía" - dentro de un enfoque más amplio - es una trasnochada de una Europa socialdemócrata que pretende balancear el poder internacional de unos Estados Unidos ubicado en el neoliberalismo más extremo. Pero esa Europa no es una situación antagónica a esos Estados Unidos de América. Son más bien dos caras de una misma moneda.
Pregunta. Si pensamos que en Venezuela se está dando un nuevo
proceso distinto a todo lo que ha existido hasta ahora, ¿cuáles son las
vulnerabilidades que según tú tiene ese proceso que se está iniciando? ¿Dónde
se debe concentrar el poder para asegurar que el proceso se mantenga como el
pueblo lo decidió?
NC. Para mí la máxima debilidad está en la implementación de un concepto - que es toda una actitud geopolítica - que podríamos definir como "la falsa astucia". La "falsa astucia" es pretender engañar al enemigo con maniobras dilatorias, realizadas con el único objeto de "ganar tiempo". Se eligen, por ejemplo, funcionarios que forman parte orgánica del sistema anterior. Se supone que esas personas van a calmar las ansiedades de la oposición, nacional e internacional.
Si se cede parte
del poder a personas e instituciones que forman parte del enemigo mismo no sólo
no se "gana tiempo" - el
tan preciado tiempo necesario para desarrollar nuestra propia estrategia - sino
que se fortalece al enemigo y se debilita nuestro propio campo. Esas son
acciones - las de la "falsa astucia"
- que aumentan la sensibilidad de las percepciones que el enemigo tiene sobre
nuestras propias vulnerabilidades. Ese es el peligro mayor: alimentar a la
fiera que finalmente nos va a devorar. La "falsa astucia" es, en definitiva, una percepción falsa sobre
nosotros mismos, sobre nuestra verdadera ubicación en el mundo.
Pregunta: ¿Cómo hacer para darle fuerza a este proceso desde una
situación de debilidad como la que se encuentra ahora Venezuela? ¿Cómo hablar
de una nueva Venezuela que se tiene que enfrentar a un proceso global
inhóspito?
NC. Lo que le preocupa a los Estados Unidos no es la estabilidad de la
democracia venezolana. Eso es lo que ellos dicen que les preocupa. Pero lo que
en verdad les preocupa, por ejemplo, es que Venezuela se lance a una campaña de
producción de alimentos - sustitución de importaciones básicas - que elimine la
influencia en este país - y en otros del área andina - de los grandes
monopolios de la alimentación, que son en su mayoría empresas norteamericanas.
El conflicto no se producirá porque Venezuela, a través de
La cuestión, entonces, será definir si Venezuela producirá fronteras adentro los alimentos crecientes y otros productos básicos que su población necesita, o seguirá malgastando sus divisas comprando alimentos a los grandes monopolios norteamericanos y europeos. La cuestión será definir si Venezuela generará nuevas empresas sociales y familiares - es decir, una nueva sociedad - a partir de una utilización racional de su espacio geográfico actualmente vacío-depredado, o seguirá dependiendo de importaciones dejando esos espacios en manos de garimpeiros y bandeirantes. La cuestión será definir cuál será el rol de las fuerzas armadas en todo este proceso: integrarlas a una expansión productiva o dejar que se sigan pudriendo en la corrupción de los grandes centros urbanos. De esas opciones surgirán los conflictos. Y esos conflictos exigirán una participación popular creciente.
Pero las formas que adoptarán esos conflictos esconderán siempre su verdadera naturaleza. Se plantearán como conflictos entre "democracia" y "dictadura", por ejemplo, cuando en verdad son conflictos originados en la lucha por el control del mercado interno de Venezuela, y no sólo en el campo de los productos alimenticios. Si en Venezuela se hace entonces lo que se tiene que hacer, lo que está ordenado en el mandato popular del 6 de diciembre, esto es, alimentar a su pueblo a partir de su propia tierra, crear nuevas unidades productivas, etc., entonces habrá conflicto. Por lo tanto hay que saber cuál es el conflicto, no equivocarnos en su definición. El conflicto es la independencia y la soberanía de Venezuela, y no la forma que adopte su sistema político interno.
La gobernabilidad
del proceso venezolano dependerá entonces de la correcta administración de esos
conflictos. De tratar de mantenerlos dentro de límites controlables por el
poder político. No se trata de eliminar los conflictos, porque en ese caso sólo
tendríamos más de lo mismo. O peor de lo mismo.
Pregunta. Venezuela está en estos momentos en las peores condiciones
para iniciar ese proceso de independencia nacional
NC. Claro, porque allá afuera hay un mundo hostil. Hay un "gobierno mundial" en proceso de consolidación que se opondrá a la independencia de Venezuela. Que buscará eliminar o pervertir esta experiencia que ustedes están iniciando. Pero también hay fuerzas que se oponen a la consolidación de ese gobierno mundial. Por lo tanto la clave es disponer de una Inteligencia Estratégica adecuada (Ver Capítulo 3) que nos permita aliarnos con los elementos fragmentativos que están operando en el plano internacional.
Disponiendo de esa
Inteligencia Estratégica lo que hay que hacer de inmediato es regular y
administrar los conflictos. Asumir los conflictos que vamos a generar y darles
una dimensión "controlable".
Para ello habrá que hacer alianzas y contra-alianzas complejas y rápidas en el
plano internacional. Pienso que hay una manera de fracturar ese muro de
hostilidad, porque vamos hacia una creciente despolarización del sistema
internacional. De lo que se trata es de subsistir hasta que esa apolaridad sea
una realidad efectiva.
Pregunta. ¿Y que pasará en el caso de que Chávez desaparezca?
NC. Pues que todo será diferente. Por lo tanto nada de lo que hemos dicho
hasta ahora tendría sentido. Pero yo creo firmemente de que "nadie muere en vísperas". Chávez es
un hombre joven y fuerte que tiene cuerda para rato. De todas formas si Chávez
no está, no hay proceso, tal vez habrá otro proceso, pero ciertamente no este
proceso. Chávez es un caso único, un fenómeno pocas veces visto. Pasará
muchísimo tiempo antes de que aparezca un nuevo Chávez. Por lo tanto su "desaparición" es un tema que escapa
a esta discusión: estamos hablando de un poder que emerge de una relación
líder-masa.
Pregunta. El Presidente nos dijo a los venezolanos que el poder nos
sería devuelto, que su poder personal sería una etapa pasajera
NC. ¿Pero cómo crees tú que se realizará esa devolución? ¿Tú crees que un
día el Presidente le va a dar a cada venezolano el poder dividido por el número
de habitantes de este país. Es decir que a cada venezolano le correspondería un
pedacito de poder: P dividido N? Eso sería sencillamente la
liquidación de un país. Cuando se habla de distribuir el poder siempre se cae
en una forma perversa de gobierno, pues los que reciben el poder - como
supuesta devolución - no son todos los habitantes de un país sino los grupos
organizados de ese país. Es decir, los mismos de siempre. No se puede devolver
el poder al "pueblo", porque "pueblo" es un concepto
abstracto. "Pueblo" no es la suma de cada uno de los habitantes de
una nación. "Pueblo" - al igual que "humanidad", en otro
plano - es una visión genérica abstracta y no una suma de personas concretas.
Así y todo tiene
que haber un proceso de "devolución"
del poder. Ello fue parte del mandato que recibió el líder. Pero esa "devolución" del poder no debe significar
una disminución o eliminación del poder de uno de los polos de la ecuación, de
ese polo que hemos llamado líder. Esto quiere decir que no puede haber poder popular sin la existencia permanente de un
liderazgo fuerte. Por lo tanto no es correcto usar la palabra "devolución". Tendremos que pensar
más bien en el reforzamiento mutuo de un poder que sólo existe cuanto se
comparte: cuando ambos polos, el
líder y la masa, comparten un mismo poder. Porque la desaparición del líder
dejaría a la masa en estado de absoluta indefensión. No hay un sólo ejemplo en
la historia del mundo, desde los orígenes hasta nuestros días, que nos
demuestre que las cosas hayan sido de otra manera.
El tema de la
"devolución" del poder nos
lleva nuevamente al de la participación popular. Tradicionalmente se tiende a
creer que la participación popular se puede organizar, es decir, resolver por
métodos burocráticos. Pero esta es una visión equivocada. ¿Cuánto durará en
Cuba, por ejemplo, todo el andamiaje político existente, luego de la muerte de
Fidel Castro? En mi opinión ni un minuto. Otra cosa sería que hubiese una
agresión externa visible contra Cuba, una nueva Bahía de los Cochinos, por
ejemplo. En ese caso tal vez surgiera un nuevo líder nacionalista. Un
nuevo escudo nacional. Pero en condiciones "normales", bajo un régimen de agresiones de baja intensidad
como es el actual bloqueo, toda la superestructura política se caería
automáticamente una vez desaparecido el líder. Por lo tanto volvemos a
relacionar la participación con el conflicto. La participación se realiza
siempre por la vía del conflicto y nunca por la vía burocrática.
Final. El audio
finaliza con una despedida afectuosa entre todos los participantes de este
encuentro.
Capítulo 3. La situación
internacional
La crisis del "nuevo orden
mundial". El entorno global: una nueva a-polaridad anti-sistémica
"En lugar de la monótona imagen de una historia universal en línea
recta, que sólo se mantiene porque cerramos los ojos ante el número abrumador
de los hechos, veo yo el fenómeno de múltiples culturas poderosas, que florecen
con vigor cósmico en el seno de una tierra madre, a la que cada una de ellas
está unida por todo el curso de su existencia. Cada una de esas culturas
imprime a su materia, que es el hombre, su forma propia; cada una tiene su
propia idea, sus propias pasiones, su propia vida, su querer, su sentir, su
morir propios".
Oswald Spengler, La decadencia de Occidente
Los acontecimientos
internacionales señalan que el proceso de transición que en la escala planetaria
comenzó con la ruptura de la bipolaridad (implosión soviética o caída de
Moscú), ha llegado a un punto muy próximo al estadio a-polar, lo que puede
definirse a partir de la nueva y específica "distribución del poder" que existe actualmente dentro del
sistema internacional.
Esa nueva
distribución del poder se produce no sólo de manera desigual sino en niveles
distintos. El poder se distribuye en nichos diferentes: la velocidad del
desarrollo tecnológico no coincide con la capacidad militar y el crecimiento
económico no siempre logra traducir o expresar control político. Ni la
capacidad militar, ni el crecimiento económico ni el control político pueden
traducirse, finalmente, en hegemonía ideológica (religiosa, cultural, etc.). Ello
quiere decir que los alineamientos internacionales ya no se producen por
consenso, sino por necesidad o conveniencia y, por ello mismo, son
esencialmente transitorios.
En definitiva, el
mundo global ha dejado de ser - definitivamente - un mundo blanco-occidental.
Las estructuras internacionales (políticas, económicas, militares, culturales,
etc.) son incapaces de contener las enormes presiones que sobre ellas ejerce la
emergencia de multitudes - una inmensa mayoría de la demografía mundial - no
blancas. Todas - o casi todas - ellas se asoman a la estrategia global
provistas de culturas y religiones diferenciadas y en oposición a la cultura
blanca-occidental (¿judeo-cristiana?). Esas masas están además excluidas por la
economía global. Su participación en ella es meramente virtual, es decir tiene
que ver más con una imagen que con una realidad concreta.
Durante unos ocho
siglos - dentro del área geográfica de lo que hoy se llama "mundo occidental" - existió una
bi-polarización del poder entre dos razas-culturas: la árabe-oriental-musulmana,
y la europea-occidental-cristiana. A partir de finales del siglo XV -
descubrimiento de América - uno de esos polos crece y el otro decrece. El
pensamiento de la raza occidental se había potenciado, mientras que el de la
raza oriental se había estancado. Ello provoca, entre otras cosas, el fracaso
militar otomano ante las puertas de Viena.
A partir de ese
momento el dominio de la raza blanca-occidental se fue globalizando
progresivamente. También a partir de ese momento muchas de las guerras fueron guerras
civiles europeas. Por eso mismo fueron guerras intra-raciales e
intra-culturales dentro del mundo blanco-occidental (a excepción de las
acciones japonesas contra Rusia y contra China-Manchuria, antes y después de la
primera guerra civil europea del siglo XX). La totalidad de la "política internacional" se
desarrolló dentro de ese escenario, que perduró hasta las "revoluciones raciales" del "tercer mundo" que eclosionan a
partir de la última guerra civil europea del siglo XX (llamada II Guerra
Mundial - IIGM).
Tomando como
paradigma esos acontecimientos - limitados por sólo tres siglos de historia
"universal" - el pensamiento político occidental elabora modelos de
comportamiento internacional, a los cuales le atribuye una valor metafísico, es
decir, eterno. Todo lo demás eran "cuestiones
coloniales". El Islam sigue siendo tratado, al día de hoy, como una
"cuestión colonial".
El simple ingreso a
la política mundial de tres grandes razas-culturas, la china central-confuciana,
la árabe-musulmana y la hindú aria-védica - todas emergencias provocadas por
La crisis de
Hasta el día de hoy
no existe la interpretación adecuada para prever acontecimientos futuros bajo
esta nueva circunstancia. Estamos en presencia de un "antisistema", que no permite construir alianzas estables
entre las potencias del mundo central orientadas a gobernar por un largo plazo
y a estabilizar globalmente al Planeta. El sistema pentárquico que siguió a
Una de las
principales fuentes de divergencia se manifiesta en la forma de actuar sobre
los "conflictos regionales"
(muchos de ellos ya han escapado a esa definición: la mayor parte de los "conflictos regionales" se están
transformando en "conflictos
internacionales"). A esos conflictos se los pretende "licuar" haciendo que su componente
racial pase inadvertido.
Otros conflictos
internacionales se transforman en globales. Ello es particularmente válido para
el caso del Medio Oriente - conflicto entre el espacio sirio-palestino y el
espacio judío implantado - que tiene en la religión judía -, en las
interacciones judeo-cristianas y en la resistencia musulmana, una gran
capacidad de transmisión hacia el Occidente. Y a partir del Islam una gran
capacidad de transmisión hacia el Oriente. Las tres grandes religiones
monoteístas abrahámicas asumen así una función sociológica de transmisoras de
conflictos hacia el "resto del mundo".
Las nuevas fronteras de la
política mundial
Las fronteras reales de la política internacional - globalmente considerada - están volviendo a las antiguas líneas de conflicto, en su triple dimensión: étnico-racial, histórica y geopolítica. Las viejas culturas absorben a las nuevas (p.e.: el eslavismo cristiano ortodoxo al comunismo soviético, el judaísmo al sionismo, el Islam al "orientalismo" árabe, etc.), no las expulsan totalmente, las integran a la manera hegeliana. Las crisis políticas en el interior de los grandes Estados están produciendo un sinceramiento histórico y geopolítico, un retorno a los viejos moldes. Una Turquía re-islamizada tendrá seguramente muchas dimensiones, pero seguramente todas estarán incluidas en las tres básicas antes señaladas: la étnico-racial, la histórica y la geopolítica.
El sistema
internacional no es unipolar porque está sometido a una tensión devastadora
entre las fuerzas globalizadoras (élites incluidas [dentro del sistema]
de todo el mundo) y las fuerzas fragmentativas (pueblos excluidos [fuera
del sistema] de todo el mundo). El conflicto entre incluidos y excluidos,
entre dominadores y humillados. Las modificaciones que se perciben en el
comportamiento del sistema internacional (la intensidad y los ritmos nunca
vistos de esas modificaciones) son el producto de una tensión que predomina
sobre todas las demás: la existente entre los factores fragmentativos y los
factores globalizadores, que actúan de manera antagónica sobre la totalidad del
sistema.
Los factores globalizadores: el
gobierno oligárquico/global como proyecto. La infalibilidad ideológica del
"Imperium Mundis"
A pesar de la
creciente importancia de los elementos fragmentativos existe hoy un proyecto (y
un proceso) de gobierno mundial de facto integrado no sólo por instituciones
internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el Grupo de los 7 (G7), el
ex/GATT (Organización Mundial del Comercio), el proyecto Maastricht y demás
organizaciones diseñadas para servir a los intereses de los grandes grupos
multinacionales. Por sobre el funcionamiento de esas instituciones el proyecto
de gobierno mundial pretende ofrecer una nueva conceptualización sobre el
"manejo del mundo",
condensada en tres conceptos básicos sobre los que se sustenta el Nuevo Orden
Mundial (NOM): la soberanía limitada, el
derecho a la injerencia y las intervenciones humanitarias. Dentro de este
proceso está el proyecto de legitimar un Tribunal Internacional de Justicia
dentro de los moldes del Tribunal Militar Internacional (Nuremberg) de la
última posguerra.
Hasta este momento
todas las experiencias existentes respecto a la limitación de soberanía e
injerencias militares, fueron acciones comandadas por el mundo
blanco-occidental contra el "otro
mundo".
La forma de
gobierno mundial que se pretende imponer se asemeja mucho más a la idea de
Imperio que expone Dante en su De Monarchia que a la visión de muchos
imperialistas nacionales del siglo XIX. El "Imperialismo nacional", como el británico, el norteamericano,
el francés o el ruso, es una imagen del pasado. Ahora no puede haber imperio
universal sin infalibilidad ideológica, sin teología de la globalidad,
como muy bien lo señaló en defensa de Roma y dentro del exiguo espacio de la
cristiandad, ese gran pensador imperial que fue Santo Tomás. En su momento
conocimos muy bien la exigencia de infalibilidad que presentó sistemáticamente
El Imperio Mundial
es una figura que exige la aceptación universal de la infalibilidad de sus
decisiones. Esta actitud cultural es cada vez más evidente a medida que pasa el
tiempo. Es la cultura blanca-occidental la que pretende constituirse en el
Totem de todas las "tribus"
del mundo. A diferencia de los antiguos emperadores nacionales, la autoridad
del "Imperium Mundis"
pretende ser propia, como la luz del sol. Los viejos "imperios nacionales", en cambio, eran como la luz de la luna:
extraían su brillo de la luz del sol (Santo Tomás, De Regimene Principium).
La infalibilidad ideológica contemporánea, la nueva "luz del sol" es una "nueva
ingeniería" basada en desarrollos tecnológicos que permiten operar
concentraciones económicas transnacionales, manipulaciones políticas y sociales
globales e intervenciones militares. En definitiva, el "nuevo sol" es la posibilidad de
controlar en exclusivo las nuevas tecnologías emergentes.
Ya no se trata de
las viejas expansiones nacionales que en un punto de su desarrollo se
transforman en expansiones imperiales. Ahora se pretende estructurar, desde
"lo alto" y desde un
principio, un gobierno mundial trans/nacional, legitimado - cuando ello es posible
- en la figura de las Naciones Unidas. Ese gobierno mundial será la expresión
política tanto de "gobiernos
nacionales" como de grupos trans/nacionalizados cuyo poder se asienta
en un específico proceso de innovaciones tecnológicas y transformaciones productivas.
Para la minoría
"incluida" de la población
del planeta, el "gobierno mundial"
es cada vez más urgente, dada la creciente incapacidad de Washington para
ejercer un verdadero liderazgo mundial. Esa urgencia es lo que aún une a
las diferentes etnias de la raza blanca, y lo que pretende convertir a la
cultura occidental en el tramo final de la historia humana.
Es cada vez más
evidente que una nueva "contradicción
principal" sacude los cimientos del sistema internacional. Ella se
localiza en las luchas de las "razas
marginales", de las naciones y de las culturas excluidas contra las
intervenciones religiosas, políticas, económicas y militares - en definitiva,
raciales - de una nueva forma imperial que se pretende imponer sobre el
Planeta.
Debemos recordar
que en el estrecho marco geopolítico del "renacimiento" italiano, el primer gran teórico de la
liberación nacional contra el proyecto del "imperio mundial" del Papa romano, fue Maquiavelo. Habrían de
pasar muchos años desde la muerte del gran florentino hasta que otro europeo
marginal, Herder, un judío eslavo-germánico, continuara desarrollando la trama
teórica de la "cuestión nacional".
Escribió:
La civilización humana no vive realmente en sus
manifestaciones generales y universales, sino en las nacionales y particulares.
Cada nacionalidad es un organismo vivo. Todas las nacionalidades son igualmente
sagradas, las que aparentemente han progresado y las llamadas
"primitivas". A través de todas ellas se cumple el destino de la
humanidad. Ningún individuo, país, pueblo, estado, son parecidos. Todo queda
sofocado si uno no busca su propio camino y si se toma ciegamente a otra nación
como modelo. Cada nacionalidad es la portadora original de una humanidad común,
que vive y se despliega en todas las nacionalidades. Nada es tan repugnante al
espíritu humano como la actividad de los conquistadores. No puede negarse que
alguno de ellos han demostrado valor en el peligro, pero lo mismo puede decirse
de los asaltantes de caminos y de los piratas. Es de esperarse que los asesinos
y ladrones de pueblos y naciones sean un día objeto de la infamia y la
deshonra, de acuerdo a los principios de una verdadera historia humana.
Polarización versus
globalización
En un mundo globalizado,
naturalmente, tienden a desaparecer los polarizadores internacionales (centros
con gran capacidad de acción económica y/o estratégico/militar) y, en especial,
los polarizadores clásicos, que son los que operaron en los últimos tres siglos
de historia occidental, antes de la irrupción masiva de las razas
"coloniales". La globalización es la hegemonía de un solo
polarizador. Los actores principales de la globalización tienen como
objetivo la maximalización de los beneficios y no la potenciación de su propio
Estado, aunque se trate de los Estados Unidos. Como entidad política y
geográfica, el antiguo país central puede entrar en declive por el mismo
proceso mediante el cual sus principales empresas logran beneficios crecientes.
La naturaleza del
sistema internacional actual tiende a definir, en la escala global, sólo dos
"países", con sus
geografías y recursos desigualmente distribuidos: el país de los ricos o
incluidos, y el país de los pobres o excluidos. Las instituciones estatales de
los países excluidos, o "desgarrados",
como las fuerzas armadas, deben definir - en primer lugar ante sí mismas - qué
"país" aspiran a defender.
Queda fuera de toda discusión, dentro de este modelo de gobierno mundial, que
todo intento de integrar "fronteras
adentro" del Estado/nación, es una actitud penalizada por la lógica
del modelo. Uno de los objetivos principales de los actores transnacionales es
lograr la privatización y la liberalización de los servicios - en especial de
los servicios financieros -, más la eliminación de los principios básicos de la
defensa nacional, con el objeto de eliminar cualquier amenaza de planificación
económica nacional y de desarrollo independiente.
Todas las instituciones integrativas dentro del Estado/nación deben ser destruidas, "desprotegidas" de los "favores" del Estado. Desaparece la "vieja" configuración "nacional" del Estado. Queda vigente una nueva configuración "estatal", la mayoría de las veces fragmentada o desgarrada. Es por ello que no desaparecen todas las formas de proteccionismo. Los mecanismos de protección son rediseñados para aumentar el poder y la riqueza de las grandes corporaciones transnacionales (que no necesariamente son multinacionales: gran parte del "capitalismo nacional" hoy se ha trans-nacionalizado sin multi-nacionalizarse).
La globalización
como modelo de gobierno mundial es una estructura oligárquica que condena a la
marginalidad al vasto "país"
mundial de los excluidos, a los pobres y sin poder, dentro y fuera de los
países centrales, dentro y fuera del espacio blanco-occidental. En el plano
político interno opera dejando grandes vacíos en el ordenamiento democrático,
de tal manera que la capacidad de decisión siga en manos de los que Adam Smith,
en el siglo XVIII, llamó "los amos
del universo", quienes se manejan "con el vil principio: Todo para nosotros, nada para los demás".
La organización oligárquica global succiona riquezas para el "país de los incluidos" que está desigualmente distribuido por toda la superficie del globo. Adam Smith acusaba a los fabricantes y comerciantes de su época de "infligir horribles infortunios y de perjudicar al pueblo de Inglaterra". Hoy en día, el 40% del comercio exterior de los Estados Unidos se realiza entre compañías dirigidas en forma centralizada. Esas compañías pertenecen a los mismos grupos que controlan la producción y la inversión.
El efecto que
provoca la acción de la oligarquía global sobre la totalidad del "país de los excluidos" es
auténticamente devastador. El abismo que separa a las regiones ricas de las
pobres se ha duplicado en las últimas dos décadas. La transferencia de recursos
del "sur" al "norte" fue de 400.000 millones de dólares
entre 1982 y 1990.
La fragmentación anti-oligárquica
Los factores de fragmentación son los elementos que pueden llegar a conformar, en líneas generales, nuevas opciones para las razas oprimidas, las culturas marginales y los Estados periféricos. Los factores de fragmentación se manifiestan en diferentes niveles: en la inviabilidad político/estratégica de los grandes espacios económicos.
Inviabilidad
significa desigualdades crecientes dentro de cada espacio económico. En el
MERCOSUR, por ejemplo, Argentina se ha convertido en el segundo Estado más importante
dentro de
Esto sumado a las
grandes disparidades culturales existentes, produce el fenómeno de la imposibilidad
de traducir "poder económico"
en "poder político/militar",
como es el caso evidente de
La protección de la propiedad intelectual está constituida por un conjunto de medidas diseñadas para que las multinacionales norteamericanas controlen la tecnología del futuro, por lo menos en una determinada región del mundo.
- En el creciente
vacío de poder y en el incremento (ampliación y profundización) de los
conflictos regionales. La mayoría de los conflictos regionales son respuestas
militares de naturaleza racial y cultural desde los pequeños espacios a los
grandes espacios (Chechenia versus Rusia = caucásicos musulmanes versus
ortodoxos eslavos).
- En las crisis
económicas nacionales dentro del mundo central, y las luchas interbloques e
intrabloques.
- En la incidencia
creciente de las variables demográficas (mayor crecimiento relativo de las
razas marginales).
- En la expansión
de religiones y culturas conformadoras de una concepción de un mundo no
occidental. La expansión demográfica conspira contra el modelo oligárquico de
gobierno mundial, ya que los ricos blancos son cuantitativamente cada vez
menos. Tanto en el mundo musulmán como en el mundo eslavo la confluencia de
factores religiosos y demográficos está llegando a niveles críticos para la
estabilidad de las democracias protestantes y/o weberianas.
- En la evolución
relativa de los poderes militares.
- En la consolidación de potencias regionales con gran capacidad de acción y en el nacimiento de potencias intermedias.
Estamos viviendo el
nacimiento de potencias medianas regionales. Ellas no sólo disponen de una
adecuada ubicación geográfica o de alguna tecnología militar, como Turquía e
Irán, dos polarizadores intermedios en el Nuevo Mundo Apolar. Ellas
disponen sobre todo de una cosmovisión "finalista" de la acción
política.
- En la naturaleza
de las crisis en los centros decisionales y en el desarrollo de "guerras comerciales".
Este cuadro es
particularmente claro en la configuración actual del mapa europeo y en el
conjunto de tensiones dentro de
La crisis económica actual tiene algunas similitudes con la que sacudió al mundo hacia finales de los años '20 y comienzos de los años '30 de este siglo. Ella comenzó, al igual que ahora, con un descenso del PB global real, lo que impulsó a los países más importantes de cada región a restringir las importaciones por el mecanismo de crear bloques comerciales en cada una de sus zonas de influencia. También, al igual que ahora, el funcionamiento de la economía a través de bloques comerciales restringió los flujos comerciales y los movimientos financieros internacionales (lo que hoy se llama "globalidad económica"). La consiguiente recesión transformó a los bloques comerciales en bloques militares.
Los bloques
comerciales vuelven a conformarse con el objeto principal de limitar las
importaciones e incrementar las propias exportaciones fuera de los mecanismos
multilaterales. En el límite de esta dinámica comercial y política estarán, de
nuevo, e inexorablemente, los bloques militares. Es decir, la guerra.
Pero también tiene
importantes diferencias. El escenario es ahora, por primera vez, global. Muchos
actores son ahora no occidentales y no blancos. No se trata de la globalidad
del siglo XIX, en cual el mundo colonial era un puro mercado, es decir,
observador pasivo y víctima de los sucesos del mundo blanco central. Japón,
China, India, Irán, Brasil, entre otras potencias intermedias, juegan un rol
activo en la política mundial, y sus intereses - en diversos grados - son
muchas veces discordantes y otras francamente antagónicos respecto de los
intereses del Centro.
Estamos hablando de
cambios profundos en la historia y en la estrategia global. La periodicidad de
los cambios se ha modificado abruptamente. Los tiempos históricos deben ahora
medirse no por decenios ni por años, sino por meses y semanas. Este incremento
inusitado en la velocidad de los cambios se debe a la inclusión de nuevos, pero
sobre todo de distintos actores en el escenario de la política mundial.
Hubo un punto en que fue posible registrar con gran exactitud el enorme viraje estratégico de la historia: en enero de 1993 la "potencia hegemónica" de un "mundo unipolar" no pudo reeditar una segunda campaña contra Irak (señalado como el "perturbador del sistema", en ese momento). La estructura de las alianzas que se había construido un año antes ya carecía de viabilidad, se había derrumbado, se había modificado total y absolutamente. En sólo un año el mundo era otro. Era para el otro.
Comienza a ser para
los que dispongan de voluntad de existir. Yugoslavia es otra región de
conflicto donde se pone de manifiesto la imposibilidad de un "gobierno
mundial", bajo cualquiera de las formas hasta ahora conocidas: unipolar,
bipolar, pentapolar, etc.
Los conflictos y
las coincidencias se entrecruzan, no coinciden ni en tiempo ni en espacio. En
Bosnia, ex Yugoeslavia, existe una coincidencia objetiva de intereses, hoy,
entre Alemania, Estados Unidos y algunos Estados musulmanes que por otra parte
mantienen importantes conflictos entre sí. La convergencia entre EUA y Alemania
se hizo extensiva a la ampliación de
La alianza militar
"occidental" actuará de
pantalla protectora de la pretendida expansión económica de Alemania hacia el
este (pero existen también cada vez más conflictos económico / comerciales
entre Alemania y Estados Unidos). Inversamente, esa alianza nacida en Bosnia,
difícilmente se pueda extender hacia el espacio árabe-persa.
La no percepción de
la profundidad y de la velocidad de los cambios, de la drástica modificación de
los ciclos históricos, del inexorable retorno a los viejos moldes raciales,
étnicos, geopolíticos e históricos; la no percepción de las implicancias que
conlleva el vertiginoso surgimiento de nuevas oportunidades para las nuevas
razas-culturas transformadas en potencias emergentes; la no percepción o la
negación de esos fenómenos es lo que provoca la perpetuación en la dependencia
de los hegemonizados, de los esclavos que optaron por la esclavitud.
La despolarización del sistema
internacional
El sistema internacional siempre se transformó a través de procesos de re/polarización. Los agentes polarizadores emergían a través de un conflicto complejo que adoptaba múltiples formas, incluyendo la militar. La polarización, la formación de polos de poder, fue siempre el resultado de un conflicto entre actores. Desde el siglo XVIII y hasta finales de la segunda guerra civil europea (1945), el escenario geográfico dentro del cual se producían esos procesos de re-polarización era increíblemente pequeño y abarcaba a un muy reducido número de personas, en su totalidad pertenecientes a las diferentes etnias y culturas de la raza blanca del mundo occidental. Los procesos de re-polarización se producían dentro de ese marco geográfico-cultural, ya que representaban conflictos internos dentro del occidente blanco (aún aquellos que se referían a los "problemas coloniales"). Esos conflictos adoptaban distintas formas, pero todos admitían una misma base: diferenciaciones étnicas, culturas y geopolíticas.
La característica
del momento actual es que el número de actores se ha incrementado, al mismo
tiempo que cada uno de ellos tiene mayor poder relativo. Sobre todo existe una
diferenciación de intereses y de lógicas políticas entre los nuevos y los viejos
actores (y entre los nuevos entre sí y entre los viejos entre sí). Los actores
que predominan no pueden controlar la totalidad del sistema. Ese descontrol no
origina un "orden" sino un des-orden.
El mundo árabe,
Irán, China, India, Turquía, etc., son todas potencias emergentes dentro de la
gran Isla Mundial (McKinder). Cada una de ellas intenta controlar
espacios limitados de poder y ello, naturalmente, delimita intereses
específicos, muchas veces contradictorios entre sí, pero sobre todo
contradictorios con los intereses de los viejos actores de la cultura blanca
occidental.
Los viejos actores,
a su vez, aún no han podido definir ni muchos menos consensuar dentro de sus
sociedades, el tipo de estrategia más adecuada a esta época tumultuosa. La
llamada Unión Europea carece en absoluto de una estrategia unificada. Hacia el
mundo eslavo, todos los Estados europeos y, aún, los EUA siguen detrás de
Alemania, quien busca seguridad para sus negocios en el este. De allí la
llamada "ampliación" de
Para cada crisis específica, Europa inventa, sobre la marcha, una política de emergencia. Casi siempre ligada a un pasado colonial o de despojo: Italia en Albania; Francia en algunas - cada vez menos - regiones de África; Alemania en Croacia y Eslovenia; Gran Bretaña en el Atlántico Sur, y así sucesivamente. La política norteamericana aún no ha resuelto, ni mucho menos, sus opciones históricas - excluyentes entre sí: (neo)aislacionismo, euro-atlantismo o Asia-Pacífico. A pesar de ser, sin duda alguna, la primera potencia del mundo, en cada coyuntura parece ir a remolque de los acontecimientos. No tiene capacidad de suscitar lealtades profundas hacia el exterior, ni consenso perdurable hacia el interior. La sociedad americana es crecientemente multirracial -es decir, poli-cultural. Vive, por lo tanto, en una situación creciente de desgarro interior.
Con cada vez mayor
frecuencia las decisiones de la élite -blanca, rica y protestante- son
contestadas por las distintas razas, etnias y culturas que integran esa sociedad
contradictoria.
El drama permanente
de África, los genocidios constantes y las más terribles acciones contra los
"derechos humanos", son los
resultados presentes no sólo de un pasado colonial, sino sobre todo de la
multipolaridad decisional instalada en el Occidente blanco (aquí la definición
racial blanco-negro cobra su auténtico significado, su criminal significado
malthusiano).
Todo ello significa que el proceso de re-polarización tradicional - en la escala blanca-europea - ha devenido en proceso de despolarización en la escala global actual: y el estado final de la despolarización es la a-polaridad. Hoy asistimos a una etapa de la historia mundial en que el "orden" internacional se encuentra en estado de a-polaridad por la acción de factores infinitamente más complejos que los que afectaron a la política occidental entre los siglos XVIII y XX. Ningún centro decisional controla hoy todos los segmentos que conforman la estructura de las relaciones internacionales; ésta ha sido desbordada por los acontecimientos, por el factor racial-demográfico, en primer lugar. EUA debe compartir poder con el resto de los actores en distintos segmentos del sistema (ciencia, tecnología, finanzas, comercio, capacidad militar, etc.).
El factor racial, y
la carga cultural que de él se desprende, produce un descontrol que se
generaliza a partir del nacimiento de conflictos que se manifiestan como "rupturas del mapa". Al haber
desaparecido el viejo sistema, y al no haber sido reemplazado por uno nuevo,
hoy no existe estructura como fundamento de un orden definido. Hay licuación
del poder, es decir, a-polaridad, ya que toda estructura es siempre la
confirmación de un poder (orden) internacional relativamente estable.
Ninguno de los
antiguos polarizadores del sistema - ni, por supuesto, los nuevos - tienen
capacidad para imponer un orden, ni a escala global, ni dentro de cada uno de
los segmentos de poder que integran la dinámica política internacional. Y,
debido a que los cambios se producen a un ritmo muy acelerado, tampoco existe
consenso acerca de cuáles deben ser las reglas aceptables para la estabilidad
de un nuevo sistema internacional.
En todo caso hoy estamos afectados por un "antisistema", que es algo muy próximo a un des/orden. Dentro de él, un conjunto cada vez más numeroso de "polarizadores menores" o actores secundarios (las antiguas razas inferiores de la ciencia occidental) pugnan por establecer reglas en cada uno de los segmentos de poder, básicamente, en los estratégico/militares, en los científico/técnicos y en los económico/financieros. Esa pugna aún no se ha resuelto, por lo que no hay orden global (autoridad ordenante) que impere sobre la totalidad de los segmentos de poder. La a-polaridad es la anulación respectiva de poderes entre un número relativamente alto de polarizadores secundarios. No es multipolaridad porque la a-polaridad no permite la realización de alianzas estables y largo plazo entre actores.
Hay una
multiplicación cualitativa y cuantitativa de actores/polarizadores. No sólo
más, sino también nuevos actores con capacidad de influencia. Ellos van desde
la banca acreedora (occidente blanco) hasta la emergencia de nuevos Estados
(razas marginales hasta la segunda guerra civil europea). Ahora, las relaciones
mundiales no son sólo inter/estatales, sino inter/nacionales e,
inter/organizacionales, inter/culturales pero, sobre todo, inter/étnicas.
La modificación de
la estructura global - el pasaje de un orden a un des/orden - se realiza a
través del control, por parte de actores secundarios, de los distintos
segmentos de poder que la conforman. Los actores pugnan por el control de las
áreas más importantes que integran la actividad mundial global. En muchas áreas
o segmentos no hay un actor predominante porque se está iniciando un conflicto
de licuación de vastas proporciones.
Actualmente la
actividad mundial se caracteriza por tener una "autoridad ordenante" cada vez más débil a medida que los
conflictos que se avizoran se hacen cada vez más reales. Ello conlleva una
creciente desconcentración del poder; éste se hace difuso. La difusión
(licuación) del poder es el resultado de una represión recíproca entre
adversarios cada vez más numerosos e iguales. Cada vez es menor la "autorepresión de potenciales disturbadores".
Esto último comenzará a evidenciarse, por ejemplo, con la recomposición y
potenciación que en estos momentos se realiza en el mundo árabe musulmán y en
otros muchos puntos del planeta.
Los Estados Unidos de América
como factor declinante de la polarización internacional
Y así llegamos al punto más importante de esta cuestión: la situación interior de la sociedad norteamericana y sus reflejos sobre su sistema de poder exterior. Si tomamos en cuenta algunos parámetros que esa sociedad presenta en este fin de siglo [un conglomerado de grupos humanos todos ellos étnica y culturalmente minoritarios], sus proyecciones podrían generar una verdadera fractura etno-cultural en la sociedad norteamericana.
Las recientes olas inmigratorias en las últimas dos décadas han modificado drásticamente la composición cultural, religiosa y étnica de los Estados Unidos. Los blancos europeos serán dentro de poco sólo algo más de la mitad de la población. Dentro de ese grupo étnico los más afectados serán los blancos anglo-protestantes. Lo que señala que el propio lobby judío se verá arrastrado a la baja cuantitativa, lo que podrá afectar también a su poder decisional, que actualmente es enorme.
Pero el 14% de la
población negra norteamericana incluirá, posiblemente, a la mayor comunidad
musulmana del Occidente-central (EUA+Europa Atlántica). Hoy, ya,
Estos cambios
estructurales se producen en un ambiente donde predomina la ideología llamada
del "multiculturalismo y la
diversidad" activamente promovida por
Dado el estado de
fragmentación en que se encuentra el sistema decisional exterior, tampoco
habría que descartar la existencia de una convergencia de intereses externos e
internos, similar - aunque en escala menor, naturalmente - a los
acontecimientos que permitieron a la escuadra japonesa, en diciembre de 1941,
bombardear la base de Pearl Harbour. Sólo esa acción, que fue consentida y
alentada por los más altos mandos militares y políticos de un gobierno
universalista-demócrata (ello ya está admitido por la práctica totalidad de la
literatura histórica académica norteamericana), venció las resistencias
sociales aislacionistas y posibilitó la entrada de los EUA en la segunda guerra
mundial (en especial contra Alemania). Pero aquellos eran otros tiempos: los
Estados Unidos representaban plenamente el papel de una potencia imperialista
joven y dura.
En los Estados
Unidos de Norteamérica el fenómeno socio/cultural contemporáneo más importante
es la emergencia de distintas modalidades de un fundamentalismo de raíz
evangélico/calvinista. La plena vigencia de esta realidad tiene múltiples
manifestaciones, aunque en esencia todas ellas buscan como objetivo central
restaurar el poder de los Estados Unidos en el mundo. Esta es la clave para
entender el significado de la alianza entre el fundamentalismo evangélico
norteamericano y el fundamentalismo judío israelí, más allá de su clara
convergencia teológica. Los primeros buscan re-encontrar una perdida voluntad
de poder. Para ello proponen un retorno a los fundamentos religiosos "americanos". Los fundamentalistas
judíos, en cambio, buscan controlar para sí la enorme capacidad norteamericana,
dotándola de una nueva voluntad.
En el plano
político/económico resultan obvias las relaciones entre fundamentalismo
evangélico/calvinista y aislacionismo estratégico, porque la alternativa
terrorista dentro de los Estados Unidos (Oklahoma), producida en función de
factores absolutamente endógenos, es una situación en su totalidad in-desligable
del crecimiento político del ala más extrema del "republicanismo" norteamericano. La eclosión de un terrorismo
endógeno de raíz fundamentalista en la tradición del evangelismo calvinista no
pudo haberse manifestado - bajo ninguna circunstancia - antes de que se lograra
esa hegemonía (no tanto política cuanto cultural) "conservadora", que es una expresión profunda de la sociedad
norteamericana.
"Sólo los Estados Unidos pueden dirigir al
mundo. Estados Unidos sigue siendo la única civilización global y universal en
la historia de la humanidad. En menos de 300 años nuestro sistema de democracia
representativa, libertades individuales, libertades personales y empresa libre
ha puesto los cimientos del mayor boom económico de la historia. Nuestro
sistema de valores es imitado en el mundo entero. Nuestra tecnología ha
revolucionado la forma de vida de la humanidad y ha sido la principal fuerza
impulsora de la globalización ... La revolución política y cultural que está
ahora en proceso en Estados Unidos - marcada por la llegada de un nuevo
Congreso republicano a Washington - está encaminada, por encima de todo, a
acabar con la decadencia de nuestro sistema mediante la renovación del
compromiso con los valores y principios que han hecho que la civilización
norteamericana sea única en el mundo". Senador Newt Gingrich, Los
Estados Unidos y los desafíos de nuestro tiempo.
Son muy pocos los
analistas del sistema político norteamericano que relacionan el retorno masivo
del "conservadurismo republicano"
a los más importantes resortes de poder de ese país, con el largo y profundo
proceso de transformaciones culturales y religiosas que vienen experimentando
las bases blancas anglo-protestantes de la sociedad norteamericana en, por lo
menos, las últimas dos décadas, y a ambas situaciones con el inicio de un
conflicto civil (racial, económico, social y teológico) de grandes proporciones.
La clave de la
nueva situación que se avecina puede ser graficada a partir de la imagen del
iceberg: las escaramuzas que vemos en la superficie de la política
norteamericana no son más que reflejos, efectos casi secundarios de "...un movimiento de fondo que ha llevado a
ciertas capas de la sociedad estadounidense a formular en categorías evangélicas
o fundamentalistas el rechazo a los 'valores seculares', que consideran
dominantes y nefastos, y el anhelo de un cambio profundo de la ética social"
(Gilles Kepel, La revancha de Dios).
A diferencia de lo
ocurrido en la "era Reagan"
(que, vista a la distancia, puede ser definida como una simple alteración de la
política económica) lo que hoy se propone la nueva dirigencia
evangélico/republicana es re-fundar lo que ellos llaman la civilización
(norte)americana. El programa que contiene los objetivos políticos inmediatos
del partido Republicano está contenido en un texto sugestivamente titulado
Contrato con América. Tal "Contrato" se basa fundamentalmente en:
- La reducción al
máximo del aparato del Estado;
- la supresión de
casi todos los programas sociales;
- la rebaja de los
impuestos a los sectores superiores de la pirámide social;
- el endurecimiento
de la acción contra la delincuencia;
- el impulso
decisivo a los valores religiosos tradicionales (oración obligatoria en las escuelas);
- la restricción
casi absoluta de todo tipo de "ayuda
exterior";
- El endurecimiento
de la política hacia Rusia y el aceleramiento de la entrada en una OTAN
norteamericanizada de los países de
- La redefinición
del rol de los Estados Unidos en
Se trata sólo de
medidas de corto plazo muchas de las cuales ya han sido adoptadas por el
Partido Demócrata- ya que los principales dirigentes políticos y religiosos que
avalan el Contrato previeron un tiempo mayor, que ya está llegando a su fin,
para derrotar a las "élites progresistas, esa pequeña facción de liberales
contraculturales que están aterrorizados ante esta gran oportunidad de renovar
la civilización americana" (Gingrich se refiere sin duda alguna a
La búsqueda de la
nueva identidad norteamericana pasa hoy por un retorno decidido al
individualismo y al calvinismo radical, con raíces en el valor del colono, en
la confianza en el poder del individuo, en la fe sobre un sueño de éxito en una
tierra de promisión. Esta última interpretación, que es genéricamente correcta,
no logra sin embargo abarcar la diferenciada intensidad del nuevo movimiento
que se avecina, luego de la caída de Clinton.
El nuevo
conservadurismo norteamericano no es más que la expresión política superficial
de un movimiento religioso y cultural profundo orientado a enterrar la "mentalidad liberal" y el "humanismo secular". Por debajo de
los movimientos políticos están los movimientos religiosos y culturales que,
por primera vez, son los que impulsan a los primeros. Por eso son tan
importantes algunas cuestiones como la del rezo en las escuelas. A partir de
allí los movimientos evangelizadores de base esperan lograr una nueva
articulación entre la familia y la sociedad civil, impugnando la política
educativa "sin Dios" que
impulsa el Estado secular liberal.
Los activistas más
destacados del movimiento tras la fachada política son los evangélicos, que han
realizado en las últimas décadas una práctica social y educativa de gran
significación en la sociedad norteamericana. Hacia los finales de los años
Las profundas
modificaciones que se están introduciendo en la composición étnica de la
población del espacio norteamericano de la civilización occidental es un factor
que afecta decididamente al decline de esa civilización -entendiéndola a partir
de su proyecto fundacional. Entre 1980 y 2050 la población blanca descenderá
del 80 al 52,8%: es decir se convertirá sólo en la "primera minoría" racial.
Estamos en
presencia de un gran cisma espiritual
que fue señalado por Toynbee como causa básica de la crisis de las
civilizaciones: "...es el signo
inequívoco de una ruptura espiritual que hiere las almas de los individuos
pertenecientes a una sociedad en proceso de desintegración. En las expresiones
sociales de esa desintegración, subyacen las crisis personales de conducta,
creencia y vida, que son la verdadera esencia y origen de las manifestaciones
visibles del colapso social" (Toynbee, El Estudio de
No es en absoluto
una casualidad que el terrorismo en los Estados Unidos de Norteamérica, ya
definido como endógeno, fundamentalista, conservador y aislacionista, que se
manifiesta en contra de las grandes megalópolis "internacionalizadas" (en verdad, multirraciales, con altos
crecimientos en la tasa demográfica) de ese mismo país, eclosione en los
espacios tradicionales de la "América
profunda". La estructura ideológica del terrorismo fundamentalista norteamericano
responde con absoluta exactitud al modelo que expone David Rapoport (en: Terrorismo
sagrado): "La tarea fundamental
es deshacerse del enemigo interno porque, sin apóstatas, los enemigos externos
son impotentes".
En este caso el
Enemigo Interno Nº1 es un Estado Federal "globalizado". Ese Estado Federal -cosmopolita y multirracial
(o poliétnico y multicultural)-, dada la evolución actual de su base
económica/productiva no tiene otra alternativa que erradicar "los elementos fundacionales de los Estados
Unidos" en función de la globalización internacionalista. Allí
aparecen los "guerreros de la
tradición", quienes representan "el período fundacional" (de la nación norteamericana) en el cual
Dios (en su versión original calvinista y, luego, evangélica) estaba en
contacto directo con la comunidad de los colonos/peregrinos.” Nótese el paralelismo
con el pensamiento de los colonos judíos fundamentalistas, que proviene de dos
lecturas similares del Antiguo Testamento.
Esa
internacionalización es la vía que llevará al Planeta, de una guerra civil
occidental, a una guerra global inter-civilizaciones. El funcionamiento del
sistema internacional de las últimas décadas y sus proyecciones más probables
pueden ser periodizados de acuerdo a la siguiente secuencia: Guerra fría,
período de incertidumbre, paz fría (situación actual), guerra civil mundial o
guerra global inter-civilizaciones.
Antes hemos utilizado ex-profeso la palabra "tradición", porque la misma tiene un correlato causal con la estructura económico/productiva - asimismo "tradicional" en la doble dimensión agro e industrial - de la cual emergen estos grupos paramilitares, quienes se diferencian del terrorismo secular anterior porque sólo están legitimados por una determinada interpretación que hacen ellos mismos de su propio pasado, de su "período fundacional". El "viejo" terrorismo secular, en cambio "describe y evalúa un conjunto de tácticas diferentes, que funcionarán según lo indiquen la historia y la razón" (Rapoport, op.cit.).
Decadencia de la
"civilización norteamericana": embriaguez de victoria. Exceso de
ambición. Una sociedad idolizada.
Para explicar en
términos culturales lo que hoy está sucediendo en el interior del Imperio
transcribiremos un fragmento de un magno tratado de verdadera ciencia
económica, que encierra una visión estratégica universal y atemporal: "Os quejáis de la agresión de enemigos
externos. Mas si el enemigo externo cesara de hostigar, ¿serían realmente
capaces los romanos de vivir en paz con los romanos? Si el peligro exterior de
invasión por parte de bárbaros armados pudiera ser conjurado ¿no quedaríamos
expuestos a una agresión civil, más feroz y pesada, en el frente interior, en
forma de calumnias e injurias infligidas por los poderosos a sus más débiles
conciudadanos? Os quejáis de las malas cosechas y de las hambres, pero las
peores hambres no se deben a la sequía, sino a la rapacidad, y la más flagrante
miseria nace del lucro excesivo y del aumento de precios en el mercado del
trigo. Os quejáis de que las nubes no vierten su lluvia en el cielo, e ignoráis
los graneros que dejan de verter su cereal en la tierra. Os quejáis del
descenso de la producción y pasáis por alto el fallo en la distribución a
quienes lo necesitan de lo que en la actualidad se produce. Denunciáis la plaga
y la pestilencia, mientras que, en realidad, el efecto de tales calamidades es
sacar a la luz o hacer comprender los crímenes de los seres humanos..."
(San Cipriano, Ad Demetrianum, citado por Toynbee, en El Estudio de
"Las civilizaciones han hallado la muerte no
por causa del asalto de un agente externo e incontrolable, sino por sus propias
manos (Toynbee, op.cit.). En el siglo IV un obispo cristiano occidental
llegó a la misma conclusión: "El
enemigo se halla dentro de vosotros; la causa de vuestro error radica en
vosotros. Os digo que se encierra sólo en vosotros" (Ambrosio, Hexameron
I).
Toynbee expone un proceso universal que conduce al "colapso de las civilizaciones". Simplificándolo brutalmente, ese "mecanismo" macrohistórico funciona de la siguiente manera. En principio la catástrofe se origina en la "facultad de mimesis" y finaliza con la "amnesis de creatividad". Una sociedad caracterizada por la producción de "máquinas" (que son cada vez menos "mecánicas") convierte a las relaciones sociales en un "mecanismo", y comienza a implementar respuestas "mecánicas" a problemas nuevos.
Queda erradicada la
iniciativa, es decir aquello que llevó a esa sociedad a la cúspide del poder.
La sociedad se mimetiza con la máquina que ella misma ha construido. "El ritmo mecánico constituye el noventa por
ciento de un organismo (socio/histórico), y está subordinado al resto, a fin de que ese otro diez por ciento de
energía pueda concentrarse en la evolución creadora. Si dicho ritmo se extiende
a la totalidad (socio/histórica) ésta
se degrada hasta la monstruosidad de un autómata. La diferencia entre un
noventa por ciento y un ciento por ciento de mecanización es toda la diferencia
en el mundo. Y precisamente se trata de una diferencia entre una sociedad en
crecimiento y una sociedad estancada... Una pérdida de la autodecisión es el
criterio último del hundimiento, pues es la inversa del criterio de crecimiento"
(Toynbee).
Cuando una civilización olvida que su rol es de creación y no de destrucción se genera un campo para que actúe "la envidia de los dioses". Según Herodoto: "No permite Dios que nadie se encumbre en su competencia". Pero en verdad se trata de una sociedad estancada que se destruye a sí misma. A partir del "olvido" de la creatividad, que se origina en la "embriaguez de la victoria" y en una "ambición excesiva" comienza el proceso terminal, consistente en la "idolización de un yo efímero":
"La idolatría puede definirse como una adoración intelectual y moralmente ciega de la parte en lugar del todo, de la criatura en vez del Creador, del tiempo y no de la eternidad" (Toynbee).
No sólo las sociedades modernas idolizan a ciertas instituciones y a ciertas metodologías de pensamiento (democracia/ciencia, p.e.).
"Un caso clásico en el que idolizar una
institución condujo a una civilización entera al desastre, viene dado por el
engreimiento de la cristiandad ortodoxa, que se consideraba como un espectro
del Imperio Romano. Esta antigua institución cumplió su función histórica y completó
su ciclo natural de vida antes de que la sociedad cristiana ortodoxa llevara a
cabo su fatal intento de resucitarla" (Toynbee).
El punto final, en el que se encuentra actualmente la "civilización norteamericana", es la idolización de una tecnología y de una técnica militar efímera.
"Antes del día fatal en que desafía a los
ejércitos de Israel, Goliat ha cosechado tan rotundas victorias con su maciza
lanza y su impenetrable armadura, que ya no puede concebir ningún otro
armamento, y se considera invencible" (Toynbee).
Estados Unidos:
capacidad de globalización y voluntad "aislacionista".
de la estrategia de "contención"
a la estrategia de "expansión".
El primer Asesor de seguridad nacional del presidente norteamericano, Anthony
Lake, expresó - durante la última semana de septiembre de 1993- el primer
esbozo público y explícito de la concepción estratégica globalista. Según Lake,
esta concepción fue elaborada con el objeto de sustituir la estrategia de
contención dominante durante la guerra fría. "La estrategia continuadora de la doctrina de contención debe ser de
expansión - expansión de la comunidad libre de democracias de mercado del mundo"
(Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de
Lake presentó los
principales lineamientos dentro de los cuales el gobierno norteamericano
escogerá sus opciones de política internacional. "Para ser exitosa una estrategia de expansión debe presentar
distinciones y establecer prioridades". La nueva estrategia se
desarrollará principalmente sobre cuatro prioridades.
- La primera
prioridad de la "estrategia de
expansión", "debe ser el
fortalecimiento de un núcleo conformado por las grandes democracias de mercado
del mundo, así como los vínculos existentes entre ellas, revalorizando el sentido
de sus intereses comunes". "El
estancamiento económico y sus consecuencias políticas limitan una capacidad de
acción decisiva de las grandes potencias democráticas en sus múltiples desafíos
comunes, desde el GATT hasta Bosnia".
- La segunda prioridad
de la "estrategia de expansión"
es ayudar a la democracia y a la economía de mercado a expandirse y sobrevivir
en lugares como Rusia, Europa Oriental y otras regiones ex/comunistas, "donde tenemos las mayores preocupaciones de
seguridad y donde podemos tomar la mayor ganancia. La meta es la transformación
de países que en otro momento fueron amenazas, en socios económicos y
diplomáticos".
- Tercera
prioridad: "Minimizar la capacidad
de acción de Estados de fuera del círculo de la democracia y del mercado libre".
Se procurará "aislar a esos Estados,
en términos militares, diplomáticos, económicos y tecnológicos".
- Cuarta prioridad:
"Intervenciones humanitarias".
Debe existir la decisión de intervenir. Vivimos en una época en la cual existen
menos restricciones que en la época de la bipolaridad para intervenir en países
extranjeros. Las intervenciones se justifican en la resolución de problemas de
seguridad nacional.
El dato
fundamental, que caracteriza a la actual interacción de EEUU con el mundo, es la
inexistencia de una voluntad acorde con los principios antes enunciados. Ello
significa, en términos políticos, más "reacción"
que "acción", más "control
de crisis" que "manejo de
crisis"; ello sugiere, en última instancia, ir detrás de los
acontecimientos y no delante de ellos.
La lógica del poder
- esto es, la de una política exterior global que pretenda mantenerse en la
cúspide de las decisiones mundiales -, inevitablemente implica detentar la vanguardia
y no la retaguardia en el devenir de los hechos. Significa necesariamente
"estar" en el mundo. En
ello se debate hoy, como en su origen, la "república-imperial": la tensión
entre aislacionismo y globalismo vuelve al centro de la escena.
Lo cierto es que
hoy es impensable un liderazgo mundial sin una activa, clara y decidida
participación, que asuma oportunidades y riesgos. La república-imperial, so
pena de desmoronarse, no puede ya replegarse. Pero la tendencia al
aislacionismo es muy fuerte, y el globalismo activo - base de toda política
exterior de cualquier nación que pretenda detentar el rango de superpotencia -
se encuentra hondamente fracturado.
El "destino manifiesto" de la nación estadounidense, y su labor "civilizatoria" - imposición de sus patrones fundacionales -, se ven hoy desorientados en la actual situación mundial. Las indecisiones, la ausencia de coherencia y de definición ante potenciales y actuales problemas y conflictos, se tornan día a día más graves. Los acontecimientos internacionales a los cuales se ha enfrentado EEUU, muestran no sólo su desconcierto y confusión, sino también la ausencia de una política exterior cabal y la falta de una elaboración estratégica no convencional acorde a los actuales tiempos, para dirimir acontecimientos y retomar el pretendido liderazgo.
Desde el punto de vista de sus "capacidades", los EEUU están en condiciones de desarrollar una política exterior auténticamente global, esto es, de proyectar poder en busca del logro de ciertos patrones de equilibrio que le den gobernabilidad al sistema. Pero, desde el punto de vista de sus "voluntades" - y éste es el factor decisivo -, los EEUU se encuentran fuertemente inclinados hacia el "aislacionismo", por varias y diferentes cuestiones, lo cual impide el desarrollo de una política exterior "activa", convencida y convincente.
La sociedad
norteamericana está polarizada (como lo estuvo y lo está, en otro nivel y
circunstancia, la francesa [y gran parte de la europea] en torno a Maastricht).
Esa polarización implica una fractura de la sociedad prácticamente en sectores
iguales y antagónicos. No es casual que en todos los últimos grandes referéndum
producidos en los países capitalistas centrales, en los que la cuestión de
fondo estaba siempre referida a la relación nación/mundo, en todos los casos
las sociedades se escindieron en un empate casi simétrico. En los últimos
tiempos esta situación va cambiando sólo en un sentido. Hacia fines de 1997 el
80% de los alemanes estaba contra el "proyecto
de moneda única"; sin embargo la casi totalidad de la clase política
dirigente de ese país, a excepción de los movimientos nacionalistas, lo apoyaba
casi sin fisuras.
El resultado final de esta disociación - hacia el mediano y largo plazo - es el de restar total operatividad a cualquier decisión que se adopte, porque la misma - cualquiera ella sea - carece de la fuerza social interior necesaria para respaldarla en el largo plazo dentro de un entorno crecientemente desfavorable. Surgen así políticas carentes de convicción (voluntad) porque son políticas que surgen del disenso. Esto es, de la polarización interior.
Las grandes
decisiones exitosas de la política exterior norteamericana tuvieron siempre un
fuerte respaldo social interior. Por el contrario, sus grandes fracasos siempre
se originaron en fallas y fisuras localizadas dentro de la sociedad
norteamericana. Los dos grandes ejemplos, de una y otra situación, siguen
siendo: la entrada norteamericana en
La administración Clinton parece agudizar y llevar al límite esta disociación-polarización, este divorcio entre capacidades y voluntades. La inexistencia de "voluntad" y apoyo en la opinión pública norteamericana hacia una política exterior activa, que normalmente obliga a descuidar los problemas domésticos, no permite que la clase dirigente asuma sin complejos ni temores de censura, el papel dinámico en el escenario mundial para estar a la altura de los acontecimientos.
La ausencia de voluntad y convicción por parte de la opinión pública, está condicionada por los costos que tal liderazgo y tal política exterior requerirían a su nación, en un mundo tan incierto y conflictivo. Ello, no sólo por factores externos (¿Por qué intervenir y morir en guerras ajenas?), sino también por factores internos que tienen que ver con una nueva definición del concepto de seguridad nacional de la cual la opinión pública es consciente: seguridad nacional es hoy, una economía fuerte que revierta la situación de los EEUU como principal deudor mundial, así como el deterioro en los niveles de vida ejemplificados por la creciente marginalidad, por el deterioro de los seguros sociales, médicos, etc.; casi todos hechos percibidos por el electorado norteamericano como consecuencia de la "cruzada" estadounidense llevada a cabo años atrás contra el comunismo.
Por estos y otros
factores, la cohesión y la voluntad interna para ejercer un fuerte liderazgo en
la escena mundial, no existen. Una política exterior creíble, cabal y efectiva,
debe estar apoyada en la convicción de utilizar el poder en caso de ser
necesario. Pero ¿qué es el poder sino la sumatoria de capacidades y voluntades?
La ruptura del orden bipolar
La segunda causa
del desconcierto norteamericano y de la ausencia de una política exterior
coherente y activa (más allá de los intereses específicos del lobby
judío-norteamericano, y de otros intereses organizados étnicos específicos,
como el polaco, el saudí, el irlandés o el armenio), que no sólo se dedica a
reaccionar ante problemas y conflictos, debemos buscarla en la honda incomprensión
del nuevo escenario internacional y la consecuente carencia de estrategias no
convencionales.
En los últimos
cincuenta años, EEUU definió "intereses"
a partir de "amenazas";
esto es, militarizó su política exterior. La ex Unión Soviética se convirtió en
el objetivo político-militar de la política exterior norteamericana. El orden
bipolar redujo amenazas y simplificó, no sólo la definición de intereses, sino
también la "vida misma", a
la vez que unificaba voluntades internas - opinión pública - y externas - mundo
occidental.
Los EEUU siguen hoy
definiendo intereses a partir de amenazas. Pero quien define la amenaza
principal no es la sociedad americana en su conjunto, sino, principalmente, el lobby
judío de la "costa este".
Lo cierto es que hoy, con innumerables e inciertas amenazas y riesgos, no
pueden ya seguir definiéndose intereses, puesto que ha cambiado la naturaleza
misma de las relaciones entre aquellos y las actuales "amenazas". Los riesgos y las
amenazas de hoy no pueden "sólo" militarizarse, ya que atañen más que
nunca a nuevas definiciones del concepto de seguridad nacional. No significa
esto descartar postulados del "realismo"
político, ni que el poder deje de ser el factor central de la política
internacional, sino y por el contrario, significa que el poder adquiere hoy
formas mucho más variadas que las de la simple fuerza militar.
El equívoco en la
aplicación por parte de los EEUU de la vía militar en Somalia o Haití, en
Panamá o Irak, por sobre la salida política negociada, recuerda en buena medida
- salvando coyunturas - el episodio de Vietnam. No alcanza muchas veces con ser
el "más fuerte" para
vencer. Y ello es especialmente cierto en esta fase de total hegemonía del lobby
judío-norteamericano. Su extraordinaria potencia aparente es su gran debilidad,
ya que la política exterior de este imperio sui generis depende de la
viabilidad de un micro-Estado: el de Israel. No hay ninguna analogía posible
con Roma. La ausencia de claridad estratégica es, sin dudas, el mayor enemigo
actual de la misma nación norteamericana.
Desorientado, y al
comprobar que su poder panóptico no resulta efectivo en conflictos tan
concretos como cercanos - Haití, por ejemplo - EEUU se siente acechado por potencias
"renovantes" o "Estados transgresores" - aquellos
que pretenden modificar el status quo como única vía de mejorar
posicionamientos -; esta situación obliga permanentemente a los Estados Unidos
a definir hasta dónde está dispuesto a correr riesgos y comprometer recursos,
en la determinación del nuevo mapa de poder de la pos-guerra fría.
Pero, en tal
enfrentamiento, los EEUU se encuentran en situación de orfandad estratégica. De
los elementos claves conformantes de toda estrategia - capacidades, objetivos,
conceptos y voluntades - los EEUU poseen sólo, hoy, sin cuestionamientos, el
primero de ellos. No obstante, tales "capacidades"
norteamericanas se encuentran en declive merced no sólo al fortalecimiento de
las capacidades y voluntades de actores secundarios, fundamentalmente los
llamados "transgresores",
sino también debido al deterioro de la misma situación interna estadounidense.
Agravando tal
cuadro de orfandad estratégica, la confusión y el desconcierto norteamericano
se profundiza al comprobarse la ineficacia de sus maniobras disuasivas, otrora exitosas.
Ello no podía ser de otra forma, puesto que uno de los elementos centrales de
la disuasión, es la proyección hacia terceros actores de la determinación
propia. Pero ¿cómo puede existir determinación cuando se carece de la voluntad
para la acción, cuando es un grupo concreto (lobby interno), y no "
Independientemente
de los factores enunciados, los EEUU "desconocen"
el mundo, debido a la "superioridad
moral" que se auto-adjudican. Ella es una herencia inequívoca de la
lectura con ojos calvinistas del Antiguo Testamento o Biblia Hebrea. Esta
superioridad, devenida en mandato moral destinado a enderezar el mundo
(Tribunal de Nuremberg), en base a su misión civilizatoria enmarcada en la promoción
de determinados valores - democracia, libre mercado, derechos humanos - alcanzó
su cenit en la fundamentación de lo que se dio en llamar "el fin de la historia".
Pero la defensa y
promoción de valores, sólo fue, es y será tenida en cuenta, después de que se
hallan asegurado los intereses históricos vitales estadounidenses: seguridad,
estabilidad y hegemonía. En tal caso, no sólo serán respetados aquellos valores
sino, y también, utilizados con convicción y sin escrúpulos en la justificación
de acciones "non sanctas". En este aspecto, EEUU sólo buscó siempre
Hegel, Haushofer y Spengler
Así como en
Haushofer imaginó
exactamente un teatro altamente conflictivo, dentro de "una gigantesca tempestad". De hecho
Haushofer aconsejó, a los dirigentes alemanes de la época, favorecer todos los
factores que tiendan a profundizar la tradicional vocación norteamericana por
el aislacionismo. Cuanto más grande sea la distancia entre ambas márgenes del
Atlántico, mayor será la seguridad de los pueblos del corazón terrestre
(Heartland).
El acortamiento de
la distancia entre ambas orillas de
Haushofer estaba
convencido de que, en última instancia, los Estados Unidos retirarán de la mesa
de juego su apuesta original por la dominación mundial, centrada en la lucha
contra los nuevos imperios emergentes en el espacio euroasiático.
La estructura global y los
segmentos de poder. Alemania, el Oriente Medio y el Asia Central
En abril-mayo de
1997 se produjo una crisis ("Caso Mikonos") y una muy rápida solución
de esa crisis entre Alemania (y, por arrastre,
Esa relativa
convergencia entre Irán y Europa se debe, naturalmente, al enorme peso
geopolítico que adquirió el espacio persa a partir de su reinserción en el Asia
Central (incluyendo a China, India y Rusia). Ello no viene sino a demostrar que
un orden internacional con poder difuso ofrece a los actores no hegemónicos
un grado de permisibilidad que en gran parte está delimitado por la propia
capacidad del actor no polar (no polarizante) para realizar conductas
independientes o autonómicas. Estas conductas autonómicas se potencian al
distribuirse, por ejemplo, tecnologías militares estratégicas a partir de la
desintegración de la ex URSS.
Estas conductas se miden tanto en términos de potencial propio, como en términos de capacidad de alianzas. Hay una relación entre el grado de permisividad que debe tolerar la "potencia hegemónica" y el grado de capacidad del actor secundario dentro de su propia "esfera de influencia". Cuanto mayor sea la "difusión" del poder mundial, mayor será el potencial del "grado de capacidad" del actor secundario, quien a su vez demandará sucesivas ampliaciones del grado de permisividad de la "potencia hegemónica", que para ella será directamente proporcional a la pérdida de poder propio. Asimismo, cuanto mayor sea el grado y el alcance del conflicto, menor será la capacidad de control de la "potencia hegemónica".
Cuando el sistema
bipolar anterior había alcanzado el punto máximo de consolidación ("guerra fría"), dentro de ambos
bloques el grado de permisividad y el grado de capacidad eran, prácticamente,
igual a cero. En un sistema tendencialmente apolar, o de distribución difusa
del poder, tiende a ocurrir lo contrario, ya que en ese tipo de sistema el
"orden" se basa en un
equilibrio o balance de poder con cada vez mayor número de actores con
capacidad equivalente de poder. Las alianzas centro-periferia son temporarias y
se formalizan permanentemente nuevas alianzas periferia-periferia, cuando los
equilibrios anteriores se rompen. La difusión del poder anula la permanencia de
las primeras.
Desde hace un
tiempo se viene percibiendo esta situación que podríamos definir como de
eliminación del principio de las alianzas permanentes entre la potencia
hegemónica y su Hinterland. Ello impulsa a la individualización de los actores
en todos los segmentos del sistema, aún en el estratégico/militar. Actores
menores buscan alianzas ad-hoc con otros actores menores dentro de una
ampliación constante de los grados de permisividad y de capacidad.
La apolaridad es el
límite de la difusión del poder, y por su naturaleza impide o dificulta la
formación de bloques de seguridad colectivos, en beneficio de un equilibrio y
de un balance nunca estratificado. El "orden"
que se avecina, entonces, parece ofrecer lo contrario a alianzas permanentes y
seguridades colectivas.
Si aplicamos estos
principios al ámbito del "mundo
occidental" en su conjunto comprenderemos la trascendencia de los
cambios y la magnitud de las modificaciones estratégicas que originará la
transición. A partir de ellos ya es posible imaginar una re-polarización de
Europa en un escenario con conflictos militares crecientes. Sobre ese espacio
comenzarían a actuar actores y factores completamente distintos a los
existentes durante la etapa bipolar. Fue precisamente la bipolaridad lo que
desvió provisoriamente el curso de la historia en el mundo colonial,
transformando las revoluciones raciales emergentes en meras "revoluciones nacionales" de "liberación".
Es altamente
probable la emergencia de una crisis en el diseño de
Francia se aleja de la nueva dinámica europea que se produce, dentro del siguiente concepto estratégico enunciado por Colin Gray, en base a los presupuestos de la geopolítica clásica:
"El mundo, reducido a sus elementos esenciales relativos al poder, está formado por una superpotencia de la región central que está en una lucha continua y permanente con la superpotencia marítima e insular, en relación al control efectivo de las regiones periféricas y de los mares marginales de la 'isla mundial'" (La geopolítica en la era nuclear).
Lo novedoso de
estos tiempos es que el polo euro-atlántico no necesariamente será la
prolongación de los Estados Unidos en Europa, como lo es hoy
Tal sería el
resultado probable de una nueva alianza franco-alemana, con ambos Estados
re-nacionalizados, es decir, fuera de los proyectos OTAN/Maastricht.
La re-nacionalización de Alemania pasará inexorablemente por la recuperación de su identidad. Ello exige una operación previa, que es un "ajuste de cuentas" con una falsa historia impuesta por los vencedores de la segunda guerra civil europea (II GM) en 1945. En ese sentido el trabajo sistemático de intelectuales como el alemán Ernst Nolte o los franceses Paul Rasinier y Robert Faurisson no sólo son de una extraordinaria importancia para el futuro de Alemania y de Europa: asimismo mantienen una estrecha relación con las alternativas que emergen en Oriente Medio, Asia Central, Rusia y otras zonas de crisis en esta época de tránsito hacia la apolaridad.
No existe hoy en el mundo ni una sola cuestión que pueda ser analizada de forma aislada respecto del funcionamiento global de la estructura. Muy por el contrario, muchos factores de crisis, aparentemente regionales o locales, unifican y relacionan escenarios aparentemente distantes unos de otros. Es imposible aislar, en ese sentido, la evolución de las políticas interiores de Francia y de Alemania - por ejemplo - de la crisis cada vez más aguda que vive el Oriente Medio. La evolución de la "cuestión judía" a lo largo de la historia contemporánea de Alemania es algo que hoy no puede escindirse del comportamiento político del Estado de Israel, a partir de su fundación en la inmediata segunda posguerra civil europea (1948). Quiérase o no, el mundo árabe-musulmán depende en grado sumo - y viceversa - de la forma a través de la cual Alemania reasuma esa cuestión en un futuro inmediato, en su proceso de re-nacionalización en búsqueda de su verdadera identidad.
Esa relación es
asimismo directa para el caso francés. Mucha gente hoy en día confunde la
presencia de 4 millones de musulmanes en territorio francés metropolitano, con
las relaciones futuras entre una Francia re-nacionalizada y el mundo
árabe-musulmán. Esas relaciones que hacen a la naturaleza del mundo actual no
están simplemente dadas, es necesario descubrirlas y explicarlas. Ese es el
camino que conduce, precisamente, a la adquisión de un nuevo conocimiento
referente a un mundo nuevo.
La "ruptura del mapa"
Este concepto tiene
una lectura estratégica y económico/institucional. Significa que sólo
excepcionalmente (emergencia de una nueva alianza franco-alemana) pueden
coexistir dos o más "centros de
poder" dentro de un mismo espacio. Durante un cierto tiempo podrían
compartir un mismo espacio económico (la antigua CEE, por ejemplo). Pero los
ritmos de integración serán radicalmente distintos en el plano estratégico.
No es casual que
Europa Occidental tenga espacio económico común al mismo tiempo que demuestra
sus carencias en los planos de una política exterior y de una política de
defensa común. No tiene ni tendrá política exterior común ni integración
defensiva común. Y ello por una razón básica: porque Europa Occidental no
conforma, en sí, una región estratégica. Fue el resultado de una construcción
negociada de un mapa que reflejó una relación de fuerzas que ya no existe (
Europa resurgirá sólo cuando demuestra capacidad para neutralizar los cuatro núcleos de poder marítimos, que son:
a) el Mediterráneo;
b) el occidente europeo hasta el Rhin;
c) el Atlántico Norte (centro de gravedad del sistema); y,
d) el archipiélago
japonés.
Para ello debe conectar los cuatro núcleos de poder continentales, que son:
a) El espacio del Eufrates, desde el Turkestán a Paquistán. Ese espacio ha sido el escenario sucesivo del Imperio Persa, del Imperio Sasánida, del Califato de Bagdag y del Imperio Otomano;
b) Mongolia y Norte de China, donde se ha desarrollado el imperio Han, el imperio de Genghis-Jémidas y el imperio de los To-Tsing;
c) la región central rusa (imperio de los zares); y,
d)
El proyecto geopolítico alemán, propuesto por el general Haushofer, era un diseño geográfico destinado a conectar políticamente esos cuatro grandes polos de poder continental. Esa área de poder era ampliable al archipiélago japonés, trasgresor por excelencia, a través de China.
Estamos
presenciando una nueva etapa de la política mundial, en la cual los dos componentes
básicos del poder global (Mundo Marítimo/Mundo Continental) iniciarán una
competencia planetaria totalmente desprovista de ropajes ideológicos. Por lo
demás el Mundo Marítimo podría quedarse sin su componente europeo, en caso de
producirse una convergencia de nuevo tipo entre Berlín y París.
En caso de que se
reproduzca un conflicto franco-alemán, el polo continental y el polo marítimo
volverían a actuar a la tracción sobre Europa Occidental, generando dos tipos
de movimientos geopolíticos completamente distintos, ambos con sus respectivas
proyecciones económicas y culturales. La prevista ampliación de
La "crisis del Golfo" de los años 90/91
pertenece a un escenario estratégico que ya no existe. Puede ser vista como una
acción militar anglo-norteamericana para evitar el intento de Bagdag de darle
al espacio del Éufrates el valor de un polo continental, con un fuerte
contenido militar. Los polos marítimos, excepto el del archipiélago de Japón,
reaccionaron contra ese intento, mientras los polos continentales se
abstuvieron.
El PEAS (Polo
Euroasiático) está en condiciones potenciales de movilizarse hacia el Éufrates,
que hoy está geopolíticamente vacío pero donde siempre hubo un poder terrestre
muy significativo. El derrumbe del sistema soviético y la aún no articulada Mitteleuropa,
hizo que el intento de Irak por llenar militarmente ese polo continental fuese
tratado por el Mundo Marítimo como un acto de perturbación. Bagdag o bien se
había atrasado, o bien se había adelantado a su época.
Es curioso que
algunos apologistas del Apocalipsis de San Juan visionen la caída de
Dos sistemas de
intereses antagónicos se abren ante el mapa de Europa diseñado a fines de
En el PEAT (Polo
Euroatlántico) predominará la defensa del norte contra el sur. Ello es ya
perfectamente visible en la actual estrategia de
Casi nada, en casi
ningún lado, parece estar bajo control. Para no reiterar la cadena de sucesos
dramáticos que sacuden a África, señalemos que ni Europa Occidental ni los
Estados Unidos (de hecho, la evolución económica norteamericana está cada vez
más tensionada por la bifurcación entre su economía real y su economía formal)
escapan a este proceso de descontrol global, que es de naturaleza estratégica.
El creciente
proteccionismo, la formación de bloques y el impulso de conflictos económicos
dentro del mundo de los llamados Estados pos-históricos, representó un macro- proceso
que se fue enlazando progresivamente con el creciente deterioro económico y
social del espacio poscomunista y, sobre todo, con la situación en Oriente
Medio.
Una Rusia crecientemente
humillada finalmente no buscó un nuevo diálogo (un "retorno a Rapallo") con una Alemania geopolíticamente
satisfecha luego de haber extendido su protectorado sobre Eslovenia, Croacia e
importantes zonas de Bosnia (pero sobre todo satisfecha por haber logrado la
expansión de
Una forma de generación de
poder: la producción de Inteligencia
La inteligencia como nueva forma
de conocimiento y condición de supervivencia
Para intentar salir
de esta situación Venezuela debe comenzar por elaborar un nuevo pensamiento,
una nueva visión sobre ella misma y una nueva concepción sobre el mundo que la
rodea. Esto significa que no podemos señalar una salida sin antes definir un
nuevo sistema de ideas que se origine en una recuperación de la identidad. Una
redefinición de lo que somos y de lo que nos rodea, realizada en función de lo
que podemos ser a partir de la permanente transformación de lo que nos rodea.
La dependencia y
subsidiaridad de un país pueden ser medidos por su incapacidad de producir
Inteligencia, en especial, Inteligencia Estratégica. Los enredos a que es sometido
un Estado periférico se originan en que, en una coyuntura específica, alguien
(agente externo) seleccionó para ese Estado un tipo específico de información.
Esa información así seleccionada - para un Estado subalterno - no sólo no
refleja la verdad de los sucesos (en su dimensión "objetiva") sino
que además perjudica sustancialmente (aún más) la posición en el mundo de ese
Estado subalterno. Es así como la subsidiariedad de un Estado (su dependencia
respecto de otros) puede definirse a partir de la incapacidad de ese Estado
para producir su propia Inteligencia Estratégica.
Cada país hace
Inteligencia según como se percibe a sí mismo en relación con los demás. La
actividad de Inteligencia es un instrumento preciso y complejo que mide el
concepto que cada país tiene de sí mismo. Es su miseria o es su grandeza.
El Estado/nación (o
la tribu, o el imperio o el área cultural diferenciada, o cualquiera sea el
parámetro que nos defina e identifique) es un "sistema" cuya supervivencia depende de las evoluciones de un
"entorno" (resto del
mundo). Las constantes modificaciones que sufre el "entorno" exigen diferentes respuestas por parte del "sistema". Cuando el "sistema" no está en condiciones de
responder a los cambios que se operan en su entorno, en ese momento el sistema
(la comunidad nacional o el Estado/nación, o la tribu) desaparece, se "gasifica", se licúa en el entorno.
Eso ocurre inexorablemente cuando alguien del "entorno" le selecciona la información al "sistema". En este caso, el "sistema" carece de energía para
elaborar su propia información, es decir, el conocimiento necesario para
permanecer en el mundo en condiciones de diferenciación y de identificación.
Los físicos ubican
a
Al igual que en
termodinámica, el tiempo es la variable capital. Así, la segunda ley de la
termodinámica - entropía - es absolutamente aplicable a cualquier sistema
social. Todo sistema social pierde energía con el tiempo. Todo sistema social o
termodinámico tiene pérdida de energía: es entrópico por naturaleza. El
mantenimiento de las constantes vitales del sistema, en esas condiciones, exige
una constante alimentación, que en nuestro modelo será dada a través de
Definiremos como "sistema social" a la organización específica que adopta un grupo de hombres que intercambia masa, energía e información con el resto del mundo. Fuera de las ciencias físicas, la masa es la capacidad global para producir poder, la energía es la forma en cómo ese poder se re/produce (fuentes de generación de ese poder), y la información es el modo en que el sistema conoce al entorno (conociéndose a sí mismo y des/informando al entorno)
La alimentación del sistema, su defensa permanente contra el frío (decadencia) entrópico, tiene por objeto primordial mantener y/o incrementar el grado de diferenciación del sistema (Estado o tribu), respecto del entorno (resto del mundo). Sin esa diferenciación, sistema y entorno sería un todo continuo. No existiríamos como Estado /nación, ni siquiera bajo la forma genérica de "pueblo" o "cultura". Sencillamente no existiríamos.
Cuanto mayor sea la
diferenciación, mayor será la capacidad del sistema para extraer poder del
entorno.
Toda diferenciación implica un conflicto. La existencia de conflicto
entre sistema y entorno nos habla de la vitalidad del sistema. El sistema, para
sobrevivir, debe determinar la naturaleza del conflicto con su entorno, debe
decidir sobre el tipo de conflicto que desea mantener con el entorno. Si
desaparece el conflicto, desaparece la vida.
El entorno percibe
al sistema sólo si éste logra diferenciarse. El entorno tenderá a reprimir la
diferenciación del sistema.
Pero sucede que en
el entorno está instalada la incertidumbre (la apolaridad). Esto quiere decir
que gran parte de su capacidad de reprimir está anulada. La impotencia del entorno
respecto de la capacidad de diferenciación del sistema le hace posible al
sistema retroalimentarse a través de
La incertidumbre
instalada en el interior del entorno significa que los parámetros de adaptación
del sistema al entorno cambian constantemente. Para adaptarse a esos cambios,
es decir para sobrevivir, el sistema debe auto-reorganizarse en forma
permanente. La mayoría de las veces, la supervivencia sólo se alcanza al
lograr una rebelión contra el entorno.
Toda rebelión del
sistema contra un entorno incierto permite la supervivencia del sistema. Toda
rebelión es una "catástrofe",
esto es, una bifurcación. Es la ruptura de la linealidad, es el imperio
de lo no lineal. Se deben producir tantas catástrofes (bifurcaciones) cuantas
necesidades de adaptación surjan para asegurar la permanencia del sistema.
Las catástrofes
permiten que el intercambio de masa, energía e información entre el sistema y
su entorno se realice en beneficio de la diferenciación del sistema. Para ello
debe existir una específica capacidad de anticipación que actúe como
alimentación para estar en capacidad de oponernos a una entropía sistémica.
"Entorno" y
"sistema" entendido como sistema comunicacional
Elegir pertenecer a
un sistema significa definir la "frontera"
que nos separa de su entorno. Se trata de una superficie permeable al paso de
informaciones en las dos direcciones: del sistema al entorno y del entorno al
sistema.
La información que
va del sistema al entorno es uno de los canales centrales de la "pérdida de energía del sistema". Se
trata de un canal con muchas bandas: la información sale del sistema a través
de la política exterior, la inteligencia, la contrainteligencia, a través de
empresas y servicios de inteligencia de otros países, etc. La salida de información,
así verificada, des-energiza al sistema, le quita poder.
La información que va del entorno al sistema también es de naturaleza múltiple. Se origina en distintos otros "sistemas" (Estados), organizaciones económicas internacionales, empresas multinacionales, distintos grupos de presión, etc. El tipo de información que entra al sistema desde el entorno tiene por objeto desdibujar las fronteras sistema/entorno y limitar al máximo las posibilidades del sistema para desarrollar su complejidad, es decir, su diferenciación.
El intercambio
comunicacional entre la parte y el todo, entre el Estado/tribu/nación y el
Resto del Mundo, es doblemente entrópico. El sistema pierde energía cuando
envía sus mensajes y cuando recibe los mensajes .
Ello es así porque el sistema es un "sistema dependiente". Lo que significa que no ha logrado la suficiente diversidad de comportamiento respecto del entorno. Los mensajes que envía al entorno no logran penetrar la presión del "ruido" que produce el entorno. Su energía decreciente no logra producir mensajes con la suficiente redundancia. De tal manera, los sensores del entorno no son capaces de registrar los mensajes del sistema. Así, para el entorno, ese sistema no existe. No existe porque no es sensorializado, y no es sensorializado porque el mensaje emitido es débil.
La no
sensorialización del sistema por parte del entorno significa con absoluta
claridad que el sistema se debe reorganizar a sí mismo con el objeto de
producir mensajes (información) lo suficientemente nítidas como para atravesar
el ruido de un entorno sumido en la incertidumbre. La otra opción, inexorable,
es la extinción del sistema, su absorción por el ruido y otras incertidumbres
del entorno.
El tipo y la forma de Inteligencia -y de su contrapartida,
Uno de los
mecanismos contemporáneos que más influyen en la des-energización de los
sistemas (dependientes) está constituido por las acciones de los grandes
centros educativos, como el Massachusetts Institute of Technology y
La forma de
producir inteligencia es, o debe ser, distinta y hasta contradictoria respecto
de países que ocupan diferentes posiciones jerárquicas en el "(des)orden" internacional. La forma de
producir Inteligencia debe reflejar con extrema exactitud la naturaleza de
Resumen y conclusiones.
Venezuela: cambios y conflictos
La complejidad, intensidad y amplitud de los problemas que afectan a Venezuela, en la actualidad, es enorme. Esa complejidad, intensidad y amplitud es el producto de que sobre este país, sometido a un fuerte proceso de cambio, inciden simultáneamente dos sistemas de factores a los que normalmente se los suele analizar y procesar en forma separada: los internos y los externos.
Venezuela está
viviendo una situación revolucionaria, es decir un intenso período de cambios
internos. Inexorablemente esos cambios internos provocarán conflictos
externos. Esos conflictos externos serán, en parte, proyecciones exteriores
de una resistencia interior - visceralmente opuesta al gobierno popular-militar
- que es impotente para enfrentar los cambios desde adentro. Cambio interior y
conflicto exterior son, entonces, los dos polos inexorables de una misma
ecuación estratégica.
Las presiones
internas y las campañas externas en contra del presidente Chávez irán en
continuo aumento. Sin embargo, las acciones en contra del presidente Chávez que
no se puedan realizar desde el interior de Venezuela, que serán la mayoría de
ellas, se intentarán desde el exterior del país, por el mismo sistema de
complicidades por todos conocidos. La capacidad del presidente Chávez para
enfrentar internamente una oposición cada vez más ilegítima son muy grandes,
casi totales. Pero sucede lo inverso en el plano internacional. Su capacidad
para enfrentar conspiraciones que adoptarán el camino exterior (bajo la forma
de "estrategia de aproximación indirecta") es, en cambio, casi nula.
Por lo tanto ese será, sin duda, el camino de la conspiración contra la
transformación de Venezuela y contra las proyecciones estratégicas que el
modelo venezolano producirá sin duda en todo el mundo Hispanoamericano.
En este momento no
existen en Venezuela ni las ideas ni las instituciones con capacidad para medir
los impactos estratégicos que producirá el proceso venezolano en el mundo. No
existe la capacidad para relacionar los cambios internos con los conflictos
externos. Ello podría limitar la calidad y la intensidad de los cambios
internos, aduciendo o temiendo falsos conflictos externos. O podría precipitar
el desarrollo de cambios internos innecesarios o secundarios, pretextando que
ellos producirían conflictos externos, que en la práctica son poco probables.
En verdad, existe una amplia gama de cambios internos de alta significación
histórica que se pueden realizar con un mínimo de conflictos externos. Por el
contrario, cambios internos de poca significación podrían producir impactos
exteriores altamente negativos. Debe ser analizada, sobre todo, la siguiente
opción: la necesidad de amortiguar conflictos externos producidos a partir
de la implementación de cambios internos impostergables pero altamente
impactantes en el exterior.
Personalmente estoy
convencido de que el presidente Chávez deberá terminar de pulverizar, en un
plazo de tiempo relativamente corto, al viejo y corrupto sistema político
venezolano y a prácticamente todas las instituciones que lo articularon en el
tiempo "democrático" del
Pacto de Punto Fijo. Ello significa que las circunstancias que se avecinan lo
obligarán a asumir - de una manera cada vez más explícita - un liderazgo personal
sobre la totalidad del proceso venezolano. Los acontecimientos internos lo
obligarán (y no sólo simbólicamente) a llevar el uniforme militar con cada vez
mayor frecuencia, porque sólo un "partido" cívico-militar podrá
actuar con eficacia - ya está actuando como situación de facto - entre
el líder y la masa.
El impacto de esta
situación será enorme dentro del actual sistema internacional. Particularmente
en
Además está la
cuestión de la proyección internacional de Hugo Chávez. En mi opinión existen
hoy todos los elementos que permiten hacer de Hugo Chávez un líder de toda
De lo que se trata,
en definitiva, es de elaborar una Inteligencia Estratégica que pueda ser
utilizada por el Presidente de
En la base del
proceso orientado a lograr un alto grado de protección para los cambios que se
realizarán en Venezuela está el trabajo para "internacionalizar" - en todo el espacio hispanoamericano - la
figura carismática de Hugo Chávez. Ello obedece a un principio esencial de
La campaña nacional
e internacional contra la revolución venezolana ya se ha desatado. Y por el
momento marcha victoriosa: el chavismo no dispone de una estrategia definida y,
por ello, no dispone de los elementos ni de la percepción adecuada para
neutralizarla. Su grandeza original será su principal debilidad futura: no
existe una estructura organizativa - a excepción unas fuerzas armadas sólo
provisoriamente motivadas - con la capacidad para enfrentar y administrar los
conflictos que ese proceso generará.
La inexistencia de
esa estructura política es la causa principal de que el nuevo aparato
del Estado se encuentre fracturado a partir de la creciente consolidación de
grupos de intereses, la mayoría de las veces furiosamente contrapuestos entre
sí. La mayor parte de esos grupos de intereses o lobbies que se han
repartido el nuevo aparato gubernamental - cuya principal motivación parece ser
el beneficio económico individual de cada uno de sus miembros - responden
asimismo a intereses externos. De tal manera en la actualidad la mayoría de los
servicios de inteligencia occidentales dispone de una exacta radiografía de lo
que pasa en Venezuela, de una radiografía perpetuamente actualizada, día a día
y hasta hora a hora. En estas condiciones se hace necesaria una vigorosa reacción
por parte del presidente. Ella debería canalizarse:
- Hacia la
utilización del sistema nacional de inteligencia en tareas activas de "amortiguación de conflictos".
- Hacia la
pulverización definitiva del viejo sistema político "democrático" y hacia el desmantelamiento de la capacidad
económica de esos grupos.
- Hacia el
desarrollo de una campaña internacional de afirmación de los valores positivos
de la revolución venezolana, de aquellos que diferencian este modelo de otras
experiencias internacionales anteriores.
Venezuela se ha
convertido, tal vez por primera vez en su historia independiente, en un centro
de interés estratégico dentro de la política mundial. Esa realidad geopolítica
- en tanto proyecto aún a construir - es el producto, en lo fundamental, de la
emergencia de un liderazgo absolutamente genuino y original. Hugo Chávez no
sólo está en capacidad de conducir a Venezuela: podría ser, también, el
referente obligado de las grandes masas desheredadas y de las Fuerzas Armadas
humilladas de toda nuestra América hispano-criolla.
Venezuela es el
país de Hispanoamérica donde con más fuerza se ha implantado la cultura de
Venezuela, al igual que otras tantas "naciones" americanas de origen español, fue el resultado de la miseria de sus oligarquías dominantes, y no el efecto de la "grandeza de los pueblos que luchaban por su libertad". Los Mariscales de Bolívar fueron el calco sudamericano de los Mariscales de Napoleón. Ni los unos ni los otros pensaron en "liberar", sino en dominar. Pero a diferencia de los franceses, los Mariscales de Bolívar tuvieron como antecedente lejano a un Miranda que planificó en Londres, junto con Pitt, y en nombre del "progreso", la invasión británica a las provincias españolas americanas.
"Provincias",
porque el posterior calificativo de "Colonias" sólo sirvió para
justificar hechos consumados, y convertir una guerra civil secesionista en una
guerra "internacional de liberación".
En rigor de verdad, las guerras civiles en todo el espacio grancolombiano - y, luego bolivariano - representaron una doble secesión pero muy poco de "independencia". La primera secesión, respecto de España, provocó la ruptura de todos los tejidos sociales pre-venezolanos y el nacimiento de un siglo - el XIX venezolano - realmente catastrófico (). La segunda secesión, respecto de la gran Colombia - el espacio bolivariano en sentido estricto - , fue un achicamiento histórico que sólo el petróleo, es decir, la pertenencia dependiente de Venezuela al mercado mundial capitalista (ya entrado el siglo XX), pudo atenuar y hasta ocultar. Ambas secesiones - es decir, la aparición de un mapa final que señala la existencia de una nación extremadamente joven - fueron el resultado de las manipulaciones, primero, de un pequeño grupo de "iluminados" pro-británicos y, luego, de una oligarquía caraqueña con visión no nacional, sino municipal. Esto es lo que se insiste en ocultar.
¿Cuál será entonces
el futuro de una revolución montada sobre una sucesión de mitos históricos
creados por un grupo social esencialmente conservador y secesionista? Con una
"independencia" ficticia y con un precio a la baja del crudo, la
revolución venezolana necesita urgentemente de una nueva fundamentación
histórica. Esto es, de un soporte historiográfico que le otorgue viabilidad en
un mundo que se fragmenta - una vez más - bajo la apariencia de la uniformidad.
Venezuela, más que
ningún otro país "latinoamericano",
necesita liberarse del manto de plomo que representó haber asumido la doble
herencia de la revolución inglesa (pertenencia subordinada al mercado mundial
capitalista) y de la revolución francesa (cultura política
"ciudadana"). Ello significa admitir, en primer lugar, que
Significa admitir
que todas las ideologías alternativas que actualmente aporta la pos-modernidad
- como por ejemplo el indigenismo - no son sino prolongaciones de
No asumir hoy estos
significados representa permanecer en el mundo de la falsa identidad.
Y ello es particularmente grave en un "tempo" en el cual el motor de
los nuevos procesos históricos es, precisamente, la búsqueda de nuevas (viejas)
identidades.