Walter Beveraggi Allende
La Teoría Cualitativa de la Moneda
Contenido
Capítulo
I: Introducción de Ramón Bau
Homenaje a Walter Beveraggi
La crisis del liberalismo económico
La estabilidad del sistema liberal
El crimen del monetarismo de Friedman
Una nueva solución económica
Teoría cualitativa de la moneda
Capítulo II: Contenido y
significado de la "Teoría Cualitativa"
1. Concepto
2. El destino sectorial de los flujos monetarios
3. La sectorización monetaria y el destino "cualitativo" de los
flujos
Capítulo III: La
evolución económica de Argentina desde fines del siglo pasado y la génesis de
la "Teoría Cualitativa"
1. Antecedentes brillantes y derrumbe
ulterior
2. Política monetaria y evolución fiscal entre 1895 y 1981
3. Mi controversia con Prebisch
4. La restricción crediticia y la elevación de las tasas de interés
Capítulo IV: De la
"Teoría Cuantitativa" a las innovaciones relativas del neoclasicismo
keynesiano.
1. De Hume y Fischer a Keynes
2. La "neutralidad monetaria" y el manipuleo de la tasa de interés.
3. El "neoclasicismo keynesiano", resultante de la Gran Crisis, y sus
innovaciones en teoría y política monetaria.
Capítulo V: El último
engendro de la Teoría Cuantitativa: el "monetarismo" de Friedman.
1. La "contra-revolución" en
teoría monetaria
2. Las experiencias resultantes de la Crisis Mundial
3. Proposiciones esenciales del "monetarismo"
4. Qué se propuso, en realidad, el "monetarismo"
Capítulo VI: Balance de
medio siglo de teoría y política monetaria
1. Recapitulación
2. El "monetarismo" en la Argentina
3. El "monetarismo" en España, EEUU, Inglaterra y otros países
4. Conclusiones acerca de la experiencia "monetarista"
Apéndice: Una acotación sobre la tasa de interés
Capítulo VII: Proyección
de la "Teoría Cualitativa" en materia de política monetaria.
1. Generalidades
2. Los incrementos monetarios sectoriales, el gasto público y el destino
cualitativo de aquellos incrementos
3. Una política monetaria de estímulo a la producción
Capítulo VIII: Crédito
"cualitativo" para la producción
1. Uniformidad de la tasa de interés
2. Incidencia "sectorial" de las inserciones monetarias, desde el
punto de vista de la producción y el consumo
3. Fluidez crediticia, tasas de interés y estabilidad de precios
4. Los límites del "crédito cualitativo" para la producción: plena
ocupación "sectorial" de los factores.
5. La fiscalización del "destino productivo" en el crédito
cualitativo.
Capítulo IX: El
"crédito cualitativo" para el consumo
1. El "interés" del dinero como
premio a la frugalidad
2. El papel de los "bancos comerciales" en relación con el crédito
cualitativo
3. Los bancos comerciales y el crédito para la producción
4. Los bancos comerciales y el "crédito para el consumo"
5. Observación final
Capítulo X: Breve apéndice político
Notas
Introducción de Ramón Bau
Nos permitimos un pequeño homenaje al mejor
economista alternativo que ha tenido nuestro mundo en los últimos años, Walter
Beveraggi, muerto este año 1993, cuya pérdida ha sido enorme.
Esta persona excepcional, a la que tuve el honor
de ver y abrazar en Madrid hace unos años, ha sido sin duda el que mejor ha
planteado una solución razonable y meditada, realista y presentable, al sistema
usurario que domina actualmente el mundo.
Nos permitimos por ello reproducir algunas de sus
frases y sus pensamientos:
" El marxismo es, fue y será un sistema
quimérico e impracticable, particularmente en lo tocante a la Planificación
General Económica, que es uno de sus presupuestos teórico- prácticos. Pero al
menos es un planteo sincero, aún en los aspectos más reñidos con la ética. En
cambio el Capitalismo Liberal, tan incompatible o más que el marxismo con la
ética, es susceptible de mimetizarse en la medida necesaria para disimular
convenientemente tal incompatibilidad, aun cuando en la práctica sus resultados
demuestren una y otra vez su intrínseca perversidad. En virtud de esta
condición, el Capitalismo Liberal podemos calificarlo como el sistema farisaico
por excelencia".
Todo el resumen de nuestras ideas vendría a decir
que el hombre, sin otro esfuerzo especial que el de producir usando los medios
normales, puede tener y debe tener lo necesario para su subsistencia digna (lo
que incluye lo necesario no sólo para comer sino para desarrollarse como
persona, pero que excluye el consumismo alocado moderno).
LA CRISIS DEL LIBERALISMO ECONOMICO
La libertad económica permite al individuo hacer o
dejar de hacer -en el terreno económico- lo que virtualmente le plazca, con la
única limitación de no violentar los principios éticos del orden natural, y
entre ellos la libertad y derechos del prójimo. Por consiguiente la libertad
económica individual es dentro de nuestras ideas un tema que debe ser respetado
por todos, pero que -al mismo tiempo- debe ser ejercido responsablemente para salvaguarda
del orden natural y del bien común.
El liberalismo económico en cambio, al consistir
en un sistema que ignora la Etica, aparenta defender la libertad económica
individual pero, en la realidad, al no reconocer limitaciones éticas ni
objetivos superiores, deja a un gran número de individuos a merced del capricho
o de las decisiones no sólo económicas de los que han alcanzado (con buenas o
malas artes) un poder económico dominante. Por ello el liberalismo económico
viene a la postre a ser la tumba de las libertades económicas individuales.
Dos prescripciones básicas e irreductibles del
Liberalismo Económico son:
. El afán de lucro como motor esencial de la
iniciativa económica individual
. El 'dejar hacer, dejar pasar', o sea la plena
libertad de hacer por el individuo, sin restricciones morales de ningún tipo, y
la libertad de comerciar, también sin restricciones (fuera de las leyes, que se
hacen sin objetivo ético sino con objetivo económico sólo).
El afán de lucro o de ganancia es indudablemente
un estímulo material de primer orden para alentar la iniciativa privada, y lo
apoyamos totalmente. Pero al eliminar las limitaciones éticas, y al estar toda
la sociedad imbuida de esta falta de ética, se llega a que este aspecto
positivo se convierta en el aprovechamiento de cualquier oportunidad de
negocio, por más deleznable que sea, desde la prostitución a la prensa
sensacionalista o la droga.
Es cierto que los Estados han adoptado una especie
de ética antinatural que prohibe ciertas actividades consideradas nocivas y las
castiga legalmente. Pero esta 'moral' artificial se ha mostrado tan relajada y
falta de consistencia y base que no ha logrado calar entre la gente. Así se ha
llegado a considerar aceptable el consumo de droga o la pornografía, la especulación,
etc hasta tal punto que hoy nadie se fiaría de la palabra de otro pues sabe que
'mentir en lo económico' no se considera ya una falta de ética.
Ahora bien, NO es necesario aludir a las
actividades casi ilegales para apreciar las lacras del capitalismo liberal, eso
sería incluso normal. No, la falta de ética intrínseca se nota en su operatoria
normal: la programación de la escasez crónica de bienes y servicios
indispensables para una vida digna de los seres humanos, como un recurso
habitual del liberalismo a fin de mantener el 'equilibrio' del sistema,
destinado a la obtención de precios 'rentables'.
Así junto a las actividades claramente inmorales
como la usura, especulación, monopolios disimulados, destrucción ecológica y
mercantilización de la inmoralidad, sobre ello está la propia base: las
restricciones a la producción incluso cuando hay necesidades básicas de los
seres humanos, poniendo delante de la 'rentabilidad' del capital la necesidad
lógica de bienes.
LA ESTABILIDAD DEL SISTEMA LIBERAL
Evidentemente un sistema que se basa en la 'libre
oferta y demanda', no sólo de bienes y servicios sino también de factores
contribuyentes a su producción, un sistema que tiene como meta generalizada el
'afán de lucro', presupone necesariamente un mecanismo tendente a compaginar o
armonizar la infinidad de elementos y entes productivos por una parte y la
infinidad de personas y consumidores.
Desde los tiempos en que Adam Smith atribuyó a la
Economía el carácter de Ciencia, surgió la necesidad de descubrir cual es ese
ordenador universal destinado a armonizar los innumerables ingredientes
participantes del proceso económico.
Desde entonces la teoría económica clásica o
'liberal' se consideró satisfecha con la propuesta de Adam Smith en su libro
'La Riqueza de las Naciones' de 1776, quien sostiene que una hipotética mano
invisible se encarga del 'ensamble' entre oferta y demanda tanto de bienes y
servicios como de factores productivos, llamando a esto MERCADO.
Se puede decir que esta concepción ilusoria se
mantuvo vigente hasta los años 30 de este siglo. Los ciclos económicos que
alternaban fases de depresión y prosperidad no alcanzaban a destruir el mito
liberal de la 'mano invisible ordenadora', y los remedios eran medidas fiscales
o monetarias.
Fue la severísima crisis mundial de 1929 y 1934 la
que dió por tierra el presunto automatismo milagroso de la 'mano invisible'
como ordenadora infalible de la actividad económica, en base al Libre Juego
irrestricto de las fuerzas del mercado. Lo que empezó como una baja desastrosa
de la Bolsa de New York siguió con la quiebra de miles de empresas y llevó a
una caida total de la producción y los precios. Y de todo ello la consecuencia
fueron millones de obreros en paro, creando un desastre increible.
En 1934 ya se había tomado conciencia de lo
utópico de la 'mano invisible' automática de la oferta-demanda y las leyes del
mercado. Se vió que los remedios hasta la fecha usados para tratar sus ciclos
eran totalmente insuficientes, había por tanto que replantearse el liberalismo
capitalista, y a esta tarea se abocarón John Keynes y toda una serie de
economistas, que hasta nuestros días intentar ordenar el liberalismo.
REMEDIOS KEYNESIANOS AL LIBERALISMO ECONOMICO
Tras el colapso de la Gran Crisis del 34 el
sistema liberal dejó de tener confianza en el equilibrio automático del
sistema, por lo que casi todas las Universidades estudiaron este tema. El más
lúcido de los estudiosos de este tema fue John Keynes en su libro 'Teoría
general de la Ocupación, el Interés y el Dinero' de 1936, donde se profundizaba
en el análisis de la teoría económica clásica, proponiendo remiendos de
emergencia para acabar con la crisis.
La más importante de las propuesta de Keynes
fueron los remedios fiscales. En síntesis Keynes sostenía que la depresión económica
se debía invariablemente a una caida de la demanda global en relación a la
oferta de bienes y servicios (oferta global), que había alcanzado niveles de
gran prosperidad en los tramos de expansión. Y esta merma de demanda
desencadenaba una baja de precios y producción que, en caso de persistir,
llevaba a una acomulación de la depresión, y a la crisis global.
Para ello Keynes propone incrementar el gasto
público, estatal, en los momentos de decaimiento de la demanda privada, aun
cuando este mayor gasto estatal provoque un déficit público grande a corto
plazo, ya que este déficit puede ser contrarrestado por un superavit en los
presupuestos fiscales en los momentos de prosperidad posteriores.
Otro economista, Alvin Hansen, perfeccionó esta
estrategia con la idea de orientar a infraestructuras el gasto del Estado, de
forma que promuevan el progreso posterior.
La aplicación de estas medidas permitió salir de
la crisis a los USA.
EL CRIMEN DEL MONETARISMO DE FRIEDMAN
Tras el periodo de guerra, la rehabilitación
general llevó a un periodo de gran producción, y con ella tendencias
inflacionistas cíclicas.
Tras este periodo de postguerra aparece Milton
Friedman de la Universidad de Chicago, decidido crítico de Keynes, que con un
respaldo total de la prensa de todo el mundo y de los poderes financieros
mundialistas, lanza su teoría Monetarista.
Según sus teorías la inflación es 'siempre y en
todo lugar' resultado de la excesiva creación de moneda, por cuyo motivo
Friedman promueve la restricción monetaria en términos severísimos, acompañada
del aumento enorme del interés bancario. Esto ha sido el causante de la ruina y
el hambre de millones de personas desde entonces.
Esta estrategia promocionada desde luego por los
banqueros internacionales y apoyada por el Fondo Monetario Internacional (FMI),
llevaron al endeudamiento masivo de la mayoría de los paises y ha significado
la penuria más absoluta de todos los paises casi sin excepción.
Pero no sólo fue terrible para los paises del
Tercer Mundo, a los que arruinó totalmente en la deuda, sino que provoca
gravísimas dificultades, deuda y paro en los paises industrializados.
En síntesis: con la excusa de evitar la inflación,
el monetarismo de Friedman ha promovido en todo el mundo la restricción
monetaria y crediticia. Como para Friedman el déficit presupuestario es el
causante principal de emisión de moneda, su eliminación ha significado dejar al
Estado sin medios para invertir, fuera de endeudarse con la Banca. ¡Así USA es
ahora el pais más endeudado del mundo!. Para colmo su proposición de aumentar
el interés bancario (teóricamente para evitar la aparición de dinero crediticio
inflacionista) ha llevado a que los servicios de la deuda sean simplemente
usurarios.
La situación actual es el mantenimiento de estas
tesis monetaristas: altos intereses, endeudamiento enorme y restricciones
monetarias como solución. La consecuencia es el paro y el empobrecimiento por
la deuda.
El monetarismo se ha opuesto furiosamente a los
planes de reactivación económica del Estado, a los que acusaba de
inflacionistas. Y con ello se ha ido llevando a otro mal peor: la deuda y el
paro.
Los problemas económicos de la vida moderna han
sido y son creados por el hombre mismo, esencialmente por el acaparamiento de los
recursos productivos por unos pocos: por el marxismo mediante la dictadura y el
capitalismo mediante el monopolio del dinero.
Nos hemos podido al fin librar de la planificación
centralizada integral del marxismo, que significaba el acaparamiento total de
todo por parte de una burocracia obsesiva y tiránica.
Pero el capitalismo liberal es mucho más perverso
en su hipocresía.
El liberalismo por medio del monetarismo ha
llevado a una situación de 'crédito bancario escaso y caro' que lleva a la
especulación del dinero y la derrota del trabajo: el paro.
Lo primero que hay que hacer es definir que el
objetivo único y básico de la economía es el pleno empleo, o sea el servicio al
Hombre.
En el sistema liberal el desempleo depende de la
'tasa de interes', según la cual el empresario invierte o no (y por tanto
genera empleo). De esa forma el interés del dinero marca el paro existente.
No importan los recursos técnicos o naturales,
sino que el liberalismo da el poder al dinero y su renumeración antes de nada.
El dinero de cualquier país vale poco o mucho,
según la cantidad de bienes y servicios que ese país es capaz de producir. Si
un país tiene pocas unidades monetarias (dinero) y muchos bienes o servicios,
el dinero valdrá mucho. Esto es conforme a la sencilla fórmula P=M/Q=1/V (P=
nivel de Precio, M=Cantidad de Moneda emitida, Q=cantidad productos, V=valor de
una moneda). Y el valor de una moneda es el inverso del nivel de precio, o sea
más valdrá una monda cuanto más bajo sea el nivel de precios.
Hasta la década de los años 30 se consideraba que
el valor de la moneda dependía de la cantidad de metales preciosos (oro, plata,
etc) que tenía el emisor, y por tanto el 'papel moneda' estaba 'respaldado' por
las reservas de metales.
Pero esta ficción ridícula ya ha terminado, y hoy
día ya no tiene sentido hablar del 'patrón oro'.
Ninguna moneda es hoy intercambiable por oro o
plata, que se han convertido solo en una mercancía más. Hoy el dinero es
fiduciario, o sea basado en la Fe o confianza en el estado que lo respalda.
En este entorno es evidente que el valor de la
moneda que se emita depende del DESTINO que esa moneda tenga al ser creada. Si
el destino es productivo, la moneda no tendrá solo el valor que ya tenía en las
unidades preexistentes sino que puede tener incluso más, si el resultado
productivo supera al del valor de la moneda precedente.
O sea si Q (cantidad de productos y servicios)
crece más que lo que haya crecido M para producir ese Q, P (nivel de precio)
baja, y por tanto sube el 'valor de la moneda', o sea lo contrario a un estado
inflacionario.
Con este sencillo párrafo se plantea la base de la
Teoría Cualitativa de la Moneda de Walter Beveraggi, que es la base de un
planteamiento realmente distinto de la Economía.
TEORIA CUALITATIVA DE LA MONEDA
El dogma liberal se ha basado siempre en la teoría
cuantitativa. Para ella el valor de la moneda es homogéneo e igual en toda
nueva emisión, y por tanto sea cual sea el destino de la creación de moneda,
siempre esta creación favorece la inflación. Por ello la teoría de Friedman
tiende sistemáticamente a restringir el crédito y controlar por tanto la
'expansión' de la economía.
Para la teoría cualitativa de la moneda sostiene
que el nivel de precios P no depende tanto de la cantidad de moneda M como de
la calidad del uso de la nueva creación de moneda. De forma que si se genera
moneda con fines productivos no solo no es inflacionaria esta nueva moneda sino
incluso puede ir contra la inflación.
Esta diferencia tiene repercusiones enormes en
todo el proceso económico. Frente a la restricción del crédito, los altos
intereses y consecuentemente el nivel del paro alto ligado al nivel alto del
interés del dinero (dificultades a la inversión), la aplicación cualitativa de
la moneda indica que crear dinero por parte del Estado (dar créditos baratos)
es precisamente la mejor cura para la recesión y el paro SI ESE CREDITO SE
ASIGNA CUALITATIVAMENTE A PROCESOS PRODUCTIVOS.
Todo ello no solo lleva a controlar el paro y
reactivar la economía, sino también a abaratar el dinero evitando las deudas
inmensas del Estado. Y solo exige una cosa: que el dinero favorezca las
actividades productivas.
Los problemas por los cuales el mundialismo
liberal se niega a aplicar estas fáciles conclusiones son básicamente:
Sirvan estas líneas de despedida emocionada al
gran amigo y economista Walter Beveraggi. En paz descanse.
CONTENIDO Y SIGNIFICADO DE LA "TEORÍA CUALITATIVA"
Nuestra teoría
cualitativa sostiene que el valor del dinero depende, en una economía
monetaria, esencialmente de cual fue el "destino productivo" con que
dicho dinero fue insertado en la economía, antes que la relativa abundancia o
escasez del mismo respecto del cúmulo de bienes y servicios que aquel dinero -
o moneda - tiene por objeto movilizar en todo genero de transacciones y en su
carácter de "intermediario de los cambios".
En otras palabras, y
para explicitar desde el comienzo nuestro frontal disenso con la "teoría
cuantitativa del valor de la moneda", nuestro enfoque sostiene que lo
primordial no es la abundancia o escasez de moneda, considerada en abstracto,
sino el destino cualitativo que diera origen al contingente monetario que fluye
a través de la economía de cualquier país, en un momento determinado.
Usamos el termino
"cualitativo" para significar, en relación con el dinero que se lanza
a la circulación (o que hubiera sido lanzado con anterioridad), su cualidad o
aptitud para ocasionar tales o cuales efectos en la corriente circulatoria
económica de un país y, particularmente, en la producción de bienes y
servicios.
Por supuesto que
nuestro planteamiento supone, de parte del lector, un conocimiento razonable de
todas las particularidades de la mecánica monetaria fundamental en un país
moderno. No nos referimos, por consiguiente, a estadios históricos en que el
desenvolvimiento monetario estaba en su etapa embrionaria, o simplemente en
progresiva evolución, a partir de la moneda metálica, los patrones
"oro" y "plata", y luego la implantación generalizada de la
"inconvertibilidad", por una parte, a la vez que del
"préstamo" y "deposito" bancario, por la otra, como el más
importante elemento para fabricar y destruir moneda, habida cuenta de las
"reservas de ley" o "exigencias de efectivo mínimo", y
otras tantas instituciones de uso generalizado en el mundo capitalista o de
"economía libre", a partir de la Gran Crisis del año 1930 y
siguientes, y del conocido colapso definitivo del "patrón oro". (1)
Es obvio, por otra
parte, que al referirnos a "nuestro frontal disenso" con la teoría
cuantitativa, nosotros no pretendemos desconocer la importancia relativa que la
cantidad de moneda puede tener, en un momento determinado en la economía de
cualquier país, en proporción con la masa de bienes y servicios que configuran
el producto nacional corriente y, además de ello, todo el patrimonio físico o
jurídico precedente, en tanto esté integrado por "bienes económicos",
a los efectos de la determinación del nivel general de los precios.
Lo que queremos significar
es que, más que dicha cantidad, considerada en abstracto, lo importante para la
formación de los precios resulta el destino que oportunamente tuvo cada
"inserción monetaria".
Ilustraremos
convenientemente el significado práctico de nuestra aseveración.
2. El destino sectorial de los flujos monetarios
A la relación de cambio
entre la moneda, por una parte, y los bienes y servicios, por la otra, la
llamamos precios o nivel de precios: P; y este resulta de la simple
confrontación entre el caudal monetario: M, y el caudal de bienes servicios: Q,
o sea, P =M/Q
De esta simple y
axiomática relación formal entre dos variables inexorablemente entrelazadas (M
y Q), la "teoría cuantitativa" sacó conclusiones que hasta el día de
hoy pretenden tener una validez trascendente, en lo tocante a la formación y
magnitud del nivel de precios (P).
Por cierto que a esos
fines confluyeron, a lo largo del tiempo, sucesivos refinamientos teóricos que,
en una u otra medida, suponían una profundización del análisis y, por consiguiente,
de los comportamientos implícitos en cada una de las variables (M y Q) y de la
interacción entre ellos. Nos referimos, por ejemplo, a la "velocidad de
circulación de la moneda" (V), al coeficiente que denota el
"contingente de dinero efectivo" retenido temporariamente o
periódicamente por empresas y particulares (k) y a otras variantes a las que
volveremos a referirnos más adelante.
Lo cierto es que la
confrontación global entre la variable monetaria (M) y la variable producto o
"bienes y servicios" (Q) es, a nuestro juicio, el rasgo prominente de
todo este andamiaje teórico que, como veremos, ha mantenido una increíble
lozanía hasta el presente, y por cierto durante mucho más de un siglo.
Y al sostener tal cosa,
respecto de la teoría cuantitativa, incluimos las alternativas que discriminan
uno o más tipos de "velocidad de circulación" de la moneda (V, V´,
etc.), las que consideran con uno u otro alcance la "reserva de poder
adquisitivo" (k) y la "teoría del ingreso" del Prof. Keynes,
pues todas ellas, con distintas y variadas salvedades, terminan en el
procedimiento de la confrontación global.
En otras palabras, esta
característica, fundamental a nuestro juicio, de la "confrontación
global" de las variables M y Q, respectivamente es común a todas las
versiones que, a lo largo del tiempo, van matizando la originaria "teoría
cuantitativa", con la salvedad de que -en la teoría del ingreso de Mr.
Keynes se contraponen demanda global (Dg) y oferta global (Og), pero -como lo
hemos señalado en alguna otra parte- la proximidad entre demanda global (Dg) y
oferta monetaria (M), por una parte, y oferta global (Og) y producto global
(Q), por la otra, es muy grande, sólo que el gran economista inglés
"dinamiza", por así decir, variables "inertes" (como son
"moneda" y "producto"), para convertirlas en variables
"dinámicas" (como son demanda global" y "oferta
global"). (2)
Nuestra teoría
cualitativa parte de un fundamento bien distinto y antitético del prealudido:
no es la confrontación global (entre moneda, por una parte, y bienes y
servicios, por la otra) la que corresponde, sino la particularizacion sectorial
o "interacción sectorial" entre las parcialidades componentes de
estas variables, la que contribuirá, no sólo a explicar adecuadamente la
formación de los distintos precios (y por ende del nivel de precios), sino
también la que, oportunamente, deberá posibilitar y orientar la
"inserción" de los flujos monetarios, allí donde los mismos sean más
convenientes, desde el punto de vista de la evolución deseada de la economía,
incluido por cierto el comportamiento conveniente de los precios internos.
En otras palabras, y
para ilustrar este punto básico de nuestro análisis y de nuestra propuesta: si
consideramos que dos grandes "sectores" de la economía nacional son
el "sector público" y el "sector privado", respectivamente,
nuestra discriminación procederá en los siguientes términos.
M1 (sector público)
M2 (sector privado)
----------------------------------- = P
Q1 (sector público)
Q2 (sector privado)
Vale decir que, en la
ecuación precedente, nosotros estamos discriminando, no solamente el destino
específico del caudal (incremento) monetario encaminado al "sector
público"(M1), sino también el resultado de dicho caudal ("inserción)
en lo que hace al producto del mismo (Q1). Y por cierto obramos de la misma
manera en términos del caudal ("inserción) destinado al "sector
privado" (M2) y al correspondiente efecto de este caudal o
"inserción", en lo que hace a la producción especifica de tal sector
(Q2). (Obviamente que, cuando -de aquí en adelante- hablamos de
"incremento" o "inserción", implícitamente nos referimos
también a "disminución" o "sustracción", con un eventual
efecto opuesto).
3. La sectorización monetaria y el destino "cualitativo" de los flujos
Podemos llevar la
"discriminación sectorial" de las inserciones monetarias mucho más
allá de lo que da entender nuestra explicación del párrafo precedente. Por
ejemplo, nosotros podemos asignar a cada uno de los posibles destinos
sectoriales importantes -de la creación (sustracción) de moneda- una
denominación especifica: tal como lo hemos hecho con M1 y M2, según que el
flujo o la expansión monetaria haya sido dirigido al "sector público"
o al "sector privado", respectivamente.
O sea que podríamos
discriminar, por ejemplo, respecto de M1 (contingente monetario destinado al
"sector público"), el volumen de moneda encaminado a sufragar
"gastos generales de la administración pública" (M1.1) del encaminado
a sufragar las "inversiones públicas" (M1.2), y aun de otros muchos
subsectores en que cualquiera de los sectores prealudidos puede ser
discriminado: M1.3, M1.4, M1.5, etc.
De la misma manera.
Prodriamos proceder a discriminar destinos sectoriales de la expansión
monetaria destinada al "sector privado", según que el caudal correspondiente
vaya a sufragar producción agrícola (M2.2), o producto industrial (M2.2), o
producción minera (M2.3), o producción pesquera (M2.4); y así podríamos llevar
nuestra "discriminación sectorial", en cuanto al destino cualitativo
de la expansión (o contracción) monetaria, hasta el detallismo o refinamiento
que se considere conveniente para tener un cuadro aclaratorio a satisfacción en
tan importante materia.
A esta
"discriminación sectorial", según el destino cualitativo de la
expansión o contracción monetaria (M1.1, M1.2, M1.3..., M1.n, o bien M2.1,
M2.2, ... M2.n) debemos asignarle los indicadores correspondientes en lo que
hace o se refiere a las respectivas producciones: Q1.1, Q1.2, ..., Q1.n ;
o bien Q2.1, Q2.2 ... Q2.n.
Y podríamos desplegar
también los efectos parciales de tal discriminación, en cuanto a la política
monetaria (expansión o contracción sectorial), con sus correspondientes efectos
en materia de producción (servicios y bienes, respectivamente).
Contando con los
elementos antes citados, fruto de nuestra "discriminación sectorial",
tanto en materia de destino cualitativo de los flujos monetarios como de las
producciones respectivas de los distintos sectores, nosotros podemos tener un
panorama parcializado por sectores que nos muestre en cada uno de ellos el
nivel de precios, tal como resultaría de las siguientes ecuaciones. Obvio es
decir que Ps significa simplemente, "precio correspondiente al
sector" o "nivel de precios sectorial":
Ps1.1 = M1.1/Q1.1 ….. y
en general Ps1.n = M1.n/Q1.n
Ps2.1 = M2.1/Q2.1 ….. y
en general Ps2.n = M2.n/Q2.n
Pero también podríamos
tener un panorama general, resultante de la incorporación en una única
ecuación, de todas las parcialidades precedentes. A saber:
M1.1 + M1.2 + ….+M1.n
(Sector público) + M2.1 + M2.2 + ….+ M2.n (sector privado) = M
Q1.1 + Q1.2 + ….+Q1.n
(Sector público) + Q2.1 + Q2.2 + ….+ Q2.n (sector privado) = Q
Y en global M/Q=P
Todo lo cual nos daría
un panorama "sectorial" adecuadamente discriminativo, en lo tocante
al destino cualitativo de la expansión (contracción) monetaria, según los
sectores en particular, así como sus correspondientes efectos parciales en
materia de producción y de precios.
Y entonces estaríamos
en condiciones mucho mejores para discernir, en función del "destino
cualitativo" aludido, cuales son específicamente los ámbitos en que la
sobreabundancia o escasez de moneda han originado presiones inflacionarias
(deflacionarias), o bien un adecuado desenvolvimiento de la producción.
CAPITULO III
LA EVOLUCIÓN ECONÓMICA DE ARGENTINA, DESDE FINES DEL SIGLO PASADO Y LA GENESIS DE LA "TEORÍA CUALITATIVA"
1. Antecedentes brillantes y derrumbe ulterior
Desde fines del siglo
pasado y hasta 1945, la economía argentina evoluciona muy favorablemente, en
líneas generales, no obstante el cúmulo de circunstancias que la caracterizaban
y que, intrínsecamente, hacían su vulnerabilidad e inestabilidad esencial.
La economía argentina
fue plasmada, a partir de mediados del siglo XIX, en un modelo típicamente
colonial, vale decir, como país proveedor de materias primas y productos
alimenticios, con poca, o ninguna elaboración, y a la vez, por consiguiente,
importador de todo genero de manufacturas y productos industrializados.
A esta circunstancia,
que subordinaba las exportaciones fundamentales del país a los vaivenes de la
demanda externa y de los precios internacionales de los productos primarios, se
sumaba la presencia de abultadas inversiones extranjeras que, reales o
imaginarias, suponían no obstante un drenaje anual, regular y muy considerable
de divisas, a los efectos de atender los servicios y amortizaciones de la deuda
externa, pública y privada. Y si a todas estas circunstancias
"desestabilizantes" le sumamos la concurrencia de contingencias,
imprevistas y prolongadas, tan graves como lo fueron las dos guerras mundiales
(1914-18 y 1939-45) y la Gran Crisis (1930-34), tenemos completo un cuadro que,
implícitamente, hubiera hecho muy dificultoso un desenvolvimiento normal, sin
violentos altibajos, en lo que hace a las principales variables e índices de
aquella economía.
Sin embargo, según ya
lo hemos anticipado, la economía argentina no sólo se desenvuelve con
regularidad, sino que alcanzó un notable ritmo de crecimiento del producto
real, a la vez que una posición envidiable en lo que hace al valor
internacional de su moneda y a las reservas de medios internacionales de pago.
Pero si en todos estos
ordenes resulta destacable, más aun lo es en lo que hace a la evolución del
nivel de precios. En esta materia el desempeño es simplemente sorprendente: es
posible que ningún país del mundo pueda exhibir, digamos, entre 1895 y 1945,
una estabilidad de precios más perfecta que la de Argentina. Y esto es no
solamente valedero respecto del índice como promedio general, sino también de
la totalidad de los precios de los principales artículos de consumo: el pan,
por ejemplo, costaba en 1900 diez centavos del antiguo "peso moneda
nacional", y hacia 1945 seguía costando exactamente lo mismo. Tal perfecta
estabilidad es común, en ese prolongado lapso, a los precios de la carne,
leche, azúcar, y prácticamente cualquier otro tipo de alimento, o de
vestimenta, útiles escolares, tarifas de los servicios públicos y alquileres de
las viviendas, urbanas o rurales.
Desde 1946, en cambio,
los precios trepan casi verticalmente hasta el presente: el promedio de
crecimiento no debe se inferior al 40 o 50 por 100 anual, acumulativo; y cabe
consignar una circunstancia distorsionante, en lo que se refiere desde entonces
a los cómputos oficiales: a medida que se acentúa el ritmo inflacionario,
resulta más o menos evidente que los organismos oficiales a cargo de la
estadística, a través de artilugios técnicos, "ponderación" del
índice, etc., disimulan en una medida muy apreciable la verdadera proporción de
la inflación de precios. (3)
En una gráfica de
evolución de precios en Argentina de la Dirección General de Estadísticas
podemos apreciar el proceso que estamos describiendo, sobre la base de un
documento gráfico rigurosamente oficial. Hasta 1945, y desde 50 años antes, la
evolución del índice de precios nos muestra una recta con minúsculos altibajos,
practicante paralela al eje horizontal de las coordenadas, demostrativa de la
casi perfecta estabilidad de los precios, a la cual hemos hecho alusión, y
propia de ese prolongado período (1895-1945).
Por el contrario, desde
1946, la evolución del índice nos muestra un progresivo y marcado ascenso que
pronto se convierte en una línea casi vertical, debiendo señalarse que, de
apicarse una escala logarítmica o semilogaritmica, el ritmo de ascenso desde el
mismo año 1946 presentaría la casi uniforme verticalidad que se advierte en el
gráfico desde fines de los años 1960 (4).
Sólo cabe agregar lo
que en cierta medida resulta obvio a través de la observación de la Figura:
hemos ampliado el lapso comprendido en la públicación oficial (1914-1962), pero
respetando la tendencia evolutiva del índice, tanto a comienzos como al final
del periodo, completando lo que nosotros queremos representar gráficamente:
1895-1981.
2.Política monetaria y evolución fiscal entre 1895 y 1981
Ahora bien, ¿cuáles
fueron respecto de ambos periodos las particularidades de la política
monetaria?.
Podemos contestar esta
pregunta sin vacilaciones, en el sentido de que siempre -a lo largo de ambos
periodos totalmente contradictorios, en materia de evolución de los precios-
hubo fluidez monetaria relativa o, para decir mejor, abundante creación de
moneda.
Otro aspecto
interesante, para tener en cuenta, es el de la evolución del presupuesto
nacional durante ese lapso. Y también a este respecto debemos señalar que no se
advierten diferencias substanciales entre lo acontecido en ambos periodos
(1895-1945 y 1946-1981), pues tanto en uno como en otro se producen déficit
presupuestarios de considerable magnitud, que son sufragados básicamente
mediante préstamos y adelantos del sistema bancario nacional al gobierno
central y, en su caso, a los gobiernos provinciales o municipales, y
parcialmente con la emisión de billetes.
Sin embargo, en el
primer periodo (1895-1945), los abultados déficit presupuestarios y el crédito
o emisión para cubrirlos no constituyen motivo alguno de incremento del nivel
general de los precios, mientras que en el segundo (1946-1981) el desequilibrio
presupuestario y la cobertura del déficit fiscal, mediante crédito o emisión,
es acompañada por un extraordinario ritmo inflacionario.
Ahora bien, si no se
advierten diferencias notables en lo tocante a "fluidez monetaria"
global y tampoco en lo referente a la presencia de "déficit
presupuestarios" y a la emisión de moneda o de crédito destinada a
cubrirlos, ¿en qué consistirían las circunstancias que determinan un periodo y
otro de espectacular incremento inflacionario?
El presente análisis
tiende, precisamente, a descifrar y explicar las circunstancias a nuestro
juicio determinantes de una y otra evolución tan diversa, en cuanto al
comportamiento del nivel de precios, y para comenzar haremos referencia a una
anécdota que viene al caso, ocurrida a poco del derrocamiento del Presidente
Perón, en 1955.
3. Mi controversia con Prebisch
A fines del año 1955,
el gobierno revolucionario que había reemplazado a Perón en Septiembre de ese
mismo año, convocó al Sr. Raúl Prebisch, economista argentino que presidía la
CEPAL (Comisión Económica para América Latina), de la Organización de Naciones
Unidas, y le invistió con la jerarquía de "asesor económico" del
gobierno.
Dicho funcionario me
invitó para ocupar un cargo en la conducción económica del país, pero yo -antes
de aceptarlo- requerí un cambio exhaustivo de opiniones con el Sr. Prebisch,
pues éste había públicado ya un "Informe Preliminar", sobre la
situación económica legada por el "peronismo", y otro estudio
titulado "Moneda sana o Inflación Incontenible", y no eran pocas ni
tenues las diferencias de criterio que me separaban del punto de vista del
"asesor económico" oficial (5).
Sostenía Prebisch con
respecto al presupuesto nacional y política monetaria para 1956 que, siendo
previsible un incremento monetario muy importante ( + 10 mil millones)
destinado al "sector público", para sufragar las necesidades de dicho
sector que no podrían ser cubiertas por medios normales (impuestos o
empréstitos), debían restringirse las facilidades de crédito previstas para el
"sector privado" en una suma equivalente (-10 mil millones), de manera
tal de "compensar" así aquel exceso en la creación de medios de pago
(sector público) con esta contracción (sector privado). (M/Q=P)
Mi argumento,
totalmente opuesto a aquel criterio, era el siguiente: que de ninguna manera
debían restringirse los medios de pago previstos y necesarios para el sector
privado de la economía, por más elevado que fuera el volumen de financiación
deficitaria que requiriera el gobierno, por una razón muy simple, que hacía a
la naturaleza específica de la contribución de cada sector, respectivamente, al
producto nacional; a saber: el sector público es esencialmente un productor de
servicios, mientras que el sector privado es primordialmente un productor de
bienes, de uso, de consumo y de producción; y jamás la proliferación de los
primeros (servicios) puede compensar la adecuada o indispensable producción de
los segundos (bienes).
Esta controversia con
Prebisch es susceptible de ser explicada sucintamente, utilizando la antes
referida estructura tradicional de la ecuación de precios, "médula"
de la teoría cuantitativa. Su propuesta vislumbraba, en síntesis, el siguiente
cuadro (para explicarlo más claramente discriminamos -como lo hiciéramos antes-
el contingente monetario destinado al sector público: M1, de aquel destinado al
sector privado de la economía: M2; obviamente, ambos contingentes sumados
constituyen la masa monetaria (M), prevista en la teoría aludida):
De acuerdo con su punto
de vista, el incremento de moneda requerido por el sector público (M1), era
contrarrestado por la contracción del caudal monetario-crediticio previsto para
atender las necesidades del sector privado (M2), de manera tal que la
"inserción monetaria" motivada por las necesidades gubernamentales
era "compensada", por así decir, con la restricción o disminución del
contingente monetario del cual habían de disponer las empresas y los
particulares. De esta forma, había de conseguirse la estabilidad del caudal
monetario (M) y, en tanto y en cuanto no se produjeran alteraciones importantes
en el volumen de la producción corriente (Q), había de lograrse la ansiada
"estabilización" de los precios y, por ende, la "moneda
sana", que era el supuesto objetivo de aquél economista.
Mi punto de vista
difería fundamentalmente con el recién expresado.La diferencia con las
previsiones de Prebisch radicaba en que, mientras él suponía una estabilidad en
la evolución del "producto nacional corriente" (Q): bienes y
servicios, yo descontaba un incremento apreciable en la producción de servicios
(Q1), y una disminución también considerable en la producción de bienes (Q2),
lo cual a mi juicio provocaría inexorablemente el incremento de los precios
(P), que había de originarse en el área de éstos últimos y luego,
inevitablemente, trasmitirse al resto de la economía.
El comportamiento del
índice de precios en 1956 y 57 confirmó plenamente mis predicciones y
contradijo las de Prebisch: según los datos oficiales, el aumento promedio de
los mismos fué de 15 por 100 en 1956 y de 25 por 100 en 1957.
4. La restricción crediticia y la elevación de las tasas de interés
La política de
restricción monetaria a ultranza, destinada a afectar al sector privado de la
economía, se continuó de allí en adelante y también, por supuesto la provisión
de amplísimos recursos monetarios al sector público.
Con esa política
coincidieron plenamente las "recomendaciones" del Fondo Monetario
Internacional, al cual comenzó a recurrirse activamente a partir de 1957, en
oportunidad de diversos préstamos acordados a la Argentina por tal institución
y condicionados al cumplimiento de los "consejos técnicos" o
"exigencias" de aquel organismo internacional de crédito. Por
ejemplo, en 1965, las estimaciones del Banco Central de Argentina, en cuanto a
necesidades previstas de crédito bancario para el "sector privado"
eran de 135.000 millones de pesos, pero el Fondo Monetario Internacional
recomendó en esa oportunidad se limitaran esos recursos crediticios a sólo
65.000 millones, y así procedió obedientemente el gobierno argentino.
A raíz de la
circunstancia prealudida, en abril de 1965 le envié al Presidente de la Nación,
Dr. Arturo Illía, una carta pública en la que, entre otras cosas, le expresaba:
"Es absolutamente
intolerable que una entidad financiera internacional de la cual la Nación
Argentina es miembro activo mediante un importante aporte monetario, condicione
un determinado crédito a la circunstancia de que nuestro país realice tal o
cual política en el orden de su economía nacional."
"En segundo
término, Señor Presidente, tanto la argumentación del organismo referido como
la réplica de nuestras autoridades monetarias implica admitir y proclamar, una
vez más, que la abundancia mayor o menor de medios de pago es la causa
fundamental determinante de la inflación en nuestro país. Y ello es
absolutamente falso. Por cuanto la verdadera y fundamental causa determinante
de la inflación de precios internos, en los últimos años, es la monstruosa
elevación de los costos de financiación de la producción, de los intereses
usurarios, que el pulpo financiero extrabancario ha implantado, aprovechando la
notoria iliquidez provocada por nuestra autoridad monetaria en combinación con
el Fondo Monetario Internacional." (6)
Un par de años después
y por razones análogas, dirigí una carta pública -de tenor prácticamente
idéntico a la que se acaba de transcribir-, pero en esa oportunidad el
destinatario como Presidente de la Nación ("de facto") era el General
Juan Carlos Onganía.
Conforme a lo
expresado, la experiencia argentina viene demostrando con toda evidencia que el
incremento del caudal monetario no es lo fundamental, sino cuál es el destino
de ese incremento, tanto desde el punto de vista de la estabilidad de los
precios como de la expansión adecuada de la producción.
Pues la financiación
ilimitada del sector público y la restricción monetaria -también ilimitada- del
sector privado, no solamente han causado un proceso inflacionario espectacular,
entre 1946 y 1981, en un país que hasta fines de la II Guerra Mundial no
conocía la inflación, sino también un estancamiento o merma progresiva de la
producción de numerosas e importantes categorías de bienes.
Recapitulando: la
economía argentina transita un curso plenamente favorable en materia de
estabilidad de precios, crecimiento del producto interno, niveles de ocupación,
acumulación de reservas internacionales de pago, etc., mientras se aplica una
política de fluidez monetaria y a muy bajos tipos de interés: todo ello,
aproximadamente, hasta finalizar la II Guerra Mundial.
Es a partir de esa
fecha, que coincide a grandes rasgos con el advenimiento del primer gobierno de
Perón, que la política monetaria sufre un cambio fundamental. Se comienza a
practicar una severa restricción crediticia, por una parte, destinada a afectar
al sector privado de la economía y, por la otra, comienzan a elevarse
sostenidamente las tasas de interés bancario. A partir de este cambio, todo se
va convirtiendo progresivamente en un notorio desastre para la economía del
país rioplatense.
A continuación,
nosotros nos detendremos a escudriñar, en los próximos capítulos, que
recomendaciones tuvieron vigencia -en el orden mundial- durante el lapso
señalado, 1895-1981, en materia de política monetaria, primero inspiradas en la
"teoría cuantitativa", luego en el "neoclasicismo
keynesiano" y, finalmente, en el "monetarismo", del Prof. Milton
Friedman.
CAPÍTULO
IV
DE LA "TEORÍA CUANTITATIVA" A LAS INNOVACIONES RELATIVAS DEL NEOCLASICISMO KEYNESIANO
1. De Hume y Fischer a Keynes
El desenvolvimiento del
mundo capitalista, bajo la égida de la doctrina clásica-liberal, fué
relativamente pacífico y armónico, desde fines del Siglo XVIII hasta la Gran
Crisis mundial de los años 1930/34. Al decir esto no pretendemos soslayar las
grandes convulsiones sociales y políticas que matizaron ese prolongado
"siglo y medio", comenzando con la Revolución Francesa y terminado
pocos años después de la Revolución Rusa, sino simplemente que atribuimos a
estas convulsiones un origen esencialmente no económico, en la acepción
estricta del vocablo economía.
Circunstancias
económicas fueron, si, estrictamente hablando, las que provocaron durante aquel
prolongado lapso las variaciones cíclicas, o "ciclos económicos", con
sus etapas de prosperidad y depresión, pero en las que siempre el aparato
económico pudo rehacerse o rehabilitarse a través de los remedios
"automáticos", o implícitos en el sistema, previstos por el
liberalismo económico.
De aquí que la política
monetaria no presentara mayores complicaciones en ese interín. De ahí que la
propia teoría cuantitativa -liberal y clasicista, por excelencia- reinara
indiscutida a través de tantos avatares académicos y pulimentos teóricos.
Porque desde David Hume e Irving Fischer, generadores y sistematizadores de la
teoría, pasando por Thomas Tooke, Aftalión, Alfred Marshall, Knut Wicksell y
Ralph G. Hawtrey, para no mencionar sino algunos de los más eminentes, hasta
llegar a John Maynard Keynes y Alvin Hansen, la teoría cuantitativa no
experimentó sino sucesivos refinamientos y retoques tendientes a esclarecer su
"funcionalidad", pero no críticas ni modificaciones parciales que
pusieran en tela de juicio su universal "aceptabilidad" por parte de
los grandes jerarcas de la Ciencia.
Y así pudimos sostener
con razón, anteriormente, que ni la "velocidad de circulación de la
moneda", con sus distintos alcances teóricos, ni el coeficiente
marshalliano (k), "reserva de poder adquisitivo", ni los restantes
aditamientos que se insertan en la clásica ecuación explicativa del nivel de
precios, P = M/Q alteran la esencia de la misma.
Y, por ende, si la
teoría fundamental permanecía incólume, mal podían aparecer transformaciones
importantes en la política monetaria derivada de ella.
2. La "neutralidad monetaria" y el manipuleo de la tasa de interés.
Para el clasicismo
liberal, inspirado en la ortodoxia del "laissez faire, laissez
passer", la función de la moneda debía permanecer siempre relegada a un
papel, sino secundario, a lo sumo auxiliar.
Respecto de las grandes
variables de la economía: producción, oferta, demanda, consumo, ingreso,
ahorro, inversión, el papel de la moneda no era sino el de un complemento,
análogo al de los tiempos de la moneda-mercancía, y cualquier proposición que
quisiera asignarle un rol protagónico y dinámico, además de independiente -y
con más razón gravitante- dentro del proceso económico, podía llevar a su autor
o sostenedor al banquillo de la "herejía" o de la
"anormalidad".
Y los banqueros, que
también eran "hombres de negocios", tenían que atenerse a las
"reglas del juego" (liberal, ¡desde luego!) y particularmente de la
prudencia, pues en caso contrario no había otro epílogo que la bancarrota, para
sus empresas, o la cárcel, si el trámite financiero no aparecía del todo claro.
Por supuesto que los "grandes banqueros" o los grandes linces del
"negocio bancario", fueron una excepción en todos los tiempos, pues
para éstos no había reglas, ni "liberales" ni de las otras. Pero aquí
estamos hablando de lo normal, y no de las excepciones.
Así fue, pues, como se
acuñó, desde hace un par de siglos, la concepción cardinal de la neutralidad
monetaria, derivado axiomático o necesario, podríamos decir, de la teoría
cuantitativa. Porque la estabilidad de los precios (P), depende de que el
manejo del caudal monetario (M) no se aleje en ninguna medida considerable del
caudal de bienes y servicios (Q). Ya que si se alejara, sea por que el
crecimiento de M excede al de Q, o viceversa, tendremos como síntoma adverso la
incipiente inflación, o deflación, respectivamente.
Y ¿cuál era el
instrumento idóneo para regular el caudal monetario "vis a vis" el
caudal producto (o "contingente de bienes y servicios")? Pues,
obviamente, la tasa de interés bancario; vale decir, el mecanismo que permite
encarecer o abaratar el dinero, cada vez que el nivel de los precios acusa
síntomas de inestabilidad, en alza o en baja, respectivamente.
Por consiguiente,
durante el Siglo XIX y las tres primeras décadas del presente, el "ritmo
económico", evidenciado en gran medida por la evolución del nivel de
precios, fué acompañado -conforme a la preceptiva cuantitativista- por un
incremento o disminución de la tasa de interés bancario, proporcionado en buena
medida a la intensidad del aumento o la disminución de los precios,
respectivamente.
Y si el aumento o
disminución de los precios, unido a su gravedad y a su carácter duradero, iba
acompañado de "sobreocupación" o "desocupación" de mano de
obra, en una medida considerable, entonces los "frenos" o
"estímulos" de una alta tasa de interés, en su caso, se aplicarían
con inusitado vigor.
Tan evidente resulta
esta preceptiva, como corolario y culminación de la primacía a la que acudimos,
con campea la teoría cuantitativa y la política monetaria que es su
consecuencia lógica, que Ralph G. Hawtrey, eminente economista liberal y sagaz
expositor de la teoría monetaria prevaleciente en las primeras décadas de este
siglo, en su libro "Currency and Credit" (1919), llega a sostener que
el ciclo económico es un "fenómeno puramente monetario", gobernado
por las variaciones de la tasa de interés.
En rigor de verdad,
mientras tuvieron vigencia las circunstancias que caracterizaron el
desenvolvimiento del mundo capitalista presidido por el pensamiento
clásico-liberal (1780-1930, en líneas generales), no se plantearon problemas
serios y duraderos de inflación o deflación, salvo casos aislados, como el de Alemania
en la I pos-guerra, en donde las causas del fenómeno inflacionario, fuera de
control, fueron manifestaciones ajenas a la etiología económica, propiamente
dicha.
Pero si de todos modos
quisiéramos sintetizar la posición del planteo monetario que es propio de la
teoría cuantitativa, respecto de este mundo contemporáneo en que, si, ha
cundido inusitadamente la "epidemia" inflacionaria, podríamos decir
que dicha teoría postula lo siguiente: "para evitar la inflación hay que
evitar el 'exceso de medios de pago', en relación con la cantidad de bienes y
servicios, y para evitar la deflación hay que proceder de la manera inversa, o
sea, hay que provocar -ceteris paribus- cierto 'exceso de medios de pago'"
3. El "neoclasicismo keynesiano", resultante de la Gran Crisis, y sus innovaciones en teoría y política monetaria.
La gran crisis mundial
significó el final del "mundo idílico" concebido por los economistas
liberales. La recesión violenta, convertida luego en gran depresión y en
duradera crisis, de vastos alcances internacionales, provocó el naufragio de
toda la preceptiva económica conocida y pacientemente elaborada hasta entonces
por las luminarias del "sistema".
Ni la tasa de interés
cero, era capaz -en esas condiciones- de reactivar la inversión. Con una inversión
cero, y el continuado cierre de empresa y quebrantos bancarios, el colapso de
la demanda de consumo se acentuaba cada vez más. Y a los millones de
desocupados y a la caída vertical de los precios, no había manera de
rescatarlos, sino a través de fórmulas heroicas, de planteos totalmente
renovadores, que nada tendrían que ver con la ortodoxia del "laissez
faire, laissez passer", para decir lo menos.
Así surgió, en momento
por demás oportuno, y sin duda alguna al calor de las circunstancias, el renovador
enfoque "neo-liberal" de John M. Keynes. En síntesis, y desde el
punto de vista que aquí nos interesa, este genial "compositor" del
sistema clásico, propugna lo siguiente, esquemáticamente hablando.
La solución al problema
de la deflación debe provenir del gasto público (aún a expensas del abultado
déficit presupuestario), destinado a reactivar al sector privado, mediante el
incremento de la inversión autónoma e "inducida", impulsada ésta por
el efecto multiplicador y por la evolución adecuada de la tasa de interés
monetaria.
Resulta obvio que
Keynes se preocupó de combatir, esencialmente, la deflación y que, frente a la
inflación, no proveyó más proposiciones que las implícitamente derivadas de la
teoría cuantitativa y de sus tradicionales implicaciones en cuanto a política
monetaria.
Afirmar ésto, no supone
desconocer el mérito de aportaciones sumamente sagaces y valiosas, dentro del
ámbito de la teoría monetaria, como la "preferencia de liquidez", o
de la teoría de la producción, como los fundamentos de causalidad de la
inversión (privada), a saber: la tasa de interés bancario, por una parte, y la
eficiencia marginal del capital, por la otra.
Ya que de tales
planteos analíticos surge todo un cuestionario a los enfoques más simplistas de
la teoría cuantitativa y de sus derivaciones en materia de política monetaria,
con tanta más razón cuanto que el mundo capitalista había experimentado
singulares transformaciones en el largo periodo que precediera a la gran crisis
mundial, particularmente en los países altamente desarrollados o de
"economías maduras", que habían llevado -en términos relativos- a una
acumulación astronómica de capitales, a una propensión marginal a ahorrar
excesivamente elevada e, implícitamente, como él mismo lo señala, por esas
mismas causas, a una tasa de interés (tanto monetaria como real) que se
aproximaba sostenidamente a cero.
CAPÍTULO V
EL ULTIMO ENGENDRO DE LA TEORÍA CUANTITATIVA: EL "MONETARISMO" DE FRIEDMAN
1. La "contra-revolución en teoría monetaria"
El propio Milton
Friedman califica su planteo "monetarista" como contrarrevolución en
la teoría monetaria. Y nos explica el porqué de tal calificación. (7)
Sostiene que la
"posición inicial" es el planteo primigenio de la "teoría
cuantitativa", conforme a la posición definitiva de Irving Fischer: M. V =
P.T.,o sea, moneda (M) por velocidad de giro monetario (V) igual a nivel de
precios (P) por el total de transacciones (T) realizadas; lo cual coincide
plenamente con el lenguaje utilizado por nosotros, pero cambiando -por nuestra
parte- T: transacciones por Q: cantidad de bienes y servicios (en esencia, la
misma cosa) y asignando a V (velocidad del giro monetario) un valor constante,
de lo cual resulta nuestra fórmula, expresada en el Capítulo II: P = M/Q.
Cabe hacer notar que el
mismo Friedman convalida nuestro tratamiento prealudido de V, cuando
textualmente expresa: "en la teoría monetaria, el análisis de Irving
Fischer fue interpretado de tal modo que en la ecuación cuantitativa M:V = P:T,
el factor velocidad puede ser considerado como tan extremadamente estable que
podría ser concebido como uniforme, independientemente de los otros términos de
la ecuación..." (8)
A esta "posición
inicial", indiscutida hasta la gran crisis mundial, le sucedió - según
Friedman -una revolución en teoría monetaria, esencialmente a cargo de John M.
Keynes, a la cual nosotros hemos hecho referencia en los capítulos precedentes.
Eso sí, sin llegar a calificar de "revolución" al replanteo
Keynesiano, respecto a la teoría cuantitativa original, sino calificándolo tan
solo como "innovación"
El Prof. Friedman no
difiere demasiado con nuestras propias consideraciones al hacer referencia a la
posición "revolucionaria" de Keynes, salvo en lo que se refiere a
"cargarle las tintas", en varios sentidos, respecto de lo que el gran
economista inglés dice, o reinterpretando caprichosamente el escenario
económico mundial (1930-1934), para el cual fueron previstas las proposiciones
Keynesianas y para el cual no funcionaron, de manera alguna, los postulados de
política monetaria emergentes de la teoría cuantitativa, en su "posición
inicial".
Por ejemplo,
refiriendose a los grandes enfoques del replanteo Keynesiano, que nosotros
hemos bosquejado previamente, sostiene Friedman:
"Esta doctrina
tenía vastos alcances en cuanto a política económica. Significaba que la
política monetaria era de poca importancia. Su único rol era mantener
deprimidas las tasas de interés, con el fin de reducir la presión sobre el
presupuesto gubernamental al pagar los intereses de sus deudas, y también
porque podía tener un pequeño efecto estimulante sobre la inversión (privada).
De esta implicancia doctrinaria provino la política de dinero barato, aplicada
por una sucesión de paises después de la segunda guerra mundial" (9)
El carácter arbitrario
e injustificado de las imputaciones de Friedman al criterio Keynesiano
resultan, a nuestro juicio, evidentes.¿Cómo puede sostenerse que - para Keynes
- la política monetaria era de poca importancia? O bien, que su "su único
rol era mantener deprimidas las tasas de interes"...
Por una parte, en todo
el contexto de la doctrina de Keynes la política monetaria juega un papel
relevante. En todo caso, son las circunstancias prácticas - como las que
tuvieron vigencia durante la Crisis Mundial (1930-1934) - las que pueden tornar
insuficiente, por inefectiva, a la política monetaria y, entonces, Keynes
propicia la inversión autónoma, pública y privada, como el complemento idóneo
para salir del estancamiento.
Por otra parte, el sólo
hecho de proponerse una política monetaria al mantener deprimidas las tasas de
interés, ya hace de ella - contra lo afirmado por Friedman - una política
importantísima.
¿Cómo puede sostenerse,
al estilo de lo expresado por Friedman, asimismo, que las tasas de interés
reducidas tan solo podían tener un "pequeño efecto estimulante sobre la
inversión"?, cuando en el lenguaje Keynesiano, que para nosotros es el del
buen sentido, tal "pequeño efecto estimulante" puede ser nada menos
que la diferencia entre la abultada inversión o ninguna, según resulta del
cotejo entre "tasa de interés" y "eficiencia marginal del
capital" o rendimiento probable del mismo.
Volveremos a referirnos
a estos temas, más adelante, incluido a la política de dinero barato, a la que
Friedman fustiga y que, según él mismo reconoce, habría sido la responsable de
un auge económico, después de la II Guerra Mundial, en lugar de la deflacción
generalizada que se temía.
2.Las experiencias resultantes de la Crisis Mundial
Según Friedman, un
análisis más profundo de los acontecimientos que caracterizaron la Gran
Depresión, pone de relieve el alto grado de culpa que en dicho infortunado
proceso cupo a la política monetaria.
En los Estados Unidos,
afirma dicho autor, hubo una reducción de un tercio de la cantidad de moneda,
entre 1929 y 1933, agregando: "esta reducción hizo que la depresión fuera
más prolongada y severa de lo que podía haber sido"..."y ella fue
consecuencia de las políticas aplicadas por el Sistema de la Reserva
Federal"..."la cantidad de moneda fue reducida a un tercio y también,
aproximadamente fue una tercera parte de los bancos que sucumbieron" (10)
Puntualiza Friedman,
acto seguido, algo verdaderamente llamativo y lo transcribimos sin la menor
alteración:
"Lo importante
para nuestro propósito es que resulta clarísimo que en todos los momentos de la
Gran Crisis, la Reserva Federal tenía dentro de sus facultades la de prevenir
la disminución de la cantidad de moneda y producir un aumento de la misma. La
política monetaria no había sido intentada y hallada insuficiente. Simplemente
no se la había intentado. O, por el contrario, había sido aplicada
perversamente. Había sido utilizada para forzar una increible deflacción en la
economía norteamericana y en el resto del mundo" (11)
Empíricamente, sin
embargo, sostiene Friedman que surge de infinidad de estudios posteriores al
apogeo de la doctrina Keynesiana en los Estados Unidos (¿décadas de los años
1940 y 1950?, preguntamos nosotros), una serie de evidencias que contradicen
sus puntos de vista, en diversos e importantes aspectos y que restauran -a su
juicio- la verdadera trascendencia de la política monetaria, en oposición a la
política fiscal, enfatizada por John M Keynes.
3.Proposiciones esenciales del "monetarismo"
No resulta fácil, a
través de la abultada obra del Prof. Friedman, colegir cuales son sus
conclusiones concretas en materia de teoría monetaria y, menos aún, en cuanto a
política monetaria, de las cuales resultaría reivindicativa la originaria
teoría cuantitativa y su preceptiva consiguiente.
Por esa razón, preferimos
atenernos a la síntesis que hace el propio Friedman en su importante exposición
ante los grandes cargos del Instituto de Asuntos Económicos londinense, a la
cual ya venimos haciendo referencia, por cuanto él mismo califica la parte
pertinente de dicha exposición como "proposiciones centrales del
monetarismo". Abreviadamente reproducimos dichas proposiciones casi
íntegramente, en el orden que él las enumera. (Sólo agregaremos el subrayado y
algún signo de interrogación, admiración, o puntos suspensivos, cuando omitimos
uno que otro párrafo que consideramos irrelevante).
1.-Hay una relación
consistente - dice Friedman - aunque no precisa, entre la tasa de crecimiento
de la cantidad de la cantidad de moneda y la tasa de crecimiento del ingreso
nominal (por ingreso nominal -aclara- debe entenderse ingreso medido en libras
esterlinas, o dólares, o francos, y no ingreso real medido en bienes). Ello
significa que si la cantidad de moneda existente crece 3 por 100 por año, o 5
por 100 o 10 por 100, esto tendrá un efecto significativo sobre el crecimiento
del ingreso nominal. Si la cantidad de moneda crece rápidamente, lo mismo
ocurrirá con el ingreso nominal; e inversamente.
2.-Esta relación no
resulta obvia para el ojo inexperto, particularmente porque el crecimiento (o
disminución) monetario demora en hacerse efectivo sobre el ingreso, siendo
variable la longitud de tal demora. La tasa de incremento monetario de hoy no
está estrechamente relacionada con la tasa de crecimiento del ingreso de hoy.
El crecimiento del ingreso de hoy depende de lo que ha venido ocurriendo con la
moneda en el pasado. Lo que ocurre con el dinero, hoy, determina lo que
ocurrirá con el ingreso en el futuro.
3.-De promedio, un
cambio en la tasa de crecimiento monetario produce un cambio en la tasa de
crecimiento del ingreso nominal con una demora de 6 a 9 meses. Este promedio no
se verifica en todos los casos. A veces la demora es más larga, a veces más
corta. Pero yo me he sorprendido -dice Friedman- al encontrar cuán regularmente
la demora es de 6 a 9 meses, aún en condiciones muy diferentes.
4.-La modificación de
la tasa de crecimiento del ingreso nominal típicamente se manifiesta primero en
el producto y dificilmente en los precios. Si la tasa de crecimiento monetario
es objeto de reducción, entonces,alrededor de 6 a 9 meses más tarde, la tasa de
crecimiento del ingreso nominal y también de la producción declinará. Sin
embargo, la tasa de crecimiento de precios será sólo ligeramente afectada.
Habrá una presión bajista en los precios sólo en la medida en que emerja una
brecha entre el producto actual y potencial.
5.-De promedio, el
efecto sobre los precios se hace sentir alrededor de 6 a 9 meses más tarde que
el efecto sobre el ingreso y el producto, de manera tal que la demora entre un
cambio en el incremento monetario y un cambio en la tasa de inflacción promedio
es algo así como 12 a 18 meses. Por ello es que constituye un proceso
dificultoso detener una inflacción a la que se ha permitido iniciarse. No puede
ser detenida repentinamente.
6.-Aún tomando en
consideración la demora en cuanto al efecto del crecimiento monetario, la
relación dista mucho de ser perfecta. Se dan muchos "desfasajes"
entre la variación monetaria y la variación del ingreso.
7.-En el corto plazo,
que puede llegar a los 5 o 10 años, los cambios monetarios afectan
principalmente a la producción. A traves de las décadas, por otra parte, la
tasa de crecimiento monetario afecta principalmente los precios. Lo que ocurra
a la producción habrá de depender de factores reales: la empresa, el ingenio y
la industriosidad del pueblo, la divulgación del ahorro, la estructura de la
industria y del gobierno, las relaciones internacionales, etc.
8.-Se deduce, de las
proposiciones hasta aquí formuladas -agrega Friedman- que la inflacción es
siempre y en todos lados un fenómeno monetario, en el sentido de que es y puede
ser solamente producida por un más rápido crecimiento en la cantidad de moneda
que en la producción. Sin embargo, hay muchas posibles razones distintas para
el crecimiento monetario, incluyendo descubrimientos de oro, financiación del
gasto gubernamental, y financiación del gasto privado.
9.-El gasto
gubernamental puede ser o puede no ser inflaccionario. Será claramente
inflaccionario si es financiado por la creación de moneda, ello es, por la
impresión de billetes o la creación de depósitos bancarios. Si es financiado
por impuestos o por empréstitos (préstamos) de la población, el efecto
principal es que el gobierno gasta los fondos, en lugar de hacerlo el
contribuyente o el prestamista, o sustituyendo al particular que hubiera tomado
prestado los fondos. La política fiscal es extremadamente importante para
determinar qué proporción del ingreso nacional total es gastada por el gobierno
y quien soporta el peso de ese gasto. Por sí misma, no es significativa para la
inflacción.(!!...)
10.-Una de las cosas
más difíciles de explicar en forma simplificada es la manera en que un cambio
en la cantidad de moneda influye sobre el ingreso. Generalmente el efecto
inicial no se opera en absoluto sobre el ingreso, sino sobre el precio de los
"activos" existentes...
11.-Una importante
derivación de este mecanismo (la influencia recíproca entre "liquidez
monetaria" y tasas de interés) es la de que un cambio en el crecimiento
monetario afecta las tasas de interés, al principio de una determinada manera,
pero luego en el sentido opuesto. Un más rápido crecimiento monetario, al
principio, tiende a disminuir las tasas de interés. Pero luego, al
incrementarse el gasto y estimularse la inflacción de precios, también produce
un incremento en la demanda de préstamos, lo cual tenderá a incrementar las
tasas de interés...(12)
Hasta aquí la fiel
transcripción de las once "proposiciones centrales del monetarismo",
expuestas por el mismo Friedman. Difícilmente quien las lea, aún con la mejor
voluntad, se trate o no de un técnico en economía, podría considerarse
ilustrado en lo tocante a las conclusiones sobre teoría y política monetaria
que habrían de derivarse de la "filosofía" monetarista.
Fuera de unas cuantas
perogrulladas o "lugares comunes", las restantes manifestaciones son
proposiciones apriorísticas, susceptibles de confirmación o refutación
estadística, según la infinita variedad de circunstancias que caracterizan un
determinado país, o un determinado momento en la evolución económica de
cualquier país.
4. Qué se propuso, en realidad, el "monetarismo"
Independientemente de
lo expresado, acerca de las proposiciones transcritas, hay en ellas dos o tres
afirmaciones sueltas (vale decir que no tienen mayor hilación con el texto que
las rodea) que, si tienen una clara significación, aunque seriamente
discutible, y que muestran lo que podríamos llamar la meta práctica del
monetarismo.
Esas afirmaciones
son,por ejemplo,las siguientes:
1) Que la inflacción es
siempre y en todos lados un fenómeno monetario. Tal aseveración puede ser
absolutamente correcta y, también, puede ser absolutamente falsa. Porque, muy
simplemente, si la inflacción se representa mediante el nivel (o índice) de
precios, y el precio es el valor de cambio expresado en moneda, mal podría la
inflacción (representación de los precios) ser otra cosa que un "fenómeno
monetario". Hasta aquí, pues, en el sentido en que es correcta tal
aseveración, resultaría, simplemente, otra "perogrullada".
Pero más allá de la
implicación - casi "lingüística" - que acabamos de ver, la afirmación
es inexacta, porque, si lo que pretende afirmarse es que la inflacción es una
resultante necesaria del manejo monetario o de la política monetaria, se
estarían ignorando una serie de causales, tan importantes o más que cualquier
causal o antecedente monetario, y que pueden ser -teórica y prácticamente-
motivo eficiente de la inflacción. Ya veremos una serie de causales
inflaccionarias -nada monetarias- en relación con el caso argentino, un poco
más adelante.
2) Que la política
fiscal, por sí misma no es significativa para la inflacción. Partiendo de la
base de que el propio Friedman en la exposición de marras, acaba de definir la
política fiscal como "un cambio en el nivel de imposición y de gasto por
parte del gobierno, manteniendo constante la cantidad de moneda",
preguntamos: ¿Cómo puede no ser la política fiscal determinante de la
inflacción si el gobierno absorbe -por vía impositiva y tomando prestado (de un
sector) del público- una considerable proporción del ingreso, perturbando de
esta manera las tendencias normales de la comunidad, en lo que hace a una
adecuada proporcionalidad (o equilibrio) en la producción de "bienes"
y "servicios"?.
Ya haremos también
referencia, más adelante, a la reciente experiencia argentina y a la aludida y
arbitraria afirmación de Friedman.
3)Pero tales
aseveraciones infundadas no son sino el antecedente de lo que, en la misma
exposición que venimos analizando, dicho autor califica como "advertencias
finales" (y nosotros consideramos el "meollo" de su planteo),
manifestándonos textualmente:
"Estas
proposiciones (puntos 1 al 11,antes transcritos) claramente implican ambas
cosas: que la política monetaria es importante y que el aspecto importante de
la política monetaria es su efecto en la cantidad de moneda, antes que en el
crédito bancario o el crédito total o las tasas de interés. Ellas también
implican que las grandes oscilaciones en la tasa de variación de la cantidad de
moneda son desestabilizantes y deben ser evitadas. Pero más allá de ésto, las
implicaciones divergentes pueden surgir". (13)
En otras palabras, lo
que Friedman propugna como "dogma monetarista" es la estabilidad a
ultranza del caudal monetario. No importa, para ello, que las tasas de interés
trepen a cualquier cima, tampoco importa la magnitud del gasto fiscal (en tanto
sea financiado "con recursos legítimos"...) ni otras circunstancias
que hubieran escandalizado a pacíficos y bienintencionados sostenedores de la "teoría
cuantitativa" a comienzos de este siglo. A todos estos temas volveremos a
referirnos, al considerar la experiencia práctica de Argentina y de otros
paises, a lo largo del "vía crucis" monetarista.
Nada mejor, tal vez,
para sintetizar las metas prácticas del monetarismo que el utilizar las
palabras de un periodista, quien -si es eficiente- se ve obligado a valerse de
un lenguaje sencillo e inteligible para todos, sea que él esté o no
interiorizado de los tecnicismos del problema.
Tal es el caso de
Alcadio Oña, quien nos da la siguiente sagaz versión sobre el significado
práctico de la propuesta que venimos analizando:
"La estrategia
monetarista ve a la inflacción como el origen de todos los males económicos y
al control de la oferta monetaria como el único recurso capaz de derrotarla.
Los remedios no son muy variados, aun cuando se los suela presentar complejos y
requieran sucesivas adecuaciones coyunturales, siempre en la misma dirección:
consiste en racionalizar el crédito (nosotros diríamos "racionar")
mediante el empleo de altas tasas de interés". (14)
Pasemos a considerar
ahora, los resultados prácticos que se han derivado de la propuesta monetarista
para la economía de Argentina, en las últimas décadas, y luego la de otros
paises que también recurrieron a su instrumental terapéutico.
CAPITULO VI
BALANCE DE MEDIO SIGLO DE TEORÍA Y POLÍTICA MONETARIA
1.Recapitulación
Desde la Gran Crisis
Mundial hasta nuestros días ha transcurrido medio siglo. En nuestro breve
análisis retrospectivo de los capítulos precedentes, hemos podido observar, a
grandes rasgos, el curso de los acontecimientos en lo tocante a teoría y
política monetaria.
La teoría
cuantitativa tuvo, precisamente hasta la Gran Crisis, una primacía
incuestionable y sus proposiciones prácticas, basadas esencialmente en la neutralidad
monetaria y en un prudente manejo de la tasa de interés como
instrumento estabilizador de la actividad económica, dentro de un marco de
sostenido crecimiento, sufrió en aquella oportunidad un revés irreparable.
Las innovaciones keynesianas
no llegaron a cuestionar los pilares básicos de la teoría cuantitativa,
tan sólo se limitaron a profundizar algunos aspectos analíticos y a promover
ciertas modificaciones en la política económica, en especial por vía del gasto
público y con vistas, primordialmente, a combatir la deflación y el estancamiento.
Al promediar los años
1950 -y el medio siglo a que nos estamos refiriendo- surge el monetarismo,
un planteo que tampoco difiere con los lineamientos básicos de la teoría
cuantitativa; antes bien, parece reivindicarla, oponiéndose a las
innovaciones keynesianas, pero que en materia de política monetaria
aparece decidido a restaurar una "ortodoxia clasicista", reafirmando
la necesidad de estabilizar el contingente monetario, dejando libradas a
la "oferta y demanda" de dinero la evolución de las tasas de
interés y minimizando nuevamente el rol de la política fiscal.
Podemos afirmar así que
el rasgo común a todos los enfoques derivados de la teoría cuantitativa,
por consiguiente, y a la vez elemento distintivo frente a nuestra teoría
cualitativa, es el de proponer en todos los casos y en última instancia, la
confrontación global de los agregados monetarios (o masa
monetaria), por una parte, y de la suma de bienes y servicios (o
transacciones en ellos), por la otra.
Nuestra teoría
cualitativa se opone a esa "globalización" de magnitudes, sean
ellas "moneda" o "producto", y propugna, en el plano
teórico, una identificación del destino cualitativo de las unidades
monetarias y una "parcialización sectorial" que confronte las inserciones
de dinero, por una parte, y su resultado productivo, sean
"bienes" o "servicios", por la otra.
De esta proposición
teórica, que nosotros formulamos han de derivarse importantes implicancias en
lo tocante a política monetaria, según podrá advertirse en los próximos
capítulos. Pero antes de adentrarnos en ese tema, creemos pertinente formular
una somera referencia a los resultados prácticos que se han derivado de la tesis
monetarista, que es la realmente vigente en el "mundo occidental"
y que ha suplantado -dentro del contexto general de la teoría cuantitativa-
a las proposiciones keynesianas y aún, desde luego, a la que Friedman llama
"posición inicial" de aquella teoría.
Consideramos
indispensable este análisis, pues de sus resultados habrá de colegirse o no la
procedencia de un verdadero replanteo de la teoría y la Política
monetaria, como el que proponemos nosotros.
2. El "monetarismo" en la Argentina
Comenzaremos por
aclarar que nosotros no inculpamos a Milton Friedman por todas las calamidades
que se han derivado y se derivan diariamente, para muchos países, de las
estrategias monetarias atribuidas, con razón o sin ella, al monetarismo.
Es muy posible que muchas de esas calamidades se deriven de tácticas y
maniobras (de grupos interesados) que nada tienen que ver con las proposiciones
monetaristas.
Pero si tal inculpación
ocurriera, Milton Friedman deberá, en última instancia, asumir la
responsabilidad, aún por aquello que no es estrictamente derivado de su
preceptiva o de la de su "Escuela de Chicago". Por dos razones
fundamentales.
Primero, porque el
mismo Friedman dice que "lo que importa para el mundo de las ideas, no es
lo que pueda ser cierto, sino lo que sea considerado como cierto".(15) Y
con la ambigüedad de sus proposiciones, él ha dado lugar a que, en último
análisis, cualquier proposición atribuida -con razón o sin ella- al monetarismo,
"sea considerada como cierta".
En segundo lugar,
porque el Prof. Milton Friedman se ha prestado, en todo tiempo y en todas las latitudes,
a una propaganda tan exagerada, en favor de sus proposiciones monetaristas,
que todos tenemos el derecho de suponer que, más que propuestas científicas,
las suyas son tácticas integrantes de una "acción psicológica" de
alcances, no ya nacionales, sino mundiales, a fin de servir propósitos que nada
tienen que ver ni con la verdad científica ni con el bien común de la
humanidad.
A partir de marzo de
1976, en Argentina, amparado por un gobierno militar y provisto prácticamente
con la "suma del poder público", asumió el timón de la economía José
Alfredo Martínez de la Hoz, quien -sin ser economista- dijo tomar como modelo
las enseñanzas de Milton Friedman y acto seguido puso en práctica un programa
decididamente ruinoso para el país y cuyos resultados ya están sobradamente en
evidencia.(16)
Por supuesto que el
Prof. Friedman no sólo se abstuvo de negar su paternidad respecto del
"Plan Martínez de la Hoz", sino que contribuyó de muy diversas
maneras a darle su "espaldarazo", convenciendo a medio mundo de que,
efectivamente, el aludido Ministro, audaz e improvisador sin límites, era un
fiel discípulo de la "Escuela de Chicago". Cientos de públicaciones
periodísticas así lo acreditan.
Como prueba de ello,
bastará señalar que en 1977, la revista semanal más popular de Argentina
publicó una entrevista con Milton Friedman, especialmente dedicada a
consultarlo sobre los problemas de ese país y que dicho reportaje, ilustrado
con abundantes fotografías del "premio Nobel", al que se califica
como "una de las más grandes autoridades en Economía del mundo",
ocupa nada menos que trece páginas de la aludida públicación. (17)
En dicho reportaje, el
Prof. Friedman avala directa o indirectamente cuanto Martínez de la Hoz estaba
haciendo en la Argentina.
Las tasas de interés
bancario, que en esos momentos sobrepasaban el 200 por 100 anual, para nada
perturbaban a Friedman, quien se limitaba a recomendar la consabida restricción
monetaria, "para controlar o aminorar la inflación", al tiempo
que -en el mejor estilo clásico-liberal- recomendaba que Argentina
produjera aquellos artículos en cuyos costos tenía "ventajas
competitivas" ...
A todo esto, el
panorama de inflación en Argentina seguía agravándose sostenidamente y no
por incremento del caudal monetario, sino por razones enteramente ajenas a
esa causal, a la cual Friedman atribuía "siempre y en todas partes"
la responsabilidad de dicha anomalía.
Tal como lo he hecho
notar en sendas públicaciones durante los últimos años, los principales motores
de la inflación en Argentina nada tenían que ver con el incremento de moneda. A
saber:
los "reajustes
técnicos",
nombre que allí se da a los aumentos de los precios y tarifas de
productos elaborados y servicios prestados, respectivamente, por empresas
estatales, como ser, combustibles, energía eléctrica, transportes, correos,
teléfono, gas, etc. Tales reajustes técnicos han significado un
incremento de los precios y tarifas aludidos que, con seguridad, supera el 150
por 100 anual, de promedio, durante los últimos seis años; y como se trata de
artículos y servicios de consumo muy generalizado - que en numerosos casos
constituyen a su vez costos para el adquiriente o usuario - dicho incremento se
traslada íntegramente a los precios de todo el espectro productivo, pues si el
Estado podía resarcirse de sus "déficit operativos" en las empresas
de que era titular, mediante los aumentos aludidos, se consideraba que los
particulares tenían el mismo derecho a hacerlo, aumentando sus precios y
tarifas de manera análoga. De tal modo que, este solo incremento (no practicado
de un solo golpe en el año, sino a través de incrementos mensuales que,
sumados constituyen el total anual antes mencionado), bastaba y sobraba para
asegurar un ritmo inflacionario equivalente, en lo que antañe al índice
general de los precios.
el aumento sideral
de las tasas de interés. Fundado en un argumento utilizado sibilinamente por el
Prof. Friedman, Martínez de Hoz provocó la elevación de las tasas de interés
bancario, que al comienzo de su gestión estaban, digamos, entre un 25 y 30 por
100, por año, hasta situarlas - en pocos meses - entre 250 y 300 por 100 anual.
El justificativo Friedman - Martínez de Hoz, totalmente arbitrario y reñido con
la ética, es muy simple: como el dinero corriente se desvaloriza en la medida de
la inflación, las tasas de interés tienen que elevarse hasta
compensar con creces, al "ahorrista", dicha desvalorización. (18).
Ahora bien como el
ritmo inflacionario atribuido a los últimos meses del gobierno anterior al de
Martínez de Hoz era muy elevado (en el reportaje a Friedman, antes citado, se
hace mención de una "tasa de inflación", entre marzo y mayo de 1976,
del 900 por 100 anual), los pretextos estaban dados para elevar las tasas de
interés hasta cualquier extremo, bancarias y no bancarias, y así efectivamente
ocurrió.
Lo cual vino a sumarse
a una rigurosa restricción crediticia bancaria - destinada a afectar
exclusivamente al "sector privado " de la economía nacional - que
también obedecía - según Martínez de Hoz - a la preceptiva monetarista,
pues había que "restringir a todo trance el caudal monetario"...
¡para evitar la inflación!...
Y, en esa forma, el
poco crédito bancario que las empresas y los particulares podían obtener a tasa
del 200 al 250 por 100 de interés anual, no alcanzaba a satisfacer ni la
vigésima parte de los prestamos requeridos por los productores,quiénes - desde
luego - hacían frente a un incesante incremento de costos y carecían de
recursos propios para financiar su producción. De resultas de lo cual, la
inmensa mayoría de estos quedó a merced de los prestamistas
"extrabancarios", (compañías financieras, cajas de crédito, y
usureros "particulares"), quienes cobraban intereses muy superiores
(digamos, del 2 ó 3 por 100 diario), por plazos brevísimos (90, 60 y 30 días,
aun cuando entonces se " popularizó " el préstamo a solo 7 días, y
aún por plazos menores, para operaciones "interbancarias" o entre
compañías financieras) y, obviamente, con garantías tan "leoninas"
como les resultaba posible obtener a los prestamistas.
Puede colegirse el
fenomenal impacto inflacionario que este incremento de costos financieros
tuvo para toda la economía argentina. Quien debía financiar su producción a un
costo del 1 ó 2 por 100 diario, de intereses, mal podía dejar de trasladar
íntegramente a sus precios de venta semejante carga que estaba soportando.
el incremento de
la carga fiscal. tal vez para adaptarse a la preceptiva monetarista en cuanto a
que el Estado no debe financiarse sino con el producido de impuestos y
empréstitos internos, el gobierno argentino - durante la gestión de Martínez de
Hoz - sobresalió por estas dos circunstancias: 1) el aumento descontrolado
de los impuestos, particularmente de los impuestos indirectos y
específicamente al consumo; 2) la contratación sin límite de empréstitos, no
solo en el mercado internacional; sino también en el mercado interno, teniendo
como proveedor de fondos a bancos, entidades financieras y particulares. Tales
empréstitos, no solo se contratan para atender "gastos generales de la
administración pública", sino también obras públicas y los requerimientos
siempre crecientes de las empresas estatales, a tasas de interés comparables
con aquellas que antes mencionáramos y, por ende, con un costo descomunalmente
creciente para el Tesoro Nacional.
Tenemos así enumeradas
tres causales, directas e inmediatas, de la galopante inflación argentina
que nada tienen que ver con el incremento del caudal monetario: los reajustes
técnicos, los " costos financieros " o tasas de interés y la presión
fiscal. Todo ello formando parte de un entorno de "terapéutica
monetarista".
Nuestra apreciación es
que el incremento real del "nivel de los precios", durante los cinco
años de gestión de Martínez de Hoz, se sitúa en la cercanía del 400 por 100
anual. Y, al hablar del aumento real del índice de precios, queremos
simplemente significar que la tasa de inflación que resulta de las estimaciones
oficiales (Instituto Nacional de Estadística y Censos), en ese ínterin, es
inferior - en más de un 50 por 100 - a lo que debiera de ser.
El Financial Times, de
Londres, sintetizaba de la siguiente manera, en un comentario de mediados del
corriente año, la catastrófica situación argentina: "En la actual
situación económica de la Argentina hay muchas posibilidades de regresar a la
hiperinflación de hace cinco años"... "El número de bancarrotas, que
este año es tres veces superior a las del año anterior, es tan endémico que
hace tambalear los cimientos de la estructura económica y bancaria
argentina"..."Alrededor de 4.200.000 personas, que suponen alrededor
del 40 por 100 de la fuerza de trabajo argentina, están actualmente sin empleo,
bien sea trabajando pocas horas a la semana o realizando actividades
económicamente irrelevantes. Casi 25 bancos de tipo medio y pequeño se
encuentran en dificultades"... "un año después del golpe de Estado
militar, en 1977, las compañías industriales Deutz, Fiat, Johnn Deere y Massey
Ferguson produjeron, entre todas ellas, 25.845 unidades ( tractores ), de las
cuales aproximadamente 2.000 fueron dedicadas a exportación. En el último año,
las citadas cuatro "grandes" compañías produjeron 3.658 unidades, de
las que únicamente 800 fueron enviadas a la exportación. En los primeros cuatro
meses de 1981, una industria con capacidad para construir 30.000 tractores al
año, únicamente produjo 279 unidades" (19).
3. El "monetarismo" en España, EEUU, Inglaterra y otros paises
La estartegia
"monetarista", real o supuestamente fundada en la perceptiva de la
‘Escuela de Chicago’, viene teniendo una característica singular: la de
favorecer al capital financiero y especulativo, en todo el mundo, y tiene
también, como es lógico, un sector específico como grande y único beneficiario
de esta estrategia: la alta banca y los grupos financieros
internacionales.
El grado de intensidad
con que aquella "estrategia" se haya planteado hasta ahora en los
distintos países depende, como también es lógico, el grado de permisividad
con que la autoridades políticas y económicas la hayan hecho posible. Y este
grado, desde luego, depende a su vez de dos circunstancias: por una parte, la
honradez relativa de los gobernantes políticos y económicos y, por la otra, la
capacidad o incapacidad para percibir y resistir tales maniobras que sea propia
de los conductores de la economía y las finanzas de cada país.
Hemos hablado, por otra
parte, del gran beneficiario de aquella estrategia. Ello no pretende
desconocer que, en un nivel muy inferior, existen cientos o miles de millones
de "pequeños beneficiarios" -los llamados medianos y pequeños
"ahorristas"- que sirven de escudo y a la vez de aliados
inconscientes a los magnates de la "alta finanza".
Hemos hablado también
de la distinta intensidad con la que la estrategia "monetarista" se
ha puesto en práctica. Y lo ilustramos con el caso argentino, por ejemplo,
donde el saqueo de los estrategas financieros, basados en la
"permisividad" de un dócil equipo político-económico, han
posibilitado lo que yo llamo "el vaciamiento económico de Argentina",
estimando que solamente el drenaje de divisas y utilidades correspondientes a
las inversiones extranjeras, tipo "golondrina" (call o hot
money)., insumió en los cinco años de gestión de Martínez de Hoz, unos 50.000
millones de dólares"... De tal masa formidable de recursos, sustraídos
arteramente al país, estimamos que a la banda (¡perdón!, a la banca)
Rockefeller habrá correspondido un 80 por ciento.(20)
Pero en Inglaterra,
Estados Unidos, España y numerosos países europeos y americanos se ha puesto,
asimismo, en práctica la doctrina "monetarista".
En todos los casos, sus
instrumentos operativos son, al igual que lo fueran desde mucho tiempo atrás en
la Argentina -campo "experimental" de la estrategia de marras- la restricción
crediticia bancaria, destinada a afectar exclusivamente al "sector
privado" de la economía, y el encarecimiento o elevación
pronunciada de las tasas de interés bancario.
Esta política
restrictiva del crédito, a la vez que su encarecimiento, llevan progresivamente
a la "sofocación" o estrangulamiento de las empresas privadas,
particularmente de las medianas y pequeñas empresas que son normalmente las que
tienen mayores problemas para la obtención de préstamos bancarios.
Y esa sofocación o
"estrangulamiento" -por vía de los "costos financieros"- se
traduce, por una parte, en un ritmo variable de inflación y, por la
otra, en un grado considerable de desocupación o desempleo.
En todos los casos
asimismo, la estrategia monetarista conduce al ilimitado abultamiento
del gasto fiscal y a la consabida hipertrofia del aparato burocrático
estatal. Por otra parte, ¿qué otra alternativa queda, frente al debilitamiento
progresivo del sector privado de la economía?
Lo he señalado en
infinidad de veces en Argentina, en años recientes. El estrangulamiento del sector
privado, la desocupación que ello provoca, dejan a buena parte de la
población solamente dos posibilidades: una es la de emigrar del país, en busca
de mejores horizontes; otra es la de engrosar las filas de la burocracia
estatal, aceptando el "conchavo" que sea y por la paga que se trate.
Y que ello es así lo ilustra la circunstancia de que Argentina, sometida al
vaciamiento y la alienación monetarista, ha visto partir más de
2.000.0000. de integrantes de su población, para radicarse en el extranjero, en
los últimos 10 años.(21)
En Inglaterra y los
Estados Unidos de América, el mecanismo justificativo de la elevación de las
tasas de interés es la necesidad de atraer fondos líquidos, con el pretexto
de mejorar la balanza de pagos. A ese pretexto se ha sumado, particularmente en
el caso de Inglaterra, la sobrevaluación de su moneda, aún cuando ello conspira
contra la evolución de su balanza comercial, pues tal sobrevaluación desalienta
sus exportaciones y alienta, en cambio, la importación de productos
extranjeros. Pero nada de ello importa, en este cuadro obsesivo, dominado por
la "ortodoxia monetarista": lo importante, lo determinante, son los recursos
y los desplazamientos financieros, ya se trate de "hot money",
"call money" o lo que sea; y si para ello es necesario
descalabrar las economías nacionales, así se procede en consecuencia.
De ahí la obstinación
norteamericana de mantener tasas de interés relativamente elevadas, que
provocaron un a gran fluencia de recurso líquidos a los Estados Unidos, en los
últimos doce meses, y una airada reclamación de sus aliados europeos, no sólo
por cuanto ello les complicaba sus respectivas balanzas de pagos, sino también
por los efectos negativos de aquélla política en las economías de estos países.
Reclamación, por cierto, que fue desoída hasta el momento actual.
Numerosos comentaristas
se preguntan por otra parte, en los últimos tiempos, si los gobiernos no
advierten la tremenda onerosidad que va adquiriendo la deuda nacional interna,
con motivo de la exagerada elevación de las tasas de interés que se
viene operando en todo el mundo "occidental".
Nosotros encontramos
muy justificada esa preocupación, pero dudamos, mientras continúe el "auge
monetarista", que el proceso en curso vaya a revertirse. A los poderosos
intereses financieros "transnacionales" que utilizan el monetarismo
para sus propios y egoístas fines, les resulta indiferente si el
"tributo" lo pagan los particulares o el Estado. Y si es éste, más
simple aún, de recolectarlo, a través de los siderales "servicios de la
deuda pública interna".
Un periodista español comenta,
respecto del caso actual de su país, lo siguiente:
"...uno de los
fenómenos que está atravesando la Banca y en general el sistema crediticio, es
una cierta pérdida de su papel como financiador. Los Bancos y las Cajas de
Ahorro tienen una función económica que consiste en recoger dinero del mercado
en forma de depósitos para concederlo a sus clientes en forma de inversiones.
Este papel se sigue jugando, lógicamente. Pero cuando más de 650.000 millones
de pesetas (unos 7.000 millones de dólares, aclaramos nosotros) que la banca
debería haber prestado a sus clientes se lo tiene que dar al Banco de España
para que éste cubra el déficit público y le proporcione al Tesoro los medios
necesarios para cubrir sus necesidades crecientes de pago, el papel del sistema
financiero se está desvirtuando a marchas forzadas."
Pero coincidiendo más
aún con lo expresado por nosotros anteriormente, el articulista añade:
"Bien es verdad
que a la Banca una cosa así no le viene mal. Y por dos motivos. Primero, porque
el dinero que presta al Banco de España tiene una remuneración del 16 por
ciento como media, que no está nada mal, sobre todo teniendo en cuenta el bajo
coste de manejo de estos recursos. Y segundo porque el Banco de España es un
cliente mucho más seguro que los millones de clientes potenciales o reales de
los bancos. Así que la Banca gana en rentabilidad y gana en
seguridad."(22)
Del texto que hemos
reproducido, surge palmariamente la minimización que va experimentando
el sector privado y la consiguientes maximización que va asumiendo el
sector público, dentro del panorama económico español, según las evidencias
que nos proporciona el cuadro financiero-crediticio aludido
precedentemente. Pero también de ese panorama resulta explicado,
implícitamente, el desempleo o "paro", como se le llama en
España, de casi dos millones de personas, lo cual constituye un
porcentual muy considerable de su fuerza de trabajo, amen del proceso
inflacionario que se está transitando, como corolario manifiesto de la experiencia
monetarista.(23)
Lo cierto es que en
España, en Estados Unidos, en Inglaterra y en todos los países en que se ha
puesto en vigencia, en años recientes, el programa monetarista, los
resultados no tienen nada de halagadores: ni la inflación ni el desempleo
han experimentado merma, sino sobre todo lo contrario.
Y lo sorprendente del
caso es que los sacrificios que impone el esquema monetarista
están encaminados a terminar con la inflación y el desempleo.
Luego, los sacrificios se materializan, pero los resultados positivos ni se
vislumbran; por el contrario: más inflación y más desempleo, si
bien acompañados éstos de una "orquestación publicitaria", en todo el
mundo, que sigue clamando por.. más y mejor monetarismo!
Circunstancia paradojal
ésta, inexplicable en apariencia, que ha caracterizado a la Argentina de los
últimos 25 ó 30 años y que solamente puede comprenderse cuando observamos los
poderosísimos intereses financieros "transnacionales" que se mueven a
través de esta estrategia y que -a través de todos los medios conocidos de la
información y la publicidad, con pocas y honrosas excepciones- siguen
promoviendo, pertinazmente, la "panacea monetarista".
Respecto de Gran
Bretaña, la información y el comentario, poco menos que unánime, no pueden se
más desalentadores.
En un artículo del
diario La Prensa, de Buenos Aires, que data de un año atrás, ese órgano
periodístico centenario, tradicionalmente conservador, liberal y pro-inglés, se
refiere, en un titular al "experimento monetarista", agregando
que "no difiere en Inglaterra de la realidad argentina". Y
entresacando frases de su contenido, leemos:
"La ‘city’
bancaria y financiera de Londres florece con exuberancia tropical, si no con el
vigor de la mala hierba"... "Todo a pesar de la recesión económica
más feroz que haya padecido Inglaterra desde 1945. ¿O no será un poco también
gracias a ella?"... "Quitémonos las anteojeras. Mientras los bancos
expanden pletóricamente sus actividades, los extranjeros se compran Inglaterra
-y los ingleses, aprovechando la abolición de los controles de cambio decretado
por este gobierno, invierten afuera- el grueso de la industria británica
está de rodillas. Como de costumbre, el sector privado paga los platos
rotos, no teniendo acceso al ‘apoyo’ gubernamental, extraído del
contribuyente, que mal que mal, mantiene a las empresas estatales de mayor
peso político".
"la inflación,
problema prioritario de este gobierno, no está aún controlada en términos de la
oferta monetaria."... "Hay en esto una doble venganza: la del interés
elevado dispuesto, según la teoría ‘monetarista’, para frenar la expansión
del ‘money supply’ y disciplinar la empresa (privada) en su demanda de crédito,
y la de su consecuencia inmediata -el desempleo- que justifica, bajo el punto
de vista político, el rol del Estado en paliar sus efectos a costa de un
mayor déficit fiscal; lo cual a su vez obliga al gobierno a volverse sobre
sus promesas electorales de reducir impuestos y el gasto del sector
público."
"La situación
económica del Reino Unido dista de ser lo que Mrs. Thatcher y sus ministros
esperaban al año y medio de aplicar medidas ‘monetaristas’ inspiradas por
Milton Friedman".(24).
Un año después del
comentario que acabamos de transcribir, otra fuente periodística nos informa
que:
"Un gobierno (el
británico) que aplica una política monetarista y sufre los impactos de la
recesión, las revueltas callejeras y la desocupación"... "el recurso
adquiere más bien el rango de una receta recesiva: aumenta la actividad
financiera -alentada por las altas tasas de interés-, reduce la demanda
interna, paraliza proyectos de inversión y, en resumidas cuentas, origina una
fuete retracción económica.".... "la estrategia incluye la variante
tributaria regresiva de desplazar la carga impositiva del ingreso al consumo,
con el consiguiente beneficio para los sectores de mayores recursos y el
resultante perjuicio para la actividad económica."(25)
El panorama, en Estados
Unidos, no es mucho más brillante. Allí la orgía financiera, que venimos
analizando, se ha traducido en un espectáculo grotesco: los bancos ofrecen, a
quienes realicen depósitos a largo plazo fijo de dinero constante sendos
regalos de licuadoras, televisores, lavarropas, radiotransmisores y otros
elementos afines, proporcionado el regalo -desde luego- a la magnitud del
depósito; pero además, tales obsequios (y ‘comisiones’ en dinero) se ofrecen a
quienes llevan clientes a los bancos, como depositantes y en los grandes
salones de acceso a las instituciones bancarias de Nueva York, Boston, y otras
grandes ciudades, tales obsequios se exhiben al público, con gran despliegue,
instándolo a efectuar depósitos o a traer amigos que los efectúen. El cuadro
legendario del "mercado persa", aparecer así relegado casi a una
muestra de ascetismo y sobriedad...
Y es obvio señalar que
esta propaganda se realiza (o se realizaba, yo la observé personalmente un año
atrás en las ciudades nombradas) también por la distribución de gacetillas en
las calles, murales, televisión, etc.
No menos grotesco
resultaba entonces (vísperas de la contienda electoral Reagan-Carter) verlo
aparecer diariamente, en infinidad de canales de televisión de todo el país, al
propio Prof. Milton Friedman, difundiendo las "bondades" de su
sistema monetarista y exhortando a seguir las recomendaciones de
"restringir el crédito y la oferta monetaria", en aras de contener la
inflación y el desempleo...
En la actualidad, a
cerca de cumplirse el primer año de la gestión del Presidente Reagan, no se
vislumbra ninguna mejoría considerable. Tan solo las tasas de interés y
el auge financiero parecen caracterizar su programa que, evidentemente,
no ha podido apartarse de las presiones irresistibles de la alta banca y de la
receta monetarista.
Un cable de la agencia
EFE, de mayo del corriente año daba cuenta de un "rebrote inflacionario en
Estados Unidos", especificando en su contenido que "las nuevas alzas
de los tipos de interés y las tajantes medidas anunciadas por el Sistema de la
Reserva Federal para restringir el crédito, han creado un repentino
estremecimiento financiero" (26)
En tanto que en un
difundido semanario político-económico norteamericano, mencionado
anteriormente, leemos un artículo titulado: "A pesar de sus buenas
intenciones, Reagan aparece estancado por su inflación". En dicho
artículo, del destacado analista Alex Herbage, editor de la "IMAC Economic
News Letter", que se pública en Ginebra, nos dice:
"los mercados
están impacientes por el problema general de la oferta monetaria y la situación
de la tesorerías relativa a la limitación del gasto público. La mayoría de las
empresas líderes temen que la fuerte demanda en pos de mayores recursos se hará
sentir sobre los mercados y que ésto inevitablemente deprimirá más aún las
cotizaciones de los bonos gubernamentales y tenderá a intensificar la subida de
las tasas de interés.".... "La consiguiente restricción crediticia
derivada del aumento reiterado de las tasas, debilitará la posición de Wall
Street y provocará presiones recesivas adicionales creando, al mismo tiempo,
renovadas tensiones sociales, derivadas del aumento del desempleo." (27)
Tales sombrías
predicciones resultan plenamente confirmadas, en un artículo de la Revista
TIME, de mediados del corriente mes de diciembre. Su título es, de por sí,
sugestivo: "Acumulando pesadumbre para los trabajadores". De
ese artículo reproducimos, a continuación, algunos párrafos verdaderamente
significativos:
"Los titulares de
la página de negocios de la semana anterior eran un recordatorio incansable de
la fuerza expansiva de la corriente recesión en los Estados Unidos"...
"El Departamento del trabajo anunció la semana anterior que el nivel de
desocupación en noviembre último aumentó nuevamente, a un 8,4 por 100, máxima
cifra en seis años. Esto significa que 9.000.000 de norteamericanos y sus
familias llegarán al feriado de Navidad sin ingresos derivados de su
trabajo."... "El cuadro recesivo ha sido más devastador en dos
industrias particularmente sensibles a las altas tasas de interés: automóviles
y construcción. Los grandes fabricantes de autos y sus proveedores han despedido
unos 600.000 empleados."... "La única estrategia del gobierno, a
corto plazo, para combatir la recesión, parece ser una serie de amables
declaraciones del Presidente Reagan y del Secretario del Tesoro, recomendando
que el Directorio de la Reserva Federal afloje suavemente su mano de hierro
respecto de la oferta monetaria. El Directorio parece estar dispuesto a acceder
ligeramente, a través de un considerable incremento monetario de las últimas
semanas y una moneda en las tasas de interés. Sin embargo, el costo del dinero
es improbable que baje más." (28)
Cabría preguntarse,
finalmente, si el Sistema de la Reserva Federal es o no consciente de
esta política suicida. Si pensáramos lo peor, tendríamos en nuestro
apoyo una afirmación de Friedman, quien refiriéndose a las gestión de la
mencionada "cúpula del poder monetario" de los Estados Unidos,
durante la Gran Crisis, le atribuye haber actuado "perversamente" y
el haber utilizado esa política para "forzar una increíble deflación en la
economía norteamericana y en el resto del mundo". Según los términos que
hemos reproducido textualmente en el Capítulo V
Lo que ocurre es que el
Sistema de la Reserva Federal, increíblemente, es una estructura
privada -según veremos en breve, a través del autorizado comentario de un
autor norteamericano- y lo que realmente puede importarle es el interés
particular de los grupos bancarios y financieros de los cuales ella forma
parte. De manera tal que su política no será "suicida" para los
intereses que realmente sirve, sino todo lo contrario. Que dicha política pueda
ser "suicida" para los intereses generales y el bien común del pueblo
norteamericano, eso la tiene sin cuidado. No sería ni por asomo la primera vez
que los intereses de grupo se anteponen al interes de un país o del mundo
entero, para considerar con exclusividad las apetencias egoistas e
inescrupulosas de la gran familia de banqueros y financistas
"transnacionales".
4. Conclusiones acerca de la experiencia "monetarista"
Nos parece
incuestionable, próximo a finalizar el año 1981, que el recetario monetarista
no ha agregado nada positivo a lo que fuera típico de sus predecesores en
teoría y política monetaria: el cuantitativismo, a secas, y las innovaciones
keynesiasnas que se le sumaron durante las décadas de 1930 y 1940.
Nos parece, en cambio,
sumamente negativa la experiencia práctica que se viene derivando de dicho
experimento, por cuanto, con un pretexto incuestionable técnico y científico:
la conveniencia de estabilizar el contingente monetario, se ha creado -a nivel
mundial- una desvergonzada estructura que favorece la especulación y el negocio
financiero, en desmedro del normal desenvolvimiento de la actividad económica
esencial, con el consiguiente impacto natural y lógico resultante de tan
alevosa estrategia: el incremento indefinido del desempleo.
En un breve apéndice
que se adiciona al presente Capítulo, según lo anticipáramos, reproducimos
algunas consideraciones concretas, en las cuales se explica por qué no se
justifica de manera alguna asegurar el capital financiero o capital líquido,
así sea resultante de ahorros legítimos, una utilidad determinada, que
contrarreste y supere el grado de "desvalorización de la unidad
monetaria".
Relacionado con este
transcendente tema, un distinguido autor norteamericano, Sheldon Enry, en un
libro que lleva el sugestivo título de "Billones para los banqueros,
deudas para el pueblo", formula importantes y elocuentes consideraciones,
relativas al sistema monetario-crediticio norteamericano. Reproduciremos, a
continuación, algunas de las más interesantes.
Comenta este autor que
constitucionalmente "el Congreso tiene el poder de acuñar moneda y, en
adelante, regular su valor"; pero que, en diciembre de 1913, al
establecerse el Sistema de la Reserva Federal, se dejó virtualmente sin efecto
aquélla facultad parlamentaria, al autorizar el establecimiento de una
Corporación de la Reserva Federal (Federal Reserve Corporation), o sea una
sociedad privada, con una Junta de Directores (Federal Reserve Board), que ha
sustituido en la práctica al Congreso, en el cumplimiento de aquéllas delicadas
funciones.
"La Corporación de
la Reserva Federal -agrega Sheldon Enry- es una sociedad privada controlada por
banqueros y por lo tanto operada para beneficio finanaciero de los mismos a
expensas del pueblo, antes que para el bien común.... Desde aquel día de
infamia, el pequeño grupo de personas privilegiadas que nos presta nuestro
propio dinero -y más- ha amasado inmensas fortunas por imprimir nuestra moneda.
Desde 1913 ellos han creado decenas de billones de dólares en moneda y crédito,
los cuales -como propiedad personal privada- prestan entonces al gobierno y al
pueblo cobrando un interés."
"Ilustraremos lo
que ocurre cuando se necesita dinero. El Gobierno Federal, habiendo gastado más
de lo que percibe en impuestos, necesita, por ejemplo, 1.000.000.000 (un
billón) de dólares. Como no tiene el dinero y el Congreso ha renunciado a su
potestad de crearlo, el Gobierno tiene que ir por el billón ante los facultados
para crearlo. Pero la Reserva Federal, una sociedad privada, no entrega
gratuitamente su dinero. Los Banqueros están deseosos de entregarle el billón
de dólares en moneda o crédito al Gobierno Federal, a cambio del compromiso
gubernamental de devolverlo -con interés! Por tanto, el Congreso autoriza al
Departamento del Tesoro a imprimir un billón de dólares en bonos de la deuda
pública, los cuales son remitidos a los Banqueros de la Reserva Federal."
"La Reserva
Federal entonces paga el costo de imprimir el billón de dólares, posiblemente
la insignificancia de 500 dólares, y entrega los billetes a cambio de los
bonos. El Gobierno entonces usa el dinero para pagar sus obligaciones. ¿Cuales
son los resultados de esta fantástica transacción? Bien, las deudas
gubernamentales son canceladas, pero el Gobierno de los Estados Unidos ha
endeudado al pueblo con los Banqueros de la Reserva Federal por un billón de
dólares, más los intereses, hasta que sea amortizado! Desde que esta y
similares transacciones han tenido lugar desde 1913, actualmente -casi 70 años
más tarde- el Gobierno está endeudado con los Banqueros en más de 920 billones
de dólares, cuyos intereses solamente insumen 7 billonesde dólares todos los
meses, que el pueblo paga en forma de impuestos, sin ninguna esperanza de
amortizar el principal y con ambos -principal e intereses- incrementandose
todos los meses". (29)
Sheldon Enry continúa
formulando interesantes comentarios sobre este increible sistema
"legal" monetario-crediticio y nos demuestra las inagotables
posibilidades de los "Banqueros" de obtener -por vía de sus
sorprendentes privilegios- no solamente ganancias siderales, a expensas de la
totalidad de empresas y particulares de ese país; sino que tambíen nos muestra
cómo -en el más alto nivel empresario- y a través del manejo de las tasas de
interés, del "redescuento" y del "control crediticio" -en
ultima instancia- todo queda subordinado a éllos.
Frente a revelaciones
tan deslumbrantes, no resulta demasiado extraña la aseveración de que el gran
Presidente Abraham Lincoln fue asesinado porque, utilizando con decisión su
poder político, imprimió los famosos "green-backs" -billetes
nacionales, podríamos llamarles-, luego de rehusarse a pagar un céntimo, a los
banqueros que le ofrecían "prestamos" a interés, en plena Guerra
Civil norteamericana. Y luego que el Presidente John F. Kenendy fue también
asesinado, al poco tiempo de expresar su intención de reivindicar para el
gobierno de los Estado Unidos la facultad de "emitir moneda y regular su
valor", tal como reza la Constitución de su país. (30)
Obvio es señalar que
las citas precedentes tienen por única finalidad ilustrar respecto del origen
espúreo de los artilugios financieros que los banqueros -nacionales e
internacionales- pretenden utilizar en tiempos modernos, como si se tratara de
auténticos "ahorros", para asegurar a los mismos un tratamiento
privilegiado, o sea, tasas de interés elevadas, que "compensen con
creces" la desvalorización monetaria...
APÉNDICE
Una acotación sobre la tasa de interés
La "tasa de
interés" es la retribución que percibe el titular de un
"capital" (dinero ahorrado) por ponerlo a disposición del proceso
productivo. Vale decir, es la compensación que obtiene el titular de ese
"factor de producción" por poner dicho factor (capital dinerario) a
merced de la producción; en la misma medida -digamos- que el trabajador obtiene
el "sueldo" o "salario" por su aporte de trabajo, o el
titular de un inmueble obtiene una "renta" por su aporte de un predio
rural o urbano al mismo proceso.
Ahora bién, ¿por qué
habría de "garantizarse" al titular del factor capital ("capital
líquido", en este caso capital ahorrado -en el mejor de los supuestos- es
la simple representación de un "capital", en su forma más líquida de
expresión) una retribución positiva -o sea, que "compense con
creces la desvalorización monetaria"- si a los demás "factores de
producción" (tierra, trabajo, etc.) no se les garantiza de la misma
manera?
Puesto que la tasa
de interés ("activa" o "pasiva", como ha dado en
llamársele ahora), al ser ni más ni menos que la retribución resultante
del proceso de producción, tal retribución no tiene porqué ser
"positiva", si los resultados de dicho proceso son
"negativos" (¿acaso no hace años que la mayoría de las empresas
argentinas vienen produciendo "con perdida", y por consiguiente,
"descapitalizandose" ?...)
Si existiera justicia
en garantizar una tasa de interés permanentemente superior a la tasa
de inflación, con mucha mayor justicia habría que garantizar salarios,
rentas, beneficios y regalías (ello es, la retribución
que, respectivamente, corresponde a los restantes factores productivos:
trabajo, naturaleza, empresa e ideación) superiores también a la tasa de
inflación!
Y ello, todos lo
sabemos muy bién, no ha venido ocurriendo durante estos "cinco años de
Martínez de Hoz", pues particularmente los sueldos y salarios
(salvo contadas e irritantes excepciones), la renta (de la tierra) y los
beneficios (empresarios) han venido deteriorándose incesantemente,
en comparación con la "tasa de inflación" o -en nuestro caso- la
"evolución del índice general de los precios" que la refleja...
Vale decir, pues, que
al "garantizar una tasa de interés superior a la tasa de inflación, la
conducción Martínez de Hoz ha instituído un incalificable privilegio a favor
del "capital líquido" (o "ahorros dinerarios"), mientras
quedaban desguarnecidos los aportantes de los restantes factores productivos,
incluidos los titulares del capital "no líquido" (como máquinas,
herramientas y multitud de otros tipos de "bienes del capital").
Sin embargo, no sería
ello lo peor, pues hemos hecho previamente referencia al "capital
líquido", en su carácter de "dinero ahorrado", y bien sabemos
que la inmensa mayoría del "capital financiero" o "dinero
bancario", que los banqueros privados (y, en muchos casos,
"oficiales") de casi todo el mundo crean a voluntad, no es en
absoluto resultante de ningún ahorro, representativo de bienes
producidos por sus titulares, sino tan sólo el resultado de artificios
contables, por los cuales se generan "depósitos bancarios" o
"moneda corriente", sin otra limitación que la muy relativa
"tasa de efectivo mínimo" o "reserva legal", lo cual no
supone -repetimos- respecto de dicho "dinero", que haya mediado
producción o ahorro de ninguna naturaleza.
Y si resulta infundado
garantizar una retribución (interés) al, capital líquido, aún cuando
éste sea la representación de lo efectivamente producido y ahorrado,
infinitamente más infundado e injusto rsulta garantizar esa retribución
al capital financiero o dinero bancario, que no es fruto de ninguna producción
o de ningún ahorro, sino tan sólo de la "alquimia" monetaria de los
banqueros y financistas de cualquier especie.
El "dinero
ahorrado", los efectivos "ahorros" de una masa numerosa de
cabales ahorristas (de sumas relativamente pequeñas, en su gran mayoría)
que han obtenido su dinero produciendo, no es, por lo tanto, más que la
máscara, el pretexto dialéctico y, a la vez, la parte infinitesimal en relación
con el "capital financiero" o "dinero especulativo" al que
hemos hecho referencia a lo largo de nuestro análisis. Y por lo tanto
-repetimos- si injustificado es crear un privilegio a favor del "dinero
ahorrado", mucho más aún lo es crearlo a partir de dinero que no es
resultante de producción o ahorro de ninguna índole, sino de manejos meramente
especulativos, como lo ilustra la verdadera historia de la Banca mundial
privada.
CAPITULO VII
PROYECCIÓN DE LA "TEORÍA CUALITATIVA" EN MATERIA DE POLÍTICA MONETARIA
1. Generalidades
Recordamos que nuestro
enfoque cualitativo difiere esencialmente del enfoque cuantitativo
tradicional, al sostener que el valor del dinero dependerá
fundamentalmente del destino para el cual dicho dinero fuera insertado
en la corriente económica y no de su cantidad relativa.
El enfoque cuantitativista
ha prestado atención, a través de sus diversas expresiones históricas
("posición inicial", keynesianismo y monetarismo) a los
agregados globales monetarios y al comportamiento específico de éstos,
desde los distintos puntos de vista: velocidad de la circulación de la moneda,
"reservas de poder adquisitivo" resultantes de distintas
motivaciones, "preferencia de liquidez", etc.
Y al prestarse atención
al factor monetario en su carácter global (cuantitativamente
hablando), se ha reparado -a nuestro juicio- en lo que es de importancia relativa
para la determinación de los precios, o sea, en la cantidad de moneda vis a vis
la cantidad de bienes y servicios, a los que esa moneda sirve como
intermediaria en los cambios y transacciones de todo tipo.
Por esa misma
circunstancia es también que, históricamente, la tasa de interés se fue
convirtiendo en el factor racional por excelencia -y prácticamente único- para
regular la cantidad de moneda (independientemente, desde luego, de la
restricción monetaria o crediticia moderna, negando el incremento de la moneda,
o disponiendo la expansión a los efectos opuestos).
En otras palabras, como
la cantidad conveniente de moneda (M) resultará de la ecuación de precios
(P=M/Q), y sólo el aspecto cuantitativo (de M) es el que se tiene en
consideración, la tasa de interés -según la evolución de los precios
(P)- será el instrumento idóneo para frenar o relajar la creación de moneda.
Si la tendencia de P es
alcista, hay que frenar la cantidad de M y, para ello el instrumento
aconsejable (el único conocido, racionalmente hablando) es la tasa de
interés, pues al elevar ésta, al encarecer la disponibilidad de unidades
monetarias adicionales, la demanda de moneda habrá de restringirse.
Mientras que si la tendencia de P es bajista, habrá que relajar o
promover la creación de moneda, disminuyendo la tasa de interés y
abaratando, consiguientemente, la disponibilidad de unidades monetarias
adicionales.
Por cierto que la única
alternativa restante: la estabilidad del nivel de precios (P), lo
razonable será también mantener estable la tasa de interés,en forma tal
de no encarecer o abaratar la disponibilidad de las unidades monetarias
adicionales, con lo cual queda prácticamente dicho que se mantiene rígida,
relativamente hablando, la cantidad de moneda.
Pensamos que este
enfoque, netamente cuantitativista,dentro de su racionalidad, parte de
un concepto limitado -a nuestro juicio- de la naturaleza de la moneda y de sus
funciones dentro de lo que ha llegado a ser una economía monetaria moderna.
Pues supone insisitir en el concepto arcaico de moneda como intermediaria en
los cambios y como común denominador de los valores, exclusivamente
(funciones netamente "inertes", por así decir, del factor monetario)
(31), pero soslayando el rol fundamental que hoy corresponde a la moneda
en el proceso económico y que es -y debe ser, sin duda alguna- el de instrumento
movilizador de los factores productivos.
Nuestro planteo cualitativo
parte de una base muy diferente: es el destino de las unidades monetarias
adicionales el que justificará o no su creación, y como este planteo
pretende ser más racional que el otro (cuantitativista), la creación de
unidades monetarias adicionales, conforme a su destino cualitativo, de
ningún modo soslayará el aspecto "cantidad" de moneda, ya que en el
concepto de "calidad", o destino cualitativo del instrumento
monetario, está necesariamente implícito el aspecto "cantidad"
de dicha moneda.
Vamos a ilustra esta
importante aseveración nuestra con un ejemplo. El economista francés Juan
Bautista Say fué quien sostuvo, con todo acierto, que toda oferta crea su
propia demanda. (32) Se sobreentiende que el razonamiento está encuadrado
dentro del buen juicio o "sentido común": se habla de bienes o
servicios que cuentan con una demanda actual o potencial, y no de productos carentes
de demanda. Y es lógica la posición de dicho economista, en función de la dinámica
económica, pues en el acto productivo que implica la
"oferta" (o incremento de lo ofrecido) a la que él se refiere, se
generan los "incrementos de ingresos individuales" que posibilitarán,
a su vez, que lo producido u "ofrecido" encuentre demandantes (con
"ingresos acrecidos") para su colocación en el mercado. Y esto es
valedero, a nuestro juicio, en el corto, mediano y largo plazo.
De modo, pues, que lo
que dijo Say es, en un plano de razonabilidad, absolutamente cierto. Pero lo
que no sería menos cierto de ningún modo, al menos en el corto plazo, y
dudosamente en el mediano, es lo inverso del planteo de Say, vale decir,
"que toda demanda crea su propia oferta".
Y no es cierto por una
razón muy simple: porque no basta la solicitud o demanda de un bien o de un
servicio, aun habiendo con qué adquirirlo (dinero u otros bienes) para que lo
solicitado o demandado aparezca en disponibilidad en el mercado. Decir esto no
supone desconocer que, a mediano o largo plazo, la demanda "genera"
una oferta consiguiente. Pero nuestro análisis está referido esencialmente al
corto plazo, que es el que tiene verdadera vigencia desde el punto de vista de
la formación de los precios.
Pues bien, partiendo
del planteo o "ley" del mencionado economista francés, el cual es
valedero (toda oferta crea su propia demanda), aunque no el inverso (toda
demanda crea su propia oferta), veamos como se reaccionaría, en función de la
teoría cuantitativa y de la teoría cualitativa, respectivamente.
Entre paréntesis,
podríamos decir que el aforismo de Say parte del acto productivo; el planteo
inverso, del acto consuntivo.
Si en situación de
aumento de precios, o directamente de inflación, un particular o empresa requiriera
fondos para incrementar la producción (unidades monetarias adicionales), la
reacción lógica de los cuantitativistas seria negárselos, o bien cobrarle una
elevada tasa de interés. Vale decir, que aquí prevalecería el aspecto
monetario, de acuerdo con el enfoque que les es particular, antes que el
fundamento dinámico económico previsto por Say.
En el mismo caso
hipotético planteado, la reacción conforme al planteo cualitativo sería la
inversa: considerando conveniente el destino productivo de los fondos
requeridos, proveérselos al menor interés posible, para incrementar la oferta
de los bienes a producir, lo cual -ceteris paribus- tendrá a provocar la
disminución de su precio.
Ante un cuadro
deflacionario, la posición de los cuantitativistas seria presuntivamente la
correcta: la de procurar mayor fluidez monetaria, acompañada de una merma de la
tasa de interés, aunque no sabemos si tal disminución sería llevada a los
niveles requeridos para revitalizar la inversión y el incremento consiguiente
de la actividad productiva. En principio, ese no parecería el caso, conforme a
las investigaciones del propio Friedman, quien revela la tremenda disminución
del caudal monetario en los Estados Unidos, entre 1929 y 1933, aclarándonos que
los prestamos no se otorgaban por falta de solicitantes, pues solicitantes -en
aquellos momentos- era lo que sobraban. (33)
En situación análoga,
la posición cualitativa sería no solamente de alentar la producción a través de
las bajísimas tasas de interés (ya volveremos sobre este tema), sino
particularmente por la mejor selección de destino de los incrementos
monetarios, en función de la cualidad o proposito productivo de los mismos.
Pero es mucho más lo
que corresponde decir a proposito del aforismo de Say en relación con los planteos
cuantitativos y cualitativos, respectivamente, y a eso vamos.
2. Los incrementos monetarios sectoriales, el gasto público y el destino cualitativo de aquellos incrementos
Una de las principales
carencias de la escuela monetarista, a nuestro juicio, radica en la no
discriminación del "destino productivo" de los incrementos
monetarios. Basada en la "globalidad" de su enfoque
(cuantitativista), a esta escuela le preocupan fundamentalmente los
"agregados monetarios" u "oferta monetaria global".
Consiguientemente,
sostiene -por una parte- que la magnitud del gasto público es irrelevante, en
tanto y en cuando dicho gasto sea financiado mediante el producido de impuestos
o empréstitos (internos, ello es, tomando prestado del público) y -por otra-
sostiene la necesidad imperiosa de estabilizar la oferta monetaria, aun
drásticamente, en circunstancias inflacionarias.
De estas dos
circunstancias se derivan, precisamente a causa del enfoque cuantitativista y
no cualitativo, como nosotros proponemos, muy graves consecuencias
-desastrosas, podríamos decir- como lo probaremos a continuación.
De la primera
recomendación -que el Estado se financie con recursos "legítimos"
(impuestos y empréstitos)- se ha derivado, por una parte, el exagerado
incremento de la presión fiscal (impositiva) y, por la otra, la concurrencia
del Estado a los mercados financieros (locales y, a menudo, internacionales)
ofreciendo pagar cuantiosos intereses para ello. En el Capitulo precedente,
vimos el caso del gobierno español, que está abonando un 16 por 100, promedio,
para atender el servicio de intereses de una cuantiosa deuda interna. En el
caso de otros países, como Argentina y Brasil, la situación es infinitamente
más grave, por la magnitud de los intereses y el endeudamiento.
De la segunda
recomendación -que se mantenga estable o muy levemente creciente la masa
monetaria- las consecuencias no son menos funestas. Por las siguientes razones.
La restricción
crediticia es infinitamente más fácil de aplicar al sector privado de la
economía que al sector público. No está solamente el caso patético argentino,
al cual hemos hecho ya referencia, sino que ahí están el caso español, el caso
norteamericano y el caso inglés, entre otros, para ilustrarlo. Vale decir que,
aun cuando se trate de países con gran "organización democrática" y
con gobiernos eventualmente conservadores, el gobierno siempre tiene el peso
suficiente para agenciarse los recursos que le hacen falta; ¡para eso está, en
ultima instancia, el supremo argumento de la defensa nacional!
Y entonces el
destinatario de la restricción crediticia pasa a ser, con exclusividad, el
sector privado de la economía, al cual no le es indiferente, como le es al
Estado "pagar cualquier tipo de interés", ni tampoco le resulta
posible presionar más allá "de cierto limite" para obtener créditos,
como también le es posible al gobierno, pues éste -en ultima instancia- cambia
el ministro que no quiere complacer sus exigencias y "San Seacabó"
...
De las circunstancias
descritas, como hemos dicho, se derivan consecuencias gravisimas que, en
nuestra opinión, constituyen la explicación suficiente del proceso simultáneo
de inflación y recesión, que hoy caracteriza al mundo occidental.
En efecto, hemos visto
en el Capitulo II, al discriminar el "destino cualitativo" de las
inserciones monetarias que el Estado es -en altísima proporción un productor de
servicios y sólo por excepción un productor de bienes. Mientras que el sector
privado de la economía es exactamente lo inverso: un productor de bienes, en
elevada proporción, y sólo en una medida muy limitada un productor de
servicios.
Por lo tanto, al
favorecerse la "financiación ilimitada" del sector público (siempre
que sea con recursos legítimos, dice Friedman), se está favoreciendo la
expansión, también ilimitada, de lo que es capaz de producir el Estado:
¡servicios! Pero, a la vez, con la restricción monetaria y el encarecimiento
del crédito para el sector privado, se está frenando o imposibilitando la
producción normal de bienes.
Por este motivo, se
producen simultáneamente, en tales circunstancias, la recesión y la inflación.
Nos explicaremos.
La posición
cuantitativista supone falta de discriminación en cuanto al destino cualitativo
en lo que hace a la "oferta monetaria", pero también -como fruto de
la "globalización" a que antes nos hemos referido- falta de
discriminación en lo referente al otro factor de la "ecuación de
cambios" o "de precios", ello es, falta de discriminación en
cuanto al destino productivo de los recursos monetarios. (34)
Tales recursos, se van
insertando en el aparato económico y, como consecuencia de ello, si bien el
producto total o global (Q), puede seguir guardando proporción con la demanda
global u oferta monetaria" (M), la composición de tal producto (Q) va
adoleciendo -como fruto de las circunstancias antes apuntadas- de una
sobreabundancia de servicios (producidos por el Estado) y de una creciente
escasez de bienes: la primera resultante de la sobrefinanciación del
"sector público", la segunda resultante de la subfinanciación del
"sector privado.
Veamos dos
consecuencias importantes de esta anomalía. La primera es que la superabundacia
de servicios, resultante del gasto ilimitado del Estado se traduce, sin duda
alguna, en una infinidad de servicios "superfluos", pero este tema no
incumbe a la burocracia estatal, que no tiene mejor alternativa -en esas
condiciones- que seguir siendo "burocracia". La segunda, que la
contabilización" de tales servicios, desde el punto de vista de las
grandes variables de la economía, produce en apariencia resultados
satisfactorios, pues al "costo de los factores" los servicios
superfluos pasan desapercibidos, y todos son tan computables -los superfluos y
los no superfluos- como parte integrante del "producto nacional".
Por otra parte, la
sobrefinanciación del sector público genera una masa equivalente de ingresos
adicionales, y tales ingresos (proporcionales, diríamos así, a la
superabundancia de servicios que resultan de la política monetaria en cuestión
) se vuelcan en el mercado en pos de los bienes cada vez más escasos, que
también resultan de la misma defectuosa política monetaria.
Y ¿porqué no hay en
tales circunstancias perspectivas de solución?
Por una razón muy
simple: porque el incremento ilimitado de servicios está insito en el programa
de "sobrefinanciación" del sector público; porque la disminución
inexorable de bienes también está insita en la "subfinanciación" del
sector privado. y porque, en definitiva, las dos anomalías -sobrefinanciación
de un sector y subfinanciación del otro- están indisolublemente unidas en la
política monetaria vigente (monetarismo).
De manera, pues, que la
expansión indefinida del ingreso, vía "sector público", significa la
expansión indefinida de la demanda de bienes (de uso, de consumo y de
producción), pero como la oferta de bienes no puede expandirse, porque la
política monetaria lo impide, vía subfinanciación del "sector
privado" (o lo que hemos llamado "política de dinero escaso y
caro"), lo único que inexorablemente puede ocurrir es que una demanda de
bienes cada vez más abundante, se enfrente con una oferta de bienes cada vez
menos abundante. Así tenemos, "científicamente", GARANTIZADA LA
INFLACION!
Vale decir que, el
planteo inverso al aforismo de Juan Bautista Say (toda demanda crea su propia
oferta) que nosotros hemos admitido que -normalmente- pudiera ser valedero a
mediano o largo plazo, tampoco en este caso puede funcionar. ¿Por qué?
Muy simplemente: porque
el esquema monetario en vigencia no lo hará posible, ya que cuanto más
estrangulado resulte el sector privado, más expandido resultará el sector
público (por algo es que ni en los países mejor organizados,
"democráticamente", se puede frenar el gasto público, en razón de que
el gobierno no puede desentenderse del problema social que crea el crecimiento
del desempleo en el sector privado).
Y cuanto más se expande
el "sector público" (servicios) pari passu se expande el
ingreso y, por ende, la demanda de bienes, al tiempo que cuanto más se contrae
la oferta de bienes (debido a la restricción crediticia y la elevación de las
tasas de interés), obviamente más se elevaran los precios (inflación).
Por otra parte, la
elevación permanente de costos, por la "restricción crediticia y las altas
tasas de interés", no sólo impedirán inexorablemente al sector privado la
expansión de la oferta de bienes -y con más razón el abaratamiento de éstos-,
sino que fatalmente se traducirá todo ello en un índice cada vez mayor de
desempleo. Y aquí está, pues, "científicamente" GARANTIZADO EL
DESEMPLEO!
Lo cual demuestra
-repetimos- que con la estrategia monetarista y sus consecuencias inevitables
en lo que hace, respectivamente, a la evolución del sector público y del sector
privado, ni siquiera a mediano o largo plazo pueda darse la posibilidad del
planteo inverso al de J. B. Say, vale decir, que "la incrementación de la
demanda (de bienes) provoque o genere la ampliación de la oferta (de
bienes)". Porque la política monetaria vigente -el planteo
"monetarista"- está concebido de manera tal que esa secuencia
económica NO SE PUEDE DAR!
En esa forma se han
concretado, como fruto de la restricción monetaria, de la sobrefinanciación del
Estado y de la subfinanciación del "sector privado", las dos
enfermedades que son endémicas en las economías de Occidente: la INFLACION y la
RECESION, CON CRECIENTE E ILIMITADO DESEMPLEO.
3. Una política monetaria de estimulo a la producción
Hemos visto que la tasa
de interés, sea elevándose o disminuyendo, no es de ninguna manera el selector
adecuado del destino cualitativo de las inserciones monetarias.
¿Acaso el Estado -que
paga desaprensivamente los intereses que en estos momentos cobran, más
desaprensivamente aun, la alta banca y los financistas internacionales- es una
garantía de buen destino del gasto en permanente expansión?
De ninguna manera.
Acabamos de ver que no. Y si tal evidencia basta para convencernos de la
impropiedad de este instrumento -la tasa de interés- ¿que no podrá decirse de
su ineptitud en el campo propio de la actividad privada ? Con más razón,
en momentos en que ya se opera en un ritmo inflacionario, pues en este
clima lo predominante es lo meramente especulativo y no lo productivo, y
al especulador las tasas de interés elevadas no le molestan, antes bien le
favorecen, en cambio al productor no sólo le molestan, sino que pueden
resultarle una barrera infranqueable.
Estos razonamientos
sirven para fundar nuestra aseveración -una vez que se ha comprendido el
planteo cualitativo- de que la tasa de interés bancario -con
fines productivos- jamás debe exceder de un mínimo, casi diríamos irrisorio,
tan sólo lo indispensable para sufragar la administración del sistema monetario
y crediticio que, por su naturaleza y a estos efectos, no debe tener
finalidades de lucro.
Lo único y fundamental
que debe orientar el otorgamiento de crédito, con fines productivos, es la
disponibilidad de factores ociosos.
Hemos hecho referencia
a nuestro criterio de que la gran función y responsabilidad de la moneda, en
una economía moderna es la de servir como instrumento movilizador de los
factores productivos. Pues bien, la presencia o disponibilidad de tales
factores, sin adecuada utilización, es lo que debe esencialmente inspirar una política
monetaria cualitativa. Y con mucha mayor razón si el factor disponible y
ocioso es la mano de obra, el factor humano, sin cuya plena ocupación
ningún país civilizado debería sentirse cumpliendo con sus legítimas
responsabilidades, morales y sociales.
Pensamos asimismo, como
derivación lógica del criterio "cualitativo" que proponemos, como
planteo orientador de la política monetaria, varias proposiciones importantes
surgen con absoluta normalidad del mismo, y a continuación las expresamos en
forma abreviada.
1. El crédito
productivo debe extenderse, sin excepción, a la tasa de interés mínima, a la
cual hemos hecho referencia anteriormente, pues cualquier incremento de la
misma habrá de incidir inevitablemente elevando los precios.
2. El crédito
cualitativo, con destino a la producción, debe estar orientado esencialmente
por la meta de la plena ocupación de los factores productivos y, particularísimamente,
del factor humano.
3. El crédito
cualitativo, con destino al consumo, puede estar orientado por principios
substancialmente diferentes, sin apartarse por ello de los criterios de bien
común que, según nuestro modo de pensar, deben inspirar la conducción económica
y política del Estado.
En los capítulos
finales, desarrollaremos los criterios expuestos sucintamente en los puntos
precedentes. Pero antes de terminar el presente, creemos pertinente formular
una aclaración importante.
Nuestra proposición en
favor de la plena ocupación y del abaratamiento de la producción, mediante
la reducción al mínimo de la tasa de interés bancario, sin
excepción, de ninguna manera está inspirada en la meta de una civilización
"consumista", ni -menos aún- depredadora de los recursos naturales no
renovables, ni en el desconocimiento de las sabias y prudentes
recomendaciones de la ecología.
Creemos al respeto que
los principios morales y culturales deben inspirar, conforme a la mentalidad e
idiosincrasia que es propia de los distintos pueblos, sus decisiones económicas
fundamentales. Y partiendo de esta base, entendemos que las metas espirituales
y materiales de las distintas comunidades humanas deben condicionar sus
decisiones, con todo el acierto posible, para alcanzar sus propios fines.
La ciencia económica no
es sino un contingente instrumental, al proyectarse en el amplio y variado
campo de la política económica. Dentro de las limitaciones prealudidas,
nosotros pretendemos realizar un modesto aporte, mediante nuestra "teoría
cualitativa".
CAPITULO VIII
CRÉDITO "CUALITATIVO" PARA LA PRODUCCIÓN
1. Uniformidad de la tasa de interés.
Consideramos que el
crédito bancario, con destino productivo, en ningún caso debe llevar aparejado
o devengar una tasa de interés superior al 3 por 100, anual.
Todos sabemos hoy que
el sistema bancario de cualquier país moderno está en condiciones de generar la
cantidad de moneda que se desee. Ni siquiera en la actualidad sería menester
"imprimir billetes", fuera de las cantidades necesarias
-relativamente mínimas- para atender los pagos "al menudeo" y los
hábitos de retención de un margen de dinero "efectivo" que pudieran
ser propias de la población.
Por otra parte, no es
normalmente en la emisión de billetes -poca o mucha- donde habrá de originarse
una inflación. Ni en el otorgamiento de crédito, o de "moneda
bancaria", donde aquella habrá de gestarse. A tales efectos, la
"emisión de billetes" y el "crédito bancario" son, de todo
punto de vista practico, equivalentes y esto, no de ahora, si no desde tiempos
en que se decretó en el mundo entero la "inconvertibilidad" de la
moneda y ésta dejo de tener, en consecuencia, ningún género de respaldo
metálico. (35)
Precisamente ese es el
punto clave de nuestro disentimiento con la "teroría cualitativa del valor
de la moneda". Pues no es la cantidad de moneda que se emita o se genere
por el sistema bancario, la que habrá de motivar la inestabilidad de los
precios o, eventualmente, la inflación, sino el destino cualitativo o cualidad
productiva (o improductiva) de dicha moneda, el que habrá de determinarla.
Por tales motivos,
creemos oportuno recordar que, de aceptarse el enfoque cualitativo, en
contraposición al cuantitativo, en la materia aludida se modificara
radicalmente también el criterio en cuanto al "manipuleo" de la tasa
de interés (elevándola o restringiéndola), como base o como instrumento
correlativo de la "contracción" o "expansión" monetaria.
Por la simple razón, en primer término, de que dicho manipuleo es totalmente
inconducente como "selector", en lo tocante al destino sectorial de
la moneda, desde le punto de vista del interés económico general. Y, en segundo
término, porque la elevación de la tasa de interés incide, siempre,
incrementando los costos y, por ende, los precios.
En otras palabras, la
elevación de la tasa de interés de ninguna manera garantiza que el destino
sectorial de la creación monetaria vaya a ser el adecuado. Ya que en una
economía que ha empezado a orientarse sobre bases esencialmente especulativas
-y ello casi siempre ocurre en economías que padecen inflación- es totalmente
improbable que la elevación de varios puntos en la tasa de interés modifique la
demanda de dinero con fines especulativos. En cambio, dicha elevación habrá de
tener -y eso nadie puede discutirlo- un efecto inevitable de elevar costos y
precios en todo el espectro económico, contribuyendo así a impulsar el proceso
inflacionario.
Y así como creemos en
la total inconveniencia de la elevación o manipuleo de la tasa de interés, como
"selector" del destino sectorial de la creación (contracción)
monetaria, también creemos que el "enfoque cualitativo" que
proponemos permitiría -sin alteraciones en la tasa referida- asignar
convenientemente la expansión monetaria, según el grado de aprovechamiento y
disponibilidad de los factores productivos y, por ende, de ocupación total o
parcial de los mismos, tanto en el aspecto estructural como coyuntural.
2. Incidencia "sectorial" de las inserciones monetarias, desde el punto de vista de la producción y el consumo.
Nadie podrá argumentar
-de buena fe- que nuestro planteo cualitativo -en cuanto a la adecuada
orientación "sectorial" de las inserciones monetarias y la
uniformidad de la tasa de interés bancario a 3 por 100 anual- con fines
productivos- resultaría limitativo de la libertad económica individual.
Sostener tal cosa sería
equivalente a argüir que la prohibición de emitir billetes o de falsificar
moneda, por los particulares, es también limitativa de la libertad individual.
Pues, en definitiva, aquí lo que se considera es la facultad de crear dinero,
como lo crean los bancos, o los "sistemas monetarios" administrados
por particulares, con cualquier finalidad y a cualquier costo. Y, al decir
costo, nos estamos refiriendo, obviamente, a la tasa de interés.
En la misma forma que
sería de mala fe sostener que, la represión de la usura, constituye un
cercamiento de la libertad individual de los "pobres usureros".
¿Acaso no vislumbraba
Keynes, hace casi 50 años, que la acumulación de capital (y de capital real,
representado por el ahorro y por el dinero, en su forma más liquida) había
alcanzado ya tales niveles que el interés que el mismo habría de devengar - en
razón de su oferta sobreabundante-, en un lapso muy breve, se aproximaría a
cero?
¿Como se compatilizaba
esa sabia apreciación Keynesania con tasa vigentes -hoy- en Nueva York y
Londres -en calidad de prime rate"- que alcanzan al 20 ó 21 por 100 y que
suponen, a esta altura del siglo, la "retribución" de recursos
monetarios que no son siquiera resultantes de la producción y del ahorro, si no
tan solo de la alquimia bancaria y financiera?. ¿ O eso no es, en verdad,
suceptible de ser denominado usura?. Entendemos que la creación de moneda
entraña un formidable privilegio. Y a nadie puede parecerle "limitativo"
que el destino y el costo de ese dinero - creado por la estructura bancaria -
esté determinado por el Estado, con fines elementales de interés público.
Una de las más graves y
generalizadas distorsiones en el panorama económico de los países capitalistas
occidentales es, precisamente, según apuntáramos antes, la derivada del planteo
cuantitativista - y, con más razón aún, monetarista - de desentenderse por
entero de la cualidad productiva ( o "destino cualitativo") de las
inserciones monetarias.
Con mayor razón cuando
hemos visto, como lo señala dramáticamente Sheldon Enry, respecto de los
Estados Unidos de América, que el poderoso sistema monetario nacional está
íntegramente en manos privadas (Sistema de la Reserva Federal) y en condiciones
de generar todo el contingente monetario que le plazca, para exclusivo provecho
de los titulares de la alta banca y finanzas norteamericanas.
En razón de ello, las
estructuras bancarias y financieras - porque eso les conviene -ponen a
disposición del sector público fondos ilimitados, a altas tasas de interés,
permitiéndole así a éste expandir el gasto, la burocracia, y la proliferación
de servicios ("superfluos" y "no superfluos"). Este gasto
público, desde el punto de vista productivo ("oferta global"), genera
una posibilidad de gasto adicional, prácticamente equivalente al nivel del
incrementado gasto público.
Y allí queda
patentizada la distorsión: el inadecuado curso sectorial de las inserciones
monetarias, que provoca - por una parte - el incremento
"desbalanceado" del producto (más servicios y menos bienes de los
requeridos), pero a la vez - por la otra - una demanda efectiva permanentemente
acrecentada en pos de bienes - cada - vez - más - escasos, y no de los
servicios ( "superfluos", muchos de ellos), cada vez más superabundantes.
A este respecto,
trajimos a colación el acertado aforismo del economista francés J. B. Say:
" Toda oferta crea su propia demanda ", recordando que el planteo
inverso: " Toda demanda crea su propia oferta ", de ninguna manera
resulta cierto en el corto plazo y, en las circunstancias actuales de la
política monetaria vigente, tampoco en el mediano o en el largo plazo.
En otras palabras, si
una economía produce adecuada o proporcionadamente bienes y servicios, a través
de una inserción monetaria cualitativamente orientada, la mayor producción será
íntegramente absorbida - con estabilidad de precios - por intermedio del
acrecentado caudal de ingresos, por aquello de que "toda oferta crea su
propia demanda".
Pero si el incremento
productivo es inadecuado y desproporcionado (más servicios y menos bienes de
los requeridos ) el acrecentado caudal de ingresos no podrá satisfacer
convenientemente su demanda de bienes, lo cual ha de reflejarse en el alza del
precio de éstos; y todo ello, precisamente, porque no es cierto que - en las
condiciones apuntadas, de la política monetaria vigente - "toda demanda
cree su propia oferta ", ni en el corto, ni en el mediano ni en el largo
plazo!
Y aclaramos que esto es
no solamente valedero y observable, en la actualidad, en casi todos los países
occidentales, sino que - por la continuidad de la política monetaria
distorsionante - se seguirá alentando el gasto público ( y, con ello, ceteris
paribus, la oferta de servicios y la demanda de bienes ), mientras que se
desalienta al sector privado ( y con ello, ceteria paribus, la producción de
bienes ).
No vacilamos, por otra
parte, en sostener que el índice de inflación que han acusado en los últimos
años los países "occidentales " mejor administrados (de los otros no
vale la pena ni hablar), es en gran medida coincidente con el "nivel de
incremento exagerado" que ha tenido en dichos países la tasa de interés.
En otras palabras, si la tasa o tipo de interés razonable y vigente en los
principales centros financieros del mundo - hasta hace un par de décadas - era
del 5 ó 6 por 100 anual, la diferencia entre ese nivel y el que en épocas
recientes tiene vigencia (20 ó 21 por 100), sería de 15 puntos, y este es,
aproximadamente, el porcentual de la inflación en los países que nos estamos
refiriendo (Estados Unidos, Inglaterra, España, etc.)
Valdría la pena
efectuar una verificación estadística en tal sentido, que confirmaría
plenamente, a nuestro juicio, la aseveración de que el incremento del tipo de
interés tiene una incidencia directa, inmediata ( y casi proporcional ) sobre
costos y precios.
Y al decir esto, ni nos
olvidamos - por cierto - ni menospreciamos los incrementos del precio mundial
del petróleo que han tenido lugar, desde 1974, por las razones conocidas, y su
incidencia relativa en el panorama de costos y precios de cada país en
particular.
3.- Fluidez crediticia, tasas de interés y estabilidad de precios.
Consideramos altamente
ilustrativa, a este respecto, la experiencia práctica de Argentina, de un siglo
a esta parte, digamos 1881-1981.
Mientras se mantuvo en
dicho país una política de fluidez crediticia, a tipos de interés bancario
nunca superiores al 4 por 100 anual ( a veces, parcialmente, inferiores), la
producción se expandió sin interrupción (1881-1945), acompañada de la notable
estabilidad de precios, reiteradamente aludida con anterioridad no obstante la
circunstancia de que el gasto público invariablemente superó el nivel de
recursos, resultando así una sucesión de déficit presupuestarios casi
ininterrumpida, anuales, que - proporcionalmente hablando - y medidos en moneda
"constante", no resultan inferiores a los de años recientes, en los
cuales ya se había caído en la inflación y en la recesión.
Lo importante, a
nuestro juicio, determinando de ese cuadro de crecimiento sostenido, con pleno
empleo y estabilidad de precios, es la fluidez monetaria a un interés bajísimo,
que permite la expansión de la producción de bienes (de consumo y exportables),
con los cuales Argentina pudo satisfacer ampliamente sus propias necesidades y
aún llegar a acumular importantes reservas de medios internacionales de pago,
todo enmarcado en una relevante estabilidad del peso moneda nacional, extensiva
también al valor internacional del mismo.
El cuadro posterior a
1946, y hasta la fecha, es exactamente el opuesto: inflación, recesión,
ilimitada desvalorización interna e internacional del peso, desempleo,
ininterrumpido quebranto de empresas, grandes, medianas y pequeñas. Y el factor
sobresaliente de todo este descalabro, tan reñido con la anterior prosperidad,
es sin duda alguna la distorsionante política monetaria, antes apuntada : la
"sobrefinanciación" del sector público y el consiguiente incremento
exagerado de la producción de servicios, a la vez que la "subfinanciación"
del sector privado y la dramática contracción consiguiente de la producción de
bienes; caracterizada dicha "subfinanciación", incuestionablemente,
por la restricción crediticia y la elevación al infinito de los tipos de
interés.
Por algo surgió en
nuestra mente la inquietud que ha derivado en este teoría cualitativa.
4.-Los límites del "crédito cualitativo" para la producción: plena ocupación "sectorial" de los factores.
¿Cuál es hoy el
problema más acuciante en los países capitalistas occidentales? Terminar con la
inflación y el desempleo.
Pues bien, el Estado
puede poner a disposición de infinidad de productores y de empresas todos los
recursos crediticios que sean necesarios para alcanzar la plena ocupación de la
mano de obra, el factor humano, en razón de ser esta una meta social
esencialísima, en cualquier país que se precie civilizado y de mantener una
economía de "libre iniciativa". Con las únicas características y
requisitos siguientes:
1.- Que el interés no
exceda el 3 por 100 anual y las amortizaciones sean las
adecuadas a la
naturaleza del giro o del producto a elaborar o servicio a prestar.
2.- Que los
solicitantes de crédito ofrezcan, esencialmente, las condiciones morales y de
idoneidad técnica para confiarles las sumas que solicitan en préstamo y por los
plazos solicitados.
3.- Que los propósitos
productivos supongan un ampliación del volumen ya producido, sin desmedro de la
calidad y con mejores perspectivas de precios para los productos elaborados
(servicios prestados), en el interés de los consumidores y de las
exportaciones.
4.- Que las actividades
de emprender o ampliar, por parte de los productores solicitantes de crédito,
sean absorbentes de cantidades consideradas de la mano de obra desempleada de
que se dispone circunstancialmente en el país.
5.- Que tales
propósitos productivos sean encuadrados, de la mejor manera posible, en los
grandes esquemas del crecimiento económico, balanceado e integral, con que
cuenta el país correspondiente.
6.- Que tales
propósitos signifiquen abrir en lo posible, dentro del espíritu de lo expresado
en los puntos anteriores, una nueva brecha de la actividad productiva, sea -
como propusiéramos - ampliando la gama de los bienes producidos hasta entonces,
o abaratando su precio, o promoviendo el aprovechamiento de recursos de toda
índole, hasta entonces inexplotados.
Creemos firmemente que
todos los países cuentan con infinidad de rubros vírgenes, recursos
inexplotados y posibilidades de expansión en la producción, cuantitativa y
cualitativamente hablando, como para absorber íntegramente la mano de obra
actualmente desempleada y toda aquella que pudiera generarse, prácticamente a
través de un tiempo ilimitado.
A manera de acotación
marginal, aún cuando este no sea el problema que estamos aquí analizando,
tampoco creemos en las visiones pesimistas del "Club de Roma" o de la
"Comisión Trilateral", presuntamente preocupados desde ya acerca de
la "superpoblación" mundial, pues estos esquemas forman parte - a
nuestro juicio - de un planteo tan monopolístico y explotador del género humano,
como pueden serlo las maniobras abusivas de la banca y las finanzas
"transnacionales", en provecho de sus propios y execrables fines
políticos y económicos.
En nuestro concepto, y
basados en la copiosa experiencia argentina, el proceso inflacionario de las
últimas décadas, en todo el mundo, es la consecuencia de las políticas
restrictivas del crédito y de su encarecimiento, directa o indirectamente
fomentadas por el monetarismo.
Si Argentina, un país
pletórico de recursos inexplotados, con posibilidades de multiplicar su actual
producción cien veces, en un lapso de pocos años, fue reducida a la inflación y
el desempleo más agudos, a través de una perversa política monetaria, ¿qué no
sería posible de concretar, mediante una política análoga, en multitud de
países que tienen un caudal de recursos mucho menos amplio y una densidad de
población muy superior que la de Argentina?
Creemos, por
consiguiente, en las inmensas posibilidades que se derivarían de una
revitalización crediticia de las economías en todos los países occidentales que
padecen inflación y recesión, que se ajustara a las prescripciones de la teoría
cualitativa.
5.- La fiscalización del "destino productivo" en el crédito cualitativo
Hemos dicho que la
posibilidad de crear moneda por vía del otorgamiento de crédito bancario
constituye un privilegio muy singular, y otro tanto podríamos decir del hecho
de ser beneficiario del mismo, y con mayor razón cuando éste lleva aparejada
una tasa de interés minúscula, con la cual se garantiza reducir a un mínimo el
costo de producción derivado de la financiación.
Y estimamos que dicho
privilegio, por parte de quien lo recibe, supone un compromiso tan concreto con
el interés público que quien violara el destino productivo con que solicitara
un préstamo de esta naturaleza, estará cometiendo un delito, al cometer fraude
contra la fe pública, en virtud de la cual a él se le otorgara el préstamo con
una determinada finalidad productiva.
Consideramos asimismo,
por tales razones, que la penalidad que sancione dicho delito debe ser
sumamente severa, algo así como la que sanciona el perjurio, pues sólo de esa
manera se desalentará el posible fraude a este respecto.
Entendemos también, por
los mismos motivos, que el mencionado delito debe ser sancionado con cárcel, y
de ninguna manera redimible por multa.
Es fundamental, a
nuestro juicio, terminar con la corruptela liberal, por la cual el crédito, si
bien muchas veces sirvió propósitos productivos y de interés general, en otras
tantas oportunidades sólo sirvió como pivote de maniobras especulativas, que
enriquecieron a unos pocos y, normalmente, a los más inescrupulosos.
CAPÍTULO IX
EL "CRÉDITO CUALITATIVO" PARA EL CONSUMO
1.- El "interés" del dinero como premio a la frugalidad
La concepción clásica -
liberal, que en tiempos de la moneda mercancía, moneda metálica o moneda
"con respaldo" metálico, concibió con buena parte de razón, que el
ahorro tenía como antecedente, casi invariablemente, una actividad productiva o
ingreso derivado de ella, y estimó - como lógica consecuencia de aquella
circunstancia - que la tasa o tipo de interés era el justificado premio a la
frugalidad de quien se abstenía de consumir hoy para postergar sus apetencias
de consumo por un tiempo determinado, poniendo en el interín sus ingresos
ahorrados a disposición de alguien que, o les daría un fín productivo, o estaba
dispuesto a pagar un excedente (la tasa o tipo de interés, precisamente ) por
anticipar sus deseos de materializar un consumo, sin ninguna demora.
Reiteramos, esa
concepción era razonablemente justificada en tiempos en que la moneda - la
forma más líquida de capital - era la resultante de un acto de producción, y en
la medida de lo que fuera. Pero hemos visto también que, en el mundo moderno,
la moneda bancaria se crea sin relación alguna - necesaria - con la actividad
productiva. Y por ende mal podemos hablar de que la disponibilidad de dinero
líquido supone o entraña una producción previa como antecedente, y por ende
ningún género de frugalidad. Porque el dinero, desde mucho tiempo atrás, puede
crearse simplemente como un "acto contable" o una decisión gerencial
de la administración bancaria, dentro de los límites muy laxos que la ley
determina o que determina la autoridad monetaria.
Por esta misma razón,
precisamente, es que consideramos que la moneda así creada se justifica
solamente cuando tiene como destino una finalidad productiva. Y una finalidad
productiva concreta, razón por la cual nosotros consideramos que la moneda
bancaria, el crédito que tiene por finalidad alentar y alcanzar la plena
ocupación de los factores productivos disponibles, debe otorgarse con una tasa
de interés mínima, en forma tal de no encarecer, por la vía financiera, los
costos de producción.
Consideramos, en
cambio, que cuando el préstamo bancario tiene como destino un acto de consumo,
las circunstancias económicas ( y morales, también, si se quiere ) cambian
radicalmente.
El que contando con
ahorros - derivados de ingresos, propiamente dichos - se abstiene de
consumirlos por razones de frugalidad, consideramos que puede - con razón -
aspirar a obtener una retribución ( tasa de interés ) lo más alta posible. Y
que el que aspira a materializar, anticipándose a la disponibilidad de ingresos
propios que se lo permitirían, tiene que estar dispuesto a abonar esa retribución.
Todo esto, como puede
advertirse, corresponde a nuestro enfoque "cualitativo" de la moneda,
pues al apartarnos del criterio meramente cuantitativista, se justifica
plenamente - por lo que hace a las incidencias e implicaciones estrictamente
técnico - económicas - discriminar entre "crédito para la producción"
y "crédito para el consumo", pues en el primer caso el móvil - de
interés general - es el abaratamiento de la producción (aparte de otros muy
plausibles, como el pleno empleo) y la estabilidad del nivel de precios; en
cambio, en el caso del segundo, el móvil -por muy respetable que pudiera ser-es
de caracter estrictamente restringido y hasta personal. En el primer caso, el
beneficiario es la comunidad en su conjunto; en el segundo, es el individuo,
aisladamente considerado.
Esto no implica
desconocer que,eventualmente,circunstancias excepcionales pueden darle al
crédito para consumo una tonalidad diferente -y aún comparable o superior- al
destinado a la producción, desde el punto de vista del interés general.Como
puede ser el caso de una calamidad pública, que afecta una localidad, una
región o una nación,o cualquier sector determinado de ellas.
Vale decir, pues, que
el crédito para la producción tendría como antecedente fundamental la creación
de moneda (o, dicho en otros términos,sólo se crea moneda para producir: bienes
o servicios). Mientras que el crédito para el consumo tendría como antecedente
fundamental el ahorro; y la tasa o tipo de interés -oscilante en este terreno-
sería el elemento equilibrador entre oferta (de ahorros) y demanda (de
ahorros), con propósito de consumo.
2.El papel de los "bancos comerciales" en relación con el crédito cualitativo.
Muchos lectores se
preguntarán si, como resultado de la aplicación de nuestra teoría cualitativa
de la moneda y de todos los enfoques que le son inherentes en materia de
política monetaria, se alteraría apreciablemente la estructura y la fisionomía
del sistema bancario, tal como hoy lo conocemos, en un típico país capitalista.
Respondemos que no. Que
en nuestro concepto dicha estructura y fisonomía permanecerían esencialmente
como están. Lo que, si,creemos que cambiaría esencialmente es la filosofía y la
orientación de la política monetaria,al pasar de un criterio tutelador
cuantitativo o cuantitativista, a un criterio tutelador cualitativo o
cualitativista.
3.Los bancos comerciales y el crédito para la producción
Consideramos,por
ejemplo,que los bancos comerciales tienen un papel importatísimo que jugar, en
relación con este tipo de crédito(para la producción). Nominalmente,hoy,ese
papel lo estarían cumpliendo ya,pero como resultado de la precaria orientación
de la teoría y política monetaría vigente, ese papel lo cumplen en muchos casos
deficientemente y, en otros muchos casos,con absoluta prescindencia del interés
general atendiendo, exclusivamente, a los móviles de las personas o grupos que
"controlan" los bancos.
La fluidez crediticia,
el exiguo tipo de interés que nosotros proponemos, con fines productivos, tiene
que estar regentada por estructuras experimentadas y responsables.Y creemos
que, si no la totalidad, la gran mayoría de los bancos privados encuadran en
esta categoría.
Con mucha mayor razón
si esa fluidez crediticia tiene que estar orientada hacia determinados sectores
de la producción, a fin de dar el mejor cumplimiento posible a las metas
nacionales, en lo que hace no sólo a la estabilidad de precios y al pleno
empleo, sino a los demás móviles de "desarrollo equilibrado" de la
economía nacional, a los cuales nos hemos referido en la sección 4a. del
capítulo anterior.
Tal tarea, de gran
importancia y de suma responsabilidad, no tendría por qué ser gratuita, y así
lo insinuamos anteriormente, al referirnos al interés propuesto por nosotros
del tres por ciento anual, ya que en él hay un margen muy razonable para
retribuir la acción los bancos comerciales (oficiales y privados), en razón de
su importante colaboración señalada. Entre otras circunstancias, porque es de
preveer que el movimiento de crédito ha de ser voluminoso, y en ese caso,una
comisión del 1 por 100 o del 1,5 por 100 puede ser una retribución importante,
y aún ampliamente compensatoria por servicios de esta naturaleza.
Tal circunstancia a que
aludimos, coincide plenamente con el florecimiento que revela el sistema
bancario argentino, en épocas de aquella extraordinaria estabilidad de precios
y crecimiento económico a que nos hemos referido anteriormente. Y recordamos
que en esta época floreciente -entre 1881 y 1945- las tasas de interés bancario
vigentes en el país,sólo excepcionalmente y por muy breves lapsos,excedieron
del 3 o 4 por 100 anual.
Por otra parte,hemos
hecho referencia a la grave responsabilidad penal en que incurriría un
"tomador de préstamos" para la producción que cometiera fraude, en
cuanto al destino que efectivamente diera al dinero recibido,destinándolo a un
propósito ajeno a su declaración. En tal sentido, indudablemente, el banco que
interviene en la operación,puede y debe tener una jurisdicción amplia (y
responsabilidad a la vez) en materia de cumplimentar celosamente dicha
fiscalización, siendo en última instancia coresponsable con el autor de fraude,
si se pusiera en evidencia negligencia o complicidad, a propósito de tal
anomalía.
4.Los bancos comerciales y el "crédito para el consumo"
Si amplias pueden ser
las funciones y las retribuciones de los bancos comerciales por su
participación en el manejo del crédito para la producción, podemos decir que
más amplias aún pueden serlo en materia del crédito para consumo.
Pues en tal materia,la
latitud de las funciones de las funciones del banco puede ser muy superior.Ya
que tratándose de un terreno en que priva más el interés general, todo el
esquema en este aspecto podrá manejarse más en conformidad con las leyes de
libre oferta y demanda. Lo cual implica, por cierto, que si tal esquema se
respeta, y estará en la responsabilidad de la autoridad económica y monetaria
hacerlo respetar,esa misma circunstancia-si bien premiará la eficiencia, la
confianza y la buena administración-a la vez habrá de velar porque no se
establezcan en esta materia "estructuras" o desviaciones
monopolísticas y, por consiguiente,abusivas.
En otras palabras, los
bancos comerciales podrán en este ámbito,ofrecer tasas de interés superiores a
las de la competencia (y a las del interés vigente,desde luego,para el crédito
para la producción) y también podrán cobrarlas a los solicitantes de
préstamos.Pero entendemos que, aún en este terreno,en el que pueden darse
oscilaciones de diverso origen (digamos,hasta de tipo "estacional",
por ejemplo,con fines turísticos) las reglas tradicionales de "oferta y
demanda" jugarán,sobre todo en el mediano y largo plazo,para estabilizar
los tipos de interés, en función, digamos, de lo que fueran circunstancialmente
las propensiones psicológicas marginales a consumir y a ahorrar.
5.Observación final
Consideramos
improcedentes, por razones obvias,extendernos más ampliamente de lo que lo
hemos hecho hasta aquí,acerca de lo que podríamos llamar la instrumentación
práctica,en función de política monetaria,de nuestra teoría cualitativa del
valor de la moneda.
Creemos fundamental y
pertinente que primero se conozca y se considere el contenido y los fundamentos
de la teoría.Por otra parte, no dudamos que, aceptando nuestro planteo en todo
lo que es esencial,habrá expertos bancarios mucho más capacitados que nosotros
para sugerir todos los mecanismos de instrumentación, más adecuados para la
aplicación de nuestro enfoque teórico-práctico a la realidad específica de cada
país en particular.
También podemos
expresar, sin presuntuosidad, nuestra confianza de que la teoría cualitativa
resulte inteligible y novedosa,no sólo en su sustrato teórico,sino también en
las proyecciones prácticas, en materia de política monetaria.
Ya que en oportunidad
de adelantar los lineamientos principales de la misma, aunque resumidamente,
cuando su presentación en Washington,ante el Seminario de Finanzas al que
aludiéramos en el Capítulo 1, The Spotlight -el semanario político-económico
más prestigioso y difundido de los Estados Unidos y, sin duda alguna, el más
celoso defensor de la "integridad nacional" de ese país,comentó -
poco meses después-, a propósito de las reformas económicas del presidente
Reagan, lo siguiente,que es altamente honroso para quien esto suscribe:
"Aunque en la
buena senda, Reagan no "llego a proponer la adopción en su política
económica de la "teoría cualitativa" de la moneda, apoyada por el
Spotlight y su editor,el Liberty Lobby, que también favorece la orientación de
la oferta monetaria, apartándola del gobierno y dirigiéndola a manos de la
industria. El enfoque económico de Reagan orientado hacia la oferta y la
"teoria cualitativa" va un paso más adelante y propone que la moneda
sea canalizada internacionalmente hacia las industrias importantes y las áreas
deprimidas de la economía".
"La teoría
cualitativa de la moneda" que el Spotlight recomendara a Reagan en sus
números anteriores es fruto de la cerebración de...". (36)
CAPITULO X
Breve Apendice Político
Creemos haber concluido
nuestra exposición sucinta de la "teoría cualitativa" dentro de un
marco estricto de rigor científico.Vale decir, de objetividad, y a la vez de
prescindencia de toda tentación ideológica o emocional.
Pero como la Economía
es Política,esto es, se refiere a los seres humanos con todo lo que les es caracteristico:
intereses, emociones, ideologías, apetencias, etc., no cremos improcedente
hacer una referencia -a guisa de "apéndice"-a las obvias implicancias
políticas de la estrategia "monetarista" que hemos analizado con
bastante amplitud, a lo largo del presente trabajo.Pues de abstenernos de
hacerlo,cualquiera podría inculparnos de "remisos", de faltos de
claridad y aún de inconsecuentes con la verdad total.
Por ejemplo, una
pregunta que cualquier lector podría formularse,es la siguiente:
¿cómo se concibe que el
sistema financiero "transnacional", cúspide contemporánea del aparato
capitalista liberal, pueda promover el infinito fortalecimiento económico del
"sector público", en desmendro del "sector privado", si eso
podría significar la ruina de la "libertad económica individual" y de
la "iniciativa privada", que son a su vez los pilares - sin duda
alguna-del sistema liberal,propiamente dicho?
Nuestra respuesta a
dicha pregunta es, así lo creemos, tan simple como evidente.
El poder financiero o
sistema financiero "transnacional" es hoy en día una estructura
monopólica u oligopolistica, practicamente total.Su accionar, a través de la
estrategia práctica del monetarismo, a nivel mundial, así lo ha puesto de
relieve. Pero esa estructura no es solamente y estrictamente económica sino que
sus alcances, sus designios, son claramente políticos, según se ha explicitado,
sin ningún disimulo en esta década de los años setenta que acaba de
transcurrir.
La Comisión Trilateral,
culminación de una serie de mecanismos preliminares que alcanzaron notable
vigencia e influencia "supranacional", así lo acredita. Y esa
Comisión aspira, en buen romance, al "gobierno mundial".
Multitud de
publicaciones, en los últimos 4 ó 5 años, revelan sin ningún recato en las
aspiraciones hegemónicas de la Comisión Trilateral, que no es otra cosa-en su
integración- que un "pool" de banqueros, por una parte, y por la otra
de titulares o ejecutivos de las más grandes empresas
"multinacionales", de tres procedencias (Estados Unidos, Europa
Occidental y Japón) y, de ahí, la denominación trilateral. A estos que son los
principales y verdaderos pilares de esa estructura le suman, diría yo en
calidad de "adorno", y con propósito de disimulación, a periodistas,
profesores universitarios, dirigentes sindicales y políticos, etc.
En la abundante
literatura provenientes de los propios voceros oficiosos y propagandistas de la
"Comisión", se hace mensión a nuestro planeta Tierra como la
"aldea planetaria", que en la era "espacial y tecnológica"
que estamos viviendo, tiene que prepararse para las grandes aventuras
extraterrestres, administrándose para ello con la máxima eficiencia y
coherencia posible, para lo cual habrá que dejar de lado todo género de
"pamplinas", como serían las estructuras y recelos nacionales, los
objetivos culturales independientes, las soberanias y, desde luego las mismas
ideologías que acompañaron a estas ya anacrónicas concepciones nacionales e
individuales. En tanto que los grandes magnates financieros y empresarios
pensaran y obrarán por nosotros, en todo lo que compete a la conducción y
administración de la "aldea planetaria", y de nosotros, los míseros
integrantes del "hormiguero humano".
Los grandes cerebros al
servicio de esta estructura y superpoder "mundialista" , como
Zbigniew Brezinski, verdadero "primer ministro", sin cartera, del
presidente Carter, de los Estados Unidos, nos lo han dicho con paladina
claridad, en libros recientes, como "la era tecnotrónica" (1977): Los
problemas fundamentales de incompatibilidad entre el Este y el Oeste (o sea,
entre el "bloque comunista" y el "mundo libre") tienen que
ser resueltos a través de la permeabilidad del factor tecnológico de la
asistencia financiera y del "management" empresario multinacional. Y
en sendos libros perfectamente documentados, como "VODKACOLA"
(subtitulado: "las secretas complicidades de los imperialismos
capitalistas y comunistas"), el periodista canadiense Charles Levinson, se
ilustran profusamente las manifestaciones de interpenetración entre los bloque
aludidos, ya concretadas en los últimos 25 ó 30 años.
De ahí las ingentes
inversiones del "clan" Rockefeller en la Rusia soviética, destinada
al desarrollo petrolero. De ahí los desplazamientos de FIAT y otras muchas
empresas multinacionales de primera magnitud, que sin prejuicios aparentes
realizan su afincamiento en territorio soviético, o en países satélites de la
Unión Soviética. Y viceversa de grandes empresas estatales soviéticas que se
emplazan en los países occidentales.
Todas las evidencias
prácticas tienden, pues, a demostrar que los jerarcas financieros y de las
principales empresas "multinacionales" de occidente no tienen, a esta
altura, prevenciones políticas de ninguna naturaleza respecto de los regímenes
totalitarios comunistas y, en particular contra la cúpula burocrático-militar
que encabeza la Rusia Soviética. Muy por el contrario, el "vaso
comunicante" tecnológico y financiero parece haber tendido un "puente
de plata" entre estas dos jerarquías de neto cuño materialista. Y los banqueros
de occidente que son, a su vez, la "cumbre" del mundo capitalista
parece convencidos que el sistema comunista puede, en última instancia, ser la
mejor manera de "organizar" a todos los pueblos, ya que las
"naciones" o dejarían-o habrán dejado- de existir conforme a la filosofía
que sus voceros y sus actitudes vienen poniendo de manifiesto.
Esto tiende a explicar,
a todas luces, la estrategía monetarista y a compatibilizarla, a la vez, con
los "planes mundialistas". Por las siguientes razones.
Hemos dicho,por una
parte,que el monetarismo propicia, en forma sutil pero despiadada, la expanción
ilimitada del "sector público", a la vez que el aniquilamiento
progresivo del"sector privado" de la economía nacional.Esto, en la
práctica, significa propiciar la" socialización" o "comunistización"
de un país, o de todos los paises en que sus proposiciones se aplican pues, en
definitiva, lo que caracteriza al comunismo o socialismo moderno es el
"capitalismo de Estado", en que el control de los medios de
producción -y la producción misma-depende de las decisiones del "sector
público" con exclusividad.
Por otra parte, dicho
esquema monetarista conduce a la propagación y auge desorbitado del
"sector financiero", tanto en el orden nacional como internacional,
pues dicho sector no es "productor" ni "consumidor", sino
tan sólo prestamista de dinero -se beneficia no solamente con las altísimas
tasas de interés y la restricción crediticia bancaria que le permiten
expandirse indefinidamente, sino también, y muy principalmente, con las
maniobras especulativas, agiotistas, usurarias y monopolisticas a que da lugar
en escala progresiva el raquitismo y decadencia del sector "privado"
de la economía.
Este auge de la
"internacional financiera" no está reñido, por cierto, con el
afianzamiento de las "empresas multinacionales" o
"transnacionales", las cuales -según es público y notorio- están
estrechamente emparentadas y asociadas con la alta banca y la estructura
financiera internacional.
Una lógica elemental
nos lleva a suponer que, una vez afianzado el "sector público" y el
capitalismo de Estado en Occidente (37), el paso adicional sería de una
simplicidad total: los jerarcas financieros que han manejado este proceso en el
mundo capitalista, simplemente tendrán que cambiar las "marionetas"
de los países "democráticos", de las cuales se han servido hasta
ahora, y convenir con las"élites" burocráticas de los países
comunistas los términos para el manejo "mundialista " que unos y
otros persiguen en la práctica, aunque inspirados originariamente en diferentes
motivaciones.
De todas maneras, sus
elementos comunes -el internacionalismo, el materialismo y, por ende, la
ausencia de frenos éticos o morales- facilitarán plenamente sus designios,
también comunes.
Y no cabe duda que el
comunismo ha puesto en evidencia una eficacia siniestra y contundente, para
convertir a los pueblos rebaños, y el género humano en el
"hormiguero" que es el desideratum de "mundialistas" y
comunistas.
NOTAS
(1) Sobre antecedentes
del mecanicismo monetario moderno puede verse cualquier buen texto de
"Moneda y Bancos", como puede ser el del Prof. Lester Chandler. Y
también, sobre diversos tópicos en esa materia, mi libro, El ocaso del Patrón
oro: Editorial de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1969.
(2) Véase mi Manual de
Economía Política (3ª. Y 4ª. Ediciones). Ed. Artigas, Montevideo - Buenos
Aires, 1981, pags. 93/95.
Una elocuente
ilustración de la disparidad entre las cifras oficiales de computo y la
realidad puede encontrarse en mi trabajo, La inflación argentina 1946-1975,
Edit. Manuel Belgrano, Buenos Aires 1975
Ibid, pág. 55.
(5) Puede verse al
respecto, Walter Beveraggi Allende, El dilema económico de la Revolución
(Estudio crítico del Plan Prebisch), Ed. del autor, Bs. As., 1956.
(6) Reproducida en mi
libro, El ocaso del Patrón Oro, págs.93/4.
(7) Milton Friedman,The
Counter-Revolution in Monetary Theory,1st Wincott Memorial Lecture,Senate
House,Universidad de Londres,edit. por el Instituto de Asuntos
Económicos,Londres,1970.
(8) Ibid,pag. 10.
(9) Ibid,pag. 13.
(10) Ibis,pags. 16/17
(11) Ibid,pag.17
(12) Puntos 1 al 11
tomados de ibidem, pág 22/25
(13) Ibid, pag 26
(14) Diario
"Clarín" (Revista), Buenos Aires, 18 de octubre de 1981, págs.10.
(15) M. Friedman, A
Counter-Revolution in Monetary Theory, pag. 11.
(16) Puede verse al
respecto, entre otros trabajos míos: Argentina, 1946-1978: Cómo se destroza
una economía, Ed. Confederación Nacionalista Argentina, Buenos Aires, 1979;
y El vaciamiento económico de Argentina, orquestado por Martínez de Hoz,
Ed. Artigas, Montevideo-Buenos Aires, 1981.
(17) Revista "Gente",
Buenos Aires, 2 de junio de 1977,págs.32-45.
(18) En un breve
apéndice, que insertamos al final del presente capitulo, se refuta la
argumentación esgrimida por Friedman y utilizada hasta el hartazgo por Martínez
de Hoz en abono de las tasas de interés que superen el " margen de
desvalorización monetaria ". Tomado de mi articulo, antes citado, "
El vaciamiento económico de Argentina... ", públicado también en la
Revista " CABILDO ", Bueno Aires, Marzo de 1981, pags. 39/45
(19) Diario la Razón,
Buenos Aires, 7 de julio de 1981, pág. 3.
(20) En el diario La
Prensa, de Buenos Aires, del 29 de octubre de 1980, puede leerse un amplio
análisis, a cargo del columnista Jesús Iglesias Rouco, acerca de las
estrechísimas relaciones entre el "financista" Rockefeller (David) y
el Ministro Martínez de Hoz, Págs. 1 y 7.
(21) Diario
"Clarín" (Revista), Buenos Aires, 18 de octubre de 1981, págs. 4/8.
(22) Artículo de Primo
González, en Diario 16, Madrid, del 30 de noviembre de 1981, pág.12.
(23) Los datos en
cuanto al desempleo son extraídos de un artículo de Higinio París Eguilaz, El
Alcázar, Madrid, 19 de diciembre de 1981, pág. 23.
(24) Del 27 de
noviembre de 1980, la pág. De la 2º sección.
(25) Diario
"Clarín" (Revista), Buenos Aires, 18 de octubre de 1981, pág. 10/11.
(26) Esta cita no
aparece en el libro original.
The SPOTLIGHT,
Washington, D.C., EE.UU. de América, 6 de julio de
1981, p.24
(28) TIME Magazine,
Nueva York, EE.UU. de América, 14 de diciembre de 1981, págs. 48/9.
(29) Reproducido
textualmente, con amplitud, en el libro Descent into Slavery, de Des Griffin,
Ed. Emissary Públications, S. Pasadena, 1980, pags.291/97.
(30) Ibid, pág.314.
(31) Propias, a
criterio nuestro, de la moneda mercancía o "moneda con valor intrínseco".
(32) Utilizamos la ley
de Say en su contenido tradicional, sin desconocer ni cuestionar las
justificadas críticas que respecto de la misma planteara John M. Keynes. Y
obramos así por una razón sencilla: que a nuestro juicio y a los efectos de
nuestro argumento, no procede el cuestionamiento crítico de referencia, o -si
se prefiere- no viene al caso. Ya que no entramos en la intimidad o rigor
científico del tema, sino que nos atenemos a su estructura o concepción
general, tal vez un tanto ingenua, y que presuponía condiciones de flexibilidad
en el sistema económico, que hace tiempo dejaron de existir, si es que alguna
vez existieron.
(33) M. Friedman, A
counter-Revolution in Monetary Theory, Pag. 16
(34) Decimos que hay
falta de discriminación en lo tocante a la oferta monetaria (M), en el sentido
de que no se discrimina si el dinero va a un sector u otro, a una empresa o
persona u otra. Al cuantitativismo lo mismo le da que el dinero (o incremento
monetario) vaya para especular, jugar a la quiniela o producir. En cambio,
falta de discriminación en cuanto al destino productivo, y en lo que hace al
producto (Q), porque la inserción monetaria es indiferente también al sector de
la producción afectado por ella.
(35) Sobre esta tema
puede leerse mi libro, antes citado, El ocaso del Patrón Oro, Capts.
II/V
(36) The Spotlight,
Washington DC 9 marzo 1981, pag 16/7
(37) Con toda
prespicacia, el Sr. Higinio Paris Eguilaz, en un artículo titulado
‘Socialización creciente de la actividad económica’ (El Alcazar, Madrid
19/12/81, pag 23) describe el proceso que está ocurriendo en España. Cabría
agregar que, al calor del monetarismo, es el que se ha seguido en Argentina y
se sigue en los principales paises del mundo occidental.