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El lastre de Texto base de la comunicación presentada en los XI
Encuentros de Filosofía de Gijón, donde se expone la dificultad que
supone para la formación de la unidad iberoamericana (con identidad
hispánica) el mantenimiento de Para entender la dinámica política actual (desde el punto
de vista de España) en la que, según pensamos, hay peligro de que nuestra
patria se fraccione, o de que en Iberoamérica se pronuncie aún más su actual
división, hay que tener en cuenta diversos factores, entre los que cabe
destacar el Fundamentalismo Democrático (unido estrechamente, también, a los
movimientos indigenistas) o el Pensamiento Alicia (con claras
tendencias gnósticas). Pero, además, hay que destacar un factor, de sobra
conocido, que se combina con los anteriores: Con la asunción o rechazo de Así, cuando uno considera que sus padres o abuelos son
personas dignas entonces asume con orgullo sus acciones. Si averigua que eran
unos golfos entonces suele renegar de sus progenitores. Pero el asunto se
complica cuando hay por media multitud de proyectos enfrentados, más aún si
éstos son de naturaleza política. Entonces la propaganda enemiga puede oscurecer
y confundir el comportamiento de sus adversarios, de tal manera que se corre
el riesgo de que juzguemos nuestra historia atendiendo principalmente a los
chismes y falsedades propaladas por sus enemigos. El porvenir de España (o Para entender esquemáticamente dicho factor, expondremos
los siguientes puntos: En primer lugar veremos en qué consiste Introducción del tema Empezando por el primer punto, diremos que Dichos cuentos o leyendas consisten básicamente en
exageraciones, tergiversaciones y falsificaciones sobre la obra política de
España y sus gobernantes, sobre todo en la época en que con mayor poderío
internacional se desplegó su Imperio (con Carlos V y Felipe II). Pero, ¿por qué surgió Los dos frentes principales de
Sobre Con los moriscos ocurrió otro tanto, pero con el
agravante de que buscaban alianzas con el turco (y con el cristiano – traidor
– francés) para reconquistar Sobre los procedimientos de acusación, detención y enjuiciamiento
hay que decir, entre otras muchas cosas (tal como recoge Jean Dumont en su
obra Proceso contradictorio a Pero lo más destacable es que El destierro de los judíos en Inglaterra, como nos cuenta
Juan Sánchez Galera, comienza cuando al rey John, necesitado de dinero, se le
ocurrió detener a un acaudalado judío de Bristol y venderle su libertad a
cambio de diez mil marcos. El rey comenzó a arrancarle un diente por cada día
que se retrasase en la «compra de su
libertad». A la sexta mañana la cantidad ya estaba abonada. Vistos los resultados, las sucesivas necesidades de
liquidez de En Francia expoliaban a los judíos, después los expulsaban,
y posteriormente les dejaban entrar de nuevo para volver a expropiar sus
pertenencias, como hizo Felipe Augusto en 1181, Felipe el Hermoso o Luis X,
en tres ocasiones. En Europa, en contra de lo sucedido en España, se expulsó
a los judíos sin buscar integrarlos previamente. Pero veamos también algunos
datos relacionados con las «guerras de
religión», que aquí se evitaron gracias a la institución de Según Juan Sánchez Galera, sólo en Inglaterra, en apenas
35 años, desde que Enrique VIII decidiera hacerse «Papa» y obligar a sus
súbditos a convertirse al protestantismo{6}, se calcula que se mató a unas 200.000 herejes
católicos (50 veces más que todos los ajusticiados por Lutero, en Alemania, después de incitar a los campesinos
a la rebelión igualitarista y anarquista, clama a los nobles para
reprimirlos. En Frankenhausen mueren unos cinco mil campesinos reprimidos. En
Suabia, Turingia, Franconia y Alsacia mueren más de 100.000 personas. En Munster
los anabaptistas de Juan de Leyde implantan un régimen de terror comunal,
donde se permitió la poligamia. Pero una de sus dieciséis esposas, que se
cansó de la vida de harem y pretendía huir de dicho régimen, fue decapitada
por su marido. El régimen de Calvino en Suiza no fue menos despótico, y
se vigilaba minuciosamente la vida privada de los nuevos súbditos. Desde
Ginebra, Calvino escribía al rey de Inglaterra: «Quien no quiere matar a los papistas es un traidor; pues salva al
lobo y deja inermes a las ovejas.» Calvino mismo mandó a la hoguera a más
de 500 personas (incluido Miguel Servet, que se había dejado seducir por la «libertad» protestante). En dos semanas
en Holanda el calvinismo, extendido desde Suiza, ejecutó a los curas y monjes
de más de 400 conventos e Iglesias. Respecto a represión de la brujería, hay que resaltar que
del siglo XVI al XVIII en Europa se quemó a un número infinitamente mayor de
brujas que en España. Los progresistas europeístas deberían saber que
España, a través de sus instituciones, nunca llegó al grado de irracionalidad
que se alcanzó en otros lugares, pues Según datos recogidos por Juderías, en Bamberg (Alemania)
se quemaron seiscientas personas, en Wurzburgo (Alemania, también)
novecientas, y en Ginebra (Suiza) quinientas. En Lorena un solo juez se
vanaglorió de haber condenado a muerte a ochocientas brujas. Con estas
ejecuciones se suponía que mejoraría el clima y disminuirían las enfermedades
que tantas muertes provocaban en personas y animales. Además los reformadores
fueron, al menos, tan irracionales como sus víctimas: el iluminado de Lutero{7} confesaba que disputaba con Satanás acerca de
asuntos teológicos (Juderías, pág. 393). Según Julián Juderías, en la época que va de María Tudor
(llamada «la sanguinaria» por los
anglicanos) hasta Jacobo I fueron quemadas por brujería 17.000 personas en
Escocia y 40.000 en Inglaterra. Y ya con Jacobo I (que, por cierto, escribió
un tratado de demonología) se calculan en 500 víctimas al año (pág. 395). Algo parecido ocurrió en Francia, donde el Parlamento de
Toulouse quemó de una vez a 400 brujas, y un juez (Remy) confiesa haber
quemado a 800 (J395). En Flandes las quemas y decapitaciones despoblaron
comarcas enteras (J396). Y otro tanto puede decirse de los demás países
europeos. Recordemos también la epidemia de brujería que sacudió
ciertos lugares de EE.UU., donde los puritanos de Salem (Nueva Inglaterra)
llegaron a desconfiar de los propios jueces ejecutores, y hasta del
gobernador del estado y su familia. Como contrapunto, repitamos que 2. La conquista de América El segundo frente de ataque de Para entender Otro dato destacable, en contra de los que hablan de la
crueldad de Felipe II, es que dicho rey llegará a prohibir, en 1573, la
conversión por las armas, confiando sólo en misioneros, lo que a veces fue
contraproducente para los propios indígenas (como se vio en las «reducciones» de los jesuitas en
Paraguay). Pero, digamos algo de lo que hicieron los conquistadores
anglosajones, de cuyos crímenes casi nadie habla. Hay que destacar, de entrada, que los aztecas o los incas
eran bastante más desarrollados política y técnicamente que los indios de
Norteamérica que, sin embargo, no fueron conquistados y «asimilados», sino, sobre todo, exterminados. Como relata Juan Sánchez Galera los conquistadores
anglosajones contaron desde un principio con armas de fuego de ignición
instantánea y cañón rallado de alta precisión, y más tarde –en el siglo XIX–
con armas semiautomáticas Colt o Remington. Por contra, apenas llegaba al 2%
el número de conquistadores españoles que podían permitirse el lujo de poseer
un rudimentario mosquete de mecha que precisaba no menos de cinco minutos para
poder entrar en servicio, y con el que era imposible acertar a más de cien
metros. Además, los conquistadores anglosajones lucharon con una ventaja de
dos a uno para ocupar América del Norte en doscientos años. Los
conquistadores españoles sometieron el triple de territorio en cuatro veces
menos tiempo, con menores medios técnicos, y con una inferioridad numérica de
trescientos a uno, por lo menos (como recuerda también Philip W. Powel
–Miguel Molina, pág. 226–). ¿Cómo se explica esta diferencia? Es la que media entre
la resistencia a los anglosajones y la colaboración con los españoles de la
mayoría de los indígenas, que algo tendrá que ver con los diferentes
proyectos conquistadores. Los conquistadores anglosajones apenas asimilaron o crearon
algo. En la mayoría de los casos simplemente aniquilaron a los indios y todos
sus restos culturales (donde pudieron), para reocupar los territorios, a los
que trasladaron sus formas de vida europeas (o, en el mejor de los casos,
impusieron «gobiernos indirectos»
que mantenían indefinidamente en situación de inferioridad a los indígenas,
como sucedería también en Asia o en África). No es de extrañar que no
tuvieran muchos problemas para desarrollarse económicamente, pues no tuvieron
que afrontar la tarea de asimilar y convertir a millones de personas de
sociedades muy distintas. Y aún así, los virreinatos hispanos no tenían nada
que envidiar a las colonias de otros países, y en algunos casos a la misma
metrópolis. Frente a la leyenda, favorecida por fray Bartolomé De Las
Casas, de que los españoles sólo buscaron depredar y expoliar las riquezas
indias, cabe decir que las cifras no expresan eso, tal como afirma el
historiador Guillermo Céspedes del Castillo: «Es falsa, pues, la imagen de una Nueva España como colonia de
explotación, puesto que la minería de metales preciosos no ocupa más del 0,5%
de la mano de obra, ni rinde más del 11,9% del valor total de su producción»{8}. Más datos: el año en el que se batió el récord de
importación de metales preciosos de América, su montante total no llegó a
cubrir el 16% del presupuesto de También Ricardo Levene expone cómo el tipo de comercio
entre España y sus virreinatos no era de tipo «colonial» – factorías – (págs.
92 y cap. VIII, págs. 116-124). Y ¿Qué decir de las Leyes de Indias y de las
instituciones que se crearon para regular la conquista y evangelización?
Estas leyes explican, en gran parte, la diferencia entre la conquista
Española y la anglosajona. Guillermo Céspedes del Castillo afirma (en la
línea de lo explicado por Jean Dumont en El amanecer de los derechos del
hombre. La controversia de Valladolid): «Representa un hecho único en la historia que un pueblo someta a dura
autocrítica su propia conducta y que aplique a sus mayores éxitos políticos y
militares el más severo escrutinio moral.» Por su parte, Ramiro de Maeztu escribe también al
respecto: «El debate de Valladolid, en 1552, y las disposiciones reales que se
derivan de él, constituyen la primera ocasión en que un gran poder expansivo hace
alto para resolver problemas de justicia y de conciencia que el hecho le
plantea.» Otro tanto cabe decir respecto a la mezcla interracial.
Ya en 1503 Nicolás de Ovando escribe a los reyes recomendando el fomento de
los matrimonios interraciales, muy en contra de lo que han hecho otros
estados. Para muchos colonos protestantes, por ejemplo, los indios no eran
almas esperando recibir la fe, sino unos ingratos pecadores que no habían
sabido rentabilizar las tierras y talentos que Dios les había dado, y que el
Creador, dolorido por tan ingrata actitud, había decidido readjudicarlas a
sus fieles hijos anglosajones. En esta línea de pensamiento el mismo Theodor Roosevelt
afirmaba: «Si se hubieran dejado a los
indios, por humanitarismo, sus terrenos de caza, ello hubiera significado
abandonar amplios contingentes de tierras a disposición de los salvajes; cosa
inconcebible. No quedaba otra alternativa; había que desplazarlos». Por su parte el general Sheridan (que sometió a los Siux)
se ahorra tantas justificaciones y lacónicamente sentencia: «Los únicos indios buenos son los que están
muertos». Las creencias religiosas de los protestantes se vieron
más tarde reforzadas con las teorías del darwinismo social, al ver a los
indios como inadaptados e inferiores. Y lo cierto es que Hitler tomó buena
nota de la colonización norteamericana para sus planes imperiales. Como hemos dicho, los países protestantes aplicaron el
exterminio cuando pudieron. Por ejemplo en las campiñas de Rohil Kund, en
Los españoles, por el contrario, y a pesar de todo,
dejaron en América una herencia muy distinta. Desde los primeros tiempos se
tradujo ¿Cómo surge Visto lo visto, ¿cómo surge Bartolomé de las Casas fue uno de los primeros colonos,
maltrató a muchos indios y años más tarde, ya como sacerdote arrepentido,
introdujo Otros personajes que contribuyeron de manera eficaz a la
creación de El denominador común de sus obras, cuyos relatos acabaron
confluyendo (no por casualidad) con los de Las Casas, es una cruel y
despiadada crítica a la persona de Felipe II, a quien se acusa, falsamente,
de ser el responsable de la muerte de su peculiar hijo, y primogénito,
Carlos, y de estar también tras el fallecimiento (con supuesto
envenenamiento) de su mujer Isabel de Valois, así como de una multitud de
crímenes, y de una vida lasciva (cuando, por el contrario, era bastante
ascético). Pero en la formación de De dichos editores hay que destacar a B. Picart y, sobre
todo, a Teodoro de Bry, artista grabador flamenco, que montó en Frankfurt su
propia editorial, y entre 1590 y 1625 publicó la colección de grandes y
pequeños viajes por las Indias de autores principalmente protestantes, muchos
de ellos piratas a las órdenes de las naciones enemigas de España. A la obra de
Las Casas se le añadieron unos grabados que supusieron una auténtica
revolución en los sistemas de comunicación y conocimiento de entonces (algo
parecido a lo que supuso el cine, tan bien aprovechado por la propaganda
yanqui, siglos después). Grandes masas de personas que no sabían leer, y de
distinta condición social, pudieron «ver» lo que hacían los españoles en
América. Son herederos directos de los impresores protestantes
alemanes los ilustrados y masones de Schiller también escribirá en 1783 su Don Carlos
tragándose tal cual la versión de Guillermo de Orange y la petición de «libertad de pensamiento» para
flamencos y holandeses. Como recoge Juderías, multitud de obras de teatro se
escribieron con la temática de la supuesta crueldad de Felipe II y su
inquisición (J244). En la época de Carlos IV y de su valido Godoy buena parte
de la burguesía española, desilusionada por el triste aspecto que van tomando
los acontecimientos, o bien por su pertenencia a logias masónicas, termina
adoptando como propias las ideas sobre España de los ilustrados franceses, y
acaba por colaborar de manera activa con ellos facilitándoles apoyo material
cuando en su momento Napoleón decide invadir España{10}. España venció a Napoleón, pero ya no volvió a
ser la misma (y no sólo porque se transformase en «nación política»), porque –parafraseando a Julián Marías– Dicha Leyenda negra es asumida por muchos españoles
americanos y peninsulares (incluidos muchos liberales de los que lucharon
contra los franceses en Recordemos al afrancesado Juan Antonio Llorente,
sacerdote y Secretario General de Muchos liberales de Cádiz, como el sacerdote Muñoz
Torrero, Ruiz de Padrón, o el mismo Conde de Toreno (según el cual los
Austrias mataron las libertades y fueros de Aragón y Castilla) ensalzaban a Cromwell
o arremetían contra Los nacionalistas fraccionarios anti-españoles del siglo
XX y XXI no se quedarán atrás en este sentido. Quintana también expresa su «amor a la humanidad en roncas maldiciones
contra la antigua España, contra su religión y contra sus glorias»
(Carbia 154), aunque parece que luego rectificó. No parece casual que fueran masones el cura Hidalgo, José
San Martín, Simón Bolívar (aunque parece que acabó rectificando y prohibiendo
las sectas masónicas –Vidal 123–), Bernardo O'Higgins, José Rizal o José
Martí. Otro tanto puede decirse de William Brown o Pedro I de Brasil (Vidal,
121). Y no parece simple azar el que la bandera de Argentina y de Cuba
(Vidal, 121 y 227) contengan claras referencias masónicas (sol, triángulos,
estrellas, número de franjas). En España son también destacables los casos de Moratín,
de Tomás de Iriarte, del duque de Rivas o de Núñez de Arce. De políticos como
Ruiz Zorrilla, Moret, Prim (que alzó al trono de España al también masón
Amadeo de Saboya), Manuel Becerra, Sagasta (Gran Maestre), Martos, Pi Margall
o Emilio Castelar{13}, todos ellos protagonistas
políticos de las Cortes de 1868 y de Con esta mentalidad «revolucionaria»
y humanitarista de Como precisa Rómulo D. Carbia, De poco sirvieron las advertencias de Alcalá Galiano
contra esta corriente de «desespañolización».
El antihispanismo no sólo renegaba
de todo lo que hizo el Imperio (en Colombia llegaron a destruir conventos
enteros –Miguel Molina, pág. 177–), sino que muchos buscaban, cuando había
pasado el tiempo suficiente para oscurecer más fácilmente la realidad del pasado,
la vuelta al supuesto Paraíso de Echarnos en cara el «expolio de 500 años» no sólo
significa endosarnos casi 200 años más de gobierno, sino caer en el megarismo
armonista más infantil{14}. Con todo, si España hubiera sido como pretende
Don Evo, él mismo no sería ahora presidente de Bolivia. Y si no, que se lo
pregunte a los indios de los EEUU. (los que quedan). En la medida en que Según Juderías, que ofrece una amplísima Bibliografía, de
los aproximadamente 1000 libros escritos por extranjeros sobre «viajes por España» en el siglo XIX, sólo
100 son mínimamente serios. Algunos autores, como Santiago Aragó, ni siquiera
habían pisado España para escribir su obra. Una de las que más influencia tuvo fue Draper dijo cosas como éstas: «España, se ha convertido con razón en un esqueleto rodeado de
naciones vivas y en una lección para el mundo. Los Románticos con su visión «moruna» de España hicieron mucho daño (sobre todo por que se la
tragaron muchos nacionales, como podemos comprobar hoy día en algunos
proyectos ligados a la ideología de Blas Infante (Goytisolo, Garaudy), y una
vez que los políticos andalucistas han decidido reconocer la «realidad nacional» de Andalucía, es
muy posible que busquen en el Islam sus señas de identidad, aunque sólo sea
para dar sentido a su diferenciación artificiosa del resto de España. Muchos «intelectuales» regeneracionistas que
no buscaban europeizarnos, nos querían convertir al Islam, tal como sigue
ocurriendo hoy día. También se puede citar a Gener, Mallada, y a Costa (que
hablaba de echar 7 llaves al sepulcro de El Cid), Pío Baroja, Azorín, &c.
–J316-. Unamuno, por el contrario, hablaba de una ridícula literatura
regeneracionista, porque los países europeos le deben a España muchas cosas,
más que a ningún otro país, empezando por la defensa frente al Islam (muchos
no recuerdan Lepanto, o las traiciones de los franceses), y
continuando por el descubrimiento y conquista de América que abrió el paso a
la modernidad y al capitalismo (del que presumen los países protestantes). Más de 400 títulos del siglo XIX sobre el tema de España
asociados a Y en pleno siglo XX, interpretada por muchos sólo a
través de la «lucha de clases»,
también se aprecia perfectamente la influencia de dicha Leyenda Negra,
oscureciendo la «dialéctica entre
estados». Buena muestra fueron las manifestaciones que en Europa se
prodigaron a favor del pedagogo anarquista y masón Ferrer y Guardia en 1909,
al que Unamuno consideraba, con acierto, un energúmeno, un fanático ignorante{17}. Guardia, maestro del anarquista Mateo Morral
que atentó contra Alfonso XIII, fue acusado de ser el instigador de los
disturbios que desembocaron en Es significativo que en las Cortes Constituyentes
españolas de 1931 el número de masones fuese de unos 185, repartidos
principalmente en los partidos que se consideraban de izquierdas, incluido el
PSOE. En Acción Republicana, por ejemplo, había casi un 70% de diputados
masones (19 de 28). Y no cabe duda de que multitud de leyes acabaron teniendo
un claro sello masón («isológicamente», y en muchos casos «sinalógicamente»).
Merece la pena mencionar cómo orientaba la masonería los debates sobre las
leyes de la Constitución{19}. Vidarte, socialista y masón, lo explica en sus
memorias (como recoge César Vidal. pág. 256 y siguientes). Las reservas de Francisco Franco ante tal organización no
eran infundadas (su hermano Ramón fue masón en dicha época), a pesar de que
sus detractores las vean descabelladas o exageradas. Al final de la guerra
civil hubo masones como el coronel Casado, Martínez Barrio o Azaña (Vidal,
295), que prefirieron rendirse al católico Franco antes que entregarse al
ateo y soviético Stalin. Con todo, pensamos que el humanismo ingenuo
de las doctrinas masónicas favorece el que la mayoría de «los hijos de la viuda» reniegue de
España como plataforma de sus acciones políticas, a lo que hay que añadir la
identificación simplista de España con el catolicismo religioso (error en el
que también caen algunos buenos compatriotas, que asumen, sin más, el lema «Por el Imperio hacia Dios»{20} Para terminar este apartado expondremos dos ejemplos de
la distinta perspectiva{21} con que se interpreta al imperio español: la que
mantuvo Lewin Hanke (desde un realismo político, en la línea del pluralismo
dialéctico, que implícitamente ve en España algo «Transcendental») en polémica con Benjamín Keen (desde un
humanismo megárico y armonista, muy cercano al Pensamiento Alicia de Dicho discurso está en la línea de los aduladores del «pueblo» (como ocurrió en el bando «rojo» de la guerra civil española –ver
El Catoblepas 35:1–). Pero, ¿Qué es el pueblo, o un «pequeño grupo» de hombres, sin la
canalización política o ideológica de sus acciones por parte de sus
dirigentes, que también se valen de la herencia de múltiples instituciones?
Estas instituciones (técnicas, como las que permitieron el descubrimiento del
nuevo mundo, su desarrollo y persistencia económica; religiosas y sociales
–como las de Entre las distintas generaciones de izquierdas se ha
reproducido de manera exagerada esta tendencia a identificar a España y a su
Imperio con algo rechazable, por el simple hecho de que se desarrolló en el
Antiguo Régimen. Como decimos, y salvo honrosas excepciones, en la guerra civil
se puso de manifiesto que lo que separó a los bandos rojo y nacional fue, en
gran medida, su desigual aprecio por España, por su pasado, como plataforma
desde la que asumir el presente y afrontar el futuro. Pero, ¿Acaso romper con
los poderes del Trono y el Altar, reconociendo la soberanía de Hanke, por su parte, no sólo recoge las ironías del pintor
mejicano José Clemente Orozco contra el anacronismo armonista de los
indigenistas (p. 175), sino que además apoya el siguiente dictamen de Edgard
G. Bourne (cuyas palabras, con todo, deben ser matizadas en muchos aspectos):
«¿Qué intentó en
realidad España en el Nuevo Mundo y cómo lo hizo? Emprendió la enorme, si no
imposible, tarea de llevar a toda una raza de millones de personas a la
esfera del pensamiento, la vida y la religión europea... [aquí el género de
Europa se come a la especie: España]. Y si el intento fue en cierto modo un
fracaso, fue un fracaso del tipo del de Alejandro Magno en su idea de
instituir un imperio asiático permanente, un fracaso que ha dejado una huella
imborrable en épocas sucesivas... Aún así, la idea era grandiosa, y el
esfuerzo para llevarla a cabo apeló a lo mejor de cada uno de los hombres
que, consciente o inconscientemente, trabajaron en su realización. Como todos los
grandes acontecimientos de la historia humana, tiene aspectos oscuros y, por
desgracia, esos aspectos han sido proyectados habitualmente a un primer plano
por escritores no españoles, debido a la influencia de los celos nacionales y
del prejuicio religioso. El hecho importante y duradero sigue siendo, sin
embargo, al margen de juicios de valor, que durante el período colonial [ya
hemos comentado que los virreinatos no eran «colonias»] la lengua, la
religión, la cultura y las instituciones políticas de Castilla fueron
trasplantadas a una zona veinte veces mayor que la del Estado progenitor...
La obra de España en el Nuevo Mundo, con todos sus defectos y adulteraciones
debidas a intereses egoístas, ofreció un campo extraordinario para el
despliegue del carácter nacional e individual... La legislación
colonial del reinado de Felipe II revela, aparte de sus deficiencias, un
interés profundo y humano por la civilización de sus dominios ultramarinos...
El largo brazo del rey se extendió para proteger al débil y al desamparado de
la opresión y del error. No siempre lo logró, pero no se le puede negar el honor
de ese esfuerzo.»
(Del libro de Miguel Molina, pág. 178.) Sugerencias para el porvenir Las izquierdas definidas tienden a recaer en la
indefinición como consecuencia de sus propios fracasos, como explica Gustavo
Bueno en El
mito de la Izquierda. Dada la complejidad y la falta de
claridad de los proyectos, y las dificultades para desarrollarlos, sus
agentes suelen ser propensos a Entre otras cosas dicho tipo de pensamiento da por
supuestos los medios y los planes (respecto a los sujetos para llevarlos a
cabo) necesarios para desarrollar los programas (más o menos realizables en
función de tales medios). Es decir, partiendo de una inexistente igualdad
de todos los seres humanos, presuponen que, por arte de magia, «todo el mundo» participará espontánea
y voluntariamente en la realización los fines proyectados, aunque éstos
tengan como «programa» genérico el convertir en persona a todo individuo
existente. Dicho programa, además, es inasumible de manera global o
totalizadora por nadie (salvo por Dios, que no existe, o por un imbécil…),
por lo que, comúnmente, se suele repartir dicha tarea en múltiples programas específicos
desarrollados a través de múltiples instituciones heredadas en las que
confiamos prudentemente{23}. Pero asumiendo que el éxito no está
garantizado, como ya nos sugirió Platón en el Protágoras, al hablarnos de las
dificultades para alcanzar «la virtud»
(de ser «persona» a través del
tortuoso aprendizaje de las múltiples virtudes «herméticas»). No sólo no está garantizado que dicho programa
alcance a todas las personas (extensionalmente), sino que tampoco está
garantizado que se complete (intensionalmente) en cada una de ellas. Más aún,
si se alcanzasen dichos límites los sujetos resultantes no serían «personas»,
sino algo distinto, quizá parecido a los autómatas. Pero eso no implica, como decimos, que se pueda dar por
supuesta la tarea correspondiente, o que quepa confiar en la oscura «espontaneidad» de cada individuo (en
el «poder» genérico al que algunos
llaman «libertad») la misión de
formarse como persona. Y esto, precisamente, es lo que pretenden quienes
reniegan insensata y alegremente de las tradiciones e instituciones que han
mostrado, dentro de límites prudenciales, su solvencia y eficacia durante
mucho tiempo (garantizando la persistencia del grupo en cuestión{24}). Como decimos, muchos pánfilos confunden sus deseos de
englobar a toda la humanidad en sus programas políticos con la creencia de
que es la misma humanidad la plataforma que les permitirá alcanzar sus fines.
Pero la humanidad no existe como plataforma (humanismo) para la realización
de ningún proyecto, y los planes son absurdos si no se atienen a una
estructura mínimamente consistente (cuyas entrañas, heredadas, son
desconocidas en gran parte, objetivamente «inconscientes». Por esto mismo es
imprescindible la enseñanza de la historia (anámnesis) y la reproducción o
modificación prudente de las instituciones ya existentes. La ausencia de
estos principios conduce a muchos políticos al gnosticismo, al
irracionalismo, a la hora de solucionar los múltiples problemas que se
encuentran (como el «retraso» del tercer mundo, la inmigración descontrolada,
o el «final del terrorismo»), tal como se manifiesta en la facilidad con que
muchos personajes de izquierdas {25} se asocian a doctrinas irracionalistas sostenidas
por sectas variopintas y ocultistas (mormones, adventistas, testigos de
Jehová, Teosofía, Cienciología, Ku klus klan, New Age, &c.), muchas de
ellas con evidentes conexiones sinalógicas o isológicas con la masonería, tal
como expone César Vidal en la cuarta parte de su obra (págs. 141-198). Los peligros que suponen para España el «europeísmo progresista» (no olvidemos
que Giscard D'Estaing, uno de los principales impulsores de Apéndices I. La masonería en México Dada la intensa labor de la masonería en México, nos
parece oportuno reproducir parte de lo tratado por César Vidal al respecto: «La masonería en Benito Juárez –cuyo gobierno se convirtió en una
innegable dictadura republicana – fue iniciado en la masonería en 1827,
cuando era aún estudiante de leyes, y mantuvo la relación con la logia. También
fue masón el dictador Porfirio Díaz, al que derribó una revolución encabezada
por el masón Francisco Madero. Con esos antecedentes, Naturalmente, esa abrumadora mayoría de los «hijos de la
viuda» no careció de consecuencias. Con seguridad, el episodio más terrible
derivado de la cosmovisión masónica fue el de la guerra cristera que a lo
largo de tres años (1926-1929) ensangrentó México y se tradujo en el asesinato
de millares de católicos, especialmente sacerdotes y religiosos, no pocos de
los cuales han sido canonizados en los últimos años. Sin embargo, sus
antecedentes se hallaban en la promulgación de La guerra cristera resultó de extraordinaria dureza y
transcurrió en paralelo a una cruentísima persecución del catolicismo que ha
quedado reflejada en obras como El poder y la gloria de Graham Greene.
Se enfrentaban frontalmente dos cosmovisiones y mientras que el gobierno era
apoyado explícitamente por las logias –que se sentían totalmente identificadas
con el carácter laicista del texto constitucional– a los rebeldes se sumaron
partidas no católicas pero sí profundamente desengañadas por la realidad
política posterior a La persecución más dura había concluido, aunque
II. La masonería y También nos parece oportuno reproducir el siguiente
cuadro de la obra de Pedro F. Álvarez Lázaro y José Manuel Vázquez-Romero
(eds.): Accionistas de
Fuente: Base de datos del ILKM, Pedro F. Álvarez
Lázaro, págs. 166-169. Bibliografía: Hemos utilizado, principalmente, las obras de Julián
Juderías Loyot (1877-1928), La leyenda Negra. Estudios acerca del concepto
de España en el extranjero (1914) (reeditada muchas veces, recientemente
por También cabe apuntar los libros de José María Iraburu (Hechos
de los Apóstoles en América, editado inicialmente en Razón Española,
y accesible en http://www.members.tripod.com/~hispanidad/hechos.htm),
y de Hugh Thomas (El Imperio Español, RBA 2004) y, por supuesto, la
obra de D. Gustavo Bueno, a la que debemos lo que tenga de razonable el
presente escrito. Notas {1} Como advertía, creemos que con
pesar, Ismael Carvallo en su conferencia del lunes 10 de julio de 2006 (dentro
de los XI Encuentros de Filosofía de Gijón). {2} En el sentido que se le da a la
expresión «continente» en la convocatoria a los XI Encuentros de Filosofía de
Gijón (en http://www.fgbueno.es/act/act019.htm)
{3} Sobre la idea de «Institución» es
imprescindible tener en cuenta lo dicho por Gustavo Bueno en «Ensayo de una
teoría antropológica de las instituciones», publicado en El Basilisco,
nº 37. {4} Ver «Totalidades centradas/totalidades no centradas»
en el Diccionario Filosófico del Proyecto de Filosofía en Español.
¿Cabe expansionismo sin centralización? ¿Y viceversa? {5} Sobre estos asuntos son
imprescindibles las obras de Jean Dumont. Ver los excelentes artículos de
Atilana Guerrero y Pedro Insua sobre estas cuestiones, en http://www.nodulo.org/ec/2003/n015p12.htm
Pedro Insua impartió dos clases magistrales sobre este asunto en los Cursos
de Santo Domingo de {6} El «cesaropapismo» es propio de
países protestantes que, paradójicamente, presumen de separar religión y
política frente a los países católicos. {7} Ver el interesantísimo artículo
de Juan Antonio Hevia Echevarría sobre «Lutero y sus mentiras», en http://www.nodulo.org/ec/2006/n052p15.htm.
{8} Tomado de Juan S. Galera, pág.
101. {9} Para entender el papel de la
masonería en el hundimiento del Imperio Español es muy recomendable la obra
de César Vidal sobre Los Masones, de la que hemos extraído muchos
datos para este escrito. Y no lo es tanto por el hecho de que muchos
«libertadores» (Martín, Bolivar, Martí, Rizal) fueran masones, sino por la
ideología de fondo gnóstico que transmite dicha secta, y cuya influencia
recorre la moderna historia de España, hasta nuestros días. El Pensamiento
Alicia de José Luis Rodríguez Zapatero, está repleto de rasgos propios de la
masonería y el krausismo más idealista. Lo que es indiscutible es que la
ideología predominante hoy día en coaliciones políticas como Izquierda Unidad
(que gobierna en muchos pueblos «obreros» de Madrid, como el de
Rivas-Vaciamadrid, en coalición con el PSOE) tiene multitud de doctrinas
cercanas al humanitarismo krausista y la masonería. A los políticos actuales
(como Gaspar Llamazares) que defienden que «todos los hombres son legales»,
por ejemplo, hay que recriminarles no tanto por su improbable pertenencia a
la masonería, sino por lo absurdo de sus principios, que conllevan
actuaciones políticas tremendamente imprudentes, rayando con la imbecilidad
en algunos casos. La masonería de hoy día, por tanto, no sería criticable
tanto por su secretismo sectario (de hecho parece que su influencia social
hoy día es muy limitada), sino por su impúdica oscuridad y confusión. Lo
vergonzoso es que aún queden políticos que se crean de izquierdas y que
sostengan doctrinas completamente ridículas. Por cierto, uno de los abuelos
del presidente Zapatero (el único que menciona y admira, al parecer) fue
militar y masón (Vidal, pág. 288). Y el masón José Marchesi (uno de los padres
de {10} Ver al respecto el interesante
artículo de Fernando Álvarez Valbuena (El catoblepas, 54:17, en http://www.nodulo.org/ec/2006/n054p17.htm {11} Ver la obra de Pedro F. Álvarez
(y otros) sobre Krause, Giner y {12} Algo similar harán los
militantes de ERC al hablar de El Escorial, tal como recogimos en El Catoblepas, nº 35,
pág. 1. {13} En el ilustrativo Prólogo a la obra de Fernando Garrido, La República Democrática Federal Universal,
disponible en edición digital del Proyecto Filosofía en español, puede verse
lo peculiar de su ideología. Ver también Vidal, capítulo XVI, pág. 218 y
sgts. De Castelar no está demostrado que perteneciera a la masonería, aunque
su ideología «panfilista» es muy cercana a la de ésta. {14} Ver lo expresado con justeza por
Íñigo Ongay en su artículo en El Catoblepas 54:11 «Análisis materialista de la ideología de los movimientos indigenistas
en Hispanoamérica». En la misma línea se mueve Ismael Carvallo, en
su artículo de la pág. 4 del mismo número, «Antropologismo político e historicismo político», cuando
denuncia el «Antropologismo político» que pretende negar la dialéctica
histórica, particularmente en Mexico. Podríamos decir que el papel que juega
el monroísmo y el indigenismo en iberoamérica (confundiendo al personal con
ideologías democraticistas y pánfilas) lo desarrolla en España (contra
España) el «europeísmo progresista» y el «nacionalismo fraccionario». Las
corrientes indigenistas, y algunas nacionalistas, suelen asumir tesis
racistas para configurar sus proyectos, atribuyendo a la etnia las virtudes
necesarias para su desarrollo. Pero son las normas e instituciones las que
canalizan los proyectos políticos asumidos por el poder político en una
determinada dirección, sin que la raza tenga apenas peso en su posible éxito. {15} En la obra de Borrow aparece el
siguiente relato, que es muy ilustrativo sobre la «libertad» que apreciaban
algunos gobernantes españoles (como Istúriz) en otros países: «Pocos días después, en efecto, tuve una entrevista con
Istúriz en su despacho de Palacio; para ser breve, sólo diré que le hallé muy
bien dispuesto en favor de mis planes. «He vivido mucho tiempo en Inglaterra
–dijo–; Dos o tres cosas relacionadas con mi entrevista con
Istúriz me impresionaron como muy dignas de nota. Primero, la extremada
facilidad con que obtuve audiencia del primer ministro de España. El portero me
hizo pasar de buenas a primeras sin necesidad de anunciarme y sin hacerme
esperar. Segundo, la soledad reinante en aquel lugar, tan distinta del
bullicio, ruido y actividad observados por mí mientras aguardaba a ser
recibido por Mendizábal. Ya no había allí afanosos pretendientes en espera de
una entrevista con el grande hombre; Si se exceptúa a Istúriz y al empleado,
a nadie vi. Pero lo que me produjo impresión más profunda fue la actitud del
ministro, quien, cuando yo entré, estaba sentado en un sofá con los brazos
cruzados y los ojos clavados en el suelo. Era extremada la depresión del tono
de su voz, melancólico el aire de sus morenas facciones, y, en general, tenía
todo el aspecto de una persona que, para librarse de las miserias. de esta
vida, medita el acto de suma desesperanza: el suicidio. Pocos días bastaron para demostrar que, en efecto, a
Istúriz le sobraban motivos para entristecerse: menos de una semana después
estalló la llamada revolución de Si Istúriz supiera las masacres que los ingleses
cometieron con los católicos, y especialmente con los irlandeses (Juderías
388 y418–424), muy probablemente hubiera matizado sus afirmaciones sobre «la
libertad de pensamiento» en Inglaterra (frente a España). {16} Idea que recoge, poéticamente,
Manuel Machado frente a su hermano Antonio que pretende que «se hace camino
al andar». {17} Ver César Vidal, Los masones,
págs. 224 y ss. {18} En este sentido son muy
interesantes los apéndices 11 y 12 de las obras de César Vidal sobre Los
Masones (págs. 361 y ss.), y de Pedro F. Álvarez Lázaro (y otros) sobre Krause,
Giner y {19} Puede verse un resumen de tal
asunto en el artículo de César Vidal «¿Fue de inspiración
masónica la constitución de la segunda república?», publicado en {20} Ver nuestro artículo sobre «La Antiespaña y las Izquierdas Satisfechas, con el Quijote al fondo»,
El Catoblepas 35:1. En los masones del bando nacional (como Queipo de
Llano) parece claro que no habían calado lo suficiente las doctrinas
humanistas disolventes de toda plataforma política idiográfica, histórica.
Este confusionismo se produce cuando los principios éticos (como los
expuestos en {21} A la hora de interpretar y
juzgar la labor del imperio español y su «ortograma» fundamental caben
distintas perspectivas ideológicas, que pueden sintetizarse en tres: I) el
Etnocentrismo, que niega la posibilidad de considerar que los «hombres» de
otras regiones conquistables sean personas, o que puedan llegar a serlo a
través de las medidas integradoras pertinentes; II) el pluralismo armonista
del Multiculturalismo, que presupone que cualquier hombre es persona desde un
principio, o que puede llegar a ser persona a través de mecanismos cercanos
al «diálogo» intercultural, sin violencias, por arte de magia (como pretende el
Pensamiento Alicia), porque «en el fondo» todos los hombres son iguales; III)
El pluralismo dialéctico, que aunque reconoce que no todos los «hombres» son
«personas», sin embargo asume que para que se produzca tal transformación hay
que llevar a cabo procesos pedagógicos y políticos que pueden pedir la
implantación de métodos coactivos, violentos, direccionales (en contra de una
pedagogía «no dirigista», o de una política que apele a la absurda «Alianza
de Civilizaciones»). Ver, al respecto, los artículos de Gustavo Bueno «Etnocentrismo cultural, relativismo cultural y pluralismo cultural»,
en El Catoblepas, nº 2, pág. 3, y «Pensamiento Alicia (sobre la Alianza de Civilizaciones)»,
en El Catoblepas, nº 45, pág. 2. {22} Ver la distinción entre fines,
planes y programas de un proyecto en el artículo de Gustavo Bueno «Principios
de una teoría filosófico política materialista» (en http://filosofia.org/mon/cub/dt001.htm),
así como el revelador artículo «Psicoanalistas y epicúreos…», publicado en El
Basilisco, nº 13, primera época). Se pueden distinguir tres tipos de
«objetivos intencionales»: fines, planes y programas. Los fines son los
objetivos en su relación con el sujeto proléptico que los propone. Así puede
ser un fin el «aprobar las oposiciones para inspector fiscal» (finalidad no
atribuible a todos los hombres). Un político plantearse el fin de «conseguir
que la mayoría de los españoles, incluidos los de la propia familia, coman
todos los días…». Hay fines asignables a más o menos hombres (en el límite a
todos y a uno), pero que siempre parten de materiales heredados, más o menos
conformados normativa e institucionalmente. Los planes son los objetivos en
relación con los sujetos a quienes afecta su desarrollo y realización. Un
padre de familia tiene el plan de tener hijos y luego sacarlos adelante con
la cooperación de su mujer y familiares, con las retribuciones del jefe para
el que trabaja (según normas e instituciones muy variadas)… También los
gobernantes romanos, como sujetos agentes y a través de las instituciones de
su estado, se proponían regir a todos los pueblos, como sujetos pasivos en
principio). Y los reyes españoles siguieron el ortograma de «recubrir al
Islam» y, posteriormente, de extender su poderío a todos los pueblos para
hacerlos «cristianos» (equivalente a «personas» en el siglo XVI). Los
programas son los objetivos considerados en relación con los contenidos
propuestos. Por ejemplo el programa específico de conseguir que hablen
español, inglés o esperanto, bien sean los habitantes de América del Sur (con
plan particular, que afecta sólo a una parte de los hombres), bien sea la
totalidad de los hombres (con plan universal). Pero también caben, en
principio, programas genéricos, como los de «conseguir que los individuos se
salven» (o que se conviertan en personas). No parece casual, como nos sugiere Gustavo Bueno, que,
tras los fracasos de ciertos proyectos políticos, con planes universales y
programa general, muchos individuos (sobre todo de «izquierdas indefinidas») acabe
ingresando las filas de sectas ocultistas variopintas, buscando la formalidad
absurda de «buscarse a sí mismo» tras haber roto, insensatamente, con las
«ataduras» moldeadoras de la personalidad heredadas históricamente. Aunque
tal «rotura» nunca es total, y siempre parte de arquetipos y normas
establecidas. {23} Quienes buscan la felicidad caen
en un error similar, pues ésta es sólo propia de dioses o de imbéciles, como
nos decía Aristóteles, y nos ha explicado Gustavo Bueno en El mito de la Felicidad. {24} Instituciones como el
«matrimonio monogámico» (formada por un hombre y una mujer), que no es un
simple invento de los «reaccionarios de siempre» (sobre todo si son españoles
o franquistas), tal como parecen interpretar algunos consejeros adelantados
de Zapatero, como el Sr. Zerolo. {25} En España mantienen principios
similares sobre todo personas que se suelen identificar políticamente con IU,
el PSOE o partidos «revolucionarios». En el PP suele ser más extraño
encontrar personajes de este tipo, quizá por que sus creencias «católicas»
(aunque irracionales en muchos aspectos dogmáticos), que les preserva de
tales derivas iluministas por las raíces filosóficas de la religión católica.
Aunque cada vez son más los personajes que se declaran católicos, pero que,
en realidad, son «poco católicos», incluso en términos religiosos, y se dejan
embaucar por doctrinas de corte protestante o, incluso, por el Islam. |