Guerra Cultural en Argentina – Parte 4

 

Por Edgar Schmid y Vcom (R) (VGM) Horacio Ricciardelli

 

 

Post-Malvinas y cultura de desmalvinizadora.

 

Desde la inmediata posguerra se comenzó el debate entre quienes veían la guerra de Malvinas como “gesta patriótica” y quienes hablaban de “aventura irresponsable” del gobierno militar.

 

Esta “batalla de ideas”, los bandos tenían conclusiones diametralmente opuestas sobre lo que correspondía hacer en Argentina de posguerra, al culminar las operaciones militares en el sur.

 

En el debate – político - la opinión pública tomaba aspectos más ligados a lo emocional y conflicto (situación de veteranos, familiares de caídos, etc.).

 

La postura de los malvineros vio la ocupación de Malvinas como un capítulo dentro de la larga lucha del país por su plena independencia nacional y soberanía territorial, una continuidad histórica entre las grandes batallas de la independencia de nuestros ejércitos del siglo XIX contra las potencias coloniales y la reafirmación de la soberanía argentina en el Atlántico Sur en 1982.

 

La consecuencia era “continuar con guerra por otros medios”. Es decir, derrotados en lo militar en Malvinas, correspondía ahora avanzar en la soberanía económica, política y cultural, no ya en el Atlántico Sur sino en el conjunto argentino. Los malvineros proponían tender lazos hacia los países de América Latina (aliados durante la guerra) y tomar distancia de las potencias coloniales, agresoras directas o indirectas en Malvinas.

 

Escribía Jorge Abelardo Ramos[1]:

 

Cuadro de texto:  Los cambios generados por la guerra con Inglaterra obligaron a la dictadura militar a trascendentales modificaciones en su política exterior. De acuerdo a un informe de la CIA al Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, publicado en Washington, la crisis de las Malvinas impulsó a los Estados Unidos a practicar modificaciones profundas en su estrategia en Centroamérica. En efecto, según dicho informe, el compromiso adquirido por el General Galtieri de enviar instructores militares para hostilizar a Nicaragua y El Salvador, se quebró por la conducta observada por Estados Unidos al apoyar a Inglaterra. Dichos instructores, dice el informe de la CIA, fueron retirados y la heroica República de Sandino experimentó así el primer beneficio de la lucha en las Malvinas. Estados Unidos debió enfrentar por sí mismo y abiertamente la defensa de su política agresiva hacia Centroamérica.

 

El abrazo del Dr. Costa Méndez con Fidel Castro en La Habana, por lo demás, simbolizó la reorientación no ideológica, sino política, que la Argentina de la dictadura militar se veía obligada a adoptar a causa de la guerra. Al concurrir a Managua, Nueva Dehli y Belgrado, los representantes militares de la Argentina debieron aceptar que nuestro país se encuentra en el campo revolucionario de la historia moderna, es decir en el Tercer Mundo.

 

Hasta acá Abelardo Ramos

 

“La desmalvinización es la continuación de la guerra por otros medios”

 

Del otro lado, quienes hablaban “invasión” de Malvinas como “aventura irresponsable”, querían explícita o implícitamente dar vuelta la página de la guerra y volver a las relaciones con los países centrales, que eran, casualmente, nuestros enemigos de Malvinas.

 

Los anti-malvineros se impusieron ya en los primeros años – Corto Plazo de los Medios – y hasta hoy 28 años después – Mediano Plazo de las Escuelas. Tanto EEUU como Gran Bretaña y sus aliados locales apoyaron con todos sus medios este esfuerzo. Hubo una eficaz tarea de confusión entre el objetivo nacional – la recuperación de Malvinas – y lo espurio de la dictadura.

 

La campaña inglesa contra Argentina se basó en varios puntos:

 

- Era una guerra entre “democracia” británica y “dictadura” argentina.

 

- El enemigo de los británicos no era el pueblo argentino – que apoyó masivamente el desembarco, sino una minoría militar.

 

- Todo el que diga que Malvinas es una “gesta patriótica” es sospechoso de ser partidario de la dictadura. 

 

- Los conscriptos que combatieron son pobres “chicos de la guerra” – víctimas también de la dictadura. Lo que hay que destruir es la “identidad del veterano”, su subjetividad, su auto-estima.

 

Para el Sistema Mundial, Argentina no puede tener héroes. Hay que evitar una cultura nacional que permita la rebelión contra el Orden Mundial y las distintas formas de imperialismo. Para el imperio Argentina debe tener una cultural decadente, para un pueblo sin auto-estima, para una clase política de “enanos”, felices de someterse sin luchar. Pero eso sí, respetuosos de los derechos humanos. Cuando los ingleses anuncian los trabajos de prospección de petróleo desde Malvinas la Presidenta (con E) declara: seguir la lucha por Malvinas dentro del Derecho Internacional.

 

Con lo cual la Presidente o es una ignorante o nos toma por boludos: ¿Cuando en su Historia los ingleses conquistaron una colonia conforme al “derecho internacional”? ¿Cuándo la devolvieron conforme al “derecho internacional”?   

 

Para lograr que el mismo pueblo que el 2 de abril apoyaba el desembarco en Plaza de Mayo y en todas las plazas de Argentina, se convierta en un pueblo a tal punto desmalvinizado y decadente, fue necesaria una guerra cultural. Escribe Fernando Cangiano[2], veterano del Escuadrón 10 de Exploración: 

   

Primer pilar de la “desmalvinización”: concebir a la guerra de Malvinas como una locura irresponsable, un sinsentido demencial propio de una mente desquiciada por el alcohol y las ansias de poder, en vez de caracterizarla como una gesta nacional enraizada en nuestra historia.

 

El rol del ex combatiente: héroe o víctima, soldado de la Patria o “chico de la guerra”

 

Lo dicho hasta acá parecería discurrir en un plano meramente teórico-abstracto, sin reflejo concreto en la realidad de quienes participamos del conflicto. En definitiva, ¿qué importancia tiene para los ex combatientes que la guerra de Malvinas sea concebida como una “locura irresponsable” o como una “gesta patriótica”? Las diferencias son enormes porque hacen a la identidad misma del veterano, a la construcción de su propia subjetividad, con todas las implicancias tanto materiales como psicológicas que eso conlleva.

 

Los defensores de la teoría de la “locura irresponsable”, que fue la postura que inundó todo el universo de representaciones sociales de la posguerra, sitúan al ex soldado en el papel de un niño conducido a la guerra sin la más mínima conciencia de lo que acontecía. Un “chico de la guerra”, autómata, ciego e impotente, sometido a maltrato físico y psicológico, aunque no por los ingleses, que bloquearon las islas para hacernos sucumbir por hambre y sed, que nos bombardearon incansablemente cada noche para minar nuestra moral. No, no, de acuerdo a esa sorprendente interpretación de los hechos nuestros maltratadores habría sido los propios oficiales y suboficiales argentinos.

 

Segundo pilar de la “desmalvinización”: la victimización del ex combatiente. Se sustituyó la identidad del “héroe que defendió a su patria” por la del chico impotente, sin preparación suficiente y lanzado a la muerte por la crueldad de los propios argentinos.

 

El oficial y suboficial como demonio

 

Una persistente campaña de demonización de los oficiales y suboficiales argentinos ha caracterizado el relato sobre Malvinas. En un caso extremo de deformación histórica y des-apego a la verdad, han llegado a circular últimamente denuncias sobre “campos de concentración” en Malvinas, similares a las monstruosas cárceles de los años de plomo del Proceso. También se ha hablado con una falta completa de escrúpulos de un “genocidio planificado” perpetrado por oficiales y suboficiales contra soldados conscriptos, sin exhibir una sola prueba ni una sola razón coherente que explique las motivaciones de semejante locura. Tales pruebas jamás podrán exhibirse por la sencilla razón de que se trata de una burda mentira.

 

Desgraciadamente, hay que decirlo, muchos ex soldados se han prestado a esta clase de patrañas enceguecidos por la búsqueda de compensaciones o prebendas económicas.

 

Los actos de heroísmo de oficiales y suboficiales se presentan como acciones excepcionales o limitadas a una fuerza en particular (la Aviación). Análogamente, se dice que los “oficiales mandaron al muere a los soldados mientras ellos permanecían a salvo”, lo cual no resiste el menor análisis al evaluar estadísticamente la cantidad y el rango de los caídos en combate.

 

¿La Thatcher tenía razón?

 

Si los pilares de la “desmalvinización” hasta ahora señalados fueran ciertos, entonces habría que darle la razón a la “dama de hierro” cuando afirmaba hipócritamente que en Malvinas se enfrentaban la “democracia inglesa” (democracia de las cañoneras) contra “la dictadura argentina”. Los “desmalvinizadores” irían demasiado lejos si sostuvieran semejante impostura, razón por la cual se han puesto a producir engendros cinematográficos o literarios que dicen eso mismo, aunque con otras palabras. Efectivamente, cuando uno ve películas o lee libros producidos por argentinos sobre Malvinas, tiene la tentación de respirar aliviado cuando los ingleses reconquistan las islas.

 

Soberanía: “Derechos Humanos” y dependencia.

 

Hay un concepto de derechos humanos que surge de la Trilateral Commission en abril de 1974 y de acuerdo y del informe de Samuel Hun tington, Jogi Watanabe y Michel Crozier sobre La Crisis de la Democracia. Informe sobre Gobernabilidad de las Democracias a la Trilateral Comisión [3] [4].

 

La Trilateral Commission no puede proponer dictaduras, las reacciones mundiales serían incontrolables. Pero tampoco puede proponer una democracia que pueda terminar como la de Salvador Allende en Chile. Entonces, lo que quieren los socios de Rockefeller es una “democracia gobernable” – es decir – que se quede en lo formal y que no toque sus intereses.

 

Pero si no se va a levantar la palabra “democracia”, ¿en nombre de qué los EEUU, la OTAN y Gran Bretaña emprenderán sus campañas contra los rebeldes? Pues en nombre de los “derechos humanos”. Así, tanto Yugoslavia como Irak en los ’90 y demás agresiones en el Tercer mundo, fueron cometidas en nombre de los derechos humanos.

 

Cuadro de texto:  
Cristina y Rockefeller
“Democracia gobernable”
Para el Largo y Mediano Plazo de la Trilateral Comisión, lo que está en juego es la Soberanía de las naciones. Su objetivo es hacer del mundo un solo mercado controlado por ellos. Las decisiones estratégicas ya están tomadas. Lo que pueden dejar a las “soberanías” sin diferencias de matices.

 

Y así nuestra “izquierda” – incluso la ex Izquierda Nacional – tan antiimperialistas como adversarias de todo lo que signifique Teoría de la Conspiración – para ellos todo conspiranoico es un cripto-fascista – terminan aceptando las líneas básicas de gobernabilidad de Rockefeller, terminan olvidando el concepto de Soberanía del pueblo como fundamento de la Nación – desde la revolución francesa – para caer en lo formal.

 

En estos momentos de derechos humanos, están muriendo de hambre los bebés desnutridos en Misiones (por ej.), pero ni las Madres (de Plaza de Mayo), ni las Abuelas, ni los HIJOS, ni Familiares, ni nadie de los parientes, dicen nada al respecto. Los chicos hambrientos de Argentina no tienen derechos humanos.

 

Lo que hay es una cantidad de abogados que han hecho una industria del juicio de los muertos y desaparecidos mucho antes del Proceso. Así, la doctora Carmen Argibay está desaparecida (ver el Nunca Más) al mismo tiempo que actualmente está en la Corte Suprema y luego de que su familia cobró la indemnización de u$s 250.000.

 

En el ataque al cuartel de Formosa (5 oct 1975) murieron conscriptos y montoneros. Las familias de los conscriptos cobran $ 800 por mes. Las familias de los atacantes cobraron $600.000. Las familias de los conscriptos tardarán más de 60 años en cobrar esa suma.   

 

Los derechos humanos de Argentina son lo que Fundación Ford y otras – a través de ONGs como CELS[5] (Verbitsky), definan como “derechos humanos”. Tienen el monopolio del término.

 

El hambre de los chicos no es cuestión de “derechos humanos” sino de soberanía. Si tenemos soberanía – si la soberanía del pueblo está correctamente representada – entonces podremos enfrentar los problemas los problemas del hambre, pobreza y demás. Pero nuestra “democracia gobernable” discute lo secundario mientras en la Soberanía de Mercado toma las directivas del imperio.

 

En el peronismo y movimiento nacional - excepto en quienes fueron ideológicamente cercanos a Scalabrini Ortiz por ejemplo - no se debatió la diferencia entre Soberanía Territorial y Soberanía de Mercado. Tampoco se debatió cuando Malvinas y hubo mucha confusión en la conducción política-diplomática de la guerra. Se creyó que lo que estaba en juego era solo la Soberanía Territorial pero, como demuestran muchas guerras del siglo XX, sin control de la Soberanía de Mercado, no basta con la Soberanía Territorial.

Cuadro de texto:  
Lord Castlereagh

Sin Soberanía la nuestra es una Democracia vacía de contenido (la “democracia gobernable” de la Trilateral Comisión).  

 

La Soberanía de Mercado se basa en el control de la emisión de moneda, de política de aduanas y comercio exterior, impuestos, deuda externa e interna, del gasto militar, de la elaboración del presupuesto, de todas las funciones relativas al manejo y control del mercado.

 

Esto era importante en la época en que nacía la burguesía, en que el soberano absoluto detentaba estas funciones – moneda, aduanas, impuestos, etc. – y que luego con la revolución de EEUU y por la constitución, comienzan a ser atribuciones del Congreso (aquí artículo 75 de la CN.) Una de las diferencias es que en EEUU estaban dispuestos a independizarse de la burguesía inglesa y tomaron las medidas en consecuencia. Acá se incorporaron esas atribuciones por mero formalismo.    

 

Una de las falencias de Educación en el primer gobierno del peronismo, fue la falta de ruptura con las pautas educativas del mitrismo y sarmientismo previo a 1945.

 

La Historia de Mitre – y las pautas educativas de la “Escuela de Sarmiento” - nos habla de San Martín, de Belgrano, pero no de los resortes ocultos ni de los estrategas ingleses que planificaron nuestra dependencia:

 

- Lord Castlereagh y el control del comercio: En mayo de 1807 – entre la 1° y 2° Invasión Inglesa, y como ministro de guerra de SM dice ante el Parlamento en Londres: “No debe importarnos quien gobierne en Buenos Aires. Lo importante es que nosotros controlemos el comercio”

 

- George Canning y la des-industrialización: quedó resumida en la frase “Inglaterra será la granja y América española el taller”. Esto se completa con las altas o bajas tasas aduaneras, la “artillería pesada” de la que habla Karl Marx en el Manifiesto y convirtió a Rosas en la bete noir de la Historia.

    

- Sir Alexander Baring y la Deuda: La 1° Deuda externa y antecedentes de esta como elemento de dependencia.

 

Lord Nathan Rothschild y la emisión de moneda: Su lema fue “Dénme la emisión de moneda y no me importa quien hace las leyes”.

 

Todo el Sistema educativo posterior a Pavón se construyó destinado a mantener “los resortes ocultos de la Dependencia” – Scalabrini Ortiz.

 

El radicalismo en su momento fue incapaz de ver la dependencia que yacía debajo de las “atribuciones del Congreso” y tomar la Soberanía del Pueblo y del Mercado. Se terminó quedando en el mero formalismo hasta el día de hoy. El límite del sofisma des-malvinizador se enunció al iniciarse la actual etapa cultural: “Con democracia, se come, se educa, se cura”.

 

¡Mentira! Cuando se pierde la Soberanía, es el inspector del FMI o del Banco Mundial – y no el Congreso - quien dicta la Ley de presupuesto. Se pierde la soberanía cuando es la Organización Mundial de Comercio – y no el Congreso – quien dicta nuestro estatus aduanero.

 

Se pierde la Soberanía cuando es una dictadura quien dicta la Ley de Entidades Financieras – y no el Congreso – con todos los beneficios que esto trae al sector financiero a costa del resto del país. Se pierde la Soberanía cuando los supuestos “demócratas” aceptan la política de endeudamiento que dejó una Dictadura.

 

La política sólo de “derechos humanos” encubre la actual forma de Dependencia.        

 

Malvinas y carencia de Estrategia Cultural Nacional.

 

La lucha contra la Dependencia necesita estar basada en una cultura de lucha por lo nacional. Una nación es un producto cultural que en algunos casos su construcción ha llevado cerca de un milenio (Europa), y en otros varios milenios (Asia). Si un gobierno ha de ser medido por la Legitimidad de Fines[6], entonces ha de ser medido también por lo que haga en cuanto a construcción de Identidad y Conciencia Nacional.

 

Estos dos últimos Factores llegado el momento pueden ser más importantes que la Estructura económica. Hemos al fin de la Segunda Guerra Mundial – cuando Argentina disfrutaba la prosperidad del peronismo, que Alemania, Japón, China, Corea y otros, estaban completamente arrasadas mientras acá las chimeneas industriales humeaban a pleno. Si vemos fotos, películas, noticiosos de esa época, vivir en esos países era una condena en comparación con Argentina.

 

Han pasado 60 años desde la Guerra de Corea. ¿Cómo estamos hoy los argentinos en comparación con esos países? Nos estamos hundiendo en el fondo del listado de naciones mientras ellos figuran entre las cinco mayores economías del mundo.

Cuadro de texto:  
Escuela de Frankfurt: lo nacional es
“autoritario” para ellos.

Los derrotados están también en la lista de países con mayor identidad nacional – pese al trabajo des-culturizador que planificó la Escuela de Frankfurt respecto a Alemania.

 

Si “Cultura es todo lo que une al pueblo” (Perón) entonces esos pueblos tienen la cultura e identidad que también les enseñó el valor de mantenerse unidos y persistir en la adversidad.

 

Acá mientras tanto, por más prosperidad que hayamos tenido durante el peronismo de hace 60 años – no hemos logrado la cultura necesaria y actualmente se alegran de algunos índices económicos. Lo que es peor en que muchos que han leído y defendido a hombres como JJ Hernández Arregui caigan en el mero economicismo. Si ahora no se construye esa identidad cultural, entonces cuando caigan los índices económicos el ánimo nacional quedará estrellado en el suelo.

 

En agosto de 1962 el “Che” Guevara sacudió al mundo en Punta del Este cuando comenzó a hablar de cómo el deterioro de los Términos de Intercambio[7] entre los productos industriales del Primer Mundo y las commodities del Tercer Mundo.

 

Pero a partir del 2001 eso se revierte para países como Argentina. Es la acción conjunta de países como el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) que comienzan a funcionar como locomotoras de la economía. Que eso se revierta no significa que vaya a durar siempre. También es un engaño presentarlo como si algún gobierno argentino pudiera empujar las alzas de la soja o el trigo en la Bolsa de Chicago. Son todos factores externos fuera del control argentino.

 

Lo que se está haciendo ahora es desperdiciando el Tiempo como se hizo en la bonanza de la década de 1920 en que no se construyó conciencia nacional. Moverse sólo con el resultado de las buenas cosechas, descuidar la malvinización, es una forma de liberalismo.

 

Acá lo que se busca el mero resultado electoralista del año que viene pero nadie se preocupa de la supervivencia cultural de acá a 30 años, de los chicos que hoy están en la cuna y para entonces serán hombres.

 

Malvinas también es una viga maestra de esta estrategia.               

 

Alguna vez en una revista de Antropología – perdonen la falta de memoria – publicaron un trabajo de una investigadora llamada Menéndez que hizo un trabajo de campo con los conscriptos veteranos y subrayaba:

 

La emoción que todos tuvieron cuando pisaron a tierra de Malvinas y la conciencia de la tierra a defender.

El sentimiento cuando cantaron el himno en Malvinas y el saludo a la bandera.

El sentido de solidaridad cuando durante los bombardeos ingleses un camarada caía herido y los demás se lanzaban fuera de la trinchera para ayudarlo (una imprudencia)

 

Si vemos una nación como una sociedad unida culturalmente, en lo investigado por la antropóloga Menéndez hay elementos muy importantes en la formación nacional: la identidad con la tierra a defender (Blutt und Boden), la unidad con los símbolos patrios y la solidaridad con los compatriotas en peligro. Si este fenómeno se dio entre 10.000 combatientes en sólo 40 días, imaginemos entonces el efecto que esto debió tener en 4 años (1914-18) y en los grandes países europeos (Francia, Italia, Alemania, etc.)  Esta era la posguerra que no debía repetirse en Argentina y sobre la cual operó y opera la des-malvinización.Una de las primeras consecuencias de la malvinización del 2 de abril fue por un lado la unidad demostrada por el pueblo argentino en todas las plazas y que hizo exclamar al general Alexander Haig: “This is Tehran!”.

 

Era la unidad de Argentina contra el imperio y a poco, con todas las naciones que luchan contra el imperio y por encima de las contradicciones diferencias secundarias religiosas/ideológicas.

 

Cuadro de texto:  
Ernesto Laclau. Teórico de 
la división interna
Lo primero que se debería haber mantenido es la unidad frente al imperio, cosa que no se pudo ni por la estupidez del Proceso, ni por el egoísmo y cortedad de miras de la clase política. Fueron a la guerra midiendo al mundo en términos de Derecha e Izquierda y así les fue. Entonces no se podía ser de Izquierda. Hoy no se puede ser de Derecha. El resultado es el mismo.

 

Esta falta de unidad interna se ve agravada cuando uno de los asesores del gobierno kirchnerista es Ernesto Laclau, ex “izquierda nacional”, desde 1968 radicado en Gran Bretaña y hoy titular de Cátedra de Teoría Política de la Universidad de Essex. Los consejos que le da al gobierno kirchnerista es lo contrario del Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos…

 

 

Los consejos de Laclau consistieron en el enfrentamiento permanente en lo interno – característica de los Kirchner – en una mala lectura de Carl Schmitt: para él hay

 

- un enemigo externo, el hostis              

- un enemigo interno, en inimicus

 

En enfrentamiento extremo con el hostis puede llevar a la guerra internacional, en nuestro caso, una segunda Malvinas.

 

El enfrentamiento extremo con el inimicus puede llevar a una guerra civil. Su modelo de hacer política sin Estrategia ni Plazos, en constante confrontación con los inimicus, conciliación con los hostis,

 

Los consejos de Laclau son confrontaciones a la  medida de los ingleses: el constante enfrentamiento interno (inimicus) en lugar de buscar la unidad contra la hostis: una política de re-malvinización.

 

Y no hablen de “derechos humanos” cuando hay chicos que mueren de hambre, cuando la desnutrición arrasa y los “derechos humanos” – de nuevo para no olvidarlo – es una industria del juicio para abogados que lucran con las indemnizaciones. Que la Dra. Carmen Argibay – desaparecida, indemnizada, reaparecida sin devolver la indemnización y hoy en la Corte – piense que puede hacer si alguien presenta un recurso de amparo por los chicos desnutridos.

Cuadro de texto:  
Mandela: Educación
y unidad para superar
el colonialismo.

Los “derechos humanos” se han vuelto una excusa para los fines ingleses.

 

Hay que tener sentido del Tiempo por encima de los votos del año que viene. Un ex opositor de Nelson Mandela explicaba que cuando lo conoció le echó en cara todas las “aflojadas” que había tenido ante los ingleses.

 

- Todo eso es cierto – dijo Mandela – pero ahora decime en qué no le aflojé a los ingleses.

 

El opositor, ahora en Buenos Aires, quedó callado.

 

- En lo único que no cedí es en Educación. Pretender dar pasos tan grandes cuando el pueblo no está ni alfabetizado ni educado, es querer dar un paso más largo que la pierna. Ahora debemos educar a los que vienen y esa es tarea de tu generación. Cuando tengamos los suficientes jóvenes educados entonces daremos ese paso siguiente.

 

La película Invictus[8], cuando Mandela sale de la cárcel y se da cuenta que debe unir a Sudáfrica en torno a sus selecciones – rugby y fútbol – nos demuestra que Mandela es un excelente estratega cultural a mediano plazo.

 

De esto se trata la obra de Mao Tse Tung[9] - de tener bien en claro cual es el Enemigo Principal, la Contradicción Principal – en ese momento la invasión japonesa – y luego ver las Contradicciones secundarias – chinos ricos y pobres, comunistas y nacionalistas, campesinos y habitantes de ciudades, del norte y del sur, etc. – y unir todas las contradicciones secundarias para combatir a la Contradicción Principal: Japón.

 

Quizás lo peor del caso es cuando muchos que se dicen peronistas, no han estudiado al propio Perón ni cómo Perón aplicaba la estrategia de Mao. En su escrito “Del poder al exilio” de 1957, si bien culpa como enemigo principal a la Masonería inglesa, se da cuenta que el enfrentamiento con la Iglesia católica se le fue de las manos – “Grupos de insensatos queman iglesias[10] escribe – y que en Argentina no se puede contra una alianza – aunque circunstancial –de ambas fuerzas.

 

La estrategia entonces es aislar cada vez más al Enemigo Principal: la masonería inglesa.   

 

“Divide a tu enemigo y no dejes que tu enemigo te divida” SunTzu

 

Eso se había cumplido en los 60 cuando en España se casa por Iglesia con Isabelita. Esto demuestra que le habían levantado la excomunión. Nunca más vuelve a tener un choque con la Iglesia ni esta condena lo sucedido en 1955. Visto a la distancia, esto fue un logro estratégico para Perón. 

 

Lanusse - para Perón representaba a su enemigo principal – la masonería inglesa. Y cuando este anuncia una salida electoral – Argentina se había vuelto ingobernable Y Perón comienza la estrategia de aislarlo para tener el poder de un gobierno nacional.

 

Ya tenía su propio “núcleo” duro: el peronismo sindical y político. Pero eso no era lo bastante. Le toca ahora ganar lo que Mao llama las contradicciones secundarias.

 

Así vemos como Perón hace confluir en el Frejuli a hombres que habían estado en su contra en septiembre de 1955 y después demostrado que no eran gorilas dirigían organizaciones políticas: Solano Lima – conservador popular; Arturo Frondizi – desarrollista; José Antonio Allende – demócrata-cristiano; Marcelo Sanchez Sorondo – nacionalista católico.

 

En esa primera elección Perón demuestra que tiene el 49% y Lanusse renuncia a pedir un ballotage.

 

Para la segunda elección, Perón logra el apoyo de: Abelardo Ramos, Izquierda – nacional; Oscar Allende – intransigente, sectores demo-cristianos y el partido comunista. Llega al 62%. El radicalismo – principal herramienta electoral del anti-peronismo, se vuelve “neutral” y la masonería inglesa (Lanusse-Manrique) queda aislada.

 

Lo que hoy propone Laclau no es la estrategia de unidad nacional de Perón sino su antítesis: la política – y Cultura - de constante enfrentamiento y división interna. Nada nacional puede construirse en tal “clima” y cultural. No importa cuantas elecciones gane el kirchnerismo. Con el enfrentamiento constante la nación estará perdida y el imperio británico en el Atlántico sur queda asegurado.

 

Laclau y el mitrismo.

 

Lo que propone Laclau – de última, es la continuación del mitrismo. No sólo se trataba de dar una versión de la Historia a la medida de los vencedores. Se trataba de ocultar la visión sanmartiniana de lo que fue la política del siglo XiX, y su oposición a las políticas liberales. Además se oculta lo que descubre Scalabrini Ortiz:

Cuadro de texto:

“Gran Bretaña nos domina a través de la masonería”

 

Así, en el mitrismo se presenta la historia argentina como si hubiera sido el Japón del siglo XVII, completamente aislado del mundo, y dedicado a la lucha entre clanes internos, donde todo lo que pasaba era producto de la bondad/maldad de los argentinos. Los extranjeros no cuentan. Y por otra parte, la acción de logias secretas tampoco.

 

En la otra versión de la sale a la luz la intervención de Gran Bretaña a través de sus Logias, y de última la lucha de esta para incorporarnos a su periferia, lo que provocaría la definición del general Julio A. Roca:

 

“Del punto de vista comercial somos parte integrante del imperio británico”

 

Pelear con el inimicus interior cuando el imperio acecha afuera es una política del avestruz,  para eludir al hostis exterior.

 

¿“Democracia” o partidocracia?

 

Nos dicen que lo actual es una “democracia”. Nos describía Norberto Ceresole:

 

“El eje del funcionamiento del Sistema son las elecciones. Es el ‘instrumento a través del cual, el pueblo expresa su voluntad eligiendo y delegando, por un tiempo determinado, una opción política, un grupo de ciudadanos que debe representarlo’.

 

En realidad, el pueblo no elige representantes sino partidos que presentan una ‘lista sábana de funcionarios propios’, que luego ejercerán funciones de gobierno y de representantes.

 

El diputado que viene de una provincia, primero es funcionario de un partido al que debe su postulación, antes que representante de sus votantes. Desde ese momento no interesa su idoneidad y capacidad de defensa de los intereses nacionales y el Bien Común de la Sociedad. Su primer y principal preocupación es su fuente de trabajo y, si es posible, avanzar en su carrera política.

 

Por tanto, se ve obligado a ser experto en “internas del partido” (para no quedar fuera en la próxima confección de listas de candidatos), es una forma de mantener la burocracia partidaria y estatal. La máquina funciona de tal manera que dejan de defenderse las  esperanzas y necesidades de los representados.

 

El partido es un  administrador de voluntades, adecuando su fin, no a las promesas que motivaron su triunfo, sino a las necesidades del Bloque Hegemónico que coincide con, y se subordina, a los dictados de los Grupos Oligopólicos Multinacionales. El militante se convierte en funcionario de un partido desnaturalizado, vaciado de contenido nacional y representativo, y con suerte, en burócrata del Estado”[11]   

 

Esta “democracia” termina siendo una oligarquía de representantes.

 

La Ley de Hierro de las oligarquías

Cuadro de texto:  Todo gobierno de un partido termina siendo una oligarquía. Robert Michels (1866-1936) comenzó siendo socialdemócrata y cuenta con una extensa obra como sociólogo. Estudió partidos, sindicatos y, ya en su época fascista, el nacionalismo.En su obra Los partidos políticos, formula la ley de hierro de la oligarquía, con la que afirmaba que "tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará una minoría", la idea básica es que toda organización se vuelve oligárquica. Los líderes, aunque en principio se guíen por la voluntad de la masa y se digan revolucionarios, pronto se emancipan de ésta y se vuelven conservadores. Siempre el líder buscará incrementar o mantener su poder, a cualquier precio, incluso olvidando sus viejos ideales.

Por eso, las organizaciones políticas pronto dejan de de ser un medio para alcanzar determinados objetivos socioeconómicos, y se transforman en un fin en sí mismo (desplazamiento de objetivos).

La Ley de hierro de la oligarquía se basa en tres argumentos:

- En primer lugar, cuanto más grandes se hacen las organizaciones, más se burocratizan, ya que, por una parte, se especializan; y, por otra, deben tomar decisiones cada vez más complejas y de una forma más rápida. Aquellos individuos que conocen cómo tratar los temas complejos con los que se enfrenta la organización se van volviendo imprescindibles, formando la élite.

- En segundo lugar, se desarrolla una dicotomía entre eficiencia y democracia interna; de modo que para que la organización sea eficiente necesita un liderazgo fuerte, en detrimento de una menor democracia interna.

- En tercer lugar, la propia psicología de las masas hace deseable el liderazgo, puesto que son apáticas, ineptas para resolver problemas por sí mismas; son agradecidas con el líder, y tienden al culto de la personalidad. Su única función sería, pues, la de escoger de vez en cuando a sus líderes.

El liderazgo anula la democracia, ya que ésta es entendida por Michels a la manera roussoneana, como gobierno del pueblo.

El parlamentarismo ayuda a la oligarquización (especialización de faenas, comisiones..), hace que el líder sea imprescindible, es rutinario (el líder puede hacer uso de sus capacidades técnicas adquiridas). El parlamentarismo da más oportunidades al líder para automatizarse. La casta de los líderes (oligarquía) se cierra como una falange, pues se ayudan mutuamente para evitar la competencia de nuevos líderes surgidos de la masa (trust oligárquico).

Lo único que puede hacer la masa es sustituir un líder por otro. Por eso los líderes mantienen algún vínculo con la masa, incluso alianzas contra nuevos líderes. Los viejos líderes apelan a la disciplina, cosa que reduce la libertad de expresión de la masa.

La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía

La democracia sería un mejor sistema para la selección de oligarquías que un sistema hereditario. En 1911 Michels aún habla de democracia como mal menor; después se decantará por las tesis fascistas. Michels moriría en Roma en 1936 y se hizo fascista. Prefería el contacto directo entre el Duce y la masa y sin una burocracia intermediaria.

Religión y Hegemonía en Gramsci.

 

Nos dice Luciano Gruppi[12]: 

 

Gramsci observa cómo la hegemonía de las clases dominantes italianas, en realidad ha sido siempre parcial. Un componente, una mediación esencial de esta hegemonía es la Iglesia católica. La Iglesia católica se preocupa por mantener en un bloque único a las fuerzas dominantes y a las fuerzas subordinadas, a los intelectuales y a los hombres sencillos.

 

La Iglesia ha logrado esto de un modo característico: utilizando dos lenguajes, dos teologías, dos ideologías: una para la gente sencilla, el catecismo y la prédica del cura párroco, y la otra para los intelectuales, a los cuales, en realidad, les consentía una teología distinta o, más exactamente, una interpretación distinta de la teología. Es preocupación constante de la Iglesia no romper esta unidad (ésta ha sido, por ejemplo, la gran función de los jesuitas como mediadores políticos) y la de reprimir a los intelectuales cuando éstos tienden a romper la unidad. La Iglesia se preocupa de que la separación entre los dos lenguajes no llegue a la ruptura, pero la Iglesia nunca se propone la tarea de elevar a los "simples" al nivel de los intelectuales, de realizar una verdadera unificación y, por tanto, de cumplir una verdadera reforma moral e intelectual. Así, el idealismo --que era el sistema de pensamiento dominante, hegemónico, en la alta cultura italiana del tiempo de Gramsci, en una medida que para los jóvenes de hoy es imposible concebir-- propuso una nueva concepción de intelectuales y para intelectuales, y Gramsci observa cómo una de las mayores debilidades de las filosofías inmanentistas en general, consiste precisamente en no haber sabido crear unidad ideológica entre los de abajo y los de arriba, en no haber conducido una verdadera reforma moral e intelectual, una verdadera, profunda transformación del modo de sentir y de actuar de las grandes masas.

 

Tan es así que, después de haber afirmado que la religión no es más que una forma de mitología, Croce y también Gentile, en su reforma escolar, se muestran favorables a la enseñanza de la religión en la escuela, justamente porque la religión es una suerte de pre-filosofía que debe dejarse a los niños y a las masas populares subalternas, en suma, aquellos que son incapaces de elevarse hasta el saber crítico, hasta la filosofía.

 

Es decir, la religión hace de mediadora entre la concepción superior de los grandes intelectuales y las masas populares. No se plantea como tarea elevara las clases populares al nivel de las clases dominantes, sino más bien, mantener las clases populares en posición subalterna.

 

Por una parte está la intransigencia doctrinaria y, por otra, el compromiso político con la Iglesia católica, de parte de estos laicos "intransigentes" que son Croce y Gentile.

 

Después apareció una forma subordinada --observa Gramsci-- de relaciones con el pueblo, manifestada en la política cultural de los socialistas reformistas: las universidades populares. Pero este movimiento no obedecía a una concepción precisa; estaba inspirado en un marxismo asimilado toscamente, de manera contradictoria, deformado en el sentido positivista; era un movimiento extremadamente ecléctico. Gramsci decía que se actuaba como aquellos exploradores que dan chucherías a los salvajes para obtener en cambio pepitas de oro de ellos. En realidad, también este movimiento era incapaz de elevar efectivamente al nivel crítico la conciencia popular.

 

De “fierros” a gramscianos: autocrítica de los derrotados.

 

"Desde el punto de vista proletario, la hegemonía pertenece en la guerra a quien lucha con mayor energía que los demás, a quien aprovecha todas las ocasiones para asestar golpes al enemigo, a aquel cuyas palabras no difieren de los hechos y es, por ello, el guía ideológico de la democracia, y critica toda ambigüedad" Lenin – 1905 [13]

 

Como vemos, Lenin no distinguía entre hegemonía y acto de fuerza, mucho menos de la guerra cultural y/o de las superestructuras. Esta falta de diferenciación le costo la derrota a la izquierda italiana en los años 20 y en Argentina a la juventud maravillosa. Esto lo reconocieron los dos primeros gramscianos argentinos de los ’70: Juan Carlos Portantiero y José Aricó.

Esto lo recuerda “Página 12” [14] del 16 de septiembre de 2009, recordando  la fundación de la revista Controversia en México sobre la lucha armada, el rol del peronismo y el marxismo.

Sufrimos una derrota, una derrota atroz. Derrota que no sólo es la consecuencia de la superioridad del enemigo, sino de nuestra incapacidad para valorarlo, de la sobre-valoración de nuestras fuerzas, de nuestra manera de entender el país, de nuestra concepción de la política.” Escritas en octubre de 1979 por militantes e intelectuales argentinos exiliados en México, aquellas palabras inauguraban la revista Controversia, definiendo su espíritu crítico, descarnadamente autocrítico. Durante dos años, sus páginas albergaron a Juan Carlos Portantiero, Oscar Terán, Héctor Schmucler, Nicolás Casullo y José Aricó, entre muchos otros. (…)

Cuadro de texto:  “La revista surgió en México a partir de la propuesta de Miguel Angel Picatto, un periodista cordobés y radical –cuenta ahora Sergio Bufano–. Nos convocó a unas quince personas y, a partir de ahí, empezó un proceso de discusión sobre qué carácter debía tener la publicación. Picatto proponía un periódico que denunciara la dictadura. Pero algunos empezaron a pensar en profundizar qué estaba pasando con el peronismo y con la izquierda en Argentina, sobre todo en los grupos armados, y qué estaba pasando con el marxismo a nivel mundial. Nos parecía que ya había muchas publicaciones de denuncia sobre la dictadura.

El consejo editor quedó formado por Aricó, Bufano, Casullo, Portantiero, Schmucler, Terán, Ricardo Nudelman, Sergio Caletti y, luego, Carlos Abalo. Como director fue elegido Jorge Tula. Dentro del grupo había dos tendencias claras: la peronista, representada por Casullo y Caletti, y la socialista, que abarcaba a casi todos los demás. La revista se publicó durante dos años, fueron trece números, hasta que en 1981 las diferencias entre ambas tendencias derivaron en el final. Además de los editores, llegaron a escribir Fernando Enrique Cardoso, Angel Rama, Oscar del Barco, Néstor García Canclini, David Viñas, León Rozitchner y muchos más.

“Pusimos el nombre Controversia y ya el primer número produjo efectivamente fuertes polémicas”, recuerda Bufano. Asumir la derrota, como hacía el primer editorial, “resultó en ese momento una especie de provocación. Todos los grupos armados que estaban en el exilio plantearon que era una traición, que la resistencia popular todavía tenía posibilidades y que la dictadura no iba a durar”. La asunción de la derrota suponía una intensa crítica al camino recorrido: “El exilio fue el momento de interrogarnos cómo habíamos llegado hasta ahí y qué hacíamos entonces –dice Bufano, a cargo de la reedición de la revista junto a Israel Lotersztain–. Desde un primer momento, apareció la crítica a la lucha armada. El haber elegido las armas como herramienta de lucha en los ’70 había ayudado a impulsar el autoritarismo y había generado una mirada muy esquemática de la realidad. En definitiva, había conducido a la derrota”.

Ya en su número inicial, Controversia puso el dedo en otra llaga abierta. En el artículo “Actualidad de los derechos humanos”, Héctor Schmucler denunciaba cómo la dictadura militar se apoyaba en “la muerte” como “última ratio del poder” (“la violencia de la muerte es apenas un momento de la otra violencia generalizada, simbólica y material”) y cuestionaba también a los grupos revolucionarios que “reivindicaban su derecho a privar de la vida a otros seres en función de la ‘justeza’ de la lucha que desarrollaban. Se preguntaba: “¿Existen formas discriminatorias de medir que otorgan valor a una vida y no a otra? ¿Los llamados derechos humanos evocan valores ecuménicos y transhistóricos o es necesario situarlos en una visión política donde los valores se dirimen de acuerdo con la relación de fuerzas de los sectores sociales en conflicto?”.

Aquella autocrítica –dice hoy Schmucler, en diálogo con Página/12– “nos costó sangre, sudor y lágrimas. No fue un gesto de valentía, sino sólo decir lo que pensábamos, aunque no fuera políticamente correcto. No todos los que hacíamos la revista pensábamos igual, pero sí compartíamos un punto de partida que nos unificaba: una voluntad crítica, una voluntad de analizar y reflexionar sobre nuestro pasado y sobre nuestras propias ideas, que nos habían llevado al exilio y a la pérdida de seres queridos. Compartíamos la sensación clara, viva, de un fracaso”.

–¿Cómo puede ser leída hoy la revista, tres décadas después? ¿Cuál cree que es su legado?

No lo literal –dice Schmucler–, pero sí el espíritu crítico, la decisión de no pensar primero si conviene o no conviene decir algo, sino buscar una convicción de verdad. Todo aquello que no decimos porque no conviene es acumulado por ese enemigo que no deja de triunfar, para citar a Walter Benjamin. En parte, me alegra que hace treinta años hayamos dicho cosas que siguen siendo sumamente actuales. Pero, a la vez, esto quiere decir que aún hoy no hemos salido de una matriz que nos mantiene semiciegos, semimudos, casi insensibles.

 

Exilio[15]

 

Vino el golpe de Estado de 1976. El grupo de Aricó se exilia en México en mayo de 1976. Allí se incorporan a la universidad y a la editorial Siglo XXI. Todavía mantenían posiciones de izquierda radical. Durante el exilio, Aricó aprovecha para investigar. Produce dos estudios: una extensa introducción a Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano (junio de 1978) y Marx y América Latina (marzo de 1980).

 

Ambas relecturas seguían inspirándose en la heterodoxia del marxismo. Recuperando a Mariátegui, el principal marxista de América Latina anterior a Ernesto Guevara, Aricó profundiza su crítica al positivismo. Lee al peruano trazando un paralelo con Gramsci. Su rescate resulta de lectura obligatoria. En el caso de Marx, indaga sobre los obstáculos que le impidieron comprender mejor a Simón Bolívar y a la historia latinoamericana, a pesar de haber roto con el europeísmo. Este texto también es imprescindible.

 

Eurocomunismo y socialdemocracia

 

Por esos años, la izquierda en México recibe el impacto de la izquierda moderada europea (principalmente del eurocomunismo de Italia, Francia y España pero también de la socialdemocracia), en crisis por sus frustraciones electorales. En el grupo de Aricó y Portantiero comienza a ganar terreno el rechazo de toda opción radical. Moderación creciente acompañada por el distanciamiento de la otrora admirada Cuba. Aunque Raúl Burgos se permite algunas pocas observaciones críticas, su investigación se mimetiza con su objeto de estudio y termina siendo condescendiente con este viraje político.

 

Tratando de rechazar las impugnaciones que Pablo González Casanova, Atilio Borón, James Petras, Agustín Cueva y otros destacados cientistas sociales realizaron frente a esa impactante mutación política, Burgos intenta amalgamar procesos sumamente distintos.

 

Por ejemplo, asimila la reevaluación sobre Marx y Mariátegui con la conversión socialdemócrata. Como si de esos libros de Aricó —originales en el plano analítico— se dedujera... el apoyo entusiasta a Felipe González o Raúl Alfonsín.

 

Las Malvinas y la dictadura militar

 

La reflexión teórica de alto vuelto sobre Marx, Mariátegui y el socialismo latinoamericano no tuvo equivalencia cuando se trataba de cuestiones políticas más mundanas. Así lo corroboró León Rozitchner en su libro Las Malvinas: de la guerra “sucia” a la guerra “limpia” (Caracas, 1982) donde crítica sin piedad el fervor con que el grupo de Aricó y Portantiero apoyó desde México la guerra de Malvinas.

 

Años más tarde, en la revista Punto de vista (N°28, 1986), Emilio de Ipola, uno de los miembros del grupo de Aricó, ¡reconoció que la crítica de Rozitchner era justa.! Cuanto más cerca de la socialdemocracia europea, más lejos de Malvinas

 

Rozitchner permite observar lo que ya había sucedido en Pasado y Presente ante la derrota del EGP, el apoyo a Montoneros y otras mutaciones similares: la falta de autocrítica. Rozitchner afirmó:

 

“Un intelectual tendría que dar cuenta de sus tránsitos y sus desvíos, para que comprendamos sus nuevas propuestas. Si lo explicara, ayudaría a comprender un poco mejor en qué estamos, y podría ayudarnos también a comprender nuestras propias dificultades en el pasado, como quizás comprender también las suyas”.

 

Aunque Burgos termina cediendo a la historia oficial del grupo, no deja de reconocer la justeza de esa crítica.

 

Alfonsín, la obediencia debida y el punto final

 

Burgos trata de defender la nueva moderación política del grupo postulando un supuesto descubrimiento teórico: la “cuestión democrática”. Se abre entonces el interrogante: ¿es posible conjugar democracia y socialismo?

 

La izquierda radical cree que sí, pero con la condición de no sacrificar el socialismo en el altar de los capitalismos periféricos. En sociedades como la Argentina, luego de la retirada ordenada de los dictadores derrotados en Malvinas, las instituciones políticas emergieron completamente subordinadas a la lógica neoliberal. El acuerdo entre los viejos partidos tradicionales y los militares fue su garantía.

 

Desconociendo esas debilidades estructurales de nuestra democracia, el grupo de Pasado y Presente (transformado al regreso del exilio en Club de Cultura Socialista) construyó diversos relatos legitimantes. Postuló un supuesto “pacto democrático” (basado en el puro consenso y en un pretendido “contrato”) cuando en realidad lo que existió en los países del cono sur latinoamericano fue una imposición de fuerza que instaló el modelo neoliberal a sangre y fuego. La supervivencia de ese modelo no ha sido producto de ningún “contrato”. Gran parte de las falencias estructurales de nuestro régimen institucional —repudiadas en el popular “que se vayan todos”— son hijas no deseadas de esa gestación forzada.

 

Pero el Club de Cultura miró para otro lado. Se empecinó en apoyar aún más al gobierno de Alfonsín, formando parte del “grupo Esmeralda”, junto con otros consejeros presidenciales. Y en esa actitud se jugaron a fondo avalando incluso las leyes de obediencia debida y punto final que garantizaron la impunidad de los crímenes militares. Coherentemente, algunos miembros del Club terminaron decretando, a espaldas de lo mejor que produjeron en su juventud, el supuesto “declive” de Antonio Gramsci...

 

Beneficio de inventario y nuevos desafíos

 

Catorce años después de la muerte de Aricó, se torna necesario hacer un balance. El libro de Burgos puede ayudar, aunque quizás sea demasiado apologético. La distancia transcurrida permite un beneficio de inventario con aquel Aricó de la vejez que archivó la rebeldía juvenil y la originalidad gramsciana en aras de la “gobernabilidad” y los fantasmagóricos “pactos institucionales.

 

Aunque ese Aricó sea hoy olvidable, existen enseñanzas de su juventud que siguen palpitando: su actitud mental, su modo de ubicarse en el mundo de la política, la cultura y el campo intelectual. Aprendiendo del joven Aricó, que reflexionó contra las normas y jerarquías instituidas, las nuevas generaciones tienen el desafío de pensar a contramano de la sociedad oficial. Estudiar, como aquellos jóvenes brillantes de Pasado y Presente y La Rosa Blindada, no para tener un título o curriculum ni publicar para ganar plata, sino para cambiar el mundo. Dejar de estar pendientes de la palmadita en la espalda de los que tienen prestigio y carné social. No esperar el permiso de las Academias, los grandes monopolios de la comunicación o las fundaciones para vincularse orgánicamente con las clases explotadas y subalternas y sus nuevas experiencias de rebeldía. Principalmente con las vertientes radicales del movimiento piquetero, el sindicalismo crítico de la burocracia sindical o las fábricas recuperadas por los trabajadores. Allí está el rumbo para las nuevas camadas de gramscianos y gramscianas de nuestros días, críticos tanto del progresismo liberal como del nacional-populismo.

 

Aunque eso genere incomodidad, disgusto, desprecio, sorna, ironía o hasta indiferencia en los apellidos consagrados del mundillo intelectual. Estamos seguros que el joven Pancho Aricó compartiría esta opinión y se entusiasmaría como un loco ante los desafíos que nuestra sociedad presenta a las nuevas generaciones que se inspiran en Antonio Gramsci.[16]

 

El Bloque Nacional todavía no ha hecho una autocrítica como hicieron los gramscianos en México. Esto es grave porque mientras tanto seguimos estando dentro de una Hegemonía Cultural des-malvinizadora, marchado a la desaparición como nación pero en nombre de los “derechos humanos”.

 

Y dentro del Bloque Nacional tomamos todo un arco que va desde los sectores nacionales católicos, pasando por todos los matices del peronismo y llega hasta la Izquierda Nacional. Nadie pudo estudiar a fondo ni hace la inteligencia necesaria con lo nuevo que venía con el alfonsinismo. Se denunció que detrás del alfonsinismo estaba la socialdemocracia europea pero ni siquiera se previó que los gramscianos terminarían rompiendo la unidad del Bloque Nacional.

 

Más allá de los que se fueron por la simple necesidad de llenar la heladera, está el hecho que ellos pudieron construir su Hegemonía (cipayo) y los sectores nacionales que quedan sueltos aún ni se pusieron a estudiar esa estrategia ni menos a discutir/construir una Contra-Hegemonía. Aún se quiere recuperar el terreno perdido con tácticas/estrategias que quedaron obsoletas en los años 70.

 

En diciembre de 2009, ni siquiera se evaluó correctamente el conflicto entre Abel Posse por un lado, y los maestros de la Ciudad de Buenos Aires por el otro. 

Cuadro de texto:  
Monseñor Aguer: la denuncia a la Escuela
de Frankfurt y la guerra por los valores,

Teniendo en cuenta que los maestros tienen una función estratégica en Mediano Plazo a 30 años, entonces podemos ver toda la ventaja que nos llevan y seguirán llevando.

 

No hemos sabido ver el peligro que se venía con la Ley Federal de Educación ni con el Congreso Pedagógico de 1986. 

 

En su momento no hemos sabido ver el peligro que el contenido mitrista de la Educación tendría sobre la política nacional. Tampoco lo hemos sabido combatir durante el alfonsinismo, y ahora tampoco vemos como enfrentarlo durante el kirchnerismo.

 

La derrota por la Ley de Matrimonio Gay (14 de julio de 2009), también está vinculada a la derrota cultural que se sufrió en diciembre cuando el caso de Abel Posse. Pese a que la Iglesia le ganó la calle al “progresismo”, esto tampoco tuvo peso sobre una clase política cobarde asustada por el peso de los Medios de Comunicación[17]. 

 

“No tenemos que esperar ningún “salvador”, ninguna propuesta “mágica” que vaya a sacarnos adelante o a hacernos cumplir con nuestro “verdadero destino” No hay “verdadero destino”, no hay magia. Lo que hay es un pueblo con su historia repleta de interrogantes y dudas con sus instituciones apenas sosteniéndose, con sus valores puestos entre signos de pregunta, con sus herramientas mínimas como para sostener a corto plazo. Cosas demasiado “pesadas” como para confiárselas a un carismático o a un técnico. Cosas que sólo mediante la creación colectiva de creación histórica pueden dar lugar a un rumbo más venturoso”

Cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ 9.Abr.03

 

Hubo por la Conferencia Episcopal una grave falla de Inteligencia Estratégica. La Inteligencia no sólo es recolección de información, sino también análisis y difusión. Por supuesto que en la difusión no se pueden cometer los errores de Moisés en 13:25 – difusión masiva e indiscriminada – pero tampoco mandar los fieles a “ciegas” – lo que se hizo. Esto era mucho más que una batalla circunstancial. Es parte de una larga guerra y esto no les fue comunicado a los fieles como tampoco quien era el enemigo: no los diputados/senadores que votaban. El Enemigo detrás de ellos.

 

La forma en que se comportó la Conferencia Episcopal demuestra que ha perdido su “garra” al no aprovechar su capacidad de movilización. Parecería que ni obispos ni los laicos tienen una idea de la clase de guerra en que están metidos ni porqué la Iglesia está entre los enemigos principales del Nuevo Orden Mundial.

 

 

 



[1] Historia de la Nación latinoamericana

[2] http://www.mov-condor.com.ar/documentos/fcangiano/apuntes-sobre-la-desmalvinizacion.htm

[4] The Crisis of Democracy: Report on the Governability of Democracies to the Trilateral Commission, New York University Press, 1975.

[5] Lista de fundaciones aportantes al CELS

http://www.cels.org.ar/cels/?info=detalleTpl&ids=9&lang=es&ss=60

[6] Max Weber

[7] Discurso de Punta del Este

[8] Morgan Freeman y Matt Damon

[9] Acerca de la contradicción

[10] “Fue en esas circunstancias  (bombardeo del 16 de junio) que algunos grupos de facinerosos intentando sacar provecho del estado de confusión general, prendieron fuego a las iglesias. Fue un hecho execrable… ” Perón - Del Poder al exilio – Edit. Corregidor – pag. 141

[11] El Ejército Nacional en Rebeldía – Febrero 1990.

[12] * 1978 El concepto de Hegemonía en Gramsci (México: Ediciones de Cultura Popular). Caps. I y V. Págs. 7-24 y 89-111 respectivamente.

 

[13] http://www.gramsci.org.ar/12/gruppi_heg_en_gramsci.htm

[14] http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-131824-2009-09-16.html

[15] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=11915

[16] [Este trabajo fue publicado, en una versión resumida y editada, por el diario argentino Clarín en su revista de cultura “Ñ” Nro.71, el 5 de febrero de 2005. páginas 10 y 11. Fue escrito a propósito de la aparición de Los gramscianos argentinos. Cultura y política en la experiencia de Pasado y Presente , tesis doctoral de Raúl Burgos (Buenos Aires, Siglo XXI, noviembre de 2004)]

[17] Notable en el caso de la diputada Elisa Carrió y el senador Luis Juez