La Trampa del Derecho Humanismo
Por Gustavo Cangiano
Dos cositas sobre el libro de Graciela Fernández Meijide ("La historia íntima de los derechos humanos en la Argentina") que acabo de leer.
Primero: la trampa derechohumanista
La maniobra central que realiza el "derechohumanismo" , y que es la
que le confiere su carácter marcadamente contrarrevolucionar io, es lo
que se podría denominar "confusión de niveles de análisis".
El libro de Meijide empieza narrando el secuestro y desaparición de su hijo
Pablo, un chico de 17 años, en 1976. Uno lee y se pone en la situación que
debieron atravesar los Fernández Meijide. De pronto irrumpen en la casa
individuos fuertemente armados y se llevan a un adolescente diciendo que son de
la policía y que ya lo van a devolver. Es la madrugada. ¿Se imaginan la
situación desesperante de la familia? ¿Qué hacer? ¿A quién recurrir? Y a partir
de ahí la desesperación, el calvario. Pasan los días y no se sabe nada de
Pablo. ¿Qué cosas no habrán imaginado los padres y los hermanos de Pablo en esa
situación? Mientras estaban reunidos cenando, por ejemplo, ¿dónde estaría
Pablo? ¿Lo estarían torturando en ese mismo instante? ¿Estaría vivo o muerto?
Un chico de 17 años que influido por el clima de la época admiraba al Che y en
la escuela se había juntado a los de una "juventud
guevarista", integrada por pibes y pibas iguales a él, que querían
"hacer la revolución" con todo el idealismo y la ingenuidad
juveniles. Muchos de esos chicos tambièn secuestrados y "desaparecidos"
. ¿Se imaginan la angustia de los padres? ¿Se imagian el terror y el
sufrimiento de los chicos caídos en manos de esas bestias decididas a
picanearlos y a asesinarlos? Imaginemos a un adolescente casi desnudo, atado de
pies y manos, con los ojos cubiertos, tiritando de frío y terror mientras
espera que los que se llevaron hace un rato al amigo cuyos gritos desgarradores
escucha, vengan por él. ¿Dónde están papá y mamá? ¿Dónde está la seguridad del
hogar al que siempre se podía volver si algo iba mal en el agresivo mundo
externo? E imaginemos la desesperación de los padres...
Visto desde esta perspectiva, no cabe duda de que las cosas adquieren un
perfil muy diferente del que podrían adquirir si nos situáramos en una
perspectiva político-social. Pero visto desde esta perspectiva cualquier
fenómeno histórico social se torna una tragedia individual de la condición
humana.
Imaginemos a la familia de Zar esperando en 1917 que los verdugos bolcheviques acabaran con todos sus miembros. ¿Qué edad tenía la "Princesa Anastasia"? ¿Qué culpa tenía esa niña de haber quedado atrapada en medio de un profundo torbellino social? Una niña es, en definitiva, sólo una niña. ¿No es una monstruosidad matarla? Y matar a los sirvientes de la familia real, ¿no es igualmente monstruoso? ¿No significa matar "inocentes"? Si nos ponemos en el lugar de las víctimas, siempre la historia adquiere un signo de tragedia humana en la cual no valen ni las revoluciones ni las contrarrevoluciones . Sólo hay individuos sufrientes cuyos "derechos humanos" deberíamos defender ante todo, porque "nada hay más importante que una vida humana".
Y es esta la trampa del derechohumanismo: la reducción del nivel de
análisis económico y social de los fenómenos históricos al nivel individual de
los "seres humanos" "inocentes", con el consiguiente chantaje
emocional que de ello resulta. Es decir: el escamoteo de la dimensión
específicamente política. Por eso, el derechohumanismo es la política de la
despolitización. En el nivel individual de análisis
("individualismo metodológico" , le llamarían los sociólogos) no
existen las revoluciones ni las contrarrevoluciones .
El sufrimiento del hijo de Fernández Meijide es homologable al de la hijita del Capitán Viola asesinado por el ERP, o al de los hijos de Rucci volviendo de la escuela y encontrando el cadáver de su padre tirado en la vereda. El sufrimiento humano de León Trotsky ante la vida que se le apaga es equivalente al de José Antonio Primo de Rivera frente a sus fusiladores. El de los "chicos de la guerra" argentinos que murieron en Malvinas, al de los soldados británicos. El "derechohumanismo" tiene su respuesta para las tragedias humanas de los "inocentes". La respuesta es "Nunca Más". Nunca más a la violencia, nunca más a la intolerancia, nunca más, en definitiva, a las revoluciones y a las contrarrevoluciones , que son las que generan violencia.
Pero cuando en una sociedad atravesada por los antagonismos de clase entre
explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos, se promulga el
"nunca más" a la violencia, lo que se hace es consagrar la
perpetuidad del orden vigente. El "nunca más" a la violencia
formulado en 1983, tras una contrarrevolución triunfante, significa lisa y
llanamente consagrar la victoria definitiva de esa contrarrevolución.
Significa negarse a debatir sobre las tácticas y las estrategias seguidas por
las diferentes agrupaciones políticas y político-militares del campo popular, a
fin de averiguar qué errores pudieron haber conducido a la derrota de 1976 y de
qué modo deberían prevenirse en el futuro. Significa cerrar la vía de la
autocrítica para aquellos jóvenes militares que creían combatir por la Patria y
combatían en realidad al servicio de la CIA y del Pentágono. Es por eso que los
primeros en usar la expresión "nunca más" no fueron los
derechohumanistas, sino los centuriones de la picana cuando intentaron
autoamnistiarse.
Para desmontar la trampa derechohumanista, corresponde no confundir niveles
de análisis. Desmontar la trampa significa reconocer que en el
nivel individual la violencia política y social es una tragedia, pero que en el
nivel histórico y social de lo que se trata es de divisar cuál es el
contenido de esa violencia, a fin de tomar partido.
Segundo: Manipulación terminológica
Anecdótico pero significativo. En la página 288 GFM cuenta cómo se dividieron
el trabajo los miembros de la CONADEP para redactar le NUNCA MAS. Dice: "Klimovsky
se referiría al antisemitismo de los victimarios, De Nevares a la relación de
la Iglesia Católica con las desapariciones...".
¿Se dan cuenta? El judío Klimovsky contaría cómo sufrieron la represión
los judíos, mientras que el católico De Nevares contaría como ejercieron
la represión los católicos. Casi como al pasar, GFM inscribe en el
"inconsciente colectivo" una idea sobre quiènes reprimieron
(católicos) y quiènes fueron reprimidos (judíos) ¿Pero fue realmente así?
Hay un muy interesante libro de Gabriela Lotersztain, una joven judía
prematuramente fallecida, titulado "Los judíos bajo el terror",
en el que se relatan todas las complicidades de las instituciones de la
comunidad judía argentina con la represión procesista y, también, el apoyo de
Israel al gobierno de Videla. A partir de eso, Klimovsky podría haberse
referido a "la relación de la Comunidad Judía con las desapariciones"
, mientras que De Nevares, considerando la cantidad de cristianos
tercermundistas asesinados, podría haberse referido a "el anticristianismo
de los victimarios" .
Pero, ya se sabe, la "historia oficial" del derechohumanismo dice que
los judíos son siempre víctimas (al igual que los negros, los homosexuales y
los comunistas), mientras que los católicos son victimarios (al igual que los
militares y los buròcratas sindicales). Es la historia de los vencedores, a la
cual hay que oponerle la historia de los vencidos que quieren dejar de serlo.