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ROCA Y LA CUESTION NACIONAL Por Arturo Jauretche
Hoy que la
partidocracia guaranga lo ha convertido en un fabricante de aforismos y
cierta prensa tilinga en una especie de humorista, bonachón y afecto al
progresismo, resulta de fundamental importancia recuperar, aunque sea
fragmentariamente, este libro indispensable para la comprensión de nuestra
historia. Publicado por MRP En la revolución del 74, el Ejército Nacional liquida
definitivamente los restos del ejército de facción de (Bartolomé) Mitre y en
la Revolución del 80, la oligarquía porteña es derrotada y el Ejército
Nacional impone, conjuntamente con la capitalización de Buenos Aires, un
concepto de unidad del país frente a la hegemonía porteña. Con la presidencia de (Nicolás) Avellaneda se insinúa la
formación de la oligarquía nacional que sustituirá a aquélla; ésta tendrá la
misma adhesión que los vencedores de Caseros al liberalismo de importación, a
las doctrinas económicas detrás de las cuales avanza el interés británico, y
tal vez una mayor venalidad caracteriza su gestión. Pero representando en cierta manera la unidad del país,
no puede estar del todo ajena a los intereses del interior y a las tentativas
industrialistas que comienzan a recobrarse, y de una manera imprecisa y
discontinua comienzan a aparecer las primeras tentativas defensoras de un
posible desarrollo nacional autónomo. (…) La gravitación ejercida por el ejército trae de nuevo
una preocupación de Política Nacional incompleta y parcial, pero que es ya
algo: la preocupación de las fronteras. La conquista del desierto, la
integración de la Patagonia, la formación de la marina, las contingencias
limítrofes con Chile y la ocupación militar de los chacos y Formosa aseguran
los límites a que nos ha reducido la "victoria" de Caseros. (…) En los esteros del Paraguay se hundió la conducción
mitrista del ejército, con la estrategia y la táctica de las guerras
policiales y punitivas de los generales brasileristas uruguayos, hechas al
desprecio de la vida humana, que empieza por las del adversario y termina por
las del propio cuadro. Casi todos los "orientales" de Mitre fueron
sacados del frente y pasaron a seguir las guerras interiores contra las
provincias sublevadas; ¡eran sólo expertos en degollar gauchos desarmados! En
esa desastrosa experiencia se aprendió de nuevo la ciencia de la guerra, y un
nuevo ejército comenzó a surgir de entre las ruinas. La esterilidad del
sacrificio y la convicción de haber servido a una política extranjera, en
perjuicio de la nacional, se hizo carne en los nuevos jefes, y se perfiló una
figura que habría de restaurar el sentido de la política nacional de la
milicia. Su constructor fue el general (Julio Argentino) Roca
—que perdió allí a su padre, guerrero de la independencia, y a un hermano—,
cuyas primeras armas se habían hecho en el ejército de la Confederación. (…) La revolución del 74 es decisiva; enfrenta por fin
al ejército de fracción con el nuevo ejército nacional. En Roca se define el
Ejército Nacional que ya tiene un conductor y una Política Nacional que aún
falta en el gobierno. La aventura revolucionaria de Buenos Aires termina
ridículamente en La Verde con la rendición de Mitre, que agrega una más a la
cadena de sus batallas perdidas. (La única que ganó fue Pavón y ya se sabe
cómo). Roca caudillo del
ejército El ejército de Mitre termina como había vivido, matando
indefensos; el asesinato del general (Teófilo) Ivanowski, por las fuerzas
sublevadas de (José Miguel) Arredondo, representa la última demostración de
una técnica. La campaña de Roca, ganando tiempo, ante las urgencias de
Sarmiento que lo apremia, ignorante de que el general construye su ejercito
sobre la marcha, disciplinándolo y acondicionándolo como un ejército moderno,
termina en la batalla de Santa Rosa donde el ejército nacional entierra
definitivamente al ejército de facción. Hay ahora en el ejército un sentido elemental de la
política nacional que se irá perfilando con la marcha de su conductor.
También hay otro estilo que no es el de los degolladores. El general
Francisco Vélez refiere cómo el general Roca hizo fusilar, bajo la presión de
sus consejeros, a un supuesto espía, que después resultó que era
verdaderamente agente de enlace de su amigo (Francisco) Civit. Agrega Vélez: "Es fama que Roca sintió entonces
profundo horror y que formo el propósito de no firmar otra pena de muerte,
propósito cumplido religiosamente durante su larga actuación en la jefatura
del ejército y del Estado... imputándose tal vez debilidad al haber cedido
ante incitaciones de algunos de esos irresponsables que alardean energía
aconsejando el sacrificio de seres humanos que otros han de ejecutar". (…) Sólo Avellaneda, con la modificación de la tarifa de
avalúos, reinicia la política proteccionista. Allí están los dos Hernández,
el autor de Martín Fierro y su hermano; Vicente Fidel López, Roque Sáenz
Peña, Estanislao Zeballos, Nicasio Oroño, Carlos Pellegrini, Amancio Alcorta,
Lucio V. Mansilla, según enumera (Jorge Abelardo) Ramos. Es Pellegrini el que dice: "No hay en el mundo un
solo estadista serio que sea librecambista, en el sentido que aquí entienden
esta teoría. Hoy todas las naciones son proteccionistas y diré algo más,
siempre lo han sido y tienen fatalmente que serlo para mantener su
importancia económica y política. El proteccionismo industrial puede hacerse
práctico de muchas maneras, de las cuales las leyes de aduana son sólo una,
aunque sin duda, la más eficaz, la más generalizada y la más importante. Es
necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que
pasto". No es todavía política nacional en lo económico, pero es
una rectificación, una atenuación del pensamiento de Caseros. Compárense esas
palabras de Pellegrini con las que siguen de (Faustino) Sarmiento: “La
grandeza del Estado está en la Pampa pastora, en las producciones del norte y
en el gran sistema de los ríos navegables cuya aorta es el Plata". (De
paso perdieron la soberanía hasta en la aorta). "Por otra parte los
españoles no somos ni industriales ni navegantes y la Europa nos proveerá por
largos siglos de sus artefactos a cambio de nuestras materias primas". ¿Ignoraba el señor Sarmiento eso que el señor (Raúl)
Prebisch llama los términos del intercambio y que consiste en que año por año
aumenta el valor de las manufacturas con relación a las materias primas y que
en esa carrera hay que entregar cada vez más carne y más cereales por menos
máquinas y menos artículos? ¿Ignoraba también que lo que aumenta el valor de
la materia prima es la técnica y la mano de obra ante cuyo precio el valor de
esta última representa un por ciento insignificante? ¿Sospechaba siquiera que
la lana de un traje no representa ni el dos por ciento del valor del tejido?
¿Sospechaba acaso que sin industrias el mayor valor de la mercadería queda en
el exterior, es poder de compra restado al propio país e incorporado al país
importador? (…) Martín de Moussy señalaba los electos de la libertad
de comercio que Mitre había inscripto en las banderas del ejército según su
arenga: "La industria disminuye día a día a consecuencia de la
abundancia y baratura de los tejidos de origen extranjero que inundan el país
y con los cuales la industria indígena, operando a mano y con útiles simples
no puede luchar de manera alguna". Dice José María Rosa: “Los algodonales y arrozales del
norte se extinguieron por completo. En 1869 el primer censo nacional revelaba
que provincias enteras apenas si mal vivían madurando aceitunas o
cambalacheando pelos de cabras" (Defensa y pérdida de nuestra
Independencia Económica). Ramos, de quien extraigo esta cita (Revolución y
contrarrevolución), nos informa que en 1869 había 90.030 tejedores sobre una
población de 1.769.000 habitantes y en 1895 sólo quedaban 30.380 tejedores en
una población de 3.857.000. Lejos de importar máquinas de producción, el
capitalismo europeo en expansión nos enviaba productos de consumo. No venía a
contribuir, a nuestro desarrollo capitalista sino a frenarlo. Primeros pasos
hacia una economía nacional Esa nueva promoción que tiene a Roca como conductor
careció de una teoría nacional de la política y de la economía. Sólo le
fueron dados atisbos parciales de la realidad; no así liberarse de las
supersticiones ideológicas, pero con todo, su carácter nacional la hizo
contrabalancear a los agiotistas y especuladores del puerto de Buenos Aires y
posibilitar algún desarrollo industrial. A ellos debemos la modernización y crecimiento de las
industrias azucareras y vitivinícolas, a las que por cierto la metrópoli
británica no opuso mayores dificultades, porque el azúcar significaba un
golpe al comercio rival de carnes, el saladero, que abastecía a los mercados
azucareros del Brasil y Cuba, y la industria vitivinícola contribuía a
eliminar otro competidor del mercado de exportación: Francia, abastecedora de
vinos. Pero de todos modos se tonificaron las economías de dos
centros fronterizos —Cuyo y el Norte—, y se paró la emigración de sus
habitantes al litoral pastoril. Esta época y la de sus continuadores fue
también de enajenación de los ferrocarriles nacionales y de concesiones
leoninas al capital privado. Pero cumplió, en cambio, una política
ferroviaria de sacrificio a cargo del Estado, que tuvo en cuenta las
fronteras y estabilizó el norte argentino y la conexión con Bolivia. (…) Pero lo fundamental es que con Roca vuelve al país
el concepto de una política del espacio. Vuelve con un auténtico hombre de
armas y vuelve porque ya hay un ejército nacional y la demanda mínima de
este, la elemental, es la frontera. Política nacional
de las fronteras Está la frontera con el indio, abandonada desde Caseros,
cuando éste vuelve a rebalsar y hasta interviene en nuestras luchas civiles:
Mitre ha traído a los indios a La Verde como los llevó a Pavón seguramente
para replantear el dilema de Civilización y Barbarie a favor de la
civilización, del mismo modo que Brasil llevó sus esclavos a la lucha por la
libertad de los paraguayos. La primera tarea que realiza el ejército nacional es la
conquista del desierto. El plan de operaciones repite el de la Confederación,
con medios más modernos pero con la misma visión nacional. Lleva implícita la
ocupación de la Patagonia –que se realiza– y la definición de la frontera con
Chile que obtiene solución favorable, salvo en el estrecho de Magallanes, y
definitiva por la Política Nacional de las fuerzas armadas que representa el
fundador del nuevo Ejército Nacional. Ella no hubiera sido posible sin la construcción del
mismo, por encima de las facciones y sometimiento al mitrismo; la extensión
vuelve a formar parte de la Política Nacional que se irá complementando hacia
el norte, con los expedicionarios del desierto que en Chaco y Formosa
consolidan, con la ocupación hasta la frontera del Pilcomayo. Toca también al ejército nacional resolver la cuestión
Capital que algo aliviará al gobierno argentino de la presión constante del
círculo de la oligarquía porteña. Frente a Avellaneda vacilante ante la
insolencia de (Carlos) Tejedor y los demás mitristas, Roca expresa la
posición firme de lo nacional y la decisión del Ejército Nacional de no
aceptar más retaceos a la República. Este es el momento decisivo y es bueno señalar lo que
destaca Ramos: al lado de Roca está Hipólito Yrigoyen, jefe del futuro gran
movimiento nacional. En cambio, (Leandro) Alem, está del otro lado. Los
clásicos al lado de los clásicos, los concretos al lado de los concretos, los
realistas al lado de los realistas. Del otro lado los declamadores,
románticos arrastrados por el influjo de las palabras huecas, y las
ideologías. Es confusa la historia como que es cosa de hombres.
Digamos glosando a (Georges Louis Leclerc, conde de) Buffon que el estilo
define las corrientes históricas mejor que las palabras. Hasta 1916 el pueblo es ajeno a todo el drama histórico
desde Caseros. Desde entonces hemos carecido de una verdadera política
nacional; pero señalemos los grados: durante el período del mitrismo no fue
carencia: hubo política antinacional consciente y deliberada, que se sostuvo
en la inexistencia del Ejército Nacional, reemplazado por una milicia de
facción. Con Roca y la reconstrucción del Ejército Nacional
empieza a definirse una Política Nacional, zigzagueante entre la comprensión
parcial de los hechos y el adoctrinamiento antinacional de los ideólogos (…)
hay por lo menos una Política Nacional, la del Ejército, expresada por su
fundador, el general Roca, que tiene una Política Nacional de las fronteras y
una política económica a la que falta mucho para ser nacional, pero ya
retacea el librecambio impuesto por los vencedores de Caseros en obsequio de
los "apóstoles del comercio libre". No llega con todo a constituir sino un mero atisbo de
Política Nacional: ella sólo se integrará por la presencia del pueblo en el
Estado. Publicado por MRP 4 de Abril en 17:04 0 comentarios jueves 9 de septiembre de 2010 |