Pueblos originarios y los posteriores
El autor realiza una clasificación de quienes habitaron
Neuquén en época de la conquista y la ocupación mapuche, que a su juicio se
produjo más tarde, entre fines del siglo XVIII y el XIX, sobre todo en el área
de los parques Lanín y Nahuel Huapi.
Por Roberto E. Porcel (*)
A nuestros naturales sureños, los tehuelches, de origen pámpido, debemos
clasificarlos así:
1) Tehuelches septentrionales
A.- Genaken, también llamados puelches o pampas serranos, que se
recostaban contra el lado este de la cordillera de los Andes desde la altura de
Malal Hue, poblando hasta el Atlántico, llegando por el sur hasta la costa
norte del río Chubut, ocupando también las sierras de la provincia de Buenos
Aires. Su lengua era el het. Como todos los pueblos cazadores y recolectores,
eran nómadas. Por eso habitaban en toldos, cubiertos los techos con cueros, que
eran fácilmente transportables en sus mudanzas. En la zona de los parques
nacionales Nahuel Huapi y Lanín convivían con los poyas, también
de etnia tehuelche. En la región entre ríos sur y el río Negro se dividían en
dos grupos: los chechehets en el este y los leuvuches sobre el
oeste.
B.- Los pampas o gününa kena, también de lengua het, que poblaban la
costa sur del río Salado. Salvador Canals Frau dice que conformaban dos
agrupaciones: los taluhets en el este, en la pampa húmeda, y los diuihet
en el oeste.
2) Tehuelches meridionales
Habitaban al sur del río Chubut hasta el estrecho de Magallanes. Los españoles
los llamaron patagones. Se los ha conocido como tehuesh, tsonecas,
chonik o abonaken. Su lengua era el tson, más duro que el het.
3) Tehuelches australes
Los españoles los llamaban onas. Ellos se decían selknam.
Habitaban el norte y centro de Tierra del Fuego. En la península Mitre, en la
punta sureste de la isla, lindando con los yaganes, estaban los haus,
de igual etnia pero un poco más bajos.
4) Pehuenches boreales o del noroeste de Neuquén
Habitaban en la zona de Varvarco y el río Agrio. Pertenecían a otra etnia,
distinta de la de nuestros tehuelches y de los araucanos de Chile.
5) Pehuenches mendocinos
Aunque originalmente los puelches poblaron desde San Rafael, en Malal
Hue, hasta el Campanario en Mendoza, al sur de los huarpes, posteriormente
se araucanizaron y hablaron el mapu dungu (por eso Falkner se equivoca y los llama
nuestros araucanos), pero fueron desalojados por los pehuenches del
Malal Hue. Estos pehuenches mendocinos, con los que siguieron conviviendo
puelches, se mantuvieron en un constante enfrentamiento con estos últimos
(principalmente en los siglos XVIII y XIX), entre ellos mismos, con los
indígenas trasandinos huilliches y picunches (de su misma etnia) y los
mapuches del Arauco, a los que los españoles llamaron araucanos.
El Arauco, en Chile, fue poblado por una nación de naturales cuya frontera
norte era el río Bío-Bío (baja frontera) hasta que los chilenos, terminada la
guerra con Perú y Bolivia, impusieron su superioridad militar con un moderno
armamento y conquistaron definitivamente, en 1883, las tierras al sur de ese
río hasta el Toltén, pobladas de mapuches (araucanos).
Éstos estaban divididos en tres grandes grupos denominados:
1)
Abajinos, en la parte central o llana.
2)
Arribanos o moluches, los del este, sobre las estribaciones
cordilleranas.
3) Vorogas,
que poblaban al sur del río Cautín y la zona del Imperial hasta el río Toltén,
que era el límite sur del Arauco (la alta frontera).
Horacio Zapater los describe como pertenecientes al grupo racial andidos, de
cráneo braquicéfalo, talla baja, complexión robusta, piel morena oliva, cabello
negro y liso, ojos oscuros y con una cabeza y cara que se caracteriza por su
redondez.
Al tiempo de la conquista española eran sedentarios y agricultores. También
cazadores y pescadores.
Vivían en rucas, o sea ranchos que construían, según el padre Diego Rosales,
cubiertos de paja, armados con varas largas clavadas en el suelo, en redondo o
cuadrado. Juntaban estas varas arriba, entretejiendo varillas delgadas a los
lados, que cubrían con pajas, sin ventanas y generalmente con dos puertas. En
el centro del techo hacían una abertura, cuya misión era dar salida al humo.
Buenos tejedores, vestían largos ponchos grises, amarillentos o blancos, usando
comúnmente sombreros de paja. Las mujeres, en cambio, se cubrían con dos
chamales o mantas de lana, sostenidas con tupus o punzones de plata. Peinaban
raya al medio y dos largas trenzas. Cubrían su cabeza con un pañuelo.
Tomás Guevara, gran historiador chileno, coincide con esta descripción. Dice
que eran naturales de
Neuquén y el llamado desierto
Chile recién pudo ocupar
Los pueblos originarios de Chile que vivían al sur del río Maule y poblaban al
oeste de la cordillera de los Andes eran los picunches al norte del Bío-Bío,
los mapuches en
Estos indígenas trasandinos sostuvieron variadas y permanentes guerras con
nuestros pehuenches y tehuelches (puelches, pampas y patagones), debido a su
penetración constante en las tierras de los segundos, que eran sus pobladores
originarios y vivían al este de la cordillera.
Tras la batalla del paso de Choele Choel, a principios del siglo XIX (1820),
nuestros tehuelches septentrionales de la zona de entre ríos sur (se llamaba
así a la región entre los ríos Colorado y Negro) y del río Negro, llamados
genaken, puelches o pampas serranos, vencidos por indios arribanos o
moluches (mapuches), que cruzaron la cordillera apoyados por milicias
patriotas chilenas (que portaban incluso un pequeño cañón), debieron renunciar
a sus tierras, conquistadas así por indios trasandinos, retrocediendo para
instalarse al sur del Negro o en la provincia de Buenos Aires.
Ya antes los huilliches, mezclados a veces con nuestros pehuenches boreales,
habían ocupado la región de los puelches y poyas, en la zona de los hoy parques
nacionales Lanín y Nahuel Huapi.
Estos invasores poblaron el lago Lácar, el oeste del río Collón Cura, incluso
Calleufú y la costa norte del Limay, a partir de la época del viaje del padre
Meléndez o Menéndez (1792), que entró desde Chile por la boca del Reloncavi
hasta el Nahuel Huapi y la naciente del Limay. De esta penetración dio
testimonio este padre en su diario, diciendo que nuestros puelches le pedían
ayuda para frenar a sus invasores.
Diez años antes, durante la travesía del río Negro, el Limay y el Collón Cura
realizada por el piloto español Basilio Villarino (1782), éste pudo constatar
que todavía esta región la ocupaban nuestros puelches.
Éstos eran su pueblo originario junto con los poyas (o sea los tehuelches),
conforme lo certifican el capitán Juan Fernández, cuyo relator fue Flores de
León (entrada desde Chile del año 1620) y los misioneros jesuitas que se
asentaron en el Nahuel Huapi (los padres Diego Rosales en 1653, Nicolás
Mascardi
Ante la presión de los pehuenches boreales y huilliches (chilenos), debieron
posteriormente nuestros tehuelches, conforme lo detalla quien convivió con
ellos, Guillermo Cox, en su libro "Un viajero en el Nahuel Huapi
(1862/63)", ceder esta región a los caciques pehuenches Trureupán,
Huentrupán, Huinca-hual y Caillapán, entre otros, ocupando los tehuelches
desplazados la zona del sur del Limay y Nahuel Huapi.
Pocos años más tarde, cuando llegó desde el Atlántico en su primer viaje
nuestro perito Francisco Pascasio Moreno (1876) y posteriormente en su segundo
viaje (1879/1880), en el que encontró a Inacayal y Foiguel o Foyel con sus
toldos en Tecka, el país de Las Manzanas tenía un cacique mayor, único e
indiscutible del que dependían los demás que habitaban en la región, fueran
tehuelches, mestizados o pehuenches. Ese cacique, llamado gobernador, tenía
sólo sangre tehuelche, tanto por padre (era hijo de Chocorí) como por madre, y
se llamaba Saihueque. Sus toldos estaban asentados en Caleufú.
Hablo de mestizados, ya que estas etnias pobladoras a partir de fines del siglo
XVIII de la región, con la vecindad y convivencia entremezclaron sus sangres.
Por ejemplo, por citar a algunos de los caciques más importantes de la época de
la campaña de Neuquén, Inacayal, hijo del cacique pehuenche Huinca-hual, y
Foiguel o Foyel, hijo del cacique pehuenche Caillapán, tuvieron madres
tehuelches.
Tanto Inacayal como Foiguel, ya caciques por muerte de sus padres, a quienes
sucedieron, tuvieron una actuación importante, al lado del cacique gobernador
tehuelche Manzanero Saihueque, durante la campaña de Neuquén y del sur del
Limay del general Villegas.
Lo acompañaron en su retirada al Chubut, luego de que Villegas llegara al
Nahuel Huapi (3 de abril de 1881), donde finalmente fueron alcanzados, vencidos
y aprisionados por el ejército en campaña.
Pero retomemos el relato. Los tehuelches septentrionales de entre ríos sur y el
río Negro (puelches) debieron buscar refugio por el avance de los indígenas
trasandinos en el sur del río Negro o en el centro este de la provincia de
Buenos Aires, región de los pampas gününa kena.
Estos tehuelches subsistieron bajo el mando de caciques como los Catriel y Cachul,
pero como indios generalmente "amigos", sin perjuicio de sus alianzas
temporales para malonear, buscando la protección de los gobiernos de
Los vorogas (mapuches chilenos de la zona de Cautín), a partir de la guerra a
muerte en Chile (1818-1824), donde lucharon a favor de Fernando VII, vencidos,
huyeron a
Llamaron a la tierra que conquistaron y detentaron Magna Araucanía, imponiendo
en la misma su lengua mapu dungu (araucana), distinta y más rica que la het de
nuestros pampas septentrionales, pobre de vocablos y que se endurecía cuanto
más al sur poblaban los tehuelches (los patagones hablaban tson).
A su vez los pehuenches boreales del noroeste neuquino se expandieron con la
entrada de los picunches y los huilliches, y conquistaron la zona de Malal Hue
y El Campanario, en Mendoza, y del actual Parque Lanín en Neuquén, que
compartieron con algunos puelches que decidieron quedarse a convivir con ellos.
Características de estas etnias
A.-
Pehuenches. A pesar de haber adoptado en reemplazo de su lengua
original el mapu dungu, que llegó ser lengua franca en nuestra pampa y en
Chile, eran por sus características étnicas de origen pámpido (descendían
probablemente de los huarpes y de los chiquillanes, etnias cuyanas).
Superaban en altura a los mapuches; eran delgados pero fuertes, de temperamento
muy agresivo y rostro y cabeza diferente a la de los araucanos. Eran también
cazadores y grandes recolectores de piñones. Vivían en toldos de cuero, como
los puelches, y cubrían su cuerpo primitivamente con quillangos de pieles.
Cox dice que los huilliches (pueblo originario del sur del río Toltén en
Chile), cuya frontera con nuestros aborígenes fue originalmente la cordillera,
vestían en forma diferente a los mapuches y pehuenches. Usaban unos pantalones
cortos de lana azul, calcetas de punto hasta los tobillos, camisa azul de lana
y poncho. Llevaban el pelo largo sostenido con una cinta. Algunos usaban
sombreros cónicos, de lana azul. Las mujeres, en cambio, vestían igual que las
pehuenches boreales. Estos últimos (pehuenches) , conforme Guillermo Cox, que
convivió en dos oportunidades con ellos (1862/1863), tenían la cara aplastada,
juanetes salientes, piel cobriza, mirada feroz, narices cortas, boca
prominente, barba pelada y cabellos espesos cortados a la altura de los
hombros.
Vestían
chiripá, en lugar del chamal de los araucanos, atado a la cintura con una faja.
Tapaban su espalda con un poncho tejido de lana (mapuche) o un quillango de
cuero (tehuelche) y en la cabeza llevaban un pañuelo que daba vuelta alrededor
de la misma, tapando parte de su frente. Calzaban sumeles, hechos con el cuero
de las patas de las vacas o caballos. Usaban pequeños pendientes en sus orejas.
B.- Los
tehuelches eran los más
altos de todos los indígenas sureños. Su media era un metro ochenta centímetros
de altura pero algunos, sobre todo del sur, llegaban a los dos metros. Sus
hombros eran anchos, su cuerpo robusto, atlético, cabeza grande y aplastada
atrás, cara ancha y cuadrada, juanetes poco salientes, ojos horizontales,
frente chica, cejas espesas y nariz chata con ventanillas abiertas.
La araucanización
Los huilliches se fueron posesionando con los mapuches de nuestra pampa
central, llamada desierto, la zona de los carrizales (el Ranquil Mapú) y del
oeste de la provincia de Buenos Aires. Sólo tenían en común, a esa altura, la
lengua mapu dungu. También ocuparon los huilliches con los pehuenches boreales,
parte del sudoeste de Neuquén.
En esta ocupación, durante y después de terminar la guerra a muerte en Chile,
tuvieron participación muy activa los vorogas que llegaron, como hemos dicho,
huyendo de Chile, apoyados por guerrilleros realistas comandados por los
hermanos Pincheira y sus oficiales.
Durante la guerra a muerte en Chile, o sea durante el siglo XIX, el llamado
desierto quedó en manos de los huilliches y los mapuches chilenos.
Los huilliches, mezclándose con los pehuenches, como ya hemos visto, habían
comenzado a entrar a la zona del Parque Lanín a partir aproximadamente de 1792,
es decir la zona neuquina contra la cordillera, pero al llamado desierto
entraron en 1833. Para lograrlo, fueron autores de una gran matanza de los
mapuches vorogas (sorpresa de Masallé, 8 de setiembre de 1834).
Los vorogas, a los que Rosas había evitado enfrentar en su Campaña al Desierto
de 1833, estaban asentados en la región de Guaminí y Carhué, de donde habían
expulsado, perseguido y masacrado años antes a nuestros pampas.
Allí, en Masallé, asesinaron los huilliches a dos de sus tres caciques generales,
a Mariano Rondeau y Melín (o Melían), dando muerte en el ataque a los indios de
lanza que se resistieron y robando su chusma. Los huilliches, en esta acción,
actuaron con el visto bueno de don Juan Manuel de Rosas.
Éste había sido alertado, primero por el cacique Venancio Cueñepán (mapuche
arribano chileno, patriota, que había llegado a Bahía Blanca con mil lanceros,
mandado por los chilenos, en persecución de los vorogas) y también por el
general Guido, que recibió el informe que el gobierno de Chile le mandó a
través del general Bulnes del ingreso por pasos cordilleranos del sur de más de
dos mil huilliches de lanza.
Al frente de los mismos marcharon, entre otros caciques, Antonio Namuncurá y su
célebre hermano Juan Callfucurá (que, como señala el padre Meinrado Hux en su
libro sobre "Caciques borogas y araucanos", le escribió años después
al presidente Mitre diciéndole que "era
chileno y había entrado autorizado y llamado por don Juan Manuel -carta que
conserva el Archivo Mitre-, el que como premio por la matanza de los mapuches
vorogas lo dejó establecerse y residir en las Salinas Grandes".
Callfucurá, para llevar a cabo este ataque a traición, había mandado mensajeros
avisando al cacique mayor Mariano Rondeau que venía en paz y traía gran cantidad
de mercaderías de origen chileno para negociar. Rondeau se dejó engañar, razón
por la que fue fácil para los huilliches sorprenderlos y matarlos, ya que lo
esperaban en sus toldos confiados, descansando y desarmados.
Los vorogas que se salvaron debieron someterse a los huilliches, salvo los
caciques Vuta Pincen -padre de Vicente- y Coliqueo, que tenían sus toldos más
alejados, lo que les permitió escapar y agregarse a los ranqueles, con los que
siempre tuvieron excelentes relaciones, para poder sobrevivir en ese primer
momento.
El último de los tres caciques mayores vorogas, Cañiuquir, que estaba en
Guaminí, razón por la que no sufrió el ataque de Masallé, fue acuchillado con
sus lanceros dos años más tarde, en el combate de "El Pescado", por
las tropas de
Triste fin tuvieron también los guerreros pehuenches de Malal Hue, (Mendoza) a
manos de los huilliches y guerrilleros realistas llegados de Chile.
La lucha interna por la ambición del mando entre sus caciques Antical y Chocorí
-el padre de Saihueque-, por un lado, y el lonco general de los pehuenches de
Mendoza, Ñeincul, por otro, los llevó al asesinato de este último y varios de
sus allegados. Ñeincul había apoyado al general San Martín y estaba
abiertamente con sus lanzas del lado de los patriotas.
Intervino por ello el gobierno de Mendoza, que designó a Antical -pehuenche-
para suceder al cacique asesinado (año 1825), pero un hermano de Ñeincul,
Llanca Milla, deseoso de vengarse (lo que entre los indígenas era una
tradición), buscó erradamente para el logro de sus fines el apoyo de los
huilliches del cacique Anteñir, que en ese momento estaba al sur del río Agrio.
Para esta empresa, Anteñir reunió cinco mil lanzas y se alió con doscientos
guerrilleros chilenos realistas de los hermanos Pincheira, al mando de Julián
Hermosilla, provistos con armas de fuego.
Así atacaron a los pehuenches, que tenían sus tolderías en Malal Hue, dando
muerte a Antical y en forma indiscriminada a todos aquellos que no pudieron
escapar (loncos y chusma). Luego saquearon y robaron, destruyendo todo lo que
no podían llevar.
Los pehuenches que se salvaron pidieron socorro a Nicolás Ortiz, jefe del
fuerte San Carlos, que concurrió con sus hombres a prestársela.
Pero fueron engañados por renegados infiltrados, que les hicieron creer que
Ortiz los llevaba al fuerte para asesinarlos, por lo que lo atacaron
sorpresivamente y huyeron en Los Funes.
En la desesperación de su fuga, cometieron el error de pedirle asilo a su
verdadero enemigo, el cacique Anteñir, que prometió brindársela, siempre que
concurrieran desarmados, a entregarse a sus toldos huilliches.
Cuando lo hicieron, fueron lanceados sin piedad, no sobreviviendo hombres,
mujeres ni niños (murieron en este asesinato aproximadamente un millar de
pehuenches, entre lanzas y chusma, incluyendo las mujeres y los niños).
Los pehuenches del Campanario y Varvarco (Neuquén) no tuvieron participación en
estos hechos y varios años más tarde el último cacique de esta etnia que
enfrentó al ejército nacional fue Purrán, que tenía bajo su control el paso de
la hacienda vacuna y caballar, producto del robo de los malones, por la
abertura llamada Pehuenche.
Vemos por consiguiente que Neuquén no llegó a estar nunca bajo dominio mapuche.
Purrán fue capturado en 1880 por el mayor Rubial, de
Ocho años más tarde logró fugar a Chile, donde fue bien recibido por
estancieros de la zona de Villarrica y Pucón, que habían "trabajado"
con él en el tráfico de ganado robado en nuestra tierra, y allí murió.
Por último, el 1º de enero de 1885 se entregó voluntariamente al mayor Vidal el
gran cacique tehuelche Saihueque, gobernador del País de
Saihueque controlaba hasta 1880 el paso del río Tromel o Mamuil Malal, que está
abierto todo el año, y los pasos del sur de Neuquén y norte del río Chubut,
donde limitaba con los tehuelches patagones.
Con su entrega, llegó a su fin la campaña del frente de los Andes, a cargo del
general Villegas.
Mapuches que hoy habitan Neuquén
Estos comentarios tienden a demostrar la sinrazón de los reclamos mapuches a
tierras de nuestros parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, de las que no
solamente "no fueron pobladores
originarios" sino que jamás poblaron hasta después de
Si es verdad, en cambio, que los mapuches ocuparon regiones de nuestro llamado
desierto por la fuerza de sus lanzas en el siglo XIX, a partir de la "guerra a muerte en Chile",
exterminando o persiguiendo a nuestros naturales, sus primitivos ocupantes,
valiéndose al principio muchas veces del apoyo de milicianos chilenos o de
guerrilleros realistas de los Pincheira.
Pero las tierras que ocuparon por la fuerza de sus lanzas las abandonaron pocos
años más tarde, durante
Los mapuches que hoy habitan en Neuquén llegaron mayoritariamente después de
1885, cuando fueron cruzando pacíficamente la cordillera, procedentes de Chile,
donde sólo tenían en el Arauco usufructo de pequeños minifundios que con el
correr del tiempo les resultaron insuficientes para cubrir sus necesidades.
¿Qué fue lo que ocurrió?
Lo explica claramente Horacio Zapater en su opúsculo "Notas de viaje por
el país araucano", publicado en Mendoza en 1955.
"Los araucanos -en Chile- han adquirido actualmente plena noción de los
valores económicos que rigen nuestra civilización. La familia araucana se
caracteriza por ser muy numerosa. El término medio de hijos por familia es de
siete. Los mapuches alcanzan este alto índice de natalidad, a pesar de su
deficiente nivel económico y educacional (sic)".
Y añade:
"Después de la pacificación, el gobierno chileno dispuso el reparto de
enormes extensiones de tierra sureñas entre los mapuches. Pero aconteció que
esta generosa disposición no se cumplió totalmente. Se concedió a los indios
parcelas menores que las dispuestas y las que restaban se remataron y fueron
compradas por `pioners' de estas regiones a precios ínfimos. Así se fueron
formando latifundios. Dado que en ese entonces la peste y el cólera diezmaban a
los aborígenes, se llegó a creer en su próxima extinción y que nunca se
plantearía para ellos el problema de la falta de tierras. Pero aconteció
justamente lo contrario. La población indígena en lugar de tender a extinguirse
aumentó considerablemente. Las tierras se subdividieron y en la actualidad (año
1953) se presenta para el indígena el problema del minifundio" (sic).
Primero para escapar de la presión de la conquista del Arauco y más tarde por
los motivos referidos, los mapuches cruzaron nuevamente la frontera, esta vez
en paz, y se radicaron en nuestro país, que no tuvo problema en acogerlos, como
lo podía hacer cualquier otro emigrante de cualquier origen.
Pero este asentamiento no les acuerda el derecho a sus reclamos como pueblo
originario, que no lo son ni lo fueron como absurdamente pretenden.
(*) Miembro de número de