Perón
habla al campo
25 de
octubre de 1973
Señores:
En primer término, tengo el placer de saludarlos y
agradecerles la amabilidad que han tenido de llegar a esta casa. Es indudable
que, después de haberlos escuchado en una rápida exposición de motivos y de
consecuencias, debo manifestarles la inmensa satisfacción que experimento al comprobar
que los distintos sectores del agro argentino están en una coincidencia
absoluta, porque solamente la coincidencia puede llevarnos a un fin
constructivo.
Hace veintiséis años me hice cargo del Gobierno de
En un país como
Recuerdo que en ese entonces me contaba un galense,
de esos que tenemos en el Chubut, que en su pueblo había un reloj con cuatro
caras, que giraba y que a cada cuarto del día aparecía una figura. Primero
aparecía el pastor, y decía: "Yo
cuido vuestras almas". Giraba otras seis horas y aparecía el abogado,
que decía: "Yo cuido vuestros
derechos". Giraba otras seis horas más y aparecía el gobernante,
diciendo: "Yo gobierno para una vida
ordenada". Y daba otra vuelta y aparecía el agricultor, que decía:
"Yo soy el que pago a los otros tres".
Esto era lo que ocurría en esa época en
De manera que la industrialización se imponía por
una razón demográfica más que de ninguna otra naturaleza. No podíamos seguir en
ese desequilibrio en la producción con respecto a la demografía nacional. Eso
impuso necesariamente la industrialización.
Desde entonces hasta ahora, la industria argentina
se ha desarrollado suficientemente, y los pueblos y ciudades pueden sostenerse
con su propio trabajo, sin estar pesando sobre las espaldas de los productores
agropecuarios. Es decir, el país, en medio de toda su desorganización, tiene en
estos momentos un equilibrio entre el campo y la ciudad, que es indispensable
para los países en desarrollo.
Frente a esto, nosotros pensamos que el mundo
actual está desalentando el desarrollo tecnológico. Lo está desalentando porque
con eso se están destruyendo las fuentes naturales de subsistencia de
A los ríos los está transformando en cloacas. Ya en
la mayor parte del mundo no quedan aguas potables en sus cursos. Eso nos está
ocurriendo aquí, en un país que tiene tres millones de kilómetros cuadrados y
no alcanza a tener veinticinco millones de habitantes. ¡Cómo será en Europa, y
especialmente en los países de intensa superpoblación!
Los bosques los estamos talando, es decir,
suprimiendo las grandes fábricas de oxígeno que
El hombre está abocado a un problema pavoroso y a
corto plazo. En la materia prima, se cuenta por decenios el agotamiento.
Estados Unidos se quedará sin petróleo en pocos años y en un tiempo más se
quedará sin hierro. Eso en un país de amplio desarrollo. Imaginen Europa, que
ya no tiene prácticamente nada de esto.
Es un mundo que se va quedando sin tierra, sin agua
potable, sin oxígeno, es decir, sin aire.
En el momento actual, el mundo, ya superpoblado,
tiene 3500 millones de habitantes. iQué será en el año 2000, con siete u cocho
mil millones de habitantes!
En este mundo de 3500 millones de habitantes, la
mitad está hambrienta. En granos, Europa no cubre sino el 69 por ciento de sus
necesidades. El mundo entero se está quedando sin proteínas; y sin proteínas el
hombre no puede vivir, como no puede vivir sin oxígeno, sin agua o sin tierra.
Este es un problema que hay que pensarlo. Solamente
las grandes zonas de reserva del mundo tienen todavía en sus manos las
posibilidades de sacarle a la tierra la alimentación necesaria para este mundo
superpoblado y la materia prima para este mundo super-industrializado.
Nosotros constituimos una de esas grandes reservas;
ellos son los ricos del pasado. Si sabemos proceder, seremos nosotros los ricos
del futuro, porque tenemos lo esencial en nuestras reservas, mientras que ellos
han consumido las suyas hasta agotarlas totalmente.
Frente a este cuadro, y desarrollados en lo
necesario tecnológicamente, debemos dedicarnos a la gran producción de granos y
de proteínas, que es de lo que más está hambriento el mundo actual.
Sería demasiado redundante quizá seguir insistiendo
en esto, pero lo que ocurre para nosotros, como posibles grandes productores,
es que existe un inmenso mundo de consumidores y los productores vamos siendo
cada día menos. Aprovechemos este momento para afirmar una grandeza que es notable,
porque se la hace con el trabajo honesto de todos los días.
En nuestra República, desde que comenzamos a pensar
en la necesidad de dejarnos de pelear por pequeñeces y empezamos a pensar que
todos tenemos un destino común, como el país también lo tiene, debemos
despreciar esas insignificancias para dedicamos a lo fundamental, que es
engrandecer el país, enriquecerlo y hacer un pueblo digno y feliz.
En este empeño, que ha sido siempre nuestra
orientación política, el 18 de noviembre de 1972 pensamos que podíamos llegar
al Gobierno y establecer un pacto con todas las fuerzas políticas, superando
esas diferencias que el país había heredado.
Hablo muchas veces de una comunidad organizada.
Hablemos de una comunidad organizada no solo en lo político, sino sobre las
grandes fuerzas de la producción y del progreso, que es el único desarrollo al
que debemos aspirar.
Por eso hicimos el pacto político que anuló,
diremos así, las controversias políticas; que poco después, el 7 de diciembre,
hizo posible una inteligencia a base de coincidencias mínimas, la que dio
lugar, desde el 25 de mayo en adelante, a aspirar a esa comunidad organizada
que comienza con el primer pacto entre los empresarios, los trabajadores y el
Estado, que a su vez hizo posible un equilibrio más estable en la permanente
lucha que se libra por los beneficios, ya que nadie trabaja con fines de
beneficencia, sino de legítimo provecho.
Después de eso, hemos seguido trabajando para crear
una comunidad organizada sobre la fuerza constructiva, no en la destructiva,
como pudo haber sido en otro tiempo.
El acuerdo de ustedes o del agro con el Estado y
con el resto de las fuerzas económicas completa este cuadro y completa esta
comunidad organizada por la cual nosotros hemos venido luchando y con la que
hemos soñado muchos años. Esta es la verdadera organización porque es la
constructiva, porque es la productiva, la permanente, ya que los hombres no
tienen ni amigos ni enemigos permanentes, sino intereses permanentes.
Pongámonos de acuerdo y unamos esos intereses, y la amistad podrá ser más
permanente de lo que nosotros mismos soñamos.
Nuestra política, desde hace ya treinta años, se ha
fundado, precisamente, en un equilibrio entre las fuerzas de la producción y,
dentro de ellas, en un equilibrio entre los empresarios y los trabajadores.
Este equilibrio, hasta 1955, fue del 47% de beneficio para el trabajador y, el
resto del beneficio, para el capital o la empresa. En este momento, esos
índices han variado: hemos caído en los beneficios de los trabajadores al 33% y
el resto es provecho empresarial. Tenemos que restablecer el equilibrio. Ese
equilibrio se puede restablecer con facilidad si aumentamos la producción y
también las ventas. Aun el mismo empresario del comercio minorista, que funda
su deseo en aumentar el precio unitario de su propia mercadería, comete un
grave error, porque jamás, por el aumento de los precios unitarios -hecho que
provoca una inflación que es terrible para todos y más con un pueblo sin poder
adquisitivo- , podrá tener un gran porvenir.
El secreto está en mantener ese perfecto equilibrio
del ciclo económico de la producción, es decir: la producción, la
transformación, la distribución y el consumo cada uno de estos cuatro factores
es un factor de riqueza.
Algunos creen que se pueden enriquecer haciendo
economías y suprimiendo el consumo. No, ese no es el camino. El camino es
contar con una masa popular con alto poder adquisitivo, que aumente el consumo.
Entonces, la ganancia no va a estar sobre el precio unitario, pero se va a
decuplicar por el aumento, diríamos así, de la masa de las ventas. No hay que
especular con lo pequeño, sino buscar lo grande. Es el volumen de ventas el que
va a dar la gran ganancia, y no el precio unitario de las mercaderías,
busquemos el resultado en lo grande. No nos dediquemos a lo pequeño.
En la producción ocurre exactamente lo mismo como
se acaba de decir aquí: debemos alcanzar los márgenes de producción que
Pongámonos en la empresa de realizarlo. Para eso
necesitamos que se cumplan dos circunstancias. Primera, desarrollar una
tecnología suficiente para sacarle a la tierra todo el producto que ella pueda dar,
sin tener tierras desocupadas o cotos de caza, como todavía existen en
Todos esos acuerdos, si el Gobierno y las fuerzas
de la producción trabajan unidos y organizados, podrán alcanzar
irremisiblemente esos objetivos. Los planes que ha esbozado el Ministerio de
Economía tienen esa aspiración. Cada uno de ustedes tiene una misión que
cumplir.
Cada argentino, en la ciudad o en el campo, tendrá
una misión que realizar; el trabajo nuestro está en crear esos objetivos e
impartir esa misión, para que un pueblo organizado y decidido las realice.
Entonces, no tendremos nada de qué arrepentimos en el futuro.
Tales deben ser nuestros objetivos y nuestras
esperanzas. Esperanzas que ustedes tienen que realizar en el sector
agropecuario y que otros realizarán en otros sectores, tratando de que lo
negativo sea lo mínimo.
El sector bancario también tiene en el agro una
función que nosotros le habíamos asignado con preferencia ya en el segundo
gobierno justicialista.
El agro debe estar dotado de suficiente crédito
para poder trabajar. En esto, no todo es la buena voluntad y la decisión.
También son los medios. Un sistema bancario bien trazado y bien orientado debe
ser el apoyo más consistente para el agro. Vale decir que la tierra ha de
trabajarse, como la industria ha de realizar o transformar.
Las instituciones bancarias han sido creadas para
eso, y para eso deben ser utilizadas. En tal sentido, también el Ministerio de
Economía está decidido a dar un apoyo financiero suficiente, a fin de que el
agro pueda desenvolver sus funciones en las mejores condiciones.
Creo que, si cumplen los planes que hemos trazado y
si se mantienen las organizaciones y compromisos que se han establecido entre
las fuerzas del trabajo y el Gobierno, se puede alcanzar una etapa altamente
constructiva, echando así las bases de una grandeza con la que todos soñamos
por la que todos debemos hacer un esfuerzo en la medida que a cada le
corresponda.
Finalmente, señores, les agradezco muchísimo; me
siento inmensamente feliz de poder contemplar estos acuerdos, que son la base
de realización y sin los cuales no podría llegarse a un trabajo organizado una
comunidad que quiere triunfar.-
Fuente: PERÓN, Juan D.: Obras completas, tomo 24
(1), Buenos Aires, Docencia, pp. 101-103.