DIBUJOS PROFÉTICOS

tomo II Benjamín Solari Parravicini

 

SIGURD VON WURMB

Dibujos Proféticos

Tomo II BENJAMÍN  SOLARI PARRAVICINI

Una vida guiada desde el cosmos

Prólogo

Alejandro Erú. quien obtuvo el título de profesor de psicología y ciencias de la educación en la Universidad de la Plata, para luego profundizar sus estudios en parapsicología en la Universidad de Duke (Carolina del Norte, EE.UU) dedicó, allá por el año 60, un pequeño librito sobre las videncias de Benjamín Solari Parravicini.

Aquí algunas anotaciones de este libro: "En el antiguo Egipto, en Grecia y en Roma existieron célebres pitonisas y oráculos, como el de Delfos y Apolo, al igual que grandes hombres dotados del miste­rioso poder de predecir los acontecimientos, que la historia registra, con toda precisión.

Por ejemplo en su 'Apología de Sócrates', el historiador Jenofonte (427- 355 a.C) pone en su boca: 'Oigo esta voz profétíca durante todo el curso de mi vida; es ciertamente más veraz que los presagios logrados mediante el vuelo de los pájaros.

Yo llamo a esa voz dios o daimon. He comunicado a mis amigos las advertencias que he recibido y hasta el presente nada me ha dicho esta voz que no fuera exacto'".

Se estudian las profecías de Nostradamus y de la Gran Pirámide de Gizeh; sin embargo, en ellas todo es nebuloso e impreciso. Pueden interpretarse de variadas formas y no satisfacen por ello la ansiedad del hombre de nuestros días, que reclama hechos, fechas, y si es posible, el plan de la Mente Cósmica para la humanidad en los próxi­mos años.

Los dibujos profeticos de Benjamín Solari Parravicini son únicos y no tienen similar en toda la historia de la profecía.

Pero el punto esencial, además de su indudable contenido artísti­co, de su sorprendente originalidad y sentido de síntesis, es que están avalados por algo rotundo y terminante: hasta este momento y en un periodo de

aproximadamente 30 años, todas las predicciones se cum­plieron matemáticamente.

Tenemos en nuestro poder varios centenares de estas maravillo­sas creaciones, que hemos estudiado con detención durante varios años y ni una sola ha fallado; ni en los hechos, ni en las fechas.

Esto es ciertamente asombroso, pues ni aun los más notables dotados clarividentes o telepatas, registran aciertos del 100 por ciento.

Los dibujos premonitorios de Solari Parravicini, se refieren a cuestiones tan complejas como el destino de pueblos, naciones, cam­bios geográficos, sociales, cataclismos geológicos, viajes interplane­tarios, progresos de la ciencia, nuevas formas de vida, etc.

A pesar de poseer una experiencia de más de 20 años en la in­vestigación parapsicológíca y en el estudio de destacados sensitivos, confesamos no haber jamás observado nada parecido.

Solari Parravicini fue un hombre sencillo, caritativo, bondado­so, católico, sincero y practicante de su religión. Es ampliamente conocido en la Argentina y países del extranjero por sus relevantes cualidades de pintor, escultor y artista.

Los trazos y sus sorprendentes mensajes son percibidos por él en estado perfectamente lúcido y consciente. Su mano. aparente­mente es "llevada" por otra mano mas sabia, que con gran rapidez le hace ejecutar los rasgos. Otra faceta interesante es que "recibe" las psicografías en cual­quier momento del día o de la noche. En algunas oportunidades fue despertado en la madrugada, y teniendo siempre un block con hojas de papel al lado de su cama, los ejecutaba en plena oscuridad, es decir, aun sin ver lo que realizaba.

Introducción

El diccionario parapsicológico de E. R. Dalmor explica lo siguiente sobre Benjamín Solari Parravicini:

"Nació el 8 de Agosto de 1898 en Capital Federal. Artista y clari­vidente, miembro de una distinguida familia porteña de artistas y hombres de ciencia. Fue director del Museo de Bellas Artes de la Municipalidad de Buenos Aires.

Dotado de excepcional sensibilidad psíquica, realizó cientos de dibujos proféticos, que constituyen un monumental panorama anti­cipado de los acontecimientos colectivos entre los años 1935 y 2002: muchos de los cuales ya se han cumplido.

Sus facultades le han permitido servir de puente para transmi­tir a la humanidad el mensaje de entidades suprafísicas y de otros mundos".

El mensaje fundamental de los profetas siempre ha sido, ya des­de los tiempos bíblicos, el presagio de tremendos aconteceres, para luego a la vez infundir una nueva e inquebrantable esperanza.

El Dr. Osear González Quevedo, sacerdote jesuíta, ampliamente conocido a través de sus libros y charlas por televisión, opina sobre el tema lo siguiente: "La precognición (clarividencia) verdadera es un hecho indiscu­tible. Pocas verdades de la Química, de la Física o de otras materias estarán tan bien demostradas como la verdad de que existe la precognición parapsicológica. Hay casos espontáneos, que sólo se pueden explicar por una facultad paranormal de conocimiento directo del futuro".

El día 13 de Diciembre de 1974, Benjamín Solari Parravicini dejó su cuerpo físico, para actuar en otro plano, con el que ya tenía contacto mientras vivía.

 

Opinión de un joven universitario sobre la obra de Benjamín Solari Parravicini

 

Benjamín Solari Parravicini encarnó la esencia del hombre nue­vo que anunciaba tendiendo su mano y ofreciendo consejos a quien lo necesitare.

Desde pequeño, tuvo el privilegio de un contacto fluido y perma­nente con los mundos sutiles y especialmente con su ángel tutelar, que le guiaba y reconfortaba.

Incomprendido por sus contemporáneos, el tiempo y los hechos se encargaron de dar el justo valor a su persona y su obra.

Sus psícograflas están ya incorporadas en el inconsciente colec­tivo nutriendo a varias generaciones de argentinos.

Poseen el efecto de un mándala que si bien son captadas por la mente y están dirigidas a estratos profundos de la conciencia, efec­túan un cambio silencioso y gradual, permitiendo emerger el sentido de dichas psicografías de manera cada vez más esclarecedora.

Es por ello que cuando se las vuelve a leer se hallan nuevos significados que siempre estuvieron presentes, sólo que en una pri­mera lectura escapan a la percepción del lector.

Existen 3 grupos de psicografías:

  1. Literales, se comprenden a simple vista.
  2. Es necesario un esfuerzo de comprensión mayor para inter­pretarlas
  3. Sólo pueden ser comprendidas cuando el hecho anunciado ha acontecido.

Es de destacar que el lector que accede a la obra de Benjamín Solari Parravicini encuentra en ella un material apasionante, las imágenes transmiten el mensaje en forma directa y de acuerdo a la sensibilidad del observador.

I.A

 

Nuestro contacto con Benjamín Solari Parravicini

 

Nuestro contacto con Benjamín Solari Parravicini se produjo por casualidad (o causalidad).

Una joven madre rosarina había entrado en un supuesto con­tacto con un extraterrestre. El marido pensó que se había vuelto loca y debía internarla.

Mientras tanto, ella se había conectado con el padre Reyna, co­nocido en el ambiente ufológico por la publicación de una fotografía de un OVNI delante de la Luna, tomada a través del telescopio del observatorio Adhara. del cual era director.

El padre Reyna, dirigiéndose entonces al esposo de la "conecta­da", le confirmó que "ella tenía un maravilloso contacto con un ser extraterrestre".

Como nosotros habíamos estado presente, cuando ella había entrado en ese contacto y no nos pareció para nada un "contacto maravilloso", tratamos de comunicarnos con otras personas que es­tán en el tema.

Nos acordamos haber leído en la revista "Conocimiento de la Nueva Era" varios artículos sobre Benjamín Solari Parravicini y le escribimos una carta, en la cual sólo mencionamos el nombre de la señora, solicitándole si nos podía decir qué es lo que en realidad pasaba con ella.

Solari Parravicini nos contestó en una carta de diez páginas y su pronóstico resultó a la larga exacto.

A partir de esta carta, sin habernos conocido personalmente, nos envió dos psicografías que se refieren a nosotros, a mi esposa y a mí; la contestación de su guía Fray José de Aragón a su consulta sobre nosotros.

Luego comenzamos a recibir por correo diez hojitas de 13 x 18 con manuscritos, donde nos contaba su vida, en tercera persona, comenzando con "El niño de Leo".

Así nos fue enviando cada vez diez hojitas, semana a semana y mes a mes.

Yo estaba poco en casa, debido a mí profesión y así comenzó mi esposa a leerlos desde el principio. A ella le cautivó la vida bohemia con las noches de zarzuelas en el teatro Avenida, que a ella le hacían recordar su propia vida y sus noches de Opera en el Teatro Marconi, por lo que cada vez le interesaba más el tema.

Y así fue que un día me dijo: ¿Qué raro que nos envió toda su vida a nosotros sin conocernos: no será que debemos hacer un libro con todo esto?

Entonces le preguntamos por carta si estaba de acuerdo que hiciéramos con todo los que nos había mandado un libro; a lo que nos contestó que si.

Comenzamos a visitarlo y poco a poco se entabló entre nosotros una profunda amistad.

En ocasión de una de nuestras visitas, nos entregó sus carpetas con las psicografías originales de 30 x 43 cm. Y más de cien otra; psicografías de menor tamaño.

Reuniones personales, y una profunda correspondencia, en fe cual nos llamaba "su hermano en afecto" y "la niña de Leo", nos unieron cada vez más en espíritu y amistad.

Con una parte del material recibido, hemos editado el primer tomo de la presente obra.

En él editado en el año 1972 en la página 326, habíamos comentado que íbamos a publicar más adelante el segundo tomo, con las psicografías de Benjamín Solari Parravicini que se refieren, entre otras, a lo que pasará hasta el año 2002.

Para eso, nuestro gran amigo nos había dejado una apreciable cantidad de sus dibujos proféticos, que tenían que ser publicados, cuando llegue el momento.

Mientras tanto han pasado 28 años y creemos que este momento ha llegado

Para comprender a Benjamín Solarí Parravicini, tenemos que volver a su biografía y transcribir algunas páginas del primer tomo, que se refieren a esto:

 

Historia de la vida de Benjamín Solari Parravicini narrada por su Ángel Tutelar

 

Una vida guiada desde el cosmos

 

Esta parte ya figura en el primer tomo, pero consideramos necesario repetirla, para los que no tienen el primer libro.

El niño de Leo había nacido en el mes de agosto de 1898 en el día 8; por ello recibió tal denominación. No fue un niño como los demás niños; era desafecto a los juegos aquellos, no le agradaban sus exclamaciones inconexas y cuando aprendió a leer, pidió libros serios, desdeñaba los cuentos infantiles por hallarlos tristes, ade­más le resultaban faltos de base a pesar de sus moralejas, muy traí­das de los cabellos.

En la frondosa quinta de sus padres en Palermo a cuadras del Botánico, él pasaba el día admirando la naturaleza en todas sus fa­ces. Temprano de mañana saltaba de su lecho y, furtivo para no despertar a los que aún descansaban, se deslizaba hasta el extenso jardín, para gozar de la brisa renovada, para ver el sol en su salida sí era posible, para ver a los pájaros en sus primeras algazaras, a las mariposas en sus caprichosos vuelos, a las aves de corral en sus correteos incansables, y a sus fieles perros que le acompañaban en­tre brincos entusiastas y coleteos interminables.

Hablaba con las plantas, con las flores, con los pastos humildes y hasta con los añosos árboles; según él, repetía todo lo que ellos le narraban de sus vidas seculares.

De tarde, y con el rodar del sol, sentado en su pequeño sillón de mimbre verde, observaba el disparar de las nubes tornadizas; eran ellas sus amigas, las que sabían ofrecerle espectáculos de alta jerar­quía, que escriben minuciosas, exclusivamente para él. El niño agra­decido las aplaudía largamente: ¡él las amaba !

Un día replicó; "Mis nubes son almas que caritativas vienen a mí, para entretener mis horas... algún día, marcharé con ellas".

Los días grises, encapotados, neblinosos, húmedos, eran sus predilectos días para meditar cosas y más cosas, que sólo él sabía; la bondadosa lluvia le recitaba sentidas poesías; los temporales solían narrarle las causas de sus iras, y el porqué de los males humores de los indignados vientos. El rápido correr de las acumuladas aguas por las alcantarillas revocadas de los veredones le llevaban a viajar en ellas portándolo siempre hasta países encantados, plenos de colores y reflejos que lo deslumbraron.

El niño de Leo no fue un niño tonto, como en algunos comenta­rios de chicos y grandes había escuchado decir; sabía que preocupa­ba por demás su manera de ser poco común, pero jamás hubiera renunciado a esa manera de ser, tan llena de beneplácito, tan plena de belleza, tan repleta de voces afectivas y sobre todo tan completa de los favores de Dios.

Él jamás hubiera renunciado a esa, su norma, porque esa su norma de vida, ¡vidas de vidas!, era su tranquila existencia, rodeada de paz; siempre protegida por los sonrientes duendecíllos de las vio­letas y las hadas transparentes de los pinos de plata azul.

Una tarde su padre le dijo: "Eres hijo mío, un niño ya crecido, la instrucción que recibes de tu paciente profesora particular no es suficiente para lo que precisas entender y saber; el mundo así lo exige, por lo tanto pronto tendrás que ir al colegio".

Y el niño una mañana marchó hacia el destinado colegio. Mar­chó con la opresión de una íntima congoja que le angustiaba, aban­donaba a sus amigos matinales, a sus charlas de las tardes con los duendecillos y las hadas, a sus países encantados con sus persona­jes rubios, al dragón rojo de las siete cabezas que cruzaba el espacio en los medio días. ¡Abandonaba asi... a sus nubes!

Días después, su vida de colegio comenzó a tener aspectos de franca intriga para su familia. Al niño de Leo, sus amigos del jardín sus duendecillos de las violetas y sus hadas de los pinos azules, temprano, mañana a mañana, lo sacaban con ternura del sueño para indicarle las lecciones que debía estudiar y dar en el día; los deberes que debía realizar, llevar y entregar. Además, lo ponían al tanto de los hechos a suceder en la jornada diaria que le aguardaba, y a veces lo que pasaría en el mundo.

"Cosas de muchachito de imaginación desmesurada", explicó el médico amigo de la casa. Ante este cúmulo de reflexiones curiosas: "de sobra se sabe", agregó sapiente, "que los fantasmas no existen, ni que puedan moverse los muebles por si solos, ni que voces se infiltren por las junturas de las puertas menos aún, que bajen desde el cielo ángeles volanderos o embarcados en canoas sin remos".

Son sueños de niño, de un lírico exagerado pero sin dañosa con­secuencia.

Como el colegio le robaba el día, siempre un rato conseguía es­capar, ya en los atardeceres o en las noches temprano, hacia su so­ñado jardín, para visitar a sus amigos de siempre, y para hablar con la luna y las estrellas, con la populosa "Vía Láctea", y con las fatiga­das nubes que perezosas, se escurrían a dormir.

Un día, una detonante noticia produjo el espanto general del país sorprendido y de todo el mundo. Un enorme cometa llegaría a estrellar­se sobre un ignorado punto de la Tierra, y si por una inesperada casualidad tal cosa no sucediera, indefectiblemente y sin lugar a dudas, aho­garía con las terribles emanaciones de los gases que constantemente despedía por medio de su brillante e interminable cola, a todo ser vi­viente, y quemaría los campos. Por lo tanto, no existía salvación posible.

Por fin, dentro de inquietudes, la predicha fecha llegó. Fue rigor desde la noche de vísperas, el despedirse efusivo de toda persona amiga o no amiga, intercambiando regalos de todo género, perdo­nándose agravios, también invitándose a reunirse para morir juntos en la hora fatal: para morir Juntos, orando, o bien para jugar a las cartas, hasta la

medianoche escuchando gramófonos o piano con recitados de la gente joven, los que a su vez ya con permisos

concedi­dos se entregarían a los adioses, aguardando la asfixia. Solamente las criaturas dormirían en paz.

El niño soñador, nacido en agosto, harto sabía que semejante de­sastre no sería: se lo habían asegurado los duendecillos, las hadas azules, los fantasmas blancos de las cocheras y el dragón colorado de las siete cabezas. Además se lo habían confiado sus flores, sus plan­tas, sus pájaros, sus árboles... se lo había jurado el Ángel del Señor, su Ángel guardián, el que lo llevaba de la mano, y sus... ¡nubes!

Por fin arribó el momento temido, la noche de los espantos y el cometa asesino apareció -y fue visto- mas llegó humilde, pequeño y sin destellos. No lastimó, no asfixió, no quemó, ni quebró en pedazos a la Tierra. Después, el niño de Leo explicó: es el Cometa Halley, el mis­mo que guió a los Magos Reyes y a los ansiosos pastores hasta el divino pesebre del "recién nacido Jesús". Es el cometa que anunció al Mesías, y hoy nos anuncia guerras, pestes, temblores, inundaciones, malda­des, crímenes, robos y el final del mundo. El anuncia tamaño castigo porque el humano se ha olvidado de Dios... y está ciego.

Con el andar de los días el pequeño cometa creció, subió y se hizo enorme, brillante, hermoso, mostrándose bueno. Luego más tar­de, después de haber cruzado el cielo como incendiada antorcha, disminuyó visiblemente su esplendor y extensión. Poco a poco fue achicando su esbeltez, poco a poco se fue alejando hasta que, en una noche, tal vez la más oscura noche conocida, se perdió en la lejanía... y para siempre.

El cometa Halley había regresado a sus mundos. ¡La Tierra ha­bía quedado sola!

Una tarde, ya en el caer de la hora, llegó a la quinta de la familia del niño de Leo su joven profesor. Reverendo Hermano de la Congre­gación del Colegio San Juan Bautista de Lasalle, y satisfecho dijo a sus padres: "Vuestro niño es inteligente, vivaz, estudioso, aplicado, pulcro, respetuoso y de íntima fe religiosa. Sin dificultad aprendió el latín de la misa y ayuda su Santo Sacrificio, como si lo hubiera hecho siempre y casi sin indicaciones. Mes por mes merece la alta recompensa del "Cuadro de Honor". Por su deseo ferviente, ingresó a la Congregación del Patriarca San José y si no hay objeción de parte de ustedes, él recibirá su "Primera Comunión" en el mes próximo de octubre. Vuestro hijo honra con su presencia a nuestra institución".

En octubre recibió su "Primera Comunión" bajo la advocación de San José, apercibiéndose después, con el pasar de los días, que su "San Josecito", su "Santito" le hablaba, le ayudaba y le acompa­ñaba en su ir y venir colegial ¡y fueron amigos!

Un domingo en el almuerzo familiar, el niño de Leo escuchó de labios de su grave padre el abierto decir en

satisfacción colmada: "En la próxima semana, Dios mediante, nos mudaremos a nuestra nueva casa. Ella es más céntrica, moderna y sobre todo sumamente confortable".

La inesperada noticia causó beneplácito general, pero al niño le cayó como plomo hirviente sumiéndolo en un interminable mar de confusas reflexiones. Le anonadó la certidumbre del hecho para él tan desgraciado. Veía que sin remedio tendría que abandonar a su muy amado mundo de ensueño. Dejar a sus pequeños amigos, ale­jarse de todo aquello que tanto quería, de todo aquello que añoraría hasta la hora de su muerte.

¡Tendría que retirarse de sus... nubes!

Un lunes, después de haberse realizado la mudanza en prolijo detalle, con sus padres y con sus seis hermanos, el niño de Leo par­tió dentro de una "cupé", que si bien en los días pasados le pareció una hermosa carroza imperial, ahora se le presentó lúgubre, negra, inmensa y pesada como una caja mortuoria. Al alejarse de su quinta de Palermo, creyó escuchar los diversos adioses de los moradores de aquel mundo azul que allí quedaba enterrado como residuos de co­sas inútiles. Como basuras y para siempre. El niño entonces lloró; lloró desesperadamente, importándole nada las palabras de los su­yos, sintiéndose desamparado dentro de un submundo muerto de infinito silencio.

Fue éste su primer llanto.

Hablando con el cielo, ¡calló!

La nueva casa —suntuosa mansión de pisos—. le agobió; carecía de plantas, de flores, de pájaros, de grillos... mas halló en su alto una prolongada azotea terraza que parecía tocar el cielo. Allí el niño de Leo, después de días largos de aclimatación reencontró a sus duendecillos traviesos, a sus amigos ausentes, a sus pájaros, a su cielo, a sus estrellas, y a... sus nubes! Tiempo después aquella árida azotea de embaldosado rojo, se vio ornada por Jardineras y macetones plenos de floridas plantas; y aquel, su alejado jardín sin olvido, lo tuvo allí en tamaño reducido y lo amó. Más tarde descubrió a sus añosos árboles, a sus pinos de plata, a sus paraísos claros y a sus altas palmeras, dentro de la antigua y frondosa plaza que enfrentaba a su "casa nueva", la que fue fría en un principio, mas con los días en escape, atrapó "calor de hogar" y en ella fue feliz.

Pronto su vida del ayer alejado, la que llevara allá en su caserón perdido, logró reiníciar en contento y cuidado orden. Temprano supo sorprender al sol en su salir. Escuchó a sus pájaros de siempre, dis­trajo su mirada tras las brinconas mariposas blancas y amarillas, habló con las plantas, las flores, con duendecillos afables y sus hadas buenas. Habló con sus nubes... ¡Habló con Dios!

De tarde, ya de regreso de su colegio lasallano, realizaba aplica­do sus deberes, y cuando ya libre de tareas... ¡Conversaba con las estrellas! Una mañana de tantas, inesperadamente el mundo despertó enloquecido: ¡Guerra!, anunciaron los periódicos. ¡Guerra!, repitie­ron voces por doquier. ¡Guerra en Europa!, dijeron los diarios de la tarde y en aquella trágica noche los duendecillos y hadas dijeron; "Hoy es el comienzo, es el comenzar 'del final de finales'. Ya el mundo ciego corre hacia el castigo merecido, los jóvenes elegidos serán már­tires, los culpables desorbitados serán sumergidos después de la con­tienda dentro de la profunda oscuridad eterna. ¡Niño de Leo, debes orar!" Cuatro sangrantes años perduró aquella masacre, y el encona­do luchar de países civilizados terminó con una pacífica arenga de que... ¡Nunca más! Los duendecillos de las violetas blancas repitieron: "Será y no será, será hasta el más y más, luego será en el 2000... y será!"

· · ·

El niño de Leo creció. Los años en aumento lo hicieron hombre. Hombre reposado, consciente, serio, limpio, íntimo... se formó en serena fe.

Aquel, su mundo de ayer su invisible mundo azul, no dejó de ser constante refugio para sus horas vacías. El fue como siempre, fue combatido por sus rarezas de siempre. Los suyos se preocuparon por demás: preocupación que le mortificara también por demás. "Será un soñador empedernido, explicó el médico amigo de la casa. Será por siempre un incorregible fantasioso, no en desvío mental, porque en verdad es el niño un muchachito cabal y muy dueño de sí mismo. Fuerza es sí reconocer de que él jamás será igual a la mayoría que le rodeamos. Si bien estamos lejos de "su mundo", él igualmente se halla alejado del nuestro (no nos comprende a fuerza de compren­dernos) ni le

comprendemos a fuerza de no comprenderle. Tal vez un día nos encontraremos y debo ser franco y confesar: ¡Atisbo su ver­dad!"

En tanto este tiempo cruzaba, con apurados pasos avanzó la "postguerra" sobre los continentes fatigados y heridos de muerte, arrasando normas morales que se creyeron hasta ese entonces inconmovibles e imponiendo ávidamente costumbres inimaginables... y asi, la mujer se independizó de toda ética y recato, cortó sus cabe­llos a lo varón, acortó su falda hasta el escándalo, se expresó de manera común y chabacana, lució ademanes varoniles y... ¡fumó!

De la misma manera, el hombre joven abrazó vestimentas "afe­minadas", peinó cabellos al "barniz", mostró uñas al "espejo", ros­tros afeitados, empolvados, con toques rojos en los pómulos, y ojos en ojeras, convirtiéndose así deliberadamente en atontado muñeco de posturas inconcebibles y ridiculas que asombraron.

La música negra y ensordecedora, el alcohol en derroche y dro­gas, confundió a la "nueva niña", con el "Joven nuevo" y Europa gritó; ¡Es el comienzo de la nueva y libre civilización!... ¡bailemos!

El joven de Leo eufórico en su edad del despertar hacia la vida que había escuchado mucho, olvidó su mundo íntimo. No estudió el porqué de la causa y se entregó a la ola vigente, la que, arrolladora, lo arrojó al foco de aquella luz hipnótica, a la que él creyó realización veraz de un futuro superior. De lleno, se entregó ciego.

Entonces, el Ángel del Señor le dijo: "Ve hijo, corre, danza, di­viértete a tu manera, nada pierdas ni dejes por hacer. Vive tu vida, tu hora en tu destino; nada como dije desestimes, indaga en lo más posible, comprende lo bueno, comprende lo malo, aprende a ser, aprende a perdonar y ama, ama siempre, no odies ni desprecies, ama. Si no amas, morirás indefectiblemente y ¡serás nada!

Ve pues mí niño joven de Leo, y ten presente que corres en prue­ba. Estás en observación del alto, que otorgó en ti el libre albedrío. La balanza dirá de tus actos. Un día llegará que, ansioso, buscarás al amigo del alma que buscas y esperas. Al amigo que no habrás halla­do y deseas, aguárdale siempre en esperanza, llegará ese día. Instan­te en que sólo te debatirás en orfandad desesperada, y entonces, en ese día frío, glacial vencido, vituperado en calumnias dirás; "¡Perdi mi mundo azul!, mi dignidad de hombre cabal y justo, me hundí en el lodo caí y nada merezco: estoy sucio".

"Hijo, tal dirás en lágrimas, recuerda y no le olvides... y ya os dejo. Guárdate en fe, no extravies los principios de caridad, manten tus pasos en esperanza, yo seré en ti, tú serás en mi seremos los dos en uno... ¡Seremos en Dios!"

"Hijo, un día me llamarás. Llegará ese día y sabrás... Ahora ve... anda, camina, adiós."

· · ·

El niño Joven de Leo, con distraída indiferencia, dejó correr aquel mensaje de fraterno afecto. No le llegó, y sin reflexión alguna se dio íntegro a la llama de fuego que atraía, encandilando con compases negros, con amores fáciles, con embotamiento de alcohol y drogas y con la engañosa palabra del ambiente en provocar humor.

Sin conciencia, se alejó de su mundo azul, de sus familiares, de sus amigos de siempre, de sus nubes... ¡Se alejó de Dios!

Vano fue todo intento que hicieron los suyos, tratando de regresarle a la cordura. Su verdad —era su verdad— fue que no vi­nieran a él con disfrazadas teorías "ñoñas". Que no vinieran con con­sejos pueriles, propios de abuelos; debían todos comprender y en­tenderle. Se vivía en el mundo la "hora nueva" y el mundo bailaba, por lo tanto había que bailar y... ¡danzó años!

· · ·

Una noche, hastiado de todo lo que creyó real verdad, se dijo: En este corrido tiempo en fuga, he podido amar sincero a las dife­rentes clases sociales que volvieron y apretaron mis brazos. He com­prendido que la bella nobleza de espíritu mora en ellos. ¡Oh! Si se pudiera lograr la desaparición de sus vallas aislantes, seria con ello la realización llana de las palabras del Cristo. Podríamos así amar al 22 prójimo como a nosotros mismos. ¡Seríamos buenos!

El joven de Leo, escuchándose, quedó estupefacto. ¿Era acaso que tan exacta deducción a él pertenecía?

¿Era acaso que ya su Ángel se acercaba en su busca?

¿Era acaso que su interior tal vez no dormido del todo, como él pensaba, despertaba en regreso?

¿Era acaso la voz de su mundo azul... o bien fuera la palabra de Dios?

Desde aquella noche comenzó a no sentirse seguro. Experimen­tó la sensación de vacío bajo sus pies. No halló consistencia en las opiniones que rogaba. No pudo, ni supo responder a sus intimas interrogaciones. Todo se le hizo pesada oscuridad. Todo fue duda, temor, niebla y hasta miedo.

¡La angustia lo atrapó! Entonces sumergido en soledad de soleda­des amargamente y desesperado... ¡Lloró!... y fue su segundo llanto...

· · ·

¡Orfandad!, ¡orfandad de orfandades! Se repetía el joven en sus horas de retiro. Nada fue ya su consuelo. Nadie acudió a él, trayéndole el afecto que ansiaba beber. Nadie le tendió la mano en sus noches de extravío. Había rodado hasta lo inicuo, era en verdad en el barro, mas no había perdido el decoro, la integridad de su decencia, ni la fe y por ello ¡aguardaba!

¡Ni la fe!, repitió llamando destrozado a su Ángel, a su amado ángel, el que le había dicho un día: "Hijo, tú me llamarás en tu hora de oscura soledad. Me llamarás en el día que reclames el amigo her­mano que soñaste, me llamarás en el instante que te halles golpea­do, vituperado, deshecho, calumniado. Sólo gritarás entonces por mí en el minuto de tu propio desprecio, mas, hijo... ¡no vendré!"

"¡Ángel mío!, exclamó después el joven de Leo, ya humilde y tí­mido. Vergüenza tengo en llamarte. No te merezco: lo reconozco y lo sé soy una triste cosa sucia y despreciable. ¡Soy nada!... mas mi Ángel regresa a mí. Concédeme tu gracia, tiéndeme tus manos. ¡Es­toy muerto!"

· · ·

...Y fue en una noche del mes de noviembre. El joven de Leo, meditativo y angustiado, trepaba despacioso la quejosa escalera que le alzaba, hasta el piso de sus habitaciones altas dentro de la "casa nueva" de sus padres. Ascendía cercado por la cerrada oscuridad de la hora. Él jamás había encendido luz alguna para hacerlo. No necesitaba de tal auxilio, ¡Tantas veces supo correr aquel trayecto! Ade­más no deparaba en ello; para él los escalones eran en luz. Luego de cruzar tres pisos, y ya enfrentado ante la clausurada puerta de su dormitorio, sin abandonar el tenaz pensamiento que cargaba, con acostumbrada manera la abrió; pasó cerrándola luego tras de sí, sin esfuerzo alguno. Ya en el encierro del lugar, instintivo se aprestó a girar la llave eléctrica de la luz, pero no le fue posible el hacerlo, pues sorpre­sivamente fue impedido por la opresión de una mano fuerte al pare­cer la que le tomó enérgica por el cuello, bajo la nuca haciéndole girar y andar hasta la mitad del dormitorio. Allí de pie quedó deteni­do por segundos que le parecieron siglos. Después, la mano, reno­vando su imperio, lo obligó a caer de rodillas sobre el piso y colocar además su frente sobre el mismo lugar. Centrando el muro que por delante tenía el joven caído, pendía un Cristo crucificado. Talla en madera que fuera hurtada del orato­rio de la Zarina de Rusia por un exaltado campesino rojo en los trágicos días de la revolución. Tres años después de tal profanación, aquel campesino ruso, lue­go de sufrir un verdadero "Vía Crucis" ya en éste, halló la coyuntura casual de poder entregar al joven de Leo su Cristo robado, diciéndole; "Cuídelo usted, porque Él me castiga, pídale por mi suerte en este país, estoy arrepentido. Yo sé que lo escuchará. Ansio su perdón, ¡así podré descansar!"

El niño joven de Leo que, caído, había quedado sobre el piso de su dormitorio en tinieblas, silencioso, en franca actitud de humillado pecador, exclamó: "¡Oh! Jesús, Dios mío... ¡oh! Jesús... y en ese pre­ciso momento como si el alto Señor le hubiese escuchado, una voz benévola y timbrada, que llegaba desde un punto no calculable de la habitación, le dijo: "Hijo, ten fe en la fe, esperanza en los designios, caridad en los sentimientos. ¡Cumple, y serás salvado!"

Acallada la voz, la aprisionante mano abandonó el cuello del joven de Leo, quedando éste por rato inclinado en el lugar, así ausen­te y atontado.

Después, cuando ya en algo se halló recobrado de la sentida emoción, trabajoso se alzó, dio luz al dormitorio cerrado e intacto y pudo entonces constatar ante un espejo dos manchones morados sobre el cuello y sobre la frente las huellas del encerado del piso. ¿Qué pudo haber sucedido aqui? se preguntó y repitió confuso el joven de Leo. Nadie en su dormitorio pudo haber entrado, dado el orden reinante de siempre y si por un supuesto caso alguien hubiera podido entrar allí jamás pudo éste escapar por la única puerta de la pieza, la que él había usado para entrar y aún continuaba cerrada. Además, la "casa nueva" se encontraba sola, pues la familia ya vera­neaba y su padre antes de partir, prolijo, había puesto bajo llave toda puerta y algunas ventanas que miraban al exterior, por lo tanto la casa quedó convertida en una sólida fortaleza imposible de franquear.

Aquella noche, sin lógica explicación, el joven de Leo antes de dormir exclamó en fe: ¡Gracias Ángel mío! ¡Gracias por tu regreso!... Hoy soy ya en ti... ¡Perdón!

Dos noches pasaron difíciles para el joven de Leo, después del regreso de su Ángel. Como él se dijo y mantuvo, un cierto recelo lo invadió; temía llegar a su dormitorio sin luz, y más aún, le asustaba la sola idea de ser tocado de nuevo por la no visible mano, la que a pesar de saberla amiga, lo sobrecogía sin poder evitarlo. En vano trató sobreponerse al miedo. Su carácter, hasta ayer fuerte, había perdido seguridad y ante tal constatación desesperaba.

...Y la tercera noche llegó. Llegó para el joven de Leo rodeada casi de espanto. Éste, como en las anteriores noches lo había hecho, trepaba inseguro la escalera, dominado por el inevitable pavor que no alcanzaba a vencer con sus mil proyectos forjados durante el día. Ascendía asi, pleno de sugestionantes ideas cuando fue sorprendido por un manto de confusión inexplicable. Notó en su incertidumbre curiosa, que su aplastante estado de ánimo, gradualmente desapa­recía a medida en que se acercaba a la puerta de su dormitorio.

Llegado al fin ante ella, casi calmo, penetró como de costumbre experimentando allí, una aletargante sensación de paz. Más tarde, cuando ya en la cama y apagado el velador, de nuevo y con sorpresa escuchó a la benévola voz no olvidada que le dijo: "Hijo, nada temas soy yo en ti y tú eres en mí, noche a noche vendré y hablaremos. Tú llevas una misión que no comprendes. Recuerda la palabra de Cristo en la montaña: "Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz, y lo que oís al oído predicadlo desde los terrados". Haz niño joven de Leo ora­ción, y ten presente, cuando lo hagas, hacerlo como Cristo recomen­dó en la montaña. Él dijo: "No hagan como los hipócritas que se complacen en orar de pie en la sinagoga y en las esquinas de la plaza, para ser vistos por los hombres". Tú hijo, haz lo contrario cuando hubieres de orar entra a tu aposento y cierra la puerta, ora allí a tu Padre en secreto; y tu Padre que ve en los secretos, te perdonará. Cuando hubieres de orar, no afectéis en hablar mucho, como lo ha­cen los gentiles que se imaginan haber sido oídos a fuerza de pala­bras. No queréis pues asemejaros a ellos que bien sabe vuestro Pa­dre lo que habéis menester antes que se lo pidáis. Asi dijo Jesús en la montaña, no lo olvides y obedece, y con mi bendición me alejo. ¡Duer­me! ¡Tu Ángel vigila, eres en Dios!"

En el correr de las noches, la promesa de la benévola voz del ángel se cumplió. Noche a noche llegaba, noche a noche supo con­fortar al joven de Leo. Enseñar, guiar, hacerle bien, comprender la vida en su exacta esencia, otorgándole lo que muy poco el niño joven de Leo había obtenido en sus días... ¡le entregó amor!

De esta beatífica manera, pasó un no prolongado tiempo, hasta que una noche, la voz del Alto dijo: "Mucho hemos hablado hijo mío. Mucho comprendió tu mente confusa. Mucho has analizado hechos desgraciados de los que tú desafortunado fuiste principal actor. Mu­cho has valorado y comprendido como dije, abandonando por ello el resentimiento tal vez en ocasiones rencoroso y agobiante. Mucho si­lenciaste en humildad de espíritu. Mucho noblemente has perdona­do y has reconocido el mal de tus costumbres disipadas, alejándolas en bien.

Has entendido la imperiosa necesidad de abrazar al prójimo, de entregarte íntegramente a él con calor de hermano, mas no de oca­sional viandante que accidentalmente se acerca para obtener o ten­der un consejo y luego pasar.

¡Jamás así lo hagas! Sería para tí nefasto, sería para ti regresar a tus días magros, sería castigarte con el castigo del castigo eterno. Llégate pues a quien a tu vera llore, llégate como hermano verdad, llégate de esta sencilla manera y entonces serás!

Y ahora, hijo, pon atención de lo que diré; "Desde el día de ma­ñana, escribirás mis palabras. Sabré con ellas explicar en las pági­nas que te dejaré, las que recopilarás con cuidadoso extremo, aspec­tos que debes conocer de la vida astral, de la vida espiritual, supe­rior, de la existencia de seres no tangibles, los que por orden del Señor llevan los pasos de los seres que miran la Tierra y merecen protección mayor y del futuro que rodeará a tus actos en acción de socorro al caído, al necesitado, al enemigo y al enfermo que clama caridad. Desde este intimo instante serás como un mensajero de Dios en misión sobre la Tierra, teniéndolo todo, mas no teniendo nada, porque escucha bien y medita, los dineros te serán escasos, mas tendrás lo suficiente para los demás. Nunca os faltará, nunca os sobrara, sustenta con la capacidad de que eres dueño. No holgues en perezas consentidas. No desvíes mis palabras en distracción. No

discurras en falsas teorías espiritas. Ábrete camino, joven niño de Leo. Comienza a caminar, el tiempo asi lo exige... ¡La hora es!"

Luego de una pausa, prosiguió diciendo: "Amada criatura, capacitado eres en el arte, trabajas pinturas, pues bien realiza empeñoso, enseña tus obras, muéstralas con franca seguridad de tu persona. Debes hijo adquirir notoriedad y buen concepto, porque dispuesto está, que dentro de un prudencial tiempo te será encargada la direc­ción de un Salón de Arte, en él harás bien y social ayuda. No eches en saco roto lo que diciendo estoy, porque verdad es.

Hijo: Si mi palabra escuchas y cumples con exacta orden que será siempre de protección en caridad, correrá el tiempo con él y en él llegarás a trepar años y cuando frises los 70, en edad de madura reflexión, el físico en salud que hoy luces conservarás en poca dife­rencia, con el agregado inmenso de un haber sólido de experiencia verdad, recogida en el caminar de tu sendero en luz tal vez un tanto espinoso y amargo pero también pleno de satisfacciones, afectos y respeto de los extraños mas no de los tuyos. En tu obediencia encon­trarás la compañía del amigo hermano que ansia y aguarda desde siempre... y él será tuyo, y tú de él.

Ten presente y no le olvides: tal encuentro será para tu bien; será para su bien; será para el bien nuestro; será para el bien de los vuestros; será para el bien de los que a tí te rodean. Será el bien en el eterno bien... ¡Será paz!"

El joven de Leo, como un aplicado colegial que cumple con sus deberes y escucha atentamente al profesor en sus explicaciones, cum­plió con lo prometido a su "voz amiga", su "voz benévola", la que asidua y devota llegaba noche a noche, a la cita trayendo su mensa­je, el que dictaba paciente, haciendo luego leer al joven discípulo en voz alta lo entregado. No con la idea de analizar su correcta exactitud que de sobra sabia en perfecta forma, mas sí con el único objeto de educarle la vocalización para el claro decir.

Poco a poco, en el correr de las prácticas el joven de Leo comen­zó a notar que, aquella, su 'Voz amiga", debilitaba su potencia, y se adentraba a su oído derecho, no como una voz que dijere en secreto, pero sí como una voz definida e íntima.

De esta manera dedicada y paciente pasaron meses. Los escritos convenientemente numerados por lecciones y fechas, fueron prolijamente encarpetados en orden perfecto, clasificados en los diferentes tópicos, que supieron estudiar y hasta desmenuzar al detalle.

Una noche la "voz amiga", ahora íntima y pequeña, dijo: "Hijo, tu mano ya no escribe lo que yo dicto puesto que, en ocasiones varias has escrito lo que tu mente adelantándose a mi palabra captó. Por lo tanto de hoy en adelante escribirás lo que tu mente capte, leyendo en voz alta, como para ser escuchada por terceras personas. Ello permitirá que puedas bien transmitir a muchos los mensajes que habrás de entregarles para mitigar y consolar sus pesares, o para enseñarles vencer con decidida lucha sus dificultades oprimentes y sin luz".

... Y asi sucedió: así el joven de Leo llegó a recibir los mensajes captados, dictados por la "voz íntima", la que comenzó entonces entregarle palabras de confortamiento espiritual, para personas que acercaba constantemente, en busca de sano bien.

El joven de Leo, mimado por la palabra de su "pequeñita voz” como él le decía, fue feliz. La práctica diaria de su escritura en misión, le colmó: él con placentero goce, entregaba las palabras mensajeras a las destinadas personas, no dejando de escribir sus lecciones de siempre, con la misma atención de estudio y explicación.

Una noche, la voz dijo: "Dos años llevamos hijo mío en este agradable existir, mas desde hoy en adelante repetirás en alta voz lo que capte tu mente, asi anularás el fatigoso escrito, engorroso y lento. Y te será además de mucho alivio mental. ¿No has descubierto de que en múltiples ocasiones tú has hablado el mensaje que captó tu mente, adelantándote a las frases transmitidas? Por lo tanto con poco ensayo, créelo hijo, lo lograremos".

... Y al fin de cortos días de práctica, así pasó y el joven de Leo con facilidad satisfactoria, pudo llegar a transmitir los mensaje perfectamente hablados, sin detenerse a escuchar a su "pequeña voz". Pero si, buscándole cuando necesitaba de su sano consejo o de su palabra amiga, manteniendo extensas conversaciones, las que no sólo las hicieron de noche; hablaron en toda hora del día y en todo lugar. Los dos fueron uno, y fueron en amistoso afecto y sentida paz.

· · ·

Un domingo de tarde la "vocesita" dijo al joven de Leo interrumpiéndole el piano: "Deja ya por hoy tu música y toma un lápiz y un block, juntos en él dibujaremos. Te enseñaré a realizar trazos rápidos y seguros; te acostumbraré a jugar con la línea curva y la línea recta.

Te demostraré cómo simplificar temas dentro de una única dimension y te haré comprender el simbolismo plástico, con sus misterios abstractos. Poco tiempo necesitarás para llegar a dominar todo, y cuando hayas adquirido práctica comenzaremos a encuadernar nuevas carpetas los trabajos que a nuestra consideración convengan ser guardados; además, te entregaré en mayoría, simbólicos dibujos traduciendo profecías al llegar. Debes saber, criatura, que ya es cercano el "final de finales". Llega ya la hora de las controversias de las guerras, de las pestes, de la ceguera, de la fatuidad, del oro, del crimen, del robo, del suicidio, de la indignidad. Llega al mundo la muerte, llegado ya es el caos.

Y llegado es: porque el confusionismo aprisiona los hogares, deforma hechos morales, encumbra la pornografía, mastica los sexos, enferma las mentes, desata el equilibrio de la religión católica. Nuevas ideas Jóvenes en el sacerdocio. Nuevos conceptos, el papado temblara extraviará la fe, el materialismo será en triunfo con la mediocridad endiosada. Será en el mundo el 'anti-Cristo'.

Hijo: se acerca la hora de la explosión. Se acerca la obscuridad final; se aproxima el fuego de los fuegos. Se escucha ya la voz del cataclismo - aguas - llamas - desmoronamientos - destrucción de ciudades - nuevas tierras - nuevos mares - nuevas montañas - ciudades muertas y el lodo universal de cadáveres terminados.

Inutil será pregonar hijo mío, esta verdad que dicto. La encumbrada mediocridad materialista y atea correrá tras la impudicia y el deshonor, por lo tanto nada escuchará. ¡Nada nadie comprenderá! ¡Estaran ciegos!

Y en ese tiempo —tiempo de tiempo sin tiempo— bajaran al mundo convulsionado desde el astral lejano: naves ínterplanetarias, con inteligentes navieros tratarán de explicar el peligro de la fuerza térmica núcleo fuerza, con que el hombre cuenta para su futura e poderío mundial.

Los navieros inteligentes serán atacados y no escuchados; no se les creerá seres vivos y como tales se les desechará. También el humano ser, titulándose superior, se lanzará en viajes al espacio y llegará sin llegar. Verán sin ver, regresarán sin regresar mas si, palparán la realidad de los astros, navegos astrales y callaran.

Mas tarde ¡la explosión! y el silencio será silencio... por silencio de tiempos, los que serán tres.

¡Y bien hijo! He dicho en un más o menos el futuro de la Tierra para que te forjes una idea general de los trabajos que haremos con los trazos prometidos. Cada uno de ellos llevará un epígrafe explicativo a su píe, y como ya dije y repito, una vez terminados, los clasificaras correlativamente y como siempre los encarpetarás y archivaras hasta el día primero de los días en final. Después ellos haran, bien en luz, otorgarán luz en bien, y el bien en luz, y la luz en bien...

¡Salvarán al que vio!

· · ·

Tiempos y tiempos cruzaron; el niño joven de Leo y su "Angel” trabajaron ordenados y felices. Cientos de dibujos fueron prolijame terminados y clasificados, encarpetados y guardados, obedeciendo el joven de Leo a la "pequeñita voz amiga" que desde un príncipio había dicho; "Debe esperarse asi, el día de la luz".

Un atardecer la voz amiga e íntima, le comentó diciendo; "Cuando yo llegué a ti en tu etapa de búsqueda, tú pintabas temarios camperos. Quiero hacerte saber que los trabajos nuestros no deben ser motivo de alejamiento de tu obra. Tu debes proseguir en lo tuyo con ahinco; además, como ya dije es mi deseo que de esta manera lo hagas.                                                   Quiero que concurras a salones de muestras públicas, será necesario para que adquieras notoriedad de artista, y recuerda que debes presto encontrarte preparado, para tomar el "Salón de arte” que tienes que dirigir la fecha ya está cerca, se acerca, la tienes en ti - ¡comienza!...

Hijo, antes de retirarme en este tranquilo atardecer te digo: Mi concurrencia a la tarea que llevamos a cabo juntos con tan grato gusto, no debe ser, como ya te advertí, motivo de anulación de tu yo. Ello sería y tenlo bien entendido, falta grave para ambos. Jamás se debe dejar a un lado la carrera "designada" que se trae al mundo y recuerda, mi consejo será constante en tu favor, y te aclararé, no será para alejarte de lo que tu misión de ser humano debes cumplir.

Se llega a la Tierra con una trayectoria a seguir y realizar. Si ella hijo, no se construye cabalmente, se pierde el mandato y el yo, quedará anulado totalmente. No siéndole ya posible el proseguir su camino astral, por lo tanto mi consejo es y será: recomenzar tu pintura con el mismo empeño que aplicabas a tus composiciones, cuando mi ínterrupción que no fue tal puesto que como bien sabes, estoy a tu lado desde siempre, y desde siempre instruyendo y cuidando tu paso tutelármente, dejando tu libre albedrio desprovisto de mí dirección. Mas observando y conociendo tu manera de ser, marcha pues inteligentemente y no desesperes, y si en algo no te encuentras, nada preguntes, porque mi contestación será siempre la misma, ella será: 'sí y no’.

Aprende así a definir tu situación, puesto que eres tú y no yo, el que corre el 'sendero mundo', en cumplimiento de la mejoría espiritual. No quiere esto decir hijo mío, que sí adivino tu trance al parecer en orfandad, sin que me llames correré y te daré mi mano en sólido apoyo y juntos saldremos, para proseguir luchando, no dudes mi promesa. Aléjate pues... y ¡camina!”.

· · ·

El joven de Leo recomenzó obedientemente la pintura ordenada. Tiempo trabajó con ahínco, acumuló obras y, un día inesperado, llego a su casa un viejo amigo de su padre, médico y pintor. Sin pérdida de momentos el joven de Leo enseñó a este afable doctor sus pínturas. Ansiaba el tener una opinión seria, los aplausos de los suyos no le

satisfacían, además quería cumplir con aquello que le repitió su “Angel”: Debes hijo mostrar tus trabajos para adquirir notoriedad, debes mostrar tus dibujos... y recuerda la dirección de un salón de arte. ¡Espera!

El doctor amigo, después de un examen detenido de los trazos seguros del Joven exclamó; "Buenos trabajos que no deben quedar en el anonimato familiar: es necesario exponerlos, y yo desde ya me comprometo a que ello se realice. Ofrezco los salones de la Asociacion Amigos del Arte, en la calle Florida, y puedo asegurar ¡éxito!

El joven niño de Leo quedó como ausente, en verdad no aguardaba este inesperado premio. Tanto había pensado en esta hora prometida. Tanto había trabajado escuchando la voz del "Ángel", su "Ángel” empeñoso y tutelar, que incansablemente le repetía a diario: Trabaja, trabaja que el día ya es cerca"... Y el día, ese día, esa fecha soñada ya era ante él y era en triunfo.

Fue una tarde de octubre. Amigos del Arte había aceptado al joven artista, su obra. Antes de abrir la muestra, el doctor amigo perteneciente a la institución pictórica, le dijo: "Amigo, quiero hacerle saber que hemos invitado a su inauguración al Presidente de la República Dr. Marcelo T. de Alvear y a su señora Regina Paccini. Ambos aman la "campera", y no le quepa la menor duda, ellos asistirán".

Y así sucedió. En la justa hora de inauguración, las primeras personas en llegar fueron ellos. Complacidos y

agradecidos por la invitación al acto, recorrieron la muestra detenidamente. Luego, ex­presaron el deseo de adquirir dos trabajos, que hallaron certeros y de conciso color. El joven de Leo apresurado dijo: "Presidente, me sentiré feliz, que usted acepte los cuadros elegidos como un recuerdo de mí "debut". Es un real honor que no esperé. ¡Es un premio!"

Cuando ya al salir de retirada, el Dr. Alvear, afable exclamó; "Amigo mío, yo como Presidente de la Nación, como argentino leal a la tradición y como amigo, voy a pedirle un favor, no deje usted jamás de pintar lo nuestro. En todos los países del mundo sus artistas lo artistas hacen; aquí cosa curiosa, sucede lo contrario, pintan Europa, pareciera que se avergonzaran de la tierra que les vio nacer. Jovencito, Alvear le estará por siempre agradecido".

El joven de Leo, a raíz de la exitosa muestra, fue de inmediato invitado por la Municipalidad, a exponer sus obras en la Gran Expo­sición Internacional de Arte, a realizarse en las instalaciones de la Sociedad Rural Argentina, situada en Palermo, en el mes de diciembre. Emocionado acude y es recompensado con la tercera medalla y diploma. La Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires le adquirió su principal obra titulada "Pericón".

Una tarde, sin ser aguardado, llegó a su "casa nueva" un afable señor de edad seria: el que rogó hablar con el pintor de "Gauchos y Potros". El joven de Leo le atendió y fue sorprendido; el señor de edad sería le invitaba a concurrir con sus cuadros a una gran exposición internacional de arte, que la Municipalidad de Lieja (Bélgica) realiza­ría a mitad del año.

Entusiasmado el joven, envió sus obras a Lieja, y con entusias­mado asombro supo ser merecedor de la medalla de oro, con diploma de honor; además le fue oficialmente comunicado de que el Rey Al­berto 1° de Bélgica, le había adquirido la obra premiada.

El joven ordenó le fuera obsequiado el cuadro, en nombre de la juventud argentina; por el rasgo fue más tarde honrado con una recordativa medalla enviada por su Alteza Real.

Meses pasaron luego de este triunfo. Otra tarde, el mismo serio señor, invitó de nuevo al joven de Leo. En París se realizaría una exposición, organizada por la Municipalidad, de arte e industria in­ternacional y desde allá rogaban las obras expuestas en Lieja.

La gran exposición se realizó en el "Petit Palais". El joven fue distinguido con la medalla de oro y diploma de honor, recibiendo al mismo tiempo el titulo de "Jury" Municipal de París.

Una mañana, los diarios anunciaron el nombramiento de Presi­dente del Banco Municipal de Préstamos a su gran amigo y vecino, el destacado hombre de leyes, de política y de letras, el Sr. Eduardo Crespo.

Terminada la lectura de la grata noticia, el joven de Leo, se dijo: iré a saludarle en la recepción del cargo; y en la tarde, acudió a la oficial ceremonia. Allí, abrazó al flamante Presidente, y ya saliendo del edificio, la voz del Ángel le dijo: "Aquí será tu futuro trabajo". Tal anun­cio le desagradó íntimamente. Si algo había siempre odiado fue

precisamente ese Banco. Le repugnaba el préstamo por considerarlo usura. Además, jamás quiso ser bancario. ¡Le asustaban los números!

...Y la voz del Ángel aclaró: Tu trabajo será sí en el Banco Muni­cipal, mas no en este viejo edificio. Será en la Casa de Ventas que se construye sobre la calle Esmeralda, por lo tanto queda tranquilo, pues tu próximo salón funcionará allí y será creado exclusivamente para ti, y tú lo harás, para el bien de muchos y para el bien de nues­tro bien. Ahora caminemos los paseos: la tarde es hermosa... cami­nemos".

Esa noche el emocionado joven no logró dormir tranquilo, dis­curriendo en diferentes maneras, el anuncio hecho por su Ángel, que nada más dijo.

¿Cómo podrá llegarse a la realización de instaurar en aquel nue­vo local que se construía, una institución de arte? No era posible, arte en un lugar que admitía sólo artículos de empeño. Y menos po­sible era que el semejante salón prometido pudiera ser creado espe­cialmente para él.

A pesar de su fe, era inconmovible tal cosa... y fatigado con tan­tas deducciones ilógicas, con la llegada del día, se durmió.

Misión y Mandato

De nuevo llegó el caluroso verano. El doctor amigo partió hacia el mar igualmente el joven de Leo marchó con sus familiares, a pa­sar la acostumbrada temporada de años, a la vieja Casona de Vicen­te López. Allí le aguardaban sus amigos los fantasmas buenos como él les llamaba, además podría en su parque hablar a sus duendecíllos los de las violetas blancas, a sus hadas volanderas de las acacias, a sus enanitos verdes de los cipreses, y a todos aquellos cariñosos seres, que vinieran turno a turno desde su olvidada quinta de Palermo.

¡Los amigos de la infancia que él mantenía, lo serán por siem­pre, lo serán en la eternidad!

Ya instalado en su cuadrada Torre, el buen fantasma que en ella moraba le dijo; "Este verano será nuestro último verano largo, que pasaremos aquí juntos.

La temporada venidera serás ya en el trabajo, pocos días podrás entonces aprovechar, no vayas al mar; tu presencia aquí hace bien a La Casona, hace bien a los que en ella estamos. Tu Ángel ruega por nosotros, y él es bien escuchado.

Un día nos elevaremos, Dios le bendiga y nos bendiga. El nos ayuda y ayuda tu llegar al lugar que reservado tienes en el Munici­pio. Allí deberás atender, para ser atendido, comprender para ser comprendido, alentar para ser alentado, y

salvar en el bien, para ser, en el bien, salvado.

Allí la acción en mandato y misión será: Caridad, será en Esperanza, será en Bonanza, será en Tolerancia, será en Paciencia, será en Amor, será en Fe, será en Luz, Y tú serás en Dios".

El salón de arte

Llegado el otoño, el joven de Leo regresó con los suyos a la casa del centro. Lo primero que hizo fue espiar la casa que les enfrentaba. Allí vivía su amigo el Dr. Crespo. Satisfecho, constató que ya también había regresado, y quedó feliz, un mediodía, casi finalizado el almuerzo, el joven fue llamado telefónicamente por la señora del Doctor amigo, que le dijo: "Véngase a tomar el café con nosotros. Mi marido le necesita, está impaciente por una idea que le tortura. ¡Él quisiera crear en el nuevo edificio del Banco Municipal, próximo a inaugurarse, un Salón de Arte y ha pen­sado en usted, para que lo organice y dirija. Necesita del parecer de jóvenes, y por ello lo llama".

El joven de Leo quedó de una pieza, contestó sin saber lo que decía y se despidió prometiendo llegarse al momento.

En silencio se retiró a su dormitorio pues si en verdad él aguar­daba aquella propuesta (¡tanto se lo había repetido su Ángel!), ésta, en su cristalización, lo confundió turbándole hasta lo increíble.

Allá habló, agradeciendo a su Ángel las palabras de aquél que le confortaron. Antes del cuarto de hora, dominado y sereno se hallaba tomando café junto a sus amigos.

El Dr. Crespo, luego de la conversación usual y mundana, dijo: "Amigo, le he mandado llamar porque necesito de su valiosa ayuda.

El nuevo edificio del Banco, destinado a ventas, tiene un piso dedicado a ser Club de los Empleados. En verdad, no me parece lógico este proyecto, puesto que ya el personal tiene su gran Club deportivo instalado en Vicente López, Ocupa la "Chacra de los Cenó", justamente vecina a "La Casona" de ustedes, por lo tanto he pensado que aquel piso puede ser utilizado para algo más útil, y he aquí mi pregunta: ¿Me ayudaría usted a organizar allí un Salón de Arte?"

· · ·

Como el joven contestara afirmativamente, el Doctor prosiguió; "Vea usted amigo, desde hace días estoy dominado por la idea de instalar allí, como dije, un Salón de exposiciones de arte, en donde los artistas en general puedan mostrar sus obras, sin gasto alguno.

Nosotros les entregaríamos desde los marcos, hasta las invitaciones y catálogos. Las muestras serian siempre de una quincena, jamás menor y hasta organizaríamos concursos con premios.

Trataremos de lanzar valores nuevos y fundar un ciclo de confe­rencias.

Mi señora me pide que anexe una sala contigua: "Venta de manualidades realizadas por niñas y señoras que trabajan" y para igualmente exponer allí, las obras de los niños de las instituciones benéficas. Seria un hermoso aliciente para las criaturas, sobre todo las ventas y por último colocaríamos alcancías perennes, del Patro­nato de Leprosos, institución ponderable de cuya comisión directiva mi esposa es miembro. Aquí el Doctor silenció y la señora entonces afablemente pre­guntó; "¿Se animaría usted, mi joven amigo, a organizar esta obra?" El joven de Leo, con una seguridad pocas veces experimentada por él, contestó: “Todo lo que pueda hacer dentro de mis posibilida­des lo haré con afán infatigable, contribuiré empeñoso a la realiza­ción de tan magnífico proyecto, será constante en un todo ¡Triunfa­remos!" Complacido el Doctor, explicó: "Usted, joven amigo, es un pon­derado artista Usted no está comprometido en banderías absurdas. Le sé labo­rioso, tesonero, emprendedor y culto. Comprende perfectamente el problema social que en la actualidad nos aflije. Por lo tanto le ruego quiera usted redactarme un pequeño proyecto. Usted me lo entrega­rá, yo le daré forma, lo elevaré al Directorio y si ellos lo aceptan, pues entonces ¡manos a la obra!" La noche de aquella tarde en que su amigo el Dr, Crespo, le dijera "manos a la obra", el joven de Leo se entregó a seria medita­ción de agradecimiento al Señor y a su Ángel director de sus pasos, de sus obras y de sus palabras, siempre acertadas, preparadas y medidas. Después el Ángel dijo: "Mañana comenzaremos a trabajar por el prójimo, mucho haremos, mucho tendremos que luchar por ello; más hijo, correrán los días en satisfacciones propias a nuestro deber cum­plido. Encontraremos, andando nuestro sendero, a personas dignas de ayuda; enfrentaremos con personajones infatuados que nos atacarán. ¡Nada te importe! Todo será en pro de tu educación material y de tu espíritu en elevación.

Todo será en pro de mi causa. Todo será en pro de tu causa, porque debes tú saber, que si tú adelantas, adelantaré yo; si tú rego­cijas, regocijaré yo; sí tú lloras. lloraré yo.

Al ser que te acerques en estima, ¡le amaré!

A tus resoluciones y meditaciones, ¡las respetaré!

Porque tú serás en mí, yo seré en tí. Los dos seremos uno, y por fin, ambos seremos en Dios.

Vigila para ello tu corrección, por tu corrección serás apreciado.

Vigila tu educación en Arte, por esa educación serás valorado.

Habla parco, observa, no envanezcas, no provoques situaciones violentas, adquirirás así prestigio, obtendrás galardones, te serán brindados favores de diversas índoles.

Acepta sin aceptar distinciones que no comprendas.

Rígete por tus mismas palabras e ideas. No olvides que éstas en tí serán las valederas. Serán en tí en tu postrer prestigio.

Jamás dudes de tus pasos, a dar con conciencia, o dados. Ellos serán siempre defendidos y seguros.

Voy a tu lado, mas si equivocas, mi consejo será guia; saldrás airoso del tropiezo, siempre en ventaja de bien.

Humíllate. Nunca el hombre por ello pierde su propia estima­ción, ni la estimación de los que te rodean.

Recuerda: Si una mejilla te hieren... alcanza la otra.

Y ahora entreguémonos al trabajo, escribe el proyecto pedido. Hazlo en homenaje a Dios.

Yo por servirle llegué a ti. Sírvele en su deseo de amor; serás... y seremos,

El que aprende a servirle, en su deseo de amor, sirve a la huma­nidad; sirve al que le sirve y es servido por el que él sirvió. Por lo tanto, hijo, ¡sirve y serás servido!"

Terminadas las admirables palabras del Ángel, ambos se dieron a la tarea de escribir cuidadosos el nada fácil proyecto pedido.

En la tarde del siguiente día, el joven de Leo lo entregó al Doctor amigo, el que le dijo; "Ahora regrese usted tranquilo a su casa. Hoy comienzo a ser su jefe. Como tal aguarde mi llamado... ¡Triunfare­mos!"

Una tarde, luego de invitaciones pasadas al periodismo, a las Instituciones Culturales y de Acción Social, etc., las puertas fueron abiertas con gran resonancia, se inauguraba la nueva Casa de Venta del Banco Municipal, con el novedoso agregado de los amplios Salo­nes de Arte y Acción Social.

Al magno acto concurrieron: el Excelentísimo Presidente de la Nación, acompañado por su señora; el Intendente Municipal de la ciudad de Buenos Aires y señora: el Nuncio Apostólico que bendijo, Ministros, Diputados, Senadores, Diplomáticos extranjeros, desta­cados artistas del pais junto a los altos dirigentes de instituciones de Arte y Letras, reporteros, fotógrafos y calificado público El Dr. Crespo habló de la nueva tónica social que imprimiría en adelante, a la vieja institución prestataria. Fue felicitado.

Aquella noche, el joven de Leo, íntimamente satisfecho y turba­do, ya en la soledad de su dependencia alta junto a su ángel, oraron. El Salón de Arte del Banco Municipal de Préstamos rápidamente se impuso en el ámbito artístico. Las diferentes Asociaciones de ar­tistas apoyaron la laudante iniciativa. Instituciones benéficas lleva­ron los trabajos y productos de diferentes asilos. Las señoras y niñas de cortos recursos portaron sus labores. Jóvenes artistas, no conoci­dos aún, pidieron ser atendidos en sus tímidos principios y olvida­dos ancianos igualmente portaron sus obras, Día a día el Salón avanzaba avasallante. Infatuados personajones en el arte, decriminaron en su contra; ellos no se rebajarían jamás, repetían molestos, a exponer en salones creados para caridad y en un lugar prestado. Día a día el Ángel Guardián, atento y cuidadoso de su pupilo, indicaba el artista próximo a llegar, el que debía ser prestamente atendido, el que vendería de inmediato y al nuevo que habla de lan­zarse a la notoriedad. Con tan protector amigo... ¡el Salón marchó!

Y fue éxito.

Una noche dijo: "Hijo mío. Sí aconsejado y dirigido eres por mí, tu Ángel, debes saber que yo soy tan sólo un emisario del Alto: emi­sario que llegué a ti para enseñarte en Fe, y hoy que lo sabes, debes ser con el prójimo, lo que yo bien fui contigo. Comienza paciente a exaltar la fe entre tus empleados y orde­nanzas, que dispones dentro de tus salones. Necesario es, y para ello coloca en el dintel de la puerta de entrada una estampa de San Cayetano, protector de trabajo y en la oficina al Patriarca San José. Hoy por fin podré revelarte por qué tú llevas desde criatura esa ferviente vocación. San José. hijo mío, nos proteje. El fue mí devoto, en el día que viví el mundo, y en esa mi vida me llamé José.

Quiero pues. hacerte conocer 'mi verdad'. Yo fui fraile francisca­no, pertenecí al Convento de la Orden en La Rábida (España). Mi nombre y apellido fue José de Aragón.

Fray José fui en nuestra Comunidad religiosa, y si bien yo fui José por heredad de familia, en la Orden me fue otorgado por cono­cerse en ella, mí intima devoción hacia él.

San José supo colmarme de favores grandes, y de palpables he­chos milagrosos; igualmente hijo mío, él hoy colma tu casa y a ti.

Tú desde que naciste, recibiste su clara protección. Fui yo en­tonces encargado de tu destino. Se me entregó tal misión, con el deber de guiarte hasta el final de tus días, respetando tu manera y acción para no anular tu vida.

Debes saber que tu yo no debe ser tocado. Eres tú su dueño y debes cumplir tu mandato.

Eres en el libre albedrío. Eres entre el bien y el mal. Yo estoy en ti para el sano consejo, sí es que le quieres escuchar. Tú eres en ti y nada yo podré hacer si tú no lo admites.

Si tal manera, no asi sucediera; seria anulación de mi astral vida... y tú perdición.

Entiende entonces... y comprende.

Tu santa madre, cuando tú naciste, enfermó gravemente. Una complicada nefritis le llevaba a terminar sus días sin remedio.

Una noche desahuciada por sus médicos, quedó sola, y con ella tu padre, médico joven, entregado a la desesperación.

Nada queda ya que hacer, se repetía, solamente horas quedan y mentalmente pedía a Dios un milagro. Era hombre de fe y aguarda­ba.

La mañana llegó y, con el amanecer, alguien llamó a la puerta de calle.

José, fiel servidor de la casa, corrió, y de regreso dijo: 'Doctor, un repartidor dejó para usted, una muestra gratis de un nuevo me­dicamento. Algo me dice Doctor, que bien pudiera servir para aliviar a la Señora'.

Tu padre abrió el medicamento y efectivamente, como había pen­sado José éste era indicado para el mal que aquejaba a tu madre, y sin perder momento le hizo tomar... y fue milagro. En el día, los sín­tomas disminuyeron.

Frente al cuadro mejorado, y como el medicamento aún no estaba en plaza, pidió a colegas amigos si quisieran cederles sus recibidas "muestras gratis".

Salvada tu madre fue colocado en tu cuello, en el día de tu bautismo, una medalla de San José, porque consideraron, ella y tu padre al fiel José, como inspirado del santo al haber dicho: "algo me dice, Doctor, que bien pudiera servir este medicamento para aliviar la Señora".

Hijo, comprenderás ahora el porqué de tu empeño por querer pertenecer a la Congregación de San José, cuando ingresaste al Colegio Juan Bautista de Lasalle".

 

Hasta aquí la biografía de "Pelón", el apodo de Benjamin Solarí Parravicíni, entre sus amigos.

 

 

 

 

 

Primera Parte

 

Dibujos proféticos  1936-1940

 

Benjamín Solari Parravicini

 

Durante los años 1966, 1967 y 1969, la Revista "Conocimiento de la Nueva Era", una revista que no se vendía en los kioscos sino por suscripción, publicó en sus números 343, 352, 353, 354 y 378 una serie de dibujos proféticos de Benjamín Solari Parravicini, de los años 1936 a 1940, de los cuales hemos elegido los siguientes, que nos parecieron sumamente interesantes, porque creemos que pocos lectores han tenido la oportunidad de conocerlos, ya que dicha revista no se publica más. Para los que han leído estas psicogralías hace más de 30 años no será de más leerlas nuevamente.

 

 

En América del Sur, la Argentina luchará su libertad de las libertades. La Libertad de Dios. Pax. (Profecía de 1940)

 

 

La Nueva Rusia será pobre, pero regresará a su Dios. Allá se despedazarán los nuevos de su época. Sus sabios llegarán a asombrar al mundo, dominarán en desesperación; después caerán estruen­dosamente. La nueva hija de ella será pobre, pero será. (Profecía de 1936)

 

 

El hombre volará los espacios siderales, vencerá el sonido, conocerá los astros y sabrá que el mundo es inferior planeta y de castigo. (Profecía de 1937)

 

 

El papado tendrá nuevas normas. Lo malo de ayer dejará de serlo. La misa será protestante, sin serla. Los protestantes serán católicos sin serlo. El Papa se alejará del Vaticano en viajes y llegará a América, en tanto la humanidad caerá. (Profecía de 1938) Anuncia las reformas propiciadas por el Concilio Ecuménico y la celebración de la misa en idiomas vernáculos, tal como lo hacen los protestantes. Estos se acercan al Vaticano mientras que el Papa no solo viaja por el mundo, sino que visitó América.

 

 

China será dominada por Rusia y alzará a los amarillos en dogmas rusos. (Profecía de julio de 1939).

Aquí anuncia que China se hará comunista. En la época de esta profecía gobernaba Chang Kaí Shek y el dominio de China por parte de los japoneses, de ninguna manera permitía prever el dominio comunista, acontecimiento que recién se produjo en 1949, 10 años después.

 

 

La mujer pasará sus cabellos al hombre y el hombre pasará sus ropas a la mujer. Ambos mandarán en igualdad de mando, pero el tiempo les hundirá. (Profecía de 1936)

 

 

"Cabeza de barba", que parecerá santa, mas no lo será y encenderá las antillas. (Profecía de 1937).

Notable y evidente descripción de Fidel Castro, ¡hasta con el famoso apodo y con 23 años de anticipación! Castro llegó al poder en enero de 1960.

 

 

Hitler, Mussolini. Con el mismo fin; el mismo fin. (Profecía de julio de 1938) Las pocas y lapidarias palabras de esta profecía todo lo dicen. En momentos en que los dos dictadores estaban en su pleno apogeo, solamente una genial profecía podía determinar el trágico y común final.

 

 

Caerá el corazón del mundo, año 40. Caerá y será alemán hasta el 44. (Profecía de mayo de 1938) Increíble premonición de la caída (1940) de París y su posterior libe­ración (1944). Esta ciudad está claramente señalada por la bandera tricolor en el extremo derecho y la torre Eiffel.

 

 

La era atómica se acerca, Rusia ya juega con ella sin saberlo. Des­pués de las guerras llegará y hará guerra, y la guerra de guerras será! ¡Fuego de fuegos! (Profecía del año 1937)

 

 

España y la Argentina serán unidas por un puente espiritual, soste­nido por naves ínterplanetarias, En ambos países morarán ¡navieros blancos! (Profecía año 1959)

 

 

Llega un nuevo sistema de comunicaciones en el mun­do por planetas artificiales. (Profecía año 1938)

 

 

¡Visión doméstica! Por peque­ña pantalla se verá en domici­lio propio los sucesos externos (Profecía ano 1938)

 

 

La mujer se desnudará en público y cansará. El hombre se desviará en hartazgo (Profecía año 1938)

 

 

El corazon sera artificial en el año 66 (Profecía del año 1938)

 

 

Maternidad artificial ¡Cultivada! (Profecía ano 1938)

 

 

El origen será desvirtuado. El hombre cultivará sin contac­to. (Profecía ano 1938)

 

 

El can sera el primer volador (profesia año 1938)

 

 

Hombres voladores en la era del 60 al 70 (Profesia año 1938)

 

 

El mundo se dividirá en dos izquierda y derecha. Una tercera postu­ra será en abrazo se dirá; pero el abrazo será de castigo. El uno por ambición, el otro por traidor. Rusia avanzará, China será tras él. Abrazo de extremos. (Profecía año 1938)

 

 

Pampa argentina, cuna del mañana. (Profecía año 1938)

 

 

Nuevo sol. Nueva Luz. El árbol seco de la Argentina sabrá de una era de nueva lluvia. Llegará hacia su suelo la bendición luego de luchas serias, de encuentros y desencuentros, de soberbios en gritos y de gritos vencidos.

Llegarán tres jefes y dirán. No serán, mas después serán en fuerza y verdad. Ellos llamarán al hombre a ser y éste será. El será un hom­bre gris. (Profecía año 1938)

 

 

Ángel en Argentina. La Argentina conocerá un ángel de paz. (Profecía año 1938)

 

 

Llegará a la Argentina empobrecida un nuevo sol. Llegará el día en que la falsa palabra sea creída. Llegará cuando las aguas lleguen en fuerza de ira, cuando la salud física del ser ciego y atontado sea precaria, cuando la tierra tiemble bajo sus pies, cuando la intriga levante la masa, cuando el ladrón corra por las calles sin ser aprehendido, cuando la mujer grite por sus derechos y defienda causas políticas. (Profecía año 1938)

 

 

El Altiplano hablará y dará sus frutos

 
:

 

La última pincelada en la Argentina será dada por un pintor gris

 

 

Hombres meditad. El mar avanzará, inundará en diluvio, se derreti­rán los cascos polares. El eje de la Tierra regresará y el ecuador será polos. El mar será sangre. Final de finales. (Dibujo de 1937) Cataclismos geológicos acompañarán a los conflictos bélicos.

 

 

La Palabra Celeste llegará a una aldea de España y se le escuchará (Año 1938)

 

 

Dominador llega a España. Destruirá y edificará. Luego, un Borbón será en su lugar y el mandón partirá, si su salud no se ha debilitado, a la Argentina. (Año 1938)

Nota: La paleografía es del año 1938, el mismo año en que nació Juan Carlos Borbón. Franco nombró a Juan Carlos su sucesor en 1969 y en 1975 fue coronado Rey de España.

 

 

Vencida Tierra Argentina. Vencida por el hombre ciego. Aguas, pes­tes, terremotos, luchas le asolarán. Ambición del hombre - Explota­ción del hombre por el hombre. Guarniciones armadas gritarán ocul­tas: mas saldrán al encuentro del caos - Pekin - Tokio - Habana -Rusia - N. América. Dilemas de enfrentamientos - Cantos de enfrentamientos. Sombra - oscuridad - sordera. Un hombre gritará: no se le escuchara. Una mujer gritará; no se le escuchará; mas de un repente aparecerá un militar y será.

 

 

 

Segunda Parte

 

Dibujos proféticos inéditos

 

Benjamín Solari Parravicini

 

Las siguientes psicografías no han sido publicadas hasta la fecha, con excepción de algunas que fueron publicadas en los números 92 al 103 de la revista "Cuarta Dimensión", bajo el titulo: "Psicogranas inéditas de Benjamín Solari Parravicini". Gentileza: Sigurd von Wurmb. Exclusividad; Cuarta Dimensión.

La psicografíá reproducida en la página 90 había sido publicada en el año 1992 en el libro de Pedro Romaniuk "Cono Sur".

 

 

Hermano: abrid los ojos, ya la bestia trepa los ámbitos de la Tierra. Es ella dueña del hombre atolondrado que corre tras la con­cupiscencia y el poder del oro.

Hermano: presto estallarán nuevas guerras. Será el humo del primer humo.

 El acusador ordenará en contra de poderes constituidos: exigirá feroz normas desprovistas de bien. Sin trabajo aplastará coronadas testas y gobiernos poderosos. El sacro Vaticano bajará su tiara lasti­mada, mas no vencida. Prevalecerá en lucha, Terminado el ruido del acusador, la redención condenará a la Bestia la que rodará los espacios por eras. ¡Será en el 2002!

 

 

En el final de los tiempos, el hombre vivirá el vértigo de una civiliza­ción desatada en puerilidades que le arrastran a la destrucción. El nada verá. Despreciará a todo lo que la ciencia investigue, demues­tre la técnica, hable el estudioso, el artista inspirado y hasta el mo­nástico meditativo y humilde, observador del Alto, que asegurará saber y comprender el advenimiento del cambio.

Porque el cambio en la tierra.

¡Ya es!

 

 

¡La hora del cambio ya es! El hombre, muy a la ligera, lo admite, tanto como para no quedar rezagado ante el semejante, él que a su vez hará exactamente lo mismo, para no confesar su tácita incredu­lidad. Y su incapacidad nula.

 

 

El ''Niño Nuevo" habla del hombre interplanetario, del hombre "ma­teria" y del hombre "antimateria", del "robot", de la Nave Voladora y de la Misión de los seres astrales.

 Seres superiores "Misioneros de Dios". De Dios el creador, el que en constante ayuda acude al hombre que le ignora, que le olvida y hasta de aquel que pregonando va el disconformismo de la hora actual, y la no existencia de otros mundos en gracia.

¡El niño Nuevo, es verdad!

 

 

El "Joven Nuevo", realidad de la hora, el que se abandona por ignorar y temer el mañana que le espera, el que proclama poseer sabiduría y se entrega a desnaturalizar todo: incluso su físico y a emitir canciones tal vez sin conceptos. Ese Joven habla de mundos habitados, de seres en ellos con superior cultura, mas lo hace por exotismo y sin interés alguno.

El "Joven Nuevo" busca en la búsqueda de un dios imaginado por él, dentro del absurdo, dentro de omnubiladas conjeturas que no siente, más impacta.

 Vive "el Joven Nuevo" en rebeldía... ¡No verdad!

 

 

Llega ya el "reeducado"; el joven rebelde, el que gritó y proclamó la belleza de la relajada carne en abandono, del equivocado sexo, del placer artificial y de la muerte provocada como sumo premio y meta de la liberación sin final.

 Llega el "recuperado"; el que renegó de los valores artísticos, filosóficos y morales y de toda opresión que angustió a la sumergida humanidad caduca, inservible, la que debió borrársela definitivamen­te, para implantar al "hombre dios", al hombre del futuro, hombre verdad. Sin el "ñoño" Amor, sin el tonto apego al prójimo, sin el ma­ñana estúpido. ¡Tan pregonado! y sin el ayer caótico, para imponer,.. el yo. en ¡el hoy!

 

 

El "reeducado", hombre estudioso e inquieto. Junto al "Niño Nue­vo", ya crecido y en razón ambos responsables dentro de la baraúnda de los rezagados, enseñarán y hablarán del siglo venidero, de las nuevas ciencias, de la cibernética y su alma, de los nuevos sentidos revelados, de la existencia "deber", de fenómenos de atmósfera, de la nueva civilización superior, de ciudades a levantar; ya subterráneas, ya flotantes en los mares, flotantes en los aires, viajeras y transformables. Pregonarán la franca amistad que deberá brindarse al ser "interplanetario'', a ese hermano del Alto, que nos guiará. Nos enseñará, construirá y nos entregará la palabra de Dios.

¡Con ellos llegará la paz!

 

 

Ciencia: portas a la bacteria en detrimento humano, ¿Qué hace tu saber? Comprende y entiende, la bacteria será por tí lanzada, en terrible guerra mas recuerda, ella en anticipo terminara contigo. Lle­gan pestes, para tu conocer. ¡Desconocidas!

 

 

Científico : ¿Qué llevas en las manos? En verdad tú compren­des que algo comprendes, mas entiende que de lo poco que conoces llevas un mucho de peligro, al parecer eres audaz, mas no lo eres.

Aprende, observa y medita. Detén ya tu insensato correr tras el áto­mo. ¡Aún resta un tiempo!

La muerte es contigo y... será muerte.

¡Evítalo!

 

 

El sacerdote egipcio, que conoció la alta matemática de los asteroides- que contribuyó a la construcción de las Pirámides, fue él - cuidado­samente dirigido por los astronavegos azules, los que con devota de­dicación enseñaron al sacerdote los secretos de las aristas. Ellos alzaron y pulieron las enormes piedras de las Pirámides. Ellos inicia­ron la medida y la relatividad en ¡la quinta dimensión!

 

 

La ciencia ante siglos de experiencias superiores, se hallará pe­queña, querrá develar hechos astrales, querrá saber de existencias planetarias mas no podrá - negará entonces evidencias tangibles por reconocerse ineficaz a ellas.

¡El hombre se atrasó milenios!

 

 

El hombre se apresta a visitar cercanos planetas. Es él ya dueño de naves aún no definidas, mas sí en proyectos. El llegará... sin lle­gar. Verá sin ver, dirá sin decir, regresará sin regresar. Será y no será.

¡Porque aún no es la hora!

 

 

Nuevas Naves Voladoras crearán los hombres y hasta volarán sin naves, solamente con espaldares. ¡Y serán en Triunfo!

 

 

Naves interplanetarias no visibles a la retina humana, llegarán a la Tierra. Habitarán América en el extremo Sud. Alli recogerán mate­riales para socorrer al Mundo en el Hambre y en el cataclismos de fuegos. Portarán sangre humana a sus laboratorios satélites para elaborarla artificialmente. ¡Proveerán de hemoglobina!

 

 

Razas extraterrenas regresarán a la Tierra. Ellas ocuparán ciu­dades subterráneas que de ellas fueron, y aún habitadas por sus naturales aclimatados. Bajarán para restablecer costumbres que fueran superiores a las nuestras, hoy desaparecidas. Se manifestarán en forma telepáti­ca las nuestras, hoy desaparecidas. Se manifestarán en forma telepáti­ca. ¡Será en el 2000!

 

 

El Naviero Astral azul demostrará la existencia de Dios con ar­duo empeño, pues el hombre le habrá olvidado por el oro.

En presencia real, el Naviero hablará en forma telepática del grande universo, de planetas y hombres superiores, de civilizaciones asombrantes y dirá: "¡Todo es obra de Dios!"

El Naviero con empeño recalcará: “Todo es de Dios, como tú lo eres, hombre Terreno. Abandona ya el "fetichismo", el afán de nue­vos dioses, de nuevos conductores y de religiones nuevas; pues no serán. ¡Aprende a ser de Dios... y serás!

 

 

 

 

En el final del Tiempo Tiempo, en la hora primera de la hora, de nuevo bajarán a la Tierra los Astronavégos del ayer, portando pala­bras en advertencias.

Convivirán estos seres azules la vida con el hombre ciego.

Sus naves serán guardadas en altas cumbres de montañosas regiones, dentro de sus ya conocidos cráteres.

¡El Astronávego astral hará el bien al Terráqueo, sin ser éste advertido!

 

 

Toda Nave Astral es construida en materiales no conocidos aún sobre la Tierra.

Sus Naves son livianas, moldeadas en íntegra pieza sin unión alguna.

El Naviero es encerrado igualmente en entera vestimenta escafándrica sin costuras y algunas transparentes y azules.

Nuestro fuego al grado máximo no calentará ni perforará la con­sistencia de ¡ambos!

 

 

Ante las constantes visitas de navieros extraterrestres, la cien­cia negará, luego dudará y por fin dirá; ¡Verdad! Verdad es y nuestra sapiencia ha quedado atrás.

¡Siglos nos vigilan y contemplan!

En 1968; otro mensaje que dice: "El científico debe alejarse del encasillamiento infatuado que le ciega y ata. El "Nuevo Joven" lo hará... y él verá".

En el mismo año otro anuncia: "Escuchará el mundo palabras llegadas del Alto; palabras y sonidos que serán frases y se compren­derán al fin".

 

 

"La era nueva" observa que a lontananza se forma una civiliza­ción que fue en un ayer de milenios y que ella se apresta a llegar al Mundo Tierra, luego del 2000.

Ella será en amor, basada en talentosos hombres y madres mu­jeres.

 

 

Psicografía de Benjamín Solari Parravicini del año 1939, que muestra las dos Torres Gemelas de Nueva York, con edificios alrededor que se derrum­ban. En el texto habla de dos ataques que sufrirá el monumento, en repre­sentación de las dos Torres Gemelas que en aquel tiempo aun no existían, ya que fueron planeadas en los años '60 y finalizadas en 1976.