PALESTINA: LA ÚNICA VÍCTIMA
DEL HOLOCAUSTO
Por Norberto
Ceresole
"No existe el pueblo palestino... Ellos no existen".
(Golda Meir. Declaración al Sunday
Times, 15 de junio de 1969)
EL ESTADO DE
ISRAEL ES EL DIOS DE ISRAEL
El judaísmo es la religión nacional de Israelí Por
lo tanto la política de Israel es la consecuencia final lógica e inexorable del
monoteísmo judío. El Estado de Israel - en el efímero reino mítico de David y
en la actualidad - es la consecuencia natural de las indicaciones dadas por la
autoridad suprema: Dios. Yahvé es el único monarca o jefe del Estado de Israel,
además de ser el único propietario de
Yahvé es el fundamento del poder, lo que significa
que es la única fuente de legitimidad. La guerra - en su aspecto inter-nacional
o "civil", (esta última es llamada también, en el Antiguo Testamento,
"expiatoria") - es la consecuencia determinante del dominio de Yahvé
sobre el Estado judío. En esos momentos Yahvé se transforma en el "Dios de
los Ejércitos".
Por lo tanto toda guerra judía es, en primer lugar,
una "guerra santa", porque
en última instancia lo que siempre está en juego es la conquista y/o
preservación de la "Tierra prometida" (Josué, Jueces, Samuel, Reyes).
En todos los casos la guerra es siempre una decisión divina.
Por lo tanto los crímenes del Estado Judío, las
agresiones de Israel sobre el resto del mundo, son siempre una responsabilidad
directa del dios yahvítico. Ese dios nacional judío está detrás de todas las
acciones militares del Estado judío: es el responsable de la expulsión a sangre
y fuego de las poblaciones palestinas originales, es el responsable de las
torturas, es el responsable de los bombardeos y es el responsable del martirio
que se sufre en las cárceles judías.
Cuando una bala judía mata a un niño palestino,
quien está detrás de ella es siempre Yahvé, protegiendo la "Tierra
prometida".
Israel, Estado sin Constitución, sin fronteras
fijas, fundado sólo sobre una noción religiosa, reconoce como ciudadanos
potenciales a todos los judíos del mundo. A los pocos palestinos que se
quedaron en su tierra después de 1948 (musulmanes, cristianos y drusos), se les
ha concedido recién una ciudadanía incompleta y posiblemente reversible. Esos
palestinos, descendientes de los antiguos cananeos, fueron los propietarios de
la tierra "prometida" por
lo menos quince milenios antes de que Yahvé se la diese en "propiedad" a un personaje mítico
llamado Moisés.
De estas extraordinarias anomalías jurídicas
resulta que la única manera correcta de nombrar a los ciudadanos israelíes es
el término "judío". Esto es lo que quieren las autoridades de ese
seudo-Estado. Es también el instrumento conceptual que permite gravar con
pesadas tasas a la diáspora judía en el mundo.
HISTORIA
PROFANA DE ISRAEL
La palabra "profano" tiene en nuestro
idioma un significado claro y preciso: "Que no es sagrado ni sirve a usos sagrados, sino puramente secular".
Una "historia profana" sería entonces una redundancia si nuestro
mundo occidental posrománico o cristiano no hubiese sido el resultado de una
profunda enemistad entre dos niveles de existencia: la sociedad eclesiástica
(el poder espiritual) y la sociedad política (o "civil"), o el poder
temporal. Por lo tanto: “¿Es posible escribir una historia profana de Israel?”
En otras palabras: “¿Existe una historia de Israel fuera del texto mítico del
Antiguo Testamento?” Los arqueólogos e
historiadores dan, unánimemente, una respuesta negativa a esta pregunta.
Si la historia de Israel, desde la barbarie de las primitivas tribus hebreas
(que llegan muy tardíamente al Canaán bíblico) hasta el día de hoy, quedara
limitada a datos puramente físicos y/o documentales, esa historia sería sin
duda alguna tan insignificante que no valdría la pena escribirla.
Por lo tanto la única historia posible de Israel es
la historia mítica de Israelí Aquella historia que comienza con un falseamiento
de fechas y la creación arbitraria de personajes (como es el caso de los
Profetas, a los que se les hace vivir diez siglos antes de la escritura de los
primeros Libros del AT), y termina con un "Holocausto rodeado de misterio", como dice Elie Wiesel.
El "Holocausto", como toda la historia
mítica de Israel, "...está más allá
de
"La historia de Israel es
historia sagrada, historia del pueblo elegido por Dios para recoger su palabra
y preparar el advenimiento de su reino... La historia de Israel adquiere en
consecuencia un carácter único que no es susceptible de explicación con
criterios meramente humanos" (Antonio Truyol y Serra, Historia de
Estamos entonces enfrentados ante un grave
problema. Habría, en principio, una imposibilidad teológica para escribir una
historia (profana) de Israelí Lo que implica el reconocimiento de que todos los
actos de ese pueblo son excepcionales, es decir, están inspirados en y son
realizados por un mandato divino. Todos sus actos, especialmente los políticos
y sobre todo los militares. Así el Estado de Israel actual, el primitivo
"Hogar Nacional" que surge con la "partición de Palestina",
debería ser estudiado no a través de la historia concreta real sino a partir de
una decisión sagrada, o divina. Los hombres, los actores de la historia, serían
meros agentes de una Voluntad Superior. El Estado de Israel no puede estar
sujeto a las leyes humanas porque es el producto final del excepcionalismo
judío. Los judíos son ontológicamente excepcionales.
Dios no es sólo el único "propietario"
del Heretz Israel (
Un día aparecen en escena lo que en términos
contemporáneos son los judíos laicos o "social sionistas". Es decir,
los descendientes de Filón de Alejandría, el primer "intelectual"
judío helenizado. Cuando los judíos ya instalados en Canaán (a sangre y fuego,
Josué) le piden a Samuel un "rey normal", "como todas las naciones", se origina una exigencia política de
nuevo tipo: una atenuación del vínculo directo entre Yahvé y su pueblo. La
respuesta de Yahvé la expresa su profeta Samuel (I Sam., VIII, 7). Le permite a
su pueblo adoptar la institución monárquica, en la medida que los reyes queden
sometidos a su Ley. Cuando el rey se aparte de ella quedará sometido al dedo
acusador de los sacerdotes, es decir, los teócratas serán los únicos
intérpretes de la ira de Yahvé.
Es un esquema muy actual porque dentro de él se
realizó el último magnicidio: el asesinato del general Rabin. Pero tanto con
reyes como con generales, Dios y no el pueblo es la única fuente de poder
legítima en el judaísmo. ¿Puede una democracia judía sustentarse a largo plazo?
En otras palabras: ¿Puede una democracia laica judía legitimarse en los
designios de Dios?
Ahora bien, ¿Qué sería Israel sin el judaísmo? En
última instancia todos los discursos políticos en Israel, hoy, y desde su
fundación como Estado, remiten al Antiguo Testamento. En cuestiones vitales
como la posesión de la tierra, el AT es en definitiva una escritura de
propiedad, un documento jurídico y un permiso económico que le permite, a un
judío polaco, o ruso, que llega por primera vez a "tierra santa",
adueñarse de tierras, propiedades y fortunas que antes de
Es evidente que no estamos en presencia de un
simple colonialismo, en especial porque el Antiguo Testamento, ese registro de
propiedad exclusivo de los judíos es al mismo tiempo una "licencia para
matar". Se podría aceptar incluso que el Estado de Israel tenga derechos
sagrados sobre el territorio que hoy ocupa. Pero sólo en la medida exacta en
que ese Estado sobreviva como Estado confesional fuera y alejado de la llamada
"comunidad internacional" de nacionales normales, es decir, no
excepcionales, y basado exclusivamente en un Derecho Teológico. Si, en cambio,
dentro de la población de ese Estado pretende sobrevivir, como es el caso
actual, una importante población laica, los "derechos" de ese Estado
sobre una tierra "sagrada" caducarían automáticamente. En buena
lógica, sólo los creyentes (los hassedin)
podrían disfrutar de un derecho de propiedad otorgado por Dios. ¿Cómo un no
creyente podría disfrutar de ese derecho?
Por lo tanto la laicización del Estado de Israel
obligaría a todos los habitantes de ese Estado a retornar a la historia real
concreta y a sujetarse a leyes positivas y no divinas, incluidas las leyes de
la guerra. Lo primero, entonces, sería abandonar las tierras cananeas
palestinas y propiciar el retorno a ellas de los expulsados, a sangre y fuego,
entre 1947 y 1949.
Si Yahvé es el vórtice de la historia, se podría
entender que sus seguidores gozaran de "derechos especiales", en la
medida que aceptemos la excepcionalidad judía: es decir la superioridad judía
basada en una excepcionalidad ontológica. Pero un judío laico no puede
pretender derechos especiales, no es superior a un gentil cualquiera. ¿Cuál es
el papel de los judíos laicos en la "tierra prometida", o
"santa"? ¿Con qué justificación reemplazó a los primitivos habitantes
árabes de esa tierra?
Estamos así en origen de una guerra civil judía. Y
no sólo de una guerra judía-árabe. Exceptuando el caso de Israel, tanto el
concepto de "historia" como el de "historiografía" se han
edificado bajo el signo de lo profano; no podría ser de otra manera desde el
momento en que es preciso excluir causas divinas o sobrenaturales en el devenir
humano, porque tales causas podrían introducir un elevado nivel de
arbitrariedad en los análisis. Especialmente cuando la historia de las
religiones nos señala la existencia de dioses nacionales, o nacionalistas, como
es el caso de Yahvé.
Es sabido que en Occidente la disociación entre los
dos niveles de la existencia (el sagrado, o eclesial; y el profano, o político)
fue el producto del lento proceso de penetración del cristianismo sobre las
estructuras geopolíticas y administrativas del Imperio Romano. En el mundo
antiguo-pagano no había ni podía haber división entre Estado e Iglesia o
Iglesias. El mundo antiguo pre-cristiano era una comunidad total de vida, que
abarcaba la religión como parte de la política. La unidad interna entre lo
profano y lo divino de ese mundo antiguo, desde sus orígenes hasta hoy
conocidos, se desarrolló y se mantuvo por lo menos durante unos 16 milenios, o
sea 160 siglos, hasta casi el siglo III dC. El mundo disociado, esquizofrénico,
de Occidente es, por lo tanto, un producto novísimo.
La penetración del cristianismo en Roma es el
origen de la dualidad que invade la vida occidental, y la causa final de que la
conducta internacional de ciertos Estados sólo pueda ser explicada a nivel
"sagrado", es decir, mítico. Con la lenta cristianización del
Imperio, el nivel divino adquiere una representación institucional que antes no
tenía. La vida espiritual de los hombres queda bajo la autoridad de una Iglesia
que se desprende de la autoridad temporal, y las más de las veces, a partir de
allí, la enfrenta y la combate. Por oposición al "monismo" del mundo
antiguo, nace el mundo moderno.
Cristianismo e Imperio son dos historias paralelas
durante unos tres siglos, aproximadamente (es bien sabido que la conversión de
los paganos no es ni simultánea ni automática y que además es muy tardía no
sólo en los vastos espacios germánicos, incluidos los ya romanizados). San
Pablo escribe su Epístola a los Romanos en tiempos de Nerón, al que se supone
un tiempo de persecución de los cristianos, según la historia legendaria que es
en esencia una historia cristianizante (o judeo-cristiana).
Los cristianos quieren apoderarse de un Imperio
intacto: habían constatado la inutilidad del revolucionarismo y del secesionismo
judío (Flavio Josefo, La guerra de los judíos). El monoteísmo abrahámico, judío
o yahvesiano en su origen, había tropezado con la política, en este caso, con
la realidad militar del Imperio. El ex judío Pablo, en cambio, es el príncipe
de la estrategia. Sabe que no puede ni debe competir con el Imperio: sabe que
en principio debe darse al César lo que es del César; pero sólo en principio.
Si el cristianismo no se hubiese apoderado del
Imperio, su hermano mayor, el judaísmo, tampoco hubiese sobrevivido. Es
esencialmente falsa la idea de un cristianismo tradicional
"antisemita". Sin un cristianismo convertido en "religión
oficial" primero, y en oposición sistemática (al poder temporal) después,
no existiría ni el recuerdo del monoteísmo en el mundo occidental.
JUDAÍSMO Y
SIONISMO
El sionismo no es más que la ideologización tardía
(siglo XIX dC) del judaísmo primitivo (siglos III, II, AC). La ideología
sionista descansa en un postulado muy sencillo: está escrito en el Génesis (XV,
18): En aquel día hizo Yahvé un pacto con
Abraham diciendo: a tu descendencia daré esta tierra desde el río de Egipto
hasta el río grande, el río Éufrates. A partir de all., los dirigentes
sionistas, incluso los que son agnósticos o ateos, proclaman: Palestina nos ha sido dada por Dios.
"Este
país existe como realización de una promesa hecha por el propio Dios. Sería
ridículo pedirle cuentas sobre su legitimidad". Tal es el axioma de
base formulado por
Ben Gurión dice muy claramente: "No se trata de mantener el status quo.
Tenemos que crear un Estado dinámico, orientado hacia la expansión".
La práctica política responde a esta singular teoría: apoderarse de la tierra y
expulsar a los habitantes, como lo hizo Josué, el sucesor de Moisés. Menahem
Beghin proclamaba: "Eretz Israel
será devuelta al pueblo de Israelí Toda entera y para siempre". As.,
de entrada, el Estado de Israel se coloca por encima de cualquier Derecho
Internacional. Aplica la excepcionalidad judía. Que luego será reforzada por
otra excepcionalidad: la del "Holocausto".
Impuesto a
1- No tocar el Estatuto de Jerusalem.
2- Permitir a los árabes palestinos regresar a sus
hogares originales.
3- Respetar las fronteras fijadas por la resolución
de la partición.
Recordemos que no sólo se reúnen Versalles (en
1919) los llamados "cuatro grandes", sino que también participa de
ese "Convento Masónico" una importante delegación sionista encabezada
por el rabino norteamericano Stephen Wise. Naturalmente, la delegación del
Vaticano fue excluida del evento (Ver: Jean Lombard Coeurderoy, La cara oculta
de la historia moderna, vol. 3, cap. XXX).
La delegación sionista en Versalles era muy
importante y por lo tanto reclama un status de supra-nacionalidad para los
judíos europeos. Esas comunidades judías debían culminar en un Hogar Nacional
Judío instalado en Palestina. Pero los judíos que entonces residían en
Palestina eran muy pocos. Sólo la caída del Imperio Otomano y la posterior
"modernización" de Turquía (modernización que en los tiempos actuales
convierten a Turquía en el principal aliado regional de Israel) abrirían la
inmigración desde Europa, pero sobre todo desde Rusia. Hacía falta una Segunda
Guerra Mundial para culminar con ese proceso.
Durante todo el siglo XIX y parte del XX se
desarrolló lo que se podría definir como guerra judío-rusa. Todo el terrorismo
ruso anti-zarista del siglo XIX fue implementado por el judaísmo, que veía en
ese régimen a su principal enemigo en el mundo. Cuando estalla la guerra
ruso-japonesa los judíos rusos buscan una alianza con Tokio. Es por ello que
tras el fracaso de la revolución de 1905 se incrementa sustancialmente la
inmigración judía desde Rusia hacia Palestina. En un sentido muy estricto se
podría sostener que el posterior triunfo bolchevique de 1917 es la venganza
judía contra el zarismo.
Durante
El 21 de mayo de 1919 el presidente Wilson, el gran
abanderado del Nuevo Orden Mundial, aprueba la atribución de mandatos
temporales por parte de
El Mandato para Palestina, firmado el 24 de julio
de 1922, no es más que la "universalización" de
DE VERSALLES
A NUREMBERG
La política se corresponde muy rigurosamente a esta
ley de la selva: la partición de Palestina que se deriva de la resolución de
las Naciones Unidas no fue respetada jamás. La resolución de la división de
Palestina, adoptada por
El Presidente Truman, de origen judío, ejerció una
presión sin precedente sobre el Departamento de Estado. El Subsecretario de
Estado Summer Welles escribí:
"Por orden directa de
El Ministro de Defensa de entonces, James
Forrestal, confirma:
Los métodos utilizados para
ejercer presión, y para obligar a las demás naciones en el seno de las Naciones
Unidas, rozaban el escándalo. El poder de los monopolios privados fue
movilizado. Dex Pearson, en el Chicago-Daily del 9 de febrero de 1948, precisa
algunas matizaciones, entre otras que: Harvey Firestone, propietario de las
plantaciones de caucho en Liberia, actuó cerca del Gobierno liberiano, uno de
lo votos positivos a favor de la creación del Estado Judío.
Desde 1948, incluso las decisiones parciales han
sido violadas por lo dirigentes judíos. Los árabes protestan contra tamaña
injusticia y la rechazan, los dirigentes israelíes, con armamento
"socialista" procedente de Checoslovaquia, se aprovechan para
apoderarse de nuevos territorios, en concreto de Jaffa y San Juan de Acre: ya
en 1949 los sionistas controlan el 80 % del país y 770.000 palestinos habían
sido expulsados de sus tierras.
El método empleado para lograr esa expulsión, una
de las más salvajes de la historia de la humanidad, fue el del terror. El
ejemplo más clamoroso fue el de Deir Yassin: el 9 de abril de 1948 los 254
habitantes de este pueblo (hombres, mujeres, niños, ancianos) fueron masacrados
por las tropas del Irgún, cuyo jefe era Menahem Beghin. Beghin escribe que no
hubiera sido posible el Estado de Israel sin la "victoria" de Deir Yassin.
Se consideró como "ausente" a todo
palestino que había abandonado su domicilio con anterioridad al 1 de agosto de
1948. Fue así como los 2/3 de las tierras propiedad de los árabes (
Las Naciones Unidas habían designado a un mediador
sueco, el conde Folke Bernadotte. En su primer informe el conde Bernadotte
escribe: "Sería ofender a los
principios elementales impedir a estas víctimas inocentes del conflicto volver
a sus hogares, mientras que los inmigrantes judíos afluyen a Palestina y,
además, amenazan, de forma constante, reemplazar a los refugiados árabes
enraizados en esta tierra desde hace siglos".
Describe el pillaje sionista a gran escala y la
destrucción de aldeas sin provocación militar aparente. Este informe fue
entregado el 16 de septiembre de 1948. El 17 de septiembre de 1948 el conde
Bernardotte y su asistente francés, el coronel Serot, eran asesinados por el
Irgún en la parte de Jerusalén ocupada por los sionistas.
Este no era el primer crimen sionista contra
cualquiera que denunciara su impostura. Lord Moyne, Secretario de Estado
británico en el Cairo, declara, el 9 de junio de 1942, en
El 6 de noviembre de 1944, Lord Moyne caía abatido
en El Cairo por dos miembros del grupo Stern (de Isaac Shamir). Algunos años
más tarde se revelaba que los cuerpos de los dos asesinos ejecutados habían
sido canjeados por 20 prisioneros árabes, para enterrarles en el Monumento de
los Héroes en Jerusalén. Curiosamente el Gobierno británico deploró que Israel
honrase a los asesinos y les considerase como héroes.
El 22 de julio de 1946, el ala del hotel Rey David,
de Jerusalén, donde se hallaba instalado el Estado Mayor militar del Gobierno
británico, explotaba, causando la muerte de alrededor de 100 personas:
ingleses, árabes y judíos. Fue obra del Irgún, de Menahem Beghin, quien
reivindicó el atentado.
El Estado de Israel vino a sustituir a los antiguos
colonialistas y con sus mismos métodos: por ejemplo, la ayuda agrícola que
permitía el riego fue distribuida de una forma discriminatoria, de tal suerte
que los ocupantes judíos fueron sistemáticamente favorecidos: entre 1948 y
1969, la superficie de tierras de regadío pasó, para el sector judío, de
Esta cultura del odio racial ha dado sus frutos:
Después de Qana (Sobre la matanza judía de Qana, en el Líbano ver: Norberto
Ceresole, El nacional judaísmo, un mesianismo pos-sionista, Capítulo primero),
algunos soldados judíos, cada vez más numerosos, imbuidos de la historia del
"Holocausto", imaginaron toda clase de escenarios para exterminar a
los árabes, recuerda el oficial Ehud Praver, responsable del cuerpo de
profesores del ejército. El mito del "Holocausto" fue creado para
legitimar el racismo judío. Según Praver demasiados soldados creen que el
"Holocausto" puede justificar cualquier acción criminal contra los
árabes.
El problema fue expuesto muy claramente con
anterioridad incluso a la existencia del Estado de Israelí El Director del
Fondo Nacional Judío, Yossef Weitz, escribe ya en 1940:
Debe quedar claro para nosotros
que no hay lugar para dos pueblos en este país. Si los árabes lo abandonan, nos
bastará (É) No existe otro medio que el de desplazarles a todos; es necesario
no dejar una sola aldea, una sola tribu. Es preciso explicar a Roosevelt, y a
todos los Jefes de Estado amigos, que la tierra de Israel no es demasiado
pequeña si todos los árabes se marchan, y si las fronteras se ensanchan un poco
hacia el norte, a lo largo del Litani, y hacia el este sobre los altos del
Golán.
En el rotativo israelí "Yediot Aronoth"
del 14 de julio de 1972, Yoram Ben Porath recordaba con fuerza el objetivo a
alcanzar: Es el deber de los dirigentes israelíes explicar clara y
valientemente a la opinión un cierto número de hechos, que el tiempo hace
olvidar. El primero de ellos es el hecho de que no hay sionismo, colonización,
Estado Judío, sin la expulsión de los árabes y la expropiación de sus tierras.
Nos encontramos, aquí y ahora, en la lógica más rigurosa del sistema sionista:
¿cómo crear una mayoría judía en un país poblado por una comunidad árabe
palestina autóctona? El sionismo político ha aportado la única solución que
deriva de su programa colonialista: crear una colonia de población expulsando a
los palestinos y sustituyéndolos por la inmigración judía.
Arrojar a los palestinos y apropiarse de sus
tierras ha sido una empresa deliberada y sistemática. En la época de
La primera etapa tuvo los caracteres de un
colonialismo clásico: se trataba de explotar la mano de obra local. Era el
método del barón Eduardo de Rothschild. Igual que en Argelia, aquel explotaba,
en sus viñedos, la mano de obra barata de los fellahs, éste había extendido simplemente su campo de actuación a
Palestina, explotando en sus viñedos a otros árabes igual que a los argelinos.
Un cambio se produjo, alrededor de 1905, cuando
llegó, procedente de Rusia, una nueva ola de inmigrantes tras la derrota de
Se trataba de reemplazar al pueblo palestino por
otro pueblo y, naturalmente, apoderarse de su tierra. El punto de partida de la
gran operación fue la creación, en 1901, del Fondo Nacional Judío que
presentaba este original carácter con relación a los otros colonialismos: la
tierra adquirida no puede ser revendida, ni tampoco arrendada, a los no judíos.
Otras dos leyes conciernen al Káren Kaymet y al Káren Hayesod. Estas dos leyes,
escribe el profesor Klein, han posibilitado la transformación de estas
sociedades, a quienes se querían atribuir un cierto número de privilegios. Sin
enumerar estos privilegios, introduce, como una simple observación el hecho de
que las tierras propiedad del Fondo Nacional Judío son declaradas "Tierras
de Israel", y una ley fundamental ha venido a proclamar la inalienabilidad
de estas tierras. Es una de las cuatro leyes fundamentales (elementos de una
futura Constitución que no existe todavía, 53 años después de la creación de
Israel) adoptadas en 1960. Es molesto que el sabio jurista, con su habitual
cuidado de la precisión, no realice ningún comentario sobre la inalienabilidad.
No da ni siquiera la definición: una tierra salvada (redención de la tierra)
por el Fondo Nacional Judío, es una tierra que se convierte en judía: y no
podrá jamás ser vendida a un no-judío, ni arrendada a un no-judío, ni siquiera
trabajada por un no-judío.
¿Se puede negar el carácter de discriminación
racista de esta Ley fundamental? La política agraria de los dirigentes
israelíes es la de un expolio metódico a los campesinos árabes.
El orden establecido por esta legislación no tiene
precedentes en el mundo civilizado. Para justificar el mantenimiento de estas
Leyes de terror, el estado de urgencia jamás ha sido derogado, desde 1948, en
el Estado de Israelí Simón Peres escribía, en el periódico Davar el 25 de enero
de 1972: La utilización de la ley 125, sobre la que se basa el gobierno
militar, es la continuación directa de la lucha por la implantación judía y de
la inmigración judía.
El mecanismo para la desposesión de los fellahs se completa por
de tierras (de 13 de marzo de 1953) y toda una
batería de medidas que tienden a legalizar el robo que obligaba a los árabes a
abandonar sus tierras para instalar en ellas colonias judías, como lo demuestra
Nathan Weinstock en su libro "Le Sionisme contre Israel". Para borrar
hasta el recuerdo de la existencia de una población agrícola palestina, y
acreditar el mito del país desierto, las aldeas árabes fueron destruidas, con
sus casas, sus cercados e incluso sus cementerios y sus tumbas. El profesor
Israel Shahak facilitó, en 1975, distrito por distrito, la lista de 385 aldeas
árabes destruidas, por las que pasaron los buldózer, de las 475 existentes en
1948. Para convencer de que antes de Israel, Palestina era un desierto, cientos
de aldeas han sido arrasadas por los buldózer con sus casas, sus cercados, sus
cementerios y sus tumbas.
Las colonias israelíes continúan implantándose, con
un mayor impulso desde 1979 en Cisjordania, siguiendo siempre la más clásica
tradición colonialista, es decir, con los colonos armados. El resultado global es
el siguiente: después de haber expulsado a un millón y medio de palestinos, la
tierra judía como la llaman los del Fondo Nacional Judío, se expandió del 6,5 %
en 1947, hasta el 93% en 1980 (de la que el 75 % es del Estado y el 14 % del
Fondo Nacional).
Analizando las consecuencias de
El autor se pregunta en concreto si
Al lector que pudiera quedar desconcertado por este
razonamiento audaz, que equivale a decir, según aquella célebre ocurrencia de
que todos los ciudadanos son iguales pero unos son más iguales que otros, le
ilustra perfectamente la situación creada por esta Ley del Retorno. Para los
que de ella no se benefician se previó una Ley de Nacionalidad; que concierne
(artículo 3) a toda persona que, inmediatamente antes de la fundación del
Estado, era un sujeto palestino, y que no puede llegar a ser considerado
israelí en virtud del artículo 2¼ (el que se refiere a los judíos).
Parece difícil rebatir
En 1947, en la víspera de la creación del Estado de
Israel, había 600.000 judíos en Palestina sobre una población total de
1.250.000 habitantes. Fue entonces cuando se inició la expulsión violenta de
los palestinos. Antes de
En 1949 sólo quedaban de aquellos 160.000. Por
causa de una alta tasa de natalidad sus descendientes eran
Existían, en el censo británico del 31 de diciembre
de 1922, 757.000 habitantes en Palestina, de los que 663.000 eran árabes
(590.000 árabes musulmanes y 73.000 árabes cristianos) y 83.000 judíos (es
decir: el 88 % de árabes y el 11 % de judíos). Es necesario recordar que este
pretendido desierto era una zona exportadora de cereales y legumbres.
Ya en 1891, un sionista de primera hora, Asher
Guinsberg, al visitar Palestina aportó el siguiente testimonio: En el
extranjero, estamos acostumbrados a pensar que Eretz-lsrael es hoy casi un
desierto, un desierto sin cultivos, y que cualquiera que desee comprar tierras
puede venir aquí y hacerse con las que le venga en gana. Pero en verdad no hay
nada de eso.
Es difícil encontrar campos no cultivados en toda
la extensión del territorio. Los únicos campos no cultivados son los terrenos
arenosos o de montañas pedregosas donde no crecen más que los árboles frutales,
y esto, tras una dura labor y un gran trabajo de limpieza y recuperación.
En realidad, antes que los sionistas, los beduinos
(de hecho los cerealistas) exportaban 30.000 toneladas de trigo al año; la
superficie de huertos árabes se triplicó de
En Jerusalem-Este y en los arrabales árabes que
dependen del municipio, prosigue el Departamento de Estado, casi 120.000
israelíes se han instalado en unos doce barrios. En la franja de Gaza, donde el
Estado hebreo ha confiscado el 30 % de un territorio ya de por sí superpoblado,
3.000 israelíes residen en una quincena de asentamientos. Sobre los Altos del
Golán, hay 12.000 distribuidos en una treintena de localidades. Desde los años
setenta, no ha existido nunca una aceleración semejante de la edificación en
los territorios. Ariel Sharon (el Ministro de
Recordemos que Ariel Sharon fue el General
Comandante de la invasión del Líbano, el que armó a las milicias falangistas
que ejecutaron pogroms en los campos de refugiados palestinos de Sabra y
Chatila. Sharon cerró los ojos ante estas degollinas y fue cómplice, como lo
reveló la propia comisión israelí encargada de investigar sobre las matanzas.
El mantenimiento de estas colonias judías en los territorios ocupados, su protección
por el ejército israelí, y el armamento a los colonos, hace ilusoria cualquier
autonomía verdadera de los palestinos y hace imposible la paz mientras subsista
la ocupación de hecho.
El esfuerzo principal de la implantación colonial se
lleva a cabo en Jerusalem con el fin premeditado de hacer irreversible la
decisión de anexión de la totalidad de Jerusalem, hecho que ha sido
unánimemente condenado por las Naciones Unidas. Las implantaciones coloniales
en los territorios ocupados son una flagrante violación de las Leyes
Internacionales y en concreto de
PRIMERA
INTIFADA
El pretexto de la seguridad, como el del supuesto
terrorismo de
Entre las víctimas figuran 233 niños menores de 17
años según un estudio realizado por Betselem,
Además de las violaciones del Derecho Internacional
considerado como papel mojado; más aún, como escribe el profesor Israel Shahak:
porque estas colonias, por su propia naturaleza, se inscriben en el sistema de
expoliación, de discriminación y de apartheid.
He aquí el testimonio del profesor Shahak sobre la
idolatría que representa reemplazar al Dios de Israel por el Estado de Israel:
"Soy un judío que vivo en
Israelí Me considero un ciudadano respetuoso con las leyes. He cumplido mi
servicio militar cada año, aunque ya tenga más de cuarenta. ¡Pero no estoy
consagrado al Estado de Israel o a ningún otro Estado u organización! Estoy
apegado a mis ideales. Creo que es necesario decir la verdad, y hacer lo que
sea preciso para salvaguardar
EL GRAN
NEGOCIO DEL HOLOCAUSTO
En el libro The Holocaust Industry su autor (Norman
G. Finkelstein [joven profesor judío de
Sin embargo, todo experimentó un cambio radical
tras la guerra árabe israelí de 1967. Aunque Israel se alineó con Occidente
poco después de que se formase el Estado, en 1948, muchos israelitas de dentro
y fuera del gobierno mantenían una gran simpatía hacia
Las cosas cambiaron tras la guerra de junio de
1967. Los EUA pasaron a considerar a Israel como un importante aliado para
mantener a raya a los enemigos árabes: a partir de allí se formaliza el
concepto de la "Civilización Occidental frente a las hordas retrógradas
árabes".
The New York Times pasó de dedicar a Israel 60
columnas entre 1955 y
Excepto por el apoyo de los EUA, Israel no contaba
con apoyo internacional después de la guerra de octubre de 1973. No obstante,
inmediatamente después de la guerra de 1973 los USA dotaron a Israel de ayuda
militar masiva mucho mayor que la precedente. Este fue el momento en que las el
culto del Holocausto se afianzó, en un momento en el que Israel estaba menos
aislada que en 1956. ¿Por qué no se apoyó el consenso internacional que pedía
la retirada de Israel de las tierras ocupadas durante la guerra de junio así
como una "paz justa y duradera" entre Israel y sus vecinos judíos?
(UN Resolution 242) - se pregunta el autor. Las élites judías americanas
recordaron el Holocausto Nazi antes de junio de 1967 sólo cuando vieron que
resultaba políticamente eficaz. Dada su demostrada utilidad, el Judaísmo
Americano explotó el Holocausto Nazi después de la guerra de junio. El
Holocausto demostró ser el arma perfecta para descalificar y evitar cualquier
clase de crítica a Israel.
No fue la alegada debilidad ni el aislamiento de
Israel, ni tampoco el miedo a un segundo Holocausto, sino más bien su demostrada
fuerza y alianza estratégica con los USA lo que llevó a las élites judías a
montar por todo lo alto la industria del Holocausto después de junio 1967.
Las interpretaciones más consistentes señalan
también a la emergencia de una "política
de identidad" por un lado, y a la "cultura del victimismo", por otro, como fines adicionales de
la explotación del Holocausto. Alrededor de la mitad del dinero que se recauda
del bolsillo de los contribuyentes norteamericanos en los EUA no va a Israel
sino a las instituciones judías de América. La explotación de la industria del
Holocausto, de "las necesitadas
víctimas del Holocausto", es la última y la más repugnante expresión
de cinismo político, dice el propio autor.
El enriquecimiento de los dirigentes de estas asociaciones
hace que por, ejemplo, éstos ganen
más de 100.000 dólares al año (105.000 Saul Kagan,
Alfonse D’Amato 103.000 $ -por seis meses de trabajo contra los bancos alemanes
y austriacos, o Lawrence Eagleburger que gana al año 300.000$ como presidente de
Aliados al comienzo con las organizaciones de
negros, los judíos norteamericanos, cada vez más situados en una política de
derechas, rompieron con
"La conciencia del Holocausto" - señala el escritor judío Boas
Evron - es en realidad "un
adoctrinamiento propagandístico, oficial, un conjunto de eslóganes y una falsa
visión del mundo cuyo verdadero objetivo no es en absoluto la comprensión del
pasado sino la manipulación del presente" (Boas Evron,
"Holocaust: The Uses of Disaster" in Radical America (July-August
1983), 15).
La estructura del Holocausto se articula sobre
diversos dogmas: 1) El Holocausto marca un acontecimiento histórico
categóricamente único. 2) El Holocausto marca el clímax del odio eterno e
irracional de los gentiles hacia los judíos. En su nivel más básico cualquier
acontecimiento histórico es único en virtud del tiempo y del lugar, y todos los
acontecimientos históricos comportan rasgos distintivos así como rasgos en
común con otros acontecimientos históricos. No pocos judíos han denunciado
también el afán interesado de pretender convertir el Holocausto en un asunto
"sagrado", y el propio Norman Finkelstein considera que el debate sobre
la "unicidad del Holocausto" es estéril y moralmente desacreditado, y
sin embargo los sionistas persisten en ello. ¿Por qué? Según Jacob Neusner
("A Holocaust Primer", 178; Edward Alexander, "Stealing the
Holocaust", 15-
Que el Holocausto es algo único encubre la
pretensión de que los judíos son únicos, superiores, excepcionales. El
Holocausto es especial porque los judíos son especiales. Elie Wiesel es
vehemente al afirmar que los judíos son únicos "Todo lo que nos atañe es diferente, los judíos somos ontológicamente
excepcionales".
La industria del Holocausto ratifica una "política de identidad" y una "cultura del victimismo", ambas
siempre rentables para sus bolsillos. Pero algo aún más importante: invocar el
Holocausto es una forma de deslegitimizar cualquier crítica que se pretenda
formular al Estado Judío y a los judíos en general.
Otro de los capítulos del libro de Finkelstein
habla de los estafadores y charlatanes que se han enriquecido a costa del
Holocausto, entre los cuales cita al polaco Jerzy Kosinski, autor de "The
Painted Bird". Este libro se convirtió en un best-seller, traducido a
muchísimas lenguas y de lectura obligatoria en numerosos institutos y
facultades. La falsedad de un libro que se presentaba como la autobiografía del
autor, como un niño que vivió solo en medio de
Apabullante verdad.
Otro de los capítulos de "The Holocaust Industry"
explica con precisión los procedimientos de chantaje que las poderosas
organizaciones judías norteamericanas siguieron para continuar con su saqueo de
Europa y con especial detenimiento, el último caso más escandaloso, Suiza.
El negocio del Holocausto se ha convertido en una
pura arma de extorsión. De los 32 millones de dólares correspondientes a las
775 cuentas en Suiza no reclamadas y presumiblemente correspondientes a judíos,
éstos consiguieron - recurriendo a todo tipo de chantajes, boicots, amenazas y
una estrategia de terrorismo ideadas en buena parte por Elan Steinberg, Rabí
Singer, Rabí Marvin Hier -Decano del Simon Wiesenthal Center (un sueldo en 1995
de 525000 dólares) y D’Amato- que la banca suiza les pagase 1,25 billones de
dólares.
Edgar Bronfman ha reconocido recientemente que la
tesorería de
En el último capítulo del libro de Finkelstein, y a
la luz de datos y números contrastados, se evidencia, como ya sabíamos muchos,
que la cantidad de judíos que perecieron en los campos fue infinitamente
inferior, y que a la vista de la cantidad de supervivientes las condiciones de
vida no fueron en modo alguno tan duras como se ha dicho; en definitiva, que
"la fertilidad fue bastante alta y
las cifras de mortalidad remarcablemente inferiores". (Eva Schweiter
"Entschaedigung für Zwangsarbeiter", en Tagesspiegel, 6 Marzo 2000).
EL
REVISIONISMO Histórico
El revisionismo histórico ha demostrado:
1. que una parte importante del relato canónico de la
deportación y de la muerte de los judíos bajo el sistema nazi ha sido arreglada
en forma de mito.
2. que dicho mito es utilizado hoy en día para
preservar la existencia de una empresa colonial dotada de una ideología
religiosa (monoteísta y místico-mesiánica): la desposesión por Israel de
3. que ese mito es asimismo utilizado para
chantajear financieramente al Estado alemán, a otros Estados europeos y a la
propia comunidad judía en los Estados Unidos de América y de otros países con
diásporas significativas.
4. que la existencia de tal empresa política
(Israel: un poder concretado en el monopolio del monoteísmo, e implementado por
un ejército, varias policías, cárceles, torturas, asesinatos, etc.) busca
consolidarse por una serie de manipulaciones ideológicas en el seno del poder
hegemónico de los Estados Unidos, que procura por cualquier medio hacerse
aceptar como amo del mundo, mediante el terror generalizado y además mediante
prácticas disuasivas y persuasivas.
Entre todos los sentidos que se le ha dado a la
palabra "revisionista", se trata de señalar principalmente el que
distingue a los historiadores y científicos sociales que consideran comprobado
el hecho de que no hubo - en ningún caso - (en los campos de concentración alemanes
de la época del Tercer Reich, incluido el territorio no alemán administrado
militarmente por Alemania) uso de gases homicidas que supuestamente se operaban
en recintos llamados "Cámaras". Junto con muchos otros expertos,
químicos, por ejemplo, el revisionista considera, en consecuencia, que no
existe cifra definitivamente establecida para evaluar las pérdidas humanas en
las comunidades judías durante la segunda guerra mundial pero que, en todo
caso, la de seis millones de personas es absolutamente desmesurada y
contrapuesta a la ofrecida por los registros de
El 21 de septiembre de 1989 la ex agencia oficial
soviética Tass hizo públicos los archivos de Auschwitz y de otros campos de
concentración alemanes. Allí constan los registros de los prisioneros y de los
fallecidos, uno a uno. Desde 1939 hasta 1944-45 hubo un total de 300.000
prisioneros en Auschwitz y también un total de 74.000 fallecidos en el mismo
campo. Los soviéticos no especifican cuántos de ellos eran judíos, aunque sí
señalan que más de la mitad de esos fallecimientos se debieron a desnutrición,
tifus y otras enfermedades (que por lo demás eran compartidas con el resto del
pueblo alemán, tanto civil como militar). Por lo tanto durante unos cinco años
habrían sido asesinados en Auschwitz (y no necesariamente por las autoridades
alemanas del campo, sino por las "mafias" del Partido Comunista
Alemán [DKP] que lo gobernaban en el interior), no cuatro millones de personas
(en su mayoría judías, según el mito), sino algo menos de 40.000, entre judíos
y no judíos. Sin duda alguna un horror. Pero recordemos que durante la misma
guerra, y solamente en Hamburgo, en una sola noche de bombardeo aliado,
murieron asesinados 48.000 civiles alemanes, en su mayoría niños, mujeres y
ancianos (para no hablar ni del genocidio de Dresden, ni de los muertos civiles
alemanes de posguerra [de
Desde la óptica "holocáustica" no hay
ninguna posibilidad de hacer ni historia ni arqueología, en su más estricta
definición académica. Pasados 56 años desde el final de la segunda guerra en su
frente occidental, y abiertos los archivos de Moscú hace ya una década, no existe
aún, ni existirá jamás ningún documento ni resto físico o químico que demuestre
la existencia de las "fábricas de la
muerte" tal como se ven en las películas de Hollywood, imaginadas bien
a partir de novelas, o bien a partir de "memorias" de testigos indirectos.
El análisis revisionista ha demostrado hasta la saciedad que esas
"memorias", que pretenden reemplazar a documentos inexistentes (como
por ejemplo órdenes de exterminio [oficiales o extraoficiales], presupuestos
económicos para construir "fábricas de muerte", diseños, planos o
representaciones creíbles del "arma
del crimen", procedimientos administrativos para ejecutar tan vasto y
único crimen, etc. etc.), o bien están basadas en hechos falsos, o bien en
testigos directos de dudosa credibilidad (muchos de ellos, como ya hemos visto,
comprobadamente estafadores). Es imposible, además, reconstruir los hechos
históricos a partir de la pura "memoria". No hay historiografía, es
decir, comprensión histórica, sin documentación fiable. Por otra parte sabemos
con absoluta precisión de dónde (de qué "campos", exactamente), y qué
factores provocaron la muerte de personas que muestran ciertas fotografías que
se exponen como "pruebas" en el mundo entero desde finales de la
segunda guerra.
Es por eso que los revisionistas tienen una buena
noticia que darle al mundo: la maldad humana absoluta (como p.e. el "jabón judío" presentado como "prueba" por los soviéticos en esa
aberración jurídica que fue el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg),
inventada para definir una etapa de la historia de Europa, y en especial de
Alemania, definitivamente no existe; la historia real humana no es un duelo
entre ángeles y demonios.
Los revisionistas reclaman la aplicación de los
métodos de rutina en historia para estudiar los acontecimientos que condujeron
al origen y al fin de la segunda guerra mundial, porque constituyen el
fundamento común de la historia de nuestro tiempo. El revisionismo no es
político y no tiene línea política. El revisionismo es lo común y corriente para
cualquier historiador serio.
Es lo que distingue la historia del dogma
religioso. En un dogma, la verdad ha sido establecida y autentificada de una
vez por todas. No hay lugar para la duda. La mente humana anhela las
certidumbres y puede encontrar consuelo y amparo en unos dogmas establecidos -
en el "mundo antiguo" - desde mucho antes de la aparición de los
primeros síntomas del llamado "monoteísmo".
El núcleo de mi concepción de la historia, en
especial de la historia de
En la sección en idioma español puede leerse el
famoso libro de quien fuera durante 34 años, nada menos secretario general
adjunto y filósofo oficial del Partido Comunista Francés, mi amigo y
prologuista Roger Garaudy: Los mitos
fundacionales de la política israelí (este libro ha sido traducido del
francés a casi todos los idiomas vivos hoy en uso en el planeta Tierra). Y las
excelentes investigaciones del español Enrique Aynat: Consideraciones sobre la
deportación de judíos de Francia y Bélgica al este de Europa en 1942, y Los
informes de la resistencia polaca sobre las cámaras de gas de Auschwitz
(1941-1944).
Allí puede consultarse el Archivo Norberto Ceresole
(www.abbc.com/aaargh/espa/ceres)] ().
SINTESIS Y
CONCLUSIONES
Retomemos la situación en 1917, en vísperas de
Todo cambia cuando llegan los ingleses, al concluir
Si los franceses quisiesen hacer una comparación
que les aclare el panorama, basta con que imaginen una situación en la que
Alemania, después de imponerse militarmente en 1940, hubiese llevado a varios
millones de alemanes, polacos, rusos y bálticos a instalarse en Francia, para
ir comprando todas las tierras, colonizando las ciudades, abriendo escuelas,
bancos, formando sindicatos enteramente reservados a los ciudadanos del Tercer
Reich, mientras creaban milicias étnicas.
En 1948, una asamblea llamada "Naciones
Unidas", se atribuyó un derecho que por supuesto no le pertenecía: el de
proclamar un Estado judío en Palestina. Está claro que en el estado actual y
presente del derecho, los judíos no tenían ni tienen todavía el menor derecho a
apropiarse la menor parcela de la tierra palestina, como tampoco lo hubieran
tenido en Madagascar, Argentina, Uganda o Birobidjan (donde se contemplaron
proyectos semejantes).
Todo cuanto han hecho los judíos en Palestina desde
1948 es nulo desde el punto de vista del derecho, aunque Israel nos ha enseñado
que se pueden proclamar decenas de resoluciones de las Naciones Unidas, sin que
pase gran cosa. Israel es un Estado de hecho, impuesto por la fuerza. Todo el
territorio israelí es territorio ocupado, y no sólo Cisjordania y Gaza.
Aún las resoluciones inicuas de las Naciones Unidas
de 1947 son caducas ya que preveían la creación de dos Estados en Palestina. El
derecho internacional es pues una ficción que se utiliza según las
circunstancias, y esto es conocido. Pero el derecho de hombres y mujeres a
vivir en la dignidad es absolutamente indeformable. No se les puede arrebatar a
las personas, en todo caso, no más que la propia vida. Palestina les pertenece
a los palestinos. No puede pertenecer, bajo ningún artificio, ni a moldavos, ni
a polacos, ni a ucranianos, ni a rusos, ni a marroquíes ni a yemenitas,
emigrados y organizados para robarse la tierra, los árboles, el agua, las
carreteras, las viviendas de las personas que durante milenios habían habitado
all.
Hubieran tenido que matarlos a todos, sueño que
siempre quisieron realizar gente como Jabotinski, Beghin, Shamir o Ariel
Sharon. Esa gente que alimentan el fantasma de la exterminación de los judíos
por los alemanes ("Holocausto") no tienen más que un objetivo:
exterminar a los árabes. Véase lo sucedido en Sabra y Chatila. Son las
circunstancias las que permiten a veces, y a veces no, ponerlas en práctica. Y
esta certeza es lo que asusta a algunos israelíes, cuando Ariel Sharon se
acerca al mando: ellos saben que él es el hombre más capaz de realizar el viejo
sueño judío, amparado en el Mito del "Holocausto", de exterminar y
expulsar a todos los árabes de Palestina.
De modo que, desde 1917, y más aún desde 1948, la
dominación de los judíos sobre los palestinos y otros pueblos árabes se hace
por la fuerza. Seamos exactos, no por la amenaza sino por el uso de la fuerza:
arrestos masivos, golpes y torturas en las comisarías, encarcelamientos por motivos
ligeros, asesinatos, tienen lugar por miles, y millones, desde 1948. Todas las
organizaciones humanitarias tienen expedientes cargados sobre estos horrores
cotidianos. A los policías y soldados judíos les inculcan un racismo poderoso
que les lleva a un sadismo especialmente vicioso, admitido y celebrado por los
oficiales. Racismo y tortura son institucionales en ese país tan amado por la
mayoría de los progresistas del mundo entero.
La prensa occidental se conmueve al ver que la
actual guerra israelí desemboca en la muerte de un niño, en directo, por
televisión. Pero el asesinato de mujeres y niños es una vieja especialidad de
los "combatientes judíos" que se han ilustrado en ese terreno desde
Deir Yasin en 1948. Sin duda merecen el primer lugar en el Guinness Book of
Records en ese rubro.
Los viejos métodos del NKVD se han perfeccionado
bastante. En Palestina, la guerra de 1948 no trajo el orden, sino que expulsó a
más de la mitad de la población. El resto vivió como perros sometidos al
capricho de los militares judíos, a los cuales les importaba mucho demostrar
que los judíos de los ghettos habían sido unos cobardes, mientras ellos sí son
los machos de verdad.
La guerra, con sus altibajos, dura desde 1948.
Israel creyó que podía hacer diversión en varias oportunidades atacando a los
países árabes aledaños, que se encontraban abocados a la misma. Para edificar
un ejército poderoso, Israel tuvo que desarrollar una red de aspiración de
recursos a escala internacional. Es la llamada "Industria del Holocausto"
(Ver Norman Finkelstein,
Todas esas guerras las ganó Israel: 1948, 1956,
1967, 1973 e incluso 1982. Pero cada victoria demostraba acto seguido su
vacuidad; ¿Construir un enorme dispositivo termonuclear? Bueno, ¿después qué?
El único objetivo militar que pueden perseguir los Israelíes es lo que llaman
demagógicamente la "paz", shalom, es decir la aceptación de su
presencia por los pueblos árabes de la región, y especialmente por el pueblo
palestino. Ninguna de estas guerras ha permitido a los israelíes acercarse a la
meta. Han conseguido arreglos con los vecinos a los que habían agredido y de
los cuales habían arrebatado territorios. El hecho de devolver los mismos
después de diez, veinte o treinta años de ocupación no hace a Israel más
"aceptable".
Ante la inanidad de las guerras, la inutilidad de
las bombas atómicas, la ineficacia de los cohetes y submarinos, el coste de las
ocupaciones militares de los territorios sustraídos a los vecinos, los
israelíes han encontrado la suprema astucia: convertir a las organizaciones
palestinas en auxiliares de la policía israelí. Esto es el resultado de los
acuerdos de Camp-David, Oslo, Washington etc., por los cuales los judíos
contratan a Yaser Arafat como jefe de la policía auxiliar judía, que tiene a
cargo la protección de los judíos a cambio de concesiones (autonomía,
territorios) que siempre se quedan en la promesa, y la negativa en cuanto a
realizaciones concretas, vueltas a prometer en el próximo "acuerdo de
paz", vueltas a rechazar, a reprometer etc. Los judíos nunca cumplen su
palabra, jamás. ¿Por qué? Porque quieren que Arafat siga corriendo tras la
ilusión de que algún día se premiarán sus esfuerzos.
Y como los Estados Unidos nunca le piden a Israel
que cumpla lo que les corresponde de los acuerdos firmados, pues se vuelve a
empezar casi de cero cada vez. ¿Qué piensan los palestinos de esta farsa? En el
terreno ven que no solamente las cosas no mejoran, sino que empeoran
notablemente. El grado de opresión es mucho más elevado ahora de lo que era
hace diez o veinte años. El país está dividido en centenares de micro-unidades
geográficas ("bantustanes", se llamaban en la antigua Sudáfrica)
entre las cuales es sumamente difícil circular; la opresión israelí se ha
reforzado, y se apoya además en el hecho de la neutralización de una parte de
las organizaciones palestinas que se han convertido a los negocios y a la
corrupción que engendra el flujo financiero, procedente de Europa en gran
medida, a modo de "apoyo al proceso
de paz". Cuando tuvo lugar el primer incidente fue lo de Sharon pero
pudo ser cualquier otro - se vio a la masa palestina abalanzarse sobre las
implantaciones judías con el grito de "mueran
los judíos". Lo que es absolutamente lógico y de una tremenda
exactitud histórica ¿Quien es el opresor, el asesino, el ladrón, el que día a
día los despoja, prohíbe, controla, golpea, hambrea, viola y tortura? Es el
judío, en uniforme, o sin él.
¿Qué hacen los israelíes ante esos jóvenes que
acuden con tira-piedras? Podrían dejar sus asuntos pendientes, arremangarse, y
caerles a trompadas, al cuerpo a cuerpo. Pues no, son cobardes, tiene material
sofisticado, fusiles con mirilla para sniper, helicópteros lanza-cohetes: de
modo que disparan, y matan, y tienen puntería, y apuntan para matar, pues no
saben hacer otra cosa.
Todos los dirigentes del estado son matadores
experimentados, antiguos miembros de los servicios de inteligencia y del
ejército. Barak estaba en los comandos: en los años setenta, formaba parte de
los grupos infiltrados en Beirut por mar, para ir a asesinar a los dirigentes
palestinos en la cama. Y lo hizo. Esa es su biografía oficial y le enorgullece.
Israel es el reino de los sanguinarios.
No pueden hacerse aceptar porque su presencia es
inaceptable: ¿Qué guión, en nuestro planeta, se le podría pedir que aceptase
que unos invasores procedentes de países lejanos se apoderen de la tierra que
es de uno, de la casa de uno, destrocen la vida social y cultural de uno,
confisquen el poder político, les saquen impuestos como a culis chinos, les
nieguen la educación? ¿Quién aceptaría esa esclavitud?
Por eso es que los palestinos se entienden en torno
a un objetivo único, y están dispuestos a anunciarlo ante las cámaras que han
acudido repentinamente: quieren que los israelíes se vayan. No solamente que se
vayan del rincón donde cada familia tenía su casa; que se vayan los judíos de
su aldea, de su pueblo, de sus ciudades, de cada región, de todo el país. Como
Juana de Arco quería echar a los ingleses de Francia, eso mismo es lo que
desean los palestinos, con fuerza, con religión, con una determinación que bien
puede llegar hasta la muerte.
Hay que reconocer que esta es la única solución. La
enorme suma de transgresiones de los derechos humanos, de crímenes de guerra y
de crímenes contra la humanidad, perpetrados todos los días desde hace más de
cincuenta y tres años por el aparato represivo israelí es tan enorme que no
cabe ya lugar para la discusión. Si el vecino llega a acomodarse en tu casa y
te cae a martillazos para quitarte la comida, ¿qué clase de "paz" vas
a hacer con él, si lo que él quiere es seguir desollándote y romperte la cara a
martillazos?
Si esto te sucediera, desearías que se fuera.
Exactamente lo que desean los palestinos hoy. Y para apoyar la expresión
urgente de este deseo, ponen su vida en la balanza, allí mismo donde apunta la
mirilla del soldado judío que no duda un instante para matarlos a todos,
empezando por niños y mujeres. Las mujeres piden palos, los niños recogen
piedras, los hombres usan las manos para destripar a los ocupantes que vienen a
provocarlos. Hay que comprender estas cosas, comprender que son la expresión de
un derecho legítimo, reconocido por todas las Cartas Magnas de derechos
humanos, el derecho de rebelarse contra la injusticia y la opresión. Y si no
tienen otras armas más que los brazos, pelearán a brazo partido. Ya lo saben
los judíos de Israelí Por ahora, aún les queda la libertad de marcharse.
La solución es pues la siguiente: la salida
ordenada de todos los judíos hacia sus tierras de origen, u otras, si
encuentran tierras acogedoras junto con el desmantelamiento de Israel como
instrumento de expoliación y terror. Que los judíos vivan en el Medio Oriente,
eso nunca había molestado a nadie, hasta 1948. Los derechos que hubieran podido
adquirir procurando que las poblaciones locales les aceptaran no son tales:
siempre han preferido acudir al uso de la fuerza, que no crea derecho. Siempre
habrá más palestinos, más pechos desnudos ante los fusiles, siempre más. En
Israel mismo, se asquean algunos judíos de esas matanzas fáciles. Muchos
jóvenes se van al extranjero para no formar parte de los masacradores. Eso no
quita que las comunidades judías, afuera, consideran altísimo deber asociarse a
los crímenes en masa, a las carnicerías de niños, a la barbarie sistemática de
sus correligionarios. Todos están aterrados pensando en los efectos de bumerang
de la violencia con que tienen aplastados a los árabes, aquí y allá. Todos esos
enkipados son cómplices y deberán un día pasar a ser juzgados ante los futuros
tribunales internacionales. No hay "actos antisemitas": hay actos
contra cómplices de los criminales contra la humanidad. Esta cólera popular es
perfectamente comprensible. Es una guerra lo que está cuajando, y nace de la
incapacidad total de los israelíes para hacer lo que dicen que harán: así la
autonomía de los territorios ocupados ha sido prometida veinte veces desde el
encuentro Begin-Carter-Sadat.
Es el proceso llamado "de paz" lo que
hace la vida aún más insoportable que antes a los palestinos, jóvenes y
mayores. Algunos Estados árabes están completamente domesticados, por lo cual
ya no pueden servir de derivativo a los israelíes, quienes suelen hacer la
guerra para ganar tiempo (una buena guerra les proporciona de cinco a diez años
de respiro).
EPÍLOGO
Entre la complicidad de EEUU y la
"neutralidad" europea
Por SAID ALAMI
De
Los feroces e injustificados ataques que el
Ejército de ocupación israelí lleva a cabo, desde las primeras horas de
Este plan consiste, simplemente, en enterrar para
siempre el proceso de paz palestino-israelí, que en siete años no ha podido
arrancar a Israel el mínimo gesto de buena voluntad hacia los palestinos, que
por otra parte no reclaman nada que no sea suyo y que no está reconocido por el
derecho internacional, las resoluciones de
Los generales que gobiernan Israel hoy, como sus
antecesores que han gobernado desde que este "Estado-cuña" fue
clavado en el corazón del mundo árabe, han demostrado que no abandonan el sueño
sionista del Gran Israel, ni aquello de "la tierra de Israel, desde el Éufrates hasta el Nilo", dos
ríos que miren por donde, están representados por dos franjas azules en la
bandera de Israelí Lo que en realidad busca Israel, lanzando despiadadas
agresiones, es la guerra total, tanto contra los palestinos contra los sirios,
y si hace falta, como en guerras anteriores, contra Egipto y Jordania.
Israel se atreve a instalarse en semejantes locuras
y en otras más graves si fuera posible, sólo gracias al incondicional apoyo que
disfruta de EEUU, la primera y única superpotencia. Este apoyo llega a cegar a
los dirigentes israelíes de tal manera que posiblemente están pensando que la
mejor salida del berenjenal en que se han metido, llamado proceso de paz, y que
nunca han tomado realmente en serio, es una huida hacia adelante, una guerra,
en la que, según el pensamiento expansionista que rige la vida de Israel desde
1948, obtendrán más territorios árabes, y más tiempo -posiblemente otros 20
años- antes de que llegue el próximo proceso de paz, que pueda durar otro siete
años, para volver a obtener nuevos territorios en una nueva guerra.
Este es, simple y llanamente, el elemental
pensamiento criminal de Israel, un Estado nacido para la expansión, la
usurpación, las inacabables matanzas contra los árabes, la expulsión de sus
poblaciones, hasta que algún día llegue el fin de esta nueva Cruzada,
flagrantemente occidental, que esperamos que no dure tanto tiempo como duró la
primera. Los palestinos, árabes y musulmanes, tal como expresan a través de sus
medios de información, creen profundamente en la occidentalidad del
interminable holocausto que les ha tocado vivir a los árabes de Palestina,
Jordania, Líbano, Siria y Egipto, y que de no ser arrancado Israel de la región
alcanzará con sus calamidades, en las próximas décadas, a los pueblo de Irak y
de
Occidente (el Reino Unido) inventó, implantó y
financió a Israel y sus primeras agresiones contra los árabes, en un crimen
organizado en el que participaron otros países europeos. Hoy, Israel está
sostenido minuto a minuto por EEUU, ante una hipocresía europea, llamada
imparcialidad, que roza lo grotesco.
No olvidemos en primer lugar que ese pretendido
foro de paz y cooperación euromediterráneo fue creado en Barcelona, en 1995,
para diluir el carácter de la cooperación euroárabe que afloraba antes de la
señalada fecha, y para evitar que cristalice semejante foro que hubiera sido de
gran utilidad para el acercamiento entre Europa y el Mundo árabe, dos mundos
que carecen actualmente de foro alguno para su entendimiento mutuo, sin la
constante interferencia de Israel, Estado diametralmente opuesto al mundo
árabe, o de otros terceros países ajenos a lo euroárabe.
Con
Por ello, era lógico, a pesar del enfado de las
delegaciones árabes presentes en Marsella, especialmente la palestina,
encabezada por Nabil Shaaz, que las delegaciones europeas se aferraran a
aquello de la imparcialidad, absolutamente cómico cuando se trate de un verdugo
que está degollando a su víctima.
La indignación árabe ante tamaña mezquindad fue
expresada rotundamente al negarse las delegaciones árabes a firmar el documento
final de
Con tanto apoyo y complicidad estadounidense y con
tanta "neutralidad" europea ¿cómo no iba Israel a seguir adelante con
su plan de destrucción de la paz, masacrando a su antojo al pueblo palestino?