Copenhague. Conferencia de Cambio Climático de la ONU

 

Respuesta a Jorge Majfud de Lincoln University

Calentamiento Global / Pandemia Consumista / Tercer Mundo

 

Por Ing. Guillermo Hamlin

 

Sobre el documento “La pandemia del consumismo”

 

Coincido con usted en que “los períodos de calentamiento global no son un invento humano”. También coincido en que “los humanos hemos inventado la forma de convertir un ciclo natural en una anomalía”. Es decir, algunos humanos, entre los que no estamos los pueblos del tercer mundo precisamente, han inventado un gran fraude: que los milenarios ciclos climáticos naturales de enfriamientos y calentamientos no son producidos por causas astronómicas, sino que lo son por la emisión de dióxido de carbono por la industria y por lo tanto hay que limitar su crecimiento. ¿Dónde habría que limitar su crecimiento? Los países imperialistas, ya lo han decidido: en el tercer mundo. Es que ellos ya se han  desarrollado, y coincido con usted en que lo han hecho con despilfarro, con engorde de sus poblaciones, evolucionando hacia el “homo consumeris”.

 

 Por el contrario, nuestras poblaciones, como consecuencia de la explotación capitalista a nivel planetario, que precisamente permite aquel despilfarro y engorde, sobreviven en el subconsumo, el hambre y la enfermedad (salvo por supuesto la pequeña fracción de las clases altas asociadas al festín del saqueo imperialista). Nuestros pueblos necesitan el desarrollo industrial imperiosamente para poder salir del subconsumo.

 

A ésta altura usted comprenderá que no estoy de acuerdo con el concepto que implica el título de su documento. Porque usted al utilizar el término “pandemia” sugiere que todo el mundo está enfermo de “consumismo”, cuando en realidad el mismo es un mal endémico en los países imperialistas, que necesitan para que el sistema siga en marcha, consumir cada vez mayores cantidades de mercancías diversas. Entre ellas las novedosas energías renovables para combatir el “calentamiento global”.

 

 La gran estrategia de los países imperialistas (por si no lo sabe son EEUU, la Unión Europea y Japón) consiste en evitar que los países del tercer mundo se desarrollen para que no se consuman los recursos que consideran les pertenecen. Peor aún, establecen programas de genocidio masivo que harían parecer como moderados a los que llevaron adelante los Nazis. Recuerde usted aquello que recomendó Henry Kissinger a la Casa Blanca en su  NSSM 200: “La despoblación debería ser la más alta prioridad de la política de los EEUU hacia el Tercer Mundo”. Por supuesto que él indicaba que había que hacerlo sin que nos diéramos cuenta. Nada mejor entonces, para esos fines, que estas campañas para combatir “El Calentamiento Global”, que son para “salvar al planeta”.

 

En cuanto a las “nuevas tecnologías”que usted menciona, pienso que se debe referir a los biocombustibles, a la energía eólica y a la energía solar. Es cierto que de ninguna manera van a poder reemplazar a los combustibles fósiles, por una cuestión física. Los biocombustibles, porque se necesitaría dedicar la superficie cultivable de varios planetas como el nuestro para hacerlo, y las energías eólica y solar porque dada su característica de intermitencia y baja densidad de flujo energético no pueden operar como generadores de base, por lo que siempre necesitarán un respaldo de potencia equivalente.

 

La campaña ya lanzada a nivel planetario, de producción en gran escala, de los biocombustibles producidos a partir de soja, maíz y  palma, mostró ya su poder letal sobre el tercer mundo, al integrar el mercado de los alimentos al de los combustibles, disparó sus precios, ocupó tierra cultivable desplazando así la producción de alimentos y en algunos casos desalojó de zonas taladas a poblaciones que quedaron sin sustento ni hábitat.

 

También tendría un poder letal equivalente, la aplicación de planes de utilización masiva de las energías eólica y solar. En efecto, si nuestros países utilizaran en forma prioritaria sus pocos recursos en este tipo de inversiones, ocurrirían cuatro cosas, todas negativas. La primera, que obligaría a los Estados de nuestros países (es decir a todas nuestras poblaciones vía impuestos) a subsidiar la provisión de energía eléctrica por éstas vías, dado que no son costo-efectivas debido a las características detalladas más arriba. La segunda, que el costo promedio de generación eléctrica se verá incrementado, disminuyendo la competitividad de nuestros aparatos productivos. La tercera, que el hecho de utilizar nuestros escasos recursos en éstos inútiles proyectos (dado que no evitarán el cambio climático que es conducido por los ciclos solares y no por el dióxido de carbono) constituyen una trágica y mala asignación de recursos, que podrían ser mejor utilizados en resolver los reales y acuciantes  problemas que nos afectan. La cuarta, se produciría un déficit de energía. ¿Porqué ocurriría esto? Una cosa es instalar este tipo de energías en los países centrales que ya tienen sus sistemas energéticos integrados, y por lo tanto su inclusión se hace en la periferia del mismo, es decir en forma marginal, para complementar y/o aprovechar una zona ventosa o soleada. Mientras que en los países del tercer mundo en desarrollo que deben integrar sus sistemas energéticos, no es posible hacerlo con este tipo de energías que no pueden operar como generadores de base. Si la prioridad de inversión se da a éstos sistemas, no habría recursos para invertir en los generadores que sí pueden operar como base, los térmicos, los hidroeléctricos, los nucleares, impidiendo el desarrollo. Un tema crucial es el del agua, sabemos que solamente hay una existencia de un 2%  potable respecto del total planetario. Cuando en nuestros países se necesite desalinizar y/o potabilizar, el déficit energético producirá una catástrofe humanitaria, de la cual se responsabilizará al “calentamiento global”.

 

También debemos considerar, por lo explicado, que la utilización masiva de todas éstas tecnologías no podrán sustituir, sino que complementarán, es decir agregarán un poco más de energía a la producción mundial. Pero ese “poco más” será tan poco, que su propósito último más allá de los negocios y estafas evidentes, como los bonos de carbono y la venta masiva de energías renovables y sistemas de mitigación diversos, sólo puede ser el deliberado genocidio de las poblaciones de menores recursos del planeta.

 

Es interesante observar una conducta recurrente en los gobiernos ò sistemas opresores, de la cual se puede inferir lo que puede considerarse ya una “ley del discurso del opresor”: extender el problema del opresor, al conjunto de los opresores y de los oprimidos, de manera que sea un problema no de los opresores sino de todos, de “toda la humanidad”. Esta “confusión” no es inocente. El planteo del problema se hace denunciando que la “humanidad” se enfrenta a la grave situación de la “escasez de recursos” que se verá agravada aún más por el “crecimiento poblacional”. A poco que se analice se comprende que la “escasez de recursos” no es de la humanidad, es de los países imperialistas que para poder sostener precisamente ese modelo de consumo a nivel de despilfarro, necesitan cada vez más recursos energéticos y minerales que casualmente no poseen o están casi agotados en sus territorios, pero que sí existen en los territorios de los países oprimidos. Continuando con el análisis, es evidente que el crecimiento poblacional se está dando en los países del tercer mundo, no en “toda la humanidad”, lo que revela lo acertado del mencionado consejo de Kissinger sobre la “despoblación del tercer mundo” (eufemismo por genocidio) previendo la presión que ejercerá la creciente población sobre los recursos y los conflictos que de ello derivarán.

 

Como consecuencia de todo esto es que debo hacerle notar que no existe para nosotros los pueblos del tercer mundo, la opción de “elegir entre la guerra y la miseria, entre el hambre y las epidemias”, como usted teme, sino que le informo que nosotros ya estamos en la miseria, que nos trae hambre y epidemias y lo más importante que ya estamos en guerra: la que nos declararon los países imperialistas por los recursos del planeta. El imperialismo utiliza como armas, todas las opciones para el logro de sus fines, desde la invasión directa como en el caso de Irak y de Afganistán, hasta el colosal fraude del “calentamiento global”, en donde quieren que firmemos en Copenhague nuestro certificado de defunción: limitar las emisiones de dióxido de carbono, que es la emisión industrial por excelencia, donde las que más emiten son la siderurgia y la cementera, precisamente las industrias más demandadas en los países como los nuestros que están en desarrollo.

 

Todavía no se sabe lo que se va a firmar en Copenhague, si es que se va a firmar algo. Usted afirma que esta Conferencia sobre Cambio Climático es “una nueva oportunidad para evitar la mayor catástrofe que nunca ha enfrentado la Humanidad”. Acá lo sorprendemos a usted, utilizando “el discurso del opresor”, tal vez inadvertidamente. La catástrofe que nunca han enfrentado los países imperialistas, es la que se cierne en forma ominosa sobre sus futuros y que tiñe de pesimismo todas sus manifestaciones: la pérdida paulatina de poder sobre el mundo en desarrollo, que empieza con mayor o menor intensidad según cada  país, a no dejarse arrebatar sus recursos y/o hacer más difícil su arrebato y a utilizarlos en su beneficio. Ejemplos de esto son China, la India, Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Irán, etc. Este es un proceso lento y desigual según los países, pero constante. La otra gran catástrofe que avizoran los países imperialistas es la emigración de gentes de piel oscura que avanzan lento pero seguro sobre sus territorios. Este avance es un “efecto colateral no deseado” del accionar imperialista, que puede desglosarse en al menos dos partes. La primera es la consecuencia directa del empobrecimiento progresivo de las poblaciones ante la creciente explotación capitalista, migrando en busca de mejores condiciones de vida. La segunda, es la consecuencia directa del desastre ambiental producido por las intervenciones militares sobre estas poblaciones, con el objeto de apropiarse de sus recursos. La utilización de proyectiles perforantes de uranio empobrecido en éstos ataques, hace que el efecto nocivo continúe por mucho tiempo luego del conflicto, lo que agrava la situación de emergencia sanitaria provocada al colapsar, debido a los destrozos provocados por los bombardeos “inteligentes”, los sistemas de suministro de aguas corrientes, de energía eléctrica y desechos cloacales. Es así, como solamente desde Irak han emigrado 2.600.000 personas debido a ello.  El “discurso del opresor” ya ha pergeñado un novedoso concepto: los refugiados ambientales, que por supuesto son causados, no por la explotación imperialista, sino por el “calentamiento global”. La utilización masiva que hacen del agua las industrias imperialistas en África y en América Latina, como en el caso de la minería, privando y/o limitando a la población del lugar del vital elemento, también es ocultada usando el mismo argumento: esta escasez es también explicada como una consecuencia del  “calentamiento global”, que como vemos sirve para todo.  Se pronostica que en el siglo veintiuno la raza blanca desaparecería de la faz de la tierra, por la mestizaciòn con los inmigrantes.  Esto evidentemente provoca la xenofobia y la presión sobre los viejos pero nunca abandonados planes de “despoblación” según Kissinger y eugenicistas reconocidos como Julian Huxley.

 

Hay un tira y afloje en donde lo que está en juego para los países del tercer mundo es el derecho al desarrollo, es decir la lucha por la supervivencia. Es evidente que el principal objetivo de ésta Agenda Ambiental de lucha contra el “calentamiento global” instalada por la Organización de las Naciones Unidas, instrumento del imperialismo, a través del IPCC(Panel Intergubernamental de Cambio Climático) es el de impedir, demorar y/o hacer más costoso el desarrollo industrial de los países del tercer mundo. En nuestros países no tenemos para éstas cuestiones una estructura de investigación científica independiente de la ONU y no podemos por ende denunciar el fraude. La ONU ha instalado un sistema de “mecenazgo” mediante el cual imponen el fraude científico a nivel planetario. Sólo pueden rebatir la teoría de que el dióxido de carbono es la causa del calentamiento global, aquellos científicos de todo el mundo, que no están dentro del sistema de “mecenazgo”. Lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo,  pero sus informes son sistemáticamente ignorados por la ONU y los medios ocultan y/o relativizan sus denuncias. Tal vez convenga recordar que el mecenazgo era un medio que tenían los artistas en la edad media para financiar sus obras. Por supuesto los artistas sabían qué era lo que el mecenas esperaba de ellos, no podían defraudarlo porque se quedaban sin financiación. De la misma manera, los científicos dentro del IPCC y todos los que, en el mundo entero, para sus investigaciones y/o empleos dependen de presupuestos y/o créditos de los programas de la ONU, saben lo que se espera de ellos, por lo tanto no pueden arriesgar sus puestos de trabajo con opiniones o informes disidentes.

 

También debe ser destacado el papel que han desempeñado los medios de difusión durante varias décadas, en la propaganda a favor del fraude científico y en la instalación en la conciencia de la población mundial del “sentido común” de que el “calentamiento global” es un peligro inminente que perjudicará todos los ámbitos de nuestra existencia. Titulares como “Emisiones tóxicas como el dióxido de carbono, gas de efecto invernadero…, “Los países que más contaminan la atmósfera con dióxido de carbono…, etc. Primero debe aclararse que el dióxido de carbono no es un gas tóxico. Integra, junto con el agua y el oxígeno los pilares que hacen posible la vida en la tierra. Segundo, el contenido de dióxido de carbono en la atmósfera actual es bajo. En efecto, si tomamos los contenidos de dióxido de carbono en la atmósfera en la edad geológica de la tierra encontraríamos que en solamente dos períodos, en el Carbonífero y en el Cuaternario(el actual) el contenido fue menor a 400 ppm, (el actual es de 380 ppm), en todos los demás fue muchísimo más alto, por ejemplo en el Ordovícico, 450 millones de años atrás, el contenido atmosférico del dióxido de carbono fue de 4.400 ppm y en aquel entonces había una Era Glacial. Es decir el contenido en aquella época era once veces superior al actual y había una Era Glacial y no había obviamente una civilización industrial. Pueden sacarse obvias conclusiones. Además si el contenido aumentara sería muy bueno para la vida en la tierra, porque toda la vida vegetal prosperaría, sobre la superficie de la tierra y bajo los mares, incrementando el alimento para la vida animal, que también aumentaría. Esto ya ocurrió, en 1.970 había 9.000 osos polares, (los amigos de Al Gore) hoy hay 25.000. El periodismo científico pudo haber averiguado estos hechos científicos, y haber difundido lo correcto, pero no lo hizo. Pero los medios hicieron otra cosa. Tomaron dos hechos reales, y difundieron que uno era la causa del otro. La contaminación es real y el calentamiento global es real. Tomaron la contaminación, que es un hecho real, producido por las industrias imperialistas en nuestros territorios(esto lo sufrimos diariamente no nos tienen que convencer de nada) Contaminación, por ejemplo es la que producen las mineras que hacen el proceso de lixiviado con cianuro, pero éste tipo de contaminación no se trata cuando se hacen tratados como el de Kyoto, lo que evidencia la hipocresía de ésta agenda ambiental que se maneja con doble estándar. Difunden que el dióxido de carbono contamina. Tomaron el “calentamiento global” que es real, ocurrió entre el año 1.800 y el 2.000, pero no es grave, en el siglo veinte la temperatura promedio se incremento 0,6 grados Celsius, además ya terminó, ahora hay un leve enfriamiento. Entonces exageraron porque nos tienen que convencer que es grave y mostraron que cualquier cosa que ocurra es debido al calentamiento global, si llueve, si no llueve, si hay inundaciones, si hay sequías, etc, etc. Titular típico: Disminuye la población de pingüinos por el “calentamiento global”. Pero si uno lee el artículo encuentra que los pingüinos tienen dificultades en alimentarse por la merma del calamar y la merluza negra por la pesca depredadora. Hacia el final del texto aparece una pequeña frase de… “algunos científicos creen que el calentamiento global…”

 

Es notable la manera diferente en que reaccionan ante éste fraude, dos naciones poderosas que tienen una estructura de investigación científica independiente de la ONU, como son China y Rusia.

 

 Por un lado tenemos a los Rusos, que presentan actitudes frontales, negando la validez de la “teoría del calentamiento global causado por el incremento del efecto invernadero originado por la emisión de dióxido de carbono por la actividad industrial”. Una de las primeras medidas de Vladimir Putin como presidente fue la expulsión de Rusia de las ONG ambientalistas transnacionales como WWF y Greenpeace. En Moscú, el Presidente Vladimir Putin abrió la Conferencia sobre Cambio Climático el 29 de septiembre de 2003, diciendo, “el Protocolo de Kyoto está científicamente errado…”. Andrei Illarinov principal asesor de Putin, fue más rudo aún: “el Protocolo de Kyoto condenará a Rusia a la pobreza, debilidad y atraso.” En la reciente reunión del G-8 en Italia, la tríada imperialista propuso que el mundo en promedio redujera las emisiones de dióxido de carbono en 50% respecto a las de 1990 y los países desarrollados un 80%. Los Rusos otra vez se pusieron duros y manifestaron que eso era “inaceptable”.

 

 En la reciente visita del presidente Obama a China, no hubo acuerdo aparente sobre el tema, China no discute si es real o no el peligro pronosticado por los informes del IPCC, incluso permite la operación de las ONG como WWF y Greenpeace en el territorio chino, pero hace la suya. Explica que no es el mayor emisor de dióxido de carbono del mundo, que corresponde dividir sus emisiones absolutas por la cantidad de habitantes, con lo cual retrocede muchos lugares en el ranking de emisores per càpita, (es decir de ser el primero en términos absolutos pasa a ser de los últimos en términos per càpita), por lo tanto no tendría que reducir las emisiones y tampoco por ende, su crecimiento industrial. Pero ahora, sorprendentemente, China ha propuesto un programa de reducción de entre el 40 a 45% de su “intensidad carbónica” novedoso concepto que significa las emisiones de dióxido de carbono expresadas por unidad de Producto Bruto Interno. En forma brillante, con la estrategia de las milenarias artes marciales orientales, en las que se logra la victoria usando a su favor la fuerza del enemigo, han dado vuelta la situación, ya no son el mayor emisor que se niega a reducir sus emisiones sino que proponen un “ambicioso programa de reducción” sin resignar su crecimiento. Es decir el PBI será el que tienen previsto en su Plan Quinquenal y la reducción de emisiones será de difícil comprobación. Tienen algo para proponer  en Copenhague. Pero esto a su vez, obliga a los EEUU, el segundo gran emisor en términos absolutos, a proponer su propio plan de reducción de emisiones. Obama propone reducir un 17% las emisiones absolutas respecto de las de 2005. Pero los Chinos saben que no lo podrán hacer, porque así como en 1997  el Senado de los EEUU votó en forma unánime 95 a 0, en contra de la rúbrica del Protocolo de Kyoto(es decir todos los senadores, los republicanos y los demócratas), en estos momentos el Senado no está dispuesto tampoco a votar algo que afecte al crecimiento económico de su país.

 

China está inaugurando plantas termoeléctricas a base de carbón a razón de una por mes, doce por año(obviamente aumentará la emisión de dióxido de carbono) y también tiene previsto la instalación de 332 centrales nucleoeléctricas para el 2050, a pesar de la presencia de Greenpeace…China no se detiene. Aún más, va a aprovechar el “marketing” que occidente hace al “calentamiento global” para salir a vender aerogeneradores y paneles solares. Si eso es lo que está de moda ahora China lo fabrica y vende más barato…

 

A su vez, sin tampoco discutir si lo pronosticado es real o no, distintos países del tercer mundo contraatacan apuntando allí donde le duele al sistema capitalista. Entonces es así como Correa Presidente del Ecuador, propone que a cambio de  no explotar los nuevos yacimientos petrolíferos de la reserva Yasuní, se le paguen 3.500 millones de dólares. Brasil y otros países amazónicos(entre los que se coló Francia por Guyana) proponen recibir pagos a cambio de dejar de talar su selva.

 

Esto significaría que los países centrales paguen para detener el desarrollo. En el fondo no sería buen negocio para nuestros países. La tríada imperialista está proyectando precisamente eso, pero no se pone de acuerdo acerca de temas importantes. El desacuerdo mayor está dado sobre el asunto de dónde y cómo van a recaudar los 100.000 millones de dólares en impuestos al año, que se necesitarían según ellos, para pagar la “deuda climática” contraída con nosotros, los pueblos del tercer mundo, “ayudándonos” a que podamos adaptarnos al “calentamiento global”: o sea, nos darían créditos blandos para fines específicos como desarrollo de energías renovables, adaptación a, y mitigación de, las consecuencias del supuesto futuro “calentamiento global”. El gran propulsor de este proyecto es Gordon Brown quien ve en ello, según dice, la oportunidad de reactivar la economía mundial a partir de lo que él llama la “economía verde”, en lugar de subsidiar a la “mafia bancaria” propone subsidiar la producción de “energías renovables”, sería generar múltiples puestos de trabajo, para combatir al “calentamiento global”. Desde el punto de vista imperial, sería una salida de la crisis actual tomando medidas similares a las adoptadas por Roosevelt en la crisis del 1930, para producir desde los estados nacionales un incremento de la demanda de la economía. La idea actual remite a aquel ejemplo de pagarle a una cuadrilla de trabajadores para hacer una zanja y pagarle a otra para taparla.

 

Fabricar grandes cantidades de aerogeneradores y paneles solares, significará  buenos  negocios para las empresas y también creará puestos de trabajo, pero será tan inútil como cavar zanjas y volver a taparlas: no se reemplazará la utilización de combustibles fósiles significativamente ni lo que se haga afectará al cambio climático, dado que el mismo responde a otras causas que las difundidas. La utilidad para el imperialismo sería el “efecto colateral” del exterminio de miles de millones de personas. Nos matarían en forma indirecta, como murieron los indios en América del norte, cuando sólo fue necesario permitir la caza del búfalo, del cual se alimentaban. En nuestro caso, también sería un genocidio silencioso y natural, simplemente  nos privarían de los recursos para nuestro desarrollo y echarán la culpa de nuestra desaparición al “calentamiento global”. Pero la guerra continúa y nuestros pueblos resistirán.

 

Usted termina su documento señalando, con respecto a la Conferencia sobre el cambio climático de Copenhague, “que no sea otra oportunidad perdida, porque no disponemos de todo el tiempo del mundo”.

 

Acá otra vez aparece “el discurso del opresor”, que ha sido instalado como “sentido común” en las mentes de las buenas gentes,  por medio de la prédica constante y repetitiva. El temor que tienen los países imperialistas con respecto al paso del tiempo tiene dos causas. La primera es que, dado que la realidad no está colaborando con la causa del “calentamiento global”, dado que el calentamiento que comenzó en el año 1800, parece haber concluido, ya que no hay incrementos de las temperaturas promedio desde 1998, en realidad se registra una leve tendencia a la baja, hay urgencia para apurar todos los proyectos “verdes”. Lo que está en juego es mucho, hay una verdadera industria del calentamiento global, se financian empresas para investigar sistemas de mitigación, de disposición de dióxido de carbono, etc. La producción de biocombustibles, paneles solares y aerogeneradores ya está lanzada en todo el orbe, el mercado de bonos de carbono(una nueva burbuja) ya mueve 160.000 millones de dólares al año. Si se revela el fraude peligra todo esto, además de los puestos de trabajo alrededor del mundo, en donde en cada Ministerio ó Secretaría de Ambiente, existe una División de Cambio Climático. La otra causa del temor imperial al paso del tiempo, es que en realidad el tiempo es un factor que juega a favor de los pueblos del tercer mundo, de allí el apuro, la urgencia, la difusión de la catástrofe climática, que no es más que proyección del temor a la verdadera catástrofe que significaría para los países imperialistas perder el control sobre los recursos energéticos y minerales que están en disputa, con el retroceso inevitable del nivel de vida que ello conlleva. Es por ello que necesitan acelerar éstos planes de genocidio silencioso. Es para evitar que utilicemos nuestra arma secreta: la explosión demográfica.

 

Guillermo Hamlin                                     Buenos Aires, 5 de diciembre de 2009