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DERECHOHUMANISMO ALFONSINISTA Y DERECHOHUMANISMO
KIRCHNERISTA: DOS VARIANTES DE UNA MISMA TRAMPA POLITICO-DISCURSIVA
La huella de los apetitos franceses se descubre hasta en
nuestra propia identidad: nos autodenominamos "latinoamericanos"
como querían los franceses, mientras que los españoles nos preferían
"hispanoamericanos" y los portugueses "iberoamericanos",
por razones obvias. Y esa huella reaparece en el emprendimiento editorial de
"Le Monde Diplomatique". Todos los trabajos que publica se
inscriben en el campo del "progresismo". Y es desde el
"progresismo" que los franceses quieren disputar un espacio a sus
rivales imperialistas.
Consideremos el libro "Noche y niebla y otros escritos sobre derechos humanos" que
reúne artículos de Rodolfo Mattarollo
ilustrados por León Ferrari, y que
ha sido editado por Le Monde Diplomatique-Capital Intelectual a fines del año
pasado. ¡Es verdaderamente lo que se dice un "libro progresista"!
De esos que no pueden faltar en la biblioteca de un seguidor de
"6-7-8" o, inclusive, en la de un votante de Pino Solanas.
Progresista tanto en lo que respecta al perfil del autor (y del dibujante)
como en lo que respecta al tema tratado y a la perspectiva desde la que se lo
trata. ¿Quién es Rodolfo
Mattarollo? Es
un respetable jurista que en los años setenta perteneció al PRT-ERP y dirigió
la revista "Nuevo Hombre" editada por el FAS (un frente entre el
PRT y otros grupos ultra izquierdistas co-partícipes en el derrocamiento del
gobierno de Isabel Perón). Poco antes del golpe oligárquico-imperialista del
24 de marzo de 1976, Mattarollo abandonó el país rumbeando a Francia e
inició su carrera de funcionario de la ONU en el área de "derechos
humanos". Es decir: en lugar de continuar con el intento de derrocar al
capitalismo -o a la "democracia", como se autodesigna el
capitalismo en la dimensión política e ideológica- y de instaurar el
socialismo, Mattarollo puso todo su talento periodístico y jurídico al
servicio de ese mismo capitalismo que antes había intentado derrocar. Dicho sea entre paréntesis, los militares golpistas del
76, que presumen de haber salvado al capitalismo (o "el estilo de vida
democrático y occidental") de quienes querían aplastarlo mediante una
revolución socialista, deberían sentirse gratificados ante un caso como el de
Mattarollo: ¡el joven marxista y guevarista de ayer convertido en un
honorable hombre de derecho! ¿Qué tal?
Para entenderlo, conviene detenerse un instante en las
reflexiones de una derechohumanista-alfonsinista de pura cepa, como la
socióloga doctorada en Texas Elizabeth
Jelin. FAMILISTAS VS. JURIDICISTAS
Con toda coherencia, Videla les recuerda a los derechohumanistas del alfonsinismo: "En nuestro país hubo
una guerra interna (...). Mal puede hablarse, entonces, como lo hizo
el presidente Alfonsín en el Decreto 158/83, mediante el cual ordenó el
juicio a las Juntas, de la existencia de homicidios, privaciones ilegítimas
de la libertad, secuestros o lugares clandestinos de detención, introduciendo
figuras delictivas del Código Penal, dentro del juzgamiento de actividades de
combate, ocurridas en el marco de una guerra interna". Videla señala
que "si aceptamos la existencia de una guerra", entonces
corresponde "hablar de prisioneros capturados e internados en lugares
de reunión, generalmente secretos por razones de seguridad; de heridos,
mutilados, muertos o desaparecidos; saldo inevitable de cualquier conflicto
bélico".
A nadie se le ocurriría, por ejemplo, ver un
"crimen de lesa humanidad" cuando el sargento Sounders -el héroe de
la legendaria serie "Combate"- hace estallar una granada en medio
de un grupo de adolescentes alemanes movilizados en el Ejército del III
Reich. Si en condiciones normales uno entrara a una confitería y disparara
una metralla sobre jóvenes que comparten una cerveza, entonces sí se trataría
de un delito, aun cuando esos jóvenes fueran simpatizantes de Adolfo Hitler.
"Desde el Cordobazo se
hacía visible que la lucha de clases iba adquiriendo condiciones de guerra
civil porque los grupos armados revolucionarios incipientes habían comenzado
a plantearse -en la teoría y en la práctica- la disputa por la hegemonía y el monopolio de las fuerzas armadas del
Estado. La combinación de lucha armada, lucha obrera y masas en las
calles con ánimo insurreccional constituía una verdadera amenaza para el
orden social dominante".
Sin embargo, nada de lo que puedan decir Videla y sus
defensores, sea cierto o no, tendrá importancia. La llamada "Política de
la Memoria", que se funda en el discurso derechohumanista, ha conseguido
deslegitimar a los defensores de la dictadura -presentados equívoca e
intencionadamente como "los militares"- en tanto "portadores
de la verdad". El problema no está en lo que dicen, sino en quiénes lo
dicen; en el lugar desde el cual lo dicen: el de los "victimarios",
el de los "genocidas" que exterminaron a toda una generación de
"inocentes" o "jóvenes idealistas". Este "lugar de
enunciación" anula todo efecto de su discurso sobre los interlocutores,
excepto, paradójicamente, aquel que refuerza el propio aislamiento. En este
sentido, lo que siguiendo a Jelin -en su artículo / paper "¿Víctimas,
familiares o ciudadanos/as? Las luchas por la legitimidad de la palabra"-
podríamos llamar "paradigma militar" sobre la represión setentista,
aparece como el reverso del "paradigma derechohumanista", y
contribuye a aislar a las Fuerzas Armadas de la población civil.
"El momento histórico del
juicio (a las Juntas) implicaba -dice Jelin- el triunfo del Estado de
derecho". Agrega que "la Conadep
se convirtió en el sitio donde se estaba produciendo el reconocimiento de la
'verdad' y, como tal, el lugar de una poderosa condena simbólica de la
dictadura militar. Al mismo tiempo, era el lugar de legitimación simbólica de
las voces y las demandas de las víctimas". En un segundo momento, "venía el tiempo de la
Justicia". Por este camino, la Política de la Memoria construida por el
paradigma jurídico derechohumanista procuraba instaurar "una cultura basada en los principios
institucionales impersonales de la ley y los derechos", donde "los
hechos de la represión política, que por muchos de ambos lados habían sido
interpretados de acuerdo a un paradigma de 'guerra', eran ahora juzgados
según el paradigma de las 'violaciones de los derechos humanos'". Con
"el Poder Judicial en el centro de la escena institucional -concluye
Jelin- las víctimas se transformaron en 'testigos' y los represores se
tornaron 'acusados'". El objetivo del "paradigma jurídico", como
puede verse, es doble: por un lado, legitimar un relato que vacía de
contenido político la violencia setentista invisibilizando tanto las
contradicciones sociales que la generaron como la relación existente entre el
desenlace de esa "violencia" (el triunfo del campo antinacional y
antipopular que expresaban las Fuerzas Armadas y quienes las apoyaron) y las
miserias actuales (hambre popular, indefensión nacional, podredumbre moral,
etc.); por otro lado, el "paradigma jurídico" legitima como
"portadores de la verdad" a las instituciones político-jurídicas
del régimen demoliberal partidocrático.
"Los desaparecidos y los
detenidos eran presentados por sus familiares como niños y niñas ejemplares,
buenos/as estudiantes y miembros de las familias viviendo en armonía, en
suma, como ideales o 'normales'". De este modo, la violación de derechos humanos era
presentada "en clave familiar": "la imagen paradigmática es
aquella de la madre simbolizada
por las Madres de Plaza de Mayo". Luego vinieron los
"Familiares", las "Abuelas" y los "hijos". De
este modo, "se crea una distancia
imposible de superar entre quienes llevan la 'verdad' del sufrimiento
personal y privado y aquellos que se movilizan políticamente por la misma
causa, pero presumiblemente por otros motivos, que no son vistos como
igualmente transparentes o legítimos".
Esto resulta inadmisible para el "paradigma
militar" de Videla y Cecilia Pando. Pero tambièn resulta inadmisible
para los continuadores "democráticos" de Videla y Cecilia Pando.
Por eso Jelin y otros ideólogos de la derecha liberal, como Beatriz Sarlo,
ponen el grito en el cielo. En este punto aparecen las diferencias con el
kirchnerismo. Jelin, refirièndose al discurso pronunciado por Kirchner el 24
de marzo de 2004, escribe: "¿Por qué prestar atención
a este discurso? Desde mi punto de vista, su significación central está en el
énfasis en las relaciones particulares y en la pertenencia a un grupo
específico, en este caso los militantes y activistas políticos de los años 70
que se identificaban con la izquierda peronista".
"Los terroristas, movidos
por el delirio de una supuesta liberación y estimulados más de una vez desde
el exterior, arrastraron a muchos jóvenes hacia matanzas, secuestros crueles
e irracionales, cuyo único resultado consistiría en desencadenar una terrible
acción represiva, ejecutada por aparatos estatales y paraestatales que
arrasaron las instituciones y las libertades en nuestro país". El argumento de Caputo es tan metafísico como
irrebatible, y guarda un lamentable parecido con el que empleó recientemente
el historiador kirchnerista Norberto
Galasso para referirse al asesinato del compañero Mariano Ferreyra: la
responsabilidad primaria por el asesinato de quien lucha por "una
supuesta liberación" no es de los asesinos sino del asesinado, por haber
emprendido esa lucha.
"contribuyó a afirmar la
existencia de un derecho humano a la verdad y el correlativo deber de memoria
del Estado". Uno no puede sino preguntarse cómo es posible que una
"teoría" que responsabiliza a "los de abajo", es decir a
los oprimidos, por los golpes que reciben de parte de "los de
arriba" (los opresores), cómo es posible que una "teoría" semejante
contribuya a "la verdad". Pero el libro de Mattarollo es un intento
de explicarlo.
Es decir, de los organismos que ya a partir de 1980
estaban férreamente entrelazados con fracciones de la burguesía
socialdemócrata europea que, entre otras cosas, los financiaban. "En segundo término, el
desarrollo de un pensamiento y de instrumentos jurídicos avanzados dentro y
fuera del país". Es decir, de la Justicia trasnacional controlada por la
misma burguesía imperialista. "Por último, la irrupción
de un periodismo testimonial y de investigación". Es decir, de los medios de comunicación en manos de los
mismos intereses que manejan la "Justicia" y los "derechos
humanos". Ahora bien, ¿cómo definir esta conjunción entre la Justicia
burguesa, la Prensa burguesa y las Ongs burguesas, sino como la suma de los
aparatos ideológicos de los que se vale la burguesía para legitimar su
dominación? ¿No resulta verdaderamente extraño que alguien que militó en un
partido pretendidamente marxista se incline ahora en el altar de las
instituciones del liberalismo? Pero Mattarollo tiene una explicación, aunque un tanto
insólita: "El siglo XVIII es el siglo
de las revoluciones políticas liberales en busca de la libertad y el siglo
XIX, el del socialismo que lucha por la igualdad; el siglo XX es el de los
derechos humanos que buscan unir libertad e igualdad".
2) en los años 90
"legitimaba los derechos humanos como una dimensión ética esencial del
Estado de Derecho, lo que tiene su consagración en la reforma constitucional
de 1994";
A diferencia de Elizabeth Jelin, que ve en la política
kirchnerista un retroceso en la disputa por "la legitimidad de la
palabra" en materia de derechos humanos (el "paradigma
familista"), Mattarollo ve la coronación misma del paradigma
derechohumanista. Rescata dos puntos decisivos: 1) "se otorgó jerarquía
constitucional a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes
de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad" y 2) "el acuerdo para la
desocupación, por parte de la Marina de Guerra, de la Escuela de Mecánica de
la Armada".
La invasión a Irak y a Afganistán, así como las amenazas
sobre Irán o sobre Corea, ¿no se presentan como intervenciones
"humanitarias"? ¿Y qué tienen para decir los
"derechohumanistas" sobre el genocidio del pueblo palestino a manos
de los sionistas que han ocupado su tierra hace ya más de medio siglo? En
nombre de los "derechos humanos"... ¡se condena no a los genocidas
sionistas, sino a organizaciones de resistencia antiimperialista como Hamas o
Hezbollah! Como en la regocijante película de Tim Burton, en la que
los invasores de Marte mataban humanos gritándoles "¡somos sus
amigos!", los imperialistas invaden, matan y prostituyen al grito de
¡"por los derechos humanos"!
Estela de Carlotto viaja por el mundo financiada
por entidades imperialistas y recibe el homenaje de los poderosos de la
Tierra. La hasta ayer inquebrantable Hebe
de Bonafini creó una sociedad anónima para construir viviendas y manda a
su socio Shoklender a sacarse de encima a "los bolitas". Todo en
nombre de los "derechos humanos". En 1994 el general menemista Martín Balza (hoy
reciclado como embajador kirchnerista) introducía el derechohumanismo en el
Ejército con su célebre "autocrítica". Diez años después, mientras
una bandera del Che Guevara flameaba burlona y provocadoramente en la ESMA,
el almirante Jorge Godoy "derechohumanizaba" a la Armada (Es decir,
cristalizaba a un mismo tiempo los paradigmas "familista",
"jurídico" y "militar" como trampas ideológicas tendidas a los nuevos cuadros militares, que
sabrán mucho de derechos humanos, pero nada del imperialismo que nos oprime).
Otorgando jerarquía constitucional a tratados
internacionales, Argentina renuncia a
ejercer su propia soberanía. Pero es una renuncia en nombre de los derechos
humanos. ¡En el mismo instante en que el imperialismo no sólo está instalado
en Malvinas, sino tambièn en la Triple Frontera, donde monitorea la
"defensa de los derechos humanos" ante la supuesta
"infiltración fundamentalista islámica"! Para Mattarollo, toda esta explosión derchohumanista
significa que "se recupera la dignidad de los perseguidos".
Pero lo que los argentinos necesitamos no es "recuperar la
dignidad" de los perseguidos y caídos en los combates emancipatorios
setentistas. Lo que necesitamos es recuperar para nosotros aquella
voluntad y convicción que ellos tuvieron y que les permitió matar cuando
había que matar y morir cuando había que morir, sin corromperse, sin
dejarse domesticar. Porque aquellos combatientes, con sus aciertos y sus
errores (que fueron muchos), eran héroes que luchaban por un país distinto,
sin opresores ni oprimidos. No eran "víctimas", ni "jóvenes
inocentes", ni "perejiles", como cree el "paradigma
familista"; pero tampoco eran "ciudadanos" abstractos, según
pretende la ficción liberal de Elizabeth Jelin y sus conmilitones
alfonisinistas. Librar una batalla
ideológica contra la trampa del derechohumanismo es el pre-requisito para
abrir un debate profundo y productivo sobre la confrontación entre la
revolución y la contrarrevolución que tuvo lugar entre 1955 y 1976. Y un debate productivo será aquel que permita la
rearticulación de las fuerzas nacional-populares a fin de librar las nuevas
batallas emancipatorias que nos tiene deparadas el siglo que recién comienza.
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