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Coronel Juan D. Perón Universidad
Nacional de
Las dos palabras,
“Defensa Nacional", pueden hacer pensar a algunos espíritus que se trata
de un problema cuyo planteo y solución incumbe únicamente a las FFAA de una
nación. La realidad es bien distinta: en su solución entran en juego todos
sus habitantes, todas sus energías, todas sus riquezas, todas sus industrias
y producciones más diversas, todos sus medios de transporte y vías de
comunicación, etc., siendo sus FFAA únicamente como luego veremos en el curso
de la exposición, el instrumento de lucha de ese gran conjunto que constituye
"la nación en armas". “Si se quiere la paz, el mejor medio de
conservarla es prepararse para la guerra”. El mundo puede ser
separado en dos grupos: satisfechos e insatisfechos. Los primeros todo lo poseen y nada necesitan y sus pueblos tienen
la felicidad asegurada, en mayor o menor grado. A los segundos algo les falta
para satisfacer sus necesidades; mercados donde colocar sus productos,
materias primas que elaborar, substancias alimenticias en cantidad
suficiente, un papel político que jugar con relación a su potencialidad, etc.
Las naciones satisfechas, son pacifistas y no desean exponer a los azares de
la guerra la felicidad que gozan. Los insatisfechos, si
la política no les procura lo que ambicionan, no temerán ir a la guerra para
lograrlo. Los primeros,
aferrados a la idea de paz inalterable, porque mucho la desean, generalmente
descuidan su preparación para la guerra y no gastan lo que es necesario para
conservar la felicidad de su pueblo. Los segundos, sabiendo que la guerra
es probable, por cuanto si no tienen pacíficamente lo que desean, recurrirán
a ella, ahorrarán miseria de la miseria y se prepararán en forma acabada para
sostenerla y en un momento determinado, pueden superar a las naciones más
ricas y poderosas. Tenemos así, naciones
pacifistas y naciones agresoras. La guerra es un hecho social inevitable
entre satisfechos e insatisfechos. La preparación de
Hoy los pueblos
disponen de su destino. Ellos labran su propia fortuna o su ruina. Es natural
que ellos en conjunto defiendan lo que cada uno por igual ama y le interesa
defender de la patria y su patrimonio. En
época de los ejércitos profesionales y mercenarios, los pueblos no
participaban de las contiendas, sino a través de fuertes contribuciones para
solventarlos, o devastaciones que dejaban tras de sí los ejércitos en lucha.
Una gran parte de la población no la sufría y, a veces, hasta la ignoraba.
Las guerras de la revolución francesa, y más tarde de Napoleón, afectaron ya
al pueblo francés, por la contribución en material humano que le impusieron.
Es recién la guerra mundial de 1914-18, la que muestra a las naciones
participantes tendidas a un esfuerzo máximo para conseguir la victoria. La
guerra se juega en los campos de batalla, en los mares, en el aire, en lo
político, económico, financiero, industrial y se especula hasta con el hambre
de las naciones enemigas. Ya no bastan generales
y almirantes geniales, con ejércitos y flotas eficientes para conquistar la
victoria. A su lado, los representantes de todas las energías de la nación,
tienen un rol importante que jugar en la dirección de la guerra y muchas
veces son los que orientan la conducción de las operaciones de las FFAA, pero
aun en los años 1914-18, detrás de los ejércitos en lucha, entregadas a un
constante esfuerzo para mantener la potencia combativa de las FFAA, vivían en
una relativa tranquilidad y bienestar. La moral de la nación
se mantenía en base de éxitos obtenidos en los campos de batalla, hábilmente
explotados por una inteligente propaganda. La actual contienda, con el
considerable progreso técnico de la aviación, nos muestra la expresión más
acabada de Nación en Armas. Los pueblos de las naciones en lucha, no se
encuentran ya a cubierto contra las actividades bélicas, dado que poderosas
formaciones aéreas siembran la destrucción siembran la destrucción y la
muerte en poblaciones mas o menos indefensas, buscando minar su moral y
destruir las fuentes del potencial de guerra de la nación enemiga. El
panfleto, toma un lugar importante al lado de las tremendas bombas
incendiarias y explosivas, en la carga de los poderosos aviones de bombardeo. Un país en lucha puede
representarse como un arco con su correspondiente flecha, tendido al máximo
que permite la resistencia de su cuerda y la elasticidad de su madero y
apuntando a un solo objetivo, ganar la guerra. Sus FFAA están representadas
por la piedra o el metal que constituye la punta de la flecha, pero el resto
de esta, la cuerda y el arco, son la
nación toda hasta la ultima expresión de su energía y poderío En consecuencia no es
suficiente que los integrantes de las FFAA nos esforcemos en preparar el
instrumento de lucha; en estudiar y comprender la guerra, deduciendo
enseñanzas de las diferentes contiendas que han asolado al mundo. Es
además necesario que todos los intelectos de la nación, cada uno en el
aspecto que interesa a sus actividades, se esfuerce también en conocerla,
estudiarla y comprenderla, como única forma de llegar a esa solución
integral del problema que puede presentársenos y tendremos que resolver, si
un día Dios decide que la guerra haga sonar el clarín en las márgenes del
Plata. La organización de
Cualquier país del
mundo, grande o pequeño, débil o poderoso, con un grado elevado o reducido de
civilización, posee objetivo político determinado. El objetivo político es la
necesidad o ambición de un bien, que un Estado tiende a mantener o
conquistar, para perfeccionar o engrandecer. El objetivo político puede ser
de cualquier tipo; reivindicación o expansión territorial, hegemonía política
o económica, adquisición de mercados u otras ventajas comerciales,
imposiciones sociales o espirituales, etc. Los objetivos políticos de las
naciones son una consecuencia directa del sentir de sus pueblos y debemos
recordar que ellos tienen ese instinto seguro, que en la consideración de los
grandes problemas, los orientaran siempre hacia lo que más le conviene. La verdadera sabiduría
de los pueblos y el buen juicio de los gobernantes consiste, precisamente en
no fijarse un objetivo político desorbitado, que no guarde relación con la
potencialidad de la nación, lo que en caso contrario lo obligaría a
enfrentarse con un enemigo tan poderoso que, no solo tendría que renunciar a
sus aspiraciones, sino a perder parte de su patrimonio. También es verdad que
a las naciones les llegan en su historia horas cruciales en las que deben
defender su riqueza o su honor, deben sostener la lucha sin esperanza de
triunfo, porque como lo enseñaron nuestros padres de
La diplomacia debe actuar
en forma similar a la conducción de una guerra. Como ella, posee sus fuerzas,
sus armas y debe librar las batallas que sean necesarias para conquistar los
objetivos que la política le ha fijado. Si la política logra que la
diplomacia obtenga el objetivo trazado su tarea se reduce a ello y termina
allí, en lo que a ese objetivo se refiere. Si la diplomacia no puede lograr
el objetivo político fijado, entonces es encargada de preparar las mejores
condiciones para obtenerlo por la fuerza, siempre que la situación haga ver
como necesario el empleo de este medio político extremo. Las naciones tienen la
obligación de preparar la máxima potencialidad militar que su población y
riqueza permitan, para poder presentarla en los campos de batalla si la
guerra llama a sus puertas. Los pueblos que han descuidado la preparación
de sus FFAA, han pagado siempre caro su error desapareciendo de la historia,
o cayendo en las más abyectas servidumbres. De ellos la historia
solo se ocupa de recordar su excesivo mercantilismo o los arqueólogos para
explorar sus ruinas, descubriendo bellas muestras de una grandiosa
civilización pretérita, que no supo cultivar las virtudes guerreras de sus
pueblos. La preparación de las FFAA para la guerra, no es tarea fácil ni que
puede improvisarse en los momentos de peligro. Adecuada preparación de las reservas. La
formación de reservas instruidas, sobre todo, hoy en que los medios de lucha
han experimentado tantos progresos y complicaciones técnicas, requiere un
trabajo largo y metódico, para que estas adquieran la madurez y el temple que
exige la guerra.
El arte militar sufre
tantas variaciones, que los cuadros permanentes del ejército, deben
entregarse a un constante trabajo y estudio, que cuando la guerra se avecina no
hay tiempo de asimilar. El militar, junto a su ciencia, debe reunir
condiciones de espíritu y carácter de conductor, para llevar a su tropa a los
mayores sacrificios y eso no se improvisa, sino que se logra con el ejercicio
constante del arte de mandar. Las armas, municiones
y otros medios de lucha, no se pueden adquirir ni fabricar en el momento en
que el peligro nos apremia, ya que no se encuentra disponibilidad en los
mercados productores, sino que es necesario encarar fabricaciones que exigen
largo tiempo. En los arsenales y
depósitos, es necesario disponer de todo lo que exigirán las primeras
operaciones y prever su aumento y reposición. Las previsiones para el empleo
de las FFAA de El conjunto de estas
previsiones contenidas en el plan militar, que coordina los planes de
operaciones del Ejército, Como podéis apreciar,
esta obra realizada en forma completa y detallada, absorbe la labor constante
de los organismos directivos de las FFAA de las naciones y de la exactitud de
las mismas, depende en gran parte que la lucha pueda iniciarse y continuar
luego en las mejores condiciones posibles. Si la guerra, llega
será la habilidad y el carácter del Comandante en Jefe y las virtudes
guerreras de sus fuerzas, las que trataran de inclinar el azar de la guerra a
su favor, y no me refiero a la ayuda de Dios porque ambos contendientes la
imploraran con igual fervor. Las FFAA de nuestra Patria, realizan en este
sentido una labor silenciosa y constante, que se inicia en cuarteles de las
unidades de tropas, buques de la armada y bases aéreas, preparando dentro de
sus posibilidades el mejor instrumento de lucha y continua luego en sus
institutos de estudios superiores para terminar en la labor directiva de sus
Estados Mayores. La política interna
tiene gran importancia en la preparación del país para la guerra. Su misión
es clara y sencilla, pero difícil de lograr. Debe procurar a las FFAA el
máximo posible de hombres sanos y fuertes, de elevada moral y con gran espíritu
de patria, con la educación necesaria que exige la guerra moderna para
manejar armas cada vez más complejas. Con esta levadura, las FFAA podrán
reafirmar estas virtudes y desarrollar fácilmente su alto espíritu guerrero y
de sacrificio. Es necesario que las calidades antes citadas sean
desarrolladas en toda la población sin excepción, dado que es en el interior
del país donde las FFAA encuentran su fuerza moral y voluntad de vencer y la
reposición del personal, material y elementos desgastados o perdidos. Mantenimiento de la
moral popular. Los países hoy en lucha, nos muestran todos los esfuerzos que
se realizan para mantener en el pueblo, aun en momentos de mayores
sacrificios y penurias, la voluntad inquebrantable de vencer al mismo tiempo
que se desarrollan todas las actividades imaginables para minar la moral del
adversario, naciendo así un nuevo medio de lucha, "la guerra de
nervios". Si en cuestiones de gobierno, problemas económicos,
sociales, financieros, industriales, de producción y de trabajo, etc. cabe
toda suerte de opiniones e intereses dentro de un Estado en el objetivo
político derivado del sentir de la nacionalidad de ese pueblo, por ser única
e indivisible, no cabe opiniones divergentes. Por el contrario, esa
mística común sirve como un aglutinante más, para cimentar la unidad nacional
de un pueblo determinado. Tregua en las luchas
internas. Ante el peligro de guerra, es necesario establecer una tregua en
todos los problemas y luchas interiores; sean políticos, económicos, sociales
o de cualquier otro orden, para perseguir únicamente el objetivo que encierra
la salvación de Cuando el peligro de
guerra se hace presente y durante el desarrollo de la misma, la acción de la
política interna de los estados debe aumentar notablemente sus actividades,
porque son muy importantes las tareas que le tocan realizar; es necesario
dar popularidad a la contienda que se avecina; se debe establecer una
verdadera solidaridad social, política y económica, la moral y el espíritu de
lucha de la nación toda debe ser llevado a un grado tal que ningún desastre
ni sacrificio la pueda abatir; desarrollar en la población un severo sentido
de disciplina y responsabilidad individual, para contribuir en cualquier
forma a ganar la guerra; es necesario organizar una fuerte máquina capaz
de desarrollar un adecuado plan de propaganda, contra propaganda y censura,
que ponga a cubierto al frente interior, contra los ataques que el enemigo le
llevara constantemente; debe aprestarse a la población civil para que se
establezca por si misma la defensa antiaérea pasiva en todo el territorio de
El caos en las
naciones vencidas. Terminada la guerra aún tiene la política interna una
ímproba tarea que realizar, especialmente si la misma ha sido perdida. En
este momento, parece como si las naciones integras, que han vivido varios
años con sus nervios sometidos a una constante tensión, desataran de pronto
todos sus instintos y bajas pasiones, creando problemas y situaciones que
amenazan hasta la constitución misma de los estados. Rusia y Alemania a la
terminación de la guerra 1914-18 constituyen la suficiente demostración de
esta afirmación. Esta obra política interna, debe ser realizada desde la paz,
en todos los ámbitos. Para lograrla, la
inician los padres en los hogares, la siguen los maestros y profesores en las
aulas, las FFAA en buques y cuarteles, los gobernantes y legisladores
mediante su obra de gobierno, los intelectuales y pensadores en sus escritos,
el cine, el teatro y radio en su obra educadora y publicitaria y finalmente,
cada individuo de una nación en la formación de su auto formación. Problemas internos argentinos.
Referido este problema a nuestro caso particular, llegaremos fácil a la
comprobación de que requiere un estudio y dedicación muy especial. En nuestra
lucha por la independencia y en guerras exteriores que hemos sostenido, sin
asumir el carácter de nación en armas que hemos definido, podemos observar
grietas lamentables en el frente interno, que nos obligan a ser precavidos y
previsores. Posteriormente, hemos ofrecido al mundo un litoral abierto a
todos los individuos, razas, ideologías, culturas, idiomas y religiones. Sin
duda; Todos los años un
elevado porcentaje de ciudadanos, al presentarse para cumplir con su
obligación de aprender a defender a
Es indudable que una
gran obra social debe ser realizada en el país, tenemos una excelente materia
prima, pero para bien moldearla es indispensable el esfuerzo común de todos
los argentinos, desde los que ocupan las más altas magistraturas del país,
hasta el más modesto ciudadano. La defensa nacional es así un argumento más,
que debe incitarnos para asegurar la felicidad de nuestro pueblo. La acción industrial.
Ya la guerra 1914-18 nos mostró, y en un grado aun mayor la actual, la
importancia fundamental que para el desarrollo de la guerra, asume la
movilización y el máximo aprovechamiento de las industrias del país. Conocido
es el rol que asumió EEUU en la anterior contienda y en la actual, en que
mediante la contribución de su poderío industrial, se convierte en el arsenal
de las naciones aliadas, en el máximo esfuerzo por inclinar a su favor la
suerte de la guerra. Todas las naciones en
la contienda, movilizan la totalidad de sus industrias y tienden con máximo
rendimiento hacia un esfuerzo común para abastecer sus FFAA. Es evidente que
este cambio, debe ser cuidadosamente preparado desde el tiempo de paz;
solucionando problemas tales como el reemplazo de mano de obra, obtención de
materia prima, conversión de industrias como consecuencia del peligro aéreo,
reemplazo y reposición de lo destruido, etc. Abastecimiento de
ejércitos en marcha. Durante la guerra es necesario poner en marcha este
grandioso mecanismo; regular su producción de acuerdo con las demandas
especificas de las FFAA; asegurar los abastecimientos a la población civil;
adquirir la producción de materias primas y productos industriales necesarios
en los países extranjeros, anticipar y neutralizar las adquisiciones de los
enemigos; orientar la acción de destrucción de las industrias enemigas,
señalando objetivos a la aviación y al sabotaje, etc. Industrialización de
nuestro país. Referido el problema industrial al caso particular de nuestro
país, podemos decir que constituye el punto crítico de nuestra defensa
nacional. La causa de esta crisis hay que buscarla lejos para poder
solucionarla. Durante mucho tiempo
nuestra producción y riqueza ha sido de carácter casi exclusivamente agrícolas.
A ello se debe en gran parte que nuestro crecimiento inmigratorio no ha sido
todo lo considerable que era de esperar, dado el elevado rendimiento de esta
clase de producción con relación a la mano de obra necesaria. Colmados los mercados
mundiales, se limitó la producción, y por ende, la entrada al país de la mano
de obra que ella necesitaba. El capital argentino, invertido así en forma
segura pero poco brillante, se mostraba reacio a buscar colocación en las
actividades industriales, consideradas durante mucho tiempo como una aventura
descabellada y aunque parezca risible, no propia de buen señorío. El capital extranjero
se dedicó especialmente a las actividades comerciales, donde todo lucro, por
rápido y descomedido que fuese, era siempre permitido y licito; busco también
seguridad en los servicios públicos o industrias madres, muchas veces con una
ganancia mínima respaldada por el Estado. La economía del país, reposaba casi
exclusivamente en los productos de la tierra pero en el estado más innoble de
elaboración, que luego transformaba en el extranjero con evidentes beneficios
para sus economías, adquiríamos de nuevo ya transformados. El capital extranjero
demostró poco interés en establecerse en el país para elaborar sus riquezas naturales,
lo que significaría beneficiar nuestra economía y desarrollo en perjuicio de
los suyos y entrar en competencia con los productos que seguirían allí
elaborando. Esta acción recuperadora debió ser emprendida evidentemente por
los capitales argentinos, o por lo menos que el Estado los incitase
precediéndolos y mostrándoles el camino a seguir. Compras bélicas en el
extranjero. Para corroborarlo no me referiré más que a un aspecto. Hemos
gastado en el extranjero grandes sumas de dinero en la adquisición de
material de guerra. Le hemos pagado a siete veces su valor, porque siete es
el coeficiente de seguridad de la industria bélica y todo ese dinero ha
salido del país sin beneficio para su economía, sus industrias o la masa
obrera que pudo alimentar. Una política inteligente, nos hubiera permitido
montar las fábricas para hacerlos en el país, las que tendríamos en el
presente, lo mismo que una considerable experiencia industrial y las sumas
invertidas habrían pasado de unas manos a otras, argentinas todas. Lo que
digo del material de guerra, se puede hacer extensivo a maquinarias
agrícolas, al material de transporte, terrestre, fluvial y marítimo y
cualquier otro orden de actividad. Los técnicos argentinos se han demostrado
tan capaces como los extranjeros, y si alguien cree que no lo son, traigamos
a estos y pronto asimilaremos todo lo que pueden enseñarnos. La capacidad del
obrero argentino. El obrero argentino, cuando se le ha dado oportunidad de
aprender, se ha revelado tanto o más capaz que el extranjero. Maquinarias, si
no poseemos en cantidad o calidad suficientes, pueden fabricarse tantas como
sean necesarias. A las materias primas nos las ofrecen las entrañas de
nuestra tierra, que solo esperan que las extraigamos. Si no lo tenemos todo,
lo adquiriremos allí donde se encuentre, haciendo lo mismo que los países
europeos que tampoco lo tienen todo. La actual contienda, al hacer
desaparecer casi en absoluto de nuestros mercados los productos
manufacturados extranjeros, ha vuelto a hacer florecer nuestras industrias,
en forma que causa admiración hasta en los piases industriales por
excelencia. La teoría que mucho
tiempo sostuvimos que si algún día algún peligro amenazaba a nuestra patria,
encontraría en los mercados extranjeros el material de guerra que
necesitásemos para completar la dotación inicial de nuestro Ejercito y
asegurar su reposición, ha quedado demostrada como una utopía. Debemos poseer la
industria propia. En este sentido, el
primer paso ya ha sido dado con la creación de
Al mismo tiempo es
necesario orientar la formación profesional de la juventud argentina. Que los
faltos de medios o de capacidad comprendan que más que medrar en una oficina
publica, se progresa en las fábricas y talleres y se gana en dignidad muchas
veces. Que los que siguen carreras universitarias, sepan que las profesiones
industriales les ofrecen horizontes tan amplios como el derecho, la medicina
o la ingeniería en construcciones. Las escuelas
industriales, de oficios y facultades de química, industrias, electrotecnia,
etc., deben multiplicarse.
La acción comercial.
El comercio, tanto exterior como interior de cualquier país, tienen una gran
importancia desde el punto de vista de
Es necesario entonces,
estudiar cuidadosamente desde tiempo de paz, condiciones particulares en que
el comercio podrá desenvolverse en tiempo de guerra, para desarrollar una
política comercial adecuada. En primer lugar, es necesario orientar desde la
paz, las corrientes comerciales con los países que más difícilmente podrán
convertirse en contendientes en una situación bélica dada, ya que siendo el
comercio una de las principales fuentes de la economía y finanzas de
Luego deben estudiarse
los puertos por donde saldrán nuestros productos e ingresaran los del
extranjero. Se debe determinar cuales son los susceptibles de sufrir ataques
aéreos o navales, los que pueden ser bloqueados con mayor facilidad, etc.,
para saber cuales son los utilizables y las ampliaciones necesarias en sus
instalaciones para admitir la absorción de los movimientos comerciales de los
otros. Estudio de las rutas
comerciales. A continuación, habrá que considerar la forma en que dichos
productos atravesaran el mar, para asegurarlos contra el ataque naval del
adversario. Surge como condición optima, la necesidad de disponer de una
numerosa flota mercante propia y una poderosa marina que la defienda. Se
deberá estudiar también, la posibilidad de desviar él trafico de productos a
través de países neutrales o aliados, con los cuales los unan vías de
comunicación terrestre, como forma de burlar el bloqueo. Análogo estudio
deberá efectuarse de los puntos críticos sobre el que reposa el comercio
enemigo, para atacarlo y poder así destruirlo, sea mediante el ataque directo
o por la competencia de productos similares en los mercados adquisitivos,
haciendo jugar todos los resortes que la política comercial posee. Lo manifestado para el
comercio marítimo, debe naturalmente, ser extendido a comunicaciones terrestres
y fluviales con los países continentales. Posibilidades y
desarrollo del comercio interno. Es necesario luego extender las previsiones
al desarrollo del comercio interno, asegurando una distribución adecuada, de
los productos destinados a satisfacer el abastecimiento de las FFAA y de la
población civil, evitando la especulación y el alza desmedida de precios. Las
vías de comunicaciones terrestres (FFCC y viales) y las fluviales, deben ser
cuidadosamente orientadas por una sabia política que contemple no sólo las
necesidades en tiempo de paz, sino también las de guerra en forma similar al
comercio marítimo. Además, habrá que considerar las necesidades de las FFAA,
no solo para su abastecimiento, sino para movilización, concentración y
realización de determinadas maniobras. La acción económica.
La economía de Las posibilidades de
comercio exterior, las condiciones particulares de la economía de cada país y
el manejo de sus finanzas, requieren la más hábil conducción para evitar la
ruina del mismo, a pesar de haber ganado la guerra. Los consumos de
productos de un país en guerra, asumen cifras fantásticas, y es necesario
estimular al máximo la producción de riquezas, a pesar de que la mano de
obra, las maquinarias y el utillaje, las fuentes de energía y los medios de
transporte, se encuentren ya exigidos al máximo. Transformación de la
economía nacional. Es necesario, además de estudiar la realización de las
propias fuentes de riqueza, coordinarlas con las regiones que se prevea
conquistar o perder durante la contienda. Indudablemente, la movilización y
transformación de la economía del país, con todos los intereses que habrá que
vencer, las formas de explotación muchas veces antieconómicas que será necesario
establecer, distribución adecuada de recursos, determinación de las
importaciones indispensables y el orden de prioridad a establecer en las
mismas, organización del trabajo y empleo del personal, adaptándolo a
determinadas actividades, la utilización de los medios de transporte y de
comunicación, etc., son tareas muy complicadas. Al igual que las
cuestiones analizadas anteriormente, los países desde el tiempo de paz,
tratan de someter las economías de los países probables adversarios a ciertos
vasallajes y situaciones criticas, preparando verdaderas minas de tiempo que
harán explosión en el momento deseado. La transformación que necesariamente
debe producirse en las industrias, en la vida agropecuaria y en todos los
órdenes de la producción, son de tal naturaleza que, si no se han adoptado
con tiempo medidas previsoras, muy graves perturbaciones pondrán en peligro
la existencia misma de los Estados. La desocupación y el derrumbe industrial
y comercial, han asolado a las naciones beligerantes después de la guerra,
cundiendo una desmovilización general y contagiosa. La acción financiera.
Es indudable que las finanzas sanas, desde la paz, facilitan notablemente la
conducción financiera de la guerra. La existencia de reservas metálicas de
divisas y un crédito exterior e interior sano, son otros tantos factores de
éxito a considerar. Deben adoptarse las
previsiones financieras. La financiación de la guerra, solo puede hacerse
sobre la base de cuidadosas previsiones, formuladas desde la paz, ajustadas a
las más variadas circunstancias que puedan presentarse. Será necesario
efectuar una apreciación sobre el probable costo de la guerra, sobre el cual
es muy fácil que nos quedemos cortos. En el establecimiento de las
inversiones, habrá que extremar todas las medidas existentes, aun
coercitivas; movilización de las reservas metálicas y divisas existentes -
aportes voluntarios de las reservas metálicas y divisas existentes - del
sistema impositivo - de la emisión del papel moneda, etc., sin consideración
alguna a los intereses particulares y privados. Será también necesario
realizar una guerra implacable a las finanzas de las naciones adversarias,
especialmente atacando su crédito, su moneda y su sistema impositivo. Será también necesario
estudiar la contribución económica y financiera que se impondrá a la nación
vencida y la forma de pagar la deuda de guerra en caso de derrota. |