Catolicismo e Integración Latinoamericana

 

Miguel Angel Barrios (*)                                      

 

22 de diciembre de 2006

 

El hilo conductor de la Doctrina Social es la Evangelización de los Pueblos. Decir esto implica inmediatamente Evangelización y Cultura, pues no hay pueblos sin formas culturales específicas.

 

Los pueblos no son homogéneos e intercambiables entre sí, sólo diferenciables por sus rentas per cápita, su pobreza o su riqueza. Tampoco los pueblos son inmutables sino que se generan históricamente y en la historia se forman y deforman, emergen o desaparecen, cambian o se transmutan. El hombre es un animal cultural, las culturas, procesos históricos, la Evangelización un acontecer histórico que genera historia.

 

La Evangelización en la historia, pero no en cualquiera, sino en la de América Latina como conjunto cuyo eje núcleo-estratégico es su conformación como ámbito cultural con cierta consistencia propia dentro del sistema mundial.

 

Sólo desde la autoconciencia de la historia podemos abordar el futuro, les redaba Juan Pablo II a los obispos del CELAM (12 de Octubre de 1982 en Santo Domingo). Es exacto, quien se queda sin raíces no está libre, sino simplemente perdido.

 

Pensar la historia es ya proyectar el Porvenir.

 

La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (Brasil) en mayo de 2002 nos reexige ubicarnos y situarnos históricamente, para bucear horizontes, asumir fuerzas y construir provenir en el pueblo católico universal latinoamericano en la globalización.

 

La Iglesia de América Latina, los 400 Millones de católicos que a ella pertenecen, entran en una nueva época, no del todo inteligible en cuánto a sus formas todavía no consolidadas.

 

La Iglesia Latinoamericana tiene la responsabilidad de ejercitar una inteligencia del tiempo presente, del momento histórico que le toca vivir.

 

¿Por qué? ¿Por qué la Iglesia tiene el deber de entender el momento histórico que atraviesa el mundo, y dentro de él América Latina? ¿Por qué la Iglesia, a causa de su propia misión, está llamada a evaluar el curso de la historia y la dirección de los acontecimientos? La Iglesia es una realidad humana peculiar, que vive en los Estados y en medio de sus pueblos. Un pueblo Universal. Y es así desde los orígenes del Cristianismo.

 

Una Misión: la Iglesia es esencialmente Misión- debe comprender desde la Doctrina Sociallos signos de los tiempos”, porque de lo contrario corre el riesgo de perder humanismo, ya que el mundo le resultaría amorfo.

 

Sin conciencia histórica hay siempre algo frágil en una “misión”. Sólo si se captan bien las características del enemigo –Satán significa enemigo- del enemigo principal, se determina el carácter de una época y en los caracteres de una época está la respuesta de la Iglesia a tal enemigo concreto.

 

En el fondo, siempre -lo reitera Methol Ferré- la historia es la lucha por el reconocimiento del hombre por el hombre, este reconocimiento es una conquista en una innumerable cadena de no reconocimientos.

 

La originalidad de Cristo no es sólo el amor al prójimo, sino particularmente el amor al enemigo. La dialéctica amigo-enemigo en términos cristianos no se resuelve con el aniquilamiento del enemigo, sino con la recuperación del enemigo como amigo, afirma Methol Ferré en todas sus obras.

 

La impresión que se recoge observando hoy a la Iglesia en América Latina y en especial a sus redes educativas, es un cierto desconcierto debido a que no se capta en profundidad al enemigo principal y esto genera inmovilidad y hasta cierta parálisis eclesial.

 

Para realizar la imbricación América Latina-Catolicismo es preciso identificar qué es América Latina.

 

América Latina se agrupa en torno a dos núcleos, el imperio español con sus virreinatos y capitanías y el imperio portugués con su virreinato, luego reino del Brasil junto a Portugal. La independencia coincide con la subdivisión de la parte española –que comienza a fraccionarse hasta conformar los veinte países que hoy conocemos- cuyos fragmentos más importantes son: México en el norte y la Argentina y Colombia en el Sur.

 

Un elemento característico de este proceso de fragmentación es la conformación de las repúblicas agroexportadoras o “Estados-Ciudad” que ejercían a partir de sus respectivos puertos el control de los enormes Hinterland, generalmente poco habitados y con mínima intercomunicación.

 

Estas Polis estaban estrechamente vinculadas a un centro externo (el Imperio Británico en el caso de América del Sur) mientras que en cambio, no estaban comunicadas entre ellas.

 

Por lo tanto, si Castilla y Portugal a través del barroco cristiano de Trento están en el origen mestizo y católico de América Latina, en los orígenes de América Latina independiente y su fragmentación está Francia en el terreno cultural y Gran Bretaña en el orden económico.

 

La Integración de América Latina en el siglo XXI, es el único modo en consecuencia, de participar en la globalización, el único para poder entrar verdaderamente en el concierto mundial.

 

La idea de integración está en el orden político en el programa de varios partidos desde Haya de la Torre y el APRA heredero de la Generación 900.

 

Tornándose efectivo desde la praxis política con Juan D. Perón en 1951, cuando propondrá a Getulio Vargas y a Carlos Ibáñez del Campo un nuevo ABC (son las iniciales de Argentina, Brasil y Chile) concebido como un trampolín hacia los “Estados Unidos de América del Sur” –como lo llamaba Perón-. El centro de aglutinación de América del Sur, en el razonamiento de Perón, era la alianza entre Argentina y Brasil. Alrededor de este núcleo duro podría realizarse la confluencia del conjunto.

 

Con estos rasgos se prefigura el actual MerCoSur. El nacimiento del MerCoSur es una novedad en la historia del continente. El Mercado Común del Sur representa el movimiento inverso al proceso de fragmentación al que me he referido.

 

En el fondo, se continúa con la tarea inconclusa de Bolívar, Artigas y San Martín.

Este legado, es perfeccionado por la Generación Latinoamericana del 900.

 

Ellos acuñan la idea de la Patria Grande en contraposición con las pequeñas Patrias, cuyo destino inevitable sería el de empequeñecerse más.

 

Se trata de una generación que se hace escuchar en el interregno entre el siglo XX y el siglo XXI. La primera voz es Rodó, uruguayo, con su célebre Ariel publicado en febrero de 1900. A él le sigue el argentino Manuel Ugarte con su gira Continental, luego Rufino Blanco Fombona –venezolano- pues escribe un libro sobre la Estructura Social de la América Hispana.

 

El peruano Francisco García Calderón insinúa en 1912 en su libro “Las Democracias Latinas de América” y en 1913 “La Creación de un Continente”, con cierta fuerza que el destino unificado de América del Sur tiene su eje emergente en Brasil y Argentina. Con el mexicano Carlos Pereira y su gran obra de los años 20, culmina este esfuerzo por revisar y representar nuestra historia como conjunto, aproximación que se realizaba por primera vez.

 

La Generación Latinoamericana del 900, superador de los proyectos positivistas legitimadores de los Estados-Ciudad, refleja en su filosofía el círculo histórico-cultural latinoamericano de base católica.

 

Rodó no es católico pero valora la herencia del catolicismo. En un determinado momento sale en defensa de los crucifijos en los hospitales en contra de su remoción, pedida por los liberales de la época. Ugarte en cambio era católico y socialista al mismo tiempo. Vasconcelos también era católico.

 

La primera entre las revistas católicas en tener una dimensión latinoamericana es “Latinoamérica” -1949- que refleja bien la autoconciencia del catolicismo anterior a la Conferencia General del Episcopado en Río de Janeiro. Su primer editorial fue escrito por Vasconcelos.

 

La publicación es bilingüe, en español y portugués y en francés cuando se trata de Haití.

 

La Iglesia reivindicaba la herencia católica e iberoamericana en sentido amplio, contra la Leyenda Negra liberal y de raíz anglosajona que describe a la Iglesia como una fuerza histórica retrasada y opresiva.

 

La revista recuerda que ya en 1862 se instituía en Roma un Colegio con ese nombre, Pío-Latinoamericano y que León XIII, en 1899, había reunido en Roma el Primer Concilio Plenario Latinoamericano. La revista retomaba esa tradición y con justicia el Colegio Pío-Latinoamericano es la primera institución en la historia que usa tal denominación.

 

La generación del ‘900 es el puente o nexo entre el unionismo latinoamericano de los libertadores y el latinoamericanismo de los movimientos nacionales populares del siglo XX que enarbolan las banderas de la industrialización, democratización e integración.

 

En ese contexto nace en 1955 el CELAM -es su razón de ser-, el CELAM tiene la obligación de comprender a América Latina en el contexto del mundo. Debe interpretar los “signos de los tiempos”, abrazar el nuevo movimiento unificador de la historia del continente, indicar el camino común a las Iglesias de América Latina.

 

La Iglesia está dentro del intento de reformulación económica de la CEPAL, dentro del movimiento estudiantil, dentro de los movimientos nacionales-populares, dentro de las luchas campesinas y obreras, dentro de la expansión de la sociología. Nada de lo Latinoamericano le es ajeno.

 

Dentro del marco más amplio de la Historia unitaria de América Latina hubieron cuatro momentos de gran eclosión teológica-política:

 

El primero se reconduce a los años de la fundación de la catolicidad latinoamericana, originado por el dominico Las Casas, implicó a España entera; los reyes, la corte, los Sepúlveda… Tuvo una gran potencia. No debe olvidarse que en aquellos años se creó el derecho internacional moderno (o de gentes) en la obra del Padre Victoria.

 

La gran polémica con el liberalismo anticlerical triunfante en las nuevas repúblicas latinoamericanas en formación, que tuvo su mayor intensidad en la segunda mitad del siglo XIX. La discusión precedió y siguió a la separación de la Iglesia de los Estados, hasta el primer tercio del siglo XX.

 

En las décadas de 1930 y 1940 hubo una gran controversia entre la “nueva cristiandad” de Maritain, expresión de un liberalismo democrático social-cristiano. En nombre de un integrismo participaron algunos latinoamericanos, como el argentino Julio Menvielle.

 

Finalmente, es la Teología de la Liberación Post-Concilio Vaticano II; es la cuarta y en cierto sentido la única estrictamente latinoamericana. Aquí hubo un núcleo que puso el acento en la historia, en la religiosidad popular, en la cultura. Podemos citar a Lucio Gera, Gerardo Farrell, Juan Carlos Scannone, Methol Ferré, el peruano Ricardo Antoncich.

 

Los concilios desde Medellín profundizan desde este cuarto camino la idea del pueblo cristiano histórico latinoamericano.

 

En estas circunstancias la unificación de América del Sur puede obedecer a tres tipologías distintas:

 

1. la de ser un continente unificado a partir de los intereses de los Estados Unidos;

 

2. la de serlo a partir de la hegemonía de Brasil sobre América del Sur; o

 

3. la de unificarse teniendo como centro una equilibrada integración del área hispana y portuguesa mestizas sudamericanas.

 

En el primer caso, el continente asumiría el aspecto de un gigantesco Puerto Rico; en el segundo asistiríamos a un camino hecho de avances y retrocesos, en una lucha perpetua entre potencias que aspiran a ser continentales. Además un hegemonismo brasileño consolidaría la intención de otros poderes extra-latinoamericanos.

 

Sólo la tercera vía de equiparación entre el conjunto hispanoamericano y brasileño, llevaría a la Comunidad Nacional y Sudamericana.

 

Existe un nexo intrínseco, lo establece desde siempre Monseñor Gerardo Farrell, entre cultura católica e integración. La sola observación estadística muestra que la mayor parte del pueblo católico diseminado sobre la tierra se encuentra en América Latina. La Edición de 2005 del Anuario Pontificio habla de 1.086 Millones de católicos en el mundo. América Latina representa el 49,8% del total, Europa el 25,8%, África el 13,2%, Asia el 10,4% y Oceanía el 0,8%.

 

Las religiones están dentro de los Estados, salvo en el caso del Islam, donde se tiende a la unidad religiosa. Poder significa la capacidad de determinarse así mismo y a otro. La relación recíproca entre la Iglesia y el Poder detentado por el Estado pasa a través de innumerables formas de expresión.

 

Este razonamiento se aplica también a la perspectiva integracionista; potencia el poder y entonces potencia la misión de la Iglesia de influir sobre la globalización solidaria del mundo.

 

La Iglesia Católica siempre apoyó los movimientos de integración de América Latina. Es un rasgo constante, desde la Conferencia Episcopal de Medellín a la de Santo Domingo, pasando por la de Puebla. Pero ya desde antes la Iglesia había dado muestras de seguir activamente los procesos unificadores. La primera reunión del CELAM, precedente a la misma Conferencia de Medellín en 1968, que tuvo lugar en Mar del Plata, Argentina- comenzó con un prólogo a favor de la integración.

 

Integrarse es para la Iglesia un estado de inmiscuirse en plenitud con los “signos de los tiempos” el gran desafío de la Doctrina Social: con Estados separados no habrá desarrollo seguro ni lucha eficaz contra la pobreza.

 

En el problema de la integración están contenidos en síntesis el de la lucha por la justicia, por la investigación científica, por la adquisición de técnicas y tecnologías, problemas que no están al alcance de países individuales y separados. Y es también estar a la altura del nuevo milenio, una presencia católica importante será más importante en un continente unido. La condición para promover los propios intereses nacionales es la de ser continentales.

 

La Próxima Conferencia Episcopal nos pone ante la prueba máxima de estimular y acompañar los esfuerzos a favor de la integración latinoamericana como “Patria Grande” a partir de una perspectiva de solidaridad y autonomía de nuestros pueblos, de ethos católico, que por otro lado exija un nuevo orden internacional más justo.

 

Bibliografía de consulta

 

Farrel, Gerardo. Iglesia y Pueblo en la Argentina. Ed. Patria Grande. Bs. As. 1992.

Guzmán, C. En camino hacia la V Conferencia de la Iglesia Latinoamericana. Ed. Claretiana. Bs. As. 2006.

Guzmán, C. Una apuesta por América Latina. Sudamericana. Bs. As. 2005.

Methol Ferré, Alberto. La iglesia en la Historia de América Latina. Cuadernos de Nexo Nº 1. Bs. As. 1987.

Methol Ferré, Alberto. Puebla. Procesos y tensiones. Editorial Documenta. Bs. As. 1979.

Methol Ferré, Alberto y Alves Metalli. La América Latina en el siglo XXI. Ed. Edhasa. Bs. As. 2006.

Barrios, M. A. Tesis Doctoral en Ciencia Política: “El latinoamericanismo en el pensamiento político de Manuel Ugarte”. Universidad del Salvador. Bs. As. 2000.

Barrios, M. A. Tesis Doctoral en Ciencias de la Educación: “La Generación Latinoamericana del ‘900: José Martí, José Vasconcelos y Manuel Ugarte y la vigencia de su Programa Educativo en la Globalización”. Universidad Tecnológica Intercontinental –UTIC- Asunción, Paraguay. 2001.

(*) Dr. en Ciencias de la Educacio - Universidad Tecnologica Intercontinental (UTIC) Asuncion, Paraguay.

Dr. en Ciencia Politica - Universidad del Salvador (USAL) Bs.As.

Diplomado en Relaciones Internacionales - Escuela Complutense Latinoamericana - Universisidad Complutense de Madrid, España.