Leonardo Castellani
Un capítulo
de "San Agustín y nosotros"
VI -
Vamos a ver a quién le toca hoy recibir palos. La
filosofía es "dialéctica", siempre lo ha sido, es decir, argumentativa
o discutidora. La filosofía es amor a la verdad, y el amor a la verdad es odio
al error; y el error existe en el mundo en cantidades no despreciables. La
filosofía por lo tanto siempre ha cantado en contrapunto. No es que el
filósofo tenga gusto en atacar, como dice la gente, o en destruir: no.
Canta en contrapunto. Aristóteles comienza su Metafísica destruyendo a
su maestro Platón -en apariencia; por eso los platónicos, los de la primera
Academia, lo tacharon de ingrato; y él respondió esa frase: "Amigo
Platón, más amiga
"¿Qué es
"Andad a decir verdad,
moriréis en el hospital -dicen los españoles. No quiero pararme en el estado en
que se encuentra hoy día la difusión y la defensa de la verdad, porque me
resulta demasiado doloroso: la veo como un "Ecce homo" hecha
una llaga de pies a cabeza: "non est in ea sanitas." Siempre
Este crimen está tan vigente hoy día que la
existencia de medios maravillosos de propagar la palabra humana, de que nos ha
dotado la técnica moderna, no se sabe ya si es un bien o es un mal; y para
muchísimos es ciertamente un mal. Para mí, la imprenta es un mal; eso no quita
que yo comprara una si tuviera dinero. Dice Harnack que a los seis meses de
escribir San Agustín las Confesiones había tres mil copias de ellas en
el Imperio Romano. Pregúntenle a Barletta, a Marechal o a mí si en seis meses
vendemos tres mil ejemplares de nuestros libros ¡Es que no son las
Confesiones! - Si lo fueran, sería mucho peor. Hoy día la difusión de un
libro está en razón inversa de su aproximación a la verdad, salvo algunas
excepciones. El Mundo desea ser engañado -como algunas mujeres. "Queremos que los transportes pertenezcan a
los obreros..."
Sin embargo hay que tener ánimo: cerrar del todo el
paso a
Sin embargo, la comunidad o la nación que peca
contra
Es curioso que estemos aquí preguntándonos qué es
Vamos a examinar un momento la definición de
La filosofía moderna desde Cartesius a Hegel ha
errado gravemente en la definición de la verdad: Descartes puso un falso
supuesto, y Hegel sacó las últimas consecuencias, a la zaga de una larga fila
de grandes pensadores "racionalistas", como se llaman.
Descartes asumió en forma implícita lo que hoy llaman el "prejuicio idealista";
el cual en definitiva consiste en hacer de la razón humana la medida de las
cosas; o sea, la fábrica autónoma de
Los antiguos definían modestamente a la verdad
diciendo que era "una ecuación entre el intelecto y la cosa" -no una identidad
precisamente sino una ecuación. Esta definición es discutible; Mauricio
Blondel la rechaza con energía, pero no conozco ninguna otra mejor. Ésta es la
verdad lógica, la verdad que está en nuestros juicios. Después está la verdad
moral, la que está en nuestras palabras y nos hace veraces; y finalmente está
la verdad en sí misma, que son las cosas mismas, como cuando decimos que una
moneda es verdadera o que Cristo fue verdadero hombre. "Ens et verum
convertuntur" decían los antiguos: el ser y la verdad son recíprocos,
todo ser es verdadero, todo verdadero es ser; es decir,
Esto es la verdad: una comunión con la realidad a
través de una actividad del intelecto que no es fácil de estudiar, pero de la
cual toda la humanidad tiene conciencia -excepto los que pretenden no tener esa
conciencia. Y de esa comunión depende la salvación individual del hombre,
"la verdad os libertará." San Agustín decía que el peor
mal del hombre es el error. ¿No es el pecado el peor mal de la tierra para el
cristiano? San Agustín decía esta cosa enorme, que es el error. Pero Cristo
también lo dijo en cierto modo: porque Él no dijo: "Yo soy la moral",
-dijo: "Yo soy
El primer problema filosófico que se me puso a mí
fue el de la verdad, el año 1917. Hagamos esta filosofía un poco autobiográfica,
a la moda de San Agustín. Yo estudié toda
Pero apretado por saber cómo era la verdad, aprendí
que los filósofos la definían de diverso modo. Dalmau y Gratacós decía que era
la ecuación entre la mente y la cosa y que ella misma era su propia medida o
criterio; pero Descartes decía que era nuestras propias ideas puestas en
conexión con la existencia de Dios, y de allí con el mundo externo: y que su
señal eran las ideas claras y distintas, las cuales no pueden engañarnos, pues
eso sería Dios mismo engañarnos. El hombre lo primero que conoce son sus ideas,
normalmente su pensamiento y su propio Yo existente: "Yo pienso, luego
existo." De ahí automáticamente se sube a la existencia de Dios, por
medio de la idea de Infinito, o de Perfecto, clara y distinta (que no se sabe
muy bien cómo está dentro de la idea segura e inconmovible del Yo), y de ahí se
baja al conocimiento del mundo externo, claro y distinto, en virtud de la
veracidad divina. ¡Admirable filosofía y muy cristiana sobre todo! Basta
sentirse a sí mismo para sentir la existencia de Dios; basta la conciencia,
cosa que todos tienen y no pueden dejar de tener, . y queda creada
La verdad es facilísima, dice este gran demagogo de
la filosofía. Pero entonces ¿de dónde sale el error? ¿Por qué hay tantos
errores? ¿Cómo el error es el gran enemigo del hombre? Todo error es una
mentira -resuelve Descartes. Todo error es culpable porque proviene de la
voluntad, no del intelecto. Esta filosofía era fundamentalmente
anti-tradicional, y por ende anticristiana, por más que muchos cristianos o
"democristianos" de aquel tiempo se pusieran a clamar que "por
fin se había inventado una filosofía verdaderamente cristiana". Tan
pavotes son los cristianos de estos tiempos. Pero no engañó a Pascal ni engañó
a Vico. Pascal, que es uno de los más grandes cristianos que han existido, tan
gran matemático como Descartes y mucho más inteligente que Descartes, se le
revolvieron las entrañas, el "corazón" que dice él, y exclamó:
"No le puedo perdonar a Descartes." Vico dijo tranquilamente desde
Nápoles: "Las ideas claras y distintas son una de las señales más
claras del error. Tener ideas claras y distintas acerca de las cosas difíciles,
no siendo un ángel, es tener ideas fáciles acerca de las cosas difíciles, es
decir, ideas erróneas -o peor que erróneas, es decir, ideas ni . verdaderas ni
falsas" -lo que nosotros llamamos "macaneo".
"Todo error es una mentira según Descartes;
pero las pseudomentiras de los niños no son mentiras; las falsedades de los
poetas no son falsedades... mentira disculpable en un poeta, que mienten todos
más que la gaceta... y las ilusiones del místico no son ilusiones; pero en
cambio la mayoría de las cosas que corren son errores.
¿Qué es error? La no conformidad de la
mente con la cosa es el error; la no conformidad de la mente con las palabras
es la mentira; la no conformidad de la cosa consigo misma (si eso es posible)
es el error y la mentira trascendental; y así decimos que este poema es falso,
que esta moneda es falsa, que este vino no es vino verdadero, que esta religión
no es verdadera, e incluso que un hombre tiene el alma o la naturaleza falsa:
nos referimos entonces a la verdad trascendental, al ser mismo de las
cosas. Un falso profeta no es un hombre mentiroso, es un hombre que se cree
profeta y no lo es, es mucho más peligroso: es lo opuesto a las mentiras de los
niños. Pero esto último es más bien un modo de hablar; pues toda cosa en cuanto
es, es verdadera, y una moneda falsa, es una verdadera moneda falsa.
El error y la mentira no están propiamente en las cosas
sino en la boca y la mente del hombre: "mentira", viene de "mente".
Las mentiras de los niños no son mentiras muchas veces. Cuando el nene
dice: "¡Yo no fui!" no quiere decir quizá "Yo no rompí el jarrón
ayer", de lo cual a lo mejor ni se acuerda, sino simplemente: "Yo no
quiero ser castigado" o bien "Yo no quise hacer ningún mal." Sus
palabras están conformes con su propia mente, hay que traducirlas al lenguaje
adulto; sus palabras no están conformes con las cosas, sea; pero su mente está
conforme con su propia cosa, con su pequeño mundo, muy subjetivo e
incierto todavía. Cuando Oscarcito dice que hay una vaca encerrada en el tarro
de la leche en polvo, es verdadero dentro de un mundillo parecido al trasmundo
de los poetas o al metamundo de los cuentos de hadas. Son los adultos en
quienes la boca no está conforme con la mente y la mente no está adecuada a las
cosas; y las cosas que de eso derivan, de esa falta de verdad, son porquerías.
Como decía Oscarcito en la escuela: -¿Cuántas son las edades del hombre? -Las
edades del hombre son cinco: infancia, niñez, adolescencia, juventud y... adulterio.
Así también las ficciones o invenciones del poeta
responden a una realidad interna, aunque sean mentiras respecto al mundo
externo; y las visiones del místico responden a una realidad interna y externa,
pero invisible e inexpresable. La idea del poeta responde a una realidad
superior, que nosotros no podemos ver y que él no puede expresar en forma
lógica, sino solamente por medio de invenciones, ficciones, versos, colores,
ritmos o sonidos; en cuanto al místico, a una realidad que él posee y casi no
se puede expresar de ninguna manera. Los dos persiguen la expresión de lo
invisible; y el místico de lo invisible inexpresable. Pero ¡ojo! que esto no se
interprete como una justificación de los poetas desvariados de hoy, que
escriben poemas libres con sensaciones puras y metáforas descoyuntadas y
palabras en libertad, porque éstos no tienen lógica, como todos los poetas,
pero tampoco tienen ideas en la cabeza, como los malos poetas, y a veces, ni
siquiera cabeza, como los locos.
Éstos yerran, como los falsos místicos; yerran
corriendo en pos de una cosa grande, la expresión de lo invisible. El error es
el peor mal del hombre: "Todo pecado es un error", enseñó
Sócrates; lo cual es exacto en cierto sentido, en el sentido que todo delito
depende de algún modo y últimamente de un error. Así pudo decir San Agustín que
el error es el mayor mal del hombre; porque de todo error brotan numerosos
pecados. Pongamos un ejemplo de la gravedad de este mal: la gente
ordinariamente no lo ve: ve el mal del pecado; no ve el mal del error.
Esas "tragedias de familia"... un
sacerdote no puede pasar la vida sin toparse con alguna de esas tragedias de
familia, esas tragedias que no tienen solución ni desenlace, esos líos
inextricables que se enredan cada vez más: en el fondo de ellos hay errores más
que maldad, a veces un sólo error inicial, pero nunca reparado ni percibido.
Cada uno de los que disputan, se vituperan, se inculpan, se atormentan y se
destrozan, tiene una parte de razón; y no son malos, no son malos del todo.
Pongamos una mujer que tiene mala salud, tres hijos pequeños y no muy sanos y
lengua larga; un marido que tiene dos hijos grandes de un primer matrimonio,
poco talento y un genio irritable; y un pueblo chico infierno grande. ¿Es eso
posible? Sí. Pongamos que la mujer, llevada de su preocupación maternal, -puede
morirse pronto, ve a sus vástagos desamparados- se porta como una madrastra:
quiere desheredar a los dos hijastros, para no dejar desproveídos a los suyos,
y pone sus bienes, todo lo que gana, a nombre de una amiga, para burlar la ley
de herencia, sin papel ninguno, de modo que la amiga se puede quedar con todo,
si se le antoja. El marido se siente incómodo y descontento; los dos hijos
mayores, injustamente tratados, intrigan contra la madrastra, acompañados de
esposas, cuñados, tíos y un partido entero; el pueblo se divide y toma partido,
las lenguas trabajan, el problema se ramifica: un día dos tipos se agarran a tiros
en el Hotel Sarmiento, uno con un revólver acurrucado detrás de una mesita, el
otro con un winchester detrás de un árbol. Uno lo hiere en un hombro al otro; y
a los pocos días se va al hospital y le pide perdón llorando. La madre
madrastra está en lucha continua contra el pueblo entero y contra su
conciencia, y su salud se viene abajo; el padre está en lucha consigo mismo y
con toda la parentela de su mujer. No hay solución ninguna: pasiones
indomables, instintos tenaces, líos cada vez mayores. Bien, en el fondo de todo
esto yacen agazapados un montón de errores que se resumen en un gran error,
acerca de sí mismos; "no se ven a sí mismos", no hay razón, no
hay lucidez, no hay claridad intelectual, que es necesaria al hombre para
dominar sus instintos. "A toda esta gente hay que mandarla a la
escuela, y ya es tarde" -dice el cura desolado. No queda más remedio
que pedirle a Dios que lo arregle; y Dios a veces lo arregla de un tremendo
golpe de espada; y hay que darle gracias encima. Dios puede más que nosotros.
Él es
Tenemos obligación grave de cultivar la propia
inteligencia, porque "la estulticia es pecado mortal", dice Tomás de
Aquino. ¿En qué mandamiento está ese pecado? No lo sé; pero en alguno está
-quizá en el primero.
Pues bien, una nación donde se ha perdido la
reverencia a
Cuando en una nación, el ser inteligente, el ser
veraz y el ser preparado es un crimen, esa nación es invertida, es
sodomita; y le espera la lluvia de fuego de Sodoma.
Este ejemplo trivial es para hacer ver lo que es el
error según San Agustín. Para ver qué es
Descartes armó un barro tremendo en la filosofía
por orgullo, por dar al intelecto del hombre más de lo que él es, por
concebirlo al modo del intelecto del ángel, tributario en esto quizá -sin
saberlo de la decadente teología escolástica de su tiempo. Efectivamente, el
conocimiento del ángel es (si no nos mienten los que han visto ángeles) intuitivo,
es innato, es sobre todo independiente de las cosas; pero el
conocer del hombre es discursivo no es innato, no es independiente
de las cosas; por lo cual con razón dicen los críticos que Descartes
cometió "pecado de angelismo", al hacer a la verdad humana
fácil, casi infalible y pendiente sólo de la luz de Dios -error que se va a
formalizar en Malebranche, se va a magnificar en Spinoza y va a llegar al colmo
en Hegel. Los ángeles, sí; los ángeles conocen todas las cosas en las ideas
ejemplares y creadoras del intelecto divino, ideas que les han sido infundidas
al ser creados, a cada uno según un grado o medida, -según lo que tienen que
hacer- y que pertenecen por tanto en cierto modo a su natura misma. Son ideas
ejemplares, ideas prototipos, como las ideas maduras de los grandes
filósofos y las ideas creativas de los grandes artistas. Ellos sí que ven
primero sus ideas y después las cosas: sus ideas son como modelos o razones
destellantes de actividad intelectual, en las cuales ellos ven todas las cosas,
no en su materialidad, sino como si dijéramos en sus planos vivos: en sus
"esquemas dinámicos"... Pero el hombre no es así, hélas, el
hombre no es así; aunque los matemáticos y los caudillos políticos creen fácilmente
que ellos son así. Siendo un espíritu inmerso en una sensibilidad, tiene que
ver las cosas en su materialidad primeramente; y no puede tener la idea
de ellas, sino extrayéndola -abstrayéndola- penosamente de la materia, primer
objeto de su conocimiento. El ángel lo último que conoce es la materia; el
hombre, lo primero. El ángel lo primero que conoce son sus ideas innatas; el
hombre lo último. La verdad es para el hombre la ecuación de su intelecto con
la cosa; para el ángel la conformidad de la cosa con su intelecto, el cual
ciertamente percibe lo primero de todo su natura espiritual, limpia y
transparente como un espejo vivo de todo lo creado y del Creador. Primero
conoce su Yo y su Creador; y después todas las cosas creadas- como soñó
Descartes del hombre: pecado de angelismo.
Si hubo algún hombre con mente de ángel en este
mundo, fue Marco Aurelio Agustino de Tagaste; sin embargo la marcha de su mente
a
La escala que establece el Africano es ésta: sentidos
externos, sentidos internos, razón y verdad. Sentidos externos que conocen
el mundo externo y como si dijéramos la superficie del ser; sentidos internos
que conocen la subjetividad propia y clasifican y ordenan el mundo
externo; razón que conoce el ser de las cosas, el cual ser de las cosas
es su verdad y la verdad en sentido transcendental; y por encima de todo,
- la verdad de nuestras palabras cuando decimos lo
que pensamos, verdad moral;
- la verdad de nuestra mente cuando pensamos bien y
nuestra mente se somete a las cosas, verdad lógica;
- la verdad de las cosas mismas, la realidad
inteligible, verdad transcendental.
Y la verdad transcendental, la verdad de las cosas
¿dónde es verdad? En el intelecto divino que continuamente las conoce y crea.
Los sentidos externos nos engañan algunas veces pero no nos
engañan siempre. Ellos nos dan una realidad aunque sea humilde, pero no
por humilde menos necesaria; sin ellos, ningún conocimiento en el hombre.
Nuestros sentidos juzgan de la realidad material y son por tanto superiores a
ella. "Los sentidos externos nos engañan siempre, puesto que nos hacen
vivir en la superficie de las cosas, alimentan nuestras malas pasiones, nos
distraen y futilizan, y nos hacen ciudadanos del Reino de
Eso es verdad en cierto sentido, en un sentido
místico, pero es una verdad por la cual no hay que comenzar, es una verdad
esotérica, apta a los iniciados. La verdad elemental por la que hay que
comenzar es que "nuestros sentidos no nos engañan acerca de su propio
objeto" y loado sea Dios que nos dio la vista, el oído, el tacto, el
olfato y el gusto, a fin de que conociendo las cosas creadas lleguemos a
conocerlo a Él. En su dominio mora el artesano, el hombre que conoce
haciendo... cosas materiales.
El sentido interno, que Agustín llama memoria,
pero que en realidad comprende la memoria, la imaginación, el sensorio
común y la estimativa o "instinto", juzgan de los sentidos
externos, recogen su material, lo acopian, lo clasifican, lo combinan y -como
dicen hoy lo "estructuran". Por ellos conocemos cosas
importantísimas, el espacio, el tiempo, el propio cuerpo -y por ende el
propio yo; en ellos, en su dominio, mora y trabaja el intelecto del
artista, porque ellos son como el puente entre la razón y el sentido animal, y
ellos son el centro de
La razón está por encima del sentido
interno, lo rige, lo corrige y lo dirige: en definitiva los mismos grandes
artistas no son grandes por su imaginación sino por su inteligencia; y la causa
de la decadencia del arte en
No hay crítica, no hay discernimiento, no hay una
seria formación intelectual; en suma, hablando breve, no hay filosofía y por
ende, no hay razón.
La razón en el hombre penetra y como empapa todas
las otras actividades cognitivas, "se asoma por las ventanas de los
sentidos" y obliga a la imaginación a fabricarle cuadros -esos
retratos o siluetas generales de las cosas singulares que Aristóteles llamó
"experimenta" y que Descartes confundió con las ideas, "les
idées-tableaux", las ideas-retrato. No: las imágenes son simple causa
instrumental de la razón: la razón no mora en lo cambiante, mora en- lo
inmóvil, en lo universal y en lo eterno. Abstrae de un grupo de imágenes
parecidas el concepto de una cosa, hombre, animal, planta, mineral,
cuerpo, sustancia, ser... -pero en realidad el ser en general es el primer
objeto de su ejercicio, percibe que las cosas SON, y esa percepción es
lo que habilita al hombre a hacer desde su primera infancia lo que el animal
jamás podrá hacer: usar el verbo ser- es decir, formar juicios, raciocinios,
conclusiones, sistemas, filosofías y ...también decir mentiras: decir que es
algo que él sabe no es. Y también errar: es decir, creer que es algo
que sólo aparentemente es.
La razón depende de la verdad, es decir, de
la realidad: busca la realidad, a ella se amolda, se modela, se somete: la
verdad "la juzga", como dice San Agustín. Pero la razón no se somete
a la verdad como a algo extraño, algo que se le añadiera o injertara de afuera:
ella hace la verdad: la verdad lógica existe en el juicio, y el juicio
lo hace mi razón. La verdad es algo universal y eterno, la razón es algo
particular y efímero, y sin embargo se da este connubio entre estas dos cosas,
la unión más íntima que existe en lo creado, la unión del Instante y de
Si existe algo superior a la razón
humana, Dios existe.
Si la razón humana hace en cierto modo la verdad,
el alma humana es espiritual e inmortal: la participación de algo que es
eterno no puede darse a la materia; una cosa material no puede ser sujeto de
una cosa del todo inmaterial, como en un pedazo de barro no se puede hacer un
encastre de oro; y mucho menos una transfusión de sangre. Locke dijo que Dios
podía dar a la materia pura el poder de conocer: es un disparate puro. Locke es
un bárbaro: es el mayor filósofo inglés.
Todo esto es muy lindo y fácil, pero aquí viene una
cosa importante: subir esta escala del conocimiento no es fácil:
muchísimos no pasan del primer escalón y muchísimos se rompen la cabeza desde
los otros. Esto no lo puede entender el que vive en el Reino de
Es tal la condición humana que no puede llegar a
los grados sumos de conocimiento sin despegarse de los ínfimos: un gran
pensador contemporáneo que no es cristiano, Aldous Huxley, ha llegado después
de penosa peregrinación en un libro Ends and Means y en otros, a la
misma conclusión de San Agustín, el DESPEGUE, el DESAPEGO. San Agustín en sus Confesiones,
capítulo 30 del libro X, hace un largo examen del mundo de las sensaciones
y sus placeres y dolores, del mundo de las imágenes y sus gozos y turbaciones,
y después del estado de un alma con respecto a esos mundos en donde todos
nadamos y donde tantos naufragan; y la necesidad de levantarse sobre lo
sensible, que todas las religiones han predicado; es para él un primer momento
de su larga investigación. Hay que despegarse de lo sensible para llegar a
Claro que no podemos salirnos del todo de esos
mundos inferiores: no podemos sacarnos los ojos y taparnos los oídos, no podemos
prescindir del cine, por lo menos del cine de los sobrinos, no podemos
prescindir de la radio, por lo menos de la radio de los vecinos; -pero nadie
llega al conocimiento de lo que al hombre importa sin dejar abajo esos mundos,
sin ponerlos debajo de los pies o por lo menos a la altura de las rodillas. No llegar
a hacerlo es quedar en el estado de estulticia. La estulticia es hija de la
soberbia y de la lujuria: la estulticia es pecado mortal, dice Santo Tomás. No hay
ningún majadero que sea bueno: la idiotez es pecado, "la bêtise
c'est un péché." Y cuando algún majadero llega a escalar altas
posiciones, cosa muy posible en el mundo de hoy, los daños que causa son
tremebundos. El bien sólo lo puede hacer
¿Qué son estas grandes guerras que estamos viendo y
viviendo sino inmensas majaderías? Ciegos guías de ciegos y también inmensos
castigos de Dios a la estulticia. Pero las grandes majaderías del mundo actual
tienen un provecho, un solo provecho: se las puede entender, se las puede
contemplar, es decir, sacar de ellas verdad, subir a
"Pues ya tengo otra manera de ver y
filosofar" -dice el Tango. Pero todavía no puedo escribir un inmenso Himno
a
Esta ciencia llamaré yo "Philosophía
Prima" (o sea lo que llamamos aquí "Fundamental") que busca
los principios y las causas y que vuelve al hombre sabio.
Mas ¿qué dicen los hombres del hombre sabio? No dicen que es un ángel
ciertmente.
Dicen que el sabio es el que lo sabe todo en la manera en que eso es posible.
Dicen que es el que sabe las cosas arduas porque el saber las cosas fáciles es
de todos, como la sensación, por ejemplo, es común a todos.
Dicen que es el capaz de enseñar a los otros porque conoce más exactamente las
causas.
Dicen que es el que posee la ciencia que se ama por
sí misma y no por las utilidades que reporta, solamente por saberla... La
ciencia que no es útil, la ciencia que es superior a las otras y no depende de
las otras y hace al posesor capaz de mandar; porque el sabio no debe obedecer
al que no es sabio... Pues éstas son las cosas que pertenecen a
En cuanto al saber lo difícil, lo más difícil es
saber los universales supremos,
que son lo más remotos a los sentidos, y ella estudia los universales supremos:
el mundo, el alma, Dios. En cuanto a la exactitud, nada hay más exacto que los
principios, y las ciencias que tienen menor número de principios son las más
exactas.
En cuanto a ser capaz de enseñar, puede enseñar a
los que conocen sólo lo particular y las causas particulares,puede hacerlos
subir a lo universal. Y ésta es la ciencia que por sí misma se codicia porque
conoce lo que es más cognoscible,
que son los principios y las causas. Y es la ciencia más digna de mandar porque
no depende de las otras. Todas las otras serán para el hombre más útiles,
superior a ésta, ninguna... Ésta es la ciencia que no sirve porque las
demás la sirven a ella.
Ésta es la ciencia más que humana porque trata de las cosas divinas. Ésta es la
ciencia libre y de los hombres libres porque tiene su fin en sí misma: un
esclavo no puede saber Metafísica. Los hombres en tantas cosas no son libres;
nacen cautivos en tantos aspectos. "Sólo Dios puede tener esa
prerrogativa", dijo el poeta Simónides.
Pero Dios no es envidioso. ¿Qué. sabemos si Dios no
nos comunica
algo de lo que él sabe? El principio del filosofar es la maravilla y su término
es en la maravilla. Oh sol que estás sobre nosotros descubriéndonos incesantes
maravillas,
y nos sirves cuando sales y cuando te pones, cuando nos alumbras y cuando te
ocultas, infundiendo vida a las cosas y alegría a los ojos
y conocimiento a todo entendimiento. Oh Apolo flechador, duro es huir de ti, es
imposible, oh Foibos, porque con tu círculo abarcas todas las cosas y ciñes la
tierra con tu círculo reduciendo a utilidad incluso las cosas muertas,
y de todo sacando vida.
Este pagano era un sabio; por tanto era humilde y
cauto, era religioso, paciente y trabajador. Para él la felicidad era trabajar
en investigar
La gran voz de Sócrates y Platón le gritaba:
"El suicidio no es digno del sabio. Que se suiciden los políticos si
quieren; que se suiciden los que viven en el plano estético, en el Reino de
Fue un gran amador de
Pero los Campos Elíseos de Dante, aunque están al
comienzo del Infierno, son mejores que los campos Elíseos de París... ¿Dónde va
un argentino malo cuando muere? -La mayoría al Limbo, a hacerle compañía a José
Ingenieros. -¿Dónde van los argentinos buenos cuando mueren? La mayoría a
París, a hacerle compañía a Monseñor Franceschi y a Monseñor de Andrea.