Precursores
del abortismo: El Movimiento Eugenésico
Por: http://devocioncatolica.blogspot.com/
Miércoles 24 de
junio de 2009
La constatación de los efectos negativos de la revolución
industrial y el consecuente temor a la degeneración, alteraría los horizontes
del liberalismo y conduciría a la superación del mismo. El progreso en el
sentido clásico de avance económico y científico ya no parecía suficiente para
brindar una sociedad estable y segura. De esta forma, para 1880 el liberalismo
clásico estaba en crisis porque sus premisas individualistas habían perdido popularidad
en
Un factor clave en esta “orientación posliberal” era
precisamente el miedo a la degeneración. De hecho, el supuesto de que la
civilización moderna es psicológicamente enervante se convirtió en axioma
estándar de las ciencias sociales y la psicología social, al igual que la
afirmación de que por debajo de la declinación generada por la modernidad
acechaba la parte primitiva y retrógrada del alma humana. De esta forma, la
civilización liberal moderna parecía condenarse a sí misma a la extinción.
Aunque los liberales de fin de siglo rechazaran la teoría racial gobiniana “vulgar” y el nihilismo nietzscheano, se estaban
convenciendo de que el único modo de evitar la crisis era buscar soluciones que
suplementaran o reemplazaran el liberalismo del “laissez-faire”.
Sociólogos, economistas y filósofos postliberales
como Emile Durkheim en
Francia, Gustav von Schmoller en Alemania y Thomas Hill Green
en Inglaterra, continuaron examinando la fatídica intersección de la sociedad
moderna y el hombre moderno desde el lado de la ecuación correspondiente al
desarrollo social. Ellos y otros tantos trataron de demostrar que la alteración
de las condiciones sociales del hombre podía producir un cambio fundamental en
todos los miembros de la sociedad y salvar la sociedad de si misma. Se postuló
entonces que la solución al proceso advertido radicaba en la práctica de la
eugenesia o aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento
de la especie humana. La eugenesia examinaría cómo se podía alterar el
potencial biológico del hombre para que éste pudiera vivir y prosperar en la
sociedad moderna.
Así, la postulación de la eugenesia se configuró como movimiento progresista de
corrección y reforma social ante el deterioro fisiológico que amenazaba Europa
y Estados Unidos. Inicialmente formó pues parte de una campaña para construir
aquello que los liberales progresistas de 1860 llamaban “economía social”, una
sociedad armoniosa que superaría las desigualdades propias del capitalismo
industrial moderno. De esta forma, el movimiento social reformista que postuló
la higiene pública, la eliminación de barriadas pobres, el antialcoholismo y
la emancipación femenina en Europa y Estados Unidos, de suyo estuvo asociado
con la eugenesia y se basaba en los mismos supuestos posliberales.
Thomas Malthus. En 1793 William Godwin
(1756-1836) publicó su “Investigación sobre
Como reacción a esto, y mediando las advertencias sobre el peligro de un exceso
de población que antes hicieron G. Botero (1589), A. Genovesi
(1765), J. Steuart (1770), J. Townsend
(1786) y G. Ortes (1790), en 1798 el economista y
pastor anglicano Thomas Robert Malthus (1766-1834) publicó anónimamente la
primera edición de “Ensayo sobre el Principio de
Francis Galton. Así entonces, la cuna del
movimiento eugenista fue
Basado en una visión liberal positivista, Francis Galton
consideraba que las aptitudes adquiridas por la presión de la selección natural
y la eliminación de las especies inadaptadas habían llegado a su término, y que
era el momento de controlar directamente la reproducción humana. De modo que
había que tomar medidas urgentes para evitar que “las razas mejor preparadas
para desempeñar su rol en el teatro de la vida se vieran abrumados por los
incompetentes, los enfermos, los pesos muertos”. Para Galton,
la degeneración moderna no se debía sólo al medio o a la educación, sino a una
mala herencia, siendo esto lo que había que eliminar artificialmente.
Para este fin, en 1870, Francis Galton fundó la
ciencia de la eugenesia (del griego eu, bueno, bondad
y perfección; genos, raza; y génesis, nacimiento u origen) tomando como modelo
la cría de plantas y animales. Su proyecto explícito consistía en revertir “el
actual estado catastrófico de la raza humana a un nivel tal que permita
realizar en la práctica las utopías soñadas por los filántropos”. En 1900, la
eugenesia recibiría nuevas fuerzas con el redescubrimiento de las leyes de Gregor Mendel, que especificaban
la repartición de los caracteres hereditarios en las plantas y definían a los
genes como determinantes biológicos últimos. Las leyes de Gregor
Mendel (1822 - 1884) servían para recusar la
hipótesis de Lamarck sobre la transmisión de los
caracteres adquiridos. Galton sostuvo así que la
eugenesia era el aspecto práctico del darwinismo teórico.
De esta forma, junto con otros darwinianos como
Thomas Huxley, Galton se
interesaba por el lado “retrógrado” del proceso evolutivo, pero sus preocupaciones
eran más específicas y sociales. Temía que las aptitudes intelectuales que
impulsaban el progreso de la civilización estuvieran mal distribuidas en la
sociedad moderna y que el crecimiento de la población en las ciudades inglesas
atentara contra ellas. A juicio de Galton, el triunfo
de la mediocridad cultural derivado del ascenso del “hombre masivo”, implicaría
una mediocridad biológica.
Para representar la distribución de la inteligencia en la población general, Galton preparó un diagrama usando una curva con forma de
campana; el genio hereditario, como la idiotez hereditaria, sólo aparecían en
el extremo de la curva. Así, sólo una persona entre cuatro mil tenía las
aptitudes necesarias para el avance de la civilización. La vasta mayoría
mostraba a lo sumo una inteligencia mediocre. Por tanto, si los integrantes de
ese grupo talentoso no lograban reproducirse en cantidad suficiente, el
resultado sería la catástrofe social (jueces, estadistas, clérigos, militares,
científicos, investigadores universitarios, escritores, músicos, luchadores
profesionales y campeones de remo). Galton asociaba
esta inminente carencia de talentos con su temor a los efectos disgregadores de
la sociedad moderna. Anticipándose a la preocupación de Durkheim
por la “hipercivilización”, Galton
temía que
Otro zoólogo darwiniano que compartía estas
preocupaciones, Edwin Lankester, explicaba que la
sociedad estaba amenazada por “la reproducción excesiva de los desesperados y
desesperanzados, los más pobres, los miembros más ineptos e indeseables de la
comunidad”. Las clases inferiores se convertirían en una masa parasitaria, una
suerte de subclase permanente de dráculas proletarios que devorarían el tejido
social de la sociedad industrial.
La solución ante tal eventualidad era la práctica eugenesia. Ello suponía una
política eugenésica basada en una lógica simple: “Si hombres talentosos se
aparean con mujeres talentosas generación tras generación, podríamos producir
una raza refinada” y eliminar el riesgo de reversión o atavismo. La eugenesia
tenía la inestimable ventaja de corregir la degeneración de Occidente mediante
un método tan científico como humanitario. Se afirmaría:
“La eugenesia coopera con el
funcionamiento de la naturaleza al garantizar que la humanidad esté representada
por las razas más aptas. Aquello que la naturaleza hace a ciegas, despacio y
cruelmente, el hombre puede hacerlo discriminada, rápida y benignamente”.
A este efecto Galton desarrolló un sistema para
identificar en la población inglesa a las personas más talentosas y a las
menos talentosas, los “auténticos imbéciles e idiotas”, basándose en
características observables que serían estudiadas, cuantificadas, comparadas y
archivadas. Se consagró con entusiasmo a la fisiología cerebral al estilo Lombroso, armándose con un dispositivo para crear
fotografías compuestas de tipos humanos ideales o “estereotipos”, epitomes de
criminalidad, talento, estupidez y judaísmo. Procuró construir un “mapa de la
belleza” de Gran Bretaña contando la recurrencia de rasgos encantadores en la
población y tratando de desarrollar un índice cuantitativo para medir el grado
de aburrimiento.
Al comienzo, esto es, a fines de la década de 1860, las investigaciones de Galton no produjeron ninguna reacción. Sin embargo, más
tarde, el temor a la degeneración contribuyó a crear simpatía por la eugenesia
de Galton entre radicales y socialistas; entre ellos
George Bernard Shaw, H. G. Wells,
Sidney y Beatrice Webb de la “Sociedad Fabiana”, el
sexólogo Havelock Ellis y
la feminista americana Margaret Sanger. Aún más, el
movimiento eugenista atrajo personas significativas
como W. R. Inge, deán de la catedral de San Pablo, y
a H. G. Wells. En 1912, el socialista Karl Pearson, discípulo y sucesor de Galton,
organizó la “Primera Conferencia Internacional de Eugenesia”, presidida por Leonard Darwin, hijo de Charles, a la cual asistieron
importantes personajes, incluido un joven parlamentario liberal llamado
Winston Churchill. De hecho, dos años antes, en 1910, el entonces Secretario
del Interior, Winston Churchill, ya establecía claramente:
“El rápido crecimiento antinatural
de los débiles mentales unido a una restricción en el aumento de las razas
enérgicas y superiores constituye un peligro nacional y racial. La fuente de
esta insanía debe ser cercenada y sellada con
celeridad”.
Tal como ocurriría más tarde con el control de la
natalidad, se suponía que la eugenesia procuraría un antídoto contra ideas
obsoletas y erradas acerca de la reproducción humana. El tradicional mensaje
cristiano de “creced y multiplicaos” resultaba irremediablemente anticuado para
Galton y otros eugenistas.
Es más, resultaba peligroso en un mundo amenazado por la degeneración. Por
ende, la oposición más enconada y las principales críticas a este movimiento
provenían de los conservadores religiosos y los católicos.
En la práctica, Galton atraía a los sectores
radicales porque no identificaba a los más talentosos con el abolengo; por el
contrario, los excluía específicamente. Aún más, la eugenesia galtoniana, como el populismo muscular de Nordau, convertía a los aristócratas en degenerados
latentes. En general los eugenistas convenían en que
la clase dominante hereditaria europea era un producto de la bancarrota
genética, al igual que los retardados mentales, los “idiotas mongoloides” y los
irlandeses. Un colega de Galton proclamaba: “El rango
y la riqueza, heredados sin esfuerzo y con absoluta seguridad, suelen producir
vástagos débiles y poco inteligentes”. Así, quizá no fueran los proletarios
dráculas, pero sin duda concordaban con el estereotipo sujetos como Oscar Wilde: seres humanos criados en la indolencia, con diversos
trastornos nerviosos y con gustos estéticos decadentes.
En su última obra influyente, “El descenso del Hombre” (1871), Francis Galton ya indicaban la futura dirección del liberalismo
científico: preocupación por los efectos enervantes de la civilización en la
evolución del hombre y por el temor a la degeneración. Si bien inicialmente Galton y algunos eugenistas se
sintieron atraídos por el lado “blando” de la eugenesia, expresada en el
aliento oficial a la reproducción selectiva, pronto otros se interesaron por la
directa aplicación de la esterilización forzada, el aborto e incluso la
eutanasia.
John Stuart Mill. El filósofo del
utilitarismo, John Stuart Mill (1806 - 1873), postuló
entonces con claridad: “Todo ser humano tiene un derecho natural a ser alimentado
por sus padres hasta que pueda bastarse a sí mismo. Engendrar un ser que no se
puede o no se quiere sustentar es un crimen; sin duda que la sociedad debe
cuidar a sus miembros enfermos o desgraciados, pero puede exigir que los
sostenidos por la beneficencia pública se abstengan del matrimonio. El único
medio de destruir la miseria social consiste en propagar activamente el uso de
una moderación razonable y voluntaria respecto del número de hijos a engendrar.
El gobierno tiene el derecho de recurrir a tal fin dictando leyes. Nada puede
mejorarse en tanto que las familias pobres que engendran no sean consideradas
desde igual punto de vista que las personas que se entregan a la embriaguez o
cualquier otro desorden físico”.
Alexander Graham Bell. El científico escocés
Alexander Graham Bell (1847 - 1922), inventor del
teléfono junto a Antonio Meucci y Philipp
Reis, integró activamente el movimiento eugenésico
en Estados Unidos de Norteamérica. Entre 1912 y 1918 actuó como presidente del
consejo científico de
Margaret Sanger. La influyente líder feminista
y socialista radical, Margaret Higgins Sanger (1879 - 1966) postuló la eugenesia forzada, la segregación,
el control de natalidad y el aborto. De hecho, para promocionar una política
pública basada en estas prácticas fundó la “Federación Internacional de
Paternidad Planificada”. Margaret Sanger comienza
afirmando que
“el género femenino debe sacudirse
su esclavitud… nuestro objetivo es la satisfacción sexual ilimitada sin la
carga de niños no deseados… La cama del matrimonio es la influencia más
degenerativa en el orden social”.
La demócrata Sanger proclamará
luego de modo inequívoco:
“La acción más misericordiosa que
puede hacer una familia numerosa por uno de sus miembros más pequeños es
matarlo”.
Además, expresamente postula la segregación social:
“Nuestro fallo de segregar a los
imbéciles, quienes están aumentando y multiplicándose - un peso muerto de
basura humana - engendra imparablemente la clase de seres humanos que nunca
debería haber nacido”.
Determina Sanger:
“Se debería detener la procreación
del enfermo, del débil mental y de los pobres… La respuesta es la esterilización
obligatoria… La esterilización eugenésica es una necesidad urgente… Debemos
prevenir la multiplicación de esta mala estirpe”.
Confiesa así Sanger:
“La campaña para el control de la natalidad no es
simplemente de valor eugenésico, sino que es prácticamente idéntica a las metas
oficiales de la eugenesia…El control de la natalidad debe conducir en última
instancia a una raza más limpia”.
Por último, Margaret Sanger
proclamará expresamente la “fundación de una nueva raza”.
Georges Vacher de
Lapouge, Charles Binet - Sanglé, Charles Richet y Alexis Carrel. El antropólogo suizo Georges
Vacher de Lapouge (1854 -
1936), eminente miembro de la “Sociedad de Eutanasia” de Francia, inspirado en
Darwin, aplicó el principio de selección natural de las especies para explicar
la desigualdad biológica de las razas y las consecuentes diferencias
culturales. Como expresión de la selección natural, en 1896 publica “
En 1918, por medio de su obra “El Haras Humano”, el
francés Charles Binet - Sanglé,
formuló la proposición de establecer un “Instituto de
El también premio Nobel de medicina en 1912, el francés Alexis Carrel (1873 - 1944), quien se autodenominaba protector de
la especie humana, que fuera apoyado en su trabajo investigativo por el famoso
aviador y experto mecánico Charles Lindbergh (1902 -
1974) y prestara servicios tanto en
“Las células, lo mismo que los
animales, pertenecen a distintas razas… El hombre es el resultado de la herencia
y del medio ambiente, de las costumbres de vida y de pensamiento que le han
sido impuestas por la sociedad moderna… Los descendientes de las ramas
enérgicas se hallan ahogados por la multitud proletaria que la industria ha
creado a ciegas…
El hombre no soporta sin daño el género de existencia y el trabajo uniforme y
estúpido impuesto a los obreros en las fábricas y a los empleados de oficina.
En la inmensidad de las ciudades modernas el hombre está aislado y como
perdido. Es una abstracción económica, una cabeza del rebaño. Pierde su
individualidad. No tiene ni responsabilidad ni dignidad… sólo son polvo
anónimo… Debemos rescatar al individuo del estado de atrofia intelectual,
moral y fisiológica que han traído consigo las modernas condiciones de vida”.
Concluye pues Alexis Carrel:
“La eugenesia es indispensable
para la perpetuación de los fuertes. Una gran raza debe propagar sus mejores
elementos. Sin embargo, en las naciones de civilización más elevada, la
reproducción está disminuyendo y produciendo seres inferiores… La eugenesia
puede ejercer una gran influencia sobre los destinos de las razas civilizadas…
debe evitarse la propagación de los débiles mentales. Podría imponerse quizá un
examen médico a las personas que van a contraer matrimonio… La eugenesia pide,
pues, el sacrificio de muchos individuos… La libre práctica de la eugenesia
podría conducir no solamente al desarrollo de individuos más fuertes, sino a
ramas dotadas de mayor resistencia, inteligencia y valor… La sociedad moderna
debe alentar, por todos los medios posibles, la formación de mejor material
humano… La fundación de una aristocracia biológica hereditaria, gracias a la
eugenesia voluntaria, sería un paso importante hacia la solución de nuestros
actuales problemas… Por primera vez en la historia de la humanidad, una
civilización que se derrumba es capaz de discernir las causas de su decadencia.
Por primera vez tiene a su disposición la fuerza gigantesca de la ciencia…
Nuestro destino se halla en nuestras manos. Ahora, avancemos por el nuevo
camino”.
Ludwig Woltmann. Preocupado por la declinación cultural
occidental y la degeneración, el marxista Ludwig Woltmann
(1871 - 1907) sigue entusiastamente a Darwin y se convierte al eugenismo
racial, sosteniendo por consiguiente que sería la selección natural organizada
por el Estado aquello que conduciría a la justicia social y reafirmaría la
superioridad aria. El socialismo de estado era pues la forma de gobierno más
apta para tomar las medidas coercitivas necesarias para un programa eugenésico
sano. Woltmann incluía expresamente a los judíos
europeos como objeto importante de su programa anti-degenerativo. De hecho,
después de 1880, y sobre todo después del juicio de Dreyfus
en 1893, se consideraba que los judíos eran los principales degenerados de Europa.
Bajo el microscopio de las teorías de la morbosidad degenerativa, los judíos
revelaban una propensión innata a todas las enfermedades de la vida moderna,
tales como la histeria, los trastornos nerviosos y la sífilis.
Ernst Haeckel. Por su parte, Ernst Haeckel (1834 - 1919), zoólogo de
Haeckel observaba que
“una inquieta sensación de desmembramiento
y falsedad” cundía por Europa en el último año del siglo XIX, suscitando temor
a “grandes catástrofes en el mundo político y social”.
Según Haeckel, esta inquietud
derivaba de la misma raíz que todos los errores que afectan la cultura europea
tradicional: tenían su base en la idea antropocéntrica de que el hombre es
especial y está al margen del resto de la naturaleza. Señala Haeckel:
“La desmedida arrogancia del
presuntuoso hombre le ha hecho creer erróneamente que es ‘la imagen de Dios’,
dueño de una vida eterna... y poseedor de un ilimitado libre albedrío”.
Por tanto, el hombre moderno debía abandonar “esta ilusión insostenible” y, por
tanto, la religión y sus tabúes, especialmente los sexuales, si quería realizar
su auténtico destino. El nuevo hombre debía ser uno con la naturaleza y la
“ecología”, término inventado por Haeckel. Para él,
toda la historia de la civilización occidental era sólo una parte de la
“historia de la rama de los vertebrados”, que él dividía en veintiséis etapas
evolutivas, desde la formación de las moléculas de carbono hasta el Homo erectus.
Si Charles Darwin había presentado la evolución biológica en función de la
selección natural, que era el auténtico mecanismo del cambio en la naturaleza,
en la filosofía de Haeckel ocurre lo contrario. La
selección natural, la lucha a muerte por el dominio y el poder, está en función
de la evolución, la cual corresponde a un sistema de crecimiento orgánico que
impregna toda la naturaleza y que Haeckel llamó
“monismo”. De esta forma, el monismo era un vitalismo profundamente
determinista donde todas las fuerzas se desplazaban hacia una sola totalidad,
incluida la comunidad humana.
Haeckel fundó así la “Liga Monista”, que pregonó el
evangelio de la evolución y la selección natural en los círculos obreros
alemanes. En este contexto, Haeckel también se
convirtió en vocero de la eugenesia como clave para una nueva humanidad
unificada y biológicamente apta. No obstante, aunque Haeckel
negó enfáticamente que sus opiniones fuesen prototalitarias,
la idea de la crianza científica selectiva, la eutanasia y las defensas contra
los elementos degenerados tales como los judíos y los negros se convirtieron en
imperativos sociales a los cuales debía recurrir el estado moderno para salvar
la civilización.
Sin más, teniendo a Ernst Haeckel como presidente
honorario, en 1904 se funda la “Sociedad de Higiene Racial”, institución que a
comienzos del siglo XX ya tenía más de cien filiales en Alemania. Así, después
de la primera guerra mundial, muchos eugenistas y
biólogos raciales se sumaban al creciente consenso de que el futuro político de
Alemania requería un socialismo de Estado. Sostenían que una de las prioridades
de ese Estado futuro tendría que ser una política eugenista
de “selección controlada” para preservar la raza alemana.
Heinrich von Treitschke. Heinrich von Treitschke (1834 - 1896)
afirmará que el Estado es una comunidad moral que está llamada a educar la raza
para convertirse en una nación con un verdadero carácter nacional. Por tanto,
para von Treitschke, estructurar un Estado es el más
alto deber moral de una nación. El egoísmo social debía cesar y las personas
deberían llegar a sentirse parte del cuerpo nacional. Aún más, la posesión más
importante de un Estado es su energía, razón por la cual es deber del Estado
aumentar su energía. En definitiva, von Treitschke
postula que el Estado es la base de toda la vida nacional. Con todo, el
individuo carece del derecho a mirar al Estado como medio para lograr sus
propias ambiciones de vida. Asimismo, toda actividad del Estado es sabia y
beneficiosa si promueve la independencia de los hombres libres y del
razonamiento.
Por extensión, según von Treitschke,
un Estado que no es capaz de formar y mantener una organización externa,
merece fallecer. En esta perspectiva, von Treitschke
postula que la idea de la paz perpetua es una ilusión propia de caracteres
débiles. Entonces, la guerra siempre es una drástica medicina para la raza
humana, de modo que la debilidad nacional es un pecado del Estado. En este
contexto, von Treitschke reconoce que los judíos han
desempeñado un papel necesario en la historia alemana, debido a su capacidad en
la gerencia del dinero. Sin embargo, von Treitschke
aprecia que ya no son necesarios. Advierte asimismo que el judío internacional,
ocultado tras la máscara de distintas nacionalidades, es una influencia
desintegradora.
Julius Langbehn.
En su escrito “Rembrandt como educador”, donde presenta al pintor como ejemplo
de un pueblo inteligente, Julius Langbehn
(1851 - 1907) considera el arte como una fuerza irracional y antiintelectualista a oponer a la razón y cientificismo
burgués. Esta fuerza o poder está naturalmente enraizado en el alma colectiva
del pueblo, y se manifiesta como expresión del genio popular y la fuerza vital
de la nación. Y ya que el arte es lo verdadero, éste debe ser el basamento
inalienable al que debe estar sometida la política. El arte es el genio del
pueblo y la política debe respetar ese genio y convertirse en su servidora. Langbehn considera así que la decadencia artística es la
decadencia provocada por la sumisión a los políticos burgueses y a su culto
materialista y vulgar de la eficiencia económica. Langbehn
proyecta pues un humanismo radical en el corpus doctrinal de los movimientos de
juventud. Establecía además Langbehn:
“Los judíos son un pueblo mucho
más viejo que los alemanes. Representan… la etapa de desarrollo del individuo
que se describe como viejo, astuto y maligno… No hay niños judíos; todo judío
actual nace viejo. Es moralmente, como lo era físicamente su antepasado Isaac,
un producto de la vejez. El judío moderno no tiene religión, ni carácter, ni
patria… Es un pedazo de humanidad que se ha vuelto agrio. El espíritu ario de
la infancia reacciona… ¡La juventud contra los judíos!”.
Willhelm Schallmayer.
Desde 1891, el bávaro Willhelm Schallmayer
había estado haciendo advertencias sobre la “degeneración física que amenaza al
hombre civilizado”. Expresaba la idea de que no podía dependerse de la
selección natural como base de la “perfectibilidad” y progreso social. Según
este punto de vista, la naturaleza necesitaba ser guiada y asistida por alguna
forma de selección social. En este sentido, Schallmayer
advertía que la selección social se estaba realizando ya en el sentido equivocado
en razón de los programas de reformas sociales ayudaban a sobrevivir a
individuos que de otro modo no podrían hacerlo. Por tanto, Schallmayer
consideró un programa eugenésico destinado a controlar determinados aspectos de
la conducta humana, siendo su propuesta principal el establecimiento de un
sistema de asesoramiento y examen prematrimonial. Según su propuesta, el
permiso para contraer matrimonio sería denegado cuando un médico dictaminase la
presencia de rasgos hereditarios o enfermedades “indeseables” en la pareja o en
uno de los contrayentes.
Alfred Ploetz. En este contexto, el médico y
biólogo seguidor de Galton y Spencer, Alfred Ploetz (1860 - 1940), introdujo el concepto de “higiene
racial”. En 1895 publicó “La excelencia de nuestra raza y la protección de los
débiles”, sosteniendo que un humanismo mal dirigido estaba amenazando la
calidad de la raza al alentar la protección de sus miembros más débiles. Ploetz concurrió a la fundación de la “Sociedad de Higiene
Racial” y creó el periódico “Archivo de Biología Social y Racial”, que se
convirtió en órgano principal del movimiento alemán de higiene racial o
eugenesia. Ploetz acuña asimismo la expresión
“selección controlada” o tecnocrática de las personas
inteligentes, de manera que las personas de una sociedad civilizada pudieran
propagar la especie sin temor a la catástrofe genética, incluida la
degeneración. Disponía que un panel de médicos debía decidir sobre si el niño
debía vivir o morir (dosis de morfina).
Ernst Rüdin. Siguiendo a su cuñado Alfred Ploetz, desde fines del siglo XIX el psiquiatra y genetista
suizo, Ernst Rüdin (1874 - 1952), divulgaría la
noción de “higiene racial”. En 1916 establecería el campo de la “biología hereditaria
psiquiátrica”, concepto que evolucionaría al de “genética psiquiátrica” en los
años treinta. Además enseñaba tanto el valor de la raza nórdica en tanto factor
“creador de cultura” como previene socialmente respecto del peligro de los
defectos hereditarios. Indica Rüdin:
“Quienquiera que no esté física o mentalmente
apto no debe traspasar sus defectos a sus niños. El Estado solamente debe
cuidar de los niños aptos”.
Ernst Rüdin intervendría en
Alfred Jost. En 1865, Alfred Jost publicó la obra “El Derecho a
Eugen Fischer,
Fritz Lenz y Erwin Baur. El profesor de antropología, Eugen
Fischer (1874 - 1967), sostenía la superioridad
racial alemana y llegó a ejercer la dirección del “Instituto Kaiser Wilhelm” para la
antropología, la enseñanza hereditaria y eugenésica, creado en 1927. Después de
un trabajo de investigación, en 1913 proclamaría la prohibición absoluta de
uniones mixtas en las colonias africanas de Alemania. Además, junto con Fritz Lenz (1887 - 1970), quién sostenía que la raza era el
“último principio de valor”, procurarían la esterilización de los “bastardos de Renania”, vale decir, de los descendientes de
mujeres alemanas y soldados coloniales africanos o asiáticos, durante la
ocupación de Renania entre 1920 y 1927. Luego, en 1921, Eugen
Fischer, junto a Fritz Lenz
y Erwin Baur, en dos volúmenes
publican la obra “Herencia Humana e Higiene Racial”, obra que fue
detenidamente leída por Adolf Hitler. Así entonces, este texto serviría como
base para el programa de esterilización que el nazismo aplicó en Alemania.
Además, uno de los estudiantes del doctor Fischer, el
también médico Hendrik Verwoed,
redactaría las normas del régimen de “apartheid” en África del Sur. Cabe tener
presente que los estudios de genética y genealogía que Eugen
Fischer realizó hasta fines de la década de 1920,
fueron financiados por
Charles Davenport. En Estados Unidos, el
biólogo y profesor de zoología en
Julian Huxley.
Julian Huxley (1887-1975),
biólogo y ensayista inglés que será nombrado caballero del reino (Sir), es uno
de los más eminentes representantes del materialismo evolucionista
contemporáneo. Conforme a su creencia se hace miembro del consejo de
Sir Julian Huxley consigna
así:
“
Huxley sostiene el concepto de “transhumanismo”
en términos de que “el hombre es el más elevado producto de la evolución,
hasta la fecha”, lo cual es “consignar un simple hecho biológico”. Agrega
entonces:
“El hombre es un fenómeno natural
como un animal o una planta; que su cuerpo, mente y alma supernatural no fueron
creados sino que éstos son los productos de la evolución, y que él no está bajo
el control o dirección de ningún ser o seres supernatural, tienen que confiar
en sí y sus propias energías… El hombre es el único agente de su propio destino
y el único que tiene a su cargo el progreso de la vida”.
En este contexto materialista radical, Huxley agrega:
“Por grupo social problemático
entiendo a esa gente de las grandes ciudades, demasiado conocida por los
trabajadores sociales, que parece desinteresarse de todo y continuar
simplemente su existencia desnuda en medio de una extrema pobreza y suciedad.
Con demasiada frecuencia deben ser asistidos por fondos públicos, y se vuelven
una carga para la comunidad. Desgraciadamente, tales condiciones de existencia no
les impiden seguir reproduciéndose, y sus familias son en promedios muy
grandes, mucho más grandes que las del país en su conjunto. Diversos tests, de inteligencia y de otro tipo, revelaron que tienen
un coeficiente intelectual muy bajo, y que están genéticamente por debajo de lo
normal en muchas otras cualidades, como la iniciativa, el interés y afán
general exploratorio, la energía, la intensidad emocional y el poder de la
voluntad. Esencialmente, no son culpables de su miseria e imprevisión. Pero
tienen la mala suerte de que nuestro sistema social abona el suelo que les
permite crecer y multiplicarse, sin otra expectativa que la pobreza y la
suciedad. Aquí también podría ser útil la esterilización voluntaria. Pero yo
pienso que nuestras mejores esperanzas deben apoyarse en el perfeccionamiento
de nuevos métodos de control de nacimientos, sencillos y aceptables, ya sea por
contraceptivos orales, ya sea, quizá preferentemente, por métodos inmunológicos
que exigirían inyecciones”.
Precisa Sir J. Huxley:
“Ahora debemos estar listos a
abandonar la hipótesis de Dios y sus corolarios como la revelación divina o
las verdades inalterables, y a cambiar de una posición sobrenatural a una
posición naturalista del destino humano…La generalización... de Darwin sobre la
selección natural, hizo posible y necesario eliminar la idea de que Dios guía
las fases de la vida evolutiva. Finalmente, las generalizaciones de la
psicología moderna y de las religiones comparadas, hicieron posible, y
necesario, eliminar la idea de que Dios guía la evolución de la especie humana
mediante la inspiración o alguna otra forma de dirección sobrenatural... Freud, agregado a Darwin, alcanza a darnos una idea general
filosófica... (Si el individuo) quiere aplicar sus valores morales, aparentemente
absolutos, a situaciones particulares, tales valores exigirán la ayuda
constante del relativismo... No se debe matar: pero es menester analizar de
manera racional si ese principio concierne a la guerra, a ciertos casos de
suicidio y de aborto, a la eutanasia y a la reglamentación de la natalidad...
La sociedad debe utilizar racionalmente un mecanismo irracional para crear el
sistema de valores que ella desea”. Precisa Julien Huxley: “La visión evolucionista nos permite distinguir las
líneas generales de la nueva religión que, con toda seguridad, surgirá para
responder a las necesidades de la próxima era… El mundo la espera”.
Es con este fundamento que Sir Julian S. Huxley se convierte en el primer secretario general del
Consejo para
El discípulo de Julian Huxley,
el médico inglés Charles P. Blacker, quien llegó a
ser presidente de
John Keynes. Lord John Maynard Keynes (1883-1946), economista inglés
esencialmente anti-cristiano y fundador de
Eugenesia en Alemania. Siguiendo la política eugenésica definida desde el siglo
XIX, los legisladores de la liberal República de Weimar, para demostrar
preocupación pública respecto de la degeneración racial, en enero de 1920
aprueban una “Ley de Asesoramiento Matrimonial”, complementada con indicaciones
que subrayaban los peligros hereditarios de padecimientos tales como la
tuberculosis, enfermedades venéreas y la debilidad mental.
Luego, en el marco de la política del nazismo durante el siglo XX, el 14 de
julio de 1933 el gobierno alemán dicta la “Ley para
“Toda persona afectada de una
enfermedad hereditaria podrá ser esterilizada por medio de una operación
quirúrgica si, con arreglo a las experiencias de la ciencia, es de suponer con
la mayor probabilidad que los descendientes de estas personas estarán afectos
de males hereditarios graves que influyan en su constitución mental o
corporal”.
Precisa la norma legal:
“Son considerados como atacados de
una enfermedad hereditaria, en el sentido de esta Ley, todas las personas
afectadas de una de las siguientes enfermedades: Imbecilidad congénita,
esquizofrenia, folia circular (manía depresiva), epilepsia hereditaria, mal de
San Vito hereditario (Corea de Huntington), ceguera hereditaria, sordera
hereditaria, graves deformidades físicas hereditarias. Pueden ser igualmente
esterilizadas todas las personas sujetas a crisis graves de alcoholismo”.
Determina asimismo la ley:
“Puede hacer la petición de
esterilización el que haya de ser objeto de la misma.... su representante legal...
el médico oficial (y) para los individuos internados en un hospital, sanatorio
o asilo o en una casa de corrección, el director del establecimiento
respectivo... La solicitud debe ser hecha ante el Tribunal Eugenésico, ya sea
por escrito, o verbalmente... El Tribunal Eugenésico estará adscrito a un
juzgado de primera instancia...”.
Aún más, la “Ley de Sanidad Matrimonial” dictada en
Alemania el 29 de Noviembre de 1935 establece un reglamento que dispone:
“El otorgamiento del Certificado
de aptitud matrimonial es una parte de la “Eheberatung”
y se entrega por la oficina de sanidad competente (consultorio de eugenesia).
Por “Eheberatung” se entienden todas las funciones
diversas ejercidas por una especie de consultorio que abarca todas las
cuestiones del matrimonio, consejos prenupciales, de puericultura, economía
doméstica... Para obtener el certificado de aptitud matrimonial, cada uno de
los contrayentes se hará examinar en la oficina de sanidad en cuya jurisdicción
tiene su domicilio... La oficina de sanidad puede negar el otorgamiento del
certificado de aptitud matrimonial, si los contrayentes no acatan debidamente
las exigencias de dicho organismo de presentar las pruebas necesarias para
juzgar sus casos... Si la oficina de sanidad tuviera conocimiento de impedimentos
matrimoniales, según cláusula 1 de la ley, posteriores al otorgamiento del
certificado, puede anular dicho certificado, siempre que la boda no se haya
realizado... Todo contrayente puede apelar al Tribunal de Sanidad Hereditaria
contra la negación o la anulación del certificado de aptitud matrimonial”.
William Shockley. El británico William
Bradford Shockley (1910 - 1989), Premio Nobel de
Física en 1956, profesor en
Robert Graham. Si el filósofo del pesimismo sistemático, Arthur Schopenhauer (1788 - 1861), planteaba claramente en el
siglo XIX:
“La especie humana está para
siempre y por naturaleza condenada al sufrimiento y a la ruina… Si gustáis de
planes utópicos, os diré que la única solución del problema político y social
sería el despotismo de los sabios y de los justos, de una aristocracia pura y
verdadera, obtenida mediante la generación por la unión de los hombres de
sentimientos más generosos con las mujeres más inteligentes y agudas”,
En el siglo XX, entre otros tantos contemporáneos, Robert Klark Graham (1907-1997), eugenista y hombres de negocios estadounidense que hiciera
millones desarrollando las lentes plásticas inastillables, concibió un plan
maestro: salvar a la humanidad usando el esperma de los genios. Robert Klark Graham creía que “seres
humanos retrógrados” estaban reproduciéndose sin control y quería revertir esta
tendencia produciendo miles de genios, originados por las mentes más
deslumbrantes del planeta. Reconociendo que aunque los principios del proyecto
no eran populares pero postulando que éstos si eran sensatos, hacia finales de
la década de los años setenta, en un búnker subterráneo ubicado en un rancho
cerca de San Diego, el millonario creó el banco de esperma: “Repository for Germinal Choice”, conocido como el banco de esperma de genios.
Representando según él una forma de eugenismo positivo que aprovechaba las
posibilidades de la genética, la meta era la mejora genética de la población
humana mediante la concepción y crianza selectiva a partir de genios.
Frederick Osborn (1889 - 1981), estadounidense
miembro del consejo consultor de
“Cuando la planificación familiar
se ha extendido a todos los miembros de la población y los medios eficaces de
contracepción son fácilmente disponibles... Las parejas tendrán un número de
hijos acorde con sus ingresos, es decir, acorde con el valor de su calidad
social”. Friedrich Nietzsche ya concebía a “los óvulos como gérmenes de nueva
sociedades y unidades”.
Peter Sloterdijk. Peter
Sloterdijk (1947), filósofo y catedrático alemán que
hace suyas las propuestas de filósofos Nietzsche y Heidegger, que estudió en
India con el gurú Rajneesh (luego llamado Osho), que llamó “ciencia melancólica” a
Así entonces, habiendo presentado la versión inicial de su tesis en junio de
1997 en un encuentro sobre la actualidad del humanismo (Basilea), luego
refrendada en la conferencia que dio en julio de 1999 en el marco del coloquio
titulado “La filosofía en el final del siglo” (Baviera), y finalmente publicada
en septiembre del mismo año, el materialista Peter Sloterdijk
reclama una revisión genético-técnica de la humanidad.
Abordando el problema del humanismo bajo la forma de una respuesta a Heidegger
(1946), teniendo presente las ideas de Platón sobre el Estado como parque zoológico
humano, donde una elite de sabios planifica la vida de los hombres como si de
una empresa se tratara, y sistematizando las costumbres de diversas culturas
en las que se eliminan a los hijos defectuosos según criterios anatómico
fisiológicos, Sloterdijk plantea que “las fantasías
de selección biopolítica han tomado el relevo de las
utopías de justicia”, de modo que al destacar los medios y posibilidades que
ofrece la biotecnología, sugiere formular un “código antropotécnico”,
dejando abierta la posibilidad a una “antropotecnología”
en la que pueda cambiarse el “fatalismo del nacimiento” por un “nacimiento
opcional” y una “selección prenatal”. Explícitamente Sloterdijk
expresa:
“Si a la larga sería posible algo
así como la planificación explícita de las características para todo el género
(humano) y si el nacimiento opcional (junto con la otra cara de la moneda: la
selección prenatal) podría convertirse, para todo el género humano, en un
hábito reproductor”.
Peter Sloterdijk se pronuncia entonces a favor de
formar un “parque zoológico humano” controlado por la tecnociencia como
elemento de planificación de todos los órdenes de la vida, en particular de un
orden conforme a la selección de los más aptos. Abonando sus argumentos, Sloterdijk cita el caso del derecho al aborto que ya rige
en Europa y en Estados Unidos.
William Gates. El abogado y filántropo William Henry Gates I participó
en los congresos internacionales de eugenesia de 1921 y 1932, reunidos en
Nueva York. Si bien William H. Gates actuó complementariamente en la
conferencia mundial de población de 1927, cuya promotora fue Margaret Sanger (fundadora de
Entonces, con los recursos derivados del multimillonario negocio computacional,
Bill Gates orienta su intervención hacia la “salud internacional” y a este
efecto constituyó tanto
Paul Virilo. Al transcurrir el tiempo, en un
mundo que concibe “forcluido, es decir, en el encierro”,
el filósofo y urbanista ácrata - deconstruccionista
francés Paul Virilo (1932),
uno de los líderes de la revolución de los años sesenta, postulará la “política
de lo peor”. Advierte Virilo: “En el mundo transpolítico… la guerra ya no es lo que es… (Aunque) aún
se pueden encontrar buenas masacres… para satisfacer nuestra cuota cotidiana de
violencia. Pero, en su mayor parte, se ha desplazado del fragor de los campos
de batalla para entregarse a un proceso bien delineado de preparación y
organización… La “sorpresa tecnológica”… ha engendrado una economía de guerra
que prolonga la guerra por otros medios tanto en tiempos de guerra como en
época de paz… La guerra ya no se encuentra en la guerra misma… sino
enclaustrada en los laboratorios respetables y en las agencias de investigación
bien financiadas”.
Recordando que fue Einstein quien distinguió entre la
bomba atómica, la bomba informática y la “bomba genética”, Paul Virilo entiende que la humanidad enfrenta “el fin del
hombre como fuerza de trabajo, en provecho de la máquina… el fin del hombre
como productor, el fin del hombre como progenitor, (pues) vamos hacia el engeneering, los bebés de probeta, el tráfico de esperma…
los clones… Después de la revolución de los transportes y la revolución de las
transmisiones, ahora, en el siglo XXI, comienza la revolución de los
trasplantes intraorgánicos…”. Según Virilo, todo esto sujeto a “la idea de una eugenesia para
crear hombres y mujeres de mayor rendimiento”, razón por la cual “la genética
está en vías de convertirse en uno de los pilares de las grandes firmas
multinacionales y biotecnológicas”. En definitiva, se trata de la “génesis de
la industrialización del organismo viviente, la industrialización de la especie
misma”.
Es la eventualidad del “superracismo”, ya que hasta el racista,
al afirmar la existencia de razas superiores e inferiores, aún a estas últimas
las reconoce humanas.
Estima Virilo:
“Creo que (el doctor) Mengele (campos de concentración nazi) es un personaje que
los grandes laboratorios farmacéuticos quisieron ocultar porque lo habían
patrocinado… Dejamos muy atrás la biología para adentrarnos en el reino de la
teratología, es decir: la creación de monstruos… Todo lo que está pasando ahora
en genética tiene una única referencia: la eugenesia”.
Aprecia además Virilo:
“Para la biogenética el asunto va
a ser pasar a una eugenesia total, a una eugenesia absoluta, una eugenesia del
perfeccionamiento… Apunta a crear un hombre nuevo”. Finalmente sentencia el deconstruccionista Paul Virilo: “Nosotros… que somos útero, nacimos de la suciedad
del semen y de la secreción vaginal. ¡Qué horror! Somos sucios… Es el fin del
hombre. El fin de la humanidad. Estamos ante una época apocalíptica”.
Fuente: Radio
Convicción