Todavía, no hay vigencia de los Derechos Humanos

La Misa no tiene por
objetivo sino la reconciliación, es decir la paz social, cuyo único camino es
la justicia social. Gravísimo error sería pensarla para ganar en una contienda
o intereses sectoriales. - Homilía 29.06.08
Por Mons. Miguel Esteban
Hesayne
Obispo Emérito de Viedma
Hace décadas que
en la Argentina se ha instalado una situación de pecado. Los Derechos Humanos han sido violados por la
violencia guerrillera y con mayor gravedad por la violencia de Estado. Y
de esta situación de violación de los Derechos Humanos no terminamos de salir. Actualmente, se ataca a millones de habitantes del
país en todas la etapas de su existencia en el primer Derecho Humano que
es la vida digna.- “Optar por la vida comporta el rechazo de toda
forma de violencia. La violencia de la pobreza y del hambre.
Por eso, “el derecho a la vida debe ser promovido y tutelado en cualquier circunstancia
con oportunas garantías legales y políticas…” (JP.II
Disc. Año 1999)
Llevamos 25 años de recuperación de la Democracia, sin lograr
la recuperación de una legislación y una política que promueva y sustente la
vida digna de todos los habitantes de un país riquísimo. No soy
alarmista ni golpista ni corporativista. Soy un simple pastor que quiere ser
discípulo fiel de quien murió en una Cruz, para que hombres y mujeres, todos,
“tuvieran vida y vida en abundancia” Jn.10, 10. Y
como tal, obispo de la Iglesia Católica en comunión con el Pueblo de Dios,
principalmente en los más sufrientes, uno mi voz a la de mi hermano Obispo Pedro Olmedo citando textualmente su
doloroso clamor: “hay gente que se está
muriendo por falta de medicamentos, de insumos, de médicos y de atención en
nuestros hospitales y puestos de salud, carentes en muchas ocasiones de lo más
imprescindible… La desnutrición va en aumento…, la inflación se ha vuelto
galopante…, la ya altísima desocupación por cierto, también va en aumento…, la
pobreza extrema sigue vigente y sigue cobrándose víctimas, sigue golpeando a
millones de argentinos”. [1]
Esto en el norte y en innumerables sitios de nuestro extenso y riquísimo país.
En la Capital Federal -centro de las decisiones legales y políticas para la
Nación entera- hace años los emblemáticos
cartoneros ganan centavos por noches de recolección de cartones y millares de
hermanas y hermanos nuestros pasan horas revolviendo residuos de comidas a las
puertas de espléndidos restaurantes.
Es
la injusticia social que clama al cielo. Es la situación de pecado social que
para los discípulos/as de Jesús llama a reaccionar con urgencia y suma
diligencia en la medida de posibilidades para no caer hasta en condenación
eterna. Recomiendo orar en forma personal y comunitaria con la
parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón. Lucas 16,19
Dije !!! orar ¡¡¡
ORAR, en clave cristiana, implica un
compromiso, un actuar en coherencia con la Voluntad de Dios. Con el dinamismo
de la oración cristiana se llega a la conversión. No hay oración sin conversión
y no hay conversión sin oración. Así no hay eucaristía plena sin
búsqueda de vida digna para los demás. La
comunión con el Cuerpo de Jesús conlleva a comulgar con el cuerpo social.
La Misa no tiene
por objetivo sino la reconciliación, es decir la paz social, cuyo único camino
es la justicia social. Gravísimo error sería pensarla para ganar en una
contienda o intereses sectoriales. -
Oremos para que
reine un mínimo de sensatez ciudadana en la relación del poder gubernamental y
el poder empresarial, en estos momentos demenciales. Es una locura que ciudadanos mueran de hambre y la noticia que cubre
la información sea la lucha por súper ganancias.
Solamente, si el Gobierno y empresarios
rurales, según sus ganancias, acuerdan compartir y distribuir en justicia
social con la ciudadanía empobrecida, se logrará la reconciliación nacional.
Por la Biblia sabemos, que el pueblo triunfa cuando los pobres son socorridos y
a la inversa, la desolación cae sobre el pueblo cuando no se escucha el clamor
de los pobres.
Por eso, la Iglesia se logra como Iglesia fiel a Jesús, cuando es la
“Iglesia de los pobres”. (JP II .L.Ex. 8)