La
Fiesta del Milagro en Salta: Cristocentrismo por excelencia
Por Domingo Schiavoni
El próximo jueves 15 de septiembre, como todos los años,
se celebrará la Fiesta del Señor del Milagro, acaso la celebración masiva y
piadosa más cristocéntrica de todo el país, según reconoció hace unos años el
ex arzobispo de Paraná y ex presidente de la Conferencia Episcopal Argentina,
monseñor Estanislao Karlic, ya que no se venera a un santo ni a ninguna otra
figura de la religiosidad popular sino al Propio Jesucristo. Dos días antes,
el 13, se celebra la Fiesta de la Virgen del Milagro, pero ambas conmovedoras
devociones populares confluyen el 15 con una magnificente procesión, que el
año pasado reunió a un millón de personas.

La procesión discurre por la
axial avenida Belgrano hasta el pié del cerro San Bernardo, donde está
situada la cruz del último Congreso Eucarístico Nacional que se realizó en la
ciudad norteña, y allí todo el pueblo renueva el llamado pacto de fidelidad
hacia el Señor, que se resumen en la frase final de la oración, que dice “Tú
eres nuestro y nosotros somos tuyos”. Por estos días ambas imágenes ya están
bajadas de sus cofres de vidrio templado y colocadas en plataformas, donde
pueden ser veneradas por todo el pueblo, mientras dura la novena. Como la
ciudad se paraliza en estos días, el gobernador Urtubey declaró feriaos los
cuatro días de las fiestas, desde el 12 al 15 del corriente.
El origen de las imágenes se remonta al año 1592, época en que el ex obispo
de Tucumán fray Francisco de Victoria concretara desde España la donación al
pueblo de Salta de la imagen de Cristo crucificado, cuyo destino sería la
Iglesia Matriz de la ciudad. La llegada a tierras americanas de la imagen fue
según los relatos auténticamente milagrosa. En junio de 1592 la imagen llegó
flotando en un cajón al puerto de El Callao, en el Perú, junto a otro que
contenía una imagen de la Virgen del Rosario, que estaba destinada al
convento de Santo. Domingo, en Córdoba. Jamás se supo qué embarcación las
trajo desde España, ni cómo ni dónde ocurrió el naufragio del barco que las
transportaba.
Desde Lima emprendieron viaje a su destino a lomo de mula y una vez en Salta,
la imagen del Cristo fue depositada en la sacristía de la iglesia matriz y no
fue objeto de veneración por espacio de cien años. En el año 1692 la imagen
de Inmaculada Concepción de María, que luego se llamaría Virgen del Milagro,
se encontraba a tres metros de altura en un nicho del retablo del altar
mayor. Cuenta la historia que aquel 13 de septiembre, después de los fuertes
y reiterados temblores que destruyeron la ciudad de Esteco y fueron
percibidos con singular intensidad en la ciudad de Salta, se encontró la
imagen de la Inmaculada en el suelo sin que sufrieran daño su rostro y manos
y según la tradición perdió los colores del rostro que quedó pardo y
macilento.
La imagen fue llevada a la casa del alcalde Bernardo Diez Zambrano donde se
oró toda la noche. Al día siguiente, 14 de septiembre, se colocó la imagen,
que todos querían venerar, en el exterior de la Iglesia Matriz donde
continuaron los cambios de colores del rostro y fue entonces cuando muchos
fieles comenzaron a llamarla “del Milagro”. Una nueva historia empezaba para
esta sencilla imagen y para los salteños., que jamás abandonarían su culto y
su devoción Según la tradición oral y el exhorto de Chávez y Abreu, el padre
jesuita José Carrión recibe la revelación de que el Santo Cristo Crucificado
de la Iglesia Matriz, que tenían sin devoción y sin sacarlo en procesión,
habría perdonado a Salta a pedido y súplica de la Madre de Dios del Milagro.
Los padres jesuitas recordaron al Santo Cristo y lo liberaron de su encierro;
lo colocaron frente a la iglesia que la Compañía de Jesús tenía en el centro
de la ciudad. La imagen fue sacada en procesión por los fieles salteños con
el ruego de que cesaran los temblores, lo que finalmente ocurrió.
Por esos días estaba actuando en Salta la poetisa y recitadora Berta
Singerman, de origen judío, quien ese mismo día pidió ser bautizada y se
convirtió al catolicismo, emocionada por la devoción del pueblo salteño y
conmovida por el milagro del cese de los temblores. Es que al amanecer del
día 14 la tierra dejó de temblar, volvió a estremecerse a la noche, en medio
de procesiones y rogativas. Al cesar los estremecimientos, el día 15 renació
la calma y con ella se comenzó a hablar del "milagro", designando a
la Inmaculada como Virgen del Milagro.
En 1902 y por iniciativa del Obispo Linares, las imágenes fueron coronadas en
presencia de altas autoridades de la Iglesia, venidas desde Roma. El Milagro
es pues la más antigua y también la más actual manifestación de fe de Salta,
la cual no conoce otro acontecimiento festivo de la antigüedad, masividad y
capacidad de inclusión de éste. El ex monseñor Karlic señalaba con justicia
que tras la celebración de la fiesta de Corpus Christi en Buenos Aires el
Milagro de Salta mostraba en tan algo grado la religiosidad cristocéntrica el
pueblo argentino en su conjunto, que sólo podía compararse con las honras
anuales a la Virgen de Luján y con la fiesta del Señor de los Milagros de
Mailín en nuestra Santiago del Estero.
Hasta la llegada del salesiano monseñor Tavella como arzobispo de Salta, las
imágenes del Señor y Virgen del Milagro estaban tapadas por una cortina que
se corría los viernes y sábados respectivamente porque se consideraba que
este culto no era cosa de todos los días. Y así llegamos a nuestros días, en
que el culto a las imágenes del Milagro es la festividad más importante para
la ciudad, a la que no solo asisten todos los salteños, sino fieles de
provincias vecinas y autoridades nacionales y la imagen de la Virgen se ha
convertido en la protectora de la ciudad.
Los cultos del Milagro se celebran entre los días 6 y 15 de septiembre de
cada año. La Novena, ha sido compuesta en 1760 por el presbítero Dr.
Francisco Javier Fernández, y su rezo tiene lugar entre los días 6 y 14 de
septiembre. El solemne Triduo se realiza en la Catedral Basílica de Salta los
días 13, 14 y 15 de septiembre de cada año. Los días 15 de septiembre, las
Santas Imágenes recorren en procesión las calles de la ciudad, acompañadas de
cientos de miles de fieles, en una de las expresiones populares más
importantes de la Argentina.
La imagen de la Virgen del Milagro representa a María de pie sobre la luna en
cuarto creciente aplastando el dragón que enrosca por delante su cabeza y
cola aseteada (con forma de flecha). La procedencia de la imagen no está
determinada, pero su análisis muestra que la cabeza y las manos son de
distinto origen al cuerpo tallado, al que fueron añadidas. Inicialmente la
Virgen del Milagro fue una Inmaculada de bulto completo con manto, todo
tallado en madera. Esta imagen fue labrada nuevamente para hacerla articulada
y poder vestirla con indumentarias de tela. Al respecto, monseñor Toscano
escribió: “La novedad que todo lo invade, comenzó por ponerle vestidos de
tela, costumbre que se ha perpetuado hasta hoy, desperfeccionándosele, con
este motivo, algo de la cabeza para acomodarle pelo postizo, y los brazos
para hacerlos susceptibles de ser cubiertos de ropa”. El ajuste a la nueva
moda fue realizado por Tomás Cabrera, como consta en la tarjeta orlada sobre
el pecho que dice: “Tomás Cabrera, la encarnó. Año 1795”. (Encarnar significa
darle color carne a las esculturas, y nada tiene que ver con el tallado del
cuerpo completo). La túnica tallada está ornamentada con finas líneas de oro
sobre pintura que simulan brocato y una ancha faja de pan de oro en su borde
inferior.
La corona de la Virgen del Milagro es una corona imperial de oro, constituida
por cerco y diademas formados por dos rebordes en perilla y circunferencia de
turquesas, con un espacio tachonado de esmeraldas y amatistas, un orbe de
Lapislázuli, y coronamiento de la cruz con brillantes y esmeraldas. La corona
del Señor es una Real de oro de 24 kilates, con engarce de esmeraldas, rubíes
y amatistas, constituida en cerco y diademas. El cerco está divididos en tres
zonas: su base es una circunferencia de laureles que divide un paño lisado
superior, también circular, con roleos entrelazados y espaciados por una flor
de extremos flordelisados, guarnecidos por una esmeralda, dando paso a ocho
diademas, formadas por roleos entrelazados que conforman una cuasi flor de
liz en la punta. Entre estas diademas, hay siete diademas menores con motivos
fitomorfos.
El arreglo floral del Señor del Milagro lleva, aproximadamente, diez mil
claveles rojos, y el de la Virgen unas ocho mil flores blancas. Cuando
termina la procesión, ambas imágenes son reintroducidas en la Catedral en
medio de una lluvia de claveles rojos y blancos, que se acompaña de la
entonación de los himnos a los dos patronos, lo que sin duda mueve al llanto
a los millares de devotos y de constituye en la parte más emotiva de la
fiesta, mientras repican a coro las campanas de todas las iglesias de la
ciudad.
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