LEONARDO LUIS CASTELLANI

 

Prólogo por IRENE CAMINOS

 

No siempre que Dios envía un hombre con una misión peligrosa y difícil avisa previamente a las autoridades. No, en ocasiones, los autoriza directamente Él mismo, con la perfección de su vida, con su capacidad, o con milagros: según los casos. Y las autoridades deben arreglarse con sus propios medios para reconocerlos.

Si las autoridades los desprecian, Dios permite que caigan en el peor error; y cometan el crimen más horroroso, que es matar al hombre de Dios, por ser de Dios. Matarlo con muerte física o con muerte civil, lo mismo da. Parece increíble que Castellani, una de las inteligencias más finas y equilibradas del país, un prosista consumado, un ironista ático y sobrio, y una mente con la vocación especulativa de ver las cosas como son; ni la Iglesia Católica, ni la Orden fundada por Ignacio de Loyola, ni la Iglesia Argentina establecida, ni la Argentina oficial lo hayan reconocido doctor y profeta. Sólo el Gobierno de Estela Martínez de Perón advirtió, en parte, el valor egregio de sus cincuenta y seis obras editadas, silenciosos testimonios de una vida heroica, apasionada por el triunfo de la Verdad y la Justicia, al otorgarle el Premio Consagración Nacional.

En Europa, en Francia y en Italia, sí. Es el único argentino que ha conquistado con su esfuerzo, es decir, saliendo airoso de todas las pruebas, hasta alcanzar dos títulos doctorales en dos centros de los más encumbrados de la intelectualidad europea: la Sorbona, de París, y la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma. Y eso, antes de incoarse en ambas la fatal decadencia actual. En la Ciudad Eterna, testigo de su primera hazaña, se postuló al examen ad gradum, el cual exige el conocimiento y desarrollo de temas tan especializados y difíciles, que, en cada siglo, uno o dos candidatos se presentan a rendirlos; mas, en ocasiones, ninguno los aprueba. Castellani, con notas todas de sobresaliente, obtuvo el título más alto que la Iglesia Católica otorga a los más sabios entre sus doctores (1931). Diploma bulado lo claman por llevar como protocolización el mismo sello de plomo de las bulas pontificias. En él, el Papa Pío XI y el Prepósito General de la Compañía de Jesús, P. Wladimiro Ledóchowski, acreditan con su firma, que Leonardo Luis Castellani es Doctor Sacro Universal (cum licentia ubique docendi), que su título lo habilita a enseñar Filosofía y Teología, aquí, como en Inglaterra, la China o el Japón, sin reválida. El mismo le da derecho a publicar sus escritos sin censura previa, en los países donde no hubiese otro título igual o superior al suyo. Superior, no existe; igual, nadie lo tenía en la Iglesia desde el descubrimiento de América hasta él. Magnífica hazaña de atleta intelectual, registrada sólo en el libro de la vida que los ángeles llevan en el Reino de los Cielos. Y en esta introducción.

En la Facultad de Letras de París Castellani hizo, con su esfuerzo, un “Certificado de Estudios Superiores en Filosofía (rama Psicología)”, que la multisecular Universidad otorga únicamente a los que, con título de doctor expedido por una universidad extranjera, llega a ella para perfeccionarse en el conocimiento del saber desinteresado y perfecto. Saber (con sabor), como el de los antiguos letrados, que eran una cosa seria, porque, por aquel entonces, doctor, sólo se llamaba al capaz de enseñar una ciencia, o bien, todas las ciencias armadas en sabiduría.

Las universidades, que deben ser la serena morada de las letras y las ciencias, no se fundan con leyes. El monje Roberto de Sorbon no hizo ninguna ley al fundar la que lleva su nombre. Creó un albergue en 1523 para estudiantes pobres, siendo, además, canónigo de la ciudad y capellán del rey Luis XV (el Santo). El albergue de Sorbon se va prestigiando a lo largo de los siglos. Su espíritu creciendo por la perseverancia en la Verdad y en la Justicia. La Verdad no es una cosa que alguno pueda tener o no tener. La Verdad es como la luz, algo en la que todos pueden estar y permanecer; y de hecho están y, casi diría, hasta por derecho deben estar. Porque la Verdad es para el alma, como el pan para el cuerpo. Conforme con la sentencia de Cristo Jesús en el Evangelio: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Sobre la Verdad se funda la Justicia, que también es sacra, y piedra angular de la vida civilizada.

A París llegó Ignacio de Loyola (el 2 de febrero de 1529), peregrino de treinta y ocho años, descalzo y pobre, en busca de la ciencia en que fundar su experiencia condensada en el Libro de los Ejercicios Espirituales, que Castellani analiza de conformidad con las conquistas de la psicología moderna en esa memoria, doblemente memorabilísima, si se piensa en quien la inspiró: Dios; en quienes la han aplicado durante siglos (los jesuitas) y en el actual comentarista. Entre la Sorbona que Ignacio encontró en 1529 y la de Castellani median cuatro siglos. A la segunda sólo nos referiremos, la de 1931.

El interés por la psicología en la Facultad de letras había alcanzado un incremento extraordinario. Ese progreso era consecuencia de la evolución de los métodos. A la introspección, método primitivo y clásico, se unieron formas renovadas que vigorizaban la psicología filosófica, con la observación externa, la experimentación y la medida, dando lugar a la aparición de la psicología animal, infantil y de la adolescencia, la de los pueblos salvajes y civilizados, y la patológica, todas con múltiples subdivisiones.

Los métodos enunciados han ampliado los conocimientos y de ese modo se explica que el doctor George Dumas, inspirado en la línea agnóstica de Théodule-Armand Ribot, haya creado un modo de hacer psicología calificada, por Francisco de Havre, ilustre profesor de la Universidad de Lovaina, como “verdadera suma de la psicología francesa contemporánea”. Lo es de la psicología francesa, si se considera que casi todos sus colaboradores eran franceses. Aunque no lo es, sin embargo, si se observa el contenido de los trabajos elaborados y sus bibliografías, donde no sólo se citan y admiten autores ingleses, norteamericanos, españoles, portugueses, italianos, alemanes y argentinos, de todos los credos religiosos si se hallan seria y científicamente fundados.

Era Dumas un representante típico del espíritu francés, Doctor en Letras y en Medicina; que descubrió su vocación en las clases de la Escuela Normal, donde fue alumno de Ribot, de quien además de discípulo fue amigo dilecto. Estudió medicina por su consejo, para conocer la base orgánica de lo psíquico, según sostiene la escuela experimental, a la que ambos pertenecen. Experimental, no en el sentido de experiencia de laboratorio, sino en el de conocimiento fundado en la experiencia vivida.

A la amplitud de su espíritu científico unía una condición extraordinaria: sentía por el prójimo una profunda simpatía humana.

Los estudiosos franceses, con el sentido universal de la cultura que los caracteriza, no estimaban arbitrariamente la labor de sus compatriotas ni la de los que escriben en francés solamente.

Los estudios médicos de Dumas no aminoraban su interés por lo espiritual ni por lo filosófico, y así se puso a cubierto del riesgo en que frecuentemente caen los fanáticos y los espíritus anticientíficos: subestimar lo que ignoran o sobrestimar lo que conocen mejor.

Dumas apadrinó la tesis del Padre Castellani, supo valorar sus hallazgos, que no son pocos en esta Memoria.

Jamás se contentó el Padre Castellani con repetir conceptos y teorías ajenas.

Castellani, asombro de los peritos en libros, de lo cual da prueba la riquísima bibliografía, sólo parece inaccesible, contradictorio o raro, a los improvisados y perezosos, a los que “no saben qué decir de los poetas y escritores, o de los hechos y dichos, eminentes o no”, por la sencilla razón de no haberlos leído. La erudición, la certeza del juicio, la moderación en la crítica, la noble distinción del estilo, inflexible ante el error o la mala voluntad manifiesta del espíritu maniqueo de quienes odian la verdad por causa de su propio fanatismo irredento, que les pide tinieblas o confusión mental.

El trabajo del Padre Castellani se encuadra dentro de la psicología religiosa. Como el autor mismo lo expresa. Toma del librito de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola, sólo la primera semana. Lo define: Un “documento psicológico aún viviente, del cual tengo alguna experiencia directa y me propongo interrogarlo aquí sobre varios puntos de psicología general”. Los enumera así: “1) la naturaleza de creencia; 2) la conversión; 3) la eficacia de la voluntad y el intelecto; 4) la formación y corrección del carácter; 5) la relación entre moral y religión y sus fuentes”.

Se sometió dócilmente con verdadero espíritu científico de buscar la verdad, al aceptar con gusto el seguir durante dos años, con asistencia obligatoria, examen final y la elaboración de una Memoria, cuyo tema - a propuesta de tres elegidos por el postulante - debía ser aceptado por el padrino de tesis, que fue nada menos que el doctor y profesor de la Sorbona, George Dumas.

El doctor Dumas dictaba, además, el curso de Diagnóstico de enfermos mentales en el “Asile Sainte Anne”, de París, del cual era así mismo director. Era también miembro de la Academia y del Instituto de Medicina de Francia. Gozaba de una autoridad francesa de fama mundial. El trato frecuente entre discípulo y maestro, la vinculación natural de las cuestiones psiquiátricas suscitadas y la naturaleza del tema: “La catharsis catholique dans les Exercises Spirituels d´Ignace de Loyola”, llevaron al viejo maestro a consultar al discípulo - que no era médico - para tomar en cuenta su opinión en cuestiones puramente de su especialidad. Dos notables curaciones súbitas, no milagrosas, sino aplicando el método preconizado por Ignacio en su librito, que llenaron de respeto y admiración al sabio y experimentado profesor, lo determinaron a poner su archivo personal a disposición del alumno. Haciéndole un honor que en ocasiones el doctor Dumas había negado a colegas de notoriedad mundial.

Castellani siguió el curso del Padre Marcel Jousse, SJ, en L´Ecole d´Anthropologie, de la asignatura: Psicología lingüística; y otros con el doctor Georges Wallon y con Charles Delacroix. Wallon (además, maestro de conferencias de la Sorbona), se encargó de preparar la que el padre Castellani dio en el paraninfo de la Universidad, acerca del tema de su tesis. Distinción nada común.

Todos estos triunfos del Padre Castellani, cuyo brillo el Señor le enviaba como consuelo anticipado por el dolor, las calumnias, los agravios, las negaciones y postergaciones que en la patria le tenían preparados los enemigos de Cristo y de su Iglesia, los recibió sumiso para mayor gloria de Dios.

 

IRENE CAMINOS

Prólogo al libro “La Catarsis Católica en los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola”. Ediciones Epheta, Buenos Aires, 1991.

 

LEONARDO CASTELLANI

ESENCIA DEL LIBERALISMO

  

La República Argentina no es una nación sino un problema.

El problema es: ¿qué va a salir de esta desintegración del liberalismo argentino?, ¿qué se puede hacer para que no desintegre al país?

Para resolverlo es necesario saber aunque sea de un modo somero qué cosa fue el Liberalismo donde nacimos: “qui genuit Democraciam, qui genuit Comunismum, qui genuit Reactionem Fascisticam, qui genuit Neocapitalismum... ex quibus generábitur Futurum”.

Me han pedido que urda sobre este tema una conferencia filosófica; es decir, ni demasiado teológica ni demasiado literaria....

Una conferencia filosófica poco logra, si no es en una clase de filosofía; y hay muchos libros eximios sobre el Liberalismo que se pueden leer con más provecho que esto. Mi esperanza y mi consejo es que esta actividad conferencística, que es loable cuando no es demasiado espasmódica, se transforme en verdaderos cursos de ciencias políticas y sociales (incluso de lengua castellana, de latín y de ejercitación oratoria), cursos serios, sacrificados y pacientes, con sus bibliotecas, su revista y al fin su editorial; cosa que por suerte ya se halla incoada, aunque no por la Universidad Católica; la cual tiene por fin solamente los títulos, la apologética y la ciencia (aprendida de memoria en los libros de Derisi) yo no puedo vencer al liberalismo. Ustedes tampoco ni cada uno ni todos juntos ni en un año ni en dos; aunque antes de una década es menester que esté vencida aquí “nuestra Tradición Liberal”, que dice Valmaggia con manifiesta inexactitud. Un hombre hereda de su padre una casa y una tuberculosis: la casa es tradición, la tuberculosis NO es tradición. Yo heredé de mi abuelo que fue arquitecto y de mi padre que fue normalista el liberalismo; del cual estoy sano; o por lo menos, furiosamente de vuelta.

El coraje actualmente en la Argentina se llama Paciencia, con una gran dosis de Decisión: el mal es profundo. Hay cuatro cosas en el orden intelectual a cual más malas, que son ignorancia, el error, la mentira, y la confusión y esto último, donde estamos entrando, es lo peor, porque ya es demencia. ¿Me quieren decir lo que significa aquí ya la palabra Democracia? ¿O la palabra Cultura? ¿O la palabra Libertad? Esas palabras significan “confusión”; o bien, si ustedes quieren: “el presupuesto siempre subiendo, y el decoro siempre bajando”. Un ministro del cual no quiero acordarme desafió por radio anteayer a sus oyentes que le enseñaran si osaban “el remedio al déficit del presupuesto”. Sospecho que él lo sabe lo mismo que yo: la cuarta parte del presupuesto del país puede podarse sin que al país le pase nada en absoluto; y ante todo, el rubro entero denominado Cultura. El fomento de la cultura del país por el Gobierno es matufia; más bien estorba que fomenta; y en eso se despilfarran millones inútil y viciosamente. Puedo hacer bueno con números esto que digo; si fuera necesario.

Ni yo ni ustedes podemos vencer de golpe a Echeverría, a Ingenieros y a Repetto (yo ni siquiera puedo leerlos) pero podemos servir a la verdad, incluso si Dios nos elige podemos DAR TESTIMONIO A LA VERDAD; lo cual es el gran grito del Cristianismo, el que hizo caer las murallas de la pagana Jericó. Toda la religión de Cristo se encierra en estas dos palabras que Cristo impuso a sus Apóstoles: DAR TESTIMONIO. Como decía Unamuno con bastante exageración, “tenemos que hacer que Dios exista creyendo en Él”. La verdad es que tenemos que responzabilizarnos de Dios, sobre todo con respecto a los pobres: “Conmigo lo hicisteis”. Incluso tenemos que arreglar si podemos lo que Dios se olvida de arreglar. El místico alemán Angelus Silesius decía:

“Ich bin so reich als Gott, es kann kein Staublein sein

Dass ich, Mensch, glaube mir, mit ihn nicht hab gemein

Ich weiss dass ohne mich Gott ein Nu kann nicht leben

Werd´ich zunichts, Es muss vor Not den Geist auf geben.”

 

(Soy tan rico como Dios, no hay un granito de arena

Que yo junto con Dios no lo posea

Y yo sé que Dios sin mí no posee su existencia

Ni sin mí fuera posible que Dios fuera)

 

La situación actual de Confusión Mental y Cretinización Colectiva progresista nos ha sido dada, no la hemos hecho nosotros. Nos han dado un juego embrollado (¡cómo será de embrollado que a mí algunos me adjetivan “cura liberal”!), no lo hemos embrollado nosotros y no podemos desembrollarlo de golpe...

(The time is out of joint: o curset spite

That ever I was born to set it right!)

que ha sido siempre el error del Nacionalismo, querer arreglar al país enseguida o a corto plazo: está demasiado embrollado para eso, hay que tener paciencia; no podemos cambiar de golpe el juego tramposo, pero podemos cada uno en su lugar “HACER VERDAD”, como dicen en Cataluña a los chicos cuando salen de casa “fa bontat”, haz bondad: dar verdad es la mayor bondad, “la caridad de la Verdad”, dice San Pablo. En España durante un siglo que duró el dominio del liberalismo nunca faltaron hombres, desde Donoso Cortés hasta Ramiro de Maeztu, que hicieron Verdad, o sea, dieron testimonio; y España venció al liberalismo.

Esta es la verdadera Gran Misión de Buenos Aires: no precisamente hacer exterioridad religiosa, ni propaganda religiosa, ni aburrimiento religioso, repitiendo los lugares comunes religiosos de los cuales la gente está aburrida; sino hacer Verdad. ¿Cómo se hace Verdad? Solamente con Vida, esa es la materia prima. ¿Cómo se hace Vida? Dios nos ha dado un cachito, no podemos aumentarlo ni diminuirlo, podemos BIENGASTARLO.

En la conferencia levemente filosófica que está aquí, yo me ponía a probar filosóficamente que el Liberalismo del siglo pasado enarboló la bandera de la Libertad y arruinó las libertades, que son la única verdadera Libertad que existe; pues existe también una falsa libertad, que es la fomentada por el liberalismo; la cual es a la verdadera libertad lo que la demagogia y el democratismo es a la democracia; el filosofismo a la filosofía; la sofística a la sofía y la superstición y la herejía a la Religión. Es decir, es peor que ignorancia, es peor que mentira, es confusión. Y después me puse a investigar por qué el liberalismo que proclamaba la libertad (y en algunos, de buena fe) acabó por arruinar la Libertad, paradójico resultado; de modo que hoy día yo, y todos los nacionalistas, odiamos al liberalismo en la misma medida en que amamos la libertad. Y después busqué la razón teológica de ese fenómeno monstruoso que jamás antes se había visto en el mundo. ¡Pamplinas! Todo eso no sirve.

Volví la vista a la Argentina y a mi pequeño auditorio, y me di cuenta de que aquí el liberalismo no merece ni mucha investigación ni mucha discusión; de que casi es de mal gusto y casi es de asco el tocarlo; de que aquí ha sido brutamente importado, y no ha tenido ni doctrina ni inteligencia ni siquiera buena fe; que no ha producido ninguna obra maestra en ningún género (excepto la novela “Amalia”, sólo que nadie la puede leer), sino solamente los enormes males en los cuales ahora nos debatimos; y en fin que la filosofía que hay que hacer aquí acerca del liberalismo debe ser existencialista y no esencialista; que no interesa ahora tanto conocer su esencia cuanto librarnos de su existencia. Para conocer su esencia sirven todos esos escritores españoles a los cuales aludí, cuyas obras deberían estar aquí rodeándome por todos lados. A mi me educaron jesuitas españoles que me hicieron algo mal y mucho bien; y uno de los bienes fue que me hicieron vivir cinco años en el Colegio Inmaculada de Santa Fe rodeado desos libros de Jovellanos, Donoso Cortés, Balmes, Nocedal, Tamayo y Baus, Adolfo Claravana, Pedro A. de Alarcón, Aparisi Guijarro, Menéndez y Pelayo, Pereda y... Santa Teresa de Jesús.

Sin embargo, para los que tienen la comezón filosófica resumiré la conferencia esencialista. Buscar la esencia de una cosa es hacer definición; yo hice tres definiciones europeas del liberalismo, cada una más exacta; y al final puse una sencilla definición argentina.

La primera definición breve sería: “el liberalismo es el movimiento económico, político y religioso que se propone a la Libertad como su ideal, y como el ideal absoluto de la Humanidad”; pues ha dicho Mons. De Andrea una vez desde el púlpito que “la Libertad es el bien más grande que Dios ha dado al hombre”; es por tanto el Ideal absoluto de hombres y naciones. Bien se ve que esta definición no sirve, porque pivota sobre la palabra libertad, que es una palabra ambigua, pues la palabra “libertad” si no se le añade para qué, es una palabra sin contenido; y hoy día, por obra del Liberalismo, la más asquerosamente ambigua que existe. Un jefe socialista del siglo pasado, el judío alemán Berstein, dijo: “Poco importa hacia donde vamos, lo que importa es el movimiento, porque la libertad es un movimiento...”. Es una bobada filosófica: la libertad no es propiamente un movimiento sino un “poder moverse” solamente; y en moverse lo que importa es el Hacia Donde: lo que determina el movimiento (dicen los filósofos) y lo hace chico-grande, bueno-malo, tal o cual, es el término DONDE; pues todo movimiento tiene dos términos que lo determinan DESDE y DONDE; y así el DESDE del nacionalismo, por ejemplo, fue el derrumbe del Liberalismo después de la guerra del 14; y el DONDE no lo sabemos, pues todavía no ha llegado a ninguna parte y quizás ni siquiera sabe bien adonde quiere llegar; lo único que sabe es que quiere llegar PRONTO.

Esto entre paréntesis; así que anoten esto: que Libertad no tiene sentido alguno sino se añade el para qué, y sin eso es mejor ni hablar. La libertad del nacionalista con una fórmula acuñada en América Latina, es: “libertad para todo y para todos menos para el mal y los malhechores”; y con esta fórmula haremos buena la opinión de Mons. De Andrea diciendo “en efecto, el mayor bien que existe es la libertad para los hombres de bien; pues con ella, que en sí misma es nada, los hombres de bien pueden hacer el bien, pueden hacer la Verdad, pueden hacer a Dios; pero el mayor mal que existe en el mundo es la libertad en manos de los malhechores; y esa, la ha traído al mundo actual el Liberalismo”. Un viajero inglés se ha reído de que en las cárceles francesas haya en el frontón un gran letrero que dice: “Libertad, Igualdad, Fraternidad” y ha escrito: “Esa es la Libertad del Liberalismo”; pero se podría replicar que esa pequeña libertad amenguada y casi anulada que tiene el malhechor en la cárcel es un bien para él, porque es el máximo de libertad que puede soportar sin hacer daño; y así a los pueblos corrompidos o badulaques Dios les quita la libertad, porque es un mal para ellos; y así dijo San Agustín que lo pueblos corrompidos solamente pueden ser gobernados por la Dictadura; y que esa Dictadura es un bien para ellos si los reencamina a la honradez, a la virtud. Ahora bien, los liberales argentinos dicen que el pueblo argentino es corrompido, que es badulaque, que hay que educarlo todavía para la democracia y con eso prohíben al partido peronista; y por otro lado, la Dictadura para ellos es una mala palabra; en lo cual se contradicen brutalmente pero defuera solamente; porque en el fondo lo que ellos quieren es la dictadura para ellos, la dictadura con máscara de Libertad; y los que son corrompidos no es el pueblo argentino sino ellos y la parte del pueblo que los sigue y no los ha vomitado todavía.

De modo que la primera razón de esa paradoja que nos tocó a nosotros ver, de que el Liberalismo proclamando LIBERTAD destruyó en el mundo la Libertad y trajo lo que ellos llaman Totalitarismo; es la ambigüedad filosófica de ese estandarte enarbolado el siglo pasado con Libertad, Libertad, Libertad; pero esa ambigüedad era sólo del estandarte, no de los que lo llevaban. Los que lo llevaban sabían bien lo que querían: querían la libertad de comercio, o sea la libertad para el Gran Dinero a fin de llegar al poder del Gran Dinero o sea al actual Capitalismo; y para eso querían gobiernos débiles o sea parlamentarismo, división de poderes, sufragio universal y todo lo demás; y para eso querían una religión débil, el deísmo, y después el cristianismo liberal y hoy día el modernismo.

 

LIBERALISMO

LEMA

TÉRMINO

DIVISA

económico

laissez faire,

laissez passer

CAPITALISMO

Libertad

político

El pueblo es el soberano

ESTATOLATRÍA

Igualdad

religioso

la religión debe ser RAZONABLE

MODERNISMO

Fraternidad

 

La primera definición, breve y ambigua; la segunda definición más exacta, pero más larga y solamente descriptiva e histórica: liberalismo ES un gran movimiento de rebelión anti-tradicionalista y reformista de la sociedad, que parte de los libros Empiristas y Deístas ingleses, se formula en Rousseau, es divulgada por la Ilustración o el enciclopedismo francés, informa a la Revolución Francesa a poco de comenzada; es inseminado por las armas napoleónicas, se impone más o menos en Europa (y aquí) a mitad del siglo pasado, preside la llamada “Organización” de las naciones hispano americanas, origina por un lado la Democracia-Mito y por otro el Comunismo-Realidad; y quiere sobrevivir hoy día en el llamado Neoliberalismo y Neocapitalismo, del cual GOZAMOS una violenta erupción actualmente los argentinos.

Y así como el Liberalismo de 1820 levantó a Inglaterra a costa de Francia y de los países latinos; así el neoliberalismo tiende a levantar (económicamente digo) a Estados Unidos a costa de la Argentina. Ustedes saben muy bien (porque después del libro de Alexis de Tocqueville es un lugar común) que una cosa fue el liberalismo en Inglaterra y otra cosa distinta en Francia. “El liberalismo político está refrenado y aun dirigido en Inglaterra por el tradicionalismo del carácter inglés” (Ramiro de Maeztu).

No digo que no haya sido bueno en parte alguna; una cosa mala en las dos; pero en una fue genuino y en otra postizo y utópico; y así como es mejor un perro vivo, aunque sea el más perro de los perros, que un león muerto, así el liberalismo inglés no impidió el progreso material de Inglaterra y EEUU; y al mismo tiempo cadaveró al león Hispánico, o sea lo atajó, dividió y pudrió; lo atrasó; o “subdesarrolló”, como ahora se dice. El León de España se llenó de piojos; es decir, de politiqueros y de militares engreídos.

NO NOS SIRVE,  señores. Evito la proposición máxima que se podría formular y probar, “nos ha hecho daños espantosos”, porque si algunos de los presentes no perciben esos daños Cno estoy hablando para ellosC voy a la proposición mínima no nos sirve, que no necesita ni defensa ni prueba. Es evidente que no nos sirve: estamos en un impase político permanente, nos retorcemos en una especie de pesadilla perpetua, mudamos de postura en la cama del dolor y de la vergüenza como incurables febriscentes. Tenemos Constitución (dos por falta de una), tenemos Cámaras Alta y Baja (dos por falta de una, y bastante bajas), tenemos sufragio universal adornado de un poquito de fraude, tenemos frecuentes y costosas elecciones (o sea opciones), tenemos esplendorosos partidos políticos con unas plataformas que no te digo nada, tenemos libertad de cultos, libertad de prensa, libertad de reunión, libertad de opinión y libertad de enseñanza (sin tener enseñanza), es decir, tenemos todo el Liberalismo entero y verdadero, y esto no marcha: de confesión de todos, hace tiempo ya que esto no marcha.

Si hace un siglo entero que lo estamos ensayando y todavía no nos sale, es señal de que no nos sirve. ¡Hay que educar al Soberano! Pero el Soberano, antes de ser Soberano, ya tiene que estar educado.

Antes teníamos aquí un sistema político que había durado más de 10 siglos y el cual era susceptible de incorporar las novedades modernas que fueran buenas y podar las prácticas antiguas ya marchitas; un sistema basado en el principio que escribió la Princesa de Biera al Príncipe Don Juan: “En España el Rey gobierna debajo de la Religión, de la Ley y del Fuero”. Aquí no había fuero, porque lo había destruido la triste Asamblea del Año XIII, pero había Religión y Leyes; y por eso Rosas se nombró (o lo nombraron) “El Restaurador de las Leyes”; pero vinieron otros que quisieron destruir las leyes viejas que suelen ser las mejores y hacer leyes nuevas; y ni siquiera hacerlas sino copiarlas y la copia no cuajó; y mientras Rosas y el pueblo argentino luchaban con alma y vida por crear una nación contra la discordia interna y la prepotencia y rapiña extranjera, nuestros queridos liberales chillaban: “¡Queremos una Constitución!”.

Ahí la tienen, la Constitución, agárrenla, pónganla en la pipa y fúmenla. Tenemos dos por falta de una; no sabemos cuál es la que vale; y, por las dudas, no cumplimos ninguna.

Para dar contenido a esta definición descriptiva recordemos los siguientes puntos: 1. Aumento del poder central en el Renacimiento; 2. El derecho divino de los Reyes; 3. Reacción de los teólogos españoles, el “pacto”; 4. Caída de la Monarquía tradicional en Inglaterra; 5. Formulación del mito del Contrato; 6. Revolución Francesa; 7. La política del Iluminismo.

1. Desde el Renacimiento, por obra de los juristas galicanos y teólogos protestantes y con ocasión de las guerras, hay un aumento continuo y rápido del poder central a costa de los poderes periféricos con consiguiente detrimento de la libertad de los pequeños; la cual solamente medra cuando el poder está repartido y por ende más o menos equilibrado; o sea, existen “poderes” (no la “división del Poder” de Montesquieu que es filfa, sino la existencia de poderes heterogéneos con raíz propia; no delegados simplemente reconocidos); pues ya vio Esopo que solamente cuando el Lobo y el Zorro riñen los corderos pueden pasear. Este crecimiento del Poder central condujo al absolutismo regio de hecho. Y después se formuló de derecho: Hobbes, Jaime I, Voltaire, Hegel.

2. Derecho divino: “el Rey recibe la Autoridad regia directamente de Dios”, la formulación teológica del absolutismo regio, amagada por Bossuet y redactada por Jaime I (¿por qué Jacobo si en inglés es James? ¿somos alemanes?)  en un libro hay ilegible DE INSTITUTIONE REGIA, en que el hijo de María Estuardo teoriza acerca de un poder que ya no posee y que los “parlamentarios” (o sea la nueva nobleza protestante y capitalizante)  habían desterrado para siempre de Inglaterra. Pero esa doctrina tenía raíces muy más atrás que el pobre Jaime I.

3. La autoridad reside en el pueblo y es comunicada o delegada al Rey por una especie de consentimiento siquiera sea implícito o meramente pasivo; que se puede llamar “pacto”: la doctrina católica de Suárez en su DEFENSIO FIDEI CATHOLICAE SECTAE ERRORES, reasumida después por el romano Belarmino, menos correctamente formulada que en DE REGE ET REGIS INSTITUTIONE de Mariana, y mucho menos que en Santo Tomás; el cual considera la soberanía más bien en el Fin (bonum conmune) que en el Poder (auctoritas) que al fin es un instrumento; diciendo por ejemplo: “ordo exercitus consideratur in Duce quamvis ni exercitu radicatur” (El orden de un ejército radica más bien en el jefe que en la tropa).

4. Jaime I, destronado por Guillermo de Orange y el traidor Churchill (Malborough), es el fin de un proceso comenzado por el cisma de Enrique VIII. Paralelamente a la propagación del Calvinismo y el absurdo absolutismo regio (teórico) una nueva nobleza protestante enriquecida con el despojo de los monasterios jaqueaba a los Monarcas con el tapadillo de la “Libertad” y de “Representantes del Pueblo”, temerosa del retorno de la antigua Fe y sobre todo de la restitución. Este nuevo factor político, raíz del actual capitalismo, se beneficia de la reacción libertaria teórica contra Jaime I y su parejero Hobbes, la cual reacción puede simbolizarse toda ella en Locke y Bolingbroke. O sea, nace la teoría de la Libertad de Religión, que en Inglaterra se concreta en seguida en Libertad de Comercio y (mientras no tuvo una flota mayor) Libertad de los Mares. Pero las dos teorías opuestas y extremosas del absolutismo y el individualismo tenían una misma raíz protestante (y por eso se mezcolaron en Rousseau) y Dawson las considera una lucha del espíritu luterano y el espíritu calvinista.

5. El deísmo y el liberalismo inglés fueron recogidos en Francia en el setecientos por los llamados “Filósofos”, o sea lo Enciclopedistas; por Rousseau principalmente, pues ni Voltaire ni su círculo (partidarios del “despotismo ilustrado”) fueron liberales, aunque si deístas. La proposición española “la autoridad viene de Dios y reside raizalmente en el pueblo” se transforma en “la autoridad viene del pueblo”; y talmente reside en él que el pueblo no puede ni transmitirla ni delegarla sino solamente ejercerla por medio de sus “representantes”, a los cuales puede derrocar cuando quiera; los cuales por otra parte mientras no son derrocados tienen tan fabulosamente absoluta autoridad que pueden condenar a muerte al que ofenda la religión; no la antigua religión naturalmente, sino una religión razonable, el Deísmo. Habían nacido los tres mitos del Liberalismo: la Soberanía del Pueblo, la infalibilidad de la Voluntad General y el gobierno por Asambleas, Cámaras y Constituciones inventadas o artificiales. Pero en el fondo desos mitos irrealizables residía el huevo de dos monstruos realizables: la sedición perpetua, que después se llamó “Revolución” con mayúscula; y el despotismo larvado, que después se llamó totalitarismo. “La théorie du Contrat Social a deux faces; et tandis que d´un coté elle conduit a la démolition du gouvernement, elle abotuit de l´autre a la dictadure illimitée de l´Etat” (Taine, “Origines de la France Contemporaine”, i. 3, c. 4, ' 4 y 5).

6. La Revolución Francesa (que es un fenómeno histórico mucho más complejo de lo que se suele pintar) se debate en ensayos y en tentámenes de organizar de nuevo la vieja nación según la mente de Rousseau, y asume sin darse cuenta toda la herencia del Antiguo Régimen, sobre todo el absolutismo, y termina por tender los brazos al despotismo napoleónico Ccerca de 20 años de guerra, 10 o 12 millones de muertes violentas, entre la guillotina y las batallas.

7. Se puede decir que el Liberalismo propiamente dicho comienza después de todo este enredijo, aunque como consecuencia de él; ya experienciada la imposibilidad de la utopía rusoniana (que es en el fondo una herejía), cede su lugar a una doctrina política realizable, aunque igualmente deficiente, y acaso un poco más hipócrita. Esta doctrina toma diversas formas en las diversas naciones y en las diversas plumas de sus diversos teorizadores y defensores. En nuestra raza no produjo, como dije, ninguna obra maestra; y fue más bien cosa de impulsos, instintos, pasiones y movimientos que de ideas claras; y más cosa de copias, plagios y trasplantes que creación política ninguna. Destruyó una tradición política defectuosa pero viva y puso en su lugar un fantoche vació, accesible al espíritu maligno.

En resumen, pues, desde la Reforma Protestante hasta el actual Comunismo Ruso existe un proceso continuo de heterodoxia antitradicional (“Revolución”) que revistiendo formas políticas es en su raíz religioso, y está basado en una mezcla singular de dos viejísimas y en cierto modo eternas herejías cristianas, el pelagismo y el maniqueísmo. Negación del Pecado Original por un lado y por otro lado exageración del poder del Mal, un Mal substancial, concreto y absoluto, que realmente no se puede ver de dónde sale; pues si el hombre es naturalmente bueno, ¿de dónde salen esos horrores y esas tinieblas que disiparán la Ilustración y el Progreso; ese Mal que primero se llama el Papa, después los Reyes y los Nobles, entre nosotros los Caudillos, y finalmente los Capitalistas y sobre todo los Fascistas? “Todos somos pecadores y necesitamos la gloria de Dios”, decía San Pablo; pero para el liberal genuino hay dos campos: el uno de los elegidos en donde no puede caber el mal (que son ellos naturalmente) y el otro de los malos malazos insusceptibles de todo bien. La famosa Libertad no es para todos; ¡ah no!, “no hay libertad contra la (“nuestra”) Libertad.

Era un sueño soberano

Pero un sueño solamente

dijo Zoraida Moyano

A su simpático hermano

Y a Sinforosa Lafuente.

Si las latas estuvieran vacías el caso estaba resuelto, dijo el detective; pero estando llenas, yo me retiro. Cuando todas las cosas nos van bien nuestros sentimientos son buenos, pero cuando todo va mal, es cosa de pensarlo. ¡Compre EL PAPAGAYO ENSANGRENTADO, el último número de la colección Rastros! Me gustaría ser del Ejército de Salvación o de la Voz de la Esperanza, Uriarte 2235, a dos pasos de Plaza Italia; pero no me alcanza el mal gusto para eso. Fin de la audición Música de Israel. (Perdón, me ha dado un ataque de cultura argentina).

Actualmente los militares son jueces, economistas, policías, políticos y legisladores; y hasta Poder Ejecutivo; los diputados son un circo que divierte poco, gasta mucho y destruye más; el Poder Ejecutivo lo puede todo para oprimir o para traicionar, y no puede nada en orden a liberar; los jueces en general no están a la altura de su alta investidura (o porque les pagan poco y los honran poco, según opina Enrique Gaviola, o porque se ha formado en el país una tribu o camarilla de magistrados tributarios del dinero incluso extranjero, como estuvo ya hace 20 años en ACERCA DE UNA POLÍTICA NACIONAL el experto Ramón Doll) y en consecuencia languidece y perece la justicia, piedra angular de un país. Y hacer jueces a los militares es un arbitrio digno de Tirteafuera.

Los militares acaban de condenar en Mendoza a un joven llamado Carlos A. Burgos a 25 años de prisión y el pago de 2 millones de pesos; cuyo mayor delito probado consiste en haber hecho saltar un busto de Urquiza y cuyo mayor delito no probado es haber puesto una bomba que no explotó en un hotel deshabitado de una compañía norteamericana; y en el mismo diario (TIEMPO DE CUYO) leo que ha sido condenada a seis años de prisión una madre que ha dado muerte a su hijo; y en ninguna parte leo que los que entregan las riquezas del país a los extranjeros o a los judíos tengan ni siquiera un año de prisión; la Constitución no tiene castigo ni remedio alguno para ese crimen; a no ser el castigo de hacerles una estatua y proponerlos como modelos de grandes ciudadanos a los chicos escueleros.

Me dirán por qué triunfó tanto tiempo el Liberalismo si era malo; les diré que ni triunfó del todo ni al comienzo era malo del todo. Sarmiento era liberal y no era malo del todo; por lo menos no era tan malo como Mitre; y por eso quizás murió en el destierro y Mitre en su cama, confesado y comulgado por una tía suya. El Liberalismo en su comienzo tenía algo de bueno, pues no hay error tan grande que no tenga algo de verdad, ni herejía que no se base en un dogma cristiano (en la corrupción de un dogma cristiano). Las tres divisas del Liberalismo: Libertad, Igualdad, Fraternidad, no eran más que las antiguas palabras cristianas: Orden, Jerarquía y Caridad que habían colgado la sotana, como nuestros famosos “curas liberales”.

Lo que había de bueno en el liberalismo de antaño, de 1820 a 1860, consistía en una especie de ímpetu juvenil contra un montón de cosas que tenían que morir; a saber, el absolutismo de los reyes, inventado por los reyes protestantes; el despotismo demasiado cerrado de los Gremios y Corporaciones medievales; y una decadencia en la Religión, que originó en Inglaterra el deísmo y en Francia el filosofismo. Así que toda la juventud europea a principios del pasado siglo se conmovía con ese grito de Libertad, y sabía lo que significaba para ellos esa palabra ambigua, que no lo era para ellos; lo que no sabían era lo que estaba detrás. Se sentían apretados, estrechos y cansados y al decir ¡Libertad! decían “queremos salir de esto”. Lo que no sabían todos era que detrás de esa dorada y sonrosada libertad del Liberalismo había primero un error, después una ficción y después una herejía; el error de la libertad de comercio, la ficción de la soberanía del pueblo y la herejía de la Religión de la Libertad (opuesta aunque derivada de la Religión de Cristo). Un hombre de nuestra raza, Larra, es el primer tipo de liberal que (como Alberdi) se burla de la Libertad con mayúscula (“aquí está la bandera idolatrada”)  y que confiesa que en España el Liberalismo es anticlericalismo y anticlericalismo es irreligión.

A modo de ejemplo inmodesto les diré que si yo hubiese tenido 20 años en 1860 hubiese sido liberal como Alejandro Manzoni o mi abuelo don Leonardo, pues me hubiese exasperado el gobierno de los austríacos en Italia y convencido las poesías de Giusti (no Roberto); pero ya en 1870 me hubiese espabilado, hubiese salido de las tropas de Garibaldi con el grado de teniente, hubiese enviado mi espada a Pío Nono y me hubiese venido a la Argentina. Así lo hizo mi abuelo. Se libró del Liberalismo. Pero me embromó a mí.

Esto que dije arriba de que el Liberalismo en el fondo es una herejía es muy importante. Ustedes lo saben ya; pero por las dudas les voy a leer una página que escribí hace dos meses en San Juan, donde se me enojaron altamente (algunos) y se me quejaron al Arzobispo (algunas) porque en un discurso sobre el 25 de mayo no nombré a Sarmiento; o mejor dicho, lo nombré, pero no dije “el Gran Sarmiento”.

“San Juan, 27 de julio de 1960.”

“¡Ojalá que estén en el cielo actualmente Sarmiento, Urquiza y Mitre!; pero en vida han sido puercos. No es un mal que en la Argentina haya habido traidores y traiciones; el mal está en hacer estatuas a los traidores y adorar traiciones. En todas las naciones ha habido crímenes; pero una nación que no distingue el crimen de la virtud, no puede ser nación. En San Juan si usted dice un discurso el 25 de mayo y no nombra a Sarmiento, le pasa lo mismo que si en la Edad Media usted hubiera dicho que no había Dios. Eso es religión, no me vengan con macanas: es religión al revés, o sea, una especie de religión satánica. «Hoy los Católicos han rendido homenaje a Sarmiento» dice el diario TRIBUNA del 22 de junio de 1960. Traducción: «Hoy los discípulos de Cristo han rendido homenaje a un hombre inmoral», o sea: «hoy los católicos han idolatrado»”.

“Si los niños en la escuela se les pone como objetos de reverencia, de admiración y de imitación a hombres inmorales, las bases mismas de la moral quedan minadas. ¿Qué hombres íntegros saldrán de allí? Una nación no puede ser independiente si no tiene una suficiente proporción de hombres éticos. Hombres éticos no son los que tienen solamente la moral rudimentaria del miedo a la policía y el respeto a las convenciones sociales; hombres éticos son los que tienen la pasión de la Justicia. La Escuela Argentina no tiende a hacer esos hombres; al contrario más bien.”

“Mejor es no creer en nada, ni en Cristo ni en Sarmiento, que creer a la vez en Cristo y Sarmiento. Lo primero da un ateo; lo segundo, un católico mistongo.”

Díganle a monseñor NN de mi parte, con todo respeto y amor, que el Liberalismo es una idolatría y el Nacionalismo no es una idolatría. ¿Y por qué no? Si el liberal al hacer la Libertad con mayúscula un Fin Absoluto (y peor aun hacer un ídolo dese getudo indiscreto que fue Sarmiento) es idólatra, ¿por qué no será idólatra también el nacionalista que hace de la Nación con mayúscula un Fin Absoluto? Porque no; porque yo digo que no hay mucho peligro deso en la Argentina. No niego que sea posible en Alemania o Inglaterra; pero no hace tanto peligro deso en la raza hispánica; el gallego nunca va a hacer un dios de Francisco Franco, ni el argentino va a poner la estatua de Rosas en los altares; al gallego lo van a encontrar siempre hablando mal de Franco e incluso de España. ¡No hay peligro que el argentino adore a su patria, más bien actualmente hay peligro que la desprecie, escupida como está por los judíos! Pero miento, no es la patria: no ha escupido el Reino de Israel a la Patria sino al Estado; y ni siquiera al Estado; ha escupido al Gobierno; es decir, los judíos han escupido a otro judío. Así que díganle a monseñor NN, que dice que yo soy nazi y un energúmeno, con todo respeto y amor, que si yo soy nazi por entrar en esta casa, en esta casa somos nazis blancos, no somos nazis negros. Somos nazis azulyblancos, los cuales nunca adorarán a la nación como si fuese Dios, sino que amarán a Dios a través de su propia nación; porque si no amas a tu madre a la cual ves, ¿cómo podrás amar a Dios al cual no ves? Para muchos de nosotros, hacer Patria es sinónimo dese hacer Dios de que hablé al principio.

Así que el Liberalismo, movimiento histórico muy confuso en el cual estamos metidos, y el cual a mí me ha hecho mucho daño, puede ser considerado en tres planos diferentes, en el plano empírico, en el plano filosófico y en el plano teológico; que corresponden a las tres vidas que hay en el hombre: a la vida de los sentidos, a la vida del intelecto y a la vida sobrenatural de la gracia; en el plano empírico era una invención de la oligarquía inglesa y su posterior imperialismo, después adoptada por toda la burguesía europea, cuya meta era el Dinero; en el plano filosófico fue un intento de resolver para siempre el eterno problema de la persona frente a la sociedad; en el plano teológico fue una singular herejía que yo denominaría una de las Tres Ranas del Apocalipsis. Aquí lo hemos considerado en el plano filosófico; pero nos falta todavía la tercera definición, a saber: el Liberalismo fue un tremendo esfuerzo fallido por encontrar un equilibrio perenne entre el individuo y la Sociedad.

Esta es la definición más general y por tanto más filosófica del Liberalismo: fue un intento ambicioso y fallido de resolver para siempre la eterna antinomia entre el hombre y la sociedad; o sea, entre los dos polos de todos los sistemas políticos, la Autoridad y la Libertad; y les menté los textos de Santo Tomás, de Solovief y de Nimio de Anquín que resuelven teóricamente el problema. La solución práctica consiste en alcanzar de hecho que haya en una nación el máximo de Autoridad con el máximo de Libertad; pues como dijo Heráclito el Oscuro, “la oposición es la madre de todas las cosas, y todas las cosas buenas consisten en el equilibrio de dos contrarios”; equilibrio del que tenemos ejemplo y herencia, pues reinó en la Madre Patria desde el siglo XIII al siglo XVI y en general en toda Europa con la Monarquía Cristiana, hoy liquidada; aunque quizá no definitivamente. El Liberalismo la liquidó; pero el Liberalismo está siendo liquidado actualmente y a grandes pasos: todo el problema para nosotros está en si el sucesor del liberalismo argentino va a ser el rosismo o el comunismo.

Consulten a alguna adivina.

Parodiando a monseñor Franceschi, que decía que la peor Cámara era preferible a la mejor camarilla, resulta que hemos llegado a un punto en que tenemos la peor Cámara junto con la peor camarilla. ¡Maldito sea el Mal Menor y el que lo inventó! Jamás votaré más por el Mal Menor, y no votaré más si no es por un Bien Total.

Les dije también que el Liberalismo en vez de traer la Máxima Autoridad con la Máxima Libertad (que es la solución optimum) trajo lo contrario, un mínimum de las dos cosas, mezcla increíble de Anarquía y Tiranía; lo cual en lenguaje vulgar se llama simplemente Desgobierno; y les puse como ejemplo de despotismo (con perdón de las Benditas Fuerzas Armadas) el Plan Conintes; y como ejemplo de libertinaje o licencia  (con perdón de Mons. Caggiano) la extraordinaria fortuna de Roberto F. Noble, que es uno de los que pagan la gran Misión de Buenos Aires. ¿Pagan? Dije mal: financian, porque pagarlo la pagamos nosotros. Y para terminar les dije que había otro paso todavía que era teológico, es decir, encontrar el error religioso que había desviado monstruosamente las buenas intenciones de los buenos liberales del Ochocientos: es teológicamente hablando, la negación del Pecado Original renovada por Rousseau el Setecientos e inventada en el Trescientos por el monje inglés Pelagio; el cual error teológico, visto filosóficamente, se llama “equivocación acerca de la natura humana”: El hombre nace bueno y la sociedad lo malea.

Contra esto: el hombre no nace íntegro y la sociedad lo hace íntegro o lo desintegra del todo, según sea una sociedad buena o mala; porque el hombre masa, el Individuo, viaja dentro de su Nación, “como la gota dentro de la nube viajera”.

Y llegamos al fin desta conferencia (que debe ser práctica): la República Argentina nos va a desintegrar porque ella se está desintegrando, no como un átomo, sino como un tabético; y a ver qué se puede hacer. Yo no voy a decir los que dicen tantos, que es un país de m..., o como dijo Ricardo Rojas un país de loquitos, o como dijo Raymundo Pardo un país de semisalvajes, o como dijo Unamuno un país de cazadores de pesos, o como dijo Baroja un país de cursis; y tampoco que es un gran país, como dicen por radio, que basta escuchar la radio ahora para ponerlo en duda. Para mí hay una Argentina que me deja vivir a mí, la cual naturalmente tiene que ser muy buena; y otra Argentina mala, que no me deja vivir (no es que tenga demasiado empeño en vivir). Y ha llegado el momento en que una de las dos Argentinas elimine a la otra, como dijo San Martín: los de AZUL Y BLANCO lo arreglan muy cómodamente diciendo que una de ellas no existe (el “país real” supone que el otro país es “irreal”). No. Las dos existen; y la que a mí no me gusta está ahora arriba; y con todas sus fuerzas procura eliminar a la otra como mandó San Martín.

Eliminar ¿cómo? ¿Matando a todos los liberales? No es ése nuestro sistema, es el sistema dellos. El sistema nuestro es hacer Verdad como dije: durante un siglo entero el Nacionalismo en España estuvo haciendo Verdad: desde el doctor Filósofo Rancio hasta el mártir Ramiro de Maeztu; cosa que aquí no hemos tenido sino muy en precario. Pero para hacer Verdad ¿no hay que matar a alguno? A veces por desgracia hay que matar, sintiéndolo enormemente, a alguno, como lo hace Franco, en defensa propia; a algún malhechor, como hizo Rosas. En propia mía, no hay que matar a nadie. Nunca he querido tener un arma de fuego, a pesar de que tiro muy bien revólver, porque en último caso prefiero la muerte de Ramiro de Maeztu (que me maten por hablar demasiado) antes que matar a algún milico como en tiempo de Lonardi. Pero mejor es vivir sin matar a nadie ni ser muerto: lo cual no sé ya si durará todavía una década en la Argentina.

El Nacionalismo debe organizarse férreamente (cosa de la que parece incapaz) no para tomar el poder a corto plazo sino hacer Verdad a largo plazo (como hace por ejemplo aquí calladamente el amigo Rego), difundir por todo el ámbito del país esa verdad terrena y relativa que es la verdad política; pero ahora la verdad más urgente de todas. La Argentina está dando vueltas sobre sí misma con una lanza clavada en la panza; como si hubiesen puesto un eje polar en Córdoba y la Argentina estuviese rotando alrededor dese eje en vez de rotar junto con la Tierra sobre los dos polos y alrededor del Sol. Quiero decir, que aquí no se podrá hacer nada si no se resuelve antes el problema político, o por el rosismo o por el comunismo; no se puede resolver ningún otro problema antes que el problema político; el cual ha llegado a punto crítico por la desintegración del sistema liberal, que nunca nos sirvió y ahora se ha convertido en una pudrición y en una payasada. El pueblo no cree ya más en todo eso. En cuanto a mí no sólo descreo ya en esta farsa sino que estimo ilícito coinquinar con ella, de donde hasta el fin de mi vida votaré (porque hay multa) con un sobre vacío. Y si todos los nacionalistas hicieran lo mismo...

Ya indiqué al comienzo el error del Nacionalismo: es poner los ojos en el poder a corto plazo en vez de ponerlos en la Verdad a largo alcance. Creer que el fin último de la política es alcanzar o arrebatar el Poder es un error y una estupidez: es el error de Maquiavelo y la estupidez de los políticos baratos y pueriles que nos están moliendo y perdiendo. No se le puede pedir a un político, pongamos a Marcelo Sánchez Sorondo, que aspire al Sufrimiento y a la Derrota (es decir al Martirio); eso es propio del hombre religioso, no del hombre ético; y un buen político es un hombre ético; no se les debe pedir a los nacionalistas que no aspiren a la Victoria; pero es menester pedirles que no pongan su Victoria en la consecución del Poder (por ejemplo, una embajada) sino en la difusión triunfante de sus ideas (suponiendo que las tengan). O sea, que puedan como dijo el héroe nacionalista que nombré a sus asesinos: “yo sé por qué muero; y ustedes no saben por qué me matan” y pudiera haber añadido: “¡Pero muero para que lo sepan!”.

Les daré una buena noticia en ese sentido: se va a fundar un diario nacional que se llamará LA HUELLA o bien CONTRERAS Y CIA., el cual durará dos meses; mas si los nacionalistas se organizaran podría durar 6 años, como CABILDO. A pesar de que el Papa es infalible, si el Papa definiera que los nacionalistas argentinos son nazis (como me dicen que hay inminente peligro) yo no lo creería; porque si fuesen nazis serían alemanes; y si fuesen alemanes estarían organizados. Si los nacionalistas estuvieran organizados, tomarían estos dos discursos míos y repartirían 150.000 ejemplares por todo el país; como hicieron los requetés navarros en 1868 con el discurso de Aparisi Guijarro cuando la caída de Isabel II; la cual fue una especie de general Lonardi con polleras. O más bien, ya que ahora la imprenta es más barata (imprenta Contreras) un millón y medio de ejemplares. No pueden negar que esta idea es práctica, por lo menos para mí.

Fuera de broma, eso habría que hacer con el librito de Nimio de Anquín MITO Y POLITICA ( no confundir con PETROLEO Y POLITICA, aunque Mito y Petróleo...) y con el librito de nuestro Octavio Maestu titulado LA REVOLUCION NACIONALISTA.

He dicho.

Un oyente me recuerda que mencioné tres definiciones europeas de libertad, y anuncié que iba acabar con una argentina; y no lo he hecho.

La definición argentina de hombre libre tal vez no sea muy filosófica pero es bien argentina. Dice así:

“Me siento libre... La justicia de Dios está más alta que la soberbia de los hombres. El hombre verdaderamente «libre» es aquel que exento de temores infundados y deseos innecesarios en cualquier país y cualquier condición en que se halle, está «sujeto» [es decir libremente cautivo] a los mandatos de Dios, al dictado de su conciencia y a los dictámenes de la sana razón...”.

Carta de don Juan Manuel de Rosas desde el destierro a doña Josefa Gómez: paréntesis mío.

 

LEONARDO CASTELLANI

 

15 de octubre de 1960.C

 

PALABRAS PRONUNCIADAS POR S.E.R. MONS. JORGE MARIO BERGOGLIO EN LA RECEPCIÓN QUE LA UNIVERSIDAD DEL SALVADOR LE OFRECIÓ CON MOTIVO DE SU CONSAGRACIÓN EPISCOPAL.

14 de agosto de 1992.

 

*     1. La Carta de Principios es una sencilla enumeración de tres directrices: lucha contra el ateísmo, avance mediante el retorno a las fuentes, universalismo a través de las diferencias. Hoy, después de 17 años, se me pide que ponga voz a lo que, en aquel momento, escribí. Fueron aquellos tiempos difíciles en los que se nos proponía un desafío, tiempos de planes, conflictos, logros y borrascas. Al pensar en esto recuerdo el papel jugado por una mujer de esta Universidad durante aquellos primeros momentos... Mecha Terrén se mostró como piloto de tormenta, así como también Cen otra ocasiónC supo ella acuñar con sabiduría la frase que hoy, al tener que poner nueva luz a la Carta de Principios, viene a mí memoria: “Lo más importante que tiene una Universidad es lo menos permanente: sus alumnos”. Hoy quiero hablar pensando en ellos; no para ellos sino para los responsables de recibir en sus manos en precioso don de la juventud que cada año entra en nuestra Universidad. Hablo pensando en los chicos y chicas, en nuestros jóvenes, y lo haré siguiendo el pensamiento del Papa, lo que piensa él de estas directrices de la Carta de Principios, lo que piensa él de nuestros jóvenes... Y nosotros, a tomar candela... y al que le caiga el sayo, que se lo ponga.

Los Principios.

*     2. Por el avance mediante el retorno a las fuentes “prestamos un servicio a la toma de conciencia y a la profundización de la identidad cultural de (nuestro) pueblo. La identidad cultural es un concepto dinámico y crítico: es un proceso en el cual se recrea en el momento presente un patrimonio pasado y se proyecta hacia el futuro, para que sea asimilado por las nuevas generaciones” (JP II, 5jul86). Se trata de un “promover el dinamismo y la expansión de la cultura sin poner en peligro la sabiduría ancestral de los pueblos” (8dic78).

*     3. Queremos hacer nuestro “el afán irrenunciable de universalidad” (JP II, 12abr87) al que nos exhortara Juan Pablo II en la alocución tenida en el Teatro Colón. Nos hacemos cargo de que “una urgencia particularmente importante hoy para la renovación cultural es la apertura a lo universal” (12abr87). Sabemos que toda cultura supone una localización en un área concreta: es la expresión de lo más noble de un pueblo determinado. Y sabemos también que esto no es localismo, porque Cen tal casoC no sería cultura, pues una cultura sin valores universales no es una verdadera cultura” (12abr87). No sólo los valores universales permiten que las culturas particulares comuniquen entre sí y se enriquezcan mutuamente, sino también sabemos que en lo particular de una verdadera cultura anida ya esa tendencia a la comunicación universal que constituye lo que Cno en sentido hegelianoC podríamos llamar el “universal concreto” (Cfr. J.M. Bergoglio, Reflexiones en esperanza, p. 298, nota 39). Esto es universalismo a través de las diferencias.

*     4. Nuestra lucha contra el ateísmo tiene una preocupación primordial: la lucha por el hombre, el sentido de humanidad (JP II, 12abr87). No podemos negar que la idolatría, manifiesta o larvada, incide en un empobrecimiento de la humanitas. Se nos pide hoy, al luchar contra toda forma de ateísmo y apostasía, “sembrar gérmenes de humanidad” (JP II, 12abr87). Proclamamos que “en el centro de toda preocupación y atención del mundo académico, al igual que de toda la sociedad, debe colocarse el hombre la investigación acerca de su verdad, el compromiso para su promoción, el respeto de su dignidad y de sus derechos” (JP II, 7jun88).

El hombre.

*     5. El hombre, cuya característica principal es ser imagen de Dios (JP II, 15nov80), el hombre, a quien concebimos como la totalidad del ser, “pues encierra en sí una infinita profundidad de ser, imagen del Infinito por esencia, que es Dios mismo. Con qué veneración debemos pronunciar esta palabra: ¡hombre!” (JP II, 19oct85). Nuestro interés por el hombre no es el “del científico, desarraigado de la realidad, que considera al hombre como mero objeto de análisis, sino la pasión dolorosa de quien se siente implicado íntimamente en los problemas de quienes siendo víctimas, son semejantes suyos” (JP II, 8dic78). Nuestro interés por el hombre significa voluntad de servir al hombre (JPII, 8dic78). En este servicio hay una veneración por la obra maestra de Dios, el hombre, que “se revela a sí mismo como el único ser del mundo que ve desde el interior” (JP II, 9jun87), y por ello es capaz de colocarse, cara a cara, con la propia dignidad (JP II, 9jun87).

*     6. Desde esta concepción del hombre luchamos contra el ateísmo procurando “desarrollar un nuevo humanismo, abierto a la trascendencia y a sus valores, que representan el más seguro fundamento” (JP II, 7jun88). “Por ello es necesario que la información (científica) esté inspirada por la sabiduría, la cual, con un vivo sentido de responsabilidad, ha de respetar la escala de valores morales, espirituales y religiosos, todos ellos teniendo como centro al hombre, que en el mundo es el valor supremo” (JP II, 19oct85). El hombre tiene su señorío que ha de imponerse sobre todo lo creado, un señorío que nace del mandato divino de dominar la tierra (Gen. 1:28) y es iluminado por la Resurrección de Cristo. “Someter la tierra significa también ¡no subordinarse a la tierra! No permitir que ni cognoscitiva ni prácticamente el hombre sea `reducido´ al orden de los objetos” (JP II, 9jun87), y esta no reducción del hombre al objeto significa no andar por los tortuosos caminos de la “segunda forma de incultura” (Cfr. al respecto las reflexiones de Romano Guardini en J.M. Bergoglio, Reflexiones en esperanza, p. 289, n. 17), en la que el hombre, después de haber dominado la tierra, termina por ser esclavo de los avances que él mismo creó, los cuales, por la ausencia del señorío del hombre y la consiguiente referencia a Dios, se constituyen en un nuevo caos peor que el primordial, en una nueva forma de incultura.

*     7. Esto es una frustración: “¿puede el hombre frustrar el designio de Dios? ¿Puede el hombre frustrarlo para sí mismo?” (JP II, 15dic83). Si bien no podemos frustrar el designio divino en Dios mismo, sí podemos malograrlo para nosotros mismos: en esta dimensión, sí podemos frustrarlo. Aquí tocamos la grandeza y el drama de la libertad humana (JP II, 15dic83). Evitar tal frustración significa para el hombre “resistir tanto a la tentación de la autodeificación como a la tentación del menosprecio” (JP II, 9jun87). El hombre es atacado por ambos flancos, bajo formas variadas: reduccionismo ideológico que empequeñece (JP II, 24feb79), secularismo inmanentista vital que lo pervade todo, adulteración y corrupción del don de la juventud (JP II, 7jun88), la jactancia y la vulgaridad (JP II, 8dic78), el pluralismo de convivencia (JP II, 21may85), el formalismo, la neutralidad, el sincretismo (JP II, 12abr87), el aislamiento egoísta (JP II, 12abr87), escepticismo, nihilismo, toda forma de cinismo y narcisismo (25sep87), el temporalismo como criterio reduccionista del mensaje cristiano (JP II, 15may88)... y así podríamos seguir enumerando. Todas estas tentaciones, cuando logran arraigarse en el hombre, crean en él la atomización sin sentido del universo (JP II, 28oct86), apoyada por ideologías que inducen a someter las verdades de la fe a las propias categorías intelectuales (JP II, 25sep87), ideologías ya sean de corte individualista como de inspiración colectivista (JP II, 15may88); ideologías creadoras de falsos humanismos (JP II, 15may88) y potenciadoras de subculturas (26oct86) que disminuyen al hombre, lo enanizan encuadrándolo en un cosmos caótico, atomizado y salvaje.

Los trascendentales.

*     8. Frente a toda esta gama de frustraciones que configuran la “gran cultura de la frustración” del hombre, el Papa nos advierte que toda cultura “gana calidad, en contenido humano, cuando se pone al servicio de la verdad, del bien, de la belleza, de la libertad, cuando contribuye a vivir armoniosamente, con sentido de orden y de unidad, toda la constelación de los valores humanos” (JP II, 12abr87). La ciencia no puede dar respuesta al problema del significado de las cosas (JP II, 15nov80), por ello el Papa señala hacia la pedagogía de los trascendentales: verdad, bien, belleza, unidad. Nuestra lucha contra el ateísmo afirmando la dignidad del hombre, su re-situación como centro del universo e imagen de Dios, pasa por esta pedagogía de los trascendentales. Sólo así podremos abordar los dos grandes desafíos que nos proponen las “Líneas para una nueva evangelización”: el desafío del secularismo y el de la justicia largamente esperada.

*     9. Hablo de pedagogía de los trascendentales. Y “pedagogía” me hace apuntar ahora a los responsables del trabajo pedagógico de la Universidad. El Profesor Universitario, el Directivo, el que realiza tareas de apoyo, el Administrativo Cen el ámbito de una Universidad CatólicaC en el mismo ejercicio de su función específica, debe ser un pedagogo, debe fundamentalmente, ser un formador: un formador en la verdad, el bien, la belleza, la unidad. ¿Qué sucedería si no se da esto? Muy sencillo: cuando un Profesor, Directivo, uno que realiza tareas de apoyo, un Administrativo no es un formador, poco a poco la Universidad va dejando de tener alumnos y comienza a tener “clientes”: reniega de su misión de formar hombres y mujeres y se desplaza hacia el campo de la oferta y de la demanda de “material humano” (perdónenme la expresión) en el mercado de la docencia. Y en Argentina ya estamos padeciendo este problema. Basta leer con inteligencia los diarios. Se ha ido pasando de “centros de formación” a “centros de instrucción”, de allí a “centros de ideologización” y, finalmente, al sistema de “mercado de la enseñanza”. Las instituciones y personas que no tienen chance para competir en este mercado van engrosando las ya abundantes filas de los marginados en el sistema de enseñanza, una suerte de analfabetismo de la dignidad personal en aras de una elite mercantil, que Cen vez de formarC ha optado por el simple funcionalismo que posibilita la adquisición de un título, con más o menos esfuerzo, con más o menos dinero, y con la estrecha mira de una proyección o rédito laboral futuro.

*     10. Esta situación, que estamos viviendo en nuestro país, manosea la dignidad del hombre, la dignidad de los chicos y chicas que nos piden Ccon sus vidasC los ayudemos  a ser más hombres y mujeres. Por ello, a 17 años de la Carta de Principios, teniendo en cuenta este panorama, quiero afirmar para nuestra Universidad que la lucha contra el ateísmo pasa por la lucha por el hombre, imagen de Dios, y por la formación de este hombre y esta mujer en los “trascendentales”: la verdad, la bondad, la belleza, la unidad.

*     11. Para ser un formador de hombres y mujeres y superar la tentación de convertirse en un “tratante” de material humano y de “clientes” estudiantiles, el Profesor, el Personal de apoyo y administrativo, el Directivo, debe asumir una postura de humildad como “actitud fundamental frente a Dios; es decir, la límpida y serena autoconciencia de la propia pequeñez, del propio límite, de la propia contingencia y condición de criatura con relación al Eterno, al Omnisciente” (JP II, 26oct86). Y, desde la base de esta humildad, animarse a despertar armónicamente (i.e., en unidad) en el alma de los jóvenes, el amor a la verdad, la belleza y el bien. Formar en los trascendentales es crear actitudes de certeza, valentía y gozo (JP II, 19dic80): la certeza que nace de la veracidad; valentía para asumir y difundir el bien; gozo en la contemplatividad de la belleza.

*     12. La verdad, la belleza y el bien son valores absolutos (12abr87) de la persona y crean verdadera cultura: la cultura de los trascendentales (JP II, 5jul86); cultura que posibilita una real pasión por la verdad (JP II, 7jun88) que es la clave de cualquier compromiso básico de la ciencia (JP II, 15nov80) y que pide de nosotros un contundente ascetismo de la inteligencia (JP II, 25sep87) para hacerla servidora de la verdad. El amor a la veracidad hace que el entendimiento humano alcance (en su doble aspecto de unificación y diversificación) aquel culmen con que lo define Santo Tomás: intellectus est quodammodo omnia (JP II, 9jun87) y esto porque “toda la realidad se entrega al hombre como tarea bajo el aspecto de la verdad” (JP II, 9jun87).

*     13. El bien que nos atrae para ser poseído y hacia el cual tendemos será la plenitud de nuestra capacidad de amar y de querer. Formar en el bien implica también una ascesis: la del corazón, que libere de todo egoísmo y cree en nuestros jóvenes una ámbito de comunicación, universalidad y sentido de humanidad (JP II, 12abr87). Bien nos lo recordaba el Dr. Moscati, Profesor Universitario, Director de Hospital e Investigador, hoy elevado a los altares: “No es la ciencia sino la caridad la que ha transformado el mundo” (JP II, 12nov87). Él “había experimentado directamente el primado del amor en el servicio a la vida. El mandamiento del amor tiene sus raíces en la ley natural de la solidaridad humana y recibe vitalidad del Amor mismo que es Dios” (JP II, 27dic87).

*     14. Finalmente, formar en la belleza en medio de una sociedad acostumbrada a cosmetizar la realidad, la fealdad y la desarmonía en un burdo intento por transformarla en pulcritud. Hacer que nuestros jóvenes se encuentren con la belleza, y suscitarles, en el estudio de la verdad, aquel “gradium veritatis” que sólo el Espíritu de Cristo es capaz de hacer crecer. La belleza, que en Dios es paz porque se identifica con el bien; la belleza, irradiación de lo trascendente y que, a través de la fruición del bien y el gozo de la verdad, nos eleva a la contemplatividad de la armonía del ser, en ese equilibrio dinámico de los opuestos.

Jesucristo.

*     15. “Si la verdad que `el hombre supera infinitamente al hombre´ como dijo Pascal (Pensées, num. 434), es necesario entonces decir que la persona humana no encuentra la plena realización de sí misma más que en referencia a Aquél que constituye la razón fundamental de todos nuestros juicios sobre el ser, el bien, la verdad y la belleza” (JP II, 8dic78). La infinita trascendencia de este Dios, a quien alguien a denominado como el “totalmente otro”, se acercó a nosotros en Cristo Jesús, se acercó a nosotros para ser totalmente partícipe de nuestra historia (JP II, 8dic78). Para luchar contra el ateísmo optando por el hombre “debemos remontarnos a Dios, pero no a un dios cualquiera que nos presente una religión natural, sino al Dios vivo, a Jesucristo, suprema razón para nuestro vivir, suprema belleza para contemplar, suprema bondad para imitar, supremo premio para conseguir” (JP II, 8dic78).

Conclusión.

*     16. Señoras y Señores Formadores, permítanme que los llame así a Ustedes: Administrativos, Miembros del Personal de Apoyo y Servicios, Directivos, Profesores... Formadores de jóvenes en esta casa donde se juega el futuro de hombres y mujeres en cuyo corazón “late la nostalgia por la verdad, el bien y la belleza” (JP II, 15dic83. Ustedes Cal formarlosC hacen cultura. No olviden que es propio del hombre de cultura crear unidad: el hombre de cultura une a través del laborioso trabajo de lograr la síntesis superadora, yendo incluso a las raíces de los conflictos (JP II, 12abr87). A Ustedes la Sociedad, la Iglesia, Dios mismo, les entrega corazones jóvenes para que los hagan crecer en la unidad de la belleza, el bien y la verdad. A Ustedes se les encomienda custodiar el don de la juventud: “Juventud quiere decir libertad frente a prejuicios y esclerotizaciones ideológicas que impiden abrirse a la totalidad de la verdad. Juventud quiere decir capacidad de esperanza y de tensión hacia metas no meramente utilitarias, quiere decir disponibilidad para pensar y actuar con grandeza, sin dejarse intimidar por las presuntas exigencias de leyes y mecanismos inadecuados con la dignidad de la persona; quiere decir saber acoger en toda situación y acontecimiento la posibilidad de proceder de otra manera, de seguir buscando y de actuar con mayor profundidad para permitir al hombre no encerrarse en prisiones que él mismo ha edificado. Juventud es, finalmente, inclinación a la solidaridad y al deseo de comunión, insertos en el alma humana, no sofocada aún por la desmedida búsqueda del interés individual” (JP II, 12abr87). Se les pide a Ustedes cuidar este maravilloso don de la juventud, hacerlo crecer en juventud, en la juventud eterna de Cristo Resucitado. Para saber acoger el don de la juventud Ustedes mismos deben permanecer jóvenes, porque “la juventud es un don que de por sí pasa, pero espiritualmente puede hacerse perenne” (JP II, 7jun88). Y es el Eterno Joven, Jesucristo, quien puede realizar esto en Ustedes. ¡Permitidle a Jesucristo que os encuentre! (JP II, 8jun79): Él tiene poder sobre el corazón humano como para hacerlos a Ustedes aptos para acoger a estos jóvenes, sin corromperlos frustrando las expectativas más hondas de su nostalgia.

*     17. Sí, esto es lo que les pido a Ustedes hoy, a 17 años de la Carta de Principios: ¡Permítanle a Jesucristo que los encuentre! Que sea Él quien les cambie la vida a Ustedes (porque todo encuentro con Jesucristo nos cambia la vida). Permítanle que los encuentre para que los haga más y más verdaderos formadores de estos jóvenes que se arriesgan a poner sus ilusiones en manos de Ustedes. Que ellos puedan recibir de Ustedes una verdadera cultura de los trascendentales: del bien, de la verdad, de la belleza, que los armonice en la unidad. Permítanle a Jesucristo que los encuentre a ustedes para que no caigan en la tentación de enanizar a estos jóvenes, nivelándolos hacia abajo, proponiéndoles como ideal una cultura de bailanta, propia del mercado, de la oferta y de la demanda de la carne y el espíritu humanos.

*     18. Fue ya hace muchos años, siglos, cuando un hombre, un ex universitario, un profesional, en la Indias Orientales había caído en la cuenta de todo esto; y entonces escribe una carta a su amigo, a su compañero de correrías apostólicas, y Centre otras cosasC le dice: “Muchas veces me mueven pensamientos de ir a (las casas de) estudios de esas partes (de Europa), como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la Universidad de París, diciendo en Sorbona a los que tienen más letras que voluntad para disponerse a fructificar con ellas: cuántas ánimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos. Y así como van estudiando en letras si estudiasen en la cuenta que Dios Nuestro Señor les demandará de ellas y del talento que les tiene dado, muchos se moverían, tomando medios y Ejercicios Espirituales para conocer y sentir dentro de sus ánimas la voluntad divina, conformándose más con ella que con sus propias afecciones, diciendo: “Domine, ecce adsum, quid me vis facere? mitte me quo vis; et si expedit, etiam ad indos? (San Francisco Javier, Carta a San Ignacio del 15 de enero de 1544). Se llamaba Francisco Javier. Hoy también, cuando se piensa en lo perentorio del anuncio de Jesucristo para un mundo ansioso de su Palabra... y que no le llega, dan ganas de ir por las Unidades suscitando la nostalgia en el corazón de los jóvenes, de los formadores, liberándolos a todos del imperio de “la pavada”, y ayudándolos a decir: “Señor, ¿qué quieres que haga de mi vida?”.

*     19. Esto es lo que quiero decirles. ¡Déjense encontrar por Jesucristo! Y que María, la Virgo audiens (JP II, 15dic87) les abra a Ustedes el oído del corazón para saber percibir cuándo el Señor viene, cuándo habla, y cuándo entrega en nuestras manos el precioso don de la juventud para ayudarlo a madurar haciéndolo más hombre y más mujer.C

 

ALOCUCIÓN PRONUNCIADA POR MONS. HÉCTOR AGUER.

9 DE JULIO DE 1996.

 

*     “Hace hoy 180 años, el 9 de julio de 1816, se produjo en Tucumán el hecho más sobresaliente de toda nuestra historia: `los representantes de las Provincias Unidas de Sur América, reunidos en Congreso General declararon la voluntad unánime de estos pueblos de investirse del alto carácter de nación libre e independiente. Así rezan las actas de aquella asamblea que inició sus deliberaciones el 24 de marzo y publicó solemnemente su instalación el 25, día `que consagra nuestra Madre la Iglesia a la memoria del adorable misterio de la Encarnación del Hijo de Dios´, cuando los diputados, vueltos de la Iglesia de San Francisco a la casa donde sesionaban, juraron `conservar y defender la Religión Católica y mantener íntegro el territorio de las Provincias Unidas contra toda invasión extranjera´.”

*     “El Congreso de Tucumán decidió asumir las actitudes más terminantes para continuar el proceso inaugurado en Buenos Aires en 1810. En un gesto de coraje y de esperanza proclamó la independencia cuando en toda la América española los movimientos de emancipación eran sofocados o se hallaban en penoso trance, en nuestro territorio sufrían suerte adversa los ejércitos patriotas y se temía la irrupción, por tierra y mar, de nuevas tropas realistas para reinstalar el antiguo régimen e impedir así su relevo por la nueva forma de soberanía que aquí entonces se esbozaba.”

*     De este Congreso dijo Nicolás Avellaneda que `se halla definido por dos rasgos fundamentales: era patriota y era religioso; es decir católica como ninguna otra asamblea argentina´. Y señaló también aquel ilustre presidente que los representantes de nuestras Provincias `se emanciparon de su rey, tomando todas las precauciones para no emanciparse de su Dios y de su culto... Querían conciliar la vieja religión con la nueva patria´. Ambos valores, patriotismo y religiosidad, se encontraban entrañablemente ligados; de hecho, se debe afirmar que en la maduración de la idea de independencia se manifestó lo más representativo del espíritu cristiano.”

*     “Aquel 9 de julio no comenzaba todo, ya que no se improvisa una patria, ni una nación se configura por decreto. Ella es ante todo la tierra, el `desmedido territorio nuestro, violentísimo y párvulo, que una fina poetisa enumeró con inspirado afecto; es la religión, de la cual no quisieron emanciparse nuestros padres; la lengua española, pronunciada con acento joven y dulces tonadas; es la tradición de las costumbres, la herencia que brota del origen común y que se va plasmando en la continuidad solidaria de las generaciones, con nuevos aportes de esfuerzos y de sangre; es una idéntica concepción del hombre y del mundo, de raigambre bíblica, que como fundamento de una cultura compartida vincula, reúne, congrega.”

*     “Aquel 9 de julio no comenzaba todo; sin embargo, aquel día quedó para siempre iluminada la conciencia que la Patria tiene de sí misma, y comenzó simbólicamente su presencia, su camino y su tarea en el conjunto de las naciones. Como dijo don Vicente López y planes: `La independencia es el instrumento que Dios nos da para hacer nuestra tarea temporal en el mundo. La tarea espiritual se puede hacer en el desierto y no se necesita una nación; pero para cumplir nuestra tarea temporal necesitamos una nación independiente.”

*     “En realidad, la vida de una nación se recrea, afianza y renueva con el empeño cotidiano de toda la comunidad en el cumplimiento de su `tarea temporal´. Se requiere que todos sus miembros, vinculados por relaciones espontáneas y naturales, crezcan en la conciencia y el sentimiento de pertenecer a esa comunidad, de vivir de una misma atmósfera espiritual y de compartir un destino común.”

*     “Implica la voluntad de continuar siendo una nación, superando la tendencia a hacer prevalecer los intereses propios sobre el bien común, cultivando la aptitud franca y generosa para sanar las divisiones, vencer los resentimientos y restañar las heridas del pasado. Sin aquella conciencia, sin esta voluntad, la nación puede llegar a disolverse, a disgregarse en tribus ideológicas o grupos económicos que mantendrán eventualmente una precaria unidad de conveniencia, fundada en acuerdos pragmáticos o en el reparto de ocasionales botines.”

*     “Una comunidad nacional digna de ese nombre no puede decaer de modo tal que se reduzca a ser un mero conglomerado de intereses materiales; en esa condición merecería otro nombre: factoría. Podemos glosar a propósito un versículo del Evangelio: `¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?` ¿Qué beneficio podría reportarle a la Nación exhibir algunos altos coeficientes económicos si perdiera su alma, si fuera alienando su esencia, si renunciara a las grandes e imprescindibles decisiones soberanas? La `tarea temporal´ no conseguirá conservar la libertad, afianzar la independencia y hacernos crecer como nación, si no logramos vencer la tentación del eficientismo materialista que frecuentemente se propone como modelo en el mundo contemporáneo. Dicha tarea quedaría despojada del sentido de los valores trascendentes que han de expresarse en el respeto de la dignidad humana, en el ejercicio de las virtudes que pueden hacer de nuestra tierra un lugar más próspero, fraterno y acogedor para todos, en la consecución de `una justicia demasiado largamente esperada´.”

*     “Estamos llamados  a continuar la obra de los padres de la Patria; es ésta una obra eminentemente moral, que demanda de todos integrarse a una empresa de inteligencia y amor. Constituimos una nación joven, que se reconoce portadora de un rico patrimonio y de valores esenciales, pero que también vacila y duda del arraigo de esos valores en una época de cambios formidables. Estos cambios presentan signos claramente positivos, pero con una singular rapidez llegan a configurarse como modelos de vida sin que se discuta y discierna cuál es su fin, es decir, su meta y su sentido. Los modelos de organización y convivencia son realidades históricas que dependen de la lucidez y del esfuerzo de todos los responsables; deberían tener su fuente en la prudencia política, virtud eximia, que compete diversa y necesariamente a gobernantes y gobernados; debería fundarse en la ratificación y en la vivencia de aquellos valores esenciales. No hace mucho, Juan Pablo II, hablando a un grupo de obispos argentinos nos decía: `sólo una nueva propuesta de los valores morales fundamentales, como son la honestidad, la austeridad, la responsabilidad por el bien común, la solidaridad, el espíritu de sacrificio y la cultura del trabajo, en una tierra como la vuestra que la Providencia ha creado fértil y fecunda, puede asegurar un mejor desarrollo integral para todos los miembros de la comunidad nacional´.”

*     “Cada aniversario de julio nos recuerda que el amor a la Patria es un deber moral relacionado estrechamente con el amor a los padres y el amor a Dios. ¿Será fruto de una observación parcial, o una conclusión exagerada afirmar que `Patria´, `patriota´, `patriotismo´ son hoy día términos poco menos que caídos en desuso? ¿Hay acaso otras palabras más actuales, más expresivas quizá, que reemplazan y designan, en nuestro lenguaje corriente, aquellas mismas realidades entrañables? ¿No es verdad que las palabras que virilmente usaron nuestros próceres pueden ser pronunciadas con recato, sin afectación ni desubicado lirismo, cuando está viva en un pueblo la conciencia de ser hijos de una Patria, cuando todos, sin exclusiones, experimentan el sentimiento de pertenecer a ella, de poder esperar en ella; cuando aquello que integra el bien común de la Nación es, efectivamente, para todos suelo nutricio, punto de referencia, atmósfera, casa, amparo? Se ama a la Patria sin alardes patrioteros ni estrechez de espíritu, sin hostilidad xenófoba, pero también sin escatimar la honra, la piedad y el servicio, magnánimo y leal, que se le debe.”

*     “Sólo si en el sentido dicho amamos a la Patria podremos vivir la independencia y afrontar la tarea de incorporarnos sin complejos al ritmo de un mundo signado por el intercambio y la información globalizada, donde no caben autarquías ilusorias, pero en el cual los poderosos siguen abusando de los débiles y la interdependencia no suele ser armoniosa trabazón de identidades y plenitudes, sino dependencia más o menos embozada, una nueva versión de colonialismo.”

*     “El 9 de julio de 1816 aquellos insignes varones que representaban a nuestras provincias consumaron una obra por muchos conceptos temeraria e incomprensible, fruto más bien de su clarividencia y de su fe en Dios, que no la consecuencia de una situación reinante en el país y fuera de él. Al día siguiente hubo Misa de gracias en San Francisco, y ocupo la cátedra para la oración patriótica el representante riojano, presbítero Pedro Ignacio de Castro Barros, que se inspiró en los versículos finales del Salmo 123, así leídos: `Nuestro lazo ha sido roto y nos hemos liberado; nuestro auxilio está en el nombre del Señor´.”

*     “Hoy también damos gracias al Todopoderoso, al Dios `que no está lejos de ninguno de nosotros, porque en Él vivimos, nos movemos y existimos´. Le damos gracias por nuestra independencia, asumiendo en la plegaria, con humildad y contrición, la historia breve, azarosa y también por períodos, sangrienta, de la Nación Argentina; reconocemos sus hazañas pasadas y su logros presentes, y éste es otro motivo para la gratitud y la alabanza. Miramos con esperanza hacia el futuro; encomendamos confiados el futuro de la patria a la Providencia que gobierna el mundo y es tan pródiga siempre con nosotros. Invocamos a Dios con la voz del salmista, recogida en el Te Deum de la Iglesia: `Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre´.”C