La Autoridad de Fertilización Humana y Embriología de Gran
Bretaña acaba de aprobar el pasado 5 de septiembre la petición al Parlamento
para que se permita fabricar embriones híbridos de animales y humanos.
Se trata de una resolución que ha tardado 10 meses en tomarse, y
en cuya discusión han participado diversos grupos sociales. La decisión es
"una buena noticia para los pacientes, para el público y para la comunidad
científica británica", dijo el doctor Evan Harris, que coordinó la campaña
de grupos científicos —Kings College de Londres y la Universidad de Newcastle—
que reclamó que se permitiera la creación de estos embriones para ser
utilizados en investigación médica.
Independientemente de que uno esté de acuerdo con que sea una
buena o mala noticia, el proceder mediante un debate a nivel social en el que
puedan participar diversas opiniones es un modo de trabajar que podría ser
imitado en lugares como España, en los que las decisiones sobre este tipo se
toman exclusivamente según el número de votos que se controlan en el
Parlamento, o a través de Comités cuya composición es unilateral.
La argumentación británica —que se puede encontrar en http://www.hfea.gov.uk/en/1517.html—,
tiene dos líneas principales: la que defiende que no se puede llevar a cabo por
motivos éticos, y la que afirma que se debe realizar para «avanzar en la
investigación de enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson». Puede parecer
que son dos posturas equidistantes y de igual valor. Sin hacer ningún juicio
sobre las personas, y con el ánimo de ser máximamente tolerante, pienso que
desde el punto de vista ético no es así. Se trata más bien, a mi modo de ver,
de elegir entre la presencia de la ética en la investigación científica, y el
abandono de la ética hasta que lleguen tiempos mejores.
La historia reciente —en Inglaterra, y en España— nos muestra
cómo se han ido desarrollando los hechos. Primero —un paladín de ello fue
nuestro actual ministro Bernat Soria— se pidió poder experimentar con los
embriones congelados. Posteriormente —y en España ya es legal— se permite
solicitar a los que acuden a la reproducción asistida, que «regalen» algunos de
los embriones que les fabrican para dedicarlos a la experimentación.
Posteriormente se ha pedido que también se pudiese llevar a cabo clonaciones
que por su finalidad investigadora se han llamado terapéuticas. El último paso
que se acaba de dar es llevar a cabo la hibridación de seres humanos y
animales.
¿Por qué el mismo Ian Wilmut que clonó una
oveja y después obtuvo permiso para clonar un ser humano ahora pide producir
híbridos o quimeras? La argumentación siempre ha sido la misma: para la
curación «de patologías neurológicas como la esclerosis lateral
A inicios de septiembre de 2007 la Autoridad Británica para la
Fertilización y la Embriología (cuyas siglas en inglés son HFEA) publicó un
estudio favorable a la legalización de experimentos que produzcan y usen
embriones humanos «cíbridos» (un tipo especial de embriones «híbridos»).
¿Cómo funcionarían esos experimentos? Los laboratorios tomarían
algunos óvulos de animales. Después de quitarles el núcleo, introducirían en
los mismos el núcleo de una célula humana, y luego activarían el óvulo de forma
que se desarrollase como si fuese un embrión.
El recurrir a óvulos de animales tiene varias motivaciones.
Entre otras, se evitan peligros que se dan en las mujeres cuando participan
como donadoras de óvulos en este tipo de experimentos. Además, aumentaría
notablemente la disponibilidad de óvulos para la experimentación, pues son
menos los obstáculos que existen a la hora de extraerlos de animales.
¿Qué se obtendría con este tipo de experimentos? Se obtendría un
ser vivo con un ADN humano en el núcleo y con otros materiales biológicos
(citoplasma, mitocondrias) no humanos. Este ser vivo ha sido llamado en inglés
«cytoplasmic hybrid embryo» (también llamado «cybrid embryo»), «embrión híbrido
citoplasmático», en cuanto contendría ADN humano y ADN animal (presente en las
mitocondrias). El ADN humano sería más del 99 % del ADN total, por lo que se
supone que este embrión sería prácticamente un embrión humano, aunque sobre
este punto puede haber ciertas dudas en el mundo científico, como diremos en
seguida.
El proyecto no es totalmente nuevo, pues ya se han realizado
algunos experimentos de este tipo en China y en Estados Unidos. Hay que tener
en cuenta, además, que en Gran Bretaña la ley permite producir embriones
humanos destinados a la investigatación (es decir, destinados a ser destruidos
en un experimento). Lo que ahora se propone es autorizar la creación y uso de
embriones híbridos citoplasmáticos.
Conviene dejar claro que no estamos ante un clon, sino ante un
híbrido especial, en el que inicialmente el citoplasma es no humano y el núcleo
sí es humano. No se trataría, por tanto, de un híbrido en sentido estricto, que
sería posible a través de fecundar un óvulo animal con un espermatozoide humano
(o un óvulo humano con un espermatozoide animal).
Por lo tanto, ahora no hablamos de embriones híbridos normales
(en el caso de que sea posible conseguir tal hibridación), sino de la eventual
creación de «embriones híbridos citoplasmáticos».
Las preguntas ante esta propuesta son muchas. La primera, la más
importante, es: ¿qué se obtiene al hacer un embrión híbrido citoplasmático? ¿Es
de verdad un embrión? ¿Es un embrión humano? Para algunos, la respuesta sería
afirmativa. Pero otros tienen serias dudas: ¿no se trataría de una nueva
especie animal en la tierra, a mitad de camino entre lo humano y lo no humano?
¿No sería simplemente un puñado de células desorganizado y, por lo tanto, que
no llegaría a convertirse en un verdadero embrión?
A la hora de emitir un juicio ético hay que tener en cuenta las
diversas alternativas. Si el resultado del experimento fuese un embrión humano,
merecería el respeto propio de todo ser humano: es injusto producirlo y crearlo
para luego destruirlo, como es sumamente injusto el que ya sea posible crear y
destruir embriones humanos usando óvulos humanos.
Si para algunos la hibridación produciría un embrión humano
«especial» o raro, ello no quitaría su valor, su dignidad: todo ser humano
merece ser respetado y acogido, defendido y tratado simplemente por ser lo que
es, por su condición humana, que le hace merecedor de un trato justo y de la
protección ante cualquier tipo de agresiones por parte de otros.
En cuanto a los que tengan serias dudas sobre la condición
humana del embrión híbrido citoplasmático, la ética nos dice que tampoco en ese
caso sería lícito emprender estos experimentos, mientras no se supere el estado
de duda. Nunca será correcto usar y destruir un ser vivo producido en
laboratorio sobre el que se duda de si sea o no sea un individuo humano. En caso
de duda no podemos trabajar con realidades biológicas que pudieran tener el
valor propio de todo ser humano.
Por lo mismo, este tipo de experimentos debería quedar
totalmente prohibido mientras subsista la duda de si se estarían produciendo
seres humanos, aunque fuesen seres humanos «especiales»: tener una diferencia
especial o algo «raro» no debe convertirse nunca en motivo para tratar a un ser
humano como animal de laboratorio.
La segunda pregunta gira en torno al fin que se quiere dar a
este tipo de experimentos. Según nos dicen, la creación de embriones híbridos
permitiría producir células madre con el mismo ADN de personas con enfermedades
como el Alzheimer, el Parkinson o parecidas, para ver cómo se desarrollan tales
células y así estudiar las posibles maneras de prevenir o paliar esas
enfermedades.
El juicio ético sobre el fin supuestamente terapéutico de estos
experimentos depende de la respuesta a la primera pregunta: ¿cuál es el
resultado obtenido en el laboratorio al introducir ADN humano en un óvulo
animal al que se ha quitado el propio núcleo? Si se trata de embriones humanos,
nunca pueden ser usados, ni siquiera para el progreso de la medicina, pues ello
va contra la ética y contra la justicia. Si no hay una respuesta clara, tampoco
sería lícito usar esos embriones mientras no se salga de la duda.
Hemos de recordar que nunca un fin bueno puede justificar un
medio malo. Descubrir nuevas terapias para enfermedades sumamente dolorosas no
hace éticamente bueno un experimento que pueda ir contra la dignidad y contra
la vida de embriones que sean humanos o sobre los que exista una mínima duda
acerca de su posible condición humana.
La investigación científica sobre embriones híbridos es, por lo
tanto, éticamente reprobable. Los médicos, los científicos y la sociedad entera
mostrarán su amor a la justicia y su respeto de los principios éticos
fundamentales si rechazan y logran bloquear una experimentación tan llena de
dudas y tan contraria al respeto que merece cualquier ser humano, aunque sea un
embrión pequeño y desvalido.