CRISTIANISMO Y ORDEN BURGUÉS


Por P. Alberto Ezcurra SJ

 

"Todo un mundo antiguo, que es precisamente el de la civilización burguesa, esta a punto de hundirse. Hablando de este mundo empleamos con plena razón la expresión agonía. Pero la agonía a la que estamos asistiendo es la agonía de una civilización determinada y la agonía de lo que en la iglesia es solidario con esa civilización. Es ese cristianismo burgués, superado ya en nuestros días y cuya vetustez sienten los cristianos"

 

J. DANIELOU S.J.

 

Ante la crisis y agonía de las decadentes estructuras del liberalismo burgués, se abre para el mundo, agitado en el caos  el camino de la Revolución inevitable que, al romper con las viejas estructuras, instaura un nuevo orden, una nueva civilización, de indudable sentido comunitario.

 

Ante esta Revolución inevitable cual puede ser la postura de los católicos? Aferrarnos a formas superadas, condicionando la defensa de la Verdad permanente a la subsistencia de dichas formas decadentes, o procurar darle a la Revolución nuestro signo de Verdad, frente al marxismo que se empeña en darle el suyo?

 

La respuesta parece obvia. No lo es  sin embargo para muchos católicos, a quienes toda transformación  revolucionaria de las formas a las que están acostumbrados, les parece un signo satánico, en el cual creen escuchar las primeras pisadas del Anticristo.


La Iglesia, Sociedad Divina, tiene valores y verdades permanentes que defender, los cuales no son susceptibles de envejecimiento, cambio ni reforma o adaptación alguna, al contrario, conservan el primitivo valor revolucionario que tenían al salir de los labios  del Maestro de Nazareth. La Iglesia, sociedad humana, tiene formas que varían y se adecuan  a la necesidad de los tiempos, y vive en una sociedad cuyos esquemas políticos, sociales, culturales y económicos varían, a veces con ritmo vertiginoso.

 

El error consiste en dar a estas formas accidentales, para defenderlas o condenarlas, un valor dogmático y unir a su suerte la de las verdades divinas que forman el patrimonio permanente de la Iglesia. Algunos dan este valor dogmático a formas políticas, otros a corrientes culturales, a estructuras sociales o económicas. Este es el error de los jóvenes de "CRUZADA", para quienes la propiedad privada, las formas burguesas, el capitalismo y la "cultura occidental" fueron establecidos por Jesucristo casi con carácter sacramental, sin advertir que caen (en otro campo) en el mismo error de quienes dogmatizan la democracia, por ejemplo, a quienes tanto ellos como nosotros combatimos.


En uno de los últimos números de esa publicación, el castizo Rodrigo de Nájera se nos descuelga con la tremenda afirmación  de que los católicos que defienden la propiedad societaria de los medios de producción se colocan "en una línea  paralela al marxismo", al aceptar uno de los "lemas fundamentales de la revolución anticristiana", para concluir fulminando una excomunión, basada en dos citas de León XIII, ninguna de las cuales contiene una condenación formal.

 

Afirma León XIII, que a los miembros de la sociedad, como los del cuerpo humano "hacerlos todos iguales es imposible; seguiríase de ahí la ruina de la sociedad". De acuerdo. Una empresa donde todos fueran obreros, o todos empresarios sería una ruina. Pero no creo que tal locura entre en la cabeza de nadie.  La empresa de propiedad comunitaria (llámese a la comunidad sindicato, cooperativa, etc.) es una empresa jerárquica y armónicamente organizada, donde son distintas las  obligaciones, el mando, las responsabilidades, el trabajo y la retribución. Lo que se busca con ella  no es una "nivelación" absurda, sino suprimir una excesiva  desigualdad, igualmente absurda.

 

Se busca el acceso de todos al derecho de propiedad, que Rodrigo de Nájera dice defender, lo cual, aparte de justicia es un incentivo para la producción. Se busca eliminar al parásito, que, sin producir, se enriquece sobre la miseria, o simplemente sobre  el trabajo de los demás al que en la sociedad capitalista se llama patronal, o Sociedad Anónima y en el marxismo se llama Estado.  No va hacia la supresión de las jerarquías, sino a que estas no estén regidas por lo económico.

 

En cuanto a lo que "es conforme a la ordenación de Dios que haya príncipes y vasallos, patronos y proletarios, ricos y pobres, sabios e ignorantes,  nobles y plebeyos", si aceptamos que mas que la exposición de un estado de cosas es un ordenamiento intocable, entonces ¿la actual desaparición de la división "nobles y plebeyos", es parte de la "Revolución Anticristiana"?. ¿La educación, que tiende a "nivelar" sabios e ignorantes debe ser condenada?

 

Las respuestas son lógicas.

 

Pero hay más. La excomunión que Rodrigo de Najera vierte sobre los defensores de la propiedad comunitaria, alcanza nada menos que a los mismísimos apóstoles, "quienes tenían todas las cosas en común; y vendían las posesiones y los bienes, y lo repartían
entre todos, según que cada cual tenía necesidad
" (Hechos II-43) y no solo esto,  sino que influidos por las perversas doctrinas de Marx, llegaron a negar el sacrosanto derecho de propiedad , ya que "ninguno  decía ser propia suya cosa alguna de las que poseía, sino que para ellos todo era común"(Hechos IV-32), ejemplo que fue seguido por las órdenes religiosas y por los bolcheviques de la Compañía de Jesús, que formaron el estado  socialista de la Misión Guaraní.

 

Aterrado por hechos tan tremendos, me despido hasta la próxima, porque sobre esto hay rollo para rato. ALBERTO IGNACIO EZCURRA / Julio 1960.-

 

PUBLICADO EN “SIGNO”, año 1, (2da. época), Numero 4, julio 1960 publicación mensual del Centro J. A. C. 40 (SAN AGUSTIN) Registro Nac. De la Prop. Intelectual 648.689)  Director: CARLOS ALBERTO FALCHI