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Ataques al Papa: guerra del laicismo contra el
cristianismo
Roma
(Italia), 19 Abr. 10 (AICA)
Marcello Pera, político y
filósofo italiano
En una carta dirigida al director del diario Il Corriere della Sera,
el político y filósofo no católico italiano Marcello Pera, explica que las
calumnias y mentiras que intentan presentar al papa Benedicto XVI como un
encubridor de clérigos que cometen abusos sexuales, cuando no lo es, son solo
parte de una guerra emprendida por el laicismo contra el cristianismo, que no
lo soporta y que busca su destrucción, y con ello y sin darse cuenta, la
destrucción social.
En el texto titulado
"Agresión al Papa y a la democracia", el ex Presidente del Senado
italiano señala que esta guerra no es
"propiamente contra la
persona del Papa, porque, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI es
inexpugnable en su imagen, su serenidad, su limpidez, su firmeza y doctrina.
Basta su sonrisa leve para desbaratar un ejército de adversarios. No, la
guerra es entre el laicismo y el cristianismo".
El siguiente es el texto de la carta del senador Marcello Pera:
Una agresión al Papa y a la democracia
Estimado director de Il Corriere della Sera:
“La cuestión de los sacerdotes pedófilos u homosexuales desencadenada
últimamente en Alemania tiene como objetivo al Papa. Pero se cometería un
grave error si se pensase que el golpe no irá más allá, dada la enormidad
temeraria de la iniciativa. Y se cometería un error aún más grave si se
sostuviese que la cuestión finalmente se cerrará pronto como tantas otras
similares. No es así. Está en curso una guerra. No precisamente contra la
persona del Papa ya que, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI ha sido
convertido en invulnerable por su imagen, por su serenidad, su claridad,
firmeza y doctrina. Basta su sonrisa mansa para desbaratar un ejército de
adversarios.
“No, la guerra es entre el laicismo y el
cristianismo. Los laicistas saben bien que, si una mancha de fango llegase a
la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si se ensuciase la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Por
esto, los laicistas acompañan su campaña con preguntas del tipo ‘¿quién más
llevará nuestros hijos a la Iglesia?’, o también ‘¿quién
más mandará nuestros chicos a una escuela católica?’, o aún también ‘¿quién
hará curar nuestros pequeños en un hospital o una clínica católica?’.
“Hace pocos días una laicista dejó escapar la intención. Ha escrito:
‘La entidad de la
difusión del abuso sexual de niños de parte de sacerdotes socava la misma
legitimidad de la Iglesia católica como garante
de la educación de los más pequeños’.
No importa que esta sentencia carezca de pruebas,
porque se esconde cuidadosamente ‘la entidad de la difusión’: ¿uno por ciento
de sacerdotes pedófilos?, ¿diez por ciento?, ¿todos? No importa ni siquiera
que la sentencia carezca de lógica: bastaría sustituir ‘sacerdotes’ con
‘maestros’, o con ‘políticos’, o con ‘periodistas’ para ‘socavar la
legitimidad» de la escuela pública, del parlamento o de la prensa. Lo que
importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los
sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la
educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un
peligro.
“Esta guerra del laicismo contra el cristianismo es una batalla campal. Se
debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar.
Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es
necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa pagó, a esta
furia destructora, el precio de su propia libertad.
“Es increíble que, sobre todo en Alemania, mientras se golpea continuamente
el pecho por el recuerdo de aquel precio que ella infligió a toda Europa,
hoy, que volvió a ser democrática, olvide y no comprenda que la misma
democracia se perdería si se aniquilase el cristianismo.
“La destrucción de la religión comportó, en ese momento, la destrucción de la
razón. Hoy no comportará el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie.
En el plano ético, es la barbarie de quien asesina un feto porque su vida
dañaría la ‘salud psíquica’ de la madre. De quien dice que un embrión es un
‘grumo de células’ bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque
no tiene más una familia que lo cuide. De quien acelera el final de un hijo
porque ya no está consciente y es incurable. De quien piensa que ‘progenitor
A’ y ‘progenitor B’ sea lo mismo que ‘padre’ y ‘madre’. De quien sostiene que
la fe sea como el cóccix, un órgano que ya no participa en la evolución
porque el hombre no tiene más necesidad de la cola y se mantiene erguido por
sí mismo.
“O también, para considerar el lado político de la guerra de los laicistas al
cristianismo, la barbarie será la destrucción de Europa. Porque, muerto el
cristianismo queda el multiculturalismo, que sostiene que cada uno de los
grupos tiene derecho a su propia cultura. El relativismo, que piensa que
cualquier cultura sea tan buena como cualquier otra. El pacifismo que niega
que exista el mal.
“Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la
advirtiesen. En cambio, muchos de ellos participan de esa incomprensión.
“Son aquellos teólogos frustrados por la supremacía intelectual de Benedicto
XVI.
“Aquellos obispos dudosos que sostienen que entrar en compromisos con la
modernidad es el mejor modo de actualizar el mensaje cristiano.
“Aquellos cardenales en crisis de fe que comienzan a insinuar que el celibato
de los sacerdotes no es un dogma y que tal vez sería mejor volver a pensarlo.
“Aquellos intelectuales católicos apocados que piensan que existe una
‘cuestión femenina’ dentro de la Iglesia y un no resuelto
problema entre cristianismo y sexualidad.
“Aquellas conferencias episcopales que equivocan el orden del día y, mientras
auspician la política de las fronteras abiertas a todos, no tienen el coraje
de denunciar las agresiones que los cristianos sufren y las humillaciones que
son obligados a padecer por ser todos, indiscriminadamente , llevados al
banco de los acusados.
“O también aquellos embajadores venidos del Este, que exhiben un ministro de
exteriores homosexual mientras atacan al Papa sobre cada argumento ético.
“O aquellos nacidos en el Oeste, que piensan que el Occidente debe ser
‘laico’, es decir, anticristiano.
“La guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa
como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta.
Pero si se comprende por qué no se muda, entonces se asume la situación y no se
espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él, o
es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o
si no, es uno que no ha entendido para qué está presente.+
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