EL Faro Nacional 

 

 

“Luz de encuentro nacional en la oscuridad colonial”

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“Una Nación no puede ser ignorante y libre al mismo tiempo” Thomas Jefferson

 

 

Así fundamenta la doctrina social cristiana los derechos humanos

 

BRUSELAS, miércoles, 28 julio 2004 - La doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una decisiva defensa y fundamento de los derechos humanos en un mundo atenazado entre el socialismo y el liberalismo, constata el profesor Michel Schooyans.

 

Profesor de la Universidad de Lovaina (Bélgica), monseñor Schooyans es considerado como uno de los grandes expertos mundiales en cuestiones éticas y demografía. En Francia, acaba de publicar una nueva obra en la que hace una original síntesis de su pensamiento con el título «Para afrontar los desafíos del mundo moderno - La enseñanza social de la Iglesia» («Pour relever les defis du monde moderne - L'enseignement social de l'E'glise», Presses de la Renaissance, Paris 2004). En esta entrevista, ha abordado algunos de los argumentos candentes que presenta en su libro.

 

--¿Qué relación existe entre la doctrina social de la Iglesia y la defensa de los derechos del hombre?

--Michel Schooyans: En los primeros documentos en los que comenzó a articularse la enseñanza social de la Iglesia, los Papas hacían referencia a situaciones de abuso y opresión que la conciencia moral debía denunciar. Se trataba de cuestionar las estructuras establecidas para transformarlas en estructuras económicas y políticas más justas. Nada de todo esto está trasnochado, todo lo contrario.

 

Pero han surgido dos factores nuevos, que han provocado una profundización de la enseñanza de la Iglesia sobre la sociedad. El primero es la experiencia del totalitarismo, cuyas diferentes manifestaciones tienen en común el querer destruir psicológicamente a la persona humana. El segundo es el despegue de la filosofía personalista, del que se benefició ampliamente la constitución pastoral del Concilio Vaticano II «Gaudium et Spes», y que Juan Pablo II comenzó a desarrollar muy pronto, en Cracovia y en Lublín.

 

Desde entonces, en su enseñanza social, la Iglesia subraya que los seres humanos están hechos para vivir juntos, que todos han recibido la vida como algo compartido con el mismo Dios, del que todos son imagen. De este modo, la enseñanza de la Iglesia se ve enriquecida por una rica antropología que fundamenta los derechos del hombre: el derecho a la vida, a fundar una familia, a practicar una religión, a trabajar, a asociarse, etc. Derechos inalienables que el Estado y las organizaciones internacionales deben promover y proteger.

 

--En su libro, usted habla de la teología de la creación y de la teología del trabajo. ¿Cuál es su fundamento? ¿Cuál es su concepción del hombre y de Dios?

--Michel Schooyans: La teología de la creación encuentra su fundamento en los primeros capítulos del libro del Génesis. El hombre está llamado a transmitir la vida y a ser un administrador responsable de la creación. Ahora bien, cuando el hombre se comporta como si pudiera apoderarse del don de Dios que es el ambiente, surgen problemas morales.

 

Hoy hay nuevas formas de avaricia que llevan a algunos grupos privados o a ciertos Estados a abusar de los recursos del mundo, explotándolos según sus intereses particulares. Se olvida que los bienes de la tierra han sido puestos por el Creador a disposición de toda la humanidad. Esto significa que tenemos una responsabilidad no sólo ante nuestros contemporáneos, sino también ante las generaciones futuras.

 

Así se explican los repetidos llamamientos del Santo Padre a favor de una ecología humana: El hombre es el regalo más bello de Dios al hombre, escribe en síntesis en la encíclica «Centesimus Annus» (Cf. número 38). No somos creíbles cuando pretendemos respetar el ambiente pero no respetamos en primer lugar al ser humano y cuando no se reconoce su papel único en la cumbre de la creación.

Además, y contrariamente a una ecología bucólica, residuo de sueños de intelectuales de la Ilustración, allí donde el hombre está ausente o no interviene en la naturaleza, ésta se vuelve violenta. El hombre debe cultivar constantemente el ambiente para prevenir la erosión, la desertización, la destrucción de cultivos por insectos nocivos, etc.

 

Por último, a diferencia de lo que dice la ecología panteísta inspirada en la Nueva Era, el hombre no es el simple producto de una evolución material; no debe alienarse, ni ser alienado ofreciendo un culto neo-pagano a la Madre Tierra.

 

--En un capítulo de su libro, usted aborda la relación entre políticas demográficas y la democracia. En otro capítulo, muestra que los niños son la mejor inversión. ¿Cuáles son sus argumentos?

--Michel Schooyans: Las democracias occidentales siguen utilizando y divulgando para su provecho la ideología maltusiana y sus corolarios neo-maltusianos. Según las expresiones modernas de esta ideología, la seguridad de los países ricos estaría amenazada por el crecimiento de la población de los países del tercer mundo. Una «bomba» demográfica procedente del tercer mundo estaría a punto de estallar, sumergiendo a los países ricos y amenazando su bienestar. Por tanto, según esta ideología de la seguridad demográfica, es urgente que los países ricos controlen eficazmente el crecimiento de la población pobre. Este control se debería hacer con la connivencia de las clases dirigentes de los mismos países en vías de desarrollo.

 

Ahora bien, un control así acaba siendo coercitivo, como lo demuestran los ejemplos de la India, Brasil, México, Perú, etc. Es una mentira y una agresión física y sobre todo psicológica decir a estos países que el desarrollo de la democracia pasa por la mutilación del 40% de las mujeres en edad de procrear.

 

Los países europeos, que han financiado ampliamente estas campañas, han quedado atrapados en su misma trampa. Al financiar y legalizar en su misma casa el rechazo a la vida, las poblaciones de estos países envejecen e incluso disminuyen. Es lo que el gran demógrafo francés Gérard François Dumont ha llamado el «invierno demográfico».

 

En su doctrina social, la Iglesia confirma por motivos morales y religiosos lo que dicen muchos expertos en economía, en demografía, y en ciencias políticas, es decir, que lo más importante hoy no es el capital físico (materias primas) sino el capital humano, es decir, el hombre bien formado moral e intelectualmente.

 

--Usted relaciona paz y desarrollo y propone una concertación mundial a favor del desarrollo. ¿Cómo indica la doctrina social de la Iglesia el camino virtuoso que lleva al desarrollo económico, espiritual y social?

 

--Michel Schooyans: Desde sus orígenes, en el siglo XIX, la doctrina social de la Iglesia ha pronunciado críticas fundadas contra el socialismo y el liberalismo. Al socialismo, le reprocha el no confiar en la persona humana y el esperar demasiado de los poderes públicos. Al liberalismo le recrimina el favorecer un individualismo que consagra la supremacía del más fuerte en detrimento de los más débiles, y el no querer reconocer el papel necesario y legítimo de los poderes públicos.

 

En su enseñanza social, la Iglesia reconoce el papel subsidiario de los poderes públicos: éstos deben estar al servicio de las personas, de las instituciones intermedias y de la sociedad civil; deben estar bajo el control de éstos. Se da un equilibrio precario que sólo se mantiene cuando los actores sociales tienen una fuerte motivación moral y religiosa capaz de llevarles a promover el bien común, a tener una ternura particular por los más vulnerables, a trabajar por la justicia y la paz.

 

Este ideal, el único digno del hombre, implica que los mismos poderes públicos, las organizaciones internacionales, las estructuras económicas no sean indiferentes a la verdad, que no sean moralmente relativistas, o puramente utilitaristas o incluso cínicas, sino que todos estén preocupados por servir y no por hacerse servir.

 

En una sociedad que se globaliza, la enseñanza social de la Iglesia aparece como una luz que irradia esperanza. Una luz que, para nuestra satisfacción más grande, somos nosotros


 

«LA ONU LEGITIMA EL CONTROL DEMOGRAFICO DE LOS POBRES PORQUE COMEN Y NO PRODUCEN»

 

Michel Schooyans, de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, habla para LA RAZÓN

 

El profesor Michel Schooyans es profesor de la Universidad de Lovaina y Miembro de distintas instituciones vaticanas como la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, así como Consultor del Pontificio Consejo para la familia. Recientemente estuvo en Madrid, participando en el V Congreso de Católicos y Vida Pública. Michel Schooyans viene denunciando desde hace tiempo, en artículos, libros y conferencias una nueva política en torno a los derechos humanos promovida por la ONU a través de un documento titulado Carta de la Tierra, al que sólo se opone la Iglesia católica.  David Amado - Madrid.-


Michel Schooyans, que recientemente estuvo en Madrid en el V Congreso Católicos y Vida Pública, ha aceptado hablar con
LA RAZÓN sobre la política de Derechos Humanos de la ONU.

 

¬ ¿Qué es la Carta de la Tierra?

¬ Es un instrumento ideológico utilizado para legitimar políticas de control de la población a escala mundial, especialmente de los más pobres, pues comen y no producen. En algunos documentos de la ONU se habla del aborto como método de control de la natalidad.

 

¬ ¿Cuáles son sus fundamentos ideológicos?

¬ Desde hace 30 años hay una nueva teoría según la cual los Derechos Humanos deben someterse a los imperativos de la Tierra. Se trata de una reformulación de la doctrina maltusiana que dice que no hay suficientes recursos para alimentar a todos los hombres. La Carta de la Tierra es una cosa ridícula: sumisión del hombre a la Madre Tierra. Sólo sirve a los intereses de los países ricos y de los anticristianos.


¬ Eso suena a una cierta adoración de
la Tierra...

¬ Sí, se trata de rendir culto a la Tierra. Es un monismo panteísta que considera que el hombre apenas es el producto de la evolución material y que va a desaparecer un día. Hoy se traducen esas premisas en recomendaciones que tienden a afirmar que los hombres que sufren son inútiles.

 

¬ ¿Se puede decir que el hombre es un peligro para la Madre Tierra?

¬ No. El único recurso en realidad es el hombre. Los naturales se agotan, pero el hombre, con su inteligencia, descubre nuevas maneras de producir riquezas.


¬ ¿Cuál es el objetivo de
la Carta de la Tierra?

¬ Sirve para «justificar» (una falsa justificación anticientífica) políticas que no quieren revelar su verdadera cara: «No queremos una población vieja, de minusválidos y enfermos».

 

¬ Y ¿qué pasa con el hambre?

¬ Sus grandes causas son las deficientes políticas, las catástrofes naturales inevitables y la ignorancia y la corrupción. Desde el siglo XIX se sabe que el maltusianismo es falso. Los trabajos serios en demografía desmienten los postulados de la ONU.


¬ Y ¿nadie le hace frente?


¬ El mayor obstáculo al triunfo de esta visión es
la Iglesia que continúa afirmando la primacía del hombre.


¬ En la práctica, ¿qué consecuencias concretas tiene el documento?

¬ Muchas. La OMS insiste más sobre la salud de la sociedad que la del individuo. La UNICEF preconiza un programa de educación sexual al margen de los padres y pide el libre acceso de los adolescentes a los anticonceptivos y el aborto de espaldas a los padres. También la UNESCO tiene un programa educativo centrado sobre la Carta de la Tierra.


¬ Usted ha señalado que esta ideología parte de una nueva concepción del derecho.

¬ El derecho se impone. Es un sistema jurídico totalmente amoral. La ley no tiene nada que ver con la justicia. De esta manera pronto el aborto y la eutanasia serán un nuevo «derecho humano».


 

El nuevo orden mundial y la seguridad demográfica

 

La ambición de controlar la vida humana desde la concepción a la muerte es la máxima expresión del imperialismo integral, tal como hoy se manifiesta. Como vamos a ver, este imperialismo es meta político, ya que procede de una concepción particular del hombre.

 

Por el P. Michel Schooyans,

PhD, PhLD, STD, profesor de la Universidad de Lovaina) (*)

 

Las expresiones políticas y no políticas de este imperialismo no son más que las consecuencias perceptibles de esta antropología. Esto nos va a llevar a aclarar la dimensión totalitaria de este imperialismo, cuyos efectos todavía no se han mostrado en su totalidad.

 

Para analizar la génesis de este imperialismo que está naciendo ante nuestros ojos, vamos a partir de la ideología de la seguridad nacional.

 

Hacia la globalización

 

Desde el final de la guerra de 1939-1945, la diplomacia norteamericana ha estado grandemente dominada por el tema de los "dos bloques". Con ciertas variaciones de acento, este tema fundamental aparece bajo las etiquetas de guerra fría, enfrentamiento Este-Oeste, zona de influencia, coexistencia pacífica, deshielo, distensión, etc. Más, con motivo de la crisis petrolífera de 1973, algunos círculos norteamericanos empiezan a percibir la importancia de otra división, la división Norte-Sur. El congreso de Bandung, en 1955, presentaba ya el aspecto de un manifiesto y, poco a poco, los CNUCED y las conferencias en la cumbre de países no alienados se imponen a la atención de los países industrializados: desde Ginebra (1964) a Belgrado (1989), se ha recorrido un camino apreciable. Durante todo este tiempo, el diálogo Norte-Sur se organiza y se institucionaliza; los países del Tercer mundo reivindican un Nuevo orden internacional.

 

En una obra publicada en 1970, Zbigniev Brzezinski había ya atraído la atención sobre el tema. La crisis petrolífera de 1973 juega el papel de un catalizador: si los países productores de petróleo pueden organizarse y amenazar las bases de la economía de los países industrializados, ¿qué ocurrirá si los países pobres productores de materias primas deciden ponerse de acuerdo e imponer sus condiciones a los países ricos?

 

Para conjurar el peligro, David Rockefeller, utilizando por cierto las tesis de Brzezinski, transpone a la división Norte-Sur las recomendaciones que su hermano había aplicado antes a la división Este-Oeste. Y lo que es más importante, generaliza además, al conjunto del mundo, una visión cuyo alcance, en 1969, estaba limitado, provisionalmente, al continente americano. Desde esta perspectiva, David Rockefeller, respondiendo a una sugerencia explícita de Brzezinski, organiza la "Comisión Trilateral": los EE.UU., Europa occidental y el Japón deben ponerse de acuerdo frente al Tercer mundo, que parece querer organizarse y del que dependen los países industrializados para importar materias primas y energía, y para dar salida a sus productos 2. Y el Tercer mundo está en plena expansión demográfica.

 

La amenaza que pesa sobre la seguridad de los países ricos proviene, según ellos, de los países pobres. Las economías dependen ahora unas de otras, los pases ricos no deben devorarse entre sí, deben al contrario respaldarse; deben preservar e incluso acentuar sus privilegios. Las empresas multinacionales aparecen aquí como un mecanismo esencial del sistema global de la dominación; llevan a cabo una industrialización que al mismo tiempo se encargan de limitar. Gracias a los centros de decisión e la metrópolis, hacen posible el control de los costos de mano de obra. Mantienen un chantaje basado en la amenaza del traslado de fábricas, en caso de que consideren exorbitantes las reivindicaciones de los trabajadores locales. Organizan la competencia y, al mismo tiempo, la controlan, ya que las relaciones de competencia quedan limitadas al mundo de los trabajadores, entre los que las desigualdades de retribución constituyen, a nivel mundial, un factor de división que hay que alimentar para seguir dominando. En suma, las multinacionales velan sobre sus mercados, protegen, en caso necesario, sus oligopolios, y vigilan y, en ocasiones, frenan el desarrollo económico de las naciones satélites. Por su parte, la investigación científica deberá intensificarse y concertarse para garantizar el mantenimiento de un avance constante y decisivo con respecto a los países menos desarrollados. La alta tecnología será exportada con gran parsimonia, para que los países más avanzados en el camino del desarrollo no puedan competir con la producción sofisticada cuyo monopolio quieren conservar celosamente los países de la era post-industrial.

 

¡Multimillonarios de todos los países, uníos!

 

Se trata de construir un nuevo orden mundial, de tipo corporativista, lo que se ha hecho urgente -se asegura- en razón de la interdependencia de las naciones. Pero lo que sucedía ya a escala panamericana, se produce ahora a escala mundial: se pasa rápidamente de la interdependencia a la dependencia. Todos los países, en efecto, no presentan un mismo nivel de desarrollo; en razón de su presencia y compromisos en todo el mundo, los EE.UU. se consideran con derecho a arrogarse una misión de liderazgo mundial. A esta misión deben asociarse las naciones ricas y las clases ricas del mundo entero; la seguridad, su propia seguridad, debe constituir la preocupación común y predominante de los ricos. Esta preocupación justifica, por su parte, la constitución de un frente común mundial, una unión sagrada, si quieren conservar sus privilegios. Con respecto a este imperativo de seguridad común, todos los factores de divergencia entre ricos no tienen sino una importancia relativa o incluso secundaria.

 

Este frente común mundial sólo podrá articularse a partir de los EE.UU. y bajo su liderazgo. En razón de su desarrollo y de su riqueza, Europa occidental y Japón serán asociados, a título de aliados privilegiados, a la empresa de seguridad común. Todo ese bloque constituido por las naciones ricas deberá esforzarse en controlar el desarrollo en el mundo en general. La austeridad ha dejado de ser una virtud: es un deber. Frenar el crecimiento, frenar la capacidad de producción y practicar el maltusianismo económico se imponen tanto más -se nos dice- cuanto que hay que proteger el entorno amenazado por la contaminación. Y así, la justificación teórica del "crecimiento cero" vio la luz en 1972 en el Informe Meadows, y ha sido difundida por el Club de Roma, empresas ambas generosamente financiadas por el grupo Rockefeller3.

 

Los países comunistas tampoco deberían quedar al margen de este proyecto de seguridad global. China merece una atención excepcional. Está probado -como ya hemos visto 4- que la despiadada política demográfica llevada a cabo en China popular ha sido apoyada e incluso estimulada por algunos círculos norteamericanos y occidentales inquietos por la aparición de un nuevo "peligro amarillo".

 

Los países del Tercer mundo deberán, pues, aceptar un programa "global". Como los países ricos necesitan sus recursos, estos países en vías de desarrollo no podrán sentirse irritados o escandalizados por el mantenimiento de antiguos métodos de explotación. Tendrán que admitir que su desarrollo habrá de hacerse bajo control; llegado el caso, podrá alabarse la virtud del compañerismo" podrán, por ejemplo, transferirse a su territorio algunas industrias contaminantes, declaradas indeseables en los países desarrollados. En cualquier caso, habrá que impedir que se organicen para esquivar la vigilancia de las naciones poderosas.

 

De todas maneras, al igual que existen límites para el crecimiento económico, también los hay para el crecimiento político. Así lo subrayaba Samuel P. Huntington en un Informe para la Comisión trilateral sobre la gobernabilidad de las democracias: "Hemos tenido que reconocer que existen límites potencialmente deseables para el crecimiento económico. E igualmente, en política, existen unos límites potencialmente deseables para la extensión de la democracia política."5

Estamos, pues, ante una formulación de alcance mundial del antiguo mesianismo norteamericano. Pero es indispensable señalar lo que esta formulación tiene de esencialmente nuevo y original: este mesianismo pretende, en efecto, atraerse el concurso no sólo de las naciones más ricas, sino también de las clases ricas de las sociedades pobres. Se pone de relieve, ante los ricos del mundo entero, que los pobres constituyen una amenaza potencial o incluso actual para su seguridad. De lo que se trata, en primer lugar es, desde luego, de proteger la seguridad de los EE.UU. o, más exactamente, de los ricos de los EE.UU.; pero también de la seguridad de los ricos de todos los países, a quienes se invita a constituir, bajo la dirección de los Estados Unidos, una unión sagrada cuya razón de ser y objetivo es el contener el despegue de la población pobre: "¡Multimillonarios de todos los países, uníos!"

 

Así reinterpretada, la doctrina de la contención resurge como el Fénix renace de sus cenizas. Son las tesis principales de esta doctrina las que inspiran el proyecto universalista actual de los EE.UU. Europa occidental y Japón están asociados de manera especial a este proyecto a título de cómplices y de objetivos al mismo tiempo.

 

Una élite dominante internacional

 

La preocupación por la seguridad debe ser global. La seguridad, cuyo ámbito se dividía en varias partes, se percibe a partir de ahora como un todo: la seguridad es primeramente demográfica. Esta nueva doctrina exige la utilización de instrumentos de acción eficaces. Estos instrumentos son de orden político, educativo, científico, económico y tecnológico. La libertad de iniciativa de las universidades y centros de investigación será orientada o incluso anulada, y su función crítica será muy disminuida. Las subvenciones estarán subordinadas a la complacencia con la que dichos organismos acepten plegarse a unos programas de investigación definidos por la minoría dominante 6.

 

Esta minoría concederá una gran importancia al estudio de los problemas ecológicos, pues de ese modo será posible convencer a los países satélites para que se resignen a la austeridad o a la pobreza: "Small is beautiful" 7. Esta misma minoría financiará las investigaciones sobre la reproducción, la fecundidad y la demografía, con el fin de desactivar la llamada "bomba P"

 

Las universidades, convertidas en "repetidores", junto con los medios de comunicación, se encargarán de difundir por todo el mundo, dramatizándolas, las tesis maltusianas, tras las que se ocultan los intereses de las clases ricas 8. El programa de acción será conciso. Se pondrá de relieve la escasez de materias primas y la fragilidad del medio ambiente. Estos datos serán presentados como necesidades determinadas por la naturaleza, y el volumen de la población habrá de calcularse necesariamente de acuerdo con estos datos.

 

De esta forma se reúnen las condiciones fundamentales que caracterizan objetivamente a un régimen de tipo fascista. Para Juan Bosch, el "pentagonismo" era la explotación del pueblo norteamericano por una minoría norteamericana 9. En la actualidad, el pentagonismo se ha universalizado y la minoría dominante se ha internacionalizado. Esta minoría estará constituida por "personas con recursos", que se sentirán halagadas al ser admitidas en grupos "informales", más o menos conocidos (como el grupo de Bilderberg, la Trilateral o el Club de Roma) u otros menos fácilmente identificables. Esta minoría se arrogará la misión de regentar el mundo y tendrá bajo control a todo un cuerpo internacional de intelectuales, ya sean cómplices o utilizados como instrumentos involuntarios, pero en todo caso poco clarividentes. No será necesaria la constitución de instituciones complejas, ni conseguir funciones representativas o cargos ejecutivos: una vez que haya adoptado la ideología de la seguridad demográfica, esta "élite" se apresurará a recurrir, con gran aplicación, a la táctica de la infiltración.

 

Un proyecto tan global y totalizador requiere necesariamente unos dispositivos jurídicos y políticos apropiados. En cuanto una "élite" acepta su propia "colonización ideológica", esta misma "élite" se separa del pueblo y pasa a ser capaz de todas las abdicaciones. A partir de entonces, puede ser utilizada como repetidor de un centro de poder de un tipo totalmente nuevo, que evocaremos para terminar.

 

Del Estado al Imperio totalitario

 

El imperio que está ahora construyéndose no tiene, en efecto, precedente alguno en la historia.

 

El fascismo, el nazismo y el comunismo soviético son ejemplos perfectos de totalitarismos. En estos tres casos, el Estado transciende al ciudadano; es el enemigo del yo en todas sus dimensiones: física, psicológica y espiritual 10. Requiere de los individuos una sumisión perfecta y exige, si lo considera oportuno, que se le sacrifique la vida. Este Estado somete el matrimonio, la procreación, la familia y la educación a un control muy estricto. Más concretamente, la familia queda sometida a una vigilancia particular, pues en ella es donde se forman las bases de la personalidad del niño. El Estado totalitario que conocemos en la historia actual se esfuerza, pues, en sustraer al niño de la influencia familiar y le proporciona una educación integral. Este Estado inhibe la capacidad personal de juicio y de decisión; instaura una policía de ideas; culpabiliza y adoctrina, desprograma y reprograma. Impone una nueva ideología, organiza el culto del jefe e instituye una nueva religión civil.

 

La experiencia totalitaria se origina dentro de un Estado particular que se convierte en trampolín de un proyecto imperialista. La misión este Estado particular será definida y `legitimada' mediante la ideología totalitaria. El Estado particular no sólo es conocido, sino enaltecido. Y finalmente, una ideología supuestamente científica precipita en las tinieblas del oscurantismo a los que no se adhieran a la misma. El proyecto imperialista y totalitario que está tomando cuerpo ante nuestros ojos incrédulos presenta unas características totalmente asombrosas si se le compara con las que marcaron los sueños imperiales de Mussolini, Stalin o Hitler. Este imperio naciente tiene de increíble que no procede esencialmente de las ambiciones de hegemonía de un Estado particular. Tampoco es la emanación de una coalición de Estados y, lo que es más, como ya hemos visto, le vienen muy bien las desigualdades, e incluso las divisiones entre naciones y hasta se ingenia en sacar partido de ellas. El imperio que está construyéndose es un imperio de clase que emana del consenso establecido, por encima de las fronteras, por la internacional de la riqueza.

 

Por tanto, en ausencia de un Estado de contornos visibles, en el marco de este imperialismo de clase, nadie sabe quién decide ni quién es responsable. El lenguaje parece totalmente desconectado del sujeto que lo produce; todo es anónimo, impersonal y secreto. El productor del mensaje ideológico está oculto. No cabe, pues, someter el discurso al juicio personal: está listo para el consumo: frío, objetivo e imperativo. Evidentemente, aún cuando estén ocultos, el discurso es producido por sujetos, y éstos lo producen con destino a otros sujetos llamados a consumirlo. Pero si el sujeto productor de la ideología rompiera el secreto que le ampara, no podría seguir reivindicando la impersonalidad y la objetividad puras. La dimensión subjetiva, utilitaria, interesada, hipotética de su discurso se pondría inmediatamente de manifiesto. El alcance supuestamente universal de su discurso, al igual que las pretensiones `científicas' con que se reviste, aparecerían en seguida como lo que son: un engaño. El productor de ideología debe, pues, guardar el secreto: es omnipresente, pero inaprensible.

 

De este modo, el secreto mismo introduce una falsedad en el núcleo del discurso. No existe diálogo entre personas que intercambian libremente sus juicios y sus proyectos con voluntad de claridad. Uno de los interlocutores quiere permanecer en la sombra y quiere que el destinatario de su discurso ignore su identidad y sus intenciones. Todo discurso está, pues, desde un principio, marcado por la voluntad de engaño de la persona que lo emite. El lenguaje, que debería ser el prototipo de la mediación entre personas, se convierte en el medio por excelencia de la posesión de los demás. Como el sujeto productor de discursos no dice nunca quién es realmente, todo lo que dice está tachado de disimulo y engaño. Sus palabras se transforman en instrumentos de agresión contra la inteligencia y la voluntad de los destinatarios de las mismas.

Este discurso violenta a las personas que lo reciben, reduciéndolas a la condición de receptáculos pasivos de una verdad venida de fuera, de depositarios de un saber alienado, alienante y hasta esotérico. De un saber supuestamente científico, cuya revelación ha sido hecha a sus iniciados, según éstos creen, gracias a su competencia, de un saber que les procura las bases del papel mesiánico que les corresponde para abrir por fin a la sociedad humana el camino de la felicidad...

 

Pues ¿qué nuevos territorios quedan todavía por conquistar? Las nuevas fronteras del imperialismo ya no son físicas; coinciden con las de la humanidad entera. No basta decir que hay que alienar al hombre, o que hay que poseerlo en todas las dimensiones de su yo. Lo que hay que hacer emerger es un hombre nuevo, completamente purgado de sus creencias pasadas, de su moral sexual, familiar, social, de su creencia en el valor personal de cada hombre y de su creencia en Dios, sobre todo en un Dios que se revela en la historia con el fin de asociar al hombre a su designio de creación, de salvación y de amor.

 

Nos encontramos así, en el nuevo imperialismo, ante la tercera característica del totalitarismo. El nuevo imperialismo, como vimos antes, no emana de un Estado particular, sino de la clase internacional de los ricos y pudientes. En cambio, como ya hemos dicho, este nuevo imperialismo está desprovisto de un "duce" o "jefe", pues los que lo fomentan cuidan de no dejarse ver. En cuanto al tercer punto, sin embargo, vamos a ver que la nueva clase imperial vuelve a las fuentes de la tradición totalitaria clásica: divulga una ideología donde se encuentra, según ella, el fundamento de su `legitimidad'.

 

La ideología de la seguridad demográfica

 

La ideología en cuestión es la ideología de la seguridad demográfica 11. Según palabras de Marx, la ideología presenta siempre una imagen invertida de la realidad y procede siempre de una falsa conciencia. La ideología esconde siempre los intereses de sus autores. Los juicios que emite, y que constituyen la textura misma de la ideología, no pasan de ser hipotéticos. Y lo son incluso en dos sentidos: deben responder a una doble condición, que corresponde, a su vez, a la doble función que se espera de la ideología. Debe, por un lado, disimular ante los ojos de los autores de la ideología las verdaderas razones de su propio discurso. La ideología está aquí al servicio de la mala fe del ideólogo. Concretamente, la ideología de la seguridad demográfica es una intelectualización que disimula, ante los ojos de la misma clase imperialista, las verdaderas razones que motivan su conducta e inspiran su discurso. Por otro lado, esta ideología tiene por función el seducir a los que se invita -o fuerza- a adoptarla. Las mujeres que se hace abortar y los pobres a los que se esteriliza son `programados' para que hagan suyo el punto de vista que sobre ellos tienen los que desean su alienación.

 

De esta forma, la ideología de la seguridad demográfica significa el inicio de una doble perversión. Del lado de sus autores, engendra el doblez; son ellos las primeras víctimas de la racionalización que confeccionan. Y como le colocan a su construcción ideológica la etiqueta de la ciencia, se impiden el ir a buscar fuera de su propia construcción la luz que podría sacarles de la prisión espiritual que fabrican para otros, pero en la que ellos mismos se encierran. Del lado de los destinatarios, engendra el consentimiento a la propia sumisión y les confirma en su alienación. Hasta el presente, nos encontramos ante la más peligrosa ideología imperialista totalitaria que ha conocido el mundo.

 

¿Una nueva humanidad?

 

Pero esto no es todo. La perversión esencial de esta ideología, de que son víctimas tanto sus autores como aquellos a los que va dirigida, es que procede por antífrasis: al mal le llama bien. Se niega la trasgresión de la ley moral; la conciencia individual sólo puede referirse a sí misma o, más exactamente, a los intérpretes autorizados de la trascendencia social que le dicen lo que puede desear o debe querer.

 

Esta ideología sirve de fundamento a las instituciones políticas y jurídicas que le sirven .El derecho, por ejemplo, que debería, por definición, aplicar sus esfuerzos a la instauración de la justicia para todos, es objeto de una manipulación ideológica en provecho de la minoría dominante constituida por la internacional de la riqueza. Mas si, como individuos, los miembros de la minoría dominante son generalmente inaprensibles, no por ello es imposible hacerse una idea bastante clara sobre el espíritu que les anima. La identidad de esta nueva clase imperialista puede determinarse fácilmente remontando desde la ideología que produce y desde los destinatarios de la misma.

 

El discurso ideológico de la nueva clase imperialista tiene un contenido bastante burdo. Empieza afirmándose como principio el acontecimiento liberador de la muerte de Dios. Este principio es `liberador' se nos dice, porque Dios impide la autonomía del hombre y su felicidad. Así pues, Dios debe morir, e incluso hay que ayudarle a morir, para que el hombre pueda vivir y tomar por fin su destino entre sus solas manos. Cumplida esta condición, la nueva humanidad puede nacer, y de este parto deben ocuparse los iniciados.

 

En este nacimiento, el papel de algunos médicos `ilustrados' será determinante y, al mismo tiempo, contradictorio. A ellos corresponderá el denunciar las `creencias pasadas', `precientíficas', así como los `tabús' que acompañan a dichas creencias. Son ellos quienes definirán esta tarea, pero su misión se fundará sobre la afirmación e esos mismos postulados 12. Necesitan una ideología para `legitimar' su papel, pero son ellos los que definen el contenido de dicha ideología. Los tecnócratas médicos que regentan el nuevo imperio no se avergüenzan de semejante petición de principio. Pretenden que el objetivo que ha de procurarse a toda costa es la seguridad demográfica, pero es el imperativo de la seguridad demográfica el que se supone que funda la `legitimidad' de la tecnocracia.

 

Con el apoyo valeroso de los demógrafos, los tecnócratas se disponen a asistir a la humanidad en el parto del `sentido' de que su evolución es portadora. Están llamados a ejercer una nueva medicina: una medicina del cuerpo social más que del individuo 13. Una medicina que consiste en administrar la vida humana como se administra una materia prima; en constituir una nueva moral basada sobre el nuevo sentido de la vida; en penetrar en la política con el fin de engendrar una sociedad nueva; en derruir la concepción tradicional de la familia disociando, con una eficacia total, la dimensión amorosa y la dimensión procreadora de la sexualidad humana; en transferir a la sociedad la gestión de la vida humana, desde la concepción a la muerte; en proceder, con ello, a una selección rigurosa de los que serán autorizados a transmitir la vida: temas todos ellos que han sido dolorosamente experimentados en la historia, incluso reciente, pero que aquí se reactivan con energía y se integran en un cuadro lúgubre y mortífero.

 

Y en estos temas predominantemente neo-maltusianos vienen a injertarse otros temas maltusianos clásicos. La felicidad de la sociedad humana -se nos dice- exige no sólo una selección cualitativa; requiere igualmente la determinación de unos límites cuantitativos. "Nosotros sabemos" que los recursos disponibles son limitados, y que una planificación realmente eficaz de la población mundial es condición indispensable para la supervivencia de la humanidad. "Nosotros sabemos" que esta necesidad es particularmente urgente en el Tercer mundo, donde puede observarse una trágica desproporción entre los recursos vitales y el crecimiento de la población.

 

Una nueva religión civil

 

La ideología imperialista pretende ser una ideología de oclusión de toda trascendencia que no sea la trascendencia social. El discurso en que se presenta es estrictamente hipotético, en el sentido que ha sido explicado más arriba: es el reflejo de la voluntad de los que lo emiten 14. Tiene una función utilitaria, pero no tiene valor de verdad. Es útil para los que lo emiten y se presenta como un lenguaje universal; pero es la imagen invertida de los intereses particulares de los ricos y de los poderosos. No tiene ningún valor de verdad porque, en su principio mismo, se refugia en el aislamiento: el pensamiento se elabora en recintos cerrados al mundo exterior. Es la expresión más reciente de la antigua tradición cientificista, con una formulación orientada en provecho de las ciencias biomédicas. Sólo los métodos de esas ciencias pueden proporcionarnos -se nos asegura- unos conocimientos ciertos, y sólo estas ciencias pueden aportar al hombre la respuesta a sus interrogantes más radicales.

 

Este discurso cientificista ignora toda posible búsqueda filosófica -y con mayor razón teológica- de la verdad del hombre, la sociedad y el mundo. En particular, queda excluido todo discurso sobre un ser trascendente extramundano. La idea misma de una referencia creadora común a todos los hombres es declarada a priori sin sentido: es inútil considerarla siquiera. De ahora en adelante, una vez reconocida la muerte del padre, la fraternidad deja de ser posible y no hay una participación en una existencia recibida de un mismo creador. Sólo existe la voluntad pura. La sociedad se declara trascendente: una nueva religión civil ha nacido, un nuevo ateísmo político, un nuevo reino, cuyas divinidades paganas llevan por nombre poder, eficacia, riqueza, posesión y saber. Los que son ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los débiles, que están justificados para ejercer un papel mesiánico. En ellos se encuentra en efecto, tanto la medida de sí mismos como la de los demás.

 

Esta ideología mesiánica y herméticamente laica, así como la moral del amo que le es inherente, exige que sus autores reprogramen a los demás hombres. Hay que programarlos física y psicológicamente; hay que planificar su producción y su educación; para ello, habrá que utilizar el hedonismo latente, y contar con la búsqueda del placer. Pero al mismo tiempo, habrá que alienar a las parejas, quitándoles toda responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecnócratas médicos, piezas maestras de las fuerzas imperialistas, deberán ejercer un control total sobre la calidad y la cantidad de seres humanos.

 

Este discurso ideológico, que tiene la virtud de eliminar el sentido de la responsabilidad y la capacidad de acción en las personas, ejerce además la misma influencia en el plano de la sociedad. Para el Tercer Mundo, en particular, estas ideas son totalmente desastrosas. Consisten en hacer creer que la pobreza es natural, que es una fatalidad estrictamente ligada a un exceso de crecimiento demográfico. Junto a esa consideración cuantitativa, se insinuará también, siguiendo a Galton (1822-1911), que la pobreza de los pobres es la mejor prueba posible de su mediocridad natural. No hay que dejarles, pues, llenar el mundo, tanto por su propio bien como por el bien general. El uno y el otro recomiendan que el número de pobres sea calculado en función de la utilidad que representen 15.

 

Porque según la ideología que estamos examinando, la utilidad es el criterio único que debe tenerse en cuenta a la hora de admitir la entrada de un ser humano a la existencia. ¿Produce o consume bienes? ¿Produce beneficios o placer? Si las respuestas son negativas, el nuevo ser es nocivo: es un enemigo. Y como nada garantiza siquiera que, de ser útil lo seguirá siendo siempre, el ser humano constituye así una amenaza permanente para la seguridad de sus semejantes.

 

El pan-imperialismo totalitario...

 

Finalmente, y lógicamente, la ideología de la seguridad demográfica tiene por fundamento y término el punto de referencia único de la muerte. La ejecución del niño por nacer camufla la violencia de nuestra sociedad, tanto más cuanto que la materialidad de esta ejecución se realiza de manera furtiva 16. El niño abortado es la víctima propiciatoria a la que se transfiere la violencia de nuestra sociedad. Es mi oponente, mi rival, es un obstáculo para mis intereses, para mi placer y para mi vida; es la causa de la pobreza, el obstáculo para el desarrollo. Va a desear lo que deseo, primero en el terreno del tener y luego en el terreno del ser. Va a surgir en la vida como mi doble: está de más; hay que suprimirlo.

 

Pero no se trata aquí de una violencia de menor cuantía, o de una violencia simbólica como las que aparecen en la historia de las civilizaciones y en la mitología. El niño muerto en el seno de su madre no es sacrificado: no se le hace sagrado para proteger la cohesión de la comunidad humana 17. Es ejecutado sin que la violencia sea expulsada de la sociedad humana. Pues una sociedad totalmente laica ha de desacralizarlo todo, incluida la vida, y desmitificarlo todo, incluida la víctima propiciatoria. El sufrimiento y la muerte constituyen, en efecto, el absoluto sin sentido que justifica la rebelión contra el Padre. Por lo tanto, el niño al que se mata significa la destrucción del Padre Su ejecución no conjura la violencia; anuncia al contrario mucha más violencia. Salvo una fuerza mayor, nada puede ni debe limitar mi fuerza. Y lo que es más grave, una de las funciones de la ideología es la de disimular esa violencia ilimitada sustrayéndola al control de la razón. Así pues, la legalización del aborto señala la inminencia del retorno de un delirio irracional, disimulado bajo el camuflaje engañoso de una ideología de autoprotección.

 

La ideología neo-imperialista de la seguridad demográfica puede, pues, considerarse bastante cercana de la ideología nazi; es, en realidad, en más de un sentido, una extrapolación de la misma. Mientras que el nazismo se presentaba como una nacional-socialismo, en el neo-imperialismo actual los métodos se han refinado. No se trata ya de un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos, o predominantemente económico, como en la Inglaterra victoriana, se trata de un imperialismo de naturaleza claramente totalitaria. Los ideólogos han hecho un esfuerzo notable para disimular mejor sus designios. El papel de la ideología se ha hecho más importante: la conquista y el dominio de los cuerpos pasa actualmente por el dominio de las inteligencias y de las voluntades, y viceversa. Estamos en presencia de un fenómeno nuevo: el pan-imperialismo, donde el control de las almas es tan importante como el de los cuerpos.

 

...y "meta político"

 

Y finalmente, como su inspiración directa es la forma más reciente del cientificismo, este pan-imperialismo es de naturaleza meta política: se esfuerza en hacer triunfar una nueva concepción de la vida humana en la que ésta sólo tiene sentido a la luz de la trascendencia social. El pan-imperialismo se caracteriza, en efecto y ante todo, por la concepción particular del hombre que está por encima del ámbito de lo político. En nombre de esa antropología, el nuevo imperialismo ocupa las estructuras que le son necesarias para su poder: políticas, científicas, económicas, informativas, jurídicas, militares, religiosas, etc. Todas estas estructuras transmiten el poder imperialista, como por hipóstasis, hasta los confines de la tierra.

 

El Estado totalitario clásico es todopoderoso dentro de sus fronteras, pero este poder está limitado por el poder de los demás Estados. Se encarna en un príncipe (o un gobierno) que puede identificarse, que es visible y, por lo tanto, alcanzable, expuesto a una posible agresión y, por lo tanto, destruible. Aquí, en cambio, la revolución parece imposible, pues el príncipe de este mundo se cuida bien de no desvelar su rostro (cfr. Juan y, 44). El imperio meta político aspira a una supremacía incondicional e incondicionada; no quiere conocer o reconocer ni iguales ni rivales.

 

Los medios de comunicación, que tienen una función de información, tienen también, en el marco de este proyecto totalizador, una función de ocultación indispensable. No se toleran los vaticinios de Casandra, a menos que se garantice que no serán tomados en serio. La información ha de ser tratada según los intereses de los que la producen y según los gustos de los que la consumen. La colonización de la opinión debe tener efectos tranquilizadores en los unos y angustiantes en los otros. Lo único que de verdad importa es la seguridad de los pudientes; los débiles no tienen precio: los ricos pueden, pues, disponer de ellos a su antojo y exiliarlos fuera de las fronteras de la humanidad.

Los proyectos de la legalización del aborto no son, en suma, como hemos visto, más que la parte visible de un iceberg que oculta muchos peligros.

 

 

Citas:

1. "Between two ages. America's role in the technotronic era", Harmondsworth, Penguin, 1978. Nuestra exposición de las ideas de Brzezinski sigue muy de cerca esta obra.

2. En francés, la "Trilatérale" ha sido estudiada sobre todo en "Le Monde diplomatique". Véase, por ejemplo, de Diana Johnstone: "Les puissances économiques qui soutiennent Carter", no. 272 (noviembre de 1976), pp. 1,13 y ss.; de Jean-Pierre Cot: "Un grand dessein conservateur pour l'Amérique", no. 282 (septiembre de 1977), pp. 2-3; de Pierre Dommergues, "L'essor du conservatisme américain", no. 290 (mayo de 1978), pp. 6-9.

3. Cfr. "Halte a la croissance".

4. Cfr., más arriba, p. 163.

5. Cfr., de Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki, "The crisis of democracy", Nueva York, New York University Press, 1975, p. 115.

 6. Cfr. "Between two ages", pp. 9-12 y ss. Comentando las ideas de Brzezinski al respecto, Anthony Arblaster escribe: "It is depressing enough that intellectuals should be willing to accept the roles which Brzezinski foresees for them specialists [...] involved [...] in government undertakings and house ideologues for those in power-. But the subordination of intellectuals to the state and its requirements does not occur only at the individual level. There is a strengthening tendency for the institutions within which [...] most intellectuals now work, also to be shaped according to the particular political priorities of a particular government" ("Ideology and intellectuals", en: Knowledge and belief in politics, de Benewick y otros, pp. 115-129; la cita es de las pp. 123 y s.)

7. Alusión a la obra de E.F. Schumacher, "Small is beautiful. Economics as if people mattered", Nueva York, Perennial Library, 1975.

8. Cfr. Daniel Bell, "The end of ideology. on the exhaustion of political ideas in the fifties", Nueva York-Londres, Free Press Paperback, 1965.

9. Véase, de Juan Bosch, "El pentagonismo, sustituto del imperialismo", Madrid, Crónica de un siglo, 1968, y especialmente: pp. 18-21.

10. Sobre el totalitarismo, véase, de Jean-Jacques Walter, "Les machines totalitaires", Parí, Denoel, 1982; de Igor Chafarevitch, Le phénomene socialiste, París, Seuil, 1977; de Hannah Arendt, The origins of totalitarianism, Nueva York, Meridian Books, 1959.

11. Por su postura en materia de demografía, la Iglesia constituye una amenaza para la seguridad nacional de los EE.UU. Ésta es la tesis presentada con gran fuerza por un autor al que difícilmente puede tacharse de excesivo progresismo: Stephen D. Mumford, en: "American democracy & the Vatican. Population growth & national security"", Nueva York, Humanist Press, 1984. Complétese con: "Role of abortion in control of global population growth", de Stephen D. Mumford y Elton Kessel, en: "Clinics in obstetrics and gynaecology", t.13 (marzo de 1986), p. 19-31; sobre Kessel, véase, de L. Weill-Halle, L'avortement de papa, p.53.

12. Cfr., más arriba, p. 176.

13. Cfr., p. 123.

14. Cfr., más arriba, p. 112-118.

15. Cfr., pp. 166 y 178-181.

16. Cuanto menor es la percepción que de la víctima tiene el verdugo, menor es el control que éste tiene de su agresividad. Cfr., de Stanley Milgram, "Soumission a l'autorité. Un point de vue expérimental", París, Calmann-Lévy, 1984.

17. Cfr., de René Girard, "La violence et le sacré", París, Grasset, 1972.

 

 

(*) Monseñor Michel Schooyans es un sacerdote belga, Dr. en Sociología y en Filosofía, profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina y miembro consultor permanente en el Consejo Pontificio para la Familia, presidido por el cardenal Alfonso López Trujillo. Desde hace años investiga la cuestión demográfica, en particular las mentiras y falacias que se propagan en torno al «problema del crecimiento poblacional mundial», sobre todo a partir del famoso Memorando Secreto 200/74, elaborado por Henry Kissinger por pedido de Gerald Ford, en ese entonces Presidente de EE.UU.

(Nota de José Arturo Quarracino)


 

El informe sobre la Eutanasia

 

Interview de Klaudia Schank y Michel Schooyans

 

por Agnès Jauréguibéhère

para L’Homme Nouveau

Paris, junio de 2002

 

 

Klaudia Schank es Licenciada en Derecho y Licenciada en Relaciones Internacionales. Michel Schooyans, muy conocido por nuestros lectores, es Profesor Emérito de la Universidad de Lovaina. Ambos respondieron a las preguntas que les formulamos en relación a la obra inquietante que acaban de publicar sobre la eutanasia en Éditions Le Sarment.

 

¿Quiénes son los autores de esta obra?

 

El libro que tradujimos1 es la obra del jurista Karl Binding y del psiquiatra Alfred Hoche; la primera edición data de 1920; la segunda de 1922. Binding, nacido en 1841 en Francfort-an-Main, era un eminente profesor de derecho. La imponente obra que dejó al morir en 1920 suscita todavía hoy un gran interés. Hoche, nacido en 1865 en Wildenhain, era profesor de psiquiatría. Se dedicó a escribir al final de su vida y se suicidó en 1943. La obra de estos autores se inscribe en la lógica de la evolución de las ciencias con su resultante concepción del hombre. Reducido a su dimensión corporal, el hombre deviene un ser unidimensional, desprovisto de toda apertura a la trascendencia.

 

¿Por qué un libro como ese en Alemania en 1922?

 

Es principalmente en Alemania que se desarrollan, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, diferentes movimientos científicos que contribuyen al surgimiento del nacionalsocialismo. Uno de los principales orígenes de estos movimientos se encuentra en la teoría de la evolución expuesta en la obra de Charles Darwin. Aplicada por Darwin a los seres vivos, la idea de la evolución es poco a poco aplicada también a la sociedad. Esta es comparada a un organismo en el cual el hombre es reducido a ser sólo un miembro. En este contexto nace la idea según la cual el hombre tiene una responsabilidad personal en la evolución. Toda acción que se oponga al principio de la lucha por la vida y de la selección de los más aptos conduce inevitablemente a la degeneración de la especie humana y en consecuencia a la de la cultura alemana.

 

Para luchar contra esta degeneración, y prevenirla, los "higienistas" de la raza alemanes proponían medidas destinadas al mejoramiento del patrimonio hereditario. Rápidamente, sus proposiciones fueron transformadas en reivindicaciones eugénicas y raciales. Solamente aquellos que eran juzgados aptos tenían el derecho de reproducirse. Influenciados por la ciencia de la raza, con su postulado sobre la superioridad de la raza nórdica, estos "higienistas" limitaban su misión a la conservación del pueblo alemán.

 

¿Cuáles fueron las grandes líneas de la argumentación desarrollada?

 

La exigencia de Binding y Hoche intentando liberalizar la destrucción de una vida indigna de ser vivida constituye una prolongación de las ideas que acabamos de recordar. Ellos también se otorgaban el derecho de juzgar el valor de un ser humano y de relativizar su dignidad.

 

Según Binding, el hombre es el soberano de su vida. De donde proviene la legitimación moral y jurídica del suicidio, lo que, según Binding, conduce lógicamente a la liberalización de la eutanasia. Esta liberalización, debe en primer lugar aplicarse a la "eutanasia pura", que remplaza simplemente la causa de la muerte por otra, luego a la eutanasia de los enfermos incurables que piden con insistencia ser librados de sus sufrimientos, y finalmente a la eutanasia de los deficientes mentales. La decisión de proceder a la destrucción, tomada por un Comité de Liberalización, se funda en un deber legal de compasión. La eventualidad de una decisión tomada por error, casi no preocupa a los autores. Hay tanta gente que muere por error que una persona más o menos no pesa en el balance...

 

Hoche, por su parte, desarrolla toda una argumentación dirigida principalmente a justificar medicinalmente el homicidio de discapacitados mentales. Para ello coloca a estos últimos en el mismo nivel que los animales. Según Hoche, los discapacitados mentales no pueden consecuentemente atribuirse un derecho subjetivo a la vida. Hoche los caracteriza sin dudar de "existencias-lastre y caparazones humanos vacíos".

 

Según ustedes, una gran parte de la argumentación de los partidarios actuales de la eutanasia figura ya en el informe de 1922. ¿Podrían darnos algunos ejemplos?

           

Casi todos los argumentos invocados hoy a favor de la eutanasia ya se encuentran bajo una forma u otra en la obra de Binding-Hoche. Un gran número de "razones" invocadas por estos autores son reutilizadas hoy: autonomía, libertad, dignidad, curación, compasión, inutilidad económica, peso para la sociedad, calidad de la especie, etc.

 

Para ustedes, al dar una justificación jurídica y médica de la eutanasia, Binding y Hoche tienen una parte de responsabilidad en el establecimiento de la "solución final" por el Tercer Reich. ¿Los nazis se referían explícitamente a esta obra?

 

La argumentación de Binding y Hoche tuvo un impacto considerable en el curso de la historia. La responsabilidad directa de estos universitarios en la elaboración y puesta en ejecución de los programas de exterminación de discapacitados, adultos y niños, no deja ninguna duda. De esta manera, abrieron ampliamente la vía al holocausto y a la banalización del "don de la muerte" por motivo de incorrección política o de no conformidad biológica. Con la llegada del nazismo al poder, se desencadena en Alemania un debate público sobre la eutanasia.

 

Es en la revista Ethik donde los diferentes protagonistas toman la palabra. Los partidarios de la eutanasia, entre los cuales un teólogo llamado Rose, se refieren frecuentemente a la obra de Binding y Hoche. El mismo Hoche interviene personalmente en el debate. Dado que está establecido que toda esta discusión era seguida de cerca por la Administración y el Estado nazi, podemos afirmar sin recelo que los dos autores prepararon a los burócratas, a los médicos y psiquiatras no solamente para la aceptación, sino también para la ejecución de las muertes en masa a partir de 1939, e incluso antes.

  

¿Y la eutanasia hoy?

 

Todas las ideas que hemos evocado, persisten en el centro del debate sobre la eutanasia. Sin caer en un reduccionismo ciego, formulémonos ciertas preguntas. ¿Cuáles son actualmente los peligros que resultarían de una legitimación política de la eutanasia? ¿Esta legitimación estaría totalmente exenta de motivaciones económicas y sociales? ¿Esta legitimación no nos colocaría sobre una pendiente peligrosa? ¿No estamos siendo arrastrados, a pesar nuestro, a incontables situaciones que nos llevan a emitir un juicio sobre la dignidad humana? ¿No se llega así a crear categorías de hombres en las cuales la vida ya no se beneficia del derecho de una protección legal? En Bélgica, por ejemplo, ¿no consideran algunos ya el debate sobre la eutanasia en los casos de deficiencia grave?

 

¿Cuál consideran ustedes entonces el corazón del problema?

 

Se debe plantear claramente la cuestión de la definición de un acto de eutanasia. Un médico que administra analgésicos con el único fin de aliviar los dolores de un moribundo, cumple su deber de médico. Cuando la enfermedad se vuelve incontrolable, no se mata; el acto terapéutico cambia de objeto y se concentra en controlar el dolor. El médico toma ciertamente el riesgo de acortar así la vida, pero lo que quiere y lo que hace, es elegir la medicación adecuada para calmar el dolor, no para matar. En este caso, por lo tanto no hay eutanasia. La eutanasia es una muerte dada intencionalmente, reputada sin sufrimiento, por medio de técnicas médicas. Es la Tötung de Binding-Hoche. Ahora bien, ¿quién soy yo para declarar que una vida humana no vale la pena de ser vivida y en consecuencia que puede ser libremente destruida?

 

Queda por saber la significación real de la compasión. El pedido de eutanasia traduce una profunda angustia, un sentimiento de abandono, y por lo tanto el fracaso dramático de una comunicación, gracias a la cual, si fuese realizada, el enfermo percibiría que su dignidad continúa a ser percibida por los otros. Lo que les falta sin duda a los moribundos es el afecto: una comunicación en el seno de la cual el paciente se descubre amado. ¿La mejor forma de ayudar a alguien a morir con dignidad consistiría en darle la muerte?

 

Traducción a cargo de la Dra Beatriz de Gobbi.

 

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  1. La referencia de esta obra es: Klaudia SCHANK y Michel SCHOOYANS, Euthanasie. Le dossier Binding-Hoche, Traduction de l’allemand, présentation et analyse, Paris, Éditions Le Sarment, 2002


 

La cara oculta de la ONU

 

Este libro quiere acabar con un tabú muy difundido: el de que, en materia de derechos humanos, la ONU es su máxima defensora, cuando, en realidad, lo que está a punto de sepultar es la concepción realista que aparece en las declaraciones de 1789 y de 1948, según las cuales todos los hombres nacen con los mismos derechos: el derecho a la vida, a la libertad, de asociación, etcétera.

 

Creada al finalizar la segunda guerra mundial con la misión de promover estos derechos  de hacerlos respetar, la ONU se ha ido alejando cada vez más de su referencia fundacional que la llamaba a construir nuevas relaciones internacionales. Muy influenciada por el pensamiento anglosajón, la Organización de Naciones Unidas tiende ahora a considerar los derechos del hombre como el producto de convenios y convenciones que, una vez ratificados, adquieren fuerza de ley; es decir, no hay lugar ya para la búsqueda de la verdad. La palabra consenso es el nuevo talismán, la fuente del derecho, lo que define aquello que es "políticamente correcto".

 

De esta manera, al recurrir al derecho internacional positivo, la ONU procede a una concentración piramidal del poder. Erosionando la justa soberanía de las naciones, se sitúa cada vez más como un súper-Estado mundial, ejerciendo un control cada vez más centralizado sobre la información, la salud y la población mundial, los recursos del suelo y del subsuelo, el comercio internacional y las organizaciones sindicales; en fin, y ante todo, sobre el derecho y la política. Exaltando el culto neopagano de la Tierra-madre, priva al hombre del lugar central que le reconocen las grandes tradiciones filosóficas, jurídicas y religiosas.

 

Frente a esta globalización llena de ambigüedades, ya es hora de que los Estados vuelvan a tomar las riendas, pues si se dejan disolver, los hombres quedarán indefensos ante una burocracia supranacional que se arrogará el monopolio de definir lo verdadero y lo falso, el bien y el mal, lo justo y lo injusto.

 

En "La cara oculta de la ONU" el autor analiza con la agudeza que le caracteriza esta desviación de la Organización de Naciones Unidas, mostrando al mismo tiempo que, lejos de ser una fatalidad, es una nueva invitación a reafirmar vigorosa y urgentemente el papel de la sociedad civil y de ese capital prodigioso que es la persona humana.

 

Se trata, pues, de un libro no conformista, inquietante y único en su género.


 

Población y soberanía nacional

 

El éxito de las tesis maltusianas se debe primero a su aparente simplicidad y a su carácter perentorio. Desde 1798, el célebre pastor anglicano nos advierte: el crecimiento de la producción alimenticia se lleva a cabo según una progresión aritmética; el crecimiento de la población obedece a una progresión geométrica. Los pobres deben retrasar la edad para casarse.

 

Las leyes sociales perturban el juego de las leyes de la naturaleza, que quiere seleccionar a los más aptos y eliminar al resto. Desde 1803, Malthus precisará que no todos tienen reservado un lugar en el banquete de la naturaleza; la naturaleza notifica a los inútiles que tienen que irse, y no tarda en ejecutar su propia orden.

 

A pesar de haber sido repetidamente criticadas y desmentidas por los hechos, las tesis del pastor anglicano siguen siendo retomadas con implacable constancia. Las encontramos ya sea en su formulación original, ya sea puestas de relieve sobre algún punto en particular o bien, por el contrario, maquilladas. En el presente trabajo, seguiremos estas metamorfosis hasta nuestros días 2.

 

Desde el siglo XIX, estas tesis son reforzadas con el aporte del organicismo, divulgado en particular por Herbert Spencer (1820-1903): la sociedad humana es un cuerpo cuyos miembros son muy diferentes en función de su utilidad, su valor o su dignidad. Es inadmisible que los menos dotados perjudiquen a toda la especie. Es pues preciso que ayudemos a la naturaleza a efectuar su selección. Galton (1822-1911) precisará incluso que esta selección debe ser artificial. Los médicos tendrán un papel preponderante en este programa de eugenismo 3. Según John Stuart Mill (1806-1872), análogas diferencias se encuentran entre las sociedades; entre éstas hay una jerarquía determinada, y las menos dotadas deben aceptar su subordinación a las más "civilizadas". En relación con esto, hablase a veces de darwinisino social.

 

El neomaltusianismo se afianza poco después, y es representado por Margaret Sanger (1883-1966). Esta corriente emprende la mezcla de las tesis maltusianas sobre la población con una doctrina moral individualista, hedonista y utilitarista. Esta moral del placer individual disocia el comportamiento sexual de la procreación. En la unión sexual el placer es el bien; el niño, es el riesgo. El otro es interesante en la medida que me aporta placer y/o provecho. De ahí se deriva el rechazo al matrimonio, el elogio del amor libre, del eugenismo, etc.

 

Según Malthus, la superficie terrestre limita inexorablemente la producción alimenticia, y los límites de ésta determinan sin piedad el número de hombres que el mundo puede contener. Este tema de la tierra va a conducir a la temática contemporánea de la ecología. Tema este que tiene raíces históricas notables. Centrada sobre la expansión, incluso la agresión, el imperialismo británico se traduce en políticas de conquistas territoriales y de explotación de recursos naturales. Por su parte, los Estados Unidos no esperan el fin de la Guerra de Secesión para poner en práctica la doctrina mesiánica del Destino manifiesto. La anexión de Florida, Texas, California, las guerras de Cuba y Filipinas, la separación de Panamá y Colombia, etc. permiten comprender la importancia de las "zonas de influencia", de las "fronteras" movibles, "cotos de caza reservados" - y de lo que las geopolíticos alemanes pronto llamarán el "espacio vital".

 

La vulgata maltusiana se presenta pues como un tronco cuya sabia nutre tres tipos principales de ramificaciones: el organicismo, el neomaltusianismo, el ecologismo. En total, tenemos pues, cuatro componentes cuyas interconexiones aparecen ya desde el siglo XIX.

 

Metamorfosis de estos componentes

 

Veremos ahora como estos componentes se encuentran en ciertos discursos que la ONU o sus agencias consagran a la población. Nos referimos aquí, de manera especial al FNUAP, al Banco Mundial, a la Organización de la Salud, al PNUD, a la UNICEF, a la FAO e incluso a la UNESC0 4. Vamos a mostrar bajo qué formulaciones son retomados y explicitados hoy día los cuatro componentes que hemos identificado 5.

 

Vuelta al maltusianismo

 

¿Cómo aparece la vulgata maltusiana original en los discursos de estas instituciones internacionales y en las conferencias organizadas por ellas? El crecimiento poblacional - se dice- es exponencial. La producción alimenticia no funciona igual. La tierra no puede alimentar a todos. Los pobres del Tercer Mundo tienen demasiados hijos y son responsables de su propia miseria. El crecimiento poblacional es causa de la pobreza y del desempleo; y es un obstáculo para el desarrollo. Además, la concentración de pobres en las ciudades es causa de delincuencia y de criminalidad: ciertas declaraciones de la Conferencia de Estambul sobre el hábitat (1996) lo subrayaron 6.

 

Con afirmaciones como estas: "Sin control de la población no hay desarrollo posible", a partir de la IIa Conferencia Internacional sobre la Población (Belgrado, 1965), la planificación de los nacimientos es presentada como una forma de ayuda para el desarrollo. En sus decisiones sobre procreación, las parejas deben tomar en cuenta el contexto social. Poco después se dirá que es preciso "monitorear", es decir controlar y limitar el crecimiento de la población. Este era el objetivo de la Conferencia del Cairo sobre Población y Desarrollo (1994). Desde entonces, se pide a los Estados un reporte de lo que han hecho para aplicar el "plan de acción" decretado "por consenso" en el Cairo. Anteriormente, la Conferencia de Río (1992) había alimentada la idea que la capacidad portadora de la tierra se había alcanzado o incluso rebasado. En su definición original, el desarrollo "sustentable" requeriría de un control de las poblaciones. Si este control no se realizaba, la bomba "P" (población) no tardaría en explotar.

 

Vuelta al organicismo

 

En 1946, Julian Huxley fue puesto a la cabeza de la UNESCO. Era conocido por ser partidario de la esterilización de los débiles mentales y de aquellos con quienes la sociedad no sabía que hacer. Una variante de este eugenismo se encuentra en Frederick Osborne quien, en 1952, llega a ser primer presidente del influyente Population Council. Esta institución privada merece ser mencionada aquí por la influencia que el grupo Rockefeller ejerce a través de ella, y hasta nuestros días, en los programas demográficos de la ONU y de sus agencias.

 

Recordemos que Galton prefería la selección artificial en lugar de la selección natural de Malthus, introduciendo pues un elemento voluntarista, es decir intervensionista. Son los pobres quienes fracasan y los ricos los que triunfan. Los primeros fracasan y con ello prueban que son inferiores; los segundos triunfan y prueban con ello que son superiores. Por el bien de la humanidad, hay que impedir a los pobres la procreación y fomentarla entre los superiores.

 

Ahora bien, desde la Conferencia de Bucarest (1974) aparece la dimensión voluntarista del control demográfico, especialmente entre los pobres, este control requiere de una acción sistemática. La IVa Conferencia (México, 1984) menciona la necesidad de un plan de acción, cuya mejor formulación es obra de la Conferencia del Cairo (1994). En la actualidad son múltiples las reuniones que se dedican ampliamente a comprobar la aplicación de este plan de acción.

 

Frecuentemente, la estrecha asociación entre eugenismo y selección artificial es puesta en obra para "justificar" e incluso patrocinar algunas secciones de los programas de la ONU cuyo objetivo es contener las poblaciones del mundo, según criterios que discriminan a los pobres. Ted Turner, patrón de la CNN, o Bill Gates, Mister Microsoft, distribuyen donativos faraónicos en la ONU, y en particular en el FNUAP, destinados a reducir los nacimientos entre los pobres en vez de crear prioritariamente escuelas que, llegado el momento, harían explotar sus propios mercados...

 

Vuelta al neomaltusianismo

 

Los primeros neomaltusianos alimentaron el argumentario individualista, libertario y feminista. El neomaltusianismo actual insiste, por su parte también, en el derecho al placer individual y en la emancipación de las mujeres. Sin embargo, sobretodo a partir del reporte del FNUAP de 1994, la educación y la emancipación de las mujeres son previstas como un poderoso medio para hacer bajar el crecimiento de la población. Es por eso que la educación de las mujeres debe incluir una sección importante relacionada con la educación sexual y la "salud reproductiva" que forma parte de los "nuevos derechos" proclamados: derecho a la anticoncepción, al aborto, a la esterilización, a la homosexualidad, a la eutanasia. Estos "nuevos derechos" deberían poder responder a "necesidades insatisfechas".

 

En la Conferencia de Copenhague (1995), bajo la presión de lobbies o cabildeos homosexuales, estos nuevos derechos han sido llamados a cubrir "comportamientos fuera de las normas". Tanto en Pekín (1995) como en Estambul (1996), la familia es presentada como el lugar prototípico de la lucha de clases; en ella, la mujer es oprimida por el hombre quién, imponiéndole el "fardo" de la maternidad, le impide realizarse al tiempo que aporta su contribución a la producción. La liberación de la mujer pasa pues por la destrucción de la familia. Tema clásico del neo-malthusianismo, la destrucción de la familia aparece a partir de ese momento bajo la rúbrica de los "nuevos modelos" de familia: al lado de la familia monogámica y heterosexual tradicional, aparecen las – así llamadas - "familias" monoparental, homosexual, recompuesta, etc.

 

Durante la Conferencia de Pekín (1995), todos estos temas fueron agrupados bajo la etiqueta del "gender" (género): la diferencia de roles atribuidos al hombre y a la mujer en la sociedad no tienen ningún fundamento natural; estas diferencias son producto de la cultura y, como tales, pueden y deben ser abolidas. Estamos en plena revolución cultural.

 

Vuelta al ecologismo

 

Malthus temía la disparidad entre, por un lado, las tierras cultivables y los recursos alimenticios y, por otro lado, el número de bocas por alimentar. A pesar de estudios científicos que desmienten la Vulgata maltusiana, la extensión de esta tesis del pastor anglicano viene generalizada y aplicada a las relaciones entre la Tierra y el hombre. En la ampliación de la disparidad expresada por Malthus, se observan diferentes etapas.

 

Para empezar, henos aquí a bordo del Radeau de la Méduse, del pintor Géricault, o sobre los botes salvavidas del Titanic. La nave Tierra incluye alrededor de seis mil millones de pasajeros y estaría sucumbiendo. Ahora bien, las lanchas de salvamento solo pueden recibir a la tercera o cuarta parte de los pasajeros. Es preciso entonces sin ninguna piedad cortar las manos de quienes quieren subir a las lanchas; de no ser así todos perecerán.

 

Coustaud, versado en demografía pelágica, recomendaba entonces que se redujese la Población mundial al cuarto de su nivel actual.

 

Siempre de conformidad con la tradición maltusiana, los pobres son el blanco que se debe perseguir de manera prioritaria. Su crecimiento demográfico sería la causa de la degradación del medio ambiente: deforestación, desperdicio de recursos, sobrecalentamiento, deterioro de la capa de ozono, etc. El hombre sería el más grande "predador". La Conferencia de Rió (1992) fue consagrada enteramente a estos temas.

 

Maurice King recomienda la organización de "reservas"" confinadas en "parques" protegidos por "rangers", algo así como una policía demográfica. La tarea de estos "rangers" sería "contener" a las poblaciones pobres en los límites de ciertas cuotas. Ocurre lo mismo con hombres que con elefantes: serían una amenaza para el medio ambiente; los equilibrios "naturales" deben pues ser protegidos a todo precio.

 

En caso de no poder contener el crecimiento demográfico entre los pobres, habría que dejarlos morir. De donde se desprende, después del proceso emprendido por Malthus contra las "leyes parroquiales" favorables a los pobres, el proceso, hoy en día, de la ayuda a los pobres de nuestra época. El mensaje de Malthus sigue siendo actual: ayudar a los pobres es transgredir la moral natural; si la Señora Naturaleza es violenta, la sociedad también debe ser violenta.

 

La exaltación del medio ambiente ha conducido a una radicalización de las ecologías anteriores. Ya la Conferencia de Bucarest (1974) consideraba que el crecimiento de la población afectaba al medio ambiente y se había convertido en problema internacional. La "ayuda" para este objetivo - dicen hoy día - debe ser reforzada.

 

Esta radicalización es tan marcada durante la Conferencia de Estambul (1996), que evidencia la relación entre planificación territorial y planificación de los nacimientos. En adelante, según Luc Ferry, el hombre ya no es el centro del universo. El antropocentrismo de la tradición occidental, y en particular cartesiano, ha fracasado7. El hombre no trasciende la naturaleza material; es un ser entre otros, inmerso en el universo. El hombre no sólo debe someterse al Estado o el Estado a las organizaciones internacionales; debe igualmente reconocer que los animales también tienen derechos; debe someterse a la Tierra Madre y, tal y como promueve la Nueva Era, reverenciar a Gaïa.

 

La ideología de la seguridad demográfica

 

Más que nunca las tesis maltusianas son reactivadas y son objeto de diversas presentaciones y de acentuaciones variables. Escondida bajo ropajes diferentes, reaparece la cantaleta maltusiana. El número excesivo de hombres es la primera causa de las desgracias que afectan a la humanidad.

 

Se debe entonces aumentar la ayuda asignada a los programas de control de la natalidad y reforzar, con el mismo objetivo, los poderes de las organizaciones internacionales, especialmente de la ONU y de sus agencias - así como de las ONG identificadas como de confianza.

 

Los temas maltusianos se entrelazan y dan origen a una ideología cientista caracterizada por la mono-causalidad. El parámetro demográfico es tan exaltado que se invoca tanto para iluminar el pasado como para legitimar programas de acción cada vez más voluntaristas, es decir, de hecho, impuestos a los individuos y a los Estados.

 

Hemos llamado a esta ideología la ideología de la seguridad demográfica, por analogía con la "doctrina de la seguridad nacional" 8, doctrina a la que apelaban la mayoría de los regímenes militares latinoamericanos en los años 60. Esta doctrina consideraba, uniéndose a teóricos norteamericanos y europeos, que el antagonismo dominante era el que oponía al Occidente liberal y democrático, con el Este totalitario y comunista. Era preciso poner un dique, es decir contener el brote que venía del Este.

 

Este antagonismo se traducía en una guerra total, que "justificaba" algunos regímenes de excepción. Esta ideología, de corte fascista, contaba con el miedo para imponer a algunas poblaciones ávidas de desarrollo y libertad, sacrificios no exentos de represión e incluso de violencia. La salvación de la Nación suponía en principio legitimar un poder concebido a la manera de Hobbes: poder "puro" que se expresaba mediante leyes que son la expresión de la voluntad del Leviatán. Los cuatro componentes que hemos analizado se integran en la ideología de la seguridad demográfica que, en la actualidad, reinterpreta el "antagonismo dominante" aplicándolo a las relaciones Norte-Sur, ricos y pobres. Según esta ideología, la mayor amenaza que podría cernirse sobre el Norte, es la que vendría del Sur, pobre pero mucho más poblado. De donde se desprende la necesidad imperiosa de poner freno al crecimiento demográfico del Sur sin escatimar en los medios. La formulación más cínica de esta ideología se encuentra en el Reporte Kissinger (1974) 9.

 

La nueva ideología cuenta a su vez también con el miedo que el Sur - se dice - debe inspirar. El programa de acción de nosotros los ricos, puede apelar a fundamentos sólidos, incluso "científicos', proporcionados por Malthus y por sus continuadores. Y en vista de que nuestra causa es "justa", estamos autorizados - dicen ellos - a recurrir a los instrumentas de acción de que dispone la ONU, e incluso a reforzarlos.

 

Análisis crítico de esta ideología

 

Causa consternación observar el crédito que algunos responsables de toma de decisiones políticas, otorgan ingenuamente a construcciones ideológicas carentes de toda pertinencia científica. Semejantes ayudas a la decisión sólo pueden conducir a catástrofes. Pasaremos revista nuevamente a los cuatro componentes, evocando lo que dicen de ellos estudios científicos de calidad indiscutible.

 

Primacía del capital humano

 

Fraguadas desde el siglo XIX, las tesis de Malthus fueron desmentidas por las investigaciones y las realizaciones, iniciadas en México, de Norman Borlaug, padre de la revolución verde en la India, lo que le valió ser premio Nobel de la Paz en 1970. Todas las hambrunas de la actualidad tienen su origen en guerras, ignorancia, malos gobiernos, corrupción, o también en disfunciones de los sistemas de distribución. Asimismo, Julian Simon, "nobelisable" muerto prematuramente, mostró que los recursos naturales estaban lejos de agotarse; el único recurso que corre el riesgo de faltar es el mismísimo hombre; sólo él tiene el poder de hacer de cualquier cosa un recurso y de un recurso, una riqueza. El hombre es el primer capital que se debe valorar.

 

Además, hay que hacer notar que, desde hace años, los demógrafos más respetados han llamado la atención sobre la caída generalizada de las tasas de crecimiento de la población y sobre la baja, a veces alarmante, de los índices de fecundidad. Estas tendencias ya se percibían desde hace unos treinta años; sin embargo, como contradicen la vulgata maltusiana, no fueron admitidas y reconocidas sino hasta hace poco por el FNUAP y las demás agencias de la ONU involucradas. Asimismo, lejos de sacar como conclusión la necesidad de cuestionar los programas de control, estas agencias toman como pretexto los aniversarios de las Conferencias del Cairo y de Pekín a fin de reclamar más recursos para el funesto "plan de acción".

 

Población y credibilidad nacional

 

Es preciso señalar aquí que el efectivo y la estructura por edad de la población son importantes para la afirmación de la soberanía de una nación en el contexto general de las relaciones internacionales. Es lo que enseña la historia y lo que la actualidad confirma cada día. Es cierto que el estado de la población de una nación no basta para su afirmación política, pero no se puede negar que es parte necesaria y ostensible de la misma. De este modo, a pesar de las diferencias ideológicas que las separan, ninguna gran nación puede darse el lujo de fomentar malas relaciones con China, ni, por otro lado, con la India10. La credibilidad internacional de los dos gigantes de América Latina, Brasil y México, está fuertemente hipotecada por su déficit demográfico.

 

El globalismo

 

Las diferentes concepciones del globalismo deben ser examinadas con mucha atención. Si globalismo significa que los hombres y los Estados son responsables los unos de los otros, si con esto nos referimos a un sentido más agudo de la solidaridad, no podemos más que alegrarnos. Sin embargo, junto con otros, Zbigniev Brzezinski abrió el camino para otra concepción del globalismo, según la cual, los Estados Unidos deberían asumir el liderazgo de un directorio de países ricos con el fin de evitar el caos mundial. Esta prevención del desorden debería incluir la "contención" de los países del Tercer Mundo y la repartición de las tareas según el espíritu de John Stuart Mill 11.

 

Aplicado a las relaciones entre Estados, ese globalismo significa un cuestionamiento radical de la soberanía de las Naciones. A este respecto, es extremadamente preocupante ver las instancias internacionales - sobre todo la ONU, pero también la Unión Europea - roer la autonomía de las Naciones soberanas a quienes sin embargo, deben su existencia y su legitimidad. En particular, mediante convenciones, las legislaciones nacionales son debilitadas, naciendo de este modo un nuevo derecho, que es utilizado particularmente para imponer a las naciones pobres "nuevos derechos" en materia de población l2. Vemos pues que ya no se honra a la subsidiariedad.

 

La familia

 

Habría que recordar aquí los efectos devastadores del individualismo desmedido al que conduce el neoliberalismo y la violencia resultante del mismo. Ahora bien, el contrapeso a esta desviación nos lo ofrecen algunos estudios recientes relacionados con familia.

 

Gary Becker recibió el premio Nobel de Economía en 1992 par haber mostrado el papel capital de la familia y de la educación en la sociedad 13. Es primordialmente en familia que se forma el "capital humano", el único que importa en definitiva, y que corre el riesgo de faltar. Es en la familia que se forma la personalidad del niño. Es ahí donde el niño aprende el sentido de la iniciativa, de la responsabilidad, de la solidaridad, etc. tantas cualidades altamente apreciadas en la sociedad.

 

En esta formación - agrega Cary Becker - el papel de la madre es esencial: es ella quien despierta estas cualidades y quien enseña al niño a estudiar, a ordenar sus cosas, a ser ahorrativo, etc. De ahí el valor específico de la actividad materna, que debería ser reconocida en, y por la sociedad. El niño no sólo es un bien para sus padres; es un bien para la sociedad. La actividad materna no es simplemente un bien "privado"; es un bien aportado a la sociedad. De ahí la necesidad de ofrecer a la mujer las condiciones de una decisión verdaderamente libre: ya sea consagrarse a la familia, ya sea optar por una profesión, o bien conciliar ambas.

 

Estas conclusiones son corroboradas a contrario por Claude Martin quien estudió "el post-divorcio". El divorcio aumenta el riesgo de marginalización, e incluso de exclusión, del cónyuge separado más vulnerable l4. El Estado-Providencia crea por sí mismo problemas que no puede resolver: adulando a los individuos, debilita la institución familiar que sería la primera en remediar las carencias del Estado-Providencia...

 

En pocas palabras, a la sociedad y al Estado les conviene sostener a la familia y ayudarla a educar bien a los niños que nacen en su seno.

 

Gestores responsables

 

Tanto en el medio ambiente en general como con los recursos que en él se encuentran: el hombre debe administrar el mundo natural de manera responsable. La responsabilidad de las agresiones contra el medio ambiente se encuentra tanto en hombres coma en compañías devorados par una rapacidad sin límites, como en el caso del Amazonas; o en quienes deforestan y desertifican porque no tienen acceso a otro tipo de combustibles; o en quienes para encontrar oro, matan la fauna acuática; o en quienes toman océanos y lagos coma desagües; o en quienes no quieren disciplinar su consumo, como en los países ricos; o en aquellos cuyas industries contaminan, como en los países del Este europeo. Es falso y deshonesto imputar a una "población excesiva" la responsabilidad de semejantes agresiones.

 

Impugnar: un derecho político esencial

 

Al final de este análisis crítico, se ve claramente que la ideología maltusiana, introyectada por varias publicaciones de agencias de la ONU, hace poco caso del hombre, de sus capacidades inventivas, de su libertad, de su sociabilidad. Según esa ideología, el hombre es objeto de determinismos inexorables, a los que se encuentra necesariamente sometido. Estos determinismos se observan en el crecimiento fatal de las penurias, en el carácter insuperable de las desigualdades naturales, en el servilismo irremediable del hombre a sus pasiones, por último en la imposibilidad para el hombre de librarse del anclaje que lo clava por entero al cosmos.

 

El drama es que, en la medida en que la ONU acogió esta ideología íntegramente materialista, con el determinismo que es su remate inevitable, la misma ONU corre el riesgo de sucumbir a la intolerancia y al dogmatismo.

 

Al poner en la trampa a sus miembros, la ONU acabó por caer en la trampa de su misma ideología. Erigiéndose en depositaria de la "verdad ideológica", ella debe necesariamente volverse intolerante, rechazar toda crítica, ignorar con exceso de soberbia el mentís de los hechos. De ahí su obsesión por el consenso en las reuniones internacionales y la ocultación sistemática de las reservas que emanan de medios "políticamente incorrectos". Si el colegio de las naciones miembros no retoma el control de esta organización, la ONU podría generalizar en el mundo el modelo chino: la producción de la riqueza humana sería planificada por tecnócratas ideológicamente "iluminados", de quienes estaría prohibido discutir los oráculos. Si la ONU quiere conservar su credibilidad, sólo podrá lograrlo liberándose de esta ideología mediocre, reaccionaria y paleo-imperial.

 

Desarrollo y libertad

 

Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, elaboró una obra que arroja nueva luz sobre la pobreza en general y las hambrunas en particular. Siguiendo caminos algo diferentes a los que tomaron Borlaug, Becker y Simon, el célebre economista de Cambridge mostró que la pobreza no tiene nada de fatal. Es el hombre el principal responsable de ello, no la naturaleza, y precisa: la pobreza debe medirse tomando en cuenta no sólo el ingreso sino también la escolaridad, la facilidad para acceder a la atención médica, a reformas agrarias y fiscales, etc. La pobreza es la consecuencia de malas gestiones económicas, es decir de malas decisiones tomadas por hombres: es la cara de un fracaso.

 

Ahora bien, para corregir esos errores y poner fin a esos fracasos, se necesita antes que nada un ambiente político favorable. Para empezar, es preciso que todos tengan derecho a la libertad de expresión; hay que poder criticar las malas medidas económicas ya que, ahí donde todos son instruidos y tienen derecho a la palabra crítica, los dirigentes que cometan errores y no los corrijan, serán reprobados en las siguientes elecciones.

 

Poniendo vigorosamente de relieve el papel del hombre, Amartya Sen muestra cuán estrecha es la relación entre la economía y la política; subraya en particular que las hambrunas se deben al hecho que quienes las padecen no tienen derechos; en particular no pueden expresarse para criticar el establishment.

 

La lectura que Amartya Sen hace de la hambruna puede ser extendida al conjunto de los parámetros que caracterizan a la pobreza y al desarrollo: ingreso, sí, pero también salud, escuela, esperanza de vida, etc. Será imposible luchar contra la pobreza, será imposible procurar desarrollo si no se reconocen los derechos de todos los hombres involucrados. Dicho de otro modo, no hay desarrollo sin democracia política, como no hay democracia "'sin libertad para censurar".

 

Si es así, queda confirmado que la tendencia al dogmatismo ideológico, que se constata a veces en la ONU, no puede tolerar el derecho que tienen los pobres a la palabra. Privados de palabra, privados de escuela, privados de salud - en una palabra - privados de libertad, los pobres no tienen su lugar en el gran banquete de la naturaleza. "La tentación de imponer un control obligatorio de los nacimientos, escribe Amartya Sen, aparece en el momento en que un gobierno tiene prioridades diferentes a las familias mismas" 15. Según ciertos textos de la ONU y de sus agencias, la prioridad es hacer que los pobres se traguen la poción ideológica, que la subscriban, en ningún caso que la discutan.

 

Si no fuese detenida, esta derivación, que no puede valerse de la Carta de San Francisco (1945) y que es francamente contraria a la Declaración de los Derechos Humanos (1948), desembocaría en un desastre económico y político del cual el "modelo chino" es sólo una lúgubre prefiguración.

 

El demógrafo de cara al poder

 

Al término de esta revista, se desprenden varias enseñanzas relativas a la población y a la demografía.

 

1. La ciencia demográfica ha dado y continúa dando servicios inestimables a la comunidad humana. Sin embargo, el responsable de la toma de decisiones políticas debe siempre tener en mente los límites inherentes a esta disciplina científica. Aún hechos en las mejores condiciones, los censos sólo dan estimaciones. En cuanto a las proyecciones y a las previsiones, tal y como se desprende de los resultados incluso de la ONU, deben ser tomadas con la mayor circunspección y son regularmente desaprobadas. No contamos con ningún método que nos permita decir con certeza lo que será el comportamiento reproductivo de las parejas en tal o cual sociedad.

 

2. Desde el inicio de este siglo, la ciencia de la población permitió estudiar la morbilidad y en particular delimitar mejor las enfermedades infecciosas; en ese sentido fue particularmente de gran ayuda para los servicios de migración. Con el perfeccionamiento de los servicios de estado civil, la demografía ofreció a las naciones un mejor conocimiento de su fuerza de trabajo y de sus capacidades. Frecuentemente, después de las guerras los gobiernos han promovido medidas natalistas.

 

3. Desde los años 60, los poderes públicos han sido cada vez más influenciados por la ideología maltusiana, divulgada ante todo desde los países anglo-sajones. Impregnados de esta ideología, y disponiendo de recursos cada vez más considerables, los Estados, vigorosamente incitados por las organizaciones internacionales públicas y privadas, intervinieron cada vez más abierta y directamente en la planificación autoritaria de las poblaciones. La India y China son los casos más conocidos, pero un intervensionismo parecido se observa en América Latina, en particular en México, y en África. La ideología maltusiana pretende "legitimar" campañas que persiguen como blanco preferencial - y "por su propio bien" – a poblaciones sin defensa. Numerosos testimonios dan fe de que estas poblaciones no están "completamente informadas" y que tampoco están en condiciones de dar un "consentimiento libre y aclarado" de las medidas anti-natalistas que se les prometen para "su beneficio". La ideología maltusiana está aquí al servicio del engaño, de la coerción o de la fuerza.

 

Exportada a los países en pleno desarrollo, se ha convertida en el arma más pérfida que utilizan los países ricos en la confrontación disimulada que han emprendido en contra del Tercer Mundo.

 

4. Las intervenciones cada vez más notorias de los poderes públicos en la dinámica demográfica, inducen transformaciones radicales en la sociedad política. En nombre de la ideología maltusiana, el comportamiento reproductivo de los ciudadanos y la célula familiar están cada vez más expuestos a la intrusión del Estado. Pero los Estados particulares están cada vez más expuestos a las presiones que vienen de la ONU, de sus agencias e incluso de la Unión Europea. La ayuda a los países del Tercer Mundo cada vez está más condicionada a la aceptación de programas maltusianos. La subsidiariedad ya no se respeta puesto que las parejas son cada vez más "administradas" en sus decisiones más intimas y que las Naciones ven corroída su soberanía en nombre del "estado se necesidad" creado por la, así llamada, "explosión demográfica".

 

5. El impacto producido por las metamorfosis del maltusianismo contrasta con el carácter precario de las bases científicas sobre las que él descansa. Este contraste dirige a la comunidad demográfica nacional y mundial un llamando a un examen de conciencia.

 

La mayoría de las grandes disciplinas científicas mantienen relaciones ambiguas con el poder. Algunas veces los gobernantes se valen de científicos para gobernar, otras, los científicos pretenden gobernar en virtud de su saber. De este modo los sabios oscilan a menudo entre servilismo y voluntad de poder. Algunos psiquiatras se pusieron al servicio del régimen soviético; algunos médicos biólogos quieren participar actualmente en el poder y administrar la vida humana en nombre de criterios "cualitativos" definidos por ellos mismos.

 

La ideología maltusiana ilustra de manera dramática los riesgos de relaciones ambiguas que algunos demógrafos mantienen con el establishment nacional e internacional. Consideremos simplemente lo que ocurre en las agencias de la ONU. Ellas tienen a su servicio a algunos demógrafos de los cuales algunos son a veces utilizados esencialmente para dar seudo-legitimación científica a los programas de control de la población.

 

Otros demógrafos, externos o no al aparato de la ONU, participan en el poder presentando su cientismo demográfico como la panacea de todos los males que padece la sociedad humana. De este modo se formó una tecnocracia internacional que está al servicio de los intereses de las grandes potencias. Esta tecnocracia maquilla sus intenciones vergonzosas bajo la máscara de una farsa demográfica totalmente insensible al mentís de los hechos. Se debe pues denunciar el abuso de poder científico, llevado a veces hasta la estafa, cometida por una fracción significativa de la comunidad demográfica.

 

Ningún demógrafo está a salvo de esta recuperación humillante. Evidentemente, podemos encontrar en todas partes a algunos demógrafos dispuestos a vender cualquier producto que responda a las conveniencias gubernamentales del momento, por ejemplo en materia de seguros de enfermedad, de seguro social, pensiones de retiro. Sin embargo por fortuna también existe en todos lados una comunidad demográfica que une su autoridad científica reconocida, con una integridad moral de valor irreprochable. Es a estos sabios, que conocen el precio de la libertad académica a quienes incumbe la tarea urgentísima de proteger a nuestras comunidades nacionales y a toda la comunidad humana de las metamorfosis del maltusianismo. Toca a ellos antes que nada, exigir a la ONU que entregue cuentas; toca a ellos desmitificar los "planes de acción" ampliamente fundados sobre una gigantesca baladronada ideológica. Si la mentira casa bien con la violencia, la justicia sólo podrá hacerse en la verdad.

 

México, D.F. marzo de 2001.

 

1. El texto completo del famoso Apólogo del Banquete de Malthus se encuentra en nuestra obra La dérive totalitaire du libéralisme, Paris, Éd. Mame, 1995, pp. 139 s.

2. Hemos consagrado dos obras a estas tesis y a su posteridad: La dérive totalitaire du libéralisme, citada con anterioridad, y El Evangelio frente al desorden mundial, Prólogo del Cardenal Ratzinger, México D.F., Ed. Diana, 2000.

3. Sobre la influencia de estas ideas en Francia, ver Anne CARO, Histoire del'eugénisme en France. Les médecins et la procréation. XIXe-XXe siècle, Paris, Éd. du Seuil, 1995.

4. Una perspectiva general sobre la acción de la ONU y de sus agencias se encuentra en Stanley P. JOHNSON, World Population and the United Nations. Challenge and Response, Cambridge University Press, 1987.

5. Analizamos estos problemas detalladamente en La face cachée de l'ONU, Paris, Éd. Le Sarment/Fayard, 2000; traducción en español a salir en 2001 por la Editorial Diana, México D.F.

6. Más detalles sobre las Conferencias que citaremos en nuestra obra Le crash démographique, publicado en Paris, Éd. Le Sarment/Fayard, 1999; cf. especialmente el capítulo V: "L'ONU et ses conférences concernant les Populations".

7. Ver Luc FERRY, Le nouvel ordre écologique, Paris, Éd. Grasset/Livre de Poche, 1998, cf. por ejemplo pp. 26-29.

8. Ver nuestras obras citadas más arriba: La dérive totalitaire du libéralisme, passim; y El Evangelio frente al desorden mundial.

9. Cf. The Life and Death of NSSM 200 (Kissinger Report), publicado por Stephen D. Mumford. Este libro puede ser solicitado al Center for Research on Population and Security, P.O. Box 13067, Research Triangle Park, North Carolina 27709, USA. El texto del Reporte se encuentra en las pp. 47-186.

10. Es lo que explica Gérard-François DUMONT, profesor de demografía de la Sorbona, en "Démographie et analyse stratégique", en Défense (Paris), n° 83, marzo 1999, pp. 76-80.

11. Sobre los aspectos económicos de la globalización, ver la sorprendente obra Mastering Global Business, London, Ed. Financial Times/Pittman Publishing, 1999.

12. El paso del control demográfico a los nuevos derechos es finamente analizado por Seamus GRIMES en "From Population control to 'reproductive rights': ideological influences in population policy", en Third World Quarterly, 19, 3, 1998, pp. 375-393.

13. Ver Gary S. BECKER, A Treatise on the Family, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, Reedición 1994.

14. Esta es una de las principales tesis desarrolladas por Claude MARTIN en L'après divorce. Lien familial et vulnérabilité , Presses universitaires de Rennes, 1997.

15. Cf Amartya SEN, "Pas de bonne économie sans démocratie", en Le Monde, 28 octubre de 1998.


 

La cara oculta de la ONU

 

Entrevista a Michel Schooyans

Profesor emérito de la Universidad de Lovaina

Por Luca Fiore

 

Il Mattino della Domenica

Lugano, 24 de junio de 2001 

 

 

1. Durante el "Congreso sobre la Globalización, la Economía y la Familia", organizado en Roma del 27 al 30 de noviembre de 2000 por el Consejo Pontificio para la Familia, usted expuso la concepción de la globalización según la ONU. Esta concepción se encuentra también ampliamente analizada en su reciente libro, La face cachée de l’ONU, editada por Éditions du Sarment/Fayard, Paris, 2001. Según usted, esta concepción tiende a considerar que el medio ambiente tiene más valor que la persona. ¿Cuál es la cuestión? ¿Cuál es su preocupación?

 

Globalización, Mundialización: dos términos que se incorporaron al lenguaje de todos los días; dos conceptos que son objeto de debates y de discusiones que comprometen el futuro de la sociedad  mundial. Estos términos significan ante todo que las sociedades humanas se hicieron interdependientes: por ejemplo, una devaluación del yen japonés repercute sobre toda la economía mundial. Esto significa también que las sociedades están integradas: los viajes y los medios de comunicación permiten que los hombres se conozcan mejor; la información científica es ampliamente divulgada y discutida  en foros virtuales abiertos las 24 horas del día. Es evidente que hay que alegrarse de esta evolución y es claro que convoca a rediseñar los instrumentos que regulan las relaciones internacionales.

 

Tradicionalmente, dichas relaciones internacionales se organizan en torno a dos grandes modelos. Por un lado, un modelo encarnado hoy por los Estados Unidos. La  globalización se concibe en este caso a partir del proyecto hegemónico de la nación dominante, cuyo objetivo es imponer una organización del mundo de inspiración neoliberal. Este proyecto posee ante todo una fuerte connotación económica: tiene por objetivo la globalización del mercado; pero comporta también una voluntad de gobernar políticamente el mundo. Este proyecto hegemónico no puede ser realizado sin una connivencia de otras naciones ricas. El otro modelo es heredero del internacionalismo socialista y, si bien insiste sobre la necesidad de reformas económicas, coloca en primer lugar un objetivo político: limitar la soberanía de los Estados y colocar estos bajo control de un poder político mundial. El método para alcanzar este objetivo no es más revolucionario; sino reformista, dentro del espíritu de Gramsci.

 

Cuando habla de globalización, la ONU incorpora los significados de este término que acabamos de señalar. Pero aprovecha la posibilidad ofrecida por esta palabra para imprimirle una nueva  significación. Se interpreta la globalización a la luz de una nueva visión del mundo y del lugar que ocupa el hombre en el mundo. Esta visión "holística" considera que el mundo constituye un todo que posee más realidad y valor que las partes que lo constituyen. Dentro de este todo, la aparición del hombre sólo significa un avatar de la evolución de la materia.

 

 2. Usted también expresó serias reservas en relación a la Carta de la Tierra, un documento de la ONU en preparación y próximo a ser publicado. Usted afirma que dicho documento está influenciado por el pensamiento de la New Age. ¿Cuál es la relación entre la New Age y dicho texto?

 

Se trata de un proyecto de documento, del cual uno de los autores no es otro que el mismo Mikhail Gorbatchev. ¿Qué destaca este documento? El hombre, siendo sólo el producto de una evolución material, debe someterse a los imperativos del mundo que lo rodea, de la Naturaleza, de la Ecología. Aquí es evidente la influencia del filósofo Thomas S. Kuhn, uno de los grandes inspiradores de la New Age, y se confirma en los libros de Marilyn Ferguson en la misma corriente. El hombre debe aceptar no ser más el centro del mundo. Según esta interpretación de la naturaleza y del hombre, la "ley natural" ya no es más aquella que está escrita en el corazón y en la inteligencia del hombre, sino que es la ley implacable y violenta que la naturaleza impone al hombre. Los ecologistas de la New Age presentan incluso al hombre como un predador. Y como toda población de predadores, aseguran, debe ser contenida e imperativamente restringida dentro de los límites del desarrollo sustentable.

 

3. ¿Cuál es la relación entre esta Carta de la Tierra y la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948?  

 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, se inclina delante de una verdad que se impone a todos. Ella reconoce que todos los hombres tienen derecho a la vida; que nacen libres e iguales en dignidad; que son libres de asociarse, de elegir el régimen político que los gobierne, de organizarse en sindicatos, de fundar una familia, de adherir a una religión, etc. Todos los hombres tienen el derecho de participar en la vida política y en la vida económica porque todos tienen algo único para aportar a los otros hombres. Todos los totalitarismos del siglo XX surgieron del desprecio a estos derechos inalienables. La promoción de estos derechos en el mundo  es el medio para enfrentar a los sistemas que reducen al hombre a ser simplemente un consumidor en el mercado, un engranaje del Estado, un instrumento del Partido, un espécimen de tal Raza. La gran originalidad de esta Declaración es que pretende fundar las nuevas relaciones internacionales sobre la base del reconocimiento, por todas las Naciones, de los derechos fundamentales de todos los hombres. 

 

La Carta de la Tierra abandona e incluso ataca el antropo-centrismo judeocristiano y romano, reforzado por el Renacimiento, y llevado a su punto de incandescencia en la Declaración de 1948. El documento proyectado no sólo intentaría enmascarar la Declaración Universal, sino también, según algunos, ¡debería suplantar incluso el Decálogo! 

 

 4. Usted habló incluso del proyecto de la ONU de instaurar progresivamente un "súper-gobierno mundial" que estaría en una jerarquía superior a los cuerpos intermediarios, las naciones, e impondría un pensamiento único gracias al control de la información, de la salud, del comercio, de la política y del derecho. ¿No es una imagen del futuro muy "orwelliana"?

 

La argumentación "ecológica" desarrollada en la Carta de la Tierra es en realidad un artificio ideológico para camuflar algo más grave: entramos en una nueva revolución cultural. En efecto, la ONU está instaurando una nueva concepción del derecho. Esta concepción es más anglosajona que latina. Las verdades fundadoras de la ONU referidas a la centralidad del hombre en el mundo son desactivadas poco a poco. Según esta concepción, ninguna verdad sobre el hombre se impone a todos los hombres: a cada uno su opinión.

 

Los derechos humanos no son más reconocidos como verdades; son objeto de procedimientos, de decisiones consensuales. Se negocia, y al término de un procedimiento pragmático, se decide, por ejemplo, que el respeto a la vida se impone en ciertos casos pero no en otros, que cierta manipulación  genética justifica el sacrificio de embriones, que la eutanasia debe ser liberada, que las uniones homosexuales tienen los mismos derechos que la familia, etc. De aquí surgen los llamados "nuevos derechos del hombre", siempre renegociables en beneficio de los intereses de aquellos que pueden hacer prevalecer su voluntad.

 

Para instaurar dichos "nuevos derechos" y principalmente la concepción del derecho que le es subyacente, se deben privilegiar dos mecanismos de acción. En primer lugar, se debe debilitar a las naciones soberanas, pues ellas son generalmente las primeras a proteger los derechos inalienables de sus ciudadanos. Luego, en las asambleas internacionales, se debe obtener el mayor consenso posible, recurriendo, si es necesario, a la corrupción, al chantaje o a la amenaza.

Una vez adquirido, el consenso puede ser invocado para hacer adoptar convenciones internacionales, que adquieren fuerza de ley en los Estados que las han ratificado. Este tipo de globalización, sostenida por una concepción puramente positivista del derecho, justifica las más vivas  inquietudes.

 

5. El título de su último libro es La Cara Oculta de la ONU. ¿Cuál es esta cara, y quién se esconde detrás?

 

En documentos tan complejos como los de la ONU que se refieren a distintas facetas de la globalización, la falta de transparencia hace evidentemente difícil la prueba directa y la demostración matemática. La experiencia reciente, en Francia, de "chanchullos" confirma que ninguna organización está dispuesta a reconocer que está infiltrada por la acción de cofradías secretas, por la presencia en su seno de "mafias" y de "redes de influencia". Sin embargo, no hay duda de que este tipo de sociedades existen. Se las conoce no sólo por su accionar, sino también por lo que dicen públicamente algunos de sus miembros, por  ejemplo en la televisión.

 

Claro está que hay siempre personas dispuestas a negar fervorosamente las evidencias, incluso cuando ni siquiera saben dónde buscar los documentos. Pero, ¿es necesario que los miembros de la DGSE (Dirección General de la Seguridad Exterior) desfilen con un brazalete para saber que la DGSE existe? 

 

En realidad, la ideología onusiana de la globalización está impregnada de referencias agnósticas, utilitaristas y hedonistas. Si analizamos pacientemente las recientes reuniones de la ONU, referentes a temas tan diversos como salud, población, medio ambiente, habitat, economía mundial, información, educación –por citar sólo estos ejemplos, aparece una remarcable comunidad de inspiración y así como también una remarcable convergencia de objetivos.

 

Está claro que, a instigación de los Estados soberanos miembros, la ONU deberá proceder a una auditoria interna, sin lo cual dará cada vez más la impresión de estar bajo la  influencia de una mafia tecnocrática. Después de varios años de investigación, llegué a esta conclusión con alguna anticipación en relación a otros investigadores. Sin embargo, si usted me pregunta  si yo he visto la "mano invisible", debo responderle que sólo vi su sombra. Pero, en este caso, es suficiente.


 

La ONU y la Globalización

 

Por Michel Schooyans

Traducción de la Dra. Beatriz de Gobbi

Febrero 2001

 

Intercambios e interdependencia

 

Los términos mundialización y globalización son hoy en día parte del vocabulario corriente. Ambos conceptos se utilizan indistintamente para indicar que, en escala mundial, los intercambios se multiplicaron rápidamente, lo que se hace evidente en los sectores científicos, técnicos y culturales. La multiplicación de intercambios se tornó posible gracias a sistemas de comunicación más rápidos y eficaces.

 

Dentro de este primer sentido corriente, los términos mundialización y globalización evocan la interdependencia de las sociedades humanas. Una crisis económica en los EE.UU., decisiones de la OPEP sobre el precio del petróleo, las tensiones entre palestinos e israelíes – para citar apenas algunos ejemplos – tienen repercusiones de carácter mundial. Nos vemos comprometidos, interpelados e incluso afectados por catástrofes que pasan lejos de nosotros, sentimos nuestra responsabilidad frente al hambre y la enfermedad en todo el mundo.

 

Las propias religiones dialogan intensamente. Inclusive dentro de la Iglesia católica, las comunicaciones se intensificaron.

 

Adquirimos así una aguda conciencia de que pertenecemos a la comunidad humana. En este primer sentido, habitual, hablamos de integración. En lenguaje común se dice que "las distancias no cuentan más", que "los viajes aproximan a los hombres", que "el mundo se convirtió en una aldea".

 

El mundo tiende a una mayor unidad. En principio deberíamos alegrarnos. Es natural que la nueva situación lleve a que se consideren nuevas estructuras políticas y económicas que procuren brindar respuesta a nuevas necesidades. Sin embargo, ello no puede realizarse a cualquier precio y de cualquier manera.1

 

Unificación política, integración económica

 

Desde hace algunos años, el sentido de las palabras mundialización y globalización se hizo un poco más preciso. Por mundialización, se entiende ahora, la tendencia que lleva a la organización de un único gobierno mundial. El acento se coloca sobre la dimensión política de la unificación del mundo. En su forma actual, tal tendencia fue desarrollada por diversas corrientes estudiadas por los internacionalistas.2 En esta línea de pensamiento basta citar dos ejemplos.

 

El primer modelo remonta al final de los años 60 y es de autoría de Zbigniev Brzezinski3. Según esta visión, los Estados Unidos deben reformular su tradicional mesianismo y asumir la conducción mundial. Deben organizar las sociedades políticas particulares tomando en cuenta una tipología que las clasifica en tres categorías según su grado de desarrollo. La mundialización se define aquí a partir de un proyecto hegemónico con una disyuntiva esencial: imponer la Pax americana o sumergirse  en el caos.

 

Al final de los años 80 surge otro proyecto mundialista, del cual Billy Brandt es uno de los principales artesanos. El Norte (desarrollado) y el Sur (en desarrollo) necesitan uno del otro; sus intereses son recíprocos. Resulta urgente tomar nuevas medidas internacionales para superar el abismo que los separa. Dichas iniciativas deben ser tomadas en el plano político; deben incidir prioritariamente sobre el sistema monetario, el desarme, el hambre. Según el "programa de supervivencia" del informe Brandt, es preciso crear "un mecanismo de vigilancia de alto nivel" que tendría por principal misión tornar a la ONU más eficaz, así como consolidar el consenso que la caracteriza4.

 

El concepto de mundialización que aparece aquí no se vincula de manera alguna a un proyecto hegemónico. Se sitúa en la tradición de la internacional socialista. Sin duda, no se llega a recomendar la supresión de los Estados, pero la soberanía de estos debería limitarse y colocarse bajo el control de un poder  mundial, si queremos garantizar la supervivencia de la humanidad.

 

Al mismo tiempo en que el término mundialización adquiere una connotación esencialmente política, la palabra globalización adquiere una connotación fundamentalmente económica. La multiplicación de los intercambios y la mejora de las comunicaciones internacionales estimulan a hablar de una integración de los agentes económicos a nivel mundial. Las diversas actividades económicas serían divididas entre los diferentes Estados o regiones.

 

El trabajo sería dividido: a unos les corresponderían, por ejemplo, las tareas de extracción; a otros, aquellas de transformación. Finalmente, en la cúspide del sistema de toma de decisiones, se encontrarían aquellos avocados a las tareas de producción tecnológica y de coordinación mundial. Dicha visión de la globalización es francamente liberal. Sin embargo, con una cierta reserva: aunque sean preconizadas de manera amplia la libre circulación de bienes y capitales, lo mismo no se da con respecto a la libre circulación de personas5.

 

Globalización y holismo

 

En los documentos recientes de la ONU, el tema de la globalización surge con más frecuencia que el de la mundialización, no obstante ambos conceptos no son contradictorios ni compiten entre si.

 

La ONU incorpora las concepciones corrientes que acabamos de mencionar. Sin embargo, aprovecha la percepción favorable a la actual concepción de la globalización para someter esa palabra a una alteración semántica. La globalización es reinterpretada a la luz de una nueva visión del mundo y del lugar del hombre en el mundo. Esta nueva visión se denomina holismo. Esta palabra, de origen griego, significa que el mundo constituye un todo, dotado de más realidad y más valor que las partes que lo componen. En ese todo, el surgimiento del hombre no es más que un avatar en la evolución de la materia. El destino inexorable del hombre es la muerte, desaparecer en la Madre-Tierra, de donde nació.

 

El gran todo, llamémoslo así para simplificar, la Madre-Tierra, o Gaia, trasciende por lo tanto al hombre. Este debe doblarse a los imperativos de la  ecología, a las conveniencias de la Naturaleza. El hombre no solamente debe aceptar no destacarse más en el medio ambiente; sino que debe también aceptar no ser más el centro del mundo. Según dicha lectura, la ley "natural" no es más aquella escrita en su inteligencia y en su corazón; es la ley implacable y violenta que la Naturaleza impone al hombre. La vulgata ecológica presenta al hombre como un predador, y como toda población de predadores, la población humana debe, de acuerdo con esta concepción, ser contenida dentro de los límites de un desarrollo sustentable. El hombre, por lo tanto, no sólo debe aceptar sacrificarse hoy a los imperativos de Madre-Gaia, sino que también debe aceptar sacrificarse a los imperativos de los tiempos venideros.

 

La Carta de la Tierra

 

La ONU está en proceso de elaborar un documento muy importante sistematizando esa interpretación holística de la globalización. Se trata de la Carta de la Tierra, de la cual innumerables borradores ya fueron divulgados y cuya redacción se encuentra en fase final. Dicho documento sería invocado no sólo para superar a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, sino también, según algunos, para reemplazar al propio Decálogo.

 

Veamos, a título de ejemplo, algunos extractos de dicha Carta:

 

"Nos encontramos en un momento crítico de la historia de la Tierra, el momento de escoger su destino... Debemos unirnos para fundar una sociedad global durable, fundada en el respeto a la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y la cultura de la paz... La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo... El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común a todos los pueblos. La protección de la vitalidad, de la diversidad y de la belleza de la Tierra es un deber sagrado...

 

Un aumento sin precedentes de la población humana sobrecargó los sistemas económicos y sociales... En consecuencia, nuestra opción es formar una sociedad global para cuidar de la Tierra y cuidarnos los unos a los otros o exponernos al riesgo de destruirnos a nosotros mismos y destruir la diversidad de vida... Precisamos con urgencia de una visión compartida respecto de los valores básicos que ofrezcan un fundamento ético a la comunidad mundial emergente..."

 

Las religiones y el globalismo

           

Para consolidar dicha visión holística del globalismo, deben ser aplanados algunos obstáculos y elaborados ciertos instrumentos.

 

Las religiones en general, y en primer lugar la religión católica, figuran entre los obstáculos que se deben neutralizar. Fue con ese objetivo que se organizó, dentro del marco de las celebraciones del Milenio en septiembre de 2000, la Cumbre de líderes espirituales y religiosos. Se busca lanzar la "Iniciativa unida de las Religiones" que tiene entre sus objetivos velar por la salud de la Tierra y de todos los seres vivos. Fuertemente influenciado por la "New Age", dicho proyecto apunta a la creación de una nueva religión mundial única, lo que implicaría inmediatamente la prohibición a todas las otras religiones de hacer proselitismo. Según la ONU, la globalización no debe envolver apenas las esferas de la política, de la economía, del derecho; debe envolver el alma global. Representando a la Santa Sede, el Cardenal Arinze no aceptó firmar el documento final, que colocaba a todas las religiones en un mismo pie de igualdad6.

 

El Pacto económico mundial

 

Entre los numerosos instrumentos elaborados por la ONU respecto de la globalización, merece ser mencionado aquí el Pacto mundial. En su discurso de apertura al Forum del Milenio, el sr. Kofi Annan retomó la invitación que dirigiera en 1999 al Forum económico de Davos. Proponía "la adhesión a ciertos valores esenciales en los ámbitos de las normas de trabajo, de los derechos del hombre y del medio ambiente". El Secretario General garantizaba que de esa manera se reducirían los efectos negativos de la globalización. Más precisamente, según Annan, para superar el abismo entre el Norte y el Sur, la ONU debería hacer un amplio llamado al sector privado. Se procuraba  obtener la adhesión a ese pacto de un gran número de actores económicos y sociales: compañías, hombres de negocios, sindicatos, ONGs. Dicho Global Compact, o Pacto mundial, sería una necesidad para regular los mercados mundiales, para ampliar el acceso a las tecnologías vitales, para distribuir la información y el saber, para divulgar los cuidados básicos en materia de salud, etc. Dicho pacto ya recibió numerosos apoyos, entre otros, de la Shell, de Ted Turner, propietario de la CNN, de Bill Gates e incluso de numerosos sindicatos internacionales.

 El Pacto Mundial suscita, es obvio, grandes interrogantes. ¿Será que podremos contar con las grandes compañías mundiales para resolver los problemas que ellas hubieran podido contribuir a resolver hace mucho tiempo si lo hubiesen deseado? ¿La multiplicación de los intercambios económicos internacionales justifica la instauración progresiva de una autoridad centralizada, llamada a regir la actividad económica mundial? ¿De qué libertad gozarán las organizaciones sindicales si las legislaciones laborales, incorporadas al derecho internacional, deben someterse a los "imperativos" económicos "globales"? ¿Qué poder de intervención tendrán los gobiernos de los Estados soberanos para actuar en nombre de la justicia, en las cuestiones económicas, monetarias y sociales? Aún más grave: a la luz de la precariedad financiera de la ONU, ¿no se corre el riesgo de que dicha organización sea víctima de una tentativa de compra por parte de un consorcio de grandes compañías mundiales?

 

Un proyecto político servido por el derecho

 

Sin embargo, es en el plano político y jurídico que el proyecto onusiano de la globalización se hace más inquietante. En la medida en que la ONU, influenciada por la "New Age", desarrolla una visión materialista, estrictamente evolucionista del hombre, desactiva la concepción realista que está subyacente en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948. Según esta visión materialista, el hombre, pura materia, es definitivamente incapaz de descubrir la verdad sobre sí mismo o sobre el sentido de su vida. De esta forma es reducido al agnosticismo de principio, al escepticismo y al relativismo moral. Los ¿por qué? no tienen sentido alguno; sólo importan los ¿cómo?

 

La declaración de 1948 presentaba la prodigiosa originalidad de fundar las nuevas relaciones internacionales en la extensión universal de los derechos del hombre. Tal debería ser el fundamento de la paz y del desarrollo. Tal debería ser la base legitimando la existencia y justificando la misión de la ONU. El orden mundial debería ser edificado sobre verdades fundadoras, reconocidas por todos, protegidas y promovidas progresivamente a través de la legislación de todos los Estados.

 

La ONU hoy desactivó esas referencias fundadoras. Hoy los derechos del hombre no están más fundados en una verdad que se impone a todos y es por todos libremente reconocida: la igual dignidad de todos los hombres. De aquí en adelante los derechos del hombre son el resultado de procedimientos consensuales. Se argumenta que no somos capaces de alcanzar la verdad respecto del hombre, y que inclusive dicha verdad no es accesible o no existe. Debemos entonces entrar en acuerdo, y decidir, por un acto de pura voluntad, cuál es la conducta justa, ya que las necesidades de acción nos apremian. Pero no decidiremos refiriéndonos a valores que se nos imponen por la simple fuerza de su verdad. Vamos a comprometernos en un procedimiento de discusión y, después de escuchar la opinión de cada uno, adoptaremos una decisión. Esta decisión será considerada justa porque es el resultado efectivo del procedimiento consensual. Se reconoce aquí la influencia de John Rawls.

 

Los "nuevos derechos del hombre", según la ONU actual, surgirán a partir de procedimientos consensuales que pueden ser reactivados indefinidamente. No son más la expresión de una verdad inherente al hombre; son la expresión de la voluntad de aquellos que deciden. De aquí en adelante, mediante tal procedimiento, cualquier cosa podrá ser presentada como "nuevo derecho" del hombre: derecho a uniones sexuales diversas, al repudio, a hogares mono-parentales, a la eutanasia, –mientras se aguarda el infanticidio, ya practicado, la eliminación de deficientes físicos, los programas eugenésicos, etc. Es por dicha razón que en las asambleas internacionales organizadas por la ONU, los funcionarios de esta organización se empeñan en llegar al consenso. De hecho, una vez adquirido, el consenso es invocado para hacer que se adopten convenciones internacionales que adquieren fuerza de ley en los Estados que las ratifican.

 

 

Un sistema de derecho internacional positivo

 

Ese es el núcleo  del problema colocado por la globalización según la ONU. A través de sus convenciones o de sus tratados normativos, esta organización está dispuesta a articular un sistema de derecho supra-estatal, puramente positivo, que lleva una fuerte influencia de Kelsen7. El objeto del Derecho no es más la justicia sino la ley. Una tendencia fundamental se observa cada vez más: las normas de los derechos estatales no son válidas si no son validadas por el derecho supra-estatal. Como Kelsen anticipara en su célebre Teoría Pura, el poder de la ONU se concentra de manera piramidal. Todos, individuos o Estados deben obedecer la norma fundamental surgida de la voluntad de aquellos que definen el derecho internacional. Dicho derecho internacional puramente positivo, libre de toda referencia a la declaración de 1948, es el instrumento utilizado por la ONU para imponer al mundo la visión de la globalización que debería permitirle colocarse como súper-estado.

  

Un Tribunal penal internacional

 

Al controlar el derecho –colocándose, de manera definitiva, como la única fuente del derecho y pudiendo a todo momento verificar si ese derecho es respetado por las instancias ejecutivas–, la ONU entroniza un sistema de Pensamiento Unico. Se constituye entonces un tribunal tallado para su sed de poder. De esta manera, crímenes contra los "nuevos derechos" del hombre podrían ser juzgados por la Corte Penal Internacional, fundada en Roma en 1998. Por ejemplo, en el caso en que el aborto no fuera legalizado en un determinado Estado, este último podría ser excluido de la "sociedad global"; en el caso en que un grupo religioso se opusiese a la homosexualidad, o a la eutanasia, dicho grupo podría ser condenado por la Corte penal internacional por atentar contra los "nuevos derechos del hombre".

  

La "gobernancia" global

 

Estamos por lo tanto frente a un proyecto gigantesco, que ambiciona realizar la utopía de Kelsen, con el objeto de "legitimar" y montar un gobierno mundial único, en el cual las agencias de la ONU podrían transformarse en ministerios. Es urgente –nos aseguran– crear un nuevo orden mundial, político y legal, y es preciso apurarse para encontrar los fondos para ejecutar el proyecto.

 

Dicha gobernancia mundial ya fue desarrollada en el informe del PNUD de 1994. El texto, escrito a pedido del PNUD por Jean Tinbergen, premio Nobel de economía (1969), evidencia ser un documento encomendado por y para la ONU. Citamos a continuación algunos extractos8.

 

"Los problemas de la humanidad ya  no pueden ser más resueltos por los gobiernos nacionales. De lo que necesitamos es de un gobierno mundial. La mejor manera de conseguirlo es reforzar el sistema de las Naciones Unidas. En ciertos casos eso significaría la necesidad de cambiar el papel de las agencias de las Naciones Unidas, que de consultivas pasarían a ser ejecutivas. Así, por ejemplo, la FAO se transformaría en el Ministerio Mundial de la Agricultura; UNIDO se tornaría el Ministerio Mundial de la Industria e ILO, el Ministerio Mundial de Asuntos Sociales.

 

En otros casos, serían necesarias instituciones completamente nuevas. Estas podrían incluir, por ejemplo una Policía Mundial permanente que podría citar naciones a comparecer delante la de Corte Internacional de Justicia, o delante de otras Cortes especialmente creadas. Si dichas naciones no respetan las decisiones de la Corte, sería posible aplicar sanciones, tanto militares como no militares."

 

Sin duda, cuando cumplen bien su papel, los Estados protegen a sus ciudadanos, se esfuerzan en hacer respetar los derechos del hombre y utilizan para ese fin los recursos apropiados.

Actualmente, en los ambientes de la ONU, la destrucción de las naciones aparece como indispensable para alcanzar el objetivo de extinguir definitivamente la concepción antropocéntrica de los derechos del hombre. Eliminando ese cuerpo intermediario que es el Estado nacional, además de debilitar la sociedad civil, se eliminaría la subsidiaridad pues sería constituido un Estado centralizado. El camino estaría abierto para la llegada de los tecnócratas globalizantes y otros aspirantes a la "gobernancia" mundial.

 

Reafirmar el  principio de subsidiaridad

 

En efecto, el derecho internacional positivo es el instrumento utilizado por la ONU para organizar la sociedad mundial global. Bajo el disfraz de la globalización, la ONU organiza en su beneficio la "gobernancia" mundial. Bajo el disfraz de "responsabilidad  compartida", ella invita a los Estados a limitar su justa soberanía. La ONU globaliza presentándose cada vez más como un súper-estado mundial. Tiende a gobernar todas las dimensiones de la vida, del pensamiento y de las actividades humanas, ejerciendo un control cada vez más centralizado de la información, del conocimiento y de las técnicas; de la alimentación, de la salud y de las poblaciones; de los recursos del suelo y del subsuelo; del comercio mundial y de las organizaciones sindicales; en fin y sobre todo de la política y del derecho. Exaltando el culto neopagano a la Madre-Tierra, priva al hombre del lugar central que le reconocen las grandes tradiciones filosóficas, jurídicas, políticas y religiosas.

 

Delante de esta globalización construida sobre cimientos de arena, es preciso reafirmar la necesidad y la urgencia de fundar la sociedad internacional en el reconocimiento de la igual dignidad de todos los hombres. El sistema jurídico que predomina en la ONU torna dicho reconocimiento estrictamente imposible, pues hace que el derecho y los derechos del hombre surjan de determinaciones voluntarias. Es preciso por lo tanto reafirmar la primacía del principio de subsidiaridad tal como debe ser correctamente comprendido. Esto significa que las organizaciones internacionales no pueden expoliar a los estados, ni a los cuerpos intermediarios, ni en particular a la familia, de sus competencias naturales y de sus derechos, sino que, al contrario, deben ayudarlos a ejercerlos.

 

La Iglesia no puede dejar de oponerse a dicha globalización, que implica una concentración de poder que exhala totalitarismo. Delante de una "globalización" imposible, que la ONU se esmera en imponer alegando un "consenso" siempre precario, la Iglesia debe aparecer, semejante a Cristo, como señal de división9. No puede endosar ni una "unidad", ni una "universalidad" que estuvieren encima de las voluntades subjetivas de los individuos o impuestas por alguna instancia pública o privada. Frente al surgimiento de un nuevo Leviatán, no podemos permanecer callados, ni inactivos, ni indiferentes.

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1.     Para una discusión más amplia de los temas abordados en esta comunicación, referirse a nuestro libro La face cachée de l’ONU, Paris, Éditions Le Sarment/Fayard, 2000.

2. Ver a ese propósito, Michael HARDT y Antonio NEGRI, Empire, Cambridge, Massachussets, Harvard Univerity Press, 2000.

3.  Brzezinski, Zbigniev, Between two ages. America’s Role in the Technetronic Era, Harmondswort, Penguin Book Ltd., 1970.

4.     Cf. North-South: A Programme for Survival, Londres, Pan Books World Affairs, 1980, especialmente el capítulo 16, pp.257-266.

5.     Entre los primeros teóricos modernos de esa concepción, podemos mencionar Francisco de Victoria (con su  interpretación de la destinación universal de los bienes) y Hugo Grotius (con su doctrina de la libertad de navegación).

6.     Fue en esa ocasión que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó su declaración Dominus Iesus.

7.     Cf. KELSEN, Hans, Théorie pure du droit, traducción  para el francés de Charles Eisennman, Paris, LGDJ, 1999.

8.     Dicho texto se encuentra en Human Development Report 1994, publicado por el PNUD, New York y Oxford, 1991; la citación está en la p. 88.

9.     Cf. Lc 2, 33s; 12, 51-53; 21, 12-19; Mt 10, 34-36; 23; 31s; Jn 1; 6; 1Jn 3, 22-4, 6.


 

Médicos y juristas: servidores de la vida y de la libertad

 

La vida de las sociedades contemporáneas esta atravesada por dos grandes corrientes políticas tradicionales: la corriente socialista y la corriente liberal. La corriente socialista pone de relieve la importancia de la sociedad con respecto a los individuos; recomienda la intervención del Estado para promover la igualdad entre los hombres y para planificar la economía. Subraya la función del individuo en la sociedad política. La corriente liberal subraya en cambio la primacía de los individuos respecto a la sociedad; desconfía de la intervención del Estado y cree que favoreciendo la libertad, los intereses de los individuos acabarán armonizándose. Subraya los servicios que la sociedad debe prestar a individuos u asociaciones.

 

En la práctica, estas dos corrientes se entrelazan a menudo. En Europa occidental. todas las sociedades son mixtas, es decir, que deben mucho (tanto a la tradición liberal como a la socialista). La democracia se caracteriza por una búsqueda permanente del equilibrio -siempre precario- entre estas dos grandes corrientes. En una democracia, cada persona es única y posee algo original para ofrecer a la comunidad; pero la comunidad a su vez, ofrece a cada individuo unas posibilidades de desarrollo personal que no existen ni en la sociedad despótica ni en una sociedad anárquica. 

 

La historia contemporánea confirma empero que las democracias son frágiles. Pueden derivar hacia el totalitarismo. El totalitarismo se caracteriza por la voluntad de destrucción de las personas; el yo en sus dos dimensiones: física y psicológica. Se ataca al hombre sobre todo en razón de su naturaleza espiritual; porque es la imagen viva de Dios y, a través de él, se esta atacando a Dios.

 

El nazismo: una perversión del socialismo  

 

Junto con el comunismo -en avanzado estado de descomposición- uno de los ejemplos más conocidos de totalitarismo, nacido de la tradición socialista, es el nacionalsocialismo, más conocido bajo el nombre de nazismo, al que se asemeja el fascismo.

 

La ideología nazi pretende que lo que cuenta no son los individuos, sino la raza, la especie o el Estado. El individuo no es, literalmente, más que un miembro de un gran cuerpo que lo domina. El individuo debe pues someterse a una moral de la especie y aceptar una medicina de la especie y un derecho de la especie (o de la raza o del Estado). Los médicos han de cuidar primero, de la sociedad; están al servicio del Estado y tratan a los individuos según éstos sean útiles o nocivos para ese mismo. Las leyes se adaptan a los intereses del Estado y legalizan la eutanasia, la esterilización y el aborto, si dichas practicas son útiles para el Estado, la raza o la especie. Si, por ejemplo, el individuo sufre de malformación, constituye un lastre para la sociedad y ésta puede eliminarlo.

 

El liberalismo: su deriva totalitaria  

 

Lo más sorprendente, es que el liberalismo puede también llevar al totalitarismo. La deriva totalitaria del liberalismo se denomina anarquismo. En esta sociedad anárquica, los individuos más fuertes son los que dominan; imponen su voluntad, que adquiere fuerza de ley. Los más débiles son aplastados. En el supermercado planetario, sometido a las leyes implacables de la competencia, el hombre se considera un bien comparable a otros bienes.

 

Ha dejado de ser únicamente productor y consumidor, se ha convenido en un producto al que se permite existir según los intereses, la utilidad o el placer de los más poderosos. Si, por ejemplo, el individuo sufre de malformación, constituye un peso para sus padres y éstos pueden eliminarlo. 

 

La ideología liberal pretende que lo que cuenta es la victoria del "mejor". Hay que aceptar pues una moral individualista que consagra el poder de los más fuertes, las leyes de la libre competencia y las "leyes naturales" del mercado. El único hombre verdadero es el individuo solvente, y peor para los que no lo sean! La medicina se ocupará pues de los individuos según criterios de solvencia y de eficacia. Habrá que practicar una medicina de ricos al servicio de los placeres, y una medicina para los más débiles y pobres destinada a evitar que perturben el funcionamiento de las leyes naturales del mercado y la tranquilidad de los ricos. El derecho se adaptará a los intereses de los poderosos, que harán que se legalice el aborto, la esterilización y la eutanasia, en su país o en el Tercer Mundo, si dichas prácticas son útiles para sus intereses. 

 

La conspiracion de la medicina y del derecho

 

La alianza de la mentira y de la violencia  

 

Vemos pues que las dos grandes corrientes, socialista y liberal, que han alimentado la historia de las democracias pueden conducir a prácticas totalitarias. Estas prácticas se caracterizan por la alianza de la mentira y de la violencia, lo que subraya recientemente SS Juan Pablo II en la encíclica Centesimus annus (nº 23, 25). Las "justificaciones" de estas prácticas son a grosso modo las mismas en ambos casos: se utilizan mentiras para hacer aceptar a la gente la violencia ejercida sobre sus cuerpos y su inteligencia.

 

La deriva totalitaria del liberalismo es la mayor amenaza que se cierne hoy en día sobre la democracia. Esta deriva muestra que existe un parentesco muy estrecho entre la perversión nazi del socialismo y la perversión anárquica del liberalismo. Estas dos perversiones conducen a unas prácticas idénticas que arruinan la democracia. En ambos casos, la moral esta al servicio de los poderosos, la medicina esta al servicio de los poderosos y la ley esta al servicio de los poderosos.

 

El gran peligro que amenaza a las democracias hoy en día no ha de buscarse únicamente pues en personajes neo-nazis más o menos violentos o folklóricos, ni en agrupaciones de antiguos SS nostálgicos.

 

El neo-nazismo, o mas bien el ultra-nazismo, esta presente en las prácticas medicas, en las leyes y en la ética.

 

Estas prácticas tienen consecuencia gravísimas para las relaciones entre países ricos y pobres. Ha dado comienzo una guerra mundial entre el Norte y el Sur del planeta; y el Norte despliega en el conflicto un arsenal biomédico y propagandístico tan importante como el arsenal militar desplegado en el golfo Pérsico. En este arsenal se destaca la píldora abortiva RU 486, a la que se ha denominado "pesticida antihumano" destinado a industrializar la muerte de millones de inocentes. Así pues, la democracia no esta sólo inacabada, sino que esta en grave peligro. Es víctima de lo que SS Juan Pablo II llama, en Centesimus annus, la "cultura de la muerte".

 

Tanto en el caso del liberalismo como en el del nazismo, esta alianza de la mentira y de la violencia esconde una verdadera conspiración entre la medicina y el derecho. 

 

Legalizar la eutanasia

 

Cuando el régimen nazi estaba en gestación, un jurista alemán, Karl Binding (1841-1920) consagraba una obra a Die Freigabe der Vernichtung Lebesunwerten Leben (1920). En ella, el autor aportaba ''justificaciones" para la eliminación de los seres humanos que la ley declarase inútiles o nocivos para la sociedad. Respecto a la aplicación de las disposiciones legales que proponía, recomendaba emplear los servicios de los médicos. Estos serían los encargados de aplicar la "ley", es decir, de eliminar físicamente los seres cuya vida se hubiese declarado desprovista de valor. 

 

Binding sentaba así las bases de un derecho que pronto se pondría al servicio de la raza por los nazis. En una primera etapa, estos se dedicarían a practicar la esterilización de aquellos sujetos declarados inútiles o nocivos para el Estado racista. Más adelante, en nombre de los mismos imperativos, acabarían haciendo de la eutanasia una práctica corriente. 

 

Vemos así que puede hablarse, en la Alemania de principios de siglo, de una verdadera conspiración de juristas y médicos. Como lo explican diversos estudios históricos recientes, esta conspiración es anterior a la llegada del régimen nazi, y se encarga de preparar su ascensión al poder. Quienes pagarán las consecuencias de esta alianza perversa son bien conocidos: judíos, gitanos, zíngaros y todos aquellos que la ley, expresión soberana de los intereses del Estado racista, declare individuos nocivos. 

 

Legalizar el eugenismo  

 

Encontramos otra alianza de la mentira y de la violencia en una de las fuentes del liberalismo contemporáneo. También puede hablarse en este caso de una verdadera conspiración entre la medicina y el derecho. El ejemplo que vamos a exponer aquí es el de Galton (1822-1922). Primo de Darwin, Galton aporta a las tesis de Malthus una importante precisión. Es bien sabido que Malthus recomendaba que se dejase operar a la selección natural, que consagra la emergencia de los más aptos y la eliminación de los mas débiles.

 

Galton recoge esta idea en una obra celebre, The hereditary genius, publicado en 1869, donde recomienda que se ayude a la naturaleza a operar la selección que realiza espontáneamente. Lanza un termino que todos conocemos: el eugenismo, y define su contenido. Se tratará, por un lado, de estimular la transmisión de la vida entre individuos con éxito tanto económico como intelectual, pues éste éxito manifiesta su superioridad natural. Por otro lado, se tratara, de manera concomitante, de disuadir a los pobres de transmitir la vida, pues su pobreza prueba que son seres de calidad inferior.

 

Galton precisa incluso que lo único que cuenta en definitiva, hasta ser determinante, es el patrimonio genético. El genio es hereditario, al igual que la mediocridad. La influencia del ambiente se considera desdeñable. Galton era primeramente un psicólogo, pero va a ejercer una influencia considerable en la vida pública, en particular en la manera en que Inglaterra concebirá la colonización. Como hay diferencias naturales insalvables entre las razas al igual que entre los individuos, los mejor dotados de estos últimos, así como las sociedades más ricas, estarán naturalmente autorizados a ejercer su liderazgo sobre los demás. El derecho deberá tener en cuenta estas diferencias naturales, inscritas en el patrimonio genético, y no dedicarse a hacer reconocer la igualdad entre los hombres. 

 

Consecuente consigo mismo, Galton es uno de los primeros en recomendar la intervención del médico en la aplicación de esta selección artificial. El primer terreno en que sus recomendaciones serán aplicadas será la India, y sus tesis proporcionarán ''justificaciones científicas" para la expansión militar y económica del Imperio británico. 

 

Así pues, encontramos también en Inglaterra una verdadera conspiración, alimentada esencialmente por las investigaciones del psicólogo Galton, entre juristas, políticos y médicos. La idea central que cimenta esta alianza es finalmente la afirmación de un determinismo sin piedad: los ricos no han de sentir escrúpulos ante su riqueza, pues deben su superioridad a la calidad de su patrimonio genético. Por lo tanto es natural que los pobres sigan sometidos a los ricos y que estos los utilicen como mejor lo entienden.

 

De lo que acabamos de exponer, podemos deducir que, tanto en la tradición socialista como en la tradición liberal, se perfiló muy pronto una conspiración en que la medicina y el derecho se dan la mano para atacar a la vida humana. Ello anuncia la emergencia próxima de dos formas particulares de totalitarismo: una que precede de una perversión del socialismo, y otra que se origina en una perversión del liberalismo. 

 

La esencia del Totalitarismo

 

Para comprender la malicia de esta conspiración, debemos pues, llegados a este punto, interrogarnos sobre la esencia del totalitarismo. Seguidamente, veremos como puede hablarse actualmente de una conspiración entre derecho y medicina en las sociedades pertenecientes a la tradición liberal. Vamos a dejar de lado, pues, la perversión totalitaria del socialismo, para fijar nuestra atención en la perversión totalitaria del liberalismo. 

 

Preguntémonos pues, sin mas preámbulo, lo que se entiende, hoy en día, por totalitarismo. 

 

La destrucción del yo

 

No entraremos aquí en las distinciones más o menos sutiles que utilizan los teóricos de la política entre la dictadura simple, autoritaria, totalitaria, etc. Más vale proponer inmediatamente algunos puntos de referencia sobre el tema y referirnos, por ejemplo a la obra de J. J. Walter, Las máquinas totalitarias. 

 

Walter desarrolla una tesis en realidad muy sencilla. La esencia del totalitarismo consiste en atacar al yo. El totalitarismo no se define primeramente por la presencia de un régimen particular, ni por la ausencia de un parlamento o de un sistema representativo, ni por la presencia de un dictador, de un tirano o un déspota El régimen totalitario tiene como rasgo típico el ataque del hombre en sus dimensiones física, psicológica y espiritual. El totalitarismo inhibe, paraliza, congela y anestesia la capacidad de juicio personal y de tomar decisiones libres. El totalitarismo aliena: desposee al sujeto de sí mismo. Físicamente, la persona permanece, pero en realidad ésta ha sido vaciada de sí misma. La explicación es evidente: los caminos que llevan a la destrucción del yo proceden de dos orígenes: uno parte de la destrucción del cuerpo y acaba por alcanzar el alcanzar el alma, y el otro parte del alma y acaba invadiendo el cuerpo. 

 

La colonización ideológica  

 

Gracias a estos preliminares, podemos comprender mejor ciertas prácticas contemporáneas. No podemos extendernos aquí sobre este punto, pero recordaremos al menos que con la expresión colonización ideológica designamos una forma de desposesìón de uno mismo por otro. El "neo-colonizado" se ve invitado a adoptar el "prêt-a-porter" del pensamiento constituido por la ideología; sufre así una ocupación ajena. Los colonizadores ideológicos favorecen en el un comportamiento que está en armonía con sus intereses. Si distrae la atención, se inhibe la capacidad crítica, se retira toda responsabilidad y la persona se convierte en "irresponsable" y "alienada"

 

La ideología asumida por el dominado, el colonizado mental, le predispone a aceptar e incluso a consentir todas las formas de violencia física que se le imponen. El dominio del cuerpo parte del dominio de la inteligencia y de la voluntad. Se hace absorber a los colonizados un discurso ideológico que disfraza los intereses del dominador. Este discurso tiene efectos narcóticos: favorece la sumisión del sujeto. De esta manera, la mentira ideológica apoya la violencia física. Pero el camino inverso es también posible: la violencia física puede solicitar la ayuda de la falsedad ideológica. Las prácticas violentas (aborto, esterilización, eutanasia, etc.), ejecutadas según la política de los "hechos consumados", preparan las mentalidades para aceptar las justificaciones ideológicas correspondientes

 

Se comprende así fácilmente por qué el totalitarismo produce necesariamente una conspiración entre el derecho y la medicina. Como Marx reveló en la Ideología Alemana el derecho interviene como una superestructura de falsedades, que deforma la realidad, dando de ella una imagen invertida. Sólo es una superestructura ideológica que oculta la identidad de los que la han construido y sus intenciones dominadoras. Ese derecho no es más que un pseudo-derecho, pues esta al servicio de la violencia que los médicos ejercen en favor de los autores de ideologías y de sus intereses y lo que es más, la violencia física ejercida por la medicina se inscribe en el contexto global de la violencia que resulta de las estructuras mismas de la sociedad, violencia "legitimada" a su vez por la ideología que se esconde tras la máscara del derecho

 

Una alianza al servicio de la vida y de la Libertad. 

 

En la ultima parte de nuestro trabajo, vamos a mostrar pues, respecto al aborto, como, por un lado, la naturaleza del derecho y de la medicina pueden pervertirse, y cómo, por otro lado, puede concebirse la alianza de uno (el derecho) y otra (la medicina) para servir al hombre. 

 

Rechazar la tiranía de le mayoría  

 

Interroguémonos primero sobre la formación de la ley. Los partidarios del aborto afirman en general que en una democracia es la mayoría la que decide: la conclusión es que el parlamento vota leyes que autorizan el aborto y, llegado el caso, la eutanasia.

 

Pero no es exacto que la democracia se defina esencialmente por la aplicación mecánica y ciega de la regla de la mayoría. Ya Tocqueville ponía en guardia en sus escritos contra la tiranía de la mayoría. En 1931, en Italia, cerca del 99% de los profesores de universidad reconocieron la autoridad de Mussolini. E igualmente, Hitler recibió su consagración del parlamento. Es igualmente inexacto pretender que la democracia es una sociedad en que todos pueden hacer lo que quieran, y donde la libertad pueda llegar hasta el desenfreno. En sus cabañas, los esclavos disfrutaban de una "libertad'' sexual total"

 

Lo que caracteriza a la democracia es anterior al uso de la regla de la mayoría, sobre cuya base funciona un régimen de este tipo. La democracia no se caracteriza en primer lugar por un modo de funcionamiento de sociedades; en el sentido moderno del término, la democracia se define esencialmente por un consenso fundamental de todo el cuerpo social respecto al derecho de todo hombre a la vida, y a una vida digna. Este es el primer derecho que ha de propugnarse - y protegerse. Por consiguiente, la necesidad de esta protección justifica la represión, por parte del legislador, de la conducta de individuos que se arrogan el "derecho" a disponer de la vida, la libertad o los bienes ajenos. 

 

Cuando el consenso relativo a este derecho fundamental vacila, cabe el peligro de un regreso a los privilegios, injusticias y crueldades de siglos pasados. Se abre la puerta a la barbarie. Una de las mayores ilusiones que engañan a los Occidentales, según Solyenitsin, es la de pensar que porque han pasado por la incubación de todas las formas contemporáneas de barbarie, están definitivamente vacunados contra un posible y triunfal retorno de las mismas. 

 

La ley, reflejo de las costumbres  

 

Otros buscan el origen de la ley en la conducta del hombre y en las prácticas sociales. Afirman que la ley debe reflejar las costumbres y que -según pretenden- el aborto ha entrado en las costumbres. Debe pues legalizarse. 

Pero en estas cuestiones, lo que es mas bien cierto es que las costumbres siguen a la ley: "Al modificarla, afirma Simone Veil, se puede modificar todo el modelo (Pattern) del comportamiento humano". Los observadores más competentes concuerdan en reconocer que en Francia, de no existir la ley de legalización del aborto, muchas mujeres que abortan hoy en día hubieran encontrado otra solución.

 

Un Estado democrático reconoce los derechos de sus miembros a la vida, a la libertad y a la seguridad de sus bienes. No se arroga el privilegio de decidir quien, entre los inocentes, podrá vivir o habrá de morir. No se arroga tampoco el "derecho" de definir quien tiene derecho a robar, violar o matar. Un Estado que así obrase perdería su calidad democrática, pues el cubrir las infracciones, toleradas con la autoridad de la ley, no podrá sino favorecer la multiplicación de estas mismas infracciones, en detrimento de personas y bienes. Pero tal es la fragilidad de la democracia que puede incluso dotarse de leyes que ponen su propia existencia en peligro.

 

El tomar este camino puede llevar muy lejos, pues donde se admita la eliminación de los niños por nacer, se admitirá muy pronto - se admite ya - la de los recién nacidos declarados anormales, de los enfermos incurables, de los viejos, de todos los que "están a cargo de la sociedad". 

 

Proteger el derecho a la vida

 

Las feministas defienden, por su lado, una concepción de la ley que la pone al servicio de los intereses de la mujer. A sus ojos, una ley que castigue el aborto es odiosa para la mujer y un menosprecio de sus derechos.

 

Más las leyes que reprimen el aborto no niegan en absoluto los derechos de la mujer, únicamente ponen de relieve el derecho a la vida del niño por nacer, derecho que hoy queda escamoteado. Lo que estas leyes afirman, es que nadie puede disponer de la vida de un inocente, poniendo simplemente en práctica el principio general que caracteriza a toda sociedad democrática: la igualdad de derechos de todos los seres humanos, en cuanto a la vida. Por lo tanto, el carácter penal de estas leyes no es más que la consecuencia de un derecho anterior, del niño por nacer. La violación de este derecho es lo que reclama y justifica una sanción penal.

 

El Estado de derecho y la justicia  

 

Suele esgrimirse también un último argumento que revela como la legalización del aborto puede pervertir hasta la raíz la relación intrínseca que debe existir entre la ley y la justicia. Este argumento resalta que las leyes que prohiben el aborto no son, o han dejado de ser, aplicadas. Se afirma entonces que el estado de derecho ha dejado de respetarse. 

 

Pero para que haya Estado de derecho en un país, no basta con que exista una legislación cualquiera y que esta sea aplicada. Puede ocurrir que el derecho caucione la tiranía y legalice el despotismo. El que la China tenga sus leyes y que éstas sean aplicadas no significa que los chinos vivan en un Estado de derecho. Hay Estado de derecho cuando la ley esta al servicio de la justicia para todos y no para el grupo mas poderoso o numeroso. Si lo que espero de la ley es que proteja mi vida y mi libertad, deberá también proteger la vida y la libertad de los demás, y especialmente las de los más débiles. 

 

La naturaleza del acto médico  

 

Mediante un rápido examen de la medicina se observará que la actividad médica puede también ser corrompida en su propia naturaleza por la práctica del aborto. Veamos como puede suceder esto a partir de algunos ejemplos.  Los defensores del aborto afirman a menudo que, puesto que el aborto existe, vale más legalizarlo y convertirlo en un acto médico, con el fin de que se realice "en buenas condiciones". 

 

Ello es olvidar que un acto médico no se define por el empleo de instrumentos, medicamentos, instalaciones hospitalarias, ni por la puesta en práctica de conocimientos o técnicas ni tampoco necesariamente por el diploma universitario de que es portador el que lo realiza. El acto médico se define con su finalidad: salvar la vida o mejorar la salud. La persona que hace la respiración artificial a un accidentado realiza un acto médico; el médico que colabora en una tortura no realiza un acto médico. El que el verdugo sea relevado por el medico no basta para dar a un suplicio la calidad de un acto médico

 

Igualmente, el que el aborto sea realizado por un medico y que las técnicas empleadas se perfeccionen, no basta para convertir el aborto en un acto médico. 

 

Desde la maza a la bomba de neutrones, los hombres no han dejado de hacer "progresos" en el arte de matar a sus semejantes " en buenas condiciones". En 1941, los médicos SS de Auschwitz se felicitaban por haber "humanizado" la exterminación en sus campos: habían sustituido el óxido de carbono por un gas a base de cianuro. Las violaciones y los asesinatos se hacen siempre en malas condiciones (al memos para las víctimas): ¿quiere ello decir que habrá que crear centros donde dichos actos se hagan en "buenas" condiciones ( para los autores), bajo vigilancia medica?

 

¿Vamos hacia una mutación de la Medicina y el Derecho?

 

A la luz de estas consideraciones, se ve claramente que la legalización del aborto conlleva, a mas o menos corto plazo, una alteración substancial de la imagen pública de la medicina y la magistratura. No sólo los médicos y juristas se hacen cómplices en la eliminación de seres inocentes, sino que acaban muy pronto poniéndose ambos al servicio de un gobierno totalitario

 

Veamos primero cómo la legalización y la "medicalización" del aborto inician un cambio radical en la concepción del médico y de la medicina. El medico que invoca la legalización del aborto puede creer que esta sirviendo a su paciente al hacerla abortar, pero cabe interrogarse sobre su actitud. 

 

-          ¿Cabe decir todavía que este médico esta incondicionalmente al servicio de la vida desde sus comienzos? 

-          ¿No ha puesto su arte al servicio de las conveniencias de los mas poderosos?

-          ¿No sacrifica, por los intereses de éstos, la vida del más débil?

-          ¿No cabe el riesgo de que el médico ponga su arte al servicio de las conveniencias del Estado o de grupos dominantes? 

-          ¿No se convierte acaso en un mercenario preocupado no de proteger la vida y la salud, sino de servir a un jefe y no a un enfermo? 

 

Se sabe que existen hoy en día médicos que esterilizan, abortan, hacen "lavados de cerebro", torturan o practican la eutanasia activa. Asistimos a un cambio cualitativo esencial en la relación medico-paciente. 

 

Y lo que es mas, algunos estudios publicados recientemente muestran que algunos médicos proyectan asociarse al poder, participar en el mismo e incluso llevar a cabo una "gestión estatizada de la vida". ¿Contra quien se dirige esta tecnocracia medica?: ¿Contra las naciones llamadas desarrolladas?, ¿Contra el Tercer Mundo?, ¿Contra los pobres?.

 

De ahí la necesidad de que cada medico manifieste sin ambigüedad su posición en cuanto al respeto a la vida y su postura frente al poder político. Y la necesidad de que los médicos decididos a servir la causa de la vida de manera incondicional se unan a nivel nacional e internacional y organicen la resistencia cuando esta se imponga. 

 

Veamos ahora cómo amenaza con ser corrompida la imagen del magistrado. 

 

La legalización y "medicalización" del aborto anuncian un cambio radical del concepto de la magistratura y del juez. 

 

La experiencia demuestra que, en los países en que se ha legalizado el aborto, los jueces no tienen prácticamente posibilidad alguna de hacer respetar la ley. 

 

Y lo que es más grave, la mayoría de las legislaciones que autorizan el aborto transfieren al medico la competencia del juez. Estamos aquí en presencia de un nuevo caso de alienación: el juez es despojado de su función primordial, que es la de hacer respetar la vida humana, con anterioridad a la que hace respetar los bienes. 

 

Ello hace que los jueces estén actualmente mejor armados para proteger la propiedad, que la vida de algunas categorías de seres humanos. Si están "alienados", es decir, privados de su competencia para proteger al niño por nacer, estarán también desarmados cuando se trate de proteger la vida de los ancianos, de los incurables y de cualquier clase de gente "molesta".

 

Médicos y juristas: actores de la vida y de la libertad. 

 

Las conclusiones que se desprenden del conjunto de estas paginas serán muy breves. Hemos podido ver que médicos y juristas podrán convertirse en mercenarios sin escrúpulos, que ponen su saber al servicio de los intereses de los poderosos, de los ricos, de la raza, del Estado o de la Sociedad. Hoy como ayer, médicos y juristas pueden contribuir de manera eficaz a la instauración de un nuevo totalitarismo. 

 

Hemos visto el peligro que representaba la tendencia creciente a politizar de manera conjunta las actividades médicas y jurídicas. ¿Que significa aquí "politizar"? El médico se presenta como el conocedor de las leyes del "orden" y del "progreso" de la existencia humana en su dimensión biológica. Por ello, afirman algunos, debe contribuir al surgimiento de un hombre nuevo que mejorará la humanidad genérica, es decir la especie. El jurista, por su parte, lleva a cabo las "legitimaciones" de esta concepción de la medicina, poniendo de relieve los intereses superiores de los poderosos o los intereses soberanos de la sociedad. 

 

Con estas premisas, el médico y el jurista se ven obligados progresivamente a ponerse al servicio del cuerpo social, dejando de estar primeramente al servicio de las personas.

 

Toda la discusión que precede nos lleva pues a reafirmar lo que constituye el honor y la razón de ser de la medicina: el servicio de la vida humana, como es el honor y la razón de ser del derecho, el estar al servicio de la justicia. 

 

Si se quiere evitar un retorno a posibles desviaciones totalitarias, la sociedad ha de poder contar con unas leyes que protejan la vida humana. Estas leyes deben seguir siendo preventivas, disuasivas e incluso represivas. 

 

·        Preventivas, pues hay que prevenir una agresión irreparable contra una vida humana expuesta a ser eliminada por los poderosos. 

·        Disuasivas, pues hay que disuadir a la madre de tomar la decisión de abortar, y ofrecer otras soluciones eficaces y comprensivas. 

·        Represivas, pues en una sociedad democrática. todo atentado contra la libertad del prójimo, y con mayor razón contra su vida, debe ser sancionado, teniendo por supuesto en cuenta las posibles circunstancias atenuantes o agravantes. 

 Las leyes deben incluso proteger a la medicina contra la perversión de que puede ser objeto, ya sea bajo la presión de los mas poderosos y ricos, ya sea bajo la presión de la sociedad y del Estado. 

 

Ya se trate del derecho, de la medicina o de cualquier otra disciplina, la actividad científica es un comportamiento típicamente humano. En virtud ello, como todo comportamiento humano, los actos del jurista y los del medico están subordinados a normas morales. Como todo hombre, el universitario es un ser moralmente responsable. Hay que denunciar el mito de la ciencia llevado hasta el amoralismo científico. Sí no, se llegará rápidamente a una situación en que los universitarios sacarán argumentos de su saber y de su competencia para imponerse a los demás o bien se venderán a unos jefes que los utilizarán sin escrúpulos. En resumen, el gobierno humano no puede confiarse a una tecnocracia médica o someterse al positivismo jurídico. 

 

Una sociedad democrática es una sociedad en que médicos y juristas trabajan juntos al servicio del hombre. Bajo esta condición merecen ser reconocidos ambos como los pastores de la vida y de la libertad


 

Las trampas de la globalización

 

Entrevista de Michel Schooyans por Carlos Neuenschwander

 

1. ¿Por qué la bioética y la vida son temas de actualidad?

 

Lo primero que hay que señalar es que hoy en día ha habido un cambio radical en el contexto en que se plantean los problemas de bioética. El punto central sigue siendo el respeto de la vida humana. Pero lo que sucede es que cuando nos referimos a la problemática de hace unos 25 años, el problema se planteaba en términos de derogación. Así, por ejemplo, la ley francesa que legalizó el aborto en 1975 lo admitía como una excepción. Era una derogación al principio general sembrado a guisa de preámbulo, en el articulo 1° de la ley. Según este principio general, la ley protege a todos los seres humanos desde el inicio de la vida. Entonces el aborto era una excepción prevista por la ley. En inglés se diría "release", en alemán "Freigabe". Es como un permiso. Esa era la problemática de hace 25 años.

 

Hoy la problemática se ha deteriorado radicalmente desde que en los ambientes de la ONU se requiere, con insistencia cada vez mayor, que el aborto sea proclamado como un "nuevo derecho humano". Ya no se trata de una derogación, de un permiso, de una excepción, de un gesto que se tolera mas del cual se sabe en realidad que no es bueno. Ahora se trata de un "nuevo derecho", que, por cierto, no es el único, desde que también se promueve el "derecho" a la homosexualidad, a la esterilización, a la eutanasia, etc. De modo que la gran "novedad" es que ahora disponer de la vida de un ser humano en su pequeñez, en su inocencia, puede ser presentado como un "nuevo derecho" humano. La gran preocupación, a pocas semanas de la reunión Beijing 5 en Nueva York y a pocas semanas de la Asamblea del Milenio en setiembre, es que el aborto sea allí proclamado como un "nuevo derecho". Esto significaría una revolución funesta, fatal, desastrosa en la historia de los derechos humanos.

 

2. ¿Podría explicarnos porque la Santa Sede se opone a estos supuestos "derechos" que promueve la ONU?

 

Desde hace unos cuarenta años, a través de algunas de sus agencias especializadas, la ONU lanzó un programa internacional de control de la natalidad, nítidamente maltusiano. Entre estas agencias, figuran, por ejemplo, el FNUAP (Fondo de las Naciones Unidas para la Población); la OMS (Organización Mundial de la Salud); el Banco Mundial, el PNUD (Programa de las Naciones para el Desarrollo), y varias otras, incluso ONG como el IPPF. El punto focal de este programa es que, a través de su plan de acción, la ONU quiere proponer el control de la natalidad como una meta o condición previa — según ella — para el desarrollo de los pueblos.

 

Esta postura merece algunas consideraciones. Lo primero en lo que hay que ser enfático es que científicamente nunca ha sido demostrado que exista una relación entre el efectivo de la población de un país y el desarrollo. Hay países poco poblados que son desarrollados, como Australia, y otros poco poblados que son subdesarrollados, como es el caso de los países de África Central. Inversamente hay países muy poblados que son desarrollados, como Holanda, que tiene más de 400 personas por kilómetro cuadrado, y hay países muy poblados y subdesarrollados como el Bengladesh. Quiere decir que no hay relación entre las dos cosas; depende de cada caso.

 

Pero la ONU se comporta como si hubiera una relación determinante entre las dos cosas y dice a los países: "Controlen su población y van a desarrollarse". Pero los países pobres lo que necesitan son remedios, escuelas, saneamiento de las aguas, hospitales, etc. Recursos que realmente favorezcan su desarrollo y no un control de la población. La Iglesia no puede y no quiere aprobar, y mucho menos promover, una política de desarrollo basada en una mentira científica; en una hipótesis que nunca fue demostrada, es decir la ideología maltusiana.

Pero hay otro motivo por el que la Iglesia no puede admitir las posturas de la ONU. Resulta obvio que es poco simpático y poco admisible decir: "Los ricos debemos contener el crecimiento de las poblaciones pobres". Por lo tanto, se busca utilizar un lenguaje mentiroso, ideológico: el lenguaje de los derechos humanos: "Ustedes los pobres tienen derecho a la contracepción, al aborto, a la eutanasia. Estos son los "nuevos derechos" humanos. Nosotros, los ricos, queremos ayudarlos a ejercer este derecho nuevo y vamos a ayudarlos a desarrollarse mandándoles métodos anticonceptivos, dispositivos intrauterinos y aparatos para realizar abortos con equipos especializados...". La Iglesia no puede admitir este tipo de política.

 

Quisiera mencionar aquí una cosa que muchas veces no está siendo muy bien explicada al público: además de las consideraciones de ética privada, personal, la Iglesia se opone a estas campañas y prácticas por motivos de ética social, política. La Iglesia no puede permitir una explotación de los pobres y mucho menos una especie de colonización mental donde se dicta a los pobres lo que deben hacer o querer para su supuesto desarrollo.

 

3. Por lo tanto la Iglesia se opone porque defiende la dignidad de cada persona...

 

Exactamente, y en nuestra sociedad, en el contexto actual, esta cuestión de la dignidad de todo ser humano merece ser especialmente destacada. Cuando vemos los primeros años del pontificado de Juan Pablo II, vemos que el gran problema era entonces la negación de la dignidad de todos los seres humanos por parte del sistema comunista. Para éste, el hombre era apenas una rueda en la máquina productiva, en el Estado líder del Internacionalismo. El hombre era un instrumento al servicio del Partido y lo que valía en él era su capacidad de servir la Causa del Partido. Felizmente este régimen ha caído.

 

Gracias al impulso decisivo del Papa Juan Pablo II, conseguimos revelar la mentira de esa ideología; pero actualmente en el contexto de la ideología neoliberal encontramos una situación a primera vista muy diferente mas que en realidad es muy parecida. En el sistema neoliberal, lo que importa es que el hombre produzca, que sea un consumidor; el hombre vale lo que hace y lo que consume.

 

La dignidad humana no es honrada en ninguno de los dos casos. La Iglesia no puede admitir una visión totalmente utilitarista del hombre, que se sitúa perfectamente en la línea del liberalismo puro y duro de Adam Smith del S. XVIII, que pasa por Malthus, por Bentham y que continúa siendo muy peligroso en la actualidad.

 

Como Jesús, no podemos adherirnos sin discernimiento cuidadoso a las verdades que están de moda y que dominan una época. Y en este sentido, pienso que debemos redescubrir algunas frases del Evangelio donde Jesús aparece como una señal de contradicción. Los cristianos hoy debemos ser aquellos que proclaman que disponer de la vida del inocente es una cosa escandalosa; que eso trastorna el corazón humano y trastorna también la razón humana. El cristiano es aquel que no puede admitir la colonización ideológica por la que se considera como bueno lo que es malo y como verdadero lo que es falso.

 

4. ¿No se puede alcanzar la verdad a través de la mayoría?

 

La crisis que estamos viviendo es realmente una crisis de valores, es la crisis de la Verdad. Por eso considero que, además de varias otras encíclicas, una de las más importantes del pontificado de Juan Pablo II es la Encíclica Veritatis Splendor. Este documento toca la cuestión del relativismo: la verdad no puede resultar de un voto de la mayoría. La regla de la mayoría es una simple regla de funcionamiento práctico de una sociedad, pero no es una regla que puede proporcionar la verdad. Antes que se utilice esta regla de la mayoría, hay que reconocer, constatar ciertos valores fundamentales. Es a partir de estas constataciones, de las "declaraciones", que la regla de la mayoría podrá funcionar al servicio de los valores reconocidos. Es justamente lo que no hace la sociedad actual porque hace depender los valores de un voto.

 

5. ¿Cómo se vincula el tema de la globalización con estos desafíos?

 

Cuando en la actualidad se habla de "globalización" en realidad se está tocando dos temas. El de la "mundialización" y el de la "globalización" propiamente dicho. Yo quisiera distinguirlos — aunque estén muy ligados entre sí — pues me parece que la distinción ayuda a comprender con más profundidad este fenómeno de dos facetas. Ambos temas tienen en común el hecho de que el mundo se hace más pequeño y que las comunicaciones son más fáciles. Significan también que hay intercambios de todo tipo, cada vez más intensos y numerosos. Es un hecho que, en si, es neutro y incluso bueno.

 

Pero cuando uno habla de "mundialización" en general se insinúa que estamos caminando hacia un gobierno mundial, hacia una sociedad soñada por algunos autores o políticos famosos. Podría mencionar a unos de ellos: Zbigniew Brzezinski, consejero de varios presidentes de los Estados Unidos; Willy Brandt, que fue canciller de Alemania; o Jan Tinbergen, un holandés que ganó el Premio Nobel de Economía en 1969. Ellos desarrollaron esta idea de la mundialización. Con diversos matices, para ellos la época de las naciones soberanas ya pasó. Conviene que poco a poco la ONU se torne en un gobierno mundial y que sus agencias se transformen en los ministerios de este gobierno.

 

Esto es una cosa peligrosa, porque así como en los países hay regiones con características variadas y organizaciones de distintos tipos, así también las naciones tienen su identidad. Hay que respetar la diversidad de la familia humana, de las personas, de las comunas, de las provincias, de los países. No vamos a querer una especie de capa impuesta a todo el universo bajo el gobierno de un centro único de poder, de decisión.

 

Además, esta "mundialización" merece una atención mayor aún porque — como ya lo comentamos — las ideologías muchas veces sobreviven a los regímenes en los que se encarnaron. En concreto, en esta "mundialización" veo una nueva tentativa de instaurar la famosa "Internacional" soñada por los marxistas del siglo XIX. Los marxistas del siglo pasado (Lenin, Stalin, Mao Tse Tung, Castro, etc.) no consiguieron imponerla. Pero hoy día, con los ataques a las personas, a las familias, a los Estados, observamos una reviviscencia preocupante del internacionalismo de inspiración marxista, y esto podría llevar a una situación desastrosa.

 

La "globalización" es un poco la misma cosa, pero en la perspectiva de ideología liberal. El mundo es visto como un inmenso mercado que debemos integrar. El problema se da cuando a través del control de las cosas, de las materias primas, de las industrias, etc. se llega al control de los hombres. Este es el peligro de la globalización: al controlar, a través de un centro de decisión mundial, todo el sistema económico, desde la materia prima hasta la producción más sofisticada, se acaba controlando toda la comunidad humana, incluso la producción de la ciencia y de las técnicas. Esto abre una perspectiva terrible porque en una sociedad que se globaliza bajo la inspiración del liberalismo desmedido, son necesariamente los más "vivos", los más poderosos — económica, técnica y científicamente — los que van a explotar a los pequeños. Y se va caminando en este proceso hacia una jerarquización de la humanidad donde habrán hombres que, en la mejor de las hipótesis, serán capaces de extraer minerales, producir plantas, etc., encima de los cuales habrán otros capaces de hacer una primera transformación industrial. Pero los mas dotados y astutos van a ser aquellos que aplican una plusvalía muy alta a productos naturales. Se podría llegar a un sistema que paralice la movilidad entre las naciones y al interior de las naciones fijando, petrificando, por así decirlo, a los pobres en su situación de pobreza, imposibilitando la salida de la pobreza y "legitimando" la explotación de los más pobres bajo el rótulo del mercado o de la libre circulación de los bienes.

 

6. ¿Cómo explica la asociación de ciertas teologías con el feminismo, la ecología u otras agendas relacionadas a las políticas de la ONU, y con el problema de la globalización en los términos en que los ha descrito ahora?

 

La cuestión del feminismo, o la cuestión del género, se tornaron cruciales y ambas son motivo de muchas preocupaciones. Desde la conferencia de Beijing en el 95, estos temas aparecen en todas las reuniones de la ONU. Se trata de una reinterpretación de la lucha de clases. Marx tenía un colaborador, Engels, el cual dio una interpretación de la lucha de clases distinta de la de Marx. Para Marx la lucha de clases opone el capitalista y el proletario; pero para Engels es primordialmente la lucha que opone al hombre y a la mujer en el matrimonio monogámico. Conviene, por consiguiente, acabar con el matrimonio monogámico, y liberar a la mujer de los cargos de la familia, de la maternidad, del marido, etc. para que pueda dedicarse a la producción en la sociedad industrial.

 

Esta temática reaparece hoy. Se dice que los papeles del hombre y de la mujer son el producto de una historia, de una cultura. Los dos tienen papeles que son intercambiables. Las diferencias genitales entre el hombre y la mujer no tienen significado real, tanto es que cada uno puede escoger su sexo.

 

Entonces las feministas actuales desarrollan mucho esta temática para decir que las mujeres deberían librarse del peso de la maternidad, de la familia, del marido, etc. a fin de afirmar su libertad. El matrimonio, la unión sexual monogámica y heterosexual, serian apenas uno de los casos de unión sexual. En realidad habría muchos otros tipos de unión: homosexuales, lesbianas, familias monoparentales, travestismo, etc. Habría varios "modelos" de uniones y uno, entre muchos otros, sería la unión heterosexual monogámica.

 

El matrimonio así pierde su carácter específico y único. Podemos ver ya una afirmación provocadora de este tipo de mentalidad en el PACS (Pacto de asociación civil y de solidaridad), que fue aprobado en Francia. En realidad, es una manera de rebajar al matrimonio, aprovechando todas las ventajas civiles del matrimonio pero sin ninguno de sus apremios o obligaciones.

 

Este tipo de feminismo es espantoso porque justamente diluye la identidad y especificidad femenina. Así mismo, esta ideología del género tiene adeptos incluso dentro en la Iglesia. Se conocen algunos casos de religiosas que militan en esta línea. Infelizmente, estas mujeres no se dan cuenta que son "inocentes útiles". No perciben que se trata de una ideología desarrollada en el ambiente de la ONU, que en realidad desprecia a la mujer, la destruye y además destruye lo más bonito que la mujer tiene: su capacidad de hacer que las relaciones de amor prevalezcan sobre las relaciones de fuerza. De hecho, desde la noche de los tiempos, las mujeres tuvieron el cuidado de proteger su ventaja comparativa fantástico: transmitir y proteger la vida con amor.

 

Este es el privilegio de la mujer; el privilegio de la bondad, de la maternidad, de la ternura, de la belleza. Mentalmente reprogramadas por la ideología del género, las feministas radicales se alienan de la ventaja comparativa inherente a su identidad. Estas mujeres se auto-deprecian; a veces llegan a descuidar de su hermosura; se auto-destruyen y acaban favoreciendo la homosexualidad.

 

7. ¿Esta ideología feminista del género tiene una relación con la ecología?

 

El tema de la ecología también es muy importante; es típico del New Age y rechaza totalmente el antropocentrismo cristiano y de la tradición occidental. De acuerdo con esta tradición, el hombre emerge del mundo ambiente; es un ser creado, encarnado, pero tiene un estatuto específico, una capacidad de raciocinio, una voluntad libre. Es imagen de Dios, lo que las otras criaturas no son. Al hombre fue confiada la tierra para que sea buen administrador de la creación gracias a su trabajo, a su inteligencia, a su sociabilidad. Pero de acuerdo con la ideología del ecologismo radical, somos una partícula en el universo, un mero producto de la evolución, un ser efímero. Así como aparecimos, vamos a desaparecer definitivamente y a reintegrar este mundo ambiente del que salimos.

 

Lo que se está poniendo aquí en cuestión es el estatuto único del hombre en el mundo y en la historia. El hombre es interpretado desde una perspectiva monística, panteística. En este caso, la única ética que se impone al hombre es inmanentista y fatalista: si somos una partícula en el medio ambiente, debemos conformarnos a esta situación, y si esta lo exige, vamos a sacrificar hombres a la supervivencia del medio ambiente. Es la temática del "desarrollo sostenivel" ya desarrollada en Río de Janeiro en 1992 en la reunión "Cumbre de la Tierra". Pero es una ideología que sigue desarrollándose y que somete al hombre al medio ambiente. La ética aparece como una sumisión a la madre Gaia, la tierra endiosada.

 

Con este tipo de determinismo ético, el hombre debe admitir su situación de mortalidad definitiva e integral. No hay otra perspectiva de una vida fuera de la vida que conocemos en la tierra. Estamos encerrados en este mundo que nos oprime y debemos aceptar lo que dicen y piensan los que supuestamente entienden este medio ambiente. Por eso hay bromistas como Jack Cousteau, que, junto con varios ideólogos de este tipo, recomiendan la eliminación de 3 o 4 millones de habitantes de la tierra, justamente para que no haya "contaminación", porque el hombre es el mayor "contaminador" y predador. Mas solo locos pueden querer construir una sociedad humana basándose en una antropología suicidaría.


 

La Nueva Revolución Cultural y la Globalización

 

Fundación Universitaria San Pablo - CEU. V Congreso Católicos y Vida Pública.  Madrid, 14-16 de noviembre de 2003-10-23. La Nueva Revolución Cultural y la Globalización . Ponencia por  Michel Schooyans.  Catedrático emérito de la Universidad de Lovaina


Es para mi un gran honor así como una alegría participar en el quinto congreso organizado por el movimiento Católicos y Vida Pública y consagrado al tema de la cultura. Permítanme decirles también, desde esta entrada en materia, lo feliz que estoy de encontrarme en el corazón de
la Nación que dio un brillo sin igual a la filosofía política y que dio nacimiento al derecho internacional. Pues es en vuestra tierra, queridos amigos, que nació el primer gran teórico de la globalización, Francisco de Victoria, cuya estatua ocupa el lugar que debe, en Nueva York, en los jardines de la ONU.


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Adivino cuán fuerte es vuestra voluntad de comprometeros a fondo, según modalidades diferentes pero complementarias, en la vida pública. Sabéis que el testimonio del cristiano no puede limitarse a la esfera de la vida privada. La era en que algunos preconizaban el enterramiento del catolicismo, su expulsión de la vida pública, ha terminado. Los desafíos a los que nos enfrentamos son numerosos y nos impiden quedar dormitando. Estos desafíos tienen por nombre: secularización, laicización, paganización, y, el peor de todos: deshumanización.


Los efectos nefastos de estos desafíos (no me atrevería a decir de esta cultura) aparecen de manera evidente en la caída dramática de la fecundidad en todas partes del mundo, pero especialmente en los países de gran tradición católica como España. Raramente ha sido tan acuciante la invitación dirigida por San Pedro: "Estad siempre preparados para presentar defensa de la esperanza que hay en vosotros" (Cf. 1 P 3, 15). Para responder al llamado que Pedro nos dirige, para aportar alegría y esperanza al mundo actual, vamos a examinar la relación entre cultura y globalización. En primer lugar expondremos la significación de estos términos; luego examinaremos sus relaciones. Terminaremos con algunas sugerencias con vistas a la acción.

El hombre, autor y destinatario de la cultura


En cuanto se habla de cultura, somos remitidos al trabajo de la tierra. El hombre aprendió a cultivar la tierra para recoger los frutos. A partir de este sentido fundamental, la palabra cultura evoca, de manera figurada, el cuidado dado a las actividades humanas.


Componentes interactivos


Se habla entonces de cultura intelectual, artística, espiritual, etc. Se dirá así de una persona que es culta, que desarrolló sus talentos musicales. Al aprender a tocar un instrumento, ella desarrolló su cultura musical. Se dirá de otra que cultivó sus disposiciones para las matemáticas, que siguió cursos con ese fin. Tomado en el sentido figurado, la palabra cultura concierne pues al sujeto, y remite a la educación, al aprendizaje, a la formación de éste.


Pero -siempre en sentido figurado- la palabra cultura se reviste también de un sentido objetivo. Concierne entonces un patrimonio intelectual, artístico, espiritual, etc. entrojado en una sociedad dada. Este patrimonio no es dado inmediatamente; es adquirido, construido, enriquecido, transmitido. La cultura aparece aquí como un conjunto caracterizado por la interactividad de los componentes, entre los cuales podemos señalar un conjunto de tradiciones, de conocimientos, de instituciones, de maneras de actuar y de pensar, de valores morales y religiosos, etc. Tomada en estos términos, la cultura se inscribe en el tiempo, en la duración; implica memoria y continuidad. Pero ella se inscribe igualmente en el espacio.

 

No todas las culturas honran en el mismo grado ni de la misma manera los componentes que acabamos de mencionar. Los valores son honrados diferentemente según las culturas. Tal cultura es más atenta a la libertad; tal otra a la igualdad. Tal es más especulativa; tal otra es más técnica. Tal defiende los derechos del hombre en las constituciones; tal otra los defiende por la jurisprudencia. 

 

Se observa pues que toda cultura recoge el producto de la actividad específicamente humana. Pero cada cultura es también el lugar de la superación, de la inventividad de los miembros de un grupo dado. La cultura ocupa un lugar de primer rango en la definición de la identidad del grupo en cuestión. 


Artesano por excelencia de toda cultura, y al mismo tiempo beneficiario: la persona humana, capaz de expresarse frente a los otros, de ser comprendido, de comprenderlos, de deliberar, de proyectar. El lenguaje aparece aquí como un componente esencial de la cultura, al mismo tiempo que es un canal privilegiado de la comunicación entre las culturas. Además, la cultura adquiere visibilidad gracias a las obras en las cuales ella se expresa. Ella se manifiesta en las instituciones, por ejemplo en el derecho. Encuentra su reflejo en las artes. Se concretiza en las ciencias y en las técnicas. Se transmite por las redes educativas y proporciona ella misma una formación continua. 


Detengámonos un poco en algunas instituciones que contribuyen de manera decisiva a la edificación de la cultura. 


La "república" en miniatura


En primer lugar, la familia. Los Romanos reconocían en esta institución natural el principium urbis, el seminarium rei publicae. La familia es la cuna del derecho, y esta lenta emergencia de un derecho civil debe mucho a la madre, que organiza la vida cotidiana del hogar. Debe mucho también a los pedagogos. Sin olvidar el papel del padre, hay que constatar que es en la pusilla res publica que es la familia que el niño es introducido en una cultura que ya está allí, de la cual él va a ser embebido como por ósmosis. En la familia, el niño recoge los conocimientos básicos, pero es también formado en las virtudes que harán de él un hombre sociable, un buen ciudadano, un buen padre, capaz en todo caso de hacer un uso responsable de la libertad. Toda la educación de la persona está por tanto basada en la recepción de una cultura preexistente a la persona. Ahora bien, la recepción de esta cultura no es en modo alguno un proceso pasivo; no es una simple "acumulación" bancaria, un apilamiento de conocimientos inertes. Es siempre también tradición, transmisión. Cada uno es llamado a ser, en sentido fuerte, autor de cultura, es decir a aumentar, por un aporte original, el patrimonio cultural de la comunidad.


La filosofía y la sicología contemporáneas refuerzan esta visión. En la construcción de su identidad personal, el ser humano se hace varias preguntas: ¿Quién soy? ¿Quiénes son mis padres? ¿En qué medio nací? La familia es aquí el primer lugar de referencia donde el niño, luego el adolescente descubren, de un mismo movimiento, su identidad y su diferencia. Pero es también el lugar donde aprende a asociarse y a actuar en conjunto, a imprimir una marca humana al mundo ambiente, a organizar la vida social, a abrirse a la verdad, a la belleza, a la justicia, a la trascendencia.


La familia aparece así como el núcleo original no solamente de donde parte toda cultura sino donde se arraiga la posibilidad misma de toda cultura. Ella es, como se ha dicho, "la célula asociativa de mayor proximidad". La destrucción de la familia sería pues una catástrofe para la cultura en general y para las culturas particulares. Más aún, esta destrucción conduciría al totalitarismo, que, destruyendo la familia, destruye también el yo personal y agota la vitalidad cultural de las sociedades que ele acomete.

 

Expresión política de la cultura


Es cierto que la familia no podría ser, por ella sola, foco de cultura; ella no puede prescindir de múltiples asociaciones. Éstas pueden formarse a partir de familias, pero nacen también a partir de centros de intereses que reúnen a los hombres alrededor de los aspectos más diversos de la vida humana. En el marco limitado de esta comunicación, fijaremos nuestra atención sobre las asociaciones políticas en tanto que éstas son beneficiarias de cultura y actuantes a nivel cultural.


Históricamente, el pasaje de la vida rural a la vida urbana dio un remarcable impulso al desarrollo de la vida cultural. La ciudad y la organización de la comuna se tornan el lugar donde personas y asociaciones descubren sus diferencias al mismo tiempo que su interdependencia. Lo mismo ocurre al nivel de las naciones. Como las ciudades y las comunas, las naciones son los lugares donde los hombres se socializan y se descubren solidarios. Es allí que los hombres aprenden a debatir, a deliberar, a concertarse, a colaborar.

 

Estas experiencias se hacen en el marco de unidades territoriales que se integran a lo largo de la historia.


Intersubjetividad e intencionalidad


Hemos visto hasta ahora que las múltiples expresiones de la cultura subjetiva de los hombres daban nacimiento a expresiones objetivas muy numerosas y a asociaciones que se asignan como fin, precisamente, cultivar segmentos particulares de la actividad humana. Hay por tanto un intercambio constante entre la cultura en el sentido subjetivo y la cultura en el sentido objetivo. Podríamos entonces decir que la cultura es la traducción viviente de la inter-subjetividad. Las obras de los hombres son siempre hechas para otros hombres, que son enfocados y alcanzados por todo tipo de mediaciones. Y esta intención, esta apertura a los otros hombres se hace siempre según dos ejes. Según el eje sincrónico, pues por mi obra yo enfoco a mis contemporáneos, y en mi obra acojo sus obras. Según el eje diacrónico, pues yo acojo las obras de mis predecesores y las supero al reactivar sus intenciones y al desplegar mi fidelidad creadora con respecto a su obra. La cultura es pues siempre una realidad bien viva.


Nivel de verdad, escala de valores


Ahora bien, no podemos perder de vista que, para que sea auténticamente humana, la obra cultural debe tener en cuenta la existencia de niveles de verdad y de una escala de valores. La reflexión filosófica es aquí esencial, precisamente porque ella se interesa en los valores morales, en los valores universales, en los valores que merecen ser deseados por ellos mismos. Ella ofrece criterios que permiten distinguir valores que son del orden de los medios, y otros que son del orden de los fines.

 

Es así que la epistemología ronda, por ejemplo, el nivel de verdad alcanzado por las ciencias físicas. Es así también que la antropología filosófica puede establecer la dignidad inalienable de toda persona humana. Ningún ser humano puede ser reducido a la condición de medio, ser manipulado física o sicológicamente. El cuerpo del ser humano no es disponible, como tampoco puede ser manipulado su yo psicológico. Cuando una cultura pierde de vista la centralidad de estas referencias fundadoras de ella misma, entra en un proceso que pone gravemente en peligro su identidad, su calidad y su existencia.


No es menos evidente que los valores religiosos, especialmente los valores religiosos cristianos, dan siempre lugar a una enseñanza moral cuyas implicaciones son considerables a nivel de la cultura y de las culturas. El jurista holandés Grotius (1583-1645) fue el primero a querer retirar a Dios del derecho, del "derecho natural", de la vida política y de la relaciones internacionales..

 

A pesar de la ceguera rabiosa de ciertos tecnócratas reinando en los talleres de la Unión Europea, todas las culturas europeas están impregnadas de cristianismo, y Europa no podría comprenderse, y menos aún construirse, sobre un postulado negando la evidencia del tejido cristiano constitutivo de su identidad. Al indicar al hombre que tiene deberes para con Dios y para con los otros, al mostrar la significación de sus obras, al revelar al hombre el fundamento último de su dignidad, el cristianismo recoge y lleva a su punto de incandescencia la regla de oro que ata todas las grandes culturas humanas y que, sola, puede dar su sentido último a los proyectos de globalización.


El providencialismo autoritario del Estado


Como ya lo insinuamos, la cultura es un elemento constitutivo de la sociedad civil. Bajo esta última expresión, se reagrupa una gran variedad de asociaciones que emanan de la iniciativa de los miembros de una sociedad dada. La iniciativa de fundar estas asociaciones no parte del Estado; ellas son la expresión de una sociedad culturalmente identificada, anterior al Estado, pero que puede legítimamente aspirar a dotarse de una organización política. Es la sociedad civil que se dota de una organización política a fin de mejor asir y proteger su identidad, de situarse frente a otras culturas y frente a otras sociedades civiles. La entrada en sociedad política, lejos de asfixiar el patrimonio cultural de una sociedad civil particular, debe por el contrario proteger a éste y crear las condiciones que favorezcan su completo desarrollo.


Concretamente, es al Estado que incumbe esta tarea. Ahora bien, en tanto que sociedad política, el Estado tiene un papel subsidiario; es puramente funcional. No tiene ninguna realidad concreta distinta de la sociedad civil que lo llama a la existencia. Es esta sociedad civil que instituye la sociedad política, organiza el Estado. Designa aquellos que son investidos de poder, controla el funcionamiento de las instituciones y el poder ejercido por los mandatarios. Corresponde a la sociedad política aportar algo más al conjunto de iniciativas culturales que emanan de la sociedad civil. El Estado debe ayudar a las asociaciones culturales a ejercer bien su misión, y no reemplazar a ellas. Y para llegar a ejercer bien esta misión, el Estado debe velar por el bien común, del cual la cultura es un componente esencial. Se sigue que el Estado debe promover los valores superiores, de orden moral y de naturaleza universal, sin los cuales la sociedad cae en la anarquía o en el estatismo totalitario -desliz este observable en varios países "democráticos".


Contra una cierta tradición europeo-occidental que quiere que el Estado dirija, regente la sociedad civil y todos sus componentes culturales, hay pues que sostener solidamente que el Estado se extralimita cuando cede al prurito del providencialismo autoritario y pretende imponer - particularmente por la enseñanza - su voluntad en la definición de los valores morales. Con más fuerte razón excede sus competencias cuando, bajo pretexto de laicismo sectario, finge ignorar el precio que la sociedad civil atribuye a la dimensión religiosa de su cultura. Obviamente, estas reservas valen tambien para
la ONU y la Unión Europea.


Globalización y gobernancia mundial


Las reflexiones precedentes llaman muy naturalmente a un desarrollo sobre la globalización. Este término tiene su origen en la lengua angloamericana, pero ha sido incorporado en las lenguas latinas, en las cuales -simplificando- es prácticamente sinónimo de mundialización.

 

 

Actualidad de una idea antigua


La idea de globalización no es del todo nueva. Está presente desde
la Antigüedad con el cosmopolitismo helenístico, el proyecto imperial de Alejandro el Grande, la "Pax Romana", sin olvidar la experiencia imperial china. Desde siempre, los hombres han reconocido su interdependencia; han procedido a intercambios o a conquistas; han intentado integrar las sociedades o subyugarlas. En Roma, en el final de la República y principalmente bajo el Imperio, el estoicismo y el epicureismo intentaron desmovilizar políticamente a los miembros de la Ciudad, a fin de dejar campo libre a los gobernantes alejados de sus bases, incontrolables e irresponsables.

 

Encontramos estas dos características en los proyectos actuales de globalización: poder concentrado, distante, inasequible; hombres y mujeres exaltados en su individualidad y su hedonismo, pero tenidos apartados de la participación política


Las tentativas actuales de organizar una sociedad mundial tienen pues sólidas raíces históricas. Antiguamente como hoy, estas tentativas emanan unas veces de motivaciones más bien políticas; otras más bien de objetivos económicos. Hoy día, cuando se habla de globalización, se tiene en primer lugar en cuenta dos grandes modelos. De una parte, el modelo liberal, que ve la globalización en términos de hegemonía mundial de un país o de un grupo de países. De otra el modelo socialista, que es internacionalista. En los dos casos, el hombre corre peligro de ser alienado, políticamente paralizado, tenido apartado del poder.


Queda que el mundo actual tiende hacia una mayor unidad, hacia una mejor integración. Son indispensables nuevos instrumentos, nuevos elementos de concertación. Pero esta globalización no puede hacerse a cualquier precio. No puede hacerse al precio de una desactivación de los Estados, ni de un enjaulamiento de los ciudadanos en la licencia y el consumo. Digámoslo pronto: los proyectos globalistas de
la ONU y de la Unión Europea tienen de que preocupar.


Valores y verdad


Salta a la vista que actualmente no existe felizmente ninguna cultura única que se extendería al mundo entero. Existen por cierto innumerables pasarelas entre las culturas. Tampoco se pueden ignorar los esfuerzos para que las culturas se encuentren y para que ellas se beneficien de sus aportes recíprocos. Asimismo sería por lo menos prematuro anunciar la emergencia inminente de una sociedad civil mundial. Esta sociedad sólo podría fundarse sobre el reconocimiento universal de valores morales superiores. Es sobre la base del reconocimiento, por todos los Estados, de estos valores morales que
la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948 intentaba fundar las relaciones internacionales y la comunidad mundial. La adhesión de los Estados particulares a estos valores morales dejaba el campo libre a las culturas, a las sociedades civiles y a las naciones.


Se puede por tanto afirmar que el primer gran proyecto contemporáneo de globalización nació inmediatamente después de
la Segunda Guerra Mundial, y que fue propuesto en el marco de la ONU en dos documentos esenciales: la Carta de San Francisco (1945) (de la cual no hablaremos en esta comunicación) y la Declaración de 1948. Ésta procura honrar verdades esenciales concernientes al hombre. Ella reconoce que el respeto de los valores morales, e incluso de los valores religiosos, es la condición previa al diálogo y al encuentro de las culturas. Más precisamente, no hay lugar para una cultura política si los derechos fundamentales del hombre son escarnecidos: derecho a la vida, a la libertad de expresión, a fundar una familia, a asociarse, a elegir una religión, a trabajar, etc.

 

 

Invertir la visión del hombre


Sin embargo actualmente se observa que
la ONU tiende a instaurar una concepción de la globalización que es incompatible con una cultura política que valorice la persona, la familia y la sociedad civil. A pesar de los innumerables desengaños que sufrió, y que hipotecan su credibilidad, la ONU esconde cada vez menos su tendencia a poner en pie un gobierno supra-estatal, y a colocarse como titular de una "gobernancia mundial". Hace cada vez menos referencia a la cultura política que inspiró a los redactores de la Carta de 1945 y especialmente de la Declaración de 1948. Se comporta como si hubiese recibido en misión poner en pie un súper-poder mundial cuya voluntad se expresaría en nuevos instrumentos jurídicos llamados a ser apremiantes.


La globalización tal como
la ONU la pone en práctica se caracteriza por un rechazo del antropocentrismo de 1948, así como por una limitación creciente de la soberanía de las naciones. La ONU promueve desde ahora los derechos de la Tierra. Su proyecto de Carta de la Tierra, en vía muy avanzada de redacción, significa que esta organización internacional a emprendido una nueva revolución cultural. A los ojos de la ONU, es el hombre que debe cambiar y ser cambiado. La visión que él tiene de él mismo debe ser dada vuelta. En el Gran Todo en que se encuentra, el hombre debe aceptar su sumisión a los imperativos de la Madre Gaia. Toda su obra cultural debe ser reconsiderada fundamentalmente, pues lo que tiene la primacía, no es más el hombre sino el Holos, el mundo material ambiente de donde él procede por evolución puramente material y en lo cual él está condenado a desaparecer definitivamente en el momento en que muera. El horizonte de esta "cultura" es la muerte.


Así, toda la obra científica y técnica del hombre se encuentra radicalmente cuestionada. El hombre no es más el gerente responsable de un medio ambiente que él está llamado a humanizar. Es por el contrario el más temible de los predadores y su población, como toda población de predadores, debe ser estrictamente controlada, clasificada y planificada teniendo en cuenta las supuestas obligaciones del "desarrollo sustentable". Más aún, el hombre debe ser fabricado, hasta clonado, para responder mejor a los criterios cualitativos y cuantitativos fijados por tecnócratas según los criterios holísticos.


En esta odisea del espacio, la familia está forzosamente condenada a desaparecer, pues es necesario no solamente que sea controlada la transmisión de la vida humana, sino que es necesario igualmente destruir la comunidad primordial, en la cual el hombre y la mujer desarrollan y transmiten, con la vida, la cultura que ellos mismos han recibido. El arte mismo, lugar por excelencia de la libertad creadora, debe ser colocado al servicio de un proyecto delirante donde es sacrificada la libertad del hombre.


La sovietización de la cultura


Nos falta tiempo para detallar la exposición y la crítica de esta nueva revolución cultural elaborada minuciosamente en
la ONU y en una miríada de ONG, por los ideólogos de este monismo panteísta que no tiene precedentes en la historia. Según este proyecto, el hombre no es más una persona, un ser capaz de relaciones, llamado a la reciprocidad, a la exterioridad y al amor, abierto a los valores morales y trascendentes. Le hace falta una policía de los cuerpos, de los corazones, de las inteligencias y de las almas.


Citemos en desorden algunos temas que ilustran este proyecto de destrucción cultural cuyas grandes líneas aparecen en particular en
la Carta de la Tierra: nuevo paradigma de la salud, salud de la Tierra y del cuerpo social (Organización Mundial de la Salud); nueva ética sexual; de-responsabilidad de los padres (UNICEF); control de la población (FNUAP); erosión de la soberanía de las naciones, ingerencia en los asuntos internos de las naciones, intervención en las naciones "rebeldes" (CEDAW [Convención y Protocolo para la eliminación de toda discriminación contra la mujer], Alto Comisariato para los Derechos Humanos); pacto económico mundial, control de las ciencias y de las técnicas (Millenium); religión mundial única (Iniciativa de las Religiones Unidas); educación inspirada por la Carta de la Tierra (UNESCO), etc.

 

En suma, asistimos a un dominio sobre todos los sectores esenciales que constituyen el tejido de toda cultura. Atrevámonos a la palabra: estamos en presencia de una sovietización de la cultura. Se sigue que el surgimiento de una sociedad civil mundial es en lo sucesivo imposible, pues la ambición de controlar toda la vida cultural es esencial al proyecto onusiano de globalización. El modelo subyacente a esta ambición es un remake, un refrito del internacionalismo marxista. 


Consenso y negociaciones


Para concretizar y consolidar su proyecto globalizador,
la ONU está poniendo en pie un sistema de derecho internacional totalmente positivista. Este proyecto encuentra su inspiración en la obra del jurista Hans Kelsen (1881-1973). Se fundamenta en un escepticismo, un relativismo, un agnosticismo radical. La Declaración de 1948 estaba fundada sobre verdades delante de las cuales uno se inclinaba, sobre valores morales que se reconocían. Estas cuestiones de valores, estas cuestiones de antropología, en lo sucesivo no tienen más pertinencia. Se procede como en derecho comercial: los "nuevos derechos del hombre" son negociados; ellos proceden del consenso, sin referencia a la verdad. Dan lugar a pactos y a convenciones. El aborto, la eutanasia, las uniones homosexuales, la repudiación, el eugenismo, el infanticidio, el canibalismo se transformaron o están a punto de transformarse en "nuevos derechos del hombre". Las "recomendaciones" y sobretodo los tratados internacionales presentados como normativos, una vez ratificados, adquieren fuerza de ley en los Estados.

 

Aspirando a la gobernancia mundial, el centro de poder onusiano se auto-legitima al legitimar el "nuevo orden internacional", y valida los Derechos estatales. La referencia a los valores morales es expulsada de las relaciones internacionales y del derecho. En cuanto a la religión, se le pide esconderse en la esfera de la vida privada.

 
Para complementar un Tribunal penal internacional es instaurado, teniendo en sus competencias las denuncias contra quienquiera que, persona o institución, impugnaría esta fuente de derecho así como esta visión de "nuevos derechos del hombre".


Las equivocaciones de la Unión Europea


Lamentablemente hay que constatar que
la Unión Europea se metió en el camino de las mismas equivocaciones. Bajo una forma u otra, todos los extravíos que acabamos de mencionar a propósito de la ONU se encuentran en los proyectos de la Unión Europea.

 

Para convencerse, alcanza con ver la jactancia con la cual los eurócratas arrogantes y desprovistos de representatividad quieren excluir de la constitución europea toda referencia cristiana; basta tomar conocimiento del Informe Van Lancker sobre la salud y los derechos sexuales y genésicos, o bien del Informe Sandbaek sobre la proposición de reglamento del Parlamento europeo y del Consejo concerniente las ayudas destinadas a las políticas y a las acciones relativas a la salud y a los derechos en materia de reproducción y de sexualidad.

 

El primero de estos informes concierne la Unión Europea y los países candidatos a ella; el segundo concierne la "ayuda" de la Unión Europea a los países en desarrollo.

 

 

La movilización


Las "Luces" anticristianas


Al término de nuestro análisis, aparece que la globalización tal como es puesta en práctica en el plano internacional postula la nueva revolución cultural para la cual
la ONU y la Unión Europea están trabajando activamente. Esta nueva revolución cultural es más disimulada y más destructiva que la lanzada en 1966 por Mao Tsé Tung. Ella vacía al hombre de su humanidad, y sus promotores quieren imponer a todos una y solo una cultura, la cultura de las Luces, aquella del Iluminismo anticristiano y masónico. Ni como hombres, ni como cristianos, podemos aceptar esta pretensión tendiente a hacer de una cultura particular -por lo menos criticable- una cultura global unidimensional y obligatoria para todos.


Para que un proyecto aceptable de globalización pueda desarrollarse, hay que se negar a "hacer del pasado tabla rasa". Hay que rechazar la idea según la cual las culturas antiguas y tradicionales estarían condenadas a ser descartadas de la historia para hacer lugar a una "nueva cultura" haciendo pasar del "oscurantismo" a lo que es en realidad una ideología neo-cientificista. Sólo hay cultura allí donde hay memoria, continuidad e intercambios. Sólo hay cultura allí donde el hombre es respetado en su razón, su libertad, su sociabilidad.

 

Construir una sociedad global humana y humanizante implica por lo tanto ciertas tareas prioritarias dignas de movilizar a los cristianos.


No a la globalización de la pobreza


No hay cultura posible sin el reconocimiento y la promoción de la igual dignidad de todos los hombres. Para que pueda emerger poco a poco una sociedad civil mundial, todos los hombres deben poder participar -en el sentido de tener parte en, de aportar su parte- a estos bienes que son la instrucción, la educación y la cultura. Hoy día, la cara de la mayor pobreza aparece debajo de la línea que separa, por un lado aquellos que saben y tienen acceso al saber, y por otro aquellos que no saben y no tienen acceso al saber.

 

Es absurdo y deshonesto hacer brillar una concepción de la globalización que oculta la tabiquería actual escandalosa entre una sociedad donde sólo la pobreza es globalizada, y una sociedad alérgica al compartir. Como lo subraya Amartya Sen, Premio Nobel de Economía (1998), el déficit educativo y cultural es una de las grandes causas de la debilidad de la sociedad civil y por lo tanto el mayor obstáculo a la democratización.

 

Capital humano, capital cultural


Entretanto, la prioridad absoluta debe ser dada a la cultura de la familia, al culto de ésta. A pesar de la denigración de la cual es objeto la familia, que es heterosexual y monogámica, la institución familiar es cada vez más honrada en las investigaciones contemporáneas. Ella es por excelencia le crisol donde nace, se recibe y se transmite toda cultura. Ella es el lugar donde se cultivan y se transmiten los valores esenciales inherentes a toda cultura auténtica. Gary Becker recibió el Premio Nobel de Economía en l992 por haber medido y demostrado el papel de la familia en la formación del capital humano y en consecuencia del capital cultural.

 

Un capital -conviene precisarlo- que no es sólo útil en una sociedad de producción, sino que es deseable en si, debido a la dignidad sin igual del hombre en el mundo creado. En esta formación, el papel de la madre es decisivo, ya que Gary Becker demostró que, con su trabajo, la madre de familia contribuye con más del 30 % al producto bruto interno de una nación. Un proyecto de globalización que debilitaría la realidad de la familia y el papel de la mamá anunciaría el naufragio de la persona y de las culturas. Este proyecto privaría a la sociedad civil de su primera comunidad de base: la comunidad familiar, y desembocaría en el totalitarismo.

 

Globalización-des-centralización: sin antinomia


Así como todo proyecto de globalización debe respetar a la persona y a la familia, debe igualmente respetar a las naciones. Es inadmisible que un proyecto de globalización emane de un centro de poder mundial autoproclamado y, por tanto, de legitimidad sospechosa. La diversidad de culturas, y con ésta la diversidad de las naciones, constituye una de las más grandes riquezas de la sociedad humana. Esta pluralidad da lugar a sociedades civiles con identidades diferenciadas.

 

Estas sociedades civiles se otorgan organizaciones políticas e instrumentos jurídicos propios, destinados a manifestar su autonomía. Sin duda, una vez organizada políticamente, la sociedad civil, dando luz a la sociedad política, puede admitir delegar un segmento de su poder político no solamente al Estado, sino también a organizaciones internacionales. Sin embargo, la diversidad de hombres y de culturas exige el respeto de las identidades nacionales, una cierta fragmentación del poder al interior como al exterior del Estado, un control efectivo ejercido por los ciudadanos sobre el Estado y por los Estados sobre las organizaciones internacionales. En resumen, es engañar a la opinión pública insinuar que hay antinomia entre globalización y descentralización.

 

Devolver la esperanza al mundo


Finalmente hay que reconocer el papel capital que la religión cristiana está llamada a jugar en todo proyecto de globalización. El fermento de toda cultura es el reconocimiento y el respeto de los valores morales y religiosos. No hay lugar para una cultura ni para una sociedad civil amorales, ni para un Estado agnóstico y amoral. Lo menos que puede esperarse de un poder público es que sea imparcial. La sociedad global que propulsan
la ONU y la Unión Europea se caracteriza por su agnosticismo, su indiferencia frente a la verdad, su amoralismo e incluso su inmoralismo. Eso es tanto como decir que este globalismo está basado sobre la arena y es anunciador de despotismo.


La Iglesia tiene aquí una tarea maravillosa a realizar para dar sentido a todo proyecto de globalización y para devolver la esperanza a un mundo frecuentemente desamparado. Ella es la principal instancia que defiende todavía sin ambigüedad los valores humanos esenciales, reconocidos muchas veces por la razón filosófica, honrados en las grandes culturas clásicas y proclamados en innumerables documentos. Ella revela sobre todo el sentido último y pleno de esta dignidad, anunciando la Buena Noticia de que somos, como personas, creados a la imagen de Dios y llamados, más allá de la muerte, a descansar en la beatitud de Dios. He aquí el corazón de este mensaje global, universal, que integra todos los hombres en la gran familia de hijos de Dios y que llama al hombre a humanizar el mundo ambiente. Toda la enseñanza de la Iglesia sobre el hombre, la familia, la naturaleza y la sociedad detallan esta Buena Noticia. En grados diversos, ésta se refleja en todas las partes del mundo y se expresa en las parroquias, las escuelas, los hospitales, los centros de investigación, etc. que la Iglesia ha fundado desde hace siglos y que dan crédito a su mensaje. La figura de la Madre Teresa de Calcuta, recientemente beatificada, brilla aquí como un signo de esta esperanza, a condición que, como ella y con el Papa Juan Pablo II, nos movilicemos todos y sin reserva por la cultura de la vida. 


Michel Schooyans - Traducción a cargo de
la Dra Beatriz de Gobbi.

Dirección del autor: <schooyans@mora.ucl.ac.be>

 

       Por Cóndor

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