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“El compromiso cristiano y las persecuciones, camino a la Parusía"
El profeta, por lo tanto, desde una mirada sobre la época que le toca
vivir, apunta al futuro, diciéndonos con esto que aunque pareciera que el mal
triunfa, llegará el día en el que Dios pondrá las cosas en su lugar. No sabemos cuándo, ni el día ni la hora, pero mientras tanto tienen
plena actualidad las palabras de Jesús en el sentido de que hemos de
perseverar en el bien ya que “gracias a la constancia de ustedes salvarán sus
vidas”. En el texto del evangelio (Lc. 20, 27-38) y a partir de la caída de
Jerusalén, Jesús plantea la consumación de lo temporal, momento que dará
lugar a los Cielos nuevos y a la tierra nueva como recuerda el libro del
Apocalipsis (cap. 21) y, se vislumbre la Jerusalén Celestial. Terminada la vigencia del templo de Jerusalén comienza el nuevo culto
en el templo que es Él mismo, ya que destruido el templo de su cuerpo, éste
será reedificado en tres días, haciendo mención a su Pascua, el paso de la
muerte a la vida. El nuevo culto por lo tanto se realiza en el mismo Cristo
que se ofrece eternamente al Padre por la salvación del mundo. Al hablar, Jesús expone los signos de la parusía, aunque no
inminente, que forman parte de los acontecimientos habituales de la vida del
hombre y de cuya causa no está ajena la responsabilidad humana, -con la
permisión divina ya que Él respeta siempre la libertad con que nos ha
dotado-, como guerras, luchas de pueblo contra pueblo, hambre y pestes
–piénsese en las bacteriológicas- y,
todo tipo de calamidades climáticas en las que no está ausente por omisión o
comisión la intervención humana. Las persecuciones anunciadas a los apóstoles y, concretadas en su
tiempo y con ellos, tienen también un sentido de presente continuo toda vez
que las mismas se dan lugar a lo largo de la historia humana e implican
siempre el rechazo de Cristo que conduce a ser hostigados por su causa. La presencia del Señor es siempre resistida por quienes obran el mal
que buscan “perseguirlo” en la persona de sus seguidores. Este acosamiento no supone siempre la muerte sangrienta
testimoniada por los mártires en el
decurso del tiempo, y también ahora como a principios de noviembre con la
masacre de católicos en la Catedral de Bagdad por odio a la fe, sino que van
surgiendo nuevos y sutiles brotes de intolerancia y rechazo de la fe
cristiana a cargo de las autoritarias ideologías ateas o progresistas que
abundan en el mundo y también en nuestra Patria. Esto no es nuevo, por cierto, tal como reflexionamos el domingo
pasado acerca de la persecución del rey Antíoco IV Epifanes llevada a cabo
contra los judíos de Jerusalén con la finalidad de dominar al pueblo cambiando su
cultura y religión por cultos paganos. A este rey le sobreviene, como
anticipan los profetas para todos los que obran el mal, el terminar sus días
lleno de remordimiento por
los males que causó en Jerusalén robando y exterminando sin motivo a los
habitantes de Judá. En nuestros días, y más concretamente en nuestra sociedad
santafesina, surgen intentos similares de “inculturación” atea, que buscan
revivir experiencias antiguas por su origen, pero siempre nuevas
en cuanto a su metodología disolvente. Me refiero al proyecto
legislativo que pretende eliminar de los lugares públicos los crucifijos e
imágenes religiosas, con la excusa que estamos en un “Estado laico”. Criterio
autoritario de minorías gobernantes que pretenden cambiar la cultura de raíz
cristiana de la mayoría de la ciudadanía santafesina, por nuevas ideologías
–al estilo del antiguo Antíoco-, que desconocen lo que somos desde los
orígenes. Si el gobierno se profesa ateo que le pidan cuenta quienes lo
votaron, pero no tiene derecho a imponer a la mayoría de nuestro pueblo sus
caprichosas vivencias, extrañas al común sentir ciudadano. Nuestra
Nación y nuestra provincia –que no se
agotan en el llamado “Estado laico”, sino que están más allá del mismo-,
poseen indudable matriz católica. Hasta el nombre de nuestra provincia hace
referencia a la “Santa Fe”, con el aditamento de la “Vera Cruz” para nuestra ciudad, que
refiere a la que nos redimió. Estos nombres elegidos en el pasado, sintetizan la identidad que nos
diferencia y distingue de otras posibilidades modernosas que se quieran
imponer. No obstante esa identidad que nos diferencia, admite en la práctica
el que convivan con nosotros otros cultos y creencias. Querer imponer el
estilo “laico” es pretender un estilo monocorde de vida que prescinde de la
verdad que nos vio nacer. En este sentido percibimos que en otras naciones –el mundo musulmán,
por ejemplo-, a nadie se le ocurre el desvarío de quitar los signos
religiosos que le son propios, aunque eso sí se reclame la libertad de cultos
con sus consiguientes expresiones religiosas y culturales. En el proyecto de referencia se exceptúa a los cementerios ya que
esto ciertamente produciría un problema muy grande con el cementerio
israelita, aunque la diputada provincial sostenga otra razón para la
excepción. Nótese que en el blog de la autora del proyecto legislativo, se
observa un logo con un rostro sonriente con la siguiente leyenda: “Aborto
seguro con pastillas. Tu decisión, informarte es tu derecho. Sigue un número
telefónico y “más información, menos riesgos. Devolvemos las llamadas. Todos
los días”. Sin duda, esto agrava la situación planteada, ya que muestra la cultura de la muerte que sustentaría la diputada al permitir o consentir que en su blog se haga
apología del asesinato. Lo macabro es presentar un rostro sonriente, como si
matar a un niño en el seno de su madre fuera causa de alegría para alguien.
No lo es para el nasciturus que ya no podrá sonreír, ni para la madre ya que
nadie la rescatará del síndrome post aborto. Viendo esto me pareció encontrar alguna explicación al querer sacar
los signos religiosos, porque siendo el aborto un modo repetido de crucificar
a Cristo, su presencia resulta insoportable. También en el campo de la justicia, o mejor dicho del poder judicial,
alguna voz defiende esta expulsión pública del crucificado para no perder la
imparcialidad en el momento de juzgar. La verdad es que pensé enseguida que si se observa no poca
parcialidad en nuestros días al momento de investigar casos de corrupción, o
cuando se crean tribunales “especiales”, o se toleran falsos testigos, ¿qué se hará cuando falte
la presencia del Señor que en algo pudiera interpelar al que juzga? Esto es
necesario decirlo para que veamos que hablar de persecución de los buenos en
nuestros días no es cuestión que pertenece al pasado, sino que se trata de
algo siempre vigente. Hemos de caer en la cuenta que el cristiano y el honesto son
discriminados en nuestros días, descubrir nuestros derechos y defenderlos en
clima de paz, pero exigiendo que se nos respete y no se nos tenga como ciudadanos de cuarta
por portación de religión. Sería importante que los católicos que votaron a esta diputada y a
sus compañeros de bancada, exijan ser
respetados en su fe y, que se dediquen a lo verdaderamente importante como la
salud, la vivienda, crear fuentes de trabajo. Como ciudadanos es hora que
antes de votar exijamos de los candidatos presenten programas de lo que
piensan hacer para el bien de los ciudadanos, tener activa ingerencia en la
vida democrática para que no nos veamos sorprendidos después con propuestas
que buscan imponernos concepciones autoritarias sin que las hayamos
requerido. Exigir de los gobernantes que se preocupen de la salud pública, de
los niños que mueren por falta de alimento en la tierra del pan. San Pablo a los cristianos de Tesalónica (2 Tes.2, 15-3,5), que
pensando en la inminencia del fin del mundo no querían trabajar, les dice que
el que no quiera trabajar que no coma. Es cierto que hay muchos que no
trabajan porque no encuentran los medios, pero también es cierto que abunda
el criterio de vivir sin trabajar. De allí que quienes gobiernan deberían preocuparse por fomentar la
cultura del trabajo en lugar de la dádiva para alcanzar apoyos políticos y
laborar para la dignificación del ciudadano y no por su sometimiento por
medio de la pobreza. La preocupación por esto constituye el verdadero compromiso con las
realidades temporales de este mundo y que nos preparan para acceder a la
perfección del encuentro definitivo con el Creador. El compromiso con el
presente nos proyecta ciertamente con el futuro que nos espera. Pidamos al Señor que nos ilumine y fortalezca para que con nuestro
compromiso como ciudadanos de la tierra hagamos realidad estos ideales. Padre Ricardo B. Mazza. Cura párroco de la parroquia “San Juan
Bautista”, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo
XXXIII “per annum”, ciclo “C”. 14 de
Noviembre de 2010. http://ricardomazza.blogspot.com;
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