Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito

de Viedma para el domingo 22 de agosto de 2010

Por monseñor Miguel Esteban Hesayne

 

Y seguiremos repetiéndolo…Y seguiremos orando para se abran los corazones de quiénes de una u otra forma intentan ocultar el crimen de los inocentes no nacidos. Con feroz sagacidad, gente estudiosa no aceptan los dictámenes de la ciencia. Desde el primer instante de la concepción está, científicamente,[1] probado que el llamado feto es un bebé en desarrollo. Por eso la mujer que aborta mata a su bebé La mujer que concibió es ya madre de esa personalizada creatura.  Es vida humana engendrada por esa mujer. No es un pedazo de carne intrusa como puede ser un tumor. Es persona humana. Esta es la razón natural del no al aborto porque es un sí a esa creaturita de esa mujer que lo ha engendrado más allá del modo como se haya concebido.  Aún en el hecho  de una  abominable violación. El tal caso, hay que respetar el derecho del ser engendrado y reparar, con suprema ternura, el derecho de la mujer violada. Pero, nadie tiene derecho a violar el derecho a  la vida de ninguna persona y menos la de su propio bebé. La mujer que aborta intencionalmente comete un infanticidio. Y los que propician y los que legislan y los que intervienen de una u otra manera en un aborto, cometen el abominable crimen de infanticidio y se hacen pasibles de todo el peso de la ley y sus penas correspondientes. Volvamos a la cordura de una elemental ética.

En la Argentina actual en la que la corrupción -como vengo insistiendo- llega al mismo contenido de las palabras, urge aclarar qué significa el aborto provocado sea la razón que fuere. Porque consciente o inconscientemente los que defienden el aborto intencional usan una serie de subterfugios jurídicos y eufemismos semánticos para paliar o encubrir o negar la criminalidad del aborto provocado.

Honestamente me aterra como ciudadano escuchar –actualmente- expresiones similares a las que escuchaba en boca de los responsables de torturas, muerte y desapariciones de personas, en décadas pasadas. Hoy escucho que para defender la libertad de la mujer se pretende legitimar la “interrupción del embarazo no deseado”.  Ayer se pretendió legitimar la tortura hasta la muerte, para descubrir un posible atentado y así salvar centenares de vidas… Y en este caso, les respondía que no se puede manipulear ni mediatizar a la persona humana. Otra cosa si fuera un robot… Igual respuesta es para los que invocan o la libertad o el derecho de la mujer violada a “interrumpir el embarazo”, teniendo en cuenta que está probado, científicamente, que, desde el primer instante de la concepción, hay vida humana y el sujeto de esa vida es persona humana. Una persona no puede mediatizarse bajo ningún concepto.

Me aterra –repito- que en la Argentina actual, el genial y sabio NUNCA MAS no haya llegado ha erradicar el nefasto principio de que el fin justifica los medios. Principio que aniquiló vidas humanas. Y ahora lo aplican los promotores del aborto  para justificar la  muerte legalizada en el seno materno que es el aborto provocado.

Y una aclaración más, no juzgo la intención. Desde el mundo universitario se habla de un libre debate sobre el derecho a abortar en algunos casos. Táctica?, trampa?, ignorancia? Es inconcebible a nivel de un elemental conocimiento de los Derechos Humanos  un debate sobre la legitimidad de respetar o no respetar el  primer derecho humano que es el derecho a  la vida digna. En la Argentina , hace décadas que padecemos la lacra social de la mortalidad infantil por desnutrición de los nacidos de madres bajo el nivel alarmante de indigencia. ¿Se pretende debatir la muerte del no-nacido con el consentimiento de su propia madre y así sumar más mortalidad infantil? Se habla que hay que cumplir con la educación sexual para evitar “embarazos no deseados”. Claro que sí y es urgente una educación de la sexualidad pero en clave humana y humanizante para educar que la pareja humana no es un simple acoplamiento sexual placentero sino la comunión de dos personas en un amor fecundo. Una aclaración más: tampoco el tema del aborto es “cuestión religiosa”. El aborto provocado es un crimen de lesa humanidad porque viola un fundamental derecho humano. La Iglesia sanciona con gravísima pena a sus miembros que cometen  tamaño delito, porque defiende el derecho natural en toda la gama de los Derechos Humanos.

 

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma