LOS CATÓLICOS Y EL BICENTENARIO

 

Por Monseñor Miguel Esteban Hesayne

Homilía 16.05.2010.  

 

 

El 8 de Mayo pasado la Iglesia Católica que peregrina en la Argentina, en numerosa asamblea convocada a los pies de María de Luján en su Santuario Nacional inició la celebración del Bicentenario de nuestra Patria.

El tema fue el servicio de la Iglesia-Pueblo de Dios a la Nación Argentina. De las diversas expresiones me detengo en un signo que sintetiza la intención fundamental de dicha celebración. El encendido de velas por parte de los participantes con invitación que a la misma hora se repitiera en todas las comunidades católicas, a lo largo y ancho, del territorio nacional.

            Hondo simbolismo el de la luz. El mismísimo Jesús lo usó para identificar su “ser y misión” para con la humanidad entera. En forma rotunda se define: Yo soy la Luz del Mundo (Jn. 8, 12). Es precisamente lo que se ha querido significar para iniciar la celebración del Bicentenario de la Nación Argentina. Simbolismo oportuno y necesario.

            Oportuno. Es de todos sabida y padecida la oscuridad política que con sus más diversas derivaciones, transita el Bicentenario de nuestra Patria. Por eso, desde el hondón de la Fe en Jesús, luz que ilumina a toda persona que viene a este mundo, los católicos hemos encendido una luz, a la misma hora y en el mismo día de la conmemoración de la Santísima Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de Luján Patrona de nuestra Patria desde los albores de Nación libre y soberana.

            Es un gesto de oración y compromiso. Oramos para tomar el compromiso de poner nuestra Patria sobre nuestros hombros tomando la cruz de la Patria maltrecha en seguimiento a Jesús Salvador. Patria herida que transita una de sus peores crisis políticas, atrapada en el pecado social de la desocupación laboral con sus consecuencias de hambre y violencia, de armas y drogadicción.

            Es hora que los discípulos de Jesucristo, el Señor de la Iglesia y de la Historia, comprendamos lo que el Divino Maestro nos ha enseñado: “Ustedes son como una luz que ilumina a todos. Son como una ciudad construida en la parte más alta de un cerro y que todos pueden ver. Nadie enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón. Todo lo contrario: la pone en un lugar alto para que alumbre a todos los que están en la casa. De la misma manera, la conducta de ustedes debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios. Hagan buenas acciones. Así los demás las verán y alabarán a Dios el Padre de ustedes  que está en los cielos”[1]  

            Es hora, entonces, que los católicos para ser coherentes en exigir honestidad política y ser posible poner su voto por quienes desde el poder sirvan al pueblo, preferentemente al sector más necesitado haciéndolo pasar de objeto de ayuda a sujeto de su propia historia en una auténtica justicia social impregnada en el AMOR, han de estar sólidamente formados en la Doctrina Social de la Iglesia, en cuanto eco fiel del Evangelio de Jesús.

            Esto sólo será posible, en primera instancia, si la Iglesia -pueblo de Dios- toma conciencia de su misión de luz de la gente argentina. Es decir, si con un corazón  purificado e iluminado por la Fe en Jesús muerto y resucitado asume el compromiso social-político como una de las vertientes de la misión cristiana.

            Esto será maravillosa realidad de reconstrucción de la Nación Argentina, si cada ciudadana/o argentina/o con la misma coherencia de Fe Pascual que participa de la Misa Dominical entra en un proceso catequético sobre el mensaje social político del Evangelio de Jesús para anunciarlo con los labios y reflejarlo en  actitudes ciudadanas.[2]

De lo contrario, los católicos cometemos una injusticia cuando exigimos valores evangélicos a quienes no se los hemos mostrado con la enseñanza y la propia vida.

 

Miguel Esteban Hesayne

Obispo

 

 



[1] Mateo 5, 14-16

[2] Rom. 10, 8b-10