NOTICIAS GLOBALES, Año X. Número 732, 44/07. Gacetilla nº 855. Buenos Aires, 03 septiembre 2007

855) LA CARTA DE LA TIERRA (IV). Por Juan C. Sanahuja

El Parlamento Catalán de las Religiones: Carta de la Tierra y el compromiso de las religiones. para una única religión universal. Los Objetivos del Milenio para el Desarrollo. Algunos comentarios. Viene de NG 848, 850, 851

Según informamos en NG 798, “tras dos ediciones del Parlamento Catalán de las Religiones, celebradas en Barcelona y Manresa con el espíritu del Parlamento de las Religiones del Mundo, cuya última edición se celebró en Barcelona el año 2004, la siguiente edición tendrá lugar en el campus de la Universidad de Alicante el 12 y 13 de mayo de 2007 y tendrá como tema: ‘Cuidar la tierra, abrazar la vida; la Carta de la Tierra y el compromiso de las religiones”. Esa crónica también daba cuenta que la presentación se hizo en el obispado de Orihuela. La reunión fue organizada por la Mesa Interreligiosa de Alicante (MIA), asociada a la red catalana-valenciana de entidades de diálogo interreligioso con apoyo de la UNESCO que patrocina todos estos encuentros.

El evento se realizó como estaba previsto con la colaboración de Carta de la Tierra Internacional; del Ayuntamiento Alicante; de la Diputación Alicante; de la Fundación Valores; de la Universidad Alicante; de la Caja de Ahorros del Mediterráneo y de la llamada Escuela de Valores

El compromiso para una única religión universal.

Del compromiso trascribimos tres de sus párrafos:

“II. Proclamamos que ‘la protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra son un deber sagrado’. Otro mundo será posible si los seres humanos somos capaces de manifestar plenamente a Dios, la Realidad Última, el Todo del que formamos parte. Impulsados por la fe, la esperanza y el amor que brotan de la espiritualidad y vivencia religiosa particular, queremos profundizar en un diálogo interreligioso, intercultural e interinstitucional sincero y responsable sobre el destino de la Tierra y la humanidad. Es urgente e insustituible, por lo tanto, promover ‘la educación moral y espiritual para una vida sostenible’”.

“III. Por todo eso, nos comprometemos a ‘cuidar la Tierra y abrazar la vida’ por medio del estudio, la difusión y la aplicación efectiva de los principios de la Carta de la Tierra; propiciar un ‘cambio de mentalidad y de corazón’, empezando por cada uno de nosotros, revisando actitudes, prejuicios, pensamientos y comportamientos, y comprometiéndonos en la mejora de nuestro contexto más concreto y, a la vez, global; reforzar nuestra propia espiritualidad y el sentido de lo Sagrado, sabiendo que ahí radica la reforma moral de las personas y de las colectividades; defender y promover el pleno respeto a la libertad religiosa como parte esencial del bien común, así como el diálogo interreligioso ‘puesto que tenemos mucho que aprender en la búsqueda colaboradora de la verdad y la sabiduría'; ejercer un ‘liderazgo creativo’ entre las distintas personas y comunidades religiosas y cívicas de cara a la superación de los retos medioambientales y sociales contemporáneos; ‘unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respecto a la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y la cultura de paz’; finalmente, urgir a los poderes públicos que legislen y actúen, cumpliendo los denominados Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

“IV. En esta tarea, ‘todo individuo, familia, organización y comunidad, tiene un papel vital que cumplir’. Queremos alentar y colaborar con todas las instituciones públicas, empresas, organizaciones y personas de buena voluntad para que ‘el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida’. (vid. Compromiso final del III Parlament de les Religions, Xarxa Catalano-Valenciana d’Entitats de Diàleg Interreligiós. Alicante, 13 de mayo de 2007).

Algunos comentarios

La declaración panteísta: “Dios, la Realidad Última, el Todo del que formamos parte”, excluye a Dios Creador y su trascendencia de todo lo creado. En el caso del hombre, “única creatura que Dios amó por sí misma”, descarta la creación a su imagen y semejanza; y justamente es esa paternidad divina la razón última en la que se basan los derechos humanos. Es decir, los seres humanos tenemos derechos y obligaciones (la ley divina, el orden natural inmutable) que se asientan en la dignidad de ser hijos de Dios, y no porque lo declare la ONU o el Parlamento de las Religiones. Por eso esta declaración falla por su base y es inaceptable.

A la vez si no se reconoce la diferencia esencial que existe entre un ser humano y un molusco, un chimpancé, o una ballena, el respeto a la “vida” que contiene el compromiso del parlamento de las religiones, no tiene nada que ver con la defensa de la sacralidad de la vida humana. (“Defender y promover, respetar y amar la vida es una tarea que Dios confía a cada hombre, llamándolo, como imagen palpitante suya, a participar de la soberanía que El tiene sobre el mundo.: ‘Y Dios los bendijo, y les dijo Dios: ‘Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra’”, Gn 1,28, Juan Pablo II, Evangelium vitae, 42).

La mención en este contexto de la libertad religiosa no es sino una manifestación del igualitarismo religioso, plataforma de la llamada nueva ética de principios relativos, uno de los paradigmas en los que se asienta la Carta de la Tierra y que conduce indefectiblemente al indiferentismo religioso, a la disolución de la fe. (“Para el relativismo imperante, dialogar significa colocar las propias convicciones al mismo nivel que las de los otros, sin reconocerle por principio más verdad que la que se atribuye a la opinión. Así el diálogo se convierte en un intercambio de actitudes que tienen fundamentalmente el mismo rango y por tanto, son mutuamente relativas. Para el cristiano este tipo de diálogo lleva sin más a la disolución de la propia fe”. (vid. Ratzinger, J., La situación actual de la fe y la teología, cit en El Desarrollo Sustentable. La nueva ética internacional, Vortice, Buenos Aires 2003)

Fueron los protagonistas de la reunión de Alicante: Federico Mayor Zaragoza, Leonardo Boff; Juan José Tamayo, sectas anticristianas…, pero eso será tema del próximo boletín. Continúa.

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