Rusia y Brzezinski se oponen al ataque
israelí contra Irán
por Alfredo Jalife Rahme*
Cuando dos personalidades del más alto nivel
mundial –como el presidente ruso Dimitry Medvédev y Zbigniew Brzezinski, ex
asesor de seguridad nacional de Carter e íntimo de Obama– evalúan un probable
ataque israelí a las instalaciones nucleares civiles de Irán significa que el
gobierno del primer ministro “Bibi” Netanyahu, del partido fundamentalista
hebreo del Likud, desea desencadenar una guerra mayúscula en Medio Oriente.
5 DE OCTUBRE DE 2009
En fechas recientes han ocurrido eventos extraños
que apenas se filtran en los multimedia internacionales, como dos visitas
intempestivas a Moscú –una oficial, del presidente israelí Shimon Peres, y otra
“secreta” del primer ministro Netanyahu–, en el marco del extravío rocambolesco
del barco “Ártico” de tripulación rusa que supuestamente transportaba armamento
sofisticado destinado a Irán y que pudo haber sido secuestrado en alta mar por
los servicios de inteligencia israelíes del Mossad, como han dado a entender
publicaciones tanto de Israel como de Rusia.
Sea lo que haya sucedido con el extravío y/o
secuestro del barco con tripulación rusa, lo más relevante ha sido que
repentinamente Rusia se volvió el centro de tratativas tanto con el presidente
como con el primer ministro de Israel, lo que posteriormente dio lugar a que el
presidente Dimitry Medvédev se atreviera a revelar a la opinión pública mundial
que Shimon Peres le había dado “garantías” de que Israel no atacaría a Irán, ya
que prefería agotar la opción diplomática en curso que puede desembocar en
severas sanciones contra la teocracia chiíta iraní que todavía no resuelve
satisfactoriamente su polémica elección presidencial que ha fracturado a su
clase dirigente.
En dicho contexto incandescente, ha
destacado la postura del presidente Medvédev, quien se ha pronunciado sin
tapujos contra la aventura israelí de bombardear las instalaciones nucleares
civiles de Irán que pudiera desembocar en una catástrofe regional.
Tampoco se debe soslayar que un ataque israelí
podría dañar no solamente los intereses rusos en la planta nuclear civil de
Bushehr (Irán) que construyeron, sino que, también, pudiera cobrar la vida de
los científicos rusos adscritos al lugar.
Cabe señalar que Rusia e Israel llevan una relación
muy “compleja” y “ambivalente” (de odios y amores).
La nada improbable aventura de Israel –que ha
sufrido en fechas recientes severos descalabros en Líbano Sur (con la guerrilla
chiíta de Hezbolá), Gaza (con la guerrilla sunnita palestina de Hamas) y en
Georgia (en su alianza militar con el presidente Mikhail Saakashvili, quien
sufrió una paliza de parte del ejército ruso en Osetia del Sur)– no será un
paseo dominical, ya que la teocracia iraní esconde bajo la manga una carta muy
vista para aplacar a sus enemigos: el cierre del Estrecho de Ormuz en el Golfo
Pérsico, donde atraviesa el transporte de petróleo destinado al noreste
asiático (China, Japón y Sur-Corea), Europa y Estados Unidos, lo cual elevaría
el precio del oro negro a la estratósfera y tendría severas repercusiones en la
economía global en momentos en que a duras penas lucha por salir de su
recesión.
Nadie en la región medio oriental (obviamente, con
la excepción de Israel) –ni en Rusia, India y China, para citar a las potencias
más relevantes– se traga el cuento de que el Estado hebreo podría atacar
unilateralmente las instalaciones nucleares civiles de Irán sin la complicidad
y/o la anuencia tácita de la administración de Obama, que está sufriendo
horrores en poder controlar a su desobediente aliado israelí.
Dicho en forma diáfana e inequívoca: el
hipotético ataque “unilateral” israelí a Irán será calificado por los afectados
y los actores regionales como una agresión militar de su tutor estadunidense
cuando Obama se ha esforzado en borrar la islamofobia de su antecesor Baby Bush
mediante una política de manos tendidas para una nueva colaboración que pasa
ineluctablemente por la resolución del estancado contencioso árabe-israelí.
Toda la nueva política medio oriental de Obama
quedaría así descarrilada, para no decir descuartizada, y, más que afectar a
Israel por las consecuencias subsecuentes, dañaría los intereses regionales y
globales (por el alza del petróleo) de Estados Unidos, además de dejar como
retórica vacía la muy plausible propuesta del nuevo orden mundial del
presidente estadunidense, que recitó recientemente ante la Asamblea General de
la Organización de las Naciones Unidas.
En este sentido cobra una relevancia mayúscula la
reciente entrevista de Brzezinski a Gerald Posner del The Daily Beast (18 de
septiembre de 2009) sobre las consecuencias desastrosas de “una colisión
estadunidense-iraní”. Brzezinski no pierde su rusofobia, por lo que sus
escenarios, que no necesariamente compartimos, arrojan mucha luz de quienes, a
su juicio, resultarían vencedores y vencidos. Estados Unidos y China saldrían seriamente
afectados, mientras Rusia emergería como el gran triunfador: “Rusia resiente
amargamente (sic) el éxito de Estados Unidos en la Guerra Fría”, por lo que la
primera consecuencia se resentiría en que “Estados Unidos pagaría un alto
precio en Irak y en Afganistán, y en forma masiva (sic), en referencia al
precio del petróleo”.
El íntimo de Obama contabiliza la enorme
preponderancia de Irán sobre la mayoría chiíta en Irak, lo cual pondría en
peligro la retirada del atribulado ejército de Estados Unidos, así como la nada
despreciable influencia de la teocracia chiíta iraní en Afganistán, donde
Estados Unidos se encuentra empantanado.
Pareciera que Israel no toma en consideración los
sufrimientos de su tutor estadunidense, y el exasesor de seguridad nacional de
Carter expone brutalmente las limitaciones de la otrora superpotencia unipolar
que resultaría la gran perdedora en el escenario de una conflagración con Irán.
En segundo término, otro perdedor sería China, “a
quien los rusos envidian (sic) y ven como una amenaza en el largo plazo”. China
“importa más petróleo del Medio Oriente que Estados Unidos”, por lo que “un
precio estratosférico del petróleo dañaría más a China que a Estados Unidos”.
Esto es muy discutible por su relatividad, ya que a China le sobra el dinero
(su excedente de dólares-chatarra) y a Estados Unidos le falta, por lo que
podría comprar el petróleo necesario al precio que fuere (que no es el caso de
Estados Unidos).
En tercer término, “Estados Unidosropeos
occidentales se volverían totalmente (sic) dependientes de Rusia” (nota: se
refiere a sus hidrocarburos).
En cuarto término: “El Kremlin se indigestaría de
obtener enormes ganancias” provenientes del alza del petróleo.
Brzezinski, quien no deja de lado su genética
polaca que lo conduce a su permanente rusofobia, no cesa de atribuirle a Rusia
una perversidad infinita, que demostró todo lo contrario durante la guerra fría
frente a Estados Unidos, es decir, una ingenuidad ilimitada, lo cual desembocó
en su suicidio y en el desmantelamiento del imperio soviético.
Más allá de su rusofobia, lo relevante de la
opinión de Brzezinski se centra en su oposición geoestratégica al bombardeo
unilateral israelí y aduce que Estados Unidos “no se sentará impotente como
niño” a contemplar los eventos por lo que “debe prohibir seriamente (sic) el
vuelo de los aviones israelíes en el espacio aéreo de Irak”, que controla
Washington.
Viene la parte nodal del rechazo de Brzezinski: “Si
los aviones israelíes optan por sobrevolar el cielo de Irak para atacar a Irán,
entonces Estados Unidos tendrá que detenerlos y confrontarlos (¡super-sic!)”,
ante lo cual los israelíes “tendrán la opción de regresarse o no. Nadie desea
esto, pero puede ser un Liberty en reversa”.
Vale una explicación: durante la Guerra de los Seis
Días en 1967, los aviones y botes-torpedo israelíes bombardearon “por
equivocación” al barco USS Liberty en las aguas internacionales, cerca de la
Península del Sinaí, que resultó en la muerte de 34 miembros estadunidenses de
la tripulación, además de 171 heridos y el daño al barco. Es decir, Brzezinski
propone propinar a Israel una sopa de su propio chocolate (“un Liberty en
reversa”) en caso de su aventura unilateral y el sobrevuelo sin permiso del
cielo iraquí bajo control estadunidense.
¿Se saldrán los halcones israelíes con la suya, sin
importarles las consecuencias catastróficas que generaría su unilateralismo
bélico en el mundo entero, o finalmente prevalecerá la serena prudencia tanto
de Rusia como de Brzezinski para resolver diplomáticamente el contencioso
nuclear iraní?
Alfredo Jalife Rahme
Especialista mexicano en asuntos internacionales.
Autor de varios libros sobre los síntomas indeseables de la mundialización.
Colabora dos veces por semana en el diario mexicano