Peones de Kosovo en el tablero energético de ajedrez

 

21.09.2009

 

Petr ISKENDEROV

 

http://es.fondsk.ru/article.php?id=2477

 

Cuadro de texto:  La discusión política, que comienza el 23 de septiembre en Nueva York en el marco de la 64 sesión de la Asamblea General de la ONU, se volverá el principal evento del derecho internacional de este año para la discusión de los problemas de los llama­dos estados autoproclamados. De acuerdo a la tradición, que existe durante muchos años, las negociaciones en torno a los problemas claves y delicados de la vida internacional se efectúan principalmente en los pasillos o, como se ha hecho hablar últimamente a la moda, - "en los márgenes" de la Asamblea General. Este formato sirve de mejor cubrimiento para coordinar las posiciones, encontrar el consenso, o para un abierto regateo político entre "los fuertes de este mundo".

 

Las principales batallas en el marco de la Asamblea General, según la información disponible, se librarán este año en torno del estatus de Kosovo, Abjasia y Osetia del Sur. El reconocimiento por las principales potencias occidentales de la independencia de Kosovo, dirigido por ellos mismos, generó lógicamente el caos en las relaciones internacionales y desestabilizó la situación en otros "puntos calientes", creando en algunos líderes nacionales la ilusión de la permisividad. La agresión militar del régimen de Saakashvili en agosto de 2008 fue la primera, pero por lo visto, no la última consecuencia del precedente de Kosovo de febrero del mismo año.

 

El mundo quedó en la situación sin precedente: en dos regiones estratégicas, incluso desde el punto de vista de la seguridad energética de Europa, aparecieron los estados autoproclamados, reconocidos por una de las partes del partido, que se está jugando en el tablero internacional de ajedrez.

 

Hablando en términos ajedrecísticos, Rusia no sólo aceptó "el gambito de Kosovo", propuesto por el presuntuoso Occidente, sino hizo una jugada de respuesta aguda y dura, poniendo los centros mundiales contrapuestos de la fuerza en una situación complicada. Continuar insistiendo en el carácter único del caso de Kosovo y negar el obvio derecho a la soberanía y la independencia estatal de Abjasia y Osetia del Sur – quiere decir seguir socavando la colaboración con Rusia, vitalmente importante tanto para la Unión Europea con su independencia energética de Moscú, como para la OTAN, que necesita el apoyo de retaguardia ruso en Afganistán.

 

Eso confirma de una manera irrefutable la entrevista del nuevo secretario general de la OTAN, Anders Fog Rasmussen, con los llamamientos de comenzar "un diálogo imparcial y sin precedente" con Moscú, "escuchar la posición rusa" y tomar en cuenta sus "preocupaciones legítimas en la esfera de la seguridad". Es de destacar, que han sido pronunciados aún antes de la declaración resonante del presidente de EEUU, Barack Obama, de revisar los planes norteamericanos de defensa antimisil (DAM).

 

Sin embargo, la normalización del diálogo con Moscú es imposible para las capitales occidentales sin correcciones sustanciales de su posición no sólo en la esfera de la DAM, sino en la de Kosovo. Y tal corrección, todavía la de pasillo, ya ha comenzado.

 

Según la información, disponible por el autor de estas líneas, obtenida tanto de fuentes serbias, como albanesas, la Unión Europea trata actualmente de distanciarse de las autoridades de Prístina y normalizar simultáneamente la colaboración con Serbia. La piedra de toque en este juego ha sido la decisión de la Comisión Europea de eliminar a partir de 2010 el régimen de visados para los ciudadanos serbios, y después el centro de gravedad de la diplomacia de Bruselas había sido desviado directamente a las tramas de Kosovo.

 

El primer paso en este camino se hizo el protocolo de la colaboración policial entre las autoridades de Serbia y la misión civil y policial de la Unión Europea. El curso de las negociaciones y hasta la fecha de fu firma se mantenían en el secreto riguroso, aunque formalmente el documento tiene el carácter técnico de un acuerdo entre la Misión de la UE y el ministerio del interior de Serbia. Incluye las condiciones de la actividad conjunta del ministerio del interior de Serbia y de los representantes de la UE en la resistencia a la criminalidad organizada y el contrabando tanto en la región de Kosovo, como en la escala más amplia. Sin embargo las reticencias en Bruselas y Belgrado junto con la reacción negativa dura sin precedente de Prístina, donde el movimiento radical "Autodefinición" desplegó una guerra callejera de verdad contra los representantes europeos, y su líder Albin Kurti comparó la Misión de la UE con "la administración colonial", permiten hablar de una tendencia ya formada. Ha sido captada en seguida por los líderes albaneses de Kosovo, que sintieron la amenaza a sus intereses, y sus mentores en las estructuras internacionales. Su preocupación principal no está ligada con la normalización de la colaboración de Bruselas con Belgrado, sino con el afianzamiento del papel y de la influencia de Rusia, que en agosto de 2008 hizo en el Cáucaso aquello, a lo que no se decidieron las autoridades de Yugoslavia en el pico de la guerra de Bosnia en 1994-1995, ni la dirigencia de Serbia al comienzo del año 2008 en Kosovo.

 

Son notorias las revelaciones de uno de los líderes albaneses más pintorescos de Kosovo, bien conocido también en Rusia, Bedjet Pakolli, quien encabeza la "Alianza para un Nuevo Kosovo". Hace unos días declaró sobre su total apoyo del protocolo, firmado entre la Misión de la UE y el gobierno de Serbia, llamándolo "una buena salida de la situación formada" y, pretendiendo por lo visto, obtener sólidos dividendos políticos durante "el cambio de los jalones". Porque, como reconocen los representantes de la Unión Europea, está por delante la firma de dos más protocolos con Belgrado – sobre la colaboración en la esfera de la aduana y la justicia; al tiempo, que en la esfera aduanera la Misión de Kosovo de la UE está dispuesta "a regresar a la situación de antes del año 2008"…

 

Se puede suponer, que el Occidente haya decidido de veras tratar de encontrar los accesos a Rusia en lo que se refiere a Abjasia y Osetia del Sur por medio de un cierto "derrubio" del estatus independiente de Kosovo, que aparentemente ya ha sido reconocido por la dirección de la OTAN y de la Unión Europea. Esto permitiría a las estructuras euro-atlánticas tratar de tomar una participación más activa en la discusión de los problemas irresueltos del Caucaso, que pusieron bajo la amenaza el proyecto "Nabukko", la creación energética predilecta de la UE y la OTAN.

 

La información de que los tutores del dicho proyecto están pensando en serio en el relevo de Georgia en calidad del país del tránsito por Armenia (lo que es imposible sin la normalización del problema de Nagorno Karabaj), confirman la disposición de EEUU y la UE de revisar radicalmente el sistema de sus uniones regionales y de las sociedades. En lo que se refiere a Kosovo, por lo visto en el partido energético de los Balcanes-el mar Negro-el Caucaso, se le asigna el papel de un peón, que se puede sacrificar en un momento necesario.