El peligro detrás de la visión ‘yo primero’ en China

 

Por Robert J. Samuelson

 

Lunes, 15 de febrero de 2010,

 

Se vuelve claro de los recientes eventos que las élites políticas, de negocios y eruditas de América fundamentalmente han juzgado mal China. Los conflictos con China se han multiplicado. Considere:

 

- el renminbi infravalorado y su efecto en el comercio;

- la avería de negociaciones sobre calentamiento global en Copenhague;

- el débil apoyo de China de esfuerzos para impedirle a Irán adquirir armas nucleares;

- su registro similarmente pobre empujando a Corea del Norte a abandonar su diminuto arsenal atómico;

- la venta de armas americanas a Taiwán; y

- la amenaza de Google para dejar China en lugar de perdona censura continuada.

 

Los Estados Unidos y China ven el mundo en términos rigurosamente diferentes. La lección de la Gran Depresión y Segunda Guerra Mundial para los americanos era que ese aislacionismo se estaba auto-derrotando.

 

Intentado después de la Primera Guerra Mundial, falló. Los Estados Unidos tenían que comprometerse en proteger su seguridad económica y física en el extranjero. Éste corazón de ideas siguen siendo las justificaciones del lecho de roca para los compromisos militares en el extranjero y la promoción de una economía mundial abierta. La demanda es para la estabilidad, no el imperio.

 

China, también, codicia estabilidad. Pero su historia y perspectiva son diferentes, como Martin Jacques muestra en su dominante "Cuando China gobierne el Mundo."

 

Empezando con la primera Guerra de Opio (1839-42) - cuando Inglaterra insistió en importar opio desde India - China sufrió un cordón de derrotas militares y tratados humillantes que dieron a Inglaterra, Francia y otras naciones privilegios comerciales y políticos.

 

En el siglo 20, China estaba balcanizada por la guerra civil y la invasión japonesa. No hasta el triunfo de los comunistas en la guerra civil de 1949 hubo allí de nuevo un gobierno nacional unificado. Estas experiencias dejaron legados: miedo al desorden y memoria de la explotación extranjera.

 

Desde 1978, la economía de China ha aumentado a aproximadamente el décuplo. La asunción americana prevaleciente era que cuando China se hizo más rica, sus intereses y valores convergerían con los de los Estados Unidos. China dependería cada vez más de una economía global lozana. Los mercados domésticos más libres soltarían la toma del Partido comunista. Los Estados Unidos y China no siempre estarían de acuerdo, pero las disputas serían manejables.

 

No está resultando esa manera. Una China más adinerada se ha vuelto más asertiva, nota Jacques. El prestigio americano ha padecido además la crisis financiera originada en los Estados Unidos.

 

Pero la hendidura va más profunda: China no admite la legitimidad y conveniencia el orden global que involucra responsabilidad colectiva entre los grandes poderes de la posguerra mundial II (liderado por los Estados Unidos) para la estabilidad económica mundial y paz.

 

Las políticas de China reflejan una noción diferente: China Primero.

 

Al contrario del aislacionismo de América First el movimiento de los años treinta, China First no quiere decir desembrague global. Significa compromiso en los términos de China. China acepta y apoya el orden existente cuando eso sirve sus necesidades, como cuando se unió a la Organización Mundial de Comercio en 2001.

 

Por otra parte, juega por sus propias reglas y normas. La política de comercio es explícitamente discriminadora para dirigirse a dos problemas cruciales: trabajo sobrante y commodities escasas.

 

El renminbi infravalorado apunta para ayudar a crear 20 millones o más trabajos como los que Jacques cita que son necesitados anualmente.

 

China está fregando el globo para hacer inversiones en afianzar materias primas, particularmente el combustible. El objeto de "la reforma económica," escribe Jacques, era "nunca occidentalización" sino "un deseo de restaurar la legitimidad del Partido comunista."

 

La mayoría de las disputas americano-chinas refleja la renuencia de China para poner en peligro las metas domésticas para fines internacionales. No se comprometerá a ligar cortes de gas de invernáculo porque éstos pudieran reducir el crecimiento económico y (de nuevo) los trabajos. En Irán, valora sus inversiones de petróleo más de lo que teme lo nuclear iraní. Igualmente, le preocupa que la inquietud en Corea del Norte podría enviarle a través de la frontera la frontera.

 

Porque Taiwán se considera como parte de China, las ventas de armas americanas se vuelven allí interferencia doméstica. Y se necesita la censura para mantener control unipartidista.

 

La vista mundial de China amenaza los intereses geopolíticos y económicos de América. Sólo recientemente, 19 asociaciones de comercio americanas escribieron a la administración Obama advirtiendo que nuevas reglas chinas para "innovación indígena" pueden "excluir una serie ancha de empresas americanas" del mercado chino - o les obliga a que se vuelvan sobre la tecnología avanzada. (Las empresas británicas son así incensadas por "proteccionismo aplastante" que algunos pueden dejar China, informa el periódico Telegraph.)

 

Sería una tragedia si estas dos superpotencias empezaran a verse como adversarios. Pero ésa es la tendencia. Herederos de una tradición cultural de 2,000 años - y ciudadanos del país más grande del mundo - el chino tiene un sentido innato de superioridad, escribe Jacques.

 

Los americanos, también, tienen un sentido de superioridad y piensan que nuestros valores - la creencia en libertad, individualismo y democracia - refleja aspiraciones universales.

 

Los conflictos mayores y una colisión de egos nacionales parecen inevitables. Ya si nosotros debemos sentarnos pasivamente mientras el comercio de China y políticas de dinero arriesgan los trabajos aquí y en otras partes. Las diferencias políticas entre los países son cada vez más duras de ignorar. Pero dado que China está creciendo en poder - y el estado frágil de la economía mundial - un enfrentamiento no puede hacer ningún bien.

 

El cálculo erróneo está llevándonos a callejas oscuras.

 

http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/02/14/AR2010021402892.html