El pacto atlántico en la
geopolítica estadounidense para la hegemonía global
Por Tiberio Graziani*
Alianzas y geopolítica
Mientras en la teoría de las
relaciones internacionales los tratados de alianza, política o militar, entre
Estados soberanos (1) son - como sostienen algunos autores, entre quienes se
encuentra, en particular, Alessandro Colombo (2) - de difícil definición
a causa de su carácter ambiguo, en geopolítica, al contrario, son más fácilmente
interpretables, cuando son considerados parte constituyente de las estrategias
de medio y largo plazo de los países signatarios concretos. Precisamente gracias
al conocimiento de las doctrinas geopolíticas de los Estados aliados y al
análisis de las posturas relativas, manifestadas en el arco de largos periodos,
es posible, de hecho, verificar si un tratado de alianza, en concreto de
alianza militar, es realmente un acuerdo entre iguales, o un dispositivo en
función del socio hegemónico (o de una coalición de socios hegemónicos) que lo
impone, diplomáticamente o de otra forma, a los otros signatarios.
Un ejemplo eficaz de la función geopolítica de las
alianzas nos lo proporciona, en la era moderna, entre otros, el Tratado de
Antonio Zischka,
en su singular historia de las alianzas de Inglaterra, considerando que el
ascenso de Inglaterra a protagonista europeo y mundial comenzó después de
El Tratado de
La lucha contra Francia, potencia continental en
expansión, nos recuerda Zischka, tuvo para Inglaterra,
de hecho, “la gran ventaja de que se
desarrolló en suelo holandés y determinó tal debilitamiento de Holanda que las
naves de esta salían a los mares cada vez en menor número; el comercio y la
potencia financiera holandesa estaban en fuerte declive, mientras que
Inglaterra, en cambio, reflorecía” (5). Para Zischka, precisamente gracias
a su posición insular Inglaterra logró desplazar el “predominio” a su favor.
Llegando a tiempos que nos resultan relativamente
más cercanos, siempre tratando las alianzas de Inglaterra en el marco de su
secular política de poder, dirigida a contener y hacer vanos los acuerdos de
amistad y/o de integración entre las naciones del continente europeo, vale la
pena citar, como otro ejemplo clarificador, el Acuerdo de ayuda recíproca entre
el Reino Unido y Polonia, firmado en Londres el 25 de agosto de 1939.
Como se sabe, el Acuerdo de amistad anglo-polaca
firmado por Lord Halifax y por el conde Rczynski constituyó una evidente
violación del Acuerdo que Alemania y Polonia habían estipulado el 26 de enero
de 1934, así como una explícita intromisión en las delicadas relaciones entre
el Reich nacionalsocialista y
La acción de perturbación diseñada por Londres,
mediante una actividad de fino tejido diplomático, a la que no eran extraños
los EEUU (6), era perfectamente coherente con la doctrina geopolítica
británica, que había hecho de la valoración de las tensiones entre las naciones
continentales un elemento sustentante de la política de equilibrio (balance of
power).
Los caracteres de
Los ejemplos más arriba citados nos permiten
analizar, por comparación, otro caso de alianza hegemónica: el caso, muy
particular, del Pacto atlántico. También aquí, el mayor beneficiario de la
alianza en cuestión es una potencia marítima, los Estados Unidos. La potencia
del otro lado del Atlántico siempre ha exaltado, en relación a la masa
eurasiática (7), su carácter insular, precisamente como Inglaterra hizo en
relación al continente europeo, y análogamente a Inglaterra, en el ámbito de
las relaciones de fuerza entre naciones, ha activado el criterio de la política
de equilibrio.
Los caracteres que distinguen el Pacto atlántico
son al menos tres: su larga duración, la
limitación de la soberanía de la mayor parte de los aliados, en beneficio de
los EEUU, y la agresividad de su organización (
En referencia a la primera característica, el Pacto
atlántico seguramente ha superado con mucho el límite temporal que parecía
subyacer, generalmente, a las coaliciones militares y que Tucídides había
fijado en torno a los treinta años (8).
A menudo, a propósito de la duración de
En realidad, cuando se trata esta cuestión, no se
tienen en cuenta al menos dos factores importantes: el primero, específico,
contenido precisamente en la formulación del principio guía que Washington
planteó en su Farewell Address (9). Washington
habló de alianzas temporales destinadas a mantener a los Estados Unidos “on a respectably defensive posture”, refiriéndose con esto claramente
a acuerdos que debían durar todo el tiempo necesario para mantener a
El excepcionalismo mesiánico siempre ha sido para
los gobernantes estadounidenses una categoría a la que recurrir para construir
y justificar las estrategias más convenientes para los intereses nacionales. La “extraordinaria emergencia”, en la
perspectiva religiosa vetero-testamentaria propia de la tradición estadounidense,
tendrá, por tanto, una duración que se dilatará con la expansión de estos
mismos intereses a escala mundial.
De hecho, la limitación de la soberanía de
muchos miembros de
Aunque sólo sea por poner un ejemplo, consideremos,
a tal respecto, el caso emblemático de Italia, donde se cuentan, entre bases e
instalaciones militares de distinto género, directa o indirectamente ligadas a
los EEUU y a
Las “medidas de acompañamiento” que sustancialmente
limitan la soberanía nacional de Italia, vinculándola fuertemente, en el plano
militar, al sistema geopolítico occidentalista guiado por los EEUU, son al
menos cuatro:
1) el Bilateral
Infrastructure Agreement (BIA) o Acuerdo secreto USA-Italia del 20 de octubre
de 1954. El acuerdo, firmado por el ministro Scelba y por la embajadora
estadounidense Clare Booth Luce, no ha sido sometido nunca a la verificación ni
a la ratificación del Parlamento italiano;
2) el Acuerdo bilateral Italia-USA del 16 de septiembre de 1972;
3) el Memorandum de entendimiento USA-Italia (Shell Agreement) del 2 de
febrero de 1995;
4) el Acuerdo secreto ‘Stone Ax’ , estipulado en los años ‘50/’60 y
renovado después del 11 de septiembre de 2001.
A estos acuerdos, obviamente, hay que añadir
también:
a) las cláusulas
secretas contenidas en
b) las cláusulas
secretas del Tratado de paz impuesto a Italia el 10 de febrero de 1947;
c) el Tratado OTAN,
firmado en Washington el 4 de abril de 1949, y que entró en vigor el 1 de
agosto de 1949.
En referencia al tercer carácter mencionado, el
referente a la agresividad de
Tal estrategia se compone de dos dispositivos
geopolíticos diferentes (14). El primero, basado fundamentalmente en mecanismos
económicos, se refiere esencialmente a:
-El ERP, l’European Recovery Program, más conocido como Plan
Marshall (1947), debido al nombre del entonces secretario de Estado, George
Marshall.
Mediante el Plan de reconstrucción de Europa occidental, Washington condicionó,
tal y como observan los geopolíticos franceses Chauprade y Thual, la integración económica europea en un espacio económico controlado
por ellos;
-El GATT, Acuerdo General sobre las Tarifas y el Comercio (1947)
para favorecer la liberalización del comercio mundial erosionado las
prerrogativas nacionales;
- el Banco mundial (1945).
El otro dispositivo, diplomático y militar,
comprendía más allá de
- El Pacto de Bagdad, que luego se convirtió en el Pacto CENTO
(Central Treaty Organisation) (1959), después de la salida de Irak en 1958;
- el Pacto de Manila o SEATO (South East Asia Treaty Organization) de 1954;
- El Pacto tripartito de seguridad entre Australia,
Nueva Zelanda y EEUU, conocido con el acrónimo ANZUS, de 1951.
En tal estrategia es evidente la función de
El Pacto antieuropeo y
anti-eurasiático en el nuevo sistema multipolar
El Pacto atlántico se configura, por tanto,
como una alianza típicamente hegemónica, antieuropea y anti-rusa en el periodo
del bipolarismo; antieurasiática después del hundimiento de
Antieuropea, porque con su presencia ha impedido la
constitución de un ejército europeo y ha contribuido a la larga ocupación
estadounidense del Viejo Continente; anti-eurasiática, porque ha impuesto a
Europa occidental el bien conocido papel de “cabeza de puente” construida en el
continente eurasiático en función de las miras estadounidenses para el dominio
mundial.
En los albores del nuevo sistema multipolar, sin
embargo, el dispositivo estadounidense parece que está ya obsoleto: una malla
de una red (por otra parte, cada vez más deshilachada) que no logra “contener”
eficazmente (17) la fuerza de las Naciones asiáticas emergentes y su derecho,
durante mucho tiempo conculcado, de determinar su propio destino. Con la
presencia, en la política mundial, de naciones cada vez más determinadas y de
dimensiones continentales como Rusia, China, India y Brasil, los intereses
nacionales específicos de los pueblos europeos muestran, una vez más, su falta
de influencia en el plano geopolítico y, sobre todo, la innatural posición de
Europa en el campo occidentalista. La conciencia de la propia falta de
influencia geopolítica llevará a los europeos, tarde o temprano, a comprender
que la participación en
Si Europa quiere participar como protagonista en el
nuevo sistema multipolar debe, lo más pronto posible, salir de las sofocantes y
limitativas lógicas nacionales que la dividen y reconocer que constituye el
componente oriental del espacio geopolítico eurasiático. Moscú, Nueva Delhi y
Pekín no esperan otra cosa.
La asunción de una clara visión geopolítica impone
a los Europeos, para salvaguardar sus propios intereses económicos, militares,
políticos y culturales, la reivindicación de una inédita soberanía continental
que puede ser alcanzada sólo a partir de la denuncia de
Traducido por Javier Estrada.
*Tiberio Graziani (direzione@ eurasia-rivista.org)
es director de la revista italiana de estudios geopolíticos Eurasia (www.eurasia-rivista.org).
Asimismo, se ha encargado de la realización de los libros entrevista Serbia,
trincea d'Europa – intervista a Dragos Kalajic e Iraq, trincea d'Eurasia –
intervista a Padre Jean-Marie Benjamin (Edizioni all'insegna del Veltro).
Dirige, además, para la misma casa editorial, la colección "Quaderni di
geopolitica".
1. Para un tratamiento de la teoría
contemporánea de las alianzas nos remitimos a Marco Cesa, Teorie delle alleanze,
in “Quaderni di scienza politica”, II, 2, 1995, pp. 201-283.
2. Alessandro Colombo, La
lunga alleanza.
3. Antonio Zischka, Le alleanze dell’Inghilterra,
Casa editrice mediterranea, Roma 1941-XIX, p. 41. Para Johann von Leers, que
está de acuerdo con Zischka acerca de la valoración de la insularidad en
función de la política de poder llevada a cabo por los ingleses, en
cambio, Inglaterra se habría emancipado de la masa continental europea en
la época de la invasión normanda. Escribe, de hecho, el autor alemán, “Desde el momento en que los Normandos
tomaron posesión de las islas británicas, la política exterior que partía de
allí cambió completamente. Los Anglosajones sólo se habían defendido contra los
ataques que partían del Continente. Los Normandos, en cambio, se sirvieron de
Inglaterra como base para reprimir a las potencias continentales. Fueron los
primeros en valorar la insularidad inglesa, la ventaja de estar en una tierra
sin vecinos e inatacable, como política de poder”, L’Inghilterra,
l’avversario del continente europeo, Edizioni all’insegna del Veltro, Parma
2005.
4. Antonio Zischka, op. cit., p. 50.
5. Antonio Zischka, op. cit., p. 53.
6. Se hace referencia a los encuentros que
tuvieron lugar en Francia en noviembre de 1938 y febrero de 1939 entre el
embajador estadounidense William Christian Bullitt Jr. y los embajadores
polacos Potocki e Lukasiewicz; relatado en Giselher Wirsing, Roosevelt et l’Europe (Der Masslose Kontinent), Grasset, Paris s.d., ma 1942, p.
266.
7. “Geopolíticamente América es una isla distante del gran continente eurasiático”,
así se expresa Henry Kissinger, L’arte della diplomazia, Sperling & Kupfer Editori, Milano 2006,
pp.634-635
8. Bernard Guillerez,
L’Otan, instrument de la puissance américaine, en “Revue Française de
Géopolitique”, 1, 2003, p. 215.
9. El principio de las temporary alliances es formulado por George
Washington en su Farewell address, el 19 de septiembre de
1796. En aquella ocasión el primer presidente de los Estados
Unidos afirmó: “Taking
care always
to keep ourselves, by suitable establishments, on a respectably defensive posture, we may safely trust to temporary alliances for extraordinary emergencies.” (Teniendo cuidado siempre de mantenernos, mediante los acuerdos
pertinentes, en una postura razonablemente defensiva, podemos confiar con
seguridad en alianzas temporales para emergencias extraordinarias).
10. La interpretación de la “posturas defensiva”
está directamente ligada al carácter insular de los EEUU.
11. Para un tratamiento de las fuentes religiosas
relativas a la formación de la identidad nacional de los EEUU, remitimos, entre
otros, a: Chosen Peoples: Sacred Sources of National Identità,
Oxford University Press, New York 2002 y a Romolo Gobbi, America contro
Europa, MB Publishing, Milano 2002. Sobre las relaciones entre excepcionalismo e imperialismo
estadounidenses remitimos a Anders Stephanson, Destino manifesto. L’espansionismo
americano e l’Impero del Bene, Feltrinelli,
Milano 2004.
12. Alberto B. Mariantoni, Dal “Mare Nostrum” al “Gallinarium Americanum”. Basi USA in Europa, Mediterraneo
e Vicino Oriente, en “Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, 3,
2005, pp. 81-94.
13. Sobre el término
hegemonía aplicado a la potencia estadounidense, Chalmers Jonson, denunciando
su retórica, escribe: “Algunos autores
han empleado el concepto “hegemonía” para indicar un imperialismo sin colonias;
en la era de las “superpotencias” después de
14. Aymeric Chauprade, Francois
Thual, Dictionnaire de Géopolitique, Ellipses, Paris 1999, pp. 148-149.
15. Hastings Lionel Ismay, primer secretario de
16. Giselher Wirsing, op.cit., p. 266.
17. Zbigniew Brzezinski, considerando que las
nuevas realidades políticas globales parecen indicar el declive de “Occidente”,
considera que la “Comunidad atlántica
(tiene que) mostrarse abierta a una mayor participación por parte de los países
no europeos”. El politólogo y geoestratega estadounidense prevé una función
de Japón (y también de Corea del Sur) en el ámbito de