Obama, o las suaves maneras del contraataque
Por: Eliades Acosta Matos
16 de Junio, 2008
Lo que
en rigor enfrenta a los dos candidatos que se disputan
Ninguno de los dos
se cuestiona el poder hegemónico imperialista sobre el mundo. Su enfrentamiento llega a la
hora de optar por la forma en que debe ser ejercido: McCain
prefiere los métodos tradicionales y fuertes, el despliegue de fuerzas
militares, las invasiones, los crecientes presupuestos de defensa y seguridad y
el aplastamiento violento de enemigos y adversarios. Obama dice entender mejor que su rival las condiciones cambiantes del
mundo moderno, la complejidad de los desafíos por delante, los nuevos
escenarios mundiales donde su país tendrá que ejercer su liderazgo y promover
sus intereses, por lo que apela a las reformas, a las que llama
"cambio", aunque sabe bien que
no pasarán de afectar la superestructura, sin llegar jamás a las razones
profundas de las desigualdades y las injusticias, mucho menos a vertebrar un
nuevo orden internacional. Es por ello
que sus llamados al diálogo directo con los gobiernos que considera enemigos, o
los métodos suaves que propugna son fórmulas que buscan maximizar la eficiencia
del sistema, al menor costo posible. Nada más.
Pero de ese
enfrentamiento electoral, a pesar de que, como bien se sabe, tiene en ese
país mucho de show mediático y poca enjundia conceptual, esta vez si se derivará el diseño del futuro rostro público del Imperio,
el que se deberá escoger entre dos máscaras posibles: una sonriente, blanda
y bonachona, la otra de ceño duro, adusta y amenazante. La primera disfrutaría
de la novedad del cambio posible, de la potenciación de las esperanzas, y
podría traer un respiro al agobiado sistema de dominación global, en los
albores del Siglo XXI, preparándolo mucho mejor para la labor de avance hacia
las últimas fronteras de la periferia mundial, sin tener que desgastarse
peligrosamente en guerras eternas, siempre impopulares. La segunda es más de lo
mismo, la cansona continuación de políticas
fracasadas, y cada vez menos eficaces y caras, que han transparentado en Irak,
Guantánamo, Abu Grahib, los vuelos secretos de
"Si yo llego a ser el rostro visible de la
política exterior y el poder en los Estados Unidos -ha declarado Obama a James Traub, periodista de The New York Times- tomaré las
decisiones estratégicas con prudencia, y manejaré las crisis, emergencias y
oportunidades en el mundo, de manera sobria e inteligente. Pienso que si
alguien le dice a la gente que tenemos un Presidente en
En ese ensayo de James Traub,
publicado por The New York Times el 4 de noviembre del 2007, se pueden leer
algunas de las razones que explican el apoyo de muchos norteamericanos y gente
de otras latitudes a este candidato demócrata. "Es posible que los partidarios de Obama crean que su biografía y este
ángulo de su visión puedan ayudar a curar las heridas que nosotros mismos nos
hemos causado por nuestra indiferencia hacia los puntos de vista de los demás,
y por el aislamiento de un Presidente que se muestra indiferente ante el resto
del mundo- escribió James Traub, concluyendo- En ello
radica la fuerza decisiva de la candidatura de Obama". (2)
Para apoyar su punto
de vista, Traub entrevistó en su ensayo a Joseph S. Nye, el profesor de Harvard, bien conocido por su teoría
del soft y el smart power
(poder suave y poder inteligente). "Obama
como Presidente -declaró Nye- podrá hacer más por el soft power de los Estados Unidos en el mundo, que lo que
hayamos podido hacer antes." (3)
Alrededor de Obama se han agrupado figuras relativamente
jóvenes y más liberales, que en su momento apoyaron a Clinton. "Sentimos -han declarado- que él es quien
puede ayudarnos a transformar la manera en que los Estados Unidos tratan con el
mundo."(4)
Ellos reconocen que su manera de analizar los problemas
internacionales no se basa en la simplificación de sus complejidades, sino en
el respeto a ellas, lo cual lo enfrenta radicalmente a la manera en que ha
visto el mundo el equipo neoconservador que llevó a
En una
entrevista realizada por el periodista holandés Daan
de Wit al escritor norteamericano Webster Tarpley,
autor del libro Obama, the Postmodern Coup, The Making of the Manchurian Candidate, para la
revista Deep Journal, este
realizó un interesante análisis acerca del entorno del candidato demócrata y su
probable supeditación a figuras que podrían estar tras su candidatura, como son
Joseph S. Nye, Zbigniew Brzezinski y Goerge Soros, todos vinculados a círculos preocupados por
los retrocesos en el liderazgo global norteamericano, y defensores de un
replanteamiento radical en los métodos de política interior y exterior de la
nación, precisamente, para poder ejercer tal liderazgo en las nuevas
condiciones de nuestra época. Las sospechas de Webster Tarpley se basan en los
siguientes elementos, según sus declaraciones: (5)
-Obama
es la hechura política de Brzezinki y lleva más de 25
años bajo su adoctrinamiento directo. "Mi criterio es que Obama fue
reclutado por Brzezinski entre los años 1981, 1982 o 1983, donde ambos
coincidieron como Profesores en la entonces Columbia University… En sus
memorias, Obama elude hablar de este período, habla del consumo de drogas, pero
no dice nada acerca de la maravillosa Ivy League, de
la prestigiosa elite de
-Entre
los que se mueven detrás de Obama se encuentra Joseph S. Nye,
quien representa al Grupo Bilderberg y es Director para América del Norte de
-Brzezinski
y su mano derecha, Samuel Huntigton, han mirado a los
neocons y les han dicho: "Les dimos la teoría del choque de
civilizaciones, y lo que debían haber hecho es haber provocado que unos se
enfrentaran a los otros en los diferentes continentes. La esencia del
imperialismo no es atacar a Irak, sino lanzar a Irán contra Irak, a Etiopía
contra Somalia, a Colombia contra Venezuela, y a China contra Rusia…"
Independientemente
de que Webster Tapley pueda demostrar o no sus
sospechas acerca de la conexión existente entre Obama y el grupo de políticos y
estrategas que se agrupan alrededor de Brzezisnki, Nye y Soros, lo cierto es que sus declaraciones públicas,
sus preferencias políticas y sus proyecciones programáticas apuntan, sin duda
alguna, hacia esa dirección. Puede ser coincidencia, pero a este nivel de la
política norteamericana, las coincidencias inocentes no existen.
Cuando
Obama declaró a James Traub que las figuras de la
política exterior norteamericana que más admiraba eran George C. Marshall, Dean Acheson y George F. Kennan, especialmente por…¨la manera en que habían resuelto los problemas, escogiendo
siempre otras herramientas diferentes a las militares, que son muy
costosas…" (6), estaba afiliándose
a la llamada escuela realista y pragmática de la política exterior de su país,
precisamente por la que trabajan personajes como los citados. Obama lo subrayó
al reconocer que respetaba también el grupo que delineó la política exterior
del país durante el primer mandato de Bush Sr,
especialmente a Colin Powell y Brent Scowcroft, este
último uno de los consejeros del CSIS (Center for Strategic & International
Studies), el think tank de
Washington, del cual son también consejeros Brzerzinski,
Carla Hill, Henry Kisssinger, James R. Schlessinger, Sam Nunn y Richard Fairbanks, mientras que Richard Armitage, quien fuera el
segundo de Colin Powell, y Joseph S. Nye forman parte
de su Junta de Gobernadores. Precisamente, el CSIS se caracteriza por abogar
por el regreso a una política exterior realista, o lo que es lo mismo, a una
política imperialista que guarde ciertas formalidades y no abuse de su fuerza
militar, pues la guerra no sólo es costosa, sino también mala para las
relaciones públicas y la prensa.
El 8 de febrero del 2008, bajo los auspicios del CSIS, fue
impartida una conferencia por Bill Richardson, Gobernador del estado de Nuevo México,
titulada The New Realism and the Rebirth
of American Leadership, en la cual fue moderador el Dr
John Hamre, su Presidente. Lo más interesante de esta
conferencia es que en ella fueron expuestos los puntos programáticos de lo que Richardson llamó, con toda razón, el enfoque del
"Nuevo Realismo" para lograr que el liderazgo norteamericano renazca
sobre la base de reconocer y afrontar las verdaderas realidades del mundo en el
Siglo XXI. Para ello, una y otra vez, el
conferencista llamó a superar las políticas de gobierno excesivamente permeadas por la ideología de un clan dominante, en clara
alusión a los desastres que deja detrás el grupo neoconservador que llevó al
poder a Bush.
Es
interesante apreciar que Francis
Fukuyama, un desertor de
"Yo me percaté de que muchos de mis amigos
(neocons) dependían demasiado en sus ideas del hard
power, como medio para provocar cambios políticos en el mundo. Pero los
actuales conflictos son muy complicados y sólo el poder militar convencional no
podrá poner de su lado a otros pueblos… Yo creo que los Estados Unidos deben
reconectarse con el mundo. Para ello el nuevo Presidente deberá tener unos
gestos simbólicos iniciales, como por ejemplo, cerrar Guantánamo…Debe haber una
completa transformación en la guerra contra el terrorismo. El sólo hecho de
haberla llamado "guerra" le otorgó un excesivo carácter militar al
proceso; debemos usar más el soft power para promover
los intereses de los Estados Unidos… De los tres candidatos presidenciales,
Obama es el que más promete, en el sentido de cambiar la política… Necesitamos
una política exterior diferente… Creo
que estamos en la recta final del ciclo (político) generacional que se inició
con Ronald Reagan en el 1980, por lo que ciertas ideas y hábitos deben ser
enterradas… Independientemente de quien resulte electo, la política de este
país va cambiar…"(7)
Mientras los
estrategas del CSIS promueven la candidatura de Obama, claman por un cambio en
la orientación de la política exterior del país, organizan y lanzan programas
para repensar el rol de los Estados Unidos en el siglo recién iniciado, como Next América, cuya conferencia cumbre tendrá lugar en enero
del 2009, inmediatamente después de las elecciones presidenciales, dedican
tiempo y dinero a proyectar cómo deben ser las embajadas norteamericanas del
futuro y proponen programas para el aumento de los intercambios educacionales y
culturales con el mundo, se acerca el momento crucial, el de las votaciones.
Allí no sólo se decidirá quién regirá el país durante los próximos cuatro años,
sino también si la nación y el mundo,
podrán dar piadosa sepultura a casi tres décadas de desastrosas políticas
imperialistas que, desde
Lo que
está en juego es más que una victoria de uno de los dos candidatos a
Una responsabilidad demasiado grande para dejarla sólo en
las manos del elector norteamericano.
Notas:
1) James Traub: " Is (His) Biography (Our) Destiny?". The
New York Times Magazine, 4 de noviembre
2) Idem
3) Idem
4) Idem
5) Daan de Witt: "The Men Behind Obama: interview with
Webster Tarpley . 16 de mayo
6) James Traub. Oport Cit.7) Eleanor Hall:
"The World Today:
No creo que los
estrategas del soft power, de la diplomacia pública y de
las Guerras de Cuarta Generación (expresiones, al fin, de las guerras
culturales del Imperio), que hoy se refocilan en sus cuarteles de invierno,
esperando la salida definitiva de los remanentes del otrora poderosísimo clan
neoconservador, hayan tenido ocasión de
leerse la novela "El Gatopardo", de Giusseppe
Tomasso di Lampeduza.
De haberlo hecho, estarían citando constantemente las ya clásicas palabras de
su personaje principal, Don Fabricio Corbera,
Príncipe de Salina, para mayor adorno del oropel que arropa a los intelectuales
norteamericanos vinculados al poder.
En 1860, con el
desembarco de Garibaldi en Sicilia, el Príncipe y su familia asisten desde
lejos al ocaso de su época, la del dominio aristocrático de los elegidos, la del reinado
soñoliento de una sociedad y una política donde no pasaba nada, porque hasta la
eternidad, todo ya había sido repartido a través de un cerrado régimen de
castas, más inviolable que el de
"Si queremos
que todo siga como está, es necesario que todo cambie".
Pero
la frase no pertenecía a la inventiva del Príncipe, sino de su sobrino Tancredi, quien al principio de la novela va a despedirse
de su tío para enrolarse en las tropas garibaldinas, lo que escandaliza a este,
y le hace recordar que…"un Falconeri debe estar
a nuestro lado, por el Rey". "Por el Rey, es verdad-le responde con
cinismo el sobrino-pero, ¿por cuál?... Si no estamos también nosotros, esos te
endilgan la república… Si queremos que todo siga como está, es necesario que
todo cambie. ¿Me explico?"
Después del abrazo de despedida, el Príncipe pone en el
bolsillo de Tancredi… "un cartucho de onzas de
oro". Al este partir, el Príncipe abandona la habitación. "Bajando
las escaleras comprendió. "Si queremos que todo siga como está…Tancredi era un gran hombre: siempre había estado seguro de
eso…"
El gatopardismo en
política, de entonces acá, siempre ha sido, y sigue siendo, la apoteosis del
cálculo hipócrita de quienes aparentan abrazar una causa para mediatizarla y
neutralizarla desde dentro. Esto lo saben bien, aunque no hayan leído a Lampedusa, los promotores astutos del cambio, como consigna
política central en la voz de uno de los más firmes candidatos a
El nuevo rostro y renovada vocación cultural que estrena
el Imperio, en vísperas de las elecciones del 2008, es el que la historia le ha
impuesto, no el que le gustaría mostrar. Bajo las cirugías reconstructivas está
marcado por las horribles cicatrices de la guerra de Irak, los desastres del
hambre, las enfermedades y la miseria que provoca, por el rictus terrible de
los atacantes suicidas que se inmolan creyendo servir así a su dios, pero que,
al final, sólo benefician a quienes en sus faraónicas oficinas en Washington,
Tokio, Londres, Berlín o Sydney firman más contratos militares con gobiernos
que se sienten amenazados por los terroristas. Y los cirujanos estéticos que han dotado al Imperio de este nuevo y
glamoroso look; que lo han adornado con la ilusión de
un renacimiento y una primavera, son los intelectuales, civiles y militares que
trabajaron frenéticamente por reensamblar las partes caídas del casi
fragmentado Leviatán, repitiendo una y otra vez, hasta el infinito, las
palabras de Tancredi Falconeri
a su tío, y recibiendo a cambio, como premio, el mismo cartucho con las onzas
de oro.
Las teorías,
aparentemente humanistas y avanzadas que se mueven tras esta jugada final de la
ciudad letrada imperial, las que proclaman la necesidad de invertir en escuelas, hospitales,
desarrollo sostenible para todos, nuevos centros culturales norteamericanos por
el mundo, más programas de intercambio, mayores flujos de información, acceso a
las tecnologías, comercio más justo, respeto a las diferencias y despliegue
global del soft power, son, sin duda, en caso de aplicarse, un paso de avance si las comparamos
con las que promovieron antes otros representantes de esa misma ciudad letrada,
los guerreros del clan neoconservador, entre ellas, las guerras
preventivas, los ataques a más de "60 oscuros rincones del planeta",
los asesinatos selectivos, los secuestros y cárceles clandestinas de
La
pregunta que surge es, ¿realmente las políticas del "Nuevo Realismo"
están destinadas a cambiar las bases profundas del sistema imperial, o se trata
apenas de darle un nuevo aire y una nueva imagen, forzadas por los descomunales
y peligrosos errores de la administración Bush?
Al menos en el
terreno cultural, no se vislumbra un cambio radical en la orientación de las
políticas en marcha, ni siquiera a largo plazo. Lo que está en el tapete y
sobre la mesa de negociaciones no es la promoción de una cultura democrática,
plural y participativa para hacer mejores y más libres a los seres humanos, a
todos sin excepción, sino su manipulación oportunista para reducir las amenazas
y peligros que penden sobre el futuro de los Estados Unidos, como centro hegemónico
de nuestra época.
Ni siquiera se discute la manera en que los ciudadanos norteamericanos puedan
acceder más y mejor a los productos culturales del resto de las naciones y
pueblos del mundo, ni cómo potenciar las industrias culturales autóctonas para que
puedan llegar a audiencias más masivas, sino
los mecanismos a aplicar para dirigir los flujos culturales y los mecanismos de
influencia, de manera más eficaz y sistemática, desde el centro hacia la
periferia, con el objetivo declarado de que cambie la percepción que hoy se
tiene de los Estados Unidos.
Cuando
la cultura se utiliza de manera utilitaria y oportunista, como en este caso, de lo que se trata, en el fondo es de
disfrazar culturalmente estrategias de dominación, coerción y penetración que
no son culturales, sino, esencialmente económicas, políticas y militares. En
este cambio generacional que está teniendo lugar en la política
estadounidense, mientras parten cabizbajos los viejos neoconservadores
llevándose consigo, en procesión luctuosa, el cadáver del reaganismo
y el bushismo, quienes llegan para relevarlos están convencidos de que la cultura es hoy
la expresión concentrada de la economía y la guerra por otros medios, a saber,
suaves, blandos e inteligentes.
Y si apareciese todavía algún optimista a ultranza, algún
iluminado que viese a Obama como encarnación mesiánica de un cambio
revolucionario en el carácter y los mecanismos del sistema imperialista de esa
nación; si alguien creyese, de buena fé, que estamos en presencia de un Luthero
flamígero que ha llegado hasta aquí para desterrar a los mercaderes del templo,
de una vez y por todas, bastaría mostrarle las estadísticas del dinero
recaudado por cada candidato en estas elecciones para que pueda sacar sus
propias conclusiones. A diferencia de las variadas lecturas que pueden
tener las habilidades oratorias, los gestos para la galería y los efectos
especiales de cada candidato, es por la ruta del dinero por donde transita la
inversión que el sistema hace para garantizar su futuro y permanencia. Fin de
las ilusiones, matemática pura y dura, testimonio final. Veamos los datos, con
el 13 de junio del 2008, como fecha de cierre: (1)
- Fondos recaudados
por John Mc Cain: $ 102 661
197
- Fondos recaudados por Hillary
Clinton: $ 221 704 597
- Fondos recaudados
por Barack Obama: $ 272 167 115
Si
después de estos datos aún persistiese el optimismo insumergible de algún
cándido; si argumentase, incluso, que tales cifras podrían indicar la magnitud
de los aportes del pueblo a sus candidatos preferidos, le responderíamos que
así no funciona la política norteamericana, no al menos en ligas mayores, y que
el Leviatán imperial no se mueve por el aporte modesto de los humildes, sino
por el dinero de los grandes donantes, que a fin de cuentas no lo hacen por
civismo ni filantropías, sino por promover y garantizar sus intereses. Y
aportaríamos, además, lo siguientes datos, con fecha de cierre 8 de mayo del
2008, de CNNMoney. com:
(2)
- Los mayores
donantes en estas elecciones, hasta la fecha, han sido las grandes
corporaciones al estilo de los bancos JP Morgan, Goldman
Sachs y Citigroup.
- Por primera vez en muchos años, Wall Street ha invertido en candidatos demócratas (Hillary
y Obama) y no en republicanos (Mc Cain).
Solamente, la industria de los seguros y las inversiones aportó $ 35
millones a la campaña, el 55% de ellos a los demócratas, medio millón más a
Obama que a Hillary, y el doble al primero ($ 7,5
millones), en comparación con Mc Cain.
- También las grandes firmas legales y de
abogados favorecieron a los demócratas, con más del 77% de los $ 58 millones
aportados. La industria del entretenimiento entregó más de $ 9 millones, de
ellos el 82% a los demócratas.
- Los mayores
donantes corporativos de Obama, hasta el momento, han sido, Goldman
Sachs ( grupo de inversiones, ganancias 2006: $9540
millones), University of California, UBS (Banco privado y de inversiones,
beneficios del 2007: $ 4384 millones), JP Morgan Chase
(servicios financieros, activos por valor de $ 1300 millones) y Citigroup(
mayor empresa financiera del mundo, ingresos del 2006: $ 155 mil
millones).
Tras conocer estos datos, y cuando nuestro descorazonado
optimista se haya retirado, cabizbajo y pensativo, la pregunta que queda
flotando en el aire es: Las grandes
corporaciones norteamericanas, sostén y guardianes del sistema, ¿pondrían su
dinero, y su futuro, en manos de un político poco confiable o propenso a
veleidades, no ya revolucionarias, ni siquiera moderadamente reformistas, si
estas no les beneficiasen?
No creo que Vikram Pandit, el actual
Presidente de Citigroup, ese monstruo financiero presente en más de cien países, y que compró
en el 2007 el fondo de inversiones Old Lane Partners por $ 800 millones,
de los cuales fueron a parar a su cuenta particular $ 165,2 millones, tenga los mismos ideales y esperanzas que
la mayoría de lo mortales del planeta, esos que si necesitan de un
verdadero cambio en las políticas de los Estados Unidos.
Pero, ¡qué extraordinaria casualidad!
El Sr Pandit asumió
En
algún lugar leí que cuando Roma necesitó de bárbaros, o sea, de ciudadanos de
cuna no romana para cuidar sus fronteras, guiar sus legiones, comerciar en sus
plazas y legislar en el Senado, desde ese mismo instante comenzó la caída del
Imperio.
Intentar
frenar lo inevitable es por lo que el sistema promueve a Obama, que es lo mismo
que promover al fantasma de Tancredi Falconeri.
Notas:
1) Fundrace 2008. En: http: // www.huffingtonpost.com
2)
Alexandra Twin: Election ´08: Wall Street´s Big
Donors . En:
http://www.cnnmoney.com
¿Cómo está efectuando la cúpula de poder norteamericana la
transición silenciosa de una vieja y gastada filosofía de dominación a otra
nueva y prometedora?
¿De
qué manera se organiza el contraataque ideológico y cultural de un sistema que
no se resigna a pasar sin presentar batalla?
De Paul Wolfowitz y Richard Perle a Joseph S. Nye y Samantha Power; del
neoconservador Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, de 1997, al reporte del
Center for Strategic & International Studies(CSIS) sobre el Smart Power, del 2007; de la embajada norteamericana en
Bagdad, en
Y lo más
preocupante viene si se tiene conciencia de que la situación del capitalismo
global es tan desastrosa, que no hay garantías de que sean aplicadas, ni
siquiera, estas pálidas reformas culturales, aún en el supuesto caso de que
triunfe en las elecciones un candidato suave, como Barack Obama. Porque hasta el aconsejable gatopardismo se
archivará, si el establishment siente que pueden estar en juego sus reglas
inmutables de supervivencia.
Por lo pronto, un gurú mediático
como Arnaud de Borchgrave,
editor de "The Washington Times", y director del United Press
International y Transnational Threats del CSIS,
en su artículo "A move to
curb capitalism?", del
30 de mayo del
Y el peligro no es sólo el que emana de la
crisis económica, sino también el que se derivará de la crisis política que
inexorablemente le acompañará. ¨Hace pocos
años,-recordó de Borchgrave- el filántropo liberal
George Soros en la reunión anual de tiburones, en Davos, lanzó una bomba al
afirmar que un capitalismo sin freno es un gran peligro para la democracia…"(2)
Y mientras peor marcha la economía real, más beneficios acumulan los
especuladores de la economía virtual.
Según
este mismo periodista,…"entre 1986 y
el 2006, el número de billonarios se elevó de 350, antes del 11 de septiembre
del
La alarma cunde entre los que apenas en las vísperas
cantaban loas a la inevitable victoria global del capitalismo, y predecían el
advenimiento de un milenio de paz basado en los principios de
Tampoco reparó Fukuyama en que ni antes, ni después de la
caída de
Llegada
la hora de las dramáticas rectificaciones, ante la vitalidad de una historia
que se niega a morir, Fukuyama ha
reconocido, a fines de mayo del 2008, que…"sus ideas emblemáticas de los 90 no tienen aplicación universal"
(5). No hacía falta decirlo, cualquiera lo podía haber constado, a simple
vista. Bastaba, por ejemplo, una mirada al panorama político iberoamericano,
donde las ideas favorables al socialismo, y la propia vocación socialista de
algunos de sus gobiernos democráticamente elegidos, son más palpables que en
tiempos de
En medio de tiempos convulsos vuelven los fantasmas del
pasado, algunos de los cuales se creían definitivamente enterrados. Eso está
ocurriendo con el concepto de clases sociales, piedra angular de la concepción
materialista de
Los
desafíos son demasiado grandes, aún para el astuto y dúctil gatopardismo con
que se pretende dar un nuevo aire al sistema.
Los tiempos de
En el caso de Cuba, los ayer entusiastas promotores de la
guerra cultural en su contra se muestran hoy ansiosos y desgastados: saben, al
cabo de medio siglo, que ha sido una lucha estéril en la cual han consumido, no
sólo sus energías físicas y mentales, sino también una buena parte de los
infinitos millones que el Imperio dedica para subvertir gobiernos que considera
hostiles. La contra ilustrada cubana se reconoce carentes de asideros en la
vida cultural de la isla. Al igual que el sistema que la amamanta, está abocada
a evolucionar o perecer. Probados todos los disfraces y todas las máscaras
posibles, se siente envejecida y decadente, y ha llegado a percibir la
esterilidad de continuar moviéndose por el laberinto de sueños jamás cumplidos.
Eso no significa que dejará de intentarlo, todo lo contrario: seguirá atacando
con desespero, difamando de todas las certidumbres que compartimos, intentando
demoler todas las autoridades, minando todas las instituciones. Su momento de
la verdad le llegará a partir del 2009, una vez que asuma la nueva
administración norteamericana.
Para
En las elecciones de este año, los
estrategas del soft y el smart
power tienen posibilidades reales de llevar a
Un anticipo de lo
que vendrá puede ya apreciarse en enfoques y puntos de vista que se esconden
detrás de noticias aparentemente inocuas, pero que, tras un detenido análisis,
se revelan como retos ideológicos inusuales. Pero a la hora de efectuar predicciones, la única
garantía que tenemos para acertarle al futuro es volver la vista atrás, a las
enseñanzas del pasado.
No hay fórmula invencible en el terreno de las ideas. Por mucho dinero que el enemigo disponga,
lo que decidirá esta batalla es el nivel de cultura general integral de un
pueblo, los flujos de información variada, amena y diversa de que disponga, y
la unidad nacional alcanzada a través del proceso histórico. Desde ese
ángulo, aún con insuficiencias y dificultades, el pueblo cubano muestra una
singular fortaleza, difícil de encontrar en el mundo, lo cual sólo significa
que es un capital que no debe ser dilapidado.
Las fórmulas del soft y el smart power no son
infalibles. Un
artículo de Josef Joffe publicado el 14 de mayo del
2006 en The New York Times se titulaba, precisamente ¨The
Perils of Soft Power¨. Escrito para procurar la eficacia de este método, y
de otras herramientas de dominación norteamericanas, Joffe
reconocía que…"el soft power no necesariamente incrementará
el amor que siente el mundo hacia los Estados Unidos. Mientras se trate de
poder, de este o cualquier otro tipo, siempre podrá generar enemigos."(8)
El
problema fundamental de este enfoque radicaba, en opinión de Joffe, en que "independientemente
de que cientos de millones de personas de todo el mundo se vistan, escuchen
música, beban, coman, miren televisión o cine o bailen al estilo
norteamericano, no necesariamente se identifican esas costumbres cotidianas con
los Estados Unidos. Una gorra de baseball del equipo de los Yankees
es el epítome de lo norteamericano, pero llevarla no significa que se conozca,
y mucho menos que se apoye a estos deportistas de Nueva York. Lo mismo ocurre
con las canciones, la comida o los filmes… Esos productos difunden imagen, no
necesariamente simpatía. Hay poca relación entre los artefactos y los afectos… Los Estados Unidos suelen ser rechazados al
mismo tiempo que son imitados… La imitación y la ingratitud son el juego más
antiguo en la historia de las naciones." (9)
Eso es cierto, pero
el artículo de Joffe no deja de aparecer ante mis
ojos como una astuta cortina de humo, un llamado a bajar la guardia y dejarse
invadir por la avalancha, sin intentar oponer resistencia. No es precisamente
el rechazo cultural, la activación anti-norteamericana y la ingratitud lo que
hemos presenciado en la mayoría de los lugares del planeta sometidos a la banalización sistemática de sus jerarquías culturales, bajo
el influjo de innumerables productos y servicios norteamericanos. Y a pesar de eso, en el caso de
Cuba, hay motivos para el optimismo.
Para fundamentar mi seguridad en la victoria ante estos
nuevos retos, he elegido imaginar lo que
por estos días debe estar ocurriendo en el otrora lujoso piso que ocupaba el
Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, en el no menos lujoso edificio del
American Entreprise Institute, de Wáshington.
Ese templo neoconservador, corazón y cerebro del programa de contrarrevolución
mundial que inició su etapa final con la llegada de George W. Bush al poder, era visitado en procesión, durante su edad
de oro, por grupos de fieles y peregrinos de medio mundo que llegaban en busca
de
Caravanas
de empresarios, militares, filósofos e historiadores de todo el mundo, al
llamado inequívoco de los clarines imperiales, llegaban hasta allí. Fue mayor
el arribo de visitantes en la medida que se iniciaba una guerra prolongada,
inédita: la del Imperio contra enemigos terroristas invisibles agazapados en
oscuros rincones del planeta. Sobre esos pueblos y estados fallidos pronto
caería la cólera divina, con tal contundencia, que, como se proclamaba
entonces, correrían a ponerse al amparo de la misericordia del Poder Global que
les fruncía el ceño.
Pero
nada ocurrió de esa manera.
De
aquellas oficinas espléndidas, de donde partían los funcionarios que ocuparían
las satrapías y consulados imperiales en las colonias de ultramar; de aquellos
locales colmados de tecnología que permitía a los neoconservadores mostrarse en
los televisores del planeta con esa benévola arrogancia que los caracterizaba; de tantos flashes
de fotógrafos, trasegar de influencias, aprobación de millones y rumores de
muchedumbres embelesadas por el brillo de unos visionarios todopoderosos,
fanatizados con el legado de Ronald Reagan, sintetizado en la frase
"fortaleza militar y claridad moral", hoy queda, apenas un fantasmal
empleado que embala en cajas de cartón, sin prisa alguna, las ruinas de lo que
el viento se llevó. Y queda el silencio, el más profundo y aplastante
silencio.
Nada
deja tras de si, aparte de muerte, maldiciones y destrucción, una casta que
intentó reinar con mano de hierro, recitando en griego los Diálogos de Platón,
y creyéndose inmutable y eterna, venida al mundo para gobernar.
Nada
queda de aquel trasnochado intento de extender el Imperio, a como diese lugar,
hasta el confín conocido de
Despedir a los que parten da fuerzas para recibir a los
que llegan.
No pasarán.