Obama presenta su imitación de Bush

 

Pepe Escobar

 

Asia Times Online

 

El “compromiso duradero,” la sesión fotográfica de la cumbre en tiempos de guerra en Washington entre el presidente de EE.UU., y los mellizos Af-Pak (Afganistán-Pakistán), el presidente “Af” Hamid Karzai y el presidente "Pak" Asif Ali Zardari no tuvo nada que ver con una reunión urgente para discutir una manera de impedir el fin de la civilización tal como la conocemos. Todo tuvo que ver con el meticuloso cambio de marca de la “Larga Guerra” del Pentágono.

 

En boca de Obama, el “compromiso duradero” significa sobre todo “derrotar a al-Qaeda.” A guisa de ocurrencia tardía, el presidente agregó: “Pero también es apoyar a los gobiernos soberanos, democráticamente elegidos, en Pakistán y Afganistán.”

 

Cuando se oye a alguien que define como “soberanos” al hombre de George W Bush en Kabul y al viudo de la ex primera ministra Bhutto, hay que disculparse por creer que Bush todavía gobierna en la Casa Blanca.

 

En otro despliegue de sus impecables credenciales democráticas, Karzai acaba de elegir a uno de sus candidatos a la vicepresidencia: no es otro que el ex máximo comandante de Jamiat-e-Islami y antiguo primer vicepresidente Mohammad Fahim, presunto narco señor de la guerra y veterano amigo de las milicias armadas, a quien Human Rights Watch desaprueba como un sistemático violador de los derechos humanos. Fahim es tayik: Karzai es pastún (de una tribu menor). Karzai necesita urgentemente a los tayiks para conseguir un segundo período presidencial en agosto.

 

Posiblemente impulsado por el obligatorio “profundo pesar” expresado por la Secretaria de Estado Hillary Clinton, Karzai se abstuvo de causar problemas en Washington respecto al último “preciso” ataque aéreo de EE.UU. en la ultra-remota provincia Farah en Afganistán occidental que, según fuentes locales, puede haber incinerado a más de 100 afganos, en un 70% mujeres y niños. El contexto es clave: fue el inepto, corrupto, disfuncional gobierno de Karzai – monopolizado por señores de la guerra y bandidos – el que facilitó en gran medida el retorno de los talibanes con toda su fuerza.

 

La guerra del opio de Obama

 

A estas alturas es obvio que la próxima ‘oleada’ de verano, posibilitada por el Pentágono, en la sección “Af” de la guerra de Obama en Af-pak será desplegada esencialmente como la nueva guerra del opio de Obama. En un picante cambio de roles histórico, el Imperio Británico (que prácticamente anexó Afganistán) quería que los chinos se convirtieran en adictos a su opio, mientras que ahora el imperio estadounidense quiere que los afganos dejen de cultivarlo.

 

La estrategia se reduce a devastar los campos pastunes cultivados con amapolas en la provincia sureña Helmand – capital del opio del mundo. En la práctica, será otra guerra indiscriminada contra los campesinos pastunes, que han estado cultivando amapolas durante siglos. Sobra decir que miles emigrarán a la coalición-banda heterogénea contraria a la ocupación, etiquetada como “talibanes.”

 

La destrucción de la única fuente de ingresos para numerosos afganos pobres significa, en jerga del Pentágono, “que se corte la principal fuente de dinero de los talibanes,” que al mismo tiempo sirve de “principal fuente de dinero” para una colección de astutos señores de la guerra amistosos hacia Washington, que no se resignarán a que los dejen flotando en el viento.

 

La estrategia tampoco tiene en cuenta el hecho de que los propios talibanes reciben un considerable financiamiento de piadosos millonarios de petro-monarquías del Golfo así como de sectores de Arabia Saudí – la misma Arabia Saudí que el supremo del Pentágono, Robert Gates, ahora corteja activamente para … que abandone a los talibanes. Desde la inauguración de Obama en enero, la fuerte presión de Washington sobre Islamabad ha sido implacable: olvidad a vuestro enemigo India, queremos que libréis “nuestra” guerra contra los talibanes y “al-Qaeda.”

 

Por lo tanto, hay que esperar que todo agricultor o campesino pastún productor de opio que blande su hacha, su daga, su mosquete o su oxidado rifle Lee-Enfield contra las tropas entrantes estadounidenses de ultra alta tecnología sea etiquetado como “terrorista”. ¡Bienvenidos a otro capítulo más de una guerra ciertamente prolongada del Pentágono contra los más pobres del mundo!

 

Estáis acabados porque lo digo yo

 

En cuanto al componente "Pak" de Af-Pak, es pura contrainsurgencia (COIN). Como tal, Su Voz del Amo, tiene que ser el comandante del Comando Central y ascendiente general David – “siempre me posiciono para 2012” Petraeus.

 

Y llega la incansable campaña de relaciones públicas del Pentágono. La semana pasada, Gates advirtió al Comité de Apropiaciones del Senado de EE.UU. que sin la aprobación del Fondo de Capacidad de Contrainsurgencia para Pakistán de 400 millones de dólares (que en sí es parte de desmedidos 83.500 millones de dólares adicionales que Obama quiere para seguir alargando sus guerras), y bajo la “autoridad única” de Petraeus, el propio gobierno paquistaní podría colapsar. El Departamento de Estado mantuvo el tono: Clinton dijo que Pakistán podría colapsar dentro de seis meses.

 

Se perdona a quienquiera crea que esa táctica – dame el dinero y cállate –todavía se sitúe en la “guerra contra el terror” de Bush; es porque en los hechos es así (las mismas facultades extraordinarias, evitando como corresponde al Departamento de Esto, como con Bush). La cantinela final, claro está, sigue siendo la misma: el Pentágono dirige el espectáculo, estrechamente ligado al ejército paquistaní.

 

Para el consumo interno de EE.UU., las tácticas del Pentágono son una mezcla de ofuscación y paranoia. Por ejemplo, el portavoz del Pentágono, Geoff Morrell dice sobre Pakistán: “No se trata de una zona de guerra para los militares de EE.UU.”

 

Pero luego el almirante Mike Mullen, presidente del Estado Mayor Conjunto – que ha estado en Pakistán dos veces en las últimas tres semanas – dice que los talibanes en Af-Pak en general “amenazan nuestros intereses nacionales en la región y nuestra seguridad aquí, en casa.”

 

Se hacía eco de Clinton y Gates, quienes habían dicho que los talibanes son una “amenaza existencial” para Pakistán. Finalmente, Petraeus cierra el círculo de las tácticas del temor – al subrayar en una carta al Comité de Fuerzas Armadas de la Cámara que el gobierno paquistaní podría colapsar si el ejército paquistaní no se impone sobre los talibanes en dos semanas.

 

Eso desvela el núcleo del pensamiento del Pentágono y de David "COIN" Petraeus: saben que lo mejor para los diseños a largo plazo de EE.UU. sería otra dictadura militar más. El gobierno de Zardari es considerado – correctamente – como una ficción (mientras Washington sigue cortejando a otro caso dudoso, el ex primer ministro Nawaz Sharif). El hombre “superior” para Petraeus (en sus propias palabras) no podría ser otro que el jefe del Estado Mayor, general Ashfaq Kiani.

 

Y así exactamente lo describió Obama en su conferencia de prensa de los 100 días en la semana pasada, en la que subrayó la “fuerte consulta y cooperación entre militares” e hizo añicos a Zardari (gobierno “muy frágil”, carente de “la capacidad de suministrar servicios básicos” y sin “el apoyo y la lealtad de su pueblo”). A juzgar por su lenguaje corporal, Obama debe haber repetido ayer la misma letanía a Zardari, en vivo en Washington.

 

La cita de oro sigue siendo la que describe cómo Obama ve a Pakistán: “Queremos respectar su soberanía, pero también reconocemos que tenemos inmensos intereses estratégicos, inmensos intereses de seguridad nacional para asegurarnos de que Pakistán sea estable y que no terminemos por tener un Estado militante con armas nucleares.”

 

La “soberanía” paquistaní es un chiste: Pakistán ahora es dirigido abiertamente desde Washington. “Queremos respetar su soberanía” no significa que “nosotros” lo hagamos en realidad. Obama y el Pentágono – que para todos los efectos prácticos trata a Pakistán como una lamentable colonia – sólo se sentirían (relativamente) cómodos con una nueva dictadura militar paquistaní. Dejan de lado por ser irrelevante el hecho de que la opinión pública paquistaní aborrece abrumadoramente a los talibanes, por mucho que aborrezca otra dictadura militar más (vea las recientes, masivas, manifestaciones callejeras a favor de los jueces de la Corte Suprema).

 

La lucha de clases de Swat

 

En este complejo guión neocolonial la “talibanización” de Pakistán – el actual furor en Washington – parece y se siente cada vez más como una táctica diversionista de amedrementamiento. Hablando del mismo tópico, un informe en el periódico diario paquistaní Dawn sobre el fantasma de la talibanización de Karachi muestra que tiene más que ver con la turbulencia étnica entre pastunes y la mayoría de origen indio, que habla urdu, que conque los pastunes de Karachi tomen el camino de los talibanes.

 

La estrategia Af-Pak original del gobierno de Obama, como todos recuerdan, era esencialmente una guerra con aviones no tripulados en las Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA) combinada con una ‘oleada’ en Afganistán. Pero los mejores y más brillantes en Washington no incluyeron en sus cálculos una oportunista contra-oleada de los talibanes.

 

El astuto Tehrik-e-Nifaz-e-Shariat-e-Mohammadi (TNSM – Movimiento por la Imposición de la Ley Islámica) dirigido por Sufi Muhammad, logró controlar a los campesinos sin tierra del valle Swat para que lucharan por sus derechos y la “redistribución económica” contra los usuales acaudalados, codiciosos, señores feudales que también son al mismo tiempo políticos locales y funcionarios del gobierno.

 

Es como si los tan localistas talibanes hubieran prestado atención a lo que sucede en toda Sudamérica… Esencialmente, fue la apropiación de la vieja lucha de clases lo que llevó a que los talibanes consiguieran superioridad. Finalmente, Islamabad tuvo que aceptar que se estableciera la Nizam-e-Adl (jurisprudencia islámica) en el valle Swat.

 

Por lo tanto lo que pasó en Swat es que pasó más allá del control corrupto, estatal y neocolonial. El enemigo de Washington repentinamente aumentó a formar parte de los 1,3 millones de personas en el área cuyos únicos medios de protección son milicias armadas – lo que Occidente resume como “talibanes.”

 

Siempre es esencial que se recuerde que los “talibanes” tienen toda suerte de proyectos, de la resistencia armada a la ocupación de EE.UU. en Afganistán a la resistencia armada contra las incursiones del ejército paquistaní. Lo que todos quieren es básicamente el fin de la guerra de los aviones teledirigidos de Washington, el fin del apoyo de Pakistán a la “guerra contra el terror” en Af-Pak, o por lo menos que el inepto y corrupto Estado paquistaní los deje tranquilos.

 

Es verdad que durante las últimas semanas, la opinión pública paquistaní en su conjunto se definió en un 95% contra los talibanes porque Sufi Muhammad dijo que la democracia es cosa de infieles, y porque por primera vez hubo vídeos de flagelaciones por talibanes en todos los medios paquistaníes.

 

Pero es obvio que la solución no es una guerra en Swat. Sería, por ejemplo, una política gubernamental concertada, a largo plazo, para desactivar la red de por lo menos 45.000 madrazas (seminarios) con casi 2 millones de estudiantes en todo el país. Y desactivar organismos antidemocráticos, sectarios, como Lashkar-e Toiba y Sipah-e Sahaba.

 

No sucederá. Y a Washington no le importa. Lo que le importa al Pentágono es que en cuanto algún organismo sectario o banda de bandidos decida coludirse con el Pentágono, ya no sea “talibán”; mágicamente se transforma en un organismo de “Ciudadanos Locales Preocupados.” De la misma manera, cualquier forma de resistencia a la interferencia extranjera o al infierno de los bombardeos desde el aire de los Predator es inevitablemente calificada de “talibán.”

 

Si tuviera que arreglárselas solo, la solución del Pentágono para Swat sería probablemente alguna forma de limpieza étnica. Previsiblemente, lo que hacen en realidad Obama y el Pentágono – parte de su acomodamiento con el ejército paquistaní – es ponerse de parte de los señores feudales e imponer un retorno al clásico status quo paquistaní de inmensa desigualdad social. Por lo tanto, virtualmente cualquier ciudadano local que no se haya convertido en refugiado (como hasta 500.000 ya lo han hecho, llevando a una inmensa crisis humanitaria) ha sido calificado de “terrorista”, como corresponde. La gente del lugar está atrapada entre una roca (los talibanes) y un sitio duro (los militares paquistaníes apoyados por EE.UU.

 

El Pentágono no causa “daños colaterales.” Sólo le preocupa que el ejército de EE.UU. pueda quedar parcialmente expuesto en el vecino Afganistán. Después de todo, la ecuación Af-Pak clave para el Pentágono es cómo reabastecer a tropas de EE.UU. involucradas en OCO (“operaciones de contingencia en ultramar.”).

 

Es probable que la tragedia de Swat se ensangrente aún más. Como averiguó Steve Clemons del blog The Washington Note en una conferencia en Doha, Obama y Petraeus están obligando al ejército paquistaní a aplastar Swat. Es una vez más la lógica imperial de “disparad contra vuestra propia gente.” Previsiblemente, Zardari y el ejército paquistaní se siguen oponiendo. Pero si aceptan – sería un resultado tangible de la toma de fotografías en Washington del miércoles – el premio será mucho dinero y numerosos preciosos helicópteros artillados.

 

Locos desenfrenados

 

El gobierno de Obama no sólo ha rebautizado la “guerra global contra el terror” (GWOT, por sus siglas en inglés) como las sutilmente orwellianas “operaciones de contingencia en ultramar” (OCO). El componente esencial – el frente Af-Pak – ahora es rebautizado activamente, y vendido, no como una guerra estadounidense, sino como una guerra paquistaní.

 

Zardari desempeña su lamentable pequeño papel; junto a Obama, el Pentágono y el Departamento de Estado, han estado convenciendo a la opinión pública paquistaní para que libre las OCO de Washington, y defiende el bombardeo de los Predator contra civiles pastunes en territorio paquistaní. No es fácil: por lo menos un 20% de los soldados del ejército son pastunes – obligados ahora a combatir contra sus propios primos pastunes.

 

En cuando al elemento “Af” de Af-pak, la guerra contra la ocupación en Afganistán ha “desaparecido” de la narrativa a favor de esta “guerra santa” paquistaní contra la talibanización. Lo que no ha desaparecido, por cierto, es el bombardeo estadounidense de campesinos afganos (con “pesares” agregados de Hillary) más la guerra de los Predator en las FATA.

 

La pregunta es: ¿Hasta dónde llegará la colusión de Obama, el Pentágono y Zardari en términos de eliminar toda forma de resistencia a la ocupación de Afganistán por EE.UU. y a la guerra de los drones contra campesinos pastunes en las FATA?

 

Las asiduas advertencias sobre el colapso de Pakistán podrían convertirse en una profecía que se realiza por sí sola. Si así sucediera, la balcanización de Pakistán sería una maravilla para la estrategia a largo plazo del Pentágono en el “arco de inestabilidad.”

 

Desde el punto de vista de una situación perfecta para el Pentágono, la balcanización de Pakistán significaría desmantelar una “central terrorista” capaz de contaminar otras partes del mundo musulmán, de Cachemira india a los “estanes” centroasiáticos. “Liberaría” a India de su enemigo Pakistán para que India pueda trabajar muy de cerca con Washington como una efectiva contra-potencia para el inexorable ascenso de China.

 

Y sobre todo, tiene que ver con el mayor premio – Baluchistán, como veremos en la parte 2 de este informe. El desierto de Baluchistán, en el sudoeste de Pakistán, es donde Washington e Islamabad chocan de frente. Desde la perspectiva de Washington, Baluchistán tiene que ser lanzado al caos. Es prácticamente la única forma de detener la construcción del gasoducto Irán-Pakistán- India, también conocido como el “gasoducto de la paz”, que atraviesa Baluchistán.

 

En una situación ideal de balcanización de Pakistán desde el punto de vista de Washington, EE.UU. se apoderaría rápidamente de la inmensa riqueza natural de Baluchistán, y promovería el puerto estratégico de Gwadar en Baluchistán, no a favor del gasoducto IPI, sino del gasoducto Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI), con permanentes problemas. La riqueza del gas del Caspio fluiría bajo el control de EE.UU., no de Rusia o Irán.

 

En cuanto a los talibanes, sea en las FATA o en Swat, o en cualquier otro sitio, no representan una amenaza para EE.UU. Usman Khalid, secretario general del partido Rifah en Pakistán, dio en el clavo: “La población teme un gobierno al estilo talibán, pero teme aún más ser dividida en cuatro países y volver bajo soberanía india. Los talibanes parecen ser el mal menor, tal como lo fueron en Afganistán.”

 

La historia vuelve a repetirse, como farsa: de hecho el único escollo entre los talibanes y Washington sigue siendo el mismo que en agosto de 2001 – tarifas por el tránsito de oleo o gasoductos. A Washington no le importaría para nada la ley sharia mientras EE.UU. pueda controlar los ductos que atraviesen Afganistán y Baluchistán.

 

Si, ‘ductistán’ manda. ¿Qué importan unos pocos pastunes o baluches que se interponen en el camino de Washington si el Gran Juego en Eurasia puede ofrecer tantas oportunidades?

 

Parte 2: Baluchistán – el máximo premio

 

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Acaba de publicarse su nuevo libro “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.

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http://atimes.com/atimes/South_Asia/KE08Df02.html

 

 

Baluchistán es el objetivo privilegiado de EE.UU.

 

12-05-2009

 

Primera parte: Obama presenta su imitación de Bush


Pepe Escobar

Asia Times Online


Estamos frente a un caso clásico de calma antes de la tormenta. El capítulo Af-Pak (Afganistán-Pakistá n) de las flamantes OCO (“Operaciones de Contingencia en Ultramar”) de Obama, antes llamadas GWOT (“guerra global contra el terror”) no implica sólo una ‘oleada’ en las pastunes Áreas Tribales bajo Administració n Federal (FATA). Una ‘oleada’ en Baluchistán también podría ser virtualmente inevitable.

Baluchistán se encuentra totalmente bajo la pantalla del radar de los medios corporativos occidentales. Pero no bajo el radar del Pentágono. Un inmenso desierto que incluye casi un 48% del área de Pakistán, rico en uranio y cobre, potencialmente en petróleo, y que produce más de un tercio del gas natural de Pakistán, alberga menos de un 4% de los 173 millones de ciudadanos de Pakistán. Baluchis en su mayoría, seguidos por pastunes. Quetta, la capital de la provincia, es considerada la Central Talibán por el Pentágono, que a pesar de todas sus maravillas de alta tecnología ha sido por algún motivo incapaz de ubicar al residente de Quetta, “La Sombra”, el histórico emir talibán Mullah Omar en persona.

 

Estratégicamente, Baluchistán vuelve agua la boca: al este de Irán, al sur de Afganistán, y con tres puertos en el Mar Árabe, incluido Gwadar, prácticamente en la desembocadura del Estrecho de Ormuz.

 

Gwadar – puerto construido por China – es la clave absoluta. Es el nodo esencial en la crucial, continua y casi virtual guerra por ‘ductistán’ entre IPI y TAPI. IPI es el gasoducto Irán-Pakistán- India, también conocido como “gasoducto de la paz,” que según los planes cruzará del Baluchistán iraní al paquistaní - anatema para Washington. TAPI es el gasoducto Turkmenistán- Afganistán-Pakistán-India con permanentes problemas, respaldado por EE.UU., que debería cruzar Afganistán occidental pasando por Herat y ramificarse hacia Kandahar y Gwadar.

 

La perspectiva soñada para Washington es que Gwadar sea el nuevo Dubai – mientras China necesitaría Gwadar como puerto y también como base para bombear gas a través de un prolongado gasoducto hacia China. De una u otra manera, todo dependerá de que se tomen muy en serio los motivos de queja locales. Islamabad paga una miseria en royalties a los baluchis, y la ayuda al desarrollo es insignificante; Baluchistán es tratado como si fuera un páramo. Gwadar como nuevo Dubai, no significa necesariamente que los baluchis se beneficien de la prosperidad; en muchos casos incluso podrían ser privados de sus tierras.

 

Para colmo, viene el hecho de que en el Nuevo Gran Juego en Eurasia, Pakistán es un eje crucial tanto para la OTAN como para la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO), en la cual Pakistán es observador. De modo que quienquiera “gane” Baluchistán incorporará a Pakistán como un corredor de tránsito clave para el gas iraní del monstruoso campo de South Pars o gran parte de la riqueza del Caspio de Turkmenistán, “la república del gas.”

 

Viene la caballería

 

Ahora, imaginad a miles de soldados móviles de EE.UU. – respaldados por un supremo poder aéreo y de artillería pesada – que lleguen a ese desierto a través de la inmensa y vacía frontera del sur de Afganistán con Baluchistán, de 800 kilómetros de largo. Son los soldados de la ‘oleada’ de Obama que en teoría estarán destruyendo cultivos de opio en la provincia Helmand en Afganistán. También tratarán de establecer una presencia significativa en la ultra-remota, provincia Nimruz, en el sudoeste de Afganistán, de mayoría baluchi. No sería ningún problema para ellos atacar Baluchistán paquistaní en una persecución sin tregua de bandas talibanes. Y sería ciertamente el preludio para una invasión de facto de Baluchistán por EE.UU.

 

¿Qué harían los baluchis? Es una pregunta muy compleja.

 

Baluchistán es evidentemente tribal – igual que las FATA. Los jefes tribales pueden ser tan retrasados como Islamabad es desidioso (y tampoco son exactamente ejemplos de derechos humanos). Se podría establecer un paralelo con el valle Swat.

 

La mayoría de las tribus baluchis se someten a la autoridad de Islamabad – con la excepción, ante todo, de los bugti. Y luego existe el Ejército de Liberación de Baluchistán (BLA, por sus siglas en inglés) – al que Washington y Londres califican de grupo terrorista. Su líder es Brahamdagh Bugti, que opera desde Kandahar (a sólo dos horas de Quetta). En una reciente entrevista con la televisión paquistaní no pudo ser más sectario, subrayando que el BLA se prepara para atacar a los no-baluchis. Los baluchis se inclinan a considerar al BLA como un grupo de resistencia. Pero Islamabad lo niega, diciendo que su apoyo no llega a un 10% de la población de la provincia.

 

No mejora las cosas el que Islamabad tienda no sólo a mostrar su desidia, sino también su mano dura; en agosto de 2006, las tropas de Musharraf mataron al muy respectado líder local Nawab Akbar Bugti, ex gobernador de la provincia.

 

Existe una amplia controversia sobre si el BLA está siendo absorbido por agencias de inteligencia extranjeras – todas, desde la CIA y el MI6 británico al Mossad israelí. En una visita a Irán en 2006, me impidieron que fuera a Sistán-Baluchistá n en el sudeste de Irán porque, según la versión de Teherán, agentes de la CIA infiltrados desde Baluchistán paquistaní estuvieron involucrados en ataques encubiertos a través de la frontera. Y no es un secreto para nadie en la región que desde el 11-S EE.UU. controla prácticamente las bases aéreas baluchis en Dalbandin y Panjgur.

 

En octubre de 2001, mientras esperaba un sitio para cruzar de Kandahar a Quetta, además de rastrear el paradero del presidente Hamid Karzai y de su hermano, pasé un cierto tiempo con una serie de asociados y simpatizantes del BLA. Se describieron como “progresistas, nacionalistas, antiimperialistas” (y eso hace que difícilmente puedan ser integrados por EE.UU.) Se mostraron muy críticos del “chovinismo panyabí”, y siempre insistieron en que los recursos de la región pertenecen en primer lugar a los baluchis; fue la justificación para ataques contra los gasoductos.

 

Subrayando una atroz tasa provincial de alfabetizació n de sólo un 16% (“Es política gubernamental mantener subdesarrollado a Baluchistán”), se estaban resentidos porque la mayoría de gente todavía carece de agua potable. Afirmaron que cuentan con el apoyo de por lo menos un 70% de la población baluchi. (“Cada vez que el BLA dispara un cohete, es el tema de todos los bazares”). También afirmaron que están unidos y coordinados con los baluchis iraníes. E insistieron en que “Pakistán convirtió a Baluchistán en un acantonamiento estadounidense, lo que ha afectado considerablemente la relación entre los pueblos afgano y baluchi.”

 

En su conjunto, no sólo los simpatizantes sino los baluchis en general se muestran inflexibles: aunque están dispuestos a permanecer dentro de una confederación paquistaní, quieren infinitamente más autonomía.

 

Sigue el juego

 

El estudio "Baloch Nationalism and the Politics of Energy Resources: the Changing Context of Separatism in Pakistan" [El nacionalismo baluchi y la política de los recursos energéticos: el contexto cambiante del separatismo en Pakistán] de Robert Wirsing para el think-tank del ejército de EE.UU., Strategic Studies Institute, permite evaluar hasta qué punto Baluchistán es esencial para Washington. Previsiblemente todo tiene que ver con ‘ductistán’.

 

China – que construyó Gwadar y necesita gas de Irán – debe ser marginada por todos los medios posibles. El componente paranoico agregado del Pentágono es que China podría convertir Gwadar en una base naval y “amenazar” el Mar Árabe y el Océano Índico.

 

El único guión aceptable para el Pentágono sería que EE.UU. se apoderara de Gwadar. Una vez más, sería una confluencia de primera de ‘ductistán’ y del imperio de bases de EE.UU.

 

El control de Gwadar abriría la suculenta oportunidad de una larga ruta por tierra a través de Baluchistán, hacia Helmand, Nimruz, Kandahar o, mejor todavía, todas esas tres provincias en el sudoeste de Afganistán, no sólo en términos de bloquear el gasoducto IPI y utilizar Gwadar para el TAPI. Desde la perspectiva del Pentágono y de la OTAN, después de la “pérdida” del Paso Khyber, sería la ruta idea de aprovisionamiento para tropas occidentales en la perenne, ahora rebautizada, GWOT (“guerra global contra el terror”).

 

Durante al gobierno de Asif Ali Zardari en Islamabad, el BLA, aunque sigue siendo un grupo marginal con un ala política y un ala militar, se ha estado reagrupando y armando, mientras se sospecha que el actual ministro jefe de Baluchistán, Nawab Raisani, sea un recurso de la CIA (aunque no existe una prueba concluyente) . En Islamabad se teme que el gobierno haya apartado la vista del tema de Baluchistán – y que el BLA sea efectivamente utilizado por EE.UU. para propósitos de balcanización. Pero parece que Islamabad todavía no ha prestado oídos a la principal reivindicación baluchi: queremos beneficiarnos de nuestra riqueza natural, queremos autonomía.

 

¿Cuál será, por lo tanto, el futuro de Gwadar-“Dubai”? ¿IPI o TAPI? La suerte está echada. Bajo la pantalla de radar de la pose fotográfica de Obama, Karzai y Zardari en Washington, todo no hace que comenzar en ese frente vital del Nuevo Gran Juego en Eurasia.

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Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Acaba de publicarse su nuevo libro “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo. com.

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