Obama presenta su imitación
de Bush
Asia Times
Online
El “compromiso duradero,” la sesión fotográfica de la
cumbre en tiempos de guerra en Washington entre el presidente de EE.UU., y los
mellizos Af-Pak (Afganistán-Pakistán), el presidente “Af” Hamid Karzai y el
presidente "Pak" Asif Ali Zardari no tuvo nada que ver con una
reunión urgente para discutir una manera de impedir el fin de la civilización
tal como la conocemos. Todo tuvo que ver con el meticuloso cambio de marca de
la “Larga Guerra” del Pentágono.
En boca de Obama, el “compromiso duradero” significa sobre todo “derrotar a al-Qaeda.” A guisa de ocurrencia tardía, el presidente
agregó: “Pero también es apoyar a los
gobiernos soberanos, democráticamente elegidos, en Pakistán y Afganistán.”
Cuando se oye a alguien que define como “soberanos”
al hombre de George W Bush en Kabul y al viudo de la ex primera ministra
Bhutto, hay que disculparse por creer que Bush todavía gobierna en
En otro despliegue de sus impecables credenciales
democráticas, Karzai acaba de elegir a uno de sus candidatos a la
vicepresidencia: no es otro que el ex máximo comandante de Jamiat-e-Islami y
antiguo primer vicepresidente Mohammad Fahim, presunto narco señor de la guerra
y veterano amigo de las milicias armadas, a quien Human Rights Watch desaprueba
como un sistemático violador de los derechos humanos. Fahim es tayik: Karzai es
pastún (de una tribu menor). Karzai necesita urgentemente a los tayiks para
conseguir un segundo período presidencial en agosto.
Posiblemente impulsado por el obligatorio “profundo pesar” expresado por
La guerra del opio de Obama
A estas alturas es obvio que la próxima ‘oleada’ de
verano, posibilitada por el Pentágono, en la sección “Af” de la guerra de Obama
en Af-pak será desplegada esencialmente como la nueva guerra del opio de Obama.
En un picante cambio de roles histórico, el Imperio Británico (que
prácticamente anexó Afganistán) quería que los chinos se convirtieran en
adictos a su opio, mientras que ahora el imperio estadounidense quiere que los
afganos dejen de cultivarlo.
La estrategia se reduce a devastar los campos pastunes
cultivados con amapolas en la provincia sureña Helmand – capital del opio del
mundo. En la práctica, será otra guerra indiscriminada contra los campesinos
pastunes, que han estado cultivando amapolas durante siglos. Sobra decir que
miles emigrarán a la coalición-banda heterogénea contraria a la ocupación,
etiquetada como “talibanes.”
La destrucción de la única fuente de ingresos para
numerosos afganos pobres significa, en jerga del Pentágono, “que se corte la principal fuente de dinero
de los talibanes,” que al mismo tiempo sirve de “principal fuente de dinero” para una colección de astutos señores
de la guerra amistosos hacia Washington, que no se resignarán a que los dejen
flotando en el viento.
La estrategia tampoco tiene en cuenta el hecho de
que los propios talibanes reciben un considerable financiamiento de piadosos
millonarios de petro-monarquías del Golfo así como de sectores de Arabia Saudí
– la misma Arabia Saudí que el supremo del Pentágono, Robert Gates, ahora
corteja activamente para … que abandone a los talibanes. Desde la inauguración
de Obama en enero, la fuerte presión de Washington sobre Islamabad ha sido
implacable: olvidad a vuestro enemigo India, queremos que libréis “nuestra”
guerra contra los talibanes y “al-Qaeda.”
Por lo tanto, hay que esperar que todo agricultor o
campesino pastún productor de opio que blande su hacha, su daga, su mosquete o
su oxidado rifle Lee-Enfield contra las tropas entrantes estadounidenses de
ultra alta tecnología sea etiquetado como “terrorista”. ¡Bienvenidos a otro
capítulo más de una guerra ciertamente prolongada del Pentágono contra los más
pobres del mundo!
Estáis acabados porque lo digo yo
En cuanto al componente "Pak" de Af-Pak, es
pura contrainsurgencia (COIN). Como tal, Su Voz del Amo, tiene que ser el
comandante del Comando Central y ascendiente general David – “siempre me
posiciono para
Y llega la incansable campaña de relaciones
públicas del Pentágono. La semana pasada, Gates advirtió al Comité de
Apropiaciones del Senado de EE.UU. que sin la aprobación del Fondo de Capacidad
de Contrainsurgencia para Pakistán de 400 millones de dólares (que en sí es
parte de desmedidos 83.500 millones de dólares adicionales que Obama quiere
para seguir alargando sus guerras), y bajo la “autoridad única” de Petraeus, el
propio gobierno paquistaní podría colapsar. El Departamento de Estado mantuvo
el tono: Clinton dijo que Pakistán podría colapsar dentro de seis meses.
Se perdona a quienquiera crea que esa táctica –
dame el dinero y cállate –todavía se sitúe en la “guerra contra el terror” de
Bush; es porque en los hechos es así (las mismas facultades extraordinarias,
evitando como corresponde al Departamento de Esto, como con Bush). La cantinela
final, claro está, sigue siendo la misma: el Pentágono dirige el espectáculo,
estrechamente ligado al ejército paquistaní.
Para el consumo interno de EE.UU., las tácticas del
Pentágono son una mezcla de ofuscación y paranoia. Por ejemplo, el portavoz del
Pentágono, Geoff Morrell dice sobre Pakistán: “No se trata de una zona de
guerra para los militares de EE.UU.”
Pero luego el almirante Mike Mullen, presidente del
Estado Mayor Conjunto – que ha estado en Pakistán dos veces en las últimas tres
semanas – dice que los talibanes en Af-Pak en general “amenazan nuestros
intereses nacionales en la región y nuestra seguridad aquí, en casa.”
Se hacía eco de Clinton y Gates, quienes habían
dicho que los talibanes son una “amenaza existencial” para Pakistán.
Finalmente, Petraeus cierra el círculo de las tácticas del temor – al subrayar
en una carta al Comité de Fuerzas Armadas de
Eso desvela el núcleo del pensamiento del Pentágono
y de David "COIN" Petraeus: saben que lo mejor para los diseños a
largo plazo de EE.UU. sería otra dictadura militar más. El gobierno de Zardari
es considerado – correctamente – como una ficción (mientras Washington sigue
cortejando a otro caso dudoso, el ex primer ministro Nawaz Sharif). El hombre
“superior” para Petraeus (en sus propias palabras) no podría ser otro que el
jefe del Estado Mayor, general Ashfaq Kiani.
Y así exactamente lo describió Obama en su
conferencia de prensa de los 100 días en la semana pasada, en la que subrayó la
“fuerte consulta y cooperación entre militares” e hizo añicos a Zardari
(gobierno “muy frágil”, carente de “la capacidad de suministrar servicios
básicos” y sin “el apoyo y la lealtad de su pueblo”). A juzgar por su lenguaje
corporal, Obama debe haber repetido ayer la misma letanía a Zardari, en vivo en
Washington.
La cita de oro sigue siendo la que describe cómo
Obama ve a Pakistán: “Queremos respectar su soberanía, pero también reconocemos
que tenemos inmensos intereses estratégicos, inmensos intereses de seguridad
nacional para asegurarnos de que Pakistán sea estable y que no terminemos por
tener un Estado militante con armas nucleares.”
La “soberanía” paquistaní es un chiste: Pakistán
ahora es dirigido abiertamente desde Washington. “Queremos respetar su
soberanía” no significa que “nosotros” lo hagamos en realidad. Obama y el
Pentágono – que para todos los efectos prácticos trata a Pakistán como una
lamentable colonia – sólo se sentirían (relativamente) cómodos con una nueva
dictadura militar paquistaní. Dejan de lado por ser irrelevante el hecho de que
la opinión pública paquistaní aborrece abrumadoramente a los talibanes, por
mucho que aborrezca otra dictadura militar más (vea las recientes, masivas,
manifestaciones callejeras a favor de los jueces de
La lucha de clases de Swat
En este complejo guión neocolonial la
“talibanización” de Pakistán – el actual furor en Washington – parece y se
siente cada vez más como una táctica diversionista de amedrementamiento.
Hablando del mismo tópico, un informe en el periódico diario paquistaní Dawn
sobre el fantasma de la talibanización de Karachi muestra que tiene más que ver
con la turbulencia étnica entre pastunes y la mayoría de origen indio, que
habla urdu, que conque los pastunes de Karachi tomen el camino de los
talibanes.
La estrategia Af-Pak original del gobierno de
Obama, como todos recuerdan, era esencialmente una guerra con aviones no tripulados
en las Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA) combinada con una
‘oleada’ en Afganistán. Pero los mejores y más brillantes en Washington no
incluyeron en sus cálculos una oportunista contra-oleada de los talibanes.
El astuto Tehrik-e-Nifaz-e-Shariat-e-Mohammadi
(TNSM – Movimiento por
Es como si los tan localistas talibanes hubieran
prestado atención a lo que sucede en toda Sudamérica… Esencialmente, fue la
apropiación de la vieja lucha de clases lo que llevó a que los talibanes
consiguieran superioridad. Finalmente, Islamabad tuvo que aceptar que se
estableciera
Por lo tanto lo que pasó en Swat es que pasó más
allá del control corrupto, estatal y neocolonial. El enemigo de Washington
repentinamente aumentó a formar parte de los 1,3 millones de personas en el
área cuyos únicos medios de protección son milicias armadas – lo que Occidente
resume como “talibanes.”
Siempre es esencial que se recuerde que los
“talibanes” tienen toda suerte de proyectos, de la resistencia armada a la
ocupación de EE.UU. en Afganistán a la resistencia armada contra las
incursiones del ejército paquistaní. Lo que todos quieren es básicamente el fin
de la guerra de los aviones teledirigidos de Washington, el fin del apoyo de
Pakistán a la “guerra contra el terror” en Af-Pak, o por lo menos que el inepto
y corrupto Estado paquistaní los deje tranquilos.
Es verdad que durante las últimas semanas, la
opinión pública paquistaní en su conjunto se definió en un 95% contra los
talibanes porque Sufi Muhammad dijo que la democracia es cosa de infieles, y
porque por primera vez hubo vídeos de flagelaciones por talibanes en todos los
medios paquistaníes.
Pero es obvio que la solución no es una guerra en
Swat. Sería, por ejemplo, una política gubernamental concertada, a largo plazo,
para desactivar la red de por lo menos 45.000 madrazas (seminarios) con casi 2
millones de estudiantes en todo el país. Y desactivar organismos
antidemocráticos, sectarios, como Lashkar-e Toiba y Sipah-e Sahaba.
No sucederá. Y a Washington no le importa. Lo que
le importa al Pentágono es que en cuanto algún organismo sectario o banda de
bandidos decida coludirse con el Pentágono, ya no sea “talibán”; mágicamente se
transforma en un organismo de “Ciudadanos Locales Preocupados.” De la misma
manera, cualquier forma de resistencia a la interferencia extranjera o al
infierno de los bombardeos desde el aire de los Predator es inevitablemente
calificada de “talibán.”
Si tuviera que arreglárselas solo, la solución del
Pentágono para Swat sería probablemente alguna forma de limpieza étnica.
Previsiblemente, lo que hacen en realidad Obama y el Pentágono – parte de su
acomodamiento con el ejército paquistaní – es ponerse de parte de los señores
feudales e imponer un retorno al clásico status quo paquistaní de inmensa
desigualdad social. Por lo tanto, virtualmente cualquier ciudadano local que no
se haya convertido en refugiado (como hasta 500.000 ya lo han hecho, llevando a
una inmensa crisis humanitaria) ha sido calificado de “terrorista”, como
corresponde. La gente del lugar está atrapada entre una roca (los talibanes) y
un sitio duro (los militares paquistaníes apoyados por EE.UU.
El Pentágono no causa “daños colaterales.” Sólo le
preocupa que el ejército de EE.UU. pueda quedar parcialmente expuesto en el
vecino Afganistán. Después de todo, la ecuación Af-Pak clave para el Pentágono
es cómo reabastecer a tropas de EE.UU. involucradas en OCO (“operaciones de
contingencia en ultramar.”).
Es probable que la tragedia de Swat se ensangrente
aún más. Como averiguó Steve Clemons del blog The Washington Note en una
conferencia en Doha, Obama y Petraeus están obligando al ejército paquistaní a
aplastar Swat. Es una vez más la lógica imperial de “disparad contra vuestra
propia gente.” Previsiblemente, Zardari y el ejército paquistaní se siguen
oponiendo. Pero si aceptan – sería un resultado tangible de la toma de
fotografías en Washington del miércoles – el premio será mucho dinero y
numerosos preciosos helicópteros artillados.
Locos desenfrenados
El gobierno de Obama no sólo ha rebautizado la
“guerra global contra el terror” (GWOT, por sus siglas en inglés) como las
sutilmente orwellianas “operaciones de contingencia en ultramar” (OCO). El
componente esencial – el frente Af-Pak – ahora es rebautizado activamente, y
vendido, no como una guerra estadounidense, sino como una guerra paquistaní.
Zardari desempeña su lamentable pequeño papel;
junto a Obama, el Pentágono y el Departamento de Estado, han estado
convenciendo a la opinión pública paquistaní para que libre las OCO de
Washington, y defiende el bombardeo de los Predator contra civiles pastunes en
territorio paquistaní. No es fácil: por lo menos un 20% de los soldados del
ejército son pastunes – obligados ahora a combatir contra sus propios primos
pastunes.
En cuando al elemento “Af” de Af-pak, la guerra
contra la ocupación en Afganistán ha “desaparecido” de la narrativa a favor de
esta “guerra santa” paquistaní contra la talibanización. Lo que no ha
desaparecido, por cierto, es el bombardeo estadounidense de campesinos afganos
(con “pesares” agregados de Hillary) más la guerra de los Predator en las FATA.
La pregunta es: ¿Hasta dónde llegará la colusión de
Obama, el Pentágono y Zardari en términos de eliminar toda forma de resistencia
a la ocupación de Afganistán por EE.UU. y a la guerra de los drones contra
campesinos pastunes en las FATA?
Las asiduas advertencias sobre el colapso de
Pakistán podrían convertirse en una profecía que se realiza por sí sola. Si así
sucediera, la balcanización de Pakistán sería una maravilla para la estrategia
a largo plazo del Pentágono en el “arco de inestabilidad.”
Desde el punto de vista de una situación perfecta
para el Pentágono, la balcanización de Pakistán significaría desmantelar una
“central terrorista” capaz de contaminar otras partes del mundo musulmán, de Cachemira
india a los “estanes” centroasiáticos. “Liberaría” a India de su enemigo
Pakistán para que India pueda trabajar muy de cerca con Washington como una
efectiva contra-potencia para el inexorable ascenso de China.
Y sobre todo, tiene que ver con el mayor premio –
Baluchistán, como veremos en la parte 2 de este informe. El desierto de
Baluchistán, en el sudoeste de Pakistán, es donde Washington e Islamabad chocan
de frente. Desde la perspectiva de Washington, Baluchistán tiene que ser
lanzado al caos. Es prácticamente la única forma de detener la construcción del
gasoducto Irán-Pakistán- India, también conocido como el “gasoducto de la paz”,
que atraviesa Baluchistán.
En una situación ideal de balcanización de Pakistán
desde el punto de vista de Washington, EE.UU. se apoderaría rápidamente de la
inmensa riqueza natural de Baluchistán, y promovería el puerto estratégico de
Gwadar en Baluchistán, no a favor del gasoducto IPI, sino del gasoducto
Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI), con permanentes problemas. La
riqueza del gas del Caspio fluiría bajo el control de EE.UU., no de Rusia o
Irán.
En cuanto a los talibanes, sea en las FATA o en
Swat, o en cualquier otro sitio, no representan una amenaza para EE.UU. Usman
Khalid, secretario general del partido Rifah en Pakistán, dio en el clavo: “La
población teme un gobierno al estilo talibán, pero teme aún más ser dividida en
cuatro países y volver bajo soberanía india. Los talibanes parecen ser el mal
menor, tal como lo fueron en Afganistán.”
La historia vuelve a repetirse, como farsa: de
hecho el único escollo entre los talibanes y Washington sigue siendo el mismo
que en agosto de 2001 – tarifas por el tránsito de oleo o gasoductos. A
Washington no le importaría para nada la ley sharia mientras EE.UU. pueda
controlar los ductos que atraviesen Afganistán y Baluchistán.
Si, ‘ductistán’ manda. ¿Qué importan unos pocos
pastunes o baluches que se interponen en el camino de Washington si el Gran
Juego en Eurasia puede ofrecer tantas oportunidades?
Parte 2: Baluchistán – el máximo premio
Pepe
Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into
Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of
(Copyright
2009
http://atimes.com/atimes/South_Asia/KE08Df02.html
Baluchistán es el objetivo
privilegiado de EE.UU.
12-05-2009
Primera parte: Obama
presenta su imitación de Bush
Asia Times Online
Estamos frente a un caso clásico de calma antes de la tormenta. El capítulo
Af-Pak (Afganistán-Pakistá n) de las flamantes OCO (“Operaciones de
Contingencia en Ultramar”) de Obama, antes llamadas GWOT (“guerra global contra
el terror”) no implica sólo una ‘oleada’ en las pastunes Áreas Tribales bajo
Administració n Federal (FATA). Una ‘oleada’ en Baluchistán también podría ser virtualmente
inevitable.
Baluchistán se encuentra totalmente bajo la
pantalla del radar de los medios corporativos occidentales. Pero no bajo el
radar del Pentágono. Un inmenso desierto que incluye casi un 48% del área de
Pakistán, rico en uranio y cobre, potencialmente en petróleo, y que produce más
de un tercio del gas natural de Pakistán, alberga menos de un 4% de los 173
millones de ciudadanos de Pakistán. Baluchis en su mayoría, seguidos por
pastunes. Quetta, la capital de la provincia, es considerada
Estratégicamente, Baluchistán vuelve agua la boca:
al este de Irán, al sur de Afganistán, y con tres puertos en el Mar Árabe,
incluido Gwadar, prácticamente en la desembocadura del Estrecho de Ormuz.
Gwadar – puerto construido por China – es la clave
absoluta. Es el nodo esencial en la crucial, continua y casi virtual guerra por
‘ductistán’ entre IPI y TAPI. IPI es el gasoducto Irán-Pakistán- India, también
conocido como “gasoducto de la paz,” que según los planes cruzará del
Baluchistán iraní al paquistaní - anatema para Washington. TAPI es el gasoducto
Turkmenistán- Afganistán-Pakistán-India con permanentes problemas, respaldado
por EE.UU., que debería cruzar Afganistán occidental pasando por Herat y
ramificarse hacia Kandahar y Gwadar.
La perspectiva soñada para Washington es que Gwadar
sea el nuevo Dubai – mientras China necesitaría Gwadar como puerto y también
como base para bombear gas a través de un prolongado gasoducto hacia China. De
una u otra manera, todo dependerá de que se tomen muy en serio los motivos de
queja locales. Islamabad paga una miseria en royalties a los baluchis, y la
ayuda al desarrollo es insignificante; Baluchistán es tratado como si fuera un
páramo. Gwadar como nuevo Dubai, no significa necesariamente que los baluchis
se beneficien de la prosperidad; en muchos casos incluso podrían ser privados
de sus tierras.
Para colmo, viene el hecho de que en el Nuevo Gran
Juego en Eurasia, Pakistán es un eje crucial tanto para
Viene la caballería
Ahora, imaginad a miles de soldados móviles de
EE.UU. – respaldados por un supremo poder aéreo y de artillería pesada – que
lleguen a ese desierto a través de la inmensa y vacía frontera del sur de
Afganistán con Baluchistán, de
¿Qué harían los baluchis? Es una pregunta muy
compleja.
Baluchistán es evidentemente tribal – igual que las
FATA. Los jefes tribales pueden ser tan retrasados como Islamabad es desidioso
(y tampoco son exactamente ejemplos de derechos humanos). Se podría establecer
un paralelo con el valle Swat.
La mayoría de las tribus baluchis se someten a la
autoridad de Islamabad – con la excepción, ante todo, de los bugti. Y luego
existe el Ejército de Liberación de Baluchistán (BLA, por sus siglas en inglés)
– al que Washington y Londres califican de grupo terrorista. Su líder es
Brahamdagh Bugti, que opera desde Kandahar (a sólo dos horas de Quetta). En una
reciente entrevista con la televisión paquistaní no pudo ser más sectario,
subrayando que el BLA se prepara para atacar a los no-baluchis. Los baluchis se
inclinan a considerar al BLA como un grupo de resistencia. Pero Islamabad lo
niega, diciendo que su apoyo no llega a un 10% de la población de la provincia.
No mejora las cosas el que Islamabad tienda no sólo
a mostrar su desidia, sino también su mano dura; en agosto de 2006, las tropas
de Musharraf mataron al muy respectado líder local Nawab Akbar Bugti, ex
gobernador de la provincia.
Existe una amplia controversia sobre si el BLA está
siendo absorbido por agencias de inteligencia extranjeras – todas, desde
En octubre de 2001, mientras esperaba un sitio para
cruzar de Kandahar a Quetta, además de rastrear el paradero del presidente
Hamid Karzai y de su hermano, pasé un cierto tiempo con una serie de asociados
y simpatizantes del BLA. Se describieron como “progresistas, nacionalistas,
antiimperialistas” (y eso hace que difícilmente puedan ser integrados por
EE.UU.) Se mostraron muy críticos del “chovinismo panyabí”, y siempre
insistieron en que los recursos de la región pertenecen en primer lugar a los baluchis;
fue la justificación para ataques contra los gasoductos.
Subrayando una atroz tasa provincial de
alfabetizació n de sólo un 16% (“Es política gubernamental mantener
subdesarrollado a Baluchistán”), se estaban resentidos porque la mayoría de
gente todavía carece de agua potable. Afirmaron que cuentan con el apoyo de por
lo menos un 70% de la población baluchi. (“Cada vez que el BLA dispara un
cohete, es el tema de todos los bazares”). También afirmaron que están unidos y
coordinados con los baluchis iraníes. E insistieron en que “Pakistán convirtió
a Baluchistán en un acantonamiento estadounidense, lo que ha afectado
considerablemente la relación entre los pueblos afgano y baluchi.”
En su conjunto, no sólo los simpatizantes sino los
baluchis en general se muestran inflexibles: aunque están dispuestos a
permanecer dentro de una confederación paquistaní, quieren infinitamente más
autonomía.
Sigue el
juego
El estudio "Baloch Nationalism and the Politics
of Energy Resources: the Changing Context of Separatism in Pakistan" [El
nacionalismo baluchi y la política de los recursos energéticos: el contexto
cambiante del separatismo en Pakistán] de Robert Wirsing para el think-tank del
ejército de EE.UU., Strategic Studies Institute, permite evaluar hasta qué
punto Baluchistán es esencial para Washington. Previsiblemente todo tiene que
ver con ‘ductistán’.
China – que construyó Gwadar y necesita gas de Irán
– debe ser marginada por todos los medios posibles. El componente paranoico
agregado del Pentágono es que China podría convertir Gwadar en una base naval y
“amenazar” el Mar Árabe y el Océano Índico.
El único guión aceptable para el Pentágono sería
que EE.UU. se apoderara de Gwadar. Una vez más, sería una confluencia de
primera de ‘ductistán’ y del imperio de bases de EE.UU.
El control de Gwadar abriría la suculenta
oportunidad de una larga ruta por tierra a través de Baluchistán, hacia
Helmand, Nimruz, Kandahar o, mejor todavía, todas esas tres provincias en el
sudoeste de Afganistán, no sólo en términos de bloquear el gasoducto IPI y
utilizar Gwadar para el TAPI. Desde la perspectiva del Pentágono y de
Durante al gobierno de Asif Ali Zardari en
Islamabad, el BLA, aunque sigue siendo un grupo marginal con un ala política y
un ala militar, se ha estado reagrupando y armando, mientras se sospecha que el
actual ministro jefe de Baluchistán, Nawab Raisani, sea un recurso de
¿Cuál será, por lo tanto, el futuro de
Gwadar-“Dubai”? ¿IPI o TAPI? La suerte está echada. Bajo la pantalla de radar
de la pose fotográfica de Obama, Karzai y Zardari en Washington, todo no hace
que comenzar en ese frente vital del Nuevo Gran Juego en Eurasia.
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Pepe
Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into
Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of
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2009
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