El lastre de
Texto base de la comunicación presentada en los XI
Encuentros de Filosofía de Gijón, donde se expone la dificultad que supone
para la formación de la unidad iberoamericana (con identidad hispánica) el
mantenimiento de
Para entender la dinámica política actual (desde el punto
de vista de España) en la que, según pensamos, hay peligro de que nuestra
patria se fraccione, o de que en Iberoamérica se pronuncie aún más su actual
división, hay que tener en cuenta diversos factores, entre los que cabe
destacar el Fundamentalismo Democrático (unido estrechamente, también, a los
movimientos indigenistas) o el Pensamiento Alicia (con claras tendencias
gnósticas). Pero, además, hay que destacar un factor, de sobra conocido, que se
combina con los anteriores:
Con la asunción o rechazo de
Así, cuando uno considera que sus padres o abuelos son
personas dignas entonces asume con orgullo sus acciones. Si averigua que eran
unos golfos entonces suele renegar de sus progenitores. Pero el asunto se
complica cuando hay por media multitud de proyectos enfrentados, más aún si
éstos son de naturaleza política. Entonces la propaganda enemiga puede
oscurecer y confundir el comportamiento de sus adversarios, de tal manera que
se corre el riesgo de que juzguemos nuestra historia atendiendo principalmente
a los chismes y falsedades propaladas por sus enemigos.
El porvenir de España (o
Para entender esquemáticamente dicho factor, expondremos
los siguientes puntos: En primer lugar veremos en qué consiste
Introducción del tema
Empezando por el primer punto, diremos que
Dichos cuentos o leyendas consisten básicamente en
exageraciones, tergiversaciones y falsificaciones sobre la obra política de
España y sus gobernantes, sobre todo en la época en que con mayor poderío
internacional se desplegó su Imperio (con Carlos V y Felipe II).
Pero, ¿por qué surgió
Los dos frentes principales de
Sobre
Con los moriscos ocurrió otro tanto, pero con el agravante
de que buscaban alianzas con el turco (y con el cristiano – traidor – francés)
para reconquistar
Sobre los procedimientos de acusación, detención y
enjuiciamiento hay que decir, entre otras muchas cosas (tal como recoge Jean
Dumont en su obra Proceso contradictorio a
Pero lo más destacable es que
El destierro de los judíos en Inglaterra, como nos cuenta
Juan Sánchez Galera, comienza cuando al rey John, necesitado de dinero, se le
ocurrió detener a un acaudalado judío de Bristol y venderle su libertad a
cambio de diez mil marcos. El rey comenzó a arrancarle un diente por cada día
que se retrasase en la «compra de su
libertad». A la sexta mañana la cantidad ya estaba abonada.
Vistos los resultados, las sucesivas necesidades de
liquidez de
En Francia expoliaban a los judíos, después los expulsaban,
y posteriormente les dejaban entrar de nuevo para volver a expropiar sus
pertenencias, como hizo Felipe Augusto en 1181, Felipe el Hermoso o Luis X, en
tres ocasiones.
En Europa, en contra de lo sucedido en España, se expulsó a
los judíos sin buscar integrarlos previamente. Pero veamos también algunos
datos relacionados con las «guerras de
religión», que aquí se evitaron gracias a la institución de
Según Juan Sánchez Galera, sólo en Inglaterra, en apenas 35
años, desde que Enrique VIII decidiera hacerse «Papa» y obligar a sus súbditos
a convertirse al protestantismo{6}, se calcula que se mató a unas 200.000 herejes
católicos (50 veces más que todos los ajusticiados por
Lutero, en Alemania, después de incitar a los campesinos a
la rebelión igualitarista y anarquista, clama a los nobles para reprimirlos. En
Frankenhausen mueren unos cinco mil campesinos reprimidos. En Suabia, Turingia,
Franconia y Alsacia mueren más de 100.000 personas. En Munster los anabaptistas
de Juan de Leyde implantan un régimen de terror comunal, donde se permitió la
poligamia. Pero una de sus dieciséis esposas, que se cansó de la vida de harem
y pretendía huir de dicho régimen, fue decapitada por su marido.
El régimen de Calvino en Suiza no fue menos despótico, y se
vigilaba minuciosamente la vida privada de los nuevos súbditos. Desde Ginebra,
Calvino escribía al rey de Inglaterra: «Quien
no quiere matar a los papistas es un traidor; pues salva al lobo y deja inermes
a las ovejas.» Calvino mismo mandó a la hoguera a más de 500 personas (incluido
Miguel Servet, que se había dejado seducir por la «libertad» protestante). En dos semanas en Holanda el calvinismo,
extendido desde Suiza, ejecutó a los curas y monjes de más de 400 conventos e
Iglesias.
Respecto a represión de la brujería, hay que resaltar que
del siglo XVI al XVIII en Europa se quemó a un número infinitamente mayor de
brujas que en España. Los progresistas europeístas deberían saber que
España, a través de sus instituciones, nunca llegó al grado de irracionalidad
que se alcanzó en otros lugares, pues
Según datos recogidos por Juderías, en Bamberg (Alemania)
se quemaron seiscientas personas, en Wurzburgo (Alemania, también) novecientas,
y en Ginebra (Suiza) quinientas. En Lorena un solo juez se vanaglorió de haber
condenado a muerte a ochocientas brujas. Con estas ejecuciones se suponía que
mejoraría el clima y disminuirían las enfermedades que tantas muertes
provocaban en personas y animales. Además los reformadores fueron, al menos,
tan irracionales como sus víctimas: el iluminado de Lutero{7} confesaba que disputaba con Satanás acerca de
asuntos teológicos (Juderías, pág. 393).
Según Julián Juderías, en la época que va de María Tudor
(llamada «la sanguinaria» por los
anglicanos) hasta Jacobo I fueron quemadas por brujería 17.000 personas en
Escocia y 40.000 en Inglaterra. Y ya con Jacobo I (que, por cierto, escribió un
tratado de demonología) se calculan en 500 víctimas al año (pág. 395).
Algo parecido ocurrió en Francia, donde el Parlamento de
Toulouse quemó de una vez a 400 brujas, y un juez (Remy) confiesa haber quemado
a 800 (J395).
En Flandes las quemas y decapitaciones despoblaron comarcas
enteras (J396). Y otro tanto puede decirse de los demás países europeos.
Recordemos también la epidemia de brujería que sacudió
ciertos lugares de EE.UU., donde los puritanos de Salem (Nueva Inglaterra)
llegaron a desconfiar de los propios jueces ejecutores, y hasta del gobernador
del estado y su familia.
Como contrapunto, repitamos que
2. La conquista de América
El segundo frente de ataque de
Para entender
Otro dato destacable, en contra de los que hablan de la
crueldad de Felipe II, es que dicho rey llegará a prohibir, en 1573, la
conversión por las armas, confiando sólo en misioneros, lo que a veces fue
contraproducente para los propios indígenas (como se vio en las «reducciones» de los jesuitas en
Paraguay).
Pero, digamos algo de lo que hicieron los conquistadores
anglosajones, de cuyos crímenes casi nadie habla.
Hay que destacar, de entrada, que los aztecas o los incas
eran bastante más desarrollados política y técnicamente que los indios de
Norteamérica que, sin embargo, no fueron conquistados y «asimilados», sino, sobre todo, exterminados.
Como relata Juan Sánchez Galera los conquistadores
anglosajones contaron desde un principio con armas de fuego de ignición
instantánea y cañón rallado de alta precisión, y más tarde –en el siglo XIX–
con armas semiautomáticas Colt o Remington. Por contra, apenas llegaba al 2% el
número de conquistadores españoles que podían permitirse el lujo de poseer un
rudimentario mosquete de mecha que precisaba no menos de cinco minutos para
poder entrar en servicio, y con el que era imposible acertar a más de cien
metros. Además, los conquistadores anglosajones lucharon con una ventaja de dos
a uno para ocupar América del Norte en doscientos años. Los conquistadores
españoles sometieron el triple de territorio en cuatro veces menos tiempo, con
menores medios técnicos, y con una inferioridad numérica de trescientos a uno,
por lo menos (como recuerda también Philip W. Powel –Miguel Molina, pág. 226–).
¿Cómo se explica esta diferencia? Es la que media entre la
resistencia a los anglosajones y la colaboración con los españoles de la
mayoría de los indígenas, que algo tendrá que ver con los diferentes proyectos
conquistadores.
Los conquistadores anglosajones apenas asimilaron o crearon
algo. En la mayoría de los casos simplemente aniquilaron a los indios y todos
sus restos culturales (donde pudieron), para reocupar los territorios, a los
que trasladaron sus formas de vida europeas (o, en el mejor de los casos,
impusieron «gobiernos indirectos» que
mantenían indefinidamente en situación de inferioridad a los indígenas, como
sucedería también en Asia o en África). No es de extrañar que no tuvieran
muchos problemas para desarrollarse económicamente, pues no tuvieron que
afrontar la tarea de asimilar y convertir a millones de personas de sociedades
muy distintas. Y aún así, los virreinatos hispanos no tenían nada que envidiar
a las colonias de otros países, y en algunos casos a la misma metrópolis.
Frente a la leyenda, favorecida por fray Bartolomé De Las
Casas, de que los españoles sólo buscaron depredar y expoliar las riquezas
indias, cabe decir que las cifras no expresan eso, tal como afirma el
historiador Guillermo Céspedes del Castillo: «Es falsa, pues, la imagen de una Nueva España como colonia de
explotación, puesto que la minería de metales preciosos no ocupa más del 0,5%
de la mano de obra, ni rinde más del 11,9% del valor total de su producción»{8}.
Más datos: el año en el que se batió el récord de importación
de metales preciosos de América, su montante total no llegó a cubrir el 16% del
presupuesto de
También Ricardo Levene expone cómo el tipo de comercio
entre España y sus virreinatos no era de tipo «colonial» – factorías – (págs.
92 y cap. VIII, págs. 116-124). Y ¿Qué decir de las Leyes de Indias y de las
instituciones que se crearon para regular la conquista y evangelización? Estas
leyes explican, en gran parte, la diferencia entre la conquista Española y la
anglosajona. Guillermo Céspedes del Castillo afirma (en la línea de lo
explicado por Jean Dumont en El amanecer de los derechos del hombre. La
controversia de Valladolid): «Representa
un hecho único en la historia que un pueblo someta a dura autocrítica su propia
conducta y que aplique a sus mayores éxitos políticos y militares el más severo
escrutinio moral.»
Por su parte, Ramiro de Maeztu escribe también al respecto:
«El
debate de Valladolid, en 1552, y las disposiciones reales que se derivan de él,
constituyen la primera ocasión en que un gran poder expansivo hace alto para
resolver problemas de justicia y de conciencia que el hecho le plantea.»
Otro tanto cabe decir respecto a la mezcla interracial. Ya
en 1503 Nicolás de Ovando escribe a los reyes recomendando el fomento de los
matrimonios interraciales, muy en contra de lo que han hecho otros estados.
Para muchos colonos protestantes, por ejemplo, los indios no eran almas
esperando recibir la fe, sino unos ingratos pecadores que no habían sabido
rentabilizar las tierras y talentos que Dios les había dado, y que el Creador,
dolorido por tan ingrata actitud, había decidido readjudicarlas a sus fieles
hijos anglosajones.
En esta línea de pensamiento el mismo Theodor Roosevelt
afirmaba: «Si se hubieran dejado a los
indios, por humanitarismo, sus terrenos de caza, ello hubiera significado
abandonar amplios contingentes de tierras a disposición de los salvajes; cosa
inconcebible. No quedaba otra alternativa; había que desplazarlos».
Por su parte el general Sheridan (que sometió a los Siux)
se ahorra tantas justificaciones y lacónicamente sentencia: «Los únicos indios buenos son los que están
muertos».
Las creencias religiosas de los protestantes se vieron más
tarde reforzadas con las teorías del darwinismo social, al ver a los indios
como inadaptados e inferiores. Y lo cierto es que Hitler tomó buena nota de la
colonización norteamericana para sus planes imperiales.
Como hemos dicho, los países protestantes aplicaron el
exterminio cuando pudieron. Por ejemplo en las campiñas de Rohil Kund, en
Los españoles, por el contrario, y a pesar de todo, dejaron
en América una herencia muy distinta. Desde los primeros tiempos se tradujo
¿Cómo surge
Visto lo visto, ¿cómo surge
Bartolomé de las Casas fue uno de los primeros colonos,
maltrató a muchos indios y años más tarde, ya como sacerdote arrepentido,
introdujo
Otros personajes que contribuyeron de manera eficaz a la
creación de
El denominador común de sus obras, cuyos relatos acabaron
confluyendo (no por casualidad) con los de Las Casas, es una cruel y despiadada
crítica a la persona de Felipe II, a quien se acusa, falsamente, de ser el
responsable de la muerte de su peculiar hijo, y primogénito, Carlos, y de estar
también tras el fallecimiento (con supuesto envenenamiento) de su mujer Isabel
de Valois, así como de una multitud de crímenes, y de una vida lasciva (cuando,
por el contrario, era bastante ascético).
Pero en la formación de
De dichos editores hay que destacar a B. Picart y, sobre
todo, a Teodoro de Bry, artista grabador flamenco, que montó en Frankfurt su
propia editorial, y entre 1590 y 1625 publicó la colección de grandes y
pequeños viajes por las Indias de autores principalmente protestantes, muchos
de ellos piratas a las órdenes de las naciones enemigas de España. A la obra de
Las Casas se le añadieron unos grabados que supusieron una auténtica revolución
en los sistemas de comunicación y conocimiento de entonces (algo parecido a lo
que supuso el cine, tan bien aprovechado por la propaganda yanqui, siglos
después). Grandes masas de personas que no sabían leer, y de distinta condición
social, pudieron «ver» lo que hacían los españoles en América.
Son herederos directos de los impresores protestantes
alemanes los ilustrados y masones de
Schiller también escribirá en 1783 su Don Carlos tragándose
tal cual la versión de Guillermo de Orange y la petición de «libertad de pensamiento» para flamencos
y holandeses. Como recoge Juderías, multitud de obras de teatro se escribieron
con la temática de la supuesta crueldad de Felipe II y su inquisición (J244).
En la época de Carlos IV y de su valido Godoy buena parte
de la burguesía española, desilusionada por el triste aspecto que van tomando
los acontecimientos, o bien por su pertenencia a logias masónicas, termina
adoptando como propias las ideas sobre España de los ilustrados franceses, y
acaba por colaborar de manera activa con ellos facilitándoles apoyo material
cuando en su momento Napoleón decide invadir España{10}. España venció a Napoleón, pero ya no volvió a ser
la misma (y no sólo porque se transformase en «nación política»), porque –parafraseando a Julián Marías–
Dicha Leyenda negra es asumida por muchos españoles americanos
y peninsulares (incluidos muchos liberales de los que lucharon contra los
franceses en
Recordemos al afrancesado Juan Antonio Llorente, sacerdote
y Secretario General de
Muchos liberales de Cádiz, como el sacerdote Muñoz Torrero,
Ruiz de Padrón, o el mismo Conde de Toreno (según el cual los Austrias mataron
las libertades y fueros de Aragón y Castilla) ensalzaban a Cromwell o
arremetían contra
Los nacionalistas fraccionarios anti-españoles del siglo XX
y XXI no se quedarán atrás en este sentido. Quintana también expresa su «amor a la humanidad en roncas maldiciones
contra la antigua España, contra su religión y contra sus glorias» (Carbia 154),
aunque parece que luego rectificó.
No parece casual que fueran masones el cura Hidalgo, José
San Martín, Simón Bolívar (aunque parece que acabó rectificando y prohibiendo
las sectas masónicas –Vidal 123–), Bernardo O'Higgins, José Rizal o José Martí.
Otro tanto puede decirse de William Brown o Pedro I de Brasil (Vidal, 121). Y
no parece simple azar el que la bandera de Argentina y de Cuba (Vidal, 121 y
227) contengan claras referencias masónicas (sol, triángulos, estrellas, número
de franjas).
En España son también destacables los casos de Moratín, de
Tomás de Iriarte, del duque de Rivas o de Núñez de Arce. De políticos como Ruiz
Zorrilla, Moret, Prim (que alzó al trono de España al también masón Amadeo de
Saboya), Manuel Becerra, Sagasta (Gran Maestre), Martos, Pi Margall o Emilio
Castelar{13}, todos ellos protagonistas
políticos de las Cortes de 1868 y de
Con esta mentalidad «revolucionaria»
y humanitarista de
Como precisa Rómulo D. Carbia,
De poco sirvieron las advertencias de Alcalá Galiano contra
esta corriente de «desespañolización».
El antihispanismo no sólo renegaba de
todo lo que hizo el Imperio (en Colombia llegaron a destruir conventos enteros
–Miguel Molina, pág. 177–), sino que muchos buscaban, cuando había pasado el
tiempo suficiente para oscurecer más fácilmente la realidad del pasado, la
vuelta al supuesto Paraíso de
Echarnos en cara el «expolio de 500 años» no sólo significa
endosarnos casi 200 años más de gobierno, sino caer en el megarismo armonista
más infantil{14}. Con todo, si España hubiera
sido como pretende Don Evo, él mismo no sería ahora presidente de Bolivia. Y si
no, que se lo pregunte a los indios de los EEUU. (los que quedan).
En la medida en que
Según Juderías, que ofrece una amplísima Bibliografía, de los
aproximadamente 1000 libros escritos por extranjeros sobre «viajes por España» en el siglo XIX, sólo
100 son mínimamente serios. Algunos autores, como Santiago Aragó, ni siquiera habían
pisado España para escribir su obra.
Una de las que más influencia tuvo fue
Draper dijo cosas como éstas: «España, se ha convertido con razón en un esqueleto rodeado de naciones
vivas y en una lección para el mundo.
Los Románticos con su visión «moruna» de España hicieron mucho daño (sobre todo por que se la
tragaron muchos nacionales, como podemos comprobar hoy día en algunos proyectos
ligados a la ideología de Blas Infante (Goytisolo, Garaudy), y una vez que los
políticos andalucistas han decidido reconocer la «realidad nacional» de Andalucía, es muy posible que busquen en el
Islam sus señas de identidad, aunque sólo sea para dar sentido a su
diferenciación artificiosa del resto de España. Muchos «intelectuales» regeneracionistas que no
buscaban europeizarnos, nos querían convertir al Islam, tal como sigue
ocurriendo hoy día.
También se puede citar a Gener, Mallada, y a Costa (que
hablaba de echar 7 llaves al sepulcro de El Cid), Pío Baroja, Azorín, &c.
–J316-. Unamuno, por el contrario, hablaba de una ridícula literatura
regeneracionista, porque los países europeos le deben a España muchas cosas,
más que a ningún otro país, empezando por la defensa frente al Islam (muchos no
recuerdan Lepanto, o las traiciones de los franceses), y continuando por
el descubrimiento y conquista de América que abrió el paso a la modernidad y al
capitalismo (del que presumen los países protestantes).
Más de 400 títulos del siglo XIX sobre el tema de España
asociados a
Y en pleno siglo XX, interpretada por muchos sólo a través
de la «lucha de clases», también se
aprecia perfectamente la influencia de dicha Leyenda Negra, oscureciendo la «dialéctica entre estados». Buena muestra
fueron las manifestaciones que en Europa se prodigaron a favor del pedagogo
anarquista y masón Ferrer y Guardia en 1909, al que Unamuno consideraba, con
acierto, un energúmeno, un fanático ignorante{17}. Guardia, maestro del anarquista Mateo Morral que
atentó contra Alfonso XIII, fue acusado de ser el instigador de los disturbios
que desembocaron en
Es significativo que en las Cortes Constituyentes españolas
de 1931 el número de masones fuese de unos 185, repartidos principalmente en
los partidos que se consideraban de izquierdas, incluido el PSOE. En Acción
Republicana, por ejemplo, había casi un 70% de diputados masones (19 de 28). Y
no cabe duda de que multitud de leyes acabaron teniendo un claro sello masón
(«isológicamente», y en muchos casos «sinalógicamente»). Merece la pena
mencionar cómo orientaba la masonería los debates sobre las leyes de la
Constitución{19}. Vidarte, socialista y
masón, lo explica en sus memorias (como recoge César Vidal. pág. 256 y siguientes).
Las reservas de Francisco Franco ante tal organización no
eran infundadas (su hermano Ramón fue masón en dicha época), a pesar de que sus
detractores las vean descabelladas o exageradas. Al final de la guerra civil
hubo masones como el coronel Casado, Martínez Barrio o Azaña (Vidal, 295), que
prefirieron rendirse al católico Franco antes que entregarse al ateo y
soviético Stalin. Con todo, pensamos que el humanismo ingenuo de las
doctrinas masónicas favorece el que la mayoría de «los hijos de la viuda» reniegue de España como plataforma de sus
acciones políticas, a lo que hay que añadir la identificación simplista de
España con el catolicismo religioso (error en el que también caen algunos
buenos compatriotas, que asumen, sin más, el lema «Por el Imperio hacia Dios»{20}
Para terminar este apartado expondremos dos ejemplos de la
distinta perspectiva{21} con que se interpreta al imperio español: la que
mantuvo Lewin Hanke (desde un realismo político, en la línea del pluralismo
dialéctico, que implícitamente ve en España algo «Transcendental») en polémica con Benjamín Keen (desde un humanismo
megárico y armonista, muy cercano al Pensamiento Alicia de
Dicho discurso está en la línea de los aduladores del «pueblo» (como ocurrió en el bando «rojo» de la guerra civil española –ver El Catoblepas 35:1–).
Pero, ¿Qué es el pueblo, o un «pequeño
grupo» de hombres, sin la canalización política o ideológica de sus
acciones por parte de sus dirigentes, que también se valen de la herencia de
múltiples instituciones? Estas instituciones (técnicas, como las que
permitieron el descubrimiento del nuevo mundo, su desarrollo y persistencia
económica; religiosas y sociales –como las de
Entre las distintas generaciones de izquierdas se ha
reproducido de manera exagerada esta tendencia a identificar a España y a su
Imperio con algo rechazable, por el simple hecho de que se desarrolló en el
Antiguo Régimen. Como decimos, y salvo honrosas excepciones, en la guerra civil
se puso de manifiesto que lo que separó a los bandos rojo y nacional fue, en
gran medida, su desigual aprecio por España, por su pasado, como plataforma
desde la que asumir el presente y afrontar el futuro. Pero, ¿Acaso romper con
los poderes del Trono y el Altar, reconociendo la soberanía de
Hanke, por su parte, no sólo recoge las ironías del pintor
mejicano José Clemente Orozco contra el anacronismo armonista de los
indigenistas (p. 175), sino que además apoya el siguiente dictamen de Edgard G.
Bourne (cuyas palabras, con todo, deben ser matizadas en muchos aspectos):
«¿Qué intentó en
realidad España en el Nuevo Mundo y cómo lo hizo? Emprendió la enorme, si no
imposible, tarea de llevar a toda una raza de millones de personas a la esfera
del pensamiento, la vida y la religión europea... [aquí el género de Europa se come
a la especie: España]. Y si el intento fue en cierto modo un fracaso, fue un
fracaso del tipo del de Alejandro Magno en su idea de instituir un imperio
asiático permanente, un fracaso que ha dejado una huella imborrable en épocas
sucesivas... Aún así, la idea era grandiosa, y el esfuerzo para llevarla a cabo
apeló a lo mejor de cada uno de los hombres que, consciente o
inconscientemente, trabajaron en su realización.
Como todos los
grandes acontecimientos de la historia humana, tiene aspectos oscuros y, por
desgracia, esos aspectos han sido proyectados habitualmente a un primer plano
por escritores no españoles, debido a la influencia de los celos nacionales y
del prejuicio religioso. El hecho importante y duradero sigue siendo, sin
embargo, al margen de juicios de valor, que durante el período colonial [ya
hemos comentado que los virreinatos no eran «colonias»] la lengua, la religión,
la cultura y las instituciones políticas de Castilla fueron trasplantadas a una
zona veinte veces mayor que la del Estado progenitor... La obra de España en el
Nuevo Mundo, con todos sus defectos y adulteraciones debidas a intereses
egoístas, ofreció un campo extraordinario para el despliegue del carácter
nacional e individual...
La legislación
colonial del reinado de Felipe II revela, aparte de sus deficiencias, un
interés profundo y humano por la civilización de sus dominios ultramarinos...
El largo brazo del rey se extendió para proteger al débil y al desamparado de
la opresión y del error. No siempre lo logró, pero no se le puede negar el
honor de ese esfuerzo.» (Del libro de Miguel Molina, pág. 178.)
Sugerencias para el porvenir
Las izquierdas definidas tienden a recaer en la
indefinición como consecuencia de sus propios fracasos, como explica Gustavo
Bueno en El mito
de la Izquierda. Dada la complejidad y la falta de claridad de los proyectos, y
las dificultades para desarrollarlos, sus agentes suelen ser propensos a
Entre otras cosas dicho tipo de pensamiento da por
supuestos los medios y los planes (respecto a los sujetos para llevarlos a
cabo) necesarios para desarrollar los programas (más o menos realizables en
función de tales medios). Es decir, partiendo de una inexistente igualdad
de todos los seres humanos, presuponen que, por arte de magia, «todo el mundo» participará espontánea y
voluntariamente en la realización los fines proyectados, aunque éstos tengan
como «programa» genérico el convertir en persona a todo individuo
existente.
Dicho programa, además, es inasumible de manera global o
totalizadora por nadie (salvo por Dios, que no existe, o por un imbécil…), por
lo que, comúnmente, se suele repartir dicha tarea en múltiples programas específicos
desarrollados a través de múltiples instituciones heredadas en las que
confiamos prudentemente{23}. Pero asumiendo que el éxito no está garantizado,
como ya nos sugirió Platón en el Protágoras, al hablarnos de las dificultades
para alcanzar «la virtud» (de ser «persona» a través del tortuoso aprendizaje
de las múltiples virtudes «herméticas»).
No sólo no está garantizado que dicho programa alcance a todas las personas
(extensionalmente), sino que tampoco está garantizado que se complete
(intensionalmente) en cada una de ellas. Más aún, si se alcanzasen dichos
límites los sujetos resultantes no serían «personas», sino algo distinto, quizá
parecido a los autómatas.
Pero eso no implica, como decimos, que se pueda dar por
supuesta la tarea correspondiente, o que quepa confiar en la oscura «espontaneidad» de cada individuo (en el
«poder» genérico al que algunos
llaman «libertad») la misión de
formarse como persona. Y esto, precisamente, es lo que pretenden quienes
reniegan insensata y alegremente de las tradiciones e instituciones que han
mostrado, dentro de límites prudenciales, su solvencia y eficacia durante mucho
tiempo (garantizando la persistencia del grupo en cuestión{24}).
Como decimos, muchos pánfilos confunden sus deseos de
englobar a toda la humanidad en sus programas políticos con la creencia de que
es la misma humanidad la plataforma que les permitirá alcanzar sus fines. Pero
la humanidad no existe como plataforma (humanismo) para la realización de
ningún proyecto, y los planes son absurdos si no se atienen a una estructura
mínimamente consistente (cuyas entrañas, heredadas, son desconocidas en gran
parte, objetivamente «inconscientes». Por esto mismo es imprescindible la
enseñanza de la historia (anámnesis) y la reproducción o modificación prudente
de las instituciones ya existentes. La ausencia de estos principios conduce a
muchos políticos al gnosticismo, al irracionalismo, a la hora de solucionar los
múltiples problemas que se encuentran (como el «retraso» del tercer mundo, la
inmigración descontrolada, o el «final del terrorismo»), tal como se manifiesta
en la facilidad con que muchos personajes de izquierdas {25} se asocian a doctrinas irracionalistas sostenidas
por sectas variopintas y ocultistas (mormones, adventistas, testigos de Jehová,
Teosofía, Cienciología, Ku klus klan, New Age, &c.), muchas de ellas con
evidentes conexiones sinalógicas o isológicas con la masonería, tal como expone
César Vidal en la cuarta parte de su obra (págs. 141-198).
Los peligros que suponen para España el «europeísmo progresista» (no olvidemos
que Giscard D'Estaing, uno de los principales impulsores de
Apéndices
I. La masonería en México
Dada la intensa labor de la masonería en México, nos parece
oportuno reproducir parte de lo tratado por César Vidal al respecto:
«La masonería en
Benito Juárez –cuyo gobierno se convirtió en una innegable
dictadura republicana – fue iniciado en la masonería en 1827, cuando era aún
estudiante de leyes, y mantuvo la relación con la logia. También fue masón el
dictador Porfirio Díaz, al que derribó una revolución encabezada por el masón
Francisco Madero. Con esos antecedentes,
Naturalmente, esa abrumadora mayoría de los «hijos de la
viuda» no careció de consecuencias. Con seguridad, el episodio más terrible
derivado de la cosmovisión masónica fue el de la guerra cristera que a lo largo
de tres años (1926-1929) ensangrentó México y se tradujo en el asesinato de
millares de católicos, especialmente sacerdotes y religiosos, no pocos de los
cuales han sido canonizados en los últimos años. Sin embargo, sus antecedentes
se hallaban en la promulgación de
La guerra cristera resultó de extraordinaria dureza y
transcurrió en paralelo a una cruentísima persecución del catolicismo que ha
quedado reflejada en obras como El poder y la gloria de Graham Greene.
Se enfrentaban frontalmente dos cosmovisiones y mientras que el gobierno era
apoyado explícitamente por las logias –que se sentían totalmente identificadas
con el carácter laicista del texto constitucional– a los rebeldes se sumaron
partidas no católicas pero sí profundamente desengañadas por la realidad
política posterior a
La persecución más dura había concluido, aunque
La guerra cristera, apenas unos años posterior a la civil rusa, iba a tener un
enorme peso en el pensamiento de los católicos de todo el mundo, ya que había
puesto de manifiesto que la persecución era todavía posible, que la masonería
podía formar parte esencial de la misma y que no era nada absurdo, por
desgracia, plantearse que la única salida para sobrevivir fuera el recurso a
las armas. Tan sólo un lustro después, para muchos, España iba a correr el
riesgo de sufrir un proceso similar.» (César Vidal, páginas 236-238.)
II. La masonería y
También nos parece oportuno reproducir el siguiente cuadro
de la obra de Pedro F. Álvarez Lázaro y José Manuel Vázquez-Romero (eds.): Accionistas
de
|
Nombre y apellidos |
Profesión / cargo |
Residencia |
Incardinación |
|
Miguel Alcaraz |
Propietario Ex Diputado |
Almansa |
Logia Rosa de Almansa |
|
Antonio María Picazo |
Abogado |
Albacete |
Logia Humanidad de Albacete |
|
Manuel Ausó Arenas |
Catedrático de instituto |
Alicante |
Logia Alona de Alicante |
|
Manuel Ausó Monzó |
Médico |
Alicante |
Logia Alona de Alicante |
|
Adolfo Fáes Izaguirre |
Comerciante |
Alicante |
Logia Alona de Alicante |
|
José Guardiola y Pico |
Arquitecto |
Alicante |
Logia Alona de Alicante |
|
Eleuterio Maisonnave Cutuyar |
Abogado Ex Ministro |
Alicante |
Logia Alona de Alicante |
|
José Vicent López |
Comerciante |
Alicante |
Logia Alona de Alicante |
|
Fernando Acedo |
Propietario Ex Director de instituto |
Linares |
Logia Moralidad de Linares |
|
Faustino Caro |
Propietario |
Linares |
Logia Moralidad de Linares |
|
Guillermo English |
Propietario |
Linares |
Logia Pirámides de Linares |
|
José Marín |
|
Linares |
Logia Legalidad Lusitana de Linares |
|
Gregorio Cabrera |
Propietario |
Málaga |
Logia Fraternidad de Málaga |
|
Santiago Casitari |
Publicista |
Málaga |
Logia Fraternidad de Málaga |
|
Eduardo Palanca Asensi |
Abogado Ex Ministro |
Málaga |
Logia Menova de
Vélez-Málaga |
|
Juan Antonio Pérez Villalobos |
Abogado |
Ronda |
Logia Fiat Lux de
Ronda |
|
José de los Ríos Pinzón |
Militar |
Ronda |
Logia Fiat Lux de
Ronda |
|
Joaquín Enríquez García |
Comerciante |
Sevilla |
Logias Numantina y Numancia
de Sevilla |
|
Manuel Pastor y Landero |
Ingeniero Ex Diputado |
Sevilla |
Logia Tolerancia y Fraternidad de Cádiz |
|
Vicente Santolino |
Empleado |
Sevilla |
Logia Fraternidad Ibérica de Sevilla |
|
Federico de Luque |
Militar |
Sevilla |
Logia Numantina de Sevilla |
|
Celestino Párraga |
Abogado |
Cádiz |
Logia Fe y Abnegación de Cádiz |
|
Francisco de Paula Díez Álvarez |
Médico |
San Lucar de Barrameda |
Miembro de una logia del Gran Consejo General Ibérico |
|
Félix Delatte |
Agente comercial |
Córdoba |
Logia Patricia de Córdoba |
|
Ángel de Torres y Gómez |
Abogado Ex Diputado |
Córdoba |
Logia Patricia de Córdoba |
|
Eufemiano Jurado Domínguez |
Propietario |
Las Palmas |
Logia Afortunada de Las Palmas de Gran Canaria |
|
Rubén Landa Coronado |
Abogado |
Badajoz |
Logia Pax Augusta de Badajoz |
|
Montero Telinge |
Ex Senador |
La Coruña |
Logias Herculina y Brigantina
de La Coruña |
|
Segundo Moreno Barcia |
Abogado |
Ribadeo |
Logia Brigantina de La Coruña |
|
Maximino Teijeiro |
Catedrático de Medicina |
Santiago de Compostela |
Logia Luz Compostelana de Compostela |
|
Luis Felipe Aguilera |
Abogado |
Madrid |
Logia Antorcha de Madrid |
|
Florencio Alguacil Carrasco |
Abogado |
Madrid |
Logia Pax Augusta de Badajoz |
|
Antonio Aura Boronat |
Ex Diputado |
Madrid |
Logia Alona de Alicante |
|
Salvador Calderón Arana |
Catedrático (suspenso) del Instituto de Las Palmas |
Madrid |
Atestiguado como masón por A. Jiménez Landi |
|
Antonio Luís Carrión |
Publicista Ex Diputado |
Madrid |
Logia Fraternidad de Málaga |
|
José Carvajal |
Abogado Ex Ministro |
Madrid |
Logia Antorcha de Madrid |
|
Francisco Casalduero Contes |
Abogado Ex Diputado |
Madrid |
Logias Caballeros del Silencio y Lealtad de
Madrid |
|
Eduardo Chao |
Ex Ministro de Fomento |
Madrid |
Atestiguado como masón por M. Morayta |
|
Antonio Elegido Lezcano |
Abogado |
Madrid |
Logia Caridad de Málaga |
|
Eduardo García Cabrera |
Coronel de Infantería |
Madrid |
Logia Libertad de Granada |
|
Manuel García Peña |
Marino retirado Capitalista |
Madrid |
Logia |
|
Hermenegildo Giner de los Ríos |
Catedrático suspenso del Instituto de Osuna |
Madrid |
Perteneció a una logia del Gran Oriente Español,
atestiguado también como masón por A. Jiménez Landi |
|
Bernardo Giner de los Ríos |
Jefe de Negociado de Hacienda |
Madrid |
Atestiguado como masón por A. Jiménez Landi |
|
Manuel Gómez Marín |
Abogado Ex Subsecretario de Ultramar Ex Diputado |
Madrid |
Logia Libertad de Madrid |
|
Edmundo Gommés |
Comerciante |
Madrid París |
Logia Osiris de Madrid |
|
Manuel de Dano y Persi |
Ex Diputado |
Madrid |
Logia Mantuana de Madrid |
|
José Lledó Fernández |
Profesor privado |
Madrid |
Atestiguado como por A. Jiménez Landi |
|
Augusto Manzano y Villa |
Abogado |
Madrid |
Logia Comuneros de Castilla de Madrid |
|
Sergio Martínez del Bosch |
Capitán retirado y ex Maestro de Cadetes |
Madrid |
Logia Mantuana de Madrid |
|
Segismundo Moret Prendergarst |
Ex catedrático de la Central |
Madrid |
Logia El Progreso de Madrid |
|
Francisco Pi y Margall |
Abogado Ex Presidente del Ejecutivo |
Madrid |
Miembro de una logia desconocida del Gran Oriente
de España |
|
Cándido Pieltain |
Teniente General |
Madrid |
Atestiguado como masón por M. Morayta |
|
Francisco de Paula Poveda |
Profesor libre |
Madrid |
Logia El Porvenir de Madrid |
|
Fernando Rodríguez Pridal |
Registrador de la Propiedad |
Madrid |
Logia 5 de abril del 88 de Madrid |
|
Federico Rubio |
Doctor en medicina Ex Ministro Plenipotenciario de España
en Londres |
Madrid |
Atestiguado como masón por M. Morayta |
|
Manuel Sánchez Martín |
|
Madrid |
Logias Caballeros del Silencio y 5 de Abril de
1888 de Madrid |
|
Enrique Pérez de Guzmán, Marqués de Santa Marta |
|
Madrid |
Logia Luz de la mañana de Madrid |
|
José Sorní |
Abogado Ex Ministro |
Madrid |
Atestiguado como masón por M. Morayta |
|
Vizconde de Torres Solanot |
Abogado |
Madrid |
Logia Obreros de Barcelona |
|
Manuel Becerra |
Ex Ministro de Fomento |
Madrid |
Logia Mantuana de Madrid |
|
Anastasio García López |
Médico |
Madrid |
Logia Matritense de Madrid |
|
Manuel Ortiz de Pinedo |
Abogado |
Madrid |
Logia Ibérica de Madrid |
|
Luis Simarro |
Médico |
Madrid |
Logia Antorcha de Madrid |
|
Antonio Atienza Medrano |
Abogado |
Madrid |
Logia El Porvenir de Madrid |
|
Juan Quirós de los Ríos |
Profesor privado Ex Gobernador provincial |
Madrid |
Logias Caridad de Antequera y Acacia de
Valencia |
|
Jaime González García |
Marino |
Pego |
Logias Eco del Progreso y Firmeza de la
Unión |
|
José Manteca Oniols |
Abogado |
Murcia |
Logia Vega Florida de Murcia |
|
Antonio Tarazona Blanch |
Abogado Propietario |
Valencia |
Logia Severidad de Valencia |
|
José Villó y Ruiz |
Catedrático de Universidad |
Valencia |
Logias Unión Valentina, Acacia y Federación
Valentina de Valencia |
|
Laureano Álvarez |
Comerciante Ex Diputado |
Valladolid |
Logia |
|
José Muro López |
Catedrático de Instituto Ex Ministro |
Valladolid |
Logias |
|
Manuel Ruiz Zorrilla |
Abogado Ex Presidente de las Cortes y del Consejo de Ministros |
París |
Logia Mantuana de Madrid |
|
Laureano Calderón Arana |
Ex Catedrático de |
París |
Atestiguado como masón por A. Jiménez Landi |
Fuente: Base de datos del ILKM, Pedro F. Álvarez
Lázaro, págs. 166-169.
Bibliografía:
Hemos utilizado, principalmente, las obras de Julián
Juderías Loyot (1877-1928), La leyenda Negra.
Estudios acerca del concepto de España en el extranjero (1914) (reeditada
muchas veces, recientemente por
También cabe apuntar los libros de José María Iraburu (Hechos de los Apóstoles en América, editado
inicialmente en Razón Española, y accesible en http://www.members.tripod.com/~hispanidad/hechos.htm),
y de Hugh Thomas (El Imperio Español, RBA
2004) y, por supuesto, la obra de D. Gustavo Bueno, a la que debemos lo que
tenga de razonable el presente escrito.
Notas
{1} Como advertía, creemos que con
pesar, Ismael Carvallo en su conferencia del lunes 10 de julio de 2006 (dentro
de los XI Encuentros de Filosofía de Gijón).
{2} En el sentido que se le da a la
expresión «continente» en la convocatoria a los XI Encuentros de Filosofía de
Gijón (en http://www.fgbueno.es/act/act019.htm)
{3} Sobre la idea de «Institución» es
imprescindible tener en cuenta lo dicho por Gustavo Bueno en «Ensayo de una
teoría antropológica de las instituciones», publicado en El Basilisco,
nº 37.
{4} Ver «Totalidades centradas/totalidades no centradas»
en el Diccionario Filosófico del Proyecto de Filosofía en Español. ¿Cabe
expansionismo sin centralización? ¿Y viceversa?
{5} Sobre estos asuntos son
imprescindibles las obras de Jean Dumont. Ver los excelentes artículos de Atilana Guerrero y Pedro Insua
sobre estas cuestiones, en http://www.nodulo.org/ec/2003/n015p12.htm
Pedro Insua impartió dos clases magistrales sobre
este asunto en los Cursos de Santo Domingo de
{6} El «cesaropapismo»
es propio de países protestantes que, paradójicamente, presumen de separar
religión y política frente a los países católicos.
{7} Ver el interesantísimo artículo de
Juan Antonio Hevia Echevarría
sobre «Lutero y sus mentiras», en http://www.nodulo.org/ec/2006/n052p15.htm.
{8} Tomado de Juan S. Galera, pág. 101.
{9} Para entender el papel de la
masonería en el hundimiento del Imperio Español es muy recomendable la obra de
César Vidal sobre Los Masones, de la que hemos extraído muchos datos
para este escrito. Y no lo es tanto por el hecho de que muchos «libertadores»
(Martín, Bolivar, Martí, Rizal) fueran masones, sino
por la ideología de fondo gnóstico que transmite dicha secta, y cuya influencia
recorre la moderna historia de España, hasta nuestros días. El Pensamiento
Alicia de José Luis Rodríguez Zapatero, está repleto de rasgos propios de la
masonería y el krausismo más idealista. Lo que es indiscutible es que la
ideología predominante hoy día en coaliciones políticas como Izquierda Unidad
(que gobierna en muchos pueblos «obreros» de Madrid, como el de Rivas-Vaciamadrid, en coalición con el PSOE) tiene multitud de
doctrinas cercanas al humanitarismo krausista y la masonería. A los políticos
actuales (como Gaspar Llamazares) que defienden que «todos los hombres son
legales», por ejemplo, hay que recriminarles no tanto por su improbable
pertenencia a la masonería, sino por lo absurdo de sus principios, que
conllevan actuaciones políticas tremendamente imprudentes, rayando con la
imbecilidad en algunos casos. La masonería de hoy día, por tanto, no sería
criticable tanto por su secretismo sectario (de hecho parece que su influencia
social hoy día es muy limitada), sino por su impúdica oscuridad y confusión. Lo
vergonzoso es que aún queden políticos que se crean de izquierdas y que
sostengan doctrinas completamente ridículas. Por cierto, uno de los abuelos del
presidente Zapatero (el único que menciona y admira, al parecer) fue militar y
masón (Vidal, pág. 288). Y el masón José Marchesi
(uno de los padres de
{10} Ver al respecto el interesante
artículo de Fernando Álvarez Valbuena (El catoblepas,
54:17, en http://www.nodulo.org/ec/2006/n054p17.htm
{11} Ver la obra de Pedro F. Álvarez (y
otros) sobre Krause, Giner
y
{12} Algo similar harán los militantes
de ERC al hablar de El Escorial, tal como recogimos en El Catoblepas, nº 35, pág.
1.
{13} En el ilustrativo Prólogo a la obra de Fernando Garrido, La República Democrática Federal Universal,
disponible en edición digital del Proyecto Filosofía en español, puede verse lo
peculiar de su ideología. Ver también Vidal, capítulo XVI, pág. 218 y sgts. De Castelar no está demostrado que perteneciera a la
masonería, aunque su ideología «panfilista» es muy
cercana a la de ésta.
{14} Ver lo expresado con justeza por Íñigo Ongay en su artículo en El
Catoblepas 54:11 «Análisis materialista de la ideología de los
movimientos indigenistas en Hispanoamérica». En la misma línea se
mueve Ismael Carvallo, en su artículo de la pág. 4 del mismo número, «Antropologismo político e historicismo político», cuando denuncia
el «Antropologismo político» que pretende negar la dialéctica histórica, particularmente
en Mexico. Podríamos decir que el papel que juega el
monroísmo y el indigenismo en iberoamérica (confundiendo al personal con
ideologías democraticistas y pánfilas) lo desarrolla
en España (contra España) el «europeísmo progresista» y el «nacionalismo
fraccionario». Las corrientes indigenistas, y algunas nacionalistas, suelen asumir
tesis racistas para configurar sus proyectos, atribuyendo a la etnia las
virtudes necesarias para su desarrollo. Pero son las normas e instituciones las
que canalizan los proyectos políticos asumidos por el poder político en una
determinada dirección, sin que la raza tenga apenas peso en su posible éxito.
{15} En la obra de Borrow aparece el
siguiente relato, que es muy ilustrativo sobre la «libertad» que apreciaban
algunos gobernantes españoles (como Istúriz) en otros
países:
«Pocos días después, en efecto, tuve una entrevista con Istúriz en su despacho de Palacio; para ser breve, sólo
diré que le hallé muy bien dispuesto en favor de mis planes. «He vivido mucho
tiempo en Inglaterra –dijo–;
Dos o tres cosas relacionadas con mi entrevista con Istúriz me impresionaron como muy dignas de nota. Primero,
la extremada facilidad con que obtuve audiencia del primer ministro de España.
El portero me hizo pasar de buenas a primeras sin necesidad de anunciarme y sin
hacerme esperar. Segundo, la soledad reinante en aquel lugar, tan distinta del
bullicio, ruido y actividad observados por mí mientras aguardaba a ser recibido
por Mendizábal. Ya no había allí afanosos pretendientes en espera de una
entrevista con el grande hombre; Si se exceptúa a Istúriz
y al empleado, a nadie vi. Pero lo que me produjo impresión más profunda fue la
actitud del ministro, quien, cuando yo entré, estaba sentado en un sofá con los
brazos cruzados y los ojos clavados en el suelo. Era extremada la depresión del
tono de su voz, melancólico el aire de sus morenas facciones, y, en general,
tenía todo el aspecto de una persona que, para librarse de las miserias. de
esta vida, medita el acto de suma desesperanza: el suicidio.
Pocos días bastaron para demostrar que, en efecto, a Istúriz le sobraban motivos para entristecerse: menos de
una semana después estalló la llamada revolución de
Si Istúriz supiera las masacres
que los ingleses cometieron con los católicos, y especialmente con los
irlandeses (Juderías 388 y418–424), muy probablemente hubiera matizado sus afirmaciones
sobre «la libertad de pensamiento» en Inglaterra (frente a España).
{16} Idea que recoge, poéticamente,
Manuel Machado frente a su hermano Antonio que pretende que «se hace camino al
andar».
{17} Ver César Vidal, Los masones,
págs. 224 y ss.
{18} En este sentido son muy
interesantes los apéndices 11 y 12 de las obras de César Vidal sobre Los
Masones (págs. 361 y ss.), y de Pedro F. Álvarez Lázaro (y otros) sobre Krause, Giner y
{19} Puede verse un resumen de tal
asunto en el artículo de César Vidal «¿Fue de inspiración
masónica la constitución de la segunda república?», publicado en
{20} Ver nuestro artículo sobre «La Antiespaña y las Izquierdas Satisfechas,
con el Quijote al fondo», El Catoblepas 35:1. En los masones
del bando nacional (como Queipo de Llano) parece
claro que no habían calado lo suficiente las doctrinas humanistas disolventes
de toda plataforma política idiográfica, histórica. Este
confusionismo se produce cuando los principios éticos (como los expuestos en
{21} A la hora de interpretar y juzgar
la labor del imperio español y su «ortograma» fundamental caben distintas
perspectivas ideológicas, que pueden sintetizarse en tres: I) el Etnocentrismo,
que niega la posibilidad de considerar que los «hombres» de otras regiones
conquistables sean personas, o que puedan llegar a serlo a través de las medidas
integradoras pertinentes; II) el pluralismo armonista del Multiculturalismo,
que presupone que cualquier hombre es persona desde un principio, o que puede
llegar a ser persona a través de mecanismos cercanos al «diálogo» intercultural,
sin violencias, por arte de magia (como pretende el Pensamiento Alicia), porque
«en el fondo» todos los hombres son iguales; III) El pluralismo dialéctico, que
aunque reconoce que no todos los «hombres» son «personas», sin embargo asume
que para que se produzca tal transformación hay que llevar a cabo procesos
pedagógicos y políticos que pueden pedir la implantación de métodos coactivos,
violentos, direccionales (en contra de una pedagogía «no dirigista», o de una
política que apele a la absurda «Alianza de Civilizaciones»). Ver, al respecto,
los artículos de Gustavo Bueno «Etnocentrismo cultural, relativismo cultural y pluralismo cultural»,
en El Catoblepas, nº 2, pág. 3, y «Pensamiento Alicia (sobre la Alianza de Civilizaciones)»,
en El Catoblepas, nº 45, pág. 2.
{22} Ver la distinción entre fines,
planes y programas de un proyecto en el artículo de Gustavo Bueno «Principios
de una teoría filosófico política materialista» (en http://filosofia.org/mon/cub/dt001.htm),
así como el revelador artículo «Psicoanalistas y epicúreos…», publicado en El
Basilisco, nº 13, primera época). Se pueden distinguir tres tipos de
«objetivos intencionales»: fines, planes y programas. Los fines son los objetivos
en su relación con el sujeto proléptico que los
propone. Así puede ser un fin el «aprobar las oposiciones para inspector
fiscal» (finalidad no atribuible a todos los hombres). Un político plantearse
el fin de «conseguir que la mayoría de los españoles, incluidos los de la
propia familia, coman todos los días…». Hay fines asignables a más o menos
hombres (en el límite a todos y a uno), pero que siempre parten de materiales
heredados, más o menos conformados normativa e institucionalmente. Los planes
son los objetivos en relación con los sujetos a quienes afecta su desarrollo y
realización. Un padre de familia tiene el plan de tener hijos y luego sacarlos
adelante con la cooperación de su mujer y familiares, con las retribuciones del
jefe para el que trabaja (según normas e instituciones muy variadas)… También
los gobernantes romanos, como sujetos agentes y a través de las instituciones
de su estado, se proponían regir a todos los pueblos, como sujetos pasivos en
principio). Y los reyes españoles siguieron el ortograma de «recubrir al Islam»
y, posteriormente, de extender su poderío a todos los pueblos para hacerlos
«cristianos» (equivalente a «personas» en el siglo XVI). Los programas son los
objetivos considerados en relación con los contenidos propuestos. Por ejemplo
el programa específico de conseguir que hablen español, inglés o esperanto,
bien sean los habitantes de América del Sur (con plan particular, que afecta
sólo a una parte de los hombres), bien sea la totalidad de los hombres (con
plan universal). Pero también caben, en principio, programas genéricos, como
los de «conseguir que los individuos se salven» (o que se conviertan en
personas).
No parece casual, como nos sugiere Gustavo Bueno, que, tras
los fracasos de ciertos proyectos políticos, con planes universales y programa
general, muchos individuos (sobre todo de «izquierdas indefinidas») acabe
ingresando las filas de sectas ocultistas variopintas, buscando la formalidad
absurda de «buscarse a sí mismo» tras haber roto, insensatamente, con las
«ataduras» moldeadoras de la personalidad heredadas históricamente. Aunque tal
«rotura» nunca es total, y siempre parte de arquetipos y normas establecidas.
{23} Quienes buscan la felicidad caen
en un error similar, pues ésta es sólo propia de dioses o de imbéciles, como
nos decía Aristóteles, y nos ha explicado Gustavo Bueno en El mito de la Felicidad.
{24} Instituciones como el «matrimonio
monogámico» (formada por un hombre y una mujer), que no es un simple invento de
los «reaccionarios de siempre» (sobre todo si son españoles o franquistas), tal
como parecen interpretar algunos consejeros adelantados de Zapatero, como el
Sr. Zerolo.
{25} En España mantienen principios
similares sobre todo personas que se suelen identificar políticamente con IU,
el PSOE o partidos «revolucionarios». En el PP suele ser más extraño encontrar
personajes de este tipo, quizá por que sus creencias «católicas» (aunque
irracionales en muchos aspectos dogmáticos), que les preserva de tales derivas iluministas por las raíces filosóficas de la religión
católica. Aunque cada vez son más los personajes que se declaran católicos,
pero que, en realidad, son «poco católicos», incluso en términos religiosos, y
se dejan embaucar por doctrinas de corte protestante o, incluso, por el Islam.