El largo declive de la economía estadounidense

 

Por John Kozy

 

http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=16639

 

 

Global Research, 21 de Diciembre de 2009

 

La postura oficial acerca de la actual crisis financiera, es que obedece a las prácticas irresponsables de las instituciones financieras y la falta de organismos reguladores. Es probable que estas fuesen las causas inmediatas pero no la causa última. Desgraciadamente, los estadounidenses rara vez están dispuestos a buscar las causas últimas y a hacer algo al respecto cuando las encuentran.

 

En los años ’80 yo vivía en un suburbio de Washington DC. Una tarde un amigo y yo caminábamos por las calles de Georgetown cuando nos encontramos con un grupo de japoneses tomando fotos de un edificio que acababan de comprar. Nos pidieron les tomáramos fotografías al frente del mismo, lo cual hicimos y seguimos nuestro camino.

Pocas cuadras mas adelante vimos un grupo de adolescentes tamborileando en unos recipientes domésticos de plástico; los chicos eran buenos percusionistas pero señaló mi amigo que tras la II Guerra Mundial, los jóvenes del convulsionado Caribe habían abandonado las latas de aceite como instrumento musical de diferentes rangos, para crear un único y nuevo género musical con tambores de acero.

 

Mas tarde durante la cena mi amigo y yo hablamos acerca de lo que parecía ser un serio descenso de la fortuna económica y la cultura de los Estados Unidos. No éramos los únicos en notar este descenso, mucho se ha hablado y escrito al respecto en un momento en que los japoneses parecieron estar a punto de comprar toda América y cómo los productos y servicios ofrecidos por compañías estadounidenses habían sido superados por competidores extranjeros especialmente japoneses. Los programas TQM (Gestión de calidad total, la sigla en inglés) compuestos por distintos modelos de gestión originados en Japón en la década de 1950 fueron muy elogiados.

 

Después de haber observado el éxito de Japón empleando técnicas de control de calidad, las empresas occidentales comenzaron a tomar sus propias iniciativas de Administración de Calidad Total, concepto desarrollado como una frase “de cajón” para el amplio espectro de calidad centrada en estrategias y programas. Entre los más conocidos defensores de la ACT se encontraban Edward Deming, Juran, Ishikawa, Feigenbaum, y la ISO (International Standards Organization).

 

El éxito de estos programas fue escaso. Numerosos estudios han demostrado que con la sola  aplicación de una norma de calidad rara vez se mejora el rendimiento de una empresa, y mi propia experiencia personal puede dar fe.

 

Yo estaba involucrado en las implementaciones de la norma ISO en tres empresas. Era obvio para mí que eso no iba a funcionar, así la primera compañía fue a la quiebra a los tres años de la adquisición de la certificación, la segunda empresa tampoco existe ya, habiéndose vendido sus bienes en un procedimiento concursal, y la tercera se encuentra actualmente en  proceso de venta. Durante esta última intervención, pedí ser relevado de mi trabajo en ella, porque el proyecto era de tan mala calidad que yo no quería quedar asociado con él.

 

Hoy en día hablar de Calidad Total ha desaparecido casi por completo de la literatura popular. Ha desaparecido junto con las fábricas y puestos de trabajo. Las citas de CT en la literatura empresarial inició un descenso continuo y prolongado desde 1992. También ha habido un marcado descenso en empresas de consultoría de CT. El "Compromiso con la Calidad Total  parece haber sido sólo superficial.

 

Varias razones se dan para explicar este fracaso, aunque cualquier persona familiarizada con tales normas reconoce que las mejores prácticas propuestas en sí no son malas. Las razones principalmente tienen que ver con una actitud estadounidense de gestión. Las implementaciones fueron impuestas “de arriba hacia abajo” en lugar de a la inversa, los empleados nunca tuvieron participación en ellas, los directores nunca crearon programas de medición de eficacia; todas estas,  razones a priori para explicar la causa del fracaso.

 

Pero la ACT se suele definir como el conjunto de rasgos y características de un producto o servicio que influyen en su capacidad para satisfacer las expectativas de los consumidores. En otras palabras, la calidad es "dar al cliente lo que éste quiere."

 

En la formación previa a los ejecutivos, se les cita como ejemplo a los consultores de Mc Donald’s: cada hamburguesa de esta cadena no importa dónde esté hecha, pero es idéntica. Cuando este ejemplo se les expuso a los empleados, éstos se burlaron.

 

“¿Con qué necesidad y para qué queremos estas políticas y procedimientos? Ya estamos produciendo basura” se preguntaron.

 

No era que la política empresarial imponía “nivelar hacia abajo” lo cual dividía a los empleados según rangos y categorías, sino que uniformar criterios era el objetivo del programa.

 

Los empleados reconocieron que producir “basura de calidad” no era algo coherente, ya que la basura no podía ser competitiva con la calidad; lo cual tampoco fue causante del declive de la economía.

 

Lo que realmente había causado declive en la economía fue el modelo de negocio adoptado por las empresas estadounidenses, elogiado por los economistas ortodoxos de Estados Unidos, y ayudado e instigado por el gobierno.

 

Recientemente, TechRepublic resume en un artículo publicado por Forrester:


La  mayoría.
. . son gerentes que quedan perplejos cuando se trata de tomar el camino correcto. . . hacer parámetros de calidad y su eficaz transmisión de relevancia para la gestión. Los tomadores de decisiones tienden a concentrarse en la única “métrica” que comprenden: el costo. . . y cómo reducirlo.

 

Este Libro Blanco de Forrester revela los cinco parámetros esenciales para la eficacia. . . de gestión. . . .

 

1. inversión alineada a la estrategia de negocios,
2. evaluación. . . de las inversiones en el negocio,
3. . . . equilibrio presupuestario,
4. excelencia de nivel de servicio,
5. y  excelencia operativa.

 

Estos cinco parámetros deberían constituir el núcleo de un. . . mecanismo de control de rendimiento.

 

Sin embargo, estos consejos son castillos en el aire. Los tomadores de decisiones se centran en la única medida que les preocupa: el costo y la manera de reducirlo, no hay otra y es la única que ellos entienden.

 

Desde un plano ideal, las empresas existen para proporcionar productos y servicios a las personas. Si los productos y servicios son buenos, las empresas prosperan, si no lo son, las empresas fracasan. Eso es riesgo, por lo que las empresas norteamericanas habían invertido en este modelo.

 

Se instaló en el público la idea, rara vez cuestionada, de que la única responsabilidad social de las empresas era el bienestar y beneficio de sus accionistas. Productos y servicios ya no son el objetivo de las empresas, sino que son simplemente medios para fines de lucro. De que la calidad lleva a una mayor reducción de los beneficios rápidamente se hizo evidente. Un menor número de aceitunas en cada frasco, una parte débil en un dispositivo complejo, un procedimiento ineficaz en un proceso de fabricación, obsolescencia, ciclos más cortos en la vida de los productos, altas tasas de fracaso en ingeniería. Las normas de calidad de Estados Unidos se convirtieron en "Basura". Para más ejemplos, véase mi artículo, América on the Dulling Edge. (N. de T. sería algo así como “América al borde del abismo”).

Para asegurarse que los estadounidenses compren esta “basura”, una serie de políticas fueron avanzando: decaimiento de los salarios para que los consumidores no puedan darse el lujo de comprar productos importados, flexibilización de leyes migratorias e introducción de visados especiales como los H1B1, de modo que al ampliarse la mano de obra los salarios tiendan a la baja, las restricciones a la libertad de los trabajadores estadounidenses a organizarse, y, finalmente, la deslocalización de la producción.

Ninguna de estas políticas podría tener éxito sin la colaboración cómplice de los economistas ortodoxos de Estados Unidos y el gobierno.

Pero, lógicamente, este modelo de negocio no podía sostenerse en el tiempo. A medida que se producía la caída de los ingresos de los trabajadores, también lo hacía su capacidad de consumo. Para enmascarar este resultado, se introdujo el crédito al consumo fácil a intereses muy altos, lo que a la larga traería morosidad de los consumidores. Incluso la ley de quiebras se cambió para que sea más difícil para los deudores de ser relevados de sus deudas.

El PNB se calculaba de manera tal que toda la deuda de los consumidores se contaba como gasto productivo para enmascarar así el declive de la economía. Tarde o temprano, el colapso económico actual era inevitable. El saldo negativo de la balanza de pagos se hizo enorme al igual que su déficit. Las naciones extranjeras tienen muchos más dólares estadounidenses para gastar de lo que tiene una vasta porción de los propios americanos.

 Este modelo de negocio ha arruinado a la nación.

Así que ahora la esperanza de las empresas estadounidenses es vender su “basura” manufacturada en países extranjeros…a los países del extranjero. Pero esta esperanza muestra dos escenarios problemáticos. Sólo puede tener éxito si los países extranjeros también adoptan este modelo “basura” y sólo en tanto que los países donde la basura se está haciendo, no se den cuenta que pueden fabricar y comercializar esa basura sin la ayuda de empresas estadounidenses. La probabilidad  es por ahora remota.

En primer lugar, la mayoría de las naciones desarrolladas de Europa tienen movimientos sindicales fuertes que no sólo pueden, sino que a menudo han cerrado todas las actividades económicas en sus naciones. Así que muchas de las políticas descriptas anteriormente que han permitido que el modelo americano tenga éxito a nivel nacional; no es probable que se adopten en otros lugares. En segundo lugar, China, al menos, ya ha descubierto que puede comercializar sus productos en los países en desarrollo por sí misma.

Así que cuando la élite del poder estadounidense habla de un repunte económico, están silbando “Dixie en el Yukón” (N. de T: silban para disimular). No hay economía a repuntar, ha sido desmantelada y exportada. La causa última del colapso de Estados Unidos es el pensamiento rígido, las ideologías que los líderes de nuestra nación han adoptado. Estas ideologías han colocado a EEUU en el camino de la ruina.

La política exterior especialmente las guerras financiadas con préstamos han aumentado la velocidad en que se recorre este camino. Y como los ingresos disminuyen, también lo hacen nuestras libertades. Los historiadores en el futuro se preguntarán ¿Quién echó a perder a los Estados Unidos de América?

La respuesta será:  la comunidad empresarial estadounidense, sus economistas y sus políticos que han adoptado ideologías rígidas. Esa respuesta servirá como epitafio de los Estados Unidos.╥

 

John Kozy es un profesor jubilado de filosofía y lógica que escribe blogs sobre temas sociales, políticos y económicos. Después de servir en el ejército de EE.UU. durante la Guerra de Corea, pasó 20 años como profesor universitario y otros 20 años trabajando como escritor. Ha publicado comercialmente un libro de texto sobre lógica formal, en revistas académicas y un pequeño número de revistas comerciales, y ha escrito una serie de editoriales como invitado por periódicos. Sus piezas en línea se pueden encontrar en http://www.jkozy.com/ y se le puede enviar correo electrónico desde ese sitio.