El punto de
vista de un general ruso
11 de septiembre: una
provocación mundial
Por general
Leonid Ivashov*
El general ruso retirado Leonid
Ivashov, antiguo jefe de las Fuerzas Armadas de Rusia, es una de las personas
mejores informadas en el mundo, no sólo por el importante cargo que ocupó y que
le permitió de gozar una serie de sofisticadas herramientas: satélites
artificiales, inteligencia militar, equipo de analistas y otras redes de informaciones
secretas o confidenciales, sino porque también hoy en día es vicepresidente de
La experiencia de la humanidad demuestra que el terrorismo
aparece donde quiera que se produce una agravación de las contradicciones en un
momento determinado, donde las relaciones comienzan a degradarse en el seno de
la sociedad y donde el orden social sufre cambios, allí donde surge la
inestabilidad política, económica y social, donde se liberan potenciales de
agresividad, donde decaen los valores morales, donde triunfan el cinismo y el
nihilismo, donde se legalizan los vicios y donde la criminalidad se desarrolla
aceleradamente.
Los procesos ligados a la globalización crean
condiciones favorables para esos fenómenos, extremadamente peligrosos. Provocan
una nueva división del mapa geopolítico del mundo, una redistribución de los
recursos del planeta, violan la soberanía y borran las fronteras de los Estados,
desmantelan el derecho internacional, acaban con la diversidad cultural,
empobrecen la vida espiritual y moral.
Pienso que hoy en día podemos hablar de una crisis
sistémica de la civilización humana. Esta se manifiesta de forma
particularmente aguda en el plano de la interpretación filosófica de la vida.
Sus manifestaciones más espectaculares tienen que ver con el sentido que se
atribuye a la vida, a la economía y al campo de la seguridad internacional.
La ausencia de nuevas ideas filosóficas, la crisis
moral y espiritual, la deformación de la percepción del mundo, la difusión de
fenómenos amorales contrarios a la tradición, la competencia por el
enriquecimiento ilimitado y el poder, la crueldad, llevan la humanidad a la
decadencia y quizás a la catástrofe.
La inquietud, así como la falta de perspectivas de
vida y de desarrollo en la que se ven sumidos muchos pueblos y Estados
constituyen un importante factor de inestabilidad mundial.
La esencia de la crisis económica se manifiesta en
la lucha implacable por los recursos naturales, en los esfuerzos que despliegan
las grandes potencias mundiales, sobre todo los Estados Unidos de América, así
como algunas empresas multinacionales para someter a sus intereses los sistemas
económicos de otros Estados y tomar el control de los recursos del planeta,
sobre todo el de las fuentes de aprovisionamiento en hidrocarburos.
La destrucción del modelo multipolar que
garantizaba el equilibrio de fuerzas en el mundo provocó también la destrucción
del sistema de seguridad internacional, de las normas y principios que regían
las relaciones entre los Estados, y la del papel de
Hoy por hoy Estados Unidos se arroga el derecho de
decidir el destino de otros Estados, de cometer actos de agresión, de someter
los principios de
El análisis de la esencia de los procesos de
globalización, así como de las doctrinas políticas y militares de Estados
Unidos, demuestra el terrorismo favorece la realización de los objetivos de
dominación mundial y la sumisión de los Estados a los intereses de la
oligarquía mundial.
Eso significa que (el terrorismo) no constituye por
sí mismo un actor de la política mundial sino un simple instrumento, el medio
para instaurar un nuevo orden unipolar con un centro de mando mundial único,
para borrar las fronteras nacionales y garantizar el dominio de una nueva élite
mundial. Es precisamente esta última el principal actor del terrorismo
internacional, su ideólogo y su “padrino”.
También es ella la que se esfuerza por dirigir el
terrorismo contra otros Estados, incluyendo a Rusia.
El principal blanco de la nueva élite mundial es la
realidad natural, tradicional, histórica y cultural que sentó las bases del
sistema de relaciones entre los Estados, de la organización de la civilización
humana en Estados nacionales, de la identidad nacional.
El actual terrorismo internacional es un fenómeno
que consiste, para estructuras gubernamentales y no gubernamentales, en
utilizar el terror como medio de alcanzar objetivos políticos aterrorizando,
desestabilizando a la población en el plano socio-psicológico, desmotivando las
estructuras del poder del Estado y creando condiciones que permitan manipular
la política del Estado y el comportamiento de la ciudadanía.
El terrorismo es un medio de hacer la guerra de
manera diferente, no convencional. Simultáneamente, el terrorismo, conjugado
con los medios [de difusión], se comporta como un sistema de control de los
procesos mundiales.
Es precisamente la simbiosis entre los medios [de
difusión] y el terror lo que crea las condiciones favorables a grandes
trastornos en la política mundial y en la realidad existente.
Si se examinan en ese contexto los hechos ocurridos
en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, podemos llegar a las siguientes
conclusiones:
- El atentado terrorista contra
las torres gemelas del World Trade Center modificó el curso de la historia
mundial destruyendo definitivamente el orden mundial resultante de los acuerdos
Yalta-Potsdam;
- Desató las manos a Estados
Unidos, Gran Bretaña e Israel, permitiéndoles realizar acciones contra otros
países en abierta violación de las reglas de
- Estimuló el desarrollo del
terrorismo internacional. Por otro lado, el terrorismo se presenta como un instrumento
radical de resistencia a los procesos de globalización, como un medio de lucha
de liberación nacional, de separatismo, como un medio para resolver los
conflictos entre las naciones y las religiones y como un instrumento de lucha
económica y política.
- En Afganistán, en Kosovo, en
Asia Central, en el Medio Oriente y en el Cáucaso, comprobamos que el terror
sirve también para proteger a narcotraficantes, desestabilizando sus zonas de
paso.
- Está comprobado que en un
contexto de crisis sistémica mundial el terror se ha convertido en una especie
de cultura de la muerte, en la cultura de nuestra cotidianidad. Irrumpe en la
próspera Europa, atormenta a Rusia, sacude el Medio Oriente y el este de Asia.
Hace que la comunidad internacional se vuelva adicta a la injerencia violenta e
ilegal en los asuntos internos de los Estados y a la destrucción del sistema de
seguridad internacional. El terror engendra el culto de la fuerza y somete a
esta la política, el comportamiento de los gobiernos y el de la población.
Lo más espantoso es que el terrorismo tiene mucho
futuro debido a la nueva espiral de guerra que hoy se perfila por la
redistribución de los recursos mundiales y por el control de las zonas claves
del planeta. Dentro de la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos,
aprobada este año por el congreso estadounidense, el objetivo abiertamente
declarado de la política de Washington es «garantizar el acceso a las regiones
claves del mundo, a las comunicaciones estratégicas y a los recursos
mundiales», teniendo como medio para lograrlo la realización de golpes
preventivos contra cualquier país.
Desde el punto de vista del congreso, Estados
Unidos puede entonces adoptar una doctrina de golpes nucleares preventivos, que
tiene mucho de terrorismo nuclear.
Ello implica la utilización a gran escala de
sustancias nocivas y de armas de destrucción masiva. No habrá escrúpulos a la
hora de determinar los medios a emplear para responder a un ataque. Sólo será
cuestión de escoger los medios.
La provocación mediante un acto de terrorismo se
convierte en un medio para alcanzar objetivos políticos a escala global,
regional o local. Así fue como una provocación organizada en la localidad de
Rachic (en Kosovo, Serbia) acabó dando lugar al cambio de régimen político en
Serbia y al derrumbe de
Las explosiones en el metro de Londres, los
desórdenes de Paris en 2005-2006, son provocaciones locales que tuvieron repercusiones
en la política y en la opinión pública en Gran Bretaña y en Francia.
Detrás de prácticamente cada acto de terrorismo se
esconden fuerzas políticas poderosas, empresas transnacionales o estructuras
criminales con objetivos precisos. Y casi todos los actos terroristas, con
excepción de las actividades de liberación nacional, son en realidad
provocaciones. Incluso en el caso de Irak, las explosiones en las mezquitas
sunnitas y chiítas no son más provocaciones organizadas según el principio «divide
y vencerás». Lo mismo sucede con la toma de rehenes y el asesinato de miembros
de la misión diplomática rusa en Bagdad.
El acto terrorista cometido con fines provocativos
es tan antiguo como la humanidad misma. Provocaciones terroristas sirvieron
precisamente como pretexto para el desencadenamiento de las dos guerras
mundiales.
Los sucesos del 11 de septiembre de 2001
constituyen una provocación mundial. Se puede hablar incluso de una operación a
escala mundial. Las operaciones de este tipo generalmente permiten resolver
varios problemas mundiales a la vez. Se pueden definir de la siguiente manera:
1. La oligarquía financiera
mundial y Estados Unidos obtuvieron el derecho no formal de recurrir a la fuerza
contra cualquier Estado.
2. El papel del Consejo de
Seguridad se devaluó. Actualmente desempeña cada vez más a menudo el papel de
organización criminal cómplice del agresor y aliado de la nueva dictadura
fascista mundial.
3. Gracias a la provocación del 11
de septiembre, Estados Unidos consolidó su monopolio mundial y obtuvo acceso a
cualquier región del mundo así como a sus recursos.
El desarrollo de una operación-provocación cuenta
siempre con la obligada presencia de 3 elementos:
- el que ordena que se realice,
- el organizador y
- el que la ejecuta.
En el caso de la provocación del 11 de septiembre,
y contrariamente a la opinión dominante, «Al Qaeda» no podía ordenar su
realización, ni organizarla ya que no disponía de los recursos financieros
(enormes) que exigiría una acción de tanta envergadura.
Todas las operaciones que ha realizado esa
organización son acciones de tipo local y bastante primitivas. No dispone de
los recursos humanos, de una red de agentes lo suficientemente desarrollada en
territorio estadounidense, que le permitirían penetrar las decenas de
estructuras públicas y privadas que garantizan el funcionamiento de los
transportes aéreos y que velan por su seguridad.
Por consiguiente, Al Qaeda no podría haber sido el
organizador de esa operación (si no ¿de qué sirven el FBI y
En cambio, sí puede haber sido un simple ejecutante
de este acto terrorista.
En mi opinión, puede haber sido la oligarquía
financiera mundial la que ordenó la realización de esa provocación, para
instaurar de una vez y por todas «la dictadura
fascista mundial de los bancos» (expresión del conocido economista
estadounidense Lyndon Larouche) y para garantizar el control de los limitados
recursos mundiales en materia de hidrocarburos.
Se trataría además de garantizar para sí misma el
predominio mundial por largo tiempo. La invasión de Afganistán, país rico en
yacimientos de gas, la de Irak y quizás también la de Irán, países que cuentan
con reservas de petróleo de nivel mundial, así como la instauración de un
control militar sobre las estratégicas vías de transporte del petróleo y el
radical aumento de precio de este último son todos consecuencias de los sucesos
del 11 de septiembre de 2001.
El organizador de la operación puede haber sido un
consorcio bien organizado y abundantemente financiado y compuesto de
representantes (antiguos y actuales) de los servicios secretos, de
organizaciones masónicas y de empleados de los transportes aéreos.
La cobertura mediática y jurídica la garantizaron
órganos de prensa, juristas y políticos a sueldo. Los ejecutores fueron
escogidos en función de su origen étnico en la región que posee los recursos
naturales de importancia mundial.
La operación se realizó con éxito, los objetivos
fueron alcanzados.
La expresión «terrorismo internacional», como principal
amenaza para la humanidad, irrumpió en el diario quehacer político y social.
Esa amenaza se identifica con la persona de un
islamista, ciudadano de un país que dispone de enormes recursos en materia de
hidrocarburos. Se ha destruido el sistema internacional construido en la época
en que el mundo era bipolar y se han alterado las nociones de agresión, de
terrorismo de Estado y de derecho a la defensa.
El derecho de los pueblos a la resistencia ante la
agresión y frente a las actividades subversivas de los servicios secretos
extranjeros así como el derecho a la defensa de sus intereses nacionales está
siendo pisoteado. En cambio, se confieren todas las garantías a las fuerzas que
tratan de instaurar una dictadura mundial y de dominar el mundo.
Pero la guerra mundial no ha terminado aún. La
provocaron el 11 de septiembre de 2001 y no es más que el preludio de grandes
sucesos que están por ocurrir.
General
Leonid Ivashov
El general retirado Leonid Ivashov fue jefe de las
Fuerzas Armadas de