La importancia geopolítica de
América del Sur, en la estrategia de los Estados Unidos (*)
Luiz Alberto Moniz Bandeira
"Procuremos precisar cuales son los intereses en juego en la cuestión.
¡Petróleo! Exclaman de todos lados. El petróleo opera prodigios, ha dictado la
política internacional de las grandes potencias, asentó y derrocó gobiernos,
conmocionó a una dinastía, creó fortunas fabulosas y cuenta entre sus
servidores a los más notables estadistas". Embajador
José Joaquim Moniz de Aragão, secretario-general del Itamaraty, durante la
Guerra del Chaco, 1934 [i]
"No matter how selfless America perceives its
aims, an explicit insistence on predominance would gradually unite the world
against the United States and force into impositions that would eventually
leave it isolated and drained".(Henry Kissinger [ii])
"América es la tierra del futuro, en la cual, en tiempos venideros,
habrá algo así como una contienda entre la del Norte y América del Sur, y donde
la importancia de la Historia Universal deberá manifestarse".[iii] (G.
W. F. Hegel)
El conflicto entre Rusia y Georgia mostró que el
papel "arco of crisis", que
Zbigniew Brzezinski decía se extendía desde Pakistán hasta Etiopía, circundando
el Oriente Medio, es mucho más amplio y abarca toda Asia Central y el Cáucaso.
Frente a tal situación, la importancia geopolítica de América del Sur aumentó,
incluso, en la estrategia de seguridad de Estados Unidos, que busca fuentes de
suministro de gas y petróleo en regiones más estables.
El propio Halford J.Mackinder, en su conferencia
sobre el "The Geographical Pivot of History-", en 1904, resaltó que
el desarrollo de las vastas potencialidades de América del Sur podía tener
"decisiva influencia" sobre el sistema internacional de poder y
fortalecer a los Estados Unidos o, del otro lado, a Alemania, si desafiase, con
éxito, a la Doctrina Monroe.[iv]
Los Estados Unidos y Alemania, desde fines del
siglo XIX, ya se habían tornado las dos mayores potencias industriales del
mundo y consecuentemente rivales. Sin embargo, al contrario de Alemania, que no
poseía ningún dominio importante, al cual pudiese extender el círculo de
consumo para el capital, los Estados Unidos disponían de un enorme espacio
económico. Las Américas, Central y del Sur, así como el Caribe, configuraban
una especie de colonia, la única región del mundo, en la que no había una seria
rivalidad entre las grandes potencias. Allá los Estados Unidos eran,
prácticamente, "soberanos" y su fiat
tenía fuerza de ley, según escribió el secretario de Estado, Richard Olney, en
1895. Y agregó que los "infinitos
recursos" de América (Estados Unidos), combinados con su posición
aislada, la tornaban "master of the
situation and practicaly invulnerable as against any or all other powers"
(dueña de la situación y prácticamente invulnerable contra todo otro poder).
[v] Ni Alemania ni Gran Bretaña ni Francia quisieron desafiar la Doctrina Monroe,
expresión de una política unilateral de los Estados Unidos, formulada el 2 de
Diciembre de 1823, por el presidente James Monroe (1817/1825).
Lo que dijo Halford J. Mackinder respecto del
"cerrado corazón terrestre de
Euro-Asia", afirmando que el Estado que lo controlase estaría en
condiciones de proyectar el poder desde un lado hacia el otro de la región y
era inaccesible a una fuerza naval, se aplica a los Estados Unidos, pero en el
sentido inverso. Con un territorio extendido a lo largo de América del Norte,
entre dos océanos, el Atlántico y el Pacífico, los Estados Unidos no tenían
vecinos que pudiesen amenazar su seguridad.
Su extenso litoral impedía que cualquier bloqueo
fuese efectivamente mantenido [vi]. Cuando asciende al primer lugar en el ranking
de las mayores potencias industriales, en los años 1890, los Estados Unidos
comenzaron a robustecer su poder naval, hasta entonces menor que el de Brasil,
Argentina o Chile. [vii] Así pudieron proyectar su influencia, hacia un lado y
el otro, i. e., hacia el Occidente y el Oriente, avanzando sobre los mares, que
Gran Bretaña aún controlaba, como el "principal
constructor y armador", con "vastas
responsabilidades imperiales" en Asia y en África. [viii]
El comandante Alfred T. Mahan fue quien racionalizó
la construcción del poder naval de los Estados Unidos, argumentando que la
grandeza de una nación dependía de su comercio en ultramar, el comercio
dependía del poder naval y éste de colonias.
Sin establecimientos en el extranjero, de tipo
colonial o militar, los navíos de guerra de los Estados Unidos serían como
pájaros sin tierra, incapaces de volar mucho más allá de sus propias costas
[ix]. Se tornaba, por lo tanto, necesario el establecimiento de bases y
depósitos de carbón, para el abastecimiento de los navíos, en una extensa
cadena de islas, posibilitando el sustento del poder naval y la expansión
marítima y comercial de los Estados Unidos. El dominio de Cuba, así como de
Puerto Rico y de las Islas Vírgenes, cuya cesión el presidente William McKinley
(1897/1901) había solicitado a Dinamarca, se configuraba fundamental para la
seguridad de las rutas en el Golfo del México y la defensa del canal, que los
Estados Unidos proyectaban abrir en el istmo de Panamá. El presidente McKinley,
en 1898, aprovechó la lucha por la independencia de Cuba para declarar la
guerra a España, apuntando a conquistar lo que todavía quedaba de su vasto
imperio colonial. Sin embargo, la campaña militar contra España, impulsada por
intereses económicos y objetivos estratégicos, no se limitó a las islas del
Caribe. Se extendió al archipiélago de las Filipinas, cuya conquista
posibilitaría su penetración en los mercados de Asia, particularmente de China.
Esta guerra permitió que los Estados Unidos, como resaltó Sir. Halford
Mackinder, conquistase importantes posesiones en ambos océanos – el Pacífico y
el Atlántico – y asumiese la construcción del Canal de Panamá, con el objetivo
de sacar ventaja de la insularidad para la movilización de sus flotas de
guerra. [x]
Realmente, en términos estratégicos, la proyección
geopolítica de los Estados Unidos, en la dirección de Asia, y la vastedad de su
propio territorio continental, que separaba el litoral del Atlántico del
litoral del Pacífico, constituían un problema para la defensa, dado que era
difícil separar y, a veces necesario, reunir sus flotas, en caso de guerra.
Esta fue una de las razones por las cuales el presidente Theodore Roosevelt
(1901/1909) apresuró la apertura de un canal inter-oceánico, en el istmo de
Panamá, territorio perteneciente a Colombia, a fin de consolidar los cimientos
del imperio, cuya soberanía se había expandido de Cuba y Puerto Rico, en el
Caribe, hasta Tutuila, en el archipiélago de Samoa, y Guam, al Sur del Pacífico,
quince millas al este de las Filipinas, posibilitando que sus flotas pudiesen
circular libremente y reunirse, en el momento y en el lugar en que las
circunstancias tácticas y estratégicas lo exigiesen. Motivos tanto militares
como civiles hacían "imperativo" el establecimiento de una
"fácil y rápida" comunicación por mar, entre el Atlántico y el
Pacífico [xi].
Doctrina Monroe
El presidente Theodore Roosevelt rejuveneció
entonces la Doctrina Monroe con un Corolario, a través del cual racionalizó el derecho
de intervenir en otros Estados latinoamericanos, sobre todo en América Central
y en el Caribe, en casos de "hacer
equivocado o impotencia". Esta doctrina, sintetizada en el lema
"América para los americanos", había pasado a funcionar, a partir del
final del siglo XIX, como cobertura ideológica para el objetivo estratégico de
los Estados Unidos, que consistía en mantener su hegemonía sobre todo el
Hemisferio Occidental, conquistar y asegurar las fuentes de materia-prima y los
mercados de América del Sur para sus manufacturas, alejando del sub-continente
la competencia de Gran Bretaña y de otras potencias industriales de Europa. De
ahí la propuesta para formar con los Estados latinoamericanos una comunidad
comercial, una especie de unión aduanera, presentada durante la 1ª Conferencia
Panamericana, instalada en Washington, en Noviembre de 1889. La idea, mientras
tanto, no había sido aceptada, debido a la oposición de Argentina y de Chile, y
el resultado de la 1ª. Conferencia Panamericana consistió solamente en la
instalación del Bureau Internacional de las Repúblicas Americanas.
Pero en 1896, Charles Emory Smith, líder del
Partido Republicano en Filadelfia y editor de un diario, declaró que "nuestro espíritu, si no nuestra bandera
gobernará el hemisferio". [xii] Con razón el notable jurista brasileño
Rui Barbosa, que había sido el primer ministro de Hacienda después de la
proclamación de la república, denunció, en un artículo publicado en A Imprensa,
el 10 de Mayo de 1899, que los principios de la Doctrina Monroe "nunca expresaron sino un interés de los
Estados Unidos, nunca ocultaron compromiso alguno, por parte de ellos, a favor
de los pueblos sudamericanos". [xiii] Según resaltó, "dejar abierto este campo a la dilatación
futura de su imperio era, como nos va a mostrar el examen ulterior del asunto,
a la luz de la teoría y de los hechos, el intento sustancial de la fórmula de
Monroe".[xiv]
Este, de hecho, siempre fue el propósito de los
Estados Unidos. Durante la Conferencia de Versalles (1919), el presidente
Woodrow Wilson (1913/1921) se empeñó en conservar a América Latina como área de
influencia exclusiva de los Estados Unidos, al incluir en el Pacto de la Liga
de las Naciones el Art. XXI, determinando que no se consideraría nada que
pudiese "afectar la validez de
acuerdos internacionales tales como tratados de arbitraje o acuerdos
regionales, por ejemplo la Doctrina Monroe",[xv] que fuesen a asegurar
el mantenimiento de la paz[xvi]. La Doctrina Monroe, en realidad, constituía
apenas una declaración política unilateral de los Estados Unidos, hecha en
1823, y nunca había sido un entendimiento regional. Pero, identificando la
Doctrina Monroe con el panamericanismo, como un acuerdo regional, el presidente
Woodrow Wilson consiguió excluir a América Latina de la jurisdicción de la Liga
de las Naciones.
En la 17ª Conferencia Internacional de los Estados
Americanos, realizada en Montevideo, entre el 3 y el 26 de Diciembre de 1933,
los Estados Unidos renunciaron a la intervención armada en otros países y no
sólo abolieron la Platt Amendment, que permitía la intervención en Cuba, sino
que retiraron a los fusileros navales de Nicaragua y de Haití. Así el
presidente Franklin D. Roosevelt (1933/1945) comenzó a implementar la Good
Neighbor Policy, pero no consiguió que todos los países de la región redujesen
sus aranceles aduaneros y abriesen el mercado a las exportaciones de los
Estados Unidos, a través de un tratado multilateral, o de acuerdos bilaterales,
desplegando la Doctrina Monroe en su dimensión económica, con la implantación
de un área de libre comercio en el hemisferio. Al declarar la guerra contra el
Eje, con el pretexto del ataque de Japón a Pearl Harbor, el presidente Franklin
D. Roosevelt presionó entonces a los Estados latinoamericanos para que rompiesen
las relaciones con Alemania, que penetraba cada vez más en la región, sobre
todo en América del Sur, a fin de eliminar al principal competidor comercial de
los Estados Unidos.
Importancia geopolítica de
América del Sur
La Segunda Guerra Mundial puso en evidencia la
importancia geopolítica de América del Sur en la estrategia de los Estados
Unidos, que necesitaban asegurar no sólo las fuentes de materia prima –hierro,
manganeso y otros minerales indispensables para su industria bélica- sino
también mantener su retaguardia y el Atlántico Sur. Brasil proveía a los
Estados Unidos productos agrícolas, caucho, manganeso, hierro y otros minerales
estratégicos. Pero su posición en el sub-continente, América del Sur, se
revestía de una relevancia geopolítica mayor, debido a su inmenso espacio
territorial y a los recursos que poseía y al hecho de tener fronteras con todos
los países de la Región (excepto Chile y Ecuador), ocupar gran parte del
litoral del Atlántico Sur, enfrentado con África Occidental. Los Estados Unidos
temían que las fuerzas de Alemania, a partir de la costa de Senegal, avanzasen
en dirección de las Américas, atravesando el estrecho Natal-Dakar, ocupasen el
archipiélago de Fernando de Noronha, y terminasen conquistando el Saliente
Nordestino, que abarcaba a Río Grande del Norte, Paraíba, Pernambuco y Alagoas.
De ahí la presión para que Brasil permitiese la implantación de bases navales y
aéreas en las principales ciudades del litoral del Nordeste, desde donde los
aviones de la IV Flota americana, fondeada en Recife, realizaron vuelos
diarios, a través del Cinturón del Atlántico Sur
(Saliente Nordestino - isla de Ascensión -África)
con la misión de patrullar el océano, entre las bases de Natal y Ascensión,
apuntando a detectar submarinos del Eje y, principalmente, navíos perforadores
de bloqueo, que transportaban desde Asia, principalmente, materias-primas
estratégicas para el esfuerzo de guerra de Alemania.
El Saliente Nordestino, abarcando a Río Grande del
Norte, Paraíba, Pernambuco y Alagoas, dista solamente
El patrullaje aéreo del Cinturón del Atlántico Sur,
entre Recife y Ascensión, fue reforzado por cuatro grupos-tareas y aviones
Liberators, y navíos de la IV Flota de los Estados Unidos, con base en Recife,
hundieron diversos submarinos de 1.200 t (U-848, U-849 y U-177) y los
penetradores de bloqueo -Essemberg, Karin, Wesserland, Río Grande y el
Burgenland- navíos que traían mercaderías desde Oriente hacia Alemania.
A partir de la victoria en la Segunda Guerra
Mundial, los Estados Unidos buscaron consolidar la supremacía económica,
política, militar y cultural, que conquistaron, derrotando a Alemania y
avasallando a Gran Bretaña, a Francia y demás países de Europa Occidental.
Aunque verbalmente condenasen las políticas de esfera de influencia y de
equilibrio de poder, apuntando hacia una era de paz, apoyada en la seguridad
colectiva de la ONU, los Estados Unidos no renunciaron a la hegemonía en
América Latina. Así como lo hicieron en 1919, en el Pacto de la Liga de las
Naciones, tuvieron cuidado en evitar que la ONU pudiese ejercer directamente
cualquier influencia en las cuestiones del hemisferio occidental. El Art. 52 de
la Carta de San Francisco legitimó una vez más la "existencia de acuerdos u organismos regionales capaces de tratar de las
cuestiones relativas al mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales".
Por medio del Art. 52 de la Carta de San Francisco,
los Estados Unidos reafirmaron la Doctrina Monroe, reservándose el derecho de
tratar unilateralmente las cuestiones que eventualmente surgiesen en América
Latina, sin someterse a un posible veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.
En 1947, celebraron con todos los países de la región el Tratado Interamericano
de Asistencia Recíproca (TIAR), también conocido como Tratado de Río de
Janeiro, considerando cualquier ataque al territorio de un Estado americano
como un ataque a todos los demás, al mismo tiempo en que ellos se comprometían
a resolver sus disputas entre sí, antes de recurrir a la ONU. Estaba demarcada,
por lo tanto, la zona de seguridad del hemisferio entre el Polo Norte hasta el extremo
Sur de la Patagonia. Al año siguiente, 1948, la 9ª Conferencia Interamericana,
en Bogotá, recreó la Unión Panamericana bajo el nombre de Organización de los
Estados Americanos (OEA), una vez más tratando de excluir a América Latina de
la jurisdicción inmediata de la ONU.
Zona estratégica
La política exterior de los Estados Unidos apuntó
tradicionalmente a promover intereses privados específicos[xvii],
empresariales, con énfasis en la promoción de mercados abiertos, libre
iniciativa y bienvenidas a las inversiones extranjeras – objetivos generalmente
presentados como del interés de la humanidad[xviii]. También su estrategia
global siempre fue determinada por los intereses y necesidades de su proceso
productivo y de su sociedad, i. e., asegurar las fuentes de materiales
estratégicos, tales como los campos de petróleo en Venezuela, las minas de
estaño en Bolivia, las minas de cobre en Chile etc., existentes en América del
Sur, y mantener abiertas las líneas de acceso, las vías de comunicación y transporte,
en el Atlántico Sur y en el Caribe.[xix]
El embajador Samuel Piñeiro Guimarães destacó, en
su importante obra "Quinientos años de periferia", que América
Latina, al contrario de lo que muchos imaginan, "es de hecho la zona estratégica más importante para los Estados Unidos"[xx].
Sin embargo, dentro de América Latina, configurada por los países situados
abajo de Río Grande o Río Bravo del Norte, América del Sur es la Región que
presenta mayor significación geopolítica, en la estrategia de los Estados
Unidos, debido a su enorme potencial económico y político. Son doce países
dentro de un espacio contiguo, del orden de 17 millones de quilómetros
cuadrados, el doble del territorio de los Estados Unidos (9.631.418 km2). Su
población, en 2007, era de aproximadamente 400 millones de habitantes, también
mayor que la de los Estados Unidos (303,8 millones), representando cerca del
67% de toda la llamada América Latina y el 6% de la población mundial, con
integración lingüística, por cuanto la inmensa mayoría habla portugués o
español, lenguas que se comunican. Además, América del Sur posee grandes
reservas de agua dulce y biodiversidad de la tierra, enormes riquezas en
recursos minerales y energéticos -petróleo y gas- pesca, agricultura y
ganadería. La integración del MERCOSUR (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay)
con los países de la Comunidad Andina (CAN), Chile y Venezuela, permite la
formación de una masa económica que se puede calcular en más de U$S 3
trillones, mayor que la de Alemania, del orden de U$S 2,8 trillones, en 2007,
calculada en base a la paridad del poder de compra.
La importancia geopolítica de América del Sur en la
estrategia de los Estados Unidos, para mantener la hegemonía global, está en
gran medida e intrínsecamente vinculada a su dimensión económica y comercial.
De ahí el porqué el presidente George W. Bush anunció el 27 de Junio de 1990
The Enterprise of the Americas Initiative (EAI), con la intención de instituir
una zona de libre-comercio, desde Anchorage, en Alaska, hasta la Tierra del
Fuego. El presidente William J. Clinton (1993/2001), que lo sucedió, reanimó la
idea y presentó la propuesta, unilateralmente, a los demás jefes de gobierno,
en la Cúpula de las Américas, realizada en Miami, entre el 9 y el 11 de
Diciembre de 1994, bajo el nombre de Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA). Esta propuesta de integración económica regional ocultaba, sin embargo,
objetivos geopolíticos, con respecto a la seguridad continental, mediante el
fortalecimiento de las instituciones democráticas y combate al narcotráfico y
al terrorismo, amenazas que sustituyeron la subversión y el comunismo, en la
agenda militarista de los Estados Unidos, luego de la descomposición del Bloque
Socialista y de la Unión Soviética. El coronel (R) Joseph R.
Núñez, del Ejército de los Estados Unidos, resaltó en un estudio publicado por
el Strategic Studies Institute, del U.S. Army War College, que
with
current concerns about the Free Trade Area of the Americas and the strength of
democratic regimes, along with the growing need for homeland—even
hemispheric—security, it is most important that we seriously consider new ways
to respond to our strategic situation.[xxi]
Lo que los Estados Unidos pretendían, con la
formación del ALCA, así como de la APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation) y
la celebración de más de 200 acuerdos comerciales, entre los cuales estaban los
de la Ronda Uruguay, era construir una red de compromisos internacionales, de
tal forma de modelar el sistema económico mundial y hacerlo funcionar en beneficio
de América, i. e., de los Estados Unidos, como el centro más dinámico de la
economía global, en el siglo XXI. La propia Secretaria de Estado, Madeleine K.
Albright, en aquel momento, proclamó que
"(...) We must continue shaping a global economic system
that works for America". [xxii]
La embajadora Charlene Barshefsky, como jefe de la
United States Trade Representative (USTR), defendió la aprobación del fast
track, en la House of Representatives, argumentando que el principio subyacente
de la política comercial de la administración del presidente Clinton era
"to support U.S. prosperity, U.S. jobs and the health of the U.S.
companies". [xxiii]
Según sustentó el embajador Samuel Pinheiro
Guimarães, el ALCA representaba parte de la estrategia de mantenimiento de la
hegemonía económica y política de los Estados Unidos sobre América del Sur, por
cuanto, mucho más que una tradicional área de libre comercio, ella, si se
implantaba, envolvería compromisos internacionales en las áreas del comercio de
bienes y servicios, de inversiones directas, de compras gubernamentales, de
patentes industriales, de normas técnicas y, muy probablemente, de patrones
laborales y ambientales..[xxiv] Su propósito central consistía en crear un
conjunto de reglas, a fin de incorporar a los países de América del Sur, sobre
todo al Brasil, al espacio económico (y al sistema político) de los Estados
Unidos, de forma asimétrica y subordinada, limitando su capacidad de formular y
ejecutar una política económica propia, para atraer y disciplinar a las
inversiones extranjeras, ampliar la capacidad industrial instalada, estimular
la creación e integración de las cadenas productivas, promover la transferencia
efectiva de tecnología y el fortalecimiento del capital nacional.[xxv]
La propuesta de formación del Área de Libre
Comercio de las Américas (ALCA), como la vertiente económica de la estrategia
global de los Estados Unidos para mantener la hegemonía en el hemisferio, se
conjugó con la aplicación de las medidas neoliberales, establecidas por el
Consenso de Washington (consenso entre el Fondo Monetario Internacional, Banco
Mundial y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos), recomendando la
privatización de las empresas estatales, desregulación de la economía y
liberalización unilateral del comercio exterior. El Estado, por lo tanto, debía
retirarse de la economía, ya sea como empresario o regulador de las
transacciones domésticas e internacionales, sometiéndose a las fuerzas del
mercado.
La orientación del Consenso de Washington, fue en
el sentido de reducir el papel del Estado, tornarlo una miniatura de Estado, el
Estado-mínimo, lo que significaba, en medio de la globalización de la economía,
la limitación de la propia soberanía nacional de los países de América del Sur
(también de otros continentes), con la entrega de todo el poder económico a las
corporaciones transnacionales, la mayoría de las cuales eran americanas, que se
adueñaban de las empresas estatales, puestas a la venta por los gobiernos, bajo
el signo de la privatización, que implicaba, en la mayoría de los casos, su
extranjerización.
Lo que se pretendió fue abrir el mercado
latinoamericano, o, más específicamente, el mercado sudamericano a la
competencia, dando a las corporaciones transnacionales y a los inversores y
banqueros la libertad de movilizar capitales, bienes, plantas industriales,
lucros y tecnología, sin que los gobiernos nacionales pudiesen crear
obstáculos. Dentro de dicho modelo económico, los países de América del Sur
debían abdicar de su soberanía, desarmándose, militarmente, y aceptando retirar
del poder judicial nacional y transferir hacia una comisión internacional de
arbitraje, la capacidad de juzgar y decidir cualquier litigio entre el Estado
nacional y las mega-empresas transnacionales de los Estados Unidos. Con el
establecimiento del ALCA, estas empresas terminarían por adquirir un poder
superior al de los Estados nacionales, en la línea del Acuerdo Multilateral de
Inversiones (AMI), negociado, pero no concluido, [xxvi] en el ámbito de la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), con el propósito de establecer
normas multilaterales para regular, liberalizar y proteger las inversiones
extranjeras, impidiendo cualquier intervención gubernamental sobre activos
financieros de propiedad de personas físicas o jurídicas extranjeras,
existentes en determinado país.
Con todo, al final de los años 1990, luego de la
aplicación de las medidas neoliberales preconizadas por el Consenso de
Washington, el general Charles E. Wilhelm, comandante-en-jefe del Southern
Command de los Estados Unidos (USSOUTHCOM), reconoció que, en su área de
responsabilidad, América del Sur,
"democracy and free market reforms are not delivering tangible
results to the people" y las naciones allí situadas estaban peor
económicamente que antes de la restauración de la democracia. "Can
democracy survive without an economic system that produces adequate subsistence
and services for the majority of its citizens?" – preguntó.[xxvii] También
Henry Kissinger, en su obra ¿Does America Need a Foreign Policy?, reconoció que
"neither globalization nor democracy has brought stability to the
Andes".[xxviii] También en Bolivia, el deterioro de las condiciones de
vida se aceleró desde 1985, durante los 15 años en que este país fue presentado
como modelo de libre mercado, alcanzando principalmente a los campesinos y
reduciendo a la miseria a más del 80% de la población en el área rural. En la
inauguración de un seminario, cuando lanzó la Estrategia Boliviana de Reducción
de Pobreza (EBRP), el propio presidente Hugo Banzer deploró que la estabilidad
económica a lo largo de 15 años, durante los cuales Bolivia se presentó como
modelo de libre mercado, no hubiese contribuido para disminuir los índices de
pobreza en que más de la mitad de la población boliviana (63%), especialmente
la de origen indígena, vivía en el año 2000. La cuestión agraria, que la
revolución de 1952 buscara equilibrar, mediante el reparto de los latifundios y
distribución de tierras para los trabajadores rurales, se tornó otra vez un
grave factor de tensiones sociales e irrumpieron los conflictos.[xxix]
La debacle económica y financiera de Argentina, que
no tuvo otra alternativa sino la de practicar el default, i. e., suspender el
pago de la deuda externa, en medio de una aguda crisis social y política,
evidenció el carácter perverso del modelo neoliberal. Con toda razón el
economista y periodista norteamericano Paul Krugman comentó, en el New York
Times, que el "catastrófico fracaso"
(catastrophic failure) de las políticas económicas allá aplicadas con el sello
-"made in Washington"-
representaban asimismo un desastre para la política exterior de los Estados
Unidos, así como el mayor revés para la propuesta del ALCA[xxx]. Las
negociaciones para la implantación del ALCA, cuyo objetivo era aplicar
efectivamente la Doctrina Monroe a la economía y al comercio de la región, no
alcanzaron, de hecho, ningún resultado, debido a la oposición del MERCOSUR.
Brasil y Argentina, al frente, rechazaron, inter
alia, las pretensiones de los Estados Unidos, con respecto a las
inversiones y servicios y otras reglas relativas a patentes, reforzando las ya
existentes en la Organización Mundial del Comercio (OMC), así como la apertura
del mercado de compras gubernamentales, lo que impediría al Estado, el mayor
consumidor de bienes de capital, orientarlas en beneficio de las empresas
nacionales o incluso de las extranjeras, con sede en el país.[xxxi]
América del Sur y la
formación de una identidad propia
Si bien América Central y el Caribe son esenciales
para la defensa del territorio de EUA y de las rutas marítimas, entre la costa
del Pacífico y la costa del Atlántico, América del Sur todavía se reviste de
una fundamental importancia geopolítica para los Estados Unidos, sobre todo
vis-à-vis la formación de la Unión Europea y la emergencia de China. Dado que
EUA celebró con México y Canadá el North American Free Trade Agreement (NAFTA)
y los países de América Central y del Caribe, con excepción de Cuba, tendían a
gravitar, inevitablemente, en la órbita de los Estados Unidos, se configuraba
necesario a la elite política de Washington y a la comunidad de los hombres de
negocios, de las grandes empresas transnacionales, asegurar el completo dominio
del mercado y de las fuentes de materias-primas y energía de América del Sur.
No les convenía, por lo tanto, que Brasil y Argentina, atrayendo a Paraguay y a
Uruguay, avanzasen con el proyecto de construcción del MERCOSUR, constituyendo
una unión aduanera, con la perspectiva de que evolucionase hacia un mercado
común, similar a
Henry Kissinger, en ¿Does America Need a
Diplomacy?, se refirió a la contradicción entre el NAFTA y el MERCOSUR y afirmó
el peligro que representaba la tendencia de América Latina de integrarse de
modo autónomo y, tal vez, hostil a una amplia estructura hemisférica.[xxxii]
Esto no sería un simple "setback" para las perspectivas económicas de
los Estados Unidos de integrar un mercado de 400 millones de personas, que
representaba el 25% de su comercio de ultramar, sino también frustrar su
esperanza de un nuevo orden, "based
on growing comunity of democracies in the Americas and Europe". La
declaración del presidente Fernando Henrique Cardoso de que el "MERCOSUR es más que un mercado, el MERCOSUR
es, para Brasil, un destino", mientras el ALCA era "una
opción", repercutió en los Estados Unidos, y Kissinger advirtió que el MERCOSUR estaba propenso a
presentar las mismas tendencias manifestadas por la Unión Europea, que buscaba
definir una identidad política europea no sólo distinta de los Estados Unidos,
sino en manifiesta oposición a la misma. Acentuó que la afirmación de
esta "identidad propia, diferenciada
de América del Norte, estaba creando una potencial contienda entre Brasil y los
EUA sobre el futuro del Cono Sur". [xxxiii] Según afirmó,
especialmente en Brasil, había líderes atraídos por la perspectiva de una
América Latina políticamente unificada confrontando con los Estados Unidos y el
NAFTA.[xxxiv] Y, como Samuel Pinheiro Guimarães acentuó, Brasil realmente
configura, en América del Sur, el "único
rival posible a la influencia hegemónica de los Estados Unidos",
debido a sus dimensiones geográficas, demográficas y económicas y a su posición
geopolítica y estratégica [xxxv], a lo largo de gran parte del Atlántico Sur y
frente a África Occidental. Fue Brasil, con el apoyo de Argentina, que frustró
la implantación del ALCA, prevista para el año 2005. Estos dos países, con una
población total de más de 232 millones de habitantes (2007, est.) y un PBI
conjunto de U$S 2,3 trillones (2007), según la paridad del poder de compra, son
los que realmente más interesan a los
Estados Unidos, no sólo por el amplio mercado que
representan, sino también por el peso geopolítico y el valor estratégico que
poseen.
Mientras tanto, no obstante el fracaso de las
negociaciones para formación del ALCA, los Estados Unidos, cambiando de
táctica, trataron de obligar a los países de América del Sur, América Central y
el Caribe a firmar acuerdos de libre comercio y abrir sus mercados, instrumentando
tanto el Central America Free Trade Agreement (CAFTA), en los entendimientos
con los países de América Central, como el Andean Trade Preference Act (ATPA),
con el que el Congreso expandió en 2008, el Andean Trade Promotion and Drug
Erradication Act (ATPDEA), para las negociaciones con Perú, Colombia, Bolivia y
Ecuador. Esta ley, el ATPDEA, permitía a los Estados Unidos conceder,
unilateralmente, preferencias comerciales, sin reciprocidad, a los países con
los cuales firmasen tratados de libre comercio. La sociedad entre desiguales,
evidentemente, sólo favorecía a los Estados Unidos, pero la posibilidad de
recibir preferencias comerciales, sin reciprocidad, alimentó en determinados
sectores empresariales, dentro de todos los países, el interés en negociar acuerdos
de libre-comercio, antes del cierre del plazo de vigencia del ATPDEA[xxxvi].
Los cuatro países andinos, Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador, juntos,
representaban, en 2006, un mercado de aproximadamente U$S 11,6 billones para
las exportaciones de los Estados Unidos, dando acceso a cerca de 5.600
productos con exención arancelaria, y un mercado de U$S 8,2 billones para sus
inversiones directas. Con todo, desde 2004, cuando las negociaciones estaban en
curso, la alteración del contexto político en América del Sur se acentuó aún
más, con la elección de Evo Morales (2005) y Rafael Correa (2007), ambos
líderes de izquierda y nacionalistas, para la presidencia de Bolivia y de
Ecuador, respectivamente. Este hecho complicó el equilibrio estratégico de los
Estados Unidos, evidenciando el creciente desvanecimiento de su influencia en
la Región, tanto que no consiguieron derrocar al presidente Hugo Chávez del
gobierno de Venezuela, a pesar de las diversas tentativas alentadas por la CIA,
como el frustrado golpe militar-empresarial, en Abril de 2002, y las huelgas de
los trabajadores de la PDVSA, paralizando la producción de petróleo.
Militarización de Colombia
El principal interés de Washington, inter alia, en
los Estados andinos son las fuentes de energía que allá existen, y garantizar
los suministros de petróleo oriundos de Ecuador y de Colombia, que es
actualmente el tercer mayor exportador de petróleo hacia los Estados Unidos,
entre los países de América Latina, por debajo apenas de Venezuela y de México.
Cerca de once de las dieciocho empresas, que extraen petróleo en Colombia, son
norteamericanas, cuyas inversiones financian la explotación de un tercio de su
territorio, inclusive degradando el ambiente.
Son necesarias nuevas inversiones para mantener y
aumentar las exportaciones de petróleo. Y el descubrimiento de nuevas reservas
se torna esencial para las exportaciones, lo que implica la exploración y
extracción del petróleo en otro tercio del país, controlado aún por las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y por el Ejército de Liberación
Nacional (ELN). No fue por otra razón que el presidente Bill Clinton, en el
2000, lanzó el Plan Colombia, previendo inversiones de cerca de U$S 6 billones,
de los cuales los Estados Unidos participarían con U$S 1,3 billón para la
compra de helicópteros y otros armamentos.
Los cinco oleoductos existentes en Colombia, sobre
todo el que transporta más de 100.000 bpd del campo de Caño Limón, en Arauca, para
el puerto Coveñas, en el Caribe, sufren más de una centena de ataques y actos
de sabotaje, por año, perpetrados por las FARC y por el ELN. Desde 1986,
ocurrieron más de 900 incidentes causando pérdidas por más de 2,5 millones de
barriles de petróleo y, entre 1998 y 2008, las empresas extranjeras y el
gobierno de Colombia tuvieron perjuicios del orden de U$S 1 billón como
consecuencia de los ataques efectuados por los guerrilleros de las FARC y del
ELN. Esta, es la razón por la cual entre el 10% y el 15% de las tropas del
Ejército colombiano y de los asesores militares de los Estados Unidos están
movilizados, a lo largo de los cinco oleoductos y otras instalaciones, para
proteger la infraestructura energética y las compañías extranjeras de petróleo,
entre las cuales se encuentra la Occidental Petroleum Corp. (OXY), Royal
Dutch/Shell y la BP-Amoco, que hacen donaciones al Ministerio de Finanzas de
Colombia para su propia protección.
El diario Los Angeles Times reveló que, en siete
años, desde el lanzamiento del Plan Colombia, el Ejército colombiano recibió
U$S 4,35 billones, para combatir las guerrillas, y los soldados y policías
cometieron un creciente número de asesinatos, abusos de derechos humanos y,
durante el período de cinco años, que terminó en Junio de 2006, el número de
ejecuciones extrajudiciales aumentó en más del 50%, en relación al período
anterior.[xxxvii] En 2009, la ayuda militar concedida por los Estados Unidos a
Colombia, desde 2004, alcanzará el monto de U$S 3,3 billones. [xxxviii] La aplicación
de tales recursos, votados por el Congreso americano, apunta a proteger los
intereses económicos de los Estados Unidos, en la región, especialmente el
oleoducto de Caño Limón, operado por la Occidental Petroleum y por la
Royal Dutch/Shell, en Arauca, donde se concentra la
mayor parte de los asesores militares de los Estados Unidos y ocurren las
mayores violaciones a los derechos humanos. [xxxix]
Aunque la administración del presidente George W.
Bush presente el combate al narcotráfico y el combate al terrorismo, para
justificar la concesión anual de U$S 700 millones a Colombia, la mayor parte
como asistencia militar, el principal objetivo es proteger los oleoductos,
sobre todo el de Cañón Limón, ya detonado cerca de 79 veces, a fin de asegurar
los abastecimientos futuros de petróleo a los Estados Unidos, inspirando
confianza a los inversores extranjeros. Con el cierre de la Forward Operating
Location (FOL), después, denominada Cooperative Security Location (CSL), i. e,
la base militar instalada de los Estados Unidos en Manta, en Ecuador, previsto
para 2009, debido a la denuncia de la concesión por el presidente Rafael
Correa, el US Southern Command (USSOUTHCOM), pasó a indagar su transferencia
hacia la base aérea de Palanquero, en Puerto Salgar,
En 2004, con la Andean Counterdrug Initiative, el
presidente George W. Bush expandió el Plan Colombia, como uno de los aspectos
de la estrategia de los Estados Unidos para asegurar su presencia militar en
América del Sur y, en particular, en la Amazonia.[xl] El Congreso aprobó la
duplicación del número de soldados radicados en Colombia, que subió de
"la creciente presencia de
asesores militares americanos y la venta de equipamientos sofisticados a las
Fuerzas Armadas colombianas, supuestamente para apoyar los programas de
erradicación de las drogas, pero que pueden ser, fácil y eventualmente,
utilizados en el combate a las FARC y al ELN",
como un componente relativamente nuevo en la
cuestión de seguridad de la Amazonia. [xlii]
Con la asistencia de los Estados Unidos, el Ejército de Colombia se
tornó el mayor y el mejor equipado, relativamente, de América del Sur. Con una
población de 44 millones de habitantes, Colombia posee un contingente militar
de cerca de 208.600 efectivos, mientras Brasil, con 8,5 millones de quilómetros
cuadrados y más de 190 millones de habitantes, tiene un contingente de
solamente 287.870, y Argentina, con 40 millones de habitantes y un territorio
de 2,7 millones de quilómetros cuadrados, tiene un efectivo de apenas 71.655.
Colombia, con un PBI de $320.4 billones (2007
est.), de acuerdo con la paridad del poder de compra, destina el 3,8% a gastos
militares, mientras que Brasil, cuyo PBI es de $1, 838 trillones (2007 est.),
gasta apenas un 1,5%, Argentina con un PBI de $523.7 billones (2007 est.),
gasta apenas 1,1%. En 2005, el Congreso estipuló para la región una ayuda
económica de U$S 9,2 millones y cerca de U$S 859,6 millones para asistencia
militar. [xliii]
En realidad, es el Pentágono quien determina y
dirige la política exterior de los Estados Unidos con respecto a América
Central y a América del Sur. La República de la Guyana permitió que la Beal
Aerospace Technologies, compañía Americana, construyese una base para el
lanzamiento de cohetes y satélites, en Esequibo, territorio litigioso,
disputado por Venezuela, estableciendo la presencia militar de los Estados
Unidos, a lo largo de su flanco oriental. Pero no solamente a través de la
Guyana, en cuya costa la Exxon Mobil, con la filial de la Esso Exploration and
Production Guyana Ltd., inició la explotación de petróleo en aguas profundas,
los Estados Unidos tratan de aumentar su presencia en la Amazonia. El
Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, propuso al
presidente de Suriname, en Octubre de 2007, el establecimiento de una base en
su territorio para testear los nuevos vehículos militares desarrollados, por la
General Dynamics Combat Systems, destinados a operaciones en las selvas. [xliv]
También en Perú, región de Ayacucho, epicentro de
la guerra contra el grupo Sendero Luminoso (1980/2000), el primer contingente
de 70 soldados americanos de la Task Force New Horizons comenzó a operar, en
Mayo de 2008, bajo el pretexto de realizar tareas humanitarias. Este número
debería ser aumentado para un total de 350, entre el 1° de Junio y el 31 de
Agosto. En Octubre de 2008, pilotos, tripulantes de la U.S. Army CH-47D
"Chinook", y soldados Task Force New Horizons, fuertemente armados,
estaban dando apoyo, con helicópteros pesados, a más de 990 militares americanos,
operando en esta región, 575 quilómetros al sudeste de Lima, donde los Estados
Unidos negociaban con las Fuerzas Armadas de Perú la instalación de una base
militar, en el contexto de los entendimientos para firmar el Tratado de Libre
Comercio (TLC), celebrado en Diciembre de 2007.[xlv] El interés de los Estados
Unidos en instalar una base en Ayacucho, una zona equidistante de las áreas
dominadas por las FARC, en Colombia, y de los conflictos sociales en Bolivia,
facilita la movilización de sus contingentes en toda la Región de América del
Sur. Los Estados Unidos cuentan todavía con una base naval en Iquitos, en el
norte del país, en una región estratégica de la Amazonia peruana, en la cual
disponen de equipamiento fluvial, como lanchas de combate, y otras bases en
Santa Lucia y sobre el río Nanaí.
El estacionamiento permanente de tropas y
equipamientos bélicos, en Suriname y en la Guyana, así como en Colombia y
también en Perú,[xlvi] como antes en Ecuador y en Bolivia, dan a los Estados
Unidos una enorme ventaja estratégica, para intervenir militarmente en
cualquier país, si es necesario, a fin de defender sus intereses económicos y
ocupar las nacientes del río Amazonas. En realidad, la militarización de
Colombia, con la presencia de más de 1.000 militares y mercenarios
(ex-militares empleados por las military firms empresas del Pentágono)
americanos en la región, y en otros países vecinos, constituye un desafío para
la propia seguridad nacional de Brasil, en la medida en que amenaza la
seguridad de
De cualquier forma, el objetivo estratégico
inmediato de los Estados Unidos es armar y mover a Colombia como una importante
pieza en el ajedrez de América del Sur. Es hacerla un pivot country, un
enclave, como Israel en el Oriente Medio, y emplearla como contra peso de
Venezuela, para cualquier eventual contingencia, i. e., de intervención
militar, pero sin usar sus propias tropas y sí contingentes de un país
sudamericano, en este caso, Colombia, en el caso de que el gobierno del
presidente Hugo Chávez amenace aún más sus intereses económicos, como, p. ej.,
suspendiendo el suministro de petróleo a los Estados Unidos y desviando hacia
China toda su vasta producción.
Los recursos energéticos de
América del Sur
Venezuela, cuyas reservas están entre las mayores
del mundo, es el cuarto mayor exportador de petróleo hacia los Estados Unidos.
Responde por cerca del 15% de su consumo diario. La proximidad geográfica entre
los dos países torna barato el costo del transporte, a través del Caribe. Las
relaciones extremadamente antagónicas entre el presidente Hugo Chávez (1999)
con el gobierno del presidente George W. Bush, no afectaron el comercio entre
los dos países, inclusive porque los Estados Unidos, por otro lado, son el
principal mercado para la producción de energía de Venezuela. Pero constituye
motivo de preocupación, en Washington, el hecho de que Venezuela haya comenzado
a exportar petróleo hacia China, que busca más y más fuentes de energía, a fin
de atender su impetuoso crecimiento económico, tornándose su principal socio en
América del Sur. El volumen de petróleo, cada vez mayor, importado desde
Venezuela por parte de China, cerca de 70.000 bpd, en 2006, subió a 197.000
bpd, en 2007, año en que el comercio entre los dos países alcanzó el monto de
U$S 2,5 billones. [xlvii]
China está ampliando su intercambio, no sólo con
Venezuela, sino también con Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina y
Brasil. Su comercio con los países de América Latina, en general, alcanzó, en 2005,
el monto de aproximadamente U$S 50 billones, de los cuales los negocios con los
países del MERCOSUR – Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay – representaron el
85% del total. Pero China está interesada, sobre todo, en asegurarse fuentes de
energía, como el gas y el petróleo. La China Petro-Chemical Corp (Sinopec), en
2004, firmó contrato con la Petrobrás para explotar la plataforma submarina, en
diversas áreas, cerca de África, Venezuela, Ecuador, Colombia y el Golfo del
México.[xlviii]. Esta creciente expansión económica y comercial de China en
América del Sur alarmó a los formuladores de la política exterior de los
Estados Unidos, hasta entonces concentrados en los problemas del Oriente Medio.
Venezuela, Bolivia y Ecuador poseen importantes
reservas de gas y petróleo. De acuerdo con la Energy Information
Administration, de los Estados Unidos, Venezuela, uno de los diez mayores
productores de petróleo del mundo, posee reservas comprobadas de 80 mil
millones de barriles y produjo cerca de 2,8 millones bpd, en 2006. Bolivia
posee la segunda mayor reserva de gas natural, en América del Sur, después de
Venezuela. Los recursos naturales en la región de Santa Cruz de la Sierra, son
estimados en 2,8 trillones de pies cúbicos de gas de los 26,7 trillones de reservas
probadas de Bolivia. Sumadas a las probables, el volumen sube a 48,7 trillones
de pies cúbicos. Las reservas de petróleo de Ecuador, el quinto mayor productor
sudamericano, son estimadas en 4,5 billones y sus exportaciones sumaron 376.000
bpd, en 2006. Brasil, Colombia, Argentina y Perú también producen gas y
petróleo. No obstante, de todos estos países, apenas Brasil, según la
evaluación de Stephanie Hanson, editora del Council on Foreign Relations,
think-tank con sede en Nueva York desde 1921, tiene el potencial de tornarse un
significativo productor mundial de petróleo, en la próxima década, con la
explotación de los yacimientos encontrados en la región del pré-sal,
descubiertas en aguas profundas, en las cuencas del Sur y Sudeste de
Brasil.[xlix]
Las reservas probadas actualmente existentes son
del orden de 11 mil millones de barriles, pero la producción de Brasil podrá
saltar a 2,2 millones bpd, en 2006, para 3,5 millones de bpd, en 2012, y
permitir la exportación de un mayor excedente.
Brasil en el mapa geopolítico
del petróleo
La estimación de la Asociación Brasileña de
Geólogos de Petróleo (ABGP) es que la Cuenca de Santos, en el litoral del
Estado de San Pablo, contiene 33 billones de barriles. Este volumen cuadruplica
las reservas de petróleo de Brasil, que suben de 13 billones de barriles
(comprobados) a cerca de 46 billones de barriles. Los datos son aún muy
imprecisos. Lo cierto es que, en el campo de Tupi (litoral de Santos), hay
cerca de
Las reservas descubiertas en la capa pré-sal a lo
largo de la costa, entre Espíritu Santo y Santa Catarina, insertaron a Brasil
en el mapa geopolítico del petróleo. Este fue uno de los factores, inter alia,
que probablemente llevaron al presidente George W. Bush a restaurar la IV
Flota, hacia el Atlántico Sur, bajo el pretexto de combatir el tráfico de
drogas, de armas y de personas, el terrorismo y la piratería que amenaza el
flujo del libre comercio en los mares del Caribe y de América del Sur. Sin
embargo, el propio almirante Gary Roughead, jefe de Operaciones Navales,
anunció el 24 de Abril que se había decidido a restablecer la IV Flota, en
virtud de la inmensa importancia de la seguridad marítima en el Sur del
hemisferio.
Con las operaciones navales de la IV Flota, los
Estados Unidos complementan el anillo de bases militares, que incluye Comapala,
en El Salvador; Guantánamo, en Cuba; Comayuga, en Honduras; Aruba, en Curação;
y Manta, en Ecuador, de donde deberá ser transferida hacia Colombia. Este
anillo sería incluso complementado con la base aérea, construida en 1983 y
posteriormente ampliada, en Mariscal Estigarribia, en Paraguay, distante apenas
200 quilómetros de la frontera con Bolivia y Argentina, y 320 quilómetros de
Brasil, muy cerca de la Triple Frontera. Esta base aérea adonde las tropas de
la Special Operations Forces (SOF) comenzaron a llegar en 2005, con inmunidades
concedidas por el gobierno paraguayo, posee una pista de
Pero el ex-obispo Fernando Lugo, electo, en 2008,
para la presidencia de Paraguay por la Alianza Patriótica para el Cambio,
prometió poner fin a la presencia de tropas americanas, con inmunidades, en la
región estratégica de Mariscal Estigarribia, y a los ejercicios militares
conjuntos con fuerzas paraguayas, percibidos como preparativos para una guerra
preventiva, apuntando al control de los recursos naturales de Bolivia, cuyo gobierno
del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (1993/1997), bajo la presión de los
Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional, vendiera en 1995 sus
reservas de petróleo y gas a la Enron y a la Shell por U$S 263,5 millones,
menos del uno por ciento del valor de los depósitos.[liii] Entre tanto, la
elección del líder indígena Evo Morales, dirigente del Movimiento al Socialismo
(MAS), para la presidencia de Bolivia, amplió el frente de resistencia y
oposición a los Estados Unidos en América del Sur, aliándose al presidente Hugo
Chávez, de Venezuela. Morales representa a gran parte del pueblo boliviano que
se opone a la exportación de gas hacia los Estados Unidos, cuyas reservas, en
2003, representaban apenas el 3% de las existentes en el mundo y el consumo se
agotaría en cerca de ocho años, esto es, hacia el 2011.
Frente a tan dramática situación, los Estados
Unidos intentan apoderarse de cualquier reserva, en cualquier región, por más
pequeña que sea. Incluso si nuevos descubrimientos de gas fuesen hechos, no
sobrepasarían el 5% del gas mundial, volumen igual al existente, en aquella
época, en América del Sur, donde Bolivia y Argentina concentraban la mayor
parte. [liv] De ahí el porqué las compañías petrolíferas, en gran medida, y las
agencias de los Estados Unidos explotan las contradicciones internas y
estimulan la secesión de los departamentos de Tarija, Chuquisaca, Santa Cruz,
Beni y Pando, que conforman la "media-luna", lo que representaría un
duro golpe al liderazgo de Brasil en América del Sur y a su cada vez mayor
influencia internacional.
Objetivos de
La restauración de la IV Flota implica, por cierto,
diversos intereses estratégicos de los Estados Unidos. Pero lo que torna
evidente su real objetivo es el hecho de que el comando de la IV Flota fue
entregado al contra-almirante Joseph Kernan, oficial de la US Navy SEALs
(United States Navy Sea, Air and Land Forces), constituida por las Special
Operations Forces, de la Marina de Guerra, y son empleadas en acciones directas
y en misiones de reconocimiento especial, capaces de emprender una guerra no
convencional, defensa interna en el exterior y operaciones contra el
terrorismo. Uno de los integrantes de la IV Flota es un navío de asalto
anfibio, el USS Kearsarge (LHD 3), cuya principal misión es el embarque, desvío
y desembarque de fuerzas en cualquier parte del mundo, sirviendo como
Expeditionary Strike Group, concepto militar introducido en la Marina de Guerra
de los Estados Unidos, a comienzos de los años 1990, y que consiste en fuerzas
altamente móviles y sustentables para ejecutar misiones en varias partes del
globo. Su "misión humanitaria" comenzó en Santa Marta, en Colombia,
en coordinación con el Comando General de las Fuerzas Armadas y el Ejército
Nacional de Colombia.
Es evidente que los Estados Unidos, con el dominio
de los mares y del espacio, nunca dejaron de tener navíos de guerra transitando
en las aguas internacionales de América del Sur, aunque la IV Flota, creada en
1943, durante la Segunda Guerra Mundial, hubiese sido extinguida, oficialmente,
en 1950. Su restauración no significa un cambio mayor en las actividades
militares de los Estados Unidos en el Atlántico Sur, dado que el 38% de su
comercio global se realiza con países del hemisferio, el 34% del petróleo que importa
proviene de la Región y 2/3 de los navíos que transitan por el Canal de Panamá,
se destinan a los puertos americanos.[lv] Apenas oficializó una presencia que
de hecho nunca dejó de existir, pero apuntando a demarcar y reafirmar el
Atlántico Sur como área bajo su dominio, sobre todo de cara al descubrimiento
de grandes yacimientos de petróleo, en el campo Tupi, en la capa pré-sal del
litoral de San Pablo. A los Estados Unidos les preocupa la creciente presencia
de China en América del Sur y pretenden controlar sus recursos minerales y
energéticos, tales como los yacimientos de hierro de Mutún y las reservas de
gas natural existentes en Bolivia, la Patagonia de Argentina y el Acuífero
Guaraní, el mayor reservorio de agua subterránea del mundo, situado en los
países que integran el MERCOSUR. [lvi]
La restauración de la IV Flota se
dio, con todo, dentro de un contexto que se configura altamente desfavorable a
los Estados Unidos. El fracaso del intento de golpe contra el presidente Hugo
Chávez, en Abril de 2002, complicó el equilibrio estratégico Regional de la
administración del presidente George W. Bush.
Chávez se consolidó en el poder y protagonizó la
oposición a la política y a los intereses de los Estados Unidos. Ésta fue
reforzada, en el ámbito sudamericano, con la elección del presidente Luiz
Inácio Lula da Silva, en Brasil; Néstor Kirchner, en Argentina; Evo Morales, en
Bolivia; Tabaré Vázquez, en Uruguay; y Rafael Correa, en Ecuador. Algunos más
radicales, otros más moderados, expresaron, de un modo o de otro el rechazo al
dominio de los Estados Unidos, por lo menos de una significativa parte de la
población. La elección de estos líderes, apodados como "populistas"
por parte de los ideólogos del conservadurismo, no significa que América del
Sur se inclinó aún más hacia la izquierda. Ella refleja el enorme desgaste de
la influencia de los Estados Unidos, la declinación cada vez mayor de su
dominio, las tensiones e incertidumbres relacionadas con el proceso de
globalización de la economía, impulsado, particularmente, por los Estados
Unidos, luego del desmoronamiento de la Unión Soviética y del Bloque
Socialista.
La declinación de la influencia de los Estados
Unidos en América del Sur, revelado por la dificultad de impedir la elección o
deponer gobiernos de tendencia más hacia la izquierda, como ocurrió en los años
1960 y 1970, fue acelerado por el fracaso de las políticas neoliberales
recomendadas por el Consenso de Washington, que incrementaron aún más la
desigualdad de la distribución de la renta, en la mayoría de los países,
fomentaron el aumento del desempleo urbano y ampliaron la brecha social entre
ricos y pobres, entre los trabajadores más capacitados y los demás, sin
calificación. La crisis se acentuó, particularmente, en los Estados andinos, como,
por ej., Perú, Bolivia y Ecuador, donde el 92% de la población manifestó su
desencanto con la economía de mercado, de acuerdo al estudio presentado el
Strategic Studies Institute del Army War College de los Estados Unidos.[lvii]
Las investigaciones del Program on International Policy Attitudes (PIPA),
realizadas conjuntamente por el Center on Policy Attitudes (COPA) y el Centro
for International and Securities Studies at Maryland, University of Maryland
(CISSM), a fines de 2006 y comienzos de 2007, mostraron también que la
percepción de los Estados Unidos en América Latina continuaba siendo negativa y
que solamente 1/3 de los habitantes de Brasil y de Chile creían que ellos
tenían una influencia positiva en el mundo. Los resultados fueron más bajos todavía
en México (12%) y Argentina (13%) y en todos los países la oposición a la
guerra en Irak oscilaba entre el 65% en Chile y el 95% en Argentina. [lviii]
Otra investigación indicó que, globalmente, el concepto sobre los Estados
Unidos desmejoraba de manera creciente.[lix]
Como había observado Kissinger, a comienzos del
siglo XXI, América del Sur buscaba definir una identidad política propia, lo
que estaba generando una potencial contienda entre Brasil y los Estados Unidos
sobre el futuro del Cono Sur". [lx]. Esta previsión la había realizado el
filósofo alemán George W. Hegel alrededor de 1830, cuando dijo que América era
"la tierra del futuro", en
la cual, en tiempos venideros,
habría "algo
así como una contienda entre la del Norte y la América del Sur, y donde la
importancia de la Historia Universal deberá manifestarse". [lxi]. La
contienda es posible. América del Sur, bajo el liderazgo de Brasil junto con
Argentina y Venezuela, está tratando realmente de definir su propia identidad
diferenciada e, incluso, en oposición al dominio de los Estados Unidos, lo que
se evidencia con la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y
del Consejo Sudamericano de Defensa. Tales iniciativas que implican la
desaparición del sistema interamericano, instituido por Washington y
configurado por la Organización de los Estados Americanos (OEA); así como el
del Tratado de Río de Janeiro, obsoleto y denunciado por México; y la Junta
Interamericana de Defensa (JID).
Pero el acelerado desgaste de la influencia y del
prestigio de los Estados Unidos en América del Sur y, en general, en América
Latina debilita inclusive su estrategia global, que obedece a las directrices
trazadas desde el gobierno de George H. W. Bush (1989/1993), en el sentido de
desanimar cualquier desafío a su preponderancia o tentativa de revertir el
orden económico y político internacionalmente establecido [lxii]. En el
conflicto con los Estados Unidos, generado por la tentativa de incorporar a
Georgia y Ucrania a la OTAN e instalar bases antimisiles en Polonia y en la
República Checa, el presidente Hugo Chávez, desafiando a los Estados Unidos,
respaldó a Rusia, que envió a Caracas dos bombarderos estratégicos TU-160, para
la realización de ejercicios conjuntos con aviones de la Fuerza Aérea
Venezolana, y señaló que mandará también navíos de guerra al Caribe, como
respuesta a la presencia de navíos americanos en el Mar Negro. En medio del
agravamiento del conflicto en Bolivia, a principios de Septiembre de 2008, el
gobierno de Evo Morales denunció a la Enron y a la Shell, socias mayoritarias
de los ductos Transredes, y la Ashmore Energy Internacional, de haber impulsado
el plan conspirativo contra su gobierno y consideró persona non grata al
embajador de los Estados Unidos, Philip Goldberg, acusándolo de apoyar la
rebelión de los departamentos de la "media-luna" contra La Paz y
alentar la secesión de los mismos de Bolivia, acusación que, por cierto, tiene
fundamento.[lxiii] Solidario con Evo Morales, el presidente Hugo Chávez expulsó
al embajador de los Estados Unidos en Caracas, Patrick Duddy, dándole el plazo
de apenas 72 horas para abandonar el país.
Argentina, Brasil y Uruguay, por su parte,
manifestaron solidaridad al gobierno de Evo Morales, enfáticamente, condenaron
el levantamiento y los actos terroristas y sabotajes de la oposición, en el
Oriente boliviano, como tentativa de desestabilizar el orden constitucional del
país, y dejaron claro, de modo inequívoco, que no aceptarán ni reconocerán la
secesión de los departamentos del Oriente boliviano.
Conclusiones
No hay duda de que las tensiones y los conflictos
en Bolivia y en Georgia se entrelazan, generados y alimentados por la disputa
por las fuentes de energía en que los Estados Unidos se empeñaron, a fin de
mantener su way of life, con alto nivel de consumo y de despilfarro. Como bien
observó el cientista político José Luís Fiori está en curso una nueva
"carrera imperialista", entre las grandes potencias, que luchan por
su seguridad energética y alimenticia. China penetra cada vez más en África,
donde los países de la Unión Europea buscan conservar la preeminencia sobre sus
antiguas colonias. La competencia, como prevé, José Luís Fiori, deberá alcanzar
a América Latina, aunque de forma aún más intensa, gracias a sus recursos de
gas y petróleo, a sus grandes reservas minerales y recursos hídricos, y a su
inmensa capacidad de producción alimenticia, muy superior a la de África.
[lxiv]
Este aspecto económico-comercial seguramente
también pesó en la decisión americana de reactivar la IV Flota en el Atlántico
Sur, con la perspectiva de que la Región se torne uno de los grandes centros
productores de petróleo, en virtud de los recientes descubrimientos de
yacimientos, en la capa pré-sal en el litoral de San Pablo y que probablemente
se extienden por todo el Sur hasta el litoral de Argentina.
El compromiso de Brasil, que se proyecta cada vez
más como potencia económica y política, será inevitable. Es el mayor exportador
mundial de alimentos, en breve habrá de tornarse en uno de los mayores exportadores
de petróleo, y posee gran parte del Acuífero Guaraní, así como las aguas del
Amazonas y de la biodiversidad existente en la Región. [lxv] En tales
circunstancias, Brasil no puede dejar de re-equipar y modernizar sus fuerzas
Armadas, particularmente la Marina de Guerra, con la construcción del submarino
nuclear y adquirir cada vez más autonomía y auto-suficiencia en la producción
de material bélico, condición esencial para alcanzar el status de gran
potencia, integrando a toda América del Sur. Tampoco se puede descartar la
hipótesis de guerra con una potencia tecnológicamente superior o el compromiso
de Brasil en un conflicto que alcance sus fronteras y, por consiguiente, afecte
su seguridad nacional, como en Bolivia, involucrando a Venezuela.
Un Estado, que necesita importar continuamente
armamentos y municiones, y navíos para el transporte, no está en condiciones de
enfrentar la eventualidad de una guerra. Una Segunda Guerra Fría fue deflagrada
y envuelve a América del Sur, donde la penetración de los Estados Unidos
constituye un factor de inestabilidad e inquietud. El elevado grado de
turbulencia interna y resistencia y oposición de la mayoría de los gobiernos a
la voluntad de los Estados Unidos, denota claramente el desvanecimiento de su
hegemonía, en una Región donde antes su fiat
tenía fuerza de ley, y repercute, profundamente, sobre su estrategia global, en
el sentido de imponer la Pax Americana, i. e, "preservar y extender un orden internacional amigable (friendly) a
nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios", de
acuerdo a las directrices del Project for the New American Century
(PNAC)[lxvi].
(*) Conferencia
pronunciada por el Profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira en la Escuela Superior
de Guerra de Brasil, en Río de Janeiro el 23/09/08. Publicada en el sitio La Onda
Digital de Montevideo. La traducción al español es de Cristina Iriarte.
NOTAS
1 Circular
n° 907. às Missões Diplomáticas Brasileiras. Confidencial. A Questão do Chaco –
Os títulos dos contendores., Embaixador José Joaquim Moniz de Aragão,
Secretário-Geral do Itamaraty. Rio de Janeiro, 28/8/1934. AHI – Guerra do Chaco
- 9(31).(45)5. Arquivo do Embaixador Moniz de Aragão.
2
KISSINGER, Henry. Does America Need a Foreign Policy? Toward a Diplomacy for
the 21st Century. Nova York: Simon & Schuster, 2001, p. 468.
3 "Amerika ist somit das
Land der Zukunft, in welchen sich ins vor uns liegenden zeiten, etwa im Streite
von Nord- und Südamerika, die weltgeschichtliche Wichtigkeite offenbaren
sol." HEGEL, G.W.F. Vorlesung über die Philosophie der Weltgeschichte. In:
Die Vernunft in der Geschichte. Hamburg: F. Meiner Verlag, 1994. Band 1, p.
209.
4
MACKINDER, Sir Halford John. "The Geographical Pivot of History", Geographical
Journal, Royal Geographical Society London, April 1904, vol. XXIII pp. 436.
5 "The
United States is practically sovereign on this continent, and its fiat is law
upon the subjects to which it confines its interposition". Nota
à Grã-Bretanha, 20/.06/.1895, apud KISSINGER, Henry.
Diplomacy. Nova York: A touchstone Book/ Simon Schuster, 1994, p. 38. Vide
também HICKS, John Dº. A Short History of American Democracy. Boston: Houghton
Mifflin Company-Riverside Press, 1943, p. 602. PERKINS, Dexter. A history of
the Monroe doctrine. Boston: Little, Brown, 1963, p.175.
6 MAHAN,
Alfred T.. The Influence of Sea Power upon History –1660/1783. Nova York: Dover
Publication, Inc., 1987, p. 87.
7
KISSINGER, Henry. Diplomacy. Nova York:: A Touchstone Book/Simon &Schuster,
1994, pp. 37/38.
8 MACKINDER, Sir. Halford J.. Britain
and the Britain Seas. Oxford: At the Claredon Press, 2nd edition, 1925, p. 334.
9
MACKINDER, Sir Halford John. Democratic Ideals and Reality. Westport
Connecticut: Greenwood Press, Publisher, 1981, pp. 59/60.
10
ROOSEVELT, Theodore. Theodore Roosevelt. An Autobiography. Nova Yotk: A Da Capo
Paperback, 1985, p. 538.
11
SCHIRMER, Daniel B. Republic or empire American: resistance to the Philippine
war. Boston: Schenkman, p. 20.
12 BARBOSA,
Rui " Vã Confiança - A Doutrina Monroe: sua origem" in BARBOSA, Rui.
Obras Seletas - Volume 8Fonte digital: Ministério da Cultura Fundação
Biblioteca Nacional - Departamento Nacional do Livro - http://www.bn.br/bibvirtual/acervo/
13 Ibid.
14
"The French and English texts, it was to turn out, though both of them
official, were inconsistent with one another. One declared the Doctrine was not
"to be considered as incompatible with any one of the provisions of the
present pact". The other declared the Doctrine to be "not affected by
the engagement of the Convenant". One subordinated the Doctrine to the
Convenant; the other the Convenant to the Doctrine". Perkins,
1963, p. 297.
15
CARVALHO, Delgado de. História diplomática do Brasil. São Paulo: Ed.
Nacional, 1959, p. 305. SMITH, Joseph. The cold war: 1945/1992. 2. ed. Oxford:
Blackwell, 1998., pp. 30 e 31. PERKINS, Dexter. A history of the Monroe
doctrine. Boston: Little, Brown, 1963, p.p. 296/297.
16 SCHOULTZ,
Lars. Beneath the United States. A History of. U.S. Policy Toward Latin
America, 1998, p. 373.
17 Id.,
ibid., p. 10.
18 BLACK,
Jan K. Sentinels of Empire – The United States and Latin American Militarism.
Nova York: Greenwoodpress, 1986, p. 10.
19 PINHEIRO
GUIMARÃES, Samuel. Quinhentos anos de periferia. Porto Alegre-Rio de Janeiro:
Editora da Universidade/UFRGS – Editora Contraponto, 1999, p. 99.
20 Colonel
Joseph R. Núñez. A 21st Century Security Architecture For The Americas: Multilateral
Cooperation, Liberal Peace, And Soft Power. August 2002
http://www.strategicstudiesinstitute.army.mil/pubs/display.cfm?pubID=15
21
Secretary of State-Designate Madeleine K. Albright. Prepared statement before
the Senate Foreign Relations Committee, as released by the Office of the
Spokesman, Department of State, Washington, D.D., January 8, 1997.
http://www.secretary.state.gov/statements/970108a.html
22
Barshefsky statement before House Trade Panel 3/18, U.S. Information and Texts,
N° 011, March 20, 1997, p. 42.
23 Samuel
Pinheiro Guimarães. "ALCA para principiantes"; "Como será a
ALCA". Manuscritos.
24Ibid.
25 O
projeto do Acordo Multilateral de Investimentos (AMI) começou a ser negociado
pelos países membros da OCDE, secretamente, em 1995. Porém, quando o projeto se
tornou público, as negociações foram suspensas, em fins de 1998, em virtude de
problemas econômicos e da severa oposição que sofreu.
26
Statement of General Charles E. Wilhelm, commander-in-chief, U.S. Southern
Command, Before the Senate Caucus on International Narcotics Control, March 23,
2000.
27
KISSINGER, Henry. Does America Need a Foreign Policy. Toward a Diplomacy for
21st Century. Nova York: Simon & Schuster, 2001, p.136.
28 Vide
MONIZ BANDEIRA, Luiz Alberto. Brasil, Argentina e Estados Unidos - Conflito e
integração na América do Sul (Da Tríplice Aliança ao MERCOSUL). Rio de Janeiro:
Editora Revan, 2ª. ed., 2003, ppp. 554/555.
29 Paul
Krugman - "Crying with Argentina". The New York Times, NY,
30 PINHEIRO
GUIMARÃES, Samuel. Desafios brasileiros na Era dos Gigantes. Rio de Janeiro:
Contraponto Editora, 2006, p. 282.
31
KISSINGER, Henry. Does America Need a Foreign Policy. Toward a Diplomacy for
21st Century. Nova York: Simon & Schuster, 2001, p. 151/152.
32 Id.,
ibid., p. 152 /163.
33 Id.,
ibid., p. 152.
34 PINHEIRO
GUIMARÃES, Samuel. Quinhentos anos de periferia. Porto Alegre-Rio de Janeiro:
Editora da Universidade/UFRGS – Editora Contraponto, 1999, p. 121.
35 Em
Fevereiro de 2008, o Congresso dos Estados Unidos aprovou o Andean Trade
Preference Extension Act, expandindo o Andean Trade Promotion and Drug
Eradication Act (ATPDEA).
36
"Colombian military gains come at a price" Los Angeles Times. January
18, 2008. Amazon Watch. http://www.amazonwatch.org/amazon/CO/
37 U.S. Aid
to Colombia, All Programs, 2004/2009 - Just the Facts – A civilian's guide to
U.S. defense and security assistance to Latin America and the Caribbean.
http://justf.org/Country?country=Colombia
- The Center for International Policy - Colombia Programa - U.S. Aid to
Colombia Since 1997.
http://www.ciponline.org/colombia/aidtable.htm
38 Bill
Weinberg. "Oil Makes U.S. Raise Military Stakes in Colombia".
November 26, 2004 - Long Island, NY Newsday.
http://www.commondreams.org/cgi-bin/print.cgi?file=/views04/1126-05.htm
39 PINHEIRO
GUIMARÃES, Samuel. Desafios brasileiros na era dos gigantes. Rio de Janeiro:
Contraponto Editora, p. 189.
40 Vide
MONIZ BANDEIRA, Luiz Alberto. Formação do Império Americano (Da guerra contra a
Espanha à guerra no Iraque). Rio de Janeiro: Editora Civilização Brasileira, 2ª
ed. 2006, pp. 725/727.
41 Id.,
ibid., p. 189,
42 The
Economist, "What lies beneath -Is there really an ocean of oil off
Brazil?" April 16, 2008,
http://www.economist.com/daily/news/displaystory.cfm?story_id=11043022&top_story=1
Matthew
Flynn "United States Announces IV Fleet Resumes Operations Amid South
American Suspicions" - Americas Policy Program Report - Americas Policy
Program, Center for International Policy (CIP) July 11, 2008. http://americas.irc-online.org/am/5362
43 Ivan
Cairo. "On Venezuela's Doorstep: US proposes military test site in
Suriname ". Caribbean Net News Suriname. October 8, 2007.
http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=7022.
Ivan Cairo. "Suriname government sanctions testing of US army
vehicle". Caribbean Net News. February 12, 2008.
http://www.caribbeannetnews.com/news-5981--36-36--.html
44 Agencia EFE. "El primer contingente de
soldados de EUA se instala en Ayacucho". El Comercio. Lima, 13 de Septiembre
del 2008. Carlos Noriega. "Admite Perú que EUA pondría una base".
Página/12, Buenos Aires, 17 de Junio de 2008.
45 Airman
1st Class Tracie Forte. "U.S. Army aviators support humanitarian mission
in Ayacucho, Peru" . Task Force New Horizons Public Affairs. America's Air
Force -
http://www.12af.acc.af.mil/news/story_print.asp?id=123106116
46 R. Evan
Ellis, "Chinese Interests in Latin America: Overview and Implications for
Regional Security Issues," Presentation for the Latin America Orientation
Course (LAOC) Hulburt Field, FL: U.S. Air Force Special Operations School
(USAFSOS), March 1, 2007. R. Evan Ellis. "U.S. National Security
Implications of Chinese Involvement in Latin America". June 2005 Strategic
Studies Institute, U.S. Army War College ISBN 1-58487-198-
http://www.carlisle.army.mil/ssi
47 Cynthia
Malta. "Estatal chinesa de petróleo quer investir em gasoduto Rio-Bahia".
Valor Econômico, 25/05/2004. "Sinopec, Brazil's Petrobras
to explore deep sea oil". China Daily (Xinhua). 18/8/2004.
48
Stephanie Hanson, News Editor. "Energy Bottlenecks in South America".
Council on Foreign Relations, April 21, 2008.
49 Ibid.
50 http://www2.petrobras.com.br/Petrobras/
51 Desde o
início dos anos
tropas
americanas e (b) de treino de tropas dos países-clientes, bem como
familiarizá-las com equipamentos militares americanos, criando condições para
futuras vendas. Além de servir também para a coleta de inteligência, constitui
assim um meio de promoção de venda de material bélico, um comércio dirigido
pelo Pentágono. Bases desse tipo foram instaladas na Mauritânia, no Mali e
provavelmente em outros países da África.
52 Conn
Hallinan. "Dark Armies, Secret Bases, and Rummy, Oh My!" Foreign
Policy in Focus November 21, 2005 - - Editor: John Gershman, IRC.
http://www.fpif.org/fpiftxt/2939
53 Antônio
Ermírio de Moraes Uma lição a ser observada e aprendida. Folha de S. Paulo - 19/10/2003
54 Matthew Flynn "Estados Unidos anuncia que su
IV Flota reanuda operaciones, en medio de sospechas sudamericanas Programa de
las Américas Reporte 29 de Julio de 2008".
http://www.ircamericas.org/esp/5422.
55 Bernardo Quagliotti De Bellis ."IV Flota impone
su presencia en el Atlántico Sur". La Onda
Digital –
56 Steve C.
Ropp. "The strategic implications of the rise of populism in Europe and
South America"- June 2005 -Strategic Studies Institute (SSI) ISBN
1-58487-201-2
http://www.carlisle.army.mil/ssi/
57 http://www.pipa.org/?PDA=1%3Fcategory=films&profile=mobilefilmsuseraverage&subject=177636%20-%2026k
- USC
Center on Public Diplomacy at the Annenberg School -
http://publicdiplomacy.wikia.com/wiki/Anti-Americanism
58 World
View of US Role Goes From Bad to Worse".
http://www.worldpublicopinion.org/pipa/articles/home_page/306.php?nid=&id=&pnt=306&lb=hmpg1
59.
KISSINGER, Henry. Does America Need a Foreign Policy? Toward a Diplomacy for
the 21st Century. Nova York: Simon & Schuster, 2001, p. p. 152/ 163.
60 "Amerika ist somit das
Land der Zukunft, in welchen sich ins vor uns liegenden zeiten, etwa im Streite
von Nord- und Südamerika, die weltgeschichtliche Wichtigkeite offenbaren
sol." HEGEL, G.W.F. Vorlesung über die Philosophie der Weltgeschichte. In:
Die Vernunft in
der Geschichte. Hamburg: F.
Meiner Verlag, 1994. Band 1, p. 209.
61. POWELL,
Colin L. - The Military Strategy of the United States – 1991/1992, US
Government, Printing Office, ISBN 0-16-036125-7, 1992, p 7. Draft Resolution -
62 Luiz
Alberto Moniz Bandeira. "A balcanização da Bolívia". Folha de São
Paulo, São Paulo, 15 de Julho de 2007.
63 José
Luís Fiori. "Escopeta não é chocalho". Le Monde Diplomatique (edição
em português), 17/07/2008.
64 Ibid.