Samir Amin: La ideología
estadounidense
Samir Amín,
egipcio, profesor de ciencias económicas de formación marxista, trabajó de
"Animada por su
éxito reciente, la extrema derecha controla en la actualidad los resortes del
poder en Washington. La alternativa que se ofrece está clara: o bien se acepta
la hegemonía de EEUU y el 'liberalismo' a ultranza que promueve -y que
significa poco más que una exclusiva obsesión por hacer dinero- o se rechazan
ambos. En el primer caso, estaremos dando a Washington vía libre para
'rediseñar' el mundo a imagen de Texas. Solo eligiendo la segunda opción
podremos ser capaces de hacer algo para contribuir a la reconstrucción de un
mundo que sea esencialmente plural, democrático y pacífico".
Traducción: Loles Oliván, CSCAweb (www.nodo50.org/csca)
Hoy, EEUU está gobernado por una junta de criminales de guerra
que llegaron al poder a través de une especie de golpe (de Estado). Aquel golpe
pudo haber estado precedido por unas (dudosas) elecciones: pero no debemos
olvidar que Hitler fue igualmente un político elegido. En esta analogía, el 11
de septiembre cumple la función del "incendio del Reichstag" (1),
permitiendo a
La cultura política es el producto a largo plazo de
La modernidad, el secularismo y la democracia no son el resultado de una
evolución en las creencias religiosas o siquiera revolucionarias; por el
contrario, es la fe la que ha tenido que ajustarse para satisfacer las
exigencias de estas nuevas fuerzas. Este ajuste no se ha producido
exclusivamente en el protestantismo; tuvo el mismo impacto en el mundo católico
aunque de modo distinto. Se creó un nuevo espíritu religioso, liberado de todo
dogma. En ese sentido, no fue
Un aspecto de
Marginar con eficacia la idea católica de universalidad estableciendo iglesias
nacionales sirvió, en particular, para reforzar el poder de la monarquía,
fortaleciendo su autoridad como árbitro entre las fuerzas del Antiguo Régimen y
aquéllas de la burguesía ascendiente, y reforzar el nacionalismo de esas
clases, retrasando, con ello, la emergencia de nuevas formas de universalismo
que serían promovidas más tarde por el socialismo internacionalista.
Sin embargo, otros aspectos de
Las sectas protestantes que se vieron obligadas a emigrar en el siglo XVII
desde Inglaterra habían desarrollado una forma de cristianismo diferenciado
tanto del catolicismo como del dogma ortodoxo. Por ello, su imagen del
cristianismo no era compartida siquiera por la mayoría de los protestantes
europeos, incluidos los anglicanos, de donde emergió la mayoría de la clase
gobernante británica. En términos generales, podemos decir que la genialidad
esencial de
Legitimidad bíblica
La particular forma de protestantismo que hallo su vía
en Nueva Inglaterra sigue configurando la ideología estadounidense en la
actualidad. Primero, facilitó la conquista del "Nuevo Continente",
instruyendo su legitimidad en base a referencias bíblicas (la referencia
bíblica de la violenta conquista de Israel de la "Tierra Prometida"
es un tema constantemente reiterado en el discurso de EEUU). Más tarde, EEUU extendió
su misión encomendada por Dios hasta abarcar el mundo en su totalidad. Por
ello, los estadounidenses han comenzado a verse a sí mismos como el
"pueblo elegido" (en la práctica, un sinónimo del término nazi Herrenvolk). Esta es la amenaza a la que hacemos
frente en la actualidad. Y por ello el imperialismo estadounidense (y no el Imperio)
será incluso más brutal que sus predecesores, la mayoría de los cuales nunca
reivindicaron estar investidos por una misión divina.
No estoy entre los que creen que el pasado solo puede repetirse.
A pesar de los intentos actuales de promover sus virtudes, la "Revolución
americana" no fue más que una limitada guerra de independencia bastante
desprovista de cualquier dimensión social. En ningún caso en el curso de su
revuelta contra la monarquía británica intentaron los colonos americanos
transformar las relaciones económicas y sociales: simplemente rechazaron seguir
compartiendo los beneficios con las clases gobernantes de la metrópoli. Querían
el poder para sí mismos no para cambiar las cosas sino para seguir haciéndolas
igual -aunque con más determinación y mayores márgenes. El objetivo prioritario
era proceder a la colonización del Oeste que implicaba, entre otras cosas, el
genocidio de los americanos nativos. Igualmente, los revolucionarios nunca
cambiaron la esclavitud. De hecho, la mayoría de los líderes revolucionarios
eran propietarios de esclavos y sus prejuicios sobre esta cuestión se
demostraron inquebrantables.
El genocidio de los nativos americanos estaba implícito en la lógica de la
nueva elección de la misión divina para los pueblos. Su masacre no puede ser
condenada simplemente sobre la base de la moral de un pasado arcaico y
distante. Hasta 1960, el acto del genocidio se proclamaba bien abierta y
orgullosamente. Las películas de Hollywood oponían al bien de los cowboys el diablo nativo americano, y
esta tergiversación del pasado ha sido central en la educación de sucesivas
generaciones.
Lo mismo ocurre con la esclavitud. Tras la independencia, tuvo que pasar cerca
de un siglo antes de que la esclavitud fuera abolida. Y a pesar de las demandas
de
Migración e
individualismo
Las sucesivas olas de inmigración han ayudado
igualmente al reforzamiento de la ideología estadounidense. Los inmigrantes no
son en modo alguno responsables de la miseria y la opresión que causan sus
exilios. Dejan su tierra como víctimas. Sin embargo, la emigración significa
igualmente la renuncia a la lucha colectiva para cambiar las condiciones en sus
países de origen; cambian su sufrimiento por la ideología individualista del
país receptor desarraigándose. Este cambio ideológico sirve igualmente para
retrasar la emergencia de la conciencia de clase que escasamente tiene tiempo a
desarrollarse antes de que una nueva oleada de inmigrantes llega para ayudar a
abortar su expresión política. Desde luego, la migración contribuye también al
"fortalecimiento étnico" de la sociedad estadounidense. La noción de
"éxito individual" no excluye el desarrollo de fuertes comunidades
étnicas de apoyo (irlandesa, o italiana, por ejemplo) sin las que el
aislamiento individual resultaría insoportable. Sin embargo, también en esto,
el fortalecimiento de identidades étnicas es un proceso que el sistema
estadounidense cultiva únicamente para recuperarlo ya que debilita
inevitablemente la conciencia de clase y la ciudadanía activa.
Así, mientras el pueblo de París se estaba preparando para "asaltar el
cielo" (según
Hoy en EEUU no hay un partido de los trabajadores ni lo ha habido nunca. Los
poderosos sindicatos de trabajadores son apolíticos en su más amplio sentido
del término. No tienen vínculos con partido alguno con el que puedan compartir
y expresar sus preocupaciones; ni han sido nunca capaces de articular una
visión socialista propia. Por el contrario, suscriben, como todo el mundo, la
ideología liberal dominante que de este modo permanece incontestada. Cuando
luchan, lo hacen sobre la base de una agenda limitada y concreta que en modo
alguno cuestiona el liberalismo. En este sentido, eran y siguen siendo posmodernistas.
Sin embargo, para las clases trabajadoras, las creencias comunitarias no pueden
proporcionar un substituto a la ideología socialista. Ello es cierto incluso
para los afro-americanos, la comunidad más radical de EEUU, ya que la lucha de
ideologías comunitarias está, por definición, limitada a la lucha contra el
racismo institucionalizado.
Uno de los aspectos más desatendidos de las diferencias entre las ideologías europeas
(en su diversidad) y la ideología estadounidense es el impacto de
Ello contrasta con EEUU, donde
Los frutos de ese rechazo emergieron cuando la burguesía yanqui llegó a la
mayoría de edad. En Nueva Inglaterra emergió una creencia simple y errónea que
mantenía que
La substitución de ciencia por religión explica algunos de los rasgos
sobresalientes de la ideología estadounidense. Explica por qué la filosofía es
tan insignificante, porque ha sido reducida al empirismo más reductor. Explica
igualmente el frenético esfuerzo de reducir las ciencias humanas y sociales a
ciencias puras (es decir, duras): así,
Entre otras cosas,
Democracia y mercado
Estos dos factores que configuran la formación
histórica de la sociedad estadounidense - una ideología bíblica dominante y la
ausencia de un partido de los trabajadores- se han combinado para producir una
situación completamente nueva: un sistema regido de facto por un único
partido, el partido del capital.
Los dos segmentos que integran este partido comparten la misma fórmula
fundamental del liberalismo. Ambos dirigen únicamente la minoría que participa
en este tipo de democracia truncada e impotente (un 40% del electorado). Como
la clase trabajadora, por regla general, no vota, cada segmento del partido
tiene su propia clientela de clase media para la cual ha ajustado su discurso.
Ambos han esculpido su propio electorado compuesto de ciertos segmentos de
intereses capitalistas (lobbies) y grupos de apoyo comunitarios.
La democracia estadounidense actual constituye el modelo avanzado de lo que yo
he denominado "democracia de baja intensidad". Su funcionamiento está
basado en la separación total entre la gestión de la vida política a través de
la práctica de la democracia electoral y la gestión de la vida económica que
está gobernada por las leyes de la acumulación de capital. Más aún, esta
separación no está sujeta a forma alguna de cambio radical; forma parte de lo
que puede ser denominado el consenso general. Sin embargo, es esa misma
separación lo que destruye efectivamente todo el potencial creativo de la
democracia política. Castra las instituciones representativas (parlamentos y
otras) que de manera impotente están rendidas por su sumisión al mercado
y a sus dictados. En este sentido, la elección entre votar a los demócratas o a
los republicanos es en el fondo fútil porque lo que determina el futuro del
pueblo estadounidense no es el resultado de las preferencias electorales sino
las variaciones de los mercados financieros y de otros mercados.
Como resultado, el Estado estadounidense existe exclusivamente para servir a la
economía, es decir, al capital, al que obedece enteramente abandonando las
cuestiones sociales. El Estado puede funcionar de este modo por una razón
primordial: porque el proceso histórico que formó la sociedad estadounidense ha
bloqueado el desarrollo de una conciencia política de las clases trabajadoras.
Ello contrasta con los Estados europeos que han sido (y pueden convertirse de
nuevo en) el foro obligado en el que se han desarrollado las confrontaciones
entre los grupos con intereses sociales. Es por ello que los Estados europeos
favorecen los compromisos sociales que se invierten en prácticas democráticas
con significado real. Cuando la lucha de clases y otras luchas políticas no
fuerzan al Estado a funcionar de este modo, cuando no pueden seguir siendo
autónomas frente a la lógica exclusiva de la acumulación del capital, la
democracia se convierte en un ejercicio completamente inútil, como ocurre en
EEUU.
La combinación de una práctica religiosa dominante -y su explotación por medio
del discurso fundamentalista- con la ausencia de conciencia política entre las
clases oprimidas, da al sistema político de EEUU un margen de maniobra sin
precedentes, a través del cual puede destruir el impacto potencial de las
prácticas democráticas y reducirlas a rituales benignos (la política como un
entretenimiento, la inauguración de campañas electorales con animadores, etc.).
Ideología y capital
No obstante, no debemos dejarnos engañar. No es la
ideología fundamentalista la que ocupa el puesto dirigente y la que impone su
lógica a los reales detentadores del poder: el capital y sus siervos del
gobierno. Es el capital y solo él quien toma todas las decisiones y únicamente
cuando lo ha hecho moviliza la ideología estadounidense para que sirva a su
causa.
Los medios que se despliegan -el uso sistemático y sin precedentes de la
desinformación- pueden entonces servir a sus propósitos aislando a los críticos
y sujetándolos a una forma permanente y odiosa de chantaje. De este modo, el
sistema puede manipular fácilmente a la "opinión pública" cultivando
su estupidez.
Gracias a este contexto, la clase dirigente estadounidense ha desarrollado una
especie de cinismo total envuelto en una carcasa exterior de hipocresía que
resulta perfectamente transparente a los observadores exteriores pero de algún
modo invisible a los propios pueblos estadounidenses. El régimen está bastante
satisfecho de recurrir a la violencia, incluso en sus formas más duras, cuando
quiera que surge la necesidad. Todos los activistas radicales estadounidenses
saben esto demasiado bien; las únicas opciones que tienen abiertas son
renunciar, o ser un día asesinados.
Como todas las ideologías, la estadounidense es "cada vez más vieja e
inservible". Durante periodos de calma (marcados con un fuerte crecimiento
económico, acompañado de lo que pasan por ser niveles aceptables de beneficios)
la presión de la clase dirigente sobre su pueblo disminuye naturalmente. Así,
de vez en cuando, el sistema tiene que infundir nuevo vigor a esa ideología
usando los métodos clásicos: un enemigo (siempre un extranjero, ya que se ha
decretado que la sociedad estadounidense es buena por definición) es designado
("el Imperio del Mal", "el Eje del Mal") lo que justificará
la movilización de todos los medios posibles con el fin de aniquilarlo. En el
pasado ese enemigo fue el comunismo; el McCarthismo
(un fenómeno que los pro-estadounidenses de hoy han olvidado ya) hizo
posible el lanzamiento de
Hegemonía y poder militar
El objetivo reconocido de la nueva estrategia
hegemónica de EEUU es prevenir la emergencia de ninguna otra potencia que pueda
ser capaz de oponer ninguna resistencia frente a los mandatos de Washington.
Para ello es necesario desmantelar países que se han convertido en demasiado
grandes de modo que (se puedan) crear un número máximo de satélites serviciales
y dispuestos a aceptar las bases de EEUU para su protección. Tal y
como han acordado los últimos tres presidentes (de EEUU), Bush-padre, Clinton y
Bush-hijo, solo un país tiene derecho a ser grande y ese es EEUU.
En este sentido, la hegemonía de EEUU depende fundamentalmente de su
desproporcionado poder militar más que de ninguna ventaja específica
de su sistema económico. Gracias a su poder, EEUU pude situarse como el
dirigente incontestado de la mafia global cuyo "puño visible"
impondrá el nuevo orden imperialista sobre aquellos que pudieran resistirse a
alinearse.
Animada por su éxito reciente, la extrema derecha controla en la actualidad los
resortes del poder en Washington. La alternativa que se ofrece está clara: o
bien se acepta la hegemonía de EEUU y el liberalismo a ultranza que
promueve -y que significa poco más que una exclusiva obsesión por hacer dinero-
o se rechazan ambos. En el primer caso, estaremos dando a Washington vía libre
para rediseñar el mundo a imagen de Texas. Solo eligiendo la segunda
opción podremos ser capaces de hacer algo para contribuir a la reconstrucción
de un mundo que sea esencialmente plural, democrático y pacífico.
Si hubiesen reaccionado en 1935 o 1937, los europeos hubieran sido capaces de
parar la locura nazi antes de que causara tanto daño. Retrasando su reacción
hasta 1939, contribuyeron a sus cientos de millones de víctimas. Es nuestra
responsabilidad actuar ahora para contener y eliminar el desafío neo-nazi de
Washington.
Notas de CSCAweb:
1. Véase: Fasano Mertens,
Federico: "De Hitler a Bush", separata de
2. Véase en CSCAweb: Carl Messineo y Mara Verheyden-Hilliard: Evaluación
crítica de la nueva 'Estrategia de Seguridad Nacional' de la Administración
Bush
3. Véase en CSCAweb : El
'Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense', la 'Doctrina Bush' y la guerra
contra Iraq