Guerras regionales y declive
del imperio de EEUU
|
Traducido por Sinfo Fernández y S. Seguí.
Revisado por Caty R. |
Introducción
Todos los ídolos del capitalismo de los tres
últimos decenios se han venido abajo. Los dogmas y lugares comunes, los
paradigmas y los diagnósticos de progreso indefinido bajo el capitalismo liberal
de mercado libre no han resistido la prueba de la realidad. Estamos viviendo el
fin de una época y los expertos de todo el mundo atestiguan el hundimiento del
sistema financiero de EEUU y del mundo entero, la falta de crédito al comercio
y la falta de financiación de la inversión. Se está perfilando una depresión
mundial en la que el paro se cierne sobre la cuarta parte de la fuerza laboral
mundial. El mayor descenso del comercio en la historia reciente –bajada del 40%
anual – define el futuro. Las quiebras inminentes de las empresas fabricantes
más grandes del mundo capitalista atormentan a los líderes políticos
occidentales. Se han desacreditado el mercado como mecanismo de asignación de
recursos y el gobierno de EEUU como líder de la economía global. (Financial
Times, 9 de marzo de 2009); y todas las suposiciones sobre la
“auto-estabilización” de los mercados son claramente falsas y obsoletas. El
rechazo a la intervención pública en el mercado y la defensa de la economía de
la oferta se han desacreditado hasta para sus incondicionales. Incluso los
círculos oficiales reconocen que la desigualdad de las rentas ha contribuido a
la quiebra económica y debe corregirse. La planificación, la propiedad pública
y las nacionalizaciones están en el orden del día, mientras que las alternativas
socialistas han llegado a ser casi respetables.
Con el inicio de la depresión se han abandonado
todos los mantras del último decenio. A medida que fallan las
estrategias de crecimiento basadas en las exportaciones, resurgen las políticas
de sustitución de importaciones. A medida que la economía mundial se desglobaliza
y se repatrían los capitales para salvar las casas matrices casi arruinadas, se
propone la propiedad pública. A medida que miles de millones de
dólares-euros-yenes en activos se destruyen y devalúan, los despidos masivos
extienden el desempleo por todas partes. El miedo, la ansiedad y la
incertidumbre acechan a los ministerios del Estado, las instancias directivas
financieras, las oficinas centrales, las fábricas y las calles.
Entramos en una época de agitación, en la que se
fracturan profundamente los fundamentos del orden político y económico mundial,
hasta el punto de que nadie puede imaginarse una restauración del orden político-económico
del pasado reciente. El futuro promete caos económico, agitación política y
empobrecimiento de las masas. De nuevo, el espectro del socialismo se cierne
sobre las ruinas de los anteriores gigantes de las finanzas. A medida que se
hunde el capitalismo de libre mercado, sus defensores ideológicos abandonan el
barco y los antiguos estribillos sobre la bondad del mercado, y proponen un
nuevo eslogan: el Estado como salvador del sistema, una propuesta incierta cuyo
único resultado será prolongar el pillaje del tesoro público y posponer la
agonía del capitalismo tal como lo hemos conocido.
Teoría de la crisis del capital: la desaparición
del experto económico
Las fallidas políticas económicas de los líderes de
la política y la economía se basan en el funcionamiento del capitalismo de
mercado. Para evitar una crítica del sistema capitalista, los tratadistas echan
la culpa a los líderes y a los expertos financieros por su incompetencia, su avaricia
y sus defectos individuales.
La charlatanería ha sustituido al análisis razonado
de las estructuras, las fuerzas materiales y la realidad objetiva que impulsan,
motivan y ofrecen incentivos a los inversores, los responsables políticos y los
banqueros. Cuando las economías capitalistas se derrumban, los dioses
enloquecen a los políticos y los articulistas, los priva de la capacidad de
razonar sobre los procesos objetivos y los envía a las tinieblas de la
especulación subjetiva.
En vez de examinar las estructuras de oportunidad
creadas por el enorme excedente de capital y los márgenes de beneficio
realmente existentes, que impulsan a los capitalistas a la actividad
financiera, nos dicen que ha sido un “fracaso
de liderazgo”. En vez de examinar el poder y la influencia de la clase
capitalista sobre el Estado, en especial en la selección de unos responsables
políticos y unos reguladores económicos que permitan maximizar sus beneficios,
nos dicen que ha habido una “falta de
comprensión” o una “ignorancia
intencionada de lo que requieren los mercados.” En vez de analizar
concretamente las clases y relaciones sociales reales –en particular las clases
capitalistas históricas que actúan en los mercados reales – los charlatanes
postulan un mercado abstracto poblado por capitalistas imaginarios
(racionales). En vez de examinar cómo el aumento de los beneficios, los
mercados en expansión, el crédito barato, el trabajador sometido y el control
sobre las políticas y los presupuestos del Estado crean la confianza de los
inversores – y cómo su ausencia destruye esta confianza –, los charlatanes
afirman que la pérdida de confianza es la causa del derrumbe económico. El
problema objetivo de la pérdida de las condiciones específicas para la
producción de beneficios, que conduce a la crisis, se convierte en una opinión
sobre esta pérdida.
La fe, la esperanza y la confianza en las economías
capitalistas proceden de unas relaciones y unas estructuras económicas que
producen beneficios. Estos estados psicológicos provienen de resultados
exitosos, es decir, de las transacciones, las inversiones, el aumento de valor
de las acciones y la multiplicación de beneficios presentes y futuros. Cuando
las inversiones fracasan, las empresas pierden dinero y quiebran, y los
perjudicados dejan de confiar en los propietarios y sus agentes; cuando
sectores económicos enteros perjudican seriamente a toda la clase de
inversores, depositarios y prestatarios, se produce una pérdida de confianza en
el sistema.
La charlatanería es el último recurso de los
ideólogos, académicos, expertos y editorialistas financieros capitalistas. Poco
dispuestos enfrentarse al desglose de los mercados capitalistas realmente
existentes, escriben y recurren a vagas utopías como los “mercados apropiados”
distorsionados por “determinados modos de pensar.” Es decir, para salvar su
fallida ideología, basada en los mercados capitalistas, se inventan un ideal
moral: el mercado y el modo de pensar capitalista apropiados, divorciada
de cualquier comportamiento real y de los imperativos y contradicciones
económicas inscritas en la lucha de clases.
Los argumentos económicos inadecuados y faltos de
rigor que impregnan los escritos de los ideólogos capitalistas están en un
plano paralelo a la quiebra del sistema social en el que se enmarcan. El
fracaso intelectual y moral de la clase capitalista y sus seguidores políticos
no son defectos personales, sino que reflejan el fracaso económico del mercado
capitalista.
La quiebra del sistema financiero de EEUU es
síntoma de un hundimiento más profundo del sistema capitalista, que tiene sus
raíces en el desarrollo dinámico del capitalismo de los tres últimos decenios.
En el sentido más amplio, la depresión mundial actual es el resultado de la
formulación clásica resumida por Karl Marx hace más de 150 años: la
contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones
de la producción existentes.
A diferencia de los teóricos que sostienen que han
sido las finanzas y el capitalismo post-industrial los que han destruido o
“des-industrializado” la economía mundial y han puesto en su lugar una especie
de capitalismo de casino, o capitalismo especulativo, es evidente que
hemos sido testigos del crecimiento a largo plazo más espectacular de la
historia del capitalismo industrial, que ha llegado a emplear más trabajadores
industriales asalariados que nunca en la historia. Impulsadas por unas tasas
crecientes de beneficios, las inversiones a gran escala y largo plazo, cada vez
mayores, han sido la fuerza motriz de la penetración del capital industrial y
conexo hasta las regiones subdesarrolladas más remotas. Los países
capitalistas, nuevos y viejos, han visto nacer y crecer imperios económicos
enormes que han derribado barreras políticas y culturales, permitiendo con ello
la incorporación y la explotación de miles de millones de trabajadores, nuevos
y viejos, en un proceso implacable. Dado que la competencia de los nuevos
países industrializados se ha intensificado, y dado también que los crecientes
beneficios han llegado a exceder la capacidad de reinvertirlos provechosamente en
los antiguos centros capitalistas, grandes masas de capital han migrado hacia
Asia, América Latina, Europa del Este y, en menor grado, a Oriente Medio y
África meridional.
Los enormes beneficios excedentarios se volcaron en
los servicios, entre otros los financieros, el sector inmobiliario, los seguros
y las grandes propiedades de tierras, urbanas y rurales.
El dinámico crecimiento de las innovaciones
tecnológicas del capitalismo encontró su expresión más clara en un mayor poder
social y político, que eclipsó a los trabajadores organizados limitando su
capacidad de negociación, y permitió multiplicar los beneficios. Con el
crecimiento de los mercados mundiales, los trabajadores pasaron a ser
considerados, simplemente, como costes de producción, no como consumidores
finales. Los salarios se estancaron, los beneficios sociales se limitaron,
recortaron o trasladaron a los trabajadores. En esta situación de crecimiento
capitalista dinámico, el Estado y sus políticas se convirtieron en un
instrumento totalmente al servicio del capital: se debilitaron las
restricciones, los controles y las reglamentaciones. Lo que se denominó neoliberalismo
abrió nuevos ámbitos a la inversión de los beneficios excedentes: se
privatizaron las empresas, la tierra, los recursos y los bancos públicos.
A medida que se intensificaba la competencia y
surgían nuevas potencias en Asia, el capital de EEUU invertía cada vez más en
actividades financieras. En los circuitos financieros se elaboraron toda una
serie de instrumentos financieros que atrajeron la riqueza y los beneficios de
los sectores productivos.
El capital de EEUU no se “des-industrializó”, sino
que se desplazó a China, Corea y otros centros de crecimiento, no a causa de la
caída de los beneficios, sino por los beneficios más altos que obtienen las
empresas fabricando en ultramar.
En China, La apertura al capitalismo proporcionó a
centenares de millones de trabajadores empleos sometidos a una brutal explotación
con salarios de subsistencia, ningún beneficio social y escaso o ningún poder
social organizado. Una nueva clase de colaboradores capitalistas asiáticos,
consolidada y fomentada por el capitalismo asiático de estado, aumentó el
volumen enorme de beneficios. Las tasas de inversión alcanzaron proporciones
desorbitadas, teniendo en cuenta las enormes desigualdades entre la clase de
los propietarios y los trabajadores asalariados. Los enormes excedentes
aumentaron, pero con una considerable limitación de la demanda interna. El
crecimiento de las exportaciones y los consumidores de ultramar se convirtieron
en la fuerza impulsora de las economías asiáticas. Los fabricantes de EEUU y
Europa invirtieron en Asia para exportar de nuevo a sus mercados interiores, lo
que desplazó la estructura del capital interno en favor del comercio y las
finanzas. Los bajos salarios pagados a los trabajadores llevaron a una gran
expansión del crédito. La actividad financiera creció en proporción a la
entrada de mercancías de los dinámicos países de reciente industrialización.
Los beneficios industriales se reinvirtieron en servicios financieros. Los
beneficios y la liquidez crecieron en proporción a la decadencia relativa del
valor real generado por el paso del capital industrial al capital
financiero-comercial.
Los superbeneficios generados por la producción, el
comercio y las finanzas mundiales, y el reciclaje en EEUU de las ganancias
obtenidas en ultramar a través de los circuitos financieros, tanto estatales
como privados, crearon una enorme liquidez. Mucho más alta que la capacidad
histórica de las economías de EEUU y Europa para absorber tales beneficios en
sectores productivos.
La explotación dinámica y voraz del enorme
excedente de mano de obra de China,
La sobreexplotación del trabajo en Asia y la
sobre-acumulación de liquidez financiera en EEUU llevaron a la ampliación de la
economía de papel y a lo que los economistas liberales llamaron luego desequilibrio
global entre los ahorradores-inversores-exportadores (en Asia) y los
consumidores-financieros-importadores (en EEUU). Los enormes excedentes
comerciales del Este se titularizaron mediante la compra de bonos del Tesoro de
EEUU. La economía estadounidense estuvo respaldada, precariamente, por una
economía de papel cada vez más inflada.
La expansión del sector financiero fue el resultado
de las altas tasas de rendimiento y se aprovechó de la economía liberalizada
impuesta por el poder del capital de inversión diversificado en los decenios
anteriores. La internacionalización del capital, su crecimiento dinámico y el
crecimiento enorme del comercio progresaron con una aceleración mayor que los
salarios estancados, los beneficios sociales decrecientes y el gran excedente
de mano de obra. Temporalmente, el capital intentó potenciar sus beneficios por
medio de la propiedad inmobiliaria inflada gracias a la ampliación del crédito,
la deuda altamente apalancada y una serie de instrumentos financieros
claramente fraudulentos (activos invisibles sin valor.) El hundimiento de esta
economía de papel dejó al descubierto un sistema financiero hipertrofiado y
forzó su desaparición. La pérdida de recursos financieros, crédito y mercados
repercutió en todas las potencias industriales orientadas a la exportación de
bienes industriales. La falta de consumo social, la debilidad del mercado
interior y las enormes desigualdades negaron a los países industrializados
cualquier tipo de mercado compensatorio para estabilizar o limitar su
deslizamiento hacia la recesión y la depresión. El crecimiento dinámico de las
fuerzas productivas basadas en la sobreexplotación del trabajo, llevado hasta
la hipertrofia de los circuitos financieros, puso en movimiento el proceso de
expulsión –feeding off– de la industria y de subordinación del proceso
de acumulación al capital altamente especulativo.
La mano de obra barata, las fuentes de beneficio,
la inversión, el crecimiento comercial y las exportaciones a escala mundial ya
no podían sostener, a la vez, el pillaje por parte del capital financiero y el
mantenimiento de un mercado para el sector industrial dinámico. Lo que se
interpretó erróneamente como una crisis financiera, o más particularmente una
crisis de la vivienda y las hipotecas, fue simplemente el pistoletazo de salida
del hundimiento de un sector financiero hipertrofiado. El sector financiero,
que en un primer momento surgió de la expansión dinámica del capitalismo
productivo, se puso más tarde contra éste. Los vínculos históricos y los lazos
globales entre la industria y el capital financiero llevaron inevitablemente a
una crisis capitalista sistémica, implícita en la contradicción entre una
empobrecida fuerza de trabajo y la concentración del capital. La depresión
mundial actual es un producto del proceso de sobreacumulación del sistema
capitalista, en el que la quiebra del sistema financiero fue el detonador pero
no el determinante estructural. Esto se demuestra por el hecho de que países
industriales como Japón y Alemania experimentaron una caída de la exportación,
la inversión y el crecimiento mayor que otros países financieros como EEUU y
Reino Unido.
El sistema capitalista en crisis destruye el
capital para purgarse de las empresas y los sectores menos eficaces y
competitivos y más endeudados, y para reconcentrar el capital mientras se
reconstruye la capacidad de acumulación, dadas las condiciones políticas
necesarias. La recomposición del capital surge del pillaje de los recursos del
Estado, es decir de los llamados rescates y otras transferencias masivas
de
La depresión mundial: un análisis de clase
Los indicadores económicos generales del auge y el
declive del sistema capitalista mundial son de escaso valor para la comprensión
de las causas, la trayectoria y el impacto de la depresión mundial. En el mejor
de los casos, describen la carnicería económica; en el peor, ofuscan a las
clases sociales dominantes y gobernantes –con sus complejas redes y transformaciones
que dirigieron la expansión y el hundimiento económico – y a las clases
trabajadoras asalariadas –que produjeron la riqueza que alimentó la fase
expansiva y ahora pagan el coste del hundimiento económico-.
Ya es una perogrullada decir que los que causaron
la crisis son también los mayores beneficiarios de la generosidad de los
gobiernos. La simple observación cotidiana de que las clases gobernantes
produjeron la crisis y la clase trabajadora está pagando la factura, con un
coste mínimo para aquéllas, es un reconocimiento de la utilidad del análisis de
clase a la hora de descifrar la realidad social que se oculta detrás de los
datos económicos generales. Tras la recesión de principios de los 70, la clase
capitalista industrial occidental consiguió asegurarse una financiación que le
permitió iniciar un período de crecimiento extenso y profundo que cubrió todo
el globo. Los capitalistas alemanes, japoneses y del Sureste Asiático
prosperaron, compitieron y colaboraron con sus homónimos de EEUU. Durante este
período, el poder social, la organización y la influencia política de la clase
trabajadora perdió importancia, tanto en términos absolutos como relativos, en
paralelo al descenso de su participación en la renta material. Las innovaciones
tecnológicas, incluida la reorganización del trabajo, compensaron las subidas
salariales con la reducción de la masa de trabajadores, y en particular de su
capacidad de ejercer presión sobre las prerrogativas de la gestión. Se
consolidó la posición estratégica capitalista en la producción y sus dueños
pudieron ejercer un control casi absoluto sobre la localización y los
movimientos del capital.
Los poderes capitalistas establecidos
–especialmente en el Reino Unido y EEUU— con grandes reservas de capital y
enfrentados a una creciente competencia por parte de los capitalistas alemanes
y japoneses, completamente recuperados, intentaron ampliar sus tasas de
rentabilidad trasladando sus inversiones de capital a las finanzas y los
servicios. Al principio, esta iniciativa estaba vinculada y dirigida a la
promoción de las ventas de sus productos manufacturados, proporcionando para
ello el crédito y la financiación para las compras de automóviles o productos
electrodomésticos. Los capitalistas industriales menos dinámicos deslocalizaron
sus fábricas de montaje hacia las regiones y países con salarios más bajos. El
resultado fue que los capitalistas industriales de EEUU tomaron más un aspecto
de financieros manteniendo su carácter industrial en la operación de sus
filiales manufactureras de ultramar y sus proveedores satélites. Al mismo
tiempo, la fabricación en países de bajos salarios y los rendimientos
financieros en el propio país hincharon los beneficios generales de la clase
capitalista. Mientras que la acumulación de capital se extendía en el país de
origen, los salarios nacionales y los costes sociales sufrían presiones a
medida que los capitalistas trasladaban los costes de la competencia a las
espaldas de los asalariados por mediación de la colaboración sindical en EEUU y
de los partidos políticos socialdemócratas en Europa. Las limitaciones
salariales, la vinculación de los salarios a la productividad de una manera
asimétrica y los pactos entre capital y trabajo aumentaron los beneficios. Los
trabajadores de EEUU recibieron compensaciones mediante importaciones
baratas de productos de consumo, producidas por los trabajadores sometidos a
salarios más bajos de los países de reciente industrialización, y mediante el
acceso al crédito fácil.
Durante la década de los 90, el pillaje occidental
de la ex URSS, con la colaboración de gangsters oligarcas locales, condujo a
una fuga masiva del capital saqueado hacia los bancos occidentales. La
transición china al capitalismo en los años 80, que se aceleró en los 90,
amplió la acumulación de beneficios industriales derivados de la explotación
intensiva de decenas de millones de asalariados con sueldos a niveles de
subsistencia. Mientras el pillaje de billones de dólares en Rusia y toda la ex
Unión Soviética hinchaba el sector financiero de Europa Occidental y EEUU, el
crecimiento masivo de miles de millones de dólares en transferencias y el
blanqueo de dinero ilegal hacia bancos de EEUU y Reino Unido contribuyó a la
hipertrofia del sector financiero. El alza de los precios del petróleo y de los
beneficios de los capitalistas rentistas añadió una nueva fuente de beneficios
y de liquidez financieros. El pillaje, las rentas y el dinero negro
proporcionaron una vasta acumulación de riqueza financiera desconectada de la
producción industrial. Por otra parte, la rápida industrialización de China y
otros países asiáticos proporcionó un gran mercado para los fabricantes
alemanes y japoneses de producto de gama alta: suministraron maquinaria y
tecnología de alta calidad a las fábricas chinas y vietnamitas.
Los capitalistas de EEUU no se des-industrializaron,
quien lo hizo fue el país. Al deslocalizar la producción a ultramar e importar
los productos acabados, y al centrarse en el crédito y financiación, la clase
capitalista de EEUU y sus miembros se volvieron diversificados y
multi-sectoriales. Multiplicaron sus beneficios e intensificaron la acumulación
de capital.
Por otra parte, los trabajadores estaban sometidos
a múltiples formas de explotación: los salarios se estancaron, los acreedores
incrementaban sus intereses y los puestos de trabajo de altos salarios y alto
nivel se transformaron en empleos de servicios con sueldos más bajos, lo que
redujo constantemente el nivel de vida de aquéllos.
El proceso básico que ha conducido a la debacle estaba
bien claro: el crecimiento dinámico de la riqueza capitalista occidental estuvo
basado, en parte, en el pillaje brutal de
El auge industrial y las restricciones de clase impuestas
a los salarios de los trabajadores socavaron la demanda nacional e
intensificaron la competencia en los mercados mundiales. La actividad
financiera especulativa, provista de una liquidez masiva, ofreció una solución
a corto plazo: los beneficios basados en la financiación de deuda. La
competencia entre prestatarios fomentó la disponibilidad de crédito barato. La
especulación inmobiliaria llegó hasta la clase trabajadora, a medida que
trabajadores asalariados sin ahorros personales o activos se aprovecharon de su
acceso a préstamos fáciles para unirse al frenesí inducido por los
especuladores, basándose en la idea de un incremento incesante del valor de las
viviendas. El inevitable hundimiento repercutió en todo el sistema y detonó la
parte inferior de la cadena especulativa. De los últimos participantes hasta
los detentores de los productos hipotecarios subprime, la crisis
ascendió hasta afectar a los bancos y las sociedades más grandes, implicados en
rescates y adquisiciones, altamente endeudados. Todos los sectores diversificados,
de la manufactura a las finanzas, la especulación comercial y de materias
primas, sufrieron las consecuencias. Toda la panoplia de capitalistas se
enfrentó a la quiebra y los exportadores industriales alemanes, japoneses y
chinos que descansaban en la explotación del trabajo fueron testigos del
hundimiento de sus mercados de exportación.
El estallido de la burbuja financiera fue resultado
de la sobreacumulación de capital industrial y del pillaje de la riqueza a
escala mundial. La sobreacumulación se arraiga en la relación capitalista más
fundamental: las contradicciones entre la propiedad privada y la producción
social, la concentración simultánea del capital y el declive de las condiciones
de vida.
Encontramos por doquier indicadores de la creciente
depresión de 2009:
Las quiebras aumentaron en un 14% en 2008 y pueden
incrementarse otro 20% en 2009 (Financial Times, 25 de febrero de 2009;
p.27);
La depreciación de los grandes bancos occidentales
ya está en torno a un billón de dólares y sigue creciendo (según el Institute
for International Financing, grupo de presión en Washington de los grupos
bancarios.) (Financial Times, 10 de marzo de 2009 p.9);
Y según el mismo Financial Times, las
pérdidas que sufren los bancos que tienen que ajustar a la baja sus inversiones
a los precios de mercado ya alcanzan los tres billones de dólares, equivalentes
al valor anual de la producción económica británica. Como se cita en el mismo
informe, el Banco Asiático de Desarrollo estima que los activos financieros a
escala mundial se han reducido en más de 50 billones de dólares, una cifra
equivalente a la producción global anual. Para 2009, EEUU tendrá un déficit
presupuestario del 12,3% de su PIB y unos déficits fiscales que pueden llevar a
la ruina de las finanzas públicas.
Los mercados mundiales experimentan una caída
vertical:
El índice Topix ha caído de
Standard & Poor de
FTSE 100 de
Hang Seng de
En el cuarto trimestre de 2008, el PIB se redujo en
un porcentaje anual del 20,8% en Corea del Sur, 12,7% en Japón, 8,2% en
Alemania, 2,9% en el Reino Unido y 3,8% en EEUU (FT, 25 de febrero de
2009; p.9);
El índice Dow Jones ha disminuido de 14.164 en
octubre de
El porcentaje de decrecimiento anual de la
producción industrial fue del 21% en Japón, el 19% en Corea del Sur, el 12% en
Alemania, el 10% en EEUU y el 9% en el Reino Unido (FT, 25 de febrero de
2009; p.9);
Se prevé que los flujos de capital privado netos
dirigidos a los países capitalistas menos desarrollados por los países
imperiales se reduzcan en un 82% y los flujos de crédito por un valor de 30.000
millones de dólares (FT, 25 de febrero de 2009; p.9);
La economía de EEUU disminuyó en un 6,2% en los
últimos tres meses de 2008 y cayó aún más en el primer trimestre de
Con más de 600.000 trabajadores que pierden mensualmente
sus empleos en los tres primeros meses de 2009 y muchos más que han visto
reducidas sus horas extraordinarias, o las verán durante 2009, el desempleo
real y camuflado puede alcanzar hasta el 25% a finales de año. Todo apunta a
una depresión profunda y prolongada:
Las ventas de automóviles de General Motors,
Chrysler y Ford se redujeron casi el 50% de
Los mercados extranjeros se están agotando a medida
que la depresión se extiende a ultramar;
En el mercado interior de EEUU, las ventas de
mercancías duraderas están disminuyendo en un 22% (BBC, 27 de febrero de 2009);
y
Las inversiones residenciales cayeron un 23,6% y la
inversión empresarial en un 19,1%, reducción liderada por un descenso del 27,8%
en bienes de equipo y programas informáticos.
La desinversión liderada por la actividad
empresarial privada es la que impulsa la depresión. Los stocks empresariales en
aumento, la inversión decreciente, las quiebras, las ejecuciones hipotecarias,
los bancos insolventes, las pérdidas masivas acumuladas, el acceso restringido
al crédito, la caída del precio de los valores y una reducción del 20% de la
riqueza de los hogares (más de 3 billones de dólares) son causa y consecuencia
de la depresión. Como resultado del hundimiento de los sectores industrial,
minero, inmobiliario y comercial, hay por lo menos 2,2 billones de dólares de
deuda bancaria tóxica en todo el mundo, mucho más que los fondos de
rescate asignados por
La depresión está disminuyendo la presencia
económica mundial de los países imperiales y además socava las estrategias de
exportación financiadas por capital extranjero en América Latina, Europa del Este,
Asia y África.
Casi todos los economistas, expertos, asesores de
inversiones, historiadores de la economía y conocedores variopintos comparten
una fe común de que, a largo plazo, el mercado de valores se recuperará, la
recesión terminará y el gobierno se retirará de la economía. Anclados en
conceptos relativos a modelos cíclicos y tendencias históricas del pasado,
estos analistas pierden de vista las actuales realidades sin precedentes: la
naturaleza mundial de la depresión económica, la velocidad sin precedente de la
caída, los niveles de deuda contraídos por los gobiernos para sostener los
bancos e industrias insolventes y los extraordinarios déficits públicos, que
absorberán recursos durante muchas generaciones.
Los profetas académicos del largo plazo
seleccionan arbitrariamente marcadores de tendencia del pasado que se
establecieron en un contexto político-económico radicalmente diferente del
actual. La charla ociosa de los economistas de la postcrisis desatiende
los parámetros abiertos y en constante variación, con lo que pasan por alto los
verdaderos marcadores de tendencia de la depresión actual. Como observa un
analista, "ninguna condición de partida que seleccionemos entre los datos
históricos disponibles puede dar una réplica exacta de las condiciones de
partida en cualquier otro momento, porque, en ambos casos, los precedentes
nunca son idénticos" (FT, 26 de febrero de 2009; p.24.) La actual
depresión estadounidense tiene lugar en el contexto de una economía
des-industrializada, un sistema financiero insolvente, con déficit fiscales
récord, déficits comerciales récord, una deuda pública sin precedentes, una
deuda exterior “multibillonaria” y más de 800.000 millones de dólares asignados
a los gastos militares de varias guerras y ocupaciones en curso.
Todas estas variables desafían los contextos en los
que tuvieron lugar las depresiones anteriores. Ninguno de dichos contextos
previos a una crisis del capitalismo se parece a la situación de hoy. La actual
configuración de estructuras económicas, políticas y sociales del capitalismo
incluye niveles astronómicos de pillaje del tesoro público con el fin de
apuntalar bancos e industrias insolventes, lo que implica un volumen de
transferencia de rentas sin precedentes de los salarios a los rentistas no
productivos, los capitalistas fallidos, los receptores de dividendos y los
acreedores. El índice y los niveles de apropiación y reducción del ahorro, los
planes de pensiones y los planes sanitarios, todo sin ninguna compensación, ha
desembocado en la más rápida y extensa reducción de las condiciones de vida y
el mayor empobrecimiento masivo en la historia reciente de EEUU.
Nunca en la historia del capitalismo ha tenido
lugar una crisis económica profunda sin que hubiera algún movimiento, partido o
estado socialista alternativo presente para plantear una alternativa. Nunca los
estados y gobiernos han estado bajo un control tan absoluto de la clase
capitalista, especialmente en la asignación de recursos públicos. Nunca en la
historia de una depresión económica se ha destinado tanto gasto público, tan
unilateralmente, a la compensación de una clase capitalista fallida ni se ha
destinado tan poco a los asalariados.
Los nombramientos y las políticas económicas del
gobierno de Obama reflejan claramente el control total de la clase capitalista
sobre los gastos del Estado y la planificación económica.
Obama y la crisis capitalista: un análisis de clase
Los programas elaborados por
En primer lugar, Obama ha asignado un billón de
dólares a la compra de activos bancarios sin valor y más del 40% de su paquete
de estímulo, 787.000 millones, irá a bancos insolventes y desgravaciones fiscales,
en vez de ir destinado al sector productivo, y todo ello con el fin de salvar a
los propietarios de acciones y bonos, mientras más de 600.000 trabajadores
pierden mensualmente sus empleos.
En segundo lugar, el gobierno de Obama destina más de
800.000 millones de dólares a la financiación de las guerras de Iraq y
Afganistán, con el fin de sostener la construcción imperial basada en el sector
militar. Esto constituye una transferencia masiva de fondos públicos de la
economía civil al sector militar, lo que obliga a decenas de miles de jóvenes
desempleados a alistarse en el ejército (Boston Globe, 1 de marzo de
2009.)
En tercer lugar, la comisión creada por Obama para
supervisar la reestructuración de la industria del automóvil estadounidense ha
apoyado los planes de la industria de cerrar docenas de fábricas, eliminar los
planes de salud financiados por las empresas en beneficio de sus jubilados y
forzar a decenas de miles de trabajadores a aceptar reducciones brutales en
atención sanitaria y pensiones. Toda la carga que implica reintegrar la
industria del automóvil, de propiedad privada, a la senda de los beneficios, se
carga sobre las espaldas de los trabajadores asalariados y retirados y las de
los contribuyentes estadounidenses.
En su conjunto, la estrategia económica del
gobierno de Obama consiste en salvar a los poseedores de acciones mediante la
asignación interminable de billones de dólares en sociedades insolventes y la
compra de deuda sin valor y activos fallidos de empresas financieras. Al mismo
tiempo, su gobierno evita realizar cualquier tipo de inversión estatal directa
en empresas productivas de propiedad estatal, que proporcionarían empleo a los
diez millones de trabajadores desempleados. Mientras que el presupuesto de
Obama dedica más del 40% a gastos militares y pago de la deuda, uno de cada
diez estadounidenses ha perdido de su hogar, el número de ciudadanos sin empleo
está llegando a porcentajes de dos cifras y el número de los que reciben bonos
de racionamiento (food stamps) para cubrir sus necesidades básicas de
alimentación se está incrementando durante 2009 en millones de personas.
El sistema de creación de empleo de Obama
canaliza miles de millones hacia las grandes empresas privadas de
telecomunicaciones, construcción, medioambientales y de la energía, en las que
la mayor parte de los fondos del gobierno va a la gestión mayor y al personal y
proporciona beneficios a los titulares de valores, mientras que una menor parte
irá a trabajadores asalariados. Por otra parte, la mayor parte de los
trabajadores desempleados en los sectores de la manufactura y los servicios no
es ni remotamente empleable en los sectores beneficiarios. Solamente una
fracción del paquete de estímulo se asignará en 2009. Su propósito e
impacto consistirá en mantener las rentas de las clases dirigentes, financiera
e industrial, y aplazar su desaparición, necesaria desde hace tiempo. Su efecto
será aumentar las desigualdades socioeconómicas entre la clase gobernante y los
trabajadores asalariados. Los incrementos fiscales en las rentas más altas se
producirán paulatinamente, pero las deudas masivas resultantes de los déficits
fiscales recaen ya sobre las espaldas de los contribuyentes asalariados.
Obama asume con todo entusiasmo y apoyo la
construcción militar del imperio, incluso en pleno déficit récord del
presupuesto y del comercio y ante una depresión de avance inexorable, lo que lo
define como un militarista sin par en historia moderna. A pesar de las promesas
en contra, el presupuesto militar para 2009-2010 excede al del gobierno de Bush
por lo menos en un 4%. El número de fuerzas militares de EEUU aumentará en
centenares de miles. El número de tropas de EEUU en Iraq seguirá estando
cercano a su cifra más alta, y aumentará en decenas de miles las destacadas en
Afganistán, por lo menos a lo largo de 2009 (a pesar de las promesas en
contra.) Los ataques estadounidenses, por tierra y aire, contra Pakistán han
aumentado en proporción geométrica. Los nombramientos de más alto rango en
materia de relaciones exteriores que ha realizado el presidente Obama en el
Departamento de Estado, el Pentágono, el Tesoro y el Consejo de Seguridad
Nacional, especialmente en todo lo que se relacione con Oriente Medio, son
sionistas predominantemente militaristas con una larga tradición de defensa de
la guerra contra Irán y con lazos estrechos con el alto mando israelí.
En resumen, las principales prioridades del
gobierno de Obama son evidentes en su asignación de recursos financieros y
materiales, en sus nombramientos de los principales responsables de políticas
económicas y exteriores, y en los términos en los que las diferentes clases
sociales se benefician o resultan perjudicadas bajo su gobierno. Las políticas
del Obama demuestran que su gobierno está totalmente comprometido con la
salvación de la clase capitalista y el imperio de EEUU. Para ello, está
dispuesto a sacrificar las necesidades inmediatas más básicas, los intereses
futuros y el nivel de vida de la gran mayoría de estadounidenses trabajadores y
propietarios de viviendas, que son los más directamente afectados por la
depresión económica nacional. Obama ha aumentado el alcance de la construcción
del imperio y ha potenciado la posición de poder de los militaristas pro Israel
en su gobierno.
La recuperación económica de Obama y sus
estrategias de escalada militar son financiera y fiscalmente incompatibles; el
coste de éstas socava el impacto de aquéllas y deja un agujero tremendo en
cualquier esfuerzo para contrarrestar el hundimiento de los servicios sociales,
el incremento de las ejecuciones hipotecarias de viviendas, las quiebras
empresariales y los despidos masivos.
Las transferencias horizontales de riqueza pública
realizadas por el gobierno de Obama en favor de la clase económica dirigente no
tienen un efecto de goteo –trickle down– sobre los empleos, el crédito y
los servicios sociales. Intentar convertir bancos insolventes en empresas
saneadas y capaces de generar crédito es una incongruencia. El dilema central
de Obama es cómo crear las condiciones para restaurar la rentabilidad a los
sectores fallidos de la economía existente en EEUU.
Su estrategia plantea varios problemas
fundamentales:
En primer lugar, la estructura económica de EEUU
que en su día generaba empleo, beneficios y crecimiento ya no existe. Se ha
desmontado en el curso del desvío de capitales hacia otros países y hacia los
instrumentos financieros y otros sectores económicos improductivos.
En segundo lugar, las políticas de estímulo
de Obama refuerzan el dominio financiero sobre la economía y canalizan gran
cantidad de recursos a este sector en vez de reequilibrar la economía en
beneficio del sector productivo. Incluso dentro de este sector productivo, los
recursos del Estado van a parar a manos de las élites capitalistas que han demostrado
su incapacidad para generar empleo sostenible, estimular la competitividad del
mercado e innovar según las preferencias e intereses de los consumidores.
En tercer lugar, la estrategia económica de Obama
de recuperación de arriba abajo malgasta la mayor parte de su impacto en
subvencionar a capitalistas fallidos en vez de aumentar los ingresos de las
rentas de la clase trabajadora, duplicando el salario mínimo y los subsidios de
desempleo, que es la única base real para aumentar la demanda y estimular la
recuperación económica. Dadas las condiciones de vida decrecientes derivadas de
la decadencia del país y la expansión del imperio de base militar, ambas
cuestiones enraizadas en el fundamento institucional del Estado, no hay
posibilidad de transformación estructural que pueda invertir las políticas de
arriba abajo, y absorber las políticas imperiales promovidas por el
gobierno de Obama.
La recuperación de la creciente depresión no reside
en poner en marcha la máquina de imprimir billones de dólares, que solamente
crea condiciones para la hiperinflación y la degradación del dólar. La causa
profunda es la sobreacumulación de capital derivada de la sobreexplotación del
trabajo, que ha conducido a aumentos de las tasas de beneficio y al hundimiento
de la demanda. La vasta disparidad entre la expansión y decadencia del consumo
de los trabajadores preparó la escena para la burbuja financiera.
El reequilibrio de la economía significa crear
demanda (no de un sector productivo privado completamente postrado o de un
sistema financiero insolvente) sino por medio de la propiedad directa del
Estado y la inversión a largo plazo y de gran envergadura en la producción de
mercancías y servicios sociales. Toda la superestructura especulativa, que
creció hasta proporciones enormes cebada por el valor creado por el trabajo, se
multiplicó en una miríada de instrumentos de papel divorciados de cualquier
valor de uso. Es preciso desmantelar toda la economía de papel para
liberar las fuerzas productivas de las trabas y los obstáculos impuestos por
los capitalistas improductivos y su entorno. Es preciso establecer un vasto
programa de reciclaje para convertir a los corredores de bolsa en ingenieros y
trabajadores productivos. La reconstrucción del mercado interior y la creación
y aplicación de innovaciones que aumenten la productividad requieren desmontar
masivamente el imperio mundial. Las onerosas e improductivas bases militares,
elementos esenciales para la construcción imperial basada en la fuerza militar,
deberían ser liquidadas y reemplazadas por redes comerciales en el extranjero,
mercados y transacciones económicas vinculadas con los productores que operan
lejos de sus mercados interiores. La inversión de la decadencia nacional
requiere el fin del imperio y la construcción de una república socialista
democrática. Para desmontar el imperio es fundamental poner fin a las alianzas
políticas con los poderes militaristas de otros países, en especial con el
estado de Israel, y desarraigar en su totalidad su configuración de poder en
nuestro país, que socava los esfuerzos para crear a una sociedad democrática
abierta que sirva los intereses de los ciudadanos estadounidenses.
Impacto regional de la crisis global
La depresión mundial tiene algunas causas comunes y
otras específicas, y se ve afectada por las interconexiones entre economías y
estructuras socioeconómicas precisas. A escala general más global, la tasa
creciente de beneficios y la sobreacumulación de capital, que condujeron al
frenesí especulativo inmobiliario y a su quiebra, afectó a la mayor parte de
los países directa o indirectamente. Al mismo tiempo, aunque todas las
economías regionales sufran las consecuencias del avance de la depresión, las
diferentes regiones se sitúan en la economía mundial de manera diferente, por
lo que los efectos varían sustancialmente.
América Latina
Con sus políticas de libre mercado en pleno
desorden y con enormes divisiones de clase que socavan cualquier recuperación
nacional, la vertiginosa caída de sus exportaciones y producción industrial
está llevando a Brasil hacia una recesión profunda a pesar de la jactancia y
las declaraciones de Wall Street y del favorito de
En enero de 2009, la producción industrial cayó un
17,2% anual. El producto interior bruto se contrajo el 3,6% en el último
trimestre de 2008 (FT, 11 de marzo de 2009). Todo indica que el
crecimiento negativo persistirá y se profundizará durante el resto de 2009. La inversión
extranjera directa y los mercados de exportación, que han sido las fuerzas
impulsoras del crecimiento en el pasado, están en recesión aguda. Las políticas
de privatización de Lula han traspasado a manos extranjeras gran parte del
sector financiero, que ha transmitido las crisis de EEUU y
Cientos de miles de trabajadores perdieron sus
empleos entre diciembre de 2008 y abril de 2009. Los cinco millones de
trabajadores rurales pobres sin tierra y los diez millones de familias que
viven con un dólar gracias a la subvención de la canasta básica del Estado
están excluidos de la demanda nacional efectiva, al igual que las decenas de
millones de trabajadores de salario mínimo que viven con 250 dólares al mes. El
poder adquisitivo de los pequeños agricultores familiares altamente endeudados
no es ningún sustituto de la demanda exterior, cada vez más pequeña.
Todos los sectores, rurales y urbanos, de la clase
capitalista congelan sus nuevas inversiones a medida que el crédito privado se
evapora, los inversores exteriores huyen y el consumo interior se encoge frente
a la profundización de la recesión. Las propuestas de Lula de desvinculación –decoupling–
y sus proyecciones de crecimiento de un 4% anual se consideran ilusiones que
sirven para encubrir el inicio de una recesión económica severa. El respaldo
ciego de Lula a la globalización y al mercado libre es un determinante central
de la profundización de la recesión en Brasil.
La reducción del crecimiento del PIB de Brasil a
tasas negativas es la pauta en toda la región. Argentina va hacia un 2%
negativo, México a menos 3% y Chile a un crecimiento cero, o menor. América
Central y el Caribe, altamente integrados en la economía de EEUU y
mundial, están experimentando con toda la fuerza la depresión mundial, con
tasas altísimas de desempleo derivadas del hundimiento del sector turístico, la
demanda decreciente de materias primas y un descenso acusado de las remesas de
sus trabajadores en el extranjero. Se producirá un incremento agudo de la
pobreza extrema, de la delincuencia y de un potencial de agitación social y
popular contra los gobiernos de derecha e izquierda en el poder.
La extensión del capital imperial por todo el
mundo, calificada de globalización por sus defensores y de imperialismo por sus
críticos, ha conducido a la rápida expansión de la crisis financiera y a la
crisis en los países más estrechamente vinculados a los circuitos financieros
de EEUU y
La depresión muestra con total claridad las trampas
de la globalización centrada en el imperio, y la ausencia notoria de cualquier
remedio para sus colaboradores en América Latina. La desintegración de la
economía global centrada en el imperio es evidente en el creciente
proteccionismo y en las subvenciones estatales de miles de millones de dólares
destinadas a apuntalar a los capitalistas de los estados imperiales en los
sectores de la banca, los seguros, el sector inmobiliario y el manufacturero.
La depresión mundial no solamente revela las fallas intrínsecas de la economía
globalizada, sino que también garantiza su liquidación en última instancia en
una multiplicidad de unidades en competencia mutua, en la que las naciones,
cada una dependiente de su propia Hacienda y sectores del Estado, confía en
salir de la creciente depresión de profundización a expensas de sus anteriores
socios. La depresión mundial está estimulando la vuelta al Estado-nación a
medida que la globalización se acelera.
Un elemento paralelo e íntimamente relacionado con
el desmoronamiento del mercado mundial es el ascenso del Estado capitalista
como pieza central de salvamento del tesoro nacional, con capacidad para exigir
un tributo exorbitante de los fondos de pensiones, de salud y salariales de
miles de millones de trabajadores, pensionistas y contribuyentes. El creciente
capitalismo de Estado en tiempos de hundimiento capitalista no sólo surge para salvar
al sistema capitalista de los fracasos capitalistas, como afirman sus
promotores. Para hacerlo utiliza la riqueza colectiva de toda la población. La nacionalización
o estatificación de bancos e industrias insolventes es la
culminación del capitalismo depredador. En vez de una explotación por parte de
las empresas individuales o incluso una explotación sectorial de los
trabajadores asalariados, es el Estado capitalista quien se aprovecha de la
clase productora de riqueza en su totalidad.
Las opciones de América Latina giran alrededor del
reconocimiento y la aceptación de que la globalización ha muerto y de que
solamente bajo control democrático popular las naciones pueden generar riqueza
y crear empleo, en vez de servir para canalizar y redistribuir recursos hacia
arriba y hacia afuera, en beneficio de la clase capitalista fallida y
arruinada.
Europa del Este y los países ex
comunistas
La conversión del comunismo en capitalismo en
Europa del Este siguió a un proceso de privatización, en muchos casos basado en
el pillaje generalizado, las apropiaciones ilegales de recursos públicos, la
caída en picado de las condiciones de vida en los países y la producción
durante la primera mitad de los años 90. Aprovechándose de la mano de obra
barata, el acceso fácil a oportunidades lucrativas en todos los sectores
económicos, capitalistas de Europa Occidental y de EEUU tomaron el control de
los sectores manufactureros, mineros, financieros y de comunicaciones. Al mismo
tiempo que las barreras entre el Este y el Oeste caían, hubo un flujo masivo de
trabajadores cualificados hacia Europa Occidental. La recuperación económica y
el crecimiento subsiguiente en Europa del Este y los países ex comunistas se
basaron en su dependencia del desarrollo de la inversión y el crédito del
capitalismo occidental, en forma de des-localización de la producción,
afluencia del capital especulativo financiero e inmobiliario, acceso a los
mercados occidentales en expansión y, especialmente, la financiación de deuda
de los gastos de consumo estimuló el crecimiento del Este. Por consiguiente, la
región recibió golpes por dos lados durante la crisis económica: un hundimiento
engendrado por una especulación interna insostenible y por el impacto de su
dependencia del capital, el crédito y los mercados de una Europa Occidental
deprimida. Las economías capitalistas de los Estados bálticos, Europa del Este
y Rusia se desmoronaron rápidamente. A medida que los mercados de crédito se
anquilosaban y la des-inversión multinacional se afincaba, las monedas locales
se devaluaron y los mercados de ultramar desaparecieron. Todo el modelo de
desarrollo dependiente basado en la desarticulación de los mercados locales y
en los flujos de capital exterior socavó los esfuerzos internos para
contrarrestar el hundimiento. Su única opción fue conseguir transfusiones
masivas de ayuda financiera del FMI y los bancos, en términos onerosos, que
limitaron las posibilidades de un plan fiscal nacional de estímulo.
Los vínculos de las regiones con los mercados
mundiales, basados en relaciones de subordinación y dependencia con los
capitalistas occidentales, propiciaron que carecieran, en primer lugar, de los
mercados interiores y el capital para amortiguar la caída y, en segundo lugar,
que al secarse los flujos de entrada de capital exterior se profundizara y
ampliara la depresión. Del Báltico a los Balcanes, de Europa del Este a Rusia,
la gran fuerza de la depresión ha producido paro de larga duración y gran
envergadura y quiebras generalizadas de las industrias, los servicios y los
bancos satélites y subsidiarios locales. Han surgido movimientos populares que
ponen en cuestión las políticas de libre mercado de los gobiernos y, en algunos
casos, rechazan el modelo capitalista dependiente de las exportaciones.
Asia: el fin de las ilusiones de desacoplamiento y
crecimiento autónomo
El crecimiento derivado de la exportación se vio
impulsado por una explotación salvaje de la mano de obra, el desmantelamiento
de inmensas áreas de servicios sociales (a saber, atención sanitaria gratuita,
pensiones, subsidios para alojamiento, alimentación y educación) y la inmensa
concentración de la riqueza en una élite diminuta de nuevos ricos
multimillonarios (Economic and Political Weekly, Mumbai, 27 de diciembre
de 2008, págs. 27-102). El crecimiento de China y del resto de Asia se basó en
la contradicción entre la expansión dinámica de las fuerzas de producción y
la creciente polarización de las relaciones de clase productivas. Las altas
tasas de beneficios llevaron a una sobreacumulación de capital –tasas altas de
inversión-, que a su vez llevó a un inmenso presupuesto y a un superávit
comercial que se derramó en los sectores financieros, en la expansión exterior
(o blanqueo de dinero) y en la especulación inmobiliaria.
El edificio económico de Asia se levantó de forma
precaria sobre las espaldas de cientos de millones de trabajadores que casi no
tenían ninguna capacidad como consumidores y sobre una creciente dependencia de
los mercados de exportación exteriores. La crisis mundial deflactó los mercados
de exportación, poniendo en evidencia la vulnerabilidad de las economías
asiáticas y originando una caída masiva del comercio y de la producción y un
crecimiento enorme del desempleo. Los esfuerzos de China y otros países
asiáticos para contrarrestar el colapso de los mercados exportadores mediante
inyecciones masivas de capital público que estimularan la liquidez financiera y
el desarrollo de infraestructuras fueron insuficientes para detener el
crecimiento del desempleo y la bancarrota de millones de empresas vinculadas
con la exportación.
La clase capitalista asiática y su élite
gubernamental son totalmente incapaces de “reestructurar” la configuración
social y económica y sustituir la demanda interna una vez derrumbado el mercado
exterior. Hacer eso implicaría llevar a cabo diversas transformaciones
profundas en la estructura de clases. Dichas transformaciones supondrían
trasladar las inversiones basadas en la alta rentabilidad hacia otras con bajo
margen productivo y en servicios sociales para los cientos de millones de
trabajadores con escasos ingresos y campesinos. Requeriría la transferencia de
capital desde el sector inmobiliario privado, los mercados de valores y las
compras de bonos en el exterior (como los bonos del Tesoro de EEUU) para
financiar una atención sanitaria universal, educación y pensiones y el
restablecimiento de la tierra para uso productivo en vez de promover la
desposesión y la especulación inmobiliaria.
Toda la dinámica de crecimiento de Asia, construida
en torno a la especulación de capital, altos beneficios y bajos salarios, está
tratando de sobrevivir a costa de empobrecer aún más la mano de obra
despidiendo masivamente a los trabajadores, de inmensos flujos de emigrantes en
sentido contrario que vuelven a los campos devastados y de un aumento del
excedente de la fuerza de trabajo. La expulsión de la mano de obra, la solución
capitalista habitual, a la que meramente se traslada, intensifica las
contradicciones incrementando el conflicto entre el capital urbano basado en el
sector financiero/industrial y los cientos de millones de trabajadores y
campesinos empobrecidos, desempleados y subempleados. Las inyecciones estatales
de capital para estimular la economía pasan a través del filtro de las élites
estatales regionales y la clase capitalista, que absorbe y utiliza el grueso de
este capital para apuntalar empresas a punto de venirse abajo, todo lo cual
apenas impacta de forma positiva en las masas de trabajadores desempleados.
La propiedad privada y el control capitalista del
Estado descartan el tipo de transformación social que puede recuperar el
crecimiento a través de la expansión de las economías internas.
La “locomotora del crecimiento inverso” china ha
socavado, necesariamente, a sus socios comerciales que dependen de las
exportaciones industriales y de materias primas a China. El colapso de la
demanda en los mercados europeos y estadounidenses está destruyendo toda la
arquitectura de las industrias exportadoras chinas. La explotación salvaje de
la mano de obra y el poder de la nueva burguesía china no proporcionan muchas
posibilidades de recuperación de la demanda doméstica desde el interior.
La recuperación económica de China depende de una
nueva transformación socialista que haga de la demanda interna masiva el motor
real de crecimiento.
Oriente Medio: Depresión y guerras regionales
La clave de la crisis y descomposición de Oriente
Medio tiene su raíz en las guerras regionales imperial-sionistas y en el
colapso de los precios de las materias primas.
Los países productores de petróleo acumularon
rentas inmensas que reciclaron en financiaciones a gran escala, compras
inmobiliarias y gastos militares dentro y fuera de la región. Los beneficios
concentrados en manos de los gobernantes absolutistas multimillonarios llevaron
a relaciones de clase tremendamente polarizadas: rentistas inmensamente ricos y
mano de obra inmigrante mal pagada limitaron el tamaño y alcance de los
mercados internos. Para superar la crisis de sobre-acumulación y descenso de
beneficios, las élites dominantes adoptaron dos estrategias que sirvieran
temporalmente para esquivar la crisis: la dependencia de la exportación a gran
escala de capital hacia cualquier lugar del mundo que produjera dividendos,
rentas e intereses, primero hacia EEUU y Europa y después hacia Asia y África.
La segunda estrategia se basó en reciclar los beneficios en proyectos de
centros inmobiliarios faraónicos, turísticos y bancarios, en los Estados del
Golfo… que crearon una enorme burbuja inmobiliaria.
El frenético boom del petróleo y de las
materias primas que se produjo entre 2004 y 2008 provocó el desmoronamiento de
las “oligarquías rentistas (o no productivas)” de Oriente Medio, acrecentando
el proceso de sobreacumulación y la sobrextensión de la deuda y la importación
de mano de obra. La consecuencia fue la aparición de una crisis económica
regional en la que los superávits comerciales y presupuestarios se vieron
reemplazados por un aumento del déficit. Las economías de Oriente Medio, al
estar estructuradas a partir de las “rentas”, no se diversificaron en ningún
momento para una economía variada centrada en la producción y en la creación de
un mercado regional dinámico a partir de las masas. Las clases rentistas
dominantes se enfrentan a una creciente masa de inmigrantes y trabajadores
internos desempleados, a la salida masiva de miles de financieros europeos expatriados,
de profesionales del sector inmobiliario y otros parásitos improductivos.
Al venirse abajo los precios, beneficios y rentas
por no beneficiarse ya del boom del petrodólar, ni ser tampoco los
poderosos banqueros y titulares de deuda, la clase dirigente del Golfo Árabe
cuenta con pocos recursos externos e internos y con escasos mercados para poder
proyectar un “programa de recuperación”.
Pero hay más, en medio de este emergente colapso económico,
el Estado militarista de Israel actúa como fuerza desestabilizadora regional
que proyecta su poder y sus ambiciones coloniales por toda la región. A través
de una de las configuraciones de poder más particulares de la historia mundial
el insignificante, desde el punto de vista económico, Estado de Israel,
actuando a través de las actividades de varias decenas de miles de partidarios
comprometidos a nivel ideológico, muy organizados y disciplinados y
estratégicamente colocados en la diáspora, controla los sectores fundamentales
del poder político en el gobierno estadounidense.
El régimen de Obama,
En la peor crisis económica desde
Un análisis cuidadoso del régimen de Obama pone de
manifiesto el alto grado de penetración sionista y proporciona una base
empírica para entender la escalada militar estadounidense en Oriente Medio, a
pesar de la catástrofica situación de la economía interna. Las cruzadas
combatientes de Israel contra los musulmanes agudizan el empobrecimiento masivo
de la población estadounidense. Nada demuestra más la fortaleza arrogante de
El poder sionista-israelí sobre la política
exterior de Obama, especialmente en los asuntos de Oriente Medio relacionados
con las ambiciones hegemónicas de Israel ya era evidente en el período anterior
a su toma del poder y en sus primeros meses como presidente. Una investigación
empírica de las acciones y posiciones del régimen de Obama muestra el poder de
la configuración del poder sionista estadounidense:
1. La bestial invasión de Gaza por Israel, en la
que masacró a más de mil civiles, la mayoría mujeres y niños, y destruyó una
inmensa proporción de la infraestructura civil, así como el brutal bloqueo para
matar de hambre a toda una población de 1,5 millones de personas y la respuesta
de EEUU, son buenos ejemplos. El régimen de Obama y todo el liderazgo del
Partido Demócrata aprobaron sin reservas la masacre y se negaron a exigir un
nivel mínimo de responsabilidades a los dirigentes militares y civiles de
Israel por sus crímenes. Se negaron a pedir el fin del criminal bloqueo israelí
por tierra y mar que impidió la entrada de alimentos básicos como el arroz y de
materiales esenciales para poder llevar a cabo cualquier reconstrucción.
El liderazgo israelí rechazó con arrogancia la
sugerencia de
2. La expansión que lleva a cabo Israel de sus
asentamientos ilegales en la ocupada Cisjordania y la masiva expropiación de
casas y propiedades en el Jerusalén Este árabe, así como la continua
destrucción de hogares, son otros tantos ejemplos. EEUU se ha limitado a
reiterar su posición acerca de la solución de los “dos Estados”. El muy leve
cuestionamiento planteado con anterioridad por Clinton con respecto a la
expansión de los asentamientos coloniales en la tierra ocupada por Israel, se
encontró con el mismo rechazo del estado judío sin que tuviera consecuencia
alguna en las relaciones entre Israel y EEUU.
3. Israel condenó la conferencia internacional
antirracista celebrada en Durban, Sudáfrica, por sus críticas al sionismo
israelí como forma brutal de racismo. Cuando un sector del régimen de Obama
propuso enviar una delegación estadounidense a la reunión preparatoria, en la
que se iba a discutir el orden del día,
4. Israel y sus seguidores estadounidenses
insistieron para que Obama nombrara a destacados sionistas como sus más
estrechos asesores y planificadores políticos en los puestos estratégicos
encargados de las negociaciones con Siria e Irán, a fin de asegurarse de que
todo lo que se lleve a cabo se ajuste a la propia posición del Estado israelí.
Con este objetivo, echaron por tierra el nombramiento del General de
5. La política israelí en Oriente Medio se centra
en dos vectores:
a) Apalancar a sus agentes para dirigir las 51
Organizaciones Estadounidenses Judías Más Importantes que configuran la
política estadounidense para destruir a los adversarios de Israel (como Irán),
proporcionando cobertura propagandística y diplomática y ayuda militar en sus
invasiones y ataques contra Siria, Líbano y la ocupada Palestina
(Cisjordania/Gaza), preparando y promoviendo sanciones económicas junto a
deliberadas acciones bélicas contra objetivos de Israel, entre los que figuran
Irán, Hamás, Hezbolá, Sudán y Somalia.
b) Dividir y conquistar a sus adversarios a través
de negociaciones y regateos diplomáticos. En los últimos años Israel, con el
apoyo de EEUU, ha dividido con éxito a libaneses (la élite de Beirut frente a
Hezbolá), a palestinos (
El gobierno israelí, incapaz de precipitar un
ataque aéreo estadounidense contra Irán ni de conseguir su colaboración para un
primer ataque, de forma directa y también a través de sus partidarios en EEUU,
ha promovido una nueva política en busca de la ruptura de la alianza entre Irán
y Siria. El régimen Clinton-Obama, siguiendo las directrices de Israel, ha
llevado a cabo conversaciones con Damasco. El objetivo de los negociadores
estadounidenses es ofrecer un mayor reconocimiento diplomático y concesiones
económicas a Siria a cambio de que ésta rompa con Irán, con Hezbolá y con
Hamás. Para asegurarse de que se defiendan los intereses israelíes y de que no
haya concesiones territoriales (como la ilegal ocupación colonial israelí de
territorio sirio en los Altos del Golán), el régimen de Obama ha nombrado a dos
importantes sionistas estadounidenses, Feltman y Saphiro, para que dirijan las
“negociaciones”. La táctica diplomática hacia Siria que Israel ha venido
desarrollando de forma intermitente y “secreta”, ahora asumida por su protegida
estadounidense,
6. El aspecto fundamental, a escala más sostenida,
de la campaña militar, política y mediática en la que están implicadas todas las
organizaciones judías importantes, lobbies sionistas, frentes, legisladores y
altos funcionarios del gobierno, ha sido y sigue siendo el debilitamiento y la
destrucción de Irán. La oposición a la política de confrontación de
a) Justo después del 11 de septiembre de 2001, Irán
apoyó el ataque estadounidense contra los talibanes y desempeñó un papel
importante en la estabilización de la mitad oriental de Afganistán,
especialmente de Herat; apoyó el derrocamiento de Saddam Hussein, aunque se
opuso a cualquier ocupación militar a largo plazo de EEUU en Iraq. Influyentes
agentes sionistas, de dentro y fuera del régimen de Bush, rechazaron y
bloquearon con toda eficacia cualquier consideración por parte de Washington de
la oferta de Irán sobre un acuerdo mutuo de seguridad. A pesar de las
declaraciones de algunos elementos del alto mando del ejército estadounidense
que reconocían el importante papel de Irán al facilitar las invasiones
estadounidenses de Afganistán e Irán, no se ofreció ni una concesión recíproca
a Irán. En vez de hacerlo, todo el “estado” sionista dentro del Estado de EEUU
lanzó una serie de medidas de castigo, haciéndose eco de la hostilidad israelí
hacia Irán, que incluían el establecimiento y entrenamiento de escuadrones de
la muerte a través de la frontera para asesinar a funcionarios iraníes, tanto
en las fronteras iraquí como afgana-pakistaní. Israel pidió sanciones más
duras: el AIPAC elaboró la legislación para implementar sanciones severas y sus
títeres en el Congreso firmaron en comandita y aseguraron la aprobación de
b) Dieciséis agencias de inteligencia
estadounidenses publicaron un informe en noviembre de 2007 con unas
Estimaciones de Inteligencia Nacional sobre Irán, que cuidadosa y sistemáticamente
rechazaban las acusaciones israelíes y sionistas contra el programa de energía
nuclear de Irán. El informe descartaba absolutamente cualquier acusación de que
actualmente Irán estuviera desarrollando armas nucleares, y mucho menos en fase
avanzada…. En respuesta a la “herejía” del establishment de la
inteligencia estadounidense,
c) El régimen de Obama, enfrentado a una guerra de
contrainsurgencia fracasada en Afganistán, se ha vuelto hacia Irán, una vez
más, en busca de apoyo. El lobby, para asegurarse de que no se produzca ninguna
negociación significativa que lleve a concesiones recíprocas, se aseguró el
nombramiento del fanático pro Israel Dennis Ross para encabezar el equipo. En
el verano de 2007, Ross fue el coautor de un extraordinario informe “político”
sobre Irán que abogaba por sanciones más duras, incluyendo un bloqueo naval
total, una escalada del embargo aéreo y terrestre y un inevitable ataque
militar. Bajo la tutela sionista, Obama amplió las duras sanciones económicas
contra Irán en febrero de 2009, logrando que Teherán no tomase en serio su muy
publicitada oferta de marzo de 2009 de abrir un nuevo capítulo en las relaciones
irano-estadounidenses (Financial Times, 23 de marzo de 2009). Cualquier
pro-forma que pudiera producirse (si es que se produce alguna) entre EEUU e
Irán será automáticamente transmitida, filtrada, censurada y sometida a la
aprobación final de Israel.
7. Israel, sus políticos estadounidenses y sus
partidarios en el Congreso han estado a la vanguardia de la feroz propaganda
antimusulmana y antiárabe de la agresión “diplomática” y militar. El régimen de
Obama refleja su omnipresente influencia. A pesar del fracaso de la guerra de
Afganistán y de la creciente oposición masiva en la región, a pesar de la
catastrófica crisis interna, Obama ha aumentado el presupuesto militar, ha
incrementado el número de tropas estadounidenses (sin ningún apoyo europeo) y
ha ampliado la guerra al territorio pakistaní, bombardeando a diario los
pueblos pastunes antiestadounidenses en Pakistán.
8. Israel está desahuciando a la fuerza de
Jerusalén a miles de palestinos, que residen allí desde hace muchas
generaciones, en su empeño por judaizar, limpiar étnicamente y anexionarse toda
la ciudad, en oposición a las demandas de
9. En su intento de controlar totalmente todos los
posibles o potenciales nombramientos que puedan afianzar las posiciones de
Israel,
La cultura de la calumnia y la degradación de los
valores democráticos
La exitosa purga del nombramiento de Charles
Freeman como presidente del Consejo Nacional de Inteligencia por parte de
Como ocurre casi siempre, cuando en EEUU se plantea
alguna cuestión o nombramiento político de interés para el estado de Israel, el
AIPAC toma la iniciativa. En el caso de la purga de Freeman, cuando el director
de
El profundo, insidioso, autoritario y partidista
carácter del liderazgo sionista en el Congreso puesto en evidencia con la purga
de Charles Freeman es consistente con el apoyo de Lieberman y Schumer para que
se nombre a Michael Hayden director de
Lo que más sorprende en la purga de Freeman
emprendida por los sionistas del Congreso es el hecho de que sus dirigentes
afirmaran abiertamente que se habían “cargado” su nombramiento para sofocar
cualquier crítica a la política israelí. El senador por Nueva York Schumer
dijo: “Charles Freeman era el chico equivocado para este puesto. Sus
declaraciones contra Israel superaban todo lo aceptable e iba contra corriente
en la administración. Insté repetidamente a
El poder y la arrogancia de
“Los libelos contra mí y su
fácilmente rastreable huella de emails demuestran de forma terminante
que hay un lobby poderoso determinado a impedir cualquier punto de vista que no
sea el suyo propio”.
“Las tácticas del lobby israelí
llegan hasta las más profundas simas del deshonor y la indecencia e incluyen la
difamación, la intencionada manipulación de los archivos, la fabricación de
falsedades y un absoluto desprecio por la verdad”. (Citado en Al
Yasira, 10 de marzo de 2009).
Al purgar a Freeman,
El poder de
Las “negociaciones” con Irán, Siria y Palestina,
según las formuló Obama a partir de sus nombramientos sionistas y de las
condiciones que éstos exigen, no tienen futuro: Se han convertido
automáticamente en unos tinglados que llevan a una confrontación militar, a una
escalada de las sanciones y a consentir los robos de tierra de Israel. El
resultado es el aumento de la tensión y de los gastos militares masivos
continuados del régimen de Obama en una época de catastrófica recesión
económica. La aparente irracionalidad de dedicar los escasos recursos
económicos a guerras sin fin y confrontaciones militares en las no hay
intereses de seguridad estadounidenses en juego, sólo puede explicarse por los
intereses militaristas del Estado de Israel y el poder de sus partidarios en
EEUU para imponer su definición de “seguridad” sobre el gobierno
estadounidense.
Para probar empíricamente nuestra hipótesis sobre
el alcance y profundidad de la influencia de
Sionistas en el poder
La “coincidencia” o correlación entre las ilegales
políticas militaristas de Israel y la aprobación y conformidad del régimen de
Obama, aunque esto implique sacrificar promesas electorales, intereses
securitarios y económicos a nivel nacional y la opinión pública mundial, puede
explicarse en gran medida por el nombramiento de veteranos partidarios de Ante
todo, Israel para puestos decisivos de política exterior y asesoría. En el
mismo centro del régimen de Obama, en la posición más influyente a la hora de
elaborar políticas tenemos a David Axelrod, el principal asesor del presidente,
a quien el New York Times describió recientemente como: “Tiene más peso
que ningún otro en la nómina del presidente… Muy pocas de las palabras que
salgan de la boca del presidente no contarán con la bendición de Axelrod.
Revisa todos los discursos, estudia todas y cada una de las posiciones y
trabajos políticos de importancia… para preparar las respuestas a la crisis
actual”. (New York Times, 9 de marzo de 2009). El amigo y compañero
sionista más antiguo de Axelrod, el Jefe del Gabinete de
Con el consejo y consentimiento del principal
asesor económico sionista, Laurence Summers, el régimen de Obama designó al
compañero sionista y ex compinche clintoniano David Cohen para el puesto más
importante en la tarea de controlar la “financiación terrorista” (Financial
Times, 9 de marzo de 2009, pág. 2). Cohen estará en posición de desempeñar
varias tareas fundamentales para el Estado israelí, incluyendo las de perseguir
a todas y cada una de las instituciones de beneficencia musulmanas y
organizaciones humanitarias palestinas y presionar sobre los fondos de
inversión, de exportación y financieros estadounidenses y exteriores para que
retiren sus inversiones de los países musulmanes y árabes críticos con Israel.
Se puede esperar que presione de forma agresiva a los bancos y exportadores
asiáticos y europeos para que pongan fin a su comercio e inversiones en Irán.
Aunque sobre el papel es un “nombramiento secundario”, en realidad Cohen jugará
un papel clave a la hora de promover las sanciones económicas israelo-sionistas
de línea dura contra Irán y de mantener el bloqueo contra Gaza. El director de
la agencia de no proliferación nuclear de Obama es Gary Samore, quien
estableció claramente sus credenciales como partidario de Ante Todo, Israel
en un discurso ofrecido en Israel el 18 de diciembre de 2008, cuando declaró
que estaba a favor de bombardear Irán si no se conseguía cerrar su programa de
enriquecimiento de uranio, un programa que es legal bajo el Tratado de No
Proliferación Internacional (Financial Times, 24 de febrero de 2009,
pág. 9). El 24 de febrero de 2009, el régimen de Obama nombró a Dennis Ross
como asesor especial de Hillary Clinton para la región del Golfo. Ross es uno
de los altos operativos de Israel en el establishment político de
Washington con largo historial de relaciones de trabajo con institutos
políticos estadounidenses e israelíes con vínculos con el establishment
de la política exterior, la inteligencia y el ejército israelíes. En noviembre
de 2008, Ross firmó un documento defendiendo un ataque militar contra Irán.
Ross, como enviado del presidente Clinton en las negociaciones entre Israel y
Palestina, contribuyó a que éstas se rompieran al asumir las posiciones no
negociables de Israel y difamar a Yaser Arafat calificándole de “escollo”.
La profunda y extensa penetración de
El poder de
Con los sionistas en el poder, significa que el
imperio de EEUU proseguirá enérgica y agresivamente los enfrentamientos
militares y las guerras regionales en Oriente Medio a instancias de Israel.
S. Seguí pertenece a los
colectivos Tlaxcala, Rebelión y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir
libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a los
traductores y la fuente.