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Grietas en el bloque occidental La crisis financiera y económica
de 2008 está modificando el mapamundi. Al sacudón inicial sucede un lento
pero persistente reacomodo del tablero global, que muestra un serio deterioro
del poder de la otrora única superpotencia. Turquía, Alemania, Japón y Brasil
toman distancias, y comienzan a tejer nuevas alianzas. Las ondas concéntricas que formó la crisis con
epicentro en Estados Unidos, van alcanzando, con diferente intensidad, a cada
región. En algunos casos se trata apenas de pequeñas olas -como se jactara un
año atrás el presidente de Brasil- pero en otros esas ondas tienen la
potencia de fuertes marejadas, capaces de destruir viejas alianzas y abrir el
juego a nuevos actores. La década que recién comienza promete grandes
cambios, algunos de los cuales ya se avizoran. El caso más notable, y en el que todos los
observadores coinciden, es el vigoroso ascenso
de China como única potencia capaz de desplazar a los Estados Unidos. A
la vez se suceden otros cambios menos visibles, no tan contundentes, pero que
representan cargas de profundidad al sistema de alianzas en el que se asentó
la hegemonía occidental en el último medio siglo, o sea desde que en 1945
finalizó la Segunda Guerra Mundial. Alemania
profundiza su alejamiento de Washington y se acerca a Rusia; Turquía hace lo mismo, pero también se aleja de Israel, y se aproxima
a Siria e Irán; Japón entra en
colisión con la política militar del Pentágono y tiende la mano a China.
Más aún: sectores de la Unión Europea piden el ingreso de Rusia a la OTAN y Brasil ya tiene un verdadero conflicto
con la Casa Blanca. Según todos los datos, esto es apenas el comienzo de
un profundo reajuste que no dejará nada en su lugar. Un ejemplo: el reciente
ataque especulativo de los (fondos de seguro) hedge funds al euro ha
provocado una creciente desconfianza de los europeos hacia Wall Street, al
punto que Alemania y Francia se
plantean crear el Fondo Monetario Europeo. Turquía despierta Durante la guerra fría Turquía fue el principal
aliado de occidente en Medio Oriente (junto a Israel), cuya misión asignada y
aceptada consistía en contener a la Unión Soviética. La presencia militar
estadounidense en Turquía siempre fue un elemento considerado estratégico por
el Pentágono. Este papel comenzó un lento deshielo desde que en el 1989 se
derrumbó la Unión Soviética y desaparecieron así las amenazas provenientes
del este que mantuvieron al país amarrado a Washington. En los últimos meses este proceso se aceleró al
punto de constituir “la
más profunda revisión efectuada por Ankara desde su entrada a la otan en 1952”*. El ataque israelí a la Franja de Gaza en
diciembre de 2008 fue, según el geab,
el acontecimiento que aceleró el cambio de orientación turco. Luego vino la
decisión de revocar la autorización a la aviación israelí para realizar
entrenamientos en el espacio aéreo turco. En octubre de 2009 Ankara rechazó
la participación de Israel en maniobras de la otan y anunció la realización de maniobras conjuntas con
Siria. Si lo anterior significa un cambio a contramano
de lo que Estados Unidos espera de un aliado, las cosas fueron más lejos
cuando el primer ministro turco, Recep
Erdogan, se definió públicamente como amigo del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, sellando la
negativa a acompañar las sanciones a Irán por su programa nuclear. Las crecientes dificultades para el ingreso de
Turquía en la Unión Europea es otro punto de fricción con los países
occidentales. Las condiciones de la ue
para aceptar la adhesión han sido mal recibidas en Turquía, tanto por el
gobierno como por una opinión pública sensible a cualquier intromisión
foránea, ya que se va abriendo paso la percepción de que son rechazados por
los europeos. El último conflicto se desató a comienzos de
marzo cuando la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de
Representantes aprobó una declaración que califica de “genocidio“ las masacres de armenios
durante el Imperio Otomano. La resolución irritó al gobierno turco porque, en
su opinión, demuestra que el gobierno estadounidense “no insistió suficientemente“ en sus esfuerzos para impedir
su adopción. El ministro de Relaciones Exteriores turco, Ahmet
Davutoglu, agregó que su gobierno estaba “sumamente afectado“ (afp, 5 de marzo). Los armenios presionan en Estados Unidos
para que sean reconocidas como “genocidio“
las masacres y deportaciones en las que más de un millón y medio de armenios
perdieron la vida entre 1915 y 1917. Por su parte, Turquía reconoce la muerte
de Este viraje de Turquía fuera del campo occidental
sucede mientras gobierna un partido religioso, el akp, y se debilita el poder de los militares, que siempre
fueron el sector más pro-occidental del país. En febrero fueron detenidos 67
altos mandos militares, de los cuales 31 han sido enviados a prisión
provisional, acusados de haber tramado un golpe de Estado en 2003, un año
después de que fuera elegido el actual gobierno. Alemania y Japón A fines de febrero el ministro alemán de
Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, pidió a Estados Unidos que retire las armas nucleares que mantiene en ese
país (Der Spiegel, 25 de febrero). El ministro alemán siguió los
pasos de Noruega, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, que enviaron una misiva el
secretario general de la otan,
Anders Fogh Rasmusssen, para que la
próxima conferencia del organismo discuta la desnuclearización de Europa.
Alemania alberga 20 de los 200 misiles nucleares
que el Pentágono tiene estacionados en Europa. Aunque Westerwelle viene
solicitando desde hace algunos meses una medida de ese tipo, algunos
analistas estiman que trata de utilizar el tema para sintonizar con una
opinión pública que desde hace años rechaza las armas nucleares y exige vehementemente
su retirada. Sea como fuere, hay dos hechos incontrastables: Alemania
consolida su autonomía de Estados Unidos, algo que viene aconteciendo desde
que el canciller Willy Brandt lanzó a comienzos de la década de 1970 la Ostpolitik
para afianzar relaciones pacíficas con la Unión Soviética. Esa autonomía fue más visible aún cuando
Alemania, Francia y Rusia se negaron a acompañar en el Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas a Estados Unidos en su escalada para invadir Irak, en 2003.
El segundo, es la dura reacción de Washington. Una vez más correspondió a la
señora Clinton llamar las cosas por su nombre: “Este mundo peligroso aún
necesita la disuasión“, dijo, y pidió que “no haya ninguna medida
precipitada que la socave“. Un paso más lo están dando Alemania y Francia
(ambos con gobiernos conservadores) al proponer a la Comisión Europea la creación de un Fondo Monetario Europeo,
como reacción ante el feroz ataque especulativo de Wall Street contra Grecia
y España (Le Monde, 8 de marzo). Fue el ministro de Finanzas alemán,
Wolfgang Schäuble quien vinculó el tema a al estabilidad del euro, aclarando
de modo muy significativo que “la zona del euro es capaz de solucionar sus problemas
por sí sola“, rechazando la
intervención del fmi. El contencioso entre Estados Unidos y Japón es
más reciente pero puede afectar toda la arquitectura de la superpotencia en
el Pacífico. El 31 de marzo el Partido Demócrata desplazó al Partido Liberal
por vez primera en 55 años. Washington perdió un aliado, algo que fue visible
cuando el nuevo primer ministro, Yukio Hatoyama, encaró de forma diferente el
viejo litigio sobre las bases estadounidenses en Okinawa. Hasta ese momento se venía negociando un acuerdo
por el que se pudieran transferir parte de las tropas estacionadas en la isla
de Okinawa a Guam, y reubicar la base en otra zona de la misma isla. Sin
embargo el gobierno de Hatoyama pide,
sin vueltas, que todas las tropas se
retiren. El contencioso se fue agriando cuando salieron a la luz, esta
última semana, datos que revelan que el
Partido Liberal y Estados Unidos tenían pactos secretos que violaban las
leyes japonesas y engañaron a la opinión pública. En efecto, la Constitución nipona establece -
como consecuencia de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki- los principios de no poseer, no producir y
no permitir armas nucleares. Una comisión especial del Ministerio de
Relaciones Exteriores acaba de difundir que hubo acuerdos para que, por
ejemplo, los barcos estadounidenses con armamento nuclear pudieran entrar en
puertos japoneses, ya que en los años 60 y 70 el gobierno mantuvo un programa
nuclear secreto con Estados Unidos que le permitía a ese país trasladar
armamento atómico por el territorio nacional sin necesidad de una consulta
previa. Lo grave es que esos acuerdos fueron negados
durante décadas por los gobiernos pro-estadounidenses. La revelación de estos
documentos, “puede tensar aún más las
degradadas relaciones bilaterales con Estados Unidos“ (La Vanguardia, 10 de
marzo). La señora Clinton se mostró molesta con Japón y dijo que su país no
está dispuesto a modificar los acuerdos militares. Para empeorar las cosas,
Hatoyama hizo un llamado para la creación de la Comunidad de Asia Oriental,
incluyendo a China, Corea del Sur y Japón, pero sin Estados Unidos. Sin duda
habrá marchas atrás y al costado, pero parece evidente que Japón ya no
volverá a ser un fiel e incondicional aliado del Pentágono en la región más
caliente del planeta. Immanuel Wallerstein evalúa los pasos dados por
alemanes y japoneses: “Mientras Alemania y Francia se acercan a Rusia, y Japón y Corea del Sur se
acercan más a China, Estados Unidos ya no puede contar, de ningún modo,
con las dos rocas sólidas sobre las cuales construyó su estrategia
geopolítica como potencia (alguna vez hegemónica) del sistema-mundial“ (La Jornada, 10 de
enero). Brasil ahonda la crisis La profundidad de la crisis en curso debilita el
papel de Estados Unidos en el mundo, a tal punto que toda la red de alianzas
tejida desde 1945 está haciendo ruido. Los crujidos se escuchan en los rincones más
inesperados del planeta, y aunque no tienen la envergadura de los tres casos
detallados arriba, merecen un seguimiento para confirmar un crecimiento de la
tensión en las relaciones internacionales. Cuatro sucesos recientes confirman
que vivimos en un mundo más inestable. La reciente visita del vicepresidente Joe Biden a Israel muestra un distanciamiento sin precedentes entre
ambos aliados. Biden viajó para entrevistarse con Benjamín Netanyahu y convencerlo
de instalar una mesa de negociaciones con los palestinos, ya que Barack Obama
considera que la resolución del conflicto en Medio Oriente es la pieza calve
en su objetivo de mejorar las relaciones con el mundo árabe. Pero Biden fue
recibido con la noticia de la construcción de 1.600 nuevas viviendas en
Jerusalén Este. En contraste, Lula consiguió impactar en su reciente visita a Israel, cuando no
sólo se mantuvo firme en su condena a cualquier ataque contra Irán sino que se
mostró como posible “puente” en el conflicto como señala Pepe Escobar (Asia
Times, 18 de marzo). Pese a que Biden y Netanyahu son amigos desde
hace dos décadas, la Casa Blanca consideró la noticia como una ofensa, al
punto que Obama lo tomó como un insulto personal. La pequeña venganza de
Biden fue llegar una hora y media tarde a la cena con el primer ministro
israelí. Es improbable que las cosas vayan más lejos, en vistas de la
potencia del lobby judío en Estados Unidos, pero en el Congreso no son
pocos los que creen que ha llegado la hora de iniciar un “procedimiento de castigo“ contra Israel (El País,
12 de marzo). El 8 de marzo cuatro importante personalidades
alemanas publicaron una carta abierta en varios medios exigiendo el ingreso de Rusia en la OTAN. Se
trata de Rühe Volker[1],
ministro de Defensa de Estiman que la
otan necesita a Rusia para
resolver los problemas en Afganistán y Oriente Medio y para garantizar la
seguridad energética (Der Spiegel, 8 de marzo). Este posicionamiento
colectivo refuerza la percepción de la dirección que están tomando los
intereses alemanes y, por añadidura, franceses. Las
relaciones entre China y Estados Unidos no dejan de deteriorarse por motivos militares,
económicos y políticos. Luego del cuestionado encuentro entre Obama y el
Dalai Lama, Washington anunció la venta de un paquete de armas a Taiwán
valorado en 6.400 millones de dólares mientras Beijing anunciaba represalias
a las empresas involucradas. En todo caso, lo más significativo es un viraje en la política china de compra
de bonos del Tesoro estadounidense, que se traduce en la venta 45.000
millones de dólares de esos títulos en los últimos cinco meses. Diario del Pueblo, órgano del partido
Comunista, fue muy claro en su edición del 24 de febrero. “La cuantiosa deuda y el
déficit presupuestario del gobierno estadounidense, sólo pueden controlarse
con la emisión de dólares, lo que llevaría a la devaluación de los activos
denominados en esa moneda“. Hasta fines de 2009 China era el principal tenedor de bonos
estadounidenses, lugar que ahora ocupa Japón. El periódico estima que con una
deuda del 90% del pib y un
déficit fiscal cercano al 11 por ciento del pib,
los inversores están “secuestrados“ por el dólar. Para romper esa situación, “China debe acelerar el
tránsito hacia la internacionalización de al moneda china, el renminbi,
reducir su demanda de dólares y el coeficiente de dólares en sus superávits
de pago, para aliviar así la creciente presión económica derivada de la
influencia que ejerce el desequilibro externo del país“. Por último, las relaciones entre la Casa Blanca y
Brasil se vienen deteriorando mes a mes, como lo atestigua la reciente visita
de la señora Clinton al presidente Lula. Los puntos en disputa son muy variados y algunos
han estado en el tapete en los últimos meses: las sanciones a Irán, la
reconstrucción de Haití, la democracia en Honduras, las bases en Colombia y
la disputa comercial. Lula fue muy claro y dijo que imponer sanciones a Irán
puede ser perjudicial para el diálogo con ese país y a la vez defendió el
derecho de cualquier país de enriquecer uranio al 20 por ciento como autoriza
el Tratado de No Proliferación Nuclear. En todo caso, fue uno de los temas
más espinosos en la agenda. El otro es la decisión de Brasil de aplicar
sanciones comerciales a Estados Unidos por 560 millones de dólares, por
subvenciones a sus productores de algodón. El canciller Celso Amorim dijo que
Brasil prefiere no ingresar en la vía del contencioso legal, pero que el país
“no se va a doblar“ ante naciones más fuertes. Pero
el mensaje va mucho más allá: Estados Unidos no está en condiciones de
imponer su voluntad en la región, que alguna vez fue su patio trasero. * “El despertar de Turquía: la progresiva salida del
campo occidental”, GEAB No. 39, del Laboratorio europeo de
Anticipación Política, 17 de noviembre d 2009. - Raúl Zibechi, periodista uruguayo,
es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina,
y asesor de varios colectivos sociales. http://alainet.org/active/36840〈=es |