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Estructuras para el control y dominación La NED, vitrina
legal de la CIA por Thierry
Meyssan* 11 DE OCTUBRE DE
2010 Desde Moscú
(Rusia) Desde hace 30 años, la National Endowment for Democracy (NED)
se encarga de la parte legal de las operaciones ilegales de la CIA. Sin
despertar sospechas, ha venido creando una extensa red mundial de corrupción,
comprando sindicatos tanto obreros como patronales así como partidos
políticos de izquierda y de derecha para que defiendan los intereses de
Estados Unidos en vez de los intereses de sus propios miembros. Thierry
Meyssan describe en este trabajo la envergadura de ese dispositivo.
Otros Estados que también siguieron una política similar
han sido igualmente calificados por la prensa internacional como
«dictaduras». El gobierno de Estados Unidos dice trabajar a favor de
«la promoción de la democracia a través del mundo». Su posición es que el
Congreso estadounidense puede subvencionar la NED y que la NED puede a su
vez, de manera independiente, ayudar directa o indirectamente a asociaciones,
partidos políticos o sindicatos en cualquier país del mundo. Al ser, como su
nombre lo indica, «no gubernamentales», las ONGs pueden emprender iniciativas
políticas que las embajadas no pueden asumir sin violar la soberanía de los
Estados que las acogen. Esa es precisamente la cuestión. ¿La NED y la red de ONGs financiadas a través de ese
órgano son acaso iniciativas de la sociedad civil injustamente reprimidas por
el Kremlin o son en realidad pantallas de los servicios de inteligencia
estadounidenses, sorprendidos en flagrante delito de injerencia? Para responder esa interrogante nos remontaremos al origen
de la National Endowment for Democracy y escrutaremos su funcionamiento. Para
ello debemos analizar, primero que todo, lo que significa el proyecto oficial
estadounidense de «exportación de la democracia». ¿Qué tipo de democracia?
Para los estadounidenses, esa ingenua creencia implica
como una verdad que no necesita demostración que su país es una democracia
ejemplar y que ellos tienen el deber mesiánico de extenderla al resto del
mundo. San Mateo predicaba que la propagación de la fe debía lograrse sólo
mediante el ejemplo de una vida honesta, pero los padres fundadores de
Estados Unidos veían el acto de encender su fuego y de propagarlo como un
cambio de régimen. Los puritanos ingleses decapitaron a Carlos I de
Inglaterra antes de huir hacia Holanda y América. Posteriormente, los
patriotas del Nuevo Mundo rechazaron la autoridad del rey Jorge III de
Inglaterra y proclamaron la independencia de los Estados Unidos. Imbuidos de esa mitología nacional, los estadounidense
no ven la política exterior de su propio gobierno como un imperialismo.
Consideran que derrocar un gobierno es perfectamente válido si ese gobierno ambiciona
encarnar un modelo diferente del estadounidense, lo cual lo convierte en un
gobierno maléfico. Al mismo tiempo, están convencidos de que, debido a la
misión mesiánica de la que están investidos, han logrado imponer la
democracia por la fuerza en los países que han ocupado. En las escuelas de Estados Unidos se enseña que los
soldados estadounidenses llevaron la democracia a Alemania. Ignoran que los
hechos históricos demuestran exactamente lo contrario: el gobierno
estadounidense ayudó a Hitler a derrocar la República de Weimar y a instaurar
un régimen militar para acabar con la Unión Soviética. Esa ideología irracional les impide cuestionar la
naturaleza de sus propias instituciones y lo absurdo del concepto mismo de
«democracia forzosa». Sin embargo, según la fórmula del presidente Abraham
Lincoln, «la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». Visto desde ese punto de vista, Estados Unidos no es una
democracia sino un sistema híbrido en el que el poder ejecutivo está en manos
de una oligarquía mientras que el pueblo limita la arbitrariedad [de esa
oligarquía] a través de los contrapoderes legislativo y judicial. En efecto, el pueblo elige a los miembros del Congreso y
a algunos jueces pero son los Estados miembros de la federación los que
eligen el poder ejecutivo, que a su vez designa a los altos magistrados. Si
bien los ciudadanos están llamados a pronunciarse sobre la elección del presidente,
el voto de la ciudadanía no es más que una consulta, como hubo de recordarlo
la Corte Suprema a raíz de la elección presidencial del año 2000, al
pronunciarse sobre el caso Gore vs. Bush. La Constitución de los Estados
Unidos no reconoce la soberanía del pueblo ya que el poder se comparte entre
el pueblo y los Estados que componen la federación, o sea los notables
locales. Es importante observar aquí, dicho sea de paso, que la
Constitución de la Federación Rusa sí tiene un carácter democrático por lo
menos en el papel ya que estipula: «El depositario de la soberanía y única
fuente del poder en la Federación Rusa es su pueblo multinacional» (Título I,
Capítulo 1, artículo 3). En base a ese contexto intelectual, los
estadounidenses apoyan a su gobierno en su afirmación de que quiere «exportar
la democracia» cuando su propio país no es una democracia, ni siquiera a la
luz de su propia Constitución. Resulta difícil entender cómo podrían exportar
lo que no tienen ni quieren tener en su propio país. Durante los 30 últimos años, la NED ha sido portadora de
esa contradicción, que se ha concretado en la desestabilización de numerosos
Estados. Miles de crédulos militantes de ONGs han violado la soberanía de los
pueblos con la beatífica sonrisa de quien tiene la conciencia tranquila. Una Fundación pluralista e
independiente
Basándose en ese consenso de lucha contra la tiranía,
una comisión bipartidista de reflexión aconsejó a Washington la creación de
la Fundación Nacional para la Democracia (NED), que sería instituida por el
Congreso estadounidense en noviembre de 1983 y de inmediato recibiría
financiamiento. La NED subvenciona cuatro estructuras autónomas que se
encargan de redistribuir en el exterior el dinero del que disponen entre
asociaciones, sindicatos obreros y patronales así como partidos de derecha y
de izquierda. Esas cuatro estructuras autónomas son: El Instituto de Sindicatos Libres (Free Trade
Union Institute FTUI), hoy rebautizado
como Centro Americano para la Solidaridad de los Trabajadores (American
Center for International Labor Solidarity
ACILS), cuya gestión está en manos del sindicato obrero AFL-CIO; El Centro para la Empresa Privada Internacional (Center
for International Private Entreprise
CIPE), cuya gestión está en manos de la Cámara de Comercio de los
Estados Unidos; El Instituto Republicano Internacional (International
Republican Institute IRI), cuya
gestión está en manos del Partido Republicano; El Instituto Nacional Democrático de Asuntos
Internacionales (National Democratic Institute for International Affairs NDI), cuya gestión está en manos del
Partido Demócrata. Bajo esa presentación, la NED y sus cuatro tentáculos parecen
estar basados en la sociedad civil y parecen reflejar además la diversidad
social y el pluralismo político de esa misma sociedad civil. Financiados por
el pueblo estadounidense, a través del Congreso, parecería que actúan a favor
de un ideal universal, que son completamente independientes de la
administración presidencial y que su accionar no puede servir de fachada a
operaciones secretas al servicio de inconfesables intereses nacionales. La realidad es muy diferente.
El discurso de Ronald Reagan en Londres se produce
después de los escándalos que rodearon las revelaciones de los manejos sucios
de la CIA, revelaciones provenientes de varias comisiones investigadoras
parlamentarias. El Congreso prohibió entonces a la CIA la organización
de nuevos golpes de Estado como medio de conquistar mercados. En la Casa
Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional busca entonces otras vías que le
permitan sortear dicha prohibición. La comisión bipartidista de reflexión se constituyó
antes del discurso de Ronald Reagan, aunque el mandato oficial de la Casa
Blanca sólo le fue entregado posteriormente. Ello indica que aquella Comisión
no respondía a la pomposa ambición presidencial sino que era anterior. El
discurso no es por lo tanto otra cosa que la justificación retórica de decisiones
ya tomadas de antemano en líneas generales y destinadas a su puesta en escena
por parte de la comisión bipartidista. El presidente de la comisión bipartidista de reflexión
era el representante especial de Estados Unidos para el Comercio, lo cual
indica que el objetivo de dicha comisión no era precisamente promover la
democracia sino, según la terminología consagrada, la promoción de la «democracia
de mercado». Este extraño término corresponde al modelo
estadounidense: una oligarquía económica y financiera impone sus decisiones
políticas a través de los mercados y del Estado federal, mientras que los
parlamentarios y jueces electos por el pueblo protegen a los individuos de la
arbitrariedad de la administración. De los cuatro organismos periféricos de la NED tres
fueron conformados para la ocasión. El cuarto, el organismo sindical (ACILS),
no hubo que crearlo porque ya existía desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial, aunque había cambiado de nombre en 1978, cuando se descubrió que
dependía de la CIA. Esto permite deducir que el CIPE, el IRI y el NDI no
nacieron por generación espontánea, sino que también fueron creados bajo los
auspicios de la CIA. Además, a pesar de ser la NED una asociación creada conforme
al derecho estadounidense no es un instrumento de uso exclusivo de la CIA
sino un dispositivo común con los servicios británico (fue por eso que Reagan
la anunció precisamente en Londres) y australiano. Esa característica
fundamental nunca se menciona a pesar de estar enteramente confirmada por los
mensajes de felicitación de los primeros ministros Tony Blair y John Howard
en ocasión del vigésimo aniversario de la supuesta «ONG». La NED y sus tentáculos son órganos del pacto militar
anglosajón que vincula a Londres, Washington y Camberra, pacto en el que se
incluye igualmente la red de intercepción electrónica Echelon. Además de la
CIA, el MI6 británico y el ASIS australiano también pueden solicitar los
servicios de ese dispositivo. Para esconder esa realidad la NED ha propiciado la
creación, por parte de varios aliados, de organizaciones análogas que
trabajan con ella. En 1988, Canadá se dotó de un centro llamado Derechos
& Democracia, que se concentró sobre todo en Haití y posteriormente en
Afganistán. En 1991, el Reino Unido instituyó la Westminster
Foundation for Democracy (WFD). El funcionamiento de ese organismo público está diseñado
según el modelo de la NED: su administración está en manos de los partidos
políticos (consta de 8 delegados: 3 del Partido Conservador, 3 del Partido
Laborista, uno del Partido Liberal y el octavo para los demás partidos
representados en el parlamento británico). La WFD fue muy activa en Europa
del Este. Finalmente, en 2001 la Unión Europea se dotó del
European Instrument for Democracy and Human Rights (EIDHR), que despierta
menos sospechas que sus homólogos. Ese órgano depende de EuroAid, dirigida
por un alto funcionario tan poderoso como desconocido, el holandés Jacobus
Richelle. La directiva presidencial 77 Cuando votaron la fundación de la NED, el 22 de
noviembre 1983, los miembros del Congreso de los Estados Unidos ignoraban que
aquella organización ya existía en secreto, en virtud de una directiva
presidencial fechada el 14 de enero.
El consejo de administración de la NED no es por lo
tanto otra cosa que una correa de transmisión del Consejo de Seguridad
Nacional. En aras de salvar las apariencias, se decidió que, de manera
general, los agentes o ex agentes de la CIA no podían figurar en el consejo
de administración. A pesar de lo anterior, las cosas no pueden estar más
claras. La mayoría de los altos funcionarios que han desempeñado un papel
central en el Consejo de Seguridad Nacional han sido administradores de la
NED. En ese caso se encuentran, por ejemplo, Henry Kissinger, Franck
Carlucci, Zbigniew Brzezinski y Paul Wolfowitz, personalidades que la
Historia no recordará precisamente como idealistas de la democracia sino como
estrategas cínicos de la violencia. El presupuesto de la NED no puede ser interpretado de
manera aislada ya que esa institución recibe además instrucciones del Consejo
de Seguridad Nacional para la realización de acciones que se inscriben en el
marco de grandes operaciones en las que participan varias agencias. Existen fondos, provenientes esencialmente de la Agencia
Estadounidense de Ayuda Internacional (USAID), que transitan por la NED sin
aparecer en su presupuesto, simplemente para darles un carácter «no
gubernamental». Además, la NED recibe indirectamente el dinero de la CIA,
previamente blanqueado por intermediarios privados como la Smith Richardson
Foundation, la John M. Olin Foundation o la Lynde and Harry Bradley
Foundation. Para evaluar la verdadera envergadura de ese programa
habría que añadir al presupuesto de la NED los subpresupuestos
correspondientes del Departamento de Estado, de la USAID, de la CIA y del
Departamento de Defensa, lo cual resulta hoy en día imposible. Ciertos elementos conocidos permiten sin embargo hacerse
una idea de su importancia. En los últimos 5 años, Estados Unidos gastó más
de 1 000 millones de dólares en asociaciones y partidos únicamente en el
Líbano, pequeño Estado de 4 millones de habitantes. Globalmente, la mitad de
esa suma la distribuyeron públicamente el Departamento de Estado, la USAID y
la NED. La otra mitad fue entregada secretamente por la CIA y el Departamento
de Defensa. Este ejemplo permite deducir que el presupuesto general
que Estados Unidos dedica a la corrupción institucional se cuenta en decenas
de miles de millones al año. En todo caso, el programa equivalente de la
Unión Europea, que tiene un carácter enteramente público y sirve de apoyo a
las acciones estadounidenses, es de 7 000 millones de euros al año. En definitiva, la estructura jurídica de la NED y el
volumen de su presupuesto oficial no son más que apariencia. En esencia, la
NED no es un organismo independiente a cargo de acciones legales que
anteriormente realizaba la CIA sino una vitrina que el Consejo de Seguridad
Nacional utiliza para garantizar los aspectos legales de operaciones
ilegales. La estrategia trotskista Durante su etapa de instauración (en 1984), la NED tuvo
como presidente a Allen Weinstein. John Richardson ocupó después ese puesto
durante 4 años (desde 1984 hasta 1988) y fue finalmente reemplazado por Carl
Gershman (desde 1998). Los tres tienen tres cosas en común. Son judíos, fueron
miembros del partido trotskista Social Democrats USA y trabajaron en la
Freedom House. Todo eso tiene su lógica. El odio al estalinismo llevó a algunos
trotskistas a unirse a la CIA para luchar contra los soviéticos. Y llevaron a
la CIA la teoría de la toma del poder a escala mundial, transponiéndola a las
«revoluciones de colores» y la «democratización». Simplemente desplazaron la
doctrina trotskista aplicándola al combate cultural analizado por Antonio
Gramsci: el poder se ejerce en las mentes más que por la fuerza. Para
gobernar a las masas, una élite tiene que inculcarles primero una ideología
que las programe para que acepten el poder que las domina. El Centro Americano para la
Solidaridad de los Trabajadores (ACILS) Conocido con el nombre de Solidarity Center, el ACILS,
rama sindical de la NED, es de lejos su principal canal. Distribuye más de la
mitad de las donaciones de la NED, sustituyó organismos anteriores que habían
trabajado durante toda la guerra fría en la estructuración de sindicatos no
comunistas a través del mundo, desde Vietnam hasta Angola pasando por Francia
y Chile.
Esa filial estuvo bajo la dirección de un personaje singular,
Irving Brown, desde 1948 hasta el fallecimiento de este último en 1989. En 1981, Irving Brown pone a Jean-Claude Mailly en el
puesto de asistente del secretario general del sindicato francés Force
Ouvriere, André Bergeron. Bergeron reconocerá que el financiamiento de sus actividades
proviene de la CIA. Mailly se convierte en secretario general de FO en 2004.
Algunos autores aseguran que Brown era hijo de un ruso blanco
cercano a Alexander Kerensky. Lo que sí está comprobado es que Brown fue
agente del OSS, el servicio de inteligencia estadounidense, durante la
Segunda Guerra Mundial y que participó en la creación de la CIA y del Gladio,
la red secreta de la OTAN, pero se negó a asumir la dirección porque prefería
concentrarse en su especialidad: los sindicatos. Tuvo su base en Roma y posteriormente en París, no en
Washington, lo que le proporcionó especial influencia en la vida pública de
Italia y Francia. Al final de su vida, Brown se jactaba de haber dirigido
siempre por debajo de la mesa el sindicato francés Force Ouvriere, de haber
manipulado los hilos del sindicato estudiantil francés UNI (en cuyo seno
militaron Nicolas Sarkozy y sus ministros Francois Fillon, Xavier Darcos,
Hervé Morin y Michele Alliot-Marie, así como el presidente de la Asamblea
Nacional Bernard Accoyer y el presidente de la mayoría parlamentaria
Jean-Francois Copé) y de haber formado personalmente, en el sector de
izquierda, a los miembros de un grupúsculo trotskista, como Jean-Christophe
Cambadelis y el futuro primer ministro francés Lionel Jospin. A fines de los años 1990, los miembros de la
confederación AFL-CIO pidieron cuentas sobre las verdaderas actividades del
ACILS, cuya naturaleza criminal en numerosos países ya había sido por
entonces ampliamente documentada. Cualquiera creería que las cosas cambiaron
después de aquel escándalo. Pero no fue así. En 2002 y 2004, el ACILS participó activamente en el
fallido golpe de Estado perpetrado en Venezuela contra el presidente Hugo
Chávez y en el exitoso derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide en
Haití. El ACILS se encuentra actualmente bajo la dirección de
John Sweeney, ex presidente de la confederación AFL-CIO, otro personaje
proveniente del partido trotskista Social Democrats USA. El Centro para la Empresa Privada
Internacional (CIPE)
El primer éxito del CIPE fue la transformación, en 1987,
del European Management Forum un club de grandes patronos europeos en World
Economic Forum el club de la clase dirigente transnacional. El gran encuentro
anual de la aristocracia económica y política global en la estación de esquí
suiza de Davos contribuyó a forjar
un sentido de pertenencia clasista, más allá de las identidades nacionales de
los participantes. El CIPE es muy cuidadoso en cuanto a no tener ningún
vínculo de tipo estructural con el Foro de Davos, razón por la cual resulta
imposible al menos por el momento probar que World Economic Forum esté siendo
manejado por la CIA. Les costaría, sin embargo, mucho trabajo a los
dirigentes de Davos explicar por qué ciertos líderes políticos han escogido
su Forum Económico como escenario de acontecimientos de la más alta
importancia si no se tratara de operaciones planificadas por el Consejo de
Seguridad Nacional de Estados Unidos. Por ejemplo, en 1988, fue en Davos, no en la ONU, donde
Grecia y Turquía hicieron las paces. En 1989, fue en Davos donde las dos
Coreas, por un lado, y las dos Alemanias, por el otro, realizaron su primera
cumbre a nivel ministerial, en el caso de las primeras, y su primera cumbre
sobre la reunificación alemana. En 1992, fue también en Davos donde Frederik
de Klerk y Nelson Mandela presentaron juntos por primera vez fuera de
Sudáfrica su proyecto común para aquel país. Más increíble aún, fue en Davos,
en 1994, después del Acuerdo de Oslo, que Shimon Peres y Yaser Arafat
negociaron y firmaron su aplicación en Gaza y Jericó. El vínculo entre el Foro Económico de Davos y Washington
pasa evidentemente por Susan K. Reardon, ex directora de la asociación
profesional de empleados del Departamento de Estado convertida en directora
de la Fundación de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, órgano encargado
de la administración del CIPE. El otro éxito del Centro para la Empresa Privada
Internacional es Transparency International. Esta «ONG» fue creada oficialmente por un oficial de la
inteligencia militar estadounidense, Michael J. Hershman, quien es por demás
administrador del CIPE y, hoy en día, uno de los responsables del
reclutamiento de informantes para el FBI así como presidente-director general
de la agencia privada de inteligencia Fairfax Group. Transparency International es ante todo una fachada para
las actividades de la CIA en materia de inteligencia económica. Es también un
instrumento de comunicación utilizado para obligar a otros Estados a
modificar sus legislaciones de forma favorable a la apertura de sus propios
mercados. Para esconder el origen de Transparency International,
el CIPE recurrió a las habilidades del ex director de prensa del Banco
Mundial, el neoconservador Frank Vogl. Este último instauró un Comité de
personalidades que contribuyó a crear la imagen de que se trataba de una
asociación proveniente de la sociedad civil. Este comité de fachada está bajo
la dirección de Peter Eigen, ex director del Banco Mundial en el este de
África. En 2004 y 2009, la esposa de Eigen fue candidata a la presidencia de
la República Federal de Alemania por el SPD. La actividad de Transparency International favorece los
intereses de Estados Unidos y no es en lo absoluto confiable. En 2008 esta
seudo ONG denunciaba la corrupción de PDVSA, la empresa estatal del petróleo
de Venezuela. Basándose en información falsificada, Transparency
International situaba a PDVSA en la última posición de la clasificación
mundial de empresas estatales. El objetivo era evidente: sabotear la reputación de una
empresa que sirve de base económica a la política antiimperialista del
presidente venezolano Hugo Chávez. Al ser sorprendida en flagrante delito de
intoxicación, Transparency International se negó a contestar las preguntas de
la prensa latinoamericana y a modificar su propio informe. Lo cual no tiene en definitiva nada de sorprendente si recordamos
que el corresponsal del CIPE en Venezuela, Pedro Carmona, fue precisamente el
personaje que Estados Unidos puso en el poder donde no logró mantenerse
durante el fallido golpe de Estado contra Hugo Chávez. En cierta forma, al dirigir la atención de los medios de
difusión hacia la corrupción económica, Transparency International enmascara
la actividad de la NED, que se dedica a la corrupción políticas de las élites
dirigentes en beneficio de los anglosajones. El Instituto Republicano
Internacional (IRI) y el Instituto Nacional Democrático de Relaciones
Internacionales (NDI)
Tanto el IRI como el NDI han renunciado a tratar de
controlar la Internacional Liberal y la Internacional Socialista como vía
para ejercer su control sobre los principales partidos políticos del mundo.
En vez de ello han preferido crear organizaciones rivales: la Unión Democrática
Internacional (IDU) y la Alianza de los Demócratas (AD).
La primera tiene como presidente al australiano John
Howard, con el ruso Leonid Gozman de Justa Causa (Правое
дело)
como vicepresidente. La segunda se encuentra bajo la dirección del italiano
Gianni Vernetti, quien tiene como copresidente al francés Francois Bayrou. El IRI y el NDI se apoyan también en las fundaciones
políticas vinculadas a los grandes partidos europeos (6 en Alemania, 2 en
Francia, una en Holanda y otra en Suecia). Por otro lado, algunas operaciones
se realizan a través de misteriosas empresas privadas, como Democracy
International Inc. que organizó las más recientes elecciones “arregladas” en
Afganistán Todo esto deja un gusto amargo. Estados Unidos ha
logrado corromper la mayoría de los grandes partidos políticos y sindicatos
de todo el mundo. La «democracia» que Estados Unidos promueve consiste en
definitiva en discutir cuestiones locales en cada país incluso simples temas
sociales, como los derechos de las mujeres o de los homosexuales mientras se
alinean con Washington en todas las cuestiones internacionales. Las campañas electorales se han convertido en
espectáculos en los que la NED escoge a los actores mediante la entrega a
unos sí y a otros no de los recursos financieros que necesitan. La noción
misma de alternancia ha perdido su verdadero sentido ya que la NED promueve
alternativamente uno u otro bando con tal de que ambos mantengan la misma
política exterior y de defensa. Tanto en la Unión Europea como en otras
partes se escuchan hoy lamentos sobre la crisis de la democracia. Y los
responsables de esa crisis son, evidentemente, la NED y Estados Unidos. ¿Cómo
puede calificarse, en todo caso, un régimen como el de Estados Unidos, cuyo principal
líder de oposición, John McCain, es en realidad empleado del Consejo de
Seguridad Nacional? Ciertamente no como democracia. Balance de un sistema
Con ánimo de mejorar la gestión, se han realizado
numerosos estudios tendientes a medir el impacto de esos flujos financieros.
Expertos han comparado las sumas destinadas a cada país con la calificación
democrática de esos mismos países que otorga la Freedom House. Y han
calculado después cuántos dólares por habitante había que gastar para que la
calificación de un país subiera un punto. Lo anterior no es, por supuesto, otra cosa que un
intento de autojustificación. La idea de otorgar calificaciones en materia de
democracia nada tiene de científica. De forma totalitaria, se parte del
principio que sólo existe una forma de instituciones democráticas. Y, de manera
infantil, se establece una disparatada lista de criterios a los que se
atribuyen coeficientes imaginarios para convertir la complejidad social en
una cifra única. El resultado es que la gran mayoría de esos estudios
muestran el fracaso: aunque la cantidad de democracias aumente en el mundo,
no parece existir relación alguna entre los progresos o retrocesos
democráticos y las sumas que gasta el Consejo de Seguridad Nacional. Esto confirma, por el contrario, que los objetivos
reales nada tienen que ver con los objetivos oficialmente anunciados. Los
responsables de la USAID citan, sin embargo, un estudio de la universidad
Vanderbilt que afirma que sólo las operaciones de la NED cofinanciadas por la
USAID han sido eficaces, ya que la USAID tiene una administración rigurosa de
su presupuesto. Por supuesto, este singular estudio fue financiado por la
USAID. En todo caso, en 2003, en ocasión de su vigésimo
aniversario, la NED hizo un balance político de su acción. Según ese balance,
la NED financiaba en aquel momento más de 6 000 organizaciones políticas y
sociales en todo el mundo, cifra que ido en aumento desde aquel entonces. La
NED reconocía entonces haber creado enteramente el sindicato Solidarnorsc en
Polonia, la Carta de los 77 en Checoslovaquia y Otpor en Serbia. Se
felicitaba por haber creado también enteramente la radio B92 y el cotidiano
Oslobodjenje en la antigua Yugoslavia así como gran cantidad de medios de
difusión independientes en el Irak «liberado». Cambiar de fachada Luego de haber registrado un éxito mundial, la retórica
de la democratización ya no convence a nadie. El presidente George W. Bush la
desgastó al abusar de su uso. Nadie puede afirmar seriamente que las
subvenciones que distribuye la NED harán desaparecer el terrorismo internacional.
Como tampoco es posible afirmar ahora que las tropas estadounidenses
derrocaron a Sadam Husein para ofrecer la democracia a los iraquíes. Además, los ciudadanos que en el mundo entero militan a
favor de la democracia son ahora más desconfiados. Han entendido que la ayuda
que ofrecen la NED y sus sucursales sirve en realidad para manipularlos a
ellos y a sus países. Se niegan, por lo tanto, cada vez más a menudo a
aceptar las donaciones «desinteresadas» que estas les proponen. Así que los
responsables estadounidenses de los diferentes canales de corrupción estudian
cómo cambiar nuevamente de fachada. Después de los sucios manejos de la CIA y la
transparencia de la NED, apuntan ahora hacia la creación de una nueva
estructura que vendría a reemplazar un conjunto ya desacreditado. Esa estructura ya no estaría en manos de los sindicatos,
del patronato y de los dos grandes partidos políticos estadounidenses sino de
multinacionales concebidas según el modelo de la Asia Foundation. En los años 1980, la prensa reveló que la Asia
Foundation era una fachada de la CIA para la lucha contra el comunismo en
Asia. Hubo entonces una reforma de la fundación y su administración fue
puesta en manos de varias transnacionales (Boeing, Chevron, Coca-Cola, Levis
Strauss, etcŠ). Aquel cambio de apariencia bastó para proporcionar un aspecto
no gubernamental y respetable a una estructura que nunca dejó de estar al
servicio de la CIA. Después de la disolución de la URSS, se creó también la
Eurasia Foundation, cuya misión consistiría en extender la acción secreta a
los nuevos Estados asiáticos. Otra discutida cuestión es la de saber si las donaciones
para la «promoción de la democracia» deben adoptar únicamente la forma de
contratos para la realización de determinados proyectos o la de subvenciones
sin obligación de resultados. La primera fórmula ofrece mejor cobertura
jurídica, pero la segunda es mucho más eficaz como estrategia de corrupción. Ante tal panorama, la exigencia de Vladimir Putin y de
Vladislav Surkov en cuanto a reglamentar el financiamiento de las ONGs que
operan en Rusia es enteramente legítima, por muy exagerada y extremadamente
meticulosa que sea la burocracia que hayan establecido para ello. El dispositivo de la NED, instaurado bajo la autoridad
del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, no sólo está lejos de
favorecer los esfuerzos democráticos en el mundo, sino que además los
envenena. *Analista político francés. Fundador y presidente de la
Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en
español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de
comunicación (Monte Ávila Editores, 2008). Fuente Odnako
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